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Caravan Palace {William O'Connor}

Natalie Corvin el Mar Jul 22, 2014 1:39 am

Recuerdo del primer mensaje :

Después de la última vez que salí mis padres me había castigado sin salir durante una semana. Fue doloroso (merecido, pero doloroso), sobre todo porque no valía sólo con eso, sino que tuve que hacer todas las tareas de la casa yo sola. Por suerte puedo utilizar magia fuera del colegio y las cosas fueron mucho más llevaderas, más me tenían trabajando como una negra y aprovechaban la mínima para seguir añadiendo cosas al supuesto castigo.
Una semana después mis amigas asaltaron mi casa a eso de las seis de la tarde, convenciendo a mis padres de que una semana había sido suficiente para que mi rebeldía se hubiese visto escarmentada y que le prometían a mis padres vigilarme en todo momento para no terminar a saber dónde y con quién. La verdad es que el alcohol me hace mucho daño, soy de esas personas que pierde totalmente el juicio y sólo y sencillamente se deja llevar por los impulsos más puros del cuerpo. ¿Pensar? Si no pienso estando sobria, ebria mucho menos.
Mis amigas, Sophie, Leah y Charlie consiguen convencer a mis padres y suben conmigo a mi habitación para elegir mi ropa para ir a nuestro pub favorito. Es un pub en Londres, situado por la zona mágica de ésta y es que la gran mayoría de los que lo pisan son magos y brujas de la zona. Mi padre es uno de los pocos sitios que “bendice” para que pueda ir, ya que odia que vaya a lugares muggles. Uno de los muchos motivos por los que me castigó hace una semana. Deciden vestirme con un bonito conjunto, haciéndome un recogido bastante sencillo y pintándome únicamente la raya del ojo.
Salimos de mi casa y tardamos aproximadamente una hora en llegar a nuestros destino, a eso de las 22:00 ya estamos en aquel pub, llamado Caravan Palace. Es pequeño y su decoración es mayormente de los años ochenta, posee cierto carácter de la época rockabilly y la música que ponen es sumamente adictiva. Mis amigas y yo casi siempre hemos venido aquí, por lo que también es casi la única música que puedo bailar fluidamente. O más bien, sin parecer un pato mareado. La bailo, dejémoslo ahí.
Nos sentamos en una esquina, pues tenemos suerte en encontrar el sillón curvado con mesa en el centro libre, arrebatándoselo a un grupo de chicos que por poco se nos adelantan. Como somos chicas, ni se pelean por conseguirlo y simplemente ceden en dejárnoslo. Nos pedimos como siempre unas cervezas, menos mi amiga Charlie, es un poco tiquismiquis y odia la cerveza. Yo no podía encontrar una bebida mejor que esa; la de mantequilla estaba sobrevalorada. ¿Acaso han probado la muggle? Me encantaba que aquel lugar tuviera cosas de ambos mundos.
Comenzamos a jugar a los típicos juegos para beber rápido, pero la música atronaba cada uno de nuestros sentidos y muchos de los presentes salían a la pista de baile a demostrar sus dotes en aquel tipo tan elegante y divertido de baile que, para mi gusto, era uno de los más atractivos que encontraba. Aparte del tango, pero eso es un hecho refutable. El tango es, un hecho universal, el baile más sensual. Luego venía este, acompañado de ese toque despreocupado y divertido que tanto me gustaba, por lo que cuando todos salieron a la pista formando una gran muralla que me impedía ver desde mi posición, me levanté de mi sitio dejando la cerveza para acercarme y abrirme paso.
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Invitado el Miér Oct 15, 2014 6:33 pm

Por supuesto que William se había planteado aquella cuestión una y otra vez, de hecho últimamente no pensaba en otra cosa, pero es que cuanto más se lo planteaba más difícil era llegar a una conclusión más o menos aceptable, por lo que por decirlo de algún modo se había rendido, dejando que las cosas simplemente surgieran. Sabía que esa decisión tampoco era la más acertada ni la más remotamente inteligente. Probablemente seguir viéndola acarrearía problemas mayores en algún momento, pero aún no estaba dispuesto a simplemente ignorarla y fingir que no existía o que no la había conocido, se sentía tan a gusto con su compañía… ¿Era posible que en apenas dos días hubiera entrado tan profundamente en sus pensamientos? Era cosa de locos.

