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Warmness On The Soul [Drake Ulrich]

Fiona T. Shadows el Dom Ago 24, 2014 1:13 am

Recuerdo del primer mensaje :

Pub de Londres.
21.20 horas.
Drake Ulrich.


Apoyó ambas manos sobre el tocador de su dormitorio y echó un último vistazo a su apariencia. Buscó en el cajón inferior y no tardó en sacar un lápiz de ojos y rímel. Acabó de maquillarse y dividió su pelo en dos, dejando cada mitad a un lado sobre cada hombro. Miró una vez más al espejo y tiró del vestido negro ajustado que llevaba en aquel momento. Miró el reloj sobre la cómoda y se dio cuenta que llegaba tarde. Ya pasaban diez minutos de las nueve, y había dicho a Drake que estaría a esa hora esperándole en el lugar que habían acordado. Negó con la cabeza y comenzó a corretear por la habitación en busca de los últimos detalles. Cogió unas botas de tacón y se las colocó a saltitos mientras buscaba entre los cajones su cartera. Como era de esperar, no sabía dónde ponía sus cosas, o más bien, estas tenían la extraña manía de desaparecer cuando las necesitaba.

Finalmente, tras otros cinco bonitos minutos que añadir a su lista del retraso a la hora de aparecer cuando se queda, Fly dio con su cartera. Metió todas las cosas en un pequeño bolso y cogió un chaleco vaquero para terminar de vestirse. Una última mirada en el espejo. Estaba tan nerviosa que le temblaban las piernas, por lo que volvió a sentarse sobre la cama y miró el suelo. Notaba un agujero negro en el estómago, amenazando como si en cualquier momento fuera atacarla y acabar con su vida. Casi que lo prefería a tener aquella incomodidad devorándola desde dentro. Su vista estaba clavada en el suelo cuando volvió a mirar el reloj: las nueve y veinte. Más dolor de estómago, incluso comenzaba a estar algo mareada. Cerró los ojos mientras levantaba la cabeza, intentando así que aquella mala sensación pasase. Pero no lo hizo. Por lo que optó por salir de allí con la esperanza de que el tiempo fuera el encargado de hacer desaparecer aquel nudo en el interior de su estómago. Suspiró una vez más antes de que la estancia que la rodeaba cambiara por completo.

Ahora estaba en una de las calles paralelas a la principal, donde había quedado con Drake. Aceleró lo más que pudo y llegó hasta la calle principal. Era consciente de que llegaría tarde y que Drake llevaría un tiempo ahí esperando. Y efectivamente, ahí estaba. Una sonrisa nerviosa surgió en su rostro al reconocer su espalda. Una de las cosas que más le gustaban de Drake era su espalda. Era alto, y su espalda no era precisamente pequeña. Era una de esas personas que ofrecen seguridad con solo mirarte, y más si eres Fly y no llegas si quiera al metro sesenta de altura. Frenó de seco al situarse a varios metros de distancia. Drake estaba dado la vuelta, mirando en dirección opuesta, y no pudo evitar aumentar su nerviosismo. Aquel agujero negro en su interior volvía con más fuerza ahora que le veía.

Hacía apenas tres días que se habían visto por última vez en casa de Drake tras la búsqueda de la placa perdida, y los días posteriores tan sólo habían cruzado un par de miradas en el trabajo. Al parecer, el Ministerio de Magia te obligaba a trabajar cuando menos ganas tienes. Aunque teniendo en cuenta que Fly no tenía ganas de trabaja nunca, no era algo muy alentador. Desde aquel último encuentro su cabeza había estado más en las nubes que en otro sitio. No sabía cómo comportarse en aquel momento, y había estado pensándolo durante los días previos. ¿Qué hacía ahora? ¿Le saludaba como si nada? ¿Se comportaba como si nada hubiera ocurrido en su cocina tras lanzarse huevos y harina? No, no podía hacer eso. Pero tampoco sabía cómo comportarse. ¡No se le ocurrían más opciones posibles! Se mordió el labio pensativa y retomó el paso hasta situarse a la izquierda de Drake, mirando en la misma dirección en la que él lo hacía. - ¿Estamos mirando algo  o simplemente mirabas la nada para parecer interesante? – Teniendo en cuenta que tenía cierto grado de miopía, que no llevaba gafas ni lentillas en aquel momento y que era de noche, el hecho de no ver lo que Drake quisiera que estuviera mirando, era una opción muy factible. – Perdona, se me fue la hora entre unas cosas y otras. – Se disculpó aún notando cómo sus pómulos ardían. En aquel momento era consciente que la tonalidad de su piel no sería la pálida que acostumbraba a ser, sino que tendría tantos coloretes como Heidi correteando por el campo con las cabras. – Pero… Te invito a algo luego para compensarlo. – Añadió. Como acto reflejo, cogió la mano del chico y tiró de él, metiéndose por una pequeña calle situada a pocos metros de donde estaban.

La magnífica idea de Fly para quedar con Drake había sido lanzándole una bola de papel con la hora y el lugar aquella misma mañana. Sí, maneras absurdas para quedar con alguien. Fly era una experta en comportarse de manera absurda, así que aquello no era precisamente algo raro. – Por aquí, ya llegamos. – Sonrió sin soltar su mano y cada vez acelerando más hasta que de pronto frenó en seco sin dar aviso previo alguno. - ¡Aquí es! – La fachada era de color negro con columnas de piedra. Las cristaleras, grandes y divididas en cuadrantes, dejaban ver el interior del local, donde parecía no haber demasiada gente por el momento. En la parte superior de la fachada, con letras doradas podía leerse “The Cadogan Arms”. Fly abrió la puerta del local tras soltar la mano de Drake y entró sin si quiera esperar a su acompañante.

El pub contaba con una gran barra situada al fondo y con mesas altas rodeadas de taburetes. A la derecha, podía verse una diana donde un grupo de chicos jugaba a los dardos. En el lado opuesto, había un pequeño futbolín y una pared que separaba a una sala contigua con billares. - ¿Una cerveza? – Preguntó a Drake al girarse para mirarlo.

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Drake Ulrich el Sáb Sep 06, 2014 8:15 pm

Y si me lo había contado, se me había olvidado. No obstante, si en algún momento de tu vida te cuentan algo, se te olvidan y te lo vuelven a recordar, recuerdas que ya lo sabías. En este caso, o se me había olvidado o de verdad que no me lo había contado nunca. Y no me extraña, yo desde siempre había visto Fly como un diminutivo de Fiona. Aunque como todos podemos observar, sólo tiene en común la F. Por aquel entonces ese tipo de cuestiones ni se me prestaban a ser pensadas. Fly era bonito, ella era bonita y… me daba igual de dónde saliera el nombre. Actualmente, como tengo veintiséis años y mi intelecto me lo permite, puedo preguntarme este tipo de cuestiones muy dignas de mi edad.

Me acuerdo que en Hogwarts siempre se quejaba de su hermano Matt, a veces venía y me decía que le caía bien su hermano, pero la gran mayoría de veces era justamente lo contrario. Sonreí al escuchar la explicación. ¿De verdad que nos hacía llamarla Fly porque no le gustaba Fiona o porque desde pequeña le llamaron así? Seguro que se acostumbró, porque es imposible que piense que Fiona es feo…

A no ser que uno de los hermanos viva para joder al otro, la fraternidad es una de las pocas cosas que se rompen —Yo con mi hermano pequeño no tenía mucho feeling, pero porque él se había quedado en Italia tras graduarse en Hogwarts, cuidando a mi madre. Pero siempre que nos vemos seguimos igual de bien— Pues me gustó la historia. ¿Seguro que no te gusta Fiona o es que te acostumbraste a que te llamaran Fly y Fiona de repente sonaba a sida frente a ese mote tan mono? —pregunté, evitando hablar de su difunto hermano, ya que lo que menos quería era recordarle que precisamente él ya no podría llamarle Fly.

Dejé de lado, por dignidad, el indignante tema de conversación sobre mi bigote. Que va a saber ella de bigotes, si no tiene bigotes. No sabe nada. Nada, Fiona de las Nieves. Mi bigote era muy guapo y yo todavía lo era más. Es que vamos… Qué manera de traumatizar a mi pobre vello facial. Y ahora también era lo más lógico atentar contra el cazador del equipo enemigo por diversión. Menos mal que tenía una saeta y se movía rápido, si no aquellas bludger me hubieran dado más de una. Además de que… no me acuerdo quién era, pero mi golpeador era un crack que siempre estaba atento de esas bludger traicioneras mandadas a consciencias por Fly. ¡Si llego a estar en la enfermería ya no tendría tanta gracia!

Fly, no busques excusa, eres una loca sádica. Pretendías arrancarme la cabeza con esas bludger para tener una excusa por la que llamarme tonto —Me escuché a mí mismo, por lo que alcé el dedo índice, esperándome sus próximas palabras— ¡Y no me digas que ya tenías excusas porque era Hufflepuff! ¡Ambos sabemos que unas notas con todo Extraordinario no lo saca un tonto! —recriminé antes de que ella pudiera meterse, OTRA VEZ, conmigo y con mi casa en una defensa muy poco currada por mi parte.

El billar lo habíamos dejado de lado, por mi parte me gustaba mucho ese juego, pero no era muy bueno que digamos. Podía calcular teóricamente todas las trayectorias que debían seguir las bolas para meterse en el agujero adecuado, no obstante, en la práctica tenía cierto retraso al apuntar. De todas maneras, no me quejaba, prefería mil veces hablar con Fly a seguir jugando, pues con la suerte que tengo iba a terminar metiendo la negra antes de terminar con todas las mías, las cuales ni recuerdo si eran las lisas o las rayadas.

Nos contamos resumidamente cómo habían sido nuestras vidas después de graduarnos, ya que básicamente lo único que sabíamos del otro después de graduarnos eran nuestras notas, porque no pasó mucho tiempo desde que nos distanciáramos. En mi vida habían pasado muchas cosas interesantes, o para mí por lo menos hasta el más mínimo detalle era interesante, pero ni de lejos me acordaba de todas y cada una de ellas. Le conté los datos más importantes y aquellos que tenían cierta relevancia en mi vida. Por ejemplo, no iba a contarle que a Poring en cierta ocasión le dio otitis por verterse té en los oídos. No, eso no era relevante, eso era una gilipollez anecdótica que en ocasiones era graciosa contar.

La verdad es que si Fly me hubiera dicho en su momento cualquier excusa, me la hubiera creído. Lo peor que pudo hacer fue irse sin decir absolutamente nada. ¿En dónde me deja eso a mí? Me deja en mi sillón, con la mirada perdida, pensando en todas las razones por las que se pudo haber ido, en donde, en la gran mayoría, yo tenía algo que ver. Si no… ¿por qué simplemente no decírmelo? Me conocía a la perfección, ¿se creía que no iba a respetar su decisión? Al no decírmelo parecía que se ahorraba el hacerme pasar por una culpabilidad que aun así me eché totalmente encima. Que sí, que la odié, pero al final me di cuenta de que si la odiaba, no me la quitaba de la cabeza y eso era todavía peor. Intenté buscar el término medio y al final, después de mucho tiempo, llegó el momento de dejar de odiarla. Al fin y al cabo nunca me había hecho daño. Asumí que ella fue el problema y dejé de odiarla. Rencor… eso era otra palabra muy diferente a odio, pero igualmente yo no era un chico rencoroso que pretende devolver con venganza.  Y muchos menos ahora que está aquí de nuevo. Lo menos en lo que puedo pensar es en el pasado, lo que a mí me interesa ahora es el presente.

Me explicó el motivo de su ida. Después de tanto tiempo había llegado a asumir que jamás conocería el porqué. Lo de pensar que Matt acabaría en el lado oscuro no era muy difícil. Pocas veces hablé con mi cuñado —cuñado, ¿eh?  Suena raro— pero fueron suficientes para ver qué era un tío bastante raro. Y estaba claro que no iba a terminar trabajando en el Ministerio. Mientras Fly me lo contaba todo, yo negué con la cabeza.

¿Tus padres pensaban que podías llegar a ser una mortífaga? ¿Acaso no te conocían? ¿No sabían que estabas saliendo con un Hufflepuff? ¡Los mortifagos hacen caca sobre los Hufflepuff! —aproveché para decir lo evidente, por mucho que me hubiera auto-pegado en mi pequeño orgullo de Hufflepuff—. ¿Te fuiste para alejarte de tu hermano? —Me pidió disculpas y la verdad es que más vale tarde que nunca. Sonreí. Estaba allí con ella, por lo que evidentemente no pasaba nada—. Hubiera respetado tu decisión, no era meterme en tus problemas… —añadí, mirándola con cara de circunstancia.  

Si “morirse de amor” existiera, estaría en un punto crítico. Y pensar que después de tanto tiempo, la única mujer por lo que volvería a sentir lo más fuerte es, sin ir más lejos, la primera y única con lo que he sentido. No apartaba la mirada de ella y es que a pesar de todo el daño que pudo haberme hecho, en aquel momento no me importaba. Ni me importaría. Sin duda alguna no podía pensar ninguna otra mujer que fuera como ella. Esbocé una sonrisa de felicidad, más bien pequeña pero auténtica, cuando me dijo que para ella también había sido sólo yo. Supongo que después de siete años, quieras o no, una persona deja huella en otra.

Te odié —dejé claro, haciendo de mi sonrisa una mucho más traviesa— Creíste bien. Pero si me esforzaba en odiarte tanto, era todavía más difícil intentar sacarte de mi cabeza. —agregué, con un gesto de lo más divertido mientras me encogía de hombros.

No sabía ella, pero ya había tenido suficiente tortura durante los días laborales en el Ministerio como para encima tener que reprimir mis ganas de besarla teniéndola a esa distancia. Y mucho más después de hablar de todo esto. ¿Quiere ablandarme el corazón? Porque lo ha conseguido. Me encantaba este sentimiento y, al contrario de ella (a pesar de ignorarlo), no lo consideraba una debilidad, sino una fortaleza. Acorté las distancias y la besé lentamente. Ella se separó de mí, pero no tardó en rodear la mesa para ponerse justo en frente de mí. Por una vez en su vida, podría alardear de ser más alta que yo. Miré hacia arriba y esbocé una ladeada sonrisa ante su comentario, recibiendo nuevamente un beso. ¿Veis como siempre es culpa de ella? No sé qué voy a hacer con esta mujer… Mis manos se posaron suavemente sobre sus piernas, lo único cerca que me quedaba y disfruté de aquel beso como ninguno, libre de preocupaciones y, sobre todo, consciente de que ninguna duda —o proceso natural en dónde necesitaría un retrete— iba a meterse en medio de aquella perfecta sensación.

¿Perdone? —preguntó ALGUIEN, desde la espalda de Fly. ¿Te llamas “duda” o “proceso natural dónde necesitaría un retrete”, pedazo de entrometido? Me separé de mi chica favorita y miré a ese intruso ser. Era un chico, más o menos de nuestra edad, el cual miraba con ojos de corderito degollado a los palos de billar que teníamos en nuestra posesión.
¿Qué? —pregunté y, sorprendentemente, soné simpático.
¿Vais a jugar? Es que las otras mesas están llenas… —Miré a Fly y, teniendo en cuenta nuestra gran habilidad era digno terminar la partida, pero sin duda no me importaría ceder la mesa. Dejé que ella eligiera porque es la mujer y las mujeres mandan. A veces. Sólo en ciertas ocasiones.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Dom Sep 07, 2014 12:45 am

A fin de cuentas para eso estaban los hermanos. Para dar por culo durante toda su mísera existencia y ponerte motes absurdos con los que hacerte bullying durante el resto de tu vida. Por suerte, a pesar de ser un capullo integral, Matt había hecho algo bien en su vida. Había creado un diminutivo para el nombre de su hermana y resultó ser agradable. Para otra cosa no servía, pero para eso había sido útil. Un mini punto para el equipo de los hermanos capullos con complejo de mortífago guay por ser sangre pura. – Cuando era pequeña no me gustaba nada. Es más, con seis o siete años pasé semanas sin hablar a mi madre porque me enteré que fue ella quien eligió mi nombre. Luego me enfadé con mi padre otras semanas porque le permitió ponerme ese nombre. – Rió. En realidad aquella escena había sido bastante cómica, y más teniendo en cuenta que su madre se ponía paranoica cuando sus hijos hacían algo que no le agradaba y que su padre era el ejemplo de pasotismo personificado. “Papá, tengo seis años y me voy de casa”, “Vale cariño, pásalo bien”. Sí algo así, aunque normalmente iba acompañado de un “tráeme tabaco cuando vuelvas”. Ese hombre era todo un panorama, lo peor de todo es que se pasaba el día en pijama y a Fly le hacía muchísima gracia aquello. Muchas veces iba a hablar con él, de padre a hija, todo muy serio, de temas complicados y le veía con su pipa a medio fumar y su pijama de ositos, y la pobre se descojonaba en su cara. Lo peor de todo es que era ella quien le compraba esos pijamas para que hiciera el ridículo por su casa, lo que no pensaba era que tendría las pelotas de usarlos de verdad. – Con los años me fui acostumbrando a mi nombre y tampoco me desagrada. A ver, hay nombres mejores, pero también los hay mucho peores Pero sí, Fly es mucho más mono, por eso te encanta. Eso y porque es mi nombre, está claro. – Añadió manteniendo un tono bromista. Aunque aquello no era broma, obviamente.

