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Still getting it [Jason Mirchoff]

Danielle J. Maxwell el Mar Jul 22, 2014 11:32 am

Había salido con mi abuela a dar una gran vuelta por Londres. Me prometió llevarme al parque de atracciones, pero la perra inmunda me engañó. ¡Me engañó como una vil villana! ¡Como un oscuro ser del averno predispuesto para hacer sufrir a las pobres niñas inocentes! ¿Sabéis a dónde me ha traído? ¿LO SABÉIS? A la noria más alta y rápida del mundo, a la súper noria más famosa de todo Londres. Al London Eye. Mi abuela debe de haber perdido todas esas neuronas que en un momento funcionaron, ya que no sé qué ve en esto como parque de atracciones. No me había subido nunca al London Eye, pero es que era una auténtica mierda, siempre me ponía a verlo desde abajo y es que es más lento que un desfile cojos. Más lento que un desfile cojos QUE SE ARRASTRAN. No de esos cojos con sillas futuristas con motor y todo. NO. Cojos sin piernas de verdad. En serio, ¿por qué dura esa mierda 30 minutos en dar una vuelta completa? Si es que en la primera vuelta ya ves todo Londres. ¿La otra media vuelta para qué es? ¿Echarte una siesta antes de seguir con el turismo de Londres? ¡O para potar, porque encima los cubículos son totalmente de cristal sin una pizca de ventilación! Aquello era una tortura china, no entendía como la gente encima pagaba para entrar ahí dentro. Yo no pensaba entrar.

Sin embargo, aquí tengo a mi abuela empujándome como si no hubiera mañana para que entre en la maldita noria con una entrada en la mano. Yo me rehusé. ¡No quiero entrar a lo que serán los treinta minutos más eternos de mi vida! Pero mi abuela me convenció, diciéndome que iba a quedar con una amiga en el café de enfrente para hablar. ¡O dios, eso es todavía peor, marujear con viejas en un café podía ser los treinta minutos más insufribles de mi vida! Así que sin duda, entré a la noria como un tejón obediente. Se cerraron las puertas tras de mí y la noria empezó a moverse ascendentemente. Corrí por aquel cubículo hasta la otra esquina y puse las dos palmas de mi mano sobre el CALIENTE CRISTAL. Porque podría estar frío, PERO NO, ESTABA CALIENTE. Y no me extraña, después de toda la gente que respira allí dentro formando de aquello una sauna natural de dióxido de carbono. Me pegué los primeros diez minutos de ascendencia solitaria mirando Londres. Me dio tiempo de verla 234807234234 veces y fijarme en los detalles y todo. Joder, totalmente innecesario esa lentitud. Me senté en el mismo suelo, apoyada contra la pared de cristal, mirando hacia dentro a todas las parejas y familias. Al final, cuando estábamos en la cúspide de aquella gran noria yo no pude evitarlo y los ojos se me fueron cerrando poco a poco hasta quedarme totalmente dormida. Mi abuela me mataba si se daba cuenta de que me había dormido en un habitáculo lleno de desconocidos, pero es que aquel mecimiento y aburrimiento habían hecho que cogiera la posición perfecta. Tanto fue mi sueño que cuando el cubículo bajó abajo no me bajé, sino que los que estaban allí conmigo salieron y entraron gente nueva. Y mientras tanto, yo ahí con la gorra medianamente bajada para poder dormir tranquilamente, cruzada de brazos y con la babilla cayéndoseme por una comisura. Parecía un indigente. ¡Sólo lo parecía!

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Jason Mirchoff el Lun Jul 28, 2014 8:42 pm

Un día de verano como otro cualquiera, y como era verano Jason se dedicaba a jugar con su hermana pequeña, salir por Londres y poco más. No es que tuviera una vida muy animada, pero a él le gustaba perderse entre las calles y así descubrir cosas nuevas.  Esa mañana, por ejemplo, se había despertado a las nueve, desayunado tortitas junto a su familia para luego ir al patio trasero a jugar con su hermana al quidditch, obviamente con esas escobas infantiles. Como siempre, la pequeña le había dado una paliza, a la primera atrapó la snitch como hacía siempre.  

Pasadas las doce del medio día, pensó que sería buena idea perderse por Londres. Llevando un sombrero como siempre hacía, por si acaso su pelo le jugara una mala pasada. Ya sabéis, tiene tendencia a cambiar de color cuando le da la gana. Así cogió el autobús en la parada más cercana. Tardaría en llegar a Londres, pero poco le importaba, a la vuelta todo sería mucho más rápido. Jason adoraba ir en autobús porque ahí podía conocer a gente de todo tipo. Hoy por ejemplo había una mujer mayor con un parche en el ojo izquierdo, él se imaginaba que la señora en su juventud se dedicaba al saqueo pirata, con el viento en popa y a toda vela surcando el mar del norte en busca de tesoros de incalculable valor. Apasionantes historias podría contar sobre sus aventuras, dignas de escribir una novela.


*¿Me siento a su lado y le pregunto por sus historias? No, mejor no, que puede ser una bruja y me lanza una maldición de esas que no se parar y termino peor que un ratón dentro de la lechucería.* Con esa pequeña discusión mental decidió sentarse junto a un hombre de, aparentemente, treinta y cinco años. Parecía normal, sólo lo parecía. Nada más sentarse el mencionado señor profirió unas palabras en un dialecto desconocido por el muchacho. Seamos sinceros, eran palabras sin sentido que nadie podría comprender, pues no era un idioma en concreto, era un idioma inventado por el hombre. El cual dijo algo tal que así “askj ksieo kjaoeo”. Tras sus palabras el hombre, llamémosle Fulanito, miró al joven Gryffindor con una pérfida sonrisa, dejando a la luz dos dientes de oro y el resto de su dentadura de un tono gris de lo más oscuro. Jason siendo un chico que no juzga a nadie sin conocer le devolvió la sonrisa.  Dos segundos después Fulanito cambio su expresión, mirando al joven con gesto amenazante antes de agarrar su mano con fuerza en un intento de retorcerle el brazo. Jason se asustó, tirando de su mano, aunque sin darse cuenta su pelo cambió de color, tornándose de un azul agua muy claro y sus ojos se volvieron del mismo color. Esto asustó a Fulanito, tanto que se desmayó. Pobre muggle, intenta asustar a un chaval a saber con qué fines, y termina desmayado por algo tan cotidiano como un cambio de color de pelo. Ah, no, que eso no es cotidiano.


Jason se levantó de ese asiento y corrió hacia la puerta, aprovechando que el autobús había llegado a su parada. Sí, el autobús iba más rápido de lo normal, era una línea directa, y el tiempo de la historia anterior había sido mayor, pues obviamente he omitido muchos detalles para no aburrir al personal.

Había llegado a Londres, en concreto al London Eye. No paró de correr hasta llegar a la gran noria. Sin pensarlo mucho entró en el primer cubículo que encontró, eran tantas las veces que iba a dicho lugar que el encargado de cobrar le dejaba subir y al bajar ya cumplía con su deuda.  Una vez dentro pudo respirar aliviado, aunque fue un respirar cargado, es lo que tiene estar en una esfera de cristal con otras diez personas. Perdón, once, pues el joven no se había percatado por el momento de la pequeña hufflepuff.

¿Cuándo había pasado? ¿Veinte minutos? Eso era mucho, pero sí una cuarta vuelta había recorrido el cubículo cuando decidió dar una “vuelta” dentro del mismo, pegado al cristal, para observar que Fulanito no había bajado del autobús. Su recorrido se vio interrumpido por…*No puede ser, ha llegado antes que yo a la noria.* Pensó Jason asustado, retrocedió dos pasos lentamente sin apartar la mirada de esa figura, fue entonces cuando se percató de que no era el mismo hombre, es más, le resultaba conocido ese mechón de pelo rubio que asomaba bajo esa gorra plana. Se acercó de nuevo, con sigilo, pues la chica parecía sumida en un profundo sueño, y le arrebató la gorra sin previo aviso. ¿Cómo avisarla si estaba dormida? Fue tonto emplear esa expresión. – Buenas tardes, bella durmiente. Hoy no pareces tener ese gracioso bigote. – Fue el modo de saludar del chico tras ver como la chica habría los ojos.
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Danielle J. Maxwell el Mar Jul 29, 2014 6:14 pm

Esa sensación de cuando una cuna te mece era agradable, pero seguro que no habéis probado la sensación de cerrar los ojos en una noria gigante y mecerte en un círculo vicioso de lentitud, calor y ligera incomodidad. Eso sí que era agradablemente ABURRIDO. Era tan aburrido que no tardé en quedarme dormida allí tirada. Me había sujetado mis propias rodillas con las manos y apoyado la cabeza sobre ella, aprovechando que la gorra que tenía (y que me encantaba, por cierto, como dato curioso) me tapaba la cara. Cómo era evidente no tengo ni idea de cuánto tiempo pude haberme dormido, ya que no tengo un reloj implementado en mí y tampoco ninguno en la muñeca, así que simplemente dejé que mis párpados hicieran su trabajo y sucumbí a la increíble diversión —nótese la ironía— que invadía mi cuerpecito.

