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Al encuentro con Axel (Axel S. Crowley y Lluna Conde)

Lluna Forman el Miér Jul 09, 2014 10:30 pm

Recuerdo del primer mensaje :


La cosa estaba clara. Conocí a Axel en la enfermería y fue tan amable conmigo que llegó a caerme bien y todo. A pesar de ser un Ravenclaw. Como no le vi a final de curso, le mandé una carta. Por supuesto, yo al escribí pero la elfa la mandó con el mochuelo de Matt. De momento no supero lo de las aves.
En la carta le pregunté por su estado, ya que tuvo un pequeño accidente de Quiddicth y se lastimó una pierna. Me enteré al recibir su contestación de que había estado en San Mungo con una enfermedad rara pero no contagiosa. Cuando al fin le dejaron salir porqué ya estaba recuperado, me mandó otra carta para vernos antes de irse a su país natal. Como soy yo la que vive en Londres, y se supone que conozco la ciudad, le dije donde podíamos quedar. La casa de Matt está cerca de Trafalgar Square, de modo que conozco ese trozo de ciudad como la palma de mi mano. Son ya demasiados días aburridos en casa por las mañanas. Axel me mandó una lechuza, y dijo de quedar a las ocho. Me preparé temprano. Al salir de la ducha me recogí el pelo hacia detrás, dejándolo suelto pero la cara libre de cabello. Y elegí unos zapatos cómodos, a partir de los zapatos ya elegí los vaqueros y la camiseta. Tampoco me vestí muy formal. El estilo que suelen llevar los jóvenes en Londres. Estaba lista mucho antes de la hora, pero decidí ir antes por si Axel también llegaba antes. Matt parecía feliz de verme salir con un chico. No supe como explicarle que Axel es un amigo. Muy guapo y eso, pero nada más. Salí de casa y pasé por Trafalgar Square. Hay siempre mucha gente, orientales haciéndose fotos, gente que va de compras. Odio tanto bullicio, pero me consuela el anonimato. Nadie sabe quien soy, nadie se acerca. Me dirigía al Sherlock Holmes Restaurant bajando por Northumberland Avenue y pasaban de las 7.

Llegué al conocido restaurante antes de las 8, de modo que decidí esperar a Axel fuera. Para que me vea, por si va un poco perdido. Ver a la gente pasar y como me miraban me estaba poniendo nerviosa. Solo es ver a un chico de Hogwarts, a solas, y fuera de Hogwarts. ¿Por qué tengo que estar nerviosa? Debería estar muerta de los nervios. Espero que no tarde en venir, o me va a dar un ataque.
Axel podría llegar sin perderse, o preguntar. Todo el mundo en Londres sabe donde está esto. Se debe a que Sherlock Holmes fue un famoso detective.
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Axel S. Crowley el Miér Nov 05, 2014 11:41 am

Axel no consideraba, en realidad, a ningún otro chico un cretino. Era una palabra fuerte y por regla general solía llevarse bien con todos los de su mismo sexo, sobre todo si eran de su misma casa. Quizás dichos amigos no tuvieran una misma actitud frente a él que frente a las chicas, lo cual podría ser totalmente normal teniendo en cuenta las ganas de impresionar que tenían algunos. El chico se hizo el pensativo, pero luego la miró con un rostro lleno de seguridad, negando con la cabeza.

-Vamos, en Ravenclaw somos todos bastante decentes. Si te metieras con los Gryffindors que pecan de soberbia o con los de tu casa que pecan de altanería… pero ¿en Ravenclaw? Si está lleno de empollones. ¿Personas que no sean un cretino? Matt, Max, Gabriel, Irien… son muy buenos chicos.-Contestó el Ravenclaw, defendiendo a su camaradas de Ravenclaw. Los cuatro eran muy buenos amigos de él, incluso él mismo les había ayudado en muchas ocasiones a unas cosas u a otras.

Si tenía que elegir a algún chico que realmente considerase un cretino, elegiría a uno de sus compañeros de clase que ya se había graduado, pertenecía a Slytherin y era un auténtico imbécil. Pero si comparábamos a todos los Ravenclaw con él, los cuervos eran puro amor.

-¿Alguna mala experiencia con algún Ravenclaw?-Preguntó curioso, ya que dicha afirmación por su parte daba a pensar en que quizás estuviera incómoda por culpa de alguna experiencia pasada.

El chico se encogió de hombros conformista cuando dijo que no le mataría con el Crucio, que para eso estaba la otra maldición. Por lo menos sería mucho más doloroso, esperaba fervientemente no cargarla tanto como para merecerse cualquiera de esos hipotéticos casos. Aunque estaba claro que aunque se lo mereciera, no iba a admitirlo. Podía parecer un chico educado y tranquilo, pero en el fondo era alguien que ante adversidades solía pensar sobre todo en sí mismo. No era una adversidad muy seria, pero le hizo gracia recordar el día en la enfermería a pesar de que a ella no parecía emocionarle demasiado.

-Eras un poco dramática, pero era normal. ¿Quién sabe? A lo mejor no era un simple dolor de barriga, sino algo mucho más grave. Además lo tuyo era un continuo dolor inevitable… yo podía sobrellevarlo mejor si no movía la pierna.-Confesó, para que tampoco se sintiera mal por simplemente no sobrellevar un dolor como ese. Axel tampoco toleraba especialmente bien el dolor de estómago.

La palabra desmemorizador había perdido todo el sentido para Axel. La repetía en su mente y para él no era nada. Lluna se había encargado de repetirla lo suficiente como para que le sonase sumamente extraña. Negó divertido ante su divertido trabalenguas.

-Y yo pensando que podríamos vivir nuestra historia de ensueño entre rejas… me has roto el corazón, rubia.-Bromeó, sin poder ocultar la sonrisa de su rostro. Una sonrisa que realmente no tenía intención de esconder.-No estaba en mis planes estudiar para desmemorizador…-Ni para ningún otro trabajo en dónde estuviera entre cuatro paredes. El Ministerio no llamaba nada su atención a no ser que fuera para ser Ministro.-Pero si la situación lo requiere, no habrá otro remedio.-Añadió, divertido.

Atendió sorprendido a la gran diferencia de entusiasmo que había entra la chica y él con respecto a las navidades. En casa de Axel era todo mucho más frío. Una gran cena con toda la familia Crowley en la gran mansión y al día siguiente unos regalos bajo un gran árbol en el salón principal. De siempre abrían los regalos los más pequeños primero, por lo que desde que Axel tiene uso de razón siempre había sido el primero. A pesar de eso, rara vez recibía lo que quería, ya que para los padres lo que él quería no solía ser algo que ellos aprobaran. Por suerte, la biblioteca era algo que no podían quitarle teniendo una propia ellos en su casa. Pero a Axel le nombraban la navidad y no lo veía como una festividad familiar llena de sonrisas y una calidez acomodada. No, para él era simplemente unas fechas más en dónde habían regalos y obligaciones familiares.

-Pues bueno, piensa que desde que empiece Hogwarts, el tiempo pasará rápido hasta que llegue Navidad. ¿Espero entonces para la fiesta de navidad en tu casa esas galletas?-Bromeó. De hecho no las esperaba, no creo que su tío se tomase las molestias. Pero por todo lo que le había contado Lluna de él, le parecía un hombre de lo más atento con su sobrina.

Axel miró a Lluna con diversión cuando le preguntó que qué era un cóctel de dioses. Se dio a sí mismo un golpecito en la frente, en señal de que la chica no había terminado de captar la poca seriedad de sus palabras. Se refería a un cóctel normal, a un cóctel de mezclas que dieran lugar a un sabor bueno, no las típicas mezclas que se hacen en un botellón que sabe mayoritariamente a alcohol y te da asco hasta dar un sorbo.

-Un cóctel normal que está muy rico. Como las cosas de los dioses normalmente son divinas, pues comparé un cóctel muy rico con uno de dioses… una tontería…-Añadió, sintiéndose un poco tonto al tener que dar esa explicación.

Axel asintió ante la idea de la chica de ir de camino a sus casas y pararse en algún lugar. Sería una buena despedida y se irían a casa con un buen sabor de boca después de la amargura del London Eye. Comenzaron a caminar hacía aquella dirección a la que Lluna había señalado y no tardaron en llegar a una zona con bastante ambiente. Eran anchas aceras y el paso era peatonal. Por ambos laterales había restaurantes, bares y pubs, cada uno con su distinta temática y elegancia. Axel no tenía mucha idea de aquello, por lo que llamó la atención de Lluna con un ligero golpecito con su mano.

-Elige, experta.
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Lluna Forman el Miér Nov 12, 2014 12:03 am

Por alguna razón que no comprendía, estaba hablando con Axel de una forma muy sincera. Normalmente soy callada para no asustar a nadie. También me pasa que me encanta incordiar. O estoy callada, o hablo para insultar a cualquiera que me caiga mal. Esta vez, con Axel, la conversación salía sola. Me sentía cómoda y hablé con él como hablaba con mi tío. De igual a igual en realidad, incluso mejor. Matt es genial, pero no siempre entiende mis cosas. Me atreví a decirle que todos los chicos de Slytherin son unos cretinos. Y le reté a nombrar chicos Ravenclaw que no lo fuesen. Él estaba descartado como cretino, por supuesto.

