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Últimos días de vacaciones [Scarlet/Christopher]

Christopher Höhner el Jue Sep 05, 2013 4:14 am

La monotonía estaba a punto de volver a empezar, y las tranquilas y soleadas tardes disfrutando de las vacaciones iban a desaparecerse. No iba a poder dedicar el mismo tiempo que le dedicaba al deporte, iba a tener que dejar de estudiar música por las tardes e iba a empezar un nuevo curso en Hogwarts, impidiéndole poder practicar todos sus hobbies. No obstante, podría ser peor y tener un trabajo de mierda. Por suerte, era profesor del mejor colegio de magia que había pisado, y encima impartía una asignatura que le encantaba. Además, por si fuese poco, estaría en el mismo colegio que su hijo otro año más, y a pesar de que a Alex eso le hiciese muy poca gracia, él lo veía como una oportunidad de intentar a volver a unir sus lazos y de arreglar las cosas. Eso pensaba año tras año, pero al final, siempre terminaban igual o peor.

Por eso mismo, como quedaban menos de una semana para tener que mudarse a Hogwarts definitivamente y Alex estaba con sus amigos pasando los últimos días de vacaciones en algún lugar interactivo, Christopher aprovechó para respirar el cálido ambiente londinense una vez más. Caminaba por las calles, acabando de salir del Ministerio de Magia para arreglar unos asuntos. Tenía ganas de tomar algo fresco y sabroso, y desde que vio el Starbucks más cercano no dudó en acercarse a pedir algo.

Estaba repleto. A reventar.

No tenía prisa y era un hombre paciente, así que simplemente se puso en la cola y se sacó la cartera del bolsillo de sus pantalones anchos y suaves, de un fino lino. Así mismo, se alisó su camisa por pura manía. Iba informal, pero elegante. Le gustaba vestir bien. Esperó pacientemente hasta que le tocó su turno y pidió un batido de chocolate, bastante infantil... pero para un día como aquellos venía bien y cumplía sus requisitos: frío y sabroso.

No tenía ganas de volver a la calle y desperdiciar el sabor de su bebida mientras caminaba hacia su casa, un lugar en donde NO hacer nada, así que buscó con los ojos un asiento libre y fue hacia él, ya que ahí no haría nada, pero podría entretenerse mirando a la gente o leyendo un poco rodeado de cierto ambiente. No obstante, nada más llegar, una chica llegaba del otro lado, dispuesta a adjudicarse el taburete en esa pequeña barra. La miró con sorpresa, pues no se había percatado de su presencia y sonrío con los labios cerrados, con cierto fastidio interior que no mostró en ningún momento.

Quédesela. —se la cedió a la chica— Sobreviviré tomándome el batido de pie. —puso su libro sobre esa pequeña barra— Pero la barra la compartimos, si no es molestia... —guiñó un ojo, amistosamente.

Suponía que no le molestaría, además, Christopher no tenía intención de molestarla, simplemente encontrar un lugar en donde estar cómodo.
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Invitado el Jue Sep 05, 2013 4:43 am

Como siempre le sucedía a Scarlet, con las personas con las que mayor confianza tenía era con las que SIEMPRE era impuntual, no sabía exactamente a qué sebía ese hecho, pero siempre se repetía misteriosamente. Entre más relación poseía con otra persona cuando quedaban para ir a tomar algo o dar un paseo, llegaba fuera del horario estipulado con mayor diferencia que con alguien al que acababa de conocer. Por eso sus amigos mas allegados tenían la costumbre de quedar con ella media hora antes de la hora prevista.

Así que ahora nos encontramos en la situación de siempre, Scarlet había quedado con una de sus mejores para contarle una última novedad en su vida, estaba ansiosa por contárselo, porque su vida daría un vuelco de 180º respecto a la situación en la que se encontraba. Danzando por su casa, se daba los últimos retoques: a la pata coja se iba colocando correctamente la media mal puesta, se reajustaba y se ponía en posición central la minifalda, se miraba al espejo y se colocaba la camisa en su lugar y resoplaba su flequillo para que no pareciese muy despeluzado. Cogió el bolso, comprobando que tenía todo lo indispensable para poder salir a la calle, es decir, las llaves y poco más y salió sin mayor dilación.

