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Almost easy [FIONA T. Shadows]

Drake Ulrich el Lun Jun 30, 2014 9:17 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Parecía que tenía tres kilogramos de resaca en cada pie, puesto que no paraba de arrastrarlos por los pasillos del Ministerio hacia mi puesto de trabajo. Hacía ya una semana (más o menos) desde que dejamos de asistir a Azkaban para asegurarlo y que volviera a ser un lugar seguro. Obviamente, ya que si “aseguramos” cosas es para que sea seguro, lógica sumamente aplastante. No todos los aurores habían sido destinado a volver a Azkaban, pero a mí me había tocado pringar, ya que mi jefe saber perfectamente que soy un poco inútil en la oficina del Ministerio con el papeleo. No habré babeado yo informes… La verdad es que como Auror daba mucho que desear. Sí, sabía lo que hacía en los momentos en dónde tengo que saber lo que hacer, tengo un sentido arácnido de la justicia y esas cosas… pero lo que es ser responsable, no lo llevo nada bien. Soy un jodido desastre, alguien que se mete en problemas sin quererlo, de esas personas que, sin desearlo, se ve rodeado de problemas que salieron todos fruto de sus estúpidas acciones. Y es que muchas veces pienso que así no se puede ir por la vida y mucho menos ser una de esas personas de confianza que se suponen que mantienen el orden mágico. Doy gracias a Dios de ser el único desastre del cuerpo.

Las cosas, misteriosamente, volvían a recobrar esa normalidad y uno del trabajo decidió que lo más conveniente sería casarse, por lo que inevitablemente eso conlleva a una despedida de soltero y, con ello, MI ASISTENCIA. Fue un craso error, ya que eso fue el principio de ese cúmulo de desgracias que hizo que el final de la noche fuera nefasto… Aunque por el momento no recordaba demasiado de la noche anterior, por lo que estaba de lo más relajado de camino a mi puesto de trabajo.

Llegué a mi mesa, la acaricié con amor con las yemas de mis dedos -pues pretendía utilizarla como apoyo a mi gran siesta- y saludé a todos con una bonita sonrisa antes de sentarme. Aquel día el jefe no estaba, ya que había salido de viaje importante a Francia para hablar con… yo que sé, con franchutes mágicos importantes. La verdad es que poco me importaban los intereses políticos de mi jefe. Fly pasó a mi lado y la saludé, asomándome por un lateral de mi mesa para ver como seguía hacia la suya (sí, mirando su anatomía posterior) y viendo como hablaba con una ahí me quedé apoyado sin apartar la mirada de su rostro. Tenía una sonrisa tan bonita y un gesto tan adorable, era inteligente, divertida... ¡Era preciosa! Unos ojos que... vamos, una cara de ensueño y qué sonrisa. ¡Si es que era perfecta! ¿Cómo pretendían que me concentrara en el trabajo? ¡Era imposible!… Cuando desapareció de mi vista, empecé a bajar la cabeza lentamente hasta apoyarla en mis brazos, sobre la mesa. El espejo comunicador que tenía a un lateral de la mesa se iluminó. Al sentirme cohibido por su inusual brillo (ya que nadie lo usa para comunicarse conmigo) levanté la cabeza y lo miré, viendo reflejado en él a mi amigo Grigori, un compañero de trabajo que solía trabajar arrestando presos. Bueno, arresta personas y los convierte presos. No sé qué gracia tendría arrestar a gente que ya está presa… El caso es que me sorprendió su llamada. Que yo sepa no tenía nada pendiente con él.

¿Qué pasa Grigoriano? —le pregunté tranquilamente.
Hey, ¿qué pasa Ulrich? —preguntó retóricamente, ya que en verdad nunca nos preguntábamos por nuestra vida y me resultaba raro decirle que me iba bien. No teníamos tanta confianza—. Mira, ¿qué pasó con el preso de Londres? Me dijiste que lo traías a Azkaban por la noche, pero no ha llegado nada. ¿Lo has dejado en el calabozo del Ministerio? —me preguntó con toda la parsimonia del universo.

Mi cara, por el contrario, era algo que intentaba evocar tranquilidad, pero que en realidad estaba intentando evitar que mi cuerpo se convirtiese en gelatina y huir de este mundo cruel. Un flash de ayer empezada la noche me vino a la mente y recuerdo perfectamente como llamé borrachísimo a Grigori para decirle que tenía un preso y llevarlo a Azkaban. Me acuerdo de eso, pero no me acuerdo de haber pisado Azkaban. Tragué saliva, sonriendo.

Claro, ¿dónde iba a estar si no?¡JAJAJA! Eso mismo me pregunto yo, ¡dónde iba a estar si no! Quizás debería haberle dicho la verdad, pero no me acuerdo, así que mentiría si dijera cualquier cosa.
Ah vale vale, qué susto, pensé que lo habrías perdido. Tráelo en cuanto puedas.
Claro claro, tengo mucho trabajo, así que a última hora. —mentí. ¿YO, TRABAJO? Sí, registrar Londres de arriba abajo sería mi trabajo.

Se despidió de mí amigablemente y yo sin sonreír ni puta mierda corté la comunicación. Me tiré de los pelos mientras me protegía en mi mesa e intenté hacer memoria. Se me ha escapado, seguro que se me escapó y de lo pedo que iba ni me acuerdo… Necesitaba a alguien que pensase como yo, o por lo menos a alguien que no cogiera un martillo y lo golpeara constantemente contra mi cabeza. Así que por eso pasé de comentarle mi problema a Willow, porque sería la del martillo. Me levanté de mi despacho y, más despierto que nunca, emprendí el arduo, largo y sumamente cansino camino hacia la mesa de Fly. Cuatro zancadas después, ya estaba allí. Me agaché de cuclillas rápidamente a su lado, quedándome por debajo de ella, mirándole con unos ojos de cachorrito que necesita ayuda.

Fly, necesito tu ayuda porque eres la única que puede llegar a comprenderme. Ya sabes que tengo un cerebro terriblemente complicado de entender… y bueno, eres la única que sabe las estupideces que hago cuando voy borracho. ¿Estás muy ocupada? ¡Seguro que no lo estás tanto! —le puse la mano en la rodilla para no caerme hacia atrás debido al desequilibrio de aquella postura y esperé a que me dijese que sí. Venga, era Fly, seguro que no tenía ganas de trabajar. Además, no estaba el jefe... Y yo solo no iba a llegar a la reconstrucción lógica de mis hechos nocturnos.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Sáb Jul 26, 2014 11:46 pm

Vale, era cierto que el noventa por ciento de los capullos que acababan cayendo en Slytherin tenían un complejo de superioridad que no podían con ello. Vale que su cabeza pensara veinte kilos más del orgullo que tenían acumulado sobre ellas. Pero joder, para algo está lo de no creer en los prototipos. Sí, sí, porque el resto de casas iban de buena gente pero tenían encasillados a todos los de Slytherin sin ni si quiera preocuparse en conocerles. Normal que luego acabaran como judíos en un campo de concentración nazi y Voldemort siendo como Hitler pero sin pelo y sin nariz. Y sin aquel gracioso bigote. En realidad tampoco se parecían mucho si lo pensabas seriamente. – A ver, la sangre no dice que vayas hacer hechizos más poderosos… Básicamente porque tú eres el ejemplo perfecto que en la sangre no va la inteligencia. – Hombre, que no era tonto, pero precisamente no destacaba por su brillante ingenio. – No sé, si había drogas, a mí nunca me dieron. Creo que las escondían de los prefectos, como si nos fuéramos a chivar o algo. Con lo vagos que éramos todos, no sé cómo nos dieron ese puesto. – Rió. La verdad es que no tenía sentido que ni Drake ni Fly acabaran como prefectos de sus respectivas casas cuando ambos eran el ejemplo de la pereza personificada. – Al menos el baño de prefectos estaba bastante bien. – Rió y alzó ambas cejas antes de volver a reír.  

Sí, sorprendentemente ambos se habían aguantado hasta los diecisiete años, y seguramente alguno más si cierta persona no hubiera decidido que aceptar una beca para estudiar en el extranjero no cambiaria demasiado las cosas. Já, fuerte ilusa. – Venga, venga, relájate que luego se te sube a la cabeza y te crees que puedes llegar a merecer la pena o algo por el estilo. Cuando obviamente todos sabemos que eres retrasado y no lo haces. – Le dio un par de palmaditas en el brazo y negó con la cabeza. – Tío, ser de Hufflepuff no es un defecto. Es EL defecto. Cuando tienes eso no necesitas más, ya estás en el escalón más bajo de la sociedad. – Comentó sonriente. En verdad ser Hufflepuff tenía algo bueno… Esto… Em… Sí, que cuando suspendías todas podías decir en casa: Mamá, soy Hufflepuff. Y ya se le pasaba todo, porque claro, a un hijo retrasado no se le puede pedir gran cosa. Eso o tu madre sufría un derrame cerebral por recordarle que pertenecías a aquella casa. – Eh, que yo era adorable. Bueno, sigo siéndolo. Tendrías queja, si tenías la novia más mona de todo Hogwarts. Y más bajita, también.

¿Alguien sería capaz de poner a Drake en una casa que no fuera Hufflepuff? No, cualquiera que lo conociera diría que era el perfecto ejemplo de un Hufflepuff. Aunque eso sonaba ciertamente como un insulto, si lo analizabas. Y sino también, porque ya esa casa en sí lo era. - ¿No te desheredaron? Vamos, yo tengo un hijo y después de que toda su familia perteneciera a casas decentes me sale Hufflepuff, lo lanzo desde la torre de Astronomía. Como el chaval de tu casa que se suicidó. – Humor negro detectado.  – La gente se suicidaba para no pertenecer a Hufflepuff, ¿Lo ves? – Pobre chico, encontraron su cuerpo meses después del suceso, al parecer no tenía muchos amigos. – Mi padre debió pensar eso cuando caímos todos en Slytherin, seguro que tenía la esperanza que teniendo dos hijos alguno siguiera su ejemplo y cayera en Gryffindor, pero no. Y menos mal, porque si te soy sincera, creo que sería peor caer ahí que en Hufflepuff, son todos muy creídos, ¿No? – Se encogió de hombros. En verdad hablaba completamente en serio, la gente siempre se metía con los de su casa por ser creídos pero en Gryffindor tenían un ego que olía ya incluso a podrido.

El hecho de quedarse dormida en cualquier rincón había dejado de tener mucho misterio para ella. Vamos, que si se lo proponía estaba convencida que sería capaz de dormir incluso de pie. Es más, seguro que si hacía un viaje y tenía que estar en el aeropuerto a las cuatro y veinte de la mañana porque su avión dirección Las Palmas de Gran Canaria salía a las seis y cincuenta, acabaría durmiendo por cualquier rincón de la terminal. Es un ejemplo, claro, porque nadie en su sano juicio haría eso para ver a una panda de subnormales con una hora de retraso.

Se movió sobre el colchón hasta dar con la posición idónea para acabar por quedarse completamente dormida, algo que tampoco era muy difícil. Porque era un culo de mal asiento, eso sí, pero tampoco le costaba demasiado quedarse dormida cuando había madrugado y trabajado toda la mañana en el Ministerio… Mentira, eso no se lo cree nada. Los vagos nacen vagos y luego duermen donde sea, porque sí, porque pueden. Un par de minutos después (por decir algo, porque el tiempo mientras duermes vuela) acabó por despertarse ante el terremoto al que llamaremos golpe de Drake contra algún objeto de su cuarto. Sacudió la cabeza y quedó sentada en la cama, observando el curioso panorama. – Eso de ejercitar la raja del culo ha sonado… Muy gay. – Alzó una ceja y dibujó una pequeña sonrisa en el rostro. Estaba demasiado embobada como para decir algo más hiriente, y no precisamente por el cuerpo de Drake, sino porque tenía un sueño de narices y acababa de despertarse porque el otro era un patoso.

Notó los brazos del chico alrededor de su cuerpo y un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo. Bajó la mirada el suelo al tiempo que los labios del Drake se posaban suavemente sobre su frente. No dijo nada, sino que espero a que este se separara para volver hacia la cama, donde acabó por dejarse caer. Miró hacia el techo un par de segundos y notó como el peso de sus párpados le obligaba a cerrarlos. Porque claro, no era su culpa, era de los párpados que pesaban más que un collar de melones. Ladeó el cuerpo apoyando todo su peso sobre el lado derecho y dando así la espalda a Drake. Y como era de esperar, acabó por quedarse dormida de nuevo.

A decir verdad, tenía la intención y esperanza de acabar por dormirse allí hasta vete tú a saber qué hora y ya irse a casa, sin preocuparse demasiado por el hecho de haber desaparecido del trabajo sin ni si quiera avisar a nadie. Pero no, no pudo pasar eso. El destino no quiso que dormir durara para siempre. ¡Maldito destino rompe ilusiones! Esta vez no fue Drake quien se encargó de golpearse y acabar por despertarla sin darse cuenta, sino que una de las manos del chico acariciando su piel se encargaron de hacer el trabajo sucio. Se giró con cuidado y aún con los ojos cerrados pegándose al cuerpo de Drake. – Dudo que lo recuerdes, pero tengo cosquillas. – Añadió al tiempo que escondía su cabeza bajo la barbilla del chico y una de sus manos recorría la camisa desabrochada del castaño hasta toparse con los dos únicos botones que habían acabado por quedar abrochados. Posó el dedo índice en aquel lugar y deslizó el dedo por su pecho hasta llegar el tiro del pantalón, dibujando pequeños círculos y elipses según recorría su piel. Mantenía los ojos cerrados, la cabeza pegada a él, pero notaba sus propias palpitaciones aceleradas. Era Drake. Eso era… Era él, quien siempre había sido su punto débil. Quien siempre había hecho que todo su mundo volara patas arriba. Ese al que había sido incapaz de olvidar después de tantos años sin verse.
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Drake Ulrich el Mar Jul 29, 2014 3:13 am

Yo como ejemplo nunca servía, yo era todo eso que nadie era. Yo era como un sangre sucia pero con la sangre limpia, como dirían algunos. Yo es que era un patoso para todo lo que se me pusiera delante. ¿Torpe? Esa palabra la inventaron por mí. Obviamente en la sangre no venía la inteligencia, ni la astucia ni el poder. Qué tonto el que se crea esa estupidez. Pero bueno, había gente —slytherins, mayormente— para todo. Fly le recordó que él había sido prefecto y se llevó la mano a la frente en un divertido golpe. Yo, prefecto… Toda mi familia se sorprendió cuando me lo dijeron y normal, después de caer en Hufflepuff no creo que esperasen mucho de mí. Alcé una ceja ante lo que dijo del baño de los prefectos y me acordé de una de las veces en la que fuimos ambos y… bueno… no es buena idea rememorar esos recuerdos.