- Te dejas los Hufflepuff, que son muy raros y casi nunca se de que me están hablando. – me reí. Son medio muggles que solo saben hablar de cosas muggles. Nombró a unos chicos de Ravenclaw. Entre ellos Matt. – No tengo el placer de conocerles. Pero creo en tu palabra.

A Matt si, pero no quería hablar sobre él en estos momentos. Quise preguntarle si conocía a alguna de las chicas de mi casa, pero conociendo a la mayoría, lo dudo. Axel tuvo curiosidad, y él si se atrevió a preguntarme a mí. Sonreí negando con la cabeza.

- No, que va. No he tenido malas experiencias con nadie. – me armé de valor. - ¿Y tu con alguna de mi casa?

Enfrascada en la conversación con Axel, ni siquiera miraba por donde íbamos. De vez en cuando miraba el nombre de la calle, o me fijaba en alguna tienda en particular. No quiero que Axel crea que soy una mala guía turística.
Salió a flote nuestro encuentro en la enfermería. Estaba más que claro que las situaciones comprometidas no eran mi punto fuerte.

- Si algún día sufres apendicitis me entenderás. Espero que no tengas que pasar por eso. Si lo pienso, lo pasamos bien en la enfermería. Recuerdo que solo hablabas de…- no supe como decirlo finamente – …caca.

Según Axel, mi dolor se iría si iba al baño. Eso fue gracioso. No se como es que aguanté y no saqué mi habitual mal humor. Más en una situación tan dolorosa como la que sufrí. Gracias a mi don para controlar mi temperamento, hoy Axel y yo estábamos recorriendo la ciudad sin muchas complicaciones. Bromeamos sobre montar en escoba, y que los muggles nos viesen. Cualquiera podía pensar que no eran más que falsas ensoñaciones futuras que jamás se verían cumplidas. Pero pasábamos un buen rato imaginando ese tipo de situaciones.

Aun falta mucho para navidad. Le comenté a Axel lo bonita que está la ciudad decorada con motivos navideños, y fue cuando me preguntó si me gustaba esa época invernal, familiar y llena de regalos. Mencioné las galletas caseras de tío Matt.

- Habrá galletas para mí, soy una mimada. Te dejaré probarlas, pero solo a ti. – me puse seria.- Si la gente se entera de lo buenas que están, me voy a quedar sin.

Ciertamente estaba quedando como una niña mimada, consentida y egoísta. Es navidad, puede venir gente a casa, pero soy muy recelosa con mis cosas. Y esas galletas son mías. Me las he ganado por derecho de nacimiento. Soy su única sobrina.

- ¿A ti te gusta la navidad?

Yo estoy deseando que llegue. El frío del exterior contrastando con un cálido interior. Las galletas de Matt. Regalos. Familia. Fiesta. Bromas. Diversión de verdad. Salir de Hogwarts va bien, aunque seguramente nos van a poner muchos deberes. Por la cara que puso Axel al hablar de las navidades creí que no le gustaban demasiado. Juro por Salazar Slytherin que haré que Axel lo pase bien en la fiesta.

Decidimos que aun era pronto para volver a casa. La noche se estaba alargando. Noe s problema. Matt está avisado, sabe que estoy bien. Está un poco pesado con el tema, y dice que quiere comprarme un telétono molil o algo así, para que el mande mensajes de guasas. Se ha vuelto loco.

Axel habló sobre tomar un cóctel de dioses. Me pareció estupendo, pero no sabía que era eso. De modo que pregunté. Soy tonta. Solo era una forma de decir que el cóctel está muy bueno.

- Perdona, no entiendo de dioses.

Me sentí un tanto tonta cuando Axel tuvo que explicarme la frase. Caminamos en dirección a casa, hasta que encontramos un buen lugar con mucha gente y ruido. El cóctel nos va a ir de perlas para terminar bien la noche. El problema es que había gran multitud de lugares. Todos con sus respectivos letreros luminosos. Axel me presionó para elegir un lugar. Como si yo supiera algo de este tipo de lugares. Solo recuerdo que este verano tío Matt me dijo que no entre en un pub llamado “El cuervo”, que no es lo que parece. No quiso explicarme nada más. Si lo veo, entraré para ver que oculta, por supuesto. En el lado derecho de la calle había más gente. Una música agradable se colaba saliendo de los establecimientos.

- Mira, ahí pone que tienen gran variedad de cócteles.

Esperé a que Axel me diera su visto bueno para entrar. La barra se extendía de punta a punta del lugar, y mucha gente estaba bailando con sus copas en la mano. Dentro de la barra había dos o tres personas haciendo malabares con botellas de todos los colores y tamaños. Al acercarnos pude ver la carta. La cogí y me puse al lado de Axel para elegir algo rico y de dioses. Estaban distribuidos en dos grandes listas. Unos sin alcohol y otros con.

- Somos menores de edad, de modo que esta es nuestra lista. – señalé el grupo de cócteles sin alcohol.

Leí con atención; tutti frutti, Cristina, afrodisíaco sin, frutos del bosque, french kiss, Autumn Chiller… Ese mismo. Otoño es mi época favorita del año, y suele ser frío. Le viene bien al verano refrescarse un poco. Puse mi dedo sobre mi cóctel elegido, para darle a entender a Axel que quería ese, y para leer sus ingredientes. Zumo de naranja, sidra de manzana y cerveza de jengibre. Suena muy rico.
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Axel S. Crowley el Miér Nov 19, 2014 10:42 pm

No había mucho qué decir de los Hufflepuff que la chica ya no supiera, por los que ignoró tranquilamente. A pesar de todo, la chica tenía razón, muchos Hufflepuff eran capaces de hablarte durante horas (por eso de creer que alguien les hace caso), pero realmente nada de lo que decían era de importancia. Muy pocos, o más bien pocas, habían conseguido que Axel mostrase algo de interés por esa casa y las personas que la llenan. No era una casa muy prestigiosa y por la experiencia que había tenido Axel durante sus ahora mismo ocho años en Hogwarts, no había cambiado de opinión. Es más, se percató de que los prejuicios no estaban tan desacertados. Pero oye, sin esa casa, las demás no resaltarían, así que tan inútiles no son.

Iban a tener que compartir amistades, ya que desde siempre Axel ha tenido cierta admiración a los Slytherin por su simple galantería y poder y por otra parte porque el Ravenclaw conocía a muchas personas que le caerían especialmente bien a Lluna.

La Slytherin le devolvió la pregunta y Axel la miró de reojo. Era común devolver las preguntas que pudieran tener respuestas interesantes y curiosas, por lo que no se sorprendió.  Así mismo, Axel no había tenido demasiadas experiencias con muchas chicas de Slytherin. Recordemos que es un empollón de Ravenclaw de esos bichos raros de biblioteca, por suerte no tiene gafas de culo de botella y su físico ha decidido desarrollarse de manera favorable con la adolescencia. Antes el Ravenclaw no era para nada llamativo, por lo que sus experiencias empezaron más bien tarde.

-Malas experiencias no, simplemente experiencias. Unas mejores que otras, obviamente.-Estaba claro quién había sido la mejor experiencia, hubiera sido de Slytherin o no.-Pero hay una chica, bueno, había… estaba en mi curso, en tu misma casa y era… siempre me había tratado como un empollón un tanto repelente, verás, yo de pequeño no era tan guapo…-Bromeó aparentando narcicismo. Luego sonrió encantador, estaba de broma.-Siempre solíamos discutir en clase por diferencias de opiniones, ella era una orgullosa y no entendía el porqué de tanto interés en dejarme por debajo. Un día de repente, después de seis años de tortura a su lado, decidió sincerarse y me dijo que le gustaba.-Después de ese verano Axel había pegado el estirón, sin duda alguna.-¿Sabes lo que pasó después?-Le preguntó en busca de misterio y algo de emoción a su anécdota.-¡Dudé de la sorpresa! ¿Y sabes que es lo peor que puedes hacer contra una mujer con mala hostia? Dudar.-Puso los ojos en blanco y sonrió.-Me pegó una bofetada como si yo tuviera la culpa y, acto seguido, simplemente se fue…-Se encogió de hombros y negó con la cabeza.-De verdad que aun intento comprender el comportamiento humano, pero mi cabeza no concibe tanta irracionalidad…-Se pausó brevemente, humedeciéndose los labios. Después de aquello le había quedado claro que las mujeres algo de locura tienen.-¿Cuenta cómo mala experiencia, no?  Encima era golpeadora, ya puedes imaginarte a quién mandaba todas la Bludger…-Al Guardián enemigo, cómo no.

Inevitablemente el Ravenclaw soltó una risotada escandalosa al escuchar a Lluna. ¿De verdad había hablado de caca? Se llevó la mano a la frente, divertido por recordar aquello. No se acordaba lo más mínimo de la conversación esa, pero sabiendo lo oportuno que era Axel para algunas cosas, no le resultaba del todo descabellado. Simplemente se encogió de hombros, ya que no tenía nada qué decir. Ese era Axel, pudiendo hablar de cualquier cosa en cualquier momento. Ahí lo había demostrado.

-No soy muy de dulces, pero no es común ver a un hombre hornear galletas. Suele ser más tarea de elfos domésticos, ¿no? –No iba a decir “mujeres”, hubiera quedado tremendamente mal y para nada opinaba así.-Así que no te preocupes, que no voy a dejarte sin ninguna.-A continuación simplemente se encogió de hombros con tremenda lentitud, manteniendo los hombros cerca de sus orejas durante un periodo corto de tiempo. No sabía ni qué decir.-Pues… supongo que sí, pero a medida que he crecido me he llevado más decepciones que sorpresas. Es raro de explicar, en sí la festividad me gusta, adoro la nieve y el frío, pero creo que el problema, en mi caso, es mi familia.-Contestó el chico.