Su casa se encontraba no muy lejos del centro de Londres, vivía en una zona habitada por magos pero de vez en cuando se colaba algún muggle con más ganas de investigar la zona desconocida que ningún explorador. No tardó mucho en llegar al sitio en el que había quedado con su querida amiga, por el camino estaba planteándose diversas maneras de decírselo e imaginando la cara que la chica pondría cuando le soltase el notición, ¿desde cuándo una enfermera casi recién graduada tenía mínimas expectativas de lograr un puesto de trabajo en el mismísimo Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería? NUNCA. Era algo totalmente incomprensible y aún no entendía exactamente el porqué de su elección, a pesar de ello, desde que se enteró por medio de una carta se encontraba en un estado de exaltación y felicidad, como si hubiese tomado Félix Felicis en canidades industriales, mostrando todas esas emociones en su sonrisa y en los rasgos de sus ojos.

Entre divagaciones llegó al sitio acordado con su amiga y para su sorpresa, ¡no había llegado! Sonrío para su interior y se llevó un nudillo al comienzo de los labios - Perfecto - pensó, por una vez en la vida no sería la última en llegar, ¿será que estoy cambiando? Entonces echó un vistazo a su alrededor para comprobar que efectivamente no se encontraba allí su amiga y halló un sitio libre. Era un taburete colocado al lado de una barra, era perfecto para localizar a su amiga en cuanto llegase.

Se acercó a él sin percatarse de que otra persona también le había echado el ojo, ella siempre había sido muy despistada y hasta el último momento, justo antes de sentarse no se dio cuenta de la segunda presencia. Alzó la mirada y se topó con unos penetrantes ojos, de inmediato se sonrojó y más cuando el caballero le cedió el asiento - Lo siento... no me había dado cuenta de que quería sentarse - se retiró un poco para cederle el puesto pero él muy amablemente se lo concedió con el impuesto de tener que compartir la barra, algo que naturalmente estaba dispuesta a permitirle a  aquel respetado señor.

- Muchas gracias, señor. - respondió  bajando la mirada y sonrojándose al mismo tiempo debido a la mirada inquisidora de "su nuevo acompañante", no seas boba mira hacia arriba,  pensó aunque no pudo hacerlo ya que se trataba de un hombre muy apuesto y eso, por mucho que la fastidiase, la incomodaba y la ponía nerviosa. Se miró las manos y por fin, alzó la mirada por segunda vez.

¿Estaría también esperando a alguien?, se preguntó. Y empezó a imaginar a la despampanante acompañante que un hombre como aquel debía de esperar. Seguro que se trataría de una mujer pelirroja, esbelta y hermosa o algo por el estilo, pensó mientras por el rabillo del ojo le inspeccionaba los rasgos y gestos en la cara mientras el señor se mantenía erguido tomando de una forma un tanto graciosa e infantil para su temple, su batido de chocolate.

No sabía exactamente el porqué, pero en ese momento deseó ser una persona mucho más extrovertida de lo que era, para poder lanzarse a las aguas de una nueva conversación con aquel extraño que por raro que pareciese estaba captando su atención más de lo que debía permitirse. Lo único que se limitó a hacer Scarlet fue intentar eludirse del señor y seguir mirando a la gente pasar, a ver si con suerte su amiga aparecía por arte de magia.
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Christopher Höhner el Jue Sep 05, 2013 1:31 pm

Se trataba de una pequeña barra, situada en el cristal del Starbucks. Era cuadrada y le llegaba un poco más arriba del costado a Christopher. Normalmente le correspondía dos o tres taburetes, pero como aquello estaba  repleto, la gente había cogido los que faltaban para sentarse en otros sitios. Chris se apoyó al cristal con aire informal, una mano la posó en la barra mientras abría su libro y, mientras sorbía tranquilamente el batido por su pajilla, siguió la lectura por donde la había dejado.

