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Curando heridas, viejas y nuevas {Priv. Caleb Dankworth}

Invitado el Lun Ago 25, 2014 11:26 pm

Recorrimos las calles mojadas de Londres, recorriendo de vuelta el camino hasta mi casa. Caleb me siguió, a mi lado, sin rechistar. No me gustaba verle sangrando, y prefería asegurarme de que se curaba esa herida. Con lo cabezota que era, estaba segura de que era capaz de dejársela tal y como estaba en aquel momento.

Tenía suerte de vivir en un piso bajo, me ahorraba el tema de subir escaleras. Saqué las llaves, y abrí la puerta. -Cuidado con el perro. -le aconsejé a Caleb sin dirigirle la mirada, mientras pasaba al interior de la casa. Inmediatamente se encontraba el salón, decorado en tonos granates y bastante ordenado para el caos que yo era. -Puedes acomodarte. -añadí, señalando el sofá mientras me quitaba la chaqueta para estar más cómoda. Aquellos estúpidos uniformes cortaban la circulación.

Dejé que mi inquilino se sentase en el sofá, y me dirigí al baño para coger el maletín con los utensilios de enfermería. Vi que Sultán estaba durmiendo en la bañera (cosa no muy rara en él), y solté una leve brisa. Aquel perro tonto me enamoraba.

Volví al salón y me senté al lado de Caleb, con las piernas cruzadas. -Trae, déjame ver. -dije, tomándole la mano como si se tratase de algo muy frágil. Ser motífaga no te convertía en una bruta, y yo seguía siendo la chica fina y delicada que había sido. Solo que con más carácter. Tomé una gasa sin decir palabra y la empapé de alcohol. Luego, la puse sobre la herida sangrante. Sabía que aquello escocía, aunque Caleb nunca dejaría ver en su rostro un rastro de dolor.
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Caleb Dankworth el Mar Ago 26, 2014 7:39 am

Seguí a Alyss en silencio por las calles de Londres, sin decir nada en todo el trayecto. Me fijé (más de manera inconsciente que a propósito) de las calles que cruzábamos y los giros que hacíamos hasta llegar a la dirección de Alyss. Sabía que la recordaría perfectamente.

Llegamos a su piso, que estaba en una planta baja, por lo que no hizo falta subir las escaleras. Subir escaleras no me importaba; había tenido que hacerlo mucho en mis años en Hogwarts, y más tarde cuando viví durante una larga temporada en un apartamento cochambroso perdido en medio de Londres. Alyss abrió la puerta y me invitó a pasar, diciéndome que tuviese cuidado con el perro. No me sorprendió que tuviese una mascota, a Alyss siempre le habían gustado los animales. En una ocasión me pidió que le comprase un caballo, y yo lo habría hecho de no ser porque rompimos antes de tener la oportunidad de hacer nada.

Me senté en el sofá mientras ella desaparecía en el baño. Mientras ella estaba ausente yo recorrí el piso con mi mirada curiosa. Aunque era un sitio más pequeño que los lugares a los que yo estaba acostumbrado, y mucho más modesto, no se podía negar que era un lugar acogedor. Parecía que Alyss estaba a gusto allí.

Hacia calor dentro de la casa, por lo que me quité la chaqueta del trabajo al igual que había hecho Alyss antes de ir al baño. Por debajo de la chaqueta llevaba una camisa; siempre acostumbraba a llevar camisas, y si se podía también me ponía un jersey, por las mangas largas. Quería ocultar la Marca Tenebrosa y evitarme problemas gordos, pero en ese lugar estaba a salvo. Hacía demasiado calor, así que me desabroché dos botones de la parte de arriba de la camisa negra y me arremangué las mangas. Al hacer aquello la marca quedó expuesta, pero no me importaba.

No podía negar que la mano me escocía por culpa de las heridas abiertas y de la gravilla en ellas, pero lo ignoré y mi expresión no mostró gesto de dolor alguno.

Alyss volvió y se sentó al lado mío. Tomó mi mano con sorprendente delicadeza, y casi me estrenecí al contacto con ella. La miré fijamente, y en ese momento casi que jugaría que la Alyss antigua- mi Alyss- se asomaba al exterior otra vez, pero no estaba seguro. Mientras me limpiaba las heridas de la mano un recuerdo invadió mi mente y me hizo sonreír y reír brevemente por lo bajo. Alyss me miró, así que le dije la razón de mi repentina risa.

-La primera vez que nos conocimos, el que te tenía que curar las heridas era yo a ti- comenté, recordando como se había herido el tobillo. Ya no recuerdo la razón por la que se había hecho daño, pero me la encontré en Hogsmeade y ese día mi vida se puso patas arriba. Ese pensamiento me hizo sonreír otra vez, y a la vez me hizo sentir raro. Mi mirada estaba lejos, muy lejos, contemplando un tiempo ya pasado...
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Invitado el Mar Ago 26, 2014 2:31 pm

Hacía tan solo un par de meses que la idea de tener a Caleb sentado en mi salón era una mera fantasía. Me gustaba imaginar un reencuentro en el que terminábamos desnudos en su cama prometiéndonos amor eterno. Pero ahora él estaba ahí, de verdad, mirándome con esos ojos azules que tanto me enloquecían y permitiendo que curase sus heridas. Puede que el desenlace no fuera el mismo que en mis sueños, pero al menos era algo.

