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Still getting it [Jason Mirchoff]

Danielle J. Maxwell el Mar Jul 22, 2014 5:02 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Había salido con mi abuela a dar una gran vuelta por Londres. Me prometió llevarme al parque de atracciones, pero la perra inmunda me engañó. ¡Me engañó como una vil villana! ¡Como un oscuro ser del averno predispuesto para hacer sufrir a las pobres niñas inocentes! ¿Sabéis a dónde me ha traído? ¿LO SABÉIS? A la noria más alta y rápida del mundo, a la súper noria más famosa de todo Londres. Al London Eye. Mi abuela debe de haber perdido todas esas neuronas que en un momento funcionaron, ya que no sé qué ve en esto como parque de atracciones. No me había subido nunca al London Eye, pero es que era una auténtica mierda, siempre me ponía a verlo desde abajo y es que es más lento que un desfile cojos. Más lento que un desfile cojos QUE SE ARRASTRAN. No de esos cojos con sillas futuristas con motor y todo. NO. Cojos sin piernas de verdad. En serio, ¿por qué dura esa mierda 30 minutos en dar una vuelta completa? Si es que en la primera vuelta ya ves todo Londres. ¿La otra media vuelta para qué es? ¿Echarte una siesta antes de seguir con el turismo de Londres? ¡O para potar, porque encima los cubículos son totalmente de cristal sin una pizca de ventilación! Aquello era una tortura china, no entendía como la gente encima pagaba para entrar ahí dentro. Yo no pensaba entrar.

Sin embargo, aquí tengo a mi abuela empujándome como si no hubiera mañana para que entre en la maldita noria con una entrada en la mano. Yo me rehusé. ¡No quiero entrar a lo que serán los treinta minutos más eternos de mi vida! Pero mi abuela me convenció, diciéndome que iba a quedar con una amiga en el café de enfrente para hablar. ¡O dios, eso es todavía peor, marujear con viejas en un café podía ser los treinta minutos más insufribles de mi vida! Así que sin duda, entré a la noria como un tejón obediente. Se cerraron las puertas tras de mí y la noria empezó a moverse ascendentemente. Corrí por aquel cubículo hasta la otra esquina y puse las dos palmas de mi mano sobre el CALIENTE CRISTAL. Porque podría estar frío, PERO NO, ESTABA CALIENTE. Y no me extraña, después de toda la gente que respira allí dentro formando de aquello una sauna natural de dióxido de carbono. Me pegué los primeros diez minutos de ascendencia solitaria mirando Londres. Me dio tiempo de verla 234807234234 veces y fijarme en los detalles y todo. Joder, totalmente innecesario esa lentitud. Me senté en el mismo suelo, apoyada contra la pared de cristal, mirando hacia dentro a todas las parejas y familias. Al final, cuando estábamos en la cúspide de aquella gran noria yo no pude evitarlo y los ojos se me fueron cerrando poco a poco hasta quedarme totalmente dormida. Mi abuela me mataba si se daba cuenta de que me había dormido en un habitáculo lleno de desconocidos, pero es que aquel mecimiento y aburrimiento habían hecho que cogiera la posición perfecta. Tanto fue mi sueño que cuando el cubículo bajó abajo no me bajé, sino que los que estaban allí conmigo salieron y entraron gente nueva. Y mientras tanto, yo ahí con la gorra medianamente bajada para poder dormir tranquilamente, cruzada de brazos y con la babilla cayéndoseme por una comisura. Parecía un indigente. ¡Sólo lo parecía!

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Jason Mirchoff el Vie Sep 19, 2014 11:03 pm

La tarde se había presentado como una cualquiera para el pequeño Mirchoff (que de pequeño ya tenía poco). Mas se torno sumamente interesante al encontrarse con la tejona más divertida del castillo, sí, Danny era la más divertida, la única que  a su parecer podría considerarse así. Siempre tan estrafalaria, con sus bigotes y su vitalidad. Era algo que siempre le había llamado la atención al Gryffindor, pues le recordaba en cierta medida a su hermana, y también a él. Además de ser adorable, y tener una cara que te dan ganas de apretujar, porque seguro en lugar de sangre tiene petazetas.

Después del vomito y la incursión al bosque de los batidos, iba a necesitar de un largo instante para orientarse y recuperar la noción de su situación. No iba a defraudar a la joven Maxwell, la iba a llevar al halcón milenario aunque le costase una hora recordar donde estaba. Jason es ese tipo de personas que si prometen algo hacen lo imposible por cumplirlo, la simple idea de defraudar a alguien le causa urticaria. Es especialito, vamos.  

Mientras esperaban por los batidos, el joven pregunto por esas brujas que daban nombre al batido de la chica. Estaba preocupado, asustado, aterrorizado. Si en su extasis de historia salía algo sobre esas brujas iba a tener que repetir séptimo eternamente, pues no conocía de su historia ni siquiera tenía el más mínimo recuerdo vago sobre ese nombre.  Suspiró aliviado cuando la joven comenzó a explicarle que era una simple historia muggle. Danny había logrado quitarle un gran peso de sus hombros, sin ser consciente de ello.

- Sin duda los muggles tienen una imaginación más portentosa que Rita Skeeter. – Comentó cuando el relato de la Hufflepuff terminó.  – Yo veo más factible que en lugar de una bruja fuera un hada o una ninfa. Son más vengativas. ¿Y si era una sirena? Ya sabes lo que dicen de su canto, capaz que luego se los comía. – Fue deduciendo sin mucha coherencia el joven.  Todas las dudas y posibilidades acudían a su mente. Probablemente la profesora Morrell le suspendería de por vida por estas elucubraciones, por suerte no se enterará jamás.

Con los batidos en mano salieron del local. La espera no fue tediosa, es más, apenas se había percatado del tiempo pasado gracias a la historia sobre esa bruja rapta niños sin escrúpulos. No tardé en probar el batido. Estaba muy rico para llevar por nombre maléfica, me lo había imaginado con un toque de sabor a mocos, no sé porqué, sin embargo la realidad era muchísimo mejor. La suave mezcla de frutas y leche descendía por su garganta dejando a su paso una suave sensación apaciguadora, en el primer contacto con su estomago éste regurgitó, pero todo quedo ahí, se acomodo rápidamente al  liquido de dioses (en ese momento para él lo era) pudiendo disfrutar más aún de la bebida, así como recuperando el sonrojo de las mejillas. Volvía a sentirse más fuerte tras un par de sorbos, o al menos sentía su estomago más calmado y sereno, como debía estar.

Al salir del local Danny le ofreció probar el suyo. Se sonrojó al percatarse de lo mal educado que había sido. – Muchas gracias Danny, pero voy a declinar tu ofrecimiento. Tiene muy buena pinta, pero no creo que en este momento sea lo más recomendable para mi estómago. -  Dijo de la forma más amable posible. Realmente deseaba probarlo, pero su estomago se revolvía al saber la de cosas dulces que contenía.  - ¿Quieres de éste? – ofreció encogiéndose de hombros con cierta vergüenza, ya había bebido un poco.  En esos momentos no sabía dónde meterse, le gustaría ser como un avestruz y poder esconder su cabeza en la tierra, con disimulo y así “pasar desapercibido”.