Lo que más le gustaba de la navidad, por muy infantil que sonase, era crear muñecos de nieve. Le relajaba y siempre había tenido la ilusión de ponerle una zanahoria a uno cómo nariz. Nunca había tenido la oportunidad, ya que curiosamente cuando nevaba en su casa, no había zanahorias. ¿Casualidad? No lo creo, sólo decepciones. Con ese tipo de traumas infantiles era normal que no le motivase ir a casa por Navidad.

Al Ravenclaw le pareció cuánto más gracioso la forma de confundirse que había tenido Lluna respecto al cóctel de dioses. Podía tender a confusión si no utilizabas dicha jerga, pero en general solía ser bastante específico. Continuaron caminando por la calle y Lluna no tardó en señalar uno de los pubs con muy buena pinta. Tenía uno de esos carteles de neones con un nombre irrelevante, pero la luz ya te decía por si sola que entrases. Le dio el visto bueno con la mirada y ambos se dirigieron hacia allí. El chico no tenía absolutamente nada de hambre, pero se le apetecía horrores algo refrescante que llevarse a la boca.

El local estaba muy bien ambientado, la gente bailaba por la gran y mayoría de la parte central y una barra se extendía por uno de los laterales, los alumnos se dirigieron directamente hacia allí, sentándose cada uno en dos taburetes adyacentes. La chica señaló la lista de los cócteles sin alcohol y el chico se encogió de hombros, acercándose a ella.

-Si llegamos a aparentar ser tan menores de edad nos hubieran pedido un carnet, que por cierto no tengo, a la entrada.-Sonrió en un ladeo.-Pídete el que quieras, los cócteles no suelen llevar excesiva cantidad de alcohol.-Le tranquilizó. O por lo menos, los cócteles que él había tomado no lo llevaban, aunque para remarcar a dónde quiero llegar: él no era mucho de bebidas alcohólicas.

Observó ambas listas y se dio cuenta de que los cócteles tenían los mismos nombres en las dos, sólo que unas tenían alcohol y otros no. Debías especificar si lo querías sin o con. Tenían algunas variaciones, pero mínimas. Axel asintió cuando Lluna le dijo cual quería y el meditó unos segundos más. Durante su decisión, unos gritos resonaron por todo el pub. Inconscientemente el chico se dio la vuelta y vio como muchísima gente reía y gritaba en el centro, vitoreando la proeza de beberse una cerveza en quince segundos de un hombre. Axel decidió no ponerse a criticar y cuando se dio la vuelta, debido a que el camarero le dio dos golpecitos en el hombro, Axel señaló a los cócteles que habían decidido. No obstante, sin percatarse de ello, señaló a los de la columna de la izquierda, aquellos que poseían alcohol. Contento por su pedido, el camarero se llevó la carta y él volvió a mirar a Lluna.

-¿Te gusta la cerveza muggle?-Preguntó el Ravenclaw. A él sí, aunque sin duda no podrían compararla con la de mantequilla. Él se la bebía, pero porque era barata y lo que menos resaca te daba.-No debería celebrar el tomarse una cerveza en quince segundos, simplemente el tomársela.-El camarero se acercó delante de ellos con dos cocteleras en la mano, las cuales empezó a verter en las copas.
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Lluna Forman el Mar Nov 25, 2014 11:28 pm

Antes de salir de casa había estado pensando muy seriamente en no acudir a la cita, alegando dolor de estómago o algo así. No es que me cueste hablar con la gente, el problema son los temas de conversación. Con la gente que ya conoces de antes y mucho, es fácil. Siempre encuentras algo de lo que hablar. Normalmente compartes intereses, aficiones o bromas privadas. Antes de salir de casa no compartía nada con Axel. Solamente estuvimos unas horas juntos en la enfermería. Horas que fueron más de sufrimiento que de diversión. Por eso surgió la idea de vernos en verano. Y la cosa estaba yendo muy bien. Primero cenamos, y luego dimos un paseo un tanto desastroso. Para olvidar aquel trágico paseo por las nubes,  continuemos nuestra visita hacia el Parlamento. Una vez allí ya habíamos hablado de tantas cosas que era como si conociera a ese chico de toda la vida. Pero no. Solo nos conocemos de Hogwarts, y poco más.

Los temas del colegio fueron los más recurrentes. Las clases, las casas, la gente… Axel quiso saber si había tenido yo alguna mala experiencia con alguien de su casa. Imposible. Dentro de lo que cabe, me relaciono más con gente Ravenclaw que de las otras casas. Pero sobre todo tengo relación con mis compañeros de Slytherin. Son con los que más horas paso. Me atreví a preguntar si él había tenido alguna mala experiencia con alguien de mi casa. Su respuesta fue un tanto ambigua. Un si pero no en toda regla. Me contó una de sus experiencias y la escuché muy atenta. Intentando no reír. Ni siquiera cuando dijo que él de pequeño no era tan guapo. Tampoco cuando dijo que aquella chica le había dado una bofetada.

- Cuenta como mala experiencia, sin duda. – No quería reírme de él por aquello aunque me resultaba gracioso. - ¿Y ya no te volvió a hablar más? Que chica tan rara… Supongo que hay tantas maneras de actuar como personas.

Bien mirado, si a mi me gustase un chico no creo que actuase como mi ex compañera de Slytherin. Se lo haría saber. O mejor esperaría a ver si yo también le gustaba a él. Sincerarse y que el chico en cuestión se ponga a meditar no debe ser muy relajante que digamos, pero de ahí a agredir al chico hay un gran paso.

- ¿Y ella te gustaba o no?

Mi curiosidad de cotilla heredada tanto de mi abuela como de Matt salía a la luz con acontecimientos tan pintorescos. Por suerte yo no había tenido esa clase de encontronazos con nadie.

Sacando temas conocidos y poco incómodos, me vino a la mente lo que me dijo Axel en la enfermería. Dijo la palabra caca como unas cinco veces. Se lo recordé para hacerle reír.

Como nuestra idea de la fiesta navideña Forman iba tomando forma, nos preguntamos si nos gustaba la navidad. Para mi era la mejor época del año. Estar con toda la familia y recibir regalos son mis dos cosas favoritas. La tercera son las galletas de Matt.

- Lo cierto es que mi tío es un hombre un tanto peculiar. Como cada persona, él tiene su hobbie. El suyo es cocinar. Ya lo se, es extraño. – me disculpé. – Un hombre de su categoría debería dejar esa clase de tareas para los elfos. Pero le gusta… Y realmente lo hace bien.

Era uno de los muchos oscuros secretos de Matt. Otro de los secretos que había descubierto este verano estaba en su cuarto, en el armario. Tenía una televisión allí metida. Si mi abuela se entera, lo deshereda.

La forma que tuvo Axel de explicar que la navidad le gusta pero que su familia le había dado muchas decepciones me puso triste. Y mi empeñó por realizar la fiesta se hizo más latente. Nada más llegar a casa le pediré permiso a Matt. Cuando volvamos a Hogwarts iré seleccionando a mis posibles invitados.

- Es una pena Axel. A mi me gusta la nieve en esas fechas. Suena infantil, pero lo mejor es salir a jugar con la nieve, y entrar en casa al lado de la chimenea cuando empiezas a no notar las manos.

Empezar a no notar las manos por el frío es una de las sensaciones más extrañas y a la vez más emocionantes. La nieve, esa inocente capa blanca que cubre todo a su paso, está tan helada como el hielo puro. Al tocarla no parece que pueda llegar a doler, pero al rato es como si quemara. Por eso se agradece tener un fuego que arda bien y caliente el ambiente. O en su defecto, una taza de chocolate recién preparada.

Después de hablar de muchas cosas y de ver el Parlamento casi tanto como los constructores que en su día elevaron el antiguo palacio, nos decantamos por no volver a casa aún. Axel propuso tomar un cóctel y yo acepté. Entramos en el primer local que parecía divertido y normal. En el interior la gente bailaba muy animada. Nos sentamos en la barra para pedir y poder saborear uno de esos fabulosos cócteles que la carta nos describía. Señalé la lista de bebidas sin alcohol. Axel, que se fijó más en los detalles, me hizo comprender que podíamos pedir lo que fuera. Los menores de edad no pueden entrar en este tipo de locales, y no nos han pedido en carnet a la entrada.

- ¿Aparento mayor de edad? Tu si. Tienes ese pose serio, eres alto…no se. ¿Pero yo?

Ni siquiera me había maquillado. Me fijé en algunas chicas que bailaban como poseídas y casi todas llevaban los ojos tan pintados que parecían de muñeca, y los labios tan de color rosa que era antinatural. Me centré otra vez en la lista de bebidas y señalé la que más me llamaba la atención, aunque fuese sin alcohol. Se lo que pasa si bebo mucho. Y ya hemos cenado con vino…

Miré de nuevo hacia atrás para observar a un grupo de jóvenes que vitoreaban a otro chico para que se bebiese la cerveza más deprisa. Patético. Y bastante asqueroso. ¿No se supone que los muggles salen a este tipo de lugares para ligar? ¿Qué chica en su sano juicio querría besuquearse con ese chico apestando a cerveza? Axel me sacó de mis pensamientos con su pregunta.

