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The Garden's Tale [William O'Connor]

Fiona T. Shadows el Dom Ago 17, 2014 6:55 pm

William O'Connor
14.00 horas.
Campo, afueras de Hogsmade.


Hay momentos en los que te levantas con ganas de hacer miles de cosas. Te levantas con ganas de pegar un salto fuera de la cama y hacer algo con tu vida. O eso aparece en las típicas películas americanas, porque en la vida real nadie se levanta con ganas de salir a correr al parque, irse al gimnasio ni mucho menos ir a pasear al perro. En la vida real las personas se levantan con la ilusión de hacer algo y acaban viendo el tiempo volar en la cama, entre las sábanas y con el móvil en la mano hablando con cualquier idiota que esté despierto a esas horas. Luego vuelves a girar sobre ti mismo y quedarte dormido hasta que, horas después, te despiertas con cara de: yo tenía algo que hacer y he perdido toda la mañana.

Eso mismo le sucedió a Fly aquella mañana. Que además era domingo, y todos saben que hasta los ateos utilizan la escusa del día del señor para no hacer absolutamente nada ese día. Exactamente, Fly era una de esas personas que buscaba cualquier excusa para no hacer nada. Pero aquel día era diferente, ¿Por qué? Pues porque le apetecía hacer algo útil con su vida y le había prometido a William hacer algo ese día. Concretamente en un par de horas. Sí, ambos habían quedado en menos de dos horas y Fly seguía en la cama luchando contra las sábanas por salir. – A la de tres. – Dijo en voz alta, pues así parece que hay más convicción, cuando en verdad las ganas de salir son las mismas: ninguna. Contó hasta tres. Y hasta cinco. Y hasta diez. A la de once consiguió salir de la cama y meterse en la ducha. Insólitamente, no se quedó dormida en mitad de la ducha, sino que consiguió salir en menos de diez minutos (normalmente se pasaba bastante más tiempo, ojo al dato). Volvió a tirarse en la cama, aún con la toalla cubriendo su cuerpo y se quedó, ahora sí, dormida.

Una hora y media después se despertó y fue directa a mirar el reloj. – No me jodas… - Bramó para sí misma antes de salir corriendo por la habitación para empezar a vestirse, lo cual no le llevó demasiado tiempo. Bajó corriendo las escaleras en dirección al piso inferior del Caldero Chorreante y cogió una bolsa que el mesonero había preparado para aquel día. – Gracias, Tom. – Dijo antes de salir corriendo y de desaparecerse según corría por la estancia.

Segundos después se encontraba en una de las calles secundarias de Hogsmade. Echó un último vistazo al reloj de muñeca y alzó la vista. Hacía un calor de narices, por lo que mantuvo la sudadera lejos y guardó el gorro en uno de los bolsillos traseros del pantalón. – Mátame William, soy la impuntualidad hecha persona. – Dijo antes de darle un abrazo al verle. Al menos él no medía casi dos metros como al parecer hacía toda la humanidad y no le resultaba difícil abrazarle. – La próxima vez te digo de quedar a las seis de la tarde, así al menos no me atacarían las sábanas y me impedirían salir de la cama. ¡Fue su culpa, lo juro! – Bromeó antes de tenderle la bolsa de tela donde se encontraba la comida que había hecho Tom para llevar ese día. – Aguarda, tengo que ir a por algo. Te dije que yo montaba un plan en condiciones para hoy, y lo tendrás. – Sí, había pensado y todo un plan para ese día. ¡Fascinante, Fly Shadows pensando algo! Pero claro, era William. No era otra persona, no, era William. A no ser que fuera alguien que había tomado poción multijugos, claro. Pero ese no era el caso, el tema es que William era guay. Más guay que el resto del Ministerio de Magia.

Salió corriendo en dirección a una pequeña tienda apartada, situada en la acera de enfrente a Zonko y con un cartel desgastado donde apenas lograba verse el nombre. Pocos minutos después, salió de allí con dos escobas de segunda mano y una bolsa de tela con una Quaffle. – Creo que con esto tendremos más que suficiente. – Sonrió de lado y ambos se encaminaron a una zona más apartada, lejos de la casa de los gritos y del pueblo. Una zona donde apenas había árboles y mucho menos personas. - ¿Picnic? – Dejó caer las escobas y la pelota contra el suelo y tendió ambas manos hacia la bolsa que había obligado indirectamente a William a llevar.

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Invitado el Mar Ago 26, 2014 4:46 am

Estaban los días en los que nada podía levantar a William de la cama excepto una grúa (ni un terremoto, ni un tsunami, ni el mismísimo Voldemort tocando a su puerta) y luego estaban los días como aquel, en los que comerse el mundo no era una opción sino más bien una necesidad imperiosa. No sabía exactamente por qué, pero incluso él mismo se sorprendió de la rapidez con que se hizo a la idea y comenzó a prepararse sin apenas esfuerzo o los típicos pensamientos filosóficos que se le amontonaban en la cabeza justo antes de levantarse, como si fueran meras excusas para permanecer allí acostado un par de horas más. ”Vamos allá, hoy será un gran día” Le gustaba decirse eso a sí mismo de forma habitual, pero en aquella ocasión lo decía más seguro de sí mismo.

Quizás el hecho del por qué se había despertado también tenía que ver en su cambio de humor. Esta vez no tendría que ponerse uno de sus aburridos trajes y dirigirse al Ministerio con cara de muerto viviente, sino que su destino era mucho más placentero y con diferencia. Hacía unos días había quedado con una de sus compañeras del Ministerio para tomarse un día para ellos, para charlar y pasar una tarde entretenida. Era una de las chicas más divertidas y extravagantes que había conocido en sus años trabajando en el Ministerio de Magia y muy probablemente también en su vida. Aquella era una buena oportunidad para verse fuera del contexto del trabajo y eso a William le ponía de buen humor, ¿por qué le iba a costar levantarse para pasar una buena tarde con una buena chica? Era ridículo. Sin más dilación, una vez preparado miró animado el reloj, percatándose de que aún le quedaba tiempo. Aún así decidió ir saliendo, para poder ir con paciencia y tranquilidad.

Fly se había comprometido a organizar el día, de modo que Will no tuvo que coger absolutamente nada excepto su varita, que siempre la llevaba encima ya que nunca se sabía cuándo sería necesario su uso. Se subió a su coche y arrancó con parsimonia, eligiendo bien la canción que le acompañaría durante el trayecto, dando con la adecuada en poco menos de 10 segundos. Listen, baby . No dudó en subir el volúmen considerablemente y en acompañar la melodía con su gloriosa y espectacular voz, mientras saludaba a sus vecinos alegremente al salir del garaje.

Por el trayecto pasó por la típica tienda en Hogsmeade, donde decidió comprar un par de cervezas de mantequilla y más tarde un par de helados en la Heladería de Florean Fortescue, que al parecer no se descongeleban y tenían una pinta estupenda. Contento con su compra y tras aparcar su coche llegó al lugar exacto donde habían quedado a la hora señalada, pero ella aún no estaba allí, cosa que no alarmó en absoluto a William. Era bastante paciente para esas cosas y tampoco era plan de enfadarse porque llegara un poco tarde, por lo que se limitaría a esperar pacientemente a que llegara su tan esperada compañía.  

Fue entonces, tras unos 20 minutos cuando la vio aparecer en la lejanía. Éste le sonrió abiertamente y abrió sus brazos para que ésta pudiera abrazarle. – No pasa nada, mujer. Tampoco esperaba mucho más de ti… - Bromeó, cogiendo la bolsa que Fly le había pedido que sostuviera y observándola mientras se alejaba de nuevo en dirección a no sabía donde. “Esta chica no para.”  No tardó demasiado, lo que alegró considerablemente a William.  – Me das un poco de miedo, ¿qué piensas hacer con esa Quaffle?  – No obstante no le dio tiempo de hablar mucho más, ya que Fly se puso en camino y éste la siguió obedientemente, preguntándose qué tendría en mente para aquella tarde tan agradable.

