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El silencio de los puercos (libre)

Invitado el Vie Ago 22, 2014 3:12 am

Desde que había entrado en Hogwarts me sentía fuera de lugar en el que antaño fuera mi mundo. Era incapaz de sentirme cómodo en el calor de mi hogar, todo me parecía insípido. Necesitaba estar rodeado de aquellos de mi misma condición, ansiaba zambullirme en las profundidades de la biblioteca de la escuela, deambular por los pasillos... Todo esto resultaba bastante complicado, por no decir imposible, cuando llegaba el verano. Lo más cercano a lo que buscaba estaba en Hogsmeade. Me hospedaba allí, y pasaba el día merodeando en los alrededores de la Casa de los Gritos, disfrutando de un dulce jarabe de cereza en Las Tres Escobas mientras leía alguno de los libros que tomé prestados antes del verano, o simplemente sentado con una jarra de cerveza que nunca llegaba a probar en el Cabeza de Puerco. Me gustaba especialmente esta última actividad.

Te asombraría lo mucho que se aprende en una tarde de escucha en el Cabeza de Puerco. Si bien el bullicio de Las Tres Escobas me parece el ambiente idóneo para disfrutar de una buena sesión de lectura, no es un sitio donde haya mucho que observar, mucho que aprender. En el Cabeza de Puerco, en cambio, ningún día me quedo indiferente.

Últimamente frecuentaba mucho la sucia taberna. Trataba de pasar desapercibido, no era una tarea especialmente difícil. Hoy me había percatado de la incomodidad de uno de los "silenciosos", me miraba de soslayo con demasiada frecuencia para mi gusto. Quedarme era tentar a la suerte, así que me levanté y salí por la puerta sin prestar mucha atención.
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Holly Breitling el Vie Ago 22, 2014 5:25 pm

Orientarse con un palito. Parecía difícil, y en efecto lo era. Por mucho que mis sentidos se desarrollasen más que los de la gente común, aquel bastón no me daba toda la seguridad que necesitaba. Era mucho mejor el oído, pero las paredes no se oían, así que a pesar de mi cabezonería, tenía que aprender a usarlo.

Últimamente, aburrida por la ausencia de clases, la curiosidad llamaba a mi puerta con frecuencia, y no podía evitar salir por Hogsmeade a deambular y a buscar un sitio donde descansar y practicar mi nueva forma de lectura. Aunque ya hubiesen pasado más de un par de años, aún no me acostumbraba a la nueva forma de hacer las cosas.

El toc-toc del bastón contra el suelo era casi inaudible en las calles del pueblo, repletas de gente. Tenía miedo de que alguien que viese casi tan poco como yo se chocase conmigo, no sería la primera vez. Pero al parecer por allí por donde yo pasaba se formaba una burbuja de protección. Como si fuese una apestada, algo parecido. Me pegué a la pared y llegué a lo que parecía una taberna. Estaba casi segura de que nunca había entrado en aquel lugar, pero necesitaba descansar. El hedor que salió de su interior no era su principal atractivo, pero aún así plegué el bastón. Me sentía un poco más humana sin él entre las manos.

Cuando ya estaba situada frente a la puerta y me disponía a dar un paso al interior, alguien chocó fuertemente contra mi. No caí a pesar de perder el equilibrio, pero tuve que agarrarme a la persona que tenía frente a mi. -Disculpa. -musité con delicadeza y timidez, a pesar de no haber sido culpa mía. Decir "no te había visto" era demasiado evidente.
Holly Breitling
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Invitado el Vie Ago 22, 2014 7:49 pm

No había dado ni un paso fuera de aquel tugurio y me di de bruces con una chica. Tuvo el reflejo de agarrarse a mí, por lo menos no cayó al suelo...  Y lo peor de todo, a pesar de ser yo el responsable de tamaño entuerto, se disculpa. Definitivamente aquel no era mi día.

- No tienes que disculparte, al contrario, debería ir prestando más atención.