No obstante, notaba una mirada cercana examinándole. No le dio importancia, estaba compartiendo mesa con una joven chica y aquello estaba lleno, tampoco habría mucho sitios a donde mirar y a él no le incomodaba que le mirasen, además le había hecho gracia su inmediata respuesta sonrojada al cederle el puesto, así que suponía que era una persona tímida y cortada no muy dada a hablar con desconocidos. Sin embargo, el hecho de que lo hiciese le hizo pensar, a Christopher, el por qué, o simplemente para qué le estaba mirando, lo cual le jodió la concentración en la lectura. Justo estaba leyendo algo relevante con los momentos y las oportunidades. Le gustaban los libros de reflexiones. Parecería aburrido para algunas personas, pero a él le encantaba leer libros así. Antes era más de Ciencia Ficción, pero siendo mago la Ciencia Ficción muchas veces se convierte en realidad. Cerró el libro tras leer la última frase de la página y miró a la chica, captando su mirada.

Los momentos cuando se pierden, no se pueden encontrar de nuevo. Sólo han pasado. —dice, sin más, clavando sus ojos marrones en los azules de ella, recitando esa famosa frase del autor— Paulo Coehlo. ¿Sabes quién es? —preguntó, volviendo a llevarse la pajilla a los labios para beber otro sorbo, dejando luego su vaso sobre la barra.

Decidió aprovechar que no estaba solo y no pasárselo leyendo un libro que podía leer en cualquier momento. Había tocado la casualidad que esta chica y él coincidieron allí, así que iba a aprovechar y sacar conversación con aquella joven. Al fin y al cabo, por como miraba a la puerta todo el rato, Chris supuso que esperaba a alguien. Así que no la molestaría más de lo necesario.

Así que si no es molestia y haciendo caso a este libro, voy a aprovechar este momento para intentar saber el nombre de la chica que me ha robado el sitio. —esbozó una sonrisa, con cierto encanto y diversión. Evidentemente estaba de broma con lo de robarle el sitio, pero había sido la mejor manera que se le había ocurrido para preguntar su nombre— Ya sabes, para ponerte en mi lista negra y esas cosas que se hace cuando alguien te roba el sitio. —y, falsamente despistado bebió de su batido de chocolate— Yo soy Christopher. —hizo una pequeña reverencia con la cabeza, sutil y elegante, ya que dos besos siempre habían sido muy cercanos y dar la mano a una mujer un gesto que el consideraba muy frío.

Esperó su contestación mirándole a los ojos, aunque su mirada se deslizó por los rasgos de su cara, descubriendo ese inocente y joven rostro bajo su largo y sedoso pelo. Se notaba que era una chica adolescente, una muggle de... ¿aproximadamente veinte años? No era muy bueno para las edades, pero lo que si tenía claro Christopher es que, como mínimo, le sacaba diez años. Pero bueno, eran sus últimos días de vacaciones y quería divertirse conociendo gente nueva. Irse a su casa a deprimirse por tener que volver a Hogwarts no estaba en sus planes.  
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Invitado el Jue Sep 05, 2013 5:10 pm

Ensimismada como se encontraba embullida por completo en sus pensamientos aleatorios, casi se asustó dando un respingo cuando el señor empezó una conversación... ¿con ella? ¿Me habrá pillado mirándole furtivamente? Si es que... Miró al lado contrario y luego volvió la mirada de nuevo hacia aquel personaje que en la trama de su vida se había colado por un pequeño instante. ¿Paulo Coelho? Claro que sabía quien era. Esbozó media sonrisa.

- ¿Paulo Coehlo? - puso cara de estar pensando durante un breve espacio de tiempo y luego recitó - Algunas veces hay que decidirse entre una cosa a la que se está acostumbrado y otra que nos gustaría conocer - pensando en la situación en la que se encontraba donde todos sus pensamientos le indicaban que hiciese lo de siempre y alejarse personas desconocidas, aunque por el contrario nuevos sentimientos estaban aflorando en ella y quería zambullirse por una de las pocas veces en su vida en una charla con un señor desconocido. Ese sentimiento la embriagaba y la convertía en una persona valiente y segura de sí misma, aunque era muy fácil pensarlo para ella, en esos momentos no se cumplían dichas expectativas ya que casi se había puesto más nerviosa. Bajó su mirada hasta sus nudillos, ¿cómo podía haber reaccionado así? Se río interiormente, al final sí que iba a resultad que estaba cambiando.

