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Today is the day. [Tom Winslow y Axel Crowley]

O. Winslow el Jue Oct 16, 2014 11:45 pm

Tom estaba a mi alcance, por fin. Después de tantos años en su búsqueda tenía la ocasión perfecta para recuperar a mi querido hermanito. Complicado me había resultado superar el primer mes de clase soportando como todas las chicas de clase babeaban por él.  Más de una vez me había visto tentada a lanzarles un tragababosas para que las babas fueran reales y borraran de su mente la idea de acercarse a mi hermano. Aunque peor había sido hablar con él y que no me reconociera, que me tratara como a un alumno más. Eso sí fue doloroso y no el daño que pueda hacerte un crucio. Cuando la persona que más ansías ver te dedica una mirada de ese modo, una mirada vacía y sin vida, te replanteas todo lo que te rodea. Aunque en mi caso solo aumentaran mis ganas de matar a la estúpida de su mujer.

Días, semanas llevaba espiándolo siempre que podía, usando mi mala influencia sobre el personal estudiantil para entretenerlo y sonsacarle cosas. Era tan fácil cuando prometías en vano evitar que otros slytherins se metieran con ellos. Además de que mi hermano estaba demasiado feliz al parecer para comprender lo que ocultaban a su alrededor. Fuera como fuere, había logrado que Alyssa, una chiquita de Gryffindor, en una visita a su despacho le robara una carta que recién había recibido. Odiaré a los leones, pero cuando se les puede sacar provecho se les saca. La leona había hecho algo útil por una vez en su desgraciada vida, y como recompensa tres críos de segundo comenzaron a difundir rumores sobre su severa afección cutánea, altamente contagiosa que cubría con toneladas de maquillaje muggle. Como todo secreto, a los diez minutos ya lo sabía todo el castillo, era el centro de todas las burlas y repudios, de eso no había prometido nada.

La carta resulto ser de lo más empalagosa, pero con información muy interesante. La sangresucia se citaba con mi hermano ese viernes a las seis de la tarde en la tetería de Madame Tudipie.  El momento que estaba esperando llegaba al fin. El día D llamaba a mi puerta. Todo estaba preparado desde hacía varias semanas, desde que vi a Tom en el banquete el uno de septiembre.  Sólo tenía un fallo mi plan, y es que no podía hacerlo sola. Un fallo que encontró solución en un cuervo. Sí, esa fantástica casa con la que tenía una gran predilección.



* Decirte hola me parece aburrido, así que iré al grano. Tienes algo que necesito, también sé que no podrás negármelo porque eres todo un caballero, señorito Crowley. Te necesito a ti y a tu varita este viernes en la teteria del pueblo. Sí, necesito de tu ayuda una vez más, pero en ésta ocasión se más cauteloso que en nuestros anteriores encuentros. No quiero ser objeto de más rumores sobre mis affairs.  

Con anhelo, O.

P.D.: Dale una galleta a Aelo, sino te sacará un ojo. *




Había sido muy brusca en la carta, pero dudaba que se sorprendiera, no después de todo lo vivido. Si alguien leía ese trozo de pergamino podría crear bulos a diestro y siniestro. Razón por la cual había sido directa y concisa, no dejando nada claro y guardando cierto misterio, esa sería la principal razón por la que acudiría al encuentro, el misterio de mis palabras.

Llegado el día el ansia comenzaba a apoderarse de mí, los nervios se acumulaban en mi estomago, amenazando con salir en cualquier momento, aunque aparentemente tenía un rostro inexpresivo, tan sereno como cualquier otro día. Preparé mi bolso con conciencia, un maxibolso prácticamente vacío, una pequeña cartera con varios galeones, un pequeño espejo de mano y un frasco de cristal. La poción estaba preparada, y esperaba cumpliera su propósito.  Después de la última clase, sobre las cinco y cuarto de la tarde, me cambié de ropa y emprendí el rumbo a Hogsmeade. Paso decidido y pausado tras dejar atrás el pequeño carruaje blanco. ¿Algún día vería a esos seres? Esperaba que así fuera, y más pronto de lo imaginable.

Las calles de Hogsmeade me parecían especialmente frías hoy aunque no notaba frío corporal. Caminaba con calma y decisión. La tetería comenzaba a vislumbrarse ante mí, cada vez estaba más cerca, las manos me sudaban ligeramente. Dude por unos segundos si entrar o esperar fuera por Axel, el local estaba casi vacío, solo un par de alumnos y una mujer rubia, ni mi hermano ni su mujer. El problema se planteaba de éste modo: si esperaba fuera y mi hermano llegaba antes que Axel podría peligrar mi plan, si esperaba dentro podría disimular más, poniéndome de espaldas a la puerta, o de frente pero leyendo el profeta, esa edición manoseada a más no poder que tenían siempre en el local.  

Opté por la segunda, pedí un té verde con caramelo y canela, unas galletitas para acompañar. Me senté en una mesa cerca de la ventana donde tenía visibilidad hacia el resto de las mesas. Podía controlar todo el local desde esa esquina. Abrí el periódico por la mitad, poniéndolo delante de mí  y leyendo con desinterés algo sobre un sanador que había sido atacado en el valle de Godric, nada interesante a mí ver. Si hubiera muerto tendría más relevancia y atraería mi atención.


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O. Winslow
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Invitado el Vie Oct 17, 2014 1:28 pm

La campana retumbó en los pasillos del castillo indicando que eran las cinco de la tarde. A su sonido, los alumnos que aún se encontraban por los pasillos, lanzaron un espontáneo grito de alegría y ningún profesor que se encontraron a su paso hizo esfuerzo alguno por acallarlos. Tal vez porque sabían que habría sido imposible. A partir de aquella hora, estaba abierto el plazo para que los alumnos de tercer curso en adelante fueran a Hogsmade, el pequeño pueblo situado a escasos kilómetros de Hogwarts. O más bien, el único pueblo situado a los alrededores de aquel lugar.

Apenas unas semanas atrás el pueblo había sido devastado por una oleada de ataques de magos tenebrosos, pero la calma había vuelto tras sus ataques y los alumnos volvían a visitar el pueblo, a sabiendas que cualquier ataque podría volver a producirse. Thomas no visitaba Hogsmade por regla general, sino que prefería permanecer en el castillo, donde todo parecía más tranquilo en aquellos días donde los alumnos no ponían un pie entre aquellos muros de madera si les era posible. Pero aquel fin de semana era diferente y por eso estaba subiendo las escaleras hasta su despacho.

Alzó la mirada a forma de saludo al cruzarse con varios de sus alumnos, quienes no dudaban a la hora de abrigarse mientras acababan de bajar hasta el hall principal antes de marcharse al pueblo. – Profesor Winslow, ¿Podría ir a su despacho una tarde? No entiendo muy bien lo que dimos en la última clase. – El hombre frenó sobre sus pasos, y con una sonrisa amable, miró al alumno. Reconocía aquel rostro e incluso podría decir su nombre y la casa al a que pertenecía, pues tenía la necesidad de conocer el nombre de sus alumnos para no sentirse fuera de lugar en las clases. – Claro, Connor. ¿Te parece el lunes sobre las seis en mi despacho? – El joven afirmó con la cabeza y salió corriendo con el resto de sus compañeros de tercero para ir a Hogsmade. Ninguno parecía dispuesto a perder ni un solo día de visitar aquel lugar.

Abrió la puerta de su despacho y se colocó una abrigo amplio de color gris, ocultando así la camiseta de manga corta negra que llevaba debajo. Heather odiaba la vestimenta de los magos, por lo que siempre obligaba a Tom a vestir del modo que los muggles y su nueva familia hacían. Puesto que había quedado en menos de una hora con ella, lo adecuado era vestirse del modo que su mujer prefería, aunque se sintiera más cómodo con su túnica de mago. Negó con la cabeza y cogió la cartera para guardarla en el bolsillo de su pantalón trasero.

No habían pasado ni quince minutos cuando cogía uno de los carruajes que iban en dirección al pueblo. Cuando estudiaba en Hogwarts siempre optaba por ir andando, bien porque el trayecto se hacía ameno en compañía o porque era el lugar perfecto para abordar a los alumnos indefensos. Pero las cosas habían cambiado. Oh, por Merlín, cuanto habían cambiado las cosas. Ahora no era un niño de diecisiete años cuya vocación era la de acabar al servicio de un mago tenebroso, ya no tenía aquellos ideales de sangre limpia y, por supuesto, no hacía de menos a ninguna de las casas de Hogwarts, como tiempo atrás hacía. Ahora era un Tom diferente. Un Tom tan diferente que no era Tom, pues de eso se había encargado su mujer, quien pensó que el mejor método para lograr enamorar a alguien era un filtro de amor. Era cierto que Tom jamás se hubiera fijado en una Hufflepuff nacida de muggles, pero aquel filtro sólo hacía que la vida de aquella mujer fuera una farsa. Una farsa que había durado más de ocho años y, que por fin, llegaría a su fin.

El recorrido no fue demasiado largo, por lo que diez minutos antes de lo previsto se encontraba a la entrada de la tetería. Jamás le había gustado aquel lugar, pero si no quedaba más remedio, debía ir. No le gustaba hacer enfadar a su mujer, y mucho menos para lo poco que podían pasar ahora juntos y por lo que ella no estaba precisamente feliz. Pasó la mano por su pelo, echándolo hacia atrás y entró en el local. - ¿Mesa para uno? – Preguntó una mujer regordeta con las mejillas sonrojadas. – Para dos, mi acompañante no ha llegado todavía. – Contestó el hombre. La mujer tomó dos menús del estante situado a la entrada y llevó a Tom hasta una mesa situada al final del local, junto a una puerta que conducía al exterior. – ¿Quiere esperar a su acompañante o le traigo algo? – El hombre se quitó la chaqueta y le devolvió la vista. – Esperaré, no se preocupe. – La mujer volvió por donde había venido y Tom colocó el abrigo en el respaldo de su silla para luego sentarse.

Miró el reloj en su muñeca sin prestar demasiada atención a lo que sucedía a su alrededor. Volvió a mirar. Y otra vez. Ya pasaban cinco minutos. ¿Y si algo le había sucedido a Heather? ¿Y sí había mandado una lechuza en el último momento avisando que no podía ir? Pero sus preguntas encontraron respuesta rápidamente, pues la puerta se abrió dando paso a Heather, quien le dio un corto beso en los labios y tomó asiento en la mesa. - ¿Y bien? – Preguntó la mujer. - ¿Qué? – Dijo él con una sonrisa de oreja a oreja como si nada pasara. - ¿No lo ves? – Frunció el ceño sin entender a qué se refería. - ¿Ver el qué? – Abrió más los ojos y miró a la mujer, quien acababa de quitarse un abrigo de piel marrón y mostraba un vestido de invierno de color azul. – Casi un mes sin vernos y no me ves guapa. – Como era de esperar, Tom no entendía nada, así que se limitó a alzar una ceja con cara de no entender nada. – Claro que sí, Heather, ¿Cómo no iba a hacerlo? Anda, no seas tonta, cuéntame cómo va todo por casa. – La mujer pareció olvidar aquello y se sentó frente a su marido para hablar.