Una vez habían llegado a su destino, el desmemorizador asintió fervientemente cuando su compañera le reveló sus intenciones de hacer un picnic. – Me parece una idea brillante. – Le dedicó una cariñosa sonrisa y le devolvió su bolsa, de la cual sacó una gran cantidad de alimentos bastante variados y con una pinta exquisita.  – Vaya, te lo has currado, ¿eh? Admito que me estás sorprendiendo señorita Shadows y por qué negarlo, tengo un hambre horrible.  – Ambos se sentaron en un terreno cubierto por césped y comenzaron a probar todo lo que allí había, pasandose las cosas de vez en cuando para probarlo todo y charlando sobre trivialidades tales como los estudios de William o la semana de Fly.  – La verdad es que a veces pienso que estoy demasiado hasta arriba de cosas, ¿sabes?  – Le comentó mientras masticaba unos sandwiches cuyos ingredientes aún no tenía muy claros, lo que no quitaba que estuvieran realmente buenos. – Entre el Ministerio y la Universidad apenas me queda tiempo para mí… Y a veces me planteo si no estoy desaprovechando un poco mi vida. Además tener a Ryan siempre encima de mí no me ayuda mucho, ya sabes cómo es para el trabajo… Si llego 10 minutos tarde ya me está preguntando sobre mis metas en la vida o mis prioridades. – Negué con la cabeza, terminando de engullir aquel sandwich de los Dioses.  – Pero bueno, supongo que todo al final tiene una recompensa…  Como conocerte a ti, por ejemplo. – No pretendía ligar con ella, ni mucho menos, por muy guapa y simpática que le pareciera la relación entre ellos estaba bastante clara y era por eso que William se atrevía a soltar aquel tipo de comentarios, ya que sabía que Fly no los cogería por el lado equivocado. De hecho era una de las cosas que más le gustaban de su relación con ella.  - ¿Y tu semana qué tal?  – Cambió de tema, tratando de amenizar el asunto.  - ¿Qué has hecho? ¿Algo interesante? – Volvió a interesarse, mientras se inclinaba para alcanzar una de las cervezas de mantequilla que había traído, tendiéndole la otra a Fly.

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Fiona T. Shadows el Jue Ago 28, 2014 4:54 pm

Su cabeza solía pasar menos tiempo sobre sus hombros de la necesaria. Y no porque fuera como Ned Stark, sino más bien porque le costaba pensar en una sola cosa al mismo tiempo, lo que hacía que su mente fuera de un lado a otro sin darle la importancia que merecían las cosas. Como los relojes, aquellos curiosos aparatos que te indican la hora y que, si das con uno bueno, incluso pueden avisarte cuando se lo pidas. Pero Fly no parecía entender el funcionamiento de aquellos objetos, por lo que se limitaba a no usarlos, como si el ser humano no fuera aún capaz de medir el paso del tiempo y este sólo fuera una cuestión meteorológica que un hombre anunciaba en la televisión cada día, previendo las lluvias y fuertes vientos. Sí, algo así. Y por esa simple razón, el concepto de llegar tarde era el que controlaba el resto de su vida. ¿Para qué llegar pronto pudiendo llegar tarde? Sí, esa pregunta no tenía ni pies ni cabeza, como Ned Stark e Irene Villa en el mismo chiste.

Gracias a esa maravillosa capacidad de desaparición que los magos aprendían en su último curso en Hogwarts, Fly apareció en Hogsmade sin necesidad de usar polvos flu o, lo peor, trasporte público. ¿Existiría un ruta desde Londres que te llevara a Hogsmade? Lo más seguro sería que sí, pero quién sabe. Seguramente fuera una ruta con cientos de paradas sin sentido. Como una ruta hacia el dorado, sólo que sin oro y sin monos. Porque ahí tenía que haber monos aunque no los enfocaran en la película, aunque es posible que el dibujante no fuera experto en monos y por eso no salían en la película.

A lo lejos logró ver a William, lo cual tiene su mérito si eres miope y llevas unas bonitas gafas de sol graduadas a modo de diadema, pero no cubriendo tus ojos y haciendo la función por la cual han sido creadas. – Creo que eso no ha sido precisamente un cumplido… - Contestó la castaña pensando detenidamente si aquello que el chico había dicho era algo bueno o algo malo. La verdad es que sonaba a “me estoy metiendo contigo pero no directamente”. Antes de poder entablar una conversación acerca de lo maravilloso que es llegar tarde y no usar relojes, Fly salió corriendo a por un par de escobas con las que divertirse aquella tarde. – Obviamente la usaré para sentarme encima. O quizá para reventarte la cabeza con ella, según como me dé. – Se encogió de hombros, diciendo aquello último como si fuera lo más normal del mundo. En verdad no era una broma, era capaz de hacerlo, pero al menos no con William. No, no. William le caía bien, no era como el resto de trabajadores del Ministerio, siempre preocupados por trabajar y hacer lo que se espera de ellos… Esta gente responsable, que mal se porta con el resto de la humanidad que lo único que quiere hacer en su vida es dormir.

Lo único malo de los picnics es tener que preparar la comida antes, por eso Fly había tenido la brillante idea de encargársela al dueño del Caldero Chorreante. ¡Magnífica idea! Había salido algo más caro de lo que hubiera supuesto comprar los ingredientes y preparar algo, pero obviamente, el resultado sería mil veces mejor. Bueno, otro pequeño problema de los picnics eran los bichos. Especialmente las avispas, esas criaturas sin alma, mandadas por el mismo diablo para que piquen a la humanidad y les hagan morir bajo terribles sufrimientos. Eran peor incluso que las películas de serie B, o que las comedias típicas americanas. ¡Incluso peores que las películas de al medio día de antena 3! Las cuales van sobre una madre y una hija con problemas, un secuestro, violación, o algo parecido. Pero la temática siempre es la misma. Pues las avispas eran incluso peores que esas películas que empiezas a ver y ya sabes cómo acabaran nada más salen los créditos iniciales.  – Soy una cocinera increíble, lo sé.  – Tomó la bolsa por ambos extremos y la dejó caer sobre el césped. Colocó una pequeña manta bajo la bolsa y allí colocó la comida.– Espero que no seas cristiano, porque no sé bendecir la mesa. – Se encogió de hombros y sin pensarlo demasiado, ambos comenzaron a comer. – En realidad es cosa del Caldero Chorreante, yo soy demasiado vaga como para hacer algo así. – Obviamente, si ella no desayunaba por no tener que preparar algo. Era la pereza personificada.

Ambos comenzaron a hablar mientras comían aquellos platos que, a decir verdad, Fly no tenía ni idea de qué narices eran. Oye, era comida, estaba rica, ¿Para qué saber más? Es como querer saber de qué están hechas las hamburguesas del McDonals, si te gustan, no te preguntes que llevan. – Es que sólo se te ocurre a ti estudiar y trabajar al mismo tiempo. Aunque bueno, no eres rubio, así que seguro que puedes. – Porque los rubios eran tontos, todo el mundo lo sabía. - ¡Diez minutos tarde! Como se te ocurre Will, ¿A qué loco puede pasársele el tiempo de tal manera? Deberían echarte del trabajo. – Ironizó a modo dramático, ya que ella tenía la capacidad de llegar tarde siempre, especialmente al trabajo. Trabajar era para pobres, y ella tenía alma de rica. Algún día ganaría la lotería o pegaría el braguetazo, entonces sería feliz.  – Anda, no seas exagerado, seguro que Ryan no es peor que tu madre cuando te ibas a Hogwarts y no mandabas cartas todas las semanas. – Pues como la madre de William fuera la mitad de pesada de lo que podía ser la de Fly… - Si tan agobiado estás, quizá deberías tomarte con más calma las cosas. Pero bueno, estudiar y trabajar te hacen feliz, ¿No? Pues no le des más vueltas, idiota. – Sí, hay gente a quien estudiar y trabajar les hace feliz, gente rara. Bueno, a Fly le gustaba su trabajo, siempre cuando se basara en no estar encerrada en el despacho de aurores, claro.

No pudo evitar reír ante la supuesta recompensa del trabajo de William y siguió el juego, diciendo un par de tonterías más. – Claro que sí, conocerme a mí es lo más estimulante que podía haberte pasado en la vida. Si no estuviera yo, tú vida no tendría sentido. – Añadió sonriente, como si lo que acabara de decir tuviera algo de sentido, cuando realmente la vida de William sería prácticamente la misma (aunque trabajando más) si Fly no estuviera. - ¿Mi semana? Apasionante. – Abrió los ojos de par en par, como si aquello fuera totalmente cierto. Cogió la cerveza que el hombre tendió y dio un corto trago para seguir hablando. – El lunes fue totalmente maravilloso, porque todos amamos los lunes. No hice nada, salvo ordenar informes y subir a la cafetería a ver qué había por el mundo exterior. – Sorprendentemente aquella semana no se había topado con William, quien no dudaba a la hora de pasar de trabajar para ir a tomar algo. Sí, vagos ante todo. – El martes, miércoles, jueves y por supuesto viernes, hice exactamente lo mismo. La vida en el Ministerio de Magia es tan variada y divertida que creo que entraré en éxtasis un día de estos. – Siguió con la ironía.