Entonces siguió con la conversación - Entonces, ¿he pasado la prueba, señor? - lo miró de reojo, ya se había olvidado casi por completo que estaba esperando a una amiga con la que había quedado, aquella situación la estaba eclipsando. Luego, quiso saber el nombre de la chica que le había robado el sitio, ¿habrá un viejo verde debajo de esta fachada de hombre respetable y caballeroso?, pensó. Negó con la cabeza alejando esos pensamientos de ella, ya sabes, no juzgues a las personas por su apariencia.

- Me llamo Scarlet, encantada - sonrió con los labios sellados y siguió la conversación - Es lo que suelo hacer en mi tiempo libre, robar los asientos de las demás personas para que me pongan en sus litas negras, es lo normal. Pero yo no soy tan mala como para tener una lista negra, es más tengo una lista rosa. - dijo de carrerilla y riéndose de modo jocoso al final, seguro que estaba dando la sensación de que estaba nerviosa y eso le molestaba. Por ello, intento calmarse un poco, al fin y al cabo, no era para tanto a pesar de que el señor estaba escrutándole el rostro un tanto descaradamente y eso, quieras o no... contribuía a su nerviosismo, ¿tendré un moquito?, pensó fugazmente y una mueca graciosa se dibujó en su cara.

Disimuladamente se giró un poco hacia el cristal para comprobar que lo que acababa de pensar no era verdad, aunque no lo distinguía muy bien, no había enemigos en la empalizada. Retomando el tema de la frase que había comentado, le preguntó: - Y, ¿por qué esa frase? - levantó la ceja derecha - A mí me gusta mucho, es muy de la filosofía del Carpe Diem, que siempre he querido profesar pero que a mi pesar me cuesta bastante - debido a mi excesiva vergüenza y timidez.

Sin duda, a pesar de los pensamientos sobre si el señor era un viejo verde o no, se trataba de un hombre que a primera vista parecía interesante y no sólo captaba su atención, si no, la de las mujeres en general, porque para sorpresa de Scarlet, más de una de las chicas que allí se encontraba en el Starbuck repleto le había echado un buen vistazo al hombre cuyo nombre era.. Christopher. Sonaba muy seductor cuando salía por sus labios, sin dudarlo ese señor desprendía testosterona por todos los poros de su cuerpo, era normal que la pusiese en estado de alerta y nerviosismo. Con sus... ¿40 años? tendría que tener una larga lista de amores en su vida y aún mayor de experiencias, seguro que le doblaba la edad, eso no lo dudaba. Sí que se trataba de una situación extraña, al menos, para ella.
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Christopher Höhner el Vie Sep 06, 2013 4:29 am

Christopher sonrió cuando la chica contestó con otra cita de Paulo Coehlo. Suponía que entre los muggle esos autores eran mucho más conocidos que entre los magos, pero él estaba bastante informado, básicamente porque le encantaba leer. También sonrió porque ambos habían elegido citas que parecían concordar con el momento, lo que le pareció ingenioso a la par que curioso, y no se esperaba que la chica le sorprendiese con ese golpe.

Me ofendes. —dejó con suavidad el vaso sobre la mesa, con un gesto tranquilo— Primero, deja de llamarme señor. Soy más grande, pero hasta donde yo sé, aun no soy abuelo, ni tampoco tu superior. —se acomodó, apoyado al cristal— Así que tutéame, por favor. Y segundo… no era una prueba, simplemente fue la primera manera que se me pasó por la cabeza para empezar una conversación. No suelo hablar con desconocidas, aunque por tu frase… supongo que tú tampoco, ¿no? —clavó sus misteriosos ojos en los de ella, intentando buscar la respuesta en ellos. Por su forma de actuar, Christopher lo sospechaba, sobre todo por su respeto y su claro nerviosismo.