No tardaron en pedir mientras seguían hablando sobre cómo las cosas habían cambiado desde que Tom se había ido de casa para impartir clases en Hogwarts. - ¿Estás cómodo? – Inquirió ella. – Es raro, no lo niego. Nunca me imaginé siendo profesor, pero después de la caída era eso o quedarnos sin un sueldo. – Antes de que ella dijera nada alzó la mano y volvió a hablar. – No, no me veo trabajando en el mundo sin magia, ya lo sabes. – Ella no dijo nada, sino que bebió de su vaso. - ¿Te has tomado la medicina todos los días? – Él afirmó con la cabeza y miró el reloj. – Hasta las ocho no me toca volver a tomarla. – La mujer asintió conforme, pues aquello tenía que tomarlo cada doce horas si quería que las cosas fueran como hasta el momento. Ya que de estar más de veinticuatro horas sin tomarlo, su efecto desaparecería por completo.

El feliz matrimonio. :
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Axel S. Crowley el Miér Oct 22, 2014 12:18 pm

Axel había recibido una carta de durante el transcurso de la semana, nada más ni nada menos que de O. Fue una carta bastante graciosa para cuando la leyó Axel en medio de las escaleras, puesto que aparte de sentirse sumamente querido por su manera de hablarle (algo muy típico de O.), tenía que darle una maldita galleta a su bicharraco. ¿Quién narices va con galletas en los bolsillos? Aelo le picó, no el ojo, pero si la mano por la insensatez del chico de no darle su recompensa. A partir de aquel momento llevaría galletas en sus bolsillos a cada parte a la que fuera por miedo a que algún águila psicópata y gocha le atacaba.

No le había dejado absolutamente nada en claro, pero entre otras muchas cosas, algo que nunca le faltaba a O. era ese misterio que sabía que cogía a Axel y no le soltaba hasta saciarse y descubrirlo. Por esa razón y porque, al ser un empollón repitiendo séptimo, no tenía tampoco mucho que hacer con su vida en un fin de semana de principio de curso. Lo llevaba todo al día y lo que no, no le importaba, puesto que al cursarlo el año pasado no le hacía falta ni estudiarlo. Era tedioso y aburrido repetir un curso por culpa de una maldita enfermedad, pero por lo menos tendría un año más para ordenar sus ideas respecto a sus futuros estudios.

Llegado el día, echó de menos una hora… ya que le gustaba ser puntual, siempre y cuando supiera a dónde ir a la hora acordada. Como no tenía ni idea, desde que terminó la última clase, se vistió con prendas sencillas: un vaquero oscuro, unas botas y un suéter claro de manga larga, suave y bastante delgado para el calor. Salió a pie hasta Hogsmeade, puesto que aparte que no tenía prisa (pues si llegaba tarde sería culpa de ella por no especificar hora), no es que hiciera un mal día. Además, fue acompañado hasta allí por una compañera de su casa, algo que le hizo todo mucho más ameno.

El tiempo se le pasó rápidamente y cuándo menos se lo esperó estaba delante de la tetería de Madame Tudipié. Se pegó fuera despidiéndose tranquilamente de su compañera mientras terminaban de hablar, ya que ella le estaba contando una anécdota que en realidad no le importaba lo más mínimo al Ravenclaw, pero que debía admitir que era bastante divertida. Cuando ella prosiguió su camino tras finalizar y despedirse, Axel entró en la tetería.

Un sonido de lo más hortera resonó en la estancia al entrar, pues encima de la puerta habían unas campanas que, al abrir la puerta chocaban con la parte superior, avisando a la dueña de que había entrado alguien. Cerró rápidamente la puerta detrás de él para que no volviera a sonar en exceso ese sonido tan horrible. Buscó con la mirada a O. para ver si ya estaba allí o si iba a tener que sentarse cual adolescente solitario a tomarse un té a esperarla. Por suerte para él, pudo ver sus ojos asomar detrás del periódico.

Axel esbozó una sonrisa y se dirigió directamente hacia allí, sin mirar a ningún otro lado. Todos los que debían de estar allí dentro solían ser parejas y posiblemente ninguna llamase su atención. Pero sí que le sorprendía algo… ¿O. no quiere que salgan rumores de posibles rollos amorosos entre ambos y quedaba con él en el sitio más romántico de Hogsmeade? Qué mira que no había sitios románticos, pero si había que clasificar, sin duda este era el primero. El Ravenclaw se sentó, no enfrente, sino a su lado.

-Para no querer que tus “affairs” sean un problema has quedado conmigo en el sitio más cursi de todo Hogsmeade. ¿Qué te traes entre manos, Winslow? Los dos sabemos que realmente no quieres tomarte un té conmigo.-Alzó una ceja, perspicaz. Y eso era verdad. Lo más “cariñoso” que O. había hecho por Axel estaba empate entre irle a ver a San Mungo y llevarle fresas a la cama. Lo primero lo hizo para no soportar la victoria de los tejones y lo segundo porque después del sexo le entra hambre a cualquiera. Pero sin duda no veía a O. pidiéndole una cita tan ariscamente al chico para tomarse un sencillo té. No era para nada el estilo de O.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Sáb Oct 25, 2014 1:36 am

La espera se me hizo eterna. No llevaba ni cinco minutos cuando la campanilla de la puerta sonó. Alcé la vista con disimulo, observando a todo aquel que entrara. En esta ocasión entro Tom, tan elegante y guapo como siempre. Ganas me dieron de levantarme y correr a abrazarle, no podía negarlo, le echaba mucho de menos. Añoraba tanto sus abrazos. Esos momentos de cuentos y sus enseñanzas.  Todo pasado robado por una estúpida sangresucia, no podía haber algo peor en éste mundo.

Poco tardaron en traerme el té con las pastas. Lentamente iba bebiendo y comiendo, sin apartar la vista de mí hermano. Se mostraba algo impaciente, o esa era mi interpretación. Errónea está claro, solo veía en él un reflejo de cómo me sentía yo. Él estaba calmado tranquilo. Al rato apareció una mujer rubia, la campana sonaba por el cerrar de la puerta. Tom se levantó a saludarla. *Asquerosa puta.* Dije en mi mente, mirándola con un odio que no había expresado antes por nadie más. Un odio encerrado en mi interior por casi ocho años, un odio que cada día iba creciendo más y más. Un odio que hoy encontraría la forma de salir a la luz, de olvidar, de cumplir su cometido. Podía hacerlo ahora mismo con tal facilidad si de un hechizo se tratara. Pero no podía terminar en Azkaban, y así sólo ganaría el odio de mi hermano. Mejor una muerte lenta para esa zorra teñida. Que sepa lo que es el dolor, que sienta el odio que le tengo.

Miré hacia fuera, con la esperanza de que Axel no tardara mucho en llegar, lo necesitaba más que nunca. Sin él no sabía cómo llevar ese plan a cabo. Pues tenía una grave limitación, no poder hacer magia fuera de Hogwarts, además de que lo iba a necesitar para el efecto distracción.  Al otro lado del cristal se le podía ver hablando y riendo con una chica de su edad, más o menos. Lo cierto es que no me sonaba de nada, pero se les veía muy animados. Quizás fuera su novia, o alguno de sus ligues, fue lo que pensé sin lógica alguna, aunque la despedida fue muy sosa para mi gusto. Suspiré lentamente mirando el periódico una vez más. ¿Qué me importaba a mi si con el nuevo curso tenía una “amiguita”?  NADA, nada de nada. Aunque si tenía ciertas ganas de dejarla calva. Un pequeño defecto el no querer compartir aunque no fuera de mi propiedad. Nunca comprendería esa extraña sensación e instinto asesino sin razón.

La campanilla de la puerta me devolvió a la realidad, cerrando el periódico mientras se acercaba. Negando con la cabeza mientras le dedicaba una media sonrisa. Pasé la mano por mi pelo, retirándomelo de la cara y dejándola caer lentamente. Alcé las cejas y sonreí a sus palabras. Sin duda no estaba en mis planes tomar un simple té con él.  Apoyé los codos sobre la mesa y me tomé una galletita con lentitud,  ofreciéndole con la mirada que tomara otra. Todo para hacer tiempo, pues la camarera apenas había terminado de atender a mi hermano y se acercaba a nuestra mesa. – ¿Desea tomar algo? – Preguntó a Axel, tomándose su tiempo en esperar una respuesta.

Una vez se marchó me incliné hacia él, con la mirada fija en sus ojos. – Te he invitado para tomar un té. No pienses mal. Al té te invito y a las galletitas. – comenté con voz melosa, pestañeando repetidas veces con exageración antes de continuar. – Claro está que para eso no necesito tu varita. Pero para lo que voy a contarte a continuación sí. – Fui hablando lentamente, dejando pequeñas pausas entre frase y frase. – Ahí está mi hermano, con su asquerosa mujer. – Dije señalando con disimulo en dirección hacia le mesa del fondo, evitando mirar para no llamar la atención. – Aquí es donde necesito tu ayuda. Por eso estamos aquí.  De querer quedar contigo sabes que elegiría un lugar más privado. – Hablaba con un tono pausado, mordiéndome el labio inferior ante mis últimas palabras. – Solo quiero poder acercarme, con tu ayuda obviamente. Qué uses tus encantos naturales para distraerle. – Algo de ansiedad se podía notar en mi voz. – ¿Me ayudarás? – Le pregunté con suplica, mirándole de una forma que antes no había visto. Mi mirada reflejaba nerviosismo, ansia y, sobre todo, una fragilidad que no se reflejaba nunca.

La camarera se acercó a la mesa de Tom, sirviendo su comanda. Debía encontrar el modo de acercarme a esa mesa y poder echar en la taza lo que en mi bolso guardaba. – ¿Se te ocurre algún modo de que esa zorra se ausente de la mesa lo suficiente para que podamos acercarnos a él? – Pregunté con sumo interés. Axel podría lanzarle un conjuro o cualquier cosa que la obligara a moverse de la mesa. Por suerte no fue necesario, pues Heather se levantó, dando un suave beso a Tom, en dirección al baño.  Miré a Axel esperando su reacción.  
O. Winslow
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O. WinslowInactivo

Axel S. Crowley el Vie Oct 31, 2014 12:58 pm

La tetería de Madame Tudipié era pequeña y bastante acogedora y rara vez Axel había entrado allí con algún propósito más que sentarse en alguna de esas acolchadas sillas para tomarse tranquilamente un té mientras estudiaba o leía, mientras que otros se complicaban la vida en tratos más románticos y utilizaban dicha tetería como reencuentro de parejas. Por parte de Axel, si quería ligar o por lo menos intentarlo, prefería Las Tres Escobas.

Sorprendentemente era la primera vez que iba a dicho lugar en compañía de una fémina, una de las chicas que más llamaban su atención y que sin duda no iba a rechazar dicha compañía. Probablemente le hubiera propuesto un plan mejor al de ir a una tetería, pero teniendo en cuenta la misteriosa omisión de su carta, decidió seguirle el juego. Por lo que a la hora “acordada”, estaba en el lugar dónde O. le había dicho.

