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Fire Song [Fren Mathis]

Fiona T. Shadows el Dom Ago 17, 2014 11:18 pm

Fren Mathis.
12.30 horas.
Londres, cerca del Ministerio de Magia.


Tomó asiento en su despacho, al fondo de aquel barullo de sillas y mesas descolocadas en mitad del Ministerio de Magia, zona que ocupaba un ala del edificio situado bajo tierra. Para ella también había sido una semana larga y cargada de tensión, pero en su caso no era una novedad. Cuando el verano empezaba de verdad en el Mundo Mágico, siempre sucedía lo mismo. El trabajo de auror, en aquel paraíso de vacaciones, era simple de locura durante el último mes de verano.

Cinco días atrás se había producido un espectacular accidente de cuatro escobas, un desastre causado por el alcohol que había dejado un saldo de dos muertos. Dos días después, un hombre había sacudido a su esposa con una sartén y la mujer se había caído redonda al suelo. Aquel hombre le había propiciado muchas palizas a lo largo de veinte tormentosos años de matrimonio, pero en esta ocasión, al parecer, creyó haberla matado. Escribió una breve nota, llena de remordimientos y de faltas de ortografía, y a continuación se quitó la vida. La mujer, que tampoco era ningún previo Nobel, al recuperar el sentido y descubrir el cuerpo frío de su torturador tendido junto a ella, acabó por envenenarse a base de grandes dosis de pociones curativas. Dos niños a las afueras de la ciudad se habían alejado de la cabaña de sus padres junto al lago y se habían perdido en el bosque, igual que Hansel y Gretel. Los habían encontrado ocho horas después, asustados pero ilesos. En resumen, la típica actividad de ciudad durante una semana del mes de agosto, una especie de gran fiesta de cierre de la temporada veraniega. Fly casi no había tenido tiempo de tomarse un café en paz, y eso que ni le gustaba el café ni pasaba demasiado tiempo en la oficina.

Al entrar aquella mañana en el Ministerio, lo encontró inesperadamente tranquilo. La secretaria no tenía ningún recado pendiente en la centralita y los trabajadores permanecían en sus asientos, con los pies encima del escritorio en su gran mayoría. Fly se encontraba ahora detrás de su escritorio, haciendo sombras chinescas en un retazo de sol que iluminaba la pared, y sus pensamientos volaron una vez más lejos de aquel lugar. Bajó la vista al suelo y no encontró nada, como cabía esperar. Se levantó no sin antes dejar caer la túnica de auror que solía llevar dentro del Ministerio y guardando sus cosas en un pequeño bolso para salir de allí durante un instante. – Ahora nos vemos. – Masculló a uno de sus compañeros que parecía más pendiente de los demás que de sí mismo. Hecho esto, se perdió escaleras arriba, en dirección al exterior.

Apoyó la espalda junto a la salida para invitados. Había aprendido que era el lugar más útil para salir, pues a pocas manzanas había una cafetería poco transitada con precios asequibles. Encendió un cigarrillo por el camino y acabó tirándolo a medio acabar. Odiaba aquel estúpido hábito que había desarrollado con el paso de los años, pero más se odiaba a sí misma por su incapacidad para dejarlo. Abrió la puerta del local haciendo sonar así la campanilla situada sobre su cabeza, pidió un chocolate para llevar y volvió a salir, sentándose en uno de los bancos del parque más cercano. Sacó de nuevo la cajetilla de cigarrillos y encendió otro, siendo consciente que de un momento a otro lo acabaría tirando sin ni si quiera haber llegado a consumir la mitad de este.

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Invitado el Miér Ago 20, 2014 4:33 pm

Estaba casi al final de mis vacaciones y aun no sabía en que centrarme, es decir este año era un año importante, en 5º curso se realizan los TIMOS que son unos exámenes que marcan en mayor o menor medida las puertas que se abren y se cierran una vez se acaba Hogwarts ya que una vez se acabe el séptimo año en dicha escuela se debe elegir que hacer, a que dedicarse.

Claro está que en principio no descartaba ningún tipo de empleo muggle, pues era el mundo al que había pertenecido la mayor parte de mi vida, pero el mundo mágico era tan apasionante que también me gustaría saber a qué me podría dedicar, es decir conocía que eran los Aurores por ejemplo porque siempre se hablaba de ellos en cada historia o rumor que escuchaba sobre el señor oscuro, pero sé que no era el único tipo de empleo existente que debe haber muchos más, de seguro que hay alguno que me apasione, sino siempre quedaba terminar mis estudios muggle y buscar un trabajo muggle.

Después de darle muchas vueltas acepte el consejo de mi madre de que si quería informarme lo mejor sería hablar con alguien que me pudiese aconsejar mejor sobre cosas del mundo mágico que aún no sabía y comprendía como era este el caso de los empleos.

Así que como no tenía ganas de esperar a que empezara el curso y hablar con cualquier profesor que pudiera darme consejo, decidí emprender la marcha para intentar que alguien del ministerio de magia me ayudase, tienen que tener algún tipo de centro de información al mago o algo por el estilo.

A primera hora de la mañana me dirigí al centro de Londres, había escuchado una vez a alguien de Hogwarts decir que había una entrada de invitados cerca de una cabina de teléfono, así que allí fue donde me dirigí; pasé por delante de una chica, que debería tener mi edad más o menos y estaba fumando frente a una cafetería.-Tan joven y ya con malos hábitos, así seguro que no crece demasiado.-pensé mientras me dirigía a mi destino.

Después de buscarla durante un tiempo di con la cabina que se habían referido, una cabina un poco vieja con la parte superior de la H casi destrozada. Y me puse a buscar cualquier tipo de entrada que me llevara al ministerio.-Maldita sea, porque no escribí una lechuza a alguien preguntándole mejor donde estaba el ministerio, me pudo la impaciencia.-me reproché a mi mismo.

Por más vueltas que daba alrededor de la cabina y por la misma manzana no encontraba nada que pusiese ser una entrada al ministerio de magia. ¿Habría perdido todo el día yendo al centro de Londres para nada?
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Fiona T. Shadows el Miér Ago 20, 2014 6:10 pm

Miraba divertida las puntas de sus zapatos. ¡La de cosas que puedes encontrar interesantes si empiezas a mirar desde el suelo! Por ejemplo, estaban los pies. Aquellos curiosos artefactos sin los cuales al ser humano no le sería precisamente fácil andar. ¿Imaginan lo que es tener un par de muñones e intentar hacer una maratón con ellos? O peor aún, ¿Tener que subir unas escaleras mecánicas? Sí, tremendamente complicado, y más teniendo en cuenta lo que deben de pinchar las condenadas. Acabarías con los muñones ensangrentados antes de si quiera poder decir: Cuando tomas un fruto y te pinchas la mano, te pinchas en vano. ¡Ni si quiera podrías decir semejante frase carente de sentido! Por las barbas de Merlín, lo interesantes que podían llegar a ser unos simples pies si las ganas para volver al trabajo estaban incluso por debajo que el cociente intelectual del Hufflepuff medio. Porque luego los había listos, como… Bueno, alguno habría, ¿No? Siempre se dice que hay excepciones para todo, no iba a ser menos para un Hufflepuff inteligente, del mismo modo que había algún que otro Gryffindor que necesitaba pañales para salir de su casa o algún miembro de Ravenclaw cuya inteligencia se basaba en golpear su cabeza en repetidas ocasiones contra una pared de cemento. Como iba diciendo, hay de todo.

Sí, hay de todo. Como niños con aires de superioridad que pasean por la calle y te tratan como si fueran una estúpida cría como ellos. Claro, como no había tomado suficientes petit suisse cuando era niña, no había dado aún el estirón. Ya lo daría y verían entonces quien ríe el último. Si hubiera empezado a fumar a los doce años entonces entendería muchas cosas, pues había cajetillas de tabaco que indicaban que fumar reduce notablemente el crecimiento. Pero no, ella había empezado concretamente a los diecisiete años. Concretamente en el momento que acabó el curso escolar y sus padres decidieron que la mejor idea para la vida de su hija era que se fuera de Londres y estudiara lo que narices quisiera a miles de kilómetros de su casa. Padres y sus estúpidos caprichos. Finalmente había cedido a su petición, pues no sólo se basaba en la creencia de que con una beca todo sale más barato aunque sea en el extranjero, sino que sus problemas en casa iban creciendo a cada día que pasaba. Por un lado estaba su padre, cuya sangre no era totalmente pura y ocasionaba diversos problemas en la familia. Su propio hijo le había negado la palabra, pues sus abuelos eran unos simples muggles sin magia alguna en la sangre. ¿Acaso no se daba cuenta que tanto su padre como él tenían la misma sangre? Al parecer no. Luego estaba su madre, cuyos padres eran seguidores de Lord Voldemort y mortífagos, según tenía entendido Fly. Horrible, un panorama lo que se dice horrible.

Con semejante situación en casa, sus padres habían decidido que lo mejor era que estudiara fuera. O que al menos no estuviera en Inglaterra. Por su parte, Matt se negó a marcharse y acabó por irse a vivir con una estúpida novia suya. Al parecer, tanto él como su hermano tenían cierta predilección por fijarse en los alumnos de Hufflepuff, pues su novia no era más que una Hufflepuff rubia con complejo de superioridad, del mismo modo que él lo era. Eran tal para cual, a decir verdad. No había sabido nada de ellos en los sucesivos años.

Y así había empezado todo. Tanto estrés había hecho que acabara necesitando un punto de desahogo y no se le había ocurrido otro modo que no fuera matándose a sí misma en el camino. Pero, oh, las cosas habían cambiado mucho desde entonces. Apenas tocaba el tabaco, tan sólo cuando estaba estresada o había tenido un mal día. En aquel momento era un cúmulo de ambas. Demasiado trabajo encerrada en una oficina. Odiaba estar ahí encerrada, claro que lo odiaba. Ella no había pasado unas estúpidas pruebas físicas para mantener el culo pegado a una silla todo el día.

Levantó la vista de sus zapatos para ver qué hacía aquel estúpido que se había metido con su altura. Como si a los veinticinco años se pudiera crecer sin meterte en una mesa de torturas para que estiren todos los huesos de tu cuerpo. Clavó la vista en la figura del joven, quien rondaba por la cabina de invitados que llevaba al Ministerio de Magia. Arqueó una ceja y apagó el cigarro apenas empezado en la arena. Movió el contenido del chocolate en aquella especie de tarro en la que lo entregaban para que no se derramara y le dio un trago hasta acabar con su contenido.

Por el camino dejó caer el recipiente en una papelera y se acercó hasta donde estaba el chico. - ¿Se te han acabado las monedas para llamar? – Preguntó retóricamente. Aquella cabina llevaba rota desde que la habían colocado en aquel lugar de manera estratégica.  – No sé si lo habrás notado, pero está rota. – Se encogió de hombros y miró al chico, no debía tener más de diecisiete años, seguramente iría a Hogwarts en caso de ser mago. Pero en caso de serlo, no tenía demasiadas luces para entender el funcionamiento de una cabina telefónica que sirve como entrada al Ministerio de Magia. - ¿Necesitas un móvil? – Quizá necesitaba llamar. ¡Quién sabe! Quizá estaba frente a una cabina para llamar, porque eso es lo que se hace en las cabinas TELEFÓNICAS. La propia palabra lo indica. Telefónica. - También podemos coger una paloma del parque y que actúe como una lechuza. - Añadió para ver si el joven entendía la relación de las lechuzas con el mundo mágico o se trataba de un simple muggle sin muchas neuronas.
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Invitado el Mar Sep 02, 2014 1:24 pm

Mientras intentaba averiguar sin apenas éxito por donde se entraba al ministerio, mis nervios no paraban de aumentar, había que ser imbécil para ir sin saber bien si de por si no era suficiente los nervios que sentía por ir a un sitio nuevo que lleno de desconocidos que a lo mejor hasta se mofarían de él por ir hasta allí diciendo “Oye que no se a que dedicarme cuando me gradúe, ¿qué trabajos hay por aquí?”, podía oír risas en mi cabeza en cuanto hiciera dicha pregunta.