Pero esto se le pasó rápido. Halló una excusa perfecta para quedar bien. – No quiero ensuciar la nave de Han Solo. – comentó asintiendo con la cabeza, repetidas veces, como si ello fuera lo más obvio del mundo. Para sus adentros rezaba a un dios inexistente porque la joven no se ofendiera. Había hecho mucho por él al invitarla y ahora debía corresponderla. – Sólo estamos a dos calles, debemos girar a la izquierda en ese cruce, luego a la derecha y habremos llegado. – Le explicó a la chica con entusiasmo, esperando que la proximidad del universo Star Wars le hiciera perdonarle. Sí, es algo tonto pensar que se haya enfadado por rechazar un poco de batido o galleta, pero Jason no quería desagradar a nadie, aunque eso le costara su vida.

Comenzó a caminar, esperando que la chica no cambiara de idea. Apenas cinco minutos después estaban frente a una pequeña puerta, al lado de la cual había un pequeño cartel en el que figuraba “Star Wars Museum”. Quizás no fuera exactamente lo que la chica esperaba, pero atravesando esa puerta entrarían a un mundo paralelo, donde podrían interactuar con el 70% de las cosas que se exponían en su interior.

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Danielle J. Maxwell el Lun Sep 22, 2014 1:31 pm

Había criaturas tan ruines en el mundo que me imaginaba que realmente Elly Kedward podía ser cualquiera de ellas. Por antaño, a todo aquel humano que tuviera poderes o diera índices de brujería, lo quemaban en la hoguera y lo tachaban de maquiavélico mago. De ahí la quema de brujas hace muchísimos años… La verdad, ahora pensándolo… los muggles son unos capullos. ¿Ven que alguien tiene poderes y lo matan? ¿Acaso no sabe que es la evolución? Qué antipáticamente egoístas… Si no todos usamos la magia para el mal, solo aquellos que tienen un palo metido por el culo. Y sí, para mí si alguien es malo no es por otro motivo que porque tiene algo atravesándole el ano y le incomoda. Sonreí ante su suposición, pero las sirenas iban a por marineros buenorros, no a por niños indefensos, ¿no?

Según dicen los muggles, las brujas por aquella época todas trabajaban con magia negra y eran malvadas. Así que las trataban así de mal… normal que quisiera venganza. Yo aunque sea buena si quieren matarme, pues les jodo yo primero. ¿O no? ¿O NO? ¿O no, Jason? —En verdad no. Si soy toda buena. Sonreí ante mi insistencia, dando a entender que no estaba en serio.

Por regla general aquel lugar a dónde habíamos ido a pedir los batidos era un sitio con un servicio bastante lento. Sólo trabajaban dos personas, dos chicas. Eran lesbianas y eran súper monas. SÚPER MONAS. Una trabajaba de cara al cliente y la otra hacía las cosas en la cocina, por eso era tan lento. Pero como esta vez no había mucha gente y habíamos pedido dos sencillos batidos, apenas tardamos mientras nos distraíamos hablando. Salimos del recinto y le pregunté que si quería de mi batido. Me alegró que me dijera que no, al fin y al cabo, entre menos coja él, más hay para mí. Yo también negué al suyo, ya lo había probado y no era de mis favoritos, por lo que prefería sentir en exclusividad el sabor de mi batido de tarta de queso con sirope de fresa y cookis.

El camino fue silencioso después de que Jason dijera las indicaciones por si me perdía de aquí a allá, pero lejos de ser un silencio incómodo (cómo los que solía tener siempre que estaba con alguien mayor que yo en silencio mientras caminábamos o cortábamos la conversación sin saber que decir), aquel había sido bastante cómodo, ya que ambos estábamos recreándonos en nuestros manjares divinos y, si estaba en lo cierto y aquello estaba tan cerca, no podíamos meternos en la nave de Han Solo con aquello, por lo que había que terminarlo rápido. Estaba un poco en babia, por lo que cuando estaba sorbiendo las últimas gotas de mi batido, Jason se paró. Le miré, para luego mirar hacia dónde estaba mirando. “Star Wars Museum”. Mis ojos se abrieron como si de un plato brillante y blanco se tratase. Lo primero que me pasó por la cabeza fue: “¿POR QUÉ DESCONOCÍA YO LA EXISTENCIA DE ESTE MUSEO?” y lo segundo fue: “JASON ES EL MEJOR AMIGO DEL MUNDO”. Después de mirar el cartel, miré a Jason aun con esa mirada y, antes de hacer lo que tenía planeado, me acerqué brincando a una papelera, tiré el envase de mi batido y al volver me tiré a por él en un abrazo. Sonreí ampliamente al separarme.

¡Nunca había venido aquí! —y entré corriendo al interior de aquel museo, esperando que Jason viniera detrás de mí. Sin embargo, un hombretón grandito me llamó, diciéndome que retrocediera, obviamente para pagar— Qué cabeza la mía… —me dijo cuánto era y me metí la mano en el bolsillo para sacar dinero, me faltaba un poco. Miré a Jason con cara de corderito degollado, para que me pagase lo que faltaba.

Miré hacia el interior, colándome mientras Jason se las arreglaba con el hombretón de la entrada y empecé a caminar lentamente. Vi como una gran cúpula interior se abría ante nosotros, toda formada por un estampado que parecía un universo de verdad. Era una gran nave, en dónde había (obviamente no a tamaño real pero a una escala súper chula) todas aquellas cosas más representativas de Star Wars. Sin embargo, a pesar de que todo llamaba mi atención, no pude evitar ver como en una pequeña tarima, unas personas se duelaban con sables láseres. Abrí hasta la boca de la sorpresa. Cogí la mano de Jason y lo tiré hacia allí sin darle oportunidad de decir nada. Había montones de sables láseres en una mesa y yo empecé a encenderlos todos, hasta encontrar uno rojo, el cual le di a Jason. Encontré uno amarillo, y me lo quedé yo.

Sith contra Jedi. Gryffindor contra Hufflepuff. ¿Quién ganará, Darth Jason? —sonreí antes de encender mi sable, ya que había que subir a la tarima para ser más épicos. Cuando el organizador dijo por vencido a uno de ellos por los toques recibidos, miró hacia atrás en busca de la siguiente pareja. Yo me puse delante de él, tapándole la visión— Nosotros —dije sonriente, mientras subíamos por las escaleras. Mientras subíamos, me acerqué a Jason— Luego nos metemos en la simulación del Halcón Milenario. —y solté un pequeño “jiji” mientras me encogía de hombros y me ponía en mi posición—. El más fuerte el que prevalecerá será —recité a Yoda en plan ovación y sonó desde el mango de mi sable el característico ruido de que el sable salía. Realmente, solo se iluminó amarillo intenso la parte blanca, pero era igual de emocionante.
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Jason Mirchoff el Jue Sep 25, 2014 12:17 am

¿Todas brujas malvadas? Venga ya, lo que pasa es que los muggles de aquella época eran unos frustrados y cabezas cuadradas, que cualquier cosa anormal o fuera de sus convicciones y ciegas creencias era magia negra o brujería, por lo tanto quien lo defendiera perdía la cabeza. Así la reina de corazones tenía esa obsesión por gritar “¡Qué le corten la cabeza!” Es una representación de la sociedad media y la caza de todo aquel que fuera a contracorriente. Quizás exagero, pero puede ser cierto. No, ese cuento y esa reina son solo un reflejo de la ida de cabeza, o de enfermedades de demencia senil. Es solo una impresión.