Pasó una de sus manos por sus labios para limpiar los restos de cerveza de mantequilla y se sentó abrazando sus propias rodillas sin apartar la vista de William. – En verdad no hice nada, soy una trabajadora inútil. Es más, acabé donde no debía. – Se giró con una sonrisa en los labios, un tanto inocente. – Em… - Pensó. - ¿Sabes que antes de irme de Inglaterra estuve unos años saliendo con Drake? Metro noventa, cara de no enterarse de nada, Hufflepuff… - Sí, lo de Hufflepuff era un dato muy importante, porque Fly juraría que no había ni un solo auror más que hubiera llegado a auror. – Pues el martes fuimos a tomar algo y había perdido su placa de auror. Bueno, tonterías que hace porque no es muy listo… Ya te dije que era de Hufflepuff.- Rió, con las mejillas ligeramente sonrojadas. – Estuvimos buscándola y acabamos mirando en su casa. Y por cierto, tiene una compañera de piso genial que seguramente te caería bien. – Dejó caer como si nada. Katerina era genial, seguro que se llevaría bien con William hasta que decidiera matarla por no cerrar la boca ni un momento. – Y… ¡Ah! – Se tapó la cara, sonrojada. – Aún no sé por qué narices te estoy contando esto. Pero bueno… - Dio otro trago a la cerveza de mantequilla. – Y nos besamos. Dos veces. Y… Empezó él, lo juro. No sé, fue todo muy raro. – Negó con la cabeza, sin mirar a William.
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Invitado el Lun Sep 15, 2014 11:25 am

Lo que más le gustaba de Fly, aparte de otras muchas cosas, era su capacidad para hacer que el tiempo pasara realmente deprisa sin apenas esfuerzo. No habían planeado nada en concreto, ni se habían preparado para ninguna ocasión en especial. Simplemente se encontraban en un césped (el cuidado del mismo era irrelevante, ya que dejaba un poco que desear) con algo de suculenta comida y la compañía mutua de ambos. Aquellos tres simples factores eran suficientes para que William se sintiera cómodo y olvidara el mundo exterior, cargado de responsabilidades y deberes.

Ambos se limitaban a hablar sobre sus preocupaciones y alegrías, ya que sabían que al otro no sólo le interesaría sino que sería capaz de aportar cosas si así lo precisara alguno de ellos. William por su parte se quejaba de lo que solía quejarse, como de costumbre. El trabajo, aunque le gustaba, le tenía bastante estresado últimamente, lo que estaba haciendo que perdiera el gusto por el mismo. Las ganas con las que había empezado hace años se iban esfumando a medida que se limitaba al papeleo y a los quehaceres aburridos lejos del exterior, donde estaba la diversión. A pesar de que siempre había trabajo práctico por hacer, la verdad era que los avistamientos de magia por parte de muggles había disminuido en gran medida en los últimos años, lo que en parte significaba que estaban haciendo bien su trabajo, que también era concienciar a los magos sobre los efectos secundarios y los peligros de ir haciendo magia por ahí sin ningún tipo de precaución. Aunque, por otro lado, estaba claro que era prácticamente imposible guardar un secreto como aquel de forma ilimitada y siempre tenían algo sobre lo que actuar, independientemente de los magos descuidados o de los mortífagos, que no solían preocuparse demasiado por ese asunto, sino más bien al contrario. Debido a ello lo que más le motivaba en la actualidad era su carrera en genética, que por suerte no le había decepcionado aún en ningún aspecto. A medida que pasaban los meses le iba resultando más y más apasionante el mundo de la evolución y lo que más le gustaba del mismo era que no tenía final. Nunca podías llegar a un punto en el que consideraras que lo supieras todo y William estaba dispuesto a aportar en algún momento de su vida su granito de arena a aquella ciencia tan exacta e increíble. Además Fly tenía razón en una cosa, muy en el fondo era feliz viviendo así. Al menos no se imaginaba una vida sin aquellas cosas ni tampoco tenía pensado dejar ninguna de ambas, así que simplemente tendría paciencia, ya llegarían tiempo mejores. Así que William asintió, dándole la razón, mientras masticaba un trozo de sandwich fervientemente.

No obstante, las preocupaciones de Fly parecían ser bastante distantes a las suyas. Por una parte sonrió con diversión cuando describió el paso de su semana, mientras asentía, ya que se sentía tremendamente identificado. Como cuando ves el típico monólogo y te ríes como un desequilibrado mental por el simple hecho de que esas cosas también te han pasado. Sin embargo, tras eso una punzada de un sentimiento que no supo identificar le atravesó cuando su compañera favorita le anunció la gran e inesperada noticia. Por supuesto había dado una tanda de rodeos antes, como solía hacer, para ponerme en escena, pero finalmente llegó a lo importante. Bueno, había sido inesperada hasta cierto punto, ya que la inevitable atracción entre Fly y Drake (la cual éste trataba de negar en incontables ocasiones) había sido así desde tiempos inmemoriales, o al menos eso le había dado a entender en las diversas conversaciones sobre el tema. Por desgracia Will no pertenecía a la generación de su amiga, por lo que no había podido presenciar en primera persona todo el romance desde el principio, pero ésta había conseguido transmitirle sus sentimientos a la perfección desde la primera vez que hablaron sobre el susodicho. Will  no hubiera identificado aquella punzada como un ataque de celos, aunque se parecía mucho. No veía a Fly como una pareja, ni como alguien por quien sentir amor de pareja, ya que desde el principio la relación de ambos había sido bastante distinta, pero sí sentía por ella un sentimiento de protección que provocaba que ante la mera posibilidad de que le hicieran daño éste sintiera una desazón desmesurada. A pesar de ser una chica fuerte y con las ideas claras, a William siempre le había transmitido vulnerabilidad y fragilidad en una pequeña parte. Quizás fuera su estatura y su cara angelical, que nada tenían que ver con su forma de ser. Era una mujer con carácter y en ningún sentido era frágil. Sabía cuidar de sí misma y a los demás si era necesario, por eso mismo era aurora. Por otra parte, conocía a Drake más bien de vista, aunque tenía aspecto de buen chico, por lo que en parte prefería que fuera él antes que cualquier otra persona.   – Me dejas de piedra. – Y era cierto. Por su forma de hablar Fly parecía estar contenta con lo sucedido, pero Will no podía evitar dejar de sentirse raro.

El desmemorizador no trató de ocultar su sorpresa, ni mucho menos. Con Fly podía decir y hacer lo que sintiera de verdad. Podía ser sincero completamente sin esperarse una reprimenda por su parte o incluso soltar un eructo sin ser juzgado, por lo que sus ojos abiertos como platos dieron a entender perfectamente lo que le sorprendía aquella confesión. - ¿Y cómo reaccionaron? Es decir… ¿Les gustó? Bueno, vaya pregunta, si repitieron… - Él mismo trataba de escoger las preguntas correctas dentro de su cabeza. - ¿Cómo te sientes ahora? – Sí, esa era la pregunta correcta, y era realmente lo que importaba por encima de todo. Quizás al fin y al cabo se dieran otra oportunidad el uno al otro y decidieran volver a intentarlo, lo que a él le hubiera encantado. Cualquier cosa que hiciera feliz a su compañera de Ministerio también le haría feliz a él, de eso no había duda. - ¿Crees que hay esperanzas de un nuevo comienzo? – Añadió, inmerso en el tema, mientras arrancaba unas cuantas hierbas del suelo, aquella manía no se le pasaría ni con el mejor de los tratamientos psiquiátricos.

