Situación Actual
21º-14º // 3 diciembre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Einar G.Mejor PJ ♂
Coraline M.Mejor PJ ♀
Katherine M.Mejor User
Circe M.Mejor roler
Seth B.Estrambótico
Edgar B.PJ REVELACIÓN
Ash & CirceMejor dúo
Valarr K.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

London Bridge is Falling Down // Amanda Rain

Gabriel J. Blumer el Dom Ago 17, 2014 1:38 pm

London Bridge is Falling Down



Sonrió de medio lado mientras se colocaba unos vaqueros raídos y una camisa de cuadros azul y negra recién sacada de la secadora. No se molestó si quiera en arreglar su vestimenta, sino que se limitó a colocarla sobre su pálida piel. Buscó entre los cajones de la ropa interior un cinturón, pero parecía que allí no había ninguno. Siguió buscando, al menos por última vez. No dejaría atrás esa incesante necesidad de encontrar aquello que era suyo y, que por algún casual del destino, había quedado fuera de donde debía estar. Frenó en seco y estiró ambos brazos hacia el cielo, haciendo así sonar cada hueso de su columna vertebral. Pensó durante varios minutos manteniendo aquella curiosa posición. No había usado el cinturón en los últimos dos días, ni tampoco a lo largo de la semana, pues se había dedicado a permanecer frente a la pantalla del ordenador jugando a un estúpido juego que su vecino le había prestado. - Mamá, ¿Has visto mi cinturón? - La voz de Gabriel corrió escalera abajo hasta encontrarse en el piso inferior con su madre, quien estaba demasiado entretenida preparando la cena como para prestar atención a su hijo. - ¡Mamá! - Esta vez la voz sonó más clara, más directa y, por supuesto, más desesperada.

La señora Blumer levantó la vista de la sartén por primera vez en lo que iba de tarde para mirar hacia las escaleras, como si esperara que en cualquier momento surgiera su pequeño de entre las sombras. - ¿Has mirado donde lo dejaste la última vez? - Gabriel bufó molesto. - ¿Crees que estaría preguntándote por mi cinturón si supiera donde lo dejé? - Se dejó caer sobre la cama para ponerse unas vans desgastadas que tiempo atrás habían sido de color negro, pero que en aquel momento no eran más que de una tonalidad grisácea desgastada, la cual daba el aspecto de irse a rasgar en cualquier momento, dando así paso a unos calcetines tobilleros de color rojo. - A que subo yo y lo encuentro... - La voz de su madre procedente del piso de abajo puso en tono de alerta a Gabriel para que bajara las escaleras y, por fin, se fuera de allí. En mitad del camino se topó con el cinturón, el cual permanecía inerte sobre la escalera. Bufó una vez más antes de llegar al piso inferior. - Nos vemos en dos semanas. - Le dio un beso en la frente a su madre y cogió una maleta de ruedas de color verdoso que le esperaba al lado de la escalera. - Promete que esta vez llamarás, la última vez me dejaste preocupada. Y no pienso dejar que haya una segunda vez, iré yo misma a traerte a casa si es preciso. Y no te metas en líos. - Ahora su madre intentaba colocarle el pelo, trabajo infructuoso pues no tardó en descolocarse por sí solo. - Sí mamá... - Cogió la maleta para salir por la puerta principal, pero su madre no tardó en frenarlo una vez más. - Gabriel Jeremy Blumer, como tenga que volver a llamarme alguien por tu comportamiento te juro que... - Gabriel le descolocó el pelo a su madre con una sonrisa burlona en el rostro. - Esta vez no te llamará nadie, lo prometo.


***


Casi tres horas después y con el trasero cansado de tantas horas de autobús, Gabriel llegó a Londres. Fue directamente al Caldero Chorreante, donde dejó sus cosas, se lavó la cara y miró el reloj por última vez antes de salir. Las cuatro y media. Si se daba prisa, no llegaría demasiado tarde. Gabriel no se caracterizaba por su puntualidad, pero en aquel momento la culpa de su demora le pertenecía al retraso del autobús a causa del tráfico entre Bristol y la capital.

Cerró la puerta de par en par y se aproximó a grandes zancadas hasta la parada de autobús. Cuando llegó hasta el puente de Londres eran casi las cinco, por una vez no llegaba tarde. Apoyó la espalda contra un pequeño murete lleno de firmas a rotulador y esperó a la llegada de Amanda. Ambos llevaban todo el verano mandándose cartas y por fin habían decidido quedar. Gabriel no vivía en la capital, por lo que había decidido quedarse un par de semanas en el Caldero Chorreante antes de que empezara el curso, para así poder ver a alguno de sus compañeros, como era el caso de la castaña que no tardaría demasiado en llegar. Miró de nuevo el reloj, ya pasaba un minuto de las cinco y no era el quien se retrasaba. Por una vez, no era él.


Última edición por Gabriel J. Blumer el Lun Ago 18, 2014 3:33 pm, editado 1 vez
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Lun Ago 18, 2014 9:47 am

Aunque no había ido a casa con sus abuelos paternos como casi cada verano, era ya una tradición, no estaba en lo más mínimo aburrida, su hermana le había contado un montón de historias sobre dragones, probablemente la cosa más interesante para ella en ese momento, su hermano también tenía un montón de historias, no tan interesantes como los dragones, pero algo era algo.

Esa semana, fue diferente, sus dos mayores distracciones estaban en otro sitio, había problemas con algunas criaturas mágicas en el ministerio y, al ser el más joven y nuevo en él, su hermano tenía que arreglarlo, aunque estuviera de vacaciones. Su hermana había ido a ver a sus abuelos, ella sí, tenía muchísimo tiempo sin hacerlo y nadie la pudo detener, sintió una ola de melancolía al pensar que su no había querido llevarla con ella, pero al menos, tenía a Zaza, su preciosa perra, con la que jugaba diario, los paseos eran un suplicio, siendo ella bastante delgada a veces perdía el control sobre el perro, pero, creía que le tenía un poco de compasión y cuando la veía cansada, se detenía y pasaba unos minutos olfateando lo que fuera.

Al principio su madre se había negado a que ella saliera sola, siendo la más pequeña y aparentando menos edad de la que tenía, siempre la habían protegido, pero las necesidades del perro eran ¡Las necesidades del perro!, no lo podía mantener mucho tiempo quieto, en cambio, después de su caminata, su madre podía quedarse tranquila, porque tanto Zaza como Amanda terminaban muertas, se tiraban en la cama y no se volvía a saber de ellas hasta que, por la noche, buscaban algo de comida.  

Aquella tarde, tirada en el pasto, con la cara hacia el cielo, cerro los ojos, hacía algunas meditaciones, sobre lo divertida que estaría si en ese momento sus primos estuvieran allí, lo diferente que sería que alguno de ellos paseara a Zaza y sobre todo, que Ravenclaw llevaba un tiempo sin ganar la copa de las casas, ese pensamiento le causó un respingo y abrió los ojos notando el color del cielo ¿Qué hora sería? Se levantó como un rayo y miró su muñeca, había olvidado su reloj, tomo la correa de su perra, pero esta se negó a caminar – ¡Vamos! Por favor, no me hagas esto – si bien la puntualidad no era parte de su vida, tampoco es que le gustara dejar esperando a una persona, solía decir que no es que fuera impuntual sino que no era buena calculando distancias. Siguió jalando hasta que su mejor amiga aceptó moverse y ponerse en marcha, corrió por las calles hasta que llegó a ese hermoso portón color caqui, abrió como pudo, soltó al perro y cuando comenzó a subir a la velocidad de la luz las escaleras, escuchó la voz de su padre – No corras en las escaleras, jovencita – casi muere de un susto, no se suponía que estuviera allí – Hola papi – grito sin detenerse, se dio un baño rápido, se puso lo primero que encontró, detuvo su cabello, aún mojado, en una coleta y volvió a bajar, había hecho un record.

¿A dónde vas con tanta prisa? – le preguntó su papa, entrecerrando los ojos – Me quedé de ver con un amigo de la escuela – miró a su padre y comprendió lo que seguía; media hora de preguntas sobre cómo lo conocía y si era un buen tipo. Ella casi nunca salía y cuando lo hacía era todo un milagro – Es bastante agradable y daremos un paseo para hablar de asuntos académicos – lo calmó con eso, aunque en realidad ni siquiera sabía que iban a hacer, le dio un beso en la mejilla y aprovechó su desconcierto para salir corriendo, se colgó su pequeña mochila (No podía salir sin una) mientras recordaba que su madre había tenido exactamente la misma reacción que su padre, se había tardado casi dos horas en convencerla, gracias a Dios su hermano no estaba o él la habría encerrado con tal de que no fuera.

No conocía del todo a Gabriel, pero habían estado en contacto en las vacaciones, se habían escrito un par de veces y, aunque en ocasiones él llegara a ser un tanto… diferente a ella, le caía bien. Por esa razón cuando quedaron de ir a algún lugar ella aceptó ¿Qué mejor para salir de la rutina? Además irían a algún lugar muggle, descansarían de la magia antes de regresar a sus actividades.

Cuando por fin encontró el lugar en el que habían quedado, miró su muñeca como era su costumbre, ahora sí, no había olvidado su reloj, marcaban las cinco con diez minutos pero Amanda siempre llevaba su reloj adelantado por cinco minutos, lo que quería decir que no era “tan” tarde. No necesito mucho para encontrarlo, a veces se sentía cohibida con los muchachos como él, ¡Era muy alto! Pero bueno, no podía hacer nada, pensó con resignación, odiaba los zapatos con tacón.

