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El tiempo no lo cura todo. [Alyss FitzRoy] [PRIV]

Caleb Dankworth el Dom Ago 24, 2014 12:21 am

El día había empezado como otro cualquiera. La única cosa que había para hacer era ir al trabajo, así que eso hice tras despertarme solo en mi cama (como casi siempre) y tomar un ligero desayuno que consistía simplemente en unas tostadas y un café. Tras ponerme mi uniforme de Desmemorizador usé la red flu para acudir al trabajo, y tras aparecer con un fogonazo verde en las chimeneas del Atrio me perdí entre la marea de gente que acudía a sus respectivos puestos. Me abrí paso entre la multitud de trabajadores del Ministerio de Magia y llegué hacia los ascensores; tuve que darme prisa para meterme en uno de ellos antes que un mago muy gordo que pretendía entrar antes que yo y dejarme sin sitio. El mago en cuestión me miró ofendido cuando me colé por delante de él, pero le ignoré y me agarré fuertemente para no caerme cuando el ascensor se puso en marcha. Hubo una parada en otro puso antes de llegar al mío, el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. Caminé por el pasillo hasta llegar a la oficina, donde me encontré a mi jefe. Este me informó de que había habido un incidente en una calle de Londres, y que una pareja de Muggles había presenciado a unos jóvenes magos recién graduados de Hogwarts haciendo magia. Mi jefe me ordenó ir al lugar de los hechos y hacer mi trabajo, así que eso hice.

Fui hasta el Atrio otra vez antes de Desaparecerme del Mibisterio para Aparecerme en un rincón oculto cerca de la calle a la que tenía que ir, y de allí caminé hacia el lugar que mi jefe me había indicado. Allí me encontré a algunos trabajadores del Ministerio que me habían estado esperando, junto con los magos que habían provocado el incidente (uno de los trabajadores del Ministerio les estaba echando la bronca) y la pareja de Muggles estaba siendo atendida por un grupo de trabajadores que intentaban calmarles y evitar que se marchasen. Los dos Muggles estaban pálidos y parecían estar en shock. Suele pasar, ya que para alguien que nunca ha creído en la magia es una verdadera sorpresa descubrir que sí que existía. Intenté no poner cara de asco al acercarme a los Muggles; siempre les había despreciado, pero mi trabajo implica tener que estar cerca de ellos la mayor parte del tiempo y yo ya había practicado bastante el actuar con indiferencia cerca de ellos. Aunque mi expresión era neutra (o incluso un poco amable) mi mente chillaba con desprecio hacia los Muggles, pero no se notó nada.

Les borré la memoria rápida y perfectamente. Llevaba más de una década borrando y modificando memorias, así que era un experto ya. Cuando los Muggles se fueron y todo el asunto estuvo arreglado, Aparecí de nuevo en el Ministerio y volví a ir a mi oficina. Una vez allí me dediqué a escribir el informe de la desmemorización que había tenido que hacer ese día a la pareja de Muggles, y tras terminarlo se lo di a mi jefe. Terminé algo más de papeleo que tenía pendiente, y mientras hacía eso pasaron las horas. En cuanto terminé con eso recogí todo y me marché de la oficina; mi día laboral había finalizado.

Me despedí de los compañeros que estaban allí y caminé por el pasillo hasta el ascensor otra vez. No estaba muy alegre de que hubiese terminado el trabajo aquel día. Sí, trabajar era aburrido, pero más aburrido era estar encerrado en casa  solo y sin hacer nada.

Las puertas del ascensor se abrieron en el Atrio, y entonces me Desaparecí.

Aparecí en una callejuela solitaria de Londres. Tras asegúrale de que nadie me había visto, caminé y salí a la calle, perdiéndome de nuevo en otro mar de gente, esta vez todos Muggles. No les presté y seguí caminando, pensando en mis asuntos.


Última edición por Caleb Dankworth el Lun Ago 25, 2014 1:26 am, editado 2 veces
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Dom Ago 24, 2014 1:24 am

Aquella mañana el sonido del despertador me pareció más desagradable de lo normal. Casi me dolía tener que estirar la mano para apagarlo. No era que mi vida estuviese llena de fiestas y marcha (aunque de vez en cuando me permitía alguna escapadita), pero mi trabajo era muy exigente. Estaba un poco cansada ya de tanta monotonía. Mi sueño desde niña había sido trabajar como bióloga mágica o algo parecido, y había acabado en el Ministerio, posiblemente el lugar más aburrido de todo el mundo mágico. A pesar de que mi puesto era uno de los más interesantes, seguía detestando las formalidades y, sobretodo, los madrugones. Al mirarme al espejo casi no reconocía a la niña soñadora que había sido. ¿Donde se habían escondido aquellas ilusiones?

Una vez recogido mi pelo en numerosas trenzas entrelazadas entre ellas, puesto el ligero maquillaje que acostumbraba a llevar, y con mi traje de trabajo que consistía en un vestido negro tan aburrido como el Ministerio, salí a la calle. Cerré de un portazo la puerta de mi casa en Londres, despidiéndome amorosamente de mi perro. La sonrisa que se me dibujaba en la cara cuando estaba cerca de aquel animal era casi impropia de mi. Lo adoraba, y odiaba tener que dejarle solo tantas horas.

Los altos tacones que llevaba, tan negros como el vestido, hacían un gracioso sonido según recorría las calles abarrotadas de la ciudad. Una de las mejores cosas de mi trabajo era que no siempre había que acudir al edifico central del Ministerio, porque teníamos muchas investigaciones en marcha y muchas veces la información que requeríamos teníamos que ir a buscarla nosotros mismos. Por suerte (o desgracia) hoy mi misión era entrevistar a un viejo trabajador que había estado metido en asuntos muy feos. Para ocuparme de este tipo de asuntos había tenido que desarrollar un carácter muy agrio, casi forzado, que no era para nada mio. Pero necesitaba la frialdad de mi lado para ser respetada. Una valiosa lección aprendida hace mucho tiempo atrás.

De pronto algo llamó mi atención en un escaparate. Era una pastelería enorme, repleta de todo tipo de tartas y postres, tan bonitos que parecían hechos para un museo. Salivaba solo con ver aquel espectáculo de sabores.