- No me gusta la cerveza muggle. ¿Y a ti? Es como agria. Mejor la de mantequilla y mejor el vino. – el camarero estaba realizando nuestro pedido. – Y espero que esté mejor nuestro cóctel.

Asentí para darle la razón a Axel. No deberían aplaudir al chico que se ha tomado la cerveza más rápido. El mérito era beberla entera. El camarero puso dos copas diferentes delante de nosotros. Miré la mía con ganas de probarla. Mis expectativas con el cóctel es que fuese algo dulce y sabroso, un tanto refrescante también. Cuando di un sorbo por aquella estrambótica pajita el sabor me sorprendió gratamente. No era tan dulce como esperaba, mejor. Pero si muy refrescante. El sabor era desconocido. No sabía a nada que yo hubiese podido probar con anterioridad.

- ¡Este cóctel es un cóctel de dioses! – alcé la copa unos centímetros, y ese fue mi veredicto antes de continuar sorbiendo.
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Axel S. Crowley el Sáb Nov 29, 2014 5:33 pm

El chico le contó a la rubia la única mala experiencia que había tenido. Probablemente hubiera tenido muchas más, pero no que le marcaran de esa manera. La vivencia que le contó era algo que le había marcado bastante… no por el bofetón, ni tampoco por perder la poca amistad que tenía con la chica, sino más bien porque la chica era una sabelotodo que siempre se encaraba con él en clase. Axel era un cerebrito, de esos que leen algo y difícilmente se le olvida. Era una persona con muchísimos recursos, por lo que muchas de las clases se componían entre debates entre los dos, a dónde se unían los Ravenclaw apoyando a Axel y los Slytherin apoyando a la chica. Los Gryffindor solían estar hablando de otras cosas y los Hufflepuff distrayéndose con las motas de polvo, por lo que no eran muy participativos.

Se encogió levemente de hombros ante la respuesta de la chica.

-No me hablaba normalmente, sólo en clase y para llevarme la contraria. Fue una curiosa relación, no te voy a mentir.-Contestó, asintiendo cuando la chica dijo que había tantas personas como maneras de comportarse. Fue entonces cuando Lluna aprovechó para preguntarle al chico si le gustaba la chica. El joven soltó una divertida risa.-No, no me gustaba. De haberme gustado se me hubiera notado. No me han gustado muchas chicas a lo largo de mi vida, pero se me nota. O esa es la sensación que me doy a mí mismo.-Contestó sonriente, sin tener demasiada idea de lo que decía. Realmente ni él mismo sabía si había diferencia en cómo trataba a una chica que le gustaba a si no.

Axel se sorprendió cuando la chica le dijo que había dicho “caca” como cinco veces la primera vez que se habían visto. Suponía que tener el hueso roto le trastocaba el cerebro y hablaba de lo primero que se le pasaba por la mente.

El Ravenclaw le preguntó a la chica sobre su tío. Lo cierto era que cada mago poseía algún hobbie que rozaba con lo muggle en límites insospechados. ¿Importaba? Para nada. Al fin y al cabo todos son humanos y suelen adoptar aquellas cosas que más le gustan como hobbies. ¿Qué más da lo que piense la gente? O por lo menos, eso pensaba Axel. Le daba igual lo que pensara la gente, lo que no le daba igual era lo que pensara su familia. Eran cosas diferentes.

-Los elfos no son dioses. Hacen las cosas porque se las ordenamos, pero no a todos se le dan tan bien cocinar o doblar la ropa.-Bufó.-A veces si quieres que las cosas salgan bien, haz de hacerlas por tu propia mano. ¿Y por qué hacer que otro cocine si a ti te encanta hacerlo? –Preguntó retóricamente.-Seguro que tu tío piensa igual.-Añadió. Los elfos estaban para cuando no se te apetece hacer algo, se lo pides a él.

Axel la miró con las cejas levemente alzadas y una sonrisa en el rostro. A la chica también le gustaba jugar con la nieve y, al igual que el chico, le sonaba infantil teniendo la edad que ya tenían (que tampoco eran unos viejos chochos, pero lo normal es que jugar con la nieve sea de niño de once para abajo). Él se recordaba a sí mismo de manera hiperactiva junto a la nieve, creando muñecos de nieves sin nariz (sin zanahorias, por lo que eran una versión nevada de Lord Voldemort) y viendo como sus hermanos volvían de Hogwarts para navidad. Era una de las pocas cosas que recordaba de pequeño.

-Sí, suena infantil.-Inquirió.-Pero a mí también me encanta de pequeño me despertaba todos los días de navidad esperando que hubiera nevado para pasarme todo el día fuera a la espera de no notar los dedos de los pies. Tengo un don innato para hacer muñecos de nieves perfectos.-Alardeó bromista.-Después de los regalos, la nieve es la mejor parte.-O eso pensaba él cuando era pequeño.

Ambos caminaron en dirección a un pub. Axel le dio el privilegio a Lluna de que eligiese, ya que probablemente tuviera más orientación que él. El Raven no puso ninguna pega a lugar elegido y entraron tranquilamente al interior. Era sorprendente el ambiente que había allí teniendo en cuenta de que aún no era tan tarde, pero se notaba que era un lugar con bastante fama, ya que estaba bastante lleno. Se acercaron a la barra y Lluna le preguntó que si aparentaba ser mayor de edad.

-No soy objetivo, pero me atrevería a decir que no aparentas ser mayor de edad. Pero no te preocupes, si te dicen algo tengo en mi bolsillo una varita que le puede hacer cambiar de opinión.-Le susurró acercándose a ella con una sonrisa en el rostro.

Fue entonces cuando se dieron cuenta de lo que pasaba a su alrededor, en dónde había gente vitoreando el hecho de que un hombre se hubiera bebido rápidamente una cerveza. Axel negó con la cabeza, sorprendido por la simpleza de los muggle. Aunque no iba a decir nada, probablemente si él estuviese muy borracho también haría esas gilipolleces. Cuando el barman se acercó a ello, Axel señaló dos cócteles que, a pesar de llamarse igual, señaló los que tenía alcohol.

-Yo me la bebo, pero sin duda alguna prefiero otras bebidas. Es muy amarga. Además, caliente es horrible. ¿Por qué me la bebo entonces, dirás? –No iba a decir que porque era barata, pues a Axel el dinero le daba igual.- Te da menos resaca. Cuando me emborracho con vino, con vodka o con ron, al día siguiente parezco un fantasma vegetal. Con la cerveza no me pasa.-Le explicó.-Aunque claro, sólo me la bebo cuando me voy de fiesta. De normal prefiero, como has dicho, vino o un buen cóctel.

El barman no tardó en servir las bebidas, primero el cóctel de la chica y luego el de Axel. Lluna se quedó impresionada después de haberlo probado y el chico no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar su veredicto. Fue entonces cuando él probó el suyo. Tenía un sabor dulce y a la vez agrio, ese típico sabor que pruebas, al principio regañas el rostro, pero después te deja un sabor tan rico que te vuelves adicto. El chico alzó las cejas mientras bebía, soltando la pajita para tragar y poder hablar. Lo sorprendente del cóctel es que por muy dulce que fuera, no empalagaba gracias a lo agrio.

-Deberías probarlo.-Movió la pajita hacia quedar señalando a Lluna, pero la rebelde pajita continuó dando vuelta a través de la copa. Axel la sujetó, colocándola bien hacia ella para que bebiera si quería.-¿Te parece si nos sentamos en uno de esos sillones hasta que no nos lo acabemos?-Señaló un sillón rojo de cuero pegado a una de las paredes.-Es mejor que este taburete con menos veinte de ergonomía.-Añadió, levantándose de allí.
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Lluna Forman el Miér Dic 03, 2014 12:27 am

La mala experiencia que Axel me contó no parecía nada del otro mundo. Una simple disputa de adolescentes. ¿No? Que sabré yo. La chica que Axel describía era bastante rara. ¿Si siempre le estaba hablando mal, cómo puede ser que le gustara? Quizás por eso lo chinchaba tanto. Cosas de mujeres… ¡Oye, que soy una mujer! Típicas frases que estoy harta de escuchar y no me paro a pensar. Puede que le costase abrirse y confesar sus sentimientos, y su única manera era la violencia verbal. Nada. No puedo excusarla. Que chica más bruta. Le pregunté si al menos la chica era correspondida, pero Axel dijo que no. Que si le gusta una chica se le nota. Lo miré atentamente a los ojos.

- ¿Y te gusta alguna chica ahora?

Casi no pestañeaba para no perderme una señal que lo indicase. Pero no vi nada y me reí de mi misma por ser tan payasa. Si le gusta alguien no me lo va a decir a mí. ¿Y si me pregunta a mi? Sería raro decir que no me gusta nadie. Contarle que he pasado un verano muy cercano a un chico de su casa tampoco es algo que quiera propagar. Porque no somos nada más que amigos. Creo.

Axel parecía interesado en mi tío, y no me extraña. Se lo he vendido bien. No he mentido en nada. Matt es mucho mejor que tener un padre. O eso creo. No me regaña, solo me explica las cosas con su infinita paciencia. Jamás me ha negado respuestas a mis preguntas. Me consiente demasiado, es algo que hasta yo veo. Y se preocupa innecesariamente por mí. Además, tiene buen gusto para vestir, para los vinos, para la cocina… Quizás es demasiado ordenado y yo amo tener las cosas donde caen.