Años después, o quizás minutos, quizás trescientas sesenta y cinco vueltas después de aquella noria, me despertó el movimiento de mi cabeza en contra de mi voluntad. Es decir, alguien me había movido la cabeza. Me llevé la mano directamente a la cabeza con somnolencia y lentitud y vi que mi gorra no estaba allí. ¿MI GORRA DE VANS CON ESTAMPADOS DE CASCOS IMPERIALES A DÓNDE SE HABÍA IDO? pensé abriendo los ojos de golpe mientras, despeinada, miraba a mi alrededor.

La voz del chico que tenía al lado no me tranquilizó, lo que sí lo hizo fue haber visto que mi gorra la sostenía él y que estábamos a la punta de arriba de la noria, por lo que no tendría escapatoria si no me la devolvía. Sin embargo, no había que recurrir a la violencia, ya que después de que mi instinto asesino y protector con mis cosas preciadas saliese a la luz, dejó de nublarme la vista y pude ver que ese chico, tan mono y con ese sombrero tan sumamente bonito no era nada más ni nada menos que Jason, el Gryffindor metamorfomago con el que apenas había intercambiado una mirada y dos palabras en aquella fiesta de Luke.

Me levanté rápidamente de allí para que no se pensase que soy una indigente y me sacudí el culete antes de quitarle MI gorra favorita de entre sus manos para volver a ponérmela, dejándome mi fleco largo por un lateral de mis ojos. Sonreí y me llevé la mano al bigote, como si tuviera uno, acariciándomelo fingidamente.

Me quedaba bien, ¿verdad? Dejaré de afeitarme este verano —sonreí ampliamente. La verdad es que aquel bigote que me vio no fue ni de mi propia huerta, sino que algún tolete me lo pintó mientras dormía. Joder, no paro de dormir en todos lados, debo de tener algún tipo de problemas o algo…No sabía que eras de Londres… —dije por decir, ya que nunca había tenido ocasión de hablar con él, como he dicho, más de dos palabras, así que, EVIDENTEMENTE, estaba cortada. Además, me sacaba un año y quiera o no me intimidaba la gente más grande que yo— Aunque en verdad no nos conocemos, así que es lógico que no lo supiera —sonreí ante mi propia corrección y luego le tendí la mano, cual adolescente masculino. A mí eso de los besos nunca se me habían dado, no sé por qué, ¿no son muchas confianzas eso de acercarse a un desconocido que acaba de ser tu conocido por apenas segundos y DARLE UN BESO EN LA MEJILLA? No sé, será que soy poco de besos, pero son como así importantes, ¿no? Dárselos a un desconocido, por muy mono y simpático que parezca, me resultaba extraño— Soy Danny. La Hufflepuff con tendencias hacia la fuerza de toda la galaxia. Debí haber sido Jedi en vez de maga. Pero no te preocupes, no me corromperé y seguiré los caminos de la luz —dije, con un brillo friki en los ojos y un guiño divertido, aun con la mano en alto esperando su estrechamiento. Y así, señores, es como conseguir que Jason siga de largo cuando me vea por los pasillos... Como era normal en mí tuve que saltar con alguna patujada friki que me salían en momentos como éstos. Aunque no era de extrañar que me gustaba Star Wars, ya que casi toda mi ropa de hoy tenía algo que ver con esa fantástica saga.
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Jason Mirchoff el Mar Ago 05, 2014 6:32 pm

No había tenido suerte el muchacho a la hora de elegir acompañante para su viaje hasta Londres. Podría lamentarse por haber elegido al que parecía alguien común en lugar de las malas pintas de la señora, a pesar de que él nunca juzgara nada de eso, mas para él todo eran experiencias de las que aprender. Por suerte su metamorfomagía le había ayudado en esta ocasión.

Su huída le llevo hasta el London Eye, esa noria tan grande y lenta donde podrías tener una clase de historia de la magia sin problemas. Lo cual es decir, porque la sensación temporal en una de esas clases se multiplica exponencialmente.  ¿A quién le interesa saber en qué año los duendes se enfrentaron a los centauros? Creo que era así, sí, eso pasó en algún momento de la historia. O sólo había pasado en uno de sus sueños, pues el joven Mirchoff solía dormir en dichas clases. Pero guardad el secreto, nadie debe saberlo.

Al entrar al cubículo de la noria pensó por unos instantes que se había salvado de Fulanito, más ver a la joven tejona en pose vagabunda le sobresalto. Su pequeña paz se vio alterada, sin embargo poco tardo en darse cuenta que nada tenía que ver el extraño hombre del autobús con la cara tan simpática que se ocultaba a los ojos de los demás. Jason no pudo resistir el arrebatarle la gorra y así llamar su atención. ¿Qué mejor que pasar el tiempo que queda en la noria que hablando con una de las chicas más divertidas de Hogwarts? Pues pasarlo comiendo un festín.


- Me harías de lo más feliz si te lo dejaras crecer. Podríamos ir ambos con uno así en el banquete de comienzo de curso. – Expuso el Gryffindor con gesto pensativo y una traviesa sonrisa. Siempre encontraba la forma de llamar la atención en cada banquete importante, para este año, el cual sería su último curso, no tenía pensado nada en especial. Hacerlo acompañado se le antojaba de lo más divertido, pero para ello debía conocer un poco más a la jovencita.  Jason estrechó su mano cuando la Hufflepuff la tendió, a la vez que sonreía de oreja a oreja. Llevaba razón la pequeña, no se conocían más que de cruzar un par de palabras en la fiesta de las mazmorras. – Estupendo joven Padawan, corromperte no has si feliz ser quieres. – Jason hizo un pequeño alarde de sus conocimientos sobre la mejor saga de todos los tiempos. – Yo soy Jason, el Gryffindor que cada hora tiene un color de pelo diferente. – Se presento haciendo una pequeña reverencia a la vez que retiraba su sombrero con gesto cortes, dejando ver su pelo verde chillón, color que había adoptado al entrar al London Eye. Rápidamente volvió a colocarse el sombrero, no fuera a cambiarse de color y los muggles se asustaran.  


- Respondiendo a lo de antes, no soy de Londres, soy de Yorkshire del sur. Pero nada que el transporte especial  no pueda recorrer en poco tiempo. – Respondió guiñándole un ojo. Todavía se preguntaba cómo había logrado recorrer esa distancia en tan poco tiempo, y tenía sentido, pues el trayecto más largo lo hizo con ayuda de la magia, ya luego fue más discreto y uso el público. Mucho mejor hubiera sido utilizar la magia para llegar hasta aquí, pero Jason era un enamorado de lo sencillo y de lo muggle, así estaba más conectado con su madre.


- ¿Vas a estar en esta noria todo el día? Es que vine a la aventura y siempre es más divertido no hacerlo solo. – Le preguntó a la joven amarilla poniendo su cara más monosa e inocente. Así era él y así se sentía. Era un gran chico aparentemente, pero en su interior parecía tener diez años todavía.
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Danielle J. Maxwell el Vie Ago 08, 2014 8:31 pm

Cuando me encontraba con alguien de Hogwarts en Londres me sentía como si fuera la típica guiri en un lugar que no debería ser el mío y es un hecho, ya que no tengo ni idea de la orientación en una ciudad tan grande como esta y soy de Finlandia, además de que a veces se me notaba por mi acento que no era de por aquí. Si no me conozco ni Helsinki bien, imagínate Londres, que es caótico. O por lo menos a mí me parece un puzle irresoluble. No ha habido ni una vez en dónde no me haya perdido DE VUELTA a casa. Y es que parece que todas las calles son iguales. Para colmo, siempre visitaba los lugares más turísticos que pudieran existir aunque me aburrieran y era un hecho, ya que no hacía falta más que verme durmiendo en el London Eye. Sin embargo, Jason tampoco era de allí, era otro estrangis en busca de aventuras y diversión, aunque por su parte, parecía haber venido solo y no tenía a una abuela pesada haciendo “tiempo” hasta que ella bajase. Si no la había echado de menos es que estaba muy contenta hablando con Hortensia, esa amiga tan pesada que tiene. Sonreí ante lo que dijo del bigote. Y pensar que fui con un bigote de lo más ridículo por todo Hogwarts a saber cuánto tiempo…

Tengo un gran repertorio de bigotes. Desde el de Hitler hasta el de Cantinflas. ¿O quizás prefieres el de Groucho Marx? —reí divertida ante su gesto pensativo. A lo mejor era un hijo de magos que era un ignorante de la cultura muggle, por mi parte, al nacer con muggles no estudié en casa, sino que fui a un colegio muggle como toda niña normal y reconozco a fleje de gente típica de la historia muggle. Luego amplié mi sonrisa, pero de una divertida a una de admiración, ya que recitó una frase de la manera más Yoda posible— ¡Eh! No te pases imitando a mi Maestro, ¿eh? Que si quedarte con el culo rojo no quieres, con el meterte no debes —sonreí alzando una ceja y llevándome el dedo índice a la boca en señal de mantener el secreto. Luego me acerqué a él para acortar las distancias, ya que no quería hablar de su metamorfomagia ahí como quién habla de caca o del tiempo. Porque sí, hablar de caca es algo muy normal— ¿Pero eso lo controlas tú o te sale solo? —pregunté curiosa— Una vez te vi con el pelo rosa. Te quedaba divino —me metí con el divertida. No le conocía de más de unas miradas y poco más, pero bueh, ¿qué más da? Yo me meto con todo el mundo y es sin malicia.