Desde fuera parecía tan inmersa en mirar aquello, que nadie se habría percatado de como me estremecí ante aquel perfume que llegó a mi. Lo habría reconocido incluso en medio de un jardín de flores. Hacerme la loca, como si no estuviese enterándome de nada, era la mejor solución. "Te he tenido tan presente... Mucho más de lo que tu te crees", pensé al ver su reflejo en el cristal del escaparate. Posiblemente el ni me reconociera, habían pasado tantos años... Así que agaché la cabeza y seguí como siempre. Nostálgica dejando pasar a lo único que realmente deseaba.
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Caleb Dankworth el Dom Ago 24, 2014 1:41 am

Iba caminando distraídamente, casi sin percatarme de la gente que había a mi alrededor. ¿Y por qué iba a fijarme en ellos? No eran más que Muggles, y no les quería cerca de mí. Metí las manos en los bolsillos y caminé y caminé. Caminaba sin rumbo, sin un objetivo claro en mente. Sólo quería escapar de la soledad de mi casa. El silencio, la oscuridad y el frío de ese lugar comenzaba a agobiarme hasta puntos extremos, aunque antes me había gustado estar solo. Pero ya había aprendido que la soledad es buena únicamente cuando tú la buscas... Cuando te es impuesta es el peor de los castigos. Casi podía oír los ecos de las voces que una vez llenaron esos pasillos de vida. Esas voces que ya no estaban, pero que de alguna forma seguían ahí en lo más profundo de mi mente... Me estaban volviendo loco.

Caminaba huyendo de aquella soledad sin importarme dónde me llevasen mis pasos. Tal vez acabaría en un antro de mala muerte en alguna esquina de Londres, gastándome el dinero en alcohol que me provocaría una gran recalca y una aún más grande laguna en mi memoria. Tampoco había mucho que recordar, que digamos... Mejor olvidar.

"Pero no puedo" pensé. "Quiero olvidar, pero no lo consigo."

Caminaba cabizbajo, pero en un momento dado alcé la vista y miré a la gente que había por ahí. Una cabellera rubia me llamó la atención en la acera de enfrente. Ella miraba un escaparate y yo no podía verla la cara, pero esa melena...

Los recuerdos llegaron a mi mente como un chorro de agua fría. Risas, y besos. Más besos, y llantos... Lágrimas y alegría y tristeza y júbilo y dolor. Y culpabilidad. Sobre todo culpabilidad... Todo volvió a mi de repente solo con ver aquella melena.

No, no podía ser ella... Ella estaba lejos, yo me había encargado de que así fuera. ¡Ella tenía que estar lejos! Era lo mejor para todos...

Pero en lo más profundo de mi ser deseaba que fuese ella. Quería que aquella mujer se diese la vuelta para que yo le viese el rostro.

-¿Alyss...?- murmuré casi inaudiblemente. Ella no podía oírme desde donde estaba.

Crucé la calle y me acerqué hacia donde ella estaba...


Última edición por Caleb Dankworth el Dom Ago 24, 2014 2:16 am, editado 1 vez
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Dom Ago 24, 2014 2:12 am

Mi mente estaba perdida en aquel reflejo del cristal. Aquel primer beso, aquella primera carta, el primer encuentro secreto, aquella primera vez... Él había sido quien me había despertado de mi sueño infantil y me había hecho ver la realidad tal y como la veía ahora. Había pasado tanto tiempo desde que había susurrado por última vez mi nombre... Y aún así estaba grabado con fuego en mi memoria. Ni aunque pasaran un millar de años olvidaría todo aquello. Era totalmente imposible.

De pronto algo me sacó de mi ensueño. Posiblemente fuese el reflejo de sus ojos azules como el hielo atravesándome desde atrás. Aquella mirada fría y afilada como una navaja que se estaba acercando lentamente hasta donde yo estaba. Si me había visto y me había reconocido, estaba perdida. No podía dejar que supiera que estaba ahí, que siempre lo había estado... Me arriesgaba a perderle por segunda vez, y no estaba preparada para aquello. Nunca había estado preparada para alejarme de él.

Rápidamente agaché la mirada y comencé a caminar hacía la multitud, tratando de perderme entre la gente. Pero sabía que si Caleb me había reconocido no me perdería el rastro. Estaba perfectamente entrenado para la cacería, y no tenía muchas oportunidades estando en el papel de presa. Así que desaceleré el paso y dejé que se acercara. Notaba su presencia en mi espalda, tratando de averiguar si realmente era yo. Y lo iba a descubrir.

Caminé hasta un callejón, rezando para que me siguiera, y me adentré hasta un lugar que no tenía salida. No me sentía preparada para volver a verle cara a cara, pero es que nunca había estado preparada ni siquiera para conocerle. Cuando oí pasos tras de mi, giré el rostro para verle. El flechazo de su mirada en mi alma fue casi instantáneo. Contuve la respiración y sonreí con algo de malicia, mientras conjuraba mentanlmente: "Fumus".

El lugar comenzó a llenarse de un humo, similar a la niebla, que rápidamente ocultó mi cuerpo y separó nuestras miradas. Mis habilidades habían mejorado mucho más de lo que él podía ni siquiera imaginar, y ahora le iba a demostrar de lo que era capaz.
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InvitadoInvitado

Caleb Dankworth el Dom Ago 24, 2014 6:51 am

A medida que yo me iba acercando, la chica (o mejor dicho, la mujer) que estaba parada enfrente del escaparate comenzó a alejarse de allí. Se perdió entre la gente durante un instante, y luego redujo la velocidad de sus pasos para caminar a un ritmo más normal. Si aquello en otra ocasión podría haberme parecido extraño, en aquel momento estaba demasiado sorprendido como para darme cuenta. Mi mente no dejaba de dar vueltas a mil por hora mientras seguía a la joven mujer por la calle.

"No puede ser ella," dijo una voz en mi mente. "Mírala, no se parece en nada a Alyss. Alyss era una niña, una joven ingenua e inocente. Esta mujer no se parece en nada a aquella niña indefensa a la que tuviste que dejar hace años."

Cierto, no se parecía a Alyss. Aunque sólo podía ver a la mujer por detrás y de lejos, había un toque en ella que hacia notar que irradiaba confianza y fuerza. Quise dar media vuelta y alejarme de allí cuando me di cuenta de eso, pero fui incapaz. Mi mente no dejaba de notar la palpable diferencia entre las auras de la chica de mis recuerdos y la mujer que había a unos metros de mí, y no dejaba de gritarme que las dos no eran la misma, que me había equivocado... Pero al mirarla otra vez, aunque no viese su rostro veía también las similitudes. Y ese cabello largo y rubio, casi plateado... Era el cabello de Alyss, de eso no había duda.