Mi mano de deslizó suavemente sobre la suya. El contacto de la gasa empapada de alcohol con su herida no provocó ninguna reacción en él. Era el paciente perfecto, ya que nunca se quejaba. Empecé a frotarle suavemente la herida para eliminar las pequeñas piedras y los restos de suciedad. No me gustaba verle sangrar, y menos por mi culpa. Aunque en mi opinión, no tenía derecho a enfadarse, porque lo que había pasado entre nosotros era en gran parte su culpa. -Avísame si te hago daño. -dije con voz serena. Sabía que no iba a decir nada, pero lo dije por cortesía.

Tomé una venda del botiquín y la enrollé en torno a la mano de Caleb. Su tacto era suave, mucho más de lo que parecía a simple vista. Aquellas manos fuertes que tiempo atrás habían recorrido mi cuerpo innumerables veces. Las deseaba tanto...

Sonreí ante aquel recuerdo. Posiblemente era el momento de máxima inocencia en nuestra relación, cuando se encendió la pasión que todavía seguía en nuestros corazones. Yo me había tropezado (lo cual pasaba habitualmente por mi extremada torpeza), y Caleb había tenido que llevarme en brazos hasta San Mungo para que curasen mi herida. Jamás olvidaría ese día, la primera vez que nuestras miradas se encontraron.

-Como cambian las cosas... -murmuré, con nostalgia. -Pero tu sigues igual que aquel día. -le miré a los ojos, e inevitablemente sonreí. Mi Caleb siempre sería mi Caleb, por muchos años que pasasen. -Ya nunca tendrás que volver a curarme por culpa de mi torpeza. He mejorado más de lo que te crees en la coordinación de mis pies. Ahora apenas me caigo al suelo. -bromeé, atando la venda y soltando su mano. Estabamos hablando en un tono demasiado amistoso para lo que acababa de pasar.

-¿Quieres tomar algo? -dije, levantándome y esquivando su mirada para ir hasta la cocina de estilo americano. -Tengo demasiado alcohol aquí como para acabar yo sola con él. -saqué una botella de vodka del armarito y se la enseñé.
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Caleb Dankworth el Mar Ago 26, 2014 4:22 pm

Cuando mencioné que la primera vez que nos conocimos fue porque yo tenía que ayudarla a ella en vez de al revés como estaba pasando ahora, dijo que las cosas cambiaban, pero que yo seguía igual. Negué lentamente con la cabeza.

-Hay algunas cosas que han cambiado en mí también- dije con tono bajo y algo amargo. Era verdad, yo no era exactamente igual que era antes. Hace años era más jovial y despreocupado, irresponsable y juerguista, mientras que ahora... Bueno, ahora era actitud alegre había sido reemplazada por una preocupante tendencia a la depresión. Luchaba contra ello porque odiaba esa actitud amargada y pesimista, pero era difícil.- Todo en general ha cambiado.

Bromeó diciendo que apenas se caía al suelo ahora, y sonreí un poco. Alyss siempre había tenido alguna que otra herida por culpa de su torpeza, y casi costaba creer que eso ya no fuese así.

-Me alegro- dije sinceramente. Siempre me había preocupado que se hiciese daño de verdad en una de esas caídas.- Aunque hay que ver para creer.

Me ató la venda en la mano y entonces se levantó y fue a la cocina. Yo la seguí con la mirada, observándola fijamente... Sí, era innegable que había cambiado, pero había cambiado en todo. Su actitud era lo más increíble de todo. Ahora estaba hecha toda una mujer...

Me enseñó una botella de vodka y me preguntó si quería tomar algo, a lo que respondí con una sonrisa pícara. Siempre me había encantado el alcohol, y ella lo sabía. Yo siempre había bebido demasiado, pero ahora bebía aún más, y no podía resistirme cuando vi aquella botella llena de una de mis bebidas favoritas.

-Sí, gracias.

Mientras ella servía la bebida, seguí mirándola. La mayor parte de la tensión entre nosotros parecía haber desaparecido durante el camino desde la calle hasta aquel piso, y el fuego de la ira dentro de mí se había apagado, aunque conociéndome podría resurgir en cualquier momento. Pensé en lo que había pasado en aquel callejón, y en cómo la había gritado. Me sentía mal, pero no iba a disculparme. Yo casi nunca pedía perdón. La última vez que pedí perdón fue a mi hermano cuando no pude sacarle de Azkaban hace ya algunos años, y desde entonces la palabra no ha surgido de mi boca.

Parecía una locura pensar que ahora Alyss era mortífaga. Si ahora mismo me despertaba y me daba cuanta de que todo aquello había sido un sueño inducido por una larga noche de borrachera no me extrañaría. Pero sabía que todo aquello era real, y me costaba creerlo.

-¿Me dejas que la vea otra vez?- la pregunté entonces, posando mi mirada en el brazo en el que tenía grabada la Marca Tenebrosa. Era como si quisiese asegurarme de que realmente estaba ahí, y no había sido todo un producto de mi alocada mente.
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Invitado el Mar Ago 26, 2014 5:42 pm

Era verdad, las cosas habían cambiado mucho. Aunque no todo para mal. Ahora que yo era una mujer independiente y fuerte, con un trabajo y una posición social, nuestra relación se convertía en algo mucho más llevadero, a pesar de que estar juntos nunca sería fácil. Yo veía en el reflejo de su mirada al mismo Caleb que había descubierto durante estos últimos ocho años. Pero no al mismo Caleb que me había cogido en brazos aquella tarde en Hogsmeade. Era uno muy distinto, más agresivo, más frío, y mucho más temible. No entendía porque me seguía gustando de exactamente la misma manera.