Menos cuando venía Myrtle a cortar el rollo. ¡Esa fantasma era una pesada! Se enamoró de mí, tía, ¿no te acuerdas? Decía que le recordaba a no sé quién de su pasado y me acosaba —recordé con elocuencia cuando en cierta ocasión aquella fantasma apareció en un momento fatal cuando estábamos ambos. Encima la jodida fantasma se nos ponía indignada cuando nos quejábamos, parece mentira.

A pesar de mi súper defecto de haber pertenecido a Hufflepuff, el cual aún estoy intentando buscar solución a ver si puedo cambiar el pasado, o algo, yo me consideraba un buen partido. Aunque bueno, teniendo en cuenta el número de fracasos de relaciones que he tenido con el de relaciones buenas, al estar solo, es un claro ejemplo de que a lo mejor soy yo el problema y realmente soy un despojo humano para pisotear por la sociedad. Je, es broma. Jamás pensaría tan mal de mí, soy Drake. Como mínimo soy guapo. Pero bueno, siempre tendría a mi madre y a Willow para decirme lo especial que soy después de cada ruptura y depresión.

Venga ya, no te pases. Los cojos y los mancos están por debajo de los Hufflepuff. Y los políticos y los erizos retrasados también —sonreí y luego asentí con la cabeza— La más mona sí, la más bajita no. Por suerte superaste a los de primero y algunos incluso aun eran más bajitos que tú —Fue entonces cuando solté una divertida carcajada ante lo de deshederarme. Mi familia era un sol, sólo me miraron raro cuando entré a Hufflepuff— Claro que no, si mi madre es un sol, ya la conoces, y mi padre adoraba a su primogénito —miré a Fly con cara de pocos amigos ante lo del Hufflepuff que se suicidó. Yo creo que en verdad lo asesinaron…— Venga ya, no seas tonta. El tío ese estaba muy mal, yo creo que nunca hablé con él. De hecho me da que me enteré de su existencia el día en que dieron la noticia. Pero no sé… a lo mejor no fue un suicido y alguien o algo le incitó a hacerlo —me encogí de hombros, sin darle muchas vueltas. Pero venga ya, si encima de Hufflepuff, se suicida, por favor, que vida más triste. La verdad es que hablemos claro… ME LA SUDABA—. Claro que es peor. Gryffindor es… como si te metieran un palo de chulería por el culo y no te lo quitaran nunca. Se creen los mejores, su virtud debería ser chulería y popularidad, no valentía —puse un mohín repelente— Mégh, me dan repelús. Menos Willow, ella es la única Gryffindor que merece la pena y no me da repelús. —aclaré. Willow era la mejor amiga del universo entero y como si era manca o coja y estuviera por debajo de mí, yo la querría un montón. Después de un momento de silencio, añadí algo que me llegó a la mente— Y unos pedantes. —Y ahora sí, sonreí dando mi descripción por finalizada.

Ambos nos habíamos quedado dormidos pero por motivos fisiológicos me levanté para cambiarme de ropa debido a que segrego más saliva de la que soy capaz de tragar mientras duermo. Es lo que suele pasarle a la gente que duerme con la boca abierta, pero es que yo no sé dormir con la boca cerrada. Se me abre sola, es un hecho inevitable. Por culpa de despertarme y cambiarme de ropa, desperté a Fly, la cual se acercó a mí y me abrazó. ¡Me abrazó! ¡Ella a mí! Se notaba que estaba somnolienta, porque me da que es la primera vez que me abraza. Sus neurones aún no estarán muy funcionales aun adormiladas. Por mi parte, ¿qué iba a hacer? Le di un beso muy mono en la frente y le achuché amistosamente contra mí. ¿Cómo era posible que una persona después de ocho años siguiera teniendo ese olor tan agradable y característico? Me quedé quieto durante unos segundos aun ella habiéndose ido y luego le perseguí hasta la cama.

Fly siempre me había gustado, de hecho fui yo el pesado Hufflepuff que fue detrás de la misteriosa Slytherin hasta no sé cómo, ella se fijó en mí. Sí, siempre he sido ese chico que desea tanto a la chica hasta tener ese miedo de poder fastidiarla. Al final no sé qué pasó, pero se fastidió todo. Al no saber por qué, nunca he sabido si realmente había olvidado mis sentimientos por Fly o simplemente había superado el no estar con ella. Era difícil, por no decir imposible, olvidar algo tan importante en tu vida y en este momento se me antojaba como un hecho utópico. Me acosté a su lado y me replanteé las opciones que podía barajar. Podía dormir, era una opción, oye. Pero la verdad es que no tenía sueño. Al final, mi mano se volvieron contra mí en busca de mis deseos y se armaron con valor como armamento y acariciaron a Fly, hasta que ésta se dio la vuelta lentamente, recordándome que tenía cosquillas. Sonreí, pues lejos de tener ninguna reacción mala, se acurrucó a mi lado.

¿Cómo no voy a acordarme? Una vez me diste una patada en los huevos por hacerte cosquillas… —susurré divertido en aquella posición, con una imborrable sonrisa en el rostro al tenerla tan cerca de mí. Después de aquella patada en los huevos, me quedó como recordatorio permanente que las cosquillas y Fly no se llevaban bien.

Fly comenzó a acariciar mi torso con lentitud mientras mi mano seguía posada en su cintura y en su cadera. ¿Era normal que después de tanto tiempo y, sobre todo, después de cómo me dejó aquí sin más sintiera esto que siento? No, no era normal. Era totalmente anormal. Debería de haberla olvidado por lo que me hizo e incluso tenerle rencor. Y sí, le tenía algo de rencor (insignificante desde que la volví a ver) pero eso de olvidarla no había sido tan fácil de conseguir como el rencor. La cabeza de mi amiga estaba escondida bajo la mía, casi contra mi pecho, pero aquello no iba a ser un impedimento para cumplir este arrebato, una mezcla de deseo, confusión y simples recuerdos que se me amontonaban sin tino en mi cabeza. Mi mano se colocó en su cintura y empujó de ella suavemente hacia atrás, haciendo que, de estar de costado, se quedase lentamente boca arriba, con la espalda pegada al colchón. Mientras tanto, yo me recoloqué, quedándome a su lado boca arriba con parte de mi torso sobre ella. Mi mano, que aun reposaba en la parte baja de su vientre lo acarició mientras yo acortaba la distancia entre ambos y cumplía con mi arrebato: besarla. Se me ocurrió la posibilidad de pensar qué podría ser lo peor que pasara, pero ambos sabemos que yo soy el estúpido Hufflepuff, así que como tal, si sale mal, sólo será eso: una estupidez. Pero no lo hice, no pensé en lo que pudiera salir mal, ya que para mí salió todo bien. Simplemente sentí como me quitaba ese peso de encima, como si le estuviese dando ese beso que nunca le di.

OFF: Le echo la culpa de posibles faltas de ortografía o fallos gramaticales a la hora jeje.
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Fiona T. Shadows el Mar Jul 29, 2014 11:41 am

Sorprendentemente aquel fantasma había pertenecido a Ravenclaw y no a Hufflepuff, porque la pobre mujer es que era inútil. Inútil y con cara de vieja. Y además muerta. Y seguro que murió virgen. Como siguiera sacándole defectos podrían pasar años hasta que frenase, así que mejor abandonar esa cuestión en concreto. Aquel fantasma se pasaba la vida en el lavabo, ya le daba igual si era en el que murió o en otro. Ella quería ver el mundo de los retretes y se dedicaba a hacerlo. Iba de crucero por las tuberías y los desagües, unas grandes vacaciones, sin duda. ¿Y tú dónde has ido de vacaciones este verano? ¿Yo? Al baño de la torre de Ravenclaw, super bonito todo. Sí, así debía ser una conversación de esa señora consigo mismo, porque en verdad nadie le dirigía la palabra salvo para insultarla o lanzar libros contra su cabeza. Fly por su parte no había cruzado palabra con ella. No al menos delante de Drake, porque sin estar él delante si lo había hecho. Y más de una vez y ninguna agradable. – Creo que no olvidaré jamás que un fantasma se enamoró de mi novio. – Comentó algo molesta todavía. Joder, una cosa es que se enamore un vivo, otra un muerto, que eso es peligroso. ¿Y si le tiraba por la torre de astronomía para que se convirtiera en su fantasma compañero? ¡Nadie piensa en eso! Seguro que Myrtle fue quien lanzó al Hufflepuff desconocido creyendo que era Drake para pasar la eternidad con él. Luego tendría que conformarse con un Hufflepuff que seguro que acababa subiéndose a las mesas del Gran Comedor a cantar como si estuviera en una película musical americana patrocinada por Disney Channel. ¡Seguro! - ¿No había tíos en todo Hogwarts para que se tuviera que fijar en ti? – Claro que los había, y más guapos, más listos y sin pareja. POR EJEMPLO.

Y sí, esa había sido una de las razones por las que Fly había acabado buscando a Myrtle para decirle tres o cuatro cosas, porque cada vez que empezaba a hablar con ella la chica acababa llorando y metiéndose por el retrete. Así no era precisamente fácil entablar una conversación, pero bueno. Fly nunca había sido considerada una de las típicas alumnas de Slytherin, pero tenía que admitir que durante sus años en Hogwarts no había sido precisamente buena del todo. Nunca tachó a nadie por su sangre como hacían las demás serpientes, pero tampoco se comportaba bien con todo el mundo, era de simpatía selectiva y, a decir verdad, nadie podría presumir de haberse salvado de algún comentario grosero sin ser malintencionado. Vamos, que Myrtle por estar muerta tampoco que libraba de que Fly hubiera acabado yendo a verla para decirla que dejara en paz a Drake y se fijara en alguien menos… Vivo. No había servido de nada, como era obvio.

- Los erizos aunque fueran retrasados estarían por encima. Los tigres retrasados no. –  Porque te puedes pasar horas mirando a un tigre con síndrome de down y no parar de reírte por cruel que sea, pero es que son sumamente graciosos. Te quedas mirando esos ojos, es sexy boca… Y no puedes parar de reír. – Sí, los elfos de las cocinas también eran más bajos, pero me has entendido. – Ladeó la cabeza y dibujó una sonrisa divertida en su rostro. Por mucho que intentara ser borde con Drake en muchas ocasiones, le era imposible no acabar sonriendo o pensando lo jodidamente mono que podía ser cuando se lo proponía. O cuando no, que era lo peor de todo.

Tener un hijo de Hufflepuff era como tener un hijo retrasado. Al principio te planteas abortar pero al final lo piensas bien y lo acabas teniendo. Incluso puedes desarrollar un vínculo afectivo con él, eso sólo pasa en casos muy especiales, pero todo es posible. Fly se limitó a asentir en los comentarios de la familia de Drake, la verdad es que hacía años que no sabía nada de ellos y no podía opinar mucho. Quizá habían cambiado con el paso del tiempo o se habían convertido en asesinos en serie. Quién sabe.

- Le incitó su bufanda amarilla. Su túnica con el emblema de Hufflepuff, las cortinas también amarillas… Fue el fraile gordo, seguro. – Rió. La verdad es que no sabía ni quién era aquel individuo hasta el día que dijeron que un alumno había saltado desde la Torre de Astronomía. Al parecer no le conocía nadie, sólo Sophie que parecía estar deprimida en el Gran Comedor. Sería muy empática, porque ese chaval no tenía pinta de ser capaz de cruzar ni media palabra con una mujer. – Hombre, siempre hay Gryffindor’s decentes… Pero si, sólo se me ocurre Willow. Igual que si pienso en Hufflepuff’s decentes sólo se me ocurre… Nadie. – Rodó los ojos divertida. – Bueno, tú eres pasable, te doy el beneficio de la duda. O como se diga eso, porque jamás se me dieron bien las frases hechas de ese tipo. Y de ninguno, la verdad. – En verdad era un desastre con patas, incluso más que Drake si cabe. – Vamos, que me caes bien. Pero que no se te suba a la cabeza. – Claro, como si después de siete años siendo amigos fuera posible que dijera que le caía mal. Era posible, pero raro y aunque era muy rara, no llegaba a tanto. O sí, pero no en ese aspecto.

Dormir siempre ha sido y será lo mejor que puede hacerse como ser humano. La cama en sí es el mejor invento creado, y eso que seguro que lo creo un pobre muggle somnoliento. O no, quien sabe, porque ese tipo de cosas no se estudiaban en Hogwarts, con lo útiles que serían. Se había quedado tan dormida que cuando Drake salió de la cama para cambiarse de camisa porque era como un perro soltando babas, no sabía ni donde estaba. Era como un pokémon, estaba tan confusa que podría herirse a sí misma, pero no lo hizo, sino que se limitó a mirar con curiosidad lo que hacía el chico mientras intentaba espabilarse, pero no lo consiguió. Ya que después de abrazarle y volver a la cama, no tardó en volverse a quedar dormida. Ni si quiera se dio cuenta que Drake había vuelto a la cama, pues cuando este se recostó de nuevo, ella ya se había quedado dormida. Otra vez. En lugar de tener un patronus erizo tendría que tener una marmota, por eso de dormir tanto. Aunque los koalas duermen veinte horas al día… Era más un koala.

Las manos de Drake recorriendo suavemente su vientre hicieron que se despertara poco a poco. Pero lejos de reaccionar quitándole la mano para seguir durmiendo (lo que haría cualquier persona en su sano juicio, esta claro) rodó sobre sí misma para quedar pegada a él. Se aferró al pecho del chico mientras una de sus manos recorría su pecho con timidez y sus ojos permanecían cerrados, evitando así tener que toparse con la mirada de su acompañante. - ¿Solo una? Debería haberte dado al menos dos. – Añadió sin levantar la vista. Notaba como las palpitaciones de su corazón se habían acelerado, notaba el calor en sus mejillas y no sólo debido a la temperatura de la ciudad.

La mano de Drake que permanecía situada en su cadera obligó a la castaña a apoyar su espalda contra la cama, haciendo así que sus ojos se abrieran de par en par para ver lo que realmente estaba pasando. No tardó en encontrarse con los ojos de Drake a pocos centímetros de los suyos, su aliento cerca de su rostro haciendo que una vez más, las palpitaciones se encontraran a la altura de las nubes. Sus ojos quedaron fijos en los oscuros de su acompañante, mientras que ella había quedado boca arriba en la cama. Para ser sinceros, esperaba que acabara golpeándola con una almohada o algo parecido teniendo en cuenta el comportamiento infantil que ambos mantenían cuando estaban juntos. Pero no, las cosas no fueron así, sino que los labios de Drake se posaron sobre los suyos haciendo que cerrara los ojos de nuevo e, inconscientemente subiera una de sus manos hacia el rostro del chico para posarse en él durante aquel tiempo que duró el beso.