No era una circunstancia especialmente comprometida pero siempre he tenido dificultades para abordar situaciones como ésta, a pesar de su trivialidad. Me percaté de que era invidente -tampoco tuve que romperme mucho la cabeza- aunque parecía más consciente del entorno de lo que lo estaba yo. No creía que aquel fuera el mejor lugar para una chica de su condición. Qué demonios, aquel antro no era buen lugar para nadie. Y su condición se podría considerar como un mal menor al lado de la estupidez de muchos.

- Vaehnor, mucho gusto. No es la mejor situación para una presentación pero así funcionan las cosas. Me dirigía a Las Tres Escobas, te invito a... Hmmm..., ¿Un hidromiel? En compensación por las molestias.

No sabía cómo iba a reaccionar. En verdad no sabía por qué me importaba cómo iba a reaccionar. Bueno, no sabía ni por qué tenía que plantearme la importancia de su reacción. Mi línea de pensamiento siempre me había resultado algo excesiva en ocasiones. He aquí el porqué de mis dificultades con trivialidades como ésta. Decidí dejar de darle vueltas al asunto.
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Holly Breitling el Vie Ago 22, 2014 9:34 pm

El golpe no había sido tan fuerte como para tirarme al suelo, pero lo suficiente como para que estuviese algo desconcertada. Cuando no puedes usar una guía visual para analizar el entorno, tienes que esperar con paciencia a que alguno de tus otros sentidos te de una pista que te ayude a volver a la realidad. En este caso fue la voz del chico lo que me colocó en situación. Me había chocado contra un chico joven, no sabía muy bien si de mi edad o mayor, bastante más alto y también bastante más seguro que yo. Rápidamente le solté el brazo del que le tenía agarrado, ya que tampoco quería incomodarle.

-No te preocupes, no pasa nada. -respondí ante su disculpa. Yo siempre me disculpaba, fuese mía la culpa o de otro. Era una mala costumbre que ponía nerviosa a la gente de mi entorno.

El joven me hizo una proposición, posiblemente para enmendar el encontronazo que acabábamos de tener. Me sentí halagada por la invitación, ya que normalmente la gente se sentía muy incómoda ante una persona como yo. Por alguna razón pensaban que los ciegos eramos inferiores, y al no querernos hacer sentir así, nos evitaban. No se daban cuenta de que nosotros simplemente veíamos las cosas de una manera diferente.

-Será un placer. -dije con una amplia sonrisa, con gesto angelical. -Aunque vas a tener que guiarme, porque para serte sincera estoy bastante perdida. -confesé mientras me colocaba las gafas de sol. No sabía muy bien si ahora debía agarrarme de su brazo, o si simplemente iba a indicarmelo con la voz. Así que permanecí quieta, esperando de nuevo una señal. -Por cierto, yo soy Holly, encantada. -añadí precipitadamente.
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Invitado el Vie Ago 22, 2014 11:11 pm

-El placer es mío -añadí mientras la tomaba delicadamente del brazo.

No esperaba que aceptara la proposición, en parte pensaba que se la tomaría como un simple gesto de educación y me rechazaría cortésmente. Mi ofrecimiento era honesto y me resultó una muy grata sorpresa que aceptara. Si bien me encanta conocer gente nueva, no siempre tengo ese placer.

Nos dirigimos hacia Las Tres Escobas con paso calmado. El camino lo hicimos sin intercambiar palabra, nunca me ha disgustado el silencio. Esperaba que a ella no le molestara. No sabía muy bien de qué hablar, quizás el ambiente distendido de la taberna me aflojara la lengua.

Finalmente llegamos, tomamos asiento y pedí mi jugo de cerezas y el hidromiel que había prometido. La taberna estaba a rebosar de gente, como era habitual. Dos chicos discutían acaloradamente en la barra sobre escobas. -La Oakshaft 79, aunque vieja, es mucho mejor que la Cometa 290- le inquiría el chico más bajo al otro. -No puedes estar hablando en serio, la Oakshaft tiene una aceleración lamentable, hasta la Cometa 180 es más rápida- le respondía con sorna. El ambiente siempre me resultó agradable, me sentía cómodo oyendo ese tipo de charlas banales de fondo, eran como música relajante. Melodías armónicas sin voz cantante. Le prestabas atención a una, a otra, ibas saltando de voz en voz.