¡Hola! Espero no haberte hecho esperar mucho – sonrió y espero a que el muchacho hablara, sólo faltaba que fuera como algunos de sus amigos que llegaban media hora antes, después de todo era un Ravenclaw.  

Off rol:

Disculpa la tardanza :3
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Lun Ago 18, 2014 4:39 pm


El denominado como Puente de Londres no es más que un amasijo de piedras y metal situado a varios metros del que es considerado como el Puente de Londres. El verdadero puente no tiene torres, no tiene luces y ni si quiere tiene la atención turística que tiene su hermano mayor. Gabriel había leído algo acerca de la historia de aquellos dos puentes que cruzaban el río Támesis, pero jamás le había dado demasiada importancia a esta. Nunca se había preocupado por aquellas grandes historias que la gente adora leer para tener un tema de conversación a la altura de su cerebro. Nunca le había gustado la historia, por eso apenas conseguía sacar Historia de la Magia. Siendo un Ravenclaw, todos esperaban que fuera inteligente, que sacara buenas notas y que le fascinara cualquier tema relacionado con el ámbito académico. Pero no era así. Él no era un Ravenclaw fascinado por el conocimiento, sino un Ravenclaw fascinado por conocer acerca de aquello que le llamaba la atención. Era tremendamente curioso, pero también era tremendamente perezoso.

Siguió mirando una de las torres, la cual era la que estaba más cerca de dónde se situaba en aquel momento. Gabriel estaba apoyado en la pared de piedra, en un pequeño murete que precedía la entrada al puente por el cual pasaban los curiosos y el tráfico. Apenas había personas a esas horas de la tarde, tan sólo un grupo de turistas ataviados con sombrillas para el sol y grandes cámaras de fotos de marca. Se trataba de un grupo de turistas japoneses que parecía haber decidido visitar la capital inglesa aquella tarde. El joven sonrió de medio lado sin apartar la vista del curioso grupo de turistas que, como salido de la nada, sacaron un trípode donde colocar la cámara fotográfica para hacerse una foto en la que salieran todos los presentes. Sonrieron y el flash salió. Hubo un segundo flashazo y no cambiaron sus posturas ni sonrisas. Se mantuvieron estáticos, sin procesar ningún tipo de movimiento. Aquello resultaba curioso después de pasar cinco años en Hogwarts, donde las cámaras fotográficas toman imágenes en movimiento. Imágenes que luego te saludan desde su marco e interactúan como si tuvieran vida propia. Las fotografías de los muggles no eran iguales, tan sólo eran una serie de imágenes estáticas que te miraban con ojos vacíos y carentes de vida desde el papel.

Cuando tan solo era un crío de tres años adoraba la fotografía. Su madre solía comprar cámaras de un solo uso que luego ambos llevaban a revelar, cuando la mitad de las fotos carecían de enfoque ni plano. Eran simples fotografías a árboles, pájaros o al mismo suelo. Su madre solía regañarle por gastar el dinero en aquel tipo de cosas, pero él se divertía haciendo ese tipo de cosas. Años después llegó a la conclusión que la fotografía se alejaba de ser su punto fuerte y que sería mejor dedicarse a mirar el cielo que a hacer fotografías de este, pues los resultados no eran los esperados.

Echó la cabeza hacia atrás echando un corto vistazo al cielo, volvió a mirar el reloj. No había pasado si quiera un minuto desde la última vez que lo hizo. Y no pasó otro minuto cuando la pequeña figura de Amanda surgió de la nada. Había estado tan pendiente de aquel grupo de japoneses y de su trípode que no llegó a percatarse de la presencia de la chica. Amanda comenzaría su quinto curso en Hogwarts, uno menos que Gabriel, y ambos se conocían por pertenecer a la misma casa. Gabriel no era fanático de pasar las horas en la Sala Común, pues era bastante inquieto en ese sentido. Una tarde de lluvia no tuvo otra opción que pasar el restante día encerrado en la sala común y fue el momento en el que su mirada se cruzó con la de la castaña. Lejos de ser un encuentro casual, Amanda le regaló una mirada de desaprobación cuando uno de los comentarios sinceros de Gabriel salió de su boca en dirección a una de sus compañeras que intentaba acabar una redacción y la leía en voz alta a un pequeño grupo de compañeros de su mismo curso. La niña tan sólo tenía doce años y se había quedado paralizada por las palabras de Gabriel. En ningún momento tuvo intención de molestar, simplemente dio su opinión sobre aquel absurdo texto y la joven acabó yéndose a su dormitorio a llorar. El joven no hizo más que encoger los hombros y seguir tumbado en uno de los sofás con un libro entre sus manos. Por su parte, Amanda había acabado regañándole por aquello, y no fue la primera vez. La castaña se encargaba de ponerle los pies en el suelo cuando su cabeza se iba por las ramas pero, lejos de enfadarse, siempre le dedicaba una sonrisa y cerraba la boca hasta que la siguiente idea se aproximara por su mente. – Un mago nunca llega tarde ni pronto, llega exactamente cuando se lo propone. – Comentó con aires de profundidad. – O eso dice Gandalf. – Se encogió de hombros e hizo una corta reverencia a la chica. - ¿Paseo y helado o helado y paseo? – Alzó ambas cejas divertido.

En realidad Gabriel no conocía lo más mínimo Londres y tenía la esperanza de que Amanda no estuviera lejos de aquella misma situación para encargarse de perderlos a ambos por algún lugar desconocido. - ¿Me llevas a algún lado o ejerzo yo de guía en esta bonita tarde de verano?
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Mar Ago 19, 2014 10:18 am

“Seguramente está tan metido en su mundo, mirando el paisaje ¡O yo que sé!, tal vez veía sin mirar, tal vez estaba filosofando” pensó ella, volteando la cabeza hacia donde él había estado mirando, los turistas y de más, recordó la primera vez que había estado ahí, con su padre y su hermano y hermana, cinco, nueve y once años, respectivamente. Un hombre pasó vestido de payaso, si, de payaso y su hermana salió corriendo y gritando, su padre no supo qué hacer y la dejó encargada con su hermano, grave error, el niño se distrajo y Amanda sé perdió, jamás olvidaría ese día, el terror que sintió al no ver a nadie de su familia y perderse por las calles, tan inocente. Cuando regresaron a casa ninguno de los cuatro contó la historia, se sentían apenados, aunque su padre sudaba frío, no era para menos, su madre lo hubiera matado, fue hasta muchos años después que se les escapó contar la pequeña aventura, pero desde ese día su madre siempre salía con ellos.

Sonrió y negó con la cabeza, ahora lo recordaba con gracia, pero detestaba perderse, aunque le pasaba muy a menudo, suponía que era por las pocas veces que salía, ni si quera a zonas turísticas, sus padres se mantenían ocupados y ella en el colegio, y en las vacaciones, sus padres no las tenían, así que solía pasar la mayor parte del tiempo en Hogsmeade con su abuela y, aunque algunos creyeran lo contrario, no era muy divertido.

Asintió divertida por sus palabras, parecía que siempre tenía algo que decir – Creo que tomaré eso como algo bueno – lo miró entrecerrando los ojos para luego reír, a veces no sabía cómo tomar sus comentarios, creo que estaba acostumbrada a su familia sarcástica, ese tono en su hermano ya era nato, incluso hacía llorar a las personas, tal vez por eso a ella no le preocupaba llevarse bien con Gabriel. Copió el gesto de su compañero, saliéndole algo raro – Mejor será, el helado mientras hacemos el paseo – contestó con una gran sonrisa, amaba el helado, si hubiera dicho café, lo hubiera ahorcado, no en verdad, pero lo habría imaginado, y tenía una gran imaginación.  

Se dio la vuelta con la intención de caminar, arreglaba su chaqueta, la odiaba, de haber tenido más tiempo no la hubiera elegido, entonces escuchó la pregunta y cayó en la cuenta de que, muy en el fondo, seguía siendo la chiquilla que se perdió en aquellas calles – Puedo hacer de guía, de seguro que te mostraré lugares que no conoces, pero, antes, debo decirte que se me da eso de llegar al lugar que menos estabas pensando y luego no saber regresar – le miró sonriente, como si eso fuera lo más normal del mundo y después volvió a echarle una última mirada al puente – Yo odio las fotografías – comentó después, no era que alguien le estuviera preguntando el dato, pero a veces hablaba de más – Si voy a algún lugar nuevo, mis fotos serán del lugar, no de mí ¿Para qué hacerlo? ¿Para enterar a todo el mundo de que estuve ahí? – Le sonaba tonto, haber crecido en una familia en donde que te tomaran una foto sin permiso era igual a haber firmado la aceptación de una muerte lenta y dolorosa le había afectado. Esos sí, tenía cientos de fotos de su perra, era la única fotogénica de la familia y la única que no te amenazaba si te veía con una cámara cerca de ella.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Mar Ago 19, 2014 3:54 pm


Sus ojos iban pasando de un lado a otro del puente. Le gustaba imaginar el por qué de las personas. Le gustaba inventar historias para entender qué hacían en aquel lugar en ese preciso momento. Pudo ver a lo lejos como una pareja de ancianos paseaba cogidos de la mano. Pensó que él vivió la guerra en primera persona y que ella escribió cada madrugada al frente. Que rezó por la vida de su amado y que deseó que no le sucediera nada en la batalla. Por algún casual, sus súplicas fueron escuchadas y él volvió sano y salvo. Tuvieron una vida larga y cargada de felicidad. Discutieron varias veces, ella lloraba cada noche por ello. Disfrutaron del día y de la noche, de sus hijos y sus nietos. Y ahora llegarían a disfrutar incluso de sus bisnietos. Apartó la mirada al escuchar la voz inocente y juvenil de Amanda. Dibujó una sonrisa divertida por su presencia y por su disculpa, como si a él le pudiera llegar a molestar quedar con alguien y esperar. Él era impuntual por naturaleza, incluso llegó tarde a su propio nacimiento. Pero allí estaba, a la hora exacta.