-Un té de fresas.-Sonrió a la camarera; luego miró a O., ya que un té de fresa no era algo muy varonil.-Es que los demás me saben a césped.-Decidió dar la explicación, más que porque se la pidiera, porque le parecía graciosa. Pero nunca había sido muy amante de los té, por lo que siempre tiraba por el más convencional y típico. Y sobre todo, de los más fuertes para que supiera a algo. Ese típico té de agua ardiente con sabor casi inexistente le parecía muy poco atractivo.

Después de la innecesaria explicación, O. le dijo que ella invitaba (algo que agradecía, pues no había llevado nada de dinero) pero que no le había invitado sólo por eso. Axel se acomodó en la silla y se hizo hacia adelante, apoyando los codos sobre la mesa y poniendo mano sobre mano en un gesto de prestar total atención a la Slytherin. La chica miró con disimulo hacia la mesa del fondo, pero después de escuchar “ese es mi hermano”, Axel no se movió con disimulo, sino que se giró de golpe para mirar, viendo al nuevo profesor de… ¿de qué era ese profesor?

-¿El nuevo profesor de Hogwarts es tu hermano?-Preguntó sorprendido.-¿Me vas a presentar a tu familia tan pronto? ¿No crees que vamos un poco rápido?-Bromeó sonriente, aunque al ver la cara de O. simplemente hizo un gesto con la mano de “vale, ya está”, para que le siguiera contando a qué se debía todo eso.

Tuvo el impulso de hacerse hacia adelante para poder morderle él mismo el labio a la chica, pero lo reprimió y simplemente llevó su mirada a dicho gesto, sonriendo con algo de picardía que le había salido inconscientemente. Sin embargo, siguió prestando atención y le sorprendió ese tono viniendo de parte de O., una chica autoritaria que rara vez pedía perdón o por favor. No obstante, Axel pudo rescatar de su tono algo de angustia y ante todo O. se había convertido en una buena amiga, por lo que tampoco veía qué había de malo en ayudarla a distraer a su hermano para que pudiera hablar con él. Suponía también que por la manera de hablar de su mujer no se llevaba precisamente bien con ella.

Estuvo a punto de decir algo a su favor, un pequeño plan para hacer que la mujer de su hermano se levantase y se fuera, no era tan difícil. Aunque incluso veía más fácil poder hablar con el profesor a solas, pues era mucho más creíble que un Ravenclaw como él se acercase al profesor de… de lo que sea que diera para preguntarle cualquier cosa.

No obstante, la mujer se levantó por sí sola, en dirección al baño. Axel curvó la comisuras de sus labios hacia abajo, sorprendido por la eficacia de sus pensamientos. Miró a O. rápidamente.

-¿De qué narices da clase tu hermano?-Preguntó con el ceño fruncido ante su vacío mental. La chica le contestó y Axel se dio un golpecito en la frente, levantándose de allí para acercarse a su hermano.

Se sintió cual acosador, pero de hecho, lo había sentido mucho años atrás, sobre todo con profesores, ya que Axel era alguien que no solía recibir un no como respuesta a preguntas académicas. Era de esos que incluso se sentaba al lado de los profesores en el Gran Comedor en su mesa para poder hablar con ellos directamente y debatirles ciertas cosas. Era un friki en ese sentido, a veces prefería hablar incluso con profesores que con cualquier alumno. Por lo que siguiendo sus principios de Ravenclaw, se sentó dónde antes estaba sentada su mujer.

-Hola profesor, soy Axel, de Ravenclaw ¿cómo está? No le voy a robar mucho tiempo, pero seguro que en lo que llega su acompañante del baño me da tiempo de preguntarle todo lo que quiero… -Sonrió encantador. Broma que no tiene gracia, pero era un hecho universal que las mujeres tardan eones enteros en hacer pis y acicalarse en el espejo. Carraspeó.-Verá, es que tengo algunas dudas sobre la Campana, el Iguerasi y el Jaramago. Creo que algo no concuerda con el lugar de sus  descubrimientos…es decir, supuestamente el Iguerasi se descubrió en… -Axel se explayó contando lo primero que le había venido a la mente, pues era consciente de que lo que O. simplemente necesitaba era que distrajese a su hermano, lo cual era fácil ahora que sabía de qué era profesor.-Sin embargo, a pesar de eso el Jaramago tiene, de fábrica, una propiedad muy…-Cogió una servilleta simplemente porque sí y empezó a romperla, moviendo antes el vaso de la mujer de su acción de manos para no tirarlo por error.-No sé si me explico. La Campana debería ser la que tuviera las propiedades más medicinales, mientras que la Iguerasi tuviera las más letales. ¡Pero  no! Resulta que el Jaramago tiene las más letales y el Iguerasi las más medicinales. ¿A que no tiene ningún sentido, señor  Winslow?-Continuó, dejando el papel roto a un lado y cogiendo otra servilleta.-¡Y porque no hablemos de la Centaura y la Astrancia… -Y Axel continuó hablando de dichas plantas.
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Axel S. CrowleyInactivo

O. Winslow el Dom Nov 30, 2014 9:29 pm

Quizás el lugar no era el idóneo para encontrarme con Axel, dado que eso no causaría más que rumores, a mi favor diré que no elegí yo el lugar, es donde iban a encontrarse los tortolitos tontos que tanto odiaba. Por una vez iba a darme igual que pudieran inventar rumores o lo que quisieran, ya les daría motivos para confirmar sus rumores si hacía falta.  

- ¿De fresa? – pregunté con incredulidad, había más de cien tipos de té y lo pide de fresa…algo rarito, además de que tiene un sabor raro a mi parecer. Pudiendo disfrutar de un té negro con sabor a chocolate, o un té de vainilla con canela. Ambos son deliciosos y no saben a césped, pero bueno, cada uno pide lo que se le antoje. Su intento de disculpa de poco sirvió, a mi ver había perdido puntos.

Le expliqué poco a poco lo que tenía en mente, para lo que necesitaba su ayuda, y con sumo descaro se giró para ver a Tom. Su reacción me sorprendió. No había que ser un genio para conectar un apellido con otro y encontrar un parentesco. Aunque sus siguientes preguntas me dejaron de piedra. Mi cara reflejaba con claridad lo tontas que me parecían. – Eso no te asustó mientras te quedaste en mi casa, ¿no? – Le reproché con una pequeña mueca. Su gesto de mano dio por zanjado el tema. Nada más que añadir sobre ello y poder continuar con lo importante.

Poco a poco le fui contando lo superficial, no único que necesitaba saber en esos momentos. Entretener a mi hermano y buscar la forma de que la mujer se alejara lo suficiente. La fortuna estuvo de nuestra parte y Heather se levantaba en el momento oportuno. Ésta era nuestra oportunidad. – De herbología. ¿Estás seguro que eres de Ravenclaw? – Respondí, comenzaba a cuestionarme su inteligencia con estas preguntas tan obvias. Quizás debí haber elegido a otro Ravenclaw para esta tarea. O haberle comentado todos los detalles. No, mejor que desconociera la mayoría de los acontecimientos, sería más seguro para él.

Me quedé sentada, tomando un sorbo de mi té, pendiente en todo momento de la interacción de Axel y Tom. El Ravenclaw no paraba de hablar, muy propio de él. Tenía toda la atención de Tom mientras que su asquerosa esposa seguía en el baño. Debía calcular bien el tiempo, algo que no estaba segura de poder conseguirlo, pero iba a intentarlo. Dejé a Axel unos cincuenta segundos de ventaja, lo suficiente para distraer a mi hermano. Saqué la poción de mi bolso, quitándole el tapón y acercándome a la mesa con decisión. En todo momento la poción estaba oculta a simple vista.  

Una vez al lado de Axel fijé mi vista unos segundos en el té de mí no tan querida cuñada. Ahora tenía que actuar con rapidez y disimulo. Su taza estaba muy cerca del borde, por lo que sería más sencillo. Vertí el contenido del frasco en el té, mientras con la otra mano golpeaba en el hombro a Axel. – Venga Crowley, llevo cinco minutos esperando por ti y no se te ocurre otra cosa que molestar al profesor Winslow. – interrumpí a modo pregunta. Llamando de ese modo la atención de mi hermano hacia mi rostro y no hacia mi mano. Apenas unos segundos necesitaba para verterla y que hiciera efecto. Unas pocas gotas harían el efecto deseado, aunque había vertido algo más de lo que requería para acelerar el proceso. – Se te va a enfriar el té. – Añadí llevando ambas manos a su brazo y tirando de él con una sonrisa. – Que tenga una buena tarde, profesor. – Le desee a mi hermano, con una sonrisa más forzada aún, guiñándole un ojo.

- Ahora toca esperar. – Le dije a Axel mientras volvíamos a nuestra mesa. Durante unos minutos tocaría hacer de tortolitos por si acaso Tom viera algo raro, ni siquiera estoy segura de que sepa quién soy, pero toda cautela es poca.
O. Winslow
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O. WinslowInactivo

Invitado el Lun Dic 01, 2014 4:56 pm

Las mujeres resultaban ser como extraterrestres imposibles de entender en muchas ocasiones y Tom se encontraba en una de esas situaciones. Lo cierto es que Heather resultaba ser una persona dramática, molesta y sin demasiadas luces como para resultar interesante para alguien. Era indudable que se trataba de una mujer tremendamente atractiva pero, por lo demás, resultaba ser más simple que el mecanismo de un chupete. Por suerte para ella y para desgracia de Thomas, había sido lo suficientemente inteligente como para preparar un efectivo filtro de amor y colocarlo cuidadosamente en la mesa de Slytherin con una facilidad poco común. Y ese mismo día, ocho años después, probaría su propia medicina.

El castaño hizo un esfuerzo por atender a la cantidad de sandecer que salía de la boca de su mujer y, gracia a aquel filtro de amor, su paciencia con Heather parecía magnificarse, cuando en cualquier otra situación le hubiera rebanado la tapa de los sesos con la taza de porcelana de la que ahora bebía.

Por suerte la joven optó por ir al baño y Tom siguió sus pasos mientras esta tomaba su rumbo. No tuvo tiempo si quiera de dar un trago a su bebida cuando una voz familiar le sacó de su ensimismamiento. – Ah, hola Axel. – Lo cierto es que tras tan poco tiempo en Hogwarts apenas conocía el nombre de los alumnos, pero por suerte Axel pertenecía a Ravenclaw y Thomas era el jefe de esta casa. Sonrió al chico cuando este comenzó a hablar y sin si quiera poder evitarlo, una de sus cejas se alzó sin llegar a comprender cómo alguien podía llegar a hablar tanto. La conversación no tardó en convertirse en un monólogo por parte del alumno, quien parecía demostrar tener las características básicas de las águilas con su curiosidad insaciable y sus ansias de conocer más y más. – Frena el carro, chaval. – Bromeó Tom cuando Axel hizo, lo que pareció una pausa para recobrar la respiración tras tal expulsión de palabras a una velocidad inhumana. – Admiro tus ganas de aprender, pero creo que no es lugar ni momento. Si te parece, nos vemos una tarde en mi despacho con todo el temario sobre la mesa y con pergamino y pluma para que tomes nota. – Afirmó el hombre con tono alegre y una sonrisa en el rostro.

