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Perdida por la ciudad [Odiseo Masbecth]

Arianne Anderson el Mar Sep 02, 2014 11:49 pm

*Andaba por la ciudad una mañana cualquiera, buscando algo en concreto. Normalmente mis padres no me dejan ir sola a ningún sitio. Londres es demasiado grande y me puedo perder. Pero solo quería ir a la papelería de la esquina a comprar material para la vuelta al cole. Las plumas están de moda en Hogwarts, pero prefiero uno de esos bolis que al escribir no manchan todo de tinta. Es un asco. Y si se vuelca el tintero, alaaaa, manchurrón del quince y a volver a escribir. Tanta magia y no avanzan tecnológicamente. ¿Dónde guardan los ordenadores? Iba tan tranquila que creo que me despisté. Era salir de mi casa, cruzar la acera, bajar una calle y allí estaba la papelería. Pero en lugar de eso, me encontraba en un callejón sin salida. ¡Oh, my! ¿Dónde he venido a parar? Miré a mi alrededor. No había nadie. ¿Estoy en Narnia o que? En la cera de enfrente había solo tiendas extrañas, de verdura, de fruta, pero muy feas. Como pobres. No soy de aquí, vine a pasar una semana con mis padres antes de ir a Hogwarts, y ahora jamás podré ir, porque estoy perdida y sola, y me voy a morir de hambre. Sollocé, y sin querer me puse a llorar.*


Última edición por Arianne Anderson el Mar Sep 16, 2014 9:40 pm, editado 1 vez
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Invitado el Miér Sep 03, 2014 7:09 am

Caminar por el mundo muggle es uno de los grandes placeres de la vida. Especialmente en Londres. En Londres están tan acostumbrados a ver cosas raras que ya ni miran a un hombre caminando con un canuto entre los labios. A Odiseo le encantaba el lado sin magia del mundo, producía una deliciosa fascinación sobre él. Ya sabia manejar perfectamente el dinero, ya no era un misterio para él como lo había sido las primeras veces que había venido a aquel lado del territorio londinense con sus amigos. Las televisiones le parecían el último invento de la humanidad. Era maravilloso como se movían y se movían esas imagencitas de esas pequeñas personas en esa caja. A veces se preguntaba porque no hacían cosas así en el mundo mágico. Pero suponía que con poder hacer que las cosas viniesen a ti sin necesidad de pararte tenían suficiente. Otro lado positivo del lado no mágico era que sus drogas se vendían muy bien allí, por ese toque mágico que nadie sabia decir exactamente que era. El bromeaba diciéndoles que sus plantas eran carnívoras y las alimentaba con conejos. Algunos muggles lo miraban horrorizados, la mayoría compraba igual. Suponía que su humor era un poco oscuro, pero hasta en el mundo mágico era oscuro y tampoco lo entendían mucho allí.

Soltó el humo hacia el cielo mientras dejaba que sus pies vagasen por allí y por allá, sin ningún punto fijo en realidad, solo por el placer de caminar por el mundo muggle. Hasta que llegó a un callejón sin salida. Miró con atención la pared que le impedía pasar, con una atención un tanto drogada, sosteniendo el canuto entre sus labios. Tras unos segundos, escuchó unos sollozos, pero no le prestó atención. Será la droga, se dijo. Pasó sus dedos por la pared y pegó su oído a esta, con inmensa curiosidad. Pero no pudo escuchar nada, por que aquellos insistentes y molestos sollozos seguían allí. Suspiró, separando su mejilla y su oreja de la pared y quitándose el canuto de los labios. Vale, vale, le prestaría atención a los sollozos y luego hablaría con la pared. Pero que conciencia tan pesada. Buscó con la mirada el propietario de aquellos molestos sollozos y finalmente identificó a este como una niña de mediana altura, joven aún y que parecía no tener idea donde había metido su castaña cabeza.

Suspirando, se acercó a la niña y se puso frente a ella, donde pudiera verlo. La verdad nunca había sido muy bueno con los seres humanos de tan poca edad. Se quedó mirándola sin tener idea que hacer durante unos instantes y al final chasqueó la lengua y apoyó una mano, que esperaba fuese un gesto tranquilizador, en su hombro.