Entonces Natalie dijo lo único que podría haberle dicho para que William se quitara rotundamente de la cabeza la posibilidad de olvidarse por completo de ella. Al parecer la comodidad que sentían era mutua. A simple vista podía parecer obvio, nadie baila o se escapa una noche con alguien que le resulta incómodo o sospechoso, pero escucharlo de sus propias palabras había hecho que William se replanteara las cosas de otra manera. Por otra parte era cierto que ella no tenía nada que perder, al contrario que él. Lo máximo que podría sufrir sería una posible reprimenda de sus padres por salir por ahí con alguien tan “mayor”, pero William se jugaba más cosas. No llegaría al punto de perder su trabajo, pero si resultaría un revuelo que haría que ciertas figuras quizás desconfiaran de su profesionalidad y eso no le venía nada bien teniendo en cuenta que sus objetivos no eran quedarse donde estaba, sino escalar puestos. Podía resultar un contratiempo, pero la verdad era que estaba dispuesto a arriesgarse con tal de que Natalie siguiera metiéndose con él de la forma en que sólo ella lo hacía, o que de la misma forma le mirara con aquel encanto que sólo ella dominaba. “Así que protección…” No se lo había planteado de ese modo, pero era cierto que a pesar de su jovialidad Will era alguien que había madurado con el tiempo (aunque solo fuera un poco) y quizás su forma de tratar a las personas distaba bastante de los chicos de su edad, lo que podía resultar una atracción añadida para Natalie. – Interesante… - Dijo en un hilo de voz, rascándose levemente la perilla.

Entre una cosa y otra ambos llegaron a un cúmulo de piedras, donde decidieron (más William que Natalie), sentarse un poco y seguir manteniendo una amena conversación, alejada de temas que pudieran crear sentimientos contradictorios en el desmemorizador. Sus intenciones no eran asustar a Natalie nada más conocerle, por lo que simplemente callaría todo aquello que le rondaba por la cabeza y lo mantendría bien guardado. Si aquel sentimiento extraño permanecía en él tendría que hacer algo al respecto, pero si, por suerte, todo no era más que un capricho producido por el deseo de algo nuevo en su vida (que tanto necesitaba), todo se quedaría en una simple confusión momentánea y pasajera que incluso podría contarle en un futuro, si es que seguían contra todo pronóstico manteniendo aquel escaso contacto. Ambos sonrieron en sintonía por las ocurrencias de la chica.  No sabía a ciencia cierta si era todo producido por el alcohol, a decir verdad solo la había visto una tarde en condiciones y tampoco le había dado mucho tiempo a conocerla. De todas formas, aquella Natalie le gustaba, por lo que no tenía pensado quejarse, en absoluto. – Si, pareces una persona que se adecúa fácilmente a las situaciones. Te creo perfectamente capaz de participar en una conversación de “mayores”. – Dijo, haciendo hincapié en las comillas. – El atún en Oceanía es un tema que le interesa a todo el mundo, al fin y al cabo. – Bromeó, haciendo referencia a lo que Natalie había comentado pocos minutos antes.  – Ryan es un poco más serio. “Algo más que un poco.” – Pero también sabe divertirse. – William dejó que Natalie se apoyara en su hombro, aún con una sonrisa cálida en sus labios.

Éste miró hacia abajo con disimulo, observando cómo Natalie jugaba con los botones de su chaleco, volviendo a erguir la cabeza para dirigir su mirada al mar infinito. Un profundo suspiro salió de lo más profundo de él, levantando la cabeza de la chica a la vez que inspiraba y bajándola según espiraba. – Tienes razón, soy un pésimo ejemplo a seguir. – Dijo, volviendo a bajar la mirada y encontrándose de golpe con los ojos verdes que hacían que perdiera la cabeza por momentos. A la luz de la luna sus facciones parecían aún más perfectas que de costumbre y su mirada quedaba irremediablemente prendada de cada uno de los rincones de su piel. – Deberíamos irnos. – Anunció de repente, recuperando su posición original. Ni siquiera se percató de si su tono había sido amable o cortante o de si Natalie podría hacerse ideas equivocadas, lo único que quería era salir de aquella especie de trance que no parecía llevarle por ningún lugar seguro. – Ya es bastante tarde. – Trató de explicarle a su acompañante, que parecía sorprendida por su inesperada reacción. – No quiero que tengas demasiados problemas por mi culpa, no sería… adecuado. – Mientras se levantaba, William se arrepentía por momentos. ¿Por qué si lo que deseaba era quedarse la noche entera allí sentado, con Natalie tan cerca, debía hacer todo lo contrario? ¿Podía el destino llegar a ser tan cruel? Ni siquiera había creído nunca en el destino y ahora achacaba al Universo la culpa de haberle colocado en el mismo lugar que Natalie y en el mismo momento. – Vamos, te acompañaré a casa, como te había prometido. – Y aunque no lo hubiera hecho la acompañaría igual, menuda estupidez. No le dio muchas oportunidades a la Slytherin de dar su opinión, sino que rápidamente se encontraron en tierra firme, en la misma posición gracias a la cual se habían aparecido allí. Del mismo modo, volvieron a desaparecerse, apareciendo en un lugar cercano a la casa de su acompañante.