"No puede ser ella..." repitió de nuevo la voz en mi mente.

"¿No puede ser ella, o no quiero que sea ella?" me pregunté a mí mismo entonces. Tras recapacitarlo durante un breve segundo me di cuenta de que no quería que fuese ella, pues si lo era, tendría que enfrentarme al pasado. Enfrentarme al pasado no era uno de mis puntos fuertes...

"Yo solo quería protegerla," pensé, sintiéndome furioso. Apreté la mandíbula con fuerza y cerré mis manos en puños mientras avanzaba por la calle, sintiendo la sangre hervir en mis venas. Sentía una rabia oscura quemándome por dentro... Una rabia que era fruto del miedo irracional que sentía ante la posibilidad de que aquella joven mujer fuese en efecto Alyss. ¿Qué iba a hacer si lo era? ¿Darme media vuelta y marcharme? No, no podía hacer eso. Pero tampoco podía quedarme, al igual que no había podido quedarme con ella hacía tantos años. Tendría que volver a marcharme como hice en el pasado. Aquella había sido la única vez en mi vida que había hecho lo correcto, lo que era mejor para ella. Eso era lo que me hacía sentirme tan furioso, que uno de los únicos actos buenos que había hecho en mi vida me había hecho sentir tan miserable...

A lo mejor ella me había olvidado. A lo mejor no me quería ver ni en pintura. Sería lo más lógico. Tal vez seguirla fuese una locura, pero ya había hecho demasiadas locuras en mi vida como para importarme hacer una más. La vi adentrarse en un callejón y fui tras ella, pero al girar la esquina para adentrarme yo en el callejón me encontré envuelto en una densa capa de humo que no me dejaba ver nada a mi alrededor. Di cautelosos pasos hacia adelante, adentrándome más en el callejón tratando de encontrar a la dueña de aquella melena plateada...

-¿Alyss?- la llamé. La callejuela me devolvió el suave sonido de mi eco. Di unos pasos más al frente, manteniéndome cauteloso y alerta. No veía nada, así que saqué mi varita de mi bolsillo. -¿Alyss...?

Me adentré más en el callejón, llamando su nombre. Pensaba que estaba solo ya, y que la joven mujer se había largado y me había dejado ahí, hablando solo como si estuviese loco, pero no me importaba. No podía dejar de decir su nombre.

-Alyss...

¿Hacía cuánto que no pronunciaba aquel nombre en voz alta? Desde qué ella se fue, hacía ya muchos años. El nombre sonaba raro saliendo de entre mis labios, pero a la vez era como miel en mi lengua, adictivo...

El humo seguía ahí, así que conjuré un suave "Ventus" no verbal. La pequeña ráfaga de viento disipó un poco el humo que había delante de mí, pero no vi a nadie. Ya estaba seguro de que ella se había ido, y mientras que una parte de mí estaba aliviada, la otra gritaba decepcionada...
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Dom Ago 24, 2014 4:01 pm

Aproveché la niebla que había inundado el lugar para escabullirme por aquella callejuela. No me costó mucho esquivar el cuerpo de Caleb sin tocarle, pasando cerca de unos cubos de basura. Pero la vida pega grandes giros, y a pesar de estar tan cerca de poder escapar y seguir adelante con mi vida, algo me impedía alejarme ahora que estábamos tan cerca. Podía volver a mi casa, con mi gran danés y mi trabajo monótono; pero la atracción que ejercía sobre mi aquel hombre era como la de un imán. Su voz pronunciando mi nombre traía tantos recuerdos a mi mente que me sentía abrumada. Me encontraba en un dilema: huir y olvidar, o enfrentarme a mis temores y a Caleb. No podía huir eternamente, así que cogí aire y me di la vuelta.

Una oleada de pensamientos invadieron mi mente en un instante. No podía dejar de pensar en el peligro al que me exponía. Caleb era el hombre más peligroso sobre la faz de la tierra para mi. En un segundo podía desarmarme, matarme y enterrarme para siempre, simplemente pronunciando un par de palabras. No hay cosa más maravillosa que el amor, ni más destructiva. De nuevo volvíamos a estar frente a frente, y de nuevo la historia se iba a repetir. Por suerte con corazón roto no puede romperse más... ¿o sí?

La bruma empezó a desaparecer, y vi el cuerpo de Caleb, de espaldas, levantando una varita en busca de mi. -Es curioso como pasa el tiempo... y tu mirada sigue igual que hace ocho años. -dije con voz queda, pero firme. Levanté la barbilla y mostré mi nuevo yo en todo su esplendor, para hacerle ver que ya jamás volvería a ser "su pequeña" ni nada que se le pareciese. Era una mujer nueva, con fuerza y capacidad de decisión. La Alyss del pasado había muerto hace mucho tiempo ya... Ocho años, exactamente. -Caleb... -murmuré, con enfado, tristeza, y mucho amor contenido.
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Caleb Dankworth el Dom Ago 24, 2014 5:38 pm

La ráfaga de viento que había salido de mi varita hacía desaparecer el humo que había a mi alrededor, pero aún así seguía sin ver nada, ahí no había nadie...

Sacudí levemente la cabeza mientras entrecerraba los ojos y fulminaba con la mirada aquel vacío que había enfrente de mí. Alyss no estaba ahí, había sido todo un sucio juego de mi mente. Parece ser que por fin aquella soledad que tanto odiaba había comenzado a volverme loco de verdad.

Estaba a punto de darme la vuelta e irme cuando de repente alguien habló a mis espaldas. Aquella voz femenina me petrificó, y sentí como un escalofrío recorría mi columna y el corazón se me subía a la garganta. Pensaba que lo había imaginado todo, que era otro engaño de mi mente, pero entonces ella habló de nuevo y dijo mi nombre. Y entonces supe que todo aquello era real.

Lentamente me giré para mirarla, y me encontré cara a cara con ella. Alyss. Por fin podía verla el rostro, y lo que veía era suficiente para cortarme la respiración. Era ella de verdad, y estaba tan hermosa como siempre. Mis ojos recorrieron sus rasgos finos y delicados, su mirada azul como el cielo que me había hechizado la primera vez que la vi, su cabello largo y rubio casi plateado... Era igual que como la recordaba, su imagen había estado grabada a fuego en mi memoria desde hacía ocho años.