Gabriel imitó la mirada de Amanda, como si esta intentara mirar a través de él entrecerrando los ojos. - ¿Se te metió algo en un ojo? – Alzó una ceja, lo cual hizo aparecer en su rostro una mueca cuanto menos cómica. – Y era algo bueno, ¿O acaso no has visto El Señor de los Anillos? – Gabriel no sentía fascinación hacia aquella saga como muchos hacían, pero la había visto varias veces. Adoraba el cine, era una de esas grandes cosas que los muggles habían creado y sin la que la vida sería un poco más aburrida. – Ya sabes, enanos, elfos, hobbits, orcos… - Era probable que durante las fiestas de su ciudad natal hubieran media docena de Merrys y Pippins revolcándose en el lodo, además de varios Frodos e incontables Gandalfs hippies. El Señor de los Anillos de J.R.R.Toliker era tremendamente popular en aquellos días, o quizá siempre lo había sido.

Helado y paseo o paseo y helado. Esas habían sido las propuestas del castaño. Por suerte, la temperatura en la capital inglesa estaba alejada de ser la misma que la de un Agosto en los países del sur de Europa. Inglaterra no se caracterizaba por sus altas temperaturas, sus sequias estivales y, muchísimo menos, por la necesidad de pasar todo el mes de agosto sumergido en una piscina. - ¡Genial! Sé donde hay un puesto de helados barato, y además están bastante ricos. – Mentira. No tenía ni idea de donde estaba nada, ya que únicamente visitaba Londres para ir al Callejón Diagon a comprar el material escolar a cada inicio del curso escolar. ¿Resultado? Si buscaban aquel fantástico puesto de helados acabarían perdidos, ya que ni si quiera existía.

Ambos comenzaron a caminar, dejando así atrás el puente con la intención de adentrarse en el empedrado que caracterizaba las calles del centro de la capital. – Seguramente. Pero tienes que poner voz de guía y cara de guía. – Puso una mueca seria y estiró ambos brazos señalando hacia atrás. – Si miran a mi espalda podrán ver el Puente de Londres, famoso por ser un puente y estar en Londres. Podrán comprar sus recuerdos del puente en cualquiera de las tiendas de esta nuestra ciudad, lleven un recuerdo a todos sus seres queridos para que vean que se acordaron de ellos mientras visitaban la capital inglesa. – Ladeó la cabeza y dibujó una sonrisa entre sus labios. – ¿Has tomado nota? Así debes enseñarme la ciudad.

Las casas situadas en aquella zona no tenían más de cinco pisos, aunque a lo lejos podían observarse grandes edificios con cristaleras y vigas de metal, los cuales destacaban entre las pequeñas casas demacradas por el paso del tiempo. En Londres podías encontrar el contraste a pocos metros. Podías ver grandes edificios del siglo veintiuno al lado de pequeñas casitas de mediados del diecisiete. – Yo no hago fotos, directamente. Si hago una, lo más posible es que lo único que se vea es mi dedo en el objetivo. – No era lo que se dice un gran fotógrafo, y tampoco había intentado serlo en los últimos años. – Tú eres la guía, ¿Ahora hacia donde vamos?
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Miér Ago 20, 2014 6:55 am

Bufó en juego cuando él le preguntó si se le había metido algo en el ojo – Como siempre, tú innegable sentido del tacto es genial – una amplia sonrisa estaba en su rostro, pero imitó el tono sarcástico de su hermano, obteniendo buenos resultados, según ella.

Hizo una mueca y tronó la lengua – Con razón me sonaba ese nombre – si había algo raro en ella, bueno, en realidad todo en ella era raro, pero aún más que todo lo demás era que no le gustaba mucho ver películas, los domingos, toda su familia se juntaba alrededor de la televisión, con todo tipo de botanas para disfrutar de una película, el único problema es que ella no lo disfrutaba, se aburría y comenzaba a divagar perdiendo el hilo de la película en menos de lo que tardaba en empezar, y no podía estar quieta por más de quince minutos, por lo único por lo que lo hacía era por la convivencia, así que se centraba en comer hasta que terminaba el suplicio, siempre lo había mantenido en secreto pues no quería hacerlos sentir mal o que perdieran esa bonita costumbre.

Pero si de algo estaba feliz, era de que, seguramente, sus hermanos se habrían quedado con la misma cara que ella, no solían seguir lo que estaba de moda y se preguntaba si algún día esa película lo dejaría de estar, sólo había visto el principio de la primera película y el final de la última, perfecto resumen – ¡Oh si! Es como una especie de Dumbledore ¿No?  – se encogió de hombros y volvió a hacer una mueca – No me gustan las películas, aunque Orlando Bloom se veía muy bien – era lo poco que sabía de eso – Pero me conformo con saber que es bueno, creí que habías hecho la frase tú, y por un momento, creí que eras todo un poeta – habló en un tono más grueso, o al menos eso intento, río al darse cuenta de que se estaba poniendo algo parlanchina.

Festejó sus palabras en silencio, “barato” era la palabra clave, en realidad era “gratis” pero al menos era algo. Caminó a su lado, pensando en que debería guardar distancia para que en perspectiva se vieran del mismo tamaño, una risa jovial salió de su boca pero no hubo necesidad de ocultarla pues la demostración de guía de turismo de Gabriel era bastante graciosa, cubrió su boca con sus manos mientras negaba con la cabeza – Basta Gabriel, detente – le decía entre risas – No creo que pueda hacer eso, me sentiré como una azafata perdida –  

Pues tenemos el mismo problema, mis fotografías siempre están movidas y raras, pero es mejor hacerlas a que te las hagan – siguió caminando a la par de él, mirando el panorama, era agradable, por lo único que podía preferir estar en Londres que con sus abuelos, las calles, las casas y todo alrededor, daba un cierto aíre de estar en otra época, le hacía sentirse extraña, sobre todo porque no conocía nada de por allí “Oh, Oh” pensó, no conocía ese lugar. El comentario del chico sólo logro regresarla aún más, no planeaba decirle “Me he perdido” pero tampoco quería perderlos más, a lo lejos observó una pequeña carpa, como la que usan para vender helados, aunque se preguntó si ahí también los vendían así, era cierto, jamás se había comprado un helado en Londres, cuando lo comía era porque su padre lo compraba, alzó una ceja, interesada en saber la respuesta a esa pregunta existencial, pero pronto se dio cuenta de que estaba empezando a divagar – No tengo idea, supongo que estamos buscando aquél lugar que conoces donde venden helados ¿No? De hecho, sería mejor que tú fueras el guía, se te da muy bien – lo miro inocentemente, no era tan malo, pronto encontrarían algún lugar lindo que conocer.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Miér Ago 20, 2014 6:43 pm


El castaño alzó ambas cejas aún mirando fijamente a la chica y una sonrisa vivaz surgió entre sus labios. - ¿Del tacto? – Estiró una de sus manos y la pasó por su rostro. – Sí, y el olfato, la vista, el gusto y el oído. Tengo los cinco sentidos trabajando continuamente, se nota que soy todo un Ravenclaw. – Añadió orgulloso. A fin de cuentas le maravillaba pertenecer a la casa de las águilas pero no se consideraba alguien inteligente y, mucho menos, trabajador.

El Señor de los Anillos era la típica saga de la que todo el mundo había oído hablar. Aunque la gente no hubiera leído los libros o visto las películas, el nombre de Gandalf era conocido, del mismo modo que la existencia de un anillo y de un hombre de baja estatura y pies peludos que emprendía un peligroso viaje para salvar la Tierra Media. – Claro, como no es un cantante guapo y famoso, no te suena tanto. – Comentó a modo de burla. Él no era gran fanático de aquella saga, es más, se había dormido varias veces durante el trascurso de las películas, pero conocía el argumento. Más o menos. – Es el Dumbledore de la  Tierra Media. Y con peor carácter. – Aunque si lo pensaba seriamente, no había llegado a conocer a Dumbledore lo suficiente para opinar de su carácter, ya que lo que mostraba en los discursos estaba lejos de sonar como una riña. - ¿Verse bien? Verse bien es en Piratas del Caribe, y no me digas que no has visto esa saga porque entonces tendrás mi infinito desprecio, Amanda Rain. – Fingió ofensa por aquel comentario y una posible negativa ante la idea de haber visto aquellas películas.