El Tom que se mostraba a causa de aquel filtro de amor era totalmente diferente al que se ocultaba en su realidad. Un Tom que había sido apresado y encadenado mentalmente y que, tras tantos años, parecía haber cesado su lucha por intentar huir del embrujo y se había resignado a vivir en aquella situación.

Antes de que Heather apareciera nuevamente, surgió una segunda presencia alrededor de la mesa. Tom conocía a la perfección a la castaña que ahora se encontraba con Axel. No era ni más ni menos que su hermana menor, o más bien una completa desconocida por la cual sentía una total indiferencia. Aquel filtro había hecho que sentimientos nuevos surgieran, y eso hizo que escuchara las advertencias de su mujer sobre su familia, haciendo que los considerara parte de su pasado y personas ajenas a su vida. Miró a la chica como quien mira a un desconocido sin importancia alguna. – Creo que su compañera lleva razón. Ya que han venido juntos a un lugar como este deberían disfrutar del té sin preocuparse por el temario de Herbología. – Hizo una leve pausa pasando su mirada hasta el chico cuando O. se despidió. – Disfrutad del fin de semana y nos vemos el lunes en clase. – Antes de que pudieran llegar a su mesa Heather volvió del baño con una sonrisa que se borró en cuanto vio a los dos alumnos alejándose de la mesa y reconoció a uno de ellos. - ¿No tenéis nada mejor que hacer o qué? – Inquirió molesta mirando a ambos chicos que ya se marchaban. – Venga, Heather, ya se iban, no te preocupes. – Tom dio un corto trago a su bebida pero en aquel momento Heather se bebió de un trago la suya y tiró del brazo de su marido haciendo que este se levantara de golpe. – Pues ya nos vamos nosotros. Creía que en este lugar cuidaban más a quien dejaban entrar. – Bramó la mujer mientras tiraba del brazo del hombre sin dejar que pudiera acabar el contenido de su bebida. – Espera al menos a que pague. – Dijo el hombre antes de sacar la cartera para entregar el pago a la salida.

- Heather, deberías relajarte, son sólo niños. – Comentó una vez salieron del local y cruzaban las calles hasta llegar a las afueras del pueblo. Tom rodó los ojos al no obtener respuesta alguna durante todo el trayecto y tiró de la mano de su mujer que se había adelantado dando grandes zancadas. – No seas dramática y háblame, que para un par de horas que podemos vernos… - La cara de la mujer era todo un paisaje. Su color de piel se había tornado a un blanco comparable con el de un cadáver y sus ojos parecían estar vacíos. - ¿Estás bien? – No hubo respuesta. – Heather, me estás asustando. – Su voz tembló sin comprender qué estaba sucediendo.

Pasó uno de sus brazos por la cintura de la chica dejando que apoyara todo su peso. – Venga, vamos a sentarnos. – Sin obtener nuevamente respuesta alguna se acercó hasta uno de los bancos situados a las afueras y dejó a la chica ahí sentada. Se colocó en cuclillas frente a ella y alzó la vista. - ¿Quieres que te lleve a casa? – La mujer seguía pálida y en su interior su estómago no dejaba de dar vueltas, haciendo que su cuerpo se tambalease en su interior y el sudor frío recorriera su frente. – Ha sido la estúpida de tu hermana. Me he puesta mala solo de recordar cómo es.– Sollozó antes de que las lágrimas comenzaran a recorrer su rostro, dándole mayor dramatismo al asunto. Tom sonrió. – No seas mala, sabes que no ha hecho nada.  - Ella negó con la cabeza. – Seguro que está tramando algo para que la quieras más que a mí. – Tom se sentó en el banco y sostuvo las manos temblorosas de Heather, quien comenzaba a sufrir los primeros efectos de la poción. – Sabes que para mí ella no es nadie.
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Axel S. Crowley el Mar Dic 02, 2014 1:52 am

El té de fresas era muy varonil aunque cualquiera pudiera pensar lo contrario. De hecho tenía muchísimas propiedades curativas y preventivas para el cuerpo, pero sin duda era mucho más mainstream tomarse algo de frutas del bosque o un té negro. Además le gustaba el sabor ácido del té de fresas.

Fue entonces cuando Axel soltó un bufido por la contestación de la chica ante sus retóricas preguntas. Obviamente no le importaba lo más mínimo conocer a su familia ni en aquel momento ni en cualquier otro momento. Era la familia Winslow, nada más ni nada menos y como fueran la mitad de espectaculares que la pequeña de la familia, sin duda serían cuánto más atractivos para Axel. Pero sus preguntas más que otra cosa fueron una pequeña broma, aunque a la chica que tenía delante le costara tanto pillarlas.

La notaba un tanto nerviosa, aunque intentó no darle importancia, ya que probablemente se debiera a ese misterioso hecho de espiar a su hermano, un hermano que para Axel era totalmente inexistente hasta ese momento. El chico esbozó una sonrisa ante su retórica y burlesca pregunta.

-Sólo retengo aquella información que me interesa o es útil.-Alzó una ceja, escuchando el plan de su amiga. ¿Qué le importaba a él el nuevo profesor de Herbología si apenas iba a clase? No le hacía falta ir a clase.

No parecía complicado, simplemente distraer a un profesor. Había elegido al Ravenclaw idóneo, ya que Axel tenía un don nato para hablar sin parar sobre un tema si eso es lo que había hacer, además que desde que está en primer curso ha desarrollado un arte para mantener conversaciones serias y profundas en relación con las materias junto a los profesores. Podía divagar junto a ellos y discutir durante horas. Menos con Snape, ya que ese profesor parecía tener un enorme palo metido hasta lo más profundo de su ano que impedía que pudiese ser cordial en un intercambio de opiniones, suponía que por eso le tenía entre ceja y ceja.

Tras acatar sus indicaciones (ya que no tenía ningún problema con ello), Axel se acercó a la mesa del profesor, ocupando sin mucho permiso el puesto que anteriormente ocupaba su mujer, para poder hablarle al profesor sin problemas. No sé ni cómo se le ocurrieron tantas gilipolleces con sentidos capaces de conseguir la atención del profesor. Se le notaba un hombre sencillo y simpático, pero la verdad es que no había tenido oportunidad anteriormente de tener una tranquila charla con él a pesar de haber coincidido tanto en la Sala Común como en las pocas clases a la que asistía el chico.

Tras aproximadamente un minuto, O. hizo aparición en la mesa, quejándose por el comportamiento de Axel de una manera mucho más cariñosa que su usual forma de ser. El Ravenclaw no pudo evitar sonreír al ver los esfuerzos que hacía para aparentar y, mientras el profesor atendía al rostro de la joven, Axel si se percató de que le estaba vertiendo una poción al té de la mujer. Algo dudoso, siguió el leve tirón que la chica ejerció sobre él para ponerse de pie.

-Nos vemos en lunes entonces, profesor. Recuerde mirar eso sobre la Campana y el Iguerasi.-Señaló al señor Winslow antes de irse.

Luego llegó justo su mujer, un encanto de mujer. Perfecta para chocarle los cinco con una silla en la cara. ¿Qué modales eran aquellos? Axel puso los ojos en blanco, sentándose nuevamente en la mesa que tenían en un principio. No obstante, no se sentó frente a ella, sino a un lado para poder hablar más cerca de ella y no tener que elevar la voz.

-Ya entiendo tu irrefrenable amor por tu cuñada. Es un sol de mujer.-Ironizó ante la actitud de la esposa del profesor. Luego bebió de su té de FRESAS, aprovechando para tomar un buen buche gracias a que no estaba ardiendo.-¿Qué le has echado a su té?-Preguntó directamente con el ceño fruncido.-No sabía que iban a haber pociones de por medio…

Se puso a juguetear lentamente con la cuchara de manera ausente, mirándola directamente a los ojos. Estaba rara, una mezcla entre nerviosismo y entusiasmo. Axel sabía que estaba rara, pero no sabía por qué. Decidió preguntar.

-¿Qué te traes entre manos, O.?
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

O. Winslow el Lun Ene 19, 2015 12:32 am

Quizás encontrarme con Axel en la teteria directamente sin haberle comentado nada sobre mis intenciones con anterioridad no había sido lo más sabio. Quizás debí hablarle de mi plan para que estuviera preparado, mas eso no tenía emoción. Era lo que más les gustaban. Pero por suerte iba bien, al menos por el momento. Despistar a mi hermano con parafernalia de herbología no parecía problema para el joven Crowley. ¿Podría ayudarme con la otra parte? Habría que ponerlo a prueba. Pero por el momento me ayudaba bastante

Verterla poción en el té fue más fácil de lo que podía imaginar, y más cuando Tom era de esas personas que te mira a la cara cuando les hablas y no lo que puedas estar haciendo fuera de su campo visual. Mi intervención fue rápida, tirando de Axel para irnos antes de que volviera su “amada” esposa. Sus palabras me hicieron sonreír, sin duda iba a ser un fin de semana inolvidable, uno del que jamás me olvidaría. El mejor de mi vida, probablemente.

Nos dirigíamos a nuestra mesa cuando una voz chillona soltó la frase del día. Demostrando así su capacidad mental y su comportamiento infantil. Giré la cabeza para mirarla, alcé las cejas y le dediqué una sonrisa socarrona. *Te queda poco para tus tonterías.* Recité en mi mente, unas horas y desaparecería de la tierra, sólo unas horas.  Como era de esperar en ella, enseguida le dio órdenes a mi hermano para irse de ahí. Por esas cosas sabía que lo tenía hechizado, ¿desde cuándo un Winslow es tan calzonazos? Nunca, era cosa de algún conjuro, no había otra explicación. “Pues ya nos vamos nosotros. Creía que en este lugar cuidaban más a quien dejaban entrar.” ¿De verdad había dicho eso? Simplemente la ignoré, sentándome en la mesa y mirando a Axel, haciendo una mueca que expresaba con claridad lo poco encantada que estaba con la situación y lo menos aún que soportaba su presencia. – A la que no deberían dejar entrar es a ella. – Repuse sin más tras su comentario. Es que no podía ser más amable y cariñosa esa mujer, es que era imposible que en el mundo hubiera un ser tan adorable como ella.

- ¿Recuerdas aquella poción que me ayudaste a hacer? – Pregunté con una pequeña y nerviosa sonrisa, mirándolo a él directamente y olvidándome por un momento de mi hermano y su mujer, los cuales estaban pagando ahora su consumición. – Hoy vas a ver con tus ojos los efectos que produce. – Mi sonrisa se pronunció, más segura que instantes antes. Poco tardaría en comenzar a hacer efecto, imaginar el sufrimiento que padecería y su triste desenlace me aportaba una tranquilidad asombrosa. Era el día, el momento se acercaba, por fin todo volvería a ser como debía.

Alcé la vista hacia la puerta al oír la campanilla. Tom y su mujer salieron por la puerta en ese momento, miré a Axel fijamente. – ¿Vas a terminar de tomarte eso? – le pregunté con referencia a su té. Saqué de mi bolso el monedero, dejé unos cuantos galeones sobre la mesa y me levanté, tirando de Axel.  – Ahora veras que me traigo en manos. – repuse con una traviesa sonrisa, acercando mi rostro al suyo y dándole un corto pero acalorado beso en los labios. La situación en sí me entusiasmaba, me excitaba pensar en el final de esa zorra. Tanto que había olvidado lo que le había pedido y que estuviéramos en un lugar público. Aunque nunca me había importado besar a nadie en público, con él era diferente.  