No pude evitar soltar una risotada con lo de "ver para creer". -Creo que ya te lo he demostrado todo en el callejón. -dije con tono de superioridad. Me estaba burlando de él, pero era muy divertido. Él sabía tan bien como yo que no se esperaba que pudiese acorralarle. -Pero puedo volver a hacerlo cuando quieras. -aquello sonaba totalmente a desafío.

Tomé el vodka del armario y saqué un par de vasos de cristal. Sabía que Caleb no se podía resistir a nada que tuviese alcohol. Cuanto más supiera a colonia, más le gustaba. Yo por el contrario, detestaba el sabor del alcohol. Pero estaba empezando a poder soportarlo. Aquella botella no sabía muy bien no que hacía en mi armario. Pero tenía también una de ron y otra de vino. Cosas que compras porque crees que vas a tener algo que celebrar que nunca llega a suceder.

Pude los vasos sobre la mesa, y los llené hasta la mitad de la bebida transparente. Alguna vez me había bebido un vaso así de vodka del tirón confundiendolo con agua. -Veo que mantienes las buenas costumbres. -dije, tendiéndole el vaso y haciendo referencia a su costumbre de beber más de la cuenta.

Cuando hube terminado, me senté en el sofá dejando caer mi cuerpo como si estuviese agotada. Me quité los tacones y los tiré lejos, no quería volver a ponérmelos hasta mañana por la mañana. La petición de Caleb me sorprendió, y le miré levantando una ceja. Dejé que mi brazo derecho cayera sobre su pierna, mostrandole el tatuaje que decoraba mi antebrazo. -Te puedo asegurar que no es falso. -dije, sin saber muy bien porque quería volver a verlo. El negro resaltaba mucho sobre mi piel, tan blanca y suave. Todavía no estaba del todo acostumbrada a verlo ahí, y normalmente cuando iba a trabajar lo escondía bajo un hechizo de ocultismo para asegurarme de no ser descubierta. Miré de reojo y pude ver la muñeca donde Caleb tenía el suyo. Era una cosa más que nos unía.
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Caleb Dankworth el Miér Ago 27, 2014 12:37 am

Cuando dijo que ya me lo había demostrado todo en el callejón y que podía volver a hacerlo cuando quisiera, reí por lo bajo.

-Puede que me hayas pillado por sorpresa una vez, pero no lo conseguirás una segunda vez- la advertí mientras la miraba con una ligera sonrisa.- Te había subestimado, pero ahora que sé que puedes sorprenderme no dejaré que vuelva a ocurrir.

Cuando le dije que sí que quería tomar algo Alyss sirvió vodka en dos vasos de cristal y los trajo para que los bebiésemos sentados en el sofá. A ella nunca le había gustado mucho beber, aunque lo toleraba, así que me sorprendía que tuviese tanto alcohol guardado.

-Sí, bueno, ahora bebo más que antes- comenté como respuesta a su comentario sobre que yo mantenía las buenas costumbres.- Mucho más.

Me llevé el vaso de vodka a los labios y lo vacié entero de golpe. Sentí el ardor de la bebida en mi garganta, que para mí siempre era una sensación placentera, y me lamí los labios mientras dejaba el vaso vacío sobre la mesilla enfrente del sofá.

Cuando le pedí a Alyss que me enseñase de nuevo su tatuaje lo hizo, posando su brazo sobre mi pierna. Dijo que no era falso, y de nuevo negué con la cabeza.

-Una marca así no se puede falsificar- murmuré mientras posaba mi mirada sobre la Marca Tenebrosa grabada en su piel.

Con mi mano izquierda cogí su mano, casi más por instinto que por cualquier otra cosa. No había cogido su mano en ocho años, pero era algo que solía hacer tanto por aquel entonces que no me di cuenta de que a lo mejor estaba actuando con demasiada familiaridad después de todo lo que había pasado, pero aún así me daba igual. Pasé la punta de los dedos de la mano derecha por la piel de su antebrazo, trazando el contorno de la marca con ellos mientras la miraba fijamente, todavía intentando convencerme de que aquello era real.

-¿Por qué lo hiciste? ¿Qué te llevó a tener esta marca?- le pregunté. Alyss ya me había dicho que había cambiado y que había madurado y que yo no podía controlar lo que hacía y lo que dejaba de hacer, pero sólo quería una explicación. Soy consciente de que la gente cambia, ¿pero tanto? Alyss no sólo había cambiado y madurado. Había traicionado los ideales que tenía cuando la conocí.- ¿Cuándo te uniste a nosotros?

Solté su mano y moví el brazo de manera que mi antebrazo estaba a plena vista, y también lo estaba mi Marca Tenebrosa. Puse mi antebrazo junto al suyo, de manera que ambas marcas estaban una junto a la otra. La mía era más grande (pues mi brazo era más grande que el de Alyss) y mucho más vieja.
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Invitado el Miér Ago 27, 2014 3:20 pm

Que Caleb me subestimase no me sorprendía ni una pizca. Podía volver a sorprenderle si quería, aunque él no se lo creyese. Me había entrenado muy duramente para ser fuerte y ágil, y poder defenderme de mis enemigos en caso de que fuese necesario. Tanto empeño le había puesto que me había apuntado a un gimnasio. Ahora debajo de aquel traje ya no se ocultaba el cuerpo de niña que Caleb una vez poseyó. Ahora había un cuerpo femenino, con curvas, fuerza, y un tatuaje en el costado. Seguía siendo igual de blanco y suave, pero ya no era tan puro. Él mismo se había encargado de corromperme.