Cuando me dijo que era de Yorkshire por un momento pensé que por qué me lo decía, pero luego caí en que yo había “sacado” el tema. Sinceramente, mi geografía era tan mala como mi orientación, así que no tenía ni pajolera idea de dónde estaba Yorkshire.

No sé dónde está eso. ¿Aquí en Inglaterra? —pregunté dejando notar mi ignorancia. Total, seamos sinceros, ¿a quién le importa en dónde estén los sitios? A mí no, si siempre me lleva un avión, mientras lo sepa el capitán…— Seguro que te gano y Finlandia está más lejos.

Me preguntó que si iba a pegarme en la noria todo el día y NO, por Dios. Me pegaría un tiro antes que volver a soportar dar otra maldita vuelta de esas con la consciencia a tope. Además… ¿Eso era una invitación? ¿Jason, el Gryffindor metamorfomago de séptimo que no conozco me estaba invitando a una aventura?

Esta noria es más aburrido que las clases de Historia de la Magia y en contra de mi voluntad y por culpa de mi gran capacidad para dormirme cuando algo es mierda… he tenido que soportar otra vuelta de más —le expliqué— Por lo que no tenía pensado quedarme aquí. —omití el hecho de decir que mi abuela me estaba esperando abajo. Debería pedirle permiso, pero ella está acostumbrada a perderme y sabe que soy como un perro y siempre llego a casa— ¿Qué tienes pensado? ¿Escalar el Big Ben? ¿Robar a Galileo Galilei del Madame Tussauds? ¿Ir al parque a reírte de cómo se caen los niños? ¿Buscar el arca perdida? ¿Viajar a Tatooine? Personalmente prefiero Dagobah pero bueno. Tú dirás. Yo me apunto a todo —digo motivada mientras muevo las manos de un lado para otro, gesticulando todo lo que decía. Realmente no me apuntaba a todo… a un secta no me apuntaba, pero por mucho que Jason cambiara de color de pelo mágicamente, no tiene pinta de ser de una secta. Los de la secta son esos de los testigos de Jehová… ¡No paran de intentar corromperme!

La noria ya estaba bajando nuevamente, pero aún quedaba un poco para llegar a salir de ella. Me apoyé a la barra de atrás, dándole la espalda a todo el paisaje (que ya había visto en la media hora de la vuelta anterior) y mirando ligeramente hacia arriba para hablar con Jason.
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Jason Mirchoff el Vie Ago 15, 2014 6:36 pm

Pocas cosas entusiasmaban tanto al joven Gryffindor como encontrarse a alguien conocido por Londres, así disfrutaba más del viaje. Conocidos remotos, conocidos de cruzarse por los pasillos, conocidos de un hola hace años, le daba igual que tipo de conocidos fueran, para él todos eran iguales, sólo que iban subiendo escalafones en su graduación. Una cosa extraña que visualizaba en su mente cada vez que se encontraba con alguien. Similar a una pirámide pero sin fin. Una escalinata que iba aumentando con el paso del tiempo, aunque todos se quedaban en conocidos y pocos ascendían a la zona de platino, esa que tanto costaba alcanzar teniendo en cuenta la actitud del joven con todos. Mentira, para él todos irían en esa  zona, pero al resto no les parecía igual. Una pena.

Las palabras de Danny le hicieron sonreír, aunque el chico siempre sonreía. – Lo cierto es que preferiría ir con este. – Respondió llevando sus manos a su cara, tapando su boca y concentrándose. Cuando lo hacía arrugaba tanto su rostro que cualquiera podría pensar que hacía fuerzas para hacer caca, ¡pero no! Estaba concentrándose. Inclinó la cabeza para aumentar dicha concentración, en su mente estaba la imagen, sólo tenía que controlar lo suficiente su cuerpo para que el pelo creciera en su rostro, con la forma que deseaba, son truquitos de metamorfomago.  Aún con las manos en la boca le dijo a la joven rubia - ¿Podrás lograrlo? – Tras la pregunta retiró las manos de su rostro y dejó que la chica viera el sinuoso bigote  que acababa de aparecer en su rostro, aunque incluía perilla también. – Mucho mejor que el de Cantinflas, ¿no crees? – dijo el joven, riendo sin más. Aunque poco tardaría en llevarse las manos a la boca para hacerlo desaparecer, sería muy raro que los muggles le vieran con esa apariencia cuando lo habían visto al entrar perfectamente afeitado, como el culito de un bebé tenía su rostro.

Jason puso las manos abiertas frente a él, en señal de paz ante las palabras de Danny, no quería que se alterara por nada, y mucho menos que le pusiera el culo rojo, ya tenía suficiente con el uniforme. - ¿A que sí? – respondió el joven al comentario sobre su pelo rosa, haciendo un gesto bastante afeminado con las manos, para hacer la gracia. Era su especialidad, reírse de sí mismo. – No siempre, pero estoy en ello, algún día la controlaré del todo. – Le respondió guiñándole un ojo. Era algo que esperaba con anhelo, lograr controlar de una vez por todas su metamorfomagía. Más cerca estaba el día soñado.

- Desde luego me ganas, señorita, Yorkshire está en Inglaterra, algo lejos, pero no tanto como Finlandia. – Comentó con una voz divertida, a la vez que gesticulaba con las manos, una manía suya para enfatizar lo que decía, aunque lo hacía inconscientemente. Algún día probaría a no moverlas tantos, para ver qué sucede.  - ¿No habrás hecho como yo y has venido en autobús para luego volver, verdad? – El chico es tontito, pero no tanto, se imaginaba cual sería su respuesta aunque la hizo igualmente por soltar alguna idiotez de las suyas y que así la gente no creyera que tenía cierto nivel intelectual. Eso restaba importancia a su principal fin para con la gente.

- No esperaba menos de alguien con tu fama. – Añadió el Gryffindor acompañando las palabras de su más típico movimiento de cejas, sí, ese que aparece en su firma. Lo hacía para desconcertar en ocasiones, en otras tan sólo para llamar la atención, pero la principal razón por la cual lo hacía era que a su hermana le hacía reír con todas sus ganas, esas que te acaba doliendo la barriga. Las propuestas de la chica le pillaron un poco desprevenido, sobre todo la de ir a ver como los niños se caían, era algo perturbador desde su punto de vista. No le gustaba reír de las desgracia ajena, por muy desconocido que fuese. Diría que se reía con gusto de los que les caían mal, pero un defecto de este chico es que todo el mundo le cae bien, aunque se porten como auténticos idiotas con él.  - ¿Qué te parece ir a hacer reír a los guardias del Buckingham Palace? El primero que consiga el más mínimo gesto por su parte gana, el perdedor deberá hacerle un calvo al guardia. – Propuso el Gryffindor a la Hufflepuff, mirándola con seriedad, aunque ni él estaba muy convencido de su propuesta. Podrían pasarse horas delante de esos hombres sin que pestañearan siquiera. Quizás en el cambio de guardia obtendrían una mueca, pero lo dudaba mucho. – También podemos ir a Tatooen, debemos ir ahí para evitar que el joven Skywalker tome el mal camino. – Fue la mejor idea que ha tenido en mucho tiempo. Pensaréis que está loco, pero no es así, tenía en mente algo especial. Aunque probablemente la pequeña tejona ya lo haya visitado, ¿porqué no intentarlo? Sería interesante.

Una vez la noria llego a su fin, Jason sujetó a Danny de la muñeca y tiró de ella hacia afuera, con delicadeza obviamente. – Debemos darnos prisa o no llegaremos al Halcón Milenario. – Expuso el joven con total convicción. Apresurando el paso lentamente, hasta casi echarse a correr, al cabo de unos minutos corriendo miró hacia atrás, para ver si la chica le seguía. ¿Os preguntaréis porqué no se dio cuenta si le sujetaba de la mano? La respuesta es muy simple, la había soltado.
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Danielle J. Maxwell el Dom Ago 17, 2014 8:07 am

Mira que yo no era muy amante de los bigotes. Ni tampoco de los chicos que llevan barba, no me gustaba nada tener que darle dos besos a nadie y que su barbita me picase en el rostro. Es desagradable y luego se me queda la piel rojita por culpa de ellos. Pero todo aquel que relacionase mis mayores hobbies y gustos con algo que no me gustaba, podría llegar a hacer que eso me gustara. Es como cuando mi madre me hizo galletas con forma de Darth Vader que contenían no sé qué proteína que me faltaba. Mi madre sí que sabe cómo ganarse mi corazón y mi estómago. Jason acababa de conseguir que un solo tipo de pelo facial pudiese llamar mi atención: un bigote y perilla de Batman. Al principio me quedé mirándole con cara de: “¿Qué haces tío?” cuando se tapó la cara y se puso a hacer fuerza para hacer caca, pero no. Al parecer estaba concentrándose. Como se concentre así siempre, no me extraña que le llamen el rarito de Gryffindor. Aunque no iba a negarlo, estaba muy mono apretando el ceño, aunque pareciera que va a hacer caquita. Cuando me lo enseñó, mi rostro cambió totalmente y sonreí con candidez.