No pudo evitar dibujar una sonrisa divertida en su rostro al oír las palabras de la joven y no tardó en pensar una respuesta adaptada a aquella situación. Gabriel no se caracterizaba por sus grandes comentarios llenos de inteligencia y sabiduría, sino más bien por hacer comentarios carentes de sentido alguno en cualquier momento. – Algún día escribiré mis propias Rimas y Leyendas y seré más famoso que Gustavo Adolfo Bécquer. – Estiró una mano y fingió tener un objeto de pequeñas dimensiones sobre ella. – Ser o no ser, esa es la cuestión. – Miró profundamente en el espacio vacío, en busca de unos ojos de cuencas vacías que no existían en otro lugar que no fuera su mente. - ¿Qué? También puedo ser Shakespeare si me lo propongo. – Acompañó la risa de su acompañante. Por el momento, ya llevaba una mirada de desaprobación por parte de su amiga y, suponía, que sería la primera de muchas en lo que quedaba de día. Amanda tenía el don innato para mirarle y hacerle cerrar la boca. Tenía la magia que, sin saberlo, hacía a Gabriel comportarse como una persona racional durante los siguientes segundos, hasta que de nuevo olvidaba aquella mirada y seguía siendo tal y como era habitualmente.

La joven había comenzado a reír ante la explicación de Gabriel acerca del comportamiento de los guías turísticos. A decir verdad, aquella imitación no se alejaba demasiado que la de una azafata de vuelo. – No, no. Si fueras una azafata dirías… - Carraspeó para intentar poner voz de mujer, aunque el resultado dejó bastante que desear y tan sólo fue una voz algo más aguda que la suya. -  El cinturón de seguridad debe permanecer abrochado siempre que la señal luminosa lo indique. – Fingió tener un cinturón sobre su cabeza y mostrar cómo funcionaba el cierre de este. – En caso de realizar una evacuación de emergencia, los senderos luminosos del suelo – Señaló al suelo, primero con una mano dibujando una línea imaginaria y luego con la otra. – Les guiarán hasta las salidas de emergencia. Dos de las puertas se sitúan en la parte delantera de la cabina. – Enfocó ambas manos hacia delante.  – Cuatro ventanas sobre las alas. – Estiró los brazos quedando así en forma de cruz. – Y dos puertas en la parte posterior. – Indicó hacia atrás. - ¡Eso es ser una azafata!

Se encaminaron por las calles, se perdieron entre sus fachadas y… Sí, ambos se habían perdido, pero ninguno tuvo la intención de hacérselo saber al otro. Gabriel daba por hecho desde el primer momento que acabaría perdido, pues conocía las calles de Londres igual que conocía las de Nueva York: nada en absoluto. – Al menos no sales con cara de: ¿Por qué me enfocas con esa cosa? – Y frenó en seco el movimiento de su rostro, fingiendo estar congelado en una simple imagen tomada con una cámara. – Movidas, con planos absurdos o… Ahora las cámaras te avisan si no quitas el… ¿Cómo se llama esa tapadera que cubre el objetivo? Bueno, tú me entiendes. – O esperaba que lo hiciera. – Pero antes no te avisaban y todas las fotos salían en negro. Ibas todo feliz con tu carrete a rebelar y salía ¡La nada!

Tomó la mano de la chica y tiró de ella cuesta arriba. – Vamos, creo que la heladería estaba por aquí. – No tenía ni la más ligera idea de donde se habían metido, sólo que quería perderse aún un poco más antes de que Amanda se diera cuenta de ello. Frenó en seco e indicó hacia la izquierda. – Aquí nos encontramos con una fachada barroca, con arcos y columnas. Y piedras, muchas piedras. – Un museo. Era un museo. Miró el letrero bajo la inscripción de “Museo” que tardó en ver y volvió la vista a Amanda. – Lo que yo decía, barroco. – No lo era, pues no tenía ni la más mínima idea de arquitectura. – Vamos por aquí. – Tiró una vez más de su mano hasta darse de bruces contra un hombre con aspecto de pocos amigos. Aquel desconocido rondaría los cuarenta años y tenía más barba cubriendo su rostro que pelo cubriendo su cabeza. – Acepte nuestras humildes disculpas, caballero. – Sonrió de manera exagerada y corrió con Amanda de su mano.

En aquel momento la soltó y lanzó un pequeño objeto para que la joven lo tomara entre sus manos. – ¡Eh, vosotros dos! – Gritó el hombre con el que habían chocado. Pero ya era tarde, la cartera del hombre volaba en dirección a las manos de Amanda. - ¡Tú la llevas!
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Vie Ago 22, 2014 10:30 am

Lo miró de vuelta con su ya conocida cara de “Que vamos a hacer contigo” y una mueca en la boca – Sabes a que me refiero y si no, no te alegres tanto de ser un Ravenclaw – terminó con una sonrisa, borrando la anterior cara, a veces se podía pensar que era un poco bipolar, siguió caminando sin siquiera inmutarse por su otro comentario, eso era cierto, las personas se enteraban de las cosas cuando eran famosas, sobre todo cuando los hombre eran guapos y las mujeres hermosas, respecto a las mujeres Amanda pensaba que había una forma mucho menos sofisticada, pero ese no era el punto, el punto era que ella, de ninguna manera se enteraba de las cosas, al menos que algún familiar se las dijera pero ¡Oh sorpresa! Su familia era 90 por ciento de las veces, exactamente igual que ella – Supongo que he escuchado hablar de eso, pero le doy poca importancia a sus nombres, para mí, siempre va a ser el señor que se parece a Dumbledore

¿Cómo podía preguntar eso? Claro que si, él se veía bien en todo, era verdad que se veía mucho mejor en Piratas del Caribe pero Orlando era Orlando, aunque tuviera sendas orejotas, ahora que ya sabía que era eso ya recordaba más cosas sobre la película, y como decía el muchacho, era indiscutible la fama de esa película y más si tenías una televisión, porque no podías pasar mucho tiempo sin ver algo sobre ella en algún canal. Ladeo la cabeza fingiendo intentar recordar – No me suena – por primera vez si lo hacía, la mitad de sus primas estaban enamoradas de Orlando Bloom y la otra mitad de Johnny Depp, era imposible no escucharlas gritonear por ahí cada que tocaban el tema. Después de esperar a ver si su consternación era elevada por no conocer esa película decidió continuar – Pero sólo la primera, las demás fueron ya muy malas, fueron un fraude, fueron un grito de ayuda – tal vez debería callarse ¿Qué pasaría si a Gabriel le gustaban? No, le había dicho cosas peores – ¡Por favor, nos quedamos pobres! – grito con una vocecilla más escandalosa mientras movía las manos.

Observó la fachada de una casa, no se parecía en nada a las otras, estaba pintada de un color rosa muy particular, parecía un pastel, y sus balcones eran rojos, lo que los hacía parecer un lindo adorno, Amanda sintió tristeza por no poderle dar una mordida, podía, pero el resultado estaría muy alejado de lo que ella quería ¿Dónde estaban aquellas brujas que hacían casitas con dulces? Ella jamás había conocido una, seguramente fue un muggle quién inventó ese cuento, para cuando el chico habló tuvo que hacer un gran esfuerzo para saber de qué hablaba, y lo miró con una ceja levantada - Si ese es tú sueño – le dijo de forma burlona, eso no tenía sentido, pero lo que decía muy pocas veces lo tenía.

Apartó la mirada cuando comenzó con su muestra de cómo era una azafata, ya le dolía el estómago por lo anterior, terminaría afónica, pues cada risa era acompañada por media hora de un tos infernal, pero no pudo evitarlo mucho tiempo, ella era una simplona y Gabriel un muchacho que sabía muy bien cómo hacerla reír a carcajadas, agradecía al cielo que la calle no fuera muy concurrida, de otra forma hubiera muerto de vergüenza, con una mano tapaba su boca y con la otra agarraba su estómago, cuando logró calmarse y después de toser un poco pudo habar – Parece que tienes mucha experiencia en vuelos – ella apenas tenía unos años la primera y única vez que lo hizo y no recordaba nada, después de eso, para visitar a sus abuelos ocupaban un traslador, siempre terminaba cayendo de rodillas y una vez había vomitado, sus recuerdos no eran gratos y siempre soñaba poder llegar de forma muggle.

No, porque no dejo que me tomen fotos, si lo hicieran si saldría así – lo que más detestaba era que le tomaran fotos comiendo ¿Qué tenía la gente que hacía eso en la cabeza? – Lo odio, y cuando lo hacen sacó a relucir mi lado de obscuro en la brujería, haciendo que su cámara explote – En verdad no había sido ella, la novia de su primo era una loca a la que le encantaba tomar fotos, ella estaba platicando cuando sintió el flash, se enojó muchísimo, todos en la familia saben que si quieres ver a Amanda enojada debes de tomarle una foto, la boba chica se burló de las pataletas de Amanda y Thomas, su hermano y eterno protector, no había duda en hacer estallar la cámara. Llena de satisfacción recordaba ese momento glorioso cuando sintió que la jalaba, se dejó llevar pensando que estaba cerca el lugar al que se dirigían, pobre alma inocente, siguió haciendo su papel de guía, el cual, siendo sincera no lo hacía nada mal.

