Situación Actual
10º-14º // 30 de abril luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Leo L.Mejor PJ ♂
Sam L.Mejor PJ ♀
Denzel S.Mejor User
Ryan G.Mejor roler
Leo y EvaMejor dúo
Beatrice B.Más cotilla
Evans M.Más voluble
Juliette H.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

Those lazy-hazy-crazy days of summer {Nikolai}

Invitado el Jue Ago 28, 2014 5:50 pm

Brighton Beach estaba siempre abarrotada de gente. Era la playa más conocida por los londinenses, que adoraban ir para disfrutar el surf, el sol, los bares y la buena compañía. Pasar allí una mañana era una lucha por evitar que te pisaran, tirasen una pelota a la cabeza o te llenasen de arena. Por eso mismo decidimos evitar aquel lugar tan popular para irnos a uno más privado y tranquilo, donde leer un libro no se convirtiese en un reto. Fuimos en tren hasta Weymouth Beach, situada más lejos, pero con más ventajas si lo que deseabas era intimidad. Fui con un par de amigas de Hogwarts, aunque la playa no fuese mi lugar preferido. Me habían insistido mucho en que las acompañase. Así tendría buena compañía a parte de unas agradables vistas.

Cuando llegamos hasta el limite de la playa, recordé cuantos años hacía que no estaba en un sitio como ese. Las playas italianas no tenían nada que ver, y apenas había ido un par de veces siendo niña. Con mi mochila a la espalda, el pelo recogido en una coleta y un vestido de encaje blanco, empecé a recorrer el camino de tablas de madera que servían para adentrarse en la playa sin tener que atravesar cien metros de incómoda arena. Mis dos amigas iban por delante de mi, corriendo como locas, ansiosas por acercarse al agua. Apenas llegaron a la orilla, se desprendieron de su ropa y se tiraron en bañador al agua. Yo prefería mantenerme seca.

Una vez hube llegado cerca de la orilla, puse mi toalla sobre el suelo y me senté sobre ella. Estiré las piernas y saqué un libro de mi mochila. Intentaba leerlo, pero los gritos de las chicas me distraían. No dejaban de llamarme para que fuese con ellas. -¡Alice! No seas estirada. ¡Ven a darte un chapuzón! -me gritó una de ellas, haciéndome señas con la mano. Yo negué con la cabeza, sonriendo amablemente. No quería que pensasen que era una aburrida, pero no me gustaban las algas, ni las medusas, ni el agua fría.

Mientras observaba como ellas jugaban en el agua, me percaté de que un poco lejos había un grupo de chicos haciendo surf. Me encantaba ver como se subían en las crestas de las olas y las dominaban, como si fuesen jinetes encima de sus caballos. Era raro, la gente solía ir a Brighton a hacer surf.

De pronto, una de mis amigas se acercó a donde estaban los chicos, llamándoles enérgicamente. ¿Acaso les conocían? Yo preferí no levantarme. Era algo tímida para esas cosas, y más aún en la playa. El bikini era un reto para mi, no estaba acostumbrada a que nadie viese tanto de mi cuerpo. Las dos chicas empezaron a jugar con ellos, con todo el propósito de ligar. "Seguro que les están poniendo los pechos en la espalda. Como "Huy, no me estoy dando cuenta, ¿pero ves que grandes y blanditos los tengo?", pensé, entre divertida y celosa. Yo con una triste 90, y ellas cuando corrían por la arena parecían las vigilantes de la playa.

Me cansé de mirar lo que hacían y me puse otra vez a leer mi libro. A pesar de que no podía evitar agudizar el oído para escuchar lo que pasaba. Aquellos chicos debían pensar que era la chica más aburrida del país.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Mar Sep 02, 2014 10:33 pm

Me movía como por un resorte, sin fijarme demasiado en los detalles o en mi aspecto físico. Las horas en la cama aquella noche se me habían pasado de una forma exageradamente lenta y había dormido unas tres horas escasas pero a pesar de ello mis ganas de ir a la playa con un par de amigos superaban a cualquier cansancio habido y por haber. - Niko, llevate algo de desayunar al menos... - Mi madre era un cielo, pero se preocupaba demasiado. Ella sabía perfectamente las ganas que tenía de hacer algo como aquello desde hacía mucho tiempo y era consciente de que no me pararía más de 5 minutos para desayunar. - No te preocupes mamá, ya pillaré algo por ahí. - Me acerqué a ella con la energía que tanto me caracterizaba y le di un beso en la mejilla para luego coger mi mochila y la tabla de surf, que se encontraba justo al lado de la puerta de entrada. - ¡No me esperéis para almorzar! - Sin esperar una contestación a cambio desaparecí pocos segundos más tarde en dirección a mi destino, que no se encontraba muy lejos de casa.

A pesar de que habíamos quedado en vernos en la playa directamente no tardé en encontrarme con uno de los amigos que se había apuntado a venir. - ¡Hola Marc! - Nos dimos un breve abrazo apartando ambas tablas y en cuestión de pocos minutos llegamos a la playa. Amaba ese lugar con todo mi ser, era el mejor sitio en el que había estado nunca. A parte de tenerle un cariño especial por ser en la cual me crié la mayor parte de mis años de infancia para mi era la mejor playa de todo Londres. Su agua cristalina y desprovista de basura como en la mayoría de las playas más transitadas hacían que no quisiera salir del agua en todo el día. Se podía disfrutar de un buen día  con tus amigos y con una intimidad bastante agradable, lo que la hacía aún más atractiva.  