Definitivamente este no era mi día, primero me levante tarde y mi hermana aburrida se había dedicado a pintarme toda la cara mientras dormía y esto solo me había retrasado porque cuando salía por la puerta me di cuenta y tuve que ir al baño corriendo para quitarme todo lo que me había pintado mientras ella continuaba dormida, esta noche se arrepentirá de lo que ha hecho. Después de eso mientras bajaba las escaleras del metro a toda velocidad me tropecé y acabe rodando al menos 8 escalones, para que con las prisas y la caída se me cerraran las puertas del metro en la cara; y para finalizar no consigo encontrar ahora el maldito acceso al ministerio.

A todo esto y sin que yo lo notara se acercó alguien que me habló, me hablaba como si creyese que yo era imbécil o algo así, me di la vuelta y resulto ser la chica que andaba fumando antes, estando tan cerca podía notar que aunque era bajita no tenía mi edad por como actuaba y hablaba parecía algo mayor, pero tampoco mucho.

-Mmm no, no estaba buscando la forma de llamar.-le comenté.-es que me habían dicho que por aquí se accedía a un sitio al que necesitaba ir pero claro, como puedes observar no hay ninguna puerta.-terminé con una risa un poco nerviosa.

De verdad, ¿quién iba a buscar algo con información incompleta?, pues claro yo, y para colmo se me acerca una desconocida con cara de “¿Qué anda haciendo este imbécil?”, como para decirle “pues señorita, ando buscando algo así como un ministerio de una sociedad secreta que existe, una sociedad de magos, ya sabes de los de verdad con varita y todo, no esos que se ponen a sacar conejos de un sombrero”. Entonces ella dijo algo que me saco de mis estúpidas conjeturas y quejas, hablaba de usar palomas del parque como lechuzas… como lechuzas ¿será posible que ella fuese una maga?, si así fuese sería mi salvadora ya que seguramente sabría dónde está la entrada.

-Es que, verá ando preocupado por los TIMOS de este año y estaba buscando información ya que no me gustaría acabar tirado en un futuro en medio de la calle, con un trozo de madera, por no saber todo acerca mi futuro.- dije pensando que si me equivocaba y no pertenecía al mundo mágico solo pensaría que soy más raro de lo que aparentaba en un principio, y si perteneciese a lo mejor podía echarme una mano.
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Fiona T. Shadows el Jue Sep 04, 2014 12:29 am

Se podría decir que en aquel momento su mente estaba más pendiente de la gran cantidad de cosas que puedes encontrar si miras al suelo, que en el hecho de estar sentada en mitad de un parque en lugar de estar en el trabajo, donde tendría que estar. Luego William se quejaba que pasaban demasiado tiempo de cafetería en cafetería, pues nada, hoy de visita al parque, dejando atrás el reto de recorrer todas las cafeterías en cinco manzanas a la redonda del Ministerio de Magia. En menos de un año habrían cumplido aquello y acabarían yendo a buscar nuevas cafeterías por Londres, aún más lejos del Ministerio y faltando más, si era posible, al trabajo.

Echó un último vistazo al suelo, encontrándose, curiosamente, con sus pies, y se levantó, yendo en dirección al joven. Eran curiosas las cosas que podías encontrar si mirabas hacia abajo, como los pies o el suelo. No había mucho más, a no ser que estuvieras boca abajo, entonces mirar hacia abajo era confuso. Normalmente cuando miramos hacia los pies, es mirar hacia abajo, pero… si estamos boca abajo, mirar hacia los pies, es mirar hacia arriba. Y esto es tan confuso que si Fly fuera un pokémon se hubiera herido a sí misma en el trayecto que separaba el banco donde estaba sentada del chico que parecía entretenido admirando el no funcionamiento de la cabina telefónica.

Fly se limitó a asentir a la respuesta del chico, aunque tampoco le estaba prestando demasiada atención en aquel momento. En verdad se estaba preguntando cómo narices va la gente al Ministerio de Magia sin saber cómo se entra. Vamos a ver, que eso no era como un centro comercial donde tenías un mapita de “usted está aquí” y te indica las salidas de emergencia para un posible incendio, pero tampoco era un trabajo de ingeniería aeroespacial. No dijo nada al chico, sino que se encogió de hombros y miró hacia arriba, porque como era de esperar, era más alto que ella. A no ser que fuera un elfo doméstico o un alumno de primer curso con enanismo, era difícil que fuera más bajo que ella. - ¿Haces quinto? Pareces mayor. – Contestó sin darle demasiada importancia al hecho de que este fuera un mago. – Tienes una mancha aquí. – Se señaló a sí misma en la mejilla derecha, pues a modo de espejo, él tenía una pequeña mancha oscura en el mismo lugar. O no se había lavado la cara aquella mañana o quizá tenía un tumor a punto de salir… Todo era posible.

TIMOS, TIMOS, TIMOS. Aquellos estúpidos exámenes del quinto curso que tanto estrés causaba a la gente. Fly era una de esas personas que hasta el último momento no hacia las cosas, por lo que hasta la noche antes de cada examen, no acababa de leerse el temario. Mágicamente, lo sacó todo. Mágicamente, nunca mejor dicho. – Deja de llamarme de usted, me haces sentir vieja. – Que no lo era. Que sólo tenía veinticinco años, aunque parecía que tenía dieciséis y podía aparecer en una película americana haciéndose pasar por una embarazada llamada Juno. Por ejemplo. - ¿Quieres entrar? – Y no esperó respuesta. Si el chico estaba ahí, era por algo. Nadie va a la entrada del Ministerio de Magia a buscar información sobre los empleos (supuso que estaba ahí por eso, la información no sería del champú acondicionador que usaba el Ministro de Magia) y no tiene interés en entrar.

Antes de que el chico pudiera contestar, Fly se metió en la cabina (que como abultaba poco, tampoco pasaba nada), metió una moneda y  marcó los números indicados para formar la palabra “Magic”. Hecho esto, la cabina comenzó a bajar como si de un ascensor se tratara, cuando el resto del mundo ni si quiera veía lo que estaba sucediendo en su interior. Se giró hacia el castaño y sonrió. – Por cierto, me llamo Fly. – Ladeó la cabeza y le miro sin borrar la sonrisa del rostro. - ¿Y tú cómo te llamas alumno perdido que no quiere acabar cual vagabundo? – No tardaron demasiado en llegar a la planta baja. Un sonido similar al de un teléfono al colgarse anunció su llegada y, por suerte, parecía no haber demasiada gente con la que chocarse al abrir la puerta de la cabina.

Los magos salían de los laterales del pasillo principal donde habían ido a parar, bien a través de chimeneas o surgidos de la nada. – Y bien, Don no sé usar una cabina telefónica, ¿Quieres ver algo? – Sí, como Pedro por su casa, trayendo desconocidos al Ministerio de Magia. ¿Por qué? Porque la palabra “responsabilidad” parecía no estar en su vocabulario.
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Invitado el Vie Sep 12, 2014 4:45 pm

Mientras le estaba hablando a la mujer que se me acercó pude notar como su mirada se desviaba un poco, me estaría escuchando o estaría mofándose de mi por la situación en la que había acabado haciendo el corro de la patata alrededor de una simple cabina telefónica, de aquí tendría que salir hacia el psicólogo por los posibles daños irreparables a mí, ya de por si corta confianza. Justo en el momento que ella asintió ante mi última frase me quedé más tranquilo porque ya supe que estaba escuchando y encima no se había mofado de mi cual niña de 16 años.

-Si, este año entraré en quinto, la verdad es que he dado un estirón últimamente será por todos los petit suisse que me he tomado ya que mi hermana pequeña ha ganado un concurso cuyo premio eran petit suisse para todo un año y cuando mis padres se fueron una semana de vacaciones es todo lo que comimos.-Le comenté.

Entonces la mujer me aviso de que tenía una mancha aun en la mejilla, espero que no tuviese ninguna forma; aunque gracias a dios no había ningún tipo de página web famosa donde la gente de mi edad colgase fotos de cotilleos y comprometidas de la gente que ve por la calle, sería muy humillante todas las noticias que podrían llegar a salir de ahí, seguramente no dejarían a títere con cabeza incluso inventándose algo falso debido al posible anonimato adoptable en ese tipo de páginas con nombres realmente absurdos como no se Gossip Girl o algo así.
Me pidió que dejarla de tratarla de usted, al parecer tenía cierto complejo de peter pan y no le gustaba sentirse vieja.-Ah perdone, que diga perdona es que me ha salido tratarte así y… -entonces ella me corto invitándome a entrar en la cabina tal vez quería aprovecharse de mi o algo… no, no creo parece simpática y todo tal vez la cabina fuese la entrada y así debía ser puesto que la chica introdujo unas monedas y marco un número muy corto con el cual no pude quedarme y la cabina comenzó a descender bajo tierra como un ascensor…. Jamás me cansaría de las sorpresas que te puede dar la magia.

Mientras estaba sorprendido la chica se presentó mostrando su sonrisa, era una sonrisa bastante bonita y aunque la había visto fumar el tabaco no había dañado el color blanco de su dentadura en absoluto -seguro que hay un hechizo para blanquearte los dientes.-pensé.

-Me llamo Mathis, Fren Mathis.-me presente haciendo una burda imitación a James Bond, a veces me salía mi parte payasa sin darme cuenta, supongo que sería por pasar tiempo con Danny.-y claramente no quiero acabar como un vagabundo aunque no tendría que preocuparme por hipotecas ni nada de eso, creo que tener tanto tiempo libre debe de ser hasta aburrido.

Una vez se hubo acabado el viaje en “ascenfono” o sería “descenfono” aparecimos en un gran espacio lleno de chimeneas.-seguro que aquí en invierno no hace nada de frio.-pensé.

-Pues… si, me gustaría un tour turístico, ¿tienes paraguas para hacer de guía y así no perderte de vista?-pregunte dedicándole una gran sonrisa.-Nada, es broma Fly, la verdad es que me gustaría que alguien me contara por ejemplo que tipos de trabajos existen aquí en el ministerio, por ejemplo, ¿tu a que te dedicas?-dije parándome frente a ella para no estar avanzando hacia ninguna parte mientras me preparaba para escuchar lo que tuviese que decirme
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Fiona T. Shadows el Dom Sep 14, 2014 12:12 pm

El chico había comenzado a contar su vida a Fly, quien, por mucho que le interesasen las cosas, tenía la extraña manía de fijarse más en lo que había a su alrededor que en las personas con las que hablaba. Además, tenía la incapacidad de prestar atención durante mucho tiempo a una misma cosa. Durante sus años en Hogwarts lo había comprobado. Era incapaz de estar más de veinte minutos atendiendo a una clase, en aquel momento en el que ese lapso de tiempo se vía finalizado tenía la necesidad de moverse y hablar con cualquiera que estuviera cerca. El único problema, que para ella era una ventaja, es que mientras hablaba y molestaba, era capaz de tomar apuntes en las clases. Vamos, que interrumpía a todos los demás pero de algún modo ella seguía atendiendo, lo cual ponía de los nervios a más de uno.