En cuanto vi como se bebía el vaso de Vodka, creí sus palabras. Nada mejor que el alcohol para ahogar las penas. -Tampoco te pases, o tendré que llevarte a tu casa. -dije con mirada furtiva. No pensaba dejar de durmiera en mi casa por muy borracho que estuviera. Antes le dejaría durmiendo en el felpudo. Bebí un trago de mi vaso y puse cara de amargor. Odiaba esas bebidas. ¿Acaso no podían inventar algo que supiera bien?

Caleb tomó mi mano con cautela y empezó a examinar la marca de mi antebrazo. Destacaba mucho, y no pegaba en absoluto con mi cara de niña buena. Pero estaba ahí, y era real, lo cual al parecer le costaba mucho creer a Caleb. Me sonrojé levemente mientras observaba como acariciaba mi piel y la miraba fijamente. Parecía ensimismado, abstraído por el significado del tatuaje. Tiempo atrás habría empezado a besar mi muñeca y habría terminado en mi cuello, lo cual me volvía completamente loca. Ahora solo era un tacto efímero que pronto desaparecería.

-Gracias a ti comprendí que ser buena no servía para nada en un mundo lleno de rencor, miedo y soledad. -dije muy convencida de mis palabras. -Poco después de terminar la escuela. Hace unos cuatro años ya... -continué mi explicación, con tristeza en la voz. Veía a la niña que había sido como una ilusión del pasado, como si no fuera real. -Caí en la desesperación. Los mortífagos me concedieron una identidad y un propósito en la vida. Había perdido todos mis sueños e ilusiones... Ya no tenía nada por lo que vivir. Esto me dio una razón. -dije levantando suavemente la muñeca.

Bebí otro trago, muy largo. Empezaba a sentirme algo mareada, pero estar borracha no era la peor de las cosas. Incluso a mi que no me gustaba el alcohol, me salían vicios ocultos de vez en cuando. Sobretodo cuando pensaba en el pasado. Esos eran los momentos en los que más tendía a ahogar mis lágrimas en un vaso de vodka.
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InvitadoInvitado

Caleb Dankworth el Mar Sep 02, 2014 1:25 am

Cuando dije que ahora bebía mucho más que antes Alyss me dijo que no me pasase o tendría que llevarme a casa. Sonreí, no muy seguro de si lo decía en serio o en broma, pero no había nada de lo que preocuparse.

-Sé controlarme- la aseguré. Hasta llegar al punto en el que tuviesen que llevarme a mi propia casa todavía quedaba bastante, tenía mucha tolerancia al alcohol. Eso a veces era muy inconveniente, sobre todo en las ocasiones en las que quería beber para olvidar. Pero en ocasiones como esta me alegraba de tener tanto aguante.

Observé y acaricié la Marca Tenebrosa de su brazo mientras le hacía preguntas. Ella contestó, diciéndome que se había dado cuenta de que ser buena no servía para nada en este mundo y que lo había perdido todo y los mortífagos la habían dado un propósito en la vida. Alcé las cejas mineras la miraba con curiosidad. No era la primera vez que oía que alguien se unía a los mortífagos por esa misma razón; había muchos casos en los que la gente que había sufrido mucho decidía cambiar bandos para encontrar una manera de escapar. Jamás pensé que Alyss fuese una de aquellas personas, pensaba que el sufrimiento la haría todavía más buena (lo cual sería una grave complicación) pero veo que me equivocaba...

El problema de los mortífagos que se unían a nosotros por despecho y no porque compartían los mismos ideales que nosotros es que tienden a dudar. Luchan por la misma causa que los demás, pero no compartimos los mismos ideales. Me preguntaba cómo habrían cambiado los ideales de Alyss, pero decidí no preguntar acerca de eso en aquel momento. No era apropiado.

-Una de las razones por las que te dejé fue por esto- confesé, señalando a mi propia Marca. Nunca se la había enseñado hasta aquel momento, la tenía siempre oculta mediante magia para que ella no la viese. Siempre la había estado mintiendo y ocultando mi identidad hasta aquel momento.- Tus ideales eran como los del enemigo. Mi enemigo. En el fondo éramos muy distintos, y aunque eso no me importaba... Bueno, al menos no del todo... Estaba preocupado. Tú eras, a los ojos de la sociedad, buena, y yo era malo, y en cualquier momento podría estallar un conflicto que nos separaría. Te estaba mintiendo acerca de quien era yo, y no podía seguir engañándote. Pensaba que si descubráis quien era yo de verdad, que era lo que hacía, entonces me odiarías. Prefería que me odiases por dejarte que que me odiases por lo que yo era.

Ella bebió otro trago, más largo que el anterior. A Alyss nunca le había gustado beber, y recordé que tenía muy poco aguante.

-¡Cuidado!- la advertí.- No vaya a ser yo quien te tenga que llevar a rastras a la cama a dormir la mona- bromeé, aunque ambos sabíamos que era cierto.

Miré mi vaso vacío.- ¿Te importa si me sirvo otro?
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Invitado el Miér Sep 03, 2014 10:19 pm

No podía olvidar el gusto de Caleb por el alcohol, a pesar de que en mi presencia solía mantener la calma, había veces que empinaba el codo demasiado. Tardaba mucho en llegar al estado total de embriaguez, pero prefería no tener que verle así, porque entre entre vergonzoso y peligroso. Para Caleb lo perfecto era tener simplemente un puntillo, le daba ese toque sexy y atrevido que el ya tenía en estado natural, pero maximizado. No recordaba muchos ocasiones en las que Caleb hubiese llegado a estar realmente borracho. Por mi parte yo me había familiarizado más con el alcohol y ahora podía beber más de dos vasos sin caerme al suelo. Aún así, como no era mi bebida preferida, trataba de mantenerme a raya.