Se detuvieron en seco cuando toparon con un hombre, tal vez el vigilante del museo, no se veía muy amigable, sólo esperaba que Gabriel no dijera nada que lo irritara, porque si a ella se le ocurrían cientos, a él miles, por eso cuando lo escuchó disculparse pensó que algo andaba mal, luego pudo estar segura cuando salió corriendo y mucho más cuando le aventó una cartera, la atrapó por reflejo y pensó que tal vez sería buena en el beisbol. No supo que hacer y fueron los segundos más largos de su vida, podía quedarse ahí, regresarle su cartera y ver que sucedía como era lo más sensato, o podría salir corriendo. Salió corriendo tras Gabriel en su mente le decía todas las groserías habidas y por haber, en su idioma y en muchos otros, incluyendo algunos que aún no se inventaban.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Lun Ago 25, 2014 5:41 pm


El carácter de Gabriel impedía que se tomara en serio la mitad de las cosas que sucedían a su alrededor. No era una persona que se caracterizara por tomar grandes decisiones premeditadas con meses de antelación, pues era una persona cargada de impulsividad. Gabriel sabía lo que era recibir una mirada de desaprobación por su comportamiento y Amanda sabía cómo regalársela sin si quiera pensarlo dos veces. El forma de ser de ambos no era, ni mucho menos, parecida, pero de algún modo existía cierta complicidad entre ambos. Los dos eran conscientes de que el otro era opuesto, lo que facilitaba las cosas cuando se daba de lleno con un comentario o una mirada por parte del otro. Por su parte, Gabriel ya había dejado de tomarse como algo personal las miradas de Amanda como si estuviera loco o si necesitara urgentemente ordenar sus prioridades.  – Entonces jamás podré llevarte al cine. ¿Qué cita romántica organizo yo ahora, Amanda? ¿Ves normal que acabes así con mis ilusiones de organizar algo decente? – Preguntó adquiriendo así su voz un tono dramático. Como de costumbre, nada de lo que decía iba en serio, pero eso no quitaba que le gustara que sus bromas sonaran como algo medianamente realista.

El comportamiento serio que caracterizaba a Amanda cuando Gabriel estaba cerca, había desaparecido. Ahora no se mostraba como la joven que intentaba ser responsable y que veía como una tontería cada comentario que salía de la boca de su amigo. Negó con la cabeza varias veces, sin perder detalle de las calles por las que pasaban. A pesar de su carácter distraído y su curiosa forma de ser, Gabriel pasaba gran tiempo observando todo lo que había a su alrededor, como si algo pudiera hacer que llegara a sorprenderse. En aquel momento, había fijado su atención en una azotea rodeada de cristales, la cual estaba situada en la última planta de un edificio antiguo. A pesar de la apariencia del lugar, parecía que había sido restaurado no hacía demasiado tiempo, así que Gabriel se había distraído mirando aquella zona sin darse cuenta de que Amanda seguía hablando de aquella saga de películas. – La última es la peor. – Comentó volviendo a la conversación, aunque sus ojos seguían perdidos de un lugar a otro hasta que la voz de Amanda cambió para volverse chillona.

Al girar para ver a la chica, se topó con que esta movía de manera exagerada sus manos, como si estuviera haciendo algún tipo de interpretación. - ¿Se te olvidó tomar las pastillas para el trastorno de doble personalidad? – Preguntó el joven sin alterar lo más mínimo su tono de voz. Pasó una de sus manos sobre la frente de la chica y suspiró, aliviado. – Parece que no tienes fiebre. Pero lo más sensato será llevarte a San Mungo antes de que te vuelvas loca. – Sus experiencias le habían enseñado que San Mungo no era lo mismo que un Hospital muggle. A pesar de que ambos tenían la misma función, los magos tenían una superioridad notable en todos los aspectos. A veces llegaba a parecerle egoísta que los magos no prestaran su ayuda a los muggles en estados más graves, que no intentaran salvar vidas cuando para ellos resultaba mucho más sencillo.

El concepto de fotografía no le apasionaba. Le parecía fascinante la capacidad que tenían algunas personas para captar con un simple objeto tantas cosas en una imagen, pero lo cierto es que lo referente a salir él mismo en las fotografías no le parecía nada fascinante. No era una persona a la que le gustara salir en las fotos, ni hacerlas. En otras palabras, su vida sería exactamente igual a como era en aquel momento si las cámaras fotográficas no existieran. Y con el invento de los teléfonos móviles con cámara la cosa era aún peor, pues era raro el que no se pasaba el día fotografiando su comida y subiéndolo a las redes sociales como si a alguien pudiera interesarle aquello lo más mínimo.  – Oh, estamos ante una chica mala. – Ironizó para meterse con ella. Amanda aparentaba ser una chica tranquila que jamás se metía en problemas si podía evitarlo, pero por lo que muchas veces contaba y otras, por su forma de comportarse, parecía ser todo lo contrario.  O al menos, que los problemas y ella tenían una relación más profunda de lo que parecía a simple vista. - ¿También les sacas los ojos con cucharillas para helados por hacer una simple fotografía? – Añadió aun manteniendo aquel tono irónico y a la vez sorprendido en la voz.

Ambos doblaron un par de calles hasta que se toparon con un pequeño edificio con un letrero de museo, pero no había ninguna heladería en aquel lugar. Gabriel echó un último vistazo al lugar, como si en cualquier momento surgiera de la nada una heladería. Pero no hubo rastro alguno de esta, si no que fue un hombre el que surgió como salido de la nada. Gabriel acabó chocándose con aquel hombre, pero aquello no lo frenó. Si no que incentivó su energía para que tomara de la mano a Amanda y ambos acabaran lejos de aquel hombre. Pero aquello no duró mucho tiempo. La cartera que Gabriel había cogido del bolsillo de la chaqueta del hombre fue a parar a las manos de Amanda y acto seguido, aquella voz que les perseguía. - ¡Malditos niños! – Bramó el hombre mientras ambos corrían. Gabriel giró la cabeza para ver cómo Amanda seguía corriendo tras él y se metió por una calle paralela a la que se encontraban. -¡Veréis como os pille! – La voz del hombre seguía sonando cada vez más alejada, pero aun los perseguía.

Gabriel volvió a coger la mano a Amanda para indicarla el camino. Dobló una esquina rápidamente y dio con una callejón cuya única salida era una pequeña calle paralela al fondo de este. Pero en lugar de correr hacia allí, tiró de la mano de Amanda entrando en un portal que conducía a un edificio destartalado. Hizo un gesto con el dedo para que guardara silencio y la voz del hombre volvió a rozar el aire que los rodeaba. – Me conozco este lugar como la palma de mi mano, ¡No podéis escapar! – Y acto seguido su cuerpo cruzó la esquina del final del callejón, perdiéndose por las calles de Londres.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Miér Ago 27, 2014 10:22 am

Al subir la cara hacia una casa, desde lo alto, asomó un gato, Amanda alzó una ceja y camino imperceptiblemente más rápido, de todos modos, él no iba a notarlo, estaba acostumbrada a caminar rápido, siempre iba en contra del reloj y sus hermano tenía la misma manía “Nadie nos persigue” decía su hermana, pero ellos prácticamente corrían cuando salían, aún así, jamás sería tan rápida como Gabriel. En muchos aspectos él era bueno, sin querer le ayudaba a ser más sociable ¿Quién diría que Amanda Rain saldría a pasear en las vacaciones de verano? Y más sin estar en casa de sus abuelos paternos, pero allí estaba, era verdad que a veces quería golpearlo y sólo se detenía porque sabía que no lograría nada, como en ese momento, en que casi se atraganta al escucharlo, hizo un ruidito con la nariz, estaba intentando controlar una carcajada – Gabriel y decente no se dicen en la misma frase, al menos de que esta también lleve un no – bufo, y continuó con su cara inexpresiva, aunque la mayoría de la gente la miraba y pensaba que era adorable y que no mataría ni a una mosca, tal vez por eso envidiaba a Gabriel, él jamás tendría problemas para ser una figura de autoridad, porque, aunque ella supiera que su carácter no se prestaba para eso ¿Quién podría saberlo si no lo conocía bien? Era alto y con una voz potente, las cosas se le daban fácil, no necesitaba de chaperones (o de mentiras) para salir, además de que tenía esa forma de encontrar siempre la forma de darle vuelta a sus comentarios.
   
A veces creía que ya no la estaba escuchando, más de una ocasión se había molestado por eso, cuando se encontraban en algún pasillo, pero obviamente no se lo decía, sólo lograría que él la molestara aún más, o no sabía, pero no quería arriesgarse, con el tiempo se dio cuenta de que simplemente no tenía que mirarla para poner atención, su caso era completamente diferente, ella podía mirar a los ojos a una persona mientras sus pensamientos vagaban por cualquier otro lugar. Así que cuando contestó ella sólo afirmo con la cabeza. Lo volvió a mirar con los ojos entrecerrados y la boca rígida en cuanto lo escuchó continuar y suspiro tragándose su enojo, es que a veces podía sacarle de quicio, pero cuando recordaba que sólo era porque siempre tenía las palabras correctas y demasiado sarcásticas para contestar se le bajaba  - Pues, parece que si vuelves a poner tú mano en mi frente te la amputaré – rodó los ojos pensando en que era el comentario más tonto que hubiera hecho en su vida, no, no tanto, pero eso es a lo que se refería, seguro él hubiera tenido ya, respuestas para sus respuestas.

Empezaba a pensar que Gabriel no tenía la más remota idea de donde estaban, tal como ella, pero caminaba tan seguro que le hacía confiar, aún cuando sabía que no debía – Si, así es – respondió tranquila, como si sacar ojos con una cucharilla no fuera asqueroso “Y sádico Amanda y sádico” se corrigió en su cabeza y se encogió de hombros – Si en la foto salgo yo – Allí iba de nuevo, nadie la creía capaz de hacer algo, por eso la gente no dudaba en meterse con ella, porque pensaban, no, sabían que no podría defenderse, eso era lo que más odiaba.    

