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Caravan Palace {William O'Connor}

Natalie Corvin el Mar Jul 22, 2014 1:39 am

Después de la última vez que salí mis padres me había castigado sin salir durante una semana. Fue doloroso (merecido, pero doloroso), sobre todo porque no valía sólo con eso, sino que tuve que hacer todas las tareas de la casa yo sola. Por suerte puedo utilizar magia fuera del colegio y las cosas fueron mucho más llevaderas, más me tenían trabajando como una negra y aprovechaban la mínima para seguir añadiendo cosas al supuesto castigo.
Una semana después mis amigas asaltaron mi casa a eso de las seis de la tarde, convenciendo a mis padres de que una semana había sido suficiente para que mi rebeldía se hubiese visto escarmentada y que le prometían a mis padres vigilarme en todo momento para no terminar a saber dónde y con quién. La verdad es que el alcohol me hace mucho daño, soy de esas personas que pierde totalmente el juicio y sólo y sencillamente se deja llevar por los impulsos más puros del cuerpo. ¿Pensar? Si no pienso estando sobria, ebria mucho menos.
Mis amigas, Sophie, Leah y Charlie consiguen convencer a mis padres y suben conmigo a mi habitación para elegir mi ropa para ir a nuestro pub favorito. Es un pub en Londres, situado por la zona mágica de ésta y es que la gran mayoría de los que lo pisan son magos y brujas de la zona. Mi padre es uno de los pocos sitios que “bendice” para que pueda ir, ya que odia que vaya a lugares muggles. Uno de los muchos motivos por los que me castigó hace una semana. Deciden vestirme con un bonito conjunto, haciéndome un recogido bastante sencillo y pintándome únicamente la raya del ojo.
Salimos de mi casa y tardamos aproximadamente una hora en llegar a nuestros destino, a eso de las 22:00 ya estamos en aquel pub, llamado Caravan Palace. Es pequeño y su decoración es mayormente de los años ochenta, posee cierto carácter de la época rockabilly y la música que ponen es sumamente adictiva. Mis amigas y yo casi siempre hemos venido aquí, por lo que también es casi la única música que puedo bailar fluidamente. O más bien, sin parecer un pato mareado. La bailo, dejémoslo ahí.
Nos sentamos en una esquina, pues tenemos suerte en encontrar el sillón curvado con mesa en el centro libre, arrebatándoselo a un grupo de chicos que por poco se nos adelantan. Como somos chicas, ni se pelean por conseguirlo y simplemente ceden en dejárnoslo. Nos pedimos como siempre unas cervezas, menos mi amiga Charlie, es un poco tiquismiquis y odia la cerveza. Yo no podía encontrar una bebida mejor que esa; la de mantequilla estaba sobrevalorada. ¿Acaso han probado la muggle? Me encantaba que aquel lugar tuviera cosas de ambos mundos.
Comenzamos a jugar a los típicos juegos para beber rápido, pero la música atronaba cada uno de nuestros sentidos y muchos de los presentes salían a la pista de baile a demostrar sus dotes en aquel tipo tan elegante y divertido de baile que, para mi gusto, era uno de los más atractivos que encontraba. Aparte del tango, pero eso es un hecho refutable. El tango es, un hecho universal, el baile más sensual. Luego venía este, acompañado de ese toque despreocupado y divertido que tanto me gustaba, por lo que cuando todos salieron a la pista formando una gran muralla que me impedía ver desde mi posición, me levanté de mi sitio dejando la cerveza para acercarme y abrirme paso.
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Invitado el Sáb Ago 09, 2014 9:12 pm

¿Que siendo viernes tendría que quedarse hasta tarde en el trabajo? Estaban TODOS locos de remate, sobre todo Ryan, si pensaban que William aceptaría aquel trato diabólico después de una semana tan estresante como la que acababan de terminar, ¡ni loco! Así, cumpliendo con su horario establecido salió del Ministerio a eso de las seis con dirección a su casa, con un par de reproches de fondo de su amigo, recordándole lo poco trabajador que era, a lo que éste le contestó con un simple y sonriente: ¡Que te sea leve!

Su plan sería prepararse y salir pitando, ya que había quedado con sus amigos más allegados (excepto Ryan, que había decidido quedarse en el Ministerio, a pesar de las insistencias de William), en uno de los sitios más increíbles de la ciudad de Londres desde el punto de vista de éste y aquel al que siempre se escaba todos los fines de semana que podía, el Caravan Palace. Si mezclabas buena música, con un ambiente inmejorable y un servicio impecable salía el nombre de aquel garito al que tanto se había aficionado Will desde que lo habían inaugurado y donde había pasado muchos de los mejores momentos de su vida.

A decir verdad, por norma general, William no solía prestar demasiada atención a su vestimenta, pero aquel día era especial (sin ningún motivo en particular, para William había días especiales porque sí, por ejemplo porque te toquen todos los semáforos en verde o porque al coger caramelos en la recepción del Ministerio te tocaran los de fresa, sus preferidos), por lo que al percatarse de que aún le quedaba tiempo, decidió ponerse más guapo de lo normal, aunque para qué engañarnos, eso era casi misión imposible. Nunca estaba mal ser un poco coqueto de vez en cuando. Quién sabía, igual conocía a la amor de su vida esa noche y tenía que estar presentable para la ocasión. Tras una hora con una cosa y otra se miró al espejo satisfecho, asintiendo enérgicamente y colocándose los últimos complementos como el reloj de su padre. - Estás increíble William, da envidia cómo te conservas. - Se elogió a si mismo, soltando una pequeña risa por su autopiropo. Caché

Al llegar ya estaban presentes dos de sus tres amigos, por lo que aprovecharon para tomarse la primera copa de la noche y charlar animadamente sobre cómo les había ido la semana. No obstante, este rato no duró mucho, ya que al comenzar a sonar la canción preferida de William este no pudo evitar que sus pies comenzaran a moverse de una forma pegadiza y divertida. Con la mirada atenta de sus amigos, ambos riendo por su actuación, William fue poco a poco metiéndose en la pista de baile, convirtiéndose de la misma forma en el centro de atención en cuanto comenzó a dejar a relucir sus dotes de bailarín. Al darse cuenta, Will tendió su copa a uno de los allí presentes y se remangó la camisa para luego desvelar sus habilidades más elaboradas sobre lo que a Electro Swing se refería, dejando a la mayoría con la boca abierta en cuestión de segundos y provocando que éstos le siguieran el ritmo con aplausos animados y sonrisas entretenidas. Bailaría un rato más y saldría a descansar un poco, ya habria tiempo para disfrutar de todo aquello, la noche era joven.
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Natalie Corvin el Sáb Ago 09, 2014 9:57 pm

Me abro paso a través de la gente para poder ver bien a esa especie de hipnotizador visual que ha dejado a todo el mundo en shock. O por lo menos acomplejados, ya que muchos han dejado de bailar para verlo a él. Personalmente me encanta ver a las personas bailando rock, swing y todo este tipo de bailes, ya que es algo que puedes observar durante horas sin cansarte.
Me llevo una gran sorpresa al conseguir ver a aquel hombre bailar de esa manera. Tiene un arte para mover los pies y las manos tan independientemente del resto de su cuerpo que da envidia. Además es un movimiento de lo más acompasado con el ritmo de la música, por lo que parece que conoce perfectamente la canción que está sonando. Me uno a la multitud a dar palmadas para seguir el ritmo y animar al misterioso chico, que desde mi posición me percato de que está realmente bueno. Pero paro de aplaudir cuando el hombre deja de dar la espalda a nuestra zona y veo su cara. Él no repara en mí, pero es evidente, aparte de que está concentrado no creo que recuerde a una alumna que conoció de paso en Hogsmeade.
-¿Y si te recojo la baba, cariño?-Me pregunta mi amiga, que sabe que tengo debilidad por la gente que baila tan bien. Lo gracioso es que ella no tiene ni idea de que lo conozco. Yo sonrío ante su broma y le doy un golpe de trasero para desestabilizarla. Más divertido que vengativo, ya que siempre estamos con coñas como esas. Si es por ella, yo babearía por todo el mundo que baila bien.
Cuando la canción que suena termina y William termina perfectamente su baile, un atronador aplauso suena por todo el local en su honor, al cual yo me uno. Cuando me dijo en su momento que bailaba muy bien, no me mintió. Aunque también dijo que si lo veía bailar me enamoraría. Se pasó con eso. Te pasaste, William. Además, si no recuerdo mal incluso me dijo que era este tipo de música. El mundo es un pañuelo, pero no quiero pensar en qué nos convierte eso a nosotros. Muchos fueron a decirle lo bien que bailaba y yo hago el amago de irme para que mis amigas se vayan a la mesa, pero no tengo intención de ir. No sin antes hablar con él. Había sido muy agradable conmigo, ¿qué menos que saludarle y ver cómo le va? Además, tengo que reconocerle aquello en lo que dudé cuando me dijo que bailaba muy bien.
Cuando camina de camino (válgase la redundancia) al grupo con el que parece estar, yo acelero el paso para llegar hasta él antes de que llegue a ningún sitio. Le sujeto por el brazo suavemente para llamar su atención y que se dé la vuelta. Como hay otra canción sonando en el local, me acerco a él para hablarle tras sonreírle.
-¿Te acuerdas de mí?-Asumo que sí, ya que por su rostro no parece lo contrario y me acerco a darle dos besos, uno en cada mejillas. Me he acostumbrado a saludar a mis conocidos así. Aprovecho para quedarme cerca de él y poder hablarle sin gritar-Tenías razón, bailas muy bien. Me veía en la obligación de hacértelo saber en base a mi escepticismo en Hogsmeade.-Sonrío y luego me hago hacia atrás con unos pasos, esquivando a una camarera que iba en patines. Aprovecho para desviar la vista hacia la zona en dónde estaban mis amigas-Bueno me esperan... me ha gustado volver a verte, William. Y me debes un baile, a ver si se te da tan bien en pareja como en solitario, que no eres el único que sabe bailar.-Le saco la lengua y me doy la vuelta para volver con mis amigas, las cuales me están mirando como si estuviera hablando con un Adonis o algo por el estilo. O... qué digo, más bien le están mirando a él.
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Invitado el Jue Ago 14, 2014 8:07 pm

Aquella noche tenía pinta de que iba a ser más entretenida e interesante que las anteriores. William había irrumpido en el local con una energía y un ánimo propios de él cuando terminaba su jornada de trabajo y al contrario que otras veces había decidido romper el hielo demostrando sus dotes en la pista de baile. Como de costumbre, los allí presentes disfrutaron del espectáculo acompañando sus pasos con aplausos animados y caras de sorpresa, a pesar de que muchos de los que estaban allí ya le conocían. Y no era para menos, era exagerado decir que William iba todos los fines de semana al Caravan Palace, pero no lo era decir que solía ir bastante a menudo, por lo que se había convertido en un cliente habitual al que muchos le tenían bastante cariño. - Bueno qué. - Se acercó a uno de sus amigos, colocándole uno de los brazos por encima en señal amistosa. - ¿Me vas a invitar a algo de beber o dejarás que muera deshidratado? - Le dijo con una sonrisa cómplice. - Me vas a arruinar O'Connor. - Le contestó, aunque con una sonrisa en los labios. - Anda no exageres, a la próxima invito yo. - Éste, satisfecho con su propuesta, dejó solo a William y se dirigó a la barra en busca de un par de bebidas con las que amenizar la noche que les quedaba por delante, así que éste decidió esperarle con el resto de sus amigos, que se encontraban en la mesa de siempre, en una esquina del local.

