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Today is the day. [Tom Winslow y Axel Crowley]

O. Winslow el Jue Oct 16, 2014 11:45 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Tom estaba a mi alcance, por fin. Después de tantos años en su búsqueda tenía la ocasión perfecta para recuperar a mi querido hermanito. Complicado me había resultado superar el primer mes de clase soportando como todas las chicas de clase babeaban por él.  Más de una vez me había visto tentada a lanzarles un tragababosas para que las babas fueran reales y borraran de su mente la idea de acercarse a mi hermano. Aunque peor había sido hablar con él y que no me reconociera, que me tratara como a un alumno más. Eso sí fue doloroso y no el daño que pueda hacerte un crucio. Cuando la persona que más ansías ver te dedica una mirada de ese modo, una mirada vacía y sin vida, te replanteas todo lo que te rodea. Aunque en mi caso solo aumentaran mis ganas de matar a la estúpida de su mujer.

Días, semanas llevaba espiándolo siempre que podía, usando mi mala influencia sobre el personal estudiantil para entretenerlo y sonsacarle cosas. Era tan fácil cuando prometías en vano evitar que otros slytherins se metieran con ellos. Además de que mi hermano estaba demasiado feliz al parecer para comprender lo que ocultaban a su alrededor. Fuera como fuere, había logrado que Alyssa, una chiquita de Gryffindor, en una visita a su despacho le robara una carta que recién había recibido. Odiaré a los leones, pero cuando se les puede sacar provecho se les saca. La leona había hecho algo útil por una vez en su desgraciada vida, y como recompensa tres críos de segundo comenzaron a difundir rumores sobre su severa afección cutánea, altamente contagiosa que cubría con toneladas de maquillaje muggle. Como todo secreto, a los diez minutos ya lo sabía todo el castillo, era el centro de todas las burlas y repudios, de eso no había prometido nada.

La carta resulto ser de lo más empalagosa, pero con información muy interesante. La sangresucia se citaba con mi hermano ese viernes a las seis de la tarde en la tetería de Madame Tudipie.  El momento que estaba esperando llegaba al fin. El día D llamaba a mi puerta. Todo estaba preparado desde hacía varias semanas, desde que vi a Tom en el banquete el uno de septiembre.  Sólo tenía un fallo mi plan, y es que no podía hacerlo sola. Un fallo que encontró solución en un cuervo. Sí, esa fantástica casa con la que tenía una gran predilección.



* Decirte hola me parece aburrido, así que iré al grano. Tienes algo que necesito, también sé que no podrás negármelo porque eres todo un caballero, señorito Crowley. Te necesito a ti y a tu varita este viernes en la teteria del pueblo. Sí, necesito de tu ayuda una vez más, pero en ésta ocasión se más cauteloso que en nuestros anteriores encuentros. No quiero ser objeto de más rumores sobre mis affairs.  

Con anhelo, O.

P.D.: Dale una galleta a Aelo, sino te sacará un ojo. *




Había sido muy brusca en la carta, pero dudaba que se sorprendiera, no después de todo lo vivido. Si alguien leía ese trozo de pergamino podría crear bulos a diestro y siniestro. Razón por la cual había sido directa y concisa, no dejando nada claro y guardando cierto misterio, esa sería la principal razón por la que acudiría al encuentro, el misterio de mis palabras.

Llegado el día el ansia comenzaba a apoderarse de mí, los nervios se acumulaban en mi estomago, amenazando con salir en cualquier momento, aunque aparentemente tenía un rostro inexpresivo, tan sereno como cualquier otro día. Preparé mi bolso con conciencia, un maxibolso prácticamente vacío, una pequeña cartera con varios galeones, un pequeño espejo de mano y un frasco de cristal. La poción estaba preparada, y esperaba cumpliera su propósito.  Después de la última clase, sobre las cinco y cuarto de la tarde, me cambié de ropa y emprendí el rumbo a Hogsmeade. Paso decidido y pausado tras dejar atrás el pequeño carruaje blanco. ¿Algún día vería a esos seres? Esperaba que así fuera, y más pronto de lo imaginable.

Las calles de Hogsmeade me parecían especialmente frías hoy aunque no notaba frío corporal. Caminaba con calma y decisión. La tetería comenzaba a vislumbrarse ante mí, cada vez estaba más cerca, las manos me sudaban ligeramente. Dude por unos segundos si entrar o esperar fuera por Axel, el local estaba casi vacío, solo un par de alumnos y una mujer rubia, ni mi hermano ni su mujer. El problema se planteaba de éste modo: si esperaba fuera y mi hermano llegaba antes que Axel podría peligrar mi plan, si esperaba dentro podría disimular más, poniéndome de espaldas a la puerta, o de frente pero leyendo el profeta, esa edición manoseada a más no poder que tenían siempre en el local.  