- Matt siempre me dice que le gusta cocinar porque sabe mejor si lo prepara él. Palabras textuales. Además, se escuda en la historia. – sonreí al recordar sus explicaciones. - En la antigüedad, los magos cocinaban también. No es menos mago por cocinar. Tengo que darle la razón. Y más sabiendo lo rico que le sale todo.

Aún estamos en verano y ya estoy oliendo esas deliciosas galletas. Creo que deberíamos dejar de hablar de comida o me va a entrar hambre de nuevo, y eso que hemos cenado bien. Tanto Axel como yo parecíamos añorar el invierno. Recordando la navidad y la nieve.

- En Londres suele nevar. El día de navidad solemos ir a la mansión de mi abuela, y toda la nieve del jardín es mía. Todos los años me pongo mala, pero merece la pena.

Un resfriado no es nada. La medicina para curarlo sabe mal, pero se puede soportar si hay galletas. Por nada del mundo puedo dejar toda esa nieve intacta. Es una pena que se derrita sin que nadie la toque.

Quedamos en terminar nuestra ruta turística en un sitio donde tomar un buen cóctel. Encontramos un sitio que estaba lleno de gente, y sonaba música. Algo divertido. Entramos sin más. No conozco locales buenos ni malos. Nunca había salido a cenar y luego a un pub. Matt me ha llevado más a tomar helados o chocolate caliente, no cócteles. Nos dejaron entrar sin más. Sin ni siquiera preguntarnos la edad. En mi opinión, Axel puede pasar por adulto. No es que parezca viejo, pero los chicos con su altura, sus cuatro pelos en la cara y su voz pueden aparentar mayores. ¿Qué tengo yo? Unos pechos pequeños, una estatura normal sin tacones y una cara sin maquillar. Axel opinaba lo mismo que yo, no aparento ser mayor.

- No creo que tu varita sirva de mucho. Ya sabes, estamos rodeados de muggles. Van a creer que estás loco y que una vara de madera no es peligrosa. Que ignorantes son. – sonreí divertida.

En aquel local había gente bailando, y gritando. Un grupo de jóvenes estaba en medio de una competición estúpida que se basaba en beber una cerveza en menos tiempo que los demás. Al verlos, Axel tuvo la curiosidad de preguntar si me gustaba esa bebida. Axel si la bebía. Porque no le da resaca cuando va de fiesta. Ir de fiesta. Suena tan mayor…

- Supongo que he tomado más vino que otras cosas, y nunca he tenido resaca. Una vez bebí demasiado whisky de fuego, y tuve una vaga sensación de abandono. Como de soltura… Pero a la mañana siguiente estaba como una rosa. Soy inmune. – me atreví a decir.

Por más enrollado que es Matt, nunca me deja beber de más. En aquella ocasión no se dio cuenta porque estábamos en una reunión con más gente y me perdió de vista. Jamás he probado otras cosas. Tampoco es que me interese. La gente borracha da entre miedo y asco. Como esos vagabundos del parque donde suelo ir a leer.

- Yo no suelo tomar otra cosa que no sea vino. – probé el cóctel que el camarero me acababa de servir. – Pero está muy bueno.

Por la cara que puso Axel pude adivinar que el suyo estaba muy rico también. Será por el alto contenido de azúcar, pero podría acostumbrarme a esto. Como me ofrecía probar el suyo, le acerqué mi copa para que lo probara también. Cuando pude atrapar la pajita juguetona, di un suave sorbo. Dulce, pero no extremadamente. Le agradecí que me lo dejara probar y le devolví la pajita. En ese momento, mi nuevo amigo señaló un sillón rojo que había quedado libre instantes antes. Me apetecía mucho sentarme en un lugar cómodo, de modo que no dudé. Nos levantamos con rapidez para llegar al sillón antes que otras personas se dieran cuenta de que había quedado libre.

- Mis piernas agradecen descansar.

Posiblemente hoy había paseado más que cualquier otro día. No estaba cansada, pero notaba mis piernas un tanto agotadas. En aquel lugar podíamos hablar tranquilamente sin perder detalle de la gente que bailaba sin parar.

- Las fiestas en Hogwarts deberían ser como esto. Cócteles, música y nula supervisión.

Tomé un largo trago de mi vaso y noté como una sensación desconocida en mi cerebro. Será el azúcar. Miré a Axel con una sonrisa complacida. El día había estado genial. Había sido muy buena idea salir a cenar con mi compañero de enfermería y conocernos mejor. Es un gran chico.

- ¿Quieres bailar o algo? - me atreví a preguntar. Quizás a él le gustaba eso. A mi no se me da del todo bien.
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Axel S. Crowley el Miér Dic 03, 2014 11:25 am

Que si le gustaba alguna chica… menudas preguntas le soltaba la rubia al chico. Estaba claro que gustar era una palabra un tanto ambigua, al fin y al cabo, era sinónimo de agradar. Mucha gente le agradaba: le agradaba ella misma, le agradaba más de la mitad de su sala común, entre ellos chicos y chicas y en general muchísima gente... Por lo que esa pregunta tenía matices probablemente inexplicables. No iba a entrar en conceptos tiquismiquis, ya que todo esto era para simplemente buscar una manera de contestar, ya que ni él tenía claro cómo contestar a eso.

-Tanto como para que se me note no.-Terminó por decir, luego le guiñó un ojo.-¿Y tú qué, cotilla? Que me haces preguntas embarazosas que no sé ni cómo contestar…-Le echó en cara de manera divertida.

Los hobbies muggles estaban a la orden del día, al fin y al cabo la gran mayoría del día a día de cada mago, esté en Hogwarts o no, termina siendo extremadamente parecido al de un muggle, sin contar que pueden facilitarse algunas cosas con la magia. Axel entendía perfectamente la postura del tío y la que defendía la chica, al fin y al cabo, él pensaba igual. Obviamente él no cocinaría, pero por el simple hecho de que no sabe y no tiene intención de aprender.

El chico sonrió ante la anécdota de la rubia y la nieve y probablemente ambos se parecieran más de pequeño de lo que se esperaban. En algún momento se darían cuenta de que tenían más cosas en común de lo que parecía. O por lo menos, en el ámbito de la nieve y la hiperactividad navideña. Por lo menos cuando eran pequeños, ya que en ese aspecto Axel ha cambiado bastante.

Finalmente, por consenso común acordaron pasar antes por un pub un rato antes de volver cada uno a su casa. Había sido un día completo y divertido y sin duda no se le ocurría mejor forma de terminarlo que con un poco de música y algunas risas junto a Lluna. Por lo que parecía, el pub vendía bebidas alcohólicas, pero ninguno de los dos tuvo problemas a la hora de entrar, por lo que cualquier cosa que le sirvieran no estaba siendo responsabilidad de ellos, sino del pub. La chica se preocupó en preguntarle a Axel si éste creía que parecía mayor de edad. Axel no iba a mentirle y la verdad es que no lo aparentaba, por lo menos para él. Aunque estaba acostumbrado a vivir más de nueve meses del año con gente de su edad y menor, por lo que le costaba horrores simplemente imaginarlos mayores de edad.

-Mujer, no voy a enseñarles un palo de madera, ni un mago me tomaría en serio, me refería a usarlo contra ellos. Qué mente más poco perversa tienes…-Le dio un cariñoso golpecito en la cabeza.-Pero siempre podría metérselas en el ojo, qué luego digan que no es peligrosa…-Acompañó a la sonrisa de la rubia con otra.

Por el momento no había conocido a nadie que fuera inmune a ninguno de los encantos del alcohol, por lo que cuando la chica habló tan tranquilamente de eso, Axel la miró de reojo. El alcohol era un arma poderosa y ella por lo que decía no solía beber y encima era flaca. Probablemente el mínimo alcohol le subiera hasta límites insospechados. Quizás en su momento no le subió o bien porque bebió poco o porque bebió lo justo para coger ese puntillo divertido.

-Eso es que no has bebido lo suficiente como para emborracharte.-Sonrió el chico de medio lado.-Te llevaría al lado oscuro, pero no quiero que mañana te despiertes resacosa y tu tío me odie antes de conocerme.-Bromeó.-¿Sabes lo que me gusta? Emborracharte en sí puede hacerte hacer muchas cosas de las que te arrepientas estando sobrio… pero si las haces, es porque realmente las deseas. Es algo raro… no sabría explicártelo. Estamos llenos de prejuicios y la verdad es que  alcoholizado los pierdes absolutamente todos. Si quieres algo, lo haces. Y ya te preocuparás mañana de las consecuencias. Es una extraña sensación de libertad. Y muy divertida, la verdad es que yo no paro de reírme, hasta la más absurdez me parece el mejor chiste del mundo.-Le contó su experiencia con algo de emoción. Para él era un reto intentar explicar un sentimiento, una sensación, ya que era muy difícil trasmitir mediante conceptos una percepción propia.

No tardó en señalar un lugar que había quedado libre con un sillón de color rojo y unas mesas. Los que ocupaban dicho lugar se habían ido a bailar y de toda la vida: “quién se fue a Sevilla, perdió su silla.” Y eso era algo universal, sabido por todo el mundo, aunque Axel no supiera donde estaba Sevilla. Pero eso era un dato irrelevante.