¿Los sádicos son los que les gusta ejercer violencia sobre los demás, los apasionados de la sangre o los que les gusta el sexo mientras se golpean? Aquello era confuso. Aunque los apasionados de la sangre también pueden ser vampiros y los del sexo con golpes, simplemente gilipollas. Vamos a ver, con lo maravilloso, entretenido y divertido que es el sexo, ¿Para qué quieres que te golpeen? Eso le quita toda la magia. ¡Que los golpes duelen! La gente estaba loca.

- Si te arrancara la cabeza no podría haberte dejado tonto. Podría haberte dejado haciéndole bullying a Nick Casi Decapitado porque tú estarías decapitado y él no. – Nuevo fantasma de Hogwarts, Drake Hufflepuff inútil decapitado. Era un nombre precioso, a la altura del Barón Sanguinario o el Fraile Gordo. En serio, ¿Quién les puso esos estúpidos motes? Todos tenían nombres que no usaban, aunque como todos fueran tan largos como el de Nick, mejor estaba el estúpido mote. Una vez el fantasma que habitaba en la torre de Gryffindor estaba discutiendo con el Barón Sanguinario, el fantasma de Slytherin, en las mazmorras acerca de las ventajas de poder medio separarse la cabeza del resto del cuerpo. El fantasma gritaba para tener la razón mientras que el barón se dedicaba a negar con la cabeza. En el momento que Nick fue a contarle la historia de su casi decapitación – posiblemente por decimoctava vez en lo que iba de curso – el barón atravesó una de las paredes y se fue. Nick, enfadado, acabó girando sobre sí mismo y atravesando a un grupo de alumnos de Slytherin que volvían a la  Sala Común. Pobre Fly, jamás había sentido algo tan raro como cuando un fantasma pasa a través de tu cuerpo.

La castaña se limitó a negar con la cabeza cuando Drake buscó el método de demostrar que no era estúpido. Oh, había sacado Extraordinarios, que extraordinaria noticia. – Todos los tontos tienen suerte. – Y podía haber continuado metiéndose con él, pero prefirió no hacerlo. No porque no le gustase meterse con él, sino por darle un poco de tregua al cerebro de Drake para que se centrara y pudiera asimilar lo que hablaban, pues de tanto insulto acabaría quedándose gilipollas. Más aún.

Vamos a ver, si tu hijo es un capullo integral que odia a tu propia familia por dos razones. Una, a su madre por ser una sangre limpia que acabó casándose con un nacido de muggles. Dos, a su padre por ser un nacido de muggles. Y como suplemento, que el hombre era gilipollas, pues pasaba lo que pasaba. Y si tú hija tiene tendencias a meterse en problemas y no le importa demasiado la integridad del resto del mundo, pues puedes tener miedo de que acabe siendo tan gilipollas como su hermano. Y como padres preocupados, mejor mandar lo más lejos posible a la persona que no había hecho nada. Aunque bueno, eso era bueno teniendo en cuenta los líos que había en casa todos los días. – Son padres, piensan gilipolleces. – Se encogió de hombros. – Por así decirlo, sí. – Volvió a encogerse de hombros. – Supongo que no quería meterme en los problemas que había en mi casa por aquel entonces y no dudé cuando tuve la oportunidad de alejarme de ellos. El último curso en Hogwarts las cosas empeoraron y cuando llegó el verano todo fue incluso peor. Cuando mi madre me dijo que podía irme fuera a estudiar vi que era la mejor opción. – Aún se arrepentía de haber decidido hacer caso a su madre, pero en cierto modo lo agradecía.

Pensándolo fríamente y echando la vista atrás al pasado, podía haber elegido quedarse. Buscarse la vida fuera de casa y hacer lo mismo que hizo en Noruega pero en Londres, sin tener que mantener ningún tipo de contacto con su familia durante un tiempo. Pero no, las cosas ya habían pasado y habían quedado atrás. No había forma de volver el tiempo atrás y avisar a su yo pasado de aquello. Por lo que lo único que quedaba por hacer era seguir con el presente, ¿Acaso no podía aprender de los errores del pasado para el futro? Claro que podía, y eso pensaba hacer.

- Sé que lo hubieras respetado, siempre me escuchaste cuando lo necesitaba. Eras la persona más importante de mi vida, y no precisamente porque fueras mi novio. Eras… Eras mi amigo ante todo. – Sonrió levemente. Siempre le había considerado como un amigo al que tenía un cariño especial, al que quería muchísimo. – Y sí era meterte en mis problemas. No lo sé, en ese momento pensé que era lo mejor. Ahora pienso diferente, pero no puedo coger un calendario y volver ocho años hacia atrás.

Fly se limitó a mirar a Drake aún con la sonrisa sobre sus labios. Por mucho que intentaba que la sonrisa desapareciera de su rostro, esta volvía a surgir una y otra vez sin que ella pudiese evitarlo. Era Drake. Y estaba allí, a escasos centímetros de su rostro. Tenía ganas de abrazarlo, por primera vez en mucho tiempo se sentía completa. Había pasado ocho años añorando algo que desconocía, sintiendo que en su vida había un vacío que parecía no llenarse nunca. Hasta aquel momento hacía pocos meses en el que se habían reencontrado. A partir de ese momento ese hueco parecía haber desaparecido y ahora se estaba dando cuenta del por qué. Del por qué cada noche notaba que el hueco volvía y a cada momento que volvía a cruzar una simple mirada con Drake el hueco desaparecía. Aunque sonase sentimental, y más viniendo de Fly, Drake era todo lo que necesitaba para ser feliz. – Al menos no me odiaste mucho tiempo. Y con todo el bullying que te hice durante siete años no sé cómo no odiabas antes.

Tras el primer beso Fly se situó al lado de Drake, uniendo sus labios una segunda vez y notando como las manos de este se posaban sobre sus piernas. Todo era perfecto. El lugar, la compañía, la música de fondo que no sabía ni qué narices era y que apenas oía por el barullo de la gente… Todo hasta que una voz sonó tras ella. Se giró sonrojada al ser interrumpida en mitad del beso y, por pura inercia, se tropezó hacia atrás, dejándose caer sobre las piernas de Drake. Soltó un corto gritito por la caída y sonrió. – Por mí podéis quedárosla. – Miró a Drake, dando por sentado (jiji sentado, como ella encima suyo) que también dejaría la mesa libre. Y más teniendo en cuenta que ambos habían demostrado ser dos inútiles del billar.

El chico cogió ambos palos de billar con una sonrisa de oreja a oreja, como si fuera gilipollas o se hubiera fumado una mandrágora y se fue dando las gracias varias veces. – Que conste que te he ganado. – Mentira, había ganado Drake según lo que habían jugado, pero antes de que pudiera responder volvió a unir sus labios, aunque esta vez sentada sobre sus piernas. – No puedes imaginarte las ganas que tenía de volver a hacer esto. – Podía sonar raro después de tanto tiempo, pero era cierto que nunca se había sentido tan bien al lado de nadie. Drake había sido su primer y, para ser sinceros, su único amor. Y no quería desperdiciar el tiempo que en aquel momento podía pasar a su lado.
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Drake Ulrich el Dom Sep 07, 2014 4:09 am

Me daban pena esos padres que elegían un nombre pequeño para sus hijos y, aun así, ellos buscaban la manera de poder hacerlo todavía más pequeño. Aunque no tuviera sentido alguno ese apodo. No importaba, ellos buscaban la manera.  Mira que Fiona no es que fuera precisamente grande, pero bueno, puedo entender que se le lengue la traba a un niño de dos años al pronunciarlo. Era como si yo cogía Drake y hacía que la gente me llamase “Dra” o “Ke”, aparte de parecer un cani, sería ridículo. Aunque si fuera cani, ya el adjetivo “ridículo” vendría en el paquete. Reí ante la anécdota de Fly, diciendo que se cabreaba tanto con su madre como con su padre por esa tontería… aunque supongo que nunca podré entenderla porque, a fin de cuentas, mi nombre es uno de los mejores del mundo. Empieza con D y los nombres que empiezan con D, son, por regla universal, los mejores del mundo.

Exactos, nombres mejores como Drake, por ejemplo. En realidad no sé por qué me llamo así, mi madre es italiana, mi padre es italiano y en vez de llamarme Federico, Agatho, Bruno o Sebastian, no, me llamo Drake. Son unos rebeldes a la causa —No quería ni imaginarme mi vida si me hubiera llamado Agatho. Primero, no hubiera tenido amigos. Y segundo… seguro que por lo primero, me hubieran pegado por pringado. Y sería gordo, Agatho es nombre de gordo.

Miré a Fly de reojo cuando dijo que me dejaría decapitado con la bludger. Sin duda alguna, era pequeña pero matona. Tenía toda la fuerza concentrada, imagináos si añadimos un bate y una pelota que pesa un huevo y medio. Pero bueno, posiblemente sería el fantasma más sexy y enrollado de todo Hogwarts, porque en serio, hay cada personaje en Hogwarts… no sé si fue mala suerte para ellos morir ahí, o mala suerte para nosotros el tener que aguantarlos. Supongo que la muerte gana a todo.

Volví a mirar mal a Fly cuando dijo que los tontos tenían suerte. Era una envidiosa, como yo saqué mejores notas que ella… Pero bueno, estaba en racha, yo que no suelo lanzar malas miradas a nadie, Fly había conseguido comerse las dos seguidas. Por suerte, sólo dijo eso y, de hecho, se me hizo raro que no nombrara Hufflepuff por ahí. ¿Se habrá quedado sin repertorio para meterse con mi casa? ¿O por fin habrá asumido que Hufflepuff es… No, ella nunca asumiría algo en dónde Hufflepuff pudiera ser algo más que “inútil”.

La explicación de el por qué todavía me sorprendía. ¿Tenía que irse hasta Noruega para alejarse de su hermano? En realidad creo que Noruega está demasiado cerca, debería haberse ido a Australia, como mínimo. Pero bueno, tampoco dije nada, ya que como lo del nombre, yo no había pasado por nada igual ni parecido. Aunque creo que Londres era lo suficientemente grande como para poder haber contenido a la familia Shadows por una parte y a Fly por otra, sin tener que mantener ese contacto que consiguió evitar. Y bueno, conmigo, que era lo más importante.

No, si te entiendo en realidad… Estabas mal y elegiste la solución más fácil que se te presentó —Era algo lógico que cualquiera podría haber hecho, aunque luego se arrepintiese. Sonreí ante lo de ser su amigo, bueno… sonreí exteriormente, pero en mi interior había un Drake muy mono sintiéndose emocionado a cada palabra bonita que salía de la boca de Fly. La verdad es que era una de las pocas personas a las que le prestaba especial atención, bueno, toda mi atención era expresamente para ella, aunque su problema fuera tan ínfimo que resultara incluso una estupidez. Para mí cualquier cosa que me quisiera contar, por diminuta que fuera, era importante—. Bueno… pues que sepas que si me llegas a incluir en tus problemas, me hubiera ido a dónde fuera. Londres no es tan divertido si te pegas tantos años seguidos en el mismo lugar. —Y básicamente porque así era yo. Si ella me llega a decir: “Quiero irme a estudiar fuera porque tengo problemas familiares. Vente conmigo.” Ni hago maletas.

Solté una divertida carcajada ante lo que dijo. Exactamente, si no la había odiado por todo lo que se metió conmigo durante, ni nada más ni nada menos, que siete años, ¿iba a odiarle infinitamente por abandonarme? Dios, pues sí, debería. Pero como dice el emperador de Mulan: una mujer así no crece en todas las dinastías. Y sí, pude odiarla, pero no por mucho tiempo. Sí, pude tenerle rencor, pero sólo hasta el momento en el que la volví a ver en Londres después  de todos estos años. Y bueno, el emperador de Mulan es sabio, ya que alguien así es imposible de olvidar.

Porque en el fondo, ahí en el mismo sitio donde tienes guardada tu benevolencia con los Hufflepuff y tu altura, sabía que era de broma y que en verdad me querías. Por eso soporté todas tus duras palabras —dije, mirándola directamente a sus ojos, ya que estaba a apenas unos centrímetros de mí y era lo más bonito que tenía— Y bueno, yo soporté tu vena cruel y tu soportaste mi vena de Hufflepuff inútil en dónde fui tan ingenuo de comerme un filtro de amor y terminar babeando por otra. Eso sí que es amor, yo me hubiera dejado. —una pequeña y divertida sonrisa asomó de un lateral de sus comisuras, formando un hoyuelo en su mejilla izquierda.

Fly se levantó de su silla y se acercó a mí, volviéndome a besar. Fueron besos lentos, pero a la vez cargados de pasión. Por mi parte, en aquel momento pretendía disfrutar de mi tiempo con ella y, sobre todo, de todo el tiempo perdido que tenía la sensación de no poder recuperar. Por algún tipo juego del destino, un chico con toda la cara del universo, nos interrumpió. Ha interrumpido mi beso. Se merece la muerte. Por suerte para él soy auror, que si llego a ser mortifago, como soy un caprichoso súper cruel y este tío me molesta, pues lo mato. Pues vale. Sonreí con una risa sin poder evitarlo cuando Fly cayó sobre mí y simplemente me encogí de hombros con lo de la mesa. Me la sudaba cuatro pueblos a mesa de billar, si queréis la verdad. En aquel momento ningún juego de los que estaban allí dentro podría llamarme menos la atención. Puse una de mis manos sobre el regazo de Fly y la otra la pasé por detrás de ella, abrazándola por la cintura. Le sonreí ante su gran afirmación de que hubiera ganado. No me cabía duda alguna. Seguro que hubiera metido la negra sin querer, así que seguramente si me hubiera ganado. Sé lo gafe que soy en estos juegos de mierda… Aunque claro, no pude quejarme ni por orgullo, ya que me besó y, como es evidente, era la mejor manera de hacerme callar. Me separé nuevamente de sus labios con aquella sonrisa en mi rostro, humedeciéndose el labio inferior casi sin creerme que después de tanto tiempo, mi primera novia y la chica más perfecta del mundo, estuviera besándome otra vez.

Créeme que puedo hacerme una idea. —Si llego a saber que la última vez que la besé hace ocho años iba a ser la última, probablemente no hubiera parado. Estiré un poco la mano hacia la mesa y cogí el botellín que Fly había traído por último y que ni había probado debido a la interesante conversación que estábamos teniendo. Y, como todos sabemos, soy hombre y no puedo hacer dos cosas a la vez. Bebí de él y ofrecí a Fly porque el de ella estaba muy lejos. O más bien yo era un puto vago que no quería estirar un poco más la mano. Aproveché la posición en la que estaba Fly para abrazarla por la cintura  y apoyar mi cabeza en su hombro momentáneamente, un achuchón de lo más cariñoso. Cuando le cuente a Willow esto, se va a quedar flipando. Siempre que me dejaba alguien, ella era la encargada de hacérmelo más llevadero y, por norma general, solía compararlas a todas con Fly, por lo que cuando le diga que una de las obsesiones —la única relevante, pues la otra era la mermelada— que tengo vuelve a estar conmigo, definitivamente va a flipar. Miré a Fly con un rostro de lo más travieso, riéndome incluso antes de decir nada, no sé exactamente por qué, supongo que porque me hacía gracia lo que estaba a punto de decir, a pesar de no haberlo dicho—. ¿Entonces qué, sexo? —le guiñé un ojo y alcé las cejas, antes de bajar la mirada y reír— Es broma. —No era broma, obvio— Te apalizaría al futbolín, pero no quiero dejarte más en evidencia, que ahora que me has dicho todas estas cosas bonitas me das más penita… —volví a beber de mi cerveza.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Dom Sep 07, 2014 4:33 pm

Para ser sinceros el nombre de Drake no se caracterizaba precisamente por ser precioso, único y maravilloso. No, el nombre de Drake era un nombre más entre un millón y no sobresalía por nada en absoluto. Vamos, que si se llamase Eufrasio tendría un nombre más original. Encima Drake, si era italiano debería llamarse… Pizza o Espagueti, algo italiano, no Drake. ¿Qué clase de nombre italiano era ese? – Si te hubieran puesto cualquiera de esos nombres seguirías virgen a los veintiséis, te lo aseguro. – Le miró con cara de desaprobación. – Sebastian, recoge la cocina. Sebastian, prepárame la cena. Sebastian es nombre de mayordomo. O de cangrejo con acento sudamericano. – Como el de la sirenita, estaba claro. Si Drake se hubiera llamado Sebastian, hubiera sido el centro de todas sus burlas. O sea, más aún, porque ya lo había sido en muchos aspectos. Aunque la verdad, no podía quejarse, a él no le había gastado prácticamente ninguna broma pesada durante sus años en Hogwarts.