Opté por la segunda, pedí un té verde con caramelo y canela, unas galletitas para acompañar. Me senté en una mesa cerca de la ventana donde tenía visibilidad hacia el resto de las mesas. Podía controlar todo el local desde esa esquina. Abrí el periódico por la mitad, poniéndolo delante de mí  y leyendo con desinterés algo sobre un sanador que había sido atacado en el valle de Godric, nada interesante a mí ver. Si hubiera muerto tendría más relevancia y atraería mi atención.


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O. Winslow
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Axel S. Crowley el Vie Feb 13, 2015 12:27 pm

Axel tenía una cosa clara: sabiendo como era O., ni de coña iba a parar aquello que estaba haciendo. Él no era nadie para interponerse en los problemas de los demás y lo cierto es que era mero espectador de aquella situación. Había ayudado a O., movido por la curiosidad de saber si una creación propia funcionaba de verdad. Si una mera teoría académica realmente podría llegar a ser una trampa mortal. La mujer esa le daba igual, no la conocía de nada. El profesor Winslow era el que le imponía respecto, no obstante, O. estaría en el mismo problema en el caso de que algo de lo que estuviera haciendo no funcionara, por lo que si eso pasaba, supondría que tendría un plan B de borrarle la memoria a su hermano viudo para que no recordase absolutamente nada. Sí no, sí que eso había sido una mala idea.

La curiosidad de Axel no sólo recaía en la resolución de aquella poción, si no también en el motivo por el que estaban allí. El por qué de que O. se moviera tan perdida por el odio. Quería saber por qué odiaba a esa mujer y por qué estaba empeñada en matarla porque creía que esa era la solución. Así que sí, sin duda aquel era el mejor momento para preguntarlo.

Lo cierto es que la historia de O. tenía todo el sentido del universo, no obstante… también había cabida a un punto flaco en su teoría. ¿Y sí Tom no le había hablado de ella precisamente porque sabía que no sería aceptada su relación y prefirió mantenerlo en secreto? No estaba defendiendo al hermano, ni mucho menos, sólo estaba intentando buscar otro punto de inflexión a aquella historia. Axel no estaría, por lo menos en ese momento de su vida, con una persona que le restrinja la magia, pero nunca se sabe las vuelta que dará la vida y mucho menos se sabe lo que una persona puede llegar a hacer por amor. Axel no tenía ni puta idea de amor, pero las películas ponían el listón muy alto.

Por un momento pensó que lo más lógico hubiera sido mantener la boca callada y asentir a la historia de la chica. Pero… era Axel, todos sabemos que no puede estarse calladito, ni aunque sea lo más sensato.

-¿Y si no te habló de ella porque temía que no fuera aceptado por su familia?-Preguntó, alzando una ceja.-¿Y si simplemente la eligió a ella de verdad? En Hogwarts pueden cambiar muchas cosas.-Eso era cierto, pero el tono de Axel era totalmente teórico. En ningún momento sonó a intentar llevarle la contraria. De hecho, sólo quería ver su cara, para ver si eso podía ser posible o si estaba cien por cien segura de que era imposible y que de su verdad lo era todo.

Fue entonces cuando vio a su propio hermano haciéndose daño para intentar salir de allí. Teniendo en cuenta como tenía O. de preparado aquello, salir de allí podría ser tarea casi imposible.

Axel flexionó su espalda, apoyando su codos sobre sus rodillas en aquella butaca, observando de manera ausente a lo que pasaba todo lo que estaba sucediendo. El chico nunca había estado en una situación como aquella, por lo que en cierta manera estaba nervioso. ¿Se le notaba? Ni lo más mínimo. No poseía esa manía de mover la pierna hiperactivamente mientras espera lo inminente, ni tampoco poseía ningún otro tick. Simplemente las yemas de sus dedos estan junto a su gemelo, de tal manera que sus manos poseían una pose de lo más concentrada. Esa era la manera de Axel de expresar su nerviosismo, o más bien, de esperar algo.

No prestó total atención de las amenazas que salían de la boca de O., ya que Axel estaba fijándose más bien en el rostro de ambas víctimas. Estaban llenas de angustia y temor. Lejos de sentir pena, no sintió nada. Tampoco sintió diversión, ni placer, ni tampoco morbo. Podía entender que O. lo sintiera teniendo en cuenta la historia que le acababa de contar, pero por parte del Ravenclaw, aquella situación le mostraba cuánto más impasible.