Asintió con la cabeza a lo que dijo el chico y volvió la vista a él. Realmente sí aparentaba haber dado un estirón recientemente, pero en Hogwarts eso era normal. Eran las edades, que de repente la gente creía que te sacaba más cabezas de las habituales. – Ya podía haberme tocado a mí ese premio, creo que no crezco desde que tercero… - Negó con la cabeza. – Antes me molestaba no ver la mitad de las cosas, pero luego la gente se vuelve simpática y te dice lo que está pasando. Incluso mis compañeros de casa, que eran todos unos amargados puristas, mira por dónde. – Sonrió divertida antes de entrar a la cabina como si aquel fuera el lugar más normal en el que entrar en mitad de la mañana con un total desconocido del que sólo conoces que ha dado un estirón en los últimos meses por sobredosis de productos lácteos para niños que tienden a ser de color rosa. – Te perdono, persona educada. – A falta de nombre, siempre tenía la manía de llamar a la gente como persona, ser, individuo, trozo de carne o algún sinónimo carente de sentido y que parecía incluso a veces ser un término ofensivo cuando sólo era una forma de referirse a las personas cuyo nombre no sabía. O no recordaba, que también era muy posible.

La cabina telefónica bajaba como si de un ascensor se tratase, mientras ambos permanecían en aquella curiosa estancia. Pues estar en una cabina telefónica siempre es curioso, teniendo en cuenta que sirve como entrada a un Ministerio de Magia. Fly había usado aquella entrada recientemente, pocos meses atrás, y había sido la segunda vez que lo hacía. Esta tercera, le resultó tan graciosa como las anteriores, por lo que no pudo evitar soltar una risita mientras bajaban.

Se giró para mirar al chic que se había presentado y mantuvo la sonrisa entre sus labios. – Mathis… No me suena tu apellido. ¿Hijo de muggles? – A veces la gente se tomaba aquello como una ofensa, y Fly se dio cuenta, por lo que prefirió corregirse antes de que Fren tuviera tiempo para contestar. – Quiero decir… - Se mordió el labio inferior. – La mayor parte de los apellidos de los magos son medio conocidos y el tuyo creo que no lo he oído en mi vida, por eso… - Negó con la cabeza. – Olvídalo, Fren Mathis. – Colocó su mano derecha sobre su ceja y la alzó a modo de saludo militar. Luego sonrió y se giró sobre sí misma para quedar de espaldas al chico y salir por aquella puerta en cuanto esta se abrió.

Fly sonrió de medio lado y quedó frente a Fren, esperando su respuesta con curiosidad. Se cruzó de brazos ante sus palabras y le hizo burla mientras movía la cabeza de un lado a otro con cara de pocos amigos. - ¿Tienes paraguas para hacer de guía y así no perderte de vista? – Repitió modificando su tono de voz para al final sacarle la lengua fingiendo estar molesta. No pudo evitar reírse al final de aquello y agarrarlo por la mano, situándose frente al control de seguridad antes de lo previsto. – Perdón, perdón. – Golpeó a un par de personas a su paso al tiempo que arrastraba al chico por aquel camino hasta situarse frente a un hombre robusto con una sonrisa de imbécil en la cara. – Aquí tienes que dar tu varita, para ver que esté todo bien. – Y eso hizo ella, sacó la varita, se la dio al hombre quien no tardó en regresársela afirmando con la cabeza. – Yo trabajo en el departamento de aurores. Esa gente que caza a los malos y hace informes aburridos. Como esos que debería estar haciendo yo ahora mismo pero que me dan pereza. – Se encogió de hombros. Además, el imbécil de William estaba desaparecido y así no podía perder el tiempo de cafetería en cafetería.

Una vez pasado el control y ya habiendo soltado a Fren, se giró sobre sí misma, haciendo que la gente que iba con prisas al trabajo tuviera que rodearlos para no darse de bruces contra ellos. –Pues… Hay más cosas además. Hay departamentos para casi todo. Ya sabes, seguridad y borrar memorias a personas no mágicas que ven lo que no deberían. – Siguió andando, dando por hecho que el chico seguía tras ella. – Deportes, criaturas mágicas, personas que hacen cosas y nadie sabe qué narices hacen. - ¿Qué cojones hacían en el departamento de misterios? Exacto, cosas misteriosas. – Hay un poco de todo. Realmente te recomiendo mirar algo que esté relacionado con tus intereses y que tenga que ver con las materias que te gustan en Hogwarts. ¿Algo que destacar o eres un Hufflepuff inútil? – Espera, a lo mejor era Hufflepuff y eso era una ofensa. – Es una broma, hay Hufflepuffs que han llegado a auror. – Uno que ella supiera, pero ya era el encargado de romper la media.
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Invitado el Dom Sep 28, 2014 3:26 pm

Me sorprendió en gran medida su pregunta acerca de mi apellido, normalmente nadie me preguntaba sobre él, bien es cierto que es mi apellido paterno, y mi padre si era un mago, pero tampoco es que fuera muy conocido ya que había estado buscando información sobre él y mi familia paterna durante mis primeros años en la escuela, puesto que como ella había dicho la mayoría de los apellidos de la familias mágicas son conocidas pero el de mi padre no aparecia en ninguna parte y ninguno de los profesores con los que había hablado se acordaba en absoluto de mi padre. Bien es cierto que mi madre nunca me había aclarado que mi padre fuese exactamente a Hogwarts o no, y hace un par de años lei que no solo existía Hogwarts sino que también había otras escuelas como Durmstrang; tal vez mi padre hubiese ido allí y su familia fuera de lejos, pero lejos lejos en plan… no se Rusia, o así y por eso en los registros de Inglaterra no los encontrara; el tema de que había sido de mi padre aún era una incógnita para mí.

La chica me saco de mis pensamientos cuando adoptó una graciosa pose de saludo militar a la cual no pude resistirme dedicarle una pequeña sonrisa, me estaba empezando a caer bastante bien, aunque si llegamos a hacernos amigos, tendría que pedirle que delante mia no fumara, ya que no soporto el tabaco.

Después de repetir mis palabras de si me haría de guía cual guía de japoneses cargados con 3 cámaras cada uno mientras visitan Roma y lanzan la mitad de las monedas que tienen en sus monederos a la Fontana di Trevi de espaldas haciendo gestos extraños aunque adorables, porque está claro que todos los japoneses son adorables, aunque hay algunos que no, este verano me había encontrado a un japonés que para nada era adorable… más bien daba miedo por la forma en la que iba vestido por la calle; me dedico un gesto gracioso más, me saco la lengua en modo burla y me cogió de la mano empujándome hacia una masa de gente que iba apartando a embestidas cual jugador de futbol americano.

Llegamos a un hombre al que según me dijo Fly, había que entregarle la varita para comprobar que no había nada raro en ella, seria algún tipo de comprobación estricta que no sirve para nada más que para hacer perder el tiempo a todo aquel que entre. Entonces me contó que ella era una aurora, en el instante pensé en una luz en medio del cielo, pero ella me aclaro que eran quienes defendían al mundo de los malos, en plan héroes, pero que luego tienen que hacer papeleo, aunque también es verdad que ir a por los malos puede llegar a ser algo muy subjetivo, depende del punto de vista ir a por unos muggles que pegan a un niño pequeño porque descubren que cerca de dicho pequeño ocurren cosas inexplicables puede llegar a ser considerado también un acto de justicia.

-Pues la parte de luchar y defender al indefenso tiene que estar chula, eso si el papeleo…. Tiene que aburrir más que una clase de Adivinación.-en las cuales a mas de uno le entran ganas de tirarse directamente de la torre.

También me contó que había departamentos para todo lo que pudieses imaginar, a lo que me imagine a un grupo de cuatro personas cargando maquinaria pesada, conectada a una manguera cuya manguera acaba en la varita de cada usuario, yendo casa por casa aspirando y acabando con cada ser antropomórfico que esta aterrando a simples muggles diciendo ser cazafantasmas o algo por el estilo…. Seguro que cada vez que aparecían sonaba una canción pegadiza.

-Vaya pues si que hay bastantes trabajos diferentes por aquí, ¿me quieres enseñar tu lugar de trabajo o te metería en problemas si me acercas allí? O tal vez podríamos curiosear en sitios a los que nunca has ido o algo en plan el departamento de misterios a ver que se llevan entre manos.-le comente bastante ilusionado.

Entonces ella hizo un comentario que no me terminó de gustar, desprestigio a Hufflepuff, la casa a la que yo pertenecía diciendo que hasta hay Hufflepuff que han llegado a ser hasta aurores. Bien es cierto que Hufflepuff no era una casa llena de gente destacable, ni que fuésemos famosos por matar a grandes bestias o cosechar almas que después se dedicarían a sembrar el caos en el mundo; pero aun así éramos una gran casa y lo habíamos demostrado este mismo año, ya que habíamos ganado la copa de las casas gracias a nuestros logros. No se como sería en el pasado, pero todos los magos de Hufflepuff que yo conocía eran unos grandes magos que llegarían a hacer cosas loables y cuyo nombre seria recordado.

-Oye, no te metas con mi casa, que hasta ahora me habías caído bien.-le comenté haciéndole ver mi molestia hacia su comentario.-nada, no te preocupes, te perdono que seguro que luego me invitas a algo por haberte ido de la lengua.-finalice sonriéndole y sacando la lengua.

-Bueno, mi guía favorita del ministerio, ¿vamos a buscar algún tipo de aventura por aquí dentro?, o ¿aquí solo hay aburrimiento?
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Fiona T. Shadows el Lun Sep 29, 2014 9:12 pm

El Ministerio de Magia aquellas horas estaba abarrotado. Más vacío de lo normal, pero abarrotado. Quizá porque la mayoría de los magos que trabajaban en él tenían aquella extraña manía de salir corriendo de sus puestos de trabajo para hacer cosas productivas como tomarse una napolitana de chocolate en la cafetería más cercana, que no rosquillas, que esas eran para los policías muggles. Esos típicos gordos que comen rosquillas rosas y tienen la cara amarilla. como en los Simpson.

Ser auror, como todo en esta vida, tenía partes buenas y partes malas. – No, no, hacer informes es apasionante. Eso de apuntar qué ha sucedido en un momento determinado, cómo se ha actuado y por qué… Bueno, y eso de hacer fichas de magos con cargos ya no te puedes imaginar lo interesante que es. Vamos, es lo mejor de la profesión. – Bromeó mientras rodaba los ojos. – En realidad no está tan mal. A veces estás tranquilamente tirado en tu silla sin hacer nada y todo el mundo se vuelve loco porque ha pasado algo. Como hace un par de meses que hubo un ataque a Azkaban, no sé si saldría en El Profeta, ya que tienen la manía de ocultar todo lo que pasa en el mundo… - Cogió aire, pues cuando empezaba hablar lo soltaba todo muy rápido como si fuera un cuento chino que no entendía pero que se había aprendido y debía soltar. -  Y claro, te hacen desaparecerte en masa e ir a Azkaban a lanzarte chispitas con cuatro pares de retrasados. ¿Lo ves normal? Yo creo que ni si quiera tienen estudios los pobres. – Siguió avanzando entre la multitud, como si hablar de aquellos temas supuestamente confidenciales no acarrearan ningún tipo de problema. – Pero te lo pasas bien. Haciendo papeleos no, pero en lo demás sí. Hasta que un día llegan y te matan. Apasionante la vida del auror. Creo que está mal pagada para lo que sufrimos, ¿Eh? – Frenó en seco y colocó sendas manos en la cadera, dejando los brazos en jarra. – Hablo mucho, lo sé. – Afirmó con la cabeza antes de ladearla y dibujar una sonrisa jovial.