Relativamente poco tardamos en tener sus batidos y emprender el camino hacia la siguiente parada. La más espectacular de la tarde, y la más improvisada. Le resultaba cuanto menos curioso que la joven de Hufflepuff no hubiera visitado ese museo, solo hay que mirarla para saber que es una fan consumada. Mas no demos más relevancia a su desconocimiento, pues Londres es una ciudad enorme y no todos conocen cada rincón.

El camino fue silencioso, concentrados ambos en sus batidos. A cada cual más delicioso, obviamente el de la tejona era el más delicioso de los dos. Sólo de pensarlo la boca se te hace agua. Jason no tardó mucho en terminar su batido. Sintiéndose mejor a cada sorbo. Volvía a tener el estómago ocupado, sereno y con una refrescante sensación, su rostro volvía a tener un buen color, ese dorado que siempre le acompañaba. Además de que el pequeño paseo – ya que no era mucha la distancia – le había sentado de maravilla. Un paso calmado pero continuo.  Apenas cinco minutos habían tardado en llegar y la reacción de Danny fue más sorprendente de lo que podía imaginar. Por un momento al chico se le iluminó el rostro al ver esos ojos como platos. Estaba malcriando a la causante de su malestar. Así podría verlo cualquier otra persona, para él era lo mejor del mundo, jamás reprocharía a nadie una cosa así, o más grave. Es un solete, no lo podéis negar.

Sorprendido por el abrazo de la chica su pelo se tornó cian. Por suerte el sombrero dejaba solo un par de mechones visibles. – Es un delito que no hayas venido. – comentó con burla mientras rebuscaba en sus bolsillos, tardó unos segundos en encontrar su cartera. La chica fue dispuesta a entrar sin más, hasta que un hombretón, casi de la altura de Jason, solo que con el doble de cuerpo, la interceptó.  Mirchoff se acercó al mostrador y pagó su entrada más lo que restaba de su acompañante. No iba a dejar a la chica con la miel en los labios. Había logrado sorprenderla, algo que probablemente no volvería a lograr.

Tras pagar se adentró en el pequeño universo Star Wars, tardó un poco en localizar a la rubia, que no paraba de contemplarlo todo. Parecía una niña de cinco años en una tienda de chucherías donde podría coger lo que quisiera sin pagar. Bueno, Danny es como una niña, tiene la misma inocencia. Logró localizarla en el momento exacto en que la chica le cogió la mano por sorpresa. *¿Qué ocurre?* Se preguntó Jason, pues sin duda no esperaba que la chica le cogiera la mano. Todo tenía su explicación, y ésta no era otra que tener un auténtico duelo con sables láser, la ilusión de cualquier fan de la saga legendaria.

Perplejo se hallaba mientras la rubia no dejaba de encender sables, en busca de su favorito imaginó el chico. Cuan equivocado estaba. Uno rojo le cedió, mientras ella cogía uno amarillo. Su rostro reflejó tristeza. - ¿Porqué yo Sith? No vuelvo a traerte a sitios como éste. – Hizo un pequeño puchero, pero luego encendió el sable, se colocó en posición de ataque. – Por la gloria de los leones te machacaré. – Respondió de ese modo a su pregunta, riendo cual villano. Iba a ser divertido, sin lugar a dudas. Dos magos disfrutando de una batalla épica al estilo Jedi. Era el momento de usar la fuerza.

Jason asintió con la cabeza, no se iría de ese lugar son subir al simulador, era la razón por la cual habían venido. Su turno llegó, subieron a la tarima, colocándose el uno frente al otro. En posición mientras el organizador les explicaba las reglas. Muy sencillas. Nada de golpes bajos, nada de juego sucio y a los tres toques se terminaba el duelo. Jason hizo una pequeña referencia, como se hace en la mayoría de las artes marciales. Separo los pies, cogió el sabe con ambas manos. ¡Pip!  El duelo daba comienzo con ese característico pitido. Dos pasos hacia delante dio el joven Gryffindor, golpeando desde el lado derecho, la chica paró el ataque. Jason lo intentó por la izquierda. Derecha, izquierda, derecha al muslo, izquierda al costado. Iba repitiendo los golpes, derecha e izquierda, siempre el mismo orden. Hasta que en un momento determinado, repitió en la izquierda, primero al hombro (movimiento que paró la rubia) y luego al muslo. Un golpe suave, pero con eso tenía su primer toque.  – Pónmelo más difícil, joven Jedi. –Comentó con sorna el muchacho. Se estaba divirtiendo mucho con este pequeño duelo.

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Danielle J. Maxwell el Vie Sep 26, 2014 1:27 am

Encima se quejaba de que le diera la categoría Sith, pero si eran los mejores. Aunque no lo hice por otra cosa que por identificarnos un poco con nuestras propias casa de Hogwarts. Porque ambos sabemos que si tenemos que sacar la poca maldad de ambos, yo le supero un poquito por lo mínimo. Que fui yo quién le dio la gragea con sabor a vómito de manera sucia y traidora. Además, lo bien que quedaba el título “Darth” delante de tu nombre era muy épico. Obviamente delante de Jason no daba un aspecto muy temeroso… En el mío tampoco. Al fin y al cabo “Darth Danielle” perdía todo el respeto y no hablemos de “Darth Danny” si eso parece más una marca de pañales. “Darth Danny, para que el culito de tu bebé esté fresquito y limpito”.

Mi sonrisa era muy pero que muy traviesa, esa que me salía en momentos justo antes de ver cómo una muy planeada travesura estaba a punto de empezar a estallar. Sin embargo, aquella tenía un matiz de diferencia. Tenía en su interior una emoción recogida muy diferente a la que sentía cuándo esperaba ver a alguien a punto de ser jodido. Ahora tenía una sensación de felicidad por estar emulando uno de mis muchos sueños que se me notaba en el probable brillo de mis ojos. Nunca nadie me había traído a un sitio tan chachi… y eso que Jason me conoce poco. Pero bueno, sabe lo importante: que me gusta Star Wars. ¿Qué mejor sitio que este para traerme?

Empezamos con el primer round y los dos éramos igual de malo. Nuestros movimientos eran tan predecibles que al otro le daba tiempo de tomarse un té mientras se preparaba para la defensa. Por lo que el primer punto se dejó bastante que desear. Yo era muy competitiva en estas gilipolleces, aunque sabía perder muy bien. No obstante, no paraba de moverme de un lado para otro para evitar que me diera, aunque mi súper sable láser amarillo interceptaba todos los intentos de Jason. ¿Sabéis lo que era muy diviertido? El ruido que hacían cuando se chocaban, simulando dos sables láser de verdad. Me distraje tanto en ese ruido tan épico que al final el sable (EL LÁSER) de Jason chocó contra su muslo suavemente, anotando el primer golpe. Miré hacia mi pierna para luego elevar la mirada indignante hacia él. Me llevé mi mano libre al muslo y me tiré al suelo cual dramática desangrándose.

¡NOOOOOOOO! ¡Serás… villano! —decidí hacer mi discurso de indignación— ¡Un ser tan ruin como tú no podrá contra un jedi como yo! ¡Alguien tan corrompido no puede ser capaz de compararse conmigo! —El hombre que vigilaba aquello se rió ante lo que dije y lo miré divertida, antes de volver a ponerme en posición y mirar a Jason.

Tenía como manía ponerme a saltar casi a cada golpe y a moverme de un lado para otro. Era más épico. Y ya que no podía saltar tan alto ni tan elegantemente como Anakin o Yoda, por lo menos saltaba normal. De tanto moverme, me da que terminé por marear a Jason, ya que no me costó darle en el brazo en un despiste por su parte.