No obstante, William no llego a encontrarse con ellos, ya que alguien llamó su atención con un gesto suave pero llamativo, lo que provocó que éste se diera la vuelta para ver quién era, esperando a la típica chica que solía acercarsele para piropearle por lo bien que bailaba.

William no pudo disimular su cara de sorpresa al ver de quién se trataba. - ¿Natalie? - Sus ojos, visiblemente abiertos, no paraban de mirarla, mientras una sensación extraña le recorría el cuerpo. Incluso hubiera jurado que se le puso la piel de gallina, inmerso en la emoción del momento. William recibió con gusto los dos besos de la chica, pero apenas escuchó lo que decía. A pesar de todo una sonrisa de oreja a oreja invadió su rostro mientras sus ojos aniñados volvían a su estado original. Una vez había vuelto en sí, William adoptó su postura bromista y social de siempre, recibiendo contento el piropo de Natalie. - Te lo dije, yo nunca miento. - Después de que pasara una camarera en patines, éste colocó una mano sobre el hombro de su acompañante aún con aquella estúpida sonrisa en la boca. - Me alegra mucho verte. - Se sinceró, notando cómo miraba a su grupo de amigas y mirando él también en aquella dirección. - ¿Estás con ellas? Parecen divertidas. - Les dedicó a estas una sonrisa amigable, al notar que no paraban de mirar hacia ellos. - Y cotillas también. - Le susurró al oído divertido, en modo cómplice. Entonces una tristeza extraña le invadió cuando Natalie dijo que volvía con sus amigas, pero no entraba dentro de sus planes estresarla y mucho menos incomodarla, por lo que dejaría que se fuera y más tarde, si aún seguían ambos allí, se plantiaría si retomar la conversación con ella, cosa que, por qué negarlo, le encantaría.

Así, él hizo lo mismo, encontrándose con el que había ido a por las bebidas por el camino. - ¿No vas a presentarmela? - William conocía muy bien esa pregunta tratándose de su amigo Mike, por lo que no dudó en dejarle claro que no tenía ninguna oportunidad con ella. - Se llama Natalie y está fuera de tu alcance. - Le dijo con un tono serio pero calmado. - ¿Eso significa que es para ti? Siempre igual, eres un egoísta... - William le ignoró por completo, cogiendo su bebida de una de sus manos y mirándole con cara de "es lo que hay" y encogiéndose inocentemente de hombros, mientras se unían al resto del grupo.

Los minutos y las horas pasaron lentamente, debido a que William no paraba de mirar al grupo donde se encontraba Natalie, por mucho que se preocupara en negarlo era obvio el hecho de que ella estuviera allí, bajo el mismo techo que él, lo desconcentraba y mucho, por lo que a las dos horas decidió dar el paso. No podría soportar mucho más si seguía allí solo mirándola, estaba tan guapa aquella noche... Incluso parecía mayor, en comparación con el día que la conocía. Además, la mentalidad romántica de William no paraba de jugarle malas pasadas haciéndole pensar que el destino los había hecho encontrarse y que eso era una señal. Una señal de que era un poco pederaste, eso si.

Se dirigió a la zona donde estaba el DJ, pidiéndola una canción en concreto y, con todos aquellos pensamientos rondándole la cabezo, llegó por fin a donde estaban, dirigiéndose directamente a ella, que en ese momento permanecía callada observando la conversación de sus amigas desde una punta del sillón. - ¿Me concede este baile, señorita? - Le preguntó cortésmente, mientras se inclinaba un poco y le enseñaba la mejor de sus sonrisas, esperando por su puesto un sí por su parte, ya que en caso contrario podría despedirse del local y de su orgullo por bastante tiempo.
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Natalie Corvin el Vie Ago 15, 2014 8:05 pm

El encuentro con William había sido muy agradable, ya que no esperaba encontrármelo en ningún otro sitio. Había sido muy amable conmigo en Hogsmeade pero no esperaba volver a verlo nunca más. Era de esas personas que aparecen un día, te dan un buen día y con la misma desaparecen para siempre. Más o menos como todos esos alumnos con los que te encuentras por los pasillos de Hogwarts de vez en cuando, te presentas y no vuelves a saber de ellos nunca más. Sabiendo cómo era William, alguien “mayor” con un trabajo y media vida resuelta, ni esperaba verle nuevamente en Hogsmeade y mucho menos en un local cómo aquel. Ese sitio es conocido por muchos magos y la verdad es que en un principio pensé que era más de restaurantes elegantes y pubs alternativos con música tranquila en dónde poder hablar. Sin embargo, no creo equivocarme cuando digo que parece que lo he visto totalmente en su “salsa”.
Después de todo, yo he ido allí para pasar una divertida noche de fiesta y borrachera con mis amigas, por lo que no dudo en despedirme rápidamente de él, volviendo con, según él, “las cotillas”. La verdad es que todas lo somos, no iba a negarlo. Nos gusta más criticar cualquier cotilleo que cualquier cosa y mucho más cuando estamos bajo la influencia de unas cuantas cervezas o vodka. Aun así, me es imposible no apartar la mirada de vez en cuando hacia la zona dónde estaba William. Sólo por saber qué estaba haciendo.
Había empezado la noche bebiendo cerveza, pero en cierta ocasión en dónde jugando al piedra papel tijera le tocó a Charlie ir a por la siguiente ronda, como a ella no le gusta la cerveza, nos invitó a todas a una copa de vodka con dos sustancias más que desconocía, pero que proporcionaban a la bebida un color lila de lo más apetecible. Entre todas empezamos a jugar al típico juego excelencia para beber: el “yo nunca”. Las carcajadas que salían de nuestra mesa no eran ni de lejos normales, sobre todo después de esa copa extremadamente cargada de ese líquido infernal que casi posee el 100% de alcohol. Luego nos levantamos a bailar, pero no tardamos en volver porque a una de mis amigas le duele los zapatos de los tacones. No me explico por qué se los ponen si no saben soportarlos. Después de aquella copa no se me apetece tomar más en dónde cuyo contenido pueda curarme una herida. La sensación de resaca al beber vodka o ron es asquerosísima comparada con la de beber cerveza, por lo que siendo tres a una, volvimos a pedirnos un botellín de cerveza. Esta vez me tocó a mí ir a por ellas, por lo que al volver me quedo a un lateral, atendiendo pasivamente a la conversación que tienen mis amigas. Intentando buscar el momento en dónde pillar de lo que hablan o intentar aportar algo para meterme en ella. No obstante, nada más tomar el primer sorbo de mi nuevo y refrescante botellín, siento como una presencia se coloca a mi lado y todas mis amigas me miran impresionada, habiendo cortado totalmente su conversación. “Son muy buenas disimulando, ¿ya lo he dicho antes?” Me giro y veo a William con una encantadora sonrisa pidiéndome un baile. No esperaba que lo hiciera, pues seguramente estaría divirtiéndose y ocupado con sus amigos o  compañeros, pero aun así no puedo evitar que en mis labios se dibuje una pequeña curva cóncava de lo más risueña. Dejo sobre mi mesa la bebida y me levanto.
-Concedido.-Le digo con un guiño, pasando por su lado hacia la pista de baile.-Aunque sólo para ver si eres tan bueno acompañado cómo solo.-Lo miro con una mirada que transmitía un reto. La canción que acababa de empezar no la conozco, pero sé que la he escuchado anteriormente e incluso que la he bailado en aquel mismo lugar. Le ofrezco la mano a William pero él en vez de cogérmela se acerca a mí colocando una mano en mi cintura y cogiéndome justo la otra, empezando a moverse tan rítmicamente con las piernas que al principio me cuesta seguirlo. Teniendo en cuenta que hoy sólo he bailado con mis amigas, me veía en clara desventaja en cuanto a entrenamiento. Sin embargo, como en aquel principio cada uno estábamos en frente al otro, de vez en cuando le miraba entre giro y giro sonriente ante lo bien que podía llevarme. En cierta ocasión se separó de mí y comenzó a girar, yo hice lo mismo y no me hizo falta ver sus siguientes pasos básicos para saber imitarle justo a su lado de una manera que incluso parecíamos uno sólo, mientras sonreía tanto que parecía que se me iban a estallar las mejillas. Vuelve a acercarse a mí y lejos de sujetarme la mano, me sujeta sólo por la cintura, permaneciendo casi pegados, pero moviéndonos todavía al ritmo de aquella increíble música.
Estaba exhausta casi al final del baile, pero si fuera por mí no pararía nunca. Jamás he bailado con alguien que lo hiciera tan bien y era muchísimo más divertido que verlo o bailar sola. Cuando la canción termina, termino con mi brazo entre él suyo doblado a la altura de su cintura. No sé cómo termina ahí, pero estoy segura de que es obra suya todos mis movimientos. Le estoy mirando a los ojos, pero es entonces cuando escucho cómo nos empiezan a aplaudir. “William tiene un arte para ser el centro de atención…” Me separo de él y miro hacia en frente, viendo a mis amigas con una cara de envidia que no se las quitaba nadie. Menos Charlie, ella estaba aplaudiendo emocionada. Yo sonrío con algo de timidez y, acalorada, no se me apetece ni contestar preguntas de mis amigas ni sentir como la gente te da la felicidades. Cojo a William de la mano y le hago hacer una reverencia conmigo dándole las gracias a nuestro público, para luego sin soltarle la mano sacarle de aquella muchedumbre.
-¿Prefieres invitarme a una copa por el pedazo de baile que acabo de hacerte disfrutar...-sonrío en medio de la pregunta-o prefieres coger aire afuera? -añado, alzando una ceja y abanicándome con la mano.
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Invitado el Vie Ago 22, 2014 8:15 pm

A pesar de que imaginaba que su respuesta sería la esperada no pudo evitar sentirse emocionado ante el hecho de que aceptara bailar con él. Su alegría en aquellos momentos rozaba la locura y no trataba de ocultaro en absoluto, aquella noche no estaba en sus planes ocultar ni aguantarse nada por vergüenza o el qué diran. Una vez Natalie se levantó para ir con él a la pista de baile, éste hizo una pequeña pero graciosa reverencia en dirección a sus amigas. – Sólo os la robaré un instante. – Éste rió cómicamente, guiñándoles un ojo. La cara de las amigas era todo un poema. Suponía que estaban acostumbradas a que todo tipo de hombres se acercaran a ellas para invitarlas a una copa o a bailar, tal y como él acababa de hacer, pero aún así al parecer aquello les había pillado por sorpresa, lo que en parte alentaba a William a seguir haciendo lo que le apetecía sin importar qué ni cómo. Aún así no iba a negarlo, la tasa de alcohol en su cuerpo a aquellas horas de la noche también habían sido un aliciente bastante efectivo para atreverse a acercarse, pero no tenía nada de malo, sólo le había dado el pequeño empujón que necesitaba ya que en cuanto a facultades físicas y psíquicas se encontraba perfectamente. – Prometo no decepcionarte. – Le dijo, cogiéndola de la cintura y a su mano a la vez.