Si su corazón antes palpitaba por encima de sus posibilidades, ahora se estaba montando una fiesta rave a su costa. Sus mejillas estaban totalmente coloradas y no era consciente de aquello. En aquel momento no era consciente de nada que no fuera Drake por lo que no lo pensó dos veces a la hora de continuar el beso.
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Drake Ulrich el Sáb Ago 09, 2014 1:19 am

A mí, en su momento, me parecía de lo más surrealista que un fantasma pudiera desarrollar alguna clase de sentimientos hacia un humano. O sea, ese fantasma en concreto, aunque en realidad en Hogwarts los fantasmas eran ya bastante especialitos… Entre el barón con un palo en el culo, Nick hiperactivo, el gordo parlanchín, la emo de la Dama Gris, el tocapelotas de Peeves y la Forever Alone de Myrtle la Llorona… Aquello parecía un psiquiátrico de fantasmas. Sobre todo la maldita Myrtle, mira que era temperamental esa mujer… a veces se te acercaba y parecía simpática y a la mínima de cambio empezaba a gritar como una loca posesa de algún espíritu de banshee porque cuando esa mujer lloraba, se enteraba medio castillo. Aunque bueno, tampoco era tan malo que una fantasma se enamorara de ti, ¿total, qué iba a hacerte? Nada. Era un poco pesado (vale, mucho) tener que soportarla cuando iba al baño de los prefectos, pero normalmente si iba ahí iba con Fly y ella se encargaba de echarla con su gran simpatía, "simpatía" propia de Fiona Shadows, una Slytherin tocapelotas y bastante cortarollos (aunque era una monada, en verdad, aunque ella quisiera ir de dura por la vida).

Fly, no compares a todo Hogwarts con el increíble, poderoso, fantástico y perfecto Hufflepuff que soy yo —sonreí con ego fingido. No soy egocéntrico, por Dios, eso era cómo ser imbécil. Pero me gustaba aparentarlo de vez en cuando, es decir, ser imbécil de vez en cuando— Es normal que una fantasma deprimida se enamore de mí. Era de los pocos que no le tiraban algo. Pero no porque fuera bueno, sino porque en serio, ¿tirarle cosas a un fantasma? Es como intentar limpiar el pelo de Snape, ¿sabes? Hogwarts tiene síndrome de Down…. Síndrome de Down… No entendía la lógica de esa gente, ¿qué pretendían, GOLPEAR A UN ENTE? MUY INTELIGENTE.

Hablar de aquel tío, que no sabía ni quién era, pero que se había suicidado, no me motivaba. Entre otros motivos porque hablar de un muerto podía darle mucha bola a alguien tan de humor negro como era Fly y era un hecho de que si seguíamos por aquí, al final íbamos a terminar descojonándonos. Y me daba pena reírme por algo tan triste. Al fin y al cabo soy Hufflepuff, no me río de esas cosas, me siento mal. Para evitar seguir hablando de esos, saqué el tema de los pocos Gryffindor’s decentes que pudiera existir. Ambos coincidimos en que Willow era la única y yo nunca dejaría de coincidir en eso. Quizás Tyler también era uno decente o por lo menos a mí me caía estupendamente. Además, era negro, siempre me habría gustado tener un mejor amigo negro y un mejor amigo chino. O japonés, mejor. Los chinos me dan repelús. El japonés es cómo más guay. Solté un bufido divertido ante lo que dijo Fly, definitivamente aquello era lo más cerca que estaría de que me dijese algo bonito. Si en el fondo es una romántica (nótese la ironía).

Oh… —me llevé la mano al pecho, en dónde está en el corazón, es decir al lado… ¿izquierdo? No sé, soy disléxico— Te caigo bien. Nunca me lo hubiera imaginado, mira tú por dónde… —ironicé, negando con la cabeza. ¿Casi siete años juntos y después de ocho años volvemos a estar así de bien? Si no le cayera bien ya me hubiera dado una de esas patadas mortales para alejarme—La próxima vez dime cosas que ya sepa, que con estas confesiones me ablandas el corazón, ¿sabes? —le revolví el pelo cariñosamente sin ponérselo delante de la cara, obviamente con ironía en mis palabras— Tú también me caes bien, aunque a veces eres un poco moñas, ¿de qué vas? —y esta vez sí hice que se le pusiera todo el pelo delante del rostro.

Me gustaba dormir, no, me encantaba. Era como un hobbie más que una necesidad. De hecho, me gustaba dormir incluso con gente, aunque con gente que respetase los límites, es decir: no roncara, ya que yo soy el único que puede roncar. Que no pegara patadas y que no babeara tampoco más que yo, ya que sería asqueroso. Con Fly siempre había podido dormir tranquilamente, en cualquier lugar. Los dos nos utilizábamos de apoyo mutuo y es que éramos infalibles en la técnica de sueño. Sin embargo, no podía comparar eso, que fue hace ocho años, a ahora. ¿Sabéis esa sensación cuando algo pasa delante de ti y tarda mucho en dejar de pasar, de importar? Fly fue algo así, pasó en su momento y cuando se fue pues técnicamente dejó de pasar. Pero claro, ahora… en realidad me doy cuenta de que era de las que nunca terminan de pasar. Y yo era de esos hombres que en cuanto a sencillez, mucha. Pero luego yo me como la cabeza inútilmente por dentro con cualquier tontería y es que vamos, no podía pensar ninguna otra cosa con Fly en mi cama. Ella después de tantos años podría haberme empezado a ver como un amigo y sería comprensible, si incluso estuvo prometida… pero para mí es imposible y difícil mirarla y sólo ver a una amiga. ¡Es que no puedo! Es como mirar a un donut relleno de chocolate y verlo sólo como un postre. No. Es EL postre. Ella es… LA chica. No una cualquiera.

Es mi pequeño (nunca mejor dicho) punto débil y por mucho que en este reencuentro hubiera intentando querer verla como algo mucho menor de lo que realmente es, no lo conseguí. Y es que es inevitable ir por el Ministerio y no quedarse mirando esa sonrisa tan mona mientras habla con otra persona, o ese caminar tan gracioso y especial que tiene. Sí, era horrible estar pillado por una ex que encima de haberte abandonado (ojo al dato), ha estado prometida. Podría echarle la culpa a esa cantidad de trabes que se crean en mi interior por minutos por cualquier chica, pero era consciente de que no. La sensación de acariciar el vientre de Fly era totalmente distinta a acariciar cualquier otra, sentir su roce en mi pecho, por muy insignificante que pudiera ser, era como esa sensación, invisible e inmaterial, que está ahí y te llena por dentro. Me calmaba y a la vez me embravecía. Por esa misma sensación de bienestar fue por la que me envalentoné a besarla. Me lo pensé en cada milisegundo en el que me acercaba a ella, pero la verdad es que no se me ocurría absolutamente nada que pudiera ser mejor que volver a besarla. Aunque sí que había algo mucho mejor y fue el hecho de que a ella no le diese por meterme los dedos en la boca (QUE LA VEÍA CAPAZ…) o de empujarme hacia atrás. Aunque la verdad es que la primera opción era mucho más de Fly. El beso duró más de lo que me esperaba y mi mano se aferró a su vientre, acercándola a mí y haciéndolo más largo e intenso. Estaba nervioso y como para no… sentía esa sensación en mi vientre que, comúnmente puede conocerse como mariposas en el estómago, o más bien una bandada de pájaros intentando asesinar a mi estómago. Sin embargo, esa sensación tan “especial” sólo la había sentido una vez en mi vida y no se trataba de nada amoroso, sino más bien unos nervios como una casa que se manifiestan de la manera más bochornosa. ¿Nervios por qué? Porque por mucho que me guste alguien tan guay y perfecta como lo era ella, sólo me viene a la cabeza que en realidad puede irse en cualquier momento como la última vez, sobre todo ahora, antes por lo menos (o técnicamente) me quería, ahora... a saber. Sí, se llama rencor acumulado y yo pasaba de sufrir innecesariamente en base a cualquier inseguridad. Me separé de ella lentamente y sin decir absolutamente (pues estaba encantadoramente sin palabras y con un ardor en mi interior muy incómodo), mi cuerpo estaba de fiesta y mi mente indignada, así que me levanté y me fui tranquilamente hacia la puerta de mi habitación, la abrí y me metí en la de en frente, que era el baño.

Cinco minutos después en dónde me replanteé seriamente por qué exactamente YO tengo el problema del estómago flojo en situaciones de estrés mental, salí de esa misma puerta —que al dejar la de mi cuarto abierta, se veía perfectamente desde mi cama— mientras rociaba el interior con un ambientador de flores, cortesía de las chicas de mi casa.

Yo no entraría ahí en un buen rato… —dije mientras me acercaba a mi habitación con una increíble y amplia sonrisa en los labios. Irónico que te ponga feliz aquello que crees que no es lo correcto, pero bueno, era una realidad absoluta que besar a Fly aunque no sea correcto, era lo mejor.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Sáb Ago 09, 2014 1:38 pm

Drake había conseguido superar todas las expectativas esperadas para un Hufflepuff, su madre debía sentirse orgullosa. Cuando tenías un hijo Hufflepuff lo máximo que podías esperar era que consiguiese aprobar el último curso de Hogwarts y que sus años en aquel lugar no fueran muy horribles debido a su detestable nueva posición asignada por el sombrero seleccionador en su primer curso. Pero no, Drake había ido más allá, había acabado, sorprendentemente, como prefecto y, posteriormente, como Auror. Cualquier de las cosas eran sosprendentes para un Hufflepuff, especialmente la de ser Auror. Seguro que había pocos, por no decir ninguno, en todo el Ministerio que hubiera pertenecido a aquella casa.

Rodó los ojos cuando el chico comenzó a decir que era normal que aquel fantasma se hubiera enamorado de él. Vale, sí, era normal que cualquiera lo hubiera hecho, básicamente porque era Drake. No, no era cualquier persona, sino que era Drake, era LA persona. Pero bueno, mejor dejar eso a un lado y centrarse en que si le lanzas un libro a un fantasma no nota nada, pero siendo una fantasma quejica y deprimida, montas un drama como si fuera aquello una obra de Shakespeare. Igual que cuando tomas un fruto con espinas por fuera y te pinchas la mano te pinchas en vano, porque tomar el fruto con la mano es malo, en lugar de mano usa siempre un palo. Y esas cosas que se dicen. – Hombre, intentar limpiarle el pelo a Snape es un reto. Lo de tirarle cosas a la depresiva es… Bueno, la verdad es que no tiene mucha gracia, pero ya sabes que la gente es más simple que el mecanismo de un chupete y bastante gilipollas a veces. – Se encogió de hombros. En verdad no le veía la gracia a tirarle cosas a un fantasma, pero ella era muy raro, quizá atravesar a un fantasma con un libro era un deporte olímpico pero a ella no le hacía gracia a alguna. Igual que los españoles con los toros, que claro, es una tradición matar a un animal por diversión y ella no lo veía gracioso. Pues claro, cosas que pasan. – Yo era más de perseguirla y decirle que dejara de tocarte las narices, o más bien, que dejara de tocármelas a mí. – Sí, Fly era bastante borde en ocasiones. Aunque en verdad era adorable, aunque Drake no lo valoraba una mierda. ¡Claro! – Era molesto, ¿Vale? – Ladeó los labios y finalmente dibujó una pequeña sonrisa entre sus labios. No eran celos de la fantasma muerta, sino… Bicho, deja a mi novio tranquilo. Sí, exactamente era eso.

Fly negó con la cabeza ante la reacción (estúpida, como era de esperar) de Drake y le dio un pequeño golpe con la mano en el brazo. – Sorprendente, lo sé. – Volvió a negar con la cabeza. A veces era más insoportable, incluso, de lo que recordaba. – Antes no eras así de imbécil. O sea, eras imbécil, pero no tenía tantas ganas de darte con una silla en la cabeza a ver si comienzas a decir algo coherente. – Bromeó. Sí, era una broma, en verdad le soportaba y no consideraba que fuera imbécil, más bien lo contrario. Vamos, que para ser Hufflepuff era listo. Las manos de Drake se posaron sobre su pelo y no tardaron en hacer un pequeño destrozo sobre él. Drake y su manía de despeinar a alguien que no va peinada pero que se pone nerviosa cuando le tocan el pelo de aquella manera. Sí, era muy Drake todo aquello. – No soy moñas, si fuera moñas te hubiera dicho algo bonito como… Erizo. Pero no, no lo he dicho. – Añadió mientras se colocaba el pelo como podía. O más bien podía haberle dicho que en verdad si le tenía aprecio, pero no el aprecio que tienes a una persona que has conocido hace dos días y os lleváis bien. No ese tipo de aprecio. El aprecio que le tienes a alguien que ha significado todo lo posible durante años y que nunca ha dejado de ser importante y que, años después al reencontraros, sigue despertando algo que puede llegar a asustar por haber dado todo aquello por olvidado.

A pesar de que fuera casi la hora de comer y no la de dormir, Fly daba por sentado que cualquier hora era perfecta para dormir, incluso si la persona de al lado babeaba las almohadas y cada noche te decía: “no uses esa almohada, que tiene babas”, y así sucesivamente hasta dejarte sin una almohada sobre la que apoyar la cabeza por la noche. Pero claro, si eso lo hacía Drake tampoco le daba mucha importancia. Total, ni que nunca hubiera estado cerca de sus babas.

Dormir con Drake seguía siendo igual que lo había sido años atrás, seguía siendo algo sumamente relajante que hacía que el resto de cosas que sucedían carecieran de importancia alguna y, por eso, no se quejo lo más mínimo cuando las manos del chico se posaron sobre su vientre, y mucho menos cuando los labios de este se posaron sobre los suyos propios. Notó como su propio cuerpo se relajaba en aquel momento, como su respiración se mantenía calmada mientras que sus pulsaciones habían hecho todo lo contrario. El calor en sus mejillas había aumentado, pero estaba demasiado embobada en aquel momento como para ser consciente de aquello. En momentos como aquel se odiaba a sí misma por haberse ido de Inglaterra, por haber dejado atrás todo lo que tenía, pero para ser sinceros, había hecho lo que debía. Llevaba años dando por hecho que una beca de estudios había sido la razón para marcharse, cuando sabía perfectamente que aquello sólo había sido la mecha que encendió la pólvora. No sólo se había dio por irse a estudiar con todo pagado, sino por problemas en casa, algo que había intentado pasar por alto y no darle la importancia que tenía. Sí, se había ido para estudiar lo más lejos que pudiera por no tener contacto con una familia que había comenzado a tener problemas que ella no esperaba tener que ver nunca, y es lo que suele pasar cuando tus abuelos maternos son unos mortífagos locos y tu hermano quiere irse con ellos a hacer gilipolleces de mortífagos. Pero bueno, la excusa de tengo que irme a estudiar fuera siempre había sido mejor que decir que se tenía que ir de Londres sí o sí.