¡Muajajaja! ¡El bien siempre vence al mal, Darth Jason! Parece mentira que después de tantas pelícuas de heroicidades aun no lo sepas —me metí con él, chocando los sables en lo que sería el principio del último punto.

Tenía que estar atenta, ya que no quería perder después de tanto discurso, sería muy triste. Divertido, pero triste. Así que nuestros movimientos eran rápidos pero predecibles para no bajar la guardia, intentando despistar al enemigo. O eso por lo menos hacía yo. Finalmente, como no tenía ni pajolera idea de lo que hacía y realmente aquello iba más por despiste que otra cosa, decidí volverme teatral. Empecé a tatarear la marcha imperial.

¡Oh no! ¡Los soldados imperiales se acercan! ¡Pium, pium, pium! —dejé de atacarle y di una voltereta cutre en el suelo como si me estuviera esquivando los láseres de las pistolas. La marcha imperial seguía en mi mente— ¡Vienen a por mí, a por el último jedi del universo! ¡Debo salvaguardar mi legado para poder acabar con toda la oscuridad que pretende destruir y esclavizar a cada planeta del universo! —puse mi sable láser, yo de rodillas, en horizontal, diciéndole a Jason con la mirada que me diera en esa posición para más dramatismo— ¡No puedo perder contra ti! ¡No contra un ser tan pérfido y ruin! —hice falsa fuerza para quitar el contacto entre láseres y me puse de pie, dando un giro para darle en el hombro. ¡Se lo paró!— ¡No! ¡No puedes vencerme! —giré para el lado contrario para darle en el otro hombro y él se apartó, hacia atrás. Intentó darme cruzado en el pecho, pero le aparté el sable como un auténtica JEDI y me puse de rodillas para clavarle el sable (muy suavemente, pues lo digo así todo épico pero quien nos viera se reiría de nuestros movimientos lentos y cuidadosos para no hacerle daño al otro) en la zona del ombligo, siendo ese mi golpe victorioso.

Me levanté lentamente, con un serio semblante mientras apretaba el botón para que dejase de iluminarse el sable. Ipso facto, una sonrisa se formó en mi rostro y pegué un salto en plan Operación Triunfo, pero en vez con micrófono con un sable láser. Todo más épico, porque un sable láser, aunque sea de mentira, es más épico que un micrónofo. Sí, micrónofo.

¡He ganado! Todos sabíamos, Jason, que la sangre de un Jedi realmente corre por mis venas. En realidad mis padres fueron salvadores de la galaxia, no magos. Pero ahí me ves, en Hogwarts para que el Imperio no pueda encontrarme… —negué con la cabeza divertida, yendo hacia dónde estaba el hombre que llevaba aquel pequeño entretenimiento, el cual se estaba partiendo el culo de mi actuación y dramatismo. Le di el sable en la mano y una vez abajo volví a coger la mano de Jason, movida por mi increíble emoción— Vamos a eso —señalé un simulador, con una sonrisa contenta. Vamos que si estaba contenta...
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Jason Mirchoff el Mar Sep 30, 2014 1:46 pm

Hacer feliz a la pequeña Maxwell no le había resultado nada difícil al joven Jason. Apenas se conocían, por no decir que esta era la segunda vez que hablaban.  Pero no era muy complicado hacerse a la idea de cuál era una de sus paciones. Sólo había que verla, iba vestida de arriba abajo con cosas de Star Wars. Jason podía no ser diestro en los estudios, pero tenía capacidad de deducción cuando la obviedad se presentaba ante sus ojos con tanta claridad. Por ello, y tras su charla, no dudo en arrastrarla hasta el pequeño museo londinense. Una vez dentro, la cara de la niña era un poema, lleno de emoción contenida a raudales. Jason se encontraba pletórico ante su logro.  Son las cosas que dan sentido a su vida, hacer felices a los demás.

Para dar más emoción a la tarde comenzaron un duelo a propuesta de la joven Hufflepuff, aunque el Gryffindor no tardó en quejarse por ser un sith, no le importaba mucho, pero le gustaban más los Jedis, eran más molones, con sables de todos los colores y teniendo un dogma más arraigado, esa destreza y conciencia del bien y el mal, el uso de la fuerza  y, sobretodo, el honor que rezumaban. Podrían ser un ideal a seguir de no ser por su patosería y poca capacidad para distinguir las intenciones del resto del mundo para con él.

El duelo comenzó, con una lentitud de movimientos asombrosa, que no sabría decir si era por miedo a golpearse el uno al otro o simplemente porque ambos eran poco diestros. El primer asalto sucedió con una victoria para el rojo, Darth Jason.  Su rostro se mostró preocupado ante la reacción de la rubia. Llevaba todo el rato evitando hacerle daño y verla tumbada en el suelo agarrando su muslo no era nada alentador.  Todo teatralidad por parte de la joven, razón por la cual Jason la miró con cara de WTF? Cuando comenzó a hablar de nuevo. Sus palabras se adentraron en la mente del chico con lentitud, poco a poco el Gryffindor adoptó una pose chulesca, con un semblante serio y emulando una sonrisa siniestra, o eso intentó.

Continuaba el duelo, Danny parecía una pequeña cabra saltando de un lado para otro, Jason seguía su ritmo como pudo. Tanto saltito comenzaba a marearle un poco y en un pequeño despiste, ¡ZASCA! Golpe de la muchacha en su brazo. Se llevó la mano  al brazo,  acariciándoselo levemente. – Nunca debes dar por hecho tu victoria, joven Jedi. – comentó el muchacho con seriedad. Se había metido en el papel, mas en sus ojos se podía ver un brillo alegre, ojos que eran rojos en este momento.

Arremetió contra la chica, el último asalto era el decisivo. Una sucesión de choques, una escena tan épica que ni en la saga podíais verla. Si los hubieran gravado y puesto a cámara rápida hubiera sido la caña, en directo todo era más pausado y tranquilo. Si estuvieran en Hogwarts quizás podrían tener un duelo como era debido, pues la enfermera lo cura TODO, TODO, TODO. Aquí, rodeados de muggles, mejor tener cuidado de no hacer daño a nadie.  

Danny comenzó a tararear la marcha imperial para hacer una pequeña interpretación. Lo épico sucedido cuando comenzó a hablar. Pues en ese momento la marcha imperial comenzó a sonar en todo el museo. Los movimientos de ambos chicos quedaron envueltos por ese ritmo tan marcado. No podía ser mejor la escena. Jason estaba decidido a ganar, paraba las estocadas de la chica sin problema. Intentó darle el golpe final en el pecho, pero la rubia fue muy hábil y lo detuvo sin problemas. Lo que sucedió a continuación fue todo teatralidad. El golpe mortal de la joven Hufflepuff en el ombligo de Jason ponía punto final a tan digno duelo. Llevó las manos a su estómago,  fingió tener una arcada, exagerando sus movimientos. Clavó las rodillas en el suelo, el sable lo dejo caer de entre sus manos y se tumbó en el suelo de costado.  Tal como su hubiera muerto realmente.  

Todo ello apenas duró unos segundos, pues ante los saltos de victoria de Danny, no tardó mucho en levantarse, recoger el sable rojo y entregárselo al coordinador. – Demasiada sangre Jedi corre por tus venas, sin duda. Espero nunca te dejes atrapar por la oscuridad. -  Comentó con diversión, dejándose arrastra una vez más por la joven. El simulador del halcón milenario era el punto álgido de esta visita, a fin de cuentas había sido el tema de referencia de su conversación. La promesa del joven Mirchoff iba a cumplirse, iba a llevarla a la mejor nave interplanetaria de todos los tiempos.