-Las mías también, aún estaban temblando por lo del London Eye.-Comentó elocuente, luego movió la mano, declarando la broma de su premisa.-Estoy contigo. Es horrible mirar por encima del hombro de tu pareja de baile y ver a un profesor mirándote con cara de amargado. El toque de queda, la ausencia de alcohol y la aburrida música hacen de Hogwarts uno de los peores sitios para fiestas.-Agregó.

Después hubo un pequeño silencio entre ambos en dónde los dos aprovecharon para beber un gran sorbo de ese cóctel. Al contrario que el de la chica, el de Axel era bastante más pequeño, o por lo menos eso aparentaba. Así que no tardó en acabárselo de un gran sorbo. De haber tenido alcohol se lo hubiera bebido mucho más lento, pero como no tenía, se lo bebió de golpe para tener esa explosiva sensación de sabor en su boca. O por lo menos, todo esto es lo que pensaba él.

-¿Bailar? Por mí vale.-Aceptó contra todo pronóstico.-Pero he de advertirte que mi fuerte es el vals que te enseña McGonagall, así que no esperes mucho movimiento de caderas por mi parte…-Con una sonrisa en el rostro se levantó de allí y se dirigió a la zona de baile.

Miró a su amiga con ojos dudosos y justamente había empezado a sonar una canción totalmente nueva, por lo que no tendría que adaptarse a un ritmo desconocido. El chico, como bien dijo, no movió las caderas, sino que movió los pies casi arrastrándolos al ritmo de la música. De manera bastante sutil, pero por lo menos se le notaba que estaba bailando. No iba a mentir, si llega a estar borracho de verdad, la pista de baile sería suya. Pero en un estado normal como estaba, no le gustaba bailar en exceso, le intimidaba esa gente que bailaba muy bien.
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Lluna Forman el Lun Dic 08, 2014 11:37 pm

La confianza entre Axel y yo iba en aumento, por eso me atreví a hacerle aquella pregunta tan embarazosa sobre amoríos. Me contó su mala experiencia con una chica de mi casa por asuntos similares, y le pregunté si le gustaba alguna chica. Dijo que no tanto como para que se le notase. Y eso que él mismo dijo que si le gustaba una chica se le notaba. Me reí sin más por mi insolencia y por su maestría a la hora de responderme.

- Lo siento, era mera curiosidad. De ahora en adelante me fijaré en tu expresión facial a ver si se nota algo.

No sé qué expresiones deben cambiar en la cara de alguien a quien le gusta otro alguien. ¿La cara que tenía Matt cuando me habló de la chica que tropezó? No lo creo. No la volvió a mencionar ya más. ¿La cara de la abuela cuando habla del abuelo? Que perdida estoy.

Hablamos de un montón de temas y todos diferentes. Por alguna extraña razón me parecía que Axel y yo coincidíamos en demasiadas opiniones y pensamientos. Espero que no me esté dando la razón como a las locas. Por él es que he tenido la idea de hacer una fiesta en Navidad, espero que no me falle. Galletas y nieve, es el paraíso.

Nuestro recorrido por la ciudad de Londres nos llevaba sin rumbo buscando un lugar donde tomar algo. Pero no cualquier cosa, tenía que ser un cóctel de dioses. Entramos en el primer sitio que vimos, pintaba bien y la gente se estaba divirtiendo. Lo único que yo buscaba era tomar algo y cerrar de ese modo una espléndida tare-noche en compañía de un misterioso desconocido que se estaba convirtiendo en un no tan misterioso desconocido con gran oportunidad de llegar a ser un buen amigo.

El lugar estaba repleto de jóvenes y no tan jóvenes bebiendo y bailando. Lo primero que hicimos fue buscar un cóctel a nuestro gusto. Estaba claro que yo no parezco mayor de edad, pero tiene razón Axel, me han dejado entrar igualmente. Me falta muy poco para ser mayor de edad en el mundo mágico. Pero los estúpidos muggles no son mayores de edad hasta los 18. Para ciertas cosas tienes que esperar a los 21. Son tan estúpidos y retrasados con respecto a los magos y brujas. Muy amable fue Axel al decir que sacaría su varita si me decían algo. Aunque yo me reí, pues los muggles no saben el gran poder que puede salir de una varita.

- ¿Mente perversa? Se nota que no me conoces bien. – miré a ambos lados antes de continuar hablando, por suerte nadie nos prestaba la menor atención. – No soy estúpida. No quiero que vayas a Azkaban por usar magia en presencia de muggles. Puedes meterles la varita en el ojo, seguro que duele y no es magia.

Me gustaría saber cuan perverso es Axel, pero eso si que no se lo puedo preguntar. Queda claro que sus intenciones no son las más puras y santas. En Londres dijo algo sobre volar con la escoba sobre los muggles. También ha encantado al niño gritón y llorón para que se callara la boca. Qué suerte tiene, es una gran ventaja poder hacer magia fuera de Hogwarts.

Hablamos sobre las bebidas, ya que el cóctel estaba muy rico, y confesé que jamás he sufrido resacas ni nada parecido por tomar alcohol en exceso. Tampoco es que me haya desmayado al consumir demasiada cantidad, pero si me da por cantar y hacer mucho el tonto. A la mañana siguiente me levanto como si nada.

- Hoy no, pero otro día te reto. En un ambiente más pacífico. – dije mirando de reojo a los chicos que continuaban con sus juegos para beber en exceso. – Que manía tenéis todos con que mi tío os odie… - solté un bufido.

Puede que sea una broma, pero todos bromean con lo mismo. Dudo mucho que Matt odie a nadie que me haga pasarlo bien. Vale, es súper protector y no quiere que me pase nada malo. Mientras llegue bien a casa lo demás no importa.

- Entiendo lo que quieres decir. El alcohol altera nuestros sentidos, es un producto que nos hace no pensar en las razones ni en las posibles consecuencias. Pero debe ser peligroso. Puedes terminar haciendo algo que realmente no quieres hacer. – me quedé muda un instante. – Bueno, y yo que sé. Soy una jovencita ejemplar, obediente y estudiosa que nunca ha desmadrado.

No es algo que tengas que hacer, pero suena divertido. Desde una edad temprana que Matt me deja tomar vino, pero jamás he tomado demasiado. El exceso es malo, o eso suelen decirme. Algún licor en días especiales. Pero nada de beber hasta perder el sentido del ridículo. Si lo pruebo, mejor que sea en un ambiente controlado y conocido. Sonreí a la explicación de Axel. Él es más mayor que yo. Seguro que sabe cosas que yo ignoro.

Quedó un sitio vacío en un rincón que parecía cómodo. Axel y yo nos apresuramos a llegar allí antes que nadie. Estar en la barra era un tanto estresante, la gente quería pedir y beber más, y no dejaban de empujar y gritar. Después de pasar la tarde paseando, agradecí el poder sentarme. Sonreí forzadamente cuando Axel hizo alusión a nuestro pasado traumático en el London Eye. Para continuar con el alegre parloteo que habíamos tenido hasta entonces le hice fijarse en el ambiente, y al compararlo con las fiestas en Hogwarts me deprimí un poco. Axel me daba la razón, como casi todo el rato.

- Ellos lo intentan. La comida está buena y quieren que lo pasemos bien, pero es imposible. Se termina muy pronto, no hay intimidad… Y está el tema timidez. ¿Cuántas veces se queda la sala dividida entre chicos y chicas que se debaten entre bailar o seguir mirando a la nada? Es deprimente.

Yo soy de las que no quiere bailar, pero siempre tengo algo que mirar. Finalmente termino bailando con quien sea, siempre que sea de mi círculo de amistades. Axel terminó su cóctel antes que yo. El suyo parecía más pequeño. Le pregunté si quería bailar o algo, y como dijo si, creí conveniente dejar el vaso vació antes de salir a la pista. De nuevo esa sensación en mi cerebro. Estas bebidas tan dulces… No estoy acostumbrada.

- A mí no se me dan bien los bailes modernos. – señalé una pareja que bailaba sin pudor como si en realidad estuviesen en un sitio más privado y con menos ropa. Los movimientos eran rítmicos y sensuales.  – Como a ti, se me da mejor el vals. En las reuniones familiares que frecuento nadie baila así. – solté con una risita.

Me puse en pie emocionado y a la vez sintiéndome ridícula. ¿Bailar? ¿Vamos a bailar?  Bien. Movimos nuestros cuerpos hasta la pista de baile y nos hicimos un hueco.  La canción que sonaba era totalmente desconocida para mí. Miré delante, y vi como bailaba una mujer con altos tacones. Era como un niño que juega con zancos. Patética. Fijé mi vista en otra chica, que movía sus pies y sus manos, contoneando un poco la cadera. Sencillo. Me puse a imitar sus movimientos sin más, puesto que la chica estaba de culo a mí y no podía verme. Axel no lo hacía mal. Se movía un poco. Una vocecita en mi cabeza susurró: ¡que muggles! Me acerqué a Axel para poder hablarle. La música sonaba más fuerte en esa zona del local.

- Podemos tomar otro cóctel. ¿Te apetece?