Caleb seguía observando mi marca. De pronto se detuvo para observar la suya. Parecía pensativo. Posiblemente estaría pensando en las razones por las que me había unido a los mortífagos. Seguía sin creerlo. Yo era consciente de que para él siempre sería una niña buena e inocente. Pero las cosas habían cambiado gracias a él y a su afortunada intromisión en mi vida, y ya no era la niña que había conocido. No sabía si era mejor o peor.

Por fin desveló lo que le pasaba por la mente, y yo le escuché con tranquilidad. Tenía razón, eramos muy distintos y mi vida peligraba al estar con alguien de un bando que se oponía tanto a mis ideas.

-Pero las cosas han cambiado mucho, Caleb. Lo creas o no. -dije con sinceridad, mirándole fijamente a los ojos. -Ahora soy tan mala como tú, y ya no tienes nada de lo que preocuparte. No pueden hacerme daño. -me sentía orgullosa de no ser un blanco fácil, no me gustaba sentirme débil e indefensa. -Debo admitir que cuando me enteré de que eras mortífago me dio un vuelco el corazón. Pero ahora...incluso me gusta la idea. Te hace atractivo y peligroso. -confesé, con tono suave y sensual, mirándole de arriba a abajo. Era imposible resistirse, era tan sexy. Recordaba su torso desnudo, aquel cuerpo que tan loca me volvía... Era difícil mantenerse tranquila y distante cuando quería estar lo más cerca posible de él.

En lo que yo hablaba, Caleb se había terminado su vaso. Aún le quedaban ocho más para empezar a tambalearse. -Sírvete todos los que quieras. -dije, cogiendo el mio y terminandomelo de un trago. -Y ponme otro a mi. -exigí con gesto de amargura en la cara. Seguía odiando el sabor de aquella asquerosa bebida.
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Caleb Dankworth el Jue Sep 04, 2014 2:09 pm

Aquella nueva manera que tenía Alyss de mirar fijamente a los ojos, casi como mi me estuviese retando, era hipnótica y cautivadora, y me encontré a mí mismo devolviéndole la mirada con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, mirándola como un niño que mira algo nuevo y extraño con curiosidad, y una sonrisa pícara se dibujó en mi rostro. De una extraña manera, aquella nueva actitud que tenía Alyss había dejado de enfadarme, y ahora me satisfacía de una manera sorprendentemente placentera. Asentí ligeramente con la cabeza cuando me habló, diciendo que las cosas habían cambiado mucho.

-Sí que lo han hecho...- murmuré. Sin poder evitarlo, dejé de mirarla a los ojos durante unos segundos. Mi mirada de deslizó lentamente por su cuerpo, estudiándola, analizándola, memorizando cada parte de ella de nuevo. No es que la hubiese olvidado, sino que había cambiado tanto que tenía que conocer a la nueva Alyss. Era una Alyss completamente distinta. Era fuerte y desbordaba confianza. Me sentía admirado por aquel cambio, y no sólo por el cambio en su actitud y personalidad... Admiré también los cambios en su cuerpo. Muy olvidada estaba ya aquella Alyss que era casi una niña; la Alyss que había enfrente de mí en aquel momento era toda una mujer.

Sentí la reacción de mi cuerpo ante lo que veían mis ojos, así que volví a clavar mi mirada (que brillaba con aquel toque pícaro y seductor que solía definirme) en la suya.

Dijo que ahora era tan mala como yo. Eso hizo que mi sonrisa se ensanchara, y resistí el impulso que tuve de reír. Dudaba que aquello fuera cierto. Ya me estaba haciendo poco a poco a la idea de que Alyss era mortífaga y de que era una persona completamente diferente a la que yo conocí hace años, pero sinceramente dudaba que fuese exactamente como yo. Para ser tan malo como yo uno debía bañarse en la sangre de inocentes y regodearse en ello. Para ser como yo, uno tendría que estallar de placer al escuchar agónicos gritos de dolor y sufrimiento ajenos. Observé de nuevo a Alyss y traté de imaginarme qué cosas habría hecho, a qué personas habría matado, a quienes habría torturado... ¿Podrían acaso aquellas manos blancas, suaves y delicadas haber acabado con vidas, habrían torturado hasta hacer enloquecer? ¿Estarían sus manos manchadas de sangre como las mías...? Aunque mis manos no sólo estaban manchadas; mis manos chorreaban sangre, estaban empapadas hasta los huesos, absorbían el líquido rojo al igual que una esponja que absorbe agua.

Aquellos pensamientos despertaron un nuevo deseo en mi... Un oscuro deseo de conocer a esta nueva Alyss que era todo un misterio para mí.

-¿Te enteraste al entrar en los mortifagos, o lo descubriste antes?- pregunté con curiosidad cuando dijo que cuando se enteró de que yo era mortífago fue una gran sorpresa. Aquello me hizo pensar otra vez, esta vez en lo mucho que había deseado contarle la verdad años atrás. Había deseado sentarla en mi regazo y revelarle todos mis más profundos y oscuros secretos, y mostrarle la Marca que había estado ocultando, y dejar que conociese a mi verdadero yo. Siempre me había preguntado como habría reaccionado ella si le hubiese contado la verdad en aquel entonces en el que estábamos juntos...