- Ya, ya que no pasa nada- le dijo a la niña, acompañando esto con una de sus encantadoras y tranquilas sonrisas- no te comerá nadie.
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Arianne Anderson el Miér Sep 03, 2014 9:35 pm

*Mis padres no solían dejarme salir sola, y hacían bien. Mi instinto de orientación salió fallado y no se me da bien ubicarme. Y menos en una ciudad como este. Tan grande. Todas sus calles son muy parecidas. No es como mi querido Wyberton, que a penas tiene 4.000 habitantes y no es muy grande. Me cabreé conmigo misma por ser tan torpe. Si la papelería estaba a la vuelta de la esquina, muy cerca de mi casa. De la ventana de mi cuarto la podía ver. Pero al bajar a la calle ya nada era igual, cogí la dirección equivocada y vine a parar a aquí. A este sucio callejón, que da miedo. Si yo solo quería comprar unos bolis. Y quizás una libreta. Que eso de los pergaminos… Que raros son los magos. Se creen mejores por no mejorar usando inventos de la gente no mágica.
Estaba mirando a mi derecha y a mi izquierda, pensando por donde podía ir. Pero me sentía tan tonta que empecé a llorar sin querer. Peor fue cuando escuché unos pasos procedentes del callejón, que me puse también a temblar de miedo. Un chico salió de allí, y me miró. Pensé en pedirle ayuda, pero por sus pintas imaginé que era alguien que vive en el callejón. Quizás un vagabundo. Iba fumando algo que olía raro. Abrí mucho los ojos cuando ese hombre tocó mi hombro. Y me dieron ganas de gritar, pero estaba paralizada. Pánico, pánico. Dejé de llorar, no de sollozar. Dijo que no pasaba nada, que nadie me iba a comer. Eso no me tranquilizó.* Señor yo, me he perdido. Solo quería comprar un boli para la vuelta a Hogw…a Ho… *No puedo decir el nombre de mi colegio de magia, si se entera el señor Ministro no me dejará volver. Piensa Ari, piensa. * A Hogwart Wolowitz, que era astronauta, mi cole lleva su nombre. Eso es. Hogwart. *Repetí bien claro lo de Hogwart, que era un nombre de chico. Pero si es una persona normal no sabrá nada de Hogwarts y no podrá relacionarlo. Intenté sonreír.* ¿Vives en el callejón? Quizás sabes indicarme. La papelería que busco se llama PaperMater. ¿Puedes ayudarme? *Intenté parecer simpática, para que no me atraque. Todo lo que llevo son cinco pounds o como mucho seis, poco hará con eso. ¡O dios mío! ¿Y si me quiere violar? En las noticias siempre dicen que no hables con desconocidos y esas cosas. Me puse muy nerviosa, tanto, que me dieron ganas de ponerme a correr, pero mis piernas no me respondían. *
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Invitado el Vie Sep 12, 2014 5:26 am

No había que ser un genio o no estar medio drogado para darse cuenta que aquella muchacha desentonaba tanto en aquel callejón como un celular en manos del Ministro de Magia. Estaba mas perdida que el cadáver de Rasputin. Estaba mas perdida que su sobriedad. Sí, mas perdida que esa. Se llevó el canuto a los labios, escuchándola con una mirada escéptica y las cejas arqueadas. Se echó a reír cuando la vio enredarse la lengua con el nombre. Tuvo que apoyarse en una pared de lo convulsionantes que eran las carcajadas. Si hasta por poco se le cae el canuto de los labios. Pero logró salvarlo con un complicado juego de manos y un ligero toque de sus reflejos. Tras unos instantes logra controlarse, casi sentado ya de lo mucho que se ha reido. Le hace señas a la muchachita para que espere unos segundos y aún entre risillas le da una calada a su canuto para tranquilizarse.

-Eres una pésima mentirosa- le dice de buena gana. No quería ofenderla, solo informarle sobre aquel hecho. Apaga el canuto con la parte de la pared que le parece mas limpia y se lo guarda en el bolsillo a la vez que suelta el humo- tienes que aprender esa habilidad, jovencita. No creo que muchos muggles te crean que hay un colegio llamado así. Puedo ayudarte, sí, pero no creo que los bolis te sirvan de gran cosa en tu colegio astronauta. No eres la primera en intentarlo. A McGonagall no le hará la mas minima gracia que le entregues un reporte escrito en esfero. Mujer gruñona pero de excelente memoria.

Hablaba con la mayor tranquilidad del mundo sobre la escuela de magia. Sus manos habían ido a parar a sus bolsillos y su sonrisa se movía tranquilamente, navegando en sus labios. No era la primera hija de muggles en intentarlo. No lo decía cruelmente, pero solo a una hija de muggles se le ocurriría llevar bolígrafos a Hogwarts Wolowitzs, supuesto astronauta y verdadera escuela de magia y hechicería. Empezó a caminar hacia la salida del callejón, esperando que la siguiera, recuperando su voz cuando la luz triste de Londrés y sus ajetreadas calles principales le volvió a golpear el rostro.