El consuelo de que, después de ocho años, Drake entendía la situación, no estaba demasiado mal. Podría haber actuado como una persona con algo de cerebro y haberle contado la verdad desde un principio en lugar de limitarse a decir que tenía que irse a estudiar fuera. Aunque claro, la opción de que Drake dejase todo para irse con ella no le hacía ninguna gracia. Vale, habría sido maravilloso irse de casa a estudiar a otro país y encima con la persona que quieres. Hubiera sido genial, no había duda. Pero también habría sido un problema. ¿Qué pasaría con su vida? El tenía una vida y ella no era quien para hacer que la cambiara por irse a estudiar fuera. No, no quería eso. ¿Y si no se hubieran soportado? Imagina que están en Noruega, viviendo juntos, pasando demasiado tiempo el uno al lado del otro y acaban hasta las narices el uno del otro. O se dejan de querer. Eso hubiera sido horrible y más cuando tienes que pasarte lo que queda de mes al lado de esa persona porque has pagado el piso a medias. Horrible, totalmente horrible. Y más para alguien cuyo sentido del compromiso es el de prestarse sudaderas. Muy comprometida, sí.

Fly negó con la cabeza y la sonrisa volvió a surgir entre sus labios. – Me alegra saberlo pero eso era precisamente lo que no quería. Tú tenías tu vida, yo… Bueno, te tenía a ti, y no te iba a arruinar todo lo que tenías por mis problemas. - ¿Quién era ella para joderle la vida a alguien que encima no se le merecía? Vale, Drake era Hufflepuff, estaba acostumbrado a vivir amargado él solito, pero no por su culpa. – Además, ya está pasado, no hay que darle más vueltas. – A no ser que conociera la forma de volver atrás en el tiempo. Aunque eso lo utilizaría para descubrir algún invento años antes de que tuviera lugar su creación y así hacerse millonaria y no trabajar jamás. En verdad la idea de trabajar era tan deprimente…

Era cruel. Lo había sido siempre, lo era y lo sería por el resto de sus días hasta que alguien se cansara de sus crueldades y acabara lanzándola por una ventana para que se abriera el cráneo contra el suelo. Adoraba ser cruel, y con Drake no lo había sido en absoluto. Se metía con él, claro que lo hacía. Pero siempre con cariño y nunca pensando en hacerle daño. En verdad pocas veces se había dedicado a molestar a la gente para hacerles daño de verdad. Salvo la vez que convirtió en pollo a su primo con ayuda de Benji. ¿Qué sería de Benji? ¿Y de Oliver? Vaya dos personajes estaban hechos esos gemelos. – Eso es que no me conocías. Yo te odiaba, estaba contigo para demostrar que los de Slytherin pueden salir con retrasados, pero sufrí mucho aguantándote. – Rompió a reír. Salir con Drake había sido lo mejor que podía haberle pasado en Hogwarts. – Claro que te quería, anormal. ¿Cómo no iba a quererte? – Volvió a reír. – Siempre me pareciste la persona perfecta cuando ni si quiera intentabas serlo. Me encantaba estar contigo aunque fueran dos minutos entre clase y clase cuando no coincidíamos. – Eso de estar dos casas en cada clase era muy raro. Pero estaba bien, sobre todo cuando eres un desastre en historia de la magia y no coincides en esa clase con tu novio, el cual se reiría de que te quedaras dormida sobre el escritorio en noventa por ciento de las veces que decidías ir a clase. Porque la mitad de veces que había esa clase ni se dignaba a aparecer.

No pudo evitar poner mala cara cuando mencionó lo de aquel estúpido filtro de amor. Ni puta gracia, de verdad, ni puta gracia. Aquel día se había enfadado tantísimo con el causante de aquel destrozo que casi lo mata. Literalmente, no de manera figurada. El estúpido de su primo, en venganza por la broma de convertirle en pollo (eso le pasaba por ser un gordo y comer las golosinas que se encontraba por la sala común) había dedicado vengarse dándole un filtro de amor. – Para poder olvidar aquello, mi flor de pitiminí. – Ironizó la voz de Drake. Ni puta gracia, repito. – Además babeando por la reina de los Hufflepuffs insoportables. Con gente como aquella es normal que tengáis la fama que tenéis, porque madre mía… Además, ¿Con cuántos tipos estuvo esa tía? Lo intentó contigo y con un tal Tom de Gryffindor. Y sé que hubo más, pero tengo una memoria horrible, especialmente para las personas que me importan una mierda. – Rió. – Casi te mato ese día, y eso que sabía que era un filtro de amor porque el capullo de mi primo no aguanta los secretos.

Tener una vez más a Drake a tan poca distancia era algo con lo que no había ni soñado. Había imaginado que jamás volvería a verlo y que de verlo, tendría su propia vida. O peor, sería diferente a como lo recordaba, pues se tienden a idealizar los recuerdos bonitos una vez que ya no se tienen. Pero, por suerte o por desgracia, se encontró con que Drake era igual a como lo recordaba. Y no sólo eso, sino que era incluso mejor. No quería apartarse de él ni un segundo. Quería recuperar el tiempo perdido durante aquellos últimos años. Quería… Quería que aquel momento no terminara y que aquella burbuja en la que se sentía cada vez que volvía a verlo no se rompiera. Pero se rompió. Como una burbuja de jabón.

El chico que les molestó se fue por donde había venido y por suerte para él y sorprendente para el resto de la humanidad, no se fue con un palo de billar metido por el culo por haberles molestado. Porque Fly estaba de buen humor, que si no hubiera sido capaz de empalarlo y luego ponerle la bola negra en la boca, como un cerdo recién cocinado y a falta de manzana, buenas son bolas de billar. En verdad aquel chico se lo merecía, por jode besos.

Negó con la mano al ofrecimiento de la cerveza y sonrió de nuevo antes de darle un pequeño beso en el cuello. – Como beba más me llevas a cuestas a casa. – Añadió antes de volver a darle otro beso y acomodarse sobre él. Vamos, que el alcohol no es muy bueno para alguien con poca tendencia a beber de manera habitual y cuyo concepto de acabar medio borracha consiste en dos litronas. Hubo una vez que, debido a su bendita miopía, estaba bebiendo en la calle con unos amigos y pasó un camión de basura. Y todo el mundo sabe que los camiones de basura de madrugada tienen luces. Todos menos Fly, que dijo que era una ambulancia. Por eso, mejor no beber más, no fuera a confundir al camarero con Gandalf y le diera con una fregona por no poder pasar.

Si hubiera tenido cerveza en aquel momento se la hubiera escupido a Drake en la cara de la risa, pero como no tenía, se limitó a reírse en su cara. – Sí, broma. – Rió. – Me lo tomaré como una proposición indecente, pero ya sabes que yo hasta el matrimonio nada. – No se lo creía ni ella, pero siempre sonaba tan cristiano que tenía que decirlo, aunque fuera la persona más atea que conocía. – Perdona, tú no ganas ni a las canicas, que eres un paquete en todo. Y cuando quieras te lo demuestro. – Alzó ambas cejas. – Eso sí, que no sea ahora, que no vería ni la pelotita. – Entre que jamás llevaba las gafas y que había bebido… El resultado en el futbolín sería el de meter la mano buscando la pelota a tientas, aunque no se pudiera hacer. – Elige tú, soy una negada para los planes. – Eso era cierto, además, ella había elegido el sitio. Que se jodiera y pensara él por una vez en su vida.

Volvió a unir una vez más sus labios y se acurrucó sobre su regazo. – ¿Esto es muy raro o solo me lo parece a mí? – Añadió levantándose y volviéndose a colocar de pie frente a él. Unió ambas frente y utilizó aquello como punto de apoyo. – Quiero decir… No sé que quiero decir, el alcohol y yo no nos llevamos bien. Creo que me odia. – Sonrió. – Bueno, que después de… Ocho años, esto es raro. No sé, al menos para mí.
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Drake Ulrich el Mar Sep 09, 2014 3:13 am

No, ni Drake era un buen nombre, ni Sebastian lo era. La verdad es que uno era bastante común y el otro demasiado feo. Yo sabía cuál era el mejor nombre del universo, pero era poco conocido, por culpa de ser propio de unas islas paradisiacas que están cerca de África. Ahí hay un nombre que es precioso. Sin duda el mejor del universo. Precioso, corto, original y dulce. Y cualquiera que dijera lo contrario, estaba equivocado. Y, como dije… Empezaba por D. Pero no le dije a Fly nada, ya que de habérselo dicho, me lo negaría hasta el infinito porque es una orgullosa y es Fly, es experta en llevarme la contraria sólo por gusto.

Podía entender perfectamente las dos caras de la moneda. La entendía a ella, entendía el porqué de haber actuado cómo actúo y por eso en este momento podía respetar la decisión que tomó. Por lo menos, ahora que la sé y ya superé esos ocho años y había madurado —un poquito, muy poquito—. Posiblemente de habérmelo contado en su momento, yo hubiera hecho lo imposible por irme con ella o de convencerla de que no se fuera, dos posibilidades que, estaba claro, eran completamente molestas si ella tenía claro lo que hacer y encima estaba pasando por problemas familiares… como para encima tener que lidiar con un novio pesado. Pero bueno, la otra cara de la moneda es que de saberlo podría haberla dejado en paz si sabía que iba a volver, o irme con ella. Y eso de no decirme nada porque no quería condicionar mi vida… chuminadas. Al fin de cuentas soy yo quién decide lo que hacer con su vida y por aquel entonces me la veía totalmente con ella.

Ese era el problema. ¿Arruinar mi vida? —alcé una ceja— Piénsalo. Ir contigo, acompañarte y estudiar fuera no hubiera sido arruinar mi vida, sino mejorarla. Y no tenía nada en Londres, todo lo que siempre tuve fue en Italia y ni la pisé cuando me gradué… Así que lo mismo hubiera sido empezar de cero aquí, que contigo. —Y vamos, que la decisión de arruinar vidas era decisión de uno propio. Es cómo cuando te dicen: “—Mira, ¿nos tiramos por ese acantilado? —No tío, eso sería arruinar mi vida” Eso era el intento de arruinar una vida y, un hombre, que decide—. Si ya, tienes razón. Me callo, que soy un pesado. —Era verdad, cuando quería podía llegar a ser un pesado insistente de los que tocan las pelot… pero bueno.

Solté un irónico “JA JA JA” cuando dijo que no me quería, que sólo lo hacía para demostrar que los Slytherin podían salir con retrasados. Ay… pero no me dio tiempo ni de quejarme, ya que su propio arreglo fue más que suficiente. Yo a veces me sentía un pesado cuando después de cada clase, después de la cena o desde que tenía un hueco libre, iba a verla o la buscaba. Siempre pensé que era un pesado, pero bueno, si me dice ahora eso, era una preocupación inútil. Lo gracioso era lo que decía, sonaba a: “incluso siendo un inútil imperfecto, para mí eras perfecto”. Simplemente esbocé una sonrisa y noté como me ruborizaba, por suerte no se notó mucho debido a que las luces tampoco eran demasiado optimas y que ya estaba medio rojito por las cervezas y el calor.

Luego recordé, mal hecho, el día en el que el estúpido del primo de Fly me dio un filtro de amor. Fly una vez se cabreó conmigo por pegarle a uno que le besó, por lo que me prohibió pegarle a su primo, pero en serio… ¿no había otra víctima o por lo menos otra chica a la que enamorarme? No, tenía que ser mi amiga Melinda… la que encima Fly odiaba. Ahí, poniéndole la maldita guinda al puto pastel. Sin embargo, yo estaba tan grogui en ese momento, que para mí siempre será una anécdota muy graciosa, aunque Fly luego no me hablase durante X tiempo que no recuerdo. Para variar, Fly se metió con Melinda y, en parte, en casi toda la parte, tenía razón. En los primeros años yo era muy buen amigo de Melinda, pero luego no sé qué pasó, que se separó bastante de mí. Rompí a reír cuando dijo “flor de pitiminí”, me encantaba decir eso, aunque a partir de ese día perdió todo el significado.

Sí, la verdad es que se volvió un poco fresca… —“¿Fresca?” ¿Esa palabra todavía existe? Parece la típica jerga de señora de ochenta años que ve a su nieta con una minifalda—. Después de intentarlo conmigo y yo resistirme a sus encantos gracias a ti, empezó con Tom. Luego estuvo con Aer, que era de mi casa. Luego no lo recuerdo, pero estuvo con Lewis, el de Ravenclaw… y ahí perdí la pista, ya que perdimos bastante el contacto —me encogí de hombros, haciendo una memoria rápida. Si me ponía a pensar a lo mejor encontraba a uno de entre medias— Bueno, babeé por la reina de los Hufflepuff apenas media hora, ¿sabes? Los siete años restantes estuve babeando por tu sonrisa. Mira que eres quejica. Me querías todo el tiempo para ti, ¿eh? Ni un respiro me dabas…

Cuando tuve la oportunidad y, sin duda, más ánimos para refrenarme, besé a mi exnovia. Irónico, ¿eh? Normalmente una relación que se corta termina mal y, si vuelves a ver a esa hija de Satán, te gustaría morderle un ojo. Con Fly me pasó totalmente lo contrario, la vi y lo único que pude pensar es: “Es ella”, “Está aquí”, “¿Estará soltera?”. Siempre he sido un poco celoso. Vale, MUCHO. Fly se levantó tras el beso y se acercó a mí, devolviéndome uno cuya responsabilidad caía en ella. Me daba igual llevarme la culpa de algo tan dulce, para qué mentir. Era cómo volver a recordar aquello que mejor funcionaba para hacerte flotar y olvidar todo lo de tu alrededor.

Tras que aquel muchacho se fuera, le ofrecí un buche de mi bebida a Fly, pero ella negó, diciendo que tendría que llevarle a cuesta.

¿Crees que eso sería un problema? —no había más que mirar lo delgada que era y lo fuertote que estaba yo. Sería como llevar una mochila. Una mochila pesada, muy pesada, pero nada que no pudiera llevar. Igualmente, evitarlo estaba bien para mi espalda, por lo que no insistí en que bebiera.

Propuse la idea del sexo. Siempre era la mejor idea. En mi opinión, todo con sexo siempre era mejor, pero claro, se lo decías a las chicas y todas te miraban raro. Frígidas todas. Que no saben disfrutar. Peli, pues con sexo mejor. Serie, pues con sexo mejor. ¿Comer? Pues antes sexo, y así se te abre el apetito. ¡Sexo everywhere! La contestación de Fly por lo menos fue original. Sonreí contento.

Qué aburrida eres. —Y para colmo, me tocaba elegir a mí lo que hacer. ¡Pero si yo elegí el jugar a billar! La miré con los ojos entrecerrados, recriminándole el tener que elegir yo— Venga ya. Tú a mí no me ganas a nada. Al billar te gano, al futbolín te gano, a cualquier juego electrónico te gano. A todo. Asúmelo pequeña, no eres nadie. Así que no te flipes, que no quiero que te lleves un fiasco repentino… —Me apoyé hacia atrás y me puse a mover pensativo los dedos sobre su pierna, como si estuviera golpeando una mesa, pero con su pierna— ¿Quieres bailar? —se lo pregunté con cara de inconformismo, que parecía más bien de estreñido, más o menos, ya que yo no era de muy de bailar. O sea, sabía bailar, pero me daba pereza— ¿Quizás ir a beberte unos chupitos para llevarte a cuestas a casa? ¿Ir al baño? Yo tengo ganas de hacer pis, y al estar sentado y tu encima como que me entra más ganas por momentos… —comenté, pero aun podía aguantar un buen rato.

La siguiente confesión de Fly me hizo pensar. ¿Raro? Sí, era raro que después de ocho años, aquella persona que creíste perdida y superada, volviera y te hiciera sentir tal vuelco en tu corazón que de repente vuelves a ser aquel niño enamorado de diecisiete años. Si es por eso, sí, era raro. Miré levemente hacia arriba, notando los ojos de Fly a nada de distancia, ya que nuestras frentes estaban pegadas.