¡Se sale! ¡Te ha quedado muy bien! —dije con más euforia de la esperada, por lo que muchos muggles miraron curiosos. Sin embargo, él fue más rápido y no se había quitado las manos de la boca, por lo que se lo quitó rápidamente—. Sí, sin duda es mejor que el de cantiflas. ¿Qué si puedo lograrlo? ¿Estás dudando DE MÍ? Se nota que no me conoces. Sólo espera a que empiece el nuevo curso, pequeño Padawan. —Aunque decidí hacer mi obra de caridad del día, por lo que me puse de puntillas para contarle un secreto al oído—. Entre tú y yo… nunca te dejes barba. —Y al separarme le miré con un rostro de lo más divertido.

Jason no controlaba todavía esa gran magia que estaba en su interior. Estaba muy guay, por un momento sentí incluso envidia de su gran habilidad. Se podían hacer muchas cosas con ella pero, ante todo, era divertido. Aunque fuera difícil de controlar, creo que merece la pena aprender y que tampoco es difícil de llevar. Le di un suave e inocente golpe en el hombro cuando dijo que si había venido en autobús. Sí, crucé el mar en autobús volador. Pero entendí que estaba bromeando, por lo que simplemente le contesté de mismo modo. Él quería meterse en una aventura y yo nunca decía que no a una aventura (menos cuando me duelen los ovarios, en esas ocasiones no soy persona, soy vegetal y prefiero morir tranquilamente en mi cama), por lo que le ofrecí muchas oportunidades de aventuras, algunas más factibles que otras. Ya que ir a otro planeta lo veía un poco difícil, ya que mi amor Skywalker aún no me ha enseñado a manejar ninguna nave capaz. Pero pronto lo hará, cuando aparezca. Sin embargo, la idea de ir a molestar a los guardianes  del palacio de Buckingham me parecía de lo más divertido. ¡Nunca lo había hecho! ¿Cómo no lo había hecho nunca? ¡Será mi nuevo reto hasta el final del verano, hacer reír a uno de esos deprimentes hombres!

¡Me apunto a eso! Vamos a meternos en medio de la jornada laboral de esos hombres para darle un poco de vida a sus tristes vidas. En serio, ¿quién narices es feliz haciendo un trabajo como ese? Normal que nunca se rían. Están siempre quietos delante de una puerta… —murmuré como si no tuviera ningún sentido. Sonreí con algo de timidez a lo de Tatooine. Me gustaba que me siguieran el rollo con mis frikadas, no iba a negarlo—. Lo de Tatooine me gusta, pero Jason, a mí no me engañas, tú no sabes conducir ninguna nave espacial. Si yo no sé, tú no sabes… —Pero fue entonces cuando me cogió de la muñeca cuando la noria llegó abajo y me tiró de ella para empezar a correr al grito de que no llegaríamos al Halcón Milenario. Me carcajeé mientras aceleraba el paso por en medio de todos los turistas y me soltó a mitad. Ni me paré, simplemente seguí sus pasos, aunque no tardé en cansarme. ¿Qué pasa? Mi resistencia física brillaba por su ausencia... Tenía que ponerme a hacer cardio o cuando viniesen los zombies iba a ser la primera en caer—. ¡Eh, Jason, para! —Y aminoré el paso hasta dónde él se había parado—. Madre mía, ¿Cómo aguantas tanto si nuestro único esfuerzo físico durante nueve meses es subirse a una escoba que te mueve? —solté aire fuertemente para volver a cogerlo, con algo de diversión. La verdad es que el deporte de los magos es lo menos saludable que hay. Miré a mi alrededor, como si estuviera buscando algo muy importante que no está, aunque a lo lejos vi el palacio del tal Buckingham—. Me has engañado. ¿Dónde está el Halcón Milenario? ¿Y Han Solo? —Si Han Solo existiese, lo convertiría en mi marido para cuando tenga 18 años. Ya que Skywalker está con otra, por lo menos el capitán Solo—. Has roto el sueño de una niña de quince años. Irás al infierno. ¿Qué táctica piensas usar para hacer reír a los guardianes? —empecé a caminar hacia el palacio—. Yo ya he pensado mi táctica infalible... —dije misteriosamente, mirándole de reojo para dejarle con las ganas de saberlo.
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Jason Mirchoff el Vie Ago 22, 2014 2:53 pm

El joven Gryffindor se estaba divirtiendo con la tejona, vale que llevaban apenas unos minutos hablando, pero se estaba divirtiendo. El joven recordaba a la chica por aquel peculiar bigote, y no se le ocurrió otra cosa que proponerle ir acorde el primer día de clase, en el banquete del nuevo curso para ser exactos. La joven nombro bigotes de gente famosa, pero a Jason no se le ocurrió uno mejor que el de batman, a juego con una perilla. Una decisión arriesgada pero divertida. Concentrarle le costó lo suyo, como siempre, y eso se notaba en la cara de la chica. Mas así es Jason, un chico con costumbres raras, entre ellas olerse las axilas cuando se pone nervioso. Cosas raras, de ahí que lo traten como lo tratan. Aunque él encantado, ya se sabe, adora hacer reír a los demás.

- Como te vea en el banquete sin él te lanzaré una maldición –contestó el joven poniendo cara de loco, aunque riendo luego. Jason no sería capaz de lanzar una maldición a nadie, sería como pensar que el que no debe ser nombrado te diera un par de besos cada vez que te ve. Aunque como está muerto no le preocupa mucho. No, si hacía caso a Potter estaba vivo, y como miembro de Gryffindor le creía, con reticencias, pero le creía. No le hacía ninguna gracia que el señor sin nariz volviera al mundo mágico, aunque eso de que no tuviera nariz no es algo que supiera con certeza, un rumor que escuchó en alguna ocasión. Asintió a la sugerencia de la chica, no es algo que pensara hacer. No se veía con barba ni con nada de pelo facial. Si hasta la fecha no había salido sería por algo, además cuando controlara su magia interna quizás podría librarse de la carga de tener que afeitarse como hacía su padre. Tenía miedo de cortarse. Su padre se enjabonaba la cara y pasaba la cuchilla una y otra vez por su rostro, con una precisión asombrosa. Sin embargo Jason no quería tener que hacer eso nunca, sabía que si lo llegaba a hacer acabaría hecho un cuadro, con cientos de trocitos de papel en su rostro. Sería divertido, parecería una momia, pero dolería, y eso no lo quería.

Las ideas fueron fluyendo, una tras otra. A cada cual más alocada. Desde robar figuras de cera a viajar a otro planeta de una lejana galaxia. En la mente de Jason comenzó a formarse una idea sobre qué hacer, sobre todo teniendo en cuenta la indumentaria de la chica. Conocía bien un museo que albergaba una réplica del halcón milenario y no dudo en sugerirle a la chica ir allí. Aunque no se lo dijo directamente, obviamente, por eso la chica optó los guardias del palacio real. – No deberías subestimarme, señorita. En mi tiempo libre patrullo el espacio junto a Buzz Lightyear. – Replicó con burla. Pues claro que no sabía pilotar una nave espacial, pero no lo necesitaba, para eso está Han Solo, y sino que nos ayude Chewbacca.  Ese gran oso-perro es el mejor de la saga, y quien diga lo contrario miente. Sus diálogos son los más complejos y sus movimientos los más complejos. Jason se veía identificado con él, no me preguntéis el porqué pues nadie lo sabe. Es su mente atolondrada no pidáis más.

No dudo en coger a la chica de la mano al llegar al suelo, comenzando a correr juntos. Una de las veces que se giró para ver si su acompañante la seguía la vio parada, recuperando el aire. Sonrió mientras ella se acercaba. – Te recuerdo que mi dormitorio está en una de las torres. Si quiero comer tengo que bajar seis pisos hasta el comedor, siete si bajo a las cocinas. Y SIN ESCOBA. – Respondió con diversión, ni de lejos pretendía ofender, pero si le resultaba gracioso cuando le hacían esa pregunta. Recorrer todo el castillo, subiendo y bajando escaleras a diario para hacer todo te aportaba una resistencia que pocos tenían, al menos en el mundo muggle. Sumadle que siempre llegaba tarde a todos lados, tenía una resistencia que ni los mejores corredores muggles.  – Todavía nos queda un tramo para llegar al Halcón milenario, pero claro, si paramos en el palacio se irán sin nosotros. – le explicó con voz apenada. – En una hora debería volver a estar disponible, así que vamos a por los guardias. – respondió con un chasquido de dedos en señal de victoria.