El tiempo aquel día estaba completamente a su favor, ni mucho calor ni mucho frío. Además, la perfecta  velocidad del viento hacía de aquello la oportunidad perfecta para dar un paseo en escoba. Unas ganas curiosas de hacerlo le recorrían el cuerpo, aunque hacía muchísimo tiempo que no se montaba en una. No obstante, primero quería conocer todos los detalles de lo sucedido con entre Fly y Drake, no porque fuera un cotillo, sino porque se preocupaba por el bienestar de su amiga. Ya habría tiempo luego para volar un rato y disfrutar de una de las mejores cosas de ser mago, aún quedaba tarde por delante, eso era lo mejor de todo.
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Fiona T. Shadows el Jue Sep 18, 2014 5:17 pm

Cualquiera que trabajara en el Ministerio de Magia sabía de sobra que la mitad de la gente no hacía nada. Es más, Fly tenía varios compañeros a los que había visto como máximo tres veces en lo que llevaba trabajando allí, básicamente porque ella aprovechaba cualquier segundo para salir fuera y hacer cualquier cosa más productiva que rellenar informes, y ellos iban, fichaban y se iban. Gente lista la que luego volvía para avisar de su salida. Porque sorprendentemente existían magos incluso más vagos que ella, lo cual era fascinante. Sería entretenido y muy instructivo que hicieran un reportaje en El Profeta acerca de los métodos para no trabajar sin que se note usados por los magos y con resultados idóneos, así no necesitabas buscar diferentes métodos para salir del despacho sin que la gente te mirara con cara de “sé que no haces nada con tu vida, cacho de vago”. Que a eso se resumía el día de Fly, pero en femenino.

Porque tú entras a trabajar con auror motivado, con ganas de patear traseros (que no partir, porque ya están partidos en dos) y acababas sentado en una oficia, entre dos trozos de madera con complejo de pared, rellenando informes. O sea, una vida apasionante la del auror. Que bueno, que de vez en cuando te tocaba salir fuera y divertirte, pero nada comparado con la diversión de pasarse horas y horas en la oficina de aurores. Y todos los trabajos del Ministerio debían ser igual, pues todo el mundo intentaba escaquearse de trabajar cuando le era posible. Y el claro ejemplo de aquello era William, con quien pasaba más de una mañana tomando cualquier cosa por el mero hecho de no estar trabajando. Eran tal para cual a nivel de vagos, por lo que parecía. Aunque había que admitir que William era mil veces más responsable, eso sí, tampoco era muy difícil serlo comparado con Fly.

Aquella última semana apenas se habían visto. Bien porque uno de los dos decidió que era el momento de trabajar de verdad y  no por mero postureo, o porque los horarios no coincidieron. Sea como fuere, no habían coincidido y por tanto no habían tenido tiempo de hablar, como era obvio. Sí, podría haberle mandado una bonita lechuza con la información pertinente, pero para qué usar pajarracos que cagan por donde pasan pudiendo hablar en persona. Pues eso. Claro, que no esperaba una respuesta como la de William, que para eso, bien podía haberle mandado una lechuza para que gastara un trozo entero de pergamino para poner “Bale si oc” o “Me dejas de piedra”, como ya había contestado. – Ahora me han salido culebras en la cabeza y convierto a la gente en piedra mirándola. –Ironizó la castaña haciendo alusión a Medusa.

Sí, no había sido el mejor modo de contestarle, pero al menos sirvió para que William siguiera hablando. Le consideraba más que un amigo, William era como… Algo así como un hermano pero más simpático que el suyo. Y vivo, que era un dato importante. Fly esperó su reacción como algo más que meramente quedarse de piedra, y aquello no tardó demasiado en pasar. – Quiero que tengas en cuenta que odio hablar de estas cosas. – Admitió aún algo sonrojada antes de dar un nuevo trago a la cerveza de mantequilla. – No sé qué narices contestarte a nada. – Negó con la cabeza al tiempo que dejaba la cerveza entre sus piernas para que no acabara derramándose por suelo.

Apartó la bebida y se dejó caer hacia atrás, quedando así mirando al cielo y sin tener que seguir con el contacto visual. Fly era una de esas personas que evitan el contacto visual directo cuando hablan de algún tema incómodo, como aquel. – Primero. – Levanto la mano con el dedo índice en alto y volvió a bajarlo. – Fue raro. Muy raro. Quiero decir… No me lo esperaba. No te voy a decir que no era algo que no quisiera porque obviamente es Drake y… - Frenó en seco. Se había acelerado hablando y ya iba a comenzar a divagar, así que prefirió hacer una pausa y recapitular. – Quiero decir… No lo venía venir, y no quería en un principio. Es algo del pasado y no quería volver a entrar en su vida, pero mira. – Se encogió de hombros. – Segundo. – Levantó esta vez dos dedos, cual niña pequeña. Pero así enumeraba las cosas y no se saltaba ninguna. O eso intentaba. – Me siento feliz. Mucho, la verdad. No sé ni si quiera cómo hemos quedado, pero estoy feliz. Quizá por él, quizá porque hace buen día… No lo sé. – Rodó sobre sí misma y clavó los codos sobre la hierba, mirando ahora sí a William .- Luego quedamos el viernes por la noche y también fue raro. Al principio estábamos normal, jugando al billar y eso. Y yo no vuelvo a jugar a esa mierda, soy malísima, no me dejes humillarme jamás con eso. – Divagó un poco más, como de costumbre. – Bueno, le dije que sentía haberme ido tan de repente, que no me sentía muy bien con todo aquello. Básicamente porque no entendía qué narices pasaba y… No sé, él me dijo que siempre había sido yo la persona con la que quería estar y volvió a besarme. Luego estuvimos toda la noche haciendo el subnormal.

Volvió a rodar para quedar mirando al cielo. – A ver, que sí, que me encantaría estar con él, pero ahora mismo no sé ni cómo estamos. Y no quiero hacer todo rápido y destrozarlo porque soy una imbécil que odia las cosas serias. – Y la que huía de las personas cuando las cosas comenzaban a ponerse más serias, claro. – Ah, y destrozamos una cámara de seguridad porque nos vio desaparecernos, por si tienes que borrar alguna memoria por mi culpa. – Sacó la lengua divertida al aire, como si allí estuviera William y rió. – Soy una imbécil, ¿Verdad? – Se sentó nuevamente, demostrando así que era un maldito culo de mal asiento. – Pero tú me soportas porque soy tu mejor amiga y me adoras, ¿A qué sí? – Dio un trago a la bebida y se mordió el labio inferior. Alzó ambas cejas divertidas y preguntó. - ¿Y qué es de tu vida amorosa, eh, William? – Preguntó divertida. Sinceramente, no tenía ni la más remota idea de si William estaba con alguien o no. O sea, ella siempre había pensado que estaba soltero, pero quién sabe, quizá se hubiera casado y el mamón se olvidó de mandar una invitación. Sí, es un pareado.
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Invitado el Mar Oct 14, 2014 3:40 pm

Era perfectamente consciente de lo que le costaba a su amiga hablar sobre aquellos temas, lo que lo hacía aún más increíble. Realmente, aunque se conocían bastante y tenían confianza de sobra, ahora que lo pensaba, nunca había llegado a conocer aquella parte sensible y romántica de Fly. Y no era raro, a simple vista parecía la chica más pasota e independiente del mundo. En ocasiones chocaba un poco su aspecto físico con su forma de actuar. No seguía los cánones de la sociedad actual, en el que las chicas pensaban constantemente en el amor y sus derivados, pero eso no era malo, en absoluto, era lo mejor de ella, su extravagancia y su forma única de ser y lo que había llamado la atención de William desde el principio. Apenas dijo una palabra, dejando que se expresara por sí misma, pero sin tratar de ocultar la curiosidad que le embargaba.

Will afirmó con la cabeza, aunque ella no le estuviera mirando, mientras sorbía pequeños tragos de su cerveza. – Eso de que no querías a entrar en su vida es discutible… - Le cortó, con una media sonrisa en los labios, disculpándose rápidamente y dejando que siguiera contándole. – Perdona, continúa. – Lo siguiente que le dijo hizo que volviera a sonreír, esta vez con más ganas. Que su amiga fuera feliz también le hacía feliz a él, de algún modo. Sabía que le estaba costando hablar sobre todo aquello, pero un sentimiento de orgullo le invadió. Cuando la chica rodó sobre sí misma William se colocó del mismo modo que ella, justo en frente, tratando así de dar más sensación de cercanía, aún con la sonrisa pegada a su cara. - ¿Tú pidiendo disculpas? Esto me está sorprendiendo más de lo que esperaba… - Bromeó, arrancando unas cuantas hierbas del césped. – Vale, lo de hacer el subnormal si es más normal tratándose de ti. – Volvió a meterse con ella, tratando de controlar su obsesión obsesiva-compulsiva con acabar con todas las plantas del terreno en donde se encontraban acostados.