Antes de poder mediar palabra alguna, Drake salió disparado por la puerta. Frunció el ceño confusa por aquella situación. ¿Había hecho algo ahora que le molestara? Comenzó a sentirse mal, como si aquel momento que había resultado ser tan gratificante no hubiera sido más que un error más. Tuvo el tiempo necesario para pensar en que era gilipollas y lo que tenía que haber hecho era irse al trabajo al no encontrar la placa de Drake, que no tenía que haber tenido sueño en aquel momento y quedarse dormida, sino que tenía que haber salido por patas cuando había tenido ocasión. Drake era su amigo, ya no era nada más, por mucho que en aquel momento hubiera sentido todo lo contrario. Por mucho que hacía menos de dos minutos hubiera tenido de nuevo aquello que tanto había echado de menos durante tanto tiempo. Se odió a sí misma incluso más de lo que ya lo hacía.

Se levantó de la cama y se quedó sentada mirando en dirección a la ventana, como si algo allí pudiera hacer que lo que había pasado minutos antes no hubiera tenido lugar. Escuchó el sonido de la puerta al abrirse y la voz de Drake procedente del salón mientras se acercaba de nuevo. - ¿Eh? – Preguntó confusa. ¿De qué coño hablaba? Pero no tardó demasiado en entenderlo. No pudo evitar soltar una carcajada al haberse sentido tan estúpida minutos antes mientras pensaba que Drake simplemente se había ido dejándola allí por alguna razón. – Que explícito eres a veces. – Dijo la chica mientras buscaba en el suelo sus zapatos y se los ponía. – Al menos te habrás lavado las manos, ¿No? – Alzó ambas cejas mientras se colocaba los zapatos y miraba levemente a Drake aún con la sonrisa en los labios.

Una vez de pie apoyo ambas manos tras su espalda en el escritorio y miró hacia los pies de Drake, sin mirarle directamente a la cara. - ¿Prefieres que me vaya? – Preguntó dudando incluso de sus palabras. – No quiero molestarte más y… Bueno, eso. – Se encogió de hombros algo confusa. Entre que acababa de despertarse, que Drake acababa de darle un beso y que instantes luego había salido corriendo de la habitación para ir al baño, estaba más confusa que un magikarp, y eso ya es decir.
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Drake Ulrich el Dom Ago 10, 2014 6:39 pm

En su momento no me di cuenta, pero debía de haber sido muy divertido haber visto a Fly persiguiendo a Myrtle para que me dejara en paz con su jerga tan poco agradable y antipática, pero en su momento nunca lo tomé por algo importante, más bien gracioso. Era adorable y a la vez un tanto gracioso verlo a esta edad, ya que molestarse porque un fantasma se “enamorara” de mí era una tontería. Al fin y al cabo era un fantasma deprimido, se encariñaba del único que no intentaba arrojarle algo. Después de quinto (cuando ya perdí todo el contacto con esa fantasma) pasó de mí, seguro que encontró a otro Hufflepuff idiota del que enamorarse. Solté una carcajada al escuchar todo lo que decía Fly y cuando terminó me sentí realizado.

¿Estabas celosa de una fantasmilla?  —salté para molestarla— ¡Eres más mona! ¿Te pensabas que iba a suicidarme para irme con mi amor fantasmagórico o algo así?  —seguí con mi pequeño repertorio de molestia hacia Fly— Claro, como  yo soportaba tan bien a Myrtle y la trataba con tanto amor…  —añadí irónicamente, mirándola de reojo— Era una pesada, siempre que tenía posibilidad yo también la echaba.  —Sobre todo cuando se “metía” conmigo en el baño mientras me bañaba. ¡Será pervertida! Si murió a esa edad habrá muerto con toda las hormonas a flor de piel, no me extraña esa obsesión por meterse en el baño de prefectos.

Me encantaba encontrar esos temas en dónde poder ver a Fly de esa manera. En ocasiones siempre era ella la que atacaba y te llamaba Hufflepuff inútil ante todo, pero me gustaba ver cómo se le dibujaba esa especial sonrisa en los labios ante temas en dónde soy yo quién me meto con ella. Por ejemplo, llamándola moñas. En el fondo ninguno de los dos éramos moñas (bueeno, yo a veces un poco sí, soy la mujer de las relaciones), pero lo mínimo ya era motivo para poder meterme con ella. Sonreí ante su siguiente defensa y negué con la cabeza mientras me acercaba a la cama para echarnos la siesta más prohibida de todas. Técnicamente debería estar en el Ministerio con el papeleo. Pero si Scrimegeour no trabaja, yo tampoco.

Oh, por favor. No me digas “Erizo” que si no me enamoro. Eso nunca. Aun no estamos preparados para Erizo  —bromeé, acostándome hacia atrás.

Sorprendentemente, a pesar de habernos levantado haces menos de tres hora, seguro, volvimos a caer como marmotas en mi cama y quedarnos profundamente dormidos. Aunque yo siempre me quedo profundamente dormido, no tengo término medio. O me duermo mucho, o no me duermo. Además de que tengo la increíble habilidad de casi dormirme a la vez que me tiro a la cama. La primera vez dormimos bastante bien y fui yo el primero que me desperté debido a que casi me ahogo en mi propia baba. Es broma, en realidad no. Pero uno nota cuando ya se está mojando más de lo normal. Es como cuando de pequeño te hacías pis encima  y te despertabas porque sentía algo pegajoso por las piernas. Pues lo mismo pero en la almohada. Y no tan asqueroso.

En el “segundo asalto” de aquella somnolienta mañana a mí se me había quitado todo el sueño por culpa de mi amiga. Con lo fácil que lo tiene para dejarme pensando en ella en cualquier momento y ahora mismo había hecho que no me la quitara de la cabeza. No sabía cómo… quizás que me abrazara de esa manera tan dulce, o verla con ese pelo todo despeinado y ese rostro somnoliento. ¿Nostalgia? Pues puede ser. Me molestaba tener sentimientos tan contradictorios en mi interior, a la vez tan deseosos y a la vez tan defensivos. Me sentía como un idiota (que seguro que en eso coincide Fly) indeciso sin saber qué hacer con su vida. Al final no fui yo quien decidió qué hacer con aquel impulso que me había llevado a besar a Fly, sino mi organismo más profundo y natural. Intenté no parecer nada, ya que me daba vergüenza decir a dónde iba en aquel preciso momento, por lo que simplemente me fui. Una vez sin Fly a mi alrededor y mirándome al espejo mientras me remojaba la cara me doy cuenta como una increíble tensión en el pecho empieza a disminuir, como mis pulsaciones empiezan a acompasarse nuevamente y como todo mi cuerpo simplemente está insatisfecho después de darle tan poca ración de lo que más ha estado deseando. Encima tuve esos cinco minutos para preguntarme  a mí mismo por qué razón lo había hecho, obviando la opción más evidente.

Cinco minutos después salí de allí y volví a mi habitación. Mi explicación no fue directa, pero sí que fue muy clara. Ella se partió el culo y bueno, yo también porque me hacía gracia la situación y en el fondo agradecía que se estuviera riendo después de aquello. Dejé el ambientador en la cómoda de mi habitación nada más entrar y seguí caminando hacia donde estaba Fly, que se estaba poniendo los zapatos. —Siempre.

Fly se quedó apoyada sobre mi escritorio, mirando hacia abajo media cabizbaja. ¿Estará así para no hacerme daño? Quizás mandarme a la mierda en esta situación es incómodo para ella. La verdad es que mirarle a los ojos a mí tampoco me parecía tarea fácil, así que no hice nada por hacerlo por el momento. Tío, es que aquello había sido extraño. ¡No debí haberla besado! Arg, Drake, eres un maricona… me recriminé. Suspiré cuando dijo que si prefería que se fuera. Yo seré un tonto Hufflepuff un tanto inútil, pero ella es idiota. ¿Cómo voy a preferir que se vaya? No, ¡peor! ¿Cómo va a pensar que me molesta? Es que vamos… Decidí apoyar la idea de tranquilizarme que mi cerebro me había recomendado. Así mismo, estaba la opción de no hablar del tema y seguro que todo seguiría igual, porque somos así de especiales. Pero tampoco me apetecía explicarle el por qué lo hice. Además, me conoce mejor que muchas personas y sabe que yo no beso simplemente por besar. Y mucho menos a ella. Como Fly se había puesto los zapatos con tacón y yo no tenía, ya no era tan bajita como de costumbre, por lo que acorté distancias.

Qué idiota eres —dije cariñosamente, acercándome para darle un abrazo. Porque siempre he sido de abrazos y abrazar a Fly me encantaba—Ni una ni otra. ¿Estás loca? —dejé claro tras separarme de ella y mirar hacia abajo para buscar sus ojos. Qué ojos más…fasdlfasdf.—. Perdón por… esto. Soy un estúpido y hago estupideces, lo sé, me lo recuerdas cada vez que nos vemos —sonreí para quitarle peso al asunto y me separé de ella, sentándome en la cama para ponerme yo también los zapatos. Realmente no me arrepentía de haberle besado… me ha gustado tanto como la primera y última vez que lo hice, pero no quería que Fly se sintiese incómoda ni mal. ¿Hola? ¿Qué si prefiero que se vaya? ¡Aunque lo prefiriera, la Fly que yo conozco se quedaría a molestarme!— Mi placa no está. Si quieres ir a comernos el segundo desayuno, yo estoy dispuesto…
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Fiona T. Shadows el Dom Ago 10, 2014 7:28 pm

Por regla general Fly no era una persona celosa, pues eso requería demasiado esfuerzo. Porque claro, los celos no es sólo ponerse verde de envidia, sino que también consisten en prestar demasiada atención, no a una, sino a dos personas. ¡Y eso es demasiado esfuerzo! Pero las cosas con aquella fantasma eran diferentes, no eran celos, eran ganas de reventarla la cabeza con la tapa del váter, y nunca mejor dicho. Aunque teniendo en cuenta que ya estaba muerta el hecho de reventarla la cabeza sería mucho más difícil de lo que lo seria por regla general. Aunque tendría sesos fantasmales, neuronas fantasmales y demás cosas que hay en el interior de la cabeza también fantasmales. Pero es algo irrelevante y que, sinceramente, no le importa a nadie. - ¡No eran celos! – Frunció el ceño intentando defenderse. Claro que no eran celos, pero… Ah, maldito fantasma, no debería haber muerto en los baños. ¿Por qué no había muerto en las cocinas al atragantarse con el pipo de una aceituna? Así ligaría con los elfos domésticos y dejaría tranquila a la gente mientras mea. Mientras mea, se ducha y va al baño a mandarle una lechuza a sus amigos diciendo “tengo caca”. – No me toques las narices, que estoy a tiempo de matarte yo misma y así acabas tus días con esa fantasma. Aunque ya no acabarías tus días… Esa frase no tiene lógica si eres un fantasma. – Miró al techo pensativa. – Que confuso.

Si la gente tuviera en cuenta las amenazas verbales (y no verbales) que era capaz de soltar Fly por día, vivirían con miedo a salir a la calle y que les cayese accidentalmente un piano sobre la cabeza. “Accidentalmente”, más bien. Además, ya estaría en Azkaban por tantos delitos cometidos solo a base de amenazas. Más de una vez había pensado que si se mordía por accidente la lengua acabaría envenenándose ella misma.

La palabra erizo fue, es y será la palabra más perfecta que puedes decirle a alguien. Eso y patata. Luego están las frases orgásmicas, que no palabras, como “te regalo un erizo”, “tu abuela ha muerto y te dejó toda la herencia” y “Hufflepuff dejó de ser casa en Hogwarts porque sólo servía para acumular mierda”. Pues esas frases sí son bonitas y merecedoras de atención y alegría. – Y yo que creía que estábamos ya en un punto más avanzado de nuestra relación. Me rompes el corazón. – Bromeó poniendo ojitos de cordero degollado. Aunque si pones ojitos de cordero degollado es porque pones cara de animal muerto y con la garganta abierta en canal, así que esa frase no tiene precisamente mucho sentido, como casi todas las frases hechas que existen.

Todo el mundo sabe que dormir es un placer y muchos tienen la esperanza que algún día llegue a convertirse en un deporte olímpico. Se basará en colocar una hilera de camas con sus bonitas sábanas y llenas de cojines y almohadas (sin babear, dato importante) donde la gente se tirará y tendrá que, simplemente dormir. En primer lugar, se valorará el tiempo que tarden en quedarse dormidos, y seguidamente se darán puntos según postura, movimientos, fluidos expulsados, ronquidos, frases incoherentes dichas en mitad de la siesta y tiempo que tardan en despertar. Eso es, se patentará y se convertirá en un deporte con más adeptos incluso que el fútbol. De tanto pensar se había vuelto a quedar dormida, aunque no tardó en ser despertada por un Drake que parecía dispuesto a llevarse otra patada en las pelotas por hacer cosquillas a quien no debía. Pero no, las cosas resultaron ser totalmente diferentes a lo esperado, pues ambos acabaron aquella siesta con un beso que hacía tantos años que no tenía lugar. El nerviosismo que de por sí producía aquel momento aumentó cuando Drake salió corriendo de la habitación como si no hubiera un mañana. Otra frase sin sentido, nadie corre si sabe que no va a haber mañana, sino que se queda plácidamente en su cama sin hacer nada porque todo lo que haga no servirá de nada mañana, porque no hay mañana. Lejos de todo pronóstico Drake no se había ido por arrepentirse de aquello, pero si se hubiera ido por el beso habría sido incómodo teniendo en cuenta que era su propia casa.

Cuando el chico volvió Fly no pudo evitar bromear. Era una de esas personas que bromean incluso cuando no tienen ánimo para ello, especialmente cuando estaba nerviosa y no sabía que decir para no incomodar en aquel momento. Así que optó por algo a  lo que Drake ya estaba acostumbrado, un par de burlas.