La mayoría de la gente bailaba con la copa en la mano. Es muy útil. No te resecas bailando, y a su vez tienes algo divertido que hacer con las manos.
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Axel S. Crowley el Vie Dic 12, 2014 8:34 pm

No era un rostro específico el que poseía Axel estando delante de una chica que le gustaba. De hecho, probablemente simplemente fuese una mirada diferente, esa mirada llena de dulzura, encanto y deseo, una mirada que por regla general, no echa a absolutamente nadie. Axel sabía que su manera de ser no era igual que siempre cuando le gustaba una chica, porque en cierta ocasión le “gustó” una chica. Para él era indiscutiblemente inalcanzable, ya que él estaba en tercero cuando su “amor” estaba ya en séptimo. Era una Ravenclaw al que admiraba y el niño de apenas trece años se embobaba con cualquier cosa. Era inteligente, preciosa y enigmática. Cuando se graduó se le pasó al chico y de hecho probablemente hubiera sido más admiración que cualquier otro sentimiento, pero con trece años era difícil de descubrir nada de eso.

-No pasa nada. Pero no te intentes escabullir de la preguntas. Estás en… sexto, ¿no? –No se acordaba, pero creyó acertar.-Alguien tiene que haber. O serán las Ravenclaw, que siempre están cotilleando por toda la sala común sobre la gran cantidad de chicos a los que encantarían con filtro de amor.-Se encogió levemente, avispado porque la chica no contestara a su pregunta.

Una vez en el pub, Axel se ofreció a sí mismo como protector de la chica, diciendo que si hacía falta encantar a cualquier muggle, el con gusto lo haría. De allí no iban a salir a no ser que fuera por su propio pie y consciencia, no porque a alguien le diese por pedir carnet. Carnet que por lo menos él, no tenía ni ahí ni en ningún lado.

-Por desgracia no, no te conozco tan bien.-Le dio la razón, con una mirada de lo más divertida.-Qué elegante, meter un palo de madera por el ojo, voy a quedar como el más malo malote de lugar…-Ironizó con una divertida sonrisa, sin más propósito que bromear con la chica.-Pero lo tendré en cuenta.  Sería todavía más de malo malote ir a Azkaban por utilizar un Imperius sobre un muggle para que nos deje estar en el pub.-Añadió, continuando con aquella situación surrealista.

Comenzaron a hablar sobre el alcohol y sus efectos y Axel se quedó extrañado de que Lluna nunca se hubiera emborrachado. En realidad era normal, no eran de esos adolescentes alocados de Londres que cada fin de semana tienen permiso para salir de fiesta. Ellos eran magos y lo más alocado que podrían hacer en un fin de semana era colarse en Cabeza de Puerco y pedirse Whisky de Fuego. No es muy buena idea emborracharse con eso la primera vez. Aparte de odiarlo de por vida, probablemente pases un día siguiente como si fueras un vegetal en la cama.

-Vendes demasiado bien a tu tío, Lluna, algún defecto tiene que tener.-Se defendió el Ravenclaw al escuchar el bufido de la chica, luego, tras prestarle atención, se llevó la mano al mentón.-Lo cierto es que el alcohol, bajo mi punto de vista…-Recalcó antes de nada, pues habría sin fin de puntos de vistas con respecto a este tema.-Te desinhibe. Te hace ser tú mismo, una versión de ti sin vergüenza, sin inseguridades y sin miedo a fallar. Sí, probablemente hagas locuras en base a que te crees capaz de todo, no obstante, sólo te arrepentirás en el caso de que salga mal y cuando ya se te hayan pasado los efectos. Por normal general, borracho, por lo menos yo, actúo de manera mucho más…descontrolada. Ni siquiera pienso lo que hacer, simplemente lo hago. ¡Eh! –Miró a Lluna de reojo.- Yo también soy un estudiante ejemplar, obediente y estudioso, el desmadre es sólo una experiencia más. Te tomo la palabra con eso del reto.

Su amiga tenía razón con respecto a los bailes de Hogwarts. Eran de todo menos íntimos, pues tenía los ojos de los profesores en todas las esquinas. Los más divertidos de todos eran los de carnaval o Halloween, donde podías hacer todas las locuras que quisieras, que muy rara vez sabía quién había sido. Aunque respecto al baile de navidad, por ejemplo, la gente que iba sin pareja, por regla general se ubicaban exactamente como Lluna había dicho.

-Sí… las más divertidas suelen ser aquellas en las que te dan total libertad de movilidad y sin tener un toque de queda. Supongo que dependerá de la festividad. Ya veremos cómo será este año en el baile de navidad...-Dijo el chico, encogiéndose de hombros a la vez que dejaba su cóctel sobre la mesa.

Ambos salieron a la pista de baile y, tanto uno como el otro, estaban tan perdidos con aquel tipo de baile. ¿Debían de moverse los pies, la cadera, la cintura? ¿Y qué demonios hacían con las manos? ¿Dónde ha quedado la música tranquila acompañada de un baile tranquilo en dónde poder conversar? Había cosas que hacer con la boca, cosas que hacer con las manos y te movías todo el rato. Sin duda alguna, Axel tampoco tenía ni idea de los bailes muggles de hoy en día.

Axel bajó la cabeza levemente para poder escuchar a su amiga, la cual proponía la idea de tomar otro cóctel. La miró con una amplia sonrisa y sin decir nada le sujetó la mano y tiró suavemente de ella para ir a la barra. Axel le hizo una señal al barman para que repitieran en cóctel y luego se dirigió a la chica, ahora que no había tanto ruido envolviéndolos.

-Eso de bailar no se me da, por lo menos sobrio. ¿Parecía exageradamente retrasado?-Preguntó con un gesto bromista y divertido. Él ya sabía que parecía un poco retrasado, sólo quería saber cuánto.

El barman volvió a acercarse a ellos con dos copas, la de Axel volvía a hacer más pequeña, aunque no por eso necesariamente con menos contenido, era más una manera de mostrarlo que de cantidad. Batió aquel envase de metal y acto seguido los vertió en las copas.
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Lluna Forman el Miér Dic 17, 2014 12:46 am

La conversación sobre amores no es mi favorita. No me interesa mucho saber a quien le gusta quien, o quien está saliendo otro quien. Me da exactamente igual. A menos que Axel quiera contármelo. Si es así, yo el escucho. Pero me sigue dando igual. Aún así, la curiosidad me pudo y le pregunté si aquella chica le gustaba, o si le gustaba alguna otra.  Asentí cuando preguntó si yo estaba en sexto, y rodé los ojos de forma exagerada. No había entendido que él también quería saber sobre mí. ¿Qué le digo? ¿Qué hay un chico de su mismo curso al que posiblemente conoce de sobra que me gusta bastante? No, aún no es tiempo de hacer ese tipo de confesariones.

- Las chicas de Slytherin no hablan de filtros de amor, será que no los necesitan. – quise dar el tema por zanjado, pero di un paso más allá. – No me gusta ningún chico en particular. Hay muchos chicos monos en el colegio.


Quise explicarle que yo no estaba esperando al príncipe azul que me llevara a mi castillo. El hombre perfecto no existe, ni yo soy la chica perfecta. Solo quiero divertirme. Es eso lo que las chicas quieren, solamente diversión.

No imaginaba a Axel metiendo su varita en el ojo de un muggle, por más que lo intentara. Él parece el típico chico con cara de bueno, que no haría daño ni a una mosca. Las apariencias engañan, claro. Como bien dice, no nos conocemos bien y no puedo juzgarle. Pero me cae bien. Me gusta esa idea suya de lanzar embrujos a los muggles para que nos dejaran en paz.


- No creo que nadie se diera cuenta por un simple Imperius. – solté una risita al imaginarlo. – Entrada libre, copas gratis… Parece una buena idea. Eso si, tengo entendido que los presos de Azkaban no tienen visitas. No me gustaría dejar de verte.

Azkaban es un sitio desolador, lleno de dementores que succionan la alegría a todos los magos y brujas que están allí. Supongo que por eso no se puede visitar a los presos. No me gustaría que Axel estuviese en aquel lugar horrible, tan lejos. Dejé de bromear con lo de Azkaban.

Pedimos nuestras copas sin alcohol, somos menores de edad. En el mundo de los muggles no se cumple la mayoría de edad hasta los 18. A pesar de que mi dulce bebida no contenía alcohol, el tema que nos ocupaba si que contenía alcohol. Le comenté a Axel que jamás había tenido resaca. Le reté a que un día me haga beber tanto que me ponga así de enferma por la mañana y Axel se excusó alegando que no quería que mi tío le odiase. Imposible que eso pase. Y aunque le odie, Axel me cae bien, Matt ya puede ir poniendo buena cara cuando se lo presente. De nuevo me habló sobre los efectos del alcohol. Como que te da valentía, seguridad, y una falsa idea de que todo lo que hagas saldrá bien. Mejor que algunas pociones.

- Estoy deseando cumplir ese reto contigo. Pero tenemos que estar en igualdad de condiciones. Si no, no vale.


No sería divertido estar bajo esos efectos que Axel explica tan bien, mientras él estuviese sobrio y riéndose de mi. Igualdad de condiciones o no hay trato. Es lo justo.
Por el momento no podríamos cumplir el reto. En Hogwarts se celebran pocas fiestas, y todas ellas tienen varios puntos negativos. La constante vigilancia es un coñazo. ¿Coñazo? ¿Desde cuando usas tu ese tipo de  palabra?