Tras caminar pocos metros se encontraron con la entrada a la casa de Natalie. Ambos se pararon en seco, esperando que uno de los dos dijera algo. – Buenas noches, Natalie.  – La voz de William era cálida y más grave de lo habitual. Permaneció con las manos en los bolsillos, con la mirada un poco perdida en las ventanas que la casa de Natalie. – Gracias por esta noche, eres increíble.  – Los últimos grados de alcohol que aún permanecían en su organismo habían sido los responsables de darle aquel último empujón para decirle algo que, a pesar de que lo pensaba con firmeza, no era algo que pudiera soltarse tan a la ligera en los tiempos que corrían. – Divertida y eso… - Sus intentos de quitarle importancia fueron probablemente en vano, pero por intentarlo que  no fuera. – Nos vemos. – Aquello fue lo último que le dijo antes de darse la vuelta y comenzar a andar rumbo a su casa. Estaba un poco lejos de allí, pero tampoco tenía prisa, así que aprovecharía para despejarse por el camino. Tenía muchas cosas en las que pensar y poco tiempo para hacerlo, como siempre.  “Aunque a lo mejor me estás llevando a tu batcueva escondida entre esas piedras para descuartizarme y yo aquí sincerándome…” Dio la vuelta a la esquina con una sonrisa producida por aquel recuerdo, pensando en toda aquella noche en general y percatándose, sin demasiado esfuerzo, de que había sido una de las noches más memorables de su vida, al menos hasta el momento.
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Natalie Corvin el Jue Oct 16, 2014 5:18 pm

William se está riendo de mi estupenda capacidad para conversar en un momento crítico como lo es este. Niego con la cabeza mientras me muerdo el labio inferior ante su comentario sobre la ingesta de atún. Aun no sabía cómo había dicho eso… debe de pensar que estoy loca o no tengo conversaciones serias, ¿cuándo me olvidé que estaba con una persona más adulta que yo? Cuando comenta que parezco una persona que me adecúo bien a las situaciones, alzo las cejas varias veces. Adecuarse era sinónimo de camaleón, o por lo menos eso piensa mi mente.
-Soy un camaleón, me llamo Mermelada… No tengo solución yeeeh, no valgo para nada… -Canto mientras muevo cómicamente el cuello y la cabeza. Bueno, creo que eso pertenece a una canción…
Ryan no me inspira confianza. Me lo imagino estirado, algo antipático y muy nazi. Pero si es amigo de William, debe de ser tan genial como él, por lo que en el fondo tengo ganas de conocerlo. ¿Era posible que en tan poco tiempo considerara a William alguien cercano? A lo mejor me está embaucando para llevarme a su casa y descuartizarme allí porque la batcueva está muy a la intemperie… No lo sé, pero para mí es imposible pensar mal de alguien que me invita a alcohol. Esa persona siempre será la mejor.
Me meto con él piadosamente, buscando con ello picarle. Sin embargo, lo que consigo es que quiera irse. Separo rápidamente la cabeza de él, sintiendo como de la rapidez todo se mueve del mareo y me esfuerzo en negar con la cabeza.
-¿Por qué? No quiero irme, quedémonos un rato más…-Pero él se ve bastante seguro con la idea de irse. Frunzo el ceño ante su rotunda negativa.
En un principio no me muevo de mi piedra mientras le miro intentando sonsacarle un motivo de su precipitación al irnos. ¿No estábamos bien? ¿Le molestó que le dijera que era una mala influencia? ¿Quizás preguntarle más de la cuenta le llevó a darse cuenta de que realmente salir con alguien con el que te llevas tantos años de diferencia podía ser peligroso? O… ¿Quizás se aburrió? Quizá está acostumbrado a otro tipo de situaciones, de chicas o simplemente prefiere estar durmiendo antes que hablando con una cualquiera que probablemente no vea más porque en un mes vuelve a internar en Hogwarts.
A pesar de estar borracha y que todo me hiciera gracia, en aquel momento me había quedado especialmente seria. Me levanto de las piedras y camino hacia la arena, quedándome en frente de Will mientras éste me coge de la mano para desaparecernos. No se me apetece decir absolutamente nada, puesto que “es tarde” no es ni de lejos una explicación del querer irse sobre todo del sopetón. Flexiono mi rodilla hacia atrás para ponerme los tacones, pues nos aparecimos en las calles de Hogsmeade y caminamos apenas la distancia que queda hasta mi casa. Yo simplemente me acerco a la entrada para observar si mi padre está mirando por la ventana, pero es tan tarde que probablemente esté en el séptimo sueño. Ambos en silencio, William lo rompe. Si soy tan increíble, ¿por qué no pasar más tiempo conmigo? ¿Yo era la única pasándomelo bien? Me siento estúpida… estúpida y mareada… aquí empieza la fase de arrepentimiento y odio por el alcohol.
-Buenas noches, Will…-Contesto sin muchos ánimos, empujando la puerta de la entrada para volver a cerrar la verja tras de mí.
No sé qué me preocupa más, si el hecho de que haya querido irse tan repentinamente, o el hecho de que no quiera verme más. Quizás se aburrió y se dio cuenta de que una relación de amistad entre los dos realmente no lleva a ninguna parte. O quizás simplemente fue una necesidad repentina del momento… No lo sé y tampoco sabía por qué me molestaba tanto. Aunque más que molestarme, me preocupaba.
Abro lentamente la puerta de la entrada de mi casa y, nada más entrar, pierdo el equilibrio con la alfombra y tiro un jarrón al suelo. Casi al momento se enciende la luz de arriba de las escaleras y mi padre pronuncia mi nombre. Qué bien termino la noche hoy…
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