La chica no tardó demasiado en levantarse de la cama y apoyar su cuerpo en la mesa mientras evitaba toparse con los ojos de Drake. Intentó volver a sonreír, pero en aquel momento notaba como si algo en su cara tirara de ella impidiendo que una sonrisa, tan habitual en ella, se dibujara entre sus labios. Notó el cuerpo de Drake aprisionando el suyo una vez más y no pudo evitar soltar un suspiro, aliviada porque no estuviera enfadado o molesto. Era Drake, no solía enfadarse prácticamente por nada, pero después de tantos años quizá había cambiado. Aunque teniendo en cuenta los encuentros que ambos habían tenido, mucho no podía haber cambiado, pues parecía seguir como el chico que dejó en Londres años atrás. – Bueno, muy bien de la cabeza no estoy. – Contestó aún con la vista clavada en el suelo. Los ojos de Drake acabaron por toparse con los suyos por lo que no pudo evitar devolverle la mirada. – No eres estúpido… Simplemente eres tú. – Se encogió de hombros intentando suavizar la situación y forzándose a sí misma para sonreír.

Siguió con la vista a Drake, quien ahora también había acabado por ponerse los zapatos y se había quedado sentado en la cama. – El gordo de la comida eres tú, yo con un desayuno tengo más que de sobra. – Pues por regla general no desayunaba, a no ser que alguien preparara tostadas por las mañana en plan persona adorable que te cuida. Entonces sí desayunaba, claro.

Se separó de la mesa y se acercó hasta la cama, dejándose caer de nuevo hacia atrás, apoyando todo su cuerpo de golpe contra las sábanas y con los brazos abiertos. - ¿Prefieres el zumo de naranja o el de melocotón? No entiendo como a la gente le gusta el melocotón. O sea, la fruta está rica, pero el zumo… Agh. – Movió ambas manos elevándolas sobre su cabeza y moviéndolas aleatoriamente. Cogió impulso para levantarse y quedar sentada de nuevo en la cama, pero esta vez, como no podía ser de otro modo, decidió que estar sentada tampoco le gustaba, así que se colocó de rodillas al lado de Drake y le dio un beso en la mejilla. - ¿Sabes que tienes en común con un vagabundo? – Ladeó la cabeza aún en la misma posición y con una sonrisa de oreja a oreja. – Que ninguno de los dos tenéis placa de auror. – Soltó una risita final y alzó ambas cejas divertida.
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Drake Ulrich el Dom Ago 10, 2014 8:24 pm

Fly era experta en decir cosas sin sentido y hasta ella misma lo sabía. Podría haberme puesto a contar desde que la vi en el ministerio cuantas cosas sin sentido han salido por su boca, pero creo que en cierta ocasión lo hice (hace ocho años o más) y fue un número apoteósico. Si las cosas con el tiempo van a peor si no se hace nada para remediarlo, creo que ahora tendrá un número inhumano. Pero a mí no me importaba, la gran mayoría de cosas que decía me hacían gracia, porque mi humor es más absurdo que mi casa de Hogwarts y me he acostumbrado a reírme por las cosas más insignificantes. En realidad si me cuentas un chiste considerado “bueno” no me gustaría porque tendría que pensar demasiado para entenderlo. Negué con la cabeza y me encogí de hombros. En realidad estaba celosa y lo sabe. Yo lo sé, Myrtle lo sabe. Todos los saben. Tenía celos de una fantasmita inofensiva.

Solté una divertida carcajada al escuchar cómo le rompía el corazón. Ambos podíamos contestarnos mutuamente a una conversación estúpida y que pareciera lógica. O no. En verdad la lógica es lo de menos, casi todas las cosas que hago no tienen lógica. Pero que para ambos tuviera sentido. Una vez me hube acostado, sonreí y cerré los ojos.

Tía, vas muy rápido. No estoy preparado. No es por ti, es por mí —recriminé divertido, zarandeándola para darle dramatismo al asunto. Me encantaba lo dramático, pero en plan fingido. No en plan de verdad. Si yo tuviera una vida dramática me haría un obliviate o me suicidaría. Qué pereza tener que soportar todos mis recuerdos con el peso de mi conciencia.

No tardamos en dormirnos. Aunque ahí no fue el “problema”, sino después, cuando Fly, más vaga que nunca, quiso seguir durmiendo. Yo no suelo ser muy avispado con las indirectas, aunque tampoco con las directas. Soy un chico de lo más arcaico y a mí o me lo ponen en bandeja de plata o no me entero de nada. De ahí que me coma tanto la cabeza y al final haga estupideces como buen estúpido que soy. Como el que es tonto y hace tonteces o el chino, que haces chineces. No me arrepentí de haberle dado el beso, para nada. Pero ahora pienso que fue un error, ya que no solo me encantó, sino que espero que esto que siento de verdad sean gases y no las dichosas mariposas.

Para cuando volví del baño no me gustó nada la escena que vi. Más que nada porque al fin y al cabo, a Fly se le notaba cuando… bueno, cuando algo le taladraba la cabeza y no estaba en su máximo rendimiento. Parecía ausente, como que iba con lag. Al final opté por disculparme (pues yo tenía la culpa, la verdad) y todo pareció resolverse. Sonreí cuando Fly me dijo que no era estúpido, solamente yo. Por lo que sonreí como un estúpido. ¿Ves? Esas cosas no tienen sentido, pero son tan bonitas. No soy cualquier estúpido, soy un estúpido especial, ojo al dato. Por mi parte me separé de ella para darnos espacio, porque no sé ella, pero yo creo que voy a ir otra vez al baño a tirar las mariposas por el retrete. Mientras me ataba los zapatos ella comentó sobre ir a desayunar.

¿No quieres ir a desayunar conmigo? —puse ojitos de víctima— Eres lo peor. O sea, vienes a mi casa, te ADJUDICAS de más de la mitad de la cama y, encima, no desayunas conmigo. Vale, Fly. Me ha quedado claro. Mensaje captado. Sí, sí. Mi mano será tu nueva mejor amiga —e indignado empecé a atarme el otro zapato. Porque tengo dos. Porque tengo dos piernas. La gente con una pierna pues sólo se pone uno.

Las preguntas existenciales que a veces soltaba Fly sin más me resultaban de lo más graciosas. Aunque algunas eran la mar de… comunes. O sea, ¿zumo? Soy un puto gordo, a mí me gustan todos los zumos en el mismo grado. Me gusta todo en el mismo grado. No tengo preferencias. Bueno sí, soy de Nocilla porque la parte blanca es un manjar de los dioses.

Eeeh… En realidad el más impresionante es el de Maracuyá. ¿Lo has probado? —Pero eso no respondía a su pregunta existencial, por lo que busqué en lo más interior de mi corazón para decidir una respuesta—. Sí, el naranja está más rico. El sabor cítrico es más refrescante. El melocotón es más dulce y empalagoso —Y he ahí una pedazo de crítica de uno de los mayores regordetes del mundo. Terminé de atarme los cordones y para cuando me volví a erguir sentado noté como Fly me daba un beso en la mejilla. Tío, en serio, ¿qué pasa? ¿La mato? ¿Está intentando sobrepasar el límite en la escala de monosidad o algo? ¿Qué me guste más todavía? A ver, es imposible eso. Me subieron los colores a las mejillas por ese acto de afecto tan gratuito pero lo disimulé sonriendo y escuchando su burla, para variar—. Já. Qué graciosa. Me parto. Aunque quién sabe, a lo mejor ese vagabundo ha encontrado la mía. Con la suerte que tengo, no me extrañaría. —aseguré. Me giré hacia ella, con media pierna encima de la cama para poder mirarla de frente. Puse ambas manos en mi regazo y di algunos botes en la cama—. Bueno, ya que no quieres desayunar conmigo. Desayunaré aquí. —Y se levantó de golpe, saliendo por la puerta pero parándose ahí— ¿Seguro que no quieres? Tengo… bueno, Katerina tiene unos cruasanes pequeñitos que con mermelada DE MELOCOTÓN —resalté, por si tampoco le gustaba la mermelada de esa fruta— están riquísimos.  —la miré alzando las cejas— Venga. Sé que lo estás deseando. Y luego podemos volver a trabajar… —bufé con una cara tal que asíO podemos hacer algo para seguir ganduleando. Pero antes tengo que llenar este estómago bribón  —Para ahogar a las mariposas con mucha, mucha comida. Di dos golpecitos al marco de la puerta y le sonreí cándidamente— Anda, ven —Y me di la vuelta para ir a la cocina y robarle cruasanes a mi compi. Lo entendería. Abro la despensa y veo que hay un papelito encima de la bolsa de cruasanes que pone “Drake, no te los comas. Propiedad de Katerina”. Solté una risita tipo “jijiji” y tiré el papelito a la basura para ponerlo aquel manjar sobre la encimera, en lo que venía Fly.
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Fiona T. Shadows el Dom Ago 10, 2014 9:45 pm

Si existiera una categoría a premiar sobre la estupidez humana ambos estarían en una lucha constante por el primer puesto, y es que a decir gilipolleces como si fueran la cosa más seria y natural del mundo era difícil ganarles. Mientras que la gente tenía conversaciones normales y coherentes, ellos podían hablar de cualquier tema sin sentido como si realmente lo tuviera. Como si hablar de tomates verdes asesinos, de conventos terroríficos o de Jesucristo cazando vampiros fuera la cosa más normal del mundo. Vamos, que lo único realmente normal de lo que podían hablar esos dos era sobre el tiempo, y ni eso, porque seguro que lo hilaban con personajes de X-Men con nombres de fenómenos meteorológicos o con lluvia de comida. Aunque lo de lluvia de comida sólo lo diría Drake, que tiene el 80% del cerebro dedicado única y exclusivamente para la comida. Cosas que pasan.

Fly volvió a reír, aún con los pómulos con cierto tono rojizo debido a los comentarios sobre la fantasma depresiva minutos antes. – Necesito tiempo. Soy poco para ti, te mereces a alguien mejor. – Dijo totalmente seria cuando Drake dejó de zarandearla como si te tratara de una película de Serie B con guionistas en huelga. – Te quiero, pero sólo como amigo. Lo último que quiero es romper nuestra amistad… - Ahora si rió, dejando de lado el tono serio que ambos habían adquirido para aquel momento cargado de drama y victimismo fingido. – En verdad hay cientos de excusas baratas para dejar a alguien. La mejor es la de tengo sida. – Afirmó. – O la de tengo más pene que tú. – Una sonrisa divertida se dibujó en sus labios al imaginar aquella situación. – Imagina que estás con una chica. Es la chica perfecta. Guapa, lista, divertida… Esas cosas. – Gesticuló con ambas manos enumerando los adjetivos. – Todo es perfecto, eres la persona más feliz del mundo a su lado. Te encanta pasar tiempo con ella, te complementa, no ves tu vida sin que esté a tu lado. Lo normal. – O no tan normal, que la gente es muy rara. – Un día estáis juntos, en una bonita cena romántica en el lugar donde os conocisteis y de repente se pone seria. – Fly se puso totalmente seria, cambiando el gesto divertido que tenía antes y apoyó una de sus manos sobre el muslo de Drake. Abrió mucho los ojos y le miró afirmando con la cabeza. – Cariño, esto no funciona. Mi pene es más grande que el tuyo. – Aguardó un par de segundos en aquella posición y acabó por romper a reír de nuevo. – Creo que voy a patentarlo.

Obviamente dormir era algo maravilloso, pero ya dormir al lado de Drake lo era incluso más. Incluso más que maravilloso y eso que maravilloso ya es muy maravilloso, ¿Eh? A pesar de lo que había sucedido entre ambos años antes, de lo que acababa de suceder o de que ambos fueran conscientes de que algo no andaba bien con el otro, el modo de seguir comportándose como retrasados evitando hablar de cómo podían sentirse o dejar de sentirse con aquel panorama apareció de nuevo. – Venga ya, te lo tomas todo como un ataque. ¡Victimista! – Fingió estar enfadada colocando ambos brazos en anclas antes de soltar una pequeña risa. - ¡Oh! Y seguro que encima querrás que pague yo el desayuno o que lo cocine. ¡Machista! – Cogió la almohada de Drake y le golpeó en la cabeza. Sin intención de hacerle daño, claro. Bueno, sin intención de hacerle demasiado daño, que como el pobre se quedara incluso más tonto de lo que era le iban a tener que dar la sopa con cuchara. Aunque claro, eso era un plus (que no el canal +, que eso sería hacer publicidad) porque existían ayudas por minusvalía, y siempre podría cobrarla y que otra persona, quizá una ex – slytherin aurora bajita, se encargara de aprovecharse de eso. Ideas, sólo ideas.

Fly alzó una ceja ante la respuesta de Drake. – No, ¿Está rico? – Preguntó con curiosidad mientras se acercaba a él, modo de indagación acerca de las maravillas del zumo. - ¿Mejor que el de calabaza? ¿Incluso más que el de naranja? – Abrió los ojos de par en par mientras hacía aquellas preguntas exagerando el tono de la interrogación. - ¿Parezco imbécil hablando así? – Volvió a repetir aquel tono y finalmente le dio el beso en la mejilla para posteriormente volver a meterse con él. Porque claro, ya había pasado demasiado tiempo desde la última vez que lo había hecho, y después de ocho años sin saber nada el uno del otro, debía recuperar el tiempo perdido de insultos y humillaciones. Todo con cariño, pues si no le apreciara las cosas serían totalmente diferentes.

Fly ladeó la cabeza de un lado a otro con la sonrisa en el rostro. – Quizá encuentre una copia de tus llaves también y mañana compartas habitación con un indigente. – Afirmó exagerando los movimientos de su cabeza antes de dar otro pequeño saltito y dejarse caer una vez más hacia la cama. – Indigente. – Repitió. – Es una palabra curiosa. – In – di – gente. – Repitió más despacio. - ¿Quién se llama In y por qué tiene que decir gente? – Frunció el ceño pensando seriamente en aquello que acababa de decir en ese preciso instante, como si acabara de descubrir la pólvora o algo mejor: el alioli.

Antes de poder decir nada a las palabras de Drake, este se había levantado y había ido directo a la cocina en busca de una pobre víctima a la que llevarse a la boca. Fly rodó los ojos y se sentó sobre la cama, quitándose de nuevo los zapatos porque ir con tacones por la casa le daba más pereza que ir hasta la cocina incluso. Una vez hecho esto, buscó la cocina. La casa no era demasiado grande, y el ruido que hacía Drake hablando solo por la casa hizo que dar con la cocina fuera más fácil de lo esperado. - ¿Vas a desayunar? ¿En serio? – Preguntó desde la puerta con los brazos cruzados y un brazo apoyado en el marco de madera.