Cuando dijo que ser mortífago me hacía más atractivo y peligroso no pude evitarlo y reí por lo bajo.- Gracias- contesté al cumplido.- Siempre he sido igual de peligroso... sólo que no te dejaba verlo. Ahora... ahora puedes verme tal y como soy de verdad.

Alcé una mano y acaricié suavemente su mejilla. Lo hice por instinto, recordando viejas costumbres. Solía tener mis manos en ella todo el tiempo, y ahora parecía que mi piel ardía al contacto con ella.

-A ti también te sienta bien ser mortífaga- murmuré, acariciando su mejilla y luego deslizando mi mano por su largo pelo rubio plateado mientras la miraba a los ojos.- Estás más hermosa que nunca.

Aquellas palabras salieron de mi boca en voz tan baja que era apenas inaudible. No estoy del todo seguro de si quería decir aquello en voz alta o no, pero las palabras ya habían escapado de entre mis labios.

Me obligué a apartar la mirada de Alyss, sintiendo la llama del deseo empezando a arder peligrosamente en mi interior, y me levanté a por la botella de vodka. Me serví otro vaso, el cual me bebí entero de una sola vez, y me serví un tercero antes de volver al sofá y servirle otro vaso a Alyss.
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Invitado el Sáb Sep 06, 2014 3:27 pm

Puede que fuese el alcohol, o los viejos sentimientos que parecían volver a aflorar entre nosotros, pero el ambiente e había tornado de violento y peligroso, a romántico y nostálgico. Puede que nos echásemos de menos, o puede que nos sintiésemos tan solos que necesitamos dar un paso atrás hacía el pasado. La cosa era que ahora volvíamos a estar como antaño, juntos en un sofá, mirándonos y hablando sobre nuestras vidas. Tiempo atrás había hablamos sobre el pasado, pero ahora hablamos sobre el presente. Habíamos cambiado, no se si para mejor o para peor, pero ahora nos parecíamos más, incluso si seguíamos siendo totalmente distintos. Aquellas cosas que antes nos separaban, volvían para unirnos años después. No sabía si sentirme aliviada o asustada de que Caleb volviese a entrar en mi vida. La había cambiado la primera vez y no sabía si quería que volviese a cambiar por segunda vez.

La mirada de Caleb me recorría de arriba a abajo, buscando en mi vestigios de mi pasado. Pero pocos quedaban, aparte de mi par de ojos soñadores y mi cabello rubio, mucho más largo que entonces. No podía dejar de mirar a sus ojos mientras estos me recorrían. Sin embargo yo veía en Caleb todo lo que ya había habido antes, excepto la maldad en su mirada. Esa antes no existía, solo veía amabilidad y amor en sus ojos. Ahora estaba la crueldad ocultad y la malicia que había descubierto poco tiempo atrás. Aún no me acostumbraba a ella.

-Me enteré después. No creas que te seguí hasta los mortífagos. -aclaré rápidamente para evitar confusiones. -Al principio me costó creerlo, pero luego me percaté de todo lo que había oculto en ti que no había visto antes. Entonces lo asumí. -expliqué con calma. Al principio había sido muy difícil hacerme a la idea. Pero luego todo había sucedido tan rápido que de la noche a la mañana ya eramos iguales. Mortífagos. Yo nunca sería tan fría y mortal como lo era él, pero podía ser mucho más calculadora, y muchísimo más cruel con la mente humana. Él era más de tirar de varita y hacer daño físico.

-Prefiero verte tal y como eres. Me gusta esta faceta tuya... -susurré, mirándole con esa mirada soñadora que tanto me caracterizaba. No podía evitar recorrer su cuerpo con mi mirada, conteniendome para no morderme los labios. Me ponía tanto su actitud, su rostro serio, el aura de maldad que lo rodeaba. Si hubiese sido por mi, me habría tirado encima suyo en cuanto pasó por la puerta.

Su mano tocando mi mejilla era como volver atrás en un sueño para mi. Un sueño del pasado, en el que el amor entre nosotros era más importante que cualquier frontera que se pudiera interponer. O eso parecía hasta que me dejó. Me estaba poniendo tan nerviosa que me daba miedo que el ardor que sentía por dentro se notase sobre mi piel. Luego su mano bajó por mi pelo, acariciándolo lentamente. Pero me costaba creer sus palabras después de todo lo que había pasado. Incluso si me halagaba.

Caleb se levantó para servirse otro vaso de vodka y yo le esperé, con la mirada serena. Empezaba a sentir los efectos del vodka sobre mi y no estaba segura de que fueran a beneficiarme. Él se sirvió otro vaso, que poco le duró, y un tercero. No podía entender como aguantaba tanto alcohol en sus venas sin desfalleces. -Un par de copas más y acabarás bailando desnudo. -bromeé para aliviar tensiones.

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Caleb Dankworth el Lun Sep 08, 2014 12:17 am

Dijo que se había enterado de lo que yo era después de unirse a los mortífagos. Bien, pues en caso contrario eso habría significado que mi secreto no estaba tan bien guardado como yo pensaba, y aquello podría haberme traído problemas. Intenté imaginarme la sorpresa que se había llevado Alyss al enterarse de que no soy el Príncipe Azul que aparentaba ser hacia años, sino uno de los monstruos de las pesadillas de los niños del mundo mágico. Pensar en aquello me hizo reír por lo bajo, y también me hizo reír pensar en como había reaccionado yo hacía apenas una hora...