La miró con cariño, dejando que volviera a darse la vuelta. Ambos habían adoptado un tono de voz algo más serio en comparación con su actitud habitual, pero a William no le resultaba incómodo ni innecesario, sino que adoraba serle de ayuda a su compañera, si es que así podía aclararle un poco las ideas.  Pero claro, esa actitud, tratándose de ellos, no podía durar demasiado. Éste soltó una sonora carcajada ante su confesión en relación a la cámara de seguridad. – Hay que ir con más cuidado, parece mentira que trabajes en el Ministerio. – Se incorporó para que Fly pudiera mirarle, sin que ella tuviera que cambiar de posición. – No eres ninguna imbécil, sólo eres un alma libre… - Pensó en sí mismo y en las grandes diferencias entre ambos, odiándose a sí mismo por sus estúpidos ideales del amor perfecto y duradero. – Y es normal que al ser así tengas tantas dudas. Drake ha desordenado todas tus ideas, ha puesto patas arriba tu realidad, en la que te encontrabas protegida y fuerte. Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje, y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula… – Realmente, aunque pareciera que la conocía completamente sólo estaba tratando de dar su humilde opinión según lo que sabía y lo que no. – Pero sí, te soporto porque te adoro, de no ser así ya te hubiera mandado a freír espárragos hace mucho tiempo. Es que eres una pesada… ¡Ah! Y no me dejas trabajar, por tu culpa mi nivel de productividad es ínfimo. – Ambos rieron con ganas, envueltos en una agradable brisa y por supuesto embriagados por la calidez que ambos desprendían. Al menos a William le hacía sentir realmente cómodo, dijera lo que dijera o hiciera lo que hiciera Fly siempre era capaz de sacarle una sonrisa. Todo el mundo debería tener una amiga como ella, probablemente el mundo sería mucho más llevadero si existieran mil Fly’s más por ahí pululando y cargándose cámaras de seguridad.

Tras la inesperada pregunta de Fly, William tosió de forma más falsa que un billete de 3 euros y decidió dar un largo trago a su bebida, planteándose qué debería responder. Podía simplemente decirle que no había novedades y que estaba más sólo que la una, para variar, pero eso sería mentirle. Por otra parte, podía decirle la verdad, pero, ¿cuál era la verdad? ¿Que por alguna extraña razón no podía dejar de pensar en una chica que había conocido días antes cuya edad distaba bastante de la suya? Parecía mentira que eso fuera así, teniendo en cuenta que él siempre se había considerado una persona con dos dedos de frente, pero lo cierto es que era la verdad pura y dura, y realmente no le daba miedo que Fly pudiera juzgarle. O al menos no de forma seria y ofensiva como podría hacerlo su mejor amigo. – Algo hay… - Esta vez fue él el que apartó la mirada de su amiga, realmente se parecían bastante. – Está bien… - Al ver la cara de ella comprendió que a aquellas alturas no le quedaba más remedio que dar al menos un par de detalles más, si la dejaba así probablemente sufriría la ira de la castaña y no era plan. – Te seré sincero… - Mantuvo una pausa, para darle emoción al asunto. – Es una locura. – Obviamente, la curiosidad de Fly fue en aumento tras aquella confesión, por lo que William se vio obligado por completo a contarle sobre ello. Y la verdad era que lo agradecía, necesitaba hablar de aquello con alguien, ¿y quién mejor que Fly? - La conocí hace unos días y apenas hemos coincidido en un par de ocasiones, pero Fly… - Volvió a separar su mirada de la de su confidente. – No puedo parar de pensar en ella.  – La primera reacción de Fly fue la de alegrarse, pero William sabía que era así porque le faltaban detalles. – Hay un problema. – Estaba soltándolo todo a modo de cuentagotas, pero es que hablar sobre aquello le resultaba complicado, era un tema que le tenía seriamente confundido. – Tiene diecisiete años. – La cara de su amiga lo dijo todo. – Lo sé, lo sé. – Se adelantó a hablar, pasando los dedos por el borde mojado de la cerveza. – Ya sé que ni siquiera debería planteármelo, pero si la conocieras… Ella es especial. Pero bueno… - Siguió hablando. – De todas formas no creo que sea mutuo. - ¿De verdad se lo planteaba? – Así que supongo que será algo momentáneo, la olvidaré en un tiempo y todo volverá a su orden natural. – Dijo, no muy seguro de ello. Deseaba realmente que fuera así, que con el tiempo se le fuera la bobería y volviera a ser la persona coherente y con los pies en la tierra que había sido, pero algo le decía que no sería tan fácil, aquellos ojos verdes se le habían clavado a fuego en su mente y tenía la sensación de que no se borrarían en mucho tiempo. Por su bien esperaba estar equivocado. “Soy un desastre.” Pensó, esperando esta vez una respuesta de su amiga que le ayudara a ver las cosas con más claridad, aunque sabía perfectamente que no había mucho que ella pudiera hacer siempre venía bien una opinión exterior. Ya apenas recordaba las ganas que tenía de montar en escoba, la voz de Natalie se había vuelto a apoderar de todos sus sentidos, como cada noche.
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Fiona T. Shadows el Sáb Oct 18, 2014 12:43 am

Hablar de cualquier tema referente a los sentimientos acababa en una Fly que miraba a cualquier lado menos a la persona que tenía enfrente. Como en aquel momento, en el que el cielo había adquirido un color mucho más azul de lo habitual y las nubes parecían gatos haciendo pompas de jabón con un pompero para luego bailar un tango con un par de caniches. O el césped, el cual ahora tenía una textura que era necesaria tocar, arrancar y, por supuesto, mirar, pues cualquier excusa parecía ser buena para no mirar a los ojos de William. No es que no confiara en él, o que le costara hablar con su propio mejor amigo, sino que el tema de los sentimientos era un ámbito desconocido y que, en cierto modo, llegaba a considerar incluso peligroso. Como si se tratara de grandes terrenos de arenas movedizas y su hacia algo mal, sus pies acabarían por hundirse hasta que no quedara más que su cabeza. Y puesto que su altura no era precisamente algo destacable, se acabaría quedando sin aire antes que el resto de los demás. Conclusión: mejor ir con cuidado al hablar de determinados temas.

Rodó los ojos ante la interrupción de William. Como si no le costara lo suficiente arrancar como para que encima alguien se encargara de frenar aquello. Le miró con cara de pocos amigos y luego siguió hablando, pues algo de razón llevaba. Era cierto que la primera vez que vio a Drake pensó en “oh, mi amigo de la infancia”, luego se dio cuenta que no era sólo eso y vio mejor la opción de salir corriendo. Hasta que eso no fue posible y una cosa llevó a la otra… En fin, que vida más dura la del auror que pierde su placa y se lleva a su ex novia a su casa con la excusa de buscar la placa para luego besarla cuando está dormida.

Fly quedó tumbada en el césped y cómo había de esperar, William hizo exactamente lo mismo. La castaña sonrió ante la postura de su amigo, pues ambos parecían algo infantiles con aquella nueva postura cual niños pequeños hablando de mariposas y arco iris. – No te lo tomes como algo habitual, O’Connor. – Dijo seriamente, ya que sólo llamaba a la gente por su apellido cuando fingía que las cosas eran serias. Si de verdad eran serias su cabeza se nublaba y acababa por decir “eh  tú, mueve el culo”, algo que William ya había sufrido más de una vez. Para algo era su mejor amigo y por eso le tocaba sufrir los despertares con el pie izquierdo.  – Sí, lo sé, soy un maldito desastre con patas. Pero no pasa nada, por eso me hice tu amiga, para que si la liaba alguna vez, estuvieras tú para borrar mis errores sin que nadie lo notara. – Bromeó. En realidad cuando se conocieron no sabía ni en qué trabajaba, sólo pensaba que era la persona ideal con la que compartir su vida. Su vida en el trabajo, en ese sitio donde perder el tiempo es la mejor de las opciones.