Se rascó la cabeza varias veces ante su pregunta. No lo había pensado, es de esas cosas que no siempre piensas, sino te dejas llevar. Podría hacer muecas, hacerles cosquillas no, cree que está prohibido. Quizás su magia le ayude, no, eso sorprendería tanto al guardia que se caería redondo. Al menos se movería, que era más de lo que había conseguido hasta ahora.  La suerte de la metamorfomagia es que no te pueden acusar de hacer magia fuera de Hogwarts por ser menor, básicamente porque  si no puedo controlarlo, cómo voy a evitarlo.  – Cuéntame tu secreto, joven Padawan. -  Le dio un suave codazo a la chica y le puso ojitos de corderito, quizás lo lograra así. – Táctica no tengo ninguna pensada. Mejor improvisar, quizás hacer que me salga un pico o una nariz de cerdito ayude. – Comentó con una sonrisa de oreja a oreja, con mirada pensativa. Como he mencionado no lo tenía claro, nada en absoluto, más eso no iba a detenerlo.  Ambos fueron caminando hasta llegar a uno de los cubículos. El guardia de turno estaba ahí, un hombre con cara de mala leche, para más detalle. Jason miró a Danny con gesto preocupado, lo iban a tener complicado.  – Tu primero, señorita. – Fue lo último que dijo, haciendo un gesto galante con la mano para cederle tal honor.
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Danielle J. Maxwell el Dom Ago 24, 2014 12:30 pm

La vergüenza ya no existía en mi vocabulario en cuanto a “hacer el ridículo” se refiere. Llevo casi cuatro años en Hogwarts haciendo el ridículo sin querer o queriendo y la verdad es que muchos ya me conocen sólo por eso. Otros me conocen por las travesuras que hago… no me reí ni nada cuando puse en el baño femenino y masculino ese papel transparente en el váter y la gente salía gritando de allí más mojada de pis que otra cosa. Qué risa. Tengo que volver a repetirlo este año.

Le pegué un juguetón golpecito en el brazo cuando dijo que en su tiempo libre patrullaba con Buzz Lightyear. ¡Más quisiera él ser tan amigo de él como yo! Sin embargo, a Jason se le veía con todas las intenciones de corroborármelo. Me cogió de la mano y corrimos más fuerte que el viento. Perdigón, ese caballo de Toy Story, no podría habernos cogido en la vida. Sin embargo, yo tenía un cardio inútil y una resistencia física casi igual de inútil, por lo que no tardé en quedarme atrás y llamar su atención para que no siguiera. ¿Acaso pretende matarme mediante asfixia? Me quejé, pero fue todavía más graciosa su contestación. Solté una divertida carcajada.

Tienes razón. ¡Y yo dudando de ti! —exclamé divertida— ¿Pues sabes? No es por darte envidia ni nada… pero las cocinas están a diez pasos en línea recta de mi sala común. ¿De dónde te crees que he sacado esta barriguita? —en verdad no tenía barriguita, pero era divertido soltar esas cosas— Si hasta los elfos me conocen. —preferí omitir que eran mis amigos. Era muy triste que a veces un elfo doméstico como esos pudieran ser mejor personas que algunas personas. El aludió a que el halcón milenario se iría sin nosotros, pero que volvería. ¿A qué se referiría? Fruncí los labios pensativas— ¿Volver a estar disponible? ¿A dónde se va, a Tatooine en busca de Droides? —alcé una ceja— Te diría de dejar a los guardias para otro día, pero lo he asumido como un reto personal. —sonreí ampliamente y continuamos nuestro camino.

Cuando Jason me dijo que le contara mi secreto me quedé un poco en pause. En realidad no había pensado nada, era para darle emoción al asunto. Así que para seguir dándole emoción al asunto, simplemente negué con la cabeza continuamente.

No te lo digo —abrí la boca indignadamente sorprendida cuando dijo lo del pico o nariz de cerdito— ¡Eso es trampa! ¡No vale utilizar magia, que yo no puedo ni consciente ni inconscientemente! —le recriminé divertida, mientras nos acercábamos a ellos. Mientras tanto, mi mente fue llenándose cada vez de más cosas inútiles con la que poder hacer reír a estos guardias. Con un Rictusempra lo tendría fácil, pero mi varita está más vetada como mi alijo de grageas a partir de las dos de la mañana.

Al llegar, Jason dijo que yo fuera primero y le miré con reproche. ¿Cómo iba a hacer reír a ese tío que parecía que tenía un palo metido por el culo? Tragué saliva y me acerqué a él lentamente, tanteando el terreno. Podría imitarle, pero antes que hacer él se riera, yo me moriría de aburrimiento. Decidí que lo más conveniente era ir con la verdad por delante, filosofar a su lado. ¡Ser parte de su aburrimiento! Quizás está tan aburrido que se digna a hacer sonreír a una niña como yo. Cuando llegué delante de él, me puse de puntillas y le miré de cerca el rostro. Él no varío si quiera la mirada. Luego me puse a un lateral de él con unos brincos y me volví a poner de puntillas. No le veía las orejas, pues estaban tapadas con ese gran sombrero, pero suponía que me escucharía si le hablo.

Holi —le saludé— Me llamo Danny y tengo una petición… —di la vuelta alrededor de él y me acerqué a la otra oreja— ¿Puedes esbozar una sonrisa a cambio de hacer feliz a una joven chica como yo? Es para ganar una apuesta y podría pagarte, pero en un bolsillo tengo el envoltorio de un chicle y en el otro dos o tres grageas. Además, tengo la intuición de que va a hacer con sabor a vómito y la otra sabor sudor. Los colores verde y medio transparente son muy perturbadores, ¿sabes? —continué hablándole mientras caminaba por su alrededor. Al final me había olvidado de hacerle reír y estaba hablándole como si fuera mi confesor— ¿Ves a ese niño de allí? —señalé a Jason y le saludé— Cree que puede hacerte reír antes que yo. No hemos apostado nada, pero el orgullo está de por medio… —En verdad me la sudaba mucho el orgullo, lo había dicho para darle dramatismo al asunto—. ¡Jason! —le llamé para que se acercara. Una vez estuvo cerca, le ofrecí la gragea verde de mi bolsillo—. Es de menta —mentí divertida al ver su inocente rostro. Luego miré al guardia y le guiñé un ojo cómplice de lo que él y yo sabíamos. Jiji. Sabor vómito…
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Jason Mirchoff el Vie Sep 05, 2014 2:41 pm

Los dos alumnos podrían pasar por niños de seis años si los dejabas, tenían una actitud de lo más inocente, lo cual era encantador. Además de que ambos era un reflejo de la inocencia. Mientras los compañeros de Jason tenían las hormonas revolucionadas y todos habían tenido sus más y sus menos con otra persona, él seguía sin haber dado su primer beso, y poco le importaba. Pues estaba en hogwarts para aprender, para estudiar y su mayor preocupación era controlar la metamorfomagia.

Después de su encuentro y las opciones para pasarlo bien, emprendieron la carrera hacia el halcón milenario. La Hufflepuff no tenía el rendimiento que poseía el joven, pues poco tardo en parar. Una debilidad de los Hufflepuff, deberían estar más lejos de la cocina, que luego les pasa factura. Son los mejor ubicados que están, salvo para las clases de adivinación y astronomía, todo lo tienen a mano. Así acaban algunos siendo bolas de billar, como su fantasma. Ese sí que debió pasar su estancia en el castillo sin salir de la cocina.  Sonreí a sus palabras, nunca caía en ello. Olvidaba que el correr tanto por el castillo había cambiado su resistencia física, eso porque no le conocistéis hace dos años, cuando era gordito y con aparatos. ¡Qué pintas tenía! Es lo que los muggles suelen llamar un nerd, pues así era él.

- Envidia me darías, pero prefiero resistir la tentación. Acudir tanto a la cocina acaba pasando factura. – comentó haciéndole el gesto de la pistola con la mano. Él lo sabía bien, el estar regordete le había causado muchos problemas años atrás, le costaba muchísimo subir las escaleras y bajarlas, por no hablar de los demás problemas que le causo. Ahora que se encontraba en forma, teniendo uno de los cuerpos más sexys del cole según el Corazón de Bruja, evitaba las grandes zampadas o las visitas a escondidas a la cocina. Que quede claro que el Gryffindor no se preocupa por estar guapo o ser sexy, lo único que le preocupa es su salud. Y la cuida corriendo por el castillo para ir a clase. Es lo único.  – Es una sorpresa, cuando vayamos descubrirás a donde va. – Dijo Jason con aire enigmático. Estaba dispuesto a enseñarle ese pequeño mundo que se escondía en Londres.

Ambos debatieron estrategias para hacer reír a los guardias, aunque ninguno tenía nada pensado, un debate tonto. Danny le recriminó el uso de la metamorfomagia, llevaría ventaja, pero no iba a usarlas, no conscientemente. Pero dejemos esto a un lado, no era el momento para ello. Estaban junto a uno de los guardias, a unos metros de distancia. Un hombre con cara de pocos amigos, podría decirse que tenía una gran necesidad de tomar all bran. Las damas primero, fue lo que pasó por la mente del joven león, cediéndole el turno a la señorita. La observó en la distancia, mientras Danny le explicaba con su forma de ser algo sobre una apuesta. La cara del hombre no reflejaba nada, pero debió preguntarse seriamente como una gragea podía saber a vomito o a sudor. A fin de cuentas es un muggle.