- Y Adivinación no está tan mal. Esa clase tenía la iluminación y el espacio perfecto para dormirte sin que el profesor lo notara. Aunque claro, cuando yo estaba en Hogwarts la mujer que daba esa asignatura tenía más años que Dumbledore. Creo que era su tatatatarabuela. – Movió la cabeza de un lado a otro de forma divertida, como si sonara una música que sólo ella podía oír.

En aquel lugar se podían hacer muchas cosas. Como huir en busca de un lugar donde dormir sin que nadie te viera. O simplemente huir porque a nadie le importaba que dejaras tu puesto de trabajo, que todo era posible. – Aquí hay de todo, la crisis no afecta al mundo mágico. – Se encogió de hombros aún con la sonrisa en el rostro. – Mmm… - Miró al techo, estaba lejos. Sí, pero era porque era bajita y si de por si aquel techo era alto, pues desde su posición lo era mucho más. – Iba a decir que me conozco el Ministerio de Magia como la palma de mi mano, pero… Bueno, sería cierto, porque no sé tú, pero yo no me sé la palma de mi mano. – Bajó la vista del techo y la posó en Fren. – Creo que si fueras tú de guía nos perderíamos menos, pero mi excusa es que llevo poco tiempo trabajando aquí, ¿Vale? No es que sea una inútil que se pierde hasta en el tren. – Sí, sí lo era.

Al parecer Fren resultó ser un Hufflepuff. Fly y su estúpida manía de juntarse con Hufflepuffs y tratarlos como personas, cuando son persianas. Vale, no. Pero eran de menor categoría, por eso se metía siempre con ellos, aunque si lo pensaba fríamente cuando empezó a estudiar en Hogwarts todas las casas le parecían iguales, hasta que Drake fue a parar en Hufflepuff, entonces ya esa casa debía ser despreciada. – Oh, venga, no te lo tomes como algo personal es simplemente… - Sonrió exageradamente y buscó con la vista algo a lo que poder desviar su atención.

La voz de Fren resonó en sus oídos y en aquel momento se dio cuenta. ¡Ahí! – Mira, por aquí. – Sin si quiera disculparse por meterse con Hufflepuff y realmente huyendo de la conversación sobre que aquella casa amarilla era de inútiles, salió disparada por uno de los pasillos hasta perderse en la oscuridad. Una luz en la punta de la varita iluminó la estancia y se giró para mirar a Fren. – Bú. – Soltó una risita y volvió a acelerar por aquel pasillo. – Creo que era por aquí… - Pensó en voz alta. – O quizá era por… - Giró por un pasillo. Luego otra vez. Y una tercera, hasta llegar a un pasillo más largo y finalmente unas escaleras de caracol que bajaban. – Vamos. – Tiró del chico y obligó a que este subiera a las escaleras que se movieron girando hasta bajarles al piso inferior. – Por una vez no me he perdido. – Sonrió al llevar al piso inferior. Realmente no sabía qué narices era aquel lugar, pero estaba lleno de artilugios mágicos incautados que habían causado algún tipo de peligro y por alguna extraña razón los almacenaban en un lugar donde gente con poca responsabilidad y mucha curiosidad como Fly podría encontrarlos. – Fren, lugar raro. Lugar raro, Fren. –Hizo una presentación cutre y comenzó a curiosear por las estanterías.
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Invitado el Lun Oct 06, 2014 2:01 am

El ministerio estaba llenísimo, y yo no sabía si esto era común o no, ya que era mi primerito día, como diría cualquier hombre obeso y con tonalidades de piel algo amarillentas aun sin ser asiático.

-Vaya, ¿esto siempre esta así de lleno?, tiene que resultar agobiante con tanta gente… y seguro que hay más de uno que ni se ducha y acaba oliendo a sobaquera.-le dije a mi nueva amiga.

Entonces empezó a hablarme de los tejemanejes de ser un auror, que aparte de papeleo y poner con pelos y señales que ocurre en cada momento de un asalto y tal al parecer puedes estar… no se en tu casa tranquilo tomándote un simple baño relajante con tu patito de goma, ese que te compraron cuando no tenías ni 2 años y aun conservas y usas cada vez que quieres darte un baño relajante para ponerte a jugar y disfrutar aún más, para tener que desaparecerte e ir a dios sabe dónde a lanzar chispitas como si fueras un mago del tres al cuarto de estos que hacen juegos pirotécnicos para impresionar a una pequeña multitud. A todo esto mientras yo intentaba asimilar todo lo que me estaba soltando sin apenas coger aire pude llegar a captar un “¿Eh?” a lo cual solo pude contestar con un movimiento de cabeza y entonces acabo toda su verborrea afirmando lo que yo ya había notado… que a veces habla en exceso.-Pues en verdad un poco, pero está bien, hay que estar animados y hablar aunque tal vez debas tomar algo de aire de vez en cuando.-le comenté devolviéndole la sonrisa, la verdad es que me estaba gustando el habérmela encontrado, podría haber acabado con cualquier borde, pero esta chica parecía simpática.

-Si la verdad que el aula de Adivinación y el temario es el idóneo para dormir pero entre el profesor que cada tres palabras está soltando “que guapo soy” y las alumnas suspirando por el…. No se si lees corazón de bruja pero al parecer ha sido elegido como el mago más sexy aunque yo le veo de lo más normal, no se un tío normal de los que se creen actores y como mucho protagonizarían una película de tres al cuarto en la que la única cosa interesante que hace en ellas es tener sexo sadomasoquista con la protagonista.-dije debido a la hincha que le tenía al profesor de Adivinación que siempre estaba dándole más punto a Slytherin que al resto.-Eso si, la mayoría de las cosas las censurarían para que no las viesen menores como yo y tal, aunque ya hayamos visto de todo y algunos hasta practicado de todo llevándose a compañeros de clase a sus mansiones o algo por el estilo.

-Vaya parece que se me ha pegado eso de hablar muchísimo sin apenas tomar aire, pero es que de verdad me cae mal…-comente riéndome.

Aunque había dejado correr un poco la imaginación estaba seguro por lo que van contando por los pasillos que más de una hacia eso con frecuencia y que el profesor de adivinación se merecía como una patada en sus partes por ir siempre de chulo.

Mientras intentaba excusarse por haberse metido con todos los Hufflepuff, salió corriendo y me recordó a una niña pequeña de unos 5 años a la cual los padres le han dado algo de dinero para que se compre un simple algodón de azúcar.. pero por simple que sea es razonable puesto que el algodón de azúcar está buenísimo, y ahora me estaban entrando ganas de comerme uno, al salir de allí seguramente iré a comprarme uno y se lo comentare a mi amiga la hobbit a ver si le apetece.

De repente surgió de un pasillo oscuro y empezó a correr por el con la varita en mano para iluminar algo pero se perdió en el sin darme cuenta así que salí corriendo detrás suyas lo más rápido que podía no me apetecía quedarme a oscuras en un sitio que desconozco, entonces se paró en seco diciendo que por una vez no se había perdido y me costó muchísimo frenar de golpe para no empujarla y tirarla hacia dentro de la extraña instancia.

-Vaya… pues si que parece algo insólito este lugar.-dije.-¿y como lo descubriste?, ¿te venias aquí a fumar cuando hacia demasiado frio fuera o algo?-pregunté, tal vez el tema de fumar no era demasiado acertado sacarlo puesto que hay gente que si le dices algo sobre que fuman se ponen a la defensiva e incluso intentan quemarte con su mechero, y Fly, aunque fuese simpática tenía un poco cara de pirómana.

Asi que sin esperar mucho sobre su respuesta me puse a tantear las estanterías, había artilugios muy extraños como lo que parecía un intento de varita pero de oro, eso si que sería una varita extraña y pesada, seguro que te tienes que entrenar durante un año en el gimnasio para soportar “el peso de la magia” y hacer un simple wingardium leviosa para levantar cualquier cosilla; seguí curioseando por la habitación y encontré algo demasiado extraño y que para nada me hubiese imaginado que estaría allí; me encontré una roca, pero una GRAN roca con lo que en un primer momento pensé que sería una espada, por eso de la leyenda del rey Arturo que podía tener algo de magia y tal, pero no lo que había clavado en la piedra eran un par de zapatos.

-¿Esto que es unos zapatos para conquistarlos a todos y condenarlos a un mundo de un rey con una peste importante proveniente de sus pies y donde no existen las plantillas antiolor?-pregunté a Fly mientras me alejaba de esos zapatos, pues olían peor que los gases que echaba mi padrastro después de haberse zampado 2 platos de garbanzos.

Seguí avanzando a ver que más sorpresas deparaba la habitación aun con la peste de las zapatillas presente en mi nariz, pero aun así pude notar como algo empezaba a oler un poco raro, sin saber si ahora me dirigía hacia la ropa interior de alguien que de no cambiársela en toda su vida se había vuelto mágica y ahora podía hacer desaparecer todas las heces del usuario que las llevase puestas, llegue a un charco rojo. –Oye Fly, ¿hace cuánto que no vienes por aquí?, ¿se dedican a pintar esto de rojo últimamente o qué?-pregunte a mi compañera a ver si ella sabía de qué procedía este charco rojo que había encontrado
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Fiona T. Shadows el Lun Oct 06, 2014 5:38 pm

Como se diría vulgarmente, el Ministerio de Magia estaba más frecuentado que “el coño de la Inés”, frase común en los suburbios de las ciudades españolas y frase que Fly jamás lograría a comprender. ¿Quién era Inés y que magia tenía entre las piernas para ser como la autopista? Quizá tenía un tesoro escondido y todos lo buscaban, o mejor aún, era como un McDonals veinticuatro horas abierto a las seis de la mañana entre una discoteca y una boca de metro. Y a todo esto, ¿Por qué boca de metro? También podía llamarse “ano de metro”, total, ambos eran agujeros de supuesta salida en algunos casos, como las “salidas de metro”. Tenía más lógico entonces llamarse ano de metro que boca de metro. El gilipollas que inventó aquel término estaba más fumado que Esperanza Aguirre saltándose señales de tráfico y huyendo de la policía como alma que lleva el diablo. Claro, que ella es la ex – mujer de Satán, pues ni si quiera el diablo podría soportar a semejante esperpento. Esperanza, esperpento. Insertar risas enlatadas.

- Te aseguro que hay más de uno que no se ducha. No sé si habrás tenido la mala suerte de coincidir con magos ancianos que provienen de familias de magos, pero son unos marranos. De verdad, es que viven en pocilgas y no saben lo que es el jabón y luego van diciendo por ahí que los muggles son raros por ducharse. Llámame rara, pero yo me ducho a diario y en mi casa siempre lo han hecho así, por mucho linaje y mucha mierda que tuvieran. – Se encogió de hombros. Era cierto que algunas costumbres muggles no llegaba a entenderlas o muchos comportamientos, pero el hecho de lavarse, era algo primordial para la salud del individuo y de los pobres que le rodean, pues no es precisamente agradable ir a trabajar y encontrarte a un hombre que huele como Freddie Mercury. Como Freddie Mercury a día de hoy, en pleno año 2014. – La verdad es que depende del día. O más bien de la hora. La gente no es muy puntual que digamos, pero a la hora de salir no te cuento como se pone esto.