Sin embargo, al fijarme más pude darme cuenta de que antes había tenido razón. Aunque era Alyss, no se parecía a la Alyss que había sido mía hacía casi una década. Un rápido vistazo fue suficiente para darme cuanta de que Alyss había cambiado. No había rastro de esa ingenua inocencia que había sido tan característica de ella hacía años. Ahora era diferente en una manera que no era capaz de explicar... Había algo en su mirada que me decía que aquella no era la misma Alyss a la que yo había alejado de mí hacía años.

"Cómo ha logrado sorprenderme?" me pregunté extrañado. Muy poca gente era capaz de sorprenderme por la espalda sin que yo notase su presencia, y Alyss lo había hecho. Aquello me sorprendió, pues aunque era una acción pequeña, marcaba que en efecto había cambiado.

Pero aquello me daba igual. Lo que importaba era que era Alyss, que la tenía delante de mí... Di dos pasos al frente, muy lentos y cautelosos, casi como si tuviese miedo de que ella fuese a desaparecer si yo me acercaba a ella. Pero Alyss no desapareció, ella era de carne y hueso y continuó de pie ahí delante mío.

-Alyss...- murmuré con un ligero temblor en mi voz. Estuve a punto de alzar la mano y tocar su suave rostro, pero me contuve y no lo hice. Mi expresión se relajó y dejó ver durante una fracción de segundo una sonrisa de pura felicidad y de incredulidad.

Pero entonces esa sonrisa desapareció. Recordé por qué había dejado de ver a Alyss, y mis pensamientos se oscurecieron. No sólo desapareció la alegría de mi rostro, sino que además mi expresión se transformó en una nueva llena de ira.

-¿Qué estás haciendo aquí?- pregunté con tono gélido. Ella no podía estar aquí, la gente que la había amenazado podía estar tras ella todavía. ¡Ella no debería estar aquí!
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Dom Ago 24, 2014 9:49 pm

Estar ahí, frente al que un día consideré el amor de mi vida, me desconcertaba. Quería huir, pero al parecer algo dentro de mi quería quedarse, porque por mucho que tratase de alejarme de él, no podía. Podría mentir y decir que estaba nerviosa, pero no lo estaba. Estaba asustada, enfadada, e inmersa en una nube de adrenalina y euforia que casi sentía que me podían dar superpoderes. Vamos, que estaba al límite de mis capacidades. Posiblemente por eso era que había conseguido adelantarme a los pasos de Caleb. Conociéndole como le conocía, sabía que jamás habría podido hacerlo en condiciones normales. Él era inexpugnable, pero mis armas habían logrado superar su fortaleza de hielo.

Cuando se giró al oír mi voz y volvió a decir mi nombre, algo se rompió en pedazos dentro de mi. Creo que fue la idea de que ya no le quería saltando desde el piso más alto de mi cerebro hasta mis pies. Si, le quería, y moriría queriéndole. Y odiándole, más que a nada. Pero del amor al odio hay un paso, y a Caleb y a mi nos gustaba saltar de un lado al otro de la línea con bastante facilidad. En aquellos instantes estábamos justo en el límite entre saltarnos al cuello y tirarnos al suelo, desnudarnos, y hacer el amor apasionadamente. Yo me inclinaba más por lo primero.

Poco a poco se fue acercando a mi. Pero yo me mantuve como él se había mantenido en aquel tiempo en el que era yo la que caminaba hacía él. Fría y sin moverme, con aquellos tacones que me hacían ser solo una cabeza más baja que él, y mi mirada, fría como el cielo de invierno muy fija en la suya. Me atreví a dar un paso, hasta estar a solo unos centímetros de él, y por momento pareció que nos íbamos a acariciar, a besar y a abrazar. Que nunca más nos íbamos a separar. No era la primera vez que pensaba aquello.

Su mirada era fría, como el hielo, y cortaba. Era como una soga que se te echaba al pelo. Pero en aquellos momentos irradiaba una felicidad ya olvidada. Aunque no tardó mucho en recobrar el gesto gélido que siempre le acompañaba. Su voz sonó como una espada cortando al viento cuando me pregunto que hacía allí.

-Se que cuando me dejaste, pensabas que me estabas haciendo un favor... -dije con tono suave y tímido, recordando a la Alyss de antaño. Le miré con gesto angelical y sonreí, como si fuese una niña tontamente enamorada. Por un segundo, sonó como si le estuviese perdonando. Lamentablemente para él, no era así. -He venido a devolverte el favor. -completé mi frase, alzando la mano y dejándola caer sobre su mejilla sin ningún tipo de reparo (y con bastante fuerza, de hecho). El sonido seco del golpe inundó el callejón, y mi rostro permaneció duro. Sabía que me arriesgaba a una respuesta de la misma dureza.
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Caleb Dankworth el Dom Ago 24, 2014 10:28 pm

Alyss se mantuvo inmóvil mientras yo me acercaba a ella. Me sorprendía aquella actitud tan serena que tenía en aquel momento, como si estuviese hecha de dura y fría piedra. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que había crecido, y definitivamente había poco de la Alyss que conocí en ella. La observé de arriba abajo de nuevo. Su atuendo la daba un adicto frío e incluso algo severo, maduro. Su mirada estaba clavada en mí con una expresión que no sabía descifrar. ¿Acaso me odiaba? ¿O todavía me amaba? Es difícil de saber. Recuerdo el día en que la dejé, diciendo que quería que se marchase lejos, muy lejos, y que nunca volviese. La dije que no quería volver a saber nada de ella. Ella lloraba, asustada y confundida, y me decía que me quería pero yo no la traté bien en un intento desesperado de alejarla de mí. Recordar aquel día todavía me pone enfermo a veces.

"Fue por su propio bien," recordé. "Ella estaba en peligro y yo no podía protegerla."

Cuando la pregunté que qué estaba haciendo allí ella volvió a ser durante un instante la Alyss dulce e inocente de hacía años. Por un segundo pareció que estaba diciendo que lo entendía todo, que no pasaba nada. Eso me provocó un gran alivio, pero fruncí el celo con confusión cuando dijo que iba a devolverme el favor. Entonces, antes de que yo pudiese decir nada, me pegó un fuerte bofetón.

La bofetada me giró la cabeza a un lado, y la marca de su mano estaba grabada en un tono rojizo en mi piel. No dolía, pero sí que escocía. El golpe había sido dado con fuerza, y aquello me sorprendió más que la bofetada en sí. Entendía que me había pegado porque estaba furiosa conmigo por haberla dejado como la dejé, estaba despechada...