Jason tuvo que agacharse un pelín para entrar. Antes había ido ese verano y no quería volver con otro chichón por su altura. – Cómo has ganado te toca ocupar el puesto de Han Solo, más vale que hagas honor a tan valiente guerrero. – Quiso picarla un poco, dándole un suave golpe en el hombro. Él se sentó a la izquierda, cogiendo los mandos con presteza. Ante ellos comenzaba a proyectarse un pequeño rótulo. “El viaje a Alderaan”. Ésta sería nuestra misión. - ¿Estás preparada? – Preguntó el chico con una sonrisa de triunfo. Apenas tuvo tiempo de contestar la joven, pues la proyección estaba en marcha, debía comenzar el despegue.  Se podían escuchar disparos láser de fondo, el momento de escapar de los soldados de asalto, si no lo lograban el viaje ni comenzaría.

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Danielle J. Maxwell el Vie Oct 03, 2014 1:53 am

Tantos años… tantos años visitando en mi mente la increíble realidad de la Guerra de las Galaxias, imaginándome a mí portando un sable láser y vistiendo esas túnicas jedis (o Sith, pues en mis fantasías soy mala como Anakin) y peleando por el bien (o mal) del universo. Aquello que había experimentado con Jason ahora mismo era lo más cercano a eso que había estado nunca. Sin contar aquel juego cutre de PC que me regalaron mis padres una vez de Star Wars. Le faltaba un poco de calidad y encima no salía Anakin, perdía glamour por todas partes.

Le estaba eternamente agradecida (como los astronautas al señor potato) a Jason por haberme llevado a ese sitio que no sabía ni que existía. De haberlo sabido, probablemente todos allí dentro ya me conociesen por haberme pasado la mitad del verano allí dentro retando a todos aquellos que quieran pelear con sables láser. Tampoco sabía cómo se le había ocurrido tan rápidamente llevarme a un lugar como ese, aunque teniendo en cuenta que hoy voy vestida más Star Wars que nunca, no era muy difícil llegar a la conclusión de que me gusta. Mi madre y mi abuela siempre me dicen que tengo que vestir más femeninas, pero prefiero vestir con caras de Darth Vader en mis camisas y cara de clones en mis leggins que con un labio rosa en mi camisa y un estampado floral en mis leggins. Menuda cursilada fea esa.

Así que cuando terminamos de vivir una de mis muchas experiencias deseadas y con una imborrable sonrisa en el rostro, cogí a Jason nuevamente de la mano (porque después de verle vomitar, de asesinarle con un sable láser y de tomarme la libertad de invitarle a un batido, la confianza durante ese día ya era máxima) y nos dirigí hacia el simulador. No había nadie haciendo cola, por lo que entramos directamente. Entrabas por una pequeña puerta trasera que te hacía entrar hasta una pequeña parte delantera que simulaba ser la estación de control del Halcón Milenario. ¡AAAAAA! Una emoción interior desconocida para mí apareció de repente al sentarme en el asiento de Han Solo, miré a Jason mordiéndome el labio inferior.

¿Tienes móvil? Debemos inmortalizar este momento en dónde por fin estoy en el Halcón Milenario —¿Por qué iba a tener móvil y mucho menos cámara de fotos? Por lo que en aquel momento saqué una fotografía mental mirando a Jason, prometiéndome que no olvidaría ese pedazo de sitio y mucho menos el detalle del Gryffindor de llevarme allí. Miré hacia en frente y veo en el panel como sale las letras de cuál será el destino de nuestro viaje— ¡Alderaan sigue de una pieza! ¡Hay que ir a salvar a la Alianza Rebelde antes de que la Estrella de la Muerte destruya ese planeta! —le dije, apretando botones PORQUE SÍ, ya que no tenía NI PUTA IDEA de control de naves intergalácticas.

Las estrellas de la pantalla comenzaron a moverse lentamente para luego formar líneas, dándonos así una sensación de pura velocidad. Además, aquel cubículo en dónde estábamos, se movía, por lo que pegó un ligero tirón hacia atrás dando la sensación de que la nave había entrado a velocidad luz. En la pantalla podíamos ver cómo la nave aparentemente se adentraba en lo que era una lluvia de meteoritos para despistar a unas naves imperiales que nos perseguían, en dónde había que esquivarse cada meteorito uno a uno si no querías chocarte con esa materia inerte y terminar hecho pedazos. Yo movía el volante (¿se llama volante?) de aquello, pero obviamente no funcionaba. Sin embargo, estaba siendo espectacular. El camarote (por llamarlo de alguna manera) se movía justamente para el lugar a dónde se movía la nave y era una pantalla tan grande que ocupaba casi toda tu vista, dándote una sensación realmente creíble. ¡Tenía hasta el corazón a cien, imagínate! Las naves imperiales chocaban como estúpidos contra los meteoritos al ser demasiado lentos, viendo como grandes explosiones se creaban por todos lados, un fallo de la película y de esta simulación, ya que en el espacio no puede haber explosiones, pero da igual, seguía siendo igual de épico.

En cierta ocasión, un pedazo de piedra interestelar pasó justo por delante de la cámara (pero una piedra enorme, de esas que parece tres veces más grande que la nave) y la simulación tuvo que pegar un gran frenazo, por lo que la cabina, al moverse, hizo que ambos nos fuésemos ligeramente hacia adelante. Del susto, estiré mi mano hacia dónde estaba Jason para coger la de él. Parecía un gesto de lo más romántico peliculero y, puesto que me dio MUCHÍSIMA VERGÜENZA mi acto reflejo al sentir ese susto, decidí sacar un tema totalmente distinto, intentando que se diera cuenta de que realmente lo hice conscientemente para llamar su atención, cuando en verdad no.

Sabes que si yo soy Han Solo, ¿tú eres Chewbacca, no? —sonreí animadamente y le solté la mano—. Vas a tener que hablarme en wookiee… —me mordí el labio inferior y volví a mi asiento tranquilamente.

¡Debía de quedar la mejor parte! No quería que se acabara nunca. Y por favor, sobre todo esperaba que no me peguen más sustos como este o terminaré encima de Jason cual perro asustadizo.
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Jason Mirchoff el Mar Oct 14, 2014 11:07 pm

Hay estaban dos magos jugando a ser Jedis, Jason por un lado, todo inocencia permitiendo que la joven disfrutara del momento como merecía. Siendo realista en lo que podía, aunque ello implicara fingir morir. En su interior no paraba de reír, con cierto rencor por perder ante el bando bueno, aunque una pizca mayor por haber tenido que ser el Sith del duelo. Mas nada de eso trascendería más de tres segundos. Era así de bonachón. Entrar a la mejor nave espacial de todos los tiempos fue un chorro de agua fría para ese leve rencor, pues desapareció al instante.