Porque antes de ir a la cocina había pasado por el salón, donde había un bonito reloj que indicaba que eran casi las tres de la tarde. Y aunque desayunaras tarde, las tres era más hora de comer que para desayunar, a no ser que seas alemán, que casi es tu cena. - ¿Y si me preparas una de tus magníficas lasañas de las que tanto presumes? Básicamente porque es hora de comer… Inteligente. – Negó con la cabeza y se acercó a la nevera, para cotillear que había dentro. Miró con curiosidad y cogió un par de huevos, lanzándolos varias veces hacia arriba sin que cayeran. Sí, sabía hacer malabares, pocos, pero sabía. - ¿Qué pasa si te tiro uno? – Una inocente sonrisa apareció en su rostro justo antes de acercar su mano a la frente de Drake, donde hizo estallar uno de los huevos. – No lo he tirado. – Se encogió de hombros y le miró con curiosidad. – Que guapo.
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Drake Ulrich el Lun Ago 11, 2014 12:12 am

Negué con la cabeza a medida que Fly iba diciendo todas las opciones posibles para dejar a otra persona. No era por alardear en mala suerte, pero me da que tengo el récord en recibir distintas frases ingeniosas para cortar conmigo. Desde Fly no he tenido relaciones muy serias (menos una que duró un año y medio) y es que todas parecen ponerse de acuerdo para ser cada cual más pésima a la anterior. Que a ver, que si todas me dejan será porque el problema soy yo. Aunque aún estoy buscándome el problema: ¿seré muy pesado? ¿Quizás un mal amante? (No, eso no…) ¿Un mal cocinero? ¿No soy detallista? ¿Quizás muy vago? ¿No les mola que tenga Play? Pues la verdad es que las aburridas son ellas. Mira que no jugar a la Play… si es el plan más chachi-romántico que puedes tener un domingo por la tarde. Pero aparte de las que ella ya había dicho, había otras que no fallaban: “Tengo la sensación de que nos estamos alejando” y la solución es cortar, no alejarse. OC. “Realmente me gustas mucho, pero estoy confundida” Puto pokemon retrasado. “Eres maravilloso, sensible, simpático, gracioso, tienes conversación… pero necesito algo más en mi vida” Una patada en la boca es lo que necesita. “Todo tiene un principio y un final” Lady Gaga, APPLAUSE por mí. “Necesito un cambio de 360º en mi vida” ¿Tengo que explicar el coeficiente de esa? “Siempre podemos seguir siendo amigos” JAJAJA. En fin. ¿Amigas ex? Una. Y la tengo delante. Tras mi recopilación de indignación de las que me acordaba, escuché la estrella de Fly. Me carcajeé limpiamente allí mismo, sobre la cama.

Paténtala. Seguro que sale en alguna película mala y te haces rica y famosa. —Y cuando terminó metiéndome en la piel de una chica que tuviera el pene más grande que yo, no pude evitar imaginarme una peor—. Espera, espera. Imagínate justamente la misma situación. Imagínate lo perturbador que sería que al chico no le importara. Quién sabe, a lo mejor le gusta. A lo mejor le pone que tenga tetas y penes —Sólo de pensarlo me recorrió una sensación de lo más… chunga—. En fin, a mí me gusta más la de tengo sida y lo sé desde hace un año. Quizás te llevas un bofetón, pero es infalible. Lo del pene puede ser problemático. Hay gente muy rara en el mundo. —contesté todo serio, como si se tratase de la conversación más normal del universo.

Volver a la normalidad después de aquello no había sido tan difícil después de todo. Y he ahí la diferencia. Algo así con otra mujer hubiera sido algo APOTEÓSICO. Aquí la mujer ha pasado del tema. Las mujeres todas deberían ser así de pasotas para las cosas. Aunque bueno… en realidad no sé. A veces mola que se emocionen o se cabreen por algunas cosas. Pero solo a veces, no siempre. Que se vuelven locas por gilipolleces.

¡Sí, soy un victimista machista! ¡Vete a hacerme la comida que tengo hambre! —dije haciendo el amago de empujarla fuera de la cama para que hiciera sus tareas de mujer. Pero no lo conseguí, ya que una pedazo de almohada impactó contra mi cabeza y simplemente me dejé caer sobre la cama aturdido. Falsamente aturdido. Fly tenía fuerza, pero no tanta. Después de preguntarme que qué zumo prefiero, tiene la osadía de preguntarme que si está bueno el de Maracuyá. Qué ignorante, oye— Es el mejor del universo. Porque es tan refrescante como el de naranja e incluso el sabor es parecido. A mí me gusta más. A lo mejor tengo un poco en la nevera. —veo como Fly se acerca a mí con esa teatral cara y la miro con una ceja alzada— No lo pareces. Lo eres. —y la empujó hacia atrás para que cayera en la cama. Debió de darle fuerte, pues luego se puso a filosofar sobre la palabra “indigente”. Nunca me había puesto a pensar en esa palabra. Aunque sé de muchas que me dan a pensar tanto que llego a los orígenes del universo. Cuando veo que pregunta quién es “In”, la miro con pena y me acerco a darle un beso en la frente— Pobre. No te preocupes. Yo cobraré la ayuda por tu discapacidad.

Yo no tenía ni pajolera idea de la hora y eso que tenía un reloj en la muñeca. Me encantaba llevar reloj, era tan práctico como bonito. De hecho tengo una pequeña caja llena de relojes y es lo único que me preocupo en elegir para que combine con mi ropa. Sin embargo, en mi casa rara vez miraba el reloj y es que para mí aun estábamos por la mañana y había que volver al trabajo. Sí, esto de dormir en las horas que no debes hace que pierdas totalmente la noción del tiempo. Así que yo me fui tan tranquilo a la cocina a coger los cruasanes para desayunar. Menos mal que no saqué nada más, puesto que Fly vino a romperme las ilusiones de mi segundo desayuno. Miré el reloj cuando me dijo lo de la hora.

¿LAS TRES? —pregunté sorprendido— Mujer, duermes como una marmota, ¿sabes? Pero mira el lado bueno, hemos terminado nuestro horario de trabajo —y me sacudí las manos como si hubiera hecho un gran trabajo esa mañana. Ella dio la idea de almorzar y también la de preparar una de esas lasañas de la que había alardeado. Y es que es un hecho de que me salen deliciosas. De rechupete, de…— Ni se te ocurra —digo como auto-reflejo, cortando mis pensamientos al escuchar de fondo “¿Qué pasa si se tiro uno?” No sabía ni qué me iba a tirar, pero que me tiren cosas no me gustan. A no ser que me tiren donuts, o chicas sexys, o videojuegos. Pero cualquier otra cosa no. Veo que tiene un huevo en la mano y sonrío. Sé que no me va a tirar ninguno. Bajo la mirada para volver a ponerle la pinza a la bolsa de cruasanes— Pues si me tiras uno, habría venganza y la venganza siempre es… Crack sonó el huevo rompiéndose contra mi frente. Me giro para mirar a Fly mientras toda la yema y la clara caen por mi cara y resbalan hasta ensuciarme la camisa. Esbozo una sonrisa de lo más traviesa, la típica de niño pequeño en dónde sabe que está a punto de hacer algo malo. Me paso la mano por la cara y luego zarandeo la mano para manchar a Fly a propósito—. ¿Sí? ¿Guapo? Voy a dejarte preciosa yo a ti. Te lo has buscado. —le amenacé mientras caminaba hacia ella (haciendo que retrocediera pues soy más grande que ella. ¿Cuándo se ha vuelto a quitar los zapatos?) y abría la nevera para coger dos huevos. Luego la miré, que ya se encontraba a unos pasos más alejada de mí—. Sabes que la venganza siempre va a ser peor. Mira que te lo buscas… Anda guapa, ven… Que esto es la guerra. —caminé cual violador hacia ella y, para prepararme para la guerra me quité los zapatos con el pie contrario, tirándolos a un lado. No tardé en correr hacia ella con la intención de cogerla, de romperle un huevo en la coronilla y sujetarla para romperle el otro y estirárselo tranquilamente por la cara.
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Fiona T. Shadows el Vie Ago 15, 2014 10:08 pm

Hoy en día existían películas de todo tipo. De cualquier tipo de argumento, aunque careciera de lógica alguna. Oye, pues no era tan mala idea crear un guión acerca de cómo una mujer deja a su novio porque tiene el pene más grande que él, seguro que sería un éxito en la taquilla y la gente pagaría tres noventa el día del espectador por verla, porque nadie va a una sesión de cine normal vendiendo el alma de tu primer hijo para poder pagar el cine, obviamente. Además, si películas como Jesucristo Cazador de Vampiros, Sharknado, Ovejas Asesinas o Terror en el Convento habían llegado a tener incluso su público y valoración, cualquiera podría lograrlo. Hombre, sólo sabiendo que Nicolas Cage tenía un Oscar al mejor actor, todo era posible. Vamos a ver, queridos críticos de cine, ¿Qué tiene Nicolas Cage que no tenga Leonardo Di Caprio para ganar un Oscar? Si el pobre se muere congelado porque la zorra pelirroja de su novia rica no le deja un hueco en la tabla donde, obviamente, entraban ambos; si el pobre consigue millones de dólares y al final lo pierde todo por ser un maldito drogadicto; si se mete en los sueños ajenos con una chica super adorable con cierto parecido a Fly; si se muere envenenado al perder a su Julieta Moderna… ¿Qué había hecho Nicolas Cage? ¿Ser feo? ¿Hacer de Nicolas Cage en todas las películas donde sale? – Seguro que me haré millonaria. Así cuando sea viaje me iré de viaje con el inserso a Benidorm. O me iré de putas, depende. ¿Tú qué harías? – Frunció el ceño y antes de dar margen a la contestación, volvió a hablar. – Obviamente tú lo gastarías en comida.

La gente era rara. Muy rara, tan rara como para darle un Oscar a Nicolas Cage, e incluso para que a un chico no le importe que su novia tenga un pene de tremendas dimensiones. E, increíblemente, también existen personas que piensan que Nicolas Cage es humano, incluso un buen actor. Magia negra. - ¿Y si sales con un suicida? ¿Y si te contesta que tiene gonorrea? ¿Y si te acuestas con su madre? ¡Hay miles de posibilidades posibles que pueden fallar! – Dijo con tono dramático mientras le golpeaba en el brazo sin fuerza alguna. - ¡Un accidente nuclear hizo que te saliesen tres huevos más! Eso podría traumatizar a muchas. Pero quizá enamorar a otras. – Paró para pensar. Sorprendentemente pensaba, a veces. – Cualquier excusa tiene fallos. ¡Ninguna es infalible! – Mantuvo el tono dramático, abriendo los ojos de par en par antes de soltar una carcajada. Sí, se había dado cuenta de que las gilipolleces que estaba diciendo eran peores que los papeles de Nicolas Cage.

Ambos podían comportarse como si nada hubiese pasado jamás entre ellos. Como si fueran un par de amigos que, tras ocho años, se habían reencontrado. Como si nunca hubiera habido algo lejos de una amistad o como si hace apenas cinco minutos ambos acabaran de besarse. Podían pasar de un extremo a otro. Podían pasar de insultarse como si se odiaran a ser cariñosos como si se quisieran. Y es que, ambas cosas no estaban tan lejos de ser reales. Era cierto que en cierto modo podían llegar a odiarse, o al menos a sentir cierto rencor. Unos más que otros. Y era cierto también que se querían, al menos como amigos. – Serás gilipollas… - Negó con la cabeza mientras se sentaba de nuevo sobre la cama. Culo de mal asiento, persona inquieta, como se quiera decir. – Además, también está la posibilidad de que sean personas indies… De esas que escuchan música indie. Indie – gentes. Se pronuncia igual. – Se encogió de hombros mientras miraba al techo, como si aquello que estaba diciendo fuera totalmente lógico y realmente fuera importante compartirlo con el resto del mundo. Aunque claro, si Nicolas Cage compartía su horrorosa cara con el mundo, ¿Por qué no iba a poder compartir ella sus pensamientos horrendos con el mundo? Al menos aquello no hacía que te dieran ganas de sacarte los ojos de las cuencas con cucharillas para helados. – Y tú ya tienes bastante con cobrar tu discapacidad por ser Hufflepuff, no te aproveches de la mía por ser preciosa.

El tiempo vuela, no literalmente, porque en aquel momento no había relojes sobrevolando la zona. O sí y tenían un hechizo de invisibilidad que hacía que nadie pudiera verlos, pero a simple vista, no se apreciaban relojes voladores. Ni relojes digitales, ni de arena, ni solares, ni normales y corrientes que seguro que tienen algún nombre que a nadie le importa y por eso no recuerdo ahora mismo cual es. Como analógicos. Que viene de ano, que es culo en castellano. Muy lógico. Como un zoo. – Algún día acabaré mi horario de trabajo en el trabajo. Espero. – Y es que la mayoría de los días acababa el día en alguna cafetería hablando con algún compañero sobre lo aburrido que era el ministerio de magia cuando los mortífagos no estaban ejerciendo de toca pelotas profesionales. Seguro que en su currículo ponían: experiencia, dos años en las filas del Señor Tenebroso tocando las pelotas al Mundo Mágico. Fly podía poner que con veinticinco años no llegaba al metro sesenta. Todo valía como dato importante para conseguir trabajo.

Antes de que Drake pudiera reaccionar, el huevo acabó estrellado en su cara, y el interior de este manchando su rostro, mientras Fly le miraba con una sonrisa inocente al mismo tiempo que divertida. Con cara de no haber roto un plato en su vida, algo que era totalmente mentira, sobre todo teniendo en cuenta que cada vez que entraba a la cocina los platos se escondían debajo de los manteles para que alguien no los rompiese. Bueno, eso era mentira, pero casi que podía pasar algo así que sería totalmente creíble.  – Dijiste que habría venganza si lo tiraba… - En aquel momento la mano de Drake acabó cubriendo su rostro de restos de huevo. Arrugó la frente con cara de asco (porque los huevos huelen raro cuando no están hechos) y se pasó las manos por la cara para intentar limpiarse un poco. - ¡Que no lo he tirado! - Dio un par de pasos hacia atrás, como si aquello sirviera contra las zancadas de alguien que le  sacaba algo más de dos cabezas. – No lo hagas, venga Drake…

Dio otro par de pasos hacia atrás, aún con uno de los huevos en la mano hasta chocar contra la pared. Se quedó ahí quieta, mirando como Drake se acercaba cual Jack Torrance en El Resplandor. En aquel momento lo más lógico hubiera sido huir en dirección a otra de las habitaciones, pero Fly no era precisamente lógica, por lo que acabó por estallarle el otro huevo a Drake contra el pecho según este se acercaba. Cerró los ojos y se tapó la cara con ambas manos sabiendo que no tenía donde esconderse y que, por mucho que corriera, acabaría con un huevo estampado encima. – Dile a mi erizo que le quiero. – Añadió entre abriendo las manos para ver cómo Drake acababa de acercarse a donde estaba.
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Drake Ulrich el Dom Ago 17, 2014 1:44 pm

Qué pregunta más difícil… ¿Qué haría yo si fuera millonario? Muchísimas cosas pero sobre todo, muy pocas. Es decir… ¿Gastármelo en comida? ¡No! La comida hecha y rápida por toda la vida es muy cutre y al final es mala para mi precioso organismo. Como siga comiendo del McDonald mis venas reventarán. Me compraría a una señora ancianita que supiera cocinar bien y que me hiciera la comida todos los días. Bueno, comprármela no, sino que la contrataría hasta el día de su muerte. Algo así como un esclavo pero sin hacerle sufrir. Pero no cualquier ancianita, una de esas ancianita que son famosas por sus riquísimos guisos y demás manjares. Así mismo no haría nada: tendría tantas comodidades que no me haría falta ni varita, imagináos si puedo llegar a tener tantas comodidades. Siempre me ha gustado viajar, pero después de eso, tendría mi absoluta vida de vago supremo. Sí, eso haría si fuera millonario. Aunque lo de la vida del vago supremo es prescindible, con la ancianita me conformo.