Una vez comenzó a sonar la canción que William le había pedido al DJ que pusiera minutos antes, éste comenzó a moverse al son de la música, de forma pausada pero divertida, invitando a Natalie con la mirada a que le imitara, sin dejar de agarrarla. Al principio eran unos pasos un tanto torpes, descoordinados y principiantes, pero en poco tiempo éstos pasaron a ser casi completamente perfectos. William pudo notar al principio algo de vergüenza e inseguridad en Natalie, pero no tardó en disipar todas sus dudas con un par de sonrisas de su parte, asintiendo cada vez que ésta demostraba pasos nuevos. Así, la gente, atraída por al profesionalidad y el buen espectáculo no tardaron en poner toda su atención en ellos dos. Era algo muy común en el Caravan, que solía hacerse en cuanto alguien destacaba un poco más que la mayoría. Pronto, William y Natalie se convirtieron en uno solo. Sus pasos se coordinaron de tal forma que los espectadores no paraban de aplaudir cada vez más animados.

En esos momentos William hubiera jurado que estaba experimentando una felicidad plena. Nunca había bailado de esa forma con nadie, la mayoría de las chicas que fardaban de ir a locales como esos acababan por hacer los pasos más simples y básicos, acabando rápidamente con la atención de William, pero Natalie era diferente a todas ellas. Lógicamente no tenía tanto bagaje como él, por el simple hecho de que él había ido muchos años a clases de baile cuando era más pequeño, pero lo llevaba el sangre, como él y solo había que ver cómo se movía para darse cuenta.

La canción terminó más pronto de lo esperado y con ella los aplausos. El público volvió a lo suyo y ellos volvieron a la realidad, exhaustos pero con una sonrisa de oreja a oreja, que denotaba la felicidad que ahora les embargaba. - ¿Qué te parece ambas? – William volvió a agarrarla de la mano y ambos se internaron de nuevo en la muchedumbre para pedir algo en la barra. Como no podía ser de otra manera William invitó a su acompañante y pronto se encontraron en una terraza que pertenecía al mismo local, pero que ni de lejos era tan ruidosa como la zona interior. De hecho se podía disfrutar de una tranquilidad bastante acogedora y lo que era más importante, de unas vistas bastante aceptables de Londres. William se apoyó en la barra de hierro y tomó un sorbo de su bebida. – Ya que estamos de confesiones… Admito que tu tampoco lo haces nada mal. – Una sonrisa risueña dibujó su rostro y Natalie se unió a él, acercándose hacia donde estaba apoyado.

Ambos se quedaron unos segundos en silencio, admirando la ciudad de Londres iluminada por las farolas. - ¿Vienes mucho por aquí? Nunca te había visto, ya que de haberlo hecho me acordaría. – Sí, se podría que decir que aquello había sido una especie de piropo de novato. E incluso el mismo William esperaba más de si mismo. Entonces apartó la mirada del paisaje para mirarla a ella, que se encontraba a su lado. A la luz de la luna y las pocas bombillas de la terraza las facciones de Natalie se tornaban algo difusas, pero aún así se podía apreciar la perfección de las mismas. Embelesado por aquella imagen volvió a desviar la mirada para mirar al cielo esta vez. No se divisaban demasiadas estrellas, pero si algunas que conseguían hacer del cielo una vista bastante bonita. - ¿Qué tal terminó el curso, por cierto? – Se interesó, al recordar que estudiaba en Hogwarts. Aquel recuerdo le produjo sentimientos contradictorios, ya que percatarse una vez más de la diferencia de edad entre ambos le hacía sentirse distinto y a la vez incómodo. No obstante, esta vez no iba a dejar que ningún pensamiento de pacotilla le arruinara la noche y menos una tan perfecta como lo estaba siendo aquella, sin nada realmente especial excepto una agradable compañía y una buena bebida. Definitivamente era cierto aquello de que la felicidad estaba en las pequeñas cosas y esa noche estaba siendo testigo de ello.
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Natalie Corvin el Dom Ago 24, 2014 7:29 pm

Veo las caras de mis amigas nada más terminar de bailar y no soy capaz de evitar sonreír. Son unas envidiosas y la verdad es que no se los echaría en cara. William es guapo y ellas unas egocéntricas, se pican continuamente porque no son el centro de atención o alguna de las demás parecemos tener más protagonismo que ellas. Es estúpido, pero nunca he dicho que mis amigas sean demasiado inteligentes.
Contenta y con una imborrable sonrisa en el rostro, no quería volver con ellas para ser la víctima de montón de preguntas incómodas e innecesarias. Aprovecho que William aún está a mi lado y le doy dos opciones. Él, tan caballeroso como siempre, decide que las dos opciones es la mejor combinación. Yo no me quejo lo más mínimo y dejo que tire de mí, pasando a través de toda la muchedumbre de gente de aquel local, abriéndonos camino hasta la barra.
Me apoyo en ella con ambos brazos y pido una cerveza. Las copas terminan por hacer que me duela la cabeza. Él me invita y me da el botellín. Ambos salimos a una pequeña terraza que en aquel momento estaba bastante tranquila. En el interior habían puesto una canción bastante famosa, por lo que la gran mayoría estaban bailándola. Su confesión me hace sonreír y acorto la distancia hasta quedarme a su lado, apoyándome en la barra de metal. El contacto del metal frío con la piel desnuda de mis brazos me hizo sobresaltarme, por lo que me doy la vuelta y la parte baja de mi espalda es la que se apoya contra la barra, quedándome casi en frente, pero a su lado. Es mucho más fácil hablar así con él.
-¿Acaso lo dudabas, pequeño?-Sonrío ladeadamente.-Hombre de poca fe.-Me llevo la boquilla de la botella a la boca y bebo un sorbo mientras le miro.-No soy tan profesional como tú, pero sólo tenía que dejarme llevar por ti. Impresionante. Yo aprendí aburriéndome en mi  casa por cuenta propia. Tú has ido a clase, ¿no? –Pregunto, sosteniendo la cerveza por la boquilla para que no se me caliente. No se me apetece beber pis con gas. A él se le nota que ha ido a clase, no por otra cosa que al limpieza de sus movimientos, parece que las manos y los pies son dos cosas totalmente distintas.
El comentario de William fue cuánto más gracioso. No evito reírme, por lo que me sale una divertida risa mientras miro al cielo. Parece uno de esos intentos de ligue que utilizan los alumnos cuando te ven en salón de duelos y te saltan con ese tipo de preguntas y comentarios que creen elocuentes. En ellos parece patético, en William acaba de quedar muy simpático, pues dudo mucho que ligue con una chica a la que le saca más de diez años.
-Obviamente. No podrías olvidar alguien que baile tan bien. Te quedarías embelesado con mi gran talento.-Comento con ironía. Entrecruzo las piernas y vuelvo a beber de mi cerveza.-Suelo venir bastante, aunque evidentemente no todo el año, solo en verano. Ya sabes que Hogwarts a dónde más lejos te deja llegar es al divertidísimo –Eso suena sarcástico- pueblo de Hogsmeade. Supongo que tú sí… Pareces conocido. ¿No te da vergüenza ser el centro de atención de todo el local?
Hay apenas una pareja más en aquella terraza y un grupo de tres amigos hablando de lo que parece un juego. Se les ve bastantes emocionados hablando sobre un personaje nuevo que va a salir. Sin embargo, no tardan en llegar lo que parecen sus novias y echarles las broncas porque siempre están hablando de eso.
Miro al cielo momentáneamente y me doy cuenta de que las estrellas se mueven. No solo porque aun mi pecho intenta buscar ese aire perdido, sino también porque el alcohol ya está empezando a hacer mella en mí. Aunque para ser sinceras, me da que empezó hace ya media hora, cuando no he podido dejar de reírme después del peor chiste de la historia de mi amiga Charlie. Me pregunta por el curso y alzo una ceja.
-Terminó bien. Sexto es mucho más fácil de lo que imaginaba, supongo que es el término medio entre el estrés de los TIMOS y el de los EXTASIS-Hipé sin querer, llevándome una mano a la boca con una tímida sonrisa-. Aunque aun así soy una vaga y creo que no he sacado ningún Extraordinario y muy pocos Superas las Expectativas. Pero… ¿acaso importa? –Pregunto, encogiéndome de hombros. Las notas siempre me habían dado igual. Con tal de aprobar.- ¿Y tú? ¿Ya estás de vacaciones, desmemorizador? ¿Ya te he dicho que me encantaría ser desmemorizadora cuando me gradúe? –Pregunto, evidentemente se notaba que el alcohol me había subido y un ligero tono rojizo ya había invadido mis mejillas. Me di la vuelta, apoyándome hacía en frente aunque estuviera fría la barra, mirando hacia los edificios colindantes.-Quiero graduarme, sentar la cabeza y pegarme un año sabático viajando por sitios exóticos.-Sí, eso era cierto, pero no sé por qué le he dicho eso. Vuelvo a beber de mi botellín y mientras tanto miro de reojo a Will, sonriendo.[/color][/b]
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Invitado el Mar Ago 26, 2014 7:59 am

En compañía de Natalie William se sentía contrariado en muchas ocasiones. Éste era una persona que creía fervientemente en el destino y en que las cosas estaban marcadas desde un principio. En muchas ocasiones tenía una visión ideliazada y demasiado romántica de las mujeres, lo que le hacía resultar una persona enamoradiza que se decepcionaba con facilidad. Las veía como personas inocentes y frágiles a la vez que luchadoras y fuertes, todas ellas merecedoras de alguien que las quisiera. En cierta forma las admiraba, su sentido de la responsabilidad, su inteligencia nata… Eran todo adjetivos que venían impresos prácticamente en la mayoría de las mujeres. William no se consideraba un feminista nato, pero si consideraba que tenían facultades mucho más desarrolladas que los hombres en muchos ámbitos, generalmente hablando. Obviamente siempre había excepciones a toda regla generalizada, pero él pensaba así en la mayoría de los casos.

En definitiva, algo en su interior le decía que aquellos encuentros fortuitos con una chica de 17 años no eran meran casualidades. La primera vez vale, es más, había sido todo culpa de Charles, pero… ¿esta vez? Encontrarse en el mismo bar a la misma hora y el mismo día con una chica que tanto le había llamado la atención desde un principio resultaba para él algo prácticamente inaudito y por qué no decirlo, a él le encantaban aquel tipo de casualidades. Le hacían sentirse vivo, hacían que la vida tuviera sentido, si no, ¿qué era la vida sin un poco de emoción? Pero esto sólo pasaba por la mente de William, ya que en su cara sólo se divisaba cierto apego y cariño hacia la chica, nada fuera de lo común. Una simpática mujer con la que entablar conversaciones diferentes a las que solía tener con el resto de la sociedad que le rodeaba. Un escape a su rutina, si, así lo hubiera definido él.

-  Bingo.   – Mi voz sonaba seria, pero una sonrisa cubría mi rostro.  – Fui muchos años a clase. Al principio me obligaban mis padres…   - Ella alzó una ceja incrédula.  – Que sea mayor que tu no quiere decir que también haya tenido unos padres pesados y controladores…  - Chasqueó la lengua a modo de broma, tomando otro sorbo de su copa.   – Como iba diciendo…  - Proseguió tras aquella cómica pausa.  – Al principio odiaba tener que ir, pero al final acabó convirtiéndose en una de mis pasiones. No hay nada como desconectar con un buen baile, y si es en buena compañía más aún.  – Ambos sonrieron al unísono, haciendo de aquella noche una velada prácticamente perfecta.