Comenzamos como siempre, calentamos un poco antes de entrar al agua y sin esperar mucho más decidimos a ir a por aquellas olas, que aquel día parecían tener una pinta espectacular. Las horas pasaron rápidamente y sin ningún imprevisto. Grabamos un par de vídeos y nos sacamos infinidad de fotos los unos a los otros. La mayoría de mis amigos solían parar cada media hora para descansar y charlar un rato, pero yo no tenía tiempo para eso. Me encantaban los deportes, pero aquel en especial era demasiado adictivo, una vez pasaba una ola ya tenía la necesidad de volver a nadar mar adentro para coger la siguiente, a la espera de aquella que consiguiera hacer de aquel día un día especial y memorable. Fue cuando me dio por mirar atrás cuando me percaté de que unas chicas se habían acercado a saludar a mis amigos. "Ni en esta playa se libra uno..." No nos confundamos, me encantaba ligar, de hecho me parecía un pasatiempo bastante divertido, ya no el hecho de ligar y buscar alguna chica con la que pasar el rato, sino conocer gente nueva. Pero había momentos y momentos, ahora mismo sólo tenía ojos para aquellas impresionantes olas, sin contar una pequeña excepción.

Al salir del agua escuché a las chicas hablar sobre otra que al parecer no estaba allí con ellas, la cual pude ver una vez la señalaron, seguramente forzándola a que se uniera a nosotros. A primera vista parecía una chica diferente a sus amigas. Sostenía un libro en sus manos y de forma tímida nos evitó la mirada, seguramente a sabiendas de que estaban hablando de ella. Era bastante guapa, pero lo que más me atrajo la atención fue el hecho de que su cara me sonara.  Así, tras pasar un rato jugando a la pelota y hablando sobre las típicas trivialidades con nuestras nuevas acompañantes, decidí hacer caso a mi fuero interior e ir a hablar con la otra chica, que aún estaba sola, al parecer inmersa en su lectura. - Hey, hola, ¿te conozco? - La chica subió la mirada para ver quién le estaba hablando y justo en ese instante la reconocí. - ¿Eres Alice? De Hufflepuff, ¿no?  - Me senté a su lado aún sin pedir permiso y le tendí uno de los paquetes de galletas que había llevado conmigo. - ¿Quieres? No son muy conocidas pero están riquísimas, créeme. - Le dije, con una sonrisa agradable. - ¿Qué lees? - Me curvé un poco para leer la portada del libro, pero no llegué a leer qué ponía. - Por cierto, si te molesto eres libre de echarme a los tiburones o a pedirme que me vaya... a eso también. - Bromeé, llevándome la primera galleta a la boca y masticándola con energía, esperando no estar estorbandola demasiado, ya que a decir verdad me apetecía una compañía diferente a la que podían brindarme el resto de chicas.
Spoiler:



Ignora el cigarrillo Razz


avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Miér Sep 03, 2014 1:00 pm

Los libros me absorbían normalmente, pero con los gritos de mis amigas y de aquellos chicos en el agua era imposible concentrarse. Esa era una de las principales razones por las que prefería ir a la playa sola. Para mi el sonido de las olas era la música de relajación perfecta. Pero claro, cuando se mezclaba con berridos y chillidos, se convertía en un suplicio. Así que me tumbé boca abajo y me puse mis cascos, con la música a tope, intentando leer un par de frases sin irme del tema. ¡Pero es que con la música también era imposible! No podía evitar ponerme a cantar y al final, ni libro, ni olas, ni playa, ni nada.

Estaba tan liada con lo mio, que no me di cuenta de que uno de los chicos se estaba acercando a mi. Me hice la loca, fiando la mirada en el libro como si no me hubiese dado cuenta. Posiblemente viniese a por una toalla o algo, y ni me dirigiese la palabra. Solía pasar desapercibida, y la verdad era que lo prefería, porque siempre que intentaba hacer nuevos amigos la fastidiaba. Le miré rápidamente de reojo y me di cuenta de que me sonaba. Volví la mirada al libro, pensando de que podía conocerle. Posiblemente de la escuela, porque el mundo muggle y yo nos íbamos alejando cada vez más y ya apenas recordaba viejos rostros. Sí, tenía que ser de eso.

Pero finalmente, a pesar de todo pronóstico, me saludó. Me giré rápidamente, mirándole con cara de: "¿pero seguro que me estas hablando a mi?". Y como me miró fijamente y se quedó callado, mi mente superior dedujo que efectivamente, me hablaba a a mi. Antes de que me diera tiempo a responder, él ya me había reconocido. Cuando dijo me nombre, casi instantáneamente, recordé quien era él. Habíamos coincidido en un par de clases, además era uno de los más populares de la escuela. Como para no saber quien era. -La misma. -dije respondiendo cuando me ofreció galletas. Cogí una, era imposible rechazar galletas. -Y tu eres Nikolai, ¿verdad? -no sabía por que preguntaba. Por cortesía seguramente, porque estaba segura de quien era. Me comí la galleta de un solo mordisco, como una buena Huffle. -Cincuenta Sombras de Grey. -dije cuando terminé de tragar la galleta, con tono muy convencido. -Es broma, no huyas todavía. Es Sueño de una Noche de Verano. -dije acariciando la portada vieja del libro. Le tenía mucho cariño a esa historia, puede que porque me parecía que cada vez que la leía me sumergía en un sueño distinto.