Se mantuvo callada un rato más antes de llegar a ese edificio bastante antiguo, y reír por las tonterías que escuchaba decir a la súper guía de turismo cinco estrellas “Gabriel Blumer”, pero rápido pasaría de ser un momento divertido a uno en donde te pellizcas continuamente pensando que eso debe ser una pesadilla, más siendo Amanda, su fechoría más grande era comerse todo lo que había en el refrigerador por la noche, quedarse despierta hasta la madrugada o meterse a alguna red social de su hermana, no era su culpa, sus contraseñas eran estúpidas.

En un momento se sintió arrastrada por él, literalmente, ya que ella se sentía en otra dimensión, escuchó la voz del hombre cerca, demasiado cerca y su corazón empezó a latir más fuerte, pero su compañero se veía bastante normal, chistó con la lengua de rabia, no por lo que sucedía, sino porque no podía controlarse como él. Puso algo de resistencia cuando él se metió en otro edificio, aún más feo que el primero, aunque no creía que en este fueran a encontrar algo más que ratas, lo vio pedir silencio y frunció la nariz por quincuagésima vez en el día, un ojo le brincaba lentamente – ¡Eres un… tonto Gabriel! – Habló en un susurro - ¿En qué… rayos estabas pensando? – buscaba palabras más propias, cuando se enojaba decía groserías, nunca lo hacía en la calle, pero no era normal que se enojara en la calle. Se llevó las manos a la cara y fue ahí que notó que aún tenía la cartera en la mano, su posición cambió, aunque aún no estaba relajada, puso una mano en su cintura y recargó el peso en una pierna, mostrándole la cartera y haciendo cara de pocos amigos. No exageraba, temía que el tipo ese los encontrara, no por lo que les iba a hacer sino porque se enterarían sus padres y, ahí si, estaría frita.

Aún así, después de un momento, soltó una carcajada, no sabía si eran los nervios o la situación en sí, jamás se había sentido más tonta y jamás había sentido tanto miedo, excepto el día en que se perdió, tal vez no muy lejos de esas mismas calles.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Miér Ago 27, 2014 1:52 pm


El castaño era como una bocanada de aire fresco, mientras que la joven eran los pies en la tierra. Mientras que Gabriel se guiaba por el trascurso de las situaciones y de las acciones que giraban a su alrededor, Amanda parecía estar estática en su posición racional y de comportamiento lógico. Se podría decir que Gabriel era le veleta movida por el viento y Amanda el estático espantapájaros que aleja a los que intentan hacer daño a aquello que le importa. De algún modo, aquello era cierto. Pero Gabriel prefería ver a Amanda como una loca preocupada por la perfección y la tranquilidad, cuando no era así, ni mucho menos. - ¿En serio? ¿Jamás puedo unir mi nombre con “decente” sin incluir un "no"? - Miró a Amanda fingiendo gran sorpresa. – Entonces si digo… Gabriel – hizo una pausa – no – hizo otra, para recalcar que había dicho dos de las palabras que debían ir juntas si quería acompañar la oración con el adjetivo “decente” – me lleva a un loquero, porque es una persona decente. ¡Ajá! – Alzó el puño en señal de victoria, como si aquella creación gramatical hubiera resultado ser el trabajo de su vida. Como si fuera la oración clave con la que terminar su tesis como estudiante y así conseguir el título con una puntuación elevada. - Hagas lo que hagas, no – volvió a parar en seco – puedes evitar que Gabriel – se señaló a sí mismo con ambas manos, como si hubiera descubierto la pólvora o algo similar – sea una persona decente.

El comentario de Amanda, lejos de ser el que esperaba Gabriel propio de la niña que aparentaba ser, lo dejó algo contrariado. Amanda, quien siempre aparentaba seriedad y al mismo tiempo inocencia, quien parecía no haber roto un plato a lo largo de su vida, acababa de amenazarlo. Sabía que aquello no era más que una broma, pero no esperaba escuchar aquello de sus labios. – Por Merlín, Amanda Rain amenazando a alguien. Y yo que creía que moriría sin ver algo como esto. – Fingió tener un paquete de palomitas entre sus manos y comer un puñado de estas. – O bromeando, no sé qué es más raro. – Volvió a tomar otro puñado de sus palomitas imaginarias, para luego hacer como si aquel alimento imaginario no hubiera estado sobre sus manos en ningún momento.  

Tendió ambas manos a la chica y sonrió. - ¿Derecha o izquierda? – Inquirió con el rostro serio. – Ya sabes, ¿Cuál me amputarías? – Por su cabeza ya habían pasado diferente soluciones al problema de carecer de una mano. Ninguna acababa de convencerle, pero tampoco le parecían demasiado descabelladas. En aquel momento, su mente se comportaba como si realmente Amanda fuera a sacar un cuchillo de veinte centímetros de su pantalón para cortarle una mano como si fuera un trozo de zanahoria. - ¿Dónde crees que venderán garfios? Seguro que si me dejo el pelo largo y rizado, me pongo un sombrero de pirata y me cortas la mano para usar un garfio, mi disfraz para Halloween será perfecto. – Lo peor de todo es que en aquel momento se lo planteó como algo posible, aún sabiendo que las manos no crecían cuando las cortabas, ni que fuera una lagartija.

Dejaron atrás a aquel hombre que los perseguía por las calles londinenses en busca de recuperar su cartera. Gabriel hizo un esfuerzo por no reírse de la cara de Amanda en aquel momento, pues de por sí que parecía una chica tranquila, ahora mismo estaba rompiendo todos sus esquemas, haciendo que su vida diaria cambiara porque él había decidido que robarle la cartera a un desconocido era lo más acertado.

Quedaron en el interior de un portal que al parecer estaba abandonado. El hombre pasó a escasos metros de ellos sin ni si quiera percatarse de su presencia, pero sus pasos y su voz sonaban como si en el momento que los alcanzase su idea fuera separar sus cabezas de sus cuerpos. Gabriel no pensaba demasiado en las consecuencias de sus actos, pero sabía que si volvía a meterse en algún lío mientras estaba solo en Londres, la reacción de su madre no sería precisamente buena. Siempre prometía que en aquella ocasión se comportaría, pero algo en su mente le impedía cumplir aquella promesa, por lo que cada verano en el que pasaba las últimas semanas lejos de casa, su madre acababa gritando como una loca y diciendo que al volver a casa lo mataría. Como era de esperar, jamás llegaba a cumplir tal amenaza, tan sólo se limitaba a darle una charla acerca de sus responsabilidades, de lo problemático que sería en un futuro si se viera su historial con la policía y demás tonterías que Gabriel no escuchaba porque su madre hablaba demasiado. – No estaba pensando, la verdad. – Se encogió de hombros mientras una sonrisa divertida surgía en su rostro mientras sus ojos se clavaban en el interior de aquel lugar.

Dio un par de pasos por el interior de aquella zona y se giró para mirar a Amanda, quien de golpe había soltado una carcajada. - ¿Lo ves? Si en el fondo te ha gustado. Además, has hecho ejercicio, has conocido las calles de Londres y has hecho nuevos enemigos. ¡No puedes quejarte, pequeñaja! – Sonrió una vez más antes de adentrarse en aquel lugar, subiendo las escalinatas que llevaban al piso superior y sin preocuparse demasiado por haber dejado a varios metros a la chica a la que acababa de meter en problemas a los que no estaba acostumbrada.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Jue Sep 04, 2014 10:16 am

No le molestó escucharlo, por más que en sus facciones esto podría parecer lo contrario, ya sabía que tendría respuestas para sus respuestas, pero le daba igual, cruzó sus manos sobre su pecho por un momento para darle sentimiento a su actitud, pero pronto las volvió a llevar a los lados, no podía caminar de otra forma. Movía su cabeza afirmativamente como si lo que él estuviera diciendo fuera muy importante y acertado, haciendo el gesto más sarcástico que en ella existiera, en verdad no le molestaba, sabía que si aceptaba salir con él, terminaría escuchando ese tipo de cosas, pero lo valía, estaba segura de que también le haría pasar un buen rato – Si lo hubieras dicho sólo un poco – casi dejo que sus dedos índice y pulgar se rozaran – Habrías ganado el premio al hombre más simpático del mundo – terminó bufando, pensando que cuando llevaba el cabello recogido era más difícil que alguien se creyera su papel de niña mala, era claro, si se lo soltaba la gente correría llamándola bruja – Tus frases son el sueño de cualquier escritor

Torció los ojos con sus otras bromas, es lo que ganaba siempre, que la gente no le creyera, obviamente no planeaba hacerlo, pero nadie la tomaba en serio, “Desearía conocer a nadie” pensó suspirando algo seria para luego mirarlo y volver a su típica cara de niña buena – Pensándolo mejor, que sean ambas – la idea parecía hasta agradarle, si, Gabriel era raro, tal vez por eso le caía bien. A lo largo de su vida sus amigos siempre habían sido raros y empezaba a darse cuenta de que ella era el factor común, pero de algo estaba segura, nadie le ganaba a chico alto que estaba a su lado, a nadie le causaría gracia el hecho de pensar en perder una mano, de hecho, su hermana vivía traumada con eso y posiblemente le hubiera dado toda una cátedra del porque no debía ni de bromear con ese tema, gracias a Merlín, ella no estaba allí y podía hacer cuanta broma quisiera – ¿Es que siempre tienes algún comentario loco que soltar? – De acuerdo, sus comentarios no eran muy cuerdos - ¿Cómo le haces para tomarte todo tan a la ligera? – en verdad quería que le dijera, ella debía fingir que su moral estaba intacta cuando alguien la llamaba enana – No te iría bien ser un pirata, creo que sería mejor que fueras el perico – río con su propio chiste y siguió caminando sin tomarle importancia.