A medida que pasaban tiempo allí William iba notando cómo el frío de la noche calaba en sus huesos y más aún debido a la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior, pero la verdad era que no le importaba, en aquel momento prefería estar allí hablando tranquilamente antes que dentro, donde el bullicio evitaba cualquier tipo de conversación más larga de dos o tres palabras. – Estoy bastante acostumbrado.  – Admitió cuando Natalie le preguntó si no le daba vergüenza ser el centro de atención. – Y aunque no lo creas es bastante divertido. - William no es que fuera una persona famosa o que le gustara ser el centro de atención, pero debía admitir que en aquellos lares si lo era y que no le desagradaba en absoluto, gracias a eso había conocido a personas maravillosas.  – Aunque bueno, qué te voy a contar a ti que no sepas, seguro que tu también sueles ser el centro de atención en otros aspectos…  - William no sabía qué le pasaba, pero si se había percatado de que estaba más ligón que de costumbre. ¿A qué venían todos esos piropos por segundo? Probablemente fuera una de las fases del alcohol, dentro de poco pasaría a la siguiente y comenzaría a decirle que la quería. William sonrió ante la idea de comportarse así, e incluso le invadió cierta curiosidad por saber cómo actuaría ella. Cualquiera diría que tenía 33 años… En aquellos momentos parecía un adolescente hormonado más y no estaba seguro de si eso era bueno o malo.

Éste la escuchó atentamente cuando le comentó cómo le había ido el curso, a pesar de mantener sus ojos fijos en el paisaje le estaba prestando toda la atención de que disponía y lo demostraba asintiendo de vez en cuando. – Tienes razón, tampoco vas a amargarta por sacar sobresalientes. No, yo aún ando con trabajo, solo que ahora mismo ando con papeleo, es decir, la parte aburrida de ser desmemorizador. – William puso los ojos en blanco, demostrando a Natalie lo que le fastidiaba tener que ocuparse de esas cosas.  – Si, se que querías ser desmemorizadora. De hecho es de las cosas que más recuerdo de nuestra última conversación… Me resultó gracioso a la vez que emocionante, siempre he querido malinfluenciar a una dulce señorita y llevarla por el oscuro camino de los desmemorizadores. ¿Sabes? A veces podemos llegar a dar mucho miedo, aunque ahora me veas modosito y agradable… - ¿Qué estaba diciendo? Definitivamente se me había ido la cabeza. Hablaba sin pensar las cosas antes, las palabras me salían solas, ni siquiera sabía si lo que estaba diciendo tenía mucho sentido pero, ¿acaso importaba? Aquello era una fieshta. – Eres muy divertida, Natalie – Bien, la siguiente fase comenzaba a surgir…  - Y no se si te lo he dicho ya, pero eres muy guapa. – William se terminó su copa de forma apaciguada, pensando en sus siguientes palabras.  – Y no me importaría viajar contigo a lugares exóticos. – Concluyó, volviéndose para mirarla a los ojos.  – Y tienes que devolverme mi chaqueta. – Añadió, provocando en él un ataque de risa probablemente desmesurado en proporción con la broma.  

Entonces volvió a virarse hacia la barandilla, dispuesto a volver a su estado “normal”. No obstante, algo llamó su atención de improviso.  - ¡Mira! ¡Corre! – William señaló al cielo y trazó lo que según él había sido una estrella fugaz. - ¿La has visto? – Miraba con ojos divertidos a Natalie, cuya confusión se reflejeba en su cara. William sujetó entonces su mano y la llevó hacia el cielo, volviendo hacer el mismo trazo esta vez con su mano. - ¿La has visto ahora? Todo está en nuestra imaginación… Ahora deberías pedir un deseo. – William no sabía exactamente por qué había comenzado ese “juego”, pero el mero tacto con la piel de Natalie había  valido la pena, incluso si había hecho el ridículo.  Ya ni siquiera sabía qué hora era ni qué estaban haciendo sus amigos, se había perdido de lleno en los ojos verdes de Natalie y temía no poder salir de ese trance en mucho tiempo. Por un momento pasaron por su cabeza un montón de ideas, entre las cuales se encontraba la posibilidad de darle un beso. En ocasiones normales de habersele pasado eso por la cabeza no hubiera tardado en remojarse con agua bien fría, pero en aquellos momentos no le parecía tan mala idea debido muy probable  a la ingesta de alcohol. De hecho, igual lo hubiera hecho de no ser por la voz de su amigo al otro lado de la terraza, haciéndolo despertar de su ensoñamiento. - ¡Will! Vamos a hacer la coreo de grupo, ¿te apuntas? – A una cierta hora siempre solían hacer su ya famosa “coreo de grupo”, en la cual participaban todos y cada uno de sus amigos y conocidos del Caravan. – Vale, vale. Ya voy.  – Miró a Natalie encogiéndose de hombros y curvó sus labios formando una expresión “triste”.  – Voy adentro, ¿a qué hora tenías pensado irte? ¿te parece si te acompaño luego a casa? ¿o ya te acompañan tus amigas?  – Esta vez, su consciencia que de vez en cuando hacía aparición salió para darle aquel merecido cubo de hielo mental, recordándole la edad que tenía y las posibilidades que tenía con ella. – En fin, no importa, ya nos veremos otro día si lo prefieres…  - Sin a penas esperar contestación por su parte se alejó de la barandilla y se adentró en el garito aún con la copa vacía en la mano. Pero entonces una punzada en el estómago hizo que se diera la vuelta. - ¡O puedes apuntarte también a la coreografía! - La invitó ya en el otro lado. Si no se lo decía iba a explotar y no era plan. Sin embargo no quería agobiarla. - Te espero dentro, por si te animas. -  Le dijo, dejándola sola y alejándose de nuevo, desapareciendo de la vista de Natalie en cuestión de segundos, al menos por el momento ya que la noche aún no había acabado.[/color][/b][/b]
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Natalie Corvin el Mar Ago 26, 2014 6:04 pm

Por mucho que Will me saque casi diez años o más, no puedo evitar seguir viéndole como si realmente sólo me sacara par de años. Puede tener los treinta, pero parece una persona de lo más agradable, recién graduada y con suerte para los negocios. Es afable, elocuente y la mar de divertido. Me imagino a la gente de treinta años ya con una vida resuelta, casándose y con algún que otro niño bajo su responsabilidad. Ni de lejos veo a William de esa manera. Supongo que en la circunstancia en dónde lo he conocido, no he tenido tiempo para verle de ninguna otra forma.
Me río mucho cuando nombra a su padres y me recalca que por muy mayor que sea, él también tuvo padres. La verdad es que mira tú por dónde, me lo esperaba… Eso de ser una persona sin padres, como no nazcas de un huevo, lo tienes difícil. Bebo de mi botellín con tranquilidad mientras atiendo a su explicación. Tiene razón, o por lo menos, opino igual que él.
-Siempre que te obligan hacen que cualquier cosa, sea horrible.-Es un hecho.-Pero a mí también me encanta bailar. Es una sensación de libertad increíble. Puedes hacer lo que quieras y con este tipo de música puedes inventarte cualquier paso o equivocarte que no debes temer a hacer el ridículo.-Me encojo de hombros con una cándida sonrisa.-Y hombre, siempre será mejor hacer las cosas en compañía que sólo. En cualquier cosa. -Le guiño un ojo.
En aquel lugar hace frío. Sin embargo, no tengo la necesidad de taparme. Siento esa típica sensación de estar caliente en el interior debido al alcohol y a la acción que llevaba encima, pero mi cuerpo, superficialmente, estaba pasando frío. Probablemente mañana estaré resfriada, pero ahora mismo ponerme una chaqueta sería como avivar el fuego. Le pregunto sobre su sensación al ser el centro de atención y su comparación me sorprende.
-¿En otros aspectos?-Alzo una ceja, apoyándome en la barra mientras acerco mi rostro a él en una traviesa mirada inquisidora. Se a lo que se refiere, siempre me había considerado una chica guapa y sin poder evitarlo he desarrollado una personalidad un tanto narcisista, que no egocéntrica. Por eso mismo, ser el centro de atención no me gustaba. Por lo menos no de una gran marabunta de gente, ya que siempre me ha gustado la idea de ser la total atención de una persona.-Espero que no te refieras a los estudios…pero puedo asegurarte que, en cualquier caso, serlo no implique que me guste.
Suelto nuevamente una sonora y dulce risa ante lo que dice de lo desmemorizadores. Siempre me ha llamado la atención la posibilidad de poder modificar y borrar recuerdos tan libremente a aquellos que no deben saber. Si lo pensabas, puede ser incluso pérfido, ya que de la misma manera que puedes modificar o borrar para bien, puedes hacerlo para mal.
-¿Modosito y agradable?-Una carcajada me hace frente.-¿Me estás diciendo que alguien tan modosito y agradable como tú puede llegar a dar miedo?-Me giro hacia él y lo miro con una ceja alzada.-Anda, te reto a decirme algo que pueda erizarme la piel del pavor, maquiavélico desmemorizador.-Me meto con él de la manera más inocente posible, pues en mi rostro sólo puede divisarse una dulce sonrisa.
Mientras espero su contestación, bebo de mi cerveza. Ante la primera afirmación sobre lo divertida que soy, esbozo una sonrisa mientras bebo, aguantando para no reírme. Sin embargo, luego añade lo guapa que soy, por lo que sin poder evitarlo la sonrisa se me ensancha y tengo que apartar la cerveza de mi boca y llevarme la mano a los labios para evitar que se me salga. Niego con la cabeza con suma diversión y tras algunos segundos consigo tragarme aquello. Alzo una ceja y miro a William, apoyándome en la barra para acercarme a él y mirarle más de cerca.
-¿Viajar a lugares exóticos conmigo? ¿Soy divertida y guapa? William, cualquiera diría que estás ligando conmigo.-Tras el ataque de risa de la chaqueta, decido dar una explicación.- Está a buen recaudo. Bajo llave… en Hogwarts… -Pongo un mohín de no haber roto un plato.-Avísame un día que vayas a Hogsmeade y podrás volver a invitarme a un helado. Y de paso te doy tu chaqueta. O quizás podrías raptarme en Hogsmeade y traerme aquí. Me aliviarías de un fin de semana aburrido y monótono…-Dejo caer, traviesa.
Después de eso William se pone de activo a hiperactivo en un momento, al principio le miro con confusión, pero no tardo en cambiar mi rostro. Yo no puedo para de reír, pues parece que estoy bajo un ataque de risa infinito. Entre él y el alcohol, parece que iba a necesitar una silla en dónde mi estómago pudiera descansar pues me duele de reírme. Sujeta mi mano para señalarme el cielo y fue cuánto más agradable, pero no pido nada. No tengo ni idea de qué pedir, ahora mismo sólo se me pasaban por la mente dos cosas y ninguna de las dos eran deseos. Una de ellas era aquella sensación de risa que me invadía y había conseguido apaciguar y otra era esa mirada de ojos azules de Will, que había cogido a la mía y parece que la ha encarcelado. Le suelto rápidamente al sentir como una voz llama a Will y miro hacia la puerta. ¿Coreo de grupo? No me dio tiempo a pensar mucho más, ya que William no para de soltarme preguntas sobre qué voy a hacer.
-Anda corre, que te esperan.-Le digo para que no se preocupe por mí. Tengo a mis amigas por aquí y aún es pronto para irse. Niego con la cabeza con una amplia sonrisa en el rostro ante su ofrecimiento de participar en esa coreografía de grupo y niego con la cabeza desde allí. No iba a acoplarme.  
Vuelvo a darme la vuelta cuando Will entra y me termino la cerveza en apenas dos sorbos más. Cuando me la termino, vuelvo a entrar al interior y voy a dónde están mis amigas. No había nadie.  Una de ellas está con uno en una columna mientras enseñan a sus lenguas a bailar. La otra está hablando con uno en la barra y Charlie está hablando con el amigo de ese. Dejo mi cerveza vacía en una mesa cualquiera y me acerco a la barra. Sí, era de cervezas, pero en aquel momento quiero algo fuerte; llamémosle ganas de emborracharme tanto como para no ser consciente de mis actos. El barman se acerca a mí.
-Un chupito de tequila.-Le guiño un ojo y no tarda en traérmelo junto a un pedacito de limón y un bote de sal.
-Sin dudar.-Me dijo un chico que se había posicionado a mi lado. No lo conozco de nada, pero cuando se está borracho la sociabilidad de uno aumenta hasta límites insospechados.
-Sin dudar.-Afirmo con una mirada fugaz. Me echo la sal en el dorso de la mano, bebo de aquel fuego líquido y me llevo el… ¿dónde está el limón? Miro a ese joven chico y veo cómo tiene mi trozo de limón sujeto por sus dientes. Alzo una ceja y me acerco para cogerlo, sin apenas rozar los labios.
El chico pide otro chupito de tequila, esta vez para los dos. Me insinúa el ponerme la sal en el cuello, pero la simple idea de que me lama el cuello alguien como él me repugna. Después de eso, añade.
-¿Te puedo invitar a una copa?-Me pregunta.
-Claro.-Sonrío. El chico no sé qué pide, pero no voy a ser tiquismiquis. Cuando me tiende la copa, con una pajita, yo me estiro y cojo otra de un bote en la barra.-Gracias.-Le guiño un ojo y me voy.
Busco a William con la mirada y me acerco a él. Pongo a sorber de las pajitas mientras le miro y, cuando termina de bailar con sus amigos, lo cojo a través de una columna. Le rapto, más bien.
-¿Sabes? Tú también eres divertido y muy guapo. Aunque… eres un poco bajito, ¿no? –Bromeo, ofreciéndole una pajita de mi copa.- Deberíamos brindar con tequila por esta noche, quizás nunca más nos volvamos a ver y un buen dolor de cabeza hará que me recuerdes, ¿no? Y puedes acompañarme a casa. Creo que mis amigas hoy no volverán a las suyas -Miro de reojo a la que está en la columna contigua, para que Will se haga una idea de por qué.
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Invitado el Jue Sep 11, 2014 5:38 pm