-No te preocupes, no me molestas. -dije, con algo de tímidez, cogiendo otra galleta. -Pero ofrecerme galletas ha sido un gran error. -sonreí y me la metí a la boca. Era una tragona, podía comerme toda la despensa de Hogwarts en una sola noche. Volví la mirada hacia donde estaban gritando todavía aquellos chicos y mis amigas y sonreí negando con la cabeza. -No tienen remedio... -susurré, haciendo alusión a como, indiscutiblemente, estaban ligando. Por eso odiaba ir con ellas, me abandonaban por los primeros abdominales que pasaban por delante nuestro. -Siento que mis amigas hayan estropeado vuestra tarde de surf. Ya sabes, las hormonas. -bromeé cruzando las piernas. Miré al chico y me pregunté porque habría salido de la zona de los guays para venir a la zona de los aburridos a hablar sobre libros. Mis amigas debían ser más pesadas de lo que yo pensaba.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Mar Sep 09, 2014 10:51 am

Solía sentirme bastante cómodo hablando con la gente, aunque fueran desconocidos o apenas hubiera confianza como era este caso. Casi siempre me las apañaba para sacar algún tema de conversación ameno con el que evitar que las personas se aburrieran conmigo. Al principio, cuando llegué a Hogwarts si era algo más tímido, me solía pasar lo típico de tartamudear o preguntar cosas dos veces cuando mi cerebro se bloqueaba, como cuando saludabas a alguien mientras le preguntabas cómo estaba, te respondía preguntándote lo mismo y luego volvías a preguntarle cómo estaba. La verdad era que era graciosísimo, pero dejaba tu orgullo a la altura del betún, por qué negarlo, pero con el tiempo aquel miedo estúpido había acabado por desaparecer, de modo que ahora era capaz de mantener conversaciones "normales" y con sentido con casi cualquier persona.

Al parecer Alice se acordaba de mí, lo que en parte no me sorprendió tanto. No podía negar que era bastante popular en el colegio y no era por ser egocéntrico, pero la realidad era la que era. Al menos no me había ganado esa fama como otros, que se limitaban a meterse con todo el mundo o a reírse de cualquier persona ajena que no perteneciera a su familia. A mi me conocían más por mi simpatía y extroversión o al menos eso esperaba, ya que a pesar de haberme metido en problemas, muchas de ellas habían sido para encarar a algún papafrita sin cerebro que pensaba que el mundo giraba en torno a él. - El mismo. - Afirmé, acomodándome junto a ella y entrecerrando un poco los ojos debido al sol, que en aquella posición me daba de frente y me estaba dejando completamente ciego.

Esbocé una sonrisa agradable cuando me dijo que invitarla a galletas había sido un error. - Una vez al año no hace daño, ni dos, ni tres... - Ambos soltamos una leve risilla mientras cogíamos otra galleta y la saboreábamos con paciencia. Asentí aún con aquella sonrisa hacia su comentario con respecto a sus amigas. No criticaba a las chicas que les gustaba ligar de esa forma tan descarada, de hecho en muchas ocasiones me resultaban hasta divertidas, pero lo cierto era que no eran mi tipo de chicas. En el fondo me gustaba lo complicado, aquello que requería algo más que un buen físico y un par de frases de peloteo para llegar a algo más. De hecho era por eso que nunca había tenido nada realmente serio con nadie. Tenía un imán para las chicas interesadas con mucho que dar pero poco de lo que hablar, por lo que inevitablemente acaba aburriendome al poco tiempo. No era culpa mía, solo era un poco exigente cuando se trataba de ir a mayores y no quedarme en una noche de sexo y poco más. - No es culpa tuya. - Le guiñé un ojo como buenamente pude debido a la radiación solar que estaba derritiendo mi retina. -  Además a mis amigos no parece desagradarles un poco de compañía femenina. - Bromeé, aunque en el fondo era una verdad como un templo, si a mi me gustaba ligar ellos eran unos casanovas en comparación. - ¿Y tú por qué estás aquí sola? ¿No te llamamos la atención ninguno de nosotros? Se te ve una chica exigente. - Solté una pequeña carcajada y me encogí de hombros. - Para serte sincero ninguno de ellos sabe surfear, solo lo hacen porque es guay, yo soy el único que tiene idea del deporte... - Saqué la lengua a modo de pique, esperando que mi sonrisa ladeada le diera indicios de que solo bromeaba, a pesar de que estuviera usando un tono serio. - ¿Tu sabes surfear? ¿Te gusta el deporte? Podría darte una clase particular si te apetece. - A mi me apetecía, seguro que resultaba entretenido ver cómo intentaba mantener el equilibrio. - ¿Qué me dices? ¿Dejarías un rato ese libro por mí? - Esta vez enseñé los dientes con una divertida sonrisa, tratando de convencerla sin parecer un ligón empedernido, ya que no era mi intención, sólo me apetecía pasar un rato diferente con alguien diferente y esperaba que ella también estuviera por la labor.