"Como engañan las apariencias..." pensé.

-Me alegro- dije cuando dijo que le gustaba esta faceta mía, la verdadera. Eso era bueno.- Así ya no habrá más mentiras.

Las mentiras, aunque a veces eran necesarias y estaban justificadas, eran veneno para el alma... Y la mía ya estaba suficientemente podrida, no necesitaba echarle más leña al fuego.

Cuando me serví el segundo y el tercer vaso de vodka volví al sofá para servirle otro vaso a Alyss, pero no me senté otra vez. Me quedé de pie delante de ella, dándole un sorbo (esta ve mucho más pequeño) al vaso y sintiendo cómo la bebida ardía en mi garganta. Alyss bromeó, y aquello me hizo sonreír de nuevo.

-Apuesto a que eso te gustaría- murmuré sin poder aguantarme.

Clavé mi mirada en la suya entonces, y me mantuve inmóvil mientras reinaba el silencio entre nosotros. Había tensión en el ambiente, y el fuego que ardía en mi interior (antes de ira, ahora de deseo) se hizo más intenso. Si decía la verdad, en ese momento lo único que quería era tirar el vaso de vodka bien lejos, coger a Alyss en brazos, llevarla a la cama, arrancarnos la ropa y hacerla mía hasta que gritase mi nombre a los cuatro vientos y no parar nunca. No sé si llegaría a la cama, así que el sofá servía... No había nada que desease más, pero había algo que me detenía.

Aparté la vista por fin, incapaz de mantener aquella mirada casi desafiante sobre la suya. Me sentía súper nervioso... ¿Nervioso yo? Esto nunca me pasaba, no a mí, pero no podía negar que en aquel momento me sentía como un adolescente. Algo en mi interior me decía que tenía que irme de allí, que ya había abusado demasiado de la hospitalidad de Alyss. Además, después de todos estos años sin verla estoy hecho un lío. Carraspeé, aclarándome la garganta, y terminé de beber el resto del vodka que había en mi vaso antes de dejarlo sobre una mesita y gritarme las manos sobre los pantalones. Miré a Alyss otra vez.

-Creo que... creo que me tengo que ir,- dije.- Tengo que... Le prometí a Zack que iba a ir con él a un sitio...

Aquello no era mentira, sí que le había prometido eso a mi hijo Zack, pero no tenía que reunirme con él hasta por la noche, pero no sabía que otra cosa decir.
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Invitado el Lun Sep 08, 2014 12:56 am

Me resultaba extraño ver a Caleb de esa manera frente a mi. Apenas había logrado asimilar que era un mortífago, que no era todo lo amable y bien intencionado que parecía cuando le conocí, pero hablar con él era algo para lo cual no estaba preparada, y muchísimo menos para tenerle tan cerca. Cada vez que nuestras pieles se rozaban me recorría un ardor interior, una mezcla entre rencor y pasión reprimida. No estaba segura de si quería empujarle para hacer el amor como fieras, o para ponerle la varita al cuello y no tener que volver a verle nunca jamás.

-Ya no puedes ocultarme nada. No lo intentes. -contesté a su referencia a las mentiras que habían envuelto anteriormente nuestra relación. Sonó como una amenaza, y lo era. Estaba dispuesta a descubrir cualquier cosa que tratase de ocultarme, no podía volver a tratarme como a una niña tonta ni a engañarme. Ahora tenía mis métodos, tenía mis armas y estaba dispuesta a usarlas si fuese necesario.

A pesar de las bromas que intercambiábamos, la tensión era palpable. Ambos estábamos nerviosos, inseguros y tanteando lentamente el terreno para no dar un paso en falso. No estaba muy segura de si aquella manera de actuar era el resurgir de un amor olvidado, o que el odio y las mentiras estaban haciendo su efecto. Me limité a sonreír, de manera vana e incluso tímida. No quería estrechar tanto los lazos entre nosotros en tan poco tiempo. Todavía no confiaba en él, y él tampoco debía confiar en mi.

Por primera vez en mi vida creo que vi a Caleb nervioso, sin saber donde mirar. No supe si sentirme alagada o confundida, pero estaba claro que aquello era fruto de mi presencia. Vi como había pasado de pequeños tragos, a terminarse el vaso de una sola vez. Estaba intentando emborracharse para olvidar y para tener el valor de hacerle frente a mi mirada. No había otra explicación.

Finalmente dijo que tenía que irse, porque había quedado con su hijo, Zack. Era mi sobrino, y me costaba mucho mirarle a la cara sabiendo que era el hijo de mi hermana. No le había visto desde hacía muchos años, y ahora ya sería un adolescente capaz de entender que entre su padre y yo había más que palabras. -Lo entiendo, es tu hijo. -dije, levantándome para acompañarle a la puerta. No iba a suplicarle ni un solo segundo más de su presencia.

-Volveremos a vernos. Aunque no quieras. -dije, posando mi mano sobre el pomo de la puerta. Sabía donde encontrarle, pero no le buscaría. Él vendía, o eso esperaba.
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Caleb Dankworth el Vie Sep 12, 2014 6:51 am

En cuanto mencioné que tenía que irme porque Zack me estaba esperando, Alyss dijo que lo entendía y se levantó para acompañarme a la puerta. Me sentí un poco incómodo, pues me sentía mal por tener que irme así de repente después de este encuentro tan... extraño e inesperado que habíamos tenido. Por un momento se me ocurrió tal vez invitarla a venir conmigo y con Zack, pero descarté aquella idea inmediatamente. La relación entre Alyss y Zack siempre ha sido... complicada. Zack era mi hijo y Alyss era mi novia, la hermana de mi esposa fallecida, que era la madre de Zack. El pobre niño había estado muy confundido cuando conoció a su tía, pues ésta era el vivo retrato de Rose, excepto por el pelo. Rose era castaña. Zack jamás había superado lo de su madre, y la presencia de Alyss era siempre muy dura para él, aunque la apreciaba. Era todo muy extraño.