Tras aquel monólogo que Fly se había marcado como si Fren no estuviese a su lado o como si le hubiera comido la lengua el gato (pues todos sabemos que los gatos son malvados y comen lenguas para luego alabar a sus dioses egipcios). – Es la hora, normalmente soy una marmota que va durmiéndose por las esquinas, pero cuando estoy de buen humor hablo más. O más bien no cierro la boca. – Afirmó consciente de que era cierto. Si pillabas a Fly en un mal día, con sueño o de mal humor, tu muerte podía ser repentina. Se limitaba a atacar con comentarios hirientes, incluso más de lo que ya eran por regla general, a aquel que osaba molestarla en esos momentos. Al menos en esos curiosos días en que una mujer quiere ser un hombre seguía siendo igual que siempre. Hormonas, bipolaridad, lo que fuera, pero al menos era consciente.

Al parecer el hecho de hablar como si no hubiera un mañana y sin dar a la otra persona la oportunidad para decir algo de por medio se pegaba, pues Fren comenzó su monólogo acerca del profesor de Adivinación, quien resultó ser un egocéntrico narcisista cuya única preocupación era su soldadito y el aspecto de su pelo en aquella mañana. Aquella descripción hubiera pasado desapercibida si no hubiera mencionado Corazón de Bruja, pues como era de esperar, Fly leía esas mierdas cuando se aburría en la oficina, y aquel número también lo había leído. Un número en el que un tal Derek, profesor de Adivinación en Hogwarts había obtenido el primer puesto. Un tal Derek al cual había conocido semanas atrás. O más bien con el que se había reencontrado, pero total, como no se acordaba de él, es como si lo hubiese conocido. - ¿Derek? ¿Derek es tu profesor? – Preguntó entre risas. – Por Merlín, ese hombre tiene más ego que neuronas. – Quizá era listo, pero aparentaba preocuparse más por su aspecto que por respirar y andar al mismo tiempo. – En verdad está bien el hombre, hasta que abre la boca y te dan ganas de reventarle la cabeza con una botella. O eso dicen… - Soltó otra risa. – No es porque yo haya tenido problemas con él, claro. – Y eso que no sabía que era un mortífago y que se habían duelado en mitad de Azkaban, claro. Pues de saber eso, Derek habría pasado de ser un capullo integral a ser un hijo de puta pesado con daños cerebrales.

No te preocupes, no se ha notado. – Contestó cuando el chico comentó que Derek no le caía precisamente bien, y a Fly no le extrañaba. No recordaba cómo había sido Derek en Hogwarts cuando eran compañeros, pero recordaba perfectamente las ganas de estamparle contra el suelo y abrirle el cráneo a base de golpes que le entraban cada vez que el hombre abría la boca. Claro, luego estaba el hecho de haberse pegado con él, también un dato importante. – Que quede entre nosotros, pega como si fuera un parapléjico. – Le guiñó un ojo a Fren, quien ahora tenía un dato curioso con el que reírse de Derek si el momento lo requería.

Lo que había empezado como una mañana más en el Ministerio de Magia acabó siendo una carrera a través de los largos pasillos del lugar con un completo desconocido al que acababa de lograr colar en aquel lugar sin pasar ningún tipo de control. Vamos, que podía ser el sin nariz con una ración doble de poción multijugos que a Fly no le importaba ni lo más mínimo con tal de pasar un buen rato. Y quizá por esas cosas algunos se planteaban si realmente hacía bien estando como aurora y no en las filas del sin nariz. Pero ahí estaba, con un puesto fijo y un sueldo decente a fin de mes. – En realidad me perdí. Como siempre. – Se encogió de hombros. Para qué engañarse, tenía la orientación en el mismo sitio que un político la dignidad y la honestidad. – Y no me tomes por una fumadora, no fumo ni tres cigarros a la semana y la mitad los dejo sin acabar. – Rodó los ojos. – Me relaja, no me juzgues. Y sí, hay miles de cosas que relajan más que eso, pero no puede sacarse uno un masajista de la nada en cualquier momento para que te relaje. – Se encogió de hombros y apoyó un brazo en el hombro de Fren. – Y de mala influencia a persona influenciable, no fumes, mejor hazte auror, para el caso el riesgo es el mismo. – Afirmó separándose del chico y mirando a su alrededor. Aquel sitio siempre había resultado ser curioso. Al menos las dos veces que había ido.

Al igual que Fly, Fren no tardó en investigar la zona, siendo unos zapatos clavados en una roca los que llamaron su atención. La castaña había comenzado a subir una pequeña escalera y se sujetaba a ella con ambas manos cuando se giró para mirar al chico mientras hablaba. - ¿Plantillas? – Preguntó Fly con cierta curiosas. - ¿Eso qué son? ¿Plantas pequeñas? – Volvió a preguntar mientras fruncía el ceño. – Nunca cogí la optativa de Estudios Muggles, lo admito. – Seguramente unas plantillas fueran la cosa más normal para los muggles o la gente que convivía con ellos de manera habitual, pero no para Fly, quien se había criado entre magos, había estudiado con magos y había pasado su vida con magos.

Volvió a girarse mirando entre aquellas estanterías. Dio una corta patada a la escalera y esta se movió hasta deslizarse un par de baldas a la izquierda. - ¿Sabías que existen cepillos de dientes carnívoros? – Cogió un bote de cristal y lo sostuvo entre sus manos, mirando en su interior. Había tres pequeños cepillos de dientes, dos azules y uno verde, los cuales se golpeaban contra los cristales intentando salir. – En realidad cualquier mierda de estas es un regalo de Navidad perfecto para un enemigo. – Lo dejó en la repisa. – Llévate algo y úsalo para molestar a los de Slytherin, normalmente son insoportables. Menos yo, soy una Slytherin maravillosa, ¿A qué sí? – Preguntó retóricamente. Mejor que no contestara.

Cuando escuchó la voz de Fren algo más alejado y haciendo una pregunta lo buscó por el lugar, pero no lo veía. Ni con una escalera veía, aunque claro, no llevaba gafas, fuerte inteligencia la suya. Al fin vio a Fren y frunció el ceño sin entender su pregunta. De nuevo dio una patada a la escalera, la cual se deslizó hasta llegar al final de la estantería, donde frenó en seco. Fly miró hacia abajo, donde estaba Fren y aquel charco rojo. – ¿Pintar? Será zumo de tomate. Yo qué sé. – Bajó un par de escalones con cuidado y miró doblando la esquina del estante para ver si podía ver dónde acababa el charco. Pero en lugar de eso, se topó con lo que causaba aquel charco. – Vuelve a las escaleras. – Bajó los restantes escalones a toda velocidad hasta llegar al suelo. - Vuelve atrás, Fren. – Afirmó sacando la varita y  dando un par de pasos hacia delante. No había nadie, salvo un cuerpo tirado en el suelo rodeado por aquel “zumo de tomate”.

Podía ir en dirección al cuerpo e inspeccionar la zona, pero lo más prudente era sacar de allí al chico, pues realmente no era más que un niño y ninguno de los dos estaba en el lugar que debía. Fue hacia las escaleras que llevaban al piso superior desde el que habían bajo y señaló hacia arriba con la cabeza. – Sube antes de que nos metamos en problemas. Ya avisaré de lo que ha pasado, pero tú no debes estar aquí cuando se sepa. – Afirmó. Era cierto que era un niño, pero no para saber que lo que había allí no era nada bueno.
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Invitado el Jue Oct 23, 2014 3:36 am

Cuando la chica comento lo de los magos ancianos que no se duchaban porque no era tan común entre las grandes familias de magos como en la familias de muggles, no pude hacer otra cosa que imaginarme a Dumbledore con moscas alrededor y tomándose un ponche en su despacho, pues era el mago más anciano que había conocido en mi vida –Vaya pues si que tienen que ser flojos, aunque tal vez lo hacen para ahorrar las fuerzas que le quedan para conjurar alguna cosa extraña típica de magos ancianos como una sillita de ruedas empujada por elfos domésticos en plan trineo de papa Noel.-pensé

Después de excusarse por ser una charlatana diciendo que se debía a que estaba de buen humor, de lo cual seguro que yo tenía parte de culpa ya que ver a un chaval jugando al corro de la patata alrededor de una cabina telefónica rota tenía que haberle alegrado el día “ aún hay idiotas que conocer” o algo así debería de haber pensado, aunque todo quedo excusado cuando supo que era de Hufflepuff pues como con la mayoría de los magos, cuando les decías que pertenecías a esa casa se quedaban paralizados y algunos tenían miedo de llamarte inútil o algo así “porque ya tiene suficiente con ser de Hufflepuff” era la excusa que más escuchaba; me dio a conocer que también conocía al maravilloso profesor Derek, diciendo que a veces daban ganas de reventarle la boca, cosa que es bastante cierta pues esa era la reacción que provocaba en mi pero era un profesor y si lo hiciera y me dejase llevar por esos instintos solo me ganaría la expulsión de Hogwarts.

Esto de recorrer los pasillos a toda pastilla me recordó a una película que había visto hace poco en la que unos ciclistas no paraban de correr y meterse en lío por entregar un paquete… con lo fácil que es enviar palomas mensajeras o lechuzas que son más listas pues la gente normal en Nueva York al parecer aún continuaba enviando mensajeros en bicicleta por toda la ciudad, y lo único que conseguían era que los paquetes llegaran apestando a puro sudor como o como diría mi nueva amiga a un mago de unos 80 y pico años que no se ha duchado desde que lo bautizaron, aunque ahora que lo pienso… a los magos de “familia pura”… ¿los bautizan?, es algo típico de los muggles creyentes en que existe una entidad que dio origen a todo y que nos vigila en plan acosador, ya sabes estas en el baño haciendo tus deposiciones mañaneras típicas que entran después de un desayuno o a alguno con el típico “café y cigarro” de la hora de desayunar y ese ente a lo que se dedica es observarte en esa situación en la cual solo esperas acabar de limpiarte bien porque con lo dormido que estas a veces ni atinas a jalar de la cisterna y se queda eso ahí hasta que llega alguien de tu familia más despierto y te echa la bronca, lo cual te espabila un poco más.

Aun después de la carrera no pude parar de maravillarme y sorprenderme con todos los objetos que allí se encontraban, hasta que me encontré con un charco que llamo mi curiosidad y por el que le pregunté a Fly, a ver si ella sabía algo, mientras llegaba ya que se encontraba un poco perdida hablándome sobre cepillos de dientes carnívoros los cuales seguro que lo primero que se comían era la lengua, entonces me encontré con otro objeto que despertó aún más curiosidad de la que ya había despertado esta pequeña habitación de las maravillas, estaba como Alí Babá cuando descubrió la cueva de los 40 ladrones, una historia que realmente no había leído pero había escuchado tantas y tantas versiones en diferentes películas y referencias a la historia que casi podía afirmar que conocía.

Encontré una especie de casco, que empezó a moverse cuando me acerque a él .

-Hola pequeño curioso

-Hola pequeño ser dentro del casco.-dije

-Llevo aquí mucho tiempo sin visita que se acerque a mí, tal vez sea porque como no me cuidan luzca un poco pobre.-me comentó el casco parlanchín.-¿Te apetece jugar a las adivinanzas?

-Espero que no seas tú tomándome el pelo, Fly.-comente después de ver como el pobre casco hablaba de su soledad.

-No sé quién es ese ser al que llamas Fly, yo soy Sir Mistress Quizz.

-Bueno, venga a ver que adivinanzas tienes preparadas.-comenté para ver como continuaba esta extraña situación.

-Veamos una fácil para empezar; un pato y un niño nacen el mismo día, al cabo de un año ¿cuál es mayor de los dos?

-Pues si nacieron el mismo día y a la misma hora, cosa que no especificas pero supondré…. Tienen la misma edad.-contesté seguro de mi respuesta.