Después de preguntarle el nombre y que ella se lo dijese, la muchacha pareció coger carrerilla en sus frases y pareció soltarlo todo de golpe. Se había vuelto loca. Antes tan poco habladora y ahora pareció haber cogido todas sus ideas en un remolino desordenado en su pequeña cabeza y haberlo soltado como si no hubiese mañana. ¿Lista rosa? Christopher creyó haberse perdido a mitad, no obstante, al ver la reacción de la chica inmediatamente después de terminar, nerviosa y con esa risueña sonrisa, no pudo evitar que saliese de sus labios una divertida sonrisa. Hacía tiempo que no hablaba con desconocidos, y justo le había tocado una joven y tímida chica. Estaba siendo más divertido de lo que esperaba. Dejó caer la cabeza con un sencillo y jovial movimiento y volvió a alzarla para mirarla.

Comprendo… entonces eres experta en ganarte puestos en la lista negra de la gente, persona ruin y rebelde. —bromeó—. ¿Aparte de robar asientos también haces más cosas? —pone las manos en alto, en posición defensiva, como si le estuviesen apuntando— Por saber, no quiero sorprenderme nuevamente y que se te ocurra robarme también mi batido en cuanto me descuide. —señaló significativamente su batido con los ojos.

A pesar de haberse ido por las ramas, algo que para Christopher estaba bien, ya que lo que él quería era una mera y distraída conversación, la chica preguntó sobre la frase del principio, con la que Chris había “roto el hielo”. Chris se encogió de hombros, bebiendo de su batido. Tras saborearlo, lo volvió a dejar sobre la mesa y se humedeció los labios antes de hablar.

Fue la frase que estaba leyendo cuando sentí tu mirada inspeccionándome… —la miró significativamente, ya que la había pillado—. Y me recordó a este momento, así que simplemente decidí corroborarte que no soy un viejo verde que se adjudica puestos en una barra junto a una joven chica. Además, como bien dices, sentiría que le pego una patada en el mismísimo culo a Paulo Coehlo si, mientras me leo este libro basado en esa filosofía, luego no aprovecho oportunidades como estas. —habló con tranquilidad, parsimonia y con un tono de voz sagaz y amistoso— Y cuando hablo de “esta oportunidad” me refiero a entretenerte mientras haces lo que quieras que estés haciendo… que no parece ser demasiado…

Y se percató de algo, de que no estaba haciendo absolutamente nada. No se había pedido nada, no estaba con nadie… Simplemente estaba allí sentada. Si no llega a estar Christopher, ¿Scarlet qué estaría haciendo? ¿Mirar por la ventana hacia el infinito?

¿Esperas a alguien? —añadió por pura curiosidad, tres segundos después de haber hablado.
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Invitado el Mar Sep 10, 2013 12:08 am

El señor, o sea, Chistopher, poseía una sonrisa cautivadora capaz de dejar cualquier cosa en segundo plano sin igual, los dientes blancos y perfectos y esas arruguitas al lado de los ojos cuando mostraba el gesto... Uff... Scarlet agitó la cabeza obviando esa clase de pensamiento - Admitido, es guapo, pero tampoco es para tanto, tiene un toque que lo hace especial y creo que va a pensar que eres más tonta de lo que pareces como sigas mirándolo así - pensó la chica.

- Entendido, Christopher - contestó parsimoniasamente y poniendo un tono especial y lento al pronunciar su nombre, ¿por qué se comportaba así? Sólo le parecía que la situación se estaba volviendo más graciosa de lo que hubiese imaginado jamás con otra persona desconocida, e incluso algo espontánea - Pero si que eres un poco mayor, ¿no? - siguió la conversación - Yo diría que rondando los... ¿60 o 62? - apostó mientras ponía una pose de pensadora nata, luego se sonrojó al haberse comportado de manera tan descarada y recapacitó a la hora de seguir respondiendo sus preguntas.

- Ha dado en el clavo, o sea... has dado en el clavo - miró hacia otro lado y luego al hombre que tenía al lado - Lo cierto es que soy una chica bastante tímida y sólo me relaciono y hablo con mi familia y amigos, personas que conozco hace mucho tiempo... No es algo que haga todos los días, el hablar con  desconocidos,así que Christopher siéntase halagado y especial porque se encuentra entre los escasos puestos de desconocidos con los que he entablado una pequeña y grata conversación en toda mi vida - río - Son bromas, pero en gran parte es verdad.