PD: Perdona la tardanza, recién acabo de llegar de las vacaciones ^^
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Miér Sep 10, 2014 12:26 pm

La verdad era que dentro de mis expectativas para aquel día de playa, no entraba el plan de encontrarme con Nikolai. No era que no quisiera, porque la verdad era que aunque mi libro fuese bastante interesante, prefería un poco de buena compañía. Casi más que el hecho de encontrarme con él en la playa, me sorprendió que se acercase a mi, y sobretodo que me conociese. No era comparable, yo sabía su nombre y quien era porque todo el mundo en el colegio lo sabía. Pero él el mio... Puede que fuese por alguna mala lengua que le hablase de mis afortunadas apariciones en la revista Corazón de Bruja. Sin duda alguna me vengaría de quien hubiese escrito aquellas noticias. ¿Promiscua yo? Debo de ser la primera virgen puta del universo.

Agradecí que se sentase a mi lado y me ofreciese galletas. Aquello era como darte un trocito de paraíso en forma de comida ultra-calórica. Tenía la suerte de no engordar, porque solo de pensar en ser una de esas chicas que si se salían de la dieta ganaban kilos me imaginaba a mi misma rodando por los pasillos junto con Danny. A ambas nos encantaba escabullirnos a comer kilos y kilos de dulce robado de la cocina de Hogwarts. Tenían que habérselo pensado mejor antes de poner nuestra sala común al lado de la despensa.

Me encantaba ver como Nikolai no dejaba de sonreír, era adorable y muy simpático. Estaba más acostumbrada a las zancadillas y los insultos por parte de Slytherin que a las buenas palabras y a los gestos amables. Así que en aquel momento me sentía en la gloria. -Si fuera solo una vez al año no se que sería de mi. -dije, aludiendo a mi facilidad para vaciar bolsas de galletas. Que haría yo sin el dulce en mi vida... Luego me disculpé de parte de mis amigas. A pesar e que estaba claro que no sentía ningún tipo de remordimiento. Que hicieran lo que quisieran con sus vidas. El chico me guiño un ojo y dijo que no pasa nada, estaba claro que sus amigos estaban encantados. A ningún adolescente le desagrada la compañía femenina. -Bueno... -dije un poco avergonzada ante su pregunta sobre si no me gustaba ninguno de ellos. -La verdad es que no tengo ese radar para buscar hombres que tienen el resto de las chicas. -confesé. No es que el estuviese nada mal, que estaba increíblemente bueno para ser sincera, pero la timidez podía conmigo cuando pensaba en acercare a un chico con intenciones claras de ligar. Sin embargo si se trataba de una conversación normal, el miedo desaparecía.

Lo del deporte me pilló desprevenida. No era del todo mala jugando al voley y sabía nadar, si era lo que preguntaba. Pero no haría a nadie ganar un partido. -La verdad es que el agua fría y yo no nos llevamos muy bien. Además no he cogido en mi vida una tabla que no sea la de cortar... -empecé a decir por lo bajo, con algo de vergüenza. Pero la verdad es que prefería pasar un buen rato con él que quedarme intentando leer, mirándole de reojo y arrepintiéndome. -Pero como has dicho, una vez al año no hace daño. -continué, animándome y cerrando el libro para dejarlo sobre la toalla. Solté una risotada y me levanté rápidamente. -Espero que seas un buen profesor y tengas paciencia conmigo. Puedo llegar a ser muy torpe. -dije mientra ambos nos acercábamos a la orilla. Cuando estuve tan al límite que los pies se me mojaron, me di cuenta de que aún llevaba la ropa puesta. Miré a Nikolai sonrojada y bajé la cabeza, pensando. "¿No se puede hacer surf con ropa?"
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Lun Sep 15, 2014 5:46 pm

Había pocos sentimientos mejores que estar en tu playa favorita y con buena compañía. Quizá solo superaran a ese bienestar el quidditch, pasarte un nivel muy difícil de tu juego favorito o por supuesto hacer puenting. Ese último deporte era sin duda el más apasionante que había probado en mi corta vida. Aún recordaba la primera vez cada vez que pensaba en ello. Aquella sensación anterior a dejarse caer no se me iría del cuerpo en mucho tiempo, probablemente nunca. La respiración acelerada, la piel de gallina… inigualable. Pero dejando aquellas sensaciones que superaban a todas las demás de lado, ahora no me encontraba nada mal, sinceramente. Siempre venía bien una amena conversación en un lugar agradable. No obstante, me apetecía moverme un poco, pero como no quería dejarla sola, (no sólo por ella sino también por mí, ya que me estaba sentando bien su compañía), decidí proponerle un plan que sabía que no podría rechazar. Bueno, poder podría, pero tenía la esperanza de que no lo hiciera después de todo.

No era la primera vez que me prestaba para enseñar a alguien a surfea. Las primeras veces había sido un profesor  nulo, les daba la tabla y ya esperaba ver un bottom turn una vez viniera la primera ola. Pero con el tiempo aprendí que no a todo el mundo le resultaba tan fácil como a mí y que la clave estaba en tener paciencia. No tenía pensado presionar a Alice ni mucho menos, solo pretendía pasar un buen rato lejos de los típicos entornos de ligoteo. Al final, tras rogarle un poco con la mirada accedió a mis deseos, cosa que le agradecí, ya que de no ser por eso acabaría aburriéndome y yéndome a casa antes de lo esperado, aunque tampoco quería ser una presión ni mucho menos, claro estaba.