"Si está enfadada es que todavía le importas," dijo la voz maliciosa en el fondo de mi mente, pero sacudí la cabeza y me deshice de ese pensamiento.

Aún estaba sorprendido por la fuerza con la que me había dado la bofetada. Años atrás, Alyss no tenía fuerza ni para levantar una piedra del suelo, pero eso había cambiado.

"Han cambiado muchas cosas, por lo que veo..." pensé.

Lentamente giré la cabeza y volví a mirarla. Apreté la mandíbula, intentando calmar el enfado que se estaba creando en mi interior. Alyss seguramente pensaba que la había dejado por los motivos equivocados, y yo odiaba eso. Clavé mi mirada, aún más dura que la suya, en sus ojos azules. La bofetada ya no escocía, pero notaba un ligero ardor en mi mejilla. Si me hubiese pegado cualquier otra persona de lo habría devuelto inmediatamente y con más fuerza, pero me había pegado Alyss. Yo nunca le pondría la mano encima a Alyss...

"Las mujeres de su familia disfrutan pegándome, parece ser," pensé, ligeramente divertido por ello, y a la vez fastidiado.

-Hice lo que tenía que hacer- siseé con severidad.- No podías estar aquí, tenías que marcharte. Tenía que alejarte de mí, era lo mejor.

Era lo mejor, sí, pero era doloroso. No más doloroso que tenerla ahora aquí, enfrente de mí. Quería agarrarla, besarla, estamparla de espaldas contra a pared y hacerla mía como había hecho hace años, pero no podía. Eso era lo peor de todo, que no podía.

Volví a mirarla, y me pregunté por qué había cambiado tanto. Me pregunté qué cosas la habían pasado, qué había sido de su vida. ¿Habría sido feliz? ¿Habría encontrado algún lugar al que por fin había podido llamar hogar? Me pregunté entonces si habría decidido olvidarme con otro hombre, si en estos momentos había otro que era el dueño de su corazón. Aquel pensamiento incrementó la furia que había en mí y oscureció mi mirada. Cuando hablé lo hice con más severidad que antes.

-¿Por qué has vuelto?
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Invitado el Dom Ago 24, 2014 11:21 pm

Después del golpe, me mantuve firme y fría. Un leve brillo en mis ojos descubría que me había dolido pegarle, no solo por el escozor que sentía ahora en la mano, sino porque en el fondo le quería. Pero otra parte de mi disfrutaba plenamente con aquella bofetada. Se lo merecía. El mínimo dolor que pudiese sentir aquel hombre de piedra no era ni una milésima parte del que me había hecho a mi tiempo atrás. Ahora era momento de cambiar los papeles.

Sus palabras no hicieron mella en mi, aunque si me sorprendieron. No entendía muy bien porque había cambiado el argumento sobre la ruptura. ¿Quería decir que en aquel momento me quería aunque me dejase? ¿Que había cambiado de opinión? ¿O que quería recuperarme para no morir solo? Ningún argumento encajaba con el Caleb que conocía, al cual se le daba igual de bien que al actual eso de volverme loca. De múltiples maneras. Era volver a imaginar su torso desnudo, sus brazos, sus ojos desbordantes de excitación sobre mi, y me derretía... Claro, que luego recordaba la ruptura y me daban ganas de volver a darle una bofetada.

-Tú y tu sentido de la responsabilidad. -dije, riéndome de aquella frase de "hice lo que tenía que hacer". ¿Desde cuando Caleb hace "lo que tiene que hacer"? ¿Acaso tenía que tirarse a la hermana de su mujer fallecida? ¿Tenía que abandonarla? A mi parecer, él era más de hacer "lo que no tenía que hacer". Le ponía su papel de chico malo.

Su mirada cortante volvió a mi, más fría y desoladora que nunca, y acompañada de una nueva pregunta. Siempre que me miraba así sentía que estaba leyendo directamente de mi mente, que no tenía nada que ocultarle porque ya lo sabía todo de mi. Pero la verdad era que no tenía ni idea.

-Nunca me fui. -contesté cortante, desafiándole con la mirada mientras daba otro paso hacia delante, con la intención de que él retrocediera. -Yo siempre he sido una cabezota y tu siempre has sido un capullo. Si tu podías hacer el capullo, yo podía ignorarte. -completé mi explicación con bastante exactitud. Moriríamos siendo lo que eramos, por mucho que intentásemos cambiar. Él siempre sería un capullo que me volvía loca, y yo siempre sería una cabezota y una imbécil, pero su imbécil.

-Veo que no has cambiado ni una pizca... -dije con serenidad. -¿Tienes dedos en las manos para contar las tías con las que te has acostado en los últimos ocho años? ¿O ya perdiste la cuenta? -continué, con algo más de enfado en la voz. Se me empezaba a notar que estaba celosa, porque era muy consciente de que se había tirado a medio Londres. Le había estado espiando desde hacia un par de años. -Puede que lo hayas olvidado porque te auto-desmemoriaras, pero puedo recordartelo si quieres. -llegó un momento en el que casi sonaba amenazante. Si, definitivamente estaba celosa, y en ese momento tenía que tener cuidado con su respuesta, o le decoraría la otra mejilla.
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Caleb Dankworth el Dom Ago 24, 2014 11:58 pm

Dio un paso hacia adelante, pero yo no retrocedí. Me quedé donde estaba, mirándola fijamente. Nuestros cuerpos y nuestros rostros estaban a apenas centímetros de distancia, y parecía que había fuego entre nosotros. Si ese fuego quemaba con llamas placenteras o enemigas, eso todavía no lo sabía.

Dijo que nunca se había ido, y entonces mis ojos se abrieron como platos. No me podía creer que Alyss se hubiese atrevido a ignorarme, a desafiarme de esa manera. Cuando la dejé, le dejé muy claro que la quería bien lejos de Londres, y Alyss no era el tipo de personas que se atreven a ir en contra de una orden. Por lo que veo, estaba equivocado en cuanto a muchos aspectos de ella.

Saber que ella había estado en Londres todo ese tiempo me enfureció aún más. Podía sentir mi rostro poniéndose rojo, mis manos se cerraron en puños y temblaban.

-Debería haberte cogido y sacado de la ciudad yo mismo, aunque fuese a rastras- dije. El tono de mi voz era bajo y amenazador, haciendo notar lo cabreado que me había puesto al oír aquella noticia.