Para cuando Amanda pudo tranquilizarse y darse cuenta de lo que pasaba ya era demasiado tarde, siempre que dejaba al azar alguna decisión, el destino terminaba transformándola en la peor, y ahora sabía que correr había sido una mala idea, aún un poco agitada lo miró, era casi seguro que estaba pensando en lo graciosa que se veía, hasta casi podía oír sus pensamientos. Casi se traga su propia lengua cuando el hombre pasó tan cerca, agradeció a todos los santos que conocía cuando pasó de largo, miraba aún hacia la puerta esperando que el pobre gordito regresara, el “No estaba pensando” la hizo regresar de su aturdimiento, cerró los ojos intentando pensar en qué mundo vivía Gabriel, negó con la cabeza e intento mirarlo de la forma más asesina posible, pero su intento fue en vano, él ya miraba hacia otra dirección.

No estoy riendo por eso, estoy riendo por los nervios – casi gritó, recordó una plática de su padre, el cual asistió al funeral del familiar de un amigo y justo cuando todos estaba callados, el soltó una carcajada, no es que le pareciera gracioso, sólo sucedió, la disimuló fingiendo llorar y muchos le creyeron, pero ahora ya sabía lo que él había sentido. – ¡Por supuesto, ha sido el recorrido turístico más genial de mi vida! – Contestó sarcásticamente, pero una vez más, ya no la estaba escuchando – ¿A dónde vas? ¡EH, Gabriel! No puedes simplemente meterte – Hizo una mueca con la boca, no podía hacer eso, “¿Y si la construcción se le caía? ¿Y si adentro había más guardias? ¿Y si el otro hombre regresaba?” paró sus pensamientos en ese momento y volvió a ver la cartera en su mano, enseguida comenzó a caminar detrás de él, no planeaba quedarse sola en ese lugar, tal vez así como sabía meterse en problemas, también sabía salir de ellos.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Vie Sep 05, 2014 6:14 pm


Los edificios habían comenzado a alzarse sobre donde estaban al separarse del puente de Londres. Pero aún así, las pequeñas casas se intercalaban con los grandes edificios, distrayendo la mirada de Gabriel por las fachadas de estos. No era una persona que se caracterizara por prestar atención a lo que debía, sino por ser curioso. Sumamente curioso. Quizá por eso había ido a parar a la casa de las águilas, pues en cuanto a lo académico se refería, era un negado hasta decir basta. Cabía decir que aprobaba todo lo que estudiaba, pero no precisamente con altas calificaciones. Era un estudiante del montón. Era uno más en Hogwarts, y no sobresalía precisamente por sus altas capacidades mentales, sino por olvidar cuándo y dónde tenía clase y acabar por no aparecer en clase sin ningún tipo de excusa. ¿Para qué inventar una excusa si ni si quiera él mismo iba a creerla? Mejor no aparecer y decir que para llegar tarde mejor no ir.

Su mirada se posó en Amanda cuando esta volvió a hablar, y entre sus labios surgió una pequeña sonrisa. – Acabaré ganando el premio Nobel de literatura por mis grandes aportaciones a la lingüística moderna. – Dijo de carrerilla como si aquello fuera algún tipo de frase aprendida y meditada previamente.


Alzó ambas cejas sorprendido y abrió la boca de par en par, como si aquel comentario por parte de la castaña fuera lo más ofensivo que había oído a lo largo del día. Que lo era. - ¿Las dos manos? ¿Y qué haría con mi vida? – Negó varias veces con la cabeza, aún con la boca abierta. Se dio un leve toque en el mentón y obligó a su propia boca a cerrarse, como si fuera una especie de títere o marioneta de madera que necesita ser movida por hilos para conseguir algún tipo de movimiento que aparentase ser propio. – Piénsalo, debería dejar el Quidditch, y mis exámenes no serían lo mismo escribiendo con la pluma sujeta entre los dientes. Y… Seguro que tendría que pedir en el tren, cual indigente. – Como aquellos hombres y mujeres que se dedicaban a mendigar por el trasporte público, acercándose a los desconocidos y pidiendo por unas monedas que luego se gastarían en un cartón de vino pasado del primer supermercado barato que se encontrasen en su camino. Luego estaban aquellos que se dedicaban a tocar instrumentos, hacer trucos de magia muggle e incluso había algún que otro bailarín. Aquellos tenían cierto mérito, pues carecían de empleo y esa era la única forma de conseguir dinero con el que subsistir. Pero al menos, hacían algo por intentar ganárselo, no iban pidiendo por caridad humana.

- Tengo lengua, cuerdas vocales y bueno… Se hablar, así que siempre tengo comentarios. Lo de la locura ya lo añades tú, yo pienso que mis comentarios son totalmente racionales, sólo que tú no me comprendes. – Cercioró como si lo raro era comportarse de manera seria y racional como hacía su acompañante. – Venga, venga, con el lío que hay ahora mismo por el mundo será mejor disfrutarlo y luego ya preocuparnos cuando tengamos a una horda de mortífagos encima por no unirnos a sus filas. – Gabriel ni si quiera tenía interés en aquello. Había vivido en el mundo muggle con su madre y no había conocido nada de aquello hasta que hacía cinco años había recibido su carta de Hogwarts. Cada persona daba su propia versión de la historia y, a decir verdad, a Gabriel no le importaba ni un bando ni el otro. Bastantes problemas tenía él ya como para preocuparse por un hombre con aires de dictador mágico.

Habían dado esquinazo al hombre y se encontraban en un pequeño edificio abandonado. Gabriel no se preocupó por las razones por las cuales aquel edificio estaba cerrado al público, pues ya tenía bastante con la curiosidad sobre lo que habría en el piso superior. – Sabía que dirías eso, soy un guía estupendo. – Pero segundos después ya no estaba.

Sus pies hacían crujir la madera podrida mientras se dirigía al piso superior. No echó un último vistazo a Amanda, sino que comenzó a subir las escalinatas que tiempo atrás habían llevado a los inquilinos del inmueble a sus apartamentos. Su gesto estaba serio aunque el niño interior no paraba de saltar de la emoción. Sus pasos siguieron subiendo. Un escalón tras otro y finalmente llegó al piso superior. Miró por una de las puertas tapiadas y vio como la luz se colaba por las rendijas al final de la estancia. Sonrió de medio lado y dio un golpe certero con el pie dejando caer las tablas que actuaban como tapadera. Entró en el piso y el olor a habitación cerrada dio de lleno en sus fosas nasales.

Se sobresaltó al escuchar pasos tras él y se encontró con Amanda. – Mira, mi nueva casa. Independizado a los dieciséis, y luego hablan de crisis. – Bromeó mientras sus pasos se aproximaban por aquel lugar. El piso estaba desierto pero aún mantenía los muebles de los antiguos propietarios. Silencio. Todo lo que había era silencio, polvo y un sofá raído iluminado por la luz que entraba desde las persianas rotas. – No me dirás que no te traigo a sitios bonitos … - Un ruido proveniente de la habitación colindante. Gabriel se giró en seco sobre sí mismo, dirigiendo su vista a la puerta cerrada. - ¿Has oído eso? – Un segundo golpe en el interior.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Invitado el Dom Sep 07, 2014 10:01 am

Mientras observaban lugares cada vez un poco más deplorables, metió su mano a su pequeña mochila, no era en realidad una, era un morral, azul claro con tonos más obscuros hasta el negro, le encantaba, su madre se lo había regalado antes de abordar el expreso a Hogwarts y desde ese día no iba a ningún lado sin él, era como llevar a su familia con ella. Sintió en el interior algo parecido a una piedra, no muy grande y fría al tacto, era casi un amuleto para ella, esa se la había dado su abuela y no sabía si le traía buena suerte, si la mantenía a salvo o si simplemente era lo que ocupaba cuando se sonrojaba y sentía arder sus mejillas, por alguna razón esa piedra jamás se calentaba, pero cuando la tocaba una tranquilidad la invadía, dentro de ese morral llevaba algo que le recordaba a cada uno de los miembros de su familia, algo pequeño pero significativo, excepto de su hermano, lo de él era una pulsera, que sólo se quitaba para bañarse y cuando se iba a dormir, ella siempre decía que no era supersticiosa pero terminó por aceptar que si lo era y en gran medida.    

Lo miró cuando se empezó a plantear su vida sin sus manos, a veces podía ser tan melodramático, qué premio Nobel ni que ocho cuartos, como decía su padre, él ganaría un premio a la mejor actuación, claro que ni loca se lo decía – Te vi bastante entusiasmado cuando se trataba de una sola mano, pensé que te haría feliz diciendo que las dos – siguió impávida, la verdad es que a esas alturas ya había aprendido a darle por su lado, pero siguió y siguió – Gabriel – hizo una pausa para ver si así llamaba su atención – No creo que vayas a dedicarte a algo que tenga que ver con Quidditch, el tema de tus exámenes no cambiaría mucho, excepto que ahora tendrías una buena excusa para lo malos que son y por lo demás, ya tendrías un trabajo, por así decirlo – hizo una pausa mientras seguían andando, de seguro sus exámenes no eran tan malos, sabía del potencial de Gabriel, pero al igual que ella, se distraía con facilidad – Además de que no tienes ni que pensar en eso porque sabemos que jamás pasará ¿O es que me imaginas haciéndolo? – Se lo preguntó con una sonrisa irónica, lo único que faltaba es que él dijera que si.