Muy caballeroso por mi parte, me levanté primero y le tendí la mano a mi alumna, esbozando una sonrisa ante su comentario. – Ni lo dudes, seré bueno contigo. – Ambos nos acercamos a la orilla con paso ligero (ya que la arena quemaba) y una vez allí Alice se percató de que aún tenía la ropa puesta. Ambos nos miramos confidentes, ya que estábamos pensando justamente lo mismo. – Es un poco difícil surfear con tanta ropa puesta. – Le dije, mirándola de arriba debajo de forma divertida.  – Pero para gustos colores. – Me encogí de hombros aún con una mirada aniñada y fui a coger mi tabla, que la había dejado cerca de donde estábamos. – Ve preparándote. – Le dije, antes de alejarme.

No tardé mucho en volver, tabla en mano, encontrándomela en bikini. Era un bikini bastante bonito, diferente a los que solían usar las chicas de hoy en día, cuyo cometido principal era realzar su principal método para llamar la atención. Satisfecho con su iniciativa volví a dejar la tabla en la arena despacio, muy despacio, sospechosamente despacio. - ¿Sabes? Me caes bien. – Afirmé, así, porque sí. - ¿Hace poco que has comido? – Le pregunté. Ella, algo confusa por la pregunta, que a simple vista no venía muy a cuento. Se limitó a negar con la cabeza, así que me erguí rápidamente y en un abrir y cerrar de ojos la cogí en brazos, dispuesto a meterla directamente en el agua, que en comparación con la temperatura exterior estaba considerablemente helada. - ¡¿Preparada?! – Le grité mientras reía a carcajadas al ver sus intentos fortuitos por librarse de mí, mientras gritaba, para darle más énfasis. - ¡Lo tomaré como un sí! – Y así, sin más rodeos, corrí hacia el agua y ambos nos zambullimos irremediablemente. Hasta a mí se me helaron los huesos al meterme de aquella forma, pero yo estaba acostumbrado, lo más divertido era ver la cara de Alice saliendo de debajo del agua y, probablemente, quejándose de mi crueldad, que poco tenía que envidiar a la de cualquier archienemigo de cualquier película que se precie. “Ahora hay dos opciones, o le caigo bien a pesar de todo, lo que querrá decir que es una chica divertida y que merece la pena, o que me odie de por vida, lo que por otra parte también tendría su lógica” Aunque lo más probable es que fuera una mezcla de ambas. La verdad era que había sido cruel por mi parte. A veces mis bromas llegaban a resultar algo pesadas para algunas personas que no tenían mi mismo sentido del humor.

Salí del agua aun riéndome y algo exhausto por la carrera para coger la tabla y meterla en el agua. - ¿Estas enfadada conmigo? – Le pregunté, esperando un “no” por respuesta. – Era para romper el hielo, en el fondo te he hecho un favor. Te he ahorrado unos diez minutos de sufrimiento. – Bromeé, sumergiéndome de nuevo y colocándome el pelo hacia atrás para que no fuese una molestia. – A partir de ahora si que seré bueno, te lo prometo. – La miré desde el otro lado, apoyado en la tabla con ambos brazos cruzados encima, ya que ésta se encontraba en medio de ambos. - ¿Te apetece empezar? También puedes asesinarme ahora, tú decides. – Le propuse, con una dulce sonrisa.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Jue Sep 25, 2014 6:25 pm

La verdad era que para no haber surfeado en mi vida, estaba bastante decidida a aprender. Era o eso, o quedarme sola y aburrida en la playa, esperando a que algo interesante sucediese y poder entretenerme. Los libros estaban genial cuando tenías que matar el tiempo en la escuela, pero no era el mejor aliado para un día de playa. Ya que había tenido la suerte de encontrarme con Nikolai, ahora no podía negarme a aceptarle como profesor. Puede que pasados unos minutos, fuese él quien desesperase y quisiera irse a toda costa, ya que yo era bastante torpe para los deportes. Le ponía ganas, pero a las partes de mi cuerpo les costaba ponerse de acuerdo para coordinarse. Si él podía enseñarme a surfear, puede que un par de años fuese incluso capaz de bailar sin parecer un pato mareado. Aún me recordaba intentando jugar al volley. Me caía un promedio de tres veces por minuto. No me extrañaba nada que me echasen del equipo a patadas.

Así que cogí la mano del chico con decisión y me levanté de mi toalla, mirando el mar con recelo. Era algo a lo que te nía respeto, tan inmenso y tan poderoso... Prefería no perderme en las olas y acabar en alta mar. -Eso espero, porque vas a necesitar paciencia. -le advertí con una sonrisa.

Ambos nos acercamos hasta la orilla, a un paso similar. Pero cuando llegamos hasta donde las olas alcanzaban, nos paramos al percatarnos de lo vestida que estaba para la ocasión. La verdad era que surfear con ropa resultaría muy complicado, y a pesar de mis complejos y mi timidez, tenía que quedarme en bikini. Aproveché la ausencia del chicoo que fue a por su tabla para desprenderme de la ropa, quedándome con un bikini sencillo, aunque bonito para mi gusto. No era uno de esos bikinis push-up que te ponían las tetas a modo de collarín, pero tampoco sentaba mal. La verdad era que tampoco tenía mucho que resaltar.