Su siguiente comentario me puso de piedra. ¿Me estaba echando en cara las mujeres con las que me había acostado mientras no estaba con ella? Sí, eso era exactamente lo que estaba haciendo. Habría replicado con algún comentario cortante y sarcástico si no fuera porque las palabras que salían de su boca eran ciertas, y no podía negarlo. Después de dejarla habían pasado mil mujeres por mi cama, y yo por la de otras tantas mil mujeres. Todo eran noches de vacía pasión, normalmente producto de una borrachera intensa. Ninguna de aquellas mujeres tenía ni nombre no rostro en mis recuerdos, porque ninguna de ellas habían importado. Para mí habían sido un método de obtener placer y ya está, una manera de escapar de la mierda de vida que llevaba. Una manera de olvidar, aunque fuese por unas horas, que había destruido la única posibilidad que tenía de ser feliz.

-¿Me has estado espiando?- pregunté. Alyss nunca había conocido mi antiguo yo, aquel que era mujeriego y un sinvergüenza. Aquella versión mía había desaparecido por primera vez al conocer a su hermana, y por segunda es al conocerla a ella, así que la única explicación que había a su acusación era que efectivamente me había estado espiando.

No se me escapó la manera en la que dijo aquellas palabras, el rencor, el enfado en su voz... Estaba celosa.

Al darme cuanta de aquel pequeño detallé el enfado desapareció durante un segundo de mi rostro y fue sustituido por una sonrisa pícara.

"Está celosa. Sigue sintiendo algo por mí."

-¿Y qué querías que hiciera? ¿Qué esperabas? ¿Pretendías que me pasase el resto de mi vida en celibato?- pregunté algo burlonamente. No quería ser cruel con ella, pero sus celos y su enfado me ayudarían a entender mejor a aquella nueva Alyss que tenía delante de mí. -Te dejé. Estaba solo, y era libre de hacer lo que me diese la gana.

Alyss iba a pensar que había estado con aquellas mujeres porque yo quería, no sabía que había estado con ellas por culpa del vacío que me causaba su ausencia. Al parecer, aún seguía siendo algo ingenua en algunos aspectos.

-¿Qué has estado haciendo tú todos estos años, acaso?- imaginarme las manos de otro hombre e la suave piel de Alyss me ponía enfermo, y pensar que ella podría haber suspirado el nombre de otro con placer hacía que quisiese matar a alguien con mis propias manos. Pero si yo lo había estado haciendo, ¿qué impedía a Alyss hacer lo mismo?
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Lun Ago 25, 2014 12:25 am

Verle así de enfadado me inspiraba algo de temor. No estaba nada acostumbrada al lado oscuro de Caleb. Sabía que lo tenía, pero jamás lo había mostrado conmigo. Puede yo fuese la única persona a la que Caleb había tratado con cariño (viva, al menos). Jamás me había hablado como lo estaba haciendo en aquellos momentos.

-Podrías haberlo hecho. -dije, respondiendo a su amenaza con otra. -Pero habría vuelto, mil veces si hubiese sido necesario. -en aquel momento dejé mostrar un atisbo del amor por él que aún quedaba dentro de mi. Las chispas casi salían de mis ojos, me estaba costando contenerme para no derrumbarme. Puede que él estuviese acostumbrado, pero yo no.

Me divirtió un poco el hecho de que a Caleb le sorprendiese lo que le estaba diciendo. Él era más que consciente de la realidad en mis palabras, y puede que no le gustase lo que decía, pero tenía que acostumbrarse a ello. Tenía muchos más secretos suyos que revelar que él no podía ni imaginar.

-Yo no usaría esa palabra. -dije con tono gracioso y dubitativo. -Solo me he informado.

La verdad era que la mayor parte de la información que había obtenido no me gustaba. Caleb era muy distinto a lo que yo había pensado que era cuando le conocí. Pero posiblemente, al ir descubriendo poco a poco su nuevo yo, me hubiera enamorado también de su otra faceta. Me habría enamorado de todas sus facetas. Pero él no parecía tan conforme ante la idea de que yo hubiese podido estar obteniendo placer de otros hombres. Estaba tan celoso como yo. Aunque él, en realidad, no tenía motivos.

-Yo no tengo esa imperiosa necesidad de tener sexo que al parecer os domina a los hombres. -contesté cortante, arrepintiéndome al segundo de haber dicho aquello. Prefería que pensase que, en efecto, había estado con otros. ¿Que clase de pringada se reserva para su primer y último gran amor? Al parecer, solo yo. -Pero puede que más de un par. ¿Acaso te importa? Sabía que no era la primera, aunque tenía la esperanza de ser la última. -seguí con tono marchito, entre celos, nostalgia y enfado. Odiaba la imagen de Caleb sobre otra mujer, un nombre X en su boca haciéndole sentir lo que un día le hice sentir yo. Tenía la falsa esperanza de haber sido la mejor.

-No se si pretendes que me vaya, pero no lo pienso hacer. Tengo una vida y un trabajo aquí. -dije estirándome la chaqueta negra del uniforme. -Esta vez, si quieres alejarte de mi, tendrás que irte tú. -casi sonó como un bufido. Pero no quería que se fuera, quería que se quedase. Aunque fuese a metros de distancia, aunque nunca volviéramos a cruzar palabra. Necesitaba poder seguir oliendo su perfume por las calles, y seguir viendo su mirada en los escaparates. Si llegase a irse, iría como una sombra silenciosa tras de él. Hasta el fin del mundo.
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Caleb Dankworth el Lun Ago 25, 2014 12:50 am

Aunque me enfurecía el tono amenazante con el que me hablaba, tenía que admitir que me divertía. Jamás había oído a Alyss hablar así, y era casi como una maravilla. En otra ocasión hasta a lo mejor me habría sentido orgulloso de ella por haber madurado tanto.

-Y yo te habría sacado de aquí cuantas veces hicieran falta. Es más, debería hacerlo ahora.

Podría hacerlo. Podría cogerla en brazos, desmayaría, llevarla a algún lugar lejano donde estaría segura y borrar su memoria para que yo nunca hubiese existido y así no volviese a Londres. Pero al mirarla a los ojos y ver esa chispa en ellos, una chispa que me indicaba que en el fondo aún sentía algo por mi, al igual que yo sentía algo por ella, me lo impedía.

Dijo que sólo se había informado, y lancé una risotada.