- Seguridad, dulce calles transitadas- le indica, con un movimiento de la mano a la jovencita
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Arianne Anderson el Sáb Sep 13, 2014 2:02 pm

*Intenté no parecer muy asustada cuando aquel chico salió del callejón, pero se me dio tan bien como mentir. Me encontraba sola y desolada y me puse a sollozar. Supongo que por eso me escuchó el chico. Parecía un poco loco. Le dije que me había perdido un poco, y que quería encontrar la papelería para comprar esos bolis. Y como estuve a punto de decir Hogwarts, el chico me pilló. Se me daba muy mal mentir, y se dio cuenta de todo. Por suerte, tenía que ser un mago. De lo contrario, no conocería a la profesora McGonagall. * Ya se que no deja usar bolis. Los deberes se los entrego con pluma, siempre. Pero me cuesta un montón tomar apuntes con esas plumas tan extrañas. Con el Boli soy mucho más rápida, y mancho menos. ¿Fuiste a Hogwarts? * No esperaba encontrarme un mago en plena ciudad. En ese momento me avergoncé de haberle preguntado si vivía en el callejón ese. No dijo nada al respecto, y empezó a caminar hacia fuera, donde la calle normal. El callejón era un tanto siniestro. Dijo algo sobre la seguridad en las calles transitadas. Desde luego, era mejor que estar en ese callejón extraño. * ¿Vas a llevarme a la papelería? ¿Sabes dónde está? Yo vivo cerca, sabes. He salido un momento, pero me he despistado. ¿No te parece que todas las calles de Londres son iguales? Es como un gran tablero de ajedrez y nosotros no somos más que fichitas perdidas. * Callé un momento, y tomé aire. ¿Me está llevando a la papelería? A ver si tiene pensado secuestrarme. Esa gente que trabaja para el malo ese Valdimor odia a los muggles y a los nacidos de muggles. Igual quiere matarme… Pero no sabe que lo soy. No puede saberlo.*Me llamo Ari, por cierto. ¿Y tu? *Pensé mejor en hacer preguntas, para que me fuera hablando. Era tétrico ir por la calle con ese chico sin saber su nombre y sin hablar. Bueno, sin que él me hablase.*
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Invitado el Miér Sep 17, 2014 6:12 am

Miró a la chica de reojo con una medio sonrisa burlona. No era una medio sonrisa burlona de crueldad, sino esa sonrisa burlona que le dan los adultos a los niños cuando simpatizan con sus pequeños dramas al recordar los suyos en la época colegial. A él nunca le había molestado escribir con pluma, sin embargo. No era por cuestión de diferencia generacional o por el hecho de que hubiese sido criado por una familia mágica cuando aquella chica había sido claramente criada por muggles por todo su parloteo sobre astronautas y bolígrafos. No podía decir que sus deberes fuesen los mas pulcros del montón, pero nunca le había molestado escribir con pluma. Era tan solo una aventura mas en su vida. Caminaba con las manos en los bolsillos de sus vaqueros. Estaba acostumbrado al mundo muggle y sobre todo al Londres muggle con todo sus ruidos y su gente al móvil. Mas acostumbrado al momento que aquella jovencita que parecía haber conseguido.

- Haces mas preguntas que una carta de mi madre, muchachita-dijo de buen humor. No era una ofensa, simplemente le causaba gracia como podía hablar aquella jovenzuela. Casi tanto como él, es mas, mas que él porque no le había dejado abrir la boca hasta ahora- Orgulloso aguilucho aquí presente, Ariadne. No me parece que todas las calles son iguales, si todas fuesen iguales nunca podríamos haber salido del callejón oscuro que tuviste la desgracia de ir a parar. No sé donde esta la papelería, rara vez las visitó. Simplemente estoy caminando, esperando que me digas hacia que lado escoltarte hacia la papelería. Si dijiste que podías verla desde tu ventana, seguramente no estábamos muy lejos.

La chica le causaba gracia, la verdad, con su nervioso parloteo y la forma de tenerle miedo a todo. Y perderse.
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Arianne Anderson el Miér Sep 17, 2014 11:08 pm