Cuando Nikolai volvió con su tabla a cuestas, sonreí un poco asustada. Era una tabla enorme, como las de planchar. ¿Se suponía que tenía que guardar el equilibrio encima de aquello? Ni de coña. Tampoco supe que responder a su comentario. Me alegraba saber que le caía bien, pero me había pillado por sorpresa. Le sonreí, algo sonrojada, e intenté ponerme en situación. No quería hacer el ridículo. Respondí a su pregunta sobre si había comido negando con la cabeza. Ahora que me lo recordaba, incluso tenía hambre. Pero ya habría tiempo después para comerse un plato enorme de algo grasiento y con muchas calorías.

Antes de que pudiese haberme hecho a la idea de meterme en aquella agua congelada, Nikolai se incorporó y cogiéndome de la mano me obligó a sumergirme en aquella inmensidad azul, tan fría como parecía desde lejos. Quise decirle que estaba loco, pero prefería no tragarme esa mezcla de agua, sal, bichos y pis. Aún así, creo que mi rostro reflejaba muy bien como me sentía. Cuando salí a la superficie, me pasé la mano por los ojos para evitar que me entrase agua y bufé, con gesto molesto. -Eso ha sido una clarísima traición...-musité con fingido tono de enfado. La verdad era que el agua no estaba como para darse un bañito relajado, pero mejor de un tirón que despacito. El chico empezó a disculparse poniendo múltiples excusas. La verdad era que tenía simpatía y carisma, costaba enfadarse con él.

-Debería asesinarte, por el susto y porque seguramente acabe con una pulmonía por tu culpa... -dije, sacudiendo la cabeza para sacarme el agua de los oídos. Empecé a plantearme la idea de llevar a cabo una vendetta. -De hecho, creo que voy a hacerlo. -continué, con una sonrisa algo maligna y, sobretodo, traviesa. Y al segundo me lancé a sus hombro para meter su cabeza dentro del agua. Pero para mi desgracia sus piernas eran bastante más largas que las mías y llegaba a tocar el suelo con los pies. Así era imposible. -Vamos hombre, pon un poquito de tu parte. -me quejé, haciendo intentos para hundirle.

avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Sáb Oct 04, 2014 11:20 pm

Había tenido suerte. A pesar de que aquella acción había sido un desafío en toda regla por mi parte, Alice no solo no se lo había tomado como tal sino que había sabido encajarlo con humor. Aquella reacción hizo que a partir de ese momento me soltara aún más con ella, convirtiendo una tarde que comenzaba a resultar aburrida en un rato realmente agradable junto a una exquisita y agradable compañía. La miré con los ojos algo achinados debido a que estaba sonriendo constantemente, apoyado con ambos brazos sobre la tabla de surf que se encontraba entre ambos. - En ese caso me haré completamente responsable. - Respondí cuando nombró lo de una posible pulmonía, poniendo una de mis manos sobre mi pecho, dando mi palabra de honor. Desde mi punto de vista el agua estaba en su punto, había estado perfecta durante todo el día y a aquellas alturas no me costaba en absoluto meterme de golpe.

Ambos nos movíamos al vaivén de las olas, que a pesar de no ser muy fuertes eran suficientes para enseñar a alguien lo básico sobre surfear. Sin embargo, mi acompañante no estaba satisfecha y decidió tomarse la venganza por su mano abalanzándose sobre mí e intentando ahogarme. Yo por mi parte no podía parar de reír mientras la chica me empujaba hacia abajo con todas sus fuerzas y fue por eso mismo por lo que acabé sucumbiendo al haber perdido todas mis fuerzas debido a aquella contagiosa risa.

Unos segundos más tarde volví a la superficie, aún riéndome y habiéndome tragado la mitad del agua de la playa. Tosí unas cuantas veces y la miré desafiante. - Me las pagarás. - Sin previo aviso fui yo esta vez el que se abalanzó sobre ella, dejándola indefensa tras unas cuantas cosquillas y cogiéndola en brazos de nuevo para así ahogarla con más facilidad. Nos pasamos así unos segundos hasta que, exhaustos, decidimos parar y zanjar un acuerdo de paz mutuo. - ¿Empezamos entonces? - Empujé la tabla hacia ella y di la vuelta a la misma para ponerme junto a ella. - Acuéstate encima. - La ayudé levemente a subirse y le indiqué cómo debía colocar los brazos para lograr una mayor estabilidad. - Ahora mueve los brazos como si estuvieras nadando. - Ella hizo lo que le había dicho, mientras yo me movía a su lado y aguantaba un poco la tabla para que no se fuera hacia los lados. Lo primero era enseñarle a habituarse a las dimensiones y a la tabla en sí, ya habría tiempo para ponerse de pie sobre la misma. - Muévete un poco hacia la derecha. - La tabla comenzó a zarandearse con intenciones de darse la vuelta. - Así ves hasta qué punto se mantiene recta. - Estuvimos así un largo rato hasta que decidí enseñarla a ponerse de pie sobre la misma. Para ello le recomendé que salieramos del agua y lo hicieramos primero en la orilla. - Como es obvio, el equilibrio es muy importante. Empezamos. - Le dije que se tumbara de nuevo, para hacer una simulación más o menos realista. -  Brazos al pecho, subes un poco la cabeza, arqueas la espalda como si tu cuerpo fuera a hacer una ‘U’, - Alice realizaba los pasos a la vez que se los indicaba. - Pones el pie de atrás donde está la rodilla de la otra pierna, y a continuación el pie de delante lo pones entre los brazos. Ahora suelta los brazos de la tabla. Eso es. - Algo me decía que lo estaba pillando, por lo que me emocioné un poco. - Pon los pies siempre paralelos uno del otro. Sobre la tabla tienes que estar en el centro, nunca en los bordes, porque te vas de lado. Tu cuerpo debe mantenerse perpendicular a la tabla, haciendo una T con tus pies y la tabla, ¿entiendes? - A veces cogía yo la tabla e iba realizando los pasos que le había indicado señalándole los pequeños trucos de cada uno, hasta que parecía que los había entendido por completo. - Muy bien. - Al rato, tras explicarle unas cuantas cosas más y como la veía bastante suelta decidí dar un pie de gigante y ver cómo se las apañaba ante unas bonitas olas que estaban a punto de chocar contra la orilla. - Vamos adentro, a ver cómo te las apañas. - Le sonreí con dulzura al ver su cara. - No te preocupes, si no lo consigues no pasa nada. Es más, será lo normal, pero es para que no te aburras con tanta teoría. - Le amarré el hilo de la tabla a su tobillo derecho rápidamente y me metí con ella en el mar, quedándome a una distancia prudencial de donde tendría que coger alguna de las olas. - Cógela cuando te sientas preparada. ¡Tu puedes! - Le animé desde atrás. Si conseguía quedarse de pie aunque fueran unos instantes ya se convertiría en unas de las personas que más rápido habían aprendido de las que conocía, si no, le daría un par de consejos más. Obviamente aquel día no iba a irse de la playa siendo una profesional, pero con que le picara el gusanillo de la curiosidad tenía más que suficiente. “El surf era un deporte maravilloso, solo hace falta para aprender un poco de  predisposición y un profesor capacitado y experto como yo” , pensé, esbozando una pequeña sonrisa y mirando atento a su reacción ante aquella prometedora ola que se acercaba.