-Ya- dije, asintiendo levemente con la cabeza y mirándola con diversión. -¿Y de qué más te has informado? ¿O sólo tenías interés en ver a quien me cepillaba?

Contestó a mi réplica con una respuesta que me sorprendió, pero a la vez me dejó satisfecho. No había estado con ningún otro hombre. Ella intentó hacerme creer lo contrario, pero su respuesta inicial me había dejado fuera de dudas, no había estado con nadie aunque quisiese hacerme creer lo contrario. Eso me hizo sonreír de nuevo, pero esta vez la sonrisa no fue pícara, sino sincera. Los celos se alejaron de mí, haciendo que un poco de la furia que residía en mi interior desapareciese. Alyss había sido mía, y sólo mía... Mientras pensaba en aquello alcé una mano lentamente, y jugueteé con uno de sus mechones rubios plateados entre mis dedos. El contacto con su cabello me trajo recuerdos y una placentera sensación de cosquilleo en las puntas de mis dedos.

Dijo que yo tendría que irme si quería alejarme de ella, y la miré con los ojos entrecerrados, intentando adivinar qué rondaba por su preciosa cabecita. ¿Cómo podía ser tan tonta? ¿Realmente pensaba que yo quería alejarme de ella? ¿Realmente pensaba que aquella era la razón por la que la dejé? ¿Tan poco me conocía? ¿Tan poco la había demostrado lo que la quería, lo que significaba para mi? ¿Tan ciega estaba?

Ella no tenía ni idea de por qué la quería lejos de mí. Yo... Yo adoraba mi mundo. Adoraba la vida de oscuridad, maldad y sangre a la que me había entregado desde que era muy joven. Adoraba ser quien era y como era, y no lo dejaría por nada del mundo. Cuando Alyss llegó a mi vida como un torbellino y lo revolvió todo, nunca quise dejar de ser lo que era. Pero ella y yo éramos como el agua y el fuego, completamente diferentes e incompatibles. Ella era buena, inocente... La quería a pesar de eso, pero sabía que mi mundo solo la haría daño, y eso me fue confirmado un día. Por eso decidí dejarla, porque no quería que la hicieran daño... Pero ella nunca supo eso.

No quería hacerla la pregunta que iba a hacerla, pero no pude resistirme.

-¿Por qué crees que te dejé?- pregunté, y mi miraba indicaba que esperaba una respuesta completamente sincera.
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Caleb DankworthJefe Departamento

Invitado el Lun Ago 25, 2014 1:17 am

Era consciente de que si Caleb quería sacarme de su vida, podía hacerlo. Era desmemorizador y con un conjuro me tendría totalmente en blanco. Pero yo sabía que nuestra historia había sido algo para él, y que no quería borrarla porque eso significaba olvidarla para siempre. En el fondo, sabía que atesoraba nuestros recuerdos.

-De todo un poco. -confesé con sinceridad. Aunque era más correcto decir "de todo", simplemente. -Lo de tus múltiples amantes era inevitable. Entraban en tu casa noche si, noche también. -exageré ligeramente, pero no era del todo falso. Aunque se tomaba sus descansos, a Caleb le gustaba vivir la vida al límite. -Al menos vas de una en una. -me estaba enfadando. Estaba rematadamente muerta de celos, y le habría arrancado el pelo a todas aquellas mujeres si hubiese tenido ocasión.

Pero su mirada sobre mi me hacía sentir como la única en el mundo. Como si aquellas mujeres jamás hubieran existido, ni pasado por su vida. Su mano se elevó hasta donde estaba mi cabellera plateada, y empezó a jugar con un mechón entre sus dedos. Aquello me traía tantos recuerdos... Noches tumbados en buena compañía. Él jugando con mi pelo y yo acariciando su pecho. Demasiados buenos recuerdos. Pero me dejé, no tenía nada que perder.

La pregunta que vino a continuación me desorientó. Pensaba que él sabría mejor que nadie las razones, pero puede que yo estuviese equivocada.

-Puede que tu mundo fuera demasiado oscuro para la niña que yo era. Aunque por aquel entonces yo no lo sabía. -dije, respondiendo con sinceridad. -Posiblemente necesitaras a alguien que se adaptase más a tus necesidades, aquellas que yo era incapaz de satisfacer... -pronunciar aquellas palabras me hacía sentir como una mierda, como si no valiese nada. Pensaba que Caleb se había ido de mi lado porque ya no me necesitaba, porque se había cansado de mi. Él necesitaba a una mujer madura, que le ofreciese lo que él necesitaba para ser feliz. Puede que conmigo no lo fuera.

-Pero...las cosas han cambiado mucho. -dije, desabrochándome la chaqueta negra muy lentamente. Debajo llevaba una camisa de tirantes, de color blanco impoluto. Me desprendí de la chaqueta y la dejé caer al suelo, dejando mis brazos al descubierto. -Ya no soy la niña que era. -giré el antebrazo, dejandole ver la marca tenebrosa, negra como la tiña sobre mi blanca piel de porcelana. -Y nunca volveré a serlo. No necesito que me cuides, ni que me protejas. Así que no lo intentes.

En realidad aquella mancha sobre mi brazo no significaba nada. Era una elección más, una marca más de los caminos que elijes en la vida. En mi caso, aquella decisión había sido tomada con desesperación, pero la iba a mantener como había prometido.

-¿Ves como no somos tan distintos? -susurré mientras tomaba con determinación la mano de Caleb, donde sabía que pocos centímetros más arriba se encontraba la misma marca que yo lucía. -Como ves, me he informado muy bien. No me intentes ocultar quien eres.
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Caleb Dankworth el Lun Ago 25, 2014 6:12 am

Cuando le hice aquella pregunta pareció sorprenderse, pero contestó diciendo que a lo mejor mi mundo era demasiado oscuro para una niña como ella. Tenía razón, lo era. Aunque yo no me hubiese enterado de las amenazas que habían caído sobre Alyss, seguramente habría acabado rompiendo con ella de todas formas solo por el hecho de que nuestros mundos eran tan distintos. Ella era de la luz, yo pertenecía a la oscuridad y siempre sería así.