¿Raro que después de ocho años me estés besando otra vez? Sí, es raro —admití con diversión, bajando la mirada a sus labios— También lo es para mí, pero porque pensé que no lo volvería a hacer. Pero lo era todavía más estar a tu lado y no poder hacerlo. Es decir… si estás a mi lado, lo raro sería no poder besarte. Llámame rarito… —sonreí.
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Fiona T. Shadows el Mar Sep 09, 2014 3:24 pm

En aquel momento la paciencia de Fly era más de lo habitual por el hecho de haber bebido lo suficiente como para contestar de buenas maneras sin que le importara demasiado lo que decía. Claro que podía haberle dicho que se fuera con ella, pero por Merlín, tenían diecisiete años, ¿Qué clase de persona le pide a la otra que se vaya vete tú a saber cuánto tiempo al culo del mundo?  No, Fly era quejica en muchos aspectos, y cabezota, quizá incluso demasiado. Pero no para ponerse en el extremo de obligar a alguien a cambiarse de país. Pero el tema es que aquella situación se había dado hacía ocho años. No hacía ocho minutos. No había método alguno de volver al pasado, cambiar aquel momento y decirle, “oye Drake, vámonos los dos a Noruega, aunque quizá en dos semanas ni si quiera sigamos siendo pareja”. Pues no, no es plan de hacerle eso a alguien. Que con diecisiete años las cosas no se tienen claras. Vamos, que si no las tenía en aquel momento con veinticinco las iba a tener hacía ocho años cuando era incluso más infantil que ahora.

El hecho de escuchar a Drake intentando quedar como el aceite a cada momento que pasaba hacia que las ganas por colocar sus manos alrededor de su cuello y apretar hasta que adquiriera cierto tono azulado por la falta de oxígeno crecían por momentos. Sí, a veces el pobre no sabía cuando parar. ¡Cómo si no se hubiera sentido lo suficientemente mal durante años para que ahora se lo recordase! – No le des más vueltas, por favor. – Negó con la cabeza, aunque Drake no tardó en darse cuenta de lo cansino que puede llegar a ser a veces y optó por dejar de lado aquel tema. – Gracias. – Sonrió y dio un nuevo trago a la cerveza, la cual comenzaba a estar caliente por dejarla allí solita, abandonada, sin que nadie la hiciera caso alguno. Pobre cerveza, estaba más sola que el champú de Snape.

Melinda, o Melissa, o como narices se llamara, porque aquel esperpento de mujer no le importaba nadie, había sido un compañera de casa de Drake. Fly ni si quiera recordaba cuando se conocieron, es más, estaba segura de haberse cruzado con ella un par de veces en plan “Hola Fly” y pasar de largo porque no sabía quién narices era y por qué sabía su nombre. Vamos, que Melinda podía ser lesbiana y no haber salido del armario, como Dumbledore. Todo el mundo sabía que Dumbledore estaba locamente enamorado de Voldemort, pero nadie se atrevía a decirlo. Aunque claro, la historia entre ambos era complicada. Era un amor prohibido, parecía una telenovela. - ¿Sólo un poco? – Ironizó. Aquella mujer era más puta que las gallinas, porque todo el mundo sabe que las gallinas son muy putas, con ese plumaje, ese movimiento erótico de cuello… Eran muy putas.  Escuchó la lista de amores de Melinda y afirmó con la cabeza. Sólo recordaba a Tom, un Gryffindor muy mono que acabó besándose con Abi. Aunque la pregunta correcta era, ¿Qué alumno de Hogwarts no lo había hecho?  - Tom era majo, siempre me pareció que hacía buena pareja con una chica de Ravenclaw con un nombre raro. Obviamente no lo recuerdo. – Se encogió de hombros. Tan sólo recordaba que tenía el pelo corto y oscuro.

Luego vino a su mente la imagen de Aer, un chico de Hufflepuff muy simpático que tenía cierto parecido con la personalidad de Drake. ¿Por qué sería? A veces parecían hermanos separados al nacer con personalidades prácticamente idénticas. Aunque Aer luego empezó a salir con una chica que tenía cara de dibujo animado. Tampoco se acordaba de su nombre. Algo con E, o quizá con A. Y con L, sí, eso seguro, tenía una L o dos en su nombre, como los muggles cuando acaban de sacarse el carnet de conducir. - ¿Quién coño era Lewis? ¿Ese no era el loco que estaba obsesionado con su sobrina Alicia? – Bromeó. En realidad era una broma que Drake no entendería porque no sabía que Lewis  Carroll era un jodido pederasta que acosaba a su sobrina Alicia y por eso escribió un libro llamado Alicia en el País de las Maravillas. Wonderland para los hipsters.

Rodó los ojos y volvió a centrarlos en Drake. – Sí, sí, ni un respiro. – Rió. – Encima te quejarás. Pero si era un encanto, tenías la mejor novia del mundo y encima ahora te quejas de que no te daba un respiro…

Eso de beber más y acabar rodando por el suelo cual croqueta no era una de sus ideas para aquella noche. Es más, nunca había tenido una idea concreta para esa noche, más bien sólo pasar un rato con Drake y aclarar lo que había pasado días antes. Y por suerte, eso ya estaba medio hablado. Sólo medio. Pero mejor así, hablar tanto las cosas sólo da dolor de cabeza y es un gasto innecesario de saliva, como todos sabemos. – Un problema es perder la cartera. Eso es más bien… Un detalle que es mejor que no suceda. – Sonrió antes de volver a juntar sus labios con los del chico.

Fly se limitó a alzar ambas cejas ante el comentario de Drake. ¿Ganar? Más quisiera. Llevaba una pegatina de “Perdedor” estampada en la frente. Es más, cuando el sombrero seleccionador era colocado sobre tu cabeza te hacía una pequeña marca de agua, por así decirlo, en la frente. En el caso de ser Hufflepuff ponía: inútil. Y todos sabemos que si eres inútil no se te dan bien las cosas, ergo pierdes. – Ya te gustaría a ti eso. El único perdedor aquí eres tú, lo has dejado claro perdiendo al billar. – Partida que ni habían acabado, el tema era meterse con él lo máximo posible.

¿A quién le gusta bailar? Lo divertido era coger una copa y moverte haciendo el gilipollas con tus amigos, pero estando con Drake lo que menos apetecía era hacer el imbécil de ese modo. De otros modos sí, pero de ese en concreto no. – Pues mira, tengo que mear. – Y no lo pensó dos veces. Soltó una pequeña risita y fue corriendo al baño. Sí, la confianza da asco y por eso se dice “tengo que mear” y no “tengo que ir al baño”. Además, él había sido el que había huido al baño a evacuar, por no decirlo de manera más escatológica.

Se lavó la cara y las manos antes de salir y quedó apoyada en el reposamanos mirando su rostro en el espejo. Tenía las mejillas totalmente coloradas y el pelo algo descolocado. Intentó hacer un apaño con aquello, pero no había mucho que hacer, así que tras poco insistir salió para quedar esta vez frente al chico.  

- Eh, recuerda que el primer beso lo diste tú, maldito culpable. La culpa te corroerá, no lo olvides. – Y acto seguido volvió a besarle. Realmente era algo de lo que era incapaz de cansarse. Era Drake, ¿Por qué no aprovechar aquello ahora que podía tras tantos años sin poder? – Siempre has sido rarito. – Apartó un corto mechón del pelo que caía por su rostro y sonrió. – Creo que por eso me gustas. – Le dio un leve toque en la nariz con el dedo índice. - ¿Qué? ¿Sigue en pie la idea del baño? Creo que la prefiero antes que seguir bebiendo o bailar. – Alzó ambas cejas. – Es broma. – Le dio un corto beso en los labios, sonriendo mientras lo hacía. – O quizá sería mejor volvernos a ver otro día, cuando no esté a punto de quedarme dormida por haber bebido más de la cuenta. Aunque te toca a ti elegir el plan con el que conquistarme, está claro. – Unió sus labios una segunda vez, aunque esta no se apartó rápidamente, sino que se quedó junto a él, notando el sabor de sus labios y apoyando sus manos sobre sus muslos sin poder reprimir una sonrisa mientras le besaba.
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Drake Ulrich el Mar Sep 09, 2014 10:34 pm

Vale… siempre había sido amigo de mis amigos y no me gustaba hablar más de ello, pero Fly tenía razón. No había sido un poco fresca, sino un poco bastante. Por mi parte poco tenía que añadir, como después de un tiempo hablábamos más bien poco, lo único que sé es con la gente que se veía en la sala común o en clase. Y no es que me pusiera a espiarla, mi tiempo libre lo dedicaba expresamente a meterme con Fly. Pero bueno, no era muy difícil enterarse con quién estaba alguien si ese alguien va al cien por cien de tus clases.

¿Chica de Ravenclaw con un nombre muy raro? ¿Eres conscientes que a Hogwarts pueden ir hasta chinos, tía? —menuda explicación más implícita— Pero bueno, a pesar de haber estados con todos esos, dejó a Tom porque al parecer le puso los cuernos en sus narices. Aer le dejó a ella porque empezó a salir con Ellaen y Lewis era un Ravenclaw de pelo por aquí… —señaló la altura de la oreja— tocaba el violín y… no sé, era simpático. —la contestación de Fly sólo le hizo gracia a ella, ya que no me quedé en pesca mirándola— Sí, definitivamente has tomado mucha cerveza. ¿Ya la estás desvariando?

Estaba claro que la estaba desvariando, es demasiado pequeñita como para soportar tantas cervezas ingeridas con tantas rapidez. Era tan adorable incluso diciendo gilipolleces… bueno, ahora y siempre, por eso sabía que tenía razón y que tenía la mejor novia del universo en mis tiempos de joven Hufflepuff, por lo que lo menos que hacía era quejarme de ella. Si me quejaba no era por otro motivo que no fuera molestar. Porque me encantaba molestarla.

O una placa de auror —reí, mirando al suelo mientras negaba con la cabeza— Sería divertido que sucediera. No te llevaría y terminarías tirada en la acera de algún callejón mugriento mientras un… —Paré de golpe. Sólo de imaginármelo me daba pena, por lo que no tardé en fruncir el ceño— Si pasa no te preocupes, yo te llevo a casa, aunque tenga que llevarte como un saco de papas. —sonreí al final. En el fondo, aunque no tan al fondo, era un buenazo nato. Aunque no fuera la chica de mis sueños, a nadie podría dejarlo a su suerte si cayese en redondo. Luego volvió a saltar con que yo era un perdedor. ¡Le cojo y el reviento! — Mira, mujer, cuándo quieras te demuestro que aquí la única perdedora eres tú. Al final voy a utiliza el hermoso placer que tengo de elegir cosa que hacer para demostrártelo —dije, notándoseme claramente picado. Porque yo me pico rápido.

No tardó nada en irse a hacer pis, de la manera más fina, cuando di la idea. Aproveché que salió corriendo para ir yo también al baño y evacuar aquello que estaba apretando mi bolsa del pis. Porque decir vejiga es muy mainstream y todos sabemos que en verdad es una bolsa, donde se guarda el pis. Por eso cuando te mueves, te entran más ganas. No tardé en salir y volver a mi silla, en dónde volví a sentarme y beber de mi cerveza. Me quedaba el culo del botellín y me lo terminé de un buche. Como quién no quiere la cosa, cogí el de Fly, el cual estaba sólo y desamparado en la otra esquina de la mesa y me bebí un sorbo, intercambiándomelo por el mío vacío. Al levantarme tan rápidamente había empezado a sentir los efectos del alcohol, ya que aquel reloj no se quedaba quieto. Fly volvió a venir hacia dónde estábamos y su comentario fue decisivo para hacerme soltar una risa que ella cayó con un beso. Dejé la cerveza sobre la mesa y, cuando se separó de mí, me llevé una mano al pecho.

No sé si podré soportar esta culpa sobre mis hombros durante mucho más tiempo, Fly.  —pero no pude seguir con el sentido dramático por mucho tiempo, ya que los gestos de Fly fueron de lo más divertidos, hiperactivos y de lo más divertidos. La verdad es que no sabía por dónde empezar a pensar qué hacer ahora— ¿Manera de conquistarte? ¡Es imposible conquistar algo ya conquistado! —exclamé divertido, con esos aires de sobradez que yo no he tenido nunca— Tía qué difícil, si me dices que te estás quedando dormida no me motivas nada, ¿sabes? —pero nuevamente no me dio tiempo de quejarme demasiado, pues las manos de Fly se apoyaron en mis piernas y sus labios volvieron a encontrar los míos.

Estaban fresquitos por haberse lavado la cara y no me preocupé lo más mínimo en finalizarlo.  Me encantaba el efecto que tenía esta mujer sobre mí. Me insultaba, no importa, me gusta por muy masoquista que fuera. ¿Pero cuándo me besaba? Cada parte de mi cuerpo parecía bailar la macarena, con alegría y cosa buena. Otra manera de decir que era como si me cogiera y consiguiera darme un vuelco literal a cada sentimiento interior. Mi mano fue a su rostro y lo acarició, justo antes de separarnos. Aproveché que mi mano estaba allí para evitar que se fuera muy lejos. Abrí los ojos de golpes, con una sonrisa en mis labios.

¡Ya sé lo que vamos a hacer! Te voy a demostrar un par de cosillas. —me levanté de allí y me terminé la cerveza de Fly de un par de tragos que di seguidos, ya que no era plan de dejarla allí sola y desamparada. Una botella de cerveza tiene su fin: emborrachar. No quedarse abandonada y solitaria en una mesa. Cuando terminé dejé el botellín sobre la mesa y miré a Fly— Sí, era la tuya —la curva de mis labios adoptó una forma cóncava y cerrada. Cogí mi chaqueta y cerré mi mano en torno a la suya, caminando hacia la barra, atrayéndola a ella conmigo. Una vez allí, el barman se acercó a nosotros para cobrarse las cervezas. Yo miré a Fly— Paga, mujer. —me miró con cara de: “Te cojo y te reviento el ano”, pero no tan serio como debería utilizarse esa frase, ya que con su carita de felicidad de borracha era imposible tomársela en serio. Sonreí y saqué de mi bolsillo mi cartera, pagándole lo pertinente al barman.

Volví a cerrar mi mano en torno a la de ella e hice que me siguiera hasta la salida. Pasamos por una gran muchedumbre que se había reunido para ver algo y luego llegamos al exterior. Hacía mucho más fresquito, pero yo tenía calor, así que seguí con mi chaqueta sobre la mano libre.

¿Sabes a dónde te voy a llevar? —le pregunté retóricamente, ya que no recordaba habérselo dicho, ergo no lo sabía. A no ser que me lea la mente, pero según Xavier para eso hay que ponerse dos dedos en la sien, sino no funciona, así que tampoco— Voy a llevarte a comprobar que aquí la única perdedora eres tú, pequeña mosquita muerta —Aun no sabía muy bien cómo hacerlo, pero no tardé en dar con la solución cuando vi un pequeño parque, con columpios y toboganes, rodeado de edificios. Sonriente fui hacia allí. Le solté la mano y me dirigí al jardín, dónde había una piedra enorme— ¿Un perdedor podría hacer esto? —cogí la piedra esa y la elevé hasta por encima de mi cabeza, eso sí, tras intentarlo dos veces, ya que estaba algo oxidado. Dejé caer la piedra al suelo y me dirigí hacia el tobogán, el cual era bastante simple. Subí por las escaleras de atrás y me subí arriba, mirando a Fly— ¿Un perdedor podría hacer esto? —Respiré hondo. Lo que iba a hacer ahora lo había practicado mucho, sobre todo en el gimnasio y en mi casa, apostado con mis amigos y mis compañeras de piso el conseguirlo o no. Muchas veces me salía, pero me acojonaba solo de pensar que no. Y estaba borracho, por lo que necesitaba serenarme un momento. Tras unos segundos, me tiré y di una voltereta en el aire antes de caer al suelo. Caí bien, pero no tardé en desequilibrarme y caerme de culo hacia atrás. Todo el subidón se había unido de vuelta con aquel sentimiento de notar como se movían las cosas— Fly, no me dejes volver a hacerlo si estoy borracho —le señaló, imponiéndoselo como petición. Miré para todos lados en busca de más motivos para dejarle claro que no era un perdedor.
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Fiona T. Shadows el Miér Sep 10, 2014 3:57 pm

Claro que había mil millones de alumnas con nombres raros, y más teniendo en cuenta que para Fly cualquier nombre era raro. Drake era un nombre raro, aunque más lo era Jace. El día que le conoció se quedó con cara de: que nombre más raro tienes, ¿Tus padres te querían para ponerte esa mierda de nombre? Pero bueno, con el paso del tiempo se dio cuenta que había nombres peores, como Cho, ¿Quién coño llama Cho a su hija? Además, Cho es nombre de hombre, todo el mundo lo sabe. Es nombre de asiático gordo que ha comido demasiadas bolas de arroz de esas monas que salían en Doraemon. Y Doraemon era azul, como el color de Ravenclaw. ¿Coincidencia? No lo creo.