-MEEEEEH.-se escuchó desde el fondo del casco.-El pato es mayor, ya que tiene un año y pico.

-¿Pero qué estás diciendo?, ¿qué clase de adivinanza es esa?-dije indignado

-Venga siguiente una aún más fácil, ¿Cuál es el océano más tranquilo?

-¿Océano tranquilo?, pues cada uno tiene sus movimientos debido al choque de las placas asi que, será una con trampa como antes y diré que ninguno es un océano tranquilo.

-MEEEEEH.-se volvió a escuchar.-Muy mal niño, el océano más tranquilo es el pacífico, claramente, no está alterado en absoluto.

-Venga, te estás quedando conmigo… muy gracioso pero ya no tengo más ganas de aguantarte.-dije mientras me daba la vuelta, Fly debía estar cerca ya que la escuchaba aporrear las escaleras.

-Espera chico, si aciertas esta te daré algo divertido.-dijo el casco, a lo cual me detuve, si me regalaba algo podía haber sido interesante toda esta palabrería.

-Muy bien, esta es la última, ¿por qué era tuerto el caballo de Aníbal?-preguntó

A ver tiene que ser una respuesta absurda, sin pensar y teniendo cuidado con lo que decido responder pero… un caballo tuerto, yo que sé porque el caballo de Aníbal se quedó tuerto, le picaría tanto el ojo que intento rascárselo y se lo aplastó o algo así, pero espera… porque tiene que buscar una razón, si es tuerto es porque…-porque le falta un ojo.-respondí tentando a la suerte.

-TIN TIN TIN.-se escuchó sorprendiéndome de que no fuese la misma bocina de las anteriores veces.-Muy bien me abriré a ti, puedes obtener lo que guardo en el interior de mi casco.

Entonces el casco se abrió lo suficiente como para que pudiese meter la mano, pero por mas que miraba no podía distinguir lo que había en su interior, con la curiosidad que me dio fuerzas para investigar que había bajo ese casco que solo soltaba acertijos raros, introduje la mano, sin notar nada, así que la introduje aún más adentro hasta que de repente…-¡Ah!-exclame- ¿pero qué clase de broma es está? Dentro del casco había una pequeña imitación de trampa de osos, la cual encerró mi dedo corazón, ahora me dolería hacer el gesto que estaba deseando hacerle al maldito casco.

-Eres patético, chico.-dijo el casco mientras se reía una y otra vez de mí.

-Muy bien tú lo has querido. – dije mientras le apuntaba con la varita después de haberme librado de la trampa.- Finite Incatate.-susurre antes de ver como el viejo casco volaba hecho pedazos.-Seguro que nadie te echa de menos.

Entonces vi que Fly estaba cerca de donde había visto la mancha de tomate, así que me acerqué a ella mientras me miraba como había quedado mi dedo por culpa de la maldita curiosidad.

-Vaya Fly, ni te imaginas que he tenido que hacer explotar, aunque la verdad es que ese casco se lo merecía.-dije antes de fijarme que la expresión de Fly había cambiado completamente, ahora no era la chica que sonreía por hacer una travesura a sus veintitantos años, ahora era una adulta con verdaderas preocupaciones y una de ellas podía ser yo, ya que me mando salir inmediatamente del lugar.

-Venga Fly, perdona, espero no haberte metido en ningún problema por haber hecho eso, es que era un verdadero capullo, y eso que solo era un cacho de metal encantado o algo así.-dije mientras seguía a Fly por donde había desaparecido, y entonces me encontré la razón por la cual me había mandado que me fuese corriendo, el día se acababa de tornar bastante más interesante de lo que había comenzado y aparte el que hubiese hecho estallar el casco podía ser ahora mismo el menor de mis problemas, un cuerpo inerte estaba frente a nosotros y varios sentimientos afloraron de repente en mi interior, era el primer cuerpo inerte que veía ante mí, había asistido a algún entierro de algún amigo de mi abuela, pero no tenían esa expresión de horror en la cara ni mucho menos estaba pisando sus “fluidos vitales” y viendo de los múltiples cortes por los que habían salido dichos fluidos.

-Fly… e…esto es…. Un… ¿de verdad?-intente preguntar sin poder completar apenas la frase por completo, si momentos previos a nuestra visita hubo un asesinato en esta habitación y no nos topamos con nadie mientras corríamos hacia la sala tal vez el culpable se encontraba aun en la sala, Fly debía estar preparada para esto ya que en parte se dedicaba a ello era parte del cuerpo de “detectives mágicos” que había en el ministerio, pero para mí toda esta situación me superaba un poco y me entraron un poco de nauseas, las cuales intenté aguantar con todas mis fuerzas.

-Fly, ¿qué hacemos?,¿está completamente acabado?,¿podemos ayudarle aun?, dime que hago te ayudare en lo que me digas.-dije sin dar mucho tiempo entre cuestión y cuestión, ya que había descubierto yo esa “mancha de tomate”, tenía que quedarme allí y ayudar a Fly en todo lo que pudiese, si por casualidad escapaba y a ella le daban veritaserum, la poción esa que Snape siempre nos amenazaba con darnos si le robábamos y sospechaba de nosotros para que confesáramos hasta cuando había sido la última vez que mojamos la cama, a mi amiga podía caérsele el pelo por encubrirme; por lo que esperé pacientemente que se le aclarasen las ideas y me dijese que hacer exactamente, una pequeña parte de mi estaba emocionado por trabajar como detective en esta situación.
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Fiona T. Shadows el Sáb Oct 25, 2014 9:58 pm

Había que decir que el mago común es una criatura sucia por naturaleza, la cual prefiere los hábitats carentes de champú y agua y donde el polvo ocupe la mayor parte del aire que lo rodea. Luego había otros magos más inteligentes, como Fly. Esos que conocen lo que es el champú y no usan diariamente porque saben lo que es la higiene, algo que, como todos bien sabemos, el profesor Snape no conoce. Snape tiene una capa de mugre tan excesiva en su pelo que este se ha vuelto impermeable. Los envidiosos dirán que es un cerco al que no le gusta lavarse, cuando lo que sucede en realidad es que es tremendamente inteligente y así se protege de las lluvias en Londres. Conclusión: Snape era listo.

En verdad no. Los magos eran muy guarros. Algunos debían creer que si te lavas con demasiada frecuencia tu sangre pierde pureza. O que el champú hace que las neuronas bajen, algo que sería creíble si los de Hufflepuff usaran mucho el champú.  Algo que hacían con la misma frecuencia que el resto de los estudiantes de Hogwarts.

Recorrieron la distancia hasta llegar al piso inferior en el que Fly había encontrado diversos cachivaches sin entender de qué se traban. En un primer momento había llegado a pensar que se trataba de un mero almacén donde se guardaba todo aquello que se perdía por el Ministerio y cuyo dueño no aparecía para reclamarlo. Algo así como lo siguiente a una sección de objetos perdidos. El lugar donde van los objetos perdidos tras meses de abandono, pues daba por hecho que en cada departamento debía de existir una caja donde todos los magos metían aquello que se encontraban y que no era suyo. O eso quería creer, pues conociendo su forma de ser, era más que probable que acabara perdiendo cualquier cosa por el Ministerio de Magia y ni se enterase. Además, como eran magos, quizá podían incluso reconocer al dueño y llevárselo de vuelta, lo cual descartaba la idea de que aquello fuera, ni más ni menos, que un almacén para objetos perdidos.

Aquella sala estaba repleta de objetos que carecían de lógica alguna, y por lo que había visto las dos únicas veces que había bajado hasta aquel lugar, también se trataba de objetos peligrosos. Eso hizo que la opción de que se tratase de un almacén de objetos perdidos acabara de quedar descartada. La gente no iba por ahí con monederos que te devoraban la mano si intentabas meter el dinero o con plumas que cuando intentabas escribir con ellas se giraban sobre sí mismas y se clavaban sobre la persona que intentaba escribir con ellas. Efectivamente, la gente no iba con ese tipo de objetos por la calle, así que la opción de que se tratase de una sala donde se almacenaban objetos peligrosos para el mundo mágico fue la más lógica que apareció por su mente. Después de descartar la opción de regalos de la suegra. Pues si fueran regalos hechos por la suegra, lo normal es que hubieran sido destruidos y la suegra mandada a una prisión de alta seguridad por asesinato en primer grado.

La voz de Fren resonaba a un par de metros de distancia mientras Fly jugaba a subir y bajar la escalera curioseando por los diversos estantes que había en aquella estancia. - ¿Qué cojones? – Antes si quiera de acabar la frase se apartó y a través de lo que hubiera sido su cabeza salió despedida una dentadura postiza que correteo acortando la distancia entre la cabeza de Fly y el final de la estantería y luego salió despedida al no dar con su objetivo, el cual había desaparecido de su campo de mira. Aunque era una dentadura, ergo no tenía ojos. Aunque a lo mejor cada vez que abría la boca veía con dos ojos pegados a su lengua, quien sabe.

Miró hacia abajo encontrando con la dentadura hecha añicos en el suelo. Ya no se movía e iba en todas las direcciones en busca de algo que devorar. Fly se encogió de hombros y siguió mirando a su alrededor, como Pedro por su casa. Pero sin cabras y sin Heidi.

Cuando el chico hizo mención a un charco rojo Fly no tardó en bajar a ver qué pasaba. Irónicamente lo veía todo desde arriba al encontrarse en la parte superior de la escalera, pero bajó enseguida hasta que sus pies encontraron el suelo nuevamente, volviendo así a su altura habitual.  Siguió con la vista el pequeño charco de color rojizo hasta que dio con el charco en su totalidad. No era precisamente pequeño y también había un hombre tendido en el suelo. O lo que parecía ser un hombre. Fly retrocedió un par de pasos al encontrarse con aquello y desvió su vista rápidamente hacia Fren, diciéndole que fuera hasta las escaleras, alejándose de lo que hubiera sucedido en aquel lugar y que él aún no había llegado a ver.

Como cabía de esperar y destacando la inexistente inteligencia de los miembros de la casa de Hufflepuff, Fren no entendió el concepto de ir hacia las escaleras. Para la próxima vez tendría que decir “ir tú a casa debes, joven padawan”. Seguro que así entendería algo y correría como alma que lleva el diablo en dirección a la salida. O mejor aún “comida gratis en el primer piso”. Si todos los Hufflepuffs eran como Drake, no había duda que Fren saldría disparado hasta el primer piso para comer de forma gratuita. Es más, si aquella situación fuera en dibujos animados, sólo quedarían los zapatos del chico y un par de líneas de movimiento grisáceas y remarcadas señalarían la trayectoria que su cuerpo hubiera seguido.  – Tío, ¿Qué parte de mover el culo hasta las escaleras no llegas a entender? – Volvió a repetir cuando notó la presencia de Fren a escasos centímetros.

Viró sobre sí misma mirando a Fren con cara de pocos amigos, intentando que no viera lo que había allí. Pero tarde. El chico lo había visto y el tamaño de Fly no podía precisamente encargarse de cubrir un cuerpo y un charco de sangre a su alrededor por mucho que quisiera.  Rodó los ojos al escuchar las preguntas de Fren como si aquello fuera lo más estúpido que hubiera salido de su boca. - ¿Una persona en zumo de tomate? No, creo que no lo es. Por eso te he dicho que te fueras, pero parece que eres sordo o de verdad eres tan estúpido como el resto de los miembros de tu casa. – Dijo con la varita en alza. Sí, Fly tenía bastante mal carácter y más en situaciones como aquella. – Perdona, pero deberías hacer caso cuando se te dice algo. Y ahora, ve hacia las escaleras, por favor. – Añadió resignándose a una disculpa sin bajar al varita.