Escuchó la contestación de William cuando se sentó sobre el césped, pues como buen culo inquieto, la opción de quedarse en el mismo sitio durante mucho tiempo no era factible con ella. Sonrió tímidamente cuando el chico empezó a hablar. Lo cierto es que razón llevaba, por mucho que no quisiera dársela. Y aunque en cierto modo quería huir de aquella conversación lo antes posible, sabía que sí no decía todo aquello en voz alta acabaría por explotar y sus ideas jamás se recolocarían. – Realmente pensaba que le había olvidado. – Se encogió de hombros, ya sin apartar la vista del chico. Y como persona nerviosa que era, movió las manos de manera exagerada mientras hablaba. – A ver, me he pasado ocho años lejos de Londres, sin saber nada de él, ni de nadie porque no podía estar aquí. – William ya sabía que Fly había tenido que irse de Londres por los problemas en su familia, ya que tener un hermano mortífago con aires de grandeza que quiere matar a media familia no era precisamente agradable. – Yo tenía una vida, no pensaba quedarme en Londres mucho tiempo y mira al final, aquí sigo después de tantos meses. – Negó con la cabeza, pues su idea había sido la de ir un fin de semana y volver a Noruega. – Coño, William, que me iba a casar. – Se rió, en verdad aquello era irónico cuanto menos. – Pero ver a Drake fue una patada a mi vida. Lo puso todo del revés, como si nada hubiera cambiado en esos años y ahora todo me estallara en la cara. No sé si me explico. – Volvió a negar con la cabeza. – Y seguramente me emocione demasiado creer que podríamos volver a… Ser algo. – Se encogió de hombros. – Y luego para él no sea más que una más. Pero es Drake, no quiero pensar eso. – Se mordió el labio inferior algo nerviosa. - ¿Ves como soy imbécil?

No pudo evitar darle un golpe en el hombro a William cuando se metió con su amistad y su modo de trabajo. Trabajar sin hacer nada yendo de cafetería en cafetería era lo más apasionante que podían hacer. ¿A quién le importaba la seguridad del mundo mágico si podían tomar un chocolate caliente en su lugar? Pues eso mismo, a nadie. En verdad como el mundo mágico tuviera que sobrevivir con gente como William y Fly aquello podía acabar en una tercera guerra mundial. – Perdona, que aquí el único vago eres tú. Yo soy una trabajadora muy productiva que no falta ni un solo día a trabajar. – Rió. Aquello no se lo creía ni ella. Ni William, ya que él también había empezado a reír como si ambos fueran algo retrasados. Quizá porque algo lo eran.

La conversación se tornó y ahora era William el encargado de contar algo de su vida y Fly, como cabía de esperar, prestó toda su atención en las palabras de su amigo. – No tosas y habla, maldito. – Inquirió la chica sin apartar la mirada de William, quien finalmente comenzó a hablar. Pero otro que era más lento que el caballo del malo, así que Fly frunció el ceño como si así pudiera atravesar su cabeza y hacer que sus palabras fluyeran con mayor rapidez. – Si no lo eres te doy Veritaserum, así que me ahorras trabajo. – Dijo totalmente seria. Era broma, pero así presionaba más a William, quien tenía los mismos problemas para hablar que Fly.

Finalmente William comenzó a hablar y Fly estuvo a punto de darle un aplauso por tal logro, pero creyendo que de hacerlo dejaría de hablar para distraerse de nuevo, optó por simplemente mirarle mientras hablaba. - ¿Y? – Preguntó cuando William terminó de hablar. Tampoco pasaba nada porque se hubieran visto un par de veces. Seguro que era guapa y William como buen hombre que era, pensaba en ella. En todos los sentidos. If you know what I mean.

Pero la cara de Fly cambió con la siguiente información. Frunció el ceño y negó con la cabeza. Diecisiete años, ¿No sabía la de problemas que podría acarrearle aquello si alguien lo descubría? Al menos sólo pensaba en ella y no habían hecho nada. Esperó a que William dejara de hablar y por fin abrió la boca. Luego la cerró para replantearse lo que iba a decir, pero la abrió rápidamente diciendo lo primero que se le pasaba por la cabeza. – Tío, me rompes el corazón. Y yo que creía que yo era el amor de tu vida… - Negó con la cabeza y luego sonrió. – Venga, William, no me seas dramático. ¿De verdad te interesa esa chica? – Preguntó y sin esperar respuesta sonrió y alzó ambas manos. – Pues espérate un año, por Merlín. Está en séptimo curso, es prácticamente mayor de edad y aunque tú eres un maldito viejo verde, estás bien para tener… ¿Cuántos? ¿Cuarenta años? – Alzó ambas cejas bromeando. – No pienso quedarme con tan pocos datos, exijo saber quién es la afortunada, que tengo que darle mi visto bueno.  Aunque no conozca alumnos. – Bueno, conocía… Tres. Sí, o quizá más y no lo recordaba, que también era posible.
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Invitado el Lun Oct 27, 2014 5:03 pm

Por fin lo había soltado. La historia de Fly era mucho más complicada y tenía mucha más importancia que la mía, eso era obvio. Ellos habían forjado a lo largo de los años un vínculo más especial que el de muchas parejas y aún después de ocho años sin verse la llama seguía encendida. ¿Qué probabilidades había de que eso pasase? Por norma general las personas solían seguir su camino, olvidándose de esa persona al año o poco más y al volver a ver al susodicho quizás llegaban a ser buenos amigos, pero nada más. Sin embargo y lo más apasionante es que ellos estaban destinados a estar juntos. Recordó la antigua leyenda japonesa sobre el hilo rojo invisible que unía los meñiques de las personas que estaban destinadas a quererse de por vida. Le encantaban ese tipo de cosas, en el fondo era lo más cursi del Universo y por culpa de ello se acababa metiendo en embrollos como aquellos, en los que su ideal del amor le decía que era correcto fijarse en una chica de diecisiete años y que la edad no importaba. ¿A quién quería engañar? Claro que importaba, y más en los tiempos en que vivíamos. En definitiva, al lado de lo de Fly su problema era cosa de niños, pero necesitaba desahogarse y consideró que no habría momento más propicio que aquel.

Sabía que su compañera de trabajo carecía de mucha paciencia en ciertas ocasiones, pero en aquel momento no iba a tener más remedio que tenerla, teniendo en cuenta lo complicado que le resultaba a William admitir aquella especie de… sentimientos, que habían aflorado hacia la chica. Fly consiguió arrancarla una sonrisa sin demasiado esfuerzo, a pesar de lo incómodo que se había sentido por momentos, lo que le agradeció profundamente. – No sé si la conocerás… Estudia en Hogwarts, está en Slytherin, seguro que te caería bien.    – Le dijo, recordando el pasado de Fly, en el que también había pertenecido a Slytherin. Que le caería bien era un hecho, de hecho, ahora que lo pensaba, ¿a quién podría caerle mal una chica como ella? – Se llama Natalie y es la persona más divertida y más especial que he conocido en mucho tiempo.  – Miró a Fly con disimulo, rascándose la nuca. – Después de ti, claro.   – Se corrigió a sí mismo con una sonrisa. – La verdad es que no sé qué hacer.  – Prosiguió. – Una parte de mí me dice que vaya a por ella y olvide todos los prejuicios de la sociedad, pero la otra me recuerda que hacer eso no es prudente y podría acarrearme problemas serios.   – Volvió a suspirar, esta vez más profundamente, tomando el último sorbo de su cerveza.  – No sé, supongo que debería dejar de comerme la cabeza y dejar que las cosas fluyan por sí solas.   – Se dijo, tratando de averiguar lo que diría ella y quitándole hierro al asunto.

Entonces cambió rápidamente de tema, dejando de golpe la cerveza vacía en una bolsa que usaban como basura y levantándose con decisión. – Dejemos estos temas de una vez, nos estamos haciendo unos viejos empedernidos.   – Repuso con una amplia sonrisa, mientras cogía una de las escobas. – ¿Un par de pases?  – Le propuso a su amiga.  – Si es que consigo elevarme del suelo, claro…   – Bromeó. Era cierto que llevaba mucho tiempo sin montar en escoba, pero eso eran cosas que no se olvidaban, afortunadamente. – Vas a ver de qué es capaz este viejo de cuarenta años.  – La desafió, haciendo referencia a la broma que había hecho instantes antes. William cogió así la escoba con decisión y dando una leve patada al suelo se elevó sin dificultad, recordando de repente la sensación que aquello le producía cuando estaba en Hogwarts, en el equipo de Quidditch. De hecho, parecía un niño pequeño aprendiendo a montar por primera vez. - ¡Vamos gandula! ¡No tengo todo el día!  – Le gritó desde arriba, moviéndose de un lado a otro para coger soltura.
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Fiona T. Shadows el Miér Oct 29, 2014 7:01 pm

A diferencia de lo que el resto del mundo podía pensar, Fly era todo lo contrario a las opiniones que solían denominarse normales. En cualquier caso una persona cuerda hubiera aconsejado a William dejar de lado aquel estúpido sueño de tener una relación con una alumna. Pero por suerte para William, Fly no era una persona cuerda, sino su mejor amiga. Una amiga que no se preocupaba demasiado por las apariencias o el qué dirán, sino por la felicidad de su amigo. Si él era feliz estando con una alumna, ¿Qué importaba lo que los demás pudieran pensar o dejar de pensar? Era cierto que algún caso podía resultar peligroso dado que la chica era menor, por lo que lo más conveniente, quizá, sería dejar que pasara un año y esperar. Si tanto le gustaba aquella chica no le importaría ni lo más mínimo esperar, o eso pensaba Fly. Total, ella era el puro ejemplo de que los sentimientos perduran tras años y kilómetros de distancia. ¿Qué había de malo en esperar un año hasta que la chica alcanzase la mayoría de edad? Efectivamente, no había nada, salvo estar un año esperando a que se acabara esa larga espera y desear que ella no conociera a otra persona que hiciera que sus sentimientos dejaran de ser correspondidos. Aunque ahora que lo pensaba… ¿Acaso eran correspondidos?