Lo gracioso es que en el mundo mágico no existía un único colegio de magia, vamos, que sino Hogwarts estaría más lleno que un comedor social. Pero, irónicamente, alumnos asiáticos, africanos y de vete tú a saber donde, estudiaban en él. Bien porque vivieran en Inglaterra o porque fueran tan anormales de estudiar allí en lugar de cerca de su casa. La gente es muy rara, mejor no juzgarla. -  ¿En serio había chinos? Joder, ahora entiendo cómo jugaban algunos al Quidditch. Yo creía que tenían los ojos así por la velocidad y no porque eran chinos. – Negó con la cabeza. – Lo raro es que jamás vi que montaran su propio negocio de papelería, ropa y todo a cien en Hogwarts. Me hubieran ahorrado muchos galeones y más de una lechuza a mi casa para que me mandaran alguna que otra cosa. - ¿Y lo bien que hubiera venido tener una tiendecita de todo a cien en Hogwarts, qué?

Fly se limitó a asentir ante las historias de los antiguos amores de aquella Hufflepuff. Le sonaban la mitad de los nombres pero en aquel momento no recordaba absolutamente nada de lo que estaba diciendo. Quizá porque había bebido más de la cuenta y ya empezaba a desvariar y a entender incluso menos de lo que sucedía a su alrededor. – Lewis parecía ser muy gay. Seguro que ahora está casado y tiene su propio gimnasio con anabolizantes y sauna. Y un chiguagua, a lo Paris Hilton.

Inevitablemente, comenzó a reírse sin poder parar. Tapó la boca con ambas manos y levantó la mirada para dirigirla a Drake. Hasta aquel momento no había caído en que Drake había perdido su placa, y eso sí era gracioso. – Perdona, no me acordaba. – Se disculpó por el ataque de risa y volvió a reírse de él. En su cara. Porque podía. – Piensa que algún día aparecerá tu placa y podrás contar esto como una anécdota graciosa del pasado. – O no, porque perder cosas o que te las roben no es nada gracioso. Nada. Y no te rías cuando leas esto, que nos conocemos. – Eres mi héroe, llevándome a volandas sobre tus hombres. Mi caballero de la brillante armadura. – Ironizó aún con la sonrisa entre los labios. Lo conocía lo suficiente para saber qué podía confiar en que cuidase de ella cuando fuera necesario. ¿Acaso no lo había hecho lo suficientemente bien siempre?

En aquel momento el hecho de permanecer quieta durante más de diez segundos resultaba impensable, era como tener un petardo metido por el culo, pues no paraba de moverse de un lado a otro. - ¿Cómo que ya está conquistado? ¿Quién te crees tú que eres? ¿Cristobal Colón? – Le sacó la lengua como si realmente estuviera molesta, cuando estaba totalmente en lo cierto. Para que engañarnos, desde el primer día que se habían visto, ya se había quedado como tonta pero sin el “como” mirándolo. Vamos a ver, si te reencuentras con una persona a la que tuviste que dejar aún cuando la querías, es normal, y más teniendo en cuenta que entre ellos jamás habían surgido los problemas. – No sé cuándo te has vuelto tan creído, pero eres un pedante. – Dijo totalmente seria. Pero aquello no duró demasiado, pues de nuevo la sonrisa surgió entre sus labios. – Mis cojones que no te motivo nada. Es dormida cuando tengo bajas las defensas y llegas tú y me besas. ¡No digas que no te motivo dormida o quedándome dormida, cabeza de patata!

Antes si quiera de poder hacer o decir nada, Drake se había levantado llevándose por delante la cerveza de Fly. Si es que era un gocho de mierda, incluso para beber, aún no podía entenderse que aquel hombre llegara a fin de mes sin robar un banco o timar a sus compañeras de piso. Si con lo que gastaba en comida y bebida podía alimentarse a un poblado africano durante años. Básicamente porque no comen, entonces no son ningún gasto. – Te perdono. – Se encogió de hombros y le perdono aquel acto digno de un ladrón de guante blanco porque pagó lo que habían gastado. Por suerte, porque como para buscar ahora la cartera por el bolso, que tras varias cervezas aquello parecía el de Mary Poppins, ¿Cómo narices podía pasar de ser un bolso enano a parecer un agujero negro? Un agujero negro tan grande como el estómago de Drake, claro.  

La mano de Drake se tornó alrededor de la suya y no pudo negarse cuando este tiró hacia el exterior. Parecía un asesino en serie que acababa de encontrar a su víctima en aquel local y ahora se la llevaba para descuartizarla. – A la fábrica de chocolate. – Dijo irónicamente. No te jode, si sales corriendo de un local sin dar ningún tipo de explicación, la única conclusión a la que llega la otra persona es que eres simplemente gilipollas. Y siendo Drake, esa explicación era la más lógica a la que podía llegarse.

No tardaron en llegar a un parque rodeado por varios edificios. Un parque que parecía haber salido de la nada, ni que fuera el Expreso de Hogwarts. Fly  no entendía absolutamente nada, quizá Drake era simplemente gilipollas y no había que preguntarse sobre el funcionamiento de su cerebro, todo era posible. Negó con la cabeza mientras le miraba dirigirse hacia uno de los toboganes. No dijo nada, sino que se limitó a mirarle con cara de “eres anormal”. Y, efectivamente, no tardó en demostrar que su mirada llevaba razón. Drake era anormal. Jodidamente anormal.

Del mismo modo que Drake acabó por hacer una voltereta en el aire, llegar al suelo y apoyar el culo al caerse hacia atrás, Fly hizo algo parecido. Sus ojos se habían quedado clavados en la figura de Drake antes de que este llegase al suelo, como si aquella caída hubiera sucedido a cámara lenta. Y ahí empezó todo. La risa. Otra vez la risa. – Eres … - Logó balbucear entre carcajada y carcajada . – Un subnormal. – Volvió a reír mientras hacía un par de eses hasta llegar hacia donde estaba Drake. Entre que había bebido más de la cuenta y que Drake sabía cómo hacer el anormal de manera excelente, no podía parar de reírse. – Ahora sé que no eres un perdedor. – Volvió a reírse una vez llegó hasta donde estaba Drake. – Simplemente eres tonto.

Estiró una de sus manos para ayudar a Drake a levantarse, pero debido a la diferencia de tamaño, al alcohol y a la falta de equilibrio en aquel momento (y en todos, pero mejor decir que era culpa del alcohol) de Fly, la chica acabó en el suelo, a un lado de Drake, pues imbécil de ella no solo cayó hacia atrás, sino que durante la caída se desvió de su trayectoria al intentar hacer fuerza para levantar a Drake del suelo. Obviamente, Drake no despegó el trasero ni un centímetro del suelo. – ¿Por qué? Con lo divertido que es verte hacer el ridículo y acabar tirado por los suelos. – Dejó caer su peso hacia atrás, apoyando la espalda en el césped. Porque el suelo era de césped, no de arena asquerosa que se mete por cada resquicio de la ropa. No, no, era césped verde y limpito, sin cacas de perros, porque la gente era muy limpia y  no dejaba a sus mascotas ir dejando regalitos por los parques infantiles. – Eres como un niño pequeño. Pero midiendo dos metros. Y yo que soy una persona seria, responsable y madura midiendo medio metro menos… Esto no tiene sentido. – Negó con la cabeza mientras miraba el cielo. Malditas ciudades y su contaminación lumínica, no se veían ni estrellas.
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Drake Ulrich el Jue Sep 11, 2014 3:03 am

¿Sabéis ese cuarto de las escobas? Sí, ese que se utilizaba de todo menos de cuarto de escoba. Era un picadero, un lugar para esconderse, un lugar para encerrar a la gente sin dejarla salir… vamos, tenía multifunción. Todas menos la de “guardar las escobas”, ya que las que ahí se encontraban estaban rotas o desmejoradas y las más operativas estaban en el campo de Quidditch o en el aula teórica de vuelo. Pues ese cuarto de las escobas, según decía Fly, sería perfecto para ese todo a cien chino. Si ya han invadido medio Europa, ¿no podrían pasarse por Hogwarts?  Me reí con una fuerte carcajada cuando dijo lo de los ojos por la velocidad.

Se han acostumbrado con el mundo muggle tía, ¿de qué les sirve tener una tiendita como esa en un sitio donde se puede hacer magia? Además de que son unos estafadores. “Todo desde un euro…” —hice comillas con los dedos— Sí, desde un euro a un puto dineral. Dirán la verdad, pero es publicidad engañosa. Ahí te venden el “euro” como si fuera lo único que vas a gastarte. Luego entras y te gastas casi diez en gilipolleces varias. Tengo un pisapapeles en mi habitación con forma de caquita rosa que no he usado ni para pisar papeles. Imagínate si es inútil. —En realidad ese pisapapeles se lo compré a Willow, pero me dijo que era feísimo y como no admiten devoluciones (¡encima!) me lo quedé yo.

Tenía razón, la definición que le di de Lewis no era muy hetero. Reí divertido ante su elocuencia, pero no dije nada. Con suerte, seguía con Melinda. Pero teniendo en cuenta el poco contacto —más bien el inexistente contacto— no iba a saberlo nunca. Volvió a reírse por haber perdido mi placa, pero… sin duda ahora lo veía bastante divertido, sobre todo viéndolo desde una perspectiva exterior. Pero es que no tenía tampoco mucho que hacer, ni recuerdo lo que hice aquella noche. Es como si ahora viniera un mortifago y… bueno, no, nada que ver. Aquella noche podía caerme al suelo, abrirme la cabeza con una piedra e ir en plan Two-face por ahí que ni me enteraría. Ahora por suerte, era consciente de todo.

Algún día se te perderá algo y seré el que no pare de recordártelo hasta el fin de tus días. Espero que sea algo preciado. —Que no le haya regalado yo, que si no vaya chasco. O mejor sí, para hacerla sentir culpable—. ¿Sobre tus hombres? —solté una carcajada— Ya no sabes ni hablar, mi borracha plebeya. Porque no te creas una princesa, que no lo eres. Tsk. —solté divertido.

La vena de pedante egocéntrico fingido me había dado siempre, solo que de pequeño era Hufflepuff conocido por llevar una túnica amarilla y decir cosas como esas no era tan creíble. Ahora era más guapo, más listo y no siempre se sabe que soy Hufflepuff, por lo que puedo permitírmelo… Es broma. Pero siempre me ha gustado fliparme. Todo el mundo lo hace, aunque en algunos se nota más y en otros menos. En mi se nota porque nunca lo hago, básicamente. Pero cuando me emborracho me pongo tontito. Más todavía.

Fly me hizo “ZAS, EN TODA LA BOCA” cuando dijo que estando dormida era cuando yo le había besado. Por lo que motivarme… ¡está claro que me motiva! Simplemente sonreí con algo de timidez por aquella acusación. Obviamente, estábamos hablando de motivaciones totalmente distintas, pero no era momento para matizar porque matizaciones y explicaciones estando borracho podían llegar a ser demasiado filosóficas y no se me apetecía terminar divagando sobre los detalles de si el Génesis de la biblia si hubiera sido en el mundo mágico.

Antes de levantarme a pagar nada, volví a acortar las distancias entre aquel hobbit y yo y volví a besarle los labios. Porque pudiendo, no iba a besarle ni de coña en la mejilla. Sitio soso coño. Fue un beso corto, pero dulce. Porque soy Drake y todo lo que yo doy es dulce como la leche condensada. ¿Por qué? Porque adoro la leche condensada. Cuando me separé de ella, sonreí y le di un golpecito en la nariz. También muy dulce.

Me motivas aunque estés enferma, con mocos, sin depilar y con los pelos similares a los Chewbacca.  Pero mira que estar quedándome dormida cuando sales conmigo… ¿Acaso te aburro? —pregunté dramáticamente, porque me gustaba ser dramático. Al igual que fingía ser un chulo playa, me gustaba fingir ser un dramático. Porque yo no soy dramático, sólo cuando se me pierde algo tan valioso como una placa de auror— ¿Te aburres, verdad? ¿Crees que soy más soso que en Hogwarts? ¿Antes era más divertido? —Podría haber dicho miles de preguntas más, pero tenía más ganas de beber de la cerveza de Fly antes de seguir con aquella tanda de preguntas que podría desembocar en un golpe de Fly para que me callase.

Después de terminarme la cerveza de Fly y pagar, saqué a Fly de allí. El fresquito de Londres sería suficiente para despertarla. Además, yo tenía algo que demostrar: que no era un perdedor. Llegamos a un parque y ahí lo demostré. No sé de qué se reía Fly, si era todo muy digno de un hombre de veintiséis años. No funcionó muy bien, ya que después de mi súper mortal hacia adelante, algo falló y mi culo terminó en el suelo. Eso no debería haber sido así. ¿Qué han fallado en mis cálculos? Posiblemente se trate de este césped húmedo. Sí, toda la culpa del resbaladizo césped húmedo. Fly había entrado en una especie de ataque de risa sumamente mortal. Si no respiraba iba a morirse allí mismo. Yo por mi parte, no pude evitar también reírme, ya que evitar imaginarme mi caída me era totalmente imposible. Y, en mi mente, era todo muy patético. Por sus palabras, supongo que sí, que fue así.

¿Y si llego a caer de cabeza, qué? —pregunté retóricamente cuando dijo que era divertido verme a hacer el ridículo— Me muero y ya no puedes reírte más de mí, así que no. ¡Evita que haga estupideces! Sé que puedo ser muy persistente, pero si me enseñas una teta pararé de hacer cualquier cosa —bromeé divertido y ni siquiera pude terminar de decir la frase sin empezar a sonreír y reírme por el comentario y la situación.

Me dolía el culo, ya que apenas había apoyado los pies en el césped antes de caer. Qué sufrimiento es que te duela el coxis. O vulgarmente llamado Hueso del Culo. Lo cual es gracioso, porque está en el culo. O sea, ¿a quién se le ocurrió la brillante, innovadora y súper poco intuitiva manera de llamarlo así? Porque vamos, un applause, applause, applause. Es como si a la columna vertebral la llamásemos: Hueso largo del Medio. O al cráneo: Hueso Duro de la Cabeza. Y sí, pongo los nombres en mayúsculas para darle más imponencia. El comentario de Fly me hizo mirarla de reojo mientras me inclinaba hacia un lado para frotarme el HUESO DEL CULO.

¿Tú la responsable? ¡Já! —reí, negando con la cabeza— ¿Sería? ¡Já! —añadí, todo muy serio porque mientras hablaba me frotaba el coxis—. Aquí la más niña pequeña eres tú, que hay que llevarla a casa para que no se caiga por el camino porque no sabe controlar lo que su cuerpecito puede aguantar de alcohol —me metí con ella porque sí, porque puedo. Luego me uní a su mirada al cielo y me sorprendió no ver NADA. Cuando estás borracho o te imaginas muchas cosas o cualquier mierda es simplemente sublime— Precioso, ¿eh? La contaminación en conjunción con las nubes hacen de ese cuadro un visionado perfecto. —Al mirar hacia arriba y por haberme inclinado para frotarme mi dolorido culete, había hecho que mi rostro se quedase a apenas unos pocos centímetros del de Fly. Me encantaba verla sonreír, pero todavía más verla reírse. Aunque dijese que fuera porque era subnormal. Si siendo subnormal la hago feliz, pues mira tú que problema… La miré y solté un suspiro de joven enamorado con dolor en el culo y susurré:— Fly… —dejé que me mirase, pues estaba a punto de soltarlo. De soltar lo que realmente sentía. Me daba vergüenza pero no importaba. Mi mirada era sincera y mi sonrisa imborrable— Te…ngo un dolor atroz en el culo. Deberíamos movernos porque aquí se me congela y me duele  todavía más. —Y me levanté de un salto. Tras unos segundos en dónde esperé que todo terminase de hacer esa danza hawaiana tan nazi a mí alrededor, le tendí una mano a Fly para ayudarla a levantar. Pero de manera útil, no como ella, que va a intentar levantarme y se suicida ella sola. Cuando se levantó, me quedé en frente de ella, notando como mi culo estaba mucho mejor—. ¿Sabes dónde podrías ver las estrellas? —acaricié sus hombros con mis manos, frotándoselos dulcemente (leche condensada)— Desde el sitio más alto de Londres, donde no haya contaminación lumínica. Elige, plebeya, que te llevo en mi flamante unicornio fluorescente. —sonreí enseñando los dientes, contento, sin dejar de mirar hacia abajo y, sobre todo, sin apartar la mirada de ella.
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Fiona T. Shadows el Jue Sep 11, 2014 7:32 pm

El hecho de tener un todo a cien cerca era maravilloso y Fly no entendía las quejas de Drake. Que sí, que podían timarte todo lo que quisieran, pero era mucho mejor que tener que esperar a Navidades para poder comprar alguna basura. Porque todo sabemos en el todo a cien la mayor parte de lo que venden es pura basura que no usarás en toda tu vida. - ¿Y qué pasa por qué se pueda hacer magia? Los chinos tienen cosas super guays e inútiles en sus tiendas, y con magia no podemos hacer que aparezcan de la nada. – Negó con la cabeza. Además, las cosas hechas por magos no tenían un certificado valiosísimo donde indicaran que se habían fabricado en china y aquello era muy importante, porque desde que los chinos dominan el mundo, mandan fabricar sus productos a otros lugares. Así que esa etiqueta de “Made in China” indicaba que tu producto era chino de los de verdad. - ¿Qué euro ni que niño muerto? – Claro, luego era ella quien borracha decía gilipolleces. - ¿Cuándo ha llegado el euro a Inglaterra y por qué yo no me enterado? – Preguntó con tono dramático, como si aquel cambio de moneda dejando a un lado la libra se hubiera producido en algún momento. – Joder, tengo que ir a un banco lo antes posible. Y… Te va a  tocar pagar, porque no llevo euros encima. Tan sólo libras y un par de galeones. Bueno, creo que ni llevo galeones. – No iba a buscarlo, pero vamos, que casi segura que no llevaba.