Se acercó con cuidado al cuerpo. El hombre no estaba muerto. Aún seguía con vida y sus ojos pedían auxilio mientras que su boca permanecía medio abierta sin soltar el más mínimo sonido. Tenía desgarrado toda la parte derecha de su cuerpo, siendo aquello la causa del “zumo de tomate” que se encargaba de bañar toda la superficie. El hombre movió levemente la cabeza señalando hacia arriba y Fly, quien había quedado ligeramente inclinada hacia el hombre, alzó la vista encontrándose con un segundo hombre en el techo. A diferencia del que se encontraba en el suelo este seguía con vida. Y no parecía precisamente disgustado por la muerte del que seguía en el suelo casi muerto.

La varita de Fly se alzó lanzando un expulso no verbal y haciendo que el hombre recibiera el golpe de lleno en el pecho hasta caer al suelo. Fly no entendía cómo narices había llegado hasta la zona más alta de la estantería sin la ayuda de una escalera, pero no tenía tiempo para hacer preguntas. El cuerpo del hombre fue rodeado por unas gruesas cuerdas y antes de que pudiera volver a pensar un sonoro golpe sonó a escasos metros de donde se encontraba.

Dejando al hombre que ya había acabado por morir tendido junto al apresado, se apresuró a correr hasta encontrarse con dos hombres lobo. ¿Qué mierda de seguridad tenía ese sitio para que se colara tanta gente y con tanta maldita facilidad? Volvió a alzar la varita hacia uno de los cuerpos y este salió disparado llevándose a su paso varías baldas de una de las estanterías más cercanas.

Con algo de miedo buscó rápidamente al otro hombre lobo. No tenía miedo por ella. Tenía miedo por Fren, quien tan sólo era un alumno y ahora se encontraba en mitad de una batalla que no era suya. De haber podido se hubiera desaparecido por aquel lugar, pero lo bueno y malo al mismo tiempo del ministerio de magia es la incapacidad para poder hacerlo en su interior. – Mierda. – Murmuró al no escuchar nada.

El hombre lobo al que ya había golpeado volvía sobre sus pasos abriendo sus fauces y la castaña levantó nuevamente la varita haciendo que las cuerdas no envolvieran también a él. Suspiró aliviada aún sabiendo que eso no sería suficiente para retenerlo, por lo que optó por petrificarlo también. Total, un hechizo más que uno menos no se nota, ni que fueran balas que pueden acabarse. Jodeos policías muggles.

Siguió buscando con la vista rastro alguno de Fren o del segundo hombre lobo, pero al parecer no había nadie. - ¿Fren? – Preguntó en apenas un susurro. Justo en aquel momento vio la figura del chico a una distancia considerable y al hombre lobo a punto de saltar sobre él para acabar con su vida como si se tratara de una simple hoja de papel.  Alzó la varita golpeando al hombre lobo y haciendo que este fallase en su caída, pero eso no servía como impedimento para que no acabara con su víctima. El chico estaba demasiado lejos y por mucho que corriera no podía llegar a tiempo. Ambos estaban demasiado lejos para lanzar un hechizo certero y no dar por equivocación a Fren.  Sólo quedaba que el chico fuera capaz de defenderse por sí sólo o acabaría muerto. Un plan perfecto para no haber comido todavía.
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Invitado el Dom Oct 26, 2014 3:25 am

Fly se sorprendió tanto que solo pudo quejarse de que no le hubiese hecho caso, la notaba como… con demasiada tensión cosa en realidad normal desde el punto de vista de lo que estaba sucediendo, no solo había llevado a alguien que no debería a un lugar donde no debería estar, sino que encima nos habíamos topado con un cadáver o al menos un tío con un efecto de sangrado curioso, no había confirmado si estaba muerto del todo o solo se había desmayado por haber perdido demasiada sangre y aun se podía salvar con el hechizo acertado, que sin lugar a dudas mi sabia acompañante sabría, ya que aunque es pequeña y en estos momentos un poco malhumorada, estoy seguro que es una excelente Aurora, esa de las que gana un duelo a muerte por paliza sin recibir apenas daño.

-Bueno, la verdad es que te expresas bastante mal, y no puedo mover solo el culo, tendría que llevar todo mi cuerpo y quiero ayudarte.-le conteste de forma graciosa intentando que se relajara un poco…. Aunque seguramente no fuese el momento idóneo para ningún tipo de bromas.

Entonces después de que Fly me volviese a mirar con cara de pocos amigos, y sabiendo que el no haberle hecho caso me traería incluso algún tipo de “problema” con ella, el cual debería solucionar invitándola a algo, se mofo de nuevo de mi casa; no comprendo que tanto odio a Hufflepuff, a fin de cuentas somos una casa más en la escuela en la que hemos demostrado que podemos competir a la par de las demás y ganar alguna que otra vez.

-Oye, Fly en serio deja de insultar a todos los miembros de mi casa o al menos de decirme que parezco tan idiota como el resto de los Hufflepuff, si algún día me dieras la oportunidad de demostrártelo creo yo, y si no me crees a lo mejor acabo volviéndome un auror mejor que tú para así demostrarte de lo que somos capaces los Hufflepuff.-comenté indignado, aun así no estaba enfadado con ella.

Fly dijo algo más que me sonó bastante raro… no sé si lo decía en plan disculpa o simplemente intentaba usar otro tono a ver si surtía mas efecto y me marchaba, pero eso no iba a suceder ya que aunque ella fuese supe poderosa en plan Wonder Woman pero en bajita y cambiando el lazo por una varita y mal humor, ya que había llegado hasta ahí con ella me quedaría ahí para ayudarla, eso si decidí quedarme un poco rezagado para cubrirle las espaldas mientras ella se adelantaba a examinar la situación con el cuerpo de la víctima; mientras tanto yo me dedique a pensar que hechizos podían ser más útiles para reaccionar rápido, creo que era lo mejor que podía hacer.

Entonces escuche un gran ruido y vi como del techo caía un hombre en redondo, en plan como si en vez de llover agua procedente de ríos, mares embalses etc, cayesen hombres mientras una bailarina baila en una audición con gente extra extraña como de 1980 o algo por el estilo, muy desfasado para mí, cosa extraña sin duda; mi Wonder Woman personal lo inutilizaba para que no pudiese huir ni aunque quisiera, desde luego me había topado con alguien de quien podría aprender un par de cosas, y tal vez gracias a pasar tiempo con ella dejara de meterse tanto con los Hufflepuff o al menos dejaría de decirme lo tonto que parezco y que merezco estar en Hufflepuff por ello.

Fly comenzó a correr sin que yo me diese cuenta así que la seguí, pasando por al lado del cuerpo de la víctima a la cual aunque quería saber si estaba viva o no haciendo la típica comprobación que había visto en las series y películas en plan de ponerle algo delante de la nariz a ver si se empaña o simplemente notando si tenía pulso palpando su vena aorta del cuello, me daba un poco de… repelús, estaba toda llena de sangre, tenía una parte completamente desgarrada como si la hubiesen metido en un tritura papeles o algo por el estilo. Por lo que me dedique a pasar de puntillas a su lado y acabé pisando el cuerpo del “hombrelluvia” que Fly había dejado ahí, para que hiciese compañía al “triturita”.-Mmm perdón, de verdad que no pretendía pisarle.-comente mientras que daba otro paso y acabe pisándole algo y al escuchar una especie de crujido acompañado de un grito de aquel “hombrelluvia”, me dio por mirar donde había pisado… había dado con su rodilla.-Si eso tiene pinta de ser doloroso… perdona.-solté mientras me alejaba deprisa no fuese que por la rabia se pudiese librar de sus ataduras y me acabase golpeando.

-¡Fly!-grité mientras no paraba de mirar alrededor mía mientras avanzaba, era un poco bajita, pero no se podía haber perdido con tanta facilidad, entonces la divisé delante mía, enfrente de dos figuras un poco peludas y encorvadas aunque la superaban en altura tanto a ella como a mí, y ella empezó a enfrentarse contra una de los “peluditos”, mientras tanto el otro se fijó en mí, y lo vi cómo se acercaba babeando hacia mi.-Esto no puede ser muy bueno, a lo mejor debería haberle hecho caso y haberme ido por las escaleras hasta un sitio seguro donde pueda tomarme un chocolate o algo por el estilo.-empecé a pensar mientras veía como se acercaba, entonces intente retroceder pero las piernas no me respondían, podía ver perfectamente lo que era ese ser peludo, desde luego no era algo amigable ni bonito de ver… se trataba de un hombre lobo, pero no de esos típicos hombres lobos de las películas para adolescentes femeninas de mi edad que en realidad son perritos un poco más grandes de lo normal, recreados por ordenador para que una obra literaria un tanto pésima cobrase aún más importancia gracias a dichas películas en los cuales si te haces un simple corte hay que taparlo con una camiseta entera dejando al aire el torso de un chico musculoso; era un hombre lobo de los de verdad y yo solo deseaba tener una pistola con balas de plata para poder dispararle tanto como para vaciarle el cargador en el pecho.

Saltó hacia mí con intención de darle fin a mi vida… esa vida que había sido breve y realmente aburrida en muchos aspectos ya que había… temas que no había resuelto y ahora que me había vuelto un poco más sociable y tenía buenos amigos tornaba a su fin…. O no, ya que mi superheroina lanzo un hechizo más que certero que hizo que mi atacante errase su ataque. Al final ella me había ayudado…. Yo que me había quedado para serle de ayuda estaba resultando ser un completo estorbo que podría costarle algún problema si se despistaba conmigo de un enfrentamiento o algo.

-Bien, estamos aquí para ayudar no para huir como una nenaza.-pensé.

-Oye perrete… que te parece si te llamo Mike, Mike es un buen nombre, no tienes porque atacarme si lo que tienes es hambre yo te puedo dar algo de comer, seguro que puedo acercarme a un supermercado de aquí cerca y hacerme… no se con un par de salchichas o algo así para darte, seguro que eso te gusta verdad?, las salchichas digo.-empecé a decirle al hombre lobo mientras permanecía en mi lugar tranquilamente, entonces él reaccionó y volvió a atacarme dirigiéndose directamente hacia mis piernas.

-¡Oye, te he dicho que te daría una salchicha, pero esta es mía y la necesito!-exclame mientras daba un saltito para atrás.-¡Chico malo, Mike, como continúes así te quedas sin comida hoy!

Volvió a arremeter contra mí y esta vez no pude alejarme lo suficiente de su ataque y me araño la pierna izquierda, por la cual empecé a sangrar al instante.-Vale, esto está dejando de ser divertido.-solté mientras este volvía a arremeter contra mí, pero esta vez no solo me alejaría, también usaría un poco de mis conocimientos que para algo soy un alumno de 5 ya.- Nottium Argentum.-pronuncie y pude ver como una especie de barrera repelía el zarpazo que intento propinarme.

-¡JA!, ahora que ¿en?-dije haciéndome un poco el chulo, era increíble que hubiese funcionado tan perfectamente, pero sabía que no podía estar evadiendo sus ataques todo el tiempo, aunque Fly se librase de lo que se traía entre manos y llegase a mí, puede que no fuese a tiempo así que tenía que acabar con esto lo antes posible por lo que mientras que él estaba perplejo porque su ataque no me hizo nada, me adelante para apuntarle a bocajarro en el pecho con mi varita antes de pronunciar el que se que se convertiría en mi hechizo favorito para el verano.-¡Glacius!