Era obvio y muy normal que Natalie destacara allá donde iba. En una sociedad como la de ahora las personas como ella no pasaban fácilmente desapercibidas. Era tanto así que el éxito que probablemente tuviera con los chicos era palpable a simple vista y casi seguro. ¿Quién no se iba a fijar en una chica tan guapa, tan divertida y con tanto carisma? De todas formas no era algo que a William le interesara en absoluto, ya que sólo la veía como una amiga con la que poder entablar una charla amistosa y entretenida. O al menos esa era la teoría. A decir verdad él tampoco había podido evitar fijarse en aquellos ojos profundos y verdes que muchas veces clavaba en él o en aquella melena perfecta que parecía bailar con el viento cada vez que éste les azotaba. ¿Se podía ser tan perfecta? Bueno, de hecho, no lo era. Tenía un defecto y bastante grave: haber nacido unos 15 años más tarde que él. Pero lo cierto era que, ¿era capaz ese mero hecho de cambiar su modo de verla? Aun sabiendo eso y siendo consciente de que era la segunda vez que se veían, el efecto que su sonrisa producía en él era real como la vida misma y un hecho que no podía pasar por alto por mucho que tratara de proponérselo.

No, no se refería a los estudios, se refería a todo lo demás, a su forma de hacer que hablar con ella nunca fuera incómodo, a la sonrisa involuntaria que siempre asomaba en su cara por cualquier chorrada que dijera, a la sensación que le producía alejarse de ella sin saber si volvería a verla… ¿Qué le estaba pasando? William era una persona bastante enamoradiza, idealizaba a las mujeres constantemente y se ilusionaba fácilmente, pero esta vez era distinto. Nunca había pensado que aquella sensación pudiera surgir de aquella forma tan poco premeditada y más por alguien que desde un principio sabía que no sería para él. Probablemente el alcohol estuviera intensificando todos sus sentimientos y sus sensaciones en aquel momento, sólo tenía que bailar un poco, irse a la cama y al día siguiente vería las cosas de una forma un poco más objetiva y madura, tal y como cabía esperar de alguien como él.

William se tomó el reto como algo personal y tras aclararse la garganta y poner cara de serio extremo dijo: - Cucaracha. Con antenas. Voladora. – Muy probablemente Natalie no se esperara esa contestación, por lo que ambos sucumbieron a varios segundos de risas, quizás más exageradas por el estado de embriaguez de ambos.  – Ahora en serio, ni queriendo podría ser maquiavélico ni cruel.  – Éste se encogió de hombros, aceptando la cruda realidad.   – De hecho doy menos miedito que un osito de peluche.  – Puso cara de falsa tristeza. Más tarde, a William se le subieron los colores exageradamente cuando Natalie insinuó que éste estaba ligando con ella. “¿Estoy haciéndolo?” Ni siquiera él mismo estaba seguro de ello, pero no quiso darle más importancia al tema ya que ella lo había soltado como una simple broma inocente y enzarzarse en una conversación al respecto no acabaría en buen puerto.  No obstante, lo siguiente si le hizo sonreír como un empedernido. Eso había sido una cita, no cabía duda, no estaba loco. Estaba usando la táctica de “tengo algo que devolverte” para pasar un rato con él.  - ¿Es eso una cita Natalie? Creo que vas muy deprisa… Tendré que pensármelo. – Optó una posición de duda extrema y un tono bromista muy característico de él mismo, llevándose un golpe de escarmiento por parte de su acompañante.  – Es broma, realmente estaba todo calculado desde el principio, así que en términos exactos soy yo el que quiere una cita. – Ambos tenían confianza para el poco tiempo que se conocían, sí, pero quizás aquello había quedado demasiado fuera de lugar. Al final iba a creerse todo lo que decía e iba a descubrir sus verdaderas intenciones, provocando muy posiblemente que ésta se retractara o se asustara y acabara por evitarle lo máximo posible. O quizás simplemente estaba divagando demasiado. William pensaba que aquellos años de comidas de cabeza habían quedado atrás, pero ya se veía que aún le faltaba un poco para madurar del todo. “Qué movida…” ¿Aún se usaba esa expresión? A veces parecía un niño en un cuerpo de adulto, lo que en ocasiones le hacía tener un aspecto un tanto ridículo.

Entonces y tras su desprevenido ataque de hiperactividad, gracias al cual quedó como un digno merecedor de una plaza en el mejor de los manicomios de Londres, un amigo les interrumpe, anunciando que iba a comenzar la tan tradicional coreografía de grupo. Así, muy a su pesar, dejó a Natalie sola, no sin antes invitarla en el caso de que quisiera unirse. Nunca sobran buenos bailarines cuando se trata de ese tipo de actos.

Así, se adentró en el local infestado de gente igual de alcoholizada o más que él, notando cómo el calor azotaba su piel sin piedad y en poco tiempo se encontraba siguiendo el ritmo de una famosa canción de Electro Swing con 8 personas más, entre las que se encontraban todos sus amigos y dos chicas nuevas que probablemente estuvieran interesadas en algunos de ellos. Ninguna de ellas se movía tan bien como Natalie, pero finalmente la coreografía salió mejor de lo que esperaban y la actuación culmina con una infinidad de aplausos que todos reciben con ganas, cansados pero con una sonrisa en los labios. Sin embargo, su mente no paraba de analizar frases y gestos de la chica que en aquellos días le estaba robando la cordura y así, como por invocación, su presencia le cogió desprevenido, mientras se dejaba llevar hacia una columna y la miraba con una ceja alzada y gesto divertido. Se habían quedado en una posición bastante cercana, de forma que William podía percibir su olor mejor que nunca. Sí, era cierto, era bajito, pero nunca se había sentido acomplejado por ello, probablemente gracias a que el resto de sus facultades eran suficientes para no tener en cuenta aquel pequeño defecto (nunca mejor dicho, PEQUEÑO, jé).    – Nunca me habían propuesto un plan tan atrayente. – Amagó una especie de guiño y ambos se acercaron a la barra, esquivando a la multitud que aún seguía dándolo todo en la pista.    – Una ronda de chupitos por favor, tú me entiendes. – El camarero le miró y según supo quién era fue consciente de lo que le estaba pidiendo. Éste desapareció un momento y al volver traía consigo el típico bote para hacer cócteles, sólo que este era diferente al resto. Comenzó a verter el contenido en una hilera de vasos de chupito y mientras éste se desplazaba iba cambiando, como por arte de magia, el color del líquido, creando una hermosa hilera de chupitos color arcoíris.  – No esperaba menos de ti.  – Le pagó y le dejó una propina bastante cuantiosa, de acuerdo a su envidiable nivel económico, del cual no le gustaba fardar, solo que en aquella ocasión el camarero, que también era su amigo se lo merecía.
 - Bueno, elige. – Natalie, tras pensarlo unos segundos, cogió uno color verde, lo que hizo reír a William teniendo en cuenta que era de Slytherin y luego éste cogió, como cabía esperar, uno color rojo, digno de un orgulloso ex – alumno de Gryffindor.  – Por nosotros. – Le dijo, levantando su chupito.  – Y por Charles, gracias al cual estamos hoy aquí. – Sin dudarlo ambos se llevaron el vaso a los labios, terminando con la misma de un rápido sorbo. – Siguiente.

Estuvieron alrededor de 15 minutos con esa dinámica, apenas paraban para reír por alguna chorrada que soltaba alguno de los dos o para decir algún comentario ingenioso. Fue cuando el desmemorizador propuso parar cuando ambos se replantearon hacerlo. William por su parte era consciente de su ya avanzado estado de borrachera y además un pequeño grillo le recordó que debía ser el adulto del dúo, recordándole que no estaba siendo exactamente un buen ejemplo a seguir y que iría a la hoguera por emborrachar a una pobre muchacha desvalida que había dado con él. Aunque Natalie de desvalida e inocente tenía muy poco, al menos aparentemente.

Tras eso, volvieron a bailar un par de canciones. Aunque la habilidad de ambos había disminuido considerablemente, se lo pasaron incluso mejor que en el primer baile. Hasta que uno de sus amigos se acercó a él y le dijo que estaban pensando en irse. Sorprendido, William le preguntó qué hora era y se llevó una mano a la cabeza cuando éste le informó. Las tres de la mañana y para él había sido como media hora. El tiempo se le había pasado tremendamente rápido.   - ¿Te acompaño, entonces? ¿O quieres quedarte más tiempo? – Natalie asintió y William le dejó un tiempo para que se despidiera de sus amigas, mientras éste se despedía de los suyos. - ¡La próxima vez no nos dejes tan de lado! – Le decía uno de ellos. – Dame un respiro, John.