Escuchó las palabras de William sin borrar la sonrisa del rostro. Se ponía adorable cuando comenzaba a hablar de sus sentimientos y divagar como estaba haciendo en aquel momento. Quizá y sólo quizá se llevaban tan bien porque ambos tenían el mismo modo para abordar los problemas, y eso hacía que se llegaran a comprender a la perfección. – Me suena el nombre… Pero es un nombre común, no es que se llame Hermenegilda o William, que son nombres feos de gente fea, ya sabes. – Negó con la cabeza.

No pudo reprimir una carcajada cuando William corrigió su afirmación sobre la chica. Era una Slytherin, lo que demostraba que Slytherin era la mejor casa de todas, porque si William había echado el ojo a una Slytherin, era porque realmente merecía la pena. - ¡Alto ahí! Dime por favor que no es la típica Slytherin purista que sólo se preocupa de mantenerse alejada de hijos de muggles. – Levantó ambas manos en señal de “stop” y luego sonrió al ver la cara de William. – Prosigue, prosigue. – Se apresuró a decir para que el chico siguiera hablando, ya que tenía el don de interrumpir.

William siguió hablando de la chica y una parte de Fly se había apagado porque aquel nombre le sonaba de algo. Pero como no caía en por qué le sonaba, optó por centrar su atención en William, afirmando con la cabeza a todo lo que decía y dejando a un lado su bebida, pues William había logrado captar toda su atención. – Realmente es lo mejor. Esperar a que pasen las cosas sin darle más vueltas. Porque como le des muchas vueltas acabarás mareado y vomitándome encima. – Bromeó. – No, en serio. Hagas lo que hagas sabes que yo apoyaré tu decisión. Y aquí estaré para emborracharte hasta que olvides todo si no te quiere. Y prometo irte a ver a Azkaban si te detienen por pederasta. – Alzó la mano en señal de juramento y dibujó una sonrisa entre sus labios. – Tienes la opción de intentar algo ahora o de esperar a que cumpla la mayoría de edad y no puedas tener problemas si se sabe. Igualmente la gente te miraría mal por la diferencia de edad, pero ya sabes que la gente es gilipollas, menos yo, que soy maravillosa y por eso te digo que te la tires ya. Digo que comiences una bonita y romántica relación con Natalie. – Repitió el nombre de la chica como si así recordara de qué podía sonarle. Pero nada, ese método no servía.

Como si tal cosa William dejó atrás el césped y la comodidad de este para colocarse sobre la escoba y comenzar a ascender. Fly miró hacia arriba viendo cómo William comenzaba a elevarse. Hubiera sido cruel y se hubiera metido con su altura, pero total, ella era más bajita incluso. Se levantó de un pequeño salto aún con la cerveza entre sus dedos y acabó con el contenido de esta de un solo trago. Cogió la otra escoba que aguardaba en el césped y la colocó entre sus piernas haciendo que esta se elevara al doblar levemente una de sus rodillas. – Creo que nunca he hecho pases con esta mierda de pelota. – Añadió antes de lanzar hacia arriba la pelota para que llegara a donde estaba William. – Esto de jugar sin bates es raro. Me siento muy muggle ahora mismo. – Bromeó mientras colocaba la escoba de forma que esta se elevara hasta llegar a la altura en la que se encontraba William. - ¿Jugabas al Quidditch en Hogwarts? – Preguntó mientras cogía la pelota nuevamente y la volvía a lanzar por encima de su cabeza, haciendo que William se viera obligado a echarse hacia atrás para cogerla.
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Invitado el Mar Nov 25, 2014 4:50 pm

William no podía quitarle razón a su amiga. De vez en cuando, entre broma y broma, soltaba algún que otro comentario que le resultaba de ayuda, aunque también agradecía profundamente que se lo tomara de aquella forma tan natural y bromista. Esperar a que al menos cumpliera la mayoría de edad parecía ser la opción más acertada y coherente, pero había un gran contra en aquel maléfico plan para conquistarla: un año era demasiado tiempo.

No era que estuviera desesperado, en absoluto, siempre había sido una persona especialmente paciente, que dejaba que el momento justo para hacer algo llegara por sí solo, pero en un año podían pasar demasiadas cosas.  Algo le decía en su interior que si no reaccionaba pronto iba a perder cualquier oportunidad que tuviera en aquellos momentos. Lo sentía como un sueño que pudiera acabarse de un momento a otro y del cual quería aprovechar cada segundo. Cada vez pensaba más en ella e incluso su mero recuerdo hacía que la rutina no fuera tan tediosa como de costumbre, pero William se conocía muy bien a sí mismo. ¿Y si no era más que otro encaprichamiento? ¿Por qué tenía que ser tan enamoradizo en ocasiones?

Por suerte aquellos pensamientos que tanto le preocupan no tardaron en cesar una vez se encontró en el aire. Había olvidado lo que se sentía cuando volaba sobre una escoba. Sintió el aire fresco rozando su cara y cerró los ojos con el objetivo de guardar aquella agradable sensación para futuras ocasiones en las que se sintiera nervioso. Aquella táctica solía ayudarle cuando estaba estresado o algo le salía mal. En poco tiempo su amiga se unió a él, pasándole la quaffle y haciendo que éste se moviera para ir a su alcance. - ¡Y tanto que jugaba! Fui el buscador número uno durante mucho tiempo.  – Le dije, dándomelas de profesional con un tono falsamente altivo. Aun así no mentía, el quidditch había sido mi pasión durante muchos años en mi estancia en Hogwarts, hasta que mi obsesión por sacar buenas notas en los EXTASIS (inculcada en gran medida por mis padres) me dejaron sin tiempo para practicarlo. Ahí comenzaron mis años de decadencia, sin duda. Volví a pasarle la quaffle, pero esta vez la lancé muy por encima de su cabeza, de forma que tendría que ir hacia atrás para cogerla, no obstante, yo también me puse en marcha desde donde estaba. Sin que ella lo esperase la adelanté a una velocidad considerable y volví a coger la quaffle, sonriéndole pero no con superioridad, sino con diversión de verdad. En cuestión de pocos minutos había vuelto a mi infancia y las ganas de volar hacia un lado y hacia el otro me estaba recorriendo el cuerpo, haciendo que pareciera un niño hiperactivo de siete años como mucho.

Estuvimos un rato más pasándonos la quaffle, esta vez tranquilamente y cada uno respetando sus lugares. . - ¿Una carrera? – Le pregunté con un tono desafiante pero bromista ante todo. A pesar de que me consideraba un buen volador también tenía a Fly en alta estima, por lo que pensé que podría ser divertido.

Off: Si quieres lo hacemos por dados para que sea más emocionante (?) GUAPA <3
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Maestro de Dados el Mar Nov 25, 2014 4:50 pm

El miembro 'William O'Connor' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados

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Fiona T. Shadows el Miér Nov 26, 2014 6:24 pm

Willian podía llegar a ser la persona más afín a Fly. Esa que, a pesar de las múltiples diferencias existentes, es capaz de comprender todo sentimiento, emoción o idea que rondaba su cabeza. Y no sólo era capaz de escuchar cada palabra que decía, sino que también llegaba a comprenderla sin juzgar. Por muy grande que fuera su locura o destartalada su idea, él siempre mostraría una sonrisa y daría su punto de vista, haciendo que ella viera en todo el asunto, la postura que estaba tomando. Claro que no la juzgaba, pero hacía que se replanteara hasta el más mínimo detalle diciéndolo de forma que no pareciese el culpable de sus nuevas dudas sobre si lo que quería hacer era acertado o un completo disparate.