Salimos del local, tirando de él. – Prepara la varita, porque ahora viene la parte complicada. – Le susurré, acercándome a él para hablar en un tono de voz en que nadie nos oyera. No perdía en ningún momento a mi hermano y su mujer de vista, íbamos unos cinco metros por detrás de ellos. Por suerte no se percataron de nuestra presencia, ni lo harían hasta que fuera demasiado tarde. – Esto te resultará extraño, pero te pido que no me falles en éste momento. – Supliqué prácticamente, disminuyendo el ritmo del paso, poniéndome momentáneamente frente a él y mirándole a los ojos. – Te deberé una muy grande después de ésta. – Mi mirada mostraba la misma euforia y nerviosismo que recorría mi cuerpo desde hacía unos días. – En este momento te dejo decidir, si quieres continuar ayudándome o prefieres irte. Si te quedas, puede que tu vida cambie. – Por un instante bajé la mirada, volviendo a mirarle tal que así.

Le dejé unos segundos para pensárselo, aunque no le deje mucho tiempo, antes de comentarle lo que debía hacer, si accedía. – Sólo tendrías que lanzarle un conjuro a mi hermano, un inmovilizador bastaría. El resto podré hacerlo sola. – Añadí en un hilo de voz al final. En parte me gustaría que me acompañara, saber si podría llegar hasta el final con él, tenerlo como ayuda por si algo salía mal. Contaba con que su curiosidad por conocer los efectos de la poción ayudaran a convencerle.  Esperé su respuesta, girándome de nuevo hacia el banco donde se encontraban mi hermano y su mujer, la cual parecía ya estar comenzando a sufrir los efectos. Primero la desgana, luego comenzaría a sentir como sus músculos dejaban de responder uno a uno…hasta llegar a esa muerte lenta y agónica que suplicaría que la matará.

No muy lejos de nosotros debía estar Lrog, buscándonos para poner en marcha su parte del plan. Impaciente estaba cuando le conté mi plan y que por fin podríamos recuperar a mi hermano.
O. Winslow
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O. WinslowInactivo

Axel S. Crowley el Lun Ene 19, 2015 11:52 pm

No fue difícil que Axel entretuviera al profesor Winslow, sobre todo teniendo en cuenta que era el profesor de Herbología, una asignatura que facilitaba cualquier tipo de discusión siempre y cuando fueras una persona curiosa que mira más allá de lo que se da en clase. El Ravenclaw consiguió entretenerlo lo suficiente como para que O. pudiera echar cierta poción, desconocida por el chico, dentro del té de la mujer de su hermano. Axel no respondió en el momento ante aquel impulso por parte de la chica, sino que se dejó llevar por lo que la Slytherin le había pedido, que lo cierto es que era bastante simple. El profesor Winslow era un buen profesor, por lo que no dudó en prestar atención al Ravenclaw cuando éste mostró tanto interés.

Finalmente O. fue la encargada de hacer que aquella farsa se terminase, animando a Axel a volver por dónde había venido, justo a tiempo de ver a la mujer del profesor. Lo cierto es que no parecía demasiado agradable, pero las palabras de la mujer a Axel le afectaron más bien poco.

Volvió a sentarse junto a O. en la mesa en la que estaban y el chico bebió de su té tranquilamente a la vez que escuchaba a su amiga. Le ha echado sustancia desconocida y con riesgo de peligro, en su té, no hacía falta mucho más como para darse cuenta de que no le caía bien su cuñada. Además de que su gesto mostraba más de lo que probablemente quisiera aparentar. El Ravenclaw dejó su té sobre la mesa y le preguntó directamente a la chica que qué se traía entre manos. Su hermano no lo habrá visto, pero hace falta más que una conversación sobre plantas para evadir a Axel de lo que pasa en su alrededor.

Claro que Axel recordaba la poción que le ayudó a hacer. Recuerda ese día a la perfección: el día en dónde conoció el boggart de la Slytherin, el día en dónde ganó la satisfacción de verle con el pelo rosa durante una semana y el día dónde conoció uno de los juegos más divertidos a los que ha jugado. Una pena haberlo dejado a medias.

-Claro que lo recuerdo.-Contestó con los ojos entrecerrados. No le hacía falta ninguna otra afirmación para relacionar lo que tenía delante. ¿Realmente O. había conseguido todos los ingredientes necesarios para hacer una poción así de peligrosa? Y lo más importante, ¿de verdad se lo había puesto en la taza de su cuñada?-¿De verdad?-Preguntó, entre tranquilo y alarmado, sólo para asegurarse. Realmente lo que estaba era emocionado. Un choque de contraproducentes sensaciones chocaron en su pecho. ¿Emoción por ver cómo una obra de su propia mano podría llegar a ser mortal? ¿Asustado por que realmente funcionara? Aunque él tenía fe ciega en que funcionaría, con más confianza en sus creaciones de las que debería. Si la teoría está bien, ¿por qué iba a fallar la práctica?

Cuando la chica le preguntó que si iba a terminarse el té, lo apartó hacia un lado. No le cabía nada más en el estómago, pues se le había formado un nudo. La chica se levantó rápidamente y sonrió de manera traviesa, antes de besar al chico. Precisamente esto era lo que le gustaba de la chica. ¿Espontaneidad? ¿Misterio? ¿Esa mezcla entre peligrosa seducción y atractiva perversidad? Era una mezcla explosiva.

Tiró de él, alertándole de que tuviera la varita a mano. La tenía en el bolsillo, pero no la sacaría para no llamar la atención. Persiguieron al profesor y a su mujer, mientras que por el camino, O. le decía cosas que no esperaba oír de ella. Le dio a elegir, entre irse o quedarse, pero Axel no tenía ninguna intención de irse. Había confiado en él, tanto a la hora de idear la poción como a la hora de elegir acompañante. El chico siempre se había conformado con la teoría, con meros experimentos teóricos sin ningún tipo de base sólida. En el momento dónde hablaron sobre la poción estaba seguro de lo que le decía, dando por hecho que todo era hipotético. Haber conseguido los ingredientes necesarios y haberla hecho para un final como ese se le antojaba… como una experiencia de lo más enriquecedora. ¿Cambiar la vida del chico? Prefería ver morir a alguien de esa manera, gracias a algo de su propia invención y la mano ejecutora de una amiga que con un mero hechizo insignificante que cualquiera puede conjurar. Rápido y provisto de una preparación. Era mucho más perverso. Debía de odiarla mucho como para decidir probar semejante poción en ella.

El chico parecía serio ante sus palabras, pero realmente sólo estaba pensativo. De hecho, cualquiera que le mirase, podría pensar que en aquel momento iba a darse la vuelta e irse. Podrían meterse en líos terribles con aquello, pero conocía lo suficiente a O. (pues no era demasiado) como para saber que no dejaba estas situaciones al azar. Cuando la chica terminó de hablar, el Ravenclaw curvó una sonrisa en sus labios; una sonrisa encantadoramente maliciosa.

-Cualquier cambio es enriquecedor y siempre es a mejor.-Contestó el Ravenclaw, con su filosofía de que absolutamente todo es una vivencia y, que de toda vivencia, se aprende. Sobre todo de una tan excitante.-¿Estás loca? No me voy a perder esto. Cuenta conmigo. Espero que funcione, o voy a quedar muy mal.-Añadió el Ravenclaw, inclinándose levemente para acercarse a su oído y susurrar:-Pero vas a tener qué contarme por qué pretendes matar a la novia de tu hermano.-Si Axel intentara matar a alguna de las mujeres de sus hermanos (que, menos unas, todas eran de dudosa reputación) probablemente su cabeza adornase la entrada de la Mansión Crowley.-Vamos.-Aún poseía esa sonrisa en el rostro, que denotaba emoción. Pocas cosas le hacen emocionarse.-¿Cuál es el plan?

Se volvió a separar de ella y, tras ojear dónde estaba el profesor Winslow y su acompañante, se acercó a ellos disimuladamente por detrás, acortando apenas las distancias para no llamar la atención. Una vez en un lugar dónde no fuera punto de mira de cualquier curioso por la zona, sacó su varita del bolsillo y apuntó a su profesor.

-¿Sólo inmovilizador?-Se aseguró, consciente de que atacándole por la espalda (algo de lo que no se sentía orgulloso, he de añadir) no iba a fallar. Luego, de manera no verbal, conjuró un Inmobilus, el cual le dio de lleno en la espalda. Axel se guardó la varita en la manga, por sí tenía que volver a usarla. El chico le dio un pequeño codazo a la chica, esperando que siguiera con lo que tenía en mente.  
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

O. Winslow el Miér Ene 28, 2015 12:10 am

Por primera vez en años veía más que factible cumplir mis sueños. Estaba cada vez más cerca de lograr la meta de mi corta vida, una de ellas. Por fin la mujer rubia que tanto me había arrebatado iba a morir ante mí. Aunque a cada segundo que pasaba la sensación nerviosa y negativa de que todo podía salir mal iba creciendo en mi interior. No podía dejar que la negatividad me dominara, ello solo haría que fracasara, y no iba a hacerlo. Por el momento todo estaba saliendo según lo planeado.

Una vez Tom y su mujer salieron del local la primera parte de mi plan había terminado con gran éxito. Había bebido hasta la última gota de su té y por tanto de la poción. En menos de cinco minutos comenzarían a notarse los efectos de esa delicia mortal. Ahora había más en juego que nunca, las variables podrían ser innumerables, debía andar con más cuidado que nunca.

Las preguntas de Axel comenzaron a llegar, raro sería que no preguntara, seamos sinceros. Mas fue reconfortante ver como su rostro iba cambiando, así como su tono de voz, al contarle lo que había comenzado a poner en marcha. La poción que tiempo atrás me ayudó a crear de modo teórico. La misma poción que probé el curso pasado en aquellas ratas tan monas. Esa poción que tanto tarde en preparar pero que iba a ser el punto álgido para esta tarde fría de otoño. – No mentiría con algo así. Te va a gustar lo que hace. – Respondí con una ladeada sonrisa, mostrando que nada bueno estaba pasando por mi cabeza en esos instantes. No podía dejar de imaginarme a esa mujer, que tenía por cuñada, como una enorme rata que lentamente iba a muriendo.

Poco tardamos en salir del local y seguir por las calles a mi hermano y su mujer, hablándole con una claridad como nunca antes, dándole a elegir el marcharse o quedarse. Era su elección y me caía lo suficientemente bien como para darle una alternativa. Por extraño que pareciera y por lo poco que lo conocía, había desarrollado un peculiar vínculo afectivo por mi parte, que me hacía confiar en él. ¿La razón? No tenía ni idea, es algo que no comprendía. Pero tampoco vayamos buscándole una lógica, pues no es que la haya en mi mente.

Su rostro me hacía dudar, llegando a pensar que optaría por lo fácil, daría la vuelta y se iría de vuelta al castillo. ¡Le había puesto ojitos de cordero degollado y todo! Estaba bastante desesperada en ese momento para haberlo hecho. Era un punto clave en mi plan, sin poder usar magia fuera de Hogwarts, desperdiciaría una gran oportunidad. Pues, aunque la bruja muriera de igual modo (es lo que tiene que no haya antídoto), no sabría cómo liberar a mi hermano de ese embrujo que tenía.