Fly perdía cosas todos los días. Pero no tantas como Drake, quien perdía la dignidad cada mañana por el mero hecho de haber pertenecido a Hufflepuff, pero eso era un tema aparte. En cuanto a lo material se refiere, era más de comprar cosas que tenían la manía de esconderse de ella, porque estaba claro que no tenía mala memoria ni mucho menos era despistada. Por nada del mundo metería los calcetines en la nevera, ni mucho menos metería un plato en la secadora. Por Merlín, nadie tiene la cabeza tan despistada para hacer eso. Que se note la ironía en todo esto. – Pierdo cosas a diario. Por ejemplo, la otra noche iba tan borracha que salí de fiesta y perdí mi placa de auror cuando iba a capturar a un preso. Y luego perdí al preso, ¿Puedes creerlo? – Frunció el ceño. – Ah, no, eso te pasó a ti. – No te jode, claro que perdía cosas a diario, pero no personas. ¿En qué cabeza entra ser auror y que se te pierda, literalmente, un preso? – El cuerpo de aurores está en decadencia desde que dan trabajo a la gente como tú… Un Hufflepuff siendo auror, no sé que esperaba. – Era broma. Bueno, casi todo. Porque que Drake fuera auror era surrealista cuanto menos. Y que Fly lo fuera también, pero eso era un dato aparte, claro.

Se limitó a encogerse de hombros ante el comentario de Drake. – Tú me has entendido, hombre de los euros en Londres. – Sacó la lengua como si aquello fuera un juego infantil en el que el vencedor es el que demuestra que el otro ha bebido más de la cuenta y dice más gilipolleces de las que el otro puede soportar. – Claro que no soy una princesa, yo sería el villano del cuento, pero versión guay. – Le dio un toque en la nariz con el dedo índice, aún con una sonrisa de idiota entre los labios. – Tú serías… El típico niño de pueblo que trabajaba en las cocinas de palacio y que tiene que dejar esa vida cuando la familia rica muere a manos del villano guay. Entonces te irías a vivir al campo, con las vacas y las ovejas. – Soltó una pequeña risita. – Y yo sería la mascotita mona del villano. Estamos destinados para llevarnos mal, por eso me meto contigo. – Bromeó, como si aquella historia tuviera todo el sentido del mundo. Y lo tenía, en un universo alternativo, claro.

Después de aquella conversación tan seria y con tanta importancia para el destino de la humanidad, acabaron hablando de las motivaciones de Drake. Sobre todo cuando la gente está dormida, claro. – Yo nunca estoy así, soy perfecta siempre. – Fingió bostezar. – Realmente sí, no me motivas nada. Eres… Tan Hufflepuff que me aburres. – Volvió a fingir un bostezo antes de darle un corto beso en la mejilla. – Creo que nunca me he aburrido contigo. Bueno, menos cuando coincidíamos en Historia de la Magia, creo que no hay clase más aburrida que esa mierda. Ahí si eras aburrido… Bueno, no tú, si no el concepto de la clase en sí. – Miró al techo con cara de “se me está yendo la conversación y soy consciente de ello”.

Una vez en aquel parque donde Drake demostró que podía ser incluso más gilipollas de lo que parecía a simple vista, Fly quedó tendida en el suelo mirando al cielo y escuchando las palabras del chico. – Tienes la cabeza dura, seguro que no te hubieras hecho ni un rasguño. Además, dentro de ese melón que tienes sobre los hombros no hay nada útil que merezca ser salvado. – Soltó una risita y tapó la boca entre sus manos ahogando un nuevo ataque de risa. En su lugar, le dio hipo. Porque hay gente que cuando bebe más de la cuenta, le da hipo. Y Fly era una de esas personas. – Yo no tengo de eso, no te queda otra que no hacerme caso. – Hipó antes de volver a taparse la boca como si así pudiera evitar que el hipo saliera una y otra vez de su boca.

Aún con la boca tapada y los ojos abiertos de par en par mirando a la nada (porque en el cielo no había nada que ver) escuchó las tonterías que salían por la boca de Drake. ¡Pues claro que ella era seria y responsable! En… Ella… Era… Bueno. No, no lo era, no había escusa posible. Fly era menos responsable que un político con una bolsa de dinero en cada mano. – Eh, que yo estoy perfectamente. No necesito que nadie me lleve a casa porque… - Volvió a hipar en mitad de la frase, por lo que todo aquello perdió el poco sentido que podía haber llegado a tener. – Ah, déjame, estúpido. – Otro hipo. Se sentó con las piernas estiradas (básicamente porque si se sentaba de otra forma el vestido haría el resto del trabajo con su ropa interior) y miró hacia arriba hasta dar con los ojos de Drake. Hipó de nuevo.

En ese momento sus ojos habían dejado de mirar la nada sobre su cabeza a mirar la nada frente a su cabeza. Es decir, miraba hacia la oscuridad de los edificios, donde había varios setos de los que podía salir un vampiro llamado, por ejemplo, Vladimir, por decir un nombre, en cualquier momento. - ¿Eh? – Levantó la vista al oír su nombre, y con cara de “¿qué me estás contando no ves que estoy embobada mirando hacia la nada?”. Ahí se topó con la cara de Drake, o sea, con una cara de anormal. – Pues te jodes, que yo estoy cómoda. – Sonrió de oreja a oreja y cogió la mano de Drake para ayudarse a levantar. Apoyó su espalda contra el pecho del chico y siguió mirando la oscuridad del parque buscando al vampiro que estaba con un desodorante y una exploradora en algún lugar totalmente paralelo a aquel. – Los unicornios son muy mainstream, prefiero los narwhals, que son más cuquitos y tienen canción propia. – Y además los muggles creían en su existencia, no como en la de los Unicornios, Santa Claus, el Hada de los Dientes o los trabajos de contrato indefinido.

Sin dar previo aviso, Fly se desapareció llevándose consigo a Drake, en quien seguía apoyada. Ambos aparecieron en una azotea de un edificio moderno desde el que podía verse toda la ciudad. Hacía bastante viento y como Fly era tan hábil desapareciéndose después de haber bebido, casi acaba cayendo edificio abajo, pero se agarró a la camisa de Drake y obligo a que ambos fueran más al interior del lugar, donde corrían menos peligro. – Siempre había querido subir aquí. – Miró hacia arriba y no lo pensó demasiado. Soltó la camisa de Drake y se tumbó en la azotea del edificio, viendo las estrellas a lo lejos y la luna que apenas lograba verse por el pequeño tamaño que tenía aquella noche. – Sin unicornios y viendo las estrellas, para que luego digas. – Volvió a hipar. – Venga ya, ¿Cuánto dura el maldito hipo? Me está poniendo ya nerviosa. – Se cubrió una vez más la boca con las manos para intentar que no sonara el hipo y para que Drake no lo viera. Sí, le daba vergüenza tener hipo.
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Drake Ulrich el Sáb Sep 13, 2014 6:47 pm

No podía imaginarme un chino en Hogwarts. Quizás en Hogsmeade, pero en Hogwarts el encargado chino de esa tienda sería un pobre desgraciado. Que si Wingardium Leviosas, que si Everte Statum para despistarlo… No le pagarían por el más mínimo artículo. No habría hechizos para intentar robar cosas de las tiendas. Definitivamente, una cosa de esas no duraría lo mínimo en Hogwarts. Fly no tardó en percatarse DE MI GRAN FALLO respecto a la moneda, sin embargo, la miré con cara de rejúo, esa cara de: tía, sé que tengo razón. ¡Y tenía razón! ¿Quién estaba hablando del “todo a un euro” en Inglaterra? ¡Nadie!

¿Soy de Italia, sabes? ¡Allí si existe el euro! —le expliqué, con una ceja alzada intentado defender mi orgullo. Un fallito lo tiene cualquiera, ¿no? ¡Además, nunca nombré Londres! Que le gusta recalcar los fallos de los demás… a ver cuántas semanas tarde en olvidarse de esto…— Por suerte yo te invito a todo, no te hace falta —me mordí el labio inferior mientras que con una mano le molestaba, colocándosela en la cara como venganza a su perspicacia. Joder, ¿no estaba borracha? ¡Ya podría haber pasado del tema del euro!

Mi cara había pasado a ser sonriente a ser medianamente seria. Más bien de coña, rara vez me ponía serio de verdad si no se trataba de cosas importantes como que me roben comida o que mi mono cruce con el semáforo en rojo. Cosas serias, solamente. En aquel momento, simplemente aparenté serlo. ¡No iba a dejar nunca de reírse de mi placa perdida! ¡Ni tampoco de meterse con los Hufflepuff que terminan de auror! Mira que era pesadita. Era Hufflepuff, puede que HAYA SIDO un inútil, pero la gente aprende a ser útil, sino me hubiera suicidado. Negué con la cabeza.

Eres una pesadilla. ¿Lo sabías? —le pregunté. ¡Claro que lo sabía y encima estaba orgullosa de serlo! Sin embargo, no pude evitar seguir con esa fingida seriedad mucho tiempo más, ya que me partí de risa cuando empezó a decir que ella sería la mascota mona del villano del cuento— ¡Anda ya! —volví a soltar una sonora carcajada— Tú serías la mascota mona e inútil de los buenos, Fly. Podrás ser muy cruel, pero en el fondo no matas ni a una mosca… —sonreí ampliamente dejando de reír— Y sí, yo sería el inútil que ordeña vacas y no hace nada por la patria, definitivamente. Eso no te lo discuto. —Era un hecho que era un vago y la verdad es que el hombre, en los cuentos, normalmente es el héroe o el príncipe. Menuda pereza ser héroe o príncipe, prefiero ser el inútil de turno. Ese que pasa desapercibido, ese que mola de fondo.

Aquella persona capaz de soportar una clase de Historia de la Magia sin dormirse podía llegar a considerarse el amo del universo. Vaya por Dios, qué sufrimiento era soportar todo el rato la cansina voz del profesor hablándonos de Historia. Joder, si realmente el pasado es lo que menos importa, lo importante el futuro, coño. Aun así, después de recordar aquellas deprimentes horas de mi juventud, sonreí a lo que decía Fly. Yo nunca me aburría con ella, aunque estuviéramos sentados en alguna clase abandonada, sin hablar y mirando simplemente al suelo. Estaba con ella, su compañía era suficiente como para saber que mi tiempo estaba siendo bien malgastado sin hacer nada.

Claro tía. Es que soy súper divertido, además, a veces incluso, cuando decidíamos no vaguear inútilmente, decidíamos hacer cosas guays. ¿No te acuerdas cuando nos dio la vena de gamberros? Fue el año que más me castigaron. ¿Cuarto o quinto, pudo ser? ¡Quinto! Sí, me acuerdo que nos castigaron días antes de un TIMO y casi me da un infarto —sonreí divertido. Aquel año fue súper divertido, sobre todo porque entre que yo había pegado el estirón y era uno de los más alto de clase (cosa que sigo siendo) y ella conocía a mucha gente Slytherin, la gran mayoría o creían que no habíamos sido nosotros o se ahorraban el meterse con el grandullón y la enana peligrosa. Se salía en verdad. Lo malo eran los profesores, ellos no se cortaban ni un pelo…

Intenté demostrar no ser un perdedor pero… DEMOSTRÉ SER UN GILIPOLLAS. Pero bueno, un gilipollas divertido, por lo menos Fly se partió el culo y, literalmente, yo también. ¿Qué cosas, eh? Aun así, pude reírme lo que no estaba escrito allí tirado en el césped. Podría haber intentado ponerme serio y medianamente indignado con sus comentarios sobre mi melón/cabeza, pero no lo hice, ya que ella había empezado a hipar, muy típico de Fly. En cada hipo, me daba una especie de ataque de risa, cada vez peor. Y es que era tan mona hipando que me daban ganas de achucharla hasta hacerla explotar. Suena un poco raro, pero es la verdad.

Claro, perfectamente… que tu organismo no te deja terminar una frase entera… —sonreí y fue cuando decidí levantarme de allí porque mi culo estaba sufriendo las consecuencias del golpe en sintonía con el frío húmedo de aquel césped. Al levantarme, hice algo parecido al movimiento de un perro, pero sólo con la cadera, para luego sacudirme el trasero. Ayudé a levantar a Fly y ella se apoyó en mi pecho de espalda, mirando algo. ¿Qué narices llevaba mirando medio año? Llevé la mirada hacia allí, pero no había absolutamente nada. Ahora mismo me haría gracia saber qué clase de cosas pasan por la cabeza de esta mujer para prestarle tanta atención a nada— Pues un Narwhals. ¿Eso que son, focas con cuernos, no?

De repente me acojoné VIVO. Nunca había sido de esos que se desaparecen estando borracho por miedo a lo que pueda pasar. Nunca he sido de esos que se arriesgan a perder un brazo, una pierna, la nariz o yo que sé, algo más preciado que está justo entre las dos piernas. Pero al parecer, Fly si era de esas temerarias. Sentí como se me encogí el estómago y cómo mis pies entraban en contacto con un suelo mucho más rígido que el césped. Aunque también me di cuenta cómo Fly tiraba de mi camisa para no caerse al vacío de aquella azotea. Podría decirse que en aquel momento todo mis órganos se pusieron de acuerdo para pegarle una patada inferior a mi corazón, el cual ahora mismo estaba a cien en mi garganta.

Tía, estás loca… —fue lo único que dije, viendo cómo se acostaba TAN TRANQUILA en el suelo. Respiré profundamente y me senté a su lado. La verdad es que prefería pegarme la noche mirándola a ella antes que mirar las estrellas— Qué romántica eres… ¿Qué sitio es este y por qué no habías venido nunca? —A lo mejor era algún edificio famoso, pero obviamente desde aquel lugar no podía identificar nada. Entre que estaba borracho, no había mirado y estaba desubicado, para mí estaba en un sitio alto normal con mucho viento, lo cual agradecía, pues tenía calor. Al sentarme, los muros de la azotea hicieron el zoco para que no llegase tanto viento a nosotros y terminé por acostarme a su lado, riéndome por el hipo y su reacción—. Hay muchas soluciones… —comencé diciendo, poniéndome de lado para mirarla. Estaba tan mona intentando evitar que le saliera el hipo con la mano en la boca… Tenía camiseta blanca, pero realmente el mancharla por la suciedad del suelo era lo que menos me importaba en aquel momento, por lo que permanecí en mi posición y continué hablando: — Puedes beber mucha agua, que no hay. Puedo intentar pegarte un susto, lo cual se me da mal, sobre todo estando borracho pues me vuelvo predecible o… puedes intentar aguantar la respiración… —sonreí de lado— A eso puedo ayudarte… —mi mano se dirigió a su rostro para retirar sus manos hacia abajo e inclinarme para besarla en los labios, lenta y pausadamente. Parecía que se le había ido el hipo, motivo por el cual continué besándola. Por mí, no pararía. Sin embargo, no pasaron ni veinte segundos, antes de que un cojonero hipo saliera de sus labios. Casi exploto de risa. Me separé apenas unos centímetros, notando como mis labios empezaban a sonreír a punto de explotar— También puedes hiparme EN LA CARA sí… no había pensado en esa opción… Nada tía, vas a explotar con tanto hipo —volvió a coger las manos de la chica y se la puso en la boca— Para que la onda expansiva sea más pequeña —sonreí divertido, llevando ambas manos a la parte trasera de mi cabeza para ponerme boca arriba justo a su lado y tener un apoyo en mi cabeza.
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Fiona T. Shadows el Sáb Sep 13, 2014 11:55 pm

Drake estaba totalmente confundido. ¿Qué importaba que fuera de Italia para que hablara en Euros? Todo el mundo sabe que en Italia se paga en macarrones, esos que luego usan los alumnos de Magisterio para hacer cuadros en su trabajo de fin de grado. O para hacer collares y crear su propia gama de bisutería macarrónica, única en su especie, de todos los sabores y colores posibles. Eso sí, no sería bueno comérsela, por eso del pegamento y la cola blanca, que dicen que esnifarlo está bien, pero eso de comerlo quizá haga que se te peguen las paredes del estómago y acabes con el aparato digestivo más deforme que la cara de Carmen de Mairena.