Y vi como Mike se convertía en un enorme hombre lobo de hielo, escuche que algo se acercaba a mi corriendo así que viré apuntando con la varita a lo que viniese.-¡Depul..Vaya Fly, casi te mando a volar.-rectifique rápidamente cuando vi que se había acercado mi amiga malhumorada y ya no pude más con la tensión del momento y acabe sentándome.

-Sabes, te agradezco que lo parases un poco, pero podrías haberte dado más prisa y ayudarme, me ha dado,por si no te has dado cuenta-dije mirándola y sacándole la lengua al final, esperando la posible bronca que me pudiese echar por no haber huido y haber acabado enfrentándome a Mike.

-Bueno….debes reconocer que tampoco he estado tan mal, para ser un simple y estúpido Hufflepuff.
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Fiona T. Shadows el Dom Oct 26, 2014 10:25 am

Al parecer Fren era de esas personas que tenía que hacerse el gracioso en los momentos en los que no tenían gracia alguna. Fly rodó los ojos ante su contestación. – Te he dicho que vuelvas a las escaleras. – Afirmó ante la contestación absurda del castaño. Si lo que ella decía, por mucho que se quejaran, a los Hufflepuff les faltaba un hervor, era como si quisieran demostrar el supuesto valor que tienen los Gryffindor pero con cierto nivel de retraso. Y teniendo en cuenta que los de Gryffindor ya eran medio retrasados, juntar aquello creaba un bucle infinito de retraso para Fren y los de su especie. En verdad a Fly le daba igual que alguien fuera a una casa o a otra, pero siempre le había resultado gracioso meterse con los tejones porque eran los que peor reaccionaban cuando les llamabas inútil, quizá porque en el fondo sabían que lo eran y por eso no les gustaba que se lo recordasen. Igual que cuando estudiaba en Hogwarts se había llevado más de una mirada de odio por parte de los propios miembros de su casa por recordarles que tenían demasiado amor propio y podían mostrar cierta empatía por los demás. Lo cual demuestra que la gente se molesta más cuando les dices algo que realmente son y ellos  saben a cuando les insultas con cualquier excusa barata que ni si quiera es cierta ni tiene posibilidad alguna de serlo.

Ignoró por completo la reacción de Fren cuando este se molestó por su comentario. Como si fuera el primer Hufflepuff con el que se metía, si hubiera compartido estancia en Hogwarts con ella sabría de sobra lo cruel que podía llegar a ser, pero era un alumno y ella hacía ya años que había terminado sus estudios. Negó con la cabeza mirando a Fren y cambió de postura yendo en dirección al hombre. Por Merlín, la gente tiene la necesidad de hablar cual papagayo en los momentos menos indicados. Es como si el capitán del barco se pusiera a hacer un concurso de monólogos mientras el Titanic comienza a hundirse, sin avisar a ninguno de los pasajeros que lo más posible es que mueran ahogados o congelados porque una maldita mujer no quiere compartir una puerta en la que poder salvarse del frío. Cosas que sólo pasan en las películas que ganan muchos Oscars. Aunque claro, los Oscars son todos una farsa y más teniendo en cuenta que actores como Nicolas Cage tienen uno. Esos actores que no son actores ni son nada, son personas interpretándose a sí mismas durante horas y horas en el interior de una pantalla. Porque no saben hacer nada con su vida salvo dar asco y pena cada vez que los ves aparecer. Luego está Kick Ass, donde puedes ver con alegría a Nicolas Cage porque muere. El problema es que tienes que soportarlo todo el resto de la película hasta que por fin muere. Y claro, en la segunda parte muere Jim Carrey, quien es casi peor con esas muecas de “me creo gracioso” pero en realidad lo que tiene es una patada en la boca por dar vergüenza ajena.

No tardó en aparecer un segundo individuo en aquel lugar. El hombre ensangrentado avisó antes de acabar de morir que no estaban solos en aquella estancia. Muchos magos creían que una herida mortal podía ser curada con total facilidad si tenías una varita, cuando lo cierto era que una persona por sí sola no podía ni hacer que dejara de sangrar con una herida como aquella. Fly no podía hacer nada por aquel hombre, salvo comprobar que había pasado en aquel lugar y encargarse de mandar a donde les corresponde a las personas que lo habían hecho. Pero resultó que no eran precisamente personas.

Caído del cielo, literalmente, un hombre acabó por estrellarse contra el suelo al golpe de varita de Fly. A diferencia de lo que a un humano normal le hubiera sucedido, el hombre no quedó inconsciente, ni mucho menos. En lugar de eso, se levantó con ganas de atacar a cualquiera que se encontrara a su alcance y Fly se limito a volver a mover la varita para apresarlo.

Siguió con la vista a otras dos figuras y no tardó en ir tras ellas, perdiendo momentáneamente a Fren de vista. Uno de los hombres lobo desapareció de la nada y Fly siguió al otro recibiendo un par de golpes provocados por los objetos que la criatura lanzaba a su oponente. Los objetos comenzaron a convertirse en puro polvo cuando una barrera de protección les impedía terminar su recorrido y llegar hasta donde Fly se encontraba. Se apresuró a acortar la distancia entre aquel hombre lobo y su posición actual y, del mismo modo que había hecho con el otro minutos antes, lanzó despedido al hombre lobo y logró apresarlo.

Ahora sólo faltaba uno. Uno y Fren. ¿Dónde diablos se había metido aquel niño? Tuvo el tiempo suficiente para ver al hombre lobo desde lo alto de una de las estanterías dispuesto a saltar sobre Fren. Y eso hizo. Por suerte el hechizo de la castaña fue certero y logró golpear a la criatura, quien acabó a varios metros de Fren con un estruendo. Había quedado prácticamente a su lado, pero no encima, lo cual resultaba ser un respiro. Suspiró aliviada y emprendió nuevamente una carrera contra reloj para llegar hasta donde Fren estaba, acortando la distancia a la máxima velocidad posible. Pero lo que parecía una corta distancia relativa, resultó ser mucho más. Fren no estaba precisamente cerca, y pudo ver cómo el hombre lobo lo atacaba. Podía sin seguir lanzar un hechizo sin arriesgarse a dar al chico de pleno en lugar de al hombre lobo, y en caso de dejar inmovilizado al chico, el hombre lobo tendría su trabajo muchísimo más fácil.

Fly logró ver como de la varita de Fren salía un hilo de color azul prácticamente transparente y golpeaba de lleno al hombre lobo, quien cayó hacia atrás convertido en hielo. Como si se tratara de un mamut encontrado bajo el hielo siglos y siglos después de la glaciación. Fly frenó en seco al encontrarse a escasos metros de Fren y escuchó su voz, como si nada sucediera. – Ya te gustaría poder hacer eso, idiota. – Contestó algo molesta por el comportamiento del chico. ¿A quién se le ocurre quedarse ahí cuando le había dicho expresamente que fuera a la salida? Sí, a la salida que no estaba precisamente en aquel lugar.

Chascó la lengua al ver la reacción del chico y tuvo ganas de lanzarle ella un hechizo para dejarle como a los hombres lobo y que cerrara la maldita boca. – Eso te pasa por no hacer caso cuando se te dicen las cosas. Ahora tendrás una cicatriz para que te recuerde que debes hacer caso a un Auror cuando te dice que vayas a la salida. – Inquirió como si nada. ¿Qué tenía una herida? Que hubiera hecho caso y hubiera salido de allí, no te jode. Maldito niño, encima poniendo quejas cuando la culpa la tenía él.

Alzó ambas cejas cuando Fren hizo mención nuevamente a ser Hufflepuff. Si es que se lo ganaban a pulso. - ¿Acaso crees que hablo en serio cuando me meto con vosotros? Al menos ha servido para que quieras demostrar que no eres tan inútil como se supone que deberías ser. – Añadió levantando la varita nuevamente y mirando a su alrededor comprobando que no había nadie más a su alrededor. – Además, una de las mejores personas que conozco es Hufflepuff, no te creas que os odio o algo por el estilo. Pero es divertido meterse con vosotros, igual que lo era meterse con los de Slytherin. O Gryffindor. Bueno, con cualquiera, siempre es divertido. Aunque compartieras Sala Común con ellos, claro. – Bajó la varita al comprobar que no había nadie más.

Dio un corto giro con la varita y de esta surgió una luz blanca que cobró la forma de un erizo que correteó por los alrededores. – Se solicitan refuerzos en el sótano tres. Tres individuos peligrosos y un cuarto herido. – El erizo se movió de un lado a otro y luego desapareció en la oscuridad. Ahora sólo tendrían que esperar. – Escúchame Fren, te he traído al Ministerio de Magia porque querías verlo y eso no es ningún problema. Cuando estábamos camino del primer piso escuchamos un ruido y lo seguimos. Encontramos tres figuras persiguiendo a un cuarto y estos pudieron acabar con él antes de que llegáramos aquí abajo. ¿Entiendes? – Afirmó con la cabeza con el gesto más serio. Tenían que buscar una excusa antes de que llegaran más Aurores o aquello sería un pequeño problema. – Si te preguntan algo cíñete a eso, aunque dudo que te… - Cerró la boca al escuchar como los pasos llegaban hasta el piso en el que se encontraban. Cinco Aurores ataviados con túnicas oscuras se dispersaron por la sala mientras uno se quedaba junto a ellos. - ¿Estáis ambos bien? – Fly afirmó con la cabeza y miró a Fren. – Tiene un pequeño rasguño, le llevaré a curarlo antes de que se infecte la herida o algo así. Nos vemos mañana. – Dicho esto, tiró del brazo de Fren mientras la mirada de aquel hombre se clavaba en ellos y salieron hasta el piso superior, camino a la salía del Ministerio de Magia.

Miró la herida de Fren de lejos mientras andaban hasta el hall principal por el que habían entrado y negó con la cabeza. – Eso tiene mala pinta, quizá tengan que amputar. Es muy peligroso que un hombre lobo te arañe, por suerte no estábamos en luna llena. Pero quizá tengas algún tipo de secuela. – Todo mentira. Llegaron al hall y Fly se desvió por un pequeño pasillo tirando aún de Fren.

Dio dos toques a la puerta con el puño y esta se abrió desapareciendo como si nunca hubiera estado en aquel lugar. Se encontraron con una estancia totalmente blanca con varias camillas y un escritorio lleno de papeles en el que no había nadie. Había un par de personas en una de las camillas. Uno de ellos tenía el pelo totalmente quemado, incluso el de las cejas, mientras que el resto estaban a su alrededor animándolo.

Pasaron entre las camillas hasta llegar a una vacía y sin gente a su alrededor. – Y esto te pasa por no hacer caso cuando se te dice. – Negó con la cabeza e insistió a que se sentara en la camilla. – Remángate el pantalón, o lo que queda de él… Vamos a ver la herida. – Negó con la cabeza mientras se agachaba a buscar un par de gasas y alcohol. Limpió con cuidado la herida a sabiendas de que aquello escocía y apretó para que escociera más. - ¿Te duele? – Preguntó mientras cubría la herida con una venda y se sentaba junto a él la camilla como si tal cosa. – Entonces ¿Qué? ¿Te gustó el Ministerio de Magia? – Una sonrisa divertida surgió entre sus labios como si nada hubiera pasado.

Sacó la varita mientras escuchaba la respuesta de Fren y apuntó a su pierna, haciendo que la herida cicatrizase como si tal cosa. Total, era una herida superficial y nada del otro mundo, no requería apenas magia hacerlo, lo que quería era molestarle un rato haciendo que la herida pareciese mucho más de lo que en realidad era.
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