Tienes razón, me preocuparé por tener un comentario que te deje sin palabras cuando pueda dejar de preocuparme por mi vida – negó con la cabeza, si, esa era la cuestión, parecía que nada le importaba. Ya se imaginaba a su pobre madre, sufriendo pensando en las cosas que Gabriel podría llegar a hacer, su primer error fue ponerle ese nombre.

Con un último vistazo a sus espaldas Amanda empezó a seguirlo, podría ser que en ese momento estuviera muy enojada con él, pero estaba más asustada, podía ser que fuera él quien la había metido en el lío, pero tal vez podía sacarla, podía ser que ella también hubiera tomado una mala decisión, pero ahora nada de eso le importaba, si había algo que no le gustaba eran los fantasmas, las arañas, las cosas raras, las casas abandonadas y, sobre todo, los regaños de sus padres, por eso no planeaba despegarse de Gabriel, ni siquiera si hacía una de sus típicas bromas.

Cada paso que daba y el crujir de los escalones hacían que se le escapara un día de vida por la boca, agarrándose del barandal con una mano y el pecho con la otra llegó hasta arriba, justo para ver como su amigo allanaba la propiedad, aún más – Basta, por favor, vámonos de aquí – su voz era queda y temblorosa, todo rastro de racionalidad había desaparecido, ya no quería regañarlo, quería salir de ahí – Se me va a salir el estómago por la boca ¿En realidad quieres presenciar eso? – pero era en vano, él ni la escuchaba, parecía un niño con juguete nuevo.

Al escuchar los ruidos no gritó solamente porque estaba aterrada, sentía la garganta seca y sin darse cuenta se llevó la mano al morral y la otra a la camisa del chico – Te odio – le dijo con la voz temblorosa antes de dar un paso para atrás sin soltarle, no lo odiaba en verdad, pero tenía que decirlo, no sólo por haberla metido en ese problema, sino porque el parecía ni inmutarse, algo le decía que podía hasta estarlo disfrutando mientras que ella moría de miedo, estaba más nerviosa que con los exámenes de Snape – Vámonos Gabriel – le dio un tirón a su camisa – ¿Si es el hombre loco, si nos encontró? – Y ella aún tenía la cartera en la mano, por su cabeza pasaba otra idea, pero si se la decía se iba a reír de ella, y jamás la dejaría olvidarse de ese bochornoso día. Una idea se coló entre sus pensamientos de pronto, si salía con vida, lo iba a matar.
avatar
InvitadoInvitado

Gabriel J. Blumer el Dom Sep 07, 2014 2:24 pm


El método de Gabriel para pasar de todo era el de utilizar el chiste como arma. No era una persona que se caracterizada por sus grandes preocupaciones sobre su futuro o sobre las propias repercusiones que tendrían sus acciones, pero el hecho de acabar sin ambas manos hacia que se replanteara diferentes historias en las que vivir sin dos manos no era más que una broma de mal gusto. Sonrió irónico sin apartar la vista de los ojos de Amanda en aquel preciso instante, al final había conseguido sacarle más de una sonrisa y que dejara de lado su responsabilidad. Por regla general, todos los alumnos de Ravenclaw eran responsables, centrados y con aires de superioridad en cuanto a los temas académicos, por eso no solía llevarse bien con sus propios compañeros de casa, pero Amanda era diferente, a pesar de ser opuesta a él. – Sí, está claro, el sueño de mi vida es sufrir un terrible accidente y que tengan que amputarme ambas manos. – Afirmó aún con la sonrisa en el rostro. – Me sentiré como Anakin en Star Wars, o como Luke, que para el caso ambos pierden una mano… Seré los dos juntos, así pierdo las dos. – Error. Quizá Amanda tampoco hubiera visto Star Wars, o las consideraba tan malas como Piratas del Caribe. Tampoco es que le importara demasiado, claro.

Era cierto. ¿Acabar su vida jugando al Quidditch? Bueno, al menos allí no tendría que sentarse en una oficina durante ocho horas al día a mirar informes. Tan sólo se limitaría a montar en escoba una vez cada mucho tiempo y ganar dinero. Olvidando los entrenamientos, que esos no contaban. En realidad, no era una vida tan mala, quizá llegaba incluso a planteársela. – Me has roto el corazón. – Colocó ambas manos sobre su pecho, dibujando con el dedo índice y el dedo gordo de cada mano un corazón uniendo sendas manos. Desvió medio corazón hacia abajo, mientras que la otra mitad quedó estática en su pecho. – Yo que creía que en el fondo me querías y sólo me dices cosas horribles sobre lo negado que soy en los estudios. Tú lo que quieres es que me deprima. – Negó con la cabeza y apartó las manos del pecho.


En aquel momento la imagen de Amanda con un hacha entre sus dedos surgió en su mente. La joven, cubierta en sangre, corría por los pasillos de Hogwarts en busca de víctimas a las que cortarles las manos. De su cuello, como si de un collar de ajos contra vampiros se tratase, colgaba una ristra de manos de los diferentes alumnos que se habían cruzado en su camino. Una sonrisa sádica y siniestra en su rostro, unos ojos cargados de locura y un grito feroz pronunciando su nombre. Una imagen dicta de película de terror de los ochenta. – Hombre, capaz, capaz… - Hizo una leve pausa. – Cuando encuentran a los asesinos los vecinos siempre dicen el típico “Siempre saludaba”. – Era cierto. Cuando su madre ponía las noticias y hablaban de un asesino recién arrestado, tendían a hacer un tour por la zona en la que vivía preguntando a los vecinos sobre el asesino en cuestión y siempre resultaba que el asesino era un excelente vecino digno de ejemplo. Por eso Gabriel jamás saludaba a sus vecinos, para que cuando cometiera un asesinato no pudieran decir que siempre saludaba. Aunque en realidad no saludaba porque iba pensando en sus cosas en lugar de antender a la gente por la calle. – Y tú siempre saludas. Es sospechoso.

Ambos habían acabado en la primera planta de un edificio abandonado y Gabriel se había encargado de darles paso hacia una de las viviendas. Un corto pasillo conducía al salón, la habitación en la que se encontraban. A la derecha había un largo pasillo que, suponía, conduciría al resto de las habitaciones. En frente, las persianas a medio bajar por donde la luz se colaba y servían de única iluminación en aquel momento. Y a la izquierda, una puerta cerrada pero sin tapiar. – Que no pasa nada, ¿Qué va a haber aquí? ¿Fantasmas? Como si no hubieras tenido suficiente en Hogwarts. – Negó con la cabeza. – Especialmente con el fantasma de Hufflepuff, ese hombre es un pesado. Siempre que me lo encuentro por los pasillos me cuenta que pertenecía a una orden de masones o no sé qué tonterías. Aunque el de Gryffindor con la historia de su decapitación, perdón, casi decapitación, también tiene lo suyo… Al menos nuestra fantasma no habla. – Curiosamente, jamás había escuchado la voz del fantasma de Ravenclaw, pero siempre la había imaginado como dulce y serena.

El chico miraba por la estancia, sin preocuparse de la reacción de su compañera al entrar a aquel lugar. Amanda quería salir de allí, pero él estaba demasiado distraído mirando aquel lugar. Había un cuadro sobre el sofá, aunque el polvo cubría todo su color, como si ahora aquello fuera una antigua película en blanco y negro. Antes si quiera de poder aproximarse hasta aquel espacio para mirar el cuadro de cerca, llegó el ruido. Notó la mano de Amanda sobre su camisa, pero no fijó la vista en ella. El segundo ruido llegó, y de nuevo la voz de Amanda. – Venga, para que fuera ese hombre tendría que haber subido antes que nosotros, o haber entrado volando por alguna de las ventanas cerradas… - Bajó la vista a Amanda. - ¿No quieres mirar que hay allí? – Sonrió. La curiosidad. La curiosidad mató al gato. – Venga Amanda, no seas miedica. – Dicho esto, apoyó su mano contra el picaporte y tiró de la puerta, pero esta no se abrió. – Cerrada. – Su voz sonaba a decepción.

De nuevo otro ruido, esta vez chocando contra la puerta. Gabriel dio un paso hacia atrás. Ahora quería saber qué era lo que había allí. Volvió a tirar de la puerta, pero seguía sin abrirse. Hizo fuerza una tercera vez y por fin, la puerta se abrió. – Seguro que está aquí una de esas arañas gigantes del Bosque Prohibido. – Gabriel echó un último vistazo a Amanda. - ¿Vienes? – Le guiñó un ojo y sin pensarlo demasiado, entró a la habitación, la cual apenas tenía luz y tenía un extraño olor a madera mojada y a podrido.

avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Nico Mirallegro
Edad del pj : 19
Ocupación : Desempleado
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : -
Lealtad : Neutral.
Patronus : -
Mensajes : 203
Puntos : 4
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t827-gabriel-j-blumer

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.