Jason se acercó a ella cuando le llamó. Le sonrió sin más. Estaba claro que no lo había logrado, ese hombre seguía con la misma cara de estreñido. La joven le tendió una gragea, de menta dijo. Mentirosilla que era. Jason la cogió dándole las gracias y sin dudar se la llevo a la boca. En una primera reacción al notar el sabor arrugó el ceño, cayendo en la cuenta de la mentira. Sin embargo, para ver la reacción de la joven, hizo acopio de todas sus fuerzas para reprimir las nauseas y mostró su mejor cara a la chica. – mmm…Está deliciosa. – alcanzó a decir sonriendo. Se giró levemente, ocultando su cara. *Un poco más.* Se dijo a sí mismo. Pero no podía, una oleada de jugos gástricos comenzaba a salir de su estomago en ascensión. Se giró de nuevo a Danny, con una sonrisa falsa y…. buah. Jason comenzó a vomitar a sus pies, sin poder detenerlo. Un vomito compuesto por bilis y algunos trozos de fruta que tomo de postre. Por suerte no fue mucho y el vómito no llego a manchar los zapatos de la joven.  Más no fue lo único que sucedió, al inclinarse su sombrero se cayó y su pelo, de un color nauseabundo en esos momentos, quedo al descubierto. La imagen era de lo más pintoresca.

- Eso es jugar muy sucio, Danny Maxwell.- Alcanzó a decir, reprimiendo una arcada y elevando la cabeza para hablar mirándole. Lo dijo con tono serio, el que pudo. Sin embargo le había resultado de lo más gracioso el ingenio de la enana. Jason tenía pocas luces, pues podía haber escupido la gragea en lugar de tragársela.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Sep 06, 2014 10:46 pm

Jason TENÍA RAZÓN. No era mi resistencia física lo que fallaba, eran todos aquellos dulces de más que se acumulaban en mi barriga y me tupían las venas. ¡Iba a morir por culpa del colesterol que invadían intrusamente mis arterias! ¡Malditas cocinas, malditos elfos domésticos! ¡Maldita madriguera de Hufflepuff gordos, ¿por qué están tan cerca de la maldita cocina?! ¡Iba a morir de un infarto por extra esforzarme corriendo para llegar a un sitio a dónde puedo ir caminando, pues el aire no llegará por culpa de la obstrucción de mis venas! Coño, Jason, correr en medio de Londres sólo si viene un Dinosaurio o está Anakin en el lugar de destino, si no, no hay motivo para correr. O zombies, con los zombies también correría. Seguro que si vienen los zombies yo me convertiría la primera por lo lenta que soy corriendo y lo rápido que me canso. Qué mierda, tantos años viendo películas de zombie para que luego el cardio me dé un disgusto. Este mundo es súper injusto.

Tampoco me dijo qué era eso del Halcón Milenario. ¿Pretende dejar a una rubia con mala leche con la duda? ¡La lleva clara! Sin embargo, sí que lo consiguió, ya que yo era una chica con mente simple para las cosas más insignificantes, por lo que no fue difícil cambiarme de tema para ir primero a hacer reír a esos famosos guardianes del palacio con ese nombre tan largo, difícil de pronunciar y feo.

Decidí ir yo primero y cómo realmente no sabía cómo hacerle reír, decidí hacer de él el cómplice de mi siguiente movimiento. Jason quizás me odiara por lo que estaba a punto de hacer, pero sin duda no se lo esperaría, lo cual haría de aquello algo divertido. Por lo menos para mí, luego ya tendría que hacérselo ver a él para que no se cabreara conmigo. El caso es que mientras hablé con aquel hombre de sombrero extraño, Jason permaneció lejos de nosotros. No tardé en llamarlo y aprovechar que no sabía nada de mis grageas para sacar la de color verde y dárselo. Esperaba que fuera de color verde vomito, aunque supongo que el sabor a moco también es desagradable para aquel que no suele comérselos. Porque hay gente que se come los mocos. No entiendo por qué se comen aquello que el cuerpo segrega como desecho, pero bueno. Es como si cogieran su caca y se la metieran en un perrito caliente. Puag.

Jason llegó a donde estábamos nosotros con una amistosa y amplia sonrisa. ¡Había sido una sonrisa tan mona que incluso me dio pena darle la gragea! ¿Pero sabéis qué? ¡Yo soy Danny Maxwell y ninguna sonrisa podrá bajar mi defensa! ¡Absolutamente ninguna! (menos la de Anakin, pero todos sabemos que nunca veré sonreír a Anakin porque su actor está con una furcia ahí). Así que, muy mala persona por mi parte, le tendí la gragea. Por un momento me quedé flipando cuando dijo que estaba deliciosa. ¿En serio? A lo mejor era de manzana Y ME LA PERDÍ. Pero no. Se dio la vuelta y esa sonrisa no era una sonrisa. ¿Por qué sabía que no era una sonrisa? ¡Porque su cara estaba formando un gesto muy extraño!

Me vomitó.

¡Jason! —casi me parto, pero no, soné dramática a pesar de esbozar una sonrisa de lo más… ¿incómodamente divertida? Aquella situación sin duda no me la esperaba.

Pero síí, eso hizo señores. Vomitó al suelo y, con ello, a mis pies. No miré hacia abajo, ¡no mires Danny! Si veo eso posiblemente yo también me provoque y eche todo mi almuerzo por la boca. Veo como casi se cae su sombrero y lo cogí en el aire, pegando un salto hacia atrás para, uno, que su sombrero no se manchara y, dos, para alejarme de aquella cosa. Vi el color de su pelo y no pude evitar volver a acercarme a él por un lateral para ponerle el sombrero nuevamente en la cabeza para que nadie lo viera. Todo aquello más rápido de lo que creí que pudiera reaccionar nunca. Una vez a su lado, Jason me habló, parecía serio, pero se me hacía muy difícil imaginármelo serio.

Ya pero… —mi vista se desvió momentáneamente hacia el guardián que estaba en frente nuestra y, obviamente, no estaba sonriendo, pero pude ver cómo la mirada del hombre estaba fija en nosotros. Abrí los ojos de par en par al ver cómo volvía a desviarla para no ser descubierto— ¡Jason! ¡Nos ha mirado, nos ha mirado! ¡Ha valido la pena! No ha sonreído porque es un pobre infeliz de la vida, pero nos ha mirado. ¡Lo he visto! ¡Le ha podido la curiosidad! —sonreí y le ayudé a ponerse bien.

Vi que el pobre estaba todavía recomponiéndose de aquel vómito inesperado. Le debía una disculpa, ¿y qué mejor que dándosela con una pañuelo para que pudiera limpiarse la boca?

Espera… —dando brincos de felicidad me acerqué a una ancianita muy mona, la cual estaba acompañada de posiblemente su nieto y un perro muy mono— Perdone, señora, ¿tiene un pañuelo? ¿Ve a mi amigo de allí? —señalé a Jason y la señora lo miró, llevándose una mano a la boca en señal de: “¡Pobre muchacho!”— Al pobre le ha sentado mal la comida. —me encogí de hombros y la ancianita no tardó en sacar de su bolso un paquete de clínex para darme dos— Muchas gracias señora, que Dios se lo pague con una vida próspera llena de felicidad. O con la dicha de no sufrir alzheimer.

No sé de dónde narices me había salido esa vena de presidente dando un discurso, pero bueno, realmente era totalmente irrelevante y en realidad le daba las gracias por su buena fe, aunque casi todas las ancianitas van con buena fe por la vida. Volví a dónde estaba Jason dando brinquitos, hasta quedar a su lado. Le tendí el pañuelo con una sonrisa conciliadora.

¿Me perdonas? Era algo necesario para nuestra misión… Hemos conseguido que mueva las cuencas de sus ojos, aunque no se haya reído… —comenté, mirándole desde abajo (pues él era más alto) con una sonrisa de lo más adorable, de esas que dicen: “no, yo no he roto ni un plato”.
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Jason Mirchoff el Lun Sep 08, 2014 7:24 pm

Gomas en vinagre. Eso es lo que podría describir la locura de día que tendrían estos dos juntos. Un sin sentido sin fin. Corrieron como locos hasta que la tejona se quejó. Poca resistencia que tienen los jóvenes de hoy en día. Eso pasa por pasar tantas horas volando en escoba y acudiendo a la cocina. Deberían tener una clase donde les hicieran correr delante de un hipogrifo  o de una acromántula, así estarían todos en forma, sin excepción y no se los comería una horda de zombies si se diera el caso. ¿Habrá una forma de volver a los zombies humanos de nuevo? ¿Realmente habría un apocalipsis zombie? Por el momento están todos los muggles asustados con eso de una droga llamada caníbal. No entiendo que tanto susto, si ha habido muchos casos de canibalismo en la historia muggle, pero bueno, el histerismo está de moda y si añades algo de muertes todo el mundo se vuelve loco. Es curioso cómo funciona la mente colectiva.