- No me acordaba del baile de navidad de Hogwarts. Aún tengo que conseguir un vestido… - me quedé pensativa. – Eso significa tener que volver a ir de compras y es un coñazo.

Después de presentar mi total aversión por las compras en el mundo muggle, volví a la divertida charla. El lugar estaba ambientado, con música y gente bailándola. Dejamos atrás la barra y nos sentamos en un sillón. Observando a la gente que bailaba, daba la impresión de que lo pasaban muy bien. Por eso me atreví a invitar a Axel a bailar. Es tan simpático que no dijo que no. Nuestra manera de bailar no era la mejor, pero si la más original. Me encantó saber que el vals se le daba mejor. Viendo que el baile no se nos daba bien, propuse tomar otro refrescante cóctel. Tiró suavemente de mi, para salir del tumulto, y nos dirigimos de nuevo a la barra.


- ¿Retrasado? – pregunté confundida. – Claro que no. No todo el mundo baila bien. – señalé a unos chicos que bailaban sin mover los pies del suelo. Solamente estaban un poco abiertos de piernas y movían los brazos rítmicamente hacia delante y hacia atrás, moviendo a su vez la cintura y el trasero. – Esos sí que parecen retrasados.

Continué fijando mi mirada en ellos. Si su movimiento intentaba ser sexy, no lo estaban consiguiendo. Grotesca sería la definición de esa escena. Pedimos otras dos copas, exactamente iguales a las anteriores. No es bueno mezclar, o eso dicen. Aunque no contengan alcohol, es mejor que solo haya un tipo de mezcla en mi estómago. Alcé mi copa para brindar con Axel.


- Porque siempre habrá muggles que parezcan más retrasados que nosotros.

Di un buen sorbo. El ambiente allí dentro del local era caluroso, y con el pequeño baile que me había marcado, tenía la garganta seca.

- No quiero bailar más.- confesé con cara de desastre. - ¿Nos vamos?

No se me da bien bailar como los muggles, esa música moderna suya parece un accidente en una cocina llena de ollas. No quería despedirme de Axel aún, pero algún día tenía que llegar el momento. No podemos quedarnos en este bar para siempre. Y seguro que pronto lo vuelvo a ver en Hogwarts. En el campo de Quidditch, en al enfermería...
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Lluna FormanUniversitarios

Axel S. Crowley el Miér Dic 17, 2014 11:37 pm

La mayoría de los filtros de amor eran de esas chicas de tercero o cuarto enamoradas de chicos de sexto o séptimo, seres que bajo su opinión creen inalcanzables. El comentario de Lluna le hizo qué pensar: ¿estaba dando por hecho que todas las Slytherin eran chicas preciosas sin necesidad? ¿Qué tenían mejores cosas que hacer? ¿Qué no se interesaban en chicos? Lo primero que se le pasó a Axel por la cabeza fue: “son demasiado inteligentes como para utilizar un maldito filtro para que otra persona se enamore de ti”, además de que tener a alguien detrás de ti todo el rato debe de ser incluso molesto.

A la chica tampoco se le veía tan cómoda hablando del tema y Axel se percató no porque la conociera, sino más bien porque no estaba tan suelta como cuando hablaban de cualquier otra cosa. Porque a lo tonto, han hablado de montón de cosas, incluso filosofado.

-Chicos monos e incluso monos. Mi compañero de cuarto tiene uno… es insoportable. Te deseo una vida próspera y alejada de monos capuchinos…-Comentó Axel con un gesto de lo más afable, dando el tema por zanjado por comodidad de ambos.

Un Imperio… dos imperios… ¿Quién iba a darse cuenta? Él ya no tenía la varita registrada, ni tampoco el localizador. Era, por decirlo de alguna manera, “un alma libre”, aunque todavía tuviese que sacarse el graduado. Obviamente tenía muchas más metas que ir a Azkaban, por lo que hacer un Imperio con diecisiete años no estaba en sus planes. Quería hacerse rico y famoso antes de ir a Azkaban.

Tras un gran paseo, ambos llegaron a la etapa de la despedida, acordando que la mejor despedida sería tomándose un cóctel. Axel en un principio le daba igual tomar alcohol o no, pero en vista de que ambos eran menores, decidieron ir por lo sano. Por si acaso. Lo que ellos no sabían es que, erróneamente estaban tomando algo que no se esperaban, algo que tarde o temprano iba a ser un poco de mella en el asunto. Mientras bebían y hablaban salió el tema de las borracheras y Axel no pudo evitar hablar de ello. Le encantaba emborracharse, no iba a negarlo. Como había dicho Lluna, él también era un chico serio, estudioso y que rara vez pierde la cabeza con nada. El beber el gustaba, porque era algo insano, pero no tan insano como otras cosas. Además de ser súper divertido, claro. Finalmente Axel terminó retándola y, sin duda, su condición era más que aceptable.

-Claro que sí Lluna, si tú caes redonda por estar borracha, yo voy detrás.-Sus labios se ensancharon en una sonrisa, guiñándole un ojo con confianza.

Él no lo notaba a primeras, pero se estaba volviendo más gracioso y quizás más bromista, aunque sólo bajo su punto de vista. No le habrá pasado en muchas ocasiones, estando borracho, pensar que ha dicho una gran y sensacional anécdota graciosa, reírse él solo y ver cómo todo el mundo le mira como si fuera la oveja negra. Sonrió mientras asentía ante lo del baile de navidad. Él tampoco era muy de bailes, lo tenía bastante quemado después de ocho años, que no siete. Era uno de los pocos que podría presumir de haber ido a ocho bailes de navidad de Hogwarts… menudo logro.

-Siempre puedes improvisar algo mentalmente. A veces un Indure Vestem te saca de muchos aprietos.-Dio como opción el mago.-Este Halloween ten por seguro que no me curraré manualmente mi disfraz…-Se encogió de hombros. No siempre los Indure Vestem salían bien, pues todos nos habíamos dado cuenta de que la imaginación muchísimas veces es superior a la realidad. Pero no perdía nada por intentarlo, podría llegar a sorprenderse.

Por suerte para Axel, que no le importaba bailar, la chica decidió que había sido suficiente. No le importaba bailar, pero prefería no hacerlo cuando no tenía ni una pizca de idea de ello. El Ravenclaw no tardó en sujetarla de la mano para volver a la barra, donde volvieron a pedir lo mismo. El camarero no tardó en servírselos y el chico brindó con la rubia justamente por lo que había dicho. Siempre quedarán los muggles, recordándonos que en ningún momento seremos tan ridículos como pensamos; ellos siempre serán peores.

Tras beber un sorbo bastante grande, la chica dijo que si se iban ya. A Axel le pareció una buena idea. Se lo había pasado en grande y no llegaría tarde al hotel, por lo que no le daría un motivo a la hermana para cabrearse con él.

-Claro. Espera que me lo termino…-Metió la pajita entre sus labios y sorbió, sin prisa pero sin pausa. El cerebro lo sintió congelado, como si pequeñas partículas de hielo se hubieran extendido por todo su cráneo. Frunció el ceño y dejó, tras unos largos segundos, la copa sobre la barra.-Vamos.

Caminaron hacia la puerta hasta salir, en dónde el chico sintió como los sonidos parecían chocar con una capa invisible en su oído, haciéndolos mucho más débiles. Tenía los oídos taponados. Así mismo sintió como un frío recorrió todo su cuerpo, introduciéndose por los pequeños recovecos abiertos de su ropa: la entrada de la manga, del cuello, los pies… Un escalofrío hizo aparición debido al cambio repentino de temperatura y sonrió a la chica. Comenzaron a caminar en una dirección aleatoria para irse de la entrada del pub y, de repente, Axel se paró. Miró a la rubia con el ceño fruncido.

-¿Pagaste tú?-Preguntó divertido.-Porque yo no.-Soltó una carcajada, ya que tampoco recordaba haber visto a la rubia pagar.-Sin duda, si no vamos a Azkaban terminaremos yendo a una cárcel muggle. ¿Cuándo me junté con una vándala?-Añadió a la par que le daba un golpecito, inofensivo y juguetón, con su cuerpo a su hombro, de lado.

Llegaron al final de la calle, donde se producía un cruce. Miró para ambos lados y reconoció una biblioteca. La reconocía porque era el camino que seguía para encontrar el dichoso hotel de su hermana, escondido en lo más profundo de todo Londres. Miró a la rubia.

-Para allí está el restaurante dónde almorzamos…-Se ubicó…Y que él sabía que ella vivía por la zona.- por lo que aquí se separan nuestros caminos, pequeña.-Sonrió de medio lado.-Me lo he pasado muy bien.-Se agachó para darle un beso en la mejilla de despedida, pero entre ambos pasó una extraña sinergias de movimientos que hicieron que ambos se movieran para el mismo sitio, en donde casi se dan un beso. En ese momento, sí que los dos parecieron retrasados intentando buscar la manera de dar y recibir un simple beso en la mejilla. Luego, con la cara roja o bien por haberse ruborizado o bien por intentar contenerse a la risa, alzó el dedo para señalarle con el índice.-Asegúrate de convencer a Matt con lo de la fiesta.-Alzó las cejas mientras caminaba de espaldas.-¡Y la próxima vez tu a la izquierda y yo a la derecha!-Rio con diversión.-Nos vemos Lluna.  

OFF: Cierro ya que llevamos montón de tiempo. Además entre Navidad y la fiesta te vas a cansar de mí jaja.
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