Que creyera que no tenía móvil podría considerarlo una ofensa, pues como hijo de una muggle sobreprotectora, no podía dar dos pasos fuera de su casa sin llevarlo encima. Las vacaciones incluían ese pequeño hándicap, estar disponible en todo momento y sin escusas. No podía ni fallarle la batería. - Claro, espera un segundo. – Dijo el metamorfomago mientras estiraba las piernas, levantando levemente la pelvis del sillón y sacando del bolsillo delantero su nokia 5310, era viejo, pero para el poco uso que podía darle durante el año, estaba impoluto. Los desbloqueó y activo la cámara. – ¡Di PATATA! – Exclamó el muchacho a la vez que pulsaba el botón central. La rubia quedo muy guapa en la foto, por lo que Jason no dudó en girar el móvil para que se pudiera ver. – Cuando la revele te la envío. – Dijo con entusiasmo, guardando de nuevo el móvil en su bolsillo, pues la simulación estaba a punto de comenzar y no quería perderlo dentro de la nave.

Las letras descendían ante nosotros, describiendo la aventura que ahora íbamos a vivir. Las palabras de Danny fueron seguidas de las primeras estrellas. Colocó el chico las manos sobre los mandos de la nave, como si de Chewbacca se tratara, o de Luke Skywalker, no se a quien imitaba en realidad, sólo que se colocó a los mandos como si realmente supiera pilotar esa nave. No había ciencia, era hacer que hacías algo, pues la maquina lo hacía todo por sí mismo. Sería más realista si te dejarán controlarlo, aunque demasiado costoso, que no estamos preparándonos para verdaderos viajes espaciales.  La situación era cómica, pues el joven Gryffindor se sujetaba con fuerza a los mandos, en un vano intento de no salir volando hacia un lado en cualquiera de los movimientos bruscos de la máquina. El temblor que recorría la estancia en las curvas o saltos estaban provocando una subida de adrenalina en su interior, por un instante llegó a pensar que lo que se removía en su estómago no era la adrenalina, sino el batido maléfica. Suerte de que errara, no sería nada agradable ver la pantalla cubierta por bilis y restos verdes de a saber que frutas. Pues ahora no recordaba los ingredientes de su batido.

Un meteorito paso muy cerca de la que debía ser la luna de la nave. Y como en la película, la nave frenó de golpe, inclinándose hacia delante. Razón por la cual, el joven Gryffindor se esforzaba por pegar su cuerpo al respaldar del sillón, como si estuviera volando en escoba y quisiera frenar.  Obvio era que su esfuerzo era en vano, no iba a atravesar el sillón y estar recto. No es incorpóreo.  La mano de la rubia toco la suya, girándose él con gesto desenfadado. Sonriente y haciendo un gesto suave con la cabeza, un gesto que se podía interpretar como un ¿Qué?

La respuesta no tardó en llegar, y el chico pensativo se quedó un buen rato, asintiendo con la cabeza a la vez que comenzaba a soltar palabras sin sentido. Disculpad, a hablar en wookie, repitiendo exactamente los sonidos que recordaba de la saga. Era convincente y muy similar al real.  Por no decir que era exactamente igual.  – Asjd, Warsdje. – Algo así había dicho, cuando quería responder a su pregunta con un “por supuesto, yo soy Chewbacca y mi pelo lo demuestra.” Según sus palabras (gruñidos) salían de sus labios, su pelo se tornó marrón, creciendo de modo despedido en un intento de parecer más realista.  Comenzó a dar un pequeño discurso en esa lengua, repitiendo una y otra vez lo mismo. Soltó los mandos, llevando las manos a su cabeza.  – akjdllakf – Sonó en la sala, algo ininteligible y que ni remotamente se parecía al wookie. Fue desconcertante, pues había sido todo tan realista que ahora el chaval no comprendía porque no sonaba igual que antes. Todo tiene su explicación, mientras sujetaba los mandos había pulsado un pequeño botón en el mango derecho, botón que reproducía los sonidos de tan característico personaje.  Comenzó a reír al percatarse de esta pequeña curiosidad. Volviendo a coger los mandos.

Una nave enemiga se apoderó del campo de visión. Dispuesta a disparar a los jóvenes magos. – Asjakhf – Dijo Jason, en un intento de decir dispara y pulsando el botón del mando.  La nave dio una sacudida a la vez que la enemiga explosionaba.  Dos segundos después  la nave saltaba al hiperespacio,  a la velocidad de la luz. Las estrellas se dibujaban en la pantalla ya no como pequeñas luces fijas, sino millones de líneas que dejaban la pantalla cubierta de un claro resplandor.  – Esto parece una discoteca. – Exclamó el muchacho sin percatarse de que no había pulsado el botón, por lo que sacudió las manos suplicando perdón a la muchacha y pulsó el botón varias veces seguidas, como si de ese modo formara una frase. Para saber si es así tendremos que preguntar a George Lucas, y sería demasiada fortuna para los muchachos encontrárselo en ese pequeño museo.  

El negro volvía  apoderarse de las pantallas. Las líneas blancas volvían a ser pequeñas motas blancas en la oscuridad. La maquina dio una suave sacudida de nuevo, dejando latente a los jóvenes que su viaje había terminado, pero no un final, era el final de la velocidad de la luz. Ahora mismo flotaban en el espacio, viendo pequeños trozos de planeta a su alrededor. – Hemos llegado tarde. – Esbozó con fastidio, encogiendo lentamente su pelo hasta volver a tener un tamaño similar a hace unos minutos. - ¿Nos cargamos la estrella de la muerte? – Preguntó con ilusión, sería muy interesante conocer esa otra parte del museo. Con el Halcón Milenario desde luego no podrían hacerlo.  



Debes escucharlo mientras lees los tres últimos párrafos:
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Danielle J. Maxwell el Vie Oct 17, 2014 1:31 am

Le dije que sacara una foto, que aquel momento debía de ser guardado para la prosperidad. Yo tenía buena memoria, pero siempre me había gustado sacarme fotos, porque aparte de ser muy divertido (sobre todo para poner cara), era un buen método de guardar tus memorias. Y sí, tenía razón, había salido muy guapa en la foto, la cual estaba perfectamente centrada para que mi solitaria cara estuviera en el centro y que, por los laterales se pudiera ver la cantidad perfecta de Halcón Milenario para no olvidarme nunca del momento. ¡Pero menudo aburrido! Cuando fue a enseñarme la foto, lo miré con cara de pocos amigos.

¿Yo sola? ¿Te parece que quiero recordar este momento estando yo sola en el Halcón Milenario? ¿Y mi segundo al mando Chewbacca, qué? —le pregunté retóricamente, levántandome de mi sillón para sentarme en el posabrazos del suyo. Le quité el móvil tras pedírselo con la mirada y tras percatarme de que la cámara estaba puesta, la elevé por encima de nosotros— Ponte en la foto, no me seas rancio —le digo divertida. Una vez estaba a mi lado y comprobé que estaba sonriendo, intenté enfocarnos a ojo (en plan selfie) y apreté el botón.

Cuando terminé, le di la vuelta al móvil rápidamente y observé la foto. No era la foto mejor centrada del universo, pero se nos veía a los dos perfectamente. Él con esa sonrisilla tan mona y yo tan emocionada como esta. Miré a Jason y le tendí el móvil.

Cuando una chica te diga que quiere inmortalizar el momento y está contigo, normalmente es para que te pongas en la foto. Tú eres parte del momento, ¿sabes? —le quité el sombrero que tenía puesto y yo me quité la gorra, poniéndole a él la gorra y poniéndome yo el sombrero solo para molestarle un poco.