Ahora en cambio me tocaba cantar a mí. ¿Qué melodía podría satisfacer a la señorita que se sentaba ante mí?

-¿Qué te trae por Hogsmeade? ¿Pasas aquí las vacaciones?

No es que fuera muy elaborado, pero necesitaba mi apertura.
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Holly Breitling el Sáb Ago 23, 2014 12:02 am

Finalmente sentí la presión del brazo del muchacho sobre el mio. Me tranquilizó un poco, pero a la vez una ola de nerviosismo empezó a apoderarse de mi. Yo era tímida, por naturaleza, y sentirme tan cerca de otra persona (y más si era del sexo opuesto) me intimidaba. Posiblemente las personas que pasaban por las calle pensaban que eramos pareja al vernos así. Por suerte hacía mucho tiempo que había dejado de importarme lo que pensara la gente de mi.

Caminamos con paso tranquilo pero decidido hasta el local de Las Tres Escobas. Este tenía un olor mucho más agradable que el anterior, al cual habría entrado si no hubiese sido por mi afortunado encuentro con Vaehnor. Me había salvado de morir ahogada en la peste de aquel sucio lugar. En Las Tres Escobas había barullo, pero el barullo propio de una conversación animada entre amigos. Nada a lo que no estuviese ya acostumbrada.

Con ayuda de mi acompañante me senté en una silla, y esperé pacientemente apoyada en la mesa a que trajeran las bebidas que acababa de pedir. -Muchas gracias por todo. -dije con tranquilidad, tratando de mantenerme serena. Nunca había probado el hidromiel, pero si llevaba miel, tenía que estar rico.

-Podría decirse que si. -dije respondiendo a la pregunta del chico. -Estudio en Hogwarts, y no se nos permite pasar las vacaciones de verano en el colegio. Así que...aquí estoy, intentando aprovechar al máximo del verano. -me reí pensando en que por mucho que quisiera sacarle provecho a mi tiempo, siempre acababa vagueando. -¿Y tu? ¿Que te trae por este pueblo?
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Invitado el Sáb Ago 23, 2014 1:22 am

-Me hospedo aquí, en Las Tres Escobas. Hogsmeade es quizás lo más cercano a Hogwarts que conozco. Hay muchos estudiantes, puedo practicar magia sin mucha preocupación, y volver a mi anodina vida muggle no es algo que...

Me quedé en silencio unos segundos.

-Digamos que no es lo mío. Tampoco es que Hogsmeade sea especialmente emocionante, leo, exploro los alrededores, ensayo en mi cuarto, leo, estudio algún nuevo encantamiento, leo, ensayo... Un ciclo interminable. Si al menos tuviera la licencia de aparición podría hacer turismo.

El ambiente seguía igual de bullicioso que siempre, aunque estaba incómodo sin razón aparente... Algo no encajaba. Entonces sentí como una mirada se me clavaba en la espalda como un puñal. Tomé el portaplumas metálico de mi chaqueta y lo usé a modo de espejo disimuladamente. Allí estaba, el individuo extraño del Cabeza de Puerco.

No creía haber escuchado nada especialmente comprometedor para nadie en mis largas escuchas en aquel antro, si bien la información que circulaba era bastante sórdida, no tenían reparos para compartirla en voz alta. No consideraba que hubiera fundamento alguno en el comportamiento de aquel individuo. De cualquier modo, no se atrevería a hacer nada delante de esa multitud. Traté de relajarme para no transmitirle mi inquietud a Holly.
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Holly Breitling el Dom Ago 24, 2014 1:50 am