PD: Si quieres y para darle más emoción tira dado, ¿te parece? De 10 arriba lo consigues y de 10 abajo no (?) ¿Qué opinas?

PD1: Da por hecho que estuvimos más rato de lo que parece y que te di más pautas de las que aparentan, ha sido complicado explicar todo esto con mi penosa dialéctica XD
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Sáb Nov 01, 2014 7:06 pm

La rápida inmersión en el agua que experimente por culpa de Nikolai me sentó como una patada. Estaba realmente congelada para la época del año en la que estábamos, y yo había imaginado que me encontraría con aguas cálidas y mediterráneas. Me vengué de aquel susto y aquella traición, tirándome sobre el chico y tratando de hundirle con todas mis fuerzas. Pero para mi desventaja, era imposible, no podía hundirle porque no solo tenía más fuerza que yo, sino que era más alto que yo y no lograba tocar el suelo. Finalmente, el pobre se dejó sumergir para no hacerme sentir una inútil. Yo sonreí, falsamente orgullosa de mi hazaña, y el volvió a mi, continuando con las cosquillas, mientras yo continuaba tragando aquella asquerosa agua. Finalmente formamos la paz y dejamos los jueguecitos para más tarde. Me ponía ligeramente nerviosa tenerlo tan cerca de mi, tocando mi cuerpo de aquella manera.

Cuando paramos de hacer el tonto, el chico acercó la tabla a mi para que pudiésemos empezar con las clases. Primero le dio la vuelta y me ayudó a recostarme sobre ella. La sensación del mar, con las olas subiendo y bajando y haciendo que mi cuerpo ondease era relajante. Seguí cada instrucción que me daba mi profesor, sintiéndome un poco torpe al no poder dar más de mi y, aún así, sentirme como un pato mareado. Finalmente, y para mi suerte, salimos del agua para continuar allí con las lecciones de "como caerse de una tabla de surf con estilo". De nuevo, fui haciendo cada cosa que Nikolai me decía muy obedientemente, esperando obtener buenos resultados para no hacer el ridículo. Se le veía entusiasmado al ver que lo iba pillando, y yo casi me creía capaz de hacerlo sin caerme en los tres primeros segundos. -¿Así está bien? -dije cuando ya llevábamos un largo tiempo practicando sobre la arena. Su afirmación me alegró, y tal y como él me dijo, tomé la tabla y me zambullí en el agua para poner en práctica la teoría.

Nikolai me siguió por detrás, observando cada movimiento. -¡Deséame suerte! -le grité justo antes de tumbarme sobre la tabla y empezar a nadar mar a dentro. "Pies paralelos, brazos al pecho, cabeza arriba...", iba repitiéndome mientras nadaba hacia donde las olas se encrespaban para poder tomar alguna. Estaba nerviosa, no quería parecer una torpe, sobretodo porque el chico había puesto gran interés en ayudarme a conseguirlo. Antes de poder darme ni siquiera cuenta, una bastante alta llegó, y no tuve más remedio que nadar más rápido y ponerme de pie para evitar que se rompiera sobre mi y me pegase una buena leche.


avatar
InvitadoInvitado

Maestro de Dados el Sáb Nov 01, 2014 7:06 pm

El miembro 'Alice D'Fiamma' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados

'Dado de 20' :
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 0
Mensajes : 3085
Puntos : 1359
Ver perfil de usuario

Invitado el Sáb Nov 01, 2014 7:10 pm

En cuanto me elevé sobre la tabla, esta empezó a zarandearse de un lado para otro. No fui capaz de mantener el equilibrio más que un par de segundos sobre ella, porque me resbalé irremediablemente, y pegando un gracioso chillido caí al agua.