Una sonrisa de alivio y gratitud se dibujó en mi rostro al escuchar sus palabras. – Va a funcionar, ya la he probado. – Alegué como si fuera la mayor obviedad del mundo. No me arriesgaría sin probarla antes. Iba de suyo para que un plan funcionara bien. Contarle porqué quería matarla no sería necesario, casi segura estaba de que saldría a la luz en breve. La propia Heather lo confesaría todo ante nosotros. Sólo había que tener un poco más de paciencia.

- El plan es simple, inmovilizas a Tom. Luego Lrog se encarga de la parte complicada. – Respondí sin más, no era necesario adentrarse en complejidades, pues no sería necesario. Miré con disimulo alrededor, asegurándome de que nadie veía nada de lo que a continuación sucedería, así como buscando a Lrog, el cual pude ver a unos diez metros de nosotros, con la mirada fija en Tom. - ¡Qué comience la siguiente fase! – Le dije en tono bajo, cogiéndole de la mano y corriendo hacia donde estaba Tom inmovilizado y su mujer mirándolo con horror al ver que no respondía a sus palabras ni se movía.

- Parece que han decidido tirar la basura a la calle. – comenté con sorna ladeando la cabeza y mirando a mi querida cuñada. – ¿Cómo te encuentras? ¿Decaída? ¿Sin fuerzas? ¿Sientes que tu cuerpo no te responde? – Mi voz en ese momento denotaba una mezcla de emociones: rabia, euforia, ansia, asco. – Hoy vas a probar tu propia medicina, querida. – Fue lo último que le dije, antes de chascar los dedos. Era la señal de Lrog, el elfo apareció a nuestro lado, cogiendo a Heather de la mano y tendiéndole la mano a Axel. – No puede desaparecerse con más de dos personas al lugar a donde vamos. – Le aclaré, mordiéndome lentamente el labio inferior. – No tengas miedo, iremos a mi casa. – A las mazmorras para ser exactos. Insonorizadas y preparadas para que la sangresucia no pudiera hacer ningún intento de escaparse. Lrog desaparecería con ellos, y luego volvería a por Tom y a por mí.

Antes de apenas pestañear, los cuatro estábamos en una lúgubre mazmorra, alumbrada con antorchas. La luz dejaba ver un par de sillas y dos butacones más cómodos. Lrog colocó a Tom en una de las sillas, más o menos como pudo. Atando sus manos, pues no iba a estar todo el tiempo inmovilizado, sólo lo suficiente para que pudiera conocer lo que su mujer le había hecho.

La mujer de Tom estaba en el suelo, despotricando contra mi persona, para no variar. Me dediqué durante unos minutos a ignorarla, dejando que su cuerpo fuera asimilando la poción, antes de poder continuar con el plan. – En unos minutos debería comenzar a sentir que sus músculos no responden, que su sistema nervioso comienza a desbordarse, enviando impulsos falsos a su cerebro, lo cual le causará un dolor de cabeza que ni la peor resaca. – comencé a explicar a Axel en alto, aunque es último punto no lo tenía muy claro, más bien me lo había inventado. Decirlo en un tono en el que la mujer me oyera sólo haría que comenzara a preocuparse. – ¿Recuerdas el antídoto que diseñamos? – Pregunté a Axel, ignorando por completo al matrimonio falsamente feliz. – Sólo es efectivo si se toma en el intervalo de dos hora después de tomar la poción, después ya es tarde. – Deje caer la bomba. – Así que aquí mi querida cuñada tiene poco más de hora y media para confesar cómo ha engatusado a mi hermano. De no hacerlo, morirá lenta y dolorosamente. – Mis palabras sólo buscaban incomodarla y achicarla, asustarla lo suficiente para que cantara cual canario en una tare soleada. No nos engañemos, la presión psicológica puede ser enorme, en situaciones como ésta, el dar un simple placebo sería suficiente, pero para su desgracia era más que real y el antídoto nunca se llegó a elaborar.

- Mientras tanto, ¿cómo te va el curso? – pregunté como si nada, sentándome en uno de los butacones a la parte que le hacía una seña para que se sentara él también. Lrog había desaparecido y vuelto a aparecer con una mesa pequeña acompañada de un pequeño frasco con un líquido plateado, los restos de sangre de unicornio que mucho tiempo atrás compré en el callejón Knockturn, un plato de galletas y dos zumos de calabaza. – Si quieres algo en especial, sólo pídeselo. – Dije mientras cogía una de las galletas y la mordía mirando con desprecio a mi cuñada, que se arrastraba por el suelo hasta alcanzar a mi hermano. – No busques su varita, ni la tuya. Lrog os las quitó antes de dejaros aquí. – Le aclaré, no fuera a hacer una estupidez que sólo terminaría acelerando el proceso.
O. Winslow
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Invitado el Miér Ene 28, 2015 10:12 am

Ante la reacción desmesurada de Heather, ambos dejaron el local para buscar un lugar más tranquilo pero la mujer no se encontraba bien, por lo que acabaron sentándose en un pequeño banco de madera situado a las afueras del pueblo. Thomas, quien se preocupaba en todo momento por su esposa, no hizo otra cosa que preguntar e intentar que se encontrara lo mejor posible, pero la reacción de la mujer se limitaba a farfullas oraciones sin sentido con el único fin de atacar contra la hermana del hombre.

A Thomas no le importaba ni lo más mínimo que su mujer insultase a su hermana en todo momento, pues desde que había acabado sus estudios en Hogwarts había roto toda relación con su familia, incluida su hermana. La recordaba como un fantasma del pasado al que mirar con una sonrisa nostálgica, pero que el tiempo había cambiado. O. ya no era la niña que él cuidaba y protegía, sino que se había convertido en una cría malcriada que tenía todo lo que quería y que anteponía sus propios deseos a las necesidades de los demás, haciendo que, finalmente, toda relación entre ellos acabara rota con la aparición de Heather y la negativa de su hermana por poder llevarse bien con ella.

Por su parte, Heather había sido comprensiva en todo momento, pero cansada de las faltas de respeto por parte de la familia de su marido, se había acabado quedando sin paciencia, alejando a Tom de todo aquello que un día llamó familia. Ahora tenía una familia nueva, una que realmente se preocupaba por él y no anteponía sus deseos a las necesidades ajenas. Era cierto que Heather a veces tenía mal carácter, que podía volverse insoportable, pero él la quería así. Lo cierto es que esa era la imagen que él tenía de ella, pero sin duda, Heather era manipuladora, mala persona y nada tolerante con su marido. Pero el filtro de amor bajo el que se veía sometido lo había cegado.

Te propongo algo. – Heather giró la cabeza para mirar a su marido, con la piel pálida y una mueca de dolor en el rostro. – Te llevaré a casa y me quedaré contigo hasta el lunes que tenga que trabajar. Y si sigues encontrándote mal mandaré una lechuza a la Dirección y seguro que no hay ningún problema. – Apartó un mechón de pelo con sumo cuidado de su rostro hasta colocarlo tras su oreja. - ¿Harías eso por mí? – Preguntó la mujer asombrada. Sabía de sobra los efectos de su propio filtro de amor, pero aún le costaba creer que pudiese tratarla de tal manera. – Por favor Heather, ¿Qué no haría yo por ti?

Con una sonrisa inocente unió sus labios suavemente. – Así que dime, ¿Te llevo ya a casa? – La sonrisa permaneció imborrable en su rostro, pero antes de que Heather pudiera dar una afirmativa que los sacaría de ella, alguien a sus espaldas zarandeó su varita, haciendo que un hechizo chocase de lleno contra la espalda de Thomas y el hombre se desplomase inconsciente en el suelo. Todo se volvió borroso, no había nada a su alrededor ni lo habría. Se había sumido en un profundo sueño, como si se hubiera quedado dormido de golpe, pues realmente estaba soñando.

***

Se encontraba en un largo pasillo vacío. No había nadie, salvo él. Se miró las manos y las giró ante sus ojos para comprobar que eran las suyas. Siguió andando por el pasillo sin poder frenar sus pasos. Por mucho que pidiera frenar sus pies se negaban a hacerle caso. El cerebro no parecía decidido a mandar impulsos nerviosos avisando al resto del cuerpo de lo que quería hacer, por lo que seguía avanzando por un pasillo que resultaba eterno. Las paredes siempre eran igual y el final parecía nunca llegar.

Caminaba en silencio. No había ruido a su alrededor, tan solo silencio y oscuridad. No veía nada, pues las paredes habían desaparecido dando paso a una oscuridad eterna. Miró sus pies que se movían sin poder frenar y el suelo también se había ido. Más oscuridad. Todo era negro a su alrededor, no había ni un atisbo de luz que le indicase dónde estaba ni a dónde iba, ni si quiera cuando le quedaba para llegar.

Tan sólo silencio y oscuridad.


***
 

La mujer de Tom zarandeaba el cuerpo de su marido sin saber cómo habían llegado a aquella situación cuando apenas unos segundos atrás hablaban tranquilamente. - ¡Thomas! – Zarandeó el cuerpo. – Thomas, por favor, despierta. – Pero el hombre no dijo ni he hizo nada. Permaneció tumbado en el suelo mientras el nerviosismo se adueñaba de la mujer, quien miraba asustada a su alrededor. - ¡Que alguien me ayude! – Gritó con fuerza, pero no había nadie a su alrededor. El temporal y la lejanía respecto al resto del pueblo hacía que se encontraran en una zona desierta y nadie podía escucharles. O al menos nadie que quisiera hacerlo.

Mientras zarandeaba a Thomas pidiendo ayuda alguien se acercó hacia donde estaban. Su respiración era cada vez más agitada, pues con el susto había olvidado el dolor que se adueñaba de su cuerpo con cada segundo que pasaba. – Hija de puta… - Intentó abalanzarse sobre la chica que apareció pero sus fuerzas, cada vez menores, le impidieron si quiera levantarse. – Te voy a matar por esto. ¡Es tu hermano, maldita zorra! ¿Cómo puedes hacerle esto? ¿Tanto te duele que no te quiera que tienes que matarlo para no odiarte a ti misma? – Escupió las palabras furiosa, con la piel más rojiza en la zona de los pómulos. – Él me eligió a mí, no a ti. – Bramó cada vez más enfadada.

No entendía a qué se refería la chica, pero segundos después olvidó pensar de lo que hablaba, pues un elfo doméstico surgió de la nada. - ¿Y tú te dejas mangonear por esta niñata? – Gritó a Axel antes de que el elfo doméstico se acercase a ella para ir lejos de aquel lugar. - ¡Ni se te ocurra tocarme, maldito bicho deforme! – Sus gritos no alertaron a nadie, pues no había nadie cerca de donde se encontraban, y de haberlo habido, no habrían tenido tiempo de hacer nada, pues segundos después tanto Axel como Heather habían desaparecido gracias al elfo doméstico de los Winslow.