Siguió bromeando y una  fuerza hacia que Scarlet se sintiese muy a gusto con el señor, había algo en él que hacía automaticamente a tu organismo convertirlo en una persona  en apariencia, cercana, familiary amable... Otra cosa es que fuese realmente así..

- Bueno, si le contase mis artimañas tan temprano, esto no tendría gracia, una mujer tiene sus armas y no sabrá por donde puedo salir - susurró con una sonrisa esbozada en el rostro - Y... ¿le cuento un secreto? Para mi pesar soy alérgica al chocolate y eso que me gustaba muchísimo...

Ahora Scarlet se preguntaba a qué se refería Christian cuando había dicho que "No podía desperdiciar oportunidades como ésta", ¿oportunidad? ¿para hacer qué?, se revolvió en la silla. Entonces, como si leyese su pensamiento, lo dijo en voz alta y ella al preguntársele lo que hacía allí, recordó entonces su cita con su amiga que había quedado tan lejana en su pensamiento, abstraída por culpa de un Adonis de los versos.

- - contestó rápidamente - A una amiga que siempre es puntual pero no sé qué le habrá podido suceder... Estaba esperándola cogiendo sitio para luego tomarnos algo... Pero visto lo  visto - miró su reloj y entonces en ese momento apareció una pequeña lechuza, una cría con una pequeña carta en el pico, más bien parecía una nota, decía así:

"Scarlet siente avisarte tan tarde pero me ha surgido un imprevisto y no podré quedar hoy. Te lo recompensaré. Besos, tu amiga querida."

- Anda, tú por aquí - le dio unos toquecitos en la cabeza al animal y luego emprendió el vuelo, la chica leyó la nota y disimulando que no era nada en  especial para no levantar sospechas dijo -  Vaya, pues parece que me he quedado sin mi conversación y café... - repuso  algo entristecida, levantó  la mirada y se encontró con los penetrantes ojos -  ¿Y tú Christopher, a quién esperas?

Por alguna razón Scarlet comenzó a pensar que todo aquello había sido obra del destino, que dos personas cruzasen sus caminos de aquella manera, aunque en breves momentos tuvieran que separarse para no volver a verse nunca...
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Christopher Höhner el Mar Sep 10, 2013 7:08 pm

Christopher se llevó la mano a la frente, con gesto cómico, cuando la chica le preguntó que si era un poco mayor. La sutilidad de esta joven no era su rasgo más destacable, la verdad. No obstante, cuando la chica, deliberadamente, sin que Christopher le hubiese preguntado nada, le soltó la edad que creía que tenía como si nada, éste la miró una pequeña sonrisa, entre tímida y divertida. Si realmente aparentaba tantos años era hora de ponerse a régimen y a cuidarse o iba a ser preocupante.

Gracias, me acabas de deprimir para todo el día… —se toma un sorbo de su batido de chocolate, falsamente deprimido— Tengo cuarenta y un años. ¿Sorprendida? ¿En serio me echas sesenta o sesenta y dos? Las mujeres no sois las únicas que os ofendéis cuando os echan más edad, ¿eh? —pregunta, con descaro, tranquilidad y un claro tono de cinismo.

Tras el comentario de Christopher, la chica comenzó a explicar su nula relación con los desconocidos. Realmente a cualquier persona le hubiera aburrido esa charla o directamente no le interesaría, pero Chris era ya un hombre maduro y no hubiese hablado con ella si no le hubiese interesado. No sabía a ciencia cierta, pero la chica le transmitía un sentimiento de cercanía. No estaba seguro, quizás su inocente mirada, esas tímidas e indecisas reacciones... ese brillo en sus ojos le resultaba muy familiar, pero no le venía a la cabeza ahora la relación con nadie conocido.

Bueno, en realidad he sido yo el que ha entablado conversación contigo. Supongo que no tenías otra escapatoria, si no, ¿qué ibas a hacer? ¿huir haciendo la croqueta por no hablar educadamente con un desconocido? —bromea, metiéndose sin maldad con la joven. Se lo había dejado bastante fácil—. Pero oye, me siento muy halagado y especial de que no hayas huido cual gacela asustada de mí. —y esbozo una amplia y encantadora sonrisa.