No pregunté cómo había llegado a la conclusión de que mi mundo era oscuro, pero ella nunca había visto como era mi mundo en realidad. A ella solo le había enseñado la parte buena, la parte bonita que ella podía disfrutar; todo lo demás había permanecido oculto. Pero supongo que si me ha estado espiando durante estos últimos años, habrá conseguido información que le hace ver que mi vida no es tan bonita como ella pensaba. Seguramente se había enterado de todas las desgracias que me rodeaban, toda la muerte... En muy poco tiempo yo había perdido a casi todo el mundo de una manera horrible, y eso no era bonito. Tenía que ser esa la oscuridad a la que se refería Alyss, aunque mi mundo estaba dominado por una oscuridad mucho más siniestra que la de la tragedia... Pero Alyss no podía haber averiguado nada sobre esa parte de mi vida, era imposible.

Cuando dijo que a lo mejor yo necesitaba a otra mujer que pudiese satisfacer mis necesidades no pude resistirme y solté una risa baja y fría que parecía casi cruel. Negué con la cabeza levemente mientras miraba a Alyss fijamente. ¿En serio se creía eso? Si había estado observándome tanto como para saber todo acerca de las mujeres que calentaban mi cama, entonces debería darse cuenta de que la manera en la que me porto con ellas no es no parecida a la manera en la que me portaba con ella. Sólo eso debería hacerla ver que para mí era mucho más que un medio para satisfacer mis necesidades. Ella no había sido todo. Quería decírselo, pero no podía. Si lo hacía tendría que decir toda la verdad, y no quería hacerlo.

Estaba a punto de contestar a lo que ella había dicho, pero no pude llegar a hacerlo porque ella comenzó a desabrocharse la chaqueta. Fruncí el  celo y la miré confundido, sin entender por qué hacía eso después de decir que las cosas habían cambiado mucho. ¿Qué pretendía hacer? ¿Quitarse la ropa ahí mismo y entregarse a mí en un arrebato de pasión producido por nuestro repentino e inesperado reencuentro? Estaba en el proceso de decidir si aquello me gustaría o no cuando de repente Alyss dejó caer la chaqueta al suelo, dejando a plena vista sus brazos desnudos.

Mi mirada recorrió su suave piel, intentaba adivinar la forma de su cuerpo por debajo de la camisa blanca, y cierto brillo apareció en mis ojos. Aquel brillo desapareció cuando mi mirada se posó en el brazo de Alyss, y pude ver lo que ella me estaba enseñando. Ella me estaba hablando, pero no oía lo que decía; era como si de repente el mundo se hubiese vuelto mudo por culpa del choque que me estaba provocando aquello que veía en su piel...

La Marca Tenebrosa. La calavera con lengua de serpiente que marcaba a uno como fiel seguidor de Lord Voldemort. La misma marca que yo tenía grabada en mi brazo desde hacía años...

"¡No puede ser!" exclamó una voz en mi mente. Yo no era capaz de apartar mi mirada de la marca en el brazo de Alyss, aún sin poder creer que estuviese ahí. "Es Alyss. La dulce, inocente y buena Alyss. Ella no puede ser mortífaga, es imposible. ¡Es imposible! Ella no es como nosotros. No tiene sentido. No puede ser verdad."

Pero sí que era verdad, ahí estaba la Marca Tenebrosa en su brazo para demostrarlo. Intentaba convencerme a mí mismo de que algo terrible le había pasado a Alyss. La habrían encontrado y la habrían obligado a jurar lealtad a Lord Voldemort, si no nada de esto tenía ni pies no cabeza...

Ella seguía hablando, pero casi no la oía. Seguía demasiado en shock, pero volví a mis cinco sentidos cuando sentí su mano cogiendo la mía. Aparté la mirada de su brazo para dirigirla a nuestras manos, y entonces la oí decirme que no le gustase lo que era. Y entonces súper que ella sabía que yo también tenía la misma Marca que ella en el antebrazo.

La ira explotó dentro de mí como un volcán, y en un abrir y cerrar de ojos había agarrado las muñecas de Alyss y la había empujado hacia atrás hasta estampar su espalda contra la pared del callejón. Había querido hacer eso desde que la vi en un arrebato de pasión, pero lo que estaba haciendo en este momento no era fruto de la pasión en absoluto. Estaba colérico, furioso con ella. Sentía la cena de mi sien hinchada y palpitando como si estuviese a punto de explotar. Mi rostro estaba rojo y acalorado, contraído en un gesto de furia a apenas unos centímetros del de Alyss. Todavía agarraba sus muñecas y mantenía sus brazos contra la pared con fuerza para inmovilizarla.

-¡¿QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO?!- bramé en su cara, dejando que toda la ira saliese de golpe de mi cuerpo, como un tsunami atacando la orilla.- ¡¿A QUÉ JUEGO CREES QUE ESTÁS JUGANDO?!

Le di un puñetazo a la pared justo al lado de Alyss. Los nudillos me reventaron y salió sangre de ellos, pero no me importó, en aquel momento no tenía tiempo para el dolor. Volví a sujetar con fuerza y brusquedad el brazo de Alyss con esa mano. No lograba entender cómo había pasado eso. Me sentía fatal por lo que estaba pasando en ese momento. En otra época, tal vez en el pasado, me habría alegrado muchísimo de descubrir que Alyss se había unido a nuestras filas. Eso significaba que no tenía que seguir preocupándome de que fuésemos demasiado distintos, o de que nuestros ideales y nuestras alianzas y nuestro deber nos separasen. Pero en este momento, enterarme de que ella era mortífaga no era un alivio en absoluto. La había alejado de mí (provocándome gran dolor y sufrimiento al hacer aquello) para alejarla de mi mundo, porque sabía que ella no encajaba en él. ¡Diablos, si Alyss hasta había recibido amenazas de mortífagos por culpa de su asqueroso padre! Aquella había sido la principal razón para alejarla de mí, porque si permanecía en Londres y aquellos mortífagos hacían lo que habían prometido hacer yo no podría protegerla. Para protegerla tendría que matarlos, y yo no puedo ir en contra de los siervos del Señor Tenebroso. Aquello sería casi lo mismo que cometer traición. Y ahora... Ahora Alyss se había vuelto uno de nosotros, se había convertido exactamente en la cosa de la cual quería protegerla.

La agité, todavía furioso, tratando de conseguir una respuesta que me hiciese entender aquella locura.

-¡¿Por qué has hecho esto?!

La solté, y traté de calmar mis manos temblosas. Me agaché y recogí su chaqueta del suelo y se la tendí.

-Ponte esto antes de que venga alguien y te vea eso- dije, mirando otra vez la Marca Tenebrosa de su brazo.
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