Caminé hasta la puerta con Alyss, y una vez allí dijo que volveríamos a vernos aunque yo no quisiera. Sonreí.

-Sería un loco y un idiota si no quisiese volver a verte- las palabras se me escaparon antes de que pudiese darme cuenta de lo que decía.

Alyss puso su mano sobre el pomo de la puerta, y abrió la puerta. Lentamente, di un paso hacía adelante y empecé a abandonar el apartamento, pero me detuve de pronto. ¿Acaso era idiota? ¿Acababa de reencontrarme con la mujer de mi vida, la mujer cuyo recuerdo me había estado atormentando durante ocho años, para simplemente marcharme después de intercambiar un par de gritos y una extraña y melancólica conversación? Estaré loco, pero no TAN loco. O a lo mejor sí que estoy como una cabra y no tengo remedio, y a lo mejor sí que soy idiota, pero no puedo marcharme así sin más. Simplemente no puedo. Una vocecita en lo más profundo de mi mente me decía que no lo hiciese, que debía controlar mis impulsos... Pero tengo la mala suerte de que no controlo bien mis impulsos. O quien sabe, a lo mejor eso es tener buena suerte.

Sin decir ni una sola palabra retrocedí el paso que había dado para salir del apartamento y volví a entrar en él. Antes de que Alyss pudiese siquiera reaccionar cerré la puerta del apartamento casi dando un portazo. En medio segundo Alyss estaba apoyada de espaldas a la puerta, acorralada entre esta y mi cuerpo pegado al suyo. Tomé el rostro de Alyss entre mis manos y acerqué mi rostro al suyo, y la besé.

La besé con fuerza, casi con violencia. Y con deseo y pasión. La besé casi con desesperación, dejándola saber cuánto había necesitado aquello durante los últimos ocho años.
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Invitado el Dom Sep 14, 2014 10:50 pm

Acompañé a Caleb hasta la puerta cuando me dijo que tenía que irse con su hijo. Lo entendía, el era padre y tenía sus responsabilidades. La verdad era que todavía me costaba asimilar la idea de que fuese el padre del hijo de mi hermana. Ver a Zack era complicado, y mucho más mirarle a los ojos, ya que en el fondo, eran los míos. Mi hermana y yo habíamos sido realmente parecidas, excepto por el pelo, que aunque el mio fuese rubio ceniciento muy claro, casi platino, el de mi hermana era castaño caoba, brillante y precioso. Por el resto, eramos casi como hermanas gemelas. O bueno, lo habríamos parecido si hubiésemos llegado a ser adultas al mismo tiempo. Pero ella nos dejó antes de que pudiesen confundirnos. La verdad es que me daba mucho coraje pensar que la gente confundiese al hijo de mi hermana con el mio. Yo no había elegido ser madre, ni quería serlo por el momento, así que prefería no quedarme con el hijo de otro. Y menos si era mi familia.

Las palabras de Caleb me sonrojaron y me impactaron, pero no deje que se notase en mi rostro. Empecé a abrir la puerta, invitándole a salir. En el fondo no estaba completamente segura de querer volver a verle. Era tan confusa aquella sensación, solo quería que las cosas saliesen bien y no volver a acabar con el corazón roto y llorando. Aunque ya no era tan fácil hacerme llorar como en los viejos tiempos.

Observé a Caleb mientras empezaba a salir de mi apartamento, seriamente. Una parte de mi quería que se quedase, pero para siempre. Como sabía que era imposible, que Caleb nunca sería completamente mio, le dejé ir. Era imposible que me amase incondicionalmente, como muchas mujeres querían ser amadas por él. Siempre habría medio corazón de Caleb que pertenecería a Rose, y esa parte había muerto con ella. De la otra mitad, un cuarto era para los mortífagos y el amor por su trabajo. Solo me quedaba un cuarto de él, para mi. No sabía si podía conformarme con aquello.

Justo cuando pensaba que se iba a ir, volvió a entrar y cerró la puerta de un golpe. Iba a gritarle que demonios estaba haciendo cuando me arrinconó contra la puerta y me miró fijamente. Era incapaz de replicar ante aquella mirada. En pocos segundos, sus labios se unieron a los míos y empezó a besarme con pasión. Por unos segundos no pude evitarlo, me dejé llevar por aquel embriagador sabor. Le besé con todo el amor que había guardado durante aquellos años, agarrándole con un pierna y acariciándole el pelo. Pero no tardé en volver de mi nube. ¿Tan pronto le iba a dejar volver a mi? ¿Ese era mi castigo por todo el dolor? Ni loca. Le separé de un empujón y me quedé mirándole, con pasión, pero también con ira. -No puedes volver después de ocho años y volverme loca en un solo día. -confesé, pasándome la mano por los labios. -Debes irte. -señalé, completamente en serio, aunque con la respiración agitada. Volví a abrir la puerta y dejé que se fuera. Sabía que nos volveríamos a ver.
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