Me sorprendí al escuchar que mi acompañante también era estudiante en Hogwarts. Por su forma de hablar, habría jurado que era un Ravenclaw, pero posiblemente estaba un error. No era la mejor para las primeras impresiones, y menos en cuanto a casas se refería. -Si, creo que te entiendo. -dije con una sonrisa. -Como puedes ver, iba ahora mismo a intentar estudiar algo. -continué, mientras dejaba ver un libro que saqué de la bandolera que llevaba colgada del hombro, y que ahora descansaba sobre el suelo. -No es que haya muchos libros sobre magia que yo pueda leer... pero al menos así puedo ir practicando mi velocidad. -expliqué con un tono apenado. No pretendía dar pena, odiaba que me tratasen de manera distinta por mi situación, pero echaba mucho de menos las letras y las ilustraciones.

De pronto el silenció reinó. Puede que yo no pudiese ver si estaba sucediendo algo importante, pero percibía cuando las cosas no iban del todo bien. Sin temor alguno, coloqué mi mano sobre la pierna de Vaehnor. El gesto casi me pareció demasiado atrevido, pero me ayudaba a entender.

-¿Pasa algo? -dije rápidamente. -Pareces inquieto. -mi mano presionó suavemente su pierna, no para intentar mandar una indirecta, simplemente porque era mi forma de orientarme. Usaba indicios como el sudor o el pulso acelerado para saber cuando alguien estaba incómodo, y aunque en el caso del chico no notaba nada extraño en su cuerpo, sabía que estaba callado porque su mente estaba en otro lugar de la sala.

De pronto me sentí avergonzaba y retiré la mano. No me daba cuenta de que para la gente normal aquello era muy extraño. -L-lo siento... -me disculpé, sonrojada. -No quería incomodarte, no puedo evitarlo... -intenté excusarme. Al sentirme muy nerviosa, decidí beber un trago de hidromiel para mantener mis labios ocupados en algo distinto a decir tonterías.
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Invitado el Lun Ago 25, 2014 12:56 am

Holly parecía haber percibido mi inquietud. Apenas me di cuenta de que había puesto su  mano sobre mi pierna, estaba demasiado ensimismado en las elucubraciones sobre mi persecutor. Hasta que no se disculpó no me percaté del gesto, decidí no prestarle mucha atención, tenía otros asuntos más acuciantes.

-No tiene mayor importancia.

Tenía varias alternativas. La primera era salir por la puerta, mostrarme ajeno a su persecución, quizás así no me consideraría una amenaza y dejaría de lado cualesquiera que fueran sus sospechas. Pero habían varios desenlaces posibles. Este individuo podía simplemente no atender a razones, quizás tenga una capacidad intelectiva tan reducida que no es capaz de llegar a la conclusión de que no soy una amenaza. Si tal fuera el caso, tendría que acabar haciendo uso de mi varita. Esto no me supondría mayor problema si fuera solo, me considero un buen duelista. Pero ahora mismo estaba con Holly, y en parte me sentía responsable por lo que pudiera pasar.

La otra opción era subir a mi cuarto, llevar a Holly conmigo y escapar por la ventana. Esto podría ser aún peor. Si bien nos libraríamos de la persecución, le estaría diciendo que tengo algo por lo que esconderme. Y además estaría creando una cómplice. Ella se vería involucrada en esta estupidez, y pasaría a formar parte de su lista negra. Solo estaría creándole un nuevo objetivo.

Y la tercera opción era apartar a Holly, que de alguna forma mi acosador interpretara que ella no tiene nada que ver conmigo. Aprovecharía el revuelo para irme a mi cuarto, escaparía, vigilaría de lejos la entrada de la taberna hasta que se fuera el desgraciado, después empacaría mis cosas y me instalaría en el Caldero Chorreante. No queda mucho para que empiecen las clases de todos modos.

Solo habían pasado unos segundos desde que Holly notara mi inquietud, llegué a la conclusión de que llevaría a cabo la tercera opción.

-Vaya, y yo que pensaba que al menos tendría una velada interesante. Pero al final estoy sentado con una inválida que no es capaz de hilvanar dos frases seguidas sin acabar disculpándose.
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Holly Breitling el Lun Ago 25, 2014 3:22 pm

El ambiente se estaba poniendo tenso y yo no tenía muy claro como reaccionar. Cuando no puedes ver, es muy difícil percatarse de cuando molestas. A lo mejor aquel chico ya estaba harto de mi compañía. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que posiblemente su invitación fuese mera cortesía, y que al aceptarla le había puesto en un compromiso.

Retiré la mano, recordando viejos tiempos en los que no tenía esa clase de problemas. Me limité a quedarme callada, sentada sin hacer ningún ruido. Vaehnor sabía que podía levantarse e irse cuando quisiera. Una invidente no iba a seguirle a ninguna parte.

Pero le oía respirar. Seguía ahí, y yo no sabía que demonios estaba pensando. Hasta que habló, entonces todo me quedó muy claro. Me sentí ridícula y avergonzada. Sabía que parte de sus palabras eran ciertas, pero por otra parte no esperaba esa hostilidad tan repentina. Bajé la cabeza, aceptando sus palabras como un cuchillo que se clavaba en mi. Aunque no era la primera vez que alguien me hablaba así, esperaba poder descansar al menos un día de las burlas.

-Lo siento... -murmuré, poniéndome aún más en evidencia al disculparme de nuevo. Era demasiado cobarde, demasiado tímida, demasiado idiota como para responderle y enfrentarme a él. Las tenía todas conmigo de perder.

-Será mejor que me vaya. -dije levantándome y estirando el bastón, para poder guiarme. -Ha sido un placer, siento mucho que no sea recíproco. -mi voz era tan baja a causa de la vergüenza que casi ni se me oía. En cuanto hube esquivado un par de sillas, empecé a caminar en dirección a la puerta.
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Invitado el Lun Ago 25, 2014 7:34 pm

Mis palabras surtieron el efecto deseado. Quizás demasiado bien. Generalmente no buscaba hacerle ningún mal a nadie, a no ser que éste estuviera justificado por un fin mayor. En este caso así era, fuera ella consciente o no de ello, había tratado de encontrar la solución que más nos convenía a ambos. A sus ojos quedaría como un insensible, y probablemente no se equivocara. Siempre y cuando el desenlace sirviera al bien colectivo mayor, no tenía razón para sentir culpa. Esa era mi maquiavélica lógica. Algún día tendría la posibilidad de explicar la situación, pero no lo consideraba necesario.

No se armó mucho revuelo, esperaba que me lanzara su vaso de hidromiel, aunque quizás tuviera miedo de no acertar... El caso es que no hubo ninguna llamada de atención para mi admirador que pudiera aprovechar para largarme. Por lo que me quedé sentado donde estaba con fingida indiferencia. Observaba con el portaplumas discretamente colocado en la mesa la reacción del rufián acosador. Le echó una mirada pero no la siguió, se quedó plantado junto al umbral vigilando. Todo en orden.

Seguí bebiéndome plácidamente mi delicioso jugo de cerezas. Exquisito. Solo tenía que esperar la ocasión. El tabernero cruzó el pasillo formado junto a mi mesa a paso veloz para atender al grupo de mi espalda, le puse la zancadilla y cayó de bruces contra el suelo. Inmediatamente se levantaron los dos chicos que discutían en la barra y dos señores del grupo a mi espalda. Me levanté en medio de la confusión y me fui a mi habitación. El resto es historia. Salí por la ventana, esperé a que mi molesto persecutor desapareciera de la zona, volví a mi habitación, y empaqué mis cosas. Finalmente utilicé la chimenea de las Tres Escobas para viajar hasta el Caldero Chorreante por la red flu.

Llegué sin mayor contratiempo, esperaba no crearme más problemas en mi nueva estancia. Aunque una vez fuera de peligro no podía parar de preguntarme quién era aquel individuo y por qué me buscaba con tanto empeño. Necesitaba respuestas. Y las conseguiría.
Anonymous
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