Observó como O. volvía a acercarse a él y éste le siguió con la mirada, viendo como se quedaba justo delante de él. Su pregunta hizo que Axel curvara una sonrisa.

-Lo más mínimo.-Contestó.-De hecho, me asustas más tú. ¿Qué tienes en mente? ¿Realmente vas a torturar a tu hermano?-Eso lo preguntó más bajo de lo normal, aunque teniendo en cuenta que su hermano estaba suplicándole a su mujer que cooperara, no iba a prestar atención a la conversación de los chicos.
Axel S. Crowley
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O. Winslow el Vie Feb 20, 2015 2:09 am

Sólo unas horas me distanciaban de lograr uno de los objetivos principales de mi vida, por no decir el principal. Iba a recuperar a mi hermano al fin, los días de espera y planificación iban a tener su recompensa. Tom, mi Tom, volvería a ser el de antes, ese hermano mayor tan idílico que recordaba.

Hasta el momento todo había salido bien, la poción se la tomó sin dejar gota y estaba cumpliendo con creces mis expectativas en cuanto a los efectos. Estando en las mazmorras nada podía ir mal. Nada. Ese era mi convencimiento, estaba segura al noventa y nueve coma nueve periódico porciento de que tenía la razón. Cabezota que era, pues no aceptaba las teorías e hipótesis del resto del mundo sobre el porqué de su marcha. Este día iba a demostrar cómo llevaba razón.

Axel estaba saciando su curiosidad, para no variar. Era un Ravenclaw con mucha curiosidad por todo, no podía ser esta una excepción. Aunque mis respuestas no parecieron suficientes, pues no tardó en revelar lo que la mayoría creía, ¿Y si realmente está enamorado? Era impensable, no podía haberse enamorado de una mujer como esa ni en mil años, básicamente porque no soportaría a una sangre sucia. Es lo que me enseñó en su día, lo que nuestros padres nos enseñaron. – Entonces cruza los dedos porque Dumbledore le encuentre sustituto pronto o te quedarás sin profesor de herbología durante algunos meses. – Fue mi respuesta a sus planteamientos. Estaba demasiado segura de mi misma en esos instantes como para admitir la posibilidad de estar errada.

Tom despertó y no tardó en llamar mi atención. Acercarme a él no supuso problema alguno, aunque sí me resultaba asqueroso como intentaba defenderla. – Estás muy equivocado Tom, esto es culpa de tu estúpida mujer y voy a demostrártelo. Si realmente lo vuestro es verdadero amor no tendrá reparo en decir la verdad. Así os iréis felices y comeréis perdices. – Le dije con tono socarrón, observando cómo sus ojos me miraban con furia. No reconocía a mi hermano, no reconocía esa actitud que tenía para defender a un ser repulsivo e inferior como esa cosa que tenía por esposa. Tom valía mucho para tener que vivir confinado entre muggles.  

Las amenazas se quedaron en el aire, dejándoles un rato a solas para que la convenciera. En sus manos estaba quien moriría esa tarde, o más bien, cuántos morirían esa tarde.

- Si no habla sí. El dolor físico ya lo tiene, pero nada mejor como ver sufrir a un ser amado para cantar cual canario. – Respondí a Axel con una pérfida sonrisa. Estaba tan segura de hacerlo que ni me temblaba el pulso. Había aprendido a base de lectura muggle donde hacer cortes que causaban dolor pero sin ser mortales. Eran mis lecturas favoritas por alguna razón.  – Si resulta que tus teorías tienen razón y mi hermano ha cambiado tanto y tan drásticamente por verdadero amor, pues no voy a dejarle salir de este sótano. – Mi tono era frío y distante, con una mezcla de emoción. Dispuesta estaba a matarlo si era necesario, no podía volver a perderlo, es decir, perderlo para siempre. Ahora mismo tenía una posibilidad de recuperarlo, si me equivocaba lo mejor sería que él también muriera.