Una vez fuera Natalie se reunió con él en poco tiempo y ambos emprendieron juntos el camino hacia la casa de la morena.  – Podríamos aparecernos directamente, pero no es tan emocionante. – Natalie estaba de acuerdo con él, así que no les importó andar un poco, ya que ésta no vivía tan lejos.  - ¿Te lo has pasado bien? – William caminaba con ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón, mirando al suelo. Aunque aparentemente tenía la mente en blanco ahora mismo el 80% de su capacidad cerebral se ocupaba de evitar que se cayera a un lado de la acera de un momento a otro.  – Espero que tus amigas no se hayan enfadado, has estado bastante desaparecida esta noche por mi culpa. – Se disculpó, recordando lo que le había dicho su amigo John antes de irse, aunque a él no le importaba demasiado quizás en el caso de Natalie era diferente. De hecho volvería a hacerlo, una y otra vez, cada noche, hasta tener suficiente, ¿era posible cansarse de aquella chica? Sonaba improbable…
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Natalie Corvin el Vie Sep 12, 2014 2:18 pm

Respecto a miedos convencionales, soy alguien que los tiene todos. ¿Miedo a que un inexistente hombre con motosierra silenciosa te acribille mientras duermes sola en un lugar oscuro? Sí, lo tengo. Mi sábana es mi protectora por excelencia. ¿Miedo a los pasillos largos de Hogwarts en plena oscuridad nocturna? También. ¿Quién sabe qué puede salir de ahí? Pero sobre todo, a lo que más “miedo” no, más bien asco, me da, son las malditas cucarachas. No hacen nada nada, eso dicen todos. Son horribles, brillantes, feas y muy rápidas. Son criaturas del demonio y parecen que se te van a meter por la ropa y violarte. Me da un escalofrío sólo de pensarlo. Por eso mismo, suelto una sonora risa cuando William me contesta esa elocuente respuesta. Sin duda, erizar, me erizó la piel.
-Tienes un rostro muy mono, pero no tan mono como un osito de peluche. No te pases.-Sonrío y noto como mis mejillas se ruborizan ante la pregunta de Will. Realmente no sé si se ruborizan por la pregunta, o porque ya con todo este alcohol en vena es el color base de mis mejillas.-Oh, pero si lo estás deseando…Pero su contestación me hizo sonreír, dando por hecho que no le importaría lo más mínimo volver a verme en Hogwarts.-¿Y encontrarnos aquí también estaba planeado, no? En realidad todo está planeado.-Dibujo una sonrisa en mi rostro y me encojo de hombros.-Pero sí, se trataba de una cita. No lo digas muy alto, no vaya estar viéndonos un reportero de Corazón de Bruja.-Digo, llevándome el dedo índice a los labios.
Es entonces cuando los amigos de William vienen a llamarlo. Él se va y tras acabarme mi bebida, decido volver al interior. No me había sentido tan apartada en bastante tiempo, pero supongo que me lo merezco, al fin y al cabo, yo abandoné a mis amigas primero. Pero solemos tener este tipo de quedadas. Vamos todas juntas pero rara vez vuelvo acompañada a casa. Al contrario que ellas, no soy de irme a casas ajenas a dormir por mucho que pueda hacerme amigos esa noche en la discoteca a la que vayamos. Aprovecho mi gran habilidad para que se me acerquen hombres para que uno me invite y huir de allí como si fuera lo más divertido. La verdad es que en la huida me doy cuenta que hasta un simple pensamiento es muy divertido, me doy cuenta que las luces me molestan y que todo parece moverse a mi alrededor. Me apoyo en una de las columnas, utilizando esa como punto de referencia para poder enfocar todo lo demás. Bebo de mi nueva copa como si no me importaran las repercusiones de una buena resaca y, cuando tengo oportunidad, vuelvo a coger al hombre que, allí dentro, llama totalmente mi atención. Después de aquel baile, creo que nada podría hacerle desaparecer de mi mente aquella noche. Le propongo bebernos algunos chupitos y él no dudó lo más mínimo en volver a la barra en mi compañía.
-¿Él te entiende?-Pregunto con una ceja alzada, dejando aquella copa que sabe bastante bien pero que era de origen desconocido, a un lado. El barman no tarda en volver con una coctelera y aproximadamente diez vasitos de chupitos. Miro a William sorprendida.-¿Intentas emborracharme todavía más?-Añado mordiéndome el labio inferior.
El efecto de arcoíris que se forma sobre los vasos me deja indudablemente sorprendida. De hecho, pasa como si fuera a cámara lenta y es todavía más impresionante. Sonrío al ver que William estaba bastante acostumbrado.
-Está claro, ¿no? –Cojo el verde.-¡Y por mi alergia al pelo de animal!
Tras una sonrisa por parte de los dos, me llevo el vaso a los labios y lo trago. Está fuerte y no puedo evitar arrugar el rostro mientras zarandeo la cabeza.
-Pis de Grindylow…-Susurro mientras un escalofrío me recorre.-Espero que el rojo supiera mejor. Te toca el siguiente verde.-Le obligo, ya que no pensaba tomarme aquel ardiente sufrimiento.
Las risas que nos echamos fueron sublimes. No me he reído así en mucho tiempo. Cualquier cosa, por muy seria que quisiera sonar, parecía el mejor chiste del universo y ambos terminábamos rojos de reír y reír. Me dolían las mejillas e incluso el estómago y el momento de bebernos chupitos se hacía interminable debido a todas las risas. Esa famosa risa tonta que es imposible apaciguar… La tuve durante mucho tiempo junto a él.
Los dos estamos realmente mal después de tanto alcohol. No sabía él, pero antes de esta tanda de cinco chupitos me he bebido como cuatro cervezas, dos chupitos de tequila y dos copas sumamente cargadas. Es decir, tres cuartas partes de alcohol y la cuarta restante de algún refresco cutre con el que apaciguar el sabor. Por lo que la idea la acojo como si fuera un soplo de aire fresco.
Acepto el volver a bailar y no tardamos en ir a la pista. Vuelta a reír. No sólo por los torpes movimientos de ambos, sino porque aparte, todo me hace muchísima  gracia. El tiempo se me estaba pasando muy rápido, sobre todo cuando, acompañando a William, uno de sus amigos le dice que son las tres de la mañana. Debía estar en casa a las dos… No le di importancia, ya que estaba lo suficientemente borracha como pasar por alto la bronca que tendría que soportar al día siguiente. Asiento cuando me pregunta si quiero irme y no tardamos en hacerlo, aunque solo después de ir a cortarle el rollo a cada una de mis amigas y gritarles en la oreja que me iba de allí, para que no se preocuparan de mí. Una me hace  un corte de manga, pero en el fondo sé que me quiere.
Me reúno con Will afuera y me pongo la chaqueta por encima, ya que hace frío, colocándome a su lado para caminar. No consigo evitarlo, por lo que camino formando unas cuantas eses. Primero hacia una farola… luego me muevo hacia un muro y así continuamente, como si fuera una bailarina en medio de un escenario. Consigo ponerme delante de Will y caminar de espaldas, para evitar que siga mirando al suelo.
-¿Bien? Ha sido una noche perfecta. Aunque mañana será una mañana horrible…-Digo, colocándome a su lado para caminar.-Qué se van a enfadar… Me lo echarán en cara porque fui la primera, pero el resto de la noche han estado todas desperdigadas. No fui la única que encontró a una compañía mejor.-Halago gratuitamente a mi acompañante.-¿Y tú? Tienes que admitir que el primer baile fue lo mejor… en el último parecíamos un poco retrasados…-Río divertida e intento imitar uno de esos movimientos tan deformes que hicimos hace apenas media hora. No obstante, al intentarlo me tropiezo con mi propio pie y caigo de culo al suelo. Me da igual el lugar, el suelo que esté pisando y todo. Empieza a entrarme un gran ataque de risa que incluso me dejo caer hacia atrás. Will se ofrece a levantarme y acepto su mano, quedándome justo delante de él. El tiempo se me pasaba, en ocasiones, más lento que en ningún momento de mi vida. En otros, volando. En aquella situación, parece haberse parado. No creo que esté nada bien besar a un hombre que te saca tantos años. No por mí, sino por él. Me quedo mirándolo durante uno o dos segundos, aunque para mí parecieron diez. De repente, decido reaccionar.-No quiero volver a casa.-Volver a casa significa dormir a la espera de que mi padre mañana me eche la bronca con más de tres voltios de carga negativa en mi cabeza dándome por saco.-Hagamos algo. Lo que sea.
Fue luego cuando me percato de que William me saca más de diez años, lo que le hace posiblemente el responsable de la situación. En aquel momento yo haría cualquier cosa, movida por la motivación, la felicidad y la increíble borrachera que tengo encima… Pero no quiero meter a Will en un aprieto. Ni que se sienta incómodo. De estar con las tornas al revés, posiblemente sólo me vea como una chica simpática con la que pasar un buen rato. Él es simpático, yo también lo soy y… nada más. Debo de dejar de comerme la cabeza, hago lo mismo con todos. Aunque Will parece ser diferente y no tengo la sensación de estar junto a un hormonado chico de mi edad con una única idea en la cabeza, lo cual me hace estar segura, tranquila y confiada a su lado.
-Aunque bueno, ya es tarde. No te preocupes.-Añado, esbozando una sonrisa, para que no se vea en la obligación de hacer nada por hacerme el favor. Me pongo a su lado para seguir caminando, notando como los ojos me pesan del cansancio.-¿Entonces espero una lechuza de mi Desmemorizador favorito cuando vuelva a Hogwarts?
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Invitado el Miér Sep 17, 2014 3:43 pm

Por una vez en su vida se encontraba mucho mejor fuera del Caravan Palace que dentro. La compañía de Natalie era capaz de hacerle olvidar cualquier otra cosa que pudiera preocuparle, incluso hacer que la simple calle fuera mucho mejor lugar que su pub favorito, en el que había pasado gran parte de los últimos años. Tenerla cerca le transportaba a un lugar distinto, alejado de problemas mundanos o sentimientos incómodos. De hecho, si al salir se hubieran encontrado con un gran desierto desolado con una temperatura de más de 40 grados William se hubiera sentido de todas formas como si estuviera el lugar más reconfortante en el que podía estar. La pregunta era, ¿por qué? Si se paraba a pensarlo con detenimiento todo lo que le atraía de ella lo podían haber tenido muchas chicas del pasado, pero había un factor, uno que no llegaba a identificar o a comprender, que hacía que todo fuera diferente con ella. Le transmitía no sólo diversión, jovialidad y alegría, sino también responsabilidad y picardía. ¿Eran las chicas así hace quince años? Porque si era así estaba bastante ciego. No, definitivamente había algo que no cuadraba, pero era algo tan maravilloso y agradable que el mero hecho de llegar a descubrirlo le aterraba. En aquel momento tenía los sentimientos a flor de piel, quizás agudizados por el alcohol y motivados por su romanticismo irremediable.