La ola pasó sobre mi, pero no se llevó la tabla porque la tenía enganchada al pie. Cuando pude subir de nuevo a la superficie, Nikolai estaba ahí, mirándome con cara divertida. Me sentía una fracasada y una inútil integral que no era capaz de hacer nada a derechas. -Lo siento... -le dije decepcionada. -¡Pero si me dejas intentarlo otra vez no fallaré! -clamé con ganas de seguir intentándolo para demostrarle que había aprendiendo de sus valiosas lecciones. Lo último que deseaba era que pensase que no estaba poniendo de mi parte.
avatar
InvitadoInvitado

Invitado el Mar Dic 02, 2014 1:54 am

Pocas veces tenía la oportunidad de enseñar a alguien a surfear y mucho menos a una chica tan interesante como ella. Tampoco iba a mentir, las veces que la había visto en Hogwarts no me había llamado la atención en absoluto, pero por alguna extraña razón aquel día había despertado cierta curiosidad en mí. Quizás tuviera que ver que me encontrara en mi hábitat natural, por lo que estaba más tranquilo y despreocupado que de costumbre, aunque de por sí en el Castillo también me sentía bastante cómodo. De vez en cuando echaba un vistazo a mis amigos, que seguían tirándoles la caña a las amigas de Alice, mientras terminaba de explicarle los últimos detalles a mi agradable compañía de aquel soleado día.

Así, tras una retahíla repleta de aburridos conceptos teóricos decidimos pasar a la acción. O más bien lo decidí yo, sonriendo dulcemente hacia las facciones de inseguridad que se adivinaban en su rostro. - Tranquila, seguro que lo haces genial. - Le dije con tono seguro, acompañándola hasta la orilla. Así, tras una señal de mi parte no tardó en meterse al agua. Yo también me adentré un poco con ella hasta quedarme a una distancia prudencial, desde donde le seguía dando indicaciones.

Pronto no tardó en llegar una buena ola, por lo que Alice, aparentemente decidida entró en la misma y trató como buenamente pudo aguantar el equilibrio durante unos segundos. Por suerte no cayó sobre la tabla sino a un lado, por lo que no se habría hecho daño, o al menos eso esperaba. La miré condescendiente mientras se acercaba a mí, pidiéndome otra oportunidad. Yo tampoco quería agobiarla demasiado, ya que todo aquello había sido idea mía y era cierto que si no te gustaba el deporte especialmente el surf podía hacer perder la paciencia a cualquiera y en bastante poco tiempo, pero para mi sorpresa Alice parecía bastante animada a pesar de no haberlo conseguido a la primera, por lo que sin duda le di otra oportunidad, y le daría otra si así ella lo quería. De hecho no tenía prisa alguna por llegar a casa. - Lo has hecho muy bien para ser la primera vez. - No lo decía por animarla, estaba siendo completamente sincero. - Has seguido todos mis pasos casi a la perfección, sólo te falta práctica. - Comenté sonriente. - ¡Son toda tuyas! - Exclamé alejándome un poco para volver a mi posición, señalándole las olas que se aproximaban. Por suerte el tiempo estaba de nuestra parte en aquella ocasión, ya que a veces había que esperar y esperar hasta que venía alguna ola útil.

Sin embargo, todo pasó muy rápido. Tras unos segundos en los que ella ya se había alejado lo suficiente, pude ver a lo lejos algo extraño en el agua, algo que no era habitual. Forcé un poco la vista y coloqué mi mano sobre la frente para evitar que el sol limitara mi visión, de modo que no tardé demasiado en averiguar qué pasaba. La aleta de lo que parecía ser un tiburón salía de la superficie del agua, y lo peor de todo era que no estaba demasiado alejado de donde se encontraba Alice. La miré desesperado, dándome cuenta de que estaba tan centrada en su misión que no se había percatado. Sin pensarlo dos veces comencé a nadar hacia el interior lo más rápido que podía. Desde luego quedarme allí sin hacer nada no era una opción. La respiración no tardó en agitarse mientras intentaba tragar la mínima cantidad de agua posible. - ¡Alice! - Grité cuando estuve más cerca, mientras seguía nadando hacia ella. La marea se había vuelto más agitada y alcanzarla me estaba costando más trabajo del habitual.

Entonces me dio un vuelco el corazón, cuando, horrorizado, observé cómo una enorme mandíbula salía del agua, tragándose en cuestión de segundos la parte delantera de la tabla. Escuché un grito por parte de Alice y fue entonces cuando me temí lo peor, no obstante no dejé de nadar en ningún momento, tratando de llegar hasta ella. - ¡Alice! - Volví a gritar, desesperado. - ¡¿Estás bien?! - La agarré del brazo, tratando de mantenerme a flote, mientras la atraía hacia mí a duras penas. - Alice, ¿estás bien? - Volví a preguntar. Sin embargo no esperé respuesta, sino que, ajeno a la localización del animal, comencé a tirar de ella hacia fuera, deseando con todas mis fuerzas que pudiéramos llegar sanos y salvos y que todo aquello se quedara en una mera anécdota. De no ser así, si Alice saliera herida de aquello no podría perdonármelo nunca. “Por favor, por favor...” - Pensaba una y otra vez, mientras veía a mis amigos acercarse rápidamente hacia donde nos encontrábamos, ya que habían sido alertados del peligro.
avatar
InvitadoInvitado

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.