Luego me aparté de él porque se había empezado a mover la simulación, por lo que debía de estar sentada en el lugar del capitán. La simulación fue fantásticamente genial. Me encantó todo lo que vi, incluso ese fallo metafísico de que hubiera explosiones en el espacio. ¡Es imposible, pero da igual, como se trata de Star Wars, pueden permitírselo! Los movimientos, las imágenes… ¡Todo se salía! O quizás incluso podía ser un poco cutre, pero como yo era una enamorada empedernida de Star Wars, todo me parecía increíblemente perfecto. En cierta ocasión, la simulación se volvió tan real que un acto inesperado por mi parte me sorprendió hasta a mí. Me sentí extraña, por lo que para no tener que darle ninguna explicación a Jason me inventé que, como él era Chewbacca, tenía que ser como tal.

Fue un desternillante final de simulación, ya que me lo pegué riéndome todo los que nos quedaba solo de ver a Jason con esa gorra que no le pegaba lo más mínimo (pero le quedaba muy bien) soltando gritos como los de Chewbacca en medio de aquel falso Halcón Milenario. Y con esos pelos. En serio, carcajadas que hacían que me dolieran tantos los mofletes como el estómago. Aquel botón que estaba pulsando sin duda era el mejor botón de toda la simulación.

Los últimos minutos de la simulación fueron pura tensión, disparando de un lado hacia otro, o por lo menos haciendo que disparábamos. Fue cuánto más emocionante ver como la máquina entraba a velocidad luz al hiperespacio, sobre todo por ese tirón tan divertido que pegaba la cabina para hacerte entrar en ambiente. Me encantaba, sin duda, aquel sitio merecía una inmortalización como la de antes. La simulación se había acabado, con nada más ni nada menos que la imagen en la pantalla de Alderaan hecho pizcos.

Hemos fallado. Pero claro, es que Anakin es muy poderoso —me encogí de hombros, como si fuera la contestación más evidente a algo así. Han Solo y Chewbacca no podían contra Anakin y su estrella de la muerte y, por mucho que adorara a Han Solo y a Chewbacca, eso era un hecho—. ¡Claro! Han Solo y Chewie no serán capaces de vencer a Anakin, pero Danny Maxwell y Jason Mirchoff sí lo son —sonreí animadamente.

Me levanté de allí rápidamente y me apresuré en salir de la cabina de la simulación. Para salir había una pequeña rampa de metal, por la cual había que bajar. Yo la bajé casi saltando, sonriente tras aquella bonita experiencia. Seguía con el sombrero de Jason y él seguía con mi gorra. Cuando llegué abajo, me giré por mis talones y me quité el sombrero, haciéndole la típica reverencia. Luego me lo volví a poner.

Te queda bien la gorra, aunque no tanto como a mí —Si teníamos en cuenta cómo iba vestida, sin duda me pegaba mucho más la gorra a mí. Hoy iba totalmente conjuntada y estaba en el sitio perfecto para no desentonar— ¿Estrella de la muerte entonces?

Comenzamos a dar vueltas por todo el museo, viendo las pequeñas cosas que había por todos los alrededores. En dónde me pasé más tiempo fue en un pequeño puesto en dónde había una pequeña maqueta en representación de la estrella de la muerte, de dónde salía un láser hacia una dirección. En esa dirección había un lugar dónde poner un pequeño globito pintado como Alderaan. Cada cierto tiempo salía el láser simulando el rayo y estallaba el globito. No sé cuántos globitos estallé, pero de haber sido Darth Vader hubiera sido mi hobbie estallar planetas. Qué divertido era.

Tras un rato en dónde estábamos pasando alrededor de vivas representaciones de los personajes más famosos y yo andaba flipada mirando el rostro de mi querido Anakin Skywalker, vino uno de los organizadores de allí.

Hey, chicos, cerramos en quince minutos —nos avisó.

Me acerqué a Jason que, de la misma manera que yo miraba a Anakin, él miraba a su hija Leia y me coloqué a su lado, dándole suaves tirones del brazo.

Quiero vivir aquí para siempre. ¿Crees que me dejarán hacer una cama en el interior de la cabina del Halcón Milenario? —pregunté divertida—. ¿Nos vamos? —añadí, pues que yo supiera nos habíamos visto todo y, de no ser así, no importaba. Ahora que sabía que existía, iba a venir todos los días.
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Jason Mirchoff el Sáb Oct 18, 2014 12:38 am

El chico, con toda la buena voluntad del mundo le sacó la foto, tal como ella había pedido, sin caer en la cuenta de que él debía salir. Salir delante del objetivo no le parecía prudente, siempre ponía caras extrañas o hacía cualquier tontería que estropeaba la foto, auqnue no lo hiciera a propósito. Es decir, hay gente, como Barney Stinson, que siempre queda bien en las fotos y luego hay gente como Jason que siempre, siempre quedan raros. Por esa razón se limitó a sacarle una foto a la rubia, una foto en la que quedo monísima. Se encogió de hombros, acercando su cabeza a la de la chica mientras esta tomaba una segunda fotografía de los dos juntos. No muy centrada pero se podía ver a ambos en la nave, que era lo que realmente quería la muchacha.

- Captado, mi capitana. Intentaré no olvidarlo para la próxima ocasión. – Dijo el muchacho guardando el móvil sin apenas mirar la foto, pues no quería ver lo horroroso que había quedado. Aunque cuando la revele se llevará una grata sorpresa, una muy grata sorpresa, pues no es para nada como él esperaba. Sin duda ambos adolescentes habían quedado estupendamente en la foto. Digna de plasmar en un marco, incluso me atrevería a decir que debería ser revelada al modo mágico, para ver un leve movimiento de la misma. Una foto de ambos pilotando esa nave sería el mejor recuerdo que podrían tener jamás. Aunque ¿quién haría la foto desde atrás? Nadie, es lo malo de ir solos a ese pequeño gran tesoro de Londres.

La simulación comenzó, la aventura fue de lo más divertida. Vivieron el momento como si fuera real, rieron a más no poder, se llevaron (sobre todo la pequeña joven) algún que otro susto. Sin lugar a equívocos estaban ante un día muy entretenido e inolvidable en sus vidas. Jason tenía algo claro, en su siguiente año en Hogwarts iba a extraer ese recuerdo de su mente para guardarlo a expensas de perder la cabeza cuando fuera viejo. Nunca se sabe, y poder revivir de ese modo tan vivo tus experiencias era una de las mayores ventajas del mundo mágico.  

- Es un hecho, contra Anakin hay poco que hacer, a no ser que seas Luke. Ahí la cosa cambia. – Repuso el chico asintiendo repetidas veces con la cabeza, como si sus palabras tuvieran una lógica aplastante. - ¿No serás por casualidad descendiente de los Skywalker? – preguntó con curiosidad, iluminando su mirada y fijándola en la chica con sumo interés. Poco después comenzó a reír con una monosidad que daban ganas de abrazarlo. Con su pelo de nuevo en un tamaño “normal” se recolocó la gorra de la Hufflepuff, era bastante cómoda y chula, para que negarlo.

Salieron de la nave con apremio, pues en breve comenzaría otra simulación y no era cuestión que los pillara a punto de salir. Agachó la cabeza en respuesta a la reverencia de la joven, sujetando la visera de la gorra, por si acaso se le caía y su cabello verde chillón quedaba al descubierto mucho tiempo.  – ¡Vamos a por ella! ¡El lado oscuro no puede vencer! – Exclamó el muchacho, caminado a su lado en busca de esa pequeña endemoniada. Mientras paseaban entre los objetos, observando cada una de las réplicas, Jason se quedó un paso por detrás, momento en que golpeo la solapa del sombrero, haciendo que se inclinara hacia delante tapándole los ojos. – La gorra me queda mejor que a ti, admítelo tejona. – Dijo con gesto burlón, siguiendo el recorrido sin darle más importancia, adelantándose a ella, pues al no ser la primera vez que acudía al museo era conocedor de todo lo que en su interior se hallaba.