La chica tenía razón, había sido una noche perfecta en prácticamente todos los sentidos. William rió con ganas pero un poco amorfo cuando Natalie imitó los movimientos del último baile. Después de aquello perdería toda la reputación que había ido cosechando de fin de semana en fin de semana, pero para él había valido la pena, sin duda alguna. – Aun así lo hacíamos bastante mejor que la mayoría. – Dijo aún entre risas, imitando los movimientos al igual que ella. Éste se paró en seco una vez Natalie se cayó, se quedó mirándola, muy serio y entonces un ataque de risa infinito le invadió, haciendo que tuviera que encorvarse por la misma. Natalie no se quejó, ni tan siquiera trató de levantarse rápidamente ni nada por el estilo, sino que, como William, comenzó a reírse sin parar aún sentada en el suelo, lo que a William le hacía aún más gracia, provocando que tuviera que secarse las lágrimas que brotaban de sus ojos. Más tarde éste se dignó a ayudarla, tendiéndole su mano y atrayéndola hacia él. William hubiera jurado que en ese preciso momento todo se había parado, los árboles ya no resonaban en las calles, ni pasaba un solo coche, incluso el oxígeno había dejado de entrar a sus pulmones. En aquellas distancias no existía nada más sino los ojos verdes de Natalie, que le miraban con la dulzura que tanto les caracterizaba. “No quiero volver a casa”

Como si le hubiera leído el pensamiento, Natalie pronunció exactamente aquellas palabras que habían resonado en su cabeza segundos antes. Aquello le hizo reaccionar, volviendo a la realidad. Éste se quedó pensativo por un momento. Realmente era lo que deseaba en esos momentos, pasar todo el tiempo posible con ella antes de que se desvaneciera y no volviera a saber de ella nunca más, pero por otra parte, ya era bastante tarde. - ¿Tus padres estarían de acuerdo con eso? – La mirada de Natalie se lo dijo todo, no, no estaría conformes ni mucho menos, tenía unos límites, como cualquiera persona de su edad. Se llevó el dedo índice a la zona derecha de la frente y se la rascó levemente (era una manía que tenía cuando tenía que tomar decisiones rápidas pero no estaba nada seguro al respecto), mientras dirigía su mirada al resto de la calle, que estaba completamente desierta. Por mucho que le costara debía pensar con mente fría, en aquella ocasión debía ser objetivo y dejar de lado sus deseos ya que, en cierto modo, era el responsable de la situación. ¿Podría cargar durante el resto de su vida con aquello? ¿Con haber sido maduro y consciente en vez de espontáneo y rebelde? Era hora de actuar con cabeza y algún día tenía que llegar el momento en que tuviera que poner por delante sus obligaciones antes que sus preferencias, pero definitivamente ese no sería el día. Al fin y al cabo Natalie ya era mayor para decidir por sí misma. – Pues que no se hable más. Agárrate, pero no te acostumbres. – Éste puso su brazo a disposición de Natalie y sin pensarlo demasiado ella confió en él, agarrándose fuertemente, ya que probablemente supiera cuáles eran sus intenciones. – Cierra los ojos. – Le dijo a su acompañante, disponiéndose a desaparecer de aquel lugar para cumplir los deseos de Natalie y por qué no admitirlo, también los suyos.

Unos segundos más tarde, el escenario había cambiado completamente. Apenas había edificios a su alrededor y el suelo ya no era de asfalto y completamente sólido, sino que sus pies se hundían levemente al ser arena. – Ya puedes abrirlos. - William la miró para examinar su reacción y satisfecho con la misma se dispuso a quitarse los zapatos y remangarse un poco los pantalones. Natalie le preguntó dónde estaban, ya que al parecer no le sonaba el lugar, y era lógico, no era un sitio al que soliera ir mucha gente. - ¿Acaso importa? – William le sonrió dulcemente, comenzando a andar y a sentir la agradable arena en la planta de sus pies, que a aquellas horas de la noche estaba más bien fresquita y resultaba bastante agradable al tacto. – No te preocupes, te llevaré a casa luego. – Le dijo, dándose media vuelta para poder hablar con ella. – Si te portas bien, claro. – Bromeó, agachándose para coger un poco de arena y esparcirla luego. - ¿Qué te parece? ¿Es esto mejor que volver a tu casa? – Le preguntó una vez Natalie se había colocado a su altura. – Al menos lo he intentado… Y ahora no está Charles, por lo que estás libre de estornudos incómodos, así que aprovechemos para dar un paseo decente. – Le dijo, manteniendo una dulce y relajada sonrisa.
William, por su parte, sintió que no podría estar en un lugar mejor ni con una compañía mejor. Ahora sí que era todo perfecto, aunque la idea de dejar de verla le martilleaba la cabeza con impaciencia trataría de aprovechar al máximo de su presencia, era lo mejor que podía hacer en aquellos instantes, independientemente de qué edad tuvieran o de a qué mundos pertenecieran ambos. Lo importante era ser feliz, por encima de todas las cosas, y en aquel momento lo era.

Lugar en el que estamos, espero que te guste Smile:
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Natalie Corvin el Miér Sep 17, 2014 10:36 pm

Acostarme en la cama, ver como el techo se mueve, sentir ese malestar en el estómago que amenaza con hacer vomitar, hacer que tu mente divague por cada rincón, inútil, aparentemente existencial, hasta cansarte, ponerte el pijama intentando no caerte al suelo… No me cabe ninguna duda: no quiero volver a casa.
Quiero quedarme fuera toda la noche. Ya iba a recibir reprimenda, ¿qué más da si es por dos horas de retraso o por cinco? Mis padres siempre me dicen que no vaya por la noche sola caminando, si llego por la mañana no podrán quejarse: es de día. Aunque no iba a engañarme, soy la chica más protegida del universo, desde que algo está fuera de lugar, me echan la bronca y es imposible hacerles cambiar de opinión; son los padres: siempre quieren tener la razón.
-Ten por seguro que no.-Sonrío ante su pregunta sobre la opinión de mis padres. Si les digo que me pasé la noche con un hombre de treinta y tres años, probablemente dejen de dejarme salir.
Will se deja desear, haciéndose el pensativo. No voy a meterle prisa, teniendo en cuenta la situación en la que estamos, si yo llego a ser él, me hubiera dejado en mi casa. No obstante, ahora mismo, debido a mi embriaguez, sólo puedo caminar alrededor de él mientras sonrío como una dulce borracha feliz. Cuando se decide, pego un saltito.
-¡Bien!-Meto mi brazo por el hueco que deja el de él y le sujeto con mi otra mano, acercándome a él en lo que parecía un abrazo. Dejo mi cara a escasos centímetros de él, no conscientemente, sino por el hecho de que me desequilibro y termino a esa distancia. Sonrío, con los ojos cerrados.-Hecho.
Si ya sentía antes aquella incomodidad en el estómago que grita continuamente una amenaza con vomitar, tras aquella desaparición, algo que había sentido muy pocas veces en mi vida, casi lo suelto absolutamente todo. Había sido como un vuelco, como un tirón de toda una sensación desagradable desde mi estómago a mi boca. No alarméis, pues no vomité. Eso sí, me sujeto más a Will para no caerme después de aquel desconcierto. Él estará acostumbrado, pero yo no.
Abro los ojos ante su invitación, pero era consciente que estábamos en otro lado no sólo por la brisa, sino por el olor. Godric olía a Godric, aquello huele mar. Al abrirlos, me encuentro en frente una espectacular playa, sin apenas olas, iluminado por una luna creciente que parece mecer cada pequeña ondulación del mar. Miro a Will con una sorprendente sonrisa de oreja a oreja.
-¡Me encanta! ¿En dónde estamos?-Le pregunto, pero su contestación me hizo mirarle con reproche. No le doy importancia, pues realmente no me importa.
Me agacho y me desabrocho el broche de los tacones,  sujetando ambos con una mano y vuelvo a erguirme. La arena está fría, pero la sensación muy agradable. Me muerdo el labio inferior cuando deja caer que sólo si me porto bien.
-¿Acaso me has visto portarme mal? ¡Si soy adorable! Por lo menos contigo…-Le doy un golpecito en el pecho, alzando las cejas con incredulidad ante su pregunta.-Cualquier cosa era mejor que volver a casa. Me hubiera valido con verte hacer el pino en Godric… Pero sin duda te has superado, O’Connor. Por cierto, ¿sabes hacer el pino?-Pregunto, pues resulta que al parecer estando borracha siento el interés de saber si mi amigo practica aerobic. Algo muy común.
Comienzo a caminar con él, dirigiéndonos directamente a la orilla. Bueno, creo que es un consenso común el caminar hasta la orilla, por mi parte he ido básicamente brincando hasta sentir el agua congelada en mis pies. Miro hacia atrás.
-Yo sí sé hacer el pino.-Por lo que se ve, también vi conveniente, en mi estado, dejarle claro que sé hacer el pino. Quién sabe, a lo mejor en algún momento de nuestras vidas era importante ese dato.-Lo haría para impresionarte, pero… primero, tengo falda y no quiero seducirte con mi lencería sexy…-Bromeo- Y segundo... en verdad hace tiempo que no lo hago, temería por mi vida.-Me rio y estiro mi mano hacia dónde está él, para que venga a mi lado.-Pues demos un paseo decente sin perros que atenten contra mi salud.-Continuo sonriendo.
Camino justo por la orilla, en dónde las pequeñas olas rompen contra mis piernas. La falda me llega por encima de la rodilla, por lo que no se moja. William se ha remangado los pantalones, lo cual le hace tener un aspecto mucho más jovial.
-Pues que sepas que no solo se bailar swing… Mis padres me obligaron a aprender a bailar cuando era más pequeña, porque son de los típicos que van a muchas fiestas formales. El vals y el tango son lo que mejor se me da.-Le miro de reojo, pues camino mirando como mis piernas salen y entran del agua continuamente.
Tengo una pregunta que no para de agolparme la cabeza y como en aquellos momento la repercusión o consecuencia no me importaba, decido soltarla sin apenas pensar.
-Oye Will. ¿No te preocupa que te vean con alguien como yo?-Pregunto, pero será que estoy muy afectada que no entiendo ni yo la pregunta, por lo que decido matizar.-Me refiero, por la edad. La gente habla demasiado y tampoco quiero meterte en un lío. Te pregunto a ti porque a mí me da igual, eres genial para tener treinta y tres años…-Lo vuelvo a mirar de reojo, con una sonrisa.
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Invitado el Lun Sep 29, 2014 4:17 pm

Al parecer y por suerte, William había acertado con el lugar al que había llevado a Natalie. Realmente no tenía nada de especial, o al menos aparentemente. Era una playa como otra cualquiera: había arena, agua y algunos edificios alrededor, que a aquellas horas permanecían en completo silencio y oscuridad. No obstante, para William aquel lugar sí que tenía un significado simbólico, repleto de recuerdos, lo que no evitaría que su atención se la dedicara de lleno a su invitada de honor.

Era mucho más cómodo y agradable caminar por la arena sin zapatos, por lo que no dudó en quitárselos, haciendo que Natalie le imitara. Ahora que se fijaba, hacía una noche más tranquila de lo habitual. En ocasiones solía hacer frío o el viento era lo suficientemente fuerte como para llenarte de arena y que llegara a resultar incómodo, pero parecía que la presencia de Natalie hacía que todo estuviera en orden y sintonía, con el viento justo y la temperatura perfecta. ¿En serio estaba una persona de ciencias como William explicando el buen tiempo con una persona? Pues al parecer sí, ¿dónde había quedado la mente juiciosa y perfectamente analítica de aquel estudiante de genética casi a punto de graduarse? Buena pregunta. En definitiva, Natalie le hacía perder un poco aquel orden que reinaba en su cabeza, poniéndolo todo patas arriba y haciendo que el mundo que conocía no fuera tan cuadrático como él pensaba. Aquello no le ponía nervioso, ni mucho menos, sino que al contrario le relajaba muchísimo. La espontaniedad que Natalie le brindaba era como una medicina a su estrés, sin duda.