La actuación del Gryffindor dio sus frutos en un comienzo, llegando la joven a creer que la gragea no era sabor vómito. Sonaba dramática la voz de la chica al decir su nombre. El joven no podía parar de vomitar, después de esto tendría que ir a comer si quería recuperar fuerzas. La situación estaba siendo divertida. Un chico de metro ochenta vomitando a los pies de una chica de poco más de metro sesenta.  Entre arcada y arcada el sombrero se cayó, dejando ver su pintoresco (y nunca mejor dicho) pelo. La chica fue rápida, más rápida que Flash. Cogió el sombrero en el aire, se coloco a su lado como si fuera a ayudarlo, y se lo colocó, para que nadie pudiera percatarse de sus cambios de color.  

Jason dijo con toda la seriedad que pudo lo que pensaba. La tejona había jugado sucio, pero ello se vio compensado con lo que dijo después. LES HABÍA MIRADO. Se incorporó un poco más, mirando al guardia. Con una sonrisa un tanto siniestra, entre felicidad absoluta por conseguir un movimiento de ese hombre y lo mal que se sentía por la cuestión obvia. Las nauseas se agrupaban. Reprimía las arcadas como podía. Por suerte ya se le estaban pasando.  Tampoco le quedaba mucho más en su estomago por expulsar, la digestión la había hecho hacía mucho, así que quedaba el postre y poco más que bilis.

La tejona le ayudo a ponerse de pie, rectifico, a ponerse erguido y lo dejó solo un rato. En su mente le resultaba todo muy extraño. Lo propio cuando vez a alguien vomitar no es dejarle solo y salir corriendo. Bueno, quizás ella era así de especial y tenía la necesidad imperiosa de salir corriendo a la mínima de cambio. La mente del joven había sido mal pensada por una vez en su vida, y para darle más caña a su pequeño cerebro, se había equivocado. La joven le dio un zas en toda la boca.

- Gracias.- Dijo el joven cogiendo el pañuelo, lo desplegó y se limpio la boca. Con cuidado, dando golpecitos en lugar de restregar, le parecía más higiénico así, o eso había hecho durante toda su vida. Se meditó mucho lo que había dicho la chica. Frunció los labios y los movió de un lado a otro, como si estuviera pensando en el peor castigo posible por haberle hecho eso. Miró la cara de la chica, y no pudo evitarlo, sus labios fruncidos se convirtieron en una encantadora sonrisa. - ¿Cómo no perdonarte cuando lo hemos logrado? – Su tono cambió por completo, así como su rostro. Pero este no tanto, seguía algo revuelto. – Eso sí, señorita, tendrás que llevarme a tomar un helado riquísimo para quitarme este mal sabor de boca. – dijo gesticulando con las manos. – No pretenderás que vaya así a un viaje interplanetario. – comentó a modo interrogante. Negó dulcemente con la cabeza y dio un par de pasos. Alejándose del guardia. De pronto se giró hacia él. – ¡A la próxima conseguiremos una sonrisa! – dijo con burla, alzando el dedo índice con gesto amenazador.  Tenían que lograrlo, en algún momento de su vida debían lograrlo. Quizás si los pillabas en el cambio de guardia sería posible una sonrisa mayor. Aunque algo improbable, pues así estarán sus superiores y les podría costar el puesto de trabajo. Pero una simple sonrisilla no les costaría la vida. Que tristes que eran.
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Danielle J. Maxwell el Mar Sep 09, 2014 4:58 pm

Cualquiera en su sano juicio o, mejor dicho, cualquier otra persona de Hogwarts sin contar Luke o Alice, que son mis amigos y me perdonan cualquier trastada, me hubiera como mínimo echado una bronca, hecho bullying o metido en un armario con la puerta cerrada por haberle dado una gragea con sabor a vómito y, encima, hacer que vomitara. Hasta a mí me supo mal a pesar de la increíble gracia que me dio la escena. Pero Jason era un sol. No sólo no me echó la bronca, sino que lo único que hizo fue mirarme con un poco de tirria antes de volver a hablarme tan afable como siempre. Sonreí ampliamente al ver que me perdonaba.

El fin justifica los medios, ¿no? —esbocé una sonrisa de lo más divertida, usando esa frase como excusa. De hecho, siempre la utilizaba como excusa. Me encantaba y era la mejor forma de escurrir el bulto muchas veces— Hacemos un buen equipo, deberías unirte a mí en mi increíble habilidad para molestar a la gente en Hogwarts. —amplié la sonrisa, en busca de una afirmación de su parte.

Me dijo que para compensárselo debería comprarle un helado y solté una divertida carcajada. Los helados estaban sobrevalorados. ¿Quién quiere un helado pudiendo comprarse un riquísimo batido de chocolate fresquito? O de plátano. Ay… me encantaban los batidos de plátanos. Como invitaba yo, elegía yo, así que negué con la cabeza y el dedo índice a la oferta del helado que yo nunca le di.

Si te comes un helado antes de ir a un viaje interplanetario sí que lo vas a volver a echar todo por la boca. ¿No sabes que el cambio de atmosfera repercute a la digestión? —me inventé para darle credibilidad a mis palabras— Te invitaré a algo todavía más rico. Ven, que como es la zona turística y vengo todas las semanas aquí no me pierdo —casi le cojo la mano para dirigirle hacia dónde tenía pensado, pero lo pensé mejor… primero, me da vergüenza cogerle la mano a un chico de séptimo, segundo, no soy Flash, por lo que no va a perderme de vista.

Caminé saliendo de aquella plaza de Buckingham y me dirigí a una de las tiendas más cercanas a un pequeño mercadillo que se formaban por aquellas calles. Era una tienda de lo más feliz. Literalmente. Tenía un cartel rosa en dónde ponía el nombre del local y el interior estaba totalmente formado por una temática de bosques y hadas muy chula. Las sillas estaban recubiertas con texturas de arbustos y allí casi siempre se servían cócteles o batidos con nombres de los más curiosos. Eran caros, pero bueno, Jason se lo merecía después de soportarme. Fui hasta la barra y me senté sobre un taburete de lo más alto, que incluso me costó. Cogí deliberadamente una de las cartas que estaban allí colocadas y le pasé otra a Jason.

Elige batido, que voy a transportarte al paraíso, pequeño Padawan. Yo te envío al paraíso y tú a mí al espacio. ¿Trato justo, no? —sonreí y moví el taburete para acercarme más a él. Yo me sabía los batidos de memoria casi, por lo que, para que no se leyera los treinta y seis batidos diferentes que poseía la carta, decidí ayudarle— ¿Ves qué guay? Los nombres de los batidos tienen nombres de brujas y encima cada batido tiene su propia historia. Este lugar es súper guay —En aquel lugar también se vendían gofres, cafés, sándwiches y crepes, pero yo por lo menos, no tenía hambre, sólo necesitaba algo de beber para quitarme de la mente aquel vómito—. Mira, para ayudarte a elegir te diré cuales son los mejores, ¿vale? Mis favoritos es este —le señalé el número seis— “Las brujas de Blair”, este batido tiene sabor a tarta de queso y le echan sirope de frambuesa y trozos de galleta. Es el que me voy a pedir yo. Luego este otro —le señalé el número treinta y uno después de pasar la página— es de oreo con chocolate blanco y nubes y este otro es de vainilla con nutella. Son mis favoritos, pero elige el que quieras.

Volví a alejarme de él para leer tranquilamente las historias de mis brujas inventadas favoritas. Que ilusa esta muggle, si supera todas las brujas guays que existieron de verdad y que podrían ser el nombre de un batido como este… ¡Incluso Danny Maxwell podría ser el nombre de un batido como estos!

¿La estación interestelar está muy lejos de aquí? —pregunté y, justo, vino la chica a tomarnos la cuenta— ¡Hola! —la saludé alegremente, pues ella me conocía. Siempre que venía me ponía a hablarle sobre “historias inventadas” de brujas “inventadas” pero realmente eran todas de las que nos decía el profesor de Historia de la magia. La mujer creía que tenía mucha imaginación, pero en realidad no— Dos batidos para llevar. A mí me pones un “Brujas de Blair”. ¿Jason? —miré a mi amigo, a ver si ya había elegido.
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Jason Mirchoff el Jue Sep 11, 2014 7:40 am

Perdonar a la rubia no le llevó ni dos segundos, es cuasi imposible no perdonar a alguien tan mono. Puede que algunos no lo hagan, esos son los mente cuadrada que no aprecian la vida como lo hace el joven Mirchoff. Hacer equipo estos dos podría ser nefasto para el resto de alumnos, aunque divertido para el león, tendría algo que hacer después de sus largas horas de estudio. Tanto le entusiasmaba la idea que no tardo en asentir repetidamente con la cabeza, como un muñeco con resorte de esos que pondrías en el cuadro del coche y parece que baila con gracia.