Danny se entretuvo explotando planetas, un hobbie la mar de perturbador, pero ¡Oye! Cada uno con su tiempo libre puede hacer lo que quiere, mientras no implique eso el que yo muera por capricho de nadie todo va de maravilla. La saga estaba genial, pero había que estar muy trastocado de la cabeza para hacer desaparecer un planeta entero por puro placer. ¿HOLA? No sé si sabes que hay miles de personas viviendo en él, bueno, personas no, seres.  Lo peor de la historia es que era el planeta donde vivía su hija, ¡SU HIJA! Vaya padre más mierda, es la verdad. Sabía que era su hija, sabía que tenía dos hijos, y aun así les importan un bledo. Era la única cuestión por la que a Jason le caía mal Anakin.  Con ese razonamiento en mente se puso a contemplar la réplica de la princesa Leia, estudiando su rostro por milésima vez, así como su estridente peinado. En ocasiones le daba por intentar copiarlos haciendo uso de la metamorfomagia, una vez consiguió hacerse las orejeras, pero en sus repetidos intentos por lograrlo de nuevo había fracasado estrepitosamente. Serían tan prácticas en invierno, además de funcionar como insonorizadores de gilipolleces procedentes de los verdes.  Unos suaves tirones notó el chico, girándose con lentitud y sonriendo a la chica.  

- Quizás lo consigas, pon tu mejor cara de pena  y quién sabe. – Respondió encogiéndose levemente de hombros, dándole ideas disparatadas. – También puedes esperar al próximo verano, que me gradúe y nos aparecemos aquí de noche, te dejo durmiendo y me vuelvo a mi casa. -  Comentó como si fuera la cosa más lógica del mundo. Aunque no me fiaría demasiado de su capacidad para la aparición. Aunque como no para de sorprendernos, puede que lo logre sin problema alguno. – Será mejor que nos vayamos. – Comentó mirando el reloj de su muñeca. – Y pronto, tengo cuarenta y cinco minutos para coger el autobús de vuelta a mi casa, o el knoctambulo, pero no llevo galeones encima hoy. – Añadió el chico rascándose la nariz levemente.

Los chicos fueron lentamente abandonando el museo, dejando atrás ese maravilloso mundo paralelo y volviendo a las calles londinenses, donde el sol había comenzado a descender de modo considerable. - ¿Dónde te quedas, Danny? – preguntó con interés, pues no iba a dejarla sola en medio de esta gran ciudad, primero la acompañaría y si perdía el autobús, pues llamaría a su padre, que para algo era mago. Pero si lo evitaba mejor. Llegar puntual equivalía a una reprimenda menor y poder cenar caliente.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Oct 18, 2014 5:25 pm

Después de salir de aquella simulación y dejar claro que a mí me quedaba mejor tanto el sombrero como la gorra (pues era un hecho que mi cara había sido diseñada para llevar accesorios sobre mi cabeza) empezamos a ir de una lado para otro para poder ver todo lo que había en aquel museo. Se me pasó el tiempo volando, pero sin duda lo aprovechamos a tope. O por lo menos yo, ya que no sé cuántas cosas pude ver y cuánto tiempo me pasé en cada una de ellas, pero fue suficiente como para que cuando aquel hombre me dijese que ya iban a cerrar, me hubiera parecido absolutamente nada; tres minutos. Era una mierda la relatividad del tiempo, odiaba pasármelo bien y que los días se me pasasen volando, pero sin duda era mucho mejor eso que un día infinito de clases aburridas o sin ningún tipo de emoción.

Fue un duro palo el momento en dónde aquel muchacho organizador me dijo que era hora de irse, pero tampoco me deprimió, ya que ese día me lo había pasado realmente bien con Jason. No había conseguido hacer reír a un Guardia de Buckingham, pero habíamos tenido un duelo de espadas láseres, viajado por el universo en búsqueda de Alderaan y estado viviendo junto a todo un mundo diferente.

Su contestación cuando le pregunté retóricamente si me dejarían quedarme allí para siempre, me sorprendió. ¡Me dio una de esas cosas interiores de mujeres románticas! Nunca se me había ocurrido, pero sin duda sería una cita muy romántica. ¿Picnic en el Halcón Milenario? ¿Hola? Eso no. ¡La cita para enamorarme sería toda una noche haciendo duelos de espadas láseres, está claro! Negué con la cabeza, divertida. La idea de que me dejara y se fuera era menos tentadora, pero siempre podía pelear con los sables láseres contras las estatuas inertes del Canciller y cosas así.

Siempre y cuando me vengas a recoger antes de que abran el museo… —lo miré divertida, encogiéndome de hombros— Aunque como se te de tan bien desaparecerte como controlar el color de tu pelo, me lo pensaré, ¿vale? —se metió con él, pero sin maldad, más bien con amistosa diversión.

Llegamos a la conclusión de que, como estaban cerrando el museo, lo más lógico era irse, por lo que una vez fuera nos dmos cuenta de dos cosas: que el cielo se había oscurecido tanto por el sol como por las nubes y que hacía bastante más frío. Jason me preguntó que dónde me quedaba y me daba palo de que me acompañase nuevamente hasta el London Eye, que estaba ahí al lado, pues fue dónde nos encontramos. No obstante, tras argumentarle mis motivos, él insistió en acompañarme tanto porque tenía tiempo porque por allí se cogía la guagua (porque autobús es palabra de repipis) hasta su casa.

Al final acepté porque soy buena persona y así tendríamos tiempo de intercambiar opiniones sobre ese gran museo. Nos pegamos hablando tranquilamente todo el trayecto de vuelta a la zona del London Eye.  

¿Ves a aquella mujer hablado eufóricamente con aquella otra mujer? —eran dos ancianitas, muy monas. Aunque la que iba de naranja era más mona porque era mi abuela— La de naranja es mi abuela, estará esperando a que me baje del London Eye, imagínate cuánto me echa de menos que se cree que todavía estoy en ese sitio tan aburrido. —sonreí y fue entonces cuando me quité su sombrero y, tras mirar a ambos lados, le quité rápidamente mi gorra para volver a ponerle el de él— Mucho mejor —dije tras ver cómo le quedaba el sombrero. Me puse mi gorra, pero con la solapa hacia atrás.

No sabía exactamente cómo despedirme, es decir, cómo enfocar la despedidas. Nunca se me habían dado realmente bien, por lo que decidí ir al grano. Suponía que no nos veríamos más en todo el verano, más que nada porque nuestro encuentro fue totalmente inesperado. Así que la despedida tendría que ser hasta Hogwarts.

Pues nos vemos en Hogwarts. Pasa un buen resto de verano y… no te olvides de lo del bigote de batman para el banquete de bienvenida, ¿eh? —le dije divertida, retrocediendo y zarandeando la mano— Hasta pronto —concluí, dándome la vuelta para comenzar a caminar los primeros metros para luego ponerme a brincar.

Odiaba caminar yendo yo sola, era más divertido brincar y así llegaba antes. Iba a interrumpir la conversación de aquellas dos marujas para llevarme a rastras a mi abuela y contarle el espectacular día de hoy, el cual sin Jason, hubiera sido realmente aburrido.
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