- El euro existe en Inglaterra también, pero no se usa. O sea, que si cruzas la frontera sigue existiendo, no desaparece en un agujero espacio temporal. O en un agujero negro como el que habita en tu estómago desde que te conozco. – Entrecerró los ojos, como si intentara atravesar con la simple vista a Drake, aunque era por el mero hecho de haber bebido más de la cuenta y estar mirando a un mismo punto durante mucho tiempo. Porque claro, hay que tener en cuenta los casi dos metros de atractivo que tenía a pocos centímetros y así era difícil fijar la vista en… ¡Coño, una telaraña en el techo!  - Eres todo un caballero, aunque sé que sólo me invitas para emborracharme y llevarme a la cama. ¿Aún no sabes que puedo dormir de pie? – Abrió los ojos mucho, intentando no quedarse dormida, pues realmente el efecto del alcohol en ella iba por fases. Pasaba de estar alegre y vivaz a pasar a una fase de sueño constante. Para luego volver a la efusividad y no tardar en volver a dormirse. Era como un ciclo sin fin que lo envuelve todo, y aunque estemos solos debemos buscar y  así encontrar nuestro gran legado. – En realidad no puedo, pero en un avión sí. Y mira que es incómodo, con desconocidos al lado, porque no sé cómo lo hago pero siempre acabo viajando sola. Porque soy gilipollas y monto en avión en lugar de usar polvos flu, ya ves, soy toda una traidora de sangre. Primero saliendo con un hufflepuff, luego usando aviones… ¿Qué será lo próximo? – Se encogió de hombros y soltó una risita, tapándose la boca a continuación de esta.

¿Pesadilla? ¿Qué decía ese hombre? Seguro que cuando había ido al baño se había bebido el jabón líquido creyendo que se trataba de algún tipo de refresco muggle con el que bajarse el alcohol y se había quedado más gilipollas de lo que era. – Y no soy ninguna pesadilla, soy todo un sueño erótico. – Respondió muy digna. No como ese momento incómodo en el que te tropiezas y te das una rotunda hostia contra el suelo y disimulas cogiendo un libro del piso como si fuera esa la razón por la que te has agachado, y claro, luego te levantas como si nada, con cara de “estaba cogiendo mi libro aunque ahora me vaya a urgencias porque acabo de dislocarme el tobillo y se me ha roto la prótesis de la cadera”. - ¿De los buenos? – Alzó ambas cejas. – Perdona que te diga, pero si quiero puedo ser muy mala. – Coño, si en el fondo era un encanto, ¿A quién intentaba engañar? – Que el sin nariz ese a mí lado parece un conejito recién nacido. – Porque todo el mundo sabe que los conejitos son muy monos. - ¿En serio soy tan buena para ser una mascotita mona? – Preguntó preocupada. En serio, eso era ya algo personal, aunque sólo por el mero hecho de haber bebido más de la cuenta, sino le importaría una puta mierda.

Para ser sinceros, Fly no podía recordar el año en el que decidió liarla en Hogwarts, básicamente porque se dedicó a ello desde que llegó por el simple hecho de aburrirse. Había pasado de ser una chica tímida y callada que no se metía con nadie a ser el centro de cualquier problema según iba ganando confianza con las personas. Podía ser la persona más pacífica y ser la más revoltosa, tan sólo dependía de la confianza. – Es que tú eras demasiado tranquilo y claro, te juntaste con malas influencias y el hecho de tener una mancha en tu expediente ya era todo un trauma. – Eso pasaba cuando tu expediente no era una mancha en sí. – Cierto. – Soltó una carcajada. – Fue quinto, me pasé toda esa tarde en la biblioteca estudiando gracias a ese bendito castigo. Si no llega a ser por eso dudo que hubiera aprobado herbología. En serio, creo que las plantas me odian o algo, era una negada con esa maldita asignatura. – Era cierto, casi la había suspendido más de una vez por aburrirse en aquellas clases. - ¿Esa por qué fue? – Hizo memoria, mordiéndose el labio inferior mientras pensaba. – Creo que fue por colar en el desayuno las pastillas esas que hacían vomitar. – Sonrió divertida. - ¡Sí, fue por eso! Además las dejamos todas en la mesa de mi casa y acabaron vomitando todos. Fuimos imbéciles, cada uno tenía que dejarlas en un sitio y fueron a parar todas a la misma mesa. Podríamos haber matado a alguno… - Tampoco es que importara mucho, había demasiadas serpientes creídas. Y más de una con su apellido. – En esa creyeron que había sido un grupito de Gryffindor y no nosotros, además, yo malmetí diciendo que había visto a uno de ellos metiendo las manos en nuestro desayuno. – Al pobre chico luego lo habían colgado en el baño de las chicas por los cordones de los zapatos y seguro que tuvo una increíble y apasionante conversación con el Myrtle.

- No son focas. Las focas se ríen raro y dan palmas mientras dan cabezazos a una pelota de playa. – Claro, las focas sólo hacían eso. – Son… Son animales monos y adorables con un cuerno en mitad de la cabeza, que un día decidieron salir del agua, violar a una yegua y tener unicornios. – Afirmó con total credibilidad en sus palabras. En realidad no se creía nada de aquello, pero si la gente creía lo que ponía en la Biblia, ¿Por qué no creer aquello?

La estancia en aquel parque donde Drake demostró la razón por la cual había acabado en Hufflepuff, Fly se desapareció llevándose a Drake consigo hasta una azotea. Se trataba de un edificio céntrico lleno de oficinas en sus pisos inferiores, o eso pensaba Fly pues un día había querido subir para hacer pis y le habían dicho que si no trabajaba allí no podía. Ni que fuera fácil encontrar trabajo en pleno 2014, así no hay quien haga pis.  - ¿Loca? Yo creo que soy divertida. Además, te encanta que sea así. – Dijo una vez se posicionó tras casi acabar azotea abajo. Le dio un corto beso en los labios antes de separarse y dejarse caer sobre el suelo y mirar hacia las estrellas aún con la sonrisa nerviosa en el rostro y las pulsaciones aceleradas a causa de la casi caída. - ¿Verdad? Soy el romanticismo personificado. Ahora aparecerán unos mariachis a cantarnos algo y luego lloverán pétalos de rosas rojas. No te jode. – Ironizó. – No sé, es un edificio que vi un día y al que no me dejaron entrar por no trabajar dentro. – Cerró los ojos durante un instante, pero cuando hizo eso el mundo se movió más deprisa a su alrededor. Todo daba vueltas e, ilusa de ella, había creído que cerrando los ojos frenaría, cuando lo que hizo fue acelerar un poco más.

El hipo saltaba una y otra vez sin que pudiera evitarlo. Llevaba ya varios minutos con aquello y comenzaba a ser molesto (bueno, había sido molesto desde un principio). El mejor método para calmar el hipo era decir “Hipo tengo, a mí amor se lo recomiendo; si me quiere bien que se quede con él, si me quiere mal, que me lo vuelva a mandar”, pero no era plan de mandarle el hipo a su pobre erizo, así que aceptó la curiosa forma de quitar el hipo de Drake: un beso. – Eso te pasa por besarme, payaso. – Dijo rompiendo a reír por aquello y tapándose la boca avergonzada. – Déjame, idiota. – Añadió mientras notaba como se ponía colorada y sus manos ya comenzaba a cubrir también su rostro.

Drake quedó tumbado a su lado, a pocos centímetros y Fly se limitó a mirar entre las rendijas comprendidas entre sus dedos en dirección al chico. Una sonrisa se formó en su rostro y al rato se dio cuenta que de la vergüenza el hipo había desaparecido. La castaña se giró quedando mirando a Drake y se acercó hasta él, dándole un corto beso en la mejilla. Apoyó una de sus manos en el pecho del chico y lo usó como punto de apoyo para quedar sentada en el mismo lugar en el que antes estaba tumbada. - ¿Entiendes algo de estrellas? O sea, algo más de la osa mayor, la osa menor y esas tonterías. Cuando pude quitar Astronomía de las materias obligatorias dejé de ir a esa mierda de clase. Realmente creo que esa clase solo servía para dormir, porque a mí me daba sueño hablar de estrellas y constelaciones. – Se encogió de hombros y acercó su rostro al del chico, dándole un largo beso en los labios. Se quedó en aquella postura, juntando su nariz con la de Drake y con una sonrisa en los labios. – Hace frío. – No dijo más, sino que se limitó a cambiar de postura, acurrucándose sobre Drake y doblando ambas rodillas quedando su cabeza bajo la barbilla del chico y su cuerpo pegado al suyo.

OFF: Quería recordarte que eres anormal, aunque ya lo sabes. Y que fasdfasdfa tú <3
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Drake Ulrich el Mar Sep 16, 2014 3:10 am

El tema del euro era relativo. ¡Claro que sabía que no desaparecía en un agujero negro! Pero en cierta época de mi vida aprendí a hablar del euro y se me quedó impregnado en lo más profundo de mí ser. Además, era difícil convivir con tres monedas que uso bastante en mi vida. Galeones, libras y euros. Galeones en el Londres mágico, libras en el Londres muggle y euros en mi tierra natal. Sin embargo, no dije nada al respecto, ya que el siguiente comentario de Fly me hizo soltar una divertida risa. Qué bien me conocía, o eso pensaba ella.

¡Vaya, me has pillado, qué predecible soy! —teatralicé— ¿Tanto se nota que en realidad estoy aquí, invitándote a cosas y siendo simpático para llevarte a la cama? ¡Pensé que eras como las otras chicas! —Realmente, nunca he sido de ligar una noche para llevarme a chicas a la cama. Me daba pereza tener que poner excusas posteriores cuando algo no me gustaba. Se necesitaba más de una noche para conocer a una persona—. Pues nada, me has estropeado el plan. Y yo que quería sorprenderte con una cama vertical. La devolveré —No obstante, antes de poder recibir ninguna contestación, Fly se encargó de rematar aquel diálogo diciendo lo inútil que era a la hora de viajar en avión. ¿Luego era yo el Hufflepuff inútil?— La muerte tía. Que no se entere un mortifago que saliste con un Hufflepuff y que viajas en avión porque eso es un Avada Kedavra directo aquí… —y fui a señalarle en el vientre, pero la cogí por sorpresa, elevándola por los aires por su barriga y colocándola en mi hombro. ¿Por qué? Pues porque puedo. Y me encanta molestarla.

Por desgracia, había sido víctima de un ataque de risa, por lo que tenía el inconveniente de que si me reía, no era capaz de sujetarla con seguridad. Su comentario sobre el sueño erótico no sólo me hizo sonreír, sino realmente soltar una carcajada en medio de ningún sitio. Le di una palmadita en el culete, ya que su cabeza había quedado por la zona de mi espalda.

¿Anda ya? ¿Un sueño erótico? ¡Já! —dije, agachándome levemente hacia adelante para dejarla en el suelo, ya que por mucho que se moviera y pataleara, yo la dejaba en el suelo cuando YO quería. ¿Por qué? PUES PORQUE PODÍA. La miré desde arriba, porque muy rara vez la miro desde abajo— ¿Y desde cuándo te has vuelto tu tan egocéntrica, sueño erótico? ¿Desde qué vives en Noruega o desde que te has bebido tantos botellines sin darle tiempo al cuerpo a asimilarlo? —pregunté retóricamente, dándole un golpe en la nariz en plan peleón amistoso.  

Cuando Fly me preguntó que si de verdad era tan MONA como para ser la mascotita del bueno con esa preocupación y ese gesto tan mono… Casi me la como. Literalmente, pero con leche condensada, que en el fondo es una amarga. Si es que con esa carita no puede ser malvada. Con ese cuerpito no puede ser mala. ¡Si es que era todo adorabilidad! Sería, por ejemplo, Flanders. O Puca, el perro retrasado de Anastasia. Aunque en el fondo odiaría a Anastasia, porque ella es así y odia a las pelirrojas de ojos verdes que se creen morenas de labios gordos.

Recordar el pasado, siempre y cuando fuera un recuerdo bueno, era sumamente entretenido. Sobre todo cuando había tanto que creía olvidado y que realmente seguía ahí, almacenado en lo que parecía una ilimitada lista. Sorprendente, ya que realmente creía bastante limitado. El alcohol me engaña. Sin embargo, no reparé en ello, sino en el flashback nítido y divertido que acababa de aparecer en mi mente. Mi cara de pánico y mi cuerpo sudando de nervios al ver cómo todos los Slytherin vomitaban como si se tratase de un efecto dominó. Había sido una de las cosas más asquerosas que había visto en mucho tiempo.

Normal que pensaran que habían sido de Gryffindor. El eterno odio injustificado. Pero mejor para nosotros… recuerdo cuando le echaste toda la mierda al pobre Gryffindor. Me dio toda la pena, eres ruin y cruel. El pobre no había hecho nada —intenté parecer serio, como reprimenda, pero en mis labios se formó una sonrisa— En verdad era un flipado. Todos los Gryffindor son unos flipados. Flipados con buenas intenciones, al contrario que los Slytherin, pero al fin y al cabo flipados. —me encogí de hombros y fue entonces cuando me di cuenta de que Fly arrancado un trozo de césped inconscientemente— Por eso te odian las plantas, Fly. Por eso… —reí—. Eres cruel hasta con la naturaleza. ¿¡No tienes suficiente conmigo, o qué!?

Respecto a los Narwhals, podría decirse que aquel comentario iba a guardárselo en su cabeza para poder reírse todo lo que quisiera en la prosperidad. Animales monos y acuáticos con cuernos que violaron a una yegua para tener unicornios. Todo, absolutamente todo, tiene sentido. En realidad, si lo mirabas desde un puto totalmente anatómico, era posible. Lo único complicado sería montar al animal mono y con cuernos encima de la yegua. Pero oye, la naturaleza es caprichosa.

¿Entonces eres una foca? —sonreí divertido cuando dijo que las focas se reían raros y daban palmas mientras daban cabezazos a una pelota de playa. Algo visualmente muy retrasado, como ella—. Creo que has bebido demasiado. No sigas por ahí o vas a terminar por descubrir una nueva especie. Y eso sí que sería el colmo de ser traidora de la sangre… ayudar a los muggles en su descubrimiento de la evolución.

Sonreí antes de que ella se abrazara a mí y se desapareciese del lugar. Por mucho que dijese y afirmase que a mí me gustaba así de loca, había cosas que mejor dejarlas para otro momento. Como la DESAPARICIÓN. Aun así, como salió bien, me ahorré el hecho de explicarle los problemas de haber salido mal, ya que la bebidas alcohólicas me deshidratan y hablar de más todavía lo hacía más. Primero le di un codazo divertido ante el romanticismo de aquella gran vista. La verdad es que si tuviéramos que elegir al romántico de los dos, sin duda sería yo. Era romántico, a veces. Pero sin duda, lo era noventa veces más que ella. No me quejaba, en realidad me encantaba tener esos detalles con ella y sería raro recibir alguno. ¡No sé cómo reaccionar a las sorpresas!  Después, en vista de que el hipo de Fly era más cojonero que ella misma, decidí remediarlo, fallidamente. Ella se descojonó debajo de mí y la verdad es que yo hice lo mismo antes de volver a ponerme boca arriba y mirar el cielo estrellado.

Ella se sentó a mi lado, preguntándome por las estrellas. Nunca había sido un hacha en Astronomía y, como no servía para nada para ser Auror, me la quité bastante temprano en Hogwarts. No obstante, mi compañera de casa favorita y una de mis mejores amigas, Katerina, era nada más ni nada menos que la profesora de Astronomía y, siempre, se ponía a contarme cosas sobre las clases que iba a dar mientras desayunábamos, dibujándome esquemitas con la varita para que no me quedase dormido. Era experta en tratar con vagos como yo.