***
 

Ahora comenzaba a escuchar algo. Había gritos, alguien gritaba su nombre. Se sentía como un pequeño humano en una caja mientras alguien de tamaño normal lo busca por todas partes. No veía nada, pero notaba como el suelo había comenzado a temblar bajo sus pies. Quería gritar, pero por más que abriera su boca nada salía de esta. Pidió poder gritar, pero el sonido se negaba a salir entre sus labios.

Y sus pasos se negaban a frenar. Se negaban a frenar hasta que no encontraron punto de apoyo y su cuerpo comenzó a caer por aquella oscuridad, por aquel vacío. Su cuerpo se movía intentando subir a la superficie, intentando no seguir cayendo. Su boca se abría pero nada salía de esta, ni un susurro. Quería gritar, pedir ayuda, preguntar dónde estaba y cómo había llegado a aquel lugar, pero no podía. Pues estaba soñando, y la simple idea de preguntarse cómo había llegado hasta aquel lugar era imposible.

La caída continuó, y de pronto frenó en seco. No sintió dolor, ni si quiera sintió frenar, pero su cuerpo dejó de moverse. Se quedó sentado en aquella infinita oscuridad, buscando un indicio para poder encontrar la salida.


***


Su cuerpo se desplomó sobre el suelo de las mazmorras de su propia casa antes de acabar  maniatado en uno de los asientos. Su cuerpo se movía al antojo de quien decidiera hacerlo, como si de un muñeco de trapo se tratara. - ¡Estás loca! – Gritó Heather, pero en cuanto abrió la boca el elfo doméstico le propició un puñetazo en el estómago haciendo que cayese de bruces contra el suelo.

La conversación entre O. y Axel carecía de interés para ella, tan sólo quería llegar hasta donde se encontraba Thomas. Se arrastro, pues sus piernas se negaban a responder y levantarse para acercarse hacia donde estaba. Tras todo el esfuerzo posible, llegó hasta donde se encontraba su marido y buscó entre sus ropas, pero no había rastro alguno de su varita, por lo que zafó la cara de este entre sus manos e intentó despertarlo. – Venga Tom, tenemos que salir de aquí. Despierta, por favor. – Dijo en casi sollozos. Quería salir de allí, quería irse a casa y seguir viviendo la vida de ensueño que habían tenido durante aquellos últimos y maravillosos ocho años. – No me hagas esto, por favor. Ahora no. – Sollozó apoyando la cabeza sobre el hombro de su marido. – Tienes que despertar, tenemos que ir a casa. – Pasó una de sus manos por la mejilla del hombre mientras las lágrimas recorrían las suyas. – Me prometiste que estaríamos siempre juntos, que formaríamos una familia juntos. Por favor… - Pero no tuvo tiempo para decir nada, pues aunque había pasado por alto la voz de O. avisando que no se acercara, su cuerpo no fue capaz de ignorar el dolor ni la falta de fuerzas.

Se desplomó sobre el hombre y acabó por caer sobre el suelo, retorciéndose del dolor hasta quedar con las rodillas dobladas a la altura del pecho, abrazándolas intentando frenar así los efectos de la poción. – Te mataré… - Susurró de manera inaudible.

***


Y de nuevo su cuerpo comenzó a caer. Caía sin si quiera haberse movido, como si una trampilla se hubiera abierto bajo su cuerpo. Escuchaba la voz de Heather, quería llegar hasta donde estaba. Quería decirle que estaba bien, que todo iría bien y que se encontrarían en cuanto lograra dar con la salida de aquel interminable túnel de oscuridad y silencio en el que se encontraba. Pero no podía, no podía por mucho que lo intentara.

Hasta que surgió la luz. Mientras su cuerpo caía pudo ver como la luz aparecía bajo sus pies, como el túnel de oscuridad comenzaba a iluminarse por el foco de luz que se encontraba al final de este. Y todo terminó con la luz.


***
 

Sus ojos se abrieron de golpe y su cuerpo intentó moverse pero las cuerdas en sus manos impedían todo tipo de movimiento. - ¿Qué ha pasado? – Preguntó mientras sus ojos se iban acostumbrando a la oscuridad. Luego vio a su hermana, quien hablaba tranquilamente con Axel. - ¿Qué creéis que estáis haciendo? ¿Dónde estoy? ¿Dónde está… - Pero la pregunta se contestó sola cuando escuchó gruñidos procedentes del suelo, topándose con la figura de Heather, quien no paraba de quejarse por el dolor insoportable. - ¡Sácanos de aquí ahora mismo, tiene que ir a San Mungo! – Gritó sin quitar los ojos de su mujer mientras intentaba liberarse de las cuerdas, pero nada. No podía hacerlo. Estaba atado y no podía hacer nada por salir de allí.
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Axel S. Crowley el Miér Ene 28, 2015 9:39 pm

Una explicación no vendría nada mal, sobre todo para el propio Ravenclaw que se había dejado llevar por la Slytherin. Sin embargo, unas, o más bien varias, preguntas se precipitaban en su mente en busca saciar su curiosidad. En aquel momento, creía conveniente y necesario que le saciaran sobre todo el por qué. ¿Por qué O. querría ver muerta a su cuñada? ¿Estaría loca y había metido a Axel en todo el embrollo? ¿No estaría loca y realmente estaría haciendo lo correcto? Sólo necesitaba una explicación, o la mente de Axel iba a ser la que se precipitase hasta sacar conclusiones erróneas.

Tras inmovilizar a su profesor, O. tiró del chico para acercarse a ellos. Axel se había guardado la varita, ya que según lo que parecía, no le iba a hacer más falta. Nada más llegar pudo ver el rostro de la mujer su profesor, prácticamente brillante del sudor que estaba emanando, propio de aquella poción. Tanto por los efectos que producían físicamente, como por aquellos que estaría intentando soportar psicológicamente. Axel no dijo absolutamente nada, pues estaba totalmente atento a la reacción de la mujer. Miró un poco confuso a la chica. ¿Miedo por desaparecerse? Si el Ravenclaw ahora mismo sentía algo no era miedo, y si hubiera algún resto de pavor en él, probablemente sería por haber atacado a su profesor y no por ver cómo su poción hace el efecto deseado. Al fin y al cabo, aún no tenía la patente a su nombre.

Lrog se acercó a Axel y le sujetó de la mano, desapareciéndose de allí. En cuestión de segundos el Ravenclaw se encontraba en unas mazmorras. Eran amplias, iluminada con antorchas en las paredes y mucho más confortable de cómo se hubiera imaginado una mansión. Caminó algunos pasos, observando a la mujer que intentaba soportar el dolor que ahora mismo estaría creciendo en su interior.

Apareció el profesor y O. y la chica se acercó al Ravenclaw, explicándole exactamente cómo iba la poción. Por la manera de hablar supuso que realmente no se lo estaba diciendo a él, sino que lo estaba diciendo para que aquella sujeto pudiera escuchar exactamente lo que pasaría. Al fin y al cabo, fue Axel quién, en un primer momento, le explicó en cierta manera como funcionaría una poción como aquella. El dato del antídoto si sorprendió al chico, ya que no lo había pensado (ya que técnicamente era una poción meramente teórica), pero tenía sentido, ya que después de daños irreversibles cualquier poción queda corta y se necesita mano experta. El chico esbozó una pequeña sonrisa por la perversión de la rubia. ¿A cuántas cobayas habría matado para comprobar que todo saldría como ella quería?

Se acercaron a la parte más cómoda, sentándose cada uno en un butacón. La chica le preguntó que cómo le iba el curso, pero él simplemente negó con la cabeza.

-Mejor explícame tú por qué quieres hacer sufrir a tu cuñada de esta manera tan sumamente cruel.-Le pidió a la chica.-¿Por qué crees que le engatusó y tu hermano simplemente no cambió por amor?-Preguntó el Ravenclaw, curioso. Qué cursi le había quedado eso-No te estoy cuestionando, pero me parece fascinante el hecho de que estés tan segura, tanto como para arriesgar, casi de por vida, la relación con tu hermano si te equivocas.

Explicó el Ravenclaw. No quería ni imaginar la cara del hermano si O. estaba equivocada y de repente la mujer se moría. Aunque la Slytherin parecía estar más segura que hasta de su nombre. Actuaba con suma tranquilidad y decisión y parecía estar convencida de lo que diría su cuñada. O por lo menos, de lo que debería decir.

-¿Qué se supone que tiene que decir?-Preguntó, imitando a la Slytherin para coger una galleta y morderla. Realmente no tenía nada de hambre, pero ya que estaba allí y estaba algo nervioso por la situación, fue lo primero que se le ocurrió hacer. A pesar de estar nervioso/emocionado, su semblante era serio y parecía estar totalmente cómodo allí.

Pero después de eso, apenas unos segundos después, Tom se despertó, pues el hechizo había finalizado por completo. Llamó la atención de los dos y Axel lo miró sin ninguna expresión en especial en su rostro. Había personas que quizás no soportasen el dolor de la poción, pero Axel no tenía ni idea de lo que podría hacer lo que O. le había dado. Y obviamente, tampoco la cantidad de ingredientes que echó a la poción. Dependiendo de lo que echara, sería menos dolorosa, más dolorosa o simplemente más rápida.

No le dijo nada a Tom, ya que Axel no tenía la confianza suficiente como para hablarle en una situación como aquella. Era un tanto comprometida. Al fin y al cabo, está viendo como su mujer se está muriendo casi a sus pies. Y bueno, a Axel sólo lo conocía porque era su alumno y el parentesco más cercano que tenían era porque se había acostado con su hermana, pero nada más. Era un poco violento, en realidad. Si no estuviera atado y confuso, probablemente el Ravenclaw se sentiría todavía más fuera de lugar. Aunque realmente, a quién le importaba Axel era la mujer y no él, ya que tenía ganas de ver cómo se desarrollaba todo.

Axel se acercó a O. levemente, para hablarle solo a ella.

-¿Y si no dice lo que quieres oír?-Le preguntó.
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

O. Winslow el Mar Feb 10, 2015 11:51 pm

Ver a mi hermano inmovilizado, semejando estar muerto, no fue la mejor sensación del mundo. Mas era lo necesario, era el único modo de que no sufriera y poder recuperarlo. Ese era mi único objetivo en esos momentos, recuperarlo y matar a esa perra con todo el sufrimiento del mundo y más. No tardamos en acercarnos a ellos, no fuera a venir a socorrer otra persona. Sería un imprevisto a mi plan, y aunque no lo tenía absolutamente todo planeaba, no contaba con la aparición de terceros indeseados.

- ¿Te eligió? ¡Venga ya! Si ni siquiera sabía de tu existencia. – Fue lo único que respondí de sus preguntas. Hablé con asco, aguantando las ganas de darle una patada sin pensarlo dos veces. Las otras preguntas podrían tener su respuesta, pues claro tenía que sería capaz de matar a mi hermano con mis propias manos si no estuviera convencida de que se casó con este engendró por culpa de estar embrujado.  Lo haría una y mil veces, a fin de cuentas es lo que me enseño. Si estuviera en su lugar, esperaría que me matara, no podría soportar compartir la cama con un asqueroso sangresucia, y menos uno que se comporta como un muggle de los pies a la cabeza.