William cambió su rostro pensativo por uno más cómico tras escuchar la pregunta tan aleatoria de su compañera. ¿Ahora resulta que le interesaba si sabía hacer el pino? Acompañó a Natalie hasta la orilla y sonrió a la misma dulcemente mientras ésta explicaba sus motivos por los cuales no le mostraría que sabía hacer el pino. - Es una pena, ahora me he quedado con ganar de ver tu lencería sexy.  - Ambos rieron ante la broma y se dispusieron a dar un relajante paseo por la orilla del mar. William no quiso que Natalie le soltara la mano, pero como cabía esperar, su acompañante se separó en cuanto este se colocó a su lado. El agua, algo fría, mojaba sus pies en un vaivén reinado por las pequeñas olas que había, este tacto era aún más agradable que el de la arena seca, por lo que Will no puso impedimentos a la hora de seguir caminando por allí. Éste miraba hacia el suelo, tal y como hacía Natalie, mientras de vez en cuando apartaba la vista para vislumbrar el mar oscuro y tratar de ver el horizonte. - Vaya, pues admito que yo no se bailar tango, aunque me atrae bastante, sinceramente. - Era el baile más pasional que conocía y sin duda no pondría objeciones en practicarlo con Natalie si se terciera la oportunidad.

Entonces, tras un silencio corto pero intenso, Natalie le preguntó algo que hizo que este levantara la cabeza, mirándola fijamente pero con cuidado de que la marea no le empujara lo suficientemente fuerte como para hacerle caer - ¿Por qué me preguntas eso? - En parte lo sabía perfectamente, pero quería que se lo explicara con más detalle, y eso hizo. Sí, por supuesto que lo había pensado, pero nada era tan importante como para negarle su compañía a una persona como ella, tuviera la edad que tuviera. Sin embargo, no iba a negarle que ese tema había sido foco de múltiples quebraderos de cabeza por parte de William desde la primera vez que se habían visto. - Bueno... algo me he planteado. - Trataba de quitarle hierro al asunto aplicando un tono tranquilo y pasajero, pero el tema merecía ser hablado, sin duda. - Es cierto que por ser quien soy o por trabajar donde trabajo el hecho de que nos vieran juntos podría ser motivo de desconfianza o habladurías. - Decidió ser sincero, al fin y al cabo Natalie era mayorcita para entender todo lo que dijera. - Pero supongo que si nosotros tenemos las cosas claras... no debería haber ningún problema. - Aquello último lo había dicho con un tono de inseguridad bastante marcado, debido a que ni siquiera él mismo estaba seguro de que las cosas estuvieran claras, al menos por su parte - ¿Entiendes? - Esta vez se dirigió a ella con la mirada una vez más, esperando que no le molestara nada de lo que estuviera diciendo. - Además no estamos haciendo nada malo. - Añadió, encogiéndose levemente de hombros y llevando una vez más la mirada hacia el mar. Aquel tema le incomodaba un poco y mirar hacia otro lado era un poco su vía de escape. Parecía mentira, con aquella edad y aún con reacciones de quinceañero. Estaba claro que no había madurado en todos los aspectos, pero tampoco tenía prisa por hacerlo. - ¿Entonces tu no te sientes incómoda?  - Insistió. A decir verdad aquello le había sorprendido, ya que en cierto modo más que en él mismo siempre había pensado en ella y en cómo los demás la mirarían si supieran que se llevaba tan bien con alguien de treinta y tres años, que no son pocos.

A pesar de que William guardaba las formas y trataba de gesticular lo mínimo posible para quitarle hierro al asunto, la verdad era que probablemente este tema le concernía y le importaba mucho más a él que a la joven acompañante que se encontraba con él en aquellos instantes. - En definitiva, mientras tu y yo nos sintamos cómodos no tendría por qué haber ningún problema.  - Aquello no lo dijo del todo convencido, pero trató de parecer seguro de sí mismo.

Ambos siguieron caminando un rato más a lo largo de la orilla hasta que William decidió sentarse en una de las rocas que había al otro lado, la cual tenía fácil acceso y unas buenas vistas. Además aquella agradable brisa lo hacía todo más fácil y ameno. - ¿Nos sentamos un rato? - Le propuso a Natalie, sin apenas mirarla. - La verdad es que hoy hace mejor noche que de costumbre.  - Sí, aquella última conversación le había dejado tan seco que había decidido sacar el tema del tiempo para ver si así se tranquilizaba de nuevo. - Tengo muchas ganas de que conozcas a Ryan, seguro que te caería bien.  - En el fondo sabía perfectamente que la reacción de su amigo no sería la que cabría esperar de un amigo normal, pero estaba deseando poder hablar de ella con alguien que no fuera su fuero interior. También podía presentarsela a Fly, seguro que ella reaccionaría mucho mejor. Entonces se percató de que estaba haciendo planes de futuro de forma unilateral, lo que le hizo retractarse un poco, ya que a decir verdad y aunque Natalie le hubiera dicho que era guay para su edad, no sabía a ciencia cierta si esta sería la última vez que se verían o no. - Si tu quieres, claro. - Aclaró, llevándose una mano a la cabeza y apoyándose en la misma, mientras observaba el horizonte una vez más.
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Natalie Corvin el Jue Oct 02, 2014 11:25 am

¡Me encanta bailar! Y también me encanta venir a caminar borracha por la orilla de una playa que desconozco con una persona que me saca trece años y que probablemente mis padres no aprueben ni como amigo, ni cómo se me pasa a mí por la cabeza. Sin lugar a dudas aquella es una buena forma de terminar la noche, además de que hace un buenísimo tiempo. No hace calor, pero tampoco hace frío. Hace viento, pero no es molesto, es más, es agradecido para la increíble deshidratación que estoy empezando a sentir después de todo el alcohol que he bebido. Mis padres desde siempre han tomado las decisiones por mí, he sido la hija sobreprotegida, aquella que sólo hace lo que se le dice que haga y que no tiene ni voz ni voto en sus decisiones, por lo que cuando me dijeron ir apuntarme a baile, como era una ingenua niña de apenas ocho años, dije que sí. Actualmente me alegro, pues creo que es una de las pocas decisiones buenas que tomaron mis padres para mí.
-¿Te gustaría aprender? Te encantaría…-Le digo, con una perspicaz mirada.-Es mucho más serio que el swing… es más seductor, más tierno y…-Vuelvo a elevar la mirada hacia él, de reojo.-Más pasional. No es cuestión de alternar una serie de movimientos que peguen con la música, es cuestión de vivirlo. De sentir a tu pareja en cada movimiento y que te trate con delicadeza y dureza a la vez. Porque puedes hacer movimientos dulces y lentos, pero el tango se caracteriza por el deseo oculto que esconde cada movimiento, cada mirada...-Miro al frente, recordando la última vez que bailé. Fue el año pasado, justamente por verano, con mi primo en una de las muchas fiestas que organiza tanto mi familia como los amigos de ellas. Tras ese baile sólo pude pensar una cosa: “Lo que le haría si no fuera mi primo.”- Voy a tener que enseñarte a bailar…
En otra situación podría haberme cortado, pero con tanta ingesta de alcohol en tan poco tiempo estaba de un humor de locos. Además de que ninguna idea podía parecerme descabellada en aquellos momentos. De hecho, aun conservo un poco de decencia, decencia suficiente como para saber lo que debo y no debo hacer con este hombre que tengo delante.
-Te pregunto porque como persona adulta que eres, te habrás plateado la posibilidad de que si te ven con alguien menor, eres tú el que sale perdiendo. Tengo diecisiete años, pero créeme cuando te digo que no soy tonta.-En realidad, teniendo en cuenta el deje de borrachuza que estoy teniendo en cada palabra que digo, un poco tonta sí que parezco, pero sin duda intento parecer convincente.
Su contestación me tranquiliza, sobre todo porque me doy cuenta de la única imbécil que se come la cabeza soy yo. Al fin y al cabo, ¿qué hombre de treinta y tres años se fija en una chica de diecisiete? ¡Despierta Natalie! Él lo tiene claro. Sólo somos amigos. ¿Pero acaso no es raro también ser amigos con tanta diferencia de edad? Me siento muy natural a su lado, pero cuando me pongo a pensarlo, de verdad que se me hace rarísimo.
-Si me sintiera incómoda no te hubiera propuesto bailar. Que por cierto… -Reparo, con diversión.- ¡Te he tenido que invitar a bailar yo! ¡Eres un nenaza! –Le doy un suave golpe en el hombro.-Sin dudas no servirías para bailar tango…-Ya paro de meterme con él y lo miro con una risueña sonrisa.-Si a ti no te importa que es al que podría importarle, por mí no tienes que preocuparte…-Le pego una patada al agua, para ver como salpica hacia adelante.-No estaría aquí de sentir una pizca de incomodidad. Pero te sorprenderá saber que me haces sentir muy bien… tu manera de ser me hace sentir segura, por tu jovialidad y al ser más grande, por la inconsciente protección que siento. Aunque a lo mejor me estás llevando a tu batcueva escondida entre esas piedras para descuartizarme y yo aquí sincerándome…-Bromeo, soltando una carcajada.
No tardamos apenas nada en llegar a esas piedras en dónde supuestamente está su batcueva. Por suerte para mí, la joven borracha, no hay nada. Me siento a su lado, preocupándome sobre todo de la falda y de no resbalarme. Una vez al lado de Will, comenta algo sobre el tiempo. Le doy un codazo.
-No me hables del tiempo, eres un cutre.-Le echo en cara, evidentemente de broma.- Háblame sobre cómo está tu perro, si alguna de tus amigas con las que quedaste hoy está celosa de mí porque te he robado toda la noche, sobre la increíble ingesta de atún en Oceanía este último año… Yo que sé, Will, cosas interesantes…-Niego con la cabeza mientras me muerdo el labio inferior. Creo que estoy diciendo más gilipolleces que de costumbre, pero no es culpa mía, es culpa de aquellos chupitos con complejo de arcoíris.
Recapitulo rápidamente (todo lo rápido que puede procesar mi mente alcoholizada) quién era Ryan, pero por suerte recuerdo bastante bien la última vez que nos vimos. Esbozo una sonrisa, ya que al parecer él con treinta y tres años tiene un best friend forever y yo con diecisiete aún no sé quién es mi mejor amigo para quedar en verano.
-Claro que quiero. Pero quizás con dos personas de treinta y tres años si me sienta un poco más incómoda. Porque como os pongáis a hablar de temas de súper mayores como lo es el tiempo o cosas así…-Comento sarcásticamente, bajando la mirada para intentar controlar la sonrisa que estaba asomándome.-Es broma. Estoy acostumbrada, mis padres me obligan a asistir a muchos sitios en dónde no encajo y termino encajando. Sobre todo bailes, de ahí que aprendiese.-Me encojo de hombros, dispuesta a seguir con el tema de conversación. Frunzo el ceño.-¿De qué estábamos hablando antes de que saliera con mi indignación parental? ¡Ah sí! De la ingesta de atún.-Y sin poder reprimirlo, una melódica risa sale de mi interior, acercándome a Will para reírme en su hombro. Tras unos segundos en dónde me recupero, dejo la cabeza en el hombro de Will.-Creo que he bebido demasiado, te parecerá bonito… emborrachando a una menor. ¿Qué ejemplos pretendes dar a la nueva generación? –Bromeo, jugando deliberadamente con los botones de su chaleco.
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