Bueno… Me gustaría corregirte. Prefiero tener a alguien que me haga la comida a tener comida en sí. Esa típica cocinera que une tres ingredientes y hace una apoteósica unión que da lugar a un exquisito manjar. Sí. Quiero a ESA ingeniera. Y a Doraemon. Ese pequeño gato cabezón sí que me haría la vida del vago supremo. —sonreí ampliamente mirando al horizonte. Es decir, a la pared, pues desde mi habitación no se ve ningún horizonte. Siempre tengo la persiana casi opaca bajada porque soy feliz en mi cueva sin luz natural—. Ahora en serio, ¿qué harías si fueras millonaria? Ambos sabemos que no te va irte de putas. —pregunté curioso. La verdad es que yo haría con ese dinero parte de lo que he dicho, más ahora mismo no se me ocurre nada útil en lo que poder gastármelo.

El siguiente momento dramático de Fly simplemente me hizo quedarme quieto con los ojos profundamente abiertos mientras ella tiraba y pegaba a mi brazo como si fuera un pobre juguete del destino. No me importó, en verdad ella pega con la misma fuerza que puede tener el pedo de un gay y yo tengo un bíceps del tamaño de sus dos bracitos, así que.

Todo depende de con el engendro con el que estés saliendo. Porque a mí una chica me dice cualquiera de esas excusas y yo ya estoy cruzando la esquina. ¡Sobre todo si me lo dice con los ojos tan abiertos como los tienes tú, maldita esquizofrénica! —dije divertido haciendo que su mano dejase de golpear su brazo y zarandeándola mientras rompía a reír.

Simplemente ALCÉ UNA CEJA ante su necesaria (porque vamos, era sumamente necesaria dicha matización) explicación de lo de “Indie”. Después de alzar la ceja y mantenerme callado tras eso algunos segundos mirándola con cara de pocos amigos, carraspeé. No hacía falta que yo le dijera nada. Ella sabía que yo cobraría la ayuda de su discapacidad mental después de alegar esta conversación.

Verás, lo de ser Hufflepuff es una discapacidad que voy a tener de por vida, así que me quitaron la ayuda cuando cumplí los dieciocho. Tú aun tienes solución, ¿sabes? Quizás algunos martillazos en la cien te lo arreglen todo. —Y cogí con el dedo índice, haciendo de palanca el pulgar y le di un golpe entre ceja y ceja—. O quizás no y estés estropeada de por vida.

Yo había terminado mi horario de trabajo en el trabajo… DURMIENDO. Tío, eran muchas horas, yo sólo puedo rendir tres horas seguidas, cuatro si me meto café o estimulantes en vena, porque por la boca no, que el sabor a café es como el cáncer para las papilas gustativas. Por eso mismo entendía que Fly tampoco pudiera. Vamos, está clarísimo que aparte de ser el GUAPO de la relación, también era el más responsable, OBVIAMENTE. Por lo que entendía la incapacidad (otra más) de Fly de no poder soportar estar todo el rato en el Ministerio. Es comprensible. A esa mujer le gustaba más faltar a sus obligaciones y molestar a la gente que nada en este mundo. Y eso se comprobó cuando después de habernos casi toda la mañana fuera del trabajo, no se le ocurrió mejor idea que, sí señores, estallarme un huevo en toda la frente. Y ustedes (sí, ustedes, que no vosotros. ¿Qué clase de seres del futuro utilizan esa palabra tan horriblemente CHUNGA?) os preguntaréis, ¿por qué esta mujer no se entretiene pelando limones, afeitando bombillas o limpiándose el ombligo? Tareas que no son peligrosas, ni molestan a nadie… No, ella prefiere pringarme de arriba abajo. Como es evidente, Fly y yo tenemos una especie de regla: si tú me molestas, la venganza, seguro, será peor. Bueno, en realidad esa es MI regla. Pero al parecer no se acuerda muy bien de ella. O sí pero le da igual.

No tardé en coger yo también un huevo con cada mano y acercarme a ella tranquilamente. Me sabía mi casa muy bien, por lo que no tenía escapatoria. Sin embargo, no huyó, sino que retrocedió hasta que la pared (MI ALIADA) la frenó. Ella, muy inteligente, estalló el huevo restante contra mi pecho, con un rostro de niña pequeña traviesa que, a pesar de intentar parecer serio, me hizo sonreír. Estallé el primer huevo en su coronilla y se lo restregué tranquilamente como si la estuviera embadurnando. (Embadurnar… qué palabra, ¿eh?). Estiré el brazo hacia la encimera y cogí un paquete de harina, le quité la trinca y lo vertí sobre su cabeza.

Tu erizo no perderá a su dueña hoy. Me divierto más molestándote que matándote… No me odies.  —dejé caer el paquete de harina al suelo y fue entonces cuando empecé a hacerle cosquillas allí dónde me cuadraba, aunque sobre todo por el costado. Sé que las odiaba a muerte y que me había llevado PATADAS por este tipo de cosas, pero esta vez mantendría mis preciados huevos escondidos y a salvo de patadas mortales. Sólo era una estratagema para que apartarse las manos de su cara y poder hacer lo que hice: estallar el segundo huevo en su mejilla y restregárselo hasta el cuello—. Hueles a huevo podrido, mosquita blanca con complejo de croqueta. —sonreí más travieso que nunca, alzando ambas cejas y mirándole desde arriba con diversión—. Ya sabes que conmigo la venganza siempre es peor. No sé por qué te empeñas en comprobarlo... —Mi mente sólo podía pensar una cosa ahora mismo al ver a Fly así: "jijiji".
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Fiona T. Shadows el Dom Ago 17, 2014 4:34 pm

Supongamos que echas el gordo de la lotería (o sea, el cupón, no al gordo, porque como es sumamente gordo no puedes echarle porque no sale por la puerta, obviamente). Echas el gordo y sale premiado. Ganas x dinero. A x lo llamaremos gran suma de dinero que te arreglaría la vida. ¿Qué harías con todo ese dinero? ¿Donarlo a una ONG? Eso no se lo cree nadie. El dinero no da la felicidad… Pero ayuda, y mucho. Sólo hay que ver la cara de felicidad que tienen todos los ricos. Eso seguro que cagan oro, no como Tywin Lannister. Que idea tan bonita, no tiene nada que ver con ningún libro. Entonces, no nos vayamos por las ramas como el mono de Drake. Centrémonos en lo verdaderamente importante: el hipotético caso de que te toque la lotería. Lo normal es gastarte parte de ese dinero en unas merecidas vacaciones y, siendo lógico, acabar de pagar la hipoteca del piso, el cual no podrás acabar de pagar hasta que tengas ochenta años, aproximadamente. Porque los bancos son así, maravillosos, adorados por todos y que no se aprovechan del que no tiene para hacerse aún más ricos.

Lo que yo decía, comida. – Vamos, que es lo mismo gastarte el dinero en comprar comida que en comprar a alguien para que te cocine, el resultado es el mismo. Aunque sabiendo que la experiencia de Drake con la cocina se resumiría a hacer palomitas de microondas, tenía lógica que comprara (que no es lo mismo que contratar) a alguien para que hiciera la comida. – Yo… - Hizo una gran pausa para pensar. Sí, porque pensar requiere tiempo. Y esfuerzo, por eso no se suele pensar con mucha frecuencia. – Me montaría un ejército de erizos y contrataría a un entrenador personal para que los adiestrara en el arte de la lucha cuerpo a cuerpo. Así dominaría el mundo. – Ladeó la cabeza. – Es broma. – Añadió. Drake era un poco tonto, había que aclararle bien las cosas, no fuera a pensarse que todo aquello era cierto.

Supongo que viajaría. Quiero ir a Canadá, y a Australia. Y ¿Puedes creer que no he estado jamás en Italia? Además, un crucero tampoco estaría mal, en plan rico, no comiendo a base de bocadillos como hago cada vez que salgo. – Sí, como buen pobre.  – Compraría libros, me encantaría tener una habitación solo para libros. Aunque si hay un incendio todo se quemaría muy rápido, ahora que lo pienso. – Se encogió de hombros sin darle demasiada importancia. – La verdad, supongo que lo normal es dejar de trabajar porque tienes dinero, pero creo que acabaría muriendo de aburrimiento. O sea, me gusta mi trabajo, lo que no me gusta es estar en una mesa todo el día, lo divertido es acabar con media mano chamuscada y el pelo destrozado porque un mortífago gracioso se divierte de ese modo. – Hechos reales, sólo faltaba el hecho de que luego el simpático mortífago había acabado besándola, pero como estaba inconsciente, ni se había enterado. Y eso que el mortífago en cuestión estaba bueno.

La situación que estaba teniendo lugar en aquella estancia era lo menos curiosa. En primer lugar, ambos estaban medio gritando dramáticamente cada vez que imitaban alguna situación. Y en segundo lugar, no estaban diciendo absolutamente nada coherente. – Mentira, si te lo digo yo seguro que te da igual y me llevas a la cama. – Alzó una ceja con aires de superioridad. – Luego me ahogas con la almohada y escondes mi cadáver en las paredes. O quizá me pegas un macetazo. Yo que sé. – Soltó una pequeña risita. Ver a Drake haciendo algo violento era insólito, o más bien imposible, según como se mire todo depende.

En el mundo paralelo en el que los Hufflepuff tengan algo de sentido y su existencia no sea más mediocre que la polla del papa de Roma, Drake sería el Rey de la inutilidad. Sería coronado con una corona del Burger King y diría que es el King, como en un anuncio malo de televisión barata. – Que pena, con lo bien que te venía ese dinero para pagar a alguien que hiciera los deberes por ti cuando estábamos en Hogwarts… - Porque obviamente él no tenía neuronas suficientes para saber que dos más dos son igual a patata. – No me toques, que me pegas la estupidez. – Dio un golpe a su mano con cara de pocos amigos y luego le sacó la lengua. – Más tonto y te mandan a Hufflep… Vale, no puedes ser más tonto. Además, yo no soy discapacitada, soy adorable, que es diferente. Y me adoras, no lo niegues. – Aunque era broma, lo cierto es que eso se lo creía. Era Drake, obviamente la adoraba. El tema es que era mutuo, pero eso era un secreto. Drake, no leas, piensa que nadie te quiere forever and ever.

A fin de cuentas, ninguno de los dos se caracterizaba por ser una persona racional, lógica o que pensara mucho. O al menos que pensara algo útil y no sobre lo adorables que podían ser los erizos o cómo narices vuelan los aviones con lo pesados y peligrosos que parecen. Porque sí, hay gente que se fía más de una escoba que de un avión. Y por esa misma cuestión, por esa de no usar las neuronas para pensar, sino para que ocupen espacio en la cabeza. – Drake, no. – Levantó un dedo de manera amenazante mientras le veía aproximarse. Pero no, lo bajó rápidamente para cubrirse la cara con ambas manos como si aquello pudiera salvarla tras haberle tirado otro huevo. – No, no, no, no, no. – Balbuceó cubriéndose la cara y encorvándose al recibir un huevo sobre la cabeza y numerosas cosquillas alrededor de su cuerpo. Pataleó, claro que lo hizo. E incluso se le saltaron las lágrimas por el esfuerzo de soportar la risa intentando al mismo tiempo cubrirse la cara. Pero tuvo que quitarse las manos de la cara para parar a Drake. Lo intentó, aunque no sirvió de mucho, pues en ese preciso instante un huevo acabó estallando sobre su mejilla, cayendo por su cuello y siendo restregado por la mano pringada de Drake. – Te mato. Drake, te juro que te mato. – Añadió quitándose los restos de huevo de la cara y limpiándose en la ropa, la cual estaba completamente llena de harina, al igual que su pelo.

Antes de que Drake pudiera volver a ir a por otro huevo, a por más harina, o meterla en el horno para hacer un bizcocho después de semejante bañada en comida, Fly corrió hacia la puerta, dejando a su paso un rastro enorme de harina y huevo. Un rastro que tendría que limpiar Drake, y por esa misma razón lo hizo. – Ya me jodería tener que limpiar esto luego. – Dijo frenando en seco y apoyándose sobre la pared, la cual quedó también con manchas de harina por todas partes. – Vas a parecer Cenicienta limpiando tanto. – Se pasó un dedo por la nariz, cubriendo este de blanco y se acercó hasta donde estaba Drake y lo plantó en su camisa, obligándole así a bajar la vista, momento que aprovechó para unir sus labios una vez más. – Esa te la debía por la de antes, capullo. Y esta porque me apetece. – Añadió antes de volver a besarle, esta vez usando sus manos para acabar de limpiarse en su camisa.
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Drake Ulrich el Lun Ago 18, 2014 3:07 am

Viajar a Canadá no me resultaba tan alentador como ir a Australia. Aunque tampoco me llamaba tanto, ese lugar era famoso porque cualquier pequeño bichito que pudieras encontrar aquí, allí era el triple de grande. ¿Os imagináis una cucaracha el triple de grande? ¿O PEOR, una abeja el triple de grande? Te coge con su aguijón y te empala, por lo menos. Además de que hace mucho calor, yo soy un hombre de frío porque me gusta que me den calor, aparte de que soy algo así como una estufa humana y emano calor por cara poro de mi piel en cualquier momento de mi existencia. Creo que carbonizaré a los gusanos de mi cadáver aun estando muerto. Dado el momento en el que habló sobre lo guay que era nuestro trabajo SÓLO y EXCLUSIVAMENTE cuando era práctico, le sonreí mientras asentía, dándole la razón. No hacía falta discutir nada respecto a eso, nadie que fuera Auror le gustaba la puta mierda de trabajo de oficina, era aburrido y debería haber un rango inferior a los Aurores para hacer esa mierda. ¿Tanto rollo haciendo pruebas físicas para ser apto para la batalla y me ponen a archivar? ¡Manda cojones!