Lrog hizo su parte sin ninguna demora, agarró a la puta y a Axel, para segundos más tarde recogernos a Tom y a mí. Una vez en la mansión todo parecía que saldría tal como siempre había soñado. Fui explicándole a Axel en voz alta el efecto que tendría la poción, la idea era sólo que Heather se preocupara más todavía y comenzara a soltar prenda. Pero era tan cabezota como todos los tejones que conocía, y no soltaba prenda, se negaba a hablar. Sólo la oía llamar a Tom y ver cómo intentaba despertarlo.

Para olvidarme un poco de ese tema, le pregunté a Axel por el curso, pero no parecía dispuesto a responder, sólo quería conocer los motivos por los que tenía a esa mujer arrastrándose y suplicando a mi hermano que despertara. La pobre, debía estar sufriendo un dolor indescriptible. Pero era lo que se merecía, sufrir y padecer su propia medicina. Era el ser más repugnante del mundo, además de que me había arrebatado lo que en este mundo más quería. No podía darle una muerte rápida, sería muy indulgente y la indulgencia no está en mi vocabulario.

- ¿Lo crees realmente relevante? Digo, preguntar justo ahora. Pero, bueno, como tenemos tiempo y hay que gastarlo en algo… – accedí al final a responderle. En parte se lo merecía, iba a convertirlo en cómplice de asesinato, es lo mínimo que se merecía. – Tom siempre me hablaba de lo que hacía en el colegio, me enviaba cartas constantemente. Me mencionaba a todo aquel con quien tenía contacto, tanto a sus amigos, como al resto de individuos. Pues creía que era conveniente que fuera relacionando los apellidos  con sus orígenes. Pero a esa nunca la nombro. JAMÁS. Y me hablaba de todas sus novias y ligues. – Comencé, visto así era un poco tonto, pues no tenía base ninguna ni argumentación suficiente para llegar a mis conclusiones, una acusación de lo más seria.

- Después de su marcha me envió una carta, una carta que he leído y releído miles de veces. ¿Sabes dónde está la curiosidad de esa carta? Qué no es su letra. Que una carta tan personal no sea escrita por el remitente, hace sospechar. Además, conozco a Tom lo suficiente para saber que jamás estaría con una sangresucia ex-hufflepuff que no tiene ni pajolera idea de usar una varita. ¿Sabes que trabaja como un muggle más y no deja que Tom use magia? ¿Tú estarías con alguien así por propia voluntad? – Terminé de hablar con total convicción, dejando al descubierto mi argumentación. Estaba más que segura de mis palabras, además, por muy enamorado que estés, no miras con indiferencia a tu hermana, a la que tanto querías. Es un hecho irrefutable.  – Sólo tiene que confesar cómo lo controla, sólo eso. – Respondí a su última pregunta, terminándome mi galleta y bebiendo un poco de zumo de calabaza, pues comenzaba una nueva fase del plan.

Mientras hablaba Tom despertó. Sus palabras retumbaban en la mazmorra. Lo dejé hablar, observando cómo se revolvía para soltarse de las cuerdas. – ¡Deja de hacerte daño! – Le exigí, con un tono serio, aunque con la mirada triste al ver su reacción. No podía creerme que estuviera dispuesto a todo por esa asquerosa mujer. Iba a responderle, a explicarle, pero decidí callar unos segundos más, permaneciendo sentada y observando el dolor en su rostro. Deleitándome con el dolor de su mujer.  

- Hablará, te lo aseguro. Sé cómo hacerla hablar. – Le respondí en un susurro, levantándome del butacón y cogiendo el pequeño frasco que Lrog había hecho aparecer. Me acerqué a Tom lentamente, y por ende a su mujer.

- En San Mungo no podrán hacer nada. Lo que tiene es producto de una poción que nadie conoce. Sólo nosotros dos. – dije desviando la mirada a Axel y sonriendo de medio lado. – Por lo que ningún sanador podrá hacer nada para curarla, pues no es un veneno que cualquier bezoar pueda curar. – Me acerqué a su mujer, cogiéndola del pelo y tirando de ella, hasta ponerla en frente de Tom. No tenía la fuerza suficiente para levantarla, pero estaba tan débil que no oponía resistencia alguna. Me acuclillé a su lado, sujetándola bien del pelo y elevando su rostro para que Tom pudiera verla bien. – Sólo yo tengo el antídoto, es esto de aquí. – dije mostrándole el frasco en mi otra mano. – Como le dije antes a tu mujer, si se lo doy se irán todo estos dolores, pero para dárselo tiene que contarte una historia, bueno, a todos nosotros. ¿Verdad Heather? Va siendo hora de decirle a Tom la verdad, de confesar el secreto de vuestro amor. ¿O no es suficiente con el dolor que ya sientes? – A cada palabra tiraba más y más de su pelo, haciendo que soltara pequeños y ahogados gritos de dolor. Las lágrimas comenzaban a salir de sus ojos. – Deberías convencerla, porque le queda poco tiempo. Si no se toma el antídoto pronto morirá. – Fue lo último que pensaba decirle. Me levanté y la dejé caer, más bien la empujé con fuerza para que volviera a caer al suelo.

- Te dejo un par de minutos para convencerla, sino usaré otros métodos, métodos que no te gustarán en absoluto y que te dolerán. – Advertí a Tom, con un rostro serio y voz extrañamente calmada. Le di un puntapié a Heather para que me mirara. – Has oído bien, le haré daño a mi hermano, lo torturaré si es necesario con tal de que hables. Porque  a ti ya no puedo causarte más dolor físico. -  

Dicho esto me volví a acercar al butacón, dejando el frasco sobre la mesita y mirando a Axel, arrugando levemente la nariz en gesto cariñoso. – ¿No te asustará la sangre, no? – le pregunté al Ravenclaw con tono burlón, sacando de mi bolso mi pequeña daga de plata. Jugando con ella entre mis manos.
O. Winslow
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O. WinslowInactivo

Invitado el Miér Feb 11, 2015 8:03 pm

Aquello se había convertido en una pesadilla para ambos. Habían pasado de estar cómodamente en aquella tetería de Hogsmade a acabar en las mazmorras de la antigua casa de Thomas. Ninguno de los dos comprendía el por qué. No entendían las razones que podían llevar a alguien a actuar de tal modo, pero Heather no tardó demasiado en atar cabos. Pues a pesar de ser rubia y sin demasiadas luces, no era tonta. Por algo había conseguido hacer un filtro de amor que funcionaba a la perfección y lo seguía usando del mismo modo ocho años después. Y por esa misma muestra de inteligencia por parte de una Hufflepuff sangre sucia estaban ahora en mitad de la nada, donde nadie podría encontrarlos ni nadie podría hacer nada por salvarlos.

Heather gritaba por salir de allí entre gemidos de dolor. La poción que O. había vertido en su bebida se estaba adueñando de tal modo de su cuerpo que ya no lo sentía cómo propio. Notaba un ardor en la garganta que bajaba hasta su estómago, donde parecía estarse gestando un monstruo que abriría su cuerpo en canal con tal de escapar de su interior. No podía del dolor. Lo único que quería es que aquello cesara. Y sus fuerzas no hacían mucho para conseguir salvarla. Sus fuerzas menguaban hasta desaparecer, hasta hacer que su cuerpo no fuera capaz de tenerse en pie. Hasta que finalmente se dio de bruces contra el suelo, estremeciéndose por el dolor. La figura de la mujer resultaba ser un bulto en la oscuridad. Un bulto que lo único que hacía era retorcerse por el dolor y entre gemidos pedía auxilio.

Thomas, por su parte, no podía siquiera moverse. Ya había localizado a su mujer cuando la nitidez volvió a sus ojos. Pudo distinguir la figura de su hermana junto al chico que antes la acompañaba en la tetería. Y ya no había nada más. Tan sólo gritos de dolor a su lado y una sensación horrible que se adueñaba de cada parte de su cuerpo. No había nada que hacer. Por mucho que patalease o se moviese no conseguiría salir de allí. Y por mucho que hubiera sido antaño su casa, no podía aparecerse en su interior en aquel momento. Maldita magia y sus estúpidas limitaciones. - ¡Te has vuelto loca! – Bramó el hombre ante la respuesta de su hermana. Iba a dejar a Heather morir allí sin hacer nada, sin brindarle la oportunidad de salvarse acudiendo al médico. Iluso él, que creía que todo aquello podría tener un final feliz para ambos.

Si no fuera porque el Tom que Heather había creado gracias a sus filtros de amor dejaba a un lado la agresividad que mostraba el verdadero Tom, hubiera acabado por escupir a su hermana en la cara en cuanto se acercó por pura impotencia. No podía moverse, no podía levantarse, no podía ayudar a Heather a salir de aquella situación. Se sentía tan inútil como lo era verdaderamente su esposa.

Escuchó las palabras de su hermana sin dejar de clavar los ojos en los de esta. – Pues dáselo, ¿No ves que está sufriendo? – Dijo continuando con el tono desafiante contra su hermana. Quería salir de allí, y quería salir de allí con Heather en perfectas condiciones. – Joder O., ella no te ha hecho nada, deja que se vaya. – Gritó nuevamente. Pues para él, el único problema que podría tener su hermana era que hubiera roto todo tipo de contacto con ella. – Esto es entre tú y yo, déjala ir. – Estaba furioso. Quería poder moverse y darle una torta merecida a su hermana. Una torta que parecía que sus padres no le habían conseguido dar nunca y por eso había pasado de ser una niña pequeña mimada a ser una adolescente mimada y consentida que quiere hacerse con todo lo que esté al alcance de su mano, aplastando a quien sea para conseguirlo.

Tras una fugaz pero efectiva amenaza, O. se alejó nuevamente con su amigo el que parecía no tener demasiada personalidad como para impedirle a alguien hacer semejante acto. Thomas, quien estaba más nervioso que de costumbre, consiguió moverse ligeramente sobre la silla para mirar a Heather. – Escúchame, intenta relajarte. – Intentó tranquilizar a la mujer, pero esta no paraba de gimotear y gritar. – Heather, escúchame. – Pero seguía retorciéndose en el suelo, sin escuchar nada en absoluto. – ¡Joder, Heather! – Bramó enfadado hasta que esta fijó sus ojos en los de su marido. – No va a pasar nada malo, no nos van a hacer nada, ¿Entiendes? Pero tenemos que salir de aquí y el único modo es que hables con ella, que le cuentes la verdad. – Dijo con el tono más amigable posible, aunque con ella posición y perspectiva de futuro le costó horrores mantenerse tranquilo. – Es capaz de torturarme y lo hará si no hablas con ella, tan sólo tienes que hablar y decir lo que quiera ella que digas. Hará lo que sea para conseguirlo, te lo aseguro. – Como que por algo era su hermana, su viva imagen de cuando era joven.

La mujer volvió a gimotear en el suelo. – Hay que salir y el único modo es que digas lo que quiere escuchar. Di lo que narices quiera que digas y nos iremos de aquí. Volveremos a casa, como si nada de esto hubiese sucedido. – La mujer intentó forzar una sonrisa, pero no lo consiguió, ya que el dolor estaba acabando poco a poco con ella. Del mismo modo que la poción estaba acabando con todos sus órganos internos. – Por favor, Heather. – Ella asintió y esperó a que O. decidiera volver.
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