- Va siendo hora de sacar a relucir la verdad. – Comenté a Axel tras mirar de reojo al feliz matrimonio y ver como ambos miraban hacia nosotros. Con la daga jugando entre mis manos me acerqué a ellos. – ¿Estás listas para hablar o es necesario que mi hermano pierda una oreja? – El desprecio por esa mujer se notaba en mi voz, no podía sentir más asco por nadie en mi vida. Sólo la oía gimotear, lo cual era desagradable. Pero asintió con la cabeza, lo cual era una buena señal.  –¿Cómo lograste que mi hermano te siguiera olvidándose de nosotros? – Mi tono de voz cambió, ahora era calmado y sereno. – Cuéntanos qué le hiciste. ¿Fue un imperio o un filtro amoroso? – Pregunté mientras caminaba alrededor de ellos, quedándome tras Tom. Desde ahí podía sujetarle la cabeza y hacerle un pequeño corte en la mejilla si Heather se negaba a hablar.

- No le hice nada. – dijo en el tono más alto que pudo, aunque casi inaudible. Me giré hacia Axel. – ¿Podrías lanzarle un sonorus, parece que las fuerzas no le dan para más? – Pregunté con amabilidad, a la vez que sujeté la cabeza de mi hermano con la mano izquierda y le hacía un corte superficial en el cuello, justo bajo la barbilla. – Si no le hiciste nada, ¿por qué enviaste una carta con su nombre? Una carta que él no escribió. – Heather negaba con la cabeza, estaba dispuesta a morir con el secreto, a mi ver. Esta vez llevé la daga a la altura de la yugular y presioné un poco, otro corte superficial, pero dejé el filo ahí, sin desviarlo. – ¿Sabes que si corto aquí morirá verdad?  Y luego te obligaré a tomar el antídoto y vivirás el resto de tu miserable vida cargando con la conciencia de haber sido la causa de su muerte. – Las últimas palabras y mi determinación, parecieron convencer lo suficiente a Heather como para empezar a hablar.

O. Winslow
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O. WinslowInactivo

Invitado el Miér Feb 25, 2015 12:55 pm

Había conseguido hacerla entrar en razón. La mujer había optado por negarse en todo momento a contar algo, a soltar palabra. Sus labios parecían estar sellados y ni si quiera las súplicas de su marido parecían conseguir que hablase. Pero todo cambió cuando este se lo pidió de manera desesperada. Ambos sabían que podían salir con vida de aquel lugar si no consentían los caprichos de O. Thomas apenas recordaba su vida antes de Heather, no recordaba los buenos momentos al lado de los diferentes miembros de su familia, sino que recordaba todos sus fallos y transformaba en errores algo que en el pasado veía como puntos fuertes. Los caprichos de su hermana, una vez más, necesitaban ser cumplidos. Y sabía que si no hacían lo que O. quería no saldrían con vida de aquel lugar.

Su hermana no tardó en acercarse, posicionándose tras Thomas y amenazando con el filo de un arma a su hermano. Pero Heather no hablaba. Tenía miedo de las consecuencias. De mostrar la verdad y que Tom acabase por marcharse de allí sin querer saber nada de ella. Temía no poder tenerlo durante más tiempo a su lado. Temía que si contaba cualquier mentira, O. no estaría satisfecha y los mataría del mismo modo. No dudaba en que aquella joven de tan solo dieciséis años fuese capaz de matar a su propio hermano a sangre fría con tal de no tener una mancha en el árbol familiar.

- ¡No hice nada! – Volvió a gritar al ver como la sangre brotaba del cuello de Tom. Su piel estaba pálida, sus palpitaciones cada vez más lentas y su voz sonaba a cada minuto más quebrada, como si supusiese un gran esfuerzo dejarla salir entre sus labios.

Una mueca de dolor había aparecido en el rostro de Tom cuando el filo de la daga entró en contacto con su piel y notó como la sangre goteaba por su cuello pero se mordió la lengua para no decir o hacer nada. No estaba en posición de pedir explicaciones a su hermana, pues de hacerlo lo más probable es que el próximo corte fuese mucho más certero. – Heather, tan sólo tienes que decirle lo que ella quiere escuchar y luego nos iremos de aquí, por favor. – Suplicó el hombre sin poder moverse de su nueva posición a causa de la fuerza que ejercía su hermana y al amenazante filo que apenas se separaba unos milímetros de su piel. – Te prometo que no pasará nada, pero di lo que quiere oír. – Volvió a decir el hombre. Estaba seguro que lo que dijera la mujer no sería nada malo. Podía contar la verdad, la verdad de cómo realmente se conocieron, se enamoraron y decidieron abandonar la vida que antes llevaban. O podía contar la mentira más grande sobre la faz de la tierra y hacer creer a O. que realmente sí había coaccionado a su hermano para estar juntos y enamorarse. Thomas creía firmemente en que Heather no era mala persona y que no le había mentido en ningún momento. Efectos secundarios de los filtros de amor.