Por el contrario, Fly era capaz de llamarle imbécil a la cara y preguntarle si los hombrecillos verdes del espacio le habían abducido aquella misma noche para jugar al parchís con sus neuronas. O peor, al ajedrez, y por eso había acabado con tantas neuronas muertas. Imagina lo que es jugar al ajedrez mágico con neuronas. Explosiones por todas partes y escombros saliendo hasta por las orejas. Resultado final: más neuronas muertas que leyendo Crepúsculo. Porque morir por una embolia al leer Los Juegos del Hambre es muy mainstream. Pero si quieres una embolia de las vuelas lo mejor es matar tus neuronas con Retrum, un libro sobre góticos que parecen sacados de Pasión de Gavilanes. Y no porque haya un hombre que te mire y te desnude con la mirada a lo Superman, sino porque la chica protagonista muere y  tras esto su hermana gemela se encarga de ocupar su lugar. Y así se spoilean libros malos para que jamás los lea nadie.

Y en esa ocasión, no le dijo imbécil, ni otra retahíla de insultos, ni nada, sino todo lo contrario. Coño, para una vez que el género masculino se encarga de pensar con algo que no sea el aparato que le cuelga en la entrepierna, habrá que hacer un esfuerzo por darles ánimos. Además, cuando saliese en El Profeta por pederasta podría decir que conocía a un famoso. O mucho mejor, le iría a ver a la cárcel y metería una lima entre la comida para que limara los barrotes, como en las películas malas de al medio día en Antena 3, ya que todo el mundo sabe que a esa hora sólo echan mierda. Deben querer que el mundo acabe por un asesinato al medio día por no encontrar nada que ver para echar la siesta. Seguramente los trabajadores de ese canal tienen una competición para ver quién pone cada fin de semana la película más horrenda de todas.

Dejando el suelo a varios metros de donde ahora se encontraban, ambos comenzaron a volar y en poco tiempo se unió la quaffle. - ¿Buscador? – Alzó ambas cejas. – Bueno, los mejores buscadores ocupan poco espacio. Como tú, medio metro. – Irónico, cuanto menos. Pero algo que le encantaba a Fly de William era su estatura. Eso de no tener que mirar hacia arriba era algo fascinante cuando intentabas hablar con alguien.

Sonrió de medio lado siguiendo con la vista los movimientos de su amigo y , como acto reflejo, alzó la vista cuando la pelota pasó sobre su cabeza. Sin borrar la sonrisa del rostro movió la escoba ligeramente hacia tras pero nada sucedió respecto a la pelota, ya que William pasó a su lado cogiendo nuevamente la pelota. La castaña dio un giro sobre sí misma para quedar mirando al chico y frunció el ceño, como si realmente estuviera molesta con aquello, cuando realmente le era indiferente, incluso divertido. - ¿Te gusta jugar solo? – Puso una mueca de tristeza que acompañó con un tono de voz a juego. – Vale, vale, ya lo pillo. Ya me bajo de la escoba y me parto la columna en la caída para que puedas jugar solo. - Véase la ironía de acabar en silla de ruedas. Porque la tiene.

Siguieron lanzando la quaffle durante un tiempo, soltando algún que otro comentario sin demasiada importancia durante aquello. Con William y Fly, el concepto de “silencio incómodo” no existía, bien porque era difícil que alguno de los dos permaneciera con la boca cerrada durante mucho tiempo o porque cuando había esos silencios no resultaban ni mucho menos incómodos.

Todo cambió cuando la mente de William pareció tener una iluminación divina, lo que se traduce como una idea brillante. Como Fly era, es y será, una persona despistada, y ni si quiera se enteró de lo que dijo su amigo hasta que le vio colocarse sobre la escoba y emprender el vuelo en dirección a… ¿La nada? Sí, algo así. Hizo lo mismo que él, colocando ambas manos sobre la escoba y encorvándose nuevamente hacia delante para aumentar la velocidad dentro de lo posible.

OFF: Gane quien gane la tirada (que serás tú porque soy aficionada a sacar un 1), te toca postear. JIJIJI <3
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Maestro de Dados el Miér Nov 26, 2014 6:24 pm

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Invitado el Mar Dic 23, 2014 3:05 am

Era cierto que hacía años que el desmemorizador no subía a una escoba, pero para él era una grata sorpresa ver que al fin y al cabo no había perdido TANTO la práctica. En ocasiones, sobretodo al printicio, se desestabilizaba un poco, pero no le resultaba complicado volver a tomar el control. Le agradecía a Fly haber traído las escobas, había olvidado lo que se sentía estar en las alturas. De hecho, si le apurabas un poco era como volver a estar en Hogwarts, en uno de tantos entrenamientos para ganar la Copa de Quidditch cada año. Tenía una sonrisa inamovible en los labios y las ganas de salir volando por ahí, sin rumbo fijo, eran cada vez más notorias. Incluso por momentos fue capaz de olvidar todo lo que le había estado incordiando los últimos días. Era la primera vez en varios días que Natalie no pasaba por si mente de algún modo. - Me gusta más apalizarte. Y te recuerdo que tu tampoco eres especialmente alta. - Se quejó, enseñándole la lengua cual niño pequeño. No, él no destacaba por su altura, precisamente, pero cuando se trataba de ese tema Fly y él estaban en igualdad de condiciones, por lo que le gustaba meterse con ella por lo mismo.

El tiempo estaba pasando rápido aquella tarde. No estaban haciendo nada en especial, de hecho simplemente se limitaban a pasarse la quaffle el uno al otro, haciendo alguna que otra tontería de vez en cuando para que el otro se riera. Definitivamente llevaba tiempo necesitando pasar un rato así, alejado de cualquier responsabilidad o preocupación y pocas eran las personas que podían conseguirlo.

Un rato más tarde William decidió cambiar un poco y retar a su amiga a una carrera. Se sentía confiado, estaba seguro de que tenía mucha más práctica con la escoba y que no debía resultar muy complicado ganar a su amiga, no obstante, no fue así ni mucho menos, sino que una perfecta "O" se dibujó en los labios de William cuando Fly no solo le adelantó sino que se alejó de él en cuestión de segundos.  - Entiendo. - Era lo típico que decía cuando, por el contrario, no entendía. - Lo he pillado. - Dijo, levantando las manos en señal de son de paz y dándose por vencido. - Seguro que esa escoba está trucada... - Dijo en voz baja pero lo suficientemente para que ella le oyera, le encantaba picarla. Si había algo más divertido que el quidditch era enfadar a Fly, eso si que era entretenido. - En fin, ¿bajamos? ¿ya me has dejado bastante en ridículo por hoy? - Bromeé, aceptando mi derrota humildemente.


Una vez abajo cogió una de las dos últimas cervezas que quedaban y bebió un largo trago, estaba sediento. - Gracias Fly, lo necesitaba. - Le confesó, aunque sin entrar en más detalles, ya que sabía que, de todas formas, no los necesitaría. - Se que esto te va a sorprender pero... deberíamos volver. Tengo que organizar unos papeles para mañana. - Se encogió de hombros, aceptando su destino y miró a su amiga con una sonrisa. Aunque las ganas de ponerse a trabajar fueran ínfimas aquello había sido un chute de adrenalina para él que no dudaría en aprovechar durante los siguientes días. A pesar de las quejas de su amiga William comenzó a recoger todo. - Lo sé, soy un aburrido. - Le dijo, dándole la razón. - Pero no me apetece llevarme una reprimenda, entiéndeme. - Su cara de perro degollado era todo un poema. A pesar de todo William no ocultaba su sonrisa, la cual era la más sincera que habái tenido desde hacía tiempo.

Una vez tenían todo en las bolsas y perfectamente recogido ambos caminaron hasta el lugar donde se habían encontrado, charlando por el camino sobre cosas totalmente triviales, ya que volver al tema de Natalie no era una buena idea ahora que se encontraba un poco mejor y animado. - Quiero un chute semanal de Fly, ¿eh? - Le dijo al llegar, cogiéndole de la nariz dulcemente. - Nos vemos, patata. - Éste le guiñó un ojo y se acercó a ella para darle un abrazo con la mano que no tenía ocupada. Era guay, porque ni él tenía que agacharse ni ella ponerse de puntillas, tenían la estatura perfecta para disfrutar de un buen abrazo como aquel. - ¡Hasta el lunes! - Y sin más dilación se alejó hacia su rutina de siempre, esperando con ansias volver a quedar con ella para desconectar  como había hecho en aquella ocasión. "Ven a mí, rutina, no te tengo miedo" Se dijo, alejándose con una sonrisa y pasando la esquina, en dirección a su casa.
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