Un poco sí sé, Katerina es muy buena haciendo que, aunque no le prestes atención, algo se te quede. Sus alumnos deben de estar encantad… —No terminé de decir lo que estaba diciendo porque Fly es una desconsiderada que me interrumpe con un beso. Ni una queja. De hecho, mi mano fue hacia su rostro y acaricié su mejilla con el dorso, alargándolo antes de que ella se separase de mí. Sonreí como un ESTÚPIDO —como de costumbre— cuando se alejó y le tiré mi chaqueta (la cual estaba  sobre mi regazo) a la cara cuando se quejó de frío— Qué haríais las mujeres sin las chaquetas de los machotes. —esbocé una amplia sonrisa, viendo como Fly se acurrucaba a mi lado. Pasé mi mano por debajo, para abrazarla y acercarla a mí. Le di un beso en la cabeza y comencé a acariciarle el pelo—. Si tienes frío podemos irnos. O… —estiré la cabeza hacia atrás para mirar a la puerta de aquella azotea— …Podemos entrar al interior como si de unos ladrones profesionales nos tratásemos y tener sexo desenfrenado sobre la mesa de algún despacho. Bueno, eso no es muy de ladrón profesional, pero nadie es perfecto, ¿no? —esbocé una sonrisa bromista pesar de que Fly seguía apoyada en mí y no podía verla. Pero bueno, me conocía, no hacía falta decirle que era broma para que lo supiera por sí misma. Eso sí, la oferta de entrar dentro seguía en pie… ¿Qué podríamos hacer dentro? Bueno… era un edificio bastante grande, seguro que como mínimo tiene un sitio en dónde robar comida… Pero no iba a decirle eso, que si no empieza a meterse con mi querido y dulce agujero negro.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Mar Sep 16, 2014 11:38 am

Una sonrisa divertida brotó entre sus labios cuando Drake comenzó, una vez más, a dramatizar la situación. Aquel Hufflepuff tenía que haber ido a una Universidad muggle, donde hay cientos de actividades, y acabaría apuntado al grupo de teatro, representando las obras de Shakespeare por los pasillos como si aquello fuera lo más apasionante que pudiera hacerse en todo un día. Pero como bien se sabe, todo eso es mentira y sólo existe en las películas o puede que en las universidades privadas, pues ya es bastante tener una cafetería en las universidades públicas. Estos muggles que en sus películas pintan la Universidad como un lugar maravilloso cuando sólo son cuatro paredes donde la gente te roba al móvil.

Había bebido demasiado como para seguir la actuación de Drake y adoptar ella también cierto tono dramático, por lo que se limitó a mirarle con cara de idiota y sonreír cada vez que la voz del chico volvía a salir entre sus labios. – Yo no soy como las demás, soy más bajita y desde aquí abajo se ven tus intenciones. – Añadió antes de volver a soltar una carcajada. Cualquiera que estuviera viendo aquella situación pensaría que eran dos borrachos que acababan de conocerse y acabarían en la cama. Pero no, si esos dos acababan en la cama sería para dormir. – Si, la verdad es que espero no conocer ningún Mortífago. – Irónico teniendo en cuenta que una de sus únicas amistades en Londres fuera una de aquellos enmascarados y que dos noches antes hubiera acabado conociendo a otro sin si quiera saberlo. – Realmente merezco la muerte. O sea, lo de los aviones no es nada comparado con salir con un Hufflepuff. Es que además no salí con un Hufflepuff cualquiera, sino con la máxima representación de Hufflepuff. – Esto era cierto. Drake era la persona más Hufflepuff que existía en el mundo. Al lado de las insignias de casa debían poner a la persona que hubiera representado mejor las cualidades de cada casa, y al lado de Hufflepuff tendría que salir la cara de Drake.  Aunque teniendo en cuenta que para estar en la casa de los tejones lo que tienes que hacer es no tener ninguna cualidad, aquello no era precisamente bueno.

Fly bajó la vista hacia la mano de Drake, como si allí estuviera la entrada hacia El Dorado y pudiera conseguir mucho oro y una chacha a la que amenazar con llamar a inmigración si no limpiaba como debía. Pero, para su sorpresa, aquello fue una trampa y acabó sobre uno de los hombros de Drake con cara de amigos. – Já, já y já. Eres tan gracioso. – Dijo de manera irónica. Luego rompió a reír. – En verdad si tiene gracia. – Añadió aún entre risas mientras daba un par de patadas intentando en una de estas golpear a Drake y bajar de allí. Pero no, resultó imposible.

Por suerte, la estancia sobre su hombro duró más bien poco y fue a parar al suelo, donde se tambaleó durante un par de segundos debido al alcohol y a los rápidos movimientos en su cabeza. Drake a veces pensaba con el culo. – Desde que tú eres un egocéntrico. – No te jode.  Llevaba toda la puta noche alardeando de lo guapo que era, que sí, que llevaba razón, pero eran cosas que por regla general Drake no hacía. – Y ya no vivo en Noruega, así que… No tiene sentido eso. Será el alcohol o que eres tú y contigo  aparece mi egocentrismo. – Que también era cierto. Vamos a ver, no todos los días sales de noche y acabas acurrucada con una persona que no simplemente te parece atractiva como para pasar una noche juntos. Sino que tiene cierto trasfondo sentimental detrás que el alcohol, de por sí, aumenta.

Claro que era cruel haber metido en líos a aquel pobre Gryffindor. Pero a Fly le importaba más salir ella libre, aunque aquello significase que un inocente sufriera las bromas pesadas de todo Slytherin. Al menos aquel Gryffindor no tenía que verles a diario en la Sala Común, que ella sí hubiera tenido que hacerlo. – Hombre, la otra opción era echarte la culpa a ti, y si de por sí ya se metían contigo por pertenecer a la casa de los imbéciles, aquello hubiera sido la guinda del pastel. – Miró el cielo. - ¿Por qué la gente le pone guindas a los pasteles? Joden el resto del pastel, saben raro. ¿A ti te gustan? Bueno, a ti te gusta todo lo que puedas llevarte a la boca, es absurdo preguntarte. – Se marcó un monólogo ella sola, porque cuando bebía hablaba más de la cuenta y la mitad de lo que decía no tenía sentido alguno. – Gryffindor es una casa de mierda que se cree algo. – Vamos, que por mucho aprecio que tuviera a William, él también mantenía ciertas actitudes dignas de su antigua casa y a veces daban ganas de tirarle una maceta en la cabeza y provocarle un derrame cerebral.

Se encogió de hombros y levantó la vista buscando los ojos de Drake. – Contigo no soy cruel… Eres un exagerado. Aún no sé cómo no te das cuenta que siempre me he metido contigo para llamar tu atención. – Rió. – Al principio, luego se convirtió en costumbre. – Sí, eso era más cierto. Aunque quizá aquellos últimos días lo había hecho por acto reflejo, también era por tener una excusa para hablar con Drake.

Por arte de magia, y nunca mejor dicho, habían abandonado aquel pequeño parque situado en algún lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Ahora se encontraban en una azotea, donde el viento daba algún que otro golpe contra sus cuerpos y donde, por suerte, las estrellas se veían perfectamente. En aquel lugar no había rastro de la contaminación, ni de vagabundos que deambulan por los parques con sus cartones. No, allí sólo estaban ellos dos.

Miró a Drake, esperando que contara alguna apasionante historia. Pero no lo hizo. Sino que se limitó a decir que una de sus compañeras de piso (la que estaba loca y la única que Fly conocía) entendía de estrellas. Cierto, había dicho que era profesora de Astronomía en Hogwarts. Aunque también dijo que daba música en un instituto, o algo así. Quizá era una tapadera y en verdad era una palmera.  

No tardó en colocarse la chaqueta de una manera normal, porque los hombres son inútiles hasta para colocar chaquetas. Fly había quedado tumbada sobre Drake, acurrucada y si no ponía empeño por mantener los ojos abiertos, en pocos minutos acabaría también dormida. Fly rodó sobre sí misma, para quedarse mirando una vez más las estrellas. – Desarrollar pelo por todo el cuerpo para no tener frío o irnos a vivir al Caribe. – Bromeó mientras se acercaba a él con la ayuda de la mano del chico.

Escuchó las maravillosas proposiciones de Drake. Irse de allí o colarse en aquel lugar. Lo de irse no era una opción en aquel momento, pues no tenía gana alguna de separarse otra vez de él, y lo de colarse… Era peligroso, sí. Pero tampoco es que le importara mucho. No contestó, sino que se limitó a mantener la vista en el cielo pensando. Aquello no duró demasiado. Drake iba a matarla por volver a hacerlo, pero se sentía en la obligación de hacer que aquello sucediese. Segundos más tardes, el sonido de su desaparición anunciaba que habían llegado al interior de la oficina. Si era sincera, no tenía ni la más remota idea de en que piso estaban, pero había una fila de mesas idénticas con sus ordenadores y teléfonos. Todo muy igual. Fly se encogió de hombros y se levantó del suelo en el que habían caído, quedando sentada al lado de Drake. – Sé que te encanta que me desaparezca cuando voy borracha. – Rompió a reír, pero ella misma se tapó la boca con el dedo índice anunciando que debían guardar silencio.

No permaneció demasiado tiempo recostada sobre el suelo, y del mismo modo tampoco sentada. Con los brazos en jarras, se quedó mirando aquella oficina con curiosidad. Los muggles no trabajaban en lugares tan diferentes a donde ellos lo hacían. – ¿Alguna vez has trabajado en una de estas oficinas? – Dio un par de pasos hasta llegar a una de las mesas y ponerse a jugar con una grapadora. Ciertamente Fly era hija de magos y nunca había tenido gran contacto con la tecnología muggle, por lo que una simple grapadora le resultaba de lo más gracioso.
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Drake Ulrich el Jue Sep 18, 2014 2:01 am

Siempre buscaba la manera de hacer que su altura fuera la responsable de todo. ¡Claro, ahora su estatura le daba la habilidad de saber mis intenciones! Pero bueno, no era muy difícil saber mis intenciones, al fin y al cabo. Podría hablar mucho de cosas pervertidas en algunas ocasiones, pero lo que realmente quiero después de una noche como esa en dónde colma el cansancio, es dormir. Y como encuentre una cama… ¡A ver quién me levanta de ahí! ¿Y por qué? Porque soy un vago y como bien dice, soy la máxima representación de los Hufflepuff. Helga estaría orgullosa de mí, seguro que fue un antepasado mío o algo por el estilo.

Gracias, me halagas. Por lo menos soy el mejor Hufflepuff de todos, no uno cualquiera. Eso ya es decir. Por lo menos eliges con calidad y no un cualquiera, que podría… yo que sé… ¡SER SANGRE SUCIA! Ahí sí que serías una auténtica traidora de la sangre —intenté consolarla. Consolándola por salir con un Hufflepuff y ese Hufflepuff ser yo… parece mentira.

Obviamente todo lo que decía siempre tenía gracia. Era Drake y era grasioso. Con S. No seré el más guapo, ni tampoco el más atractivo, ni el más lo que sea… Pero divertido si era. O bueno, no voy a mentir… me sentí gracioso con ella, porque la risa floja se reía por todo lo que hacía o decía. Quizás era un patán inútil que no hacía reír a más gente, pero sinceramente, no me hacía falta escuchar otra risa o ver otra sonrisa más que la de ella.

Sin embargo, me llegó a la patata el hecho de que se creyese de que yo, de verdad, pudiera llegar a ser un egocéntrico. Pero si soy Drake, un chico que empezó a quererse cuando pegó el estirón porque al principio era un canijo y encima Hufflepuff. ¿Qué ego voy a tener yo? Ninguno. La miré con cara de perrito vagabundo. Porque eso de corderito degollado era demasiado perverso para mí.

¡Venga ya! Pero yo lo digo de broma, tú lo dices muy en serio. ¿Yo egocéntrico, en serio? Cualquier comentario egocéntrico que salga por mi boca es por el simple hecho o bien de molestar, o bien de molestar, o bien porque estoy borracho. Estando contigo, las tres juntas. ¿En serio te crees que me creo el centro de atención de todos? —con el pulgar hice de palanca y le di con el dedo índice en la nariz— Anda que eres boba. Tú, por otra parte, eres Slytherin, naciste con un ego nato.

Casi me sale un “jiji” verbal cuando me preguntó que si me gustaban las guindas de los pasteles. Tío, a ver… es comida. Toda la comida está rica. Menos los guisantes, esas bolas verdes súper insípidas que se creen ricas. ¿De qué van, tío? Es la comida más inútil del puto mundo.

Tía, no te pases, que yo era uno de los Huffelpuff que menos atención de burla tenía. Primero, porque le sacaba una cabeza a todos. Y tercero porque te tenía a ti como novia e imponías. Me defendías como buena mujer —sonreí ante mi propio diálogo, pues me hizo gracia mi manera de contar— Y sí, a mí tampoco me gusta Gryffindor. Era muy… roja. No sé. ¿No te lo parecía a ti? —Era un buen motivo. El rojo nunca me ha terminado de convencer. Fly si intentaba ser más monas, podía llegar a estallar de adorabilidad. Negué con la cabeza— Pues qué idiota, si no te hacía falta hacer nada para llamar mi atención. Eras lo ÚNICO a lo que prestaba atención. De pequeño los dos éramos gilipollas —negué con la cabeza con gracia y nostalgia— Bueno, y ahora también. Tú más que yo. —le saqué la lengua.

Nos acostamos en el techo de… o sea, en el suelo del tejado de aquel edificio. ¿Por qué? Pues porque podíamos, joder. ¿Estaba sucio? Qué más daba… tenemos magia y lavadoras. Sobrado. Ella se acurrucó a mí porque yo, aparte de ser una estufa humana, era un buen peluche y nos pegamos así un rato. Como de costumbre, yo tenía que ser la cabeza pensante de la relación… Se me pasaban muchísimas cosas por la mente, pues era una cabeza pensante útil, pero sólo le di dos opciones. Siempre me había gustado eso de meterme en sitios prohibidos, era divertido y me daba un no sé qué muy guay por todo mi cuerpo. Podría ser peligroso, sí… Pero sobre todo sería gracioso. Sólo imaginar que hay cámaras de seguridad y van a vernos aparecernos ahí dentro… Un par de desmemorizadores van a tener que hacer de las suyas por culpa de nosotros. Fly no tardó en volver a hacer de las suyas y aparecer ambos dentro de aquellas oficinas, en la misma posición. En vez de ver un precioso cielo estrellado lo que veía era un fluorescente APAGADO. Estaban encendidas solamente las luces de emergencia, esas que dan un aspecto misterioso y bastante siniestro. Pero por suerte, eran suficientes como para no dar pie a la imaginación y pensar qué clase de mierdas podrían salirte de la oscuridad, ya que estaba todo suficientemente iluminado.

Vamos, en éxtasis me quedo cada vez que te desapareces —ironicé divertido levantándome de aquel suelo de madera brillante y sacudiéndome el trasero del pantalón. Me acerqué a dónde estaba, en una de las mesas y sonreí— Por suerte nunca he tenido el placer. No he trabajado nunca en un trabajo muggle, he trabajado en fleje de mierdas antes de llegar a ser auror, pero siempre en relación con la magia —le expliqué, alejándome de ella y sentándome en la mesa de al lado, en una de las sillas de ruedas, dando una vuelta. Me gustó, así que di muchas más vueltas hasta marearme, que fue cuando me paré y la miré— Trabajé los primeros años de secretario para el Jefe de Departamento de Deportes Mágicos, luego me cansé de que se aprovecharan de todas las horas que tenía y lo poco que cobraba y trabajé en algunas tiendas del Callejón Diagón, pero no duré nada porque me cansé porque era aburrido… Pero bueno, valió la pena mis mierdiaños en trabajos como esos… Pero este sitio no parece muy diferente al Ministerio, ¿no? No tenemos ordenadores —le di un golpecito a la pantalla— Ni grapadoras, ni teléfonos —cogí el teléfono y me lo llevé a la oreja. Como obviamente no había nadie al otro lado (porque si llega a haberlo me hubiera acojonado vivo) lo volví a colgar— pero sigo prefiriendo la magia a un ordenador con el que poder jugar sin que el jefe se dé cuenta.

Las mesas de aquellas salas eran individuales, pero estaban unidas en grupos de cuatro, de tal manera que en cara esquina se encontraba la mesa de cada empresario. No era muy íntimo, pero nadie de los otros tres del cuadrado ficticio podría ver lo que estabas haciendo. Me acerqué a Fly con la silla, arrastrándola como un retrasado, colocándome justo a su lado para llamar su atención tirando de su falda. Sonreí y miré hacia arriba en busca de sus ojos, pero la mirada se me desvió a la izquierda, dónde había una cámara de seguridad enfocándonos como si fuéramos portada de Corazón de Bruja. Alcé las cejas y sonreí.

Creo y, solo creo, que mañana los de seguridad van a flipar con nuestra entrada triunfal —reí divertido, mirando hacia arriba para saludar a la cámara y que Fly se percatase de dónde estaba. Estaba en el sitio perfecto para enfocar al lugar en dónde nos aparecimos—. Los desmemorizadores se van a cabrear contigo por no usar con responsabilidad nuestro gran poder, Fly… —le eché la culpa, empujándome con el pie para que la silla saliera deslizada hacia atrás mientras daba vueltas. Aquellas sillas eran el inventazo del año.
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