- Yo… - Carraspeo y antes de poder decir nada más comenzó a toser. El suelo se vio cubierto por la sangre de la mujer quien se llevó las manos a la garganta al ver lo que había sucedido. Estaba cada vez más asustada, sabía que de no hablar acabarían muriendo en aquel lugar sin que nadie pudiera hacer nada por ellos. Lanzó una mirada suplicante al amigo de O. pero al no obtener respuesta volvió a mirar a su marido y a la chica, quien no parecía tener intención alguna de dejar ir a su hermano. – Déjalo ir, por favor. – Suplicó la mujer. – No quiero el antídoto, sólo quiero que le dejes ir. – Suplicó la mujer antes de volver a toser. Pero antes de poder decir más Thomas se anticipó. – No digas tonterías, nos iremos de aquí los dos. – Dijo el hombre con el tono más calmado posible.

La solución de marcharse sin hablar no estaba entre las posibilidades del matrimonio, por lo que tras mucho pensarlo y ver como la daga no bajaba del cuello de Thomas, decidió hablar. No había otra salida, y de no hacerlo acabarían muertos los dos. Ella quería que Tom pudiera vivir, pues a pesar de todo lo que había hecho para conseguir que este se enamorase, ella realmente siempre le había amado. – Le di un filtro de amor cuando estábamos en último curso. Tan sólo quería que se fijase en mí… - Su voz no daba para más y por mucho que intentase hablar, su voz no le dejaba. El dolor en su interior se lo impedía. – Ahora deja que se vaya. – Suplicó antes de caer al suelo con la respiración cada vez más entrecortada.

Thomas se movió sobre la silla haciéndose un corte él sólo con la daga de su hermana. – Ya ha dicho lo que querías, ahora deja que nos vayamos. ¿Estás contenta? Dale el maldito antídoto y sigue con tu vida de maldita cría mimada. – Gritó el hombre antes de darle un codazo a su hermana y lograr zafarse de ella. Llevaba todo el rato intentando desatarse y hacía rato que lo había conseguido, tan sólo esperaba el momento para poder moverse de allí. Se arrodilló frente a  Heather y sujetó su cabeza entre los brazos. – Vamos a salir de aquí, tranquila. – Afirmó el hombre apartando los mechones del pelo de la mujer cuya sangre comenzaba a cubrir su boca.

Se giró para mirar a su hermana con la cara roja de la rabia y los ojos fuera de sí. – Ya ha cumplido su parte, ahora dame el antídoto.
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O. Winslow el Miér Mar 04, 2015 9:00 pm

No me importaba lo más mínimo pasarme la noche ahí sentada, observando como mi hermano gritaba a su mujer que entrara en razón y dijera lo que yo quería oír. Aunque no quería oír cualquier cosa, sólo la verdad. Quería saber la razón por la cual tantos años de abandono, el tratarme como a una extraña, pues nada dolía más que esa indiferencia. Después de unas palabras Heather parecía dispuesta a cooperar, el momento había llegado, la hora de hablar y confesar todo. El final de tantos años de espera. Ya no necesitaría más mis libros con planes y fórmulas para matar a esa rubia sangresucia, para recuperarlo. Este era el día y nada podría salir mal. O eso creía.

Me sorprendía la idiotez y la testarudez de la mujer de mi hermano. En sus manos estaba la decisión de morir ella sola o morir los dos y aun así se negaba a contar la verdad. Si no era la verdad, lo que yo quería escuchar. Pero no, tenía primero que insistir en que Tom debía ser liberado. ¿Tanto temía que escuchara la verdad? Eso solo me indicaba una cuestión, y no era otra que Tom no estaba con ella porque realmente estuviera enamorado como decían algunos. Sólo reforzaba mis creencias. Esta zorra iba a morir y con todo el sufrimiento del mundo.

Una sonrisa a la vez que una sensación de euforia recorrió mi interior y se reflejó en mi rostro al escuchar su confesión. Un filtro de amor, todo se debía a un filtro de amor. Pero ¿un filtro con tan largo efecto? Eso era imposible, debía haber algo más. Estaba segura de que había algo más. Pero Tom no me dejo preguntar, logró soltarse de las cuerdas y darme un codazo en el costado para zafarse de mis manos. Un quejido de dolor se oyó salir entre mis labios. Lo miré con odio, como nunca antes pude imaginarme que lo miraría. – ¿Tú me llamas cría mimada? Pero si eras el niño de mamá, todavía lo sigues siendo, sólo que no has estado consciente. – Dije con sarcasmo, guardándome las ganas de devolverle el golpe de