Chris asintió a lo que dijo de las armas de las mujeres, y tenía razón. Las mujeres son unas cajas de sorpresa. Tienen armas, cañones y tanques para salir cada vez por un lugar distinto. Son muy impredecibles, pero por eso le encantaban a Christopher. Le gustaba conocerlas. Cada mujer era distinta y todas tenían algo especial.

Podían haberle sorprendido muchas cosas en aquel momento al veterano Christopher, pero lo que no se esperaba es que una lechuza apareciese en medio de la terraza del Starbucks para dejarle una carta a la joven Scarlet. No es muy usual el uso de lechuzas mensajeras entre muggles. Se hizo el despistado, por el momento. Pero se había quedado con cierta duda. La chica leyó la carta y luego comentó que se había quedado sin cita, quejándose de que se quedó sin cita y café.

Oye, ¿yo no te doy conversación? Puedes pedirte el café, intentaré darte una conversación igual o mejor que la que podrías haber tenido con tu amiga. No voy tan desencaminado, ¿no? —y justo, dejaron libre la barra de al lado, a lo que me apropié de un taburete— Voilá. Ya no me romperé mi espalda de sesenta años por cederle mi sitio a una joven de… ¿veinte y cinco? —pregunta a ojo, ya que anteriormente no le había preguntado por su edad. Chris niega con la cabeza a la pregunta de Scarlet— No espero a nadie, estaba haciendo tiempo antes de ir a buscar a mi hijo. —contesto despreocupadamente, sin darle demasiada importancia— Entonces, ¿te quedas? A mí me queda todavía batido de sobra. —y se encoge significativamente de hombros.
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Invitado el Mar Sep 10, 2013 8:07 pm

Ella sonrío ante la espontaneidad que Christopher profesaba, era una naturalidad adquirida con la experiencia de los años que la hacía sentir muy cómoda, río dulcemente y con una tímida sonrisa ante las constantes bromas del hombre, era encantador a rabiar. Los 41 años que tenía Christopher le habían sentado genial, era como el buen vino, con el paso del tiempo iba mejorando.

- Aaala, 25 años, cómo se ha pasado, señor - dijo para molestarle un poco y guiñó un ojo mientras reía - Son bromas, no me lo tomes en cuenta, tengo 24 años efectivamente y... ¡no me hagas predecible! - acercó la mano para darle una palmada en el brazo, pero en el último momento se arrepintió y retiró la mano rápidamente e hizo un movimiento a su pelo para disimular de nuevo, entonces sonrío.

- Para serte sincera, iba a salir corriendo desde la primera palabra que salió por tu boca - le miró a los labios  - pero... me pareció una falta de educación no darle un poco de conversación a un señor mayor... - se mordió el labio, ¿qué haces Scarlet? Ay... - Vale, vale, no me mates Christopher, soy demasiado joven para morir - y puso la peor cara de miedo que podía pero que en vez de eso, parecía una mueca muy cómica y mona al mismo tiempo.

Lo cierto era que Scarlet lo estaba pasando en grande y Christopher cada vez le parecía una persona muy interesante que le gustaría conocer algo mejor, obviamente no podía rechazar su invitación pero... Tampoco quiero parecer una desesperada - Mmm, no sé, ¿por qué debería quedarme a hablar con el señor Christopher? - le miró con complicidad, Vale, en realidad no tengo nada que hacer y lo sabe, río en su interior quería ver sus explicaciones aunque de todas formas se quedaría más tiempo junto aquel "Adonis", definitivamente ese se convertiría en su apodo, pensó como si fuese a verlo de nuevo cuando la realidad era que no lo volvería a ver nunca.

¿Un hijo?, se sorprendió. Bueno, es normal con 41 años ya tendría una fructuosa vida en familia.. seguramente el hijo tendría la edad de Scarlet. Al mismo tiempo sintió dos cosas diferentes, por un lado se descepcionó pero por otro le gustaría saber mucho más sobre la vida del misterioso hombre de ojos penetrantes, pero aún era temprano... y tarde al mismo tiempo..
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Christopher Höhner el Miér Sep 11, 2013 2:22 pm

A Christopher nunca le había molestado que se "metiesen" con su edad. Estaba orgulloso de sí mismo a los cuarenta y un años. Llegar a los cuarenta, de hecho, no fue ningún tipo de palo, como para la mayoría de personas que conoce. Ha tenido una vida completa y útil y llegar a esa edad simplemente le ha hecho más maduro y serio con las cosas. Además, está acostumbrado a que le miren como alguien superior y mayor, sobretodo dando en clase en Hogwarts, donde todo el mundo le llama "Señor Höhner" o "Profesor Höhner", y le gusta, pues está seguro que a ningún profesor de veinte y tres años va a recibir el mismo respeto y autoridad que él. Así que en cierta manera, para él era lo más normal que le llamasen así y le recordaran su edad, de una manera u otra.

Yo por lo menos no me pasé veinte años de la edad real... —enarca una ceja y sonríe a su desconocido y "amorfo" gesto— No te hago predecible. Pero haces justicia a tu edad, simplemente soy observador. —se encoge de hombros con simpleza.

Cuando volvió a sacar el tema de "el señor mayor", Christopher dejó caer su cabeza en plan: "¿Vas a seguir?", con diversión. Cuando volvió a alzarla, aprovechó para acompañarla de su mano y hacerse el pelo hacia atrás en un sencillo gesto, luego posó su cabeza sobre sus manos, en una pose elegante y bastante simple.

Touché. —le felicitó por su comentario, la verdad es que había sido divertido a la par de ingenioso— Claro, claro. Me hubiera gustado verte salir corriendo como si no hubiera mañana nada más pronunciar aquella frase, inocente y sabia, de Coehlo. Aunque bueno... Supongo que debo alegrarme, sabiendo la auto-defensa de anti-asesinos que llevas encima en forma de capa de desconfianza, asumo que no tengo cara de ningún tipo de persona peligrosa, ¿no? —dice, tranquilamente.

Según su manera de describirse y de huir de la gente, Christopher había aprovechado para exagerar la situación y meterse inocentemente, y sin maldad, con ella. La chica preguntó que por qué debería quedarse a hablar con él, y él simplemente la miró con una sonrisa, pausándose y dejándose un pequeño tiempo de silencio entre su pregunta y su respuesta.

La cuestión, Scarlet, es... ¿Por qué no? —encoje sus hombros con jovialidad y alza las cejas, esperando una respuesta— Deja de comerte tanto la cabeza, de mí es de quién menos debes preocuparte.

Y se termina su batido de chocolate, dejando con suavidad su vaso sobre la mesa. Mira con un movimiento su reloj y se da cuenta de que la hora de ir a buscar a Alexandre se acerca.

Bueno, en realidad tengo que ir dirigiéndome a mi destino. Es por Trafalgar Square. ¿Vas a seguir huyendo de mí o me permites acompañarte a algún sitio? Ya sabes, como le tienes miedo a todo el mundo a lo mejor prefieres que un viejo de sesenta años te vigile las espaldas... —se burló, mirándola con una amistosa sonrisa ladeada.
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Invitado el Miér Sep 18, 2013 12:11 am

Lo cierto era que la velada estaba siendo encantadoramente encantadora, pero se estaba haciendo algo tarde y al día siguiente tenía que madrugar para partir en mi viaje hacia una nueva aventura en Hogwarts, era una pena saber que no volvería a ver a aquel apuesto señor, pero no podía hacer nada al respecto.

Lo mejor sería cortar la conversación de raíz porque si no se me haría mucho más difícil - Lo siento mucho - dije atoradamente y mirando hacia el suelo - Me gustaría mucho seguir charlando con us.. tigo, pero he de irme que se está haciendo tarde y ambos tenemos cosas que hacer - lo miró por última vez, se levantó de su sitio y antes de irse se giró y le dió un tímido y tierno beso en el carrillo.

- Ha sido un placer, que todo le vaya bien. Adiós - y desapareció del lugar.
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Christopher Höhner el Lun Sep 30, 2013 7:22 pm

OFF: Madre mía, se me había olvidado postear en este tema, como era para cerrar... Mil perdones, señorita Davidson.

Mando a cerrar ya el tema Wink
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