*Todos me dicen que nunca se cuando debo callar. Ahora sería un buen momento para hacerlo. Un misterioso desconocido salido de un feo y oscuro callejón me está llevando cerca de casa, o cerca de la papelería. Pero ni siquiera se como se llama la calle donde está la papelería, ni le he dado ninguna indicación porque estoy más perdida que un niño huérfano el día del padre. Algo bueno del chico es que es mago. Se que no debo fiarme solo por eso, puede ser un mortífago. Por eso le pregunto cosas. No pareció molestarse, pero dijo que yo hacía más preguntas que su madre. Las madres hacen preguntas, es lo suyo, por eso son madres. Sonreí, asentí y me callé. Esperando que respondiera a algunas de las cosas que le había dicho. Me mordí un poco la lengua, es un truco que tengo para cuando quiero hablar pero la situación me dice que debería mantener la boca cerradita. No lo conseguí, al decir su nombre tuve que preguntar. * ¿Te llamas aguilucho o es un nombre en clave porque perteneces a una banda organizada y todos tenéis nombres en clave? Y he dicho Ari, no Ariadne. *Volví a cerrar la boca, esta vez imaginando que tenía un candado enorme y la llave estaba escondida en el bolsillo de un gigante enorme y feo. El hombre dio su opinión sobre las calles de Londres. Parecía gustarle Londres. Pero no conocía la papelería. Me daba la impresión de que estábamos dando vueltas como dos tontos.* Pero estoy un tanto aturdida, no se por donde para la papelería. *Me fijé en mí alrededor, por si reconocía algo. Y así fue. Señalé una tienda que estaba en la otra acera. En su escaparate habían mochilas, libros, libretas, estuches, colores, peluches, y un sin fin de chuches.* ¡¡Es ahí!! *Grité con fuerza. Sin saberlo, el hombre me había llevado al sitio correcto.* Eres un ángel de la guarda, aguilucho. *Salté de alegría por haberme ubicado. Solo teníamos que cruzar la acera por el paso de cebra, y desde allí podría ver la ventana de mi habitación al igual que desde mi habitación podía ver la papelería.*
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Invitado el Dom Oct 05, 2014 4:23 am

Cuando preguntó lo de si se llamaba aguilucho se giró a mirarla con una mueca de incredulidad en su cara. Empezaba a pensar que aquella niña no era Ravenclaw y tampoco era demasiado brillante. O tal vez era la marihuana haciendo un efecto raro. Seguía causándole gracia, pero ahora estaba verdaderamente preocupado por la habilidad de sus padres de sostener algo sin dejarlo caer. A ese tipo de personas no debería permitírseles beber de tazas de cerámica. Destrozarían una cantidad de pequeñas tazas que aterrarían a la reina esa de Inglaterra o al sombrerero de ese librito muggle tan gracioso.

Su gritó de emoción casi lo hizo salir corriendo, poner pies en polvorosa. La papelería que señalaba le parecía una tienda bastante amenazante. Nunca había sido un gran admirador de los peluches. Sus ojos estaban demasiado muertos y la forma que tenían de mirarlo… Le daban escalofríos. Siempre le había dicho a Mildred que si alguna vez le pedía un osito de peluche, dejaría de alimentarla. Gracias a las barbas de Merlin, la vaca nunca había pedido tal cosa y no parecía temerle a la noche. Hizo una mueca al escuchar su alucción a los angeles.

- Estoy bastante seguro de que soy una oveja negra, pero gracias de todos modos. Supongo- alzó la mirada para ver la luz de aquella curiosa cosa que eran los semáforos muggles cambiar a verde. Verde era bueno, rojo era malo. Muggles racistas. No gustarles el rojo cuando su amada Mildred estaba cubierta por una profusa mata de pelo de ese color. Empujó ligeramente a la muchachita hacia la cebra- ala, a la papelería. Hasta aquí llega el aguilucho, tengo un problema con las papelerías.

Le hizo un gesto con la mano, como un padre que anima a su hija a subirse al bus del colegio por primera vez. Acompañó sus amables palabras con una de sus irresistibles sonrisas y esperó a que la muchachita cruzara la calle.
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Arianne Anderson el Lun Oct 06, 2014 12:44 am

*Aquel chico me parecía demasiado poco hablador. Un tanto aburrido por su parte. Como si no le gustase entablar conversaciones, o como si no le gustase hablar con el resto de la gente. Paseamos desde el callejón casi en silencio, pues yo intentaba hablar pero el chico no contestaba. Con respecto a su nombre, por ejemplo, parecía que lo quería mantener en secreto. Pregunté si se llamaba aguilucho, y no dijo ni si ni no. Dijo ser una oveja negra. A mi me parecía más bien un chico y de raza blanca. Llegué a pensar que quizás no estaba bien de la cabeza. Mamá me dijo una vez que en los parques suele haber locos. Pero este tipo no estaba en un parque, estaba en un callejón sin más. * Estoy empezando a pensar que eres alguien importante que tiene que mantener su identidad secreta. Ya sabes, como Superman, Batman, y todos esos. Por eso no me has dicho tu nombre. *Me quedé mirándolo con cara de "te he pillado".
Llegamos al paso de cebra, para poder cruzar e ir a la papelería. Estaba rojo. Esperé allí, tanto al semáforo como la contestación. El verde llegó primero, y el chico me empujó un poco, como señalándome que ya podía pasar. *¿Qué pasa con las papelerías? No te van a secuestrar…* No hacía falta que la acompañase hasta dentro, bastante había hecho por ella ya. * ¿Puedo agradecerte la ayuda invitándote a chuches? * A todo el mundo le gustan las chuches. Por lo que se ve, no a todo el mundo le gustan las papelerías. Puedo ir hasta allí, comprar los bolis, chuches y papadeltas, y volver a salir. Sería mi forma de dar las gracias.*
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