Bueno si eres millonaria podrás contratar a alguien para que trabaje por ti en la oficina mientras tú estás repartiendo leña con fajos de billetes. Y viajar… —me hice el pensativo durante un momento. Bueno, realmente no “me lo hice”, realmente pensé porque en ocasiones lo hago, cuando hay algo realmente importante como para usar a mi neurona más ágil y ahora mismo estoy pensando en la importante cuestión de que país visitaría. Aunque no lo hice al recordar que no había ido a Italia—. ¿En serio, nunca? Tía, te parecerá bonito. No has ido a visitar mi tierra natal. Pero debo decirte que es muy bonito. Aunque eso sí, no hay nada más bonito que las islas de Grecia. Puede ser una isla casi para ti sola, pues los hoteles de allí tienen muy pocas habitaciones. Además el agua es súper cristalina y… todo muy en plan película, ¿sabes? —Yo había ido una vez, pero fue hace muchísimo tiempo. Fui con mi padre, así que imagínate si hace tiempo, sólo tengo algunos recuerdos de aquel sitio. No añadí nada más, que me ponía nostálgico recordando la riquísima comida de allí. La miré con una ceja alzada, tocándole el pelo amistosamente para verlo—. Pues tienes suerte de que haber terminado así con un mortífago de por medio. Podrías haber muerto. Supongo que lo dejaste a él peor como para no tener fuerza ni de acercarse a ti a rematarte. —añadí, frunciendo los labios. Casi me da un chungo en el momento en el que me enteré de lo que le pasó a Fly, pero por suerte aquel mortífago era retrasado.

Cuando ella alzó la ceja de esa manera tan superior yo simplemente la levanté de igual modo PERO MÁS TODAVÍA. Obviamente si me decía que tenía pene o gonorrea no me la llevaría a la cama. Pero por lo demás… ¡Claro que sí! Es broma. Pero tendría que sonar muy convincente para que me creyera cualquier tipo de confesión como esa. Viniendo de ella, algo que no sea normal, no me lo tomaría para nada en serio. Como lo de la ayuda por ser Hufflepuff, obviamente no le daban a mi madre una ayuda por ser Hufflepuff, pero no iba a negar que fuera divertido ese tema, sobre todo cuando me metí con ella por estar estropeada. La cantidad de estupideces que podía decir en tan poco tiempo era realmente impresionante. Asentí ante el final de su acusación.

Te adoro aunque estés estropeada, tienes razón. Por eso yo cobraré por ti la ayuda. Si quieres la ahorro y te llevo a Australia, seguro que tu pasaje sale más barato por ser retrasada. —le guiñé un ojo divertido, apartando la mano después de darle ese golpe en la frente.

Como yo soy un ingenuo y ella una toca pelotas, por regla general si hay venganza de por medio, siempre soy yo el vengativo. Ella siempre las empieza todas, es la típica que viene, te hace algo Y LUEGO HUYE. Como una sucia rata callejera (sí, como Aladdin, que no Abú, Abú es muy mono como para que sea Fly). Por lo que tras el impacto de sus dos huevos contra mí, no hubo otra contestación por mi parte que convertirla en una auténtica croqueta humana. Le eché mi primer huevo, le tiré casi todo el paquete de harina encima y luego me las ingenié de la mejor manera para poder estallarle el siguiente huevo en la cara, ya que si se lo estallaba en cualquier otro sitio perdía poderío. Además, seguro que le gusta el olor a huevo sin hacer y el estallárselo en la cara hacía que pudiera oler el olor (obviamente, no va a oler OTRA COSA QUE NO SEA OLOR) del huevo cerca de sus fosas nasales. Tras mi súper venganza ella salió disparada de dónde estaba yo, restregándome por las narices que yo iba a ser el encargado de limpiar todo aquello. ¿Soy el único que se acuerda de que soy mago y mi varita puede arreglar todo este estropicio? Me metí la mano en el bolsillo y saqué mi varita.

Creo que lo tengo fácil —y zarandeé mi gran palo mágico en el aire para que se percatase de mi súper cenicienta mágica. Manchó la pared para joder nada más, ya que ella es experta en eso y no tardó en mancharse a sí misma el dedo para acercarse a mí y mancharme la camisa. Realmente me daba igual después del huevo que le había caído, pero por orgullo tuve que quejarme.

No me dio tiempo. Desde que bajé la cabeza para mirarme la camiseta ella atrapó mis labios con los de ella. Fue un beso corto, pues se paró para hablar, pero yo me quedé… cómo se diría… flipando, por lo que no dije absolutamente nada más que escuchar sus palabras como si me estuviera echando la bronca. En realidad ni la estaba escuchando. Todavía más flipando me quedé cuando me dio el siguiente porque, según ella, le apetecía. Sonreí en sus labios tanto por eso cómo por notar como se limpiaba en mi camisa. Como si sirviese de algo si estaba casi tan sucia como ella sin contar por la harina. Sin embargo, después del corte que me pegué antes yo solo, este beso no iba a desaprovecharlo. Dejé mi varita, por instinto, sobre la mesa de detrás de mí y atraje suavemente a Fly hacia mí por su camisilla cuando se fue a separar, volviendo a entreabrir sus labios en un lento pero intenso beso. Ella era muy bajita (o yo muy alto, todo depende de cómo se mire) por lo que llevé ambas manos hacia su cintura para acercarla a mí, poder sujetarla por el trasero y alzarla hasta sentarla en la barra de la cocina. No por otra cosa que poder besarla sin que ella estuviera de puntillas o yo quedándome sin cuello, no por otra cosa que disfrutar de ese beso. Podría ser mejor si el olor principal de aquella situación no fuera el del huevo sin hacer, pero con Fly nada de eso importaba.
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Fiona T. Shadows el Lun Ago 18, 2014 12:20 pm

Si lo piensas seriamente, ser rico no debe ser para tanto, pues los ricos no parecen muy felices. Sí, tienen cara de llegar incluso a cagar oro pero cuando sus hijo les meta una flecha por el estómago (o dos) sea todo mentira y no fuera oro lo que echan. Luego está Nicolas Cage, que era rico pero se casó y al divorciarse le debía una millonada a su ex mujer y tuvo que rodar cientos de películas malas para poder acabar con la deuda. Lo que demuestra que casarse no sirve de nada. ¿De qué te sirve un papelito que te acredite que estás unido a alguien de por vida? Es peor que un contrato de trabajo indefinido, y mira que esos contratos ya no existen, que ahora te contratan dos meses y ya puedes ir dando las gracias porque es lo mejor que te podía haber pasado. Conclusión: Los kiwis dan cagalera. No, la conclusión no es esa. La conclusión es que si realmente quieres a alguien no necesitas un papel que lo certifique y, que de algún modo, te obligue a estar con una persona eternamente. En fin, el ser humano es gilipollas y por eso inventa algunas cosas inútiles. No como la cama, la cama es divina.

¿Contratar a alguien para que trabaje por ella? Para eso mejor no trabajar y dedicarse e luchar contra el crimen organizado, a lo Batman pero sin capa, porque las capas son peligrosas. Además, también tendría que matar a sus padres para poder ser como Batman, y tener un mayordomo. Demasiado trabajo, mejor vivir al margen de la ley y, por supuesto, del trabajo. – Tienes un problema con contratar gente, podías montar una empresa de subcontratación al paso que llevas. Entre esto y lo de contratar a alguien que cocine para ti…

Obviamente que no había estado en Italia. ¡Hay gente que no tiene allí una casa donde alojarse! Porque teniendo allí una casa, todo sale más barato. ¿Saben lo que cuesta un maldito hotel, hostel o apartamento? Tienes que dar el alma de tu primer hijo, un riñón y dos patatas. ¡Dos patatas! Es un maldito robo. – Joder, ni que tú hubieras viajado por todas las ciudades del mundo. Ni por todos los países. ¡Imbécil! No es para tanto, además, si no fuera porque yo vivía cerca de Londres tú tampoco hubieras ido a mi “tierra natal” en tu vida. – Puso comillas. Tierra natal era Italia, pero técnicamente su tierra natal sería Inglaterra, aunque no Londres. ¡Obviamente! Además, cuando ambos eran jóvenes y tenían una vida común y esas cosas nazis que hacen las parejas cuando son niños deseosos por estar con la otra persona toda la vida, más de un fin de semana lo habían pasado por Liverpool, donde Fly vivía por aquella época con sus padres. Y era guay porque los padres de Fly no tenían precisamente poco dinero gracias a las herencias familiares, suele pasar que todos los Slytherin mortífagos estén forrados, debe ser algún tipo de tradición. Cuando entras a ser mortífago Voldemort te da la Visa oro y te deja pulírtela en lo que quieras por servirle, sino, no hay otra explicación posible. – Y siendo realista, dudo que Italia esté a la altura de Liverpool. ¡Es la ciudad más bonita de Inglaterra! – Realmente lo decía en serio. Prácticamente había visto cada pequeño pueblo de aquel país y Liverpool seguía siendo el lugar que le parecía más bonito. Tenía grandes calles empedradas, casas blancas con techos de madera, estaciones de tren de cristal, pequeños pubs en cada esquina y el famoso museo de The Beatles, lo cual molaba y mucho. – En Italia solo tenéis… Pasta. A ver, que me gusta la pasta, pero… ¿Qué clase de italiano eres que sólo sabes hacer lasaña? Seguro que tu madre cree que sabes cocinar y la tienes engañada.

¿Qué tenía de malo acabar medio chamuscada en una pelea? O sea, era divertido. Al menos no pasabas frío, veamos el lado bueno.  – Oh, venga, no seas dramático. Es un mortífago, no un payaso.  ¡Porque todos sabemos que los payasos son mala gente! – Si les puedes denominar gente, claro. Efectivamente, Fly tenía miedo a los payasos. Concretamente su boggart era uno totalmente cubierto de sangre, sus dos grandes miedos unidos en uno. Era un gran combo que hacía que siempre diera varios pasos hacia atrás y le temblara la mano para sacar la varita. – Lo típico. – Puso voz de hombretón. – Pues tendrías que ver cómo le he dejado la cara al otro.

Una cocina, instrumentos de cocina, comida, ingredientes aleatorios sin preparar, y lo peor que podría juntarse en aquel lugar con aquellos objetos: Drake y Fly. Cada vez que estaban juntos se podía oler a problemas desde la otra esquina del mundo, y no precisamente porque fueran grandes mentes matemáticas y dedicaran su vida a resolver complejos problemas. No, no era eso. Ambos tenían aquella estúpida capacidad para meter al otro en problemas y, no sólo eso, meterse él  mismo también. Ninguno tenía suficiente causando un problema al otro, sino que siempre quería ser parte del problema, aunque eso supusiera alguna consecuencia para sí mismo. No es que fueran masoquistas, es que les gustaba vivir en primera persona el sufrimiento del otro.

Al tema, que con tantos ingredientes de por medio y con tanta falta para usar todas las neuronas de su cabeza, ambos acabaron pringados hasta las orejas (literalmente en el caso de Fly) de harina y huevos. Eran como un bizcocho, aunque sin azúcar y levadura. Y sin hornear. Bueno, estaban manchados. - ¿Pero tú sabes usar una varita? – Alzó las cejas fingiendo sorpresa. Viniendo de un Hufflepuff, realmente era algo fascinante. - ¿En serio no está con tu placa en algún lugar perdida? ¿O con tu dignidad? – Rió al tiempo que seguía rodando por la pared para mancharla sin importar que tuviera una varita para luego limpiar todo ese estropicio. A ver, eran magos, todo era más fácil cuando eres mago y tienes una varita que hace CASI todo por ti. Cenicienta hubiera sido más feliz si hubiera sido bruja y no una muggle inútil que pasa su vida limpiando escaleras, pero luego tuvo que llegar el hada madrina (obviamente una bruja que se metió donde no la llamaban violando así las leyes mágicas) y meter en problemas a toda la comunidad mágica mostrándose ante un muggle como quien no quiere la cosa. Menos mal que existían los desmemorizadores y llevaron a Cenicienta de vuelta a casa de su madrastra a seguir ejerciendo de chacha. ¡Menos mal! Para quien le interese, el  hada madrina acabó sus días en Azkaban por graciosa, porque Cenicienta no era precisamente la primera muggle a la que ayudaba. Antes se había juntado con otras dos hadas (una muy parecida a Dolores Umbridge, por cierto) para otorgar dones a un bebé, en otra ocasión le había dado piernas a una sirena mientras fingía ser un pulpo, también había convertido en un niño de verdad a una marioneta de madera… Vamos, que aquella bruja tenía un historial denso.

Como había sucedido minutos antes en el dormitorio, los labios de ambos volvieron a unirse, pero esta vez fue Fly la encargada de dar inicio a aquello. ¿Venganza por la de antes? Puede ser. ¿Ganas de volver a hacerlo? Demasiadas. A fin de cuentas, lo de antes había hecho que llegara a ponerse nerviosa, que se sintiera de nuevo una niña y que se diera cuenta que Drake era… Era eso, era Drake, no necesitaba otra explicación. Antes si quiera de poder volver a separarse al dar por concluida su venganza para volver a manchar todo lo que estuviera a su alcance, la mano de Drake la impidió separarse esta vez. Abrió los ojos de golpe ante aquello, pues ni mucho menos esperaba que continuara aquello después de haber salido corriendo al baño la última vez. Vamos, que se cagó encima, literalmente. Lejos de quedar en un simple beso, en una segunda y curiosa anécdota, los brazos de Drake cogieron a Fly por los aires (algo que teniendo en cuenta la diferencia de altura no era precisamente complicado) y subiéndola sobre la encimera de la cocina, en la que antes habían estado los huevos y la harina y que, en aquel momento, estaban cubriéndoles a ambos. Fly subió una de sus manos colocándola sobre el rostro de Drake, pringando así más su cara y una sonrisa divertida surgió en sus labios mientras seguía con aquel beso. Su otra mano la situó en el cuello al tiempo que pasaba sus piernas tras sus espalda, rodeando al chico e impidiendo que pudiera dejar aquella situación.

Sus ojos volvían a estar cerrados una vez más y notaba otra vez aquel nerviosismo, aquel sentimiento como si se tratara del primer beso. Como si fueran los movimientos torpes de alguien que conoce algo nuevo, cuando realmente era un reencuentro con el pasado.
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