Jason le pidió un helado como medio de pago por hacerle vomitar, una petición razonable a la vez que tierna. Pero Danny no estaba conforme, tenía en mente algo mucho mejor. El chico se llevó la mano a la nuca, con gesto pensativo. ¿El cambio de atmosfera repercute a la digestión? Fue una pregunta que rondo por su cabeza de modo interminable. Meditó una posible respuesta, se rebanó los sesos pensando en qué responder, pero no se le ocurría nada, nada en absoluto. Algo le decía que no era cierto, aunque otra parte de su cerebro decía que sí. A fin de cuentas, los astronautas solo toman cosas deshidratadas, algo asqueroso.

- Eso espero señorita, porque necesito algo para llenar éste vacío. – dijo dibujando un círculo sobre su estómago con la mano. Dejando claro que tenía hambre, mucha hambre. Así comenzaron a caminar, siendo la guía en esta ocasión la joven Maxwell, ella debía guiar sus pasos, era lo apropiado en esta situación. Jason ni tenía fuerzas ni sabía a dónde se dirigían, pero confiaba en la Hufflepuff, al igual que lo hacía con todo el mundo. Comenzaron a recorrer varias calles, según caminaban el Gryffindor se fue recomponiendo, su cara fue tomando color de nuevo, su pelo se fue tornando de un color alegre, más acorde a su común forma de ser, dejando atrás el verde vómito que se había formando minutos antes.

La tienda en cuestión le resultó de lo más empalagosa, todo era rosa en el escaparate. Se sintió mal al ver tanto color chillón, pero respirando hondo se le paso. Entró en la tienda siguiendo a la rubia y el interior de ésta le transporto a un lugar calmado y lleno de paz. Algo que agradeció en esta situación. Se sentó en la barra y ojeó la carta. – Un trato de lo más justo. – Respondió sin levantar la vista de la interminable lista de batidos. Cada nombre era más ingenioso que el anterior, tardó en leer los tres primeros, pues se detenía a leer las historias que ponían.

- Pero estas brujas…no conozco ni a la mitad. Tanto no duermo en clase de historia. – Dijo confuso y algo arrepentido por dormirse en clase, estaba claro que en ese momento se sentía de lo más tonto, pues solo le sonaban algunos nombres y eran de películas muggles, así que no le encontraba sentido a aquella carta. Tentado estuvo de pedirse un gofre, mas cuando la joven Maxwell comenzó a mencionar los ingredientes de sus batidos favoritos una bola comenzó a formarse en su estomago y fue subiendo por su garganta. Todo era muy dulce en esos momento, le parecía demasiado cargado y nauseabundo en esos momentos. – ¿El baño, por favor? – preguntó sin más a la mujer. Las indicaciones eran sencillas, al fondo a la derecha. Como todos los baños. ¿Me pregunto si lo harán a posta? ¿Alguno lo tendrá al fondo a la izquierda? Una intriga que recorre la mente de muchas personas, y si no recorría la tuya, ahora lo hará. Jason corrió hacia el baño, tan rápido como pudo. Por suerte no vomitó de nuevo, pero sí eructó de modo escandaloso. Abrió el grifo del lavabo y se mojo la cara, repetidas veces, luego mojo su cuello y se miró al espejo, podría tener peor cara.  Intentó serenarse, enguajándose la boca con un poco de agua, hizo un par de gárgaras y la escupió. Ya se encontraba mejor.

Volvió a la barra, con gesto más sonriente. – Estoy bien.- dijo a Danny antes de que pudiera preguntarle, no le apetecía tener que explicar lo que había sucedido. Retomó la lectura de la carta, decantándose por uno llamado “maléfica”. ¡Qué vaya nombre para una bruja! – Eh… - se quedó pensativo, no tenía muy claro donde estaban ahora, y debía situarse para llegar a su destino. – Pues deberíamos estar muy cerca, lo que estoy un poco desorientado ahora, dame tiempo para reponer mi cerebro. – Comentó con tono burlón, obviamente burlándose de él mismo, es algo que hacía mucho. Nadie mejor para meterse con él que él mismo.  – Yo tomaré un maléfica. – Respondí a la mujer, tenía buena pinta, un batido de frutas verdes. Me apetecía, además de que sería bueno para mí estomago en esos momentos.  

La mujer se fue con soltura, a preparar nuestros batidos. Miró a la rubia durante un largo rato. - ¿Quiénes son las brujas de Blair? – Preguntó con suma curiosidad y con gesto serio, apoyando su barbilla sobre la mano izquierda, con el codo sobre la barra. Estaba intrigado, no sabía de esas brujas, y podría caerle en su EXTASIS de historia. No se perdonaría suspender tan catastróficamente.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Sep 13, 2014 2:01 pm

Me preocupé un poco cuando Jason preguntó que en dónde estaba el baño. No quería que mi gragea con sabor a vómito fuera la causante de su malestar duradero, más que nada porque iba a sentirme más mal yo que él mismo. No le conocía mucho y, a pesar de que me gustaba hacer travesura contra todos, aquellos que me caían bien, hacían que me sintiera mal. Voy a tener que sacar mi vena malévola y no preocuparme tanto por los demás… Sin embargo, cuando volvió, tuve la intención de preguntarle cómo estaba, pero él se apresuró en decir que bien. Le sonreí amistosamente, tranquila. Realmente… en lo más profundo de mi ser, la Danny malvada de mi interior, estaba riéndose malévolamente por hacerle sentir así con su travesura. Pero la Danny de fuera tenía una buena voluntad.

Todo el tiempo que quieras, de todas maneras hay que saborear este batido con delicadeza para poder disfrutarlo —le sonreí, sin darle prisa. Total, cuando saliera por la puerta volvería a ubicarse y me llevaría a ese misterioso sitio en dónde nos subiríamos al Halcón Milenario. Yo sabía que era mentira, ya que si realmente Jason Mirchoff, alumno de séptimo de Gryffindor, consiguiera que yo, Danielle Jaymes Maxwell, amante total de Star Wars, subiera al Halcón Milenario, se convertiría ya en mi nuevo mejor amigo para siempre—. Maléfica está rico. —Le aseguré. Mi abuela era el que siempre se pedía.

Me preguntó que quienes eran las brujas de Blair, con un gesto preocupado. Sonreí. Ojalá este fuera un pub de magos hacia los muggles en dónde todas las historias fueran reales. Por desgracia, son solo brujas inventadas por ellos, de películas, series y libros. Cuando la camarera volvió a la cocina a empezar a preparar nuestros batidos, yo giré en mi taburete y miré a Jason al final.

Realmente el batido se llama Elly Kedward, aunque es más conocido como el de las brujas de Blair. Es una historia muggle, no son brujas de verdad. La bruja más real ahora mismo aquí dentro soy yo —sonreí por la broma no tan broma. ¡Cualquier muggle que viera mi varita fliparía! — Verás, Elly Kedward era una anciana que fue acusada por engatusar y practicar brujería con ciertos niños de un pueblo llamado Blair. Los adultos fueron contra ella tomando unas medidas violentas. La ataron a una carretilla… —todo esto lo estaba contando con un gesto misterioso y malévolo—…fue transportada al bosque y fue abandonada en pleno invierno. Se dio por hecho que la anciana había muerto de frío, hambre o cualquier otra cosa. Algo más de un año después, la hija del magistrado de Blair, desapareció sin dejar rastro en la primera noche de nevada. Una semana después, sucedió lo mismo con el principal acusador de Elly, y al final del invierno, casi todos los niños del pueblo habían desaparecido. Todo el mundo temía que se tratase de una maldición, y muchos marcharon de Blair, jurando que jamás volverían a nombrar el nombre de Elly Kedward… ¡CHAN CHAN CHAN! —teatralicé al final, pues mi voz se había vuelto susurrante y perversa. Me encantaba aquella historia—. Da miedo, ¿eh? Bueno, en realidad yo siempre he pensado que son puras fantasías muggles… ¿pero… quién sabe? A lo mejor se trataba de alguna bruja fuera de las líneas y la historia mágica del mundo mágico, ¿no? —alcé una ceja y sonreí a mi amigo.

La mujer no tardó en llegar con nuestros batidos, envueltos en un gran vaso de plástico con una tapa para poder meter la pajita y algo parecido a una cuchara. Antes de coger nada, me metí la mano en el bolsillo y saqué mis ahorros de un semana, es decir, diez pounds. Me daba de sobra y al recoger la vuelta, me levanté de aquel taburete y cogí el mío. Tenía un color amarillento rosado y, en la superficie, flotaban trozos de galletas.

Hmmm —solté un “jiji”, cuando cogí la cuchara que yo tenía y él no, ya que mi batido tenía cosas en suspensión y el de él no. También cogí mi pajita. Me daba palo compartir cuchara con él, pero me daba más palo no compartir. Me lo pensé detenidamente y llegué a la conclusión de que si él comía primero, sería todo más normal. Además, no creo que me babee la cuchara. Decidí ofrecerle mientras salíamos del local poco a poco— ¿Te apetece probar una de las galletas junto al batido antes de que empiece? —le ofrecí, una vez en la puerta. Obviamente, le ofrecía porque era consciente de que mi batido era mejor que el de él y quería que se fuera con una buena impresión del lugar y que piense: “Danny me llevó una vez a un local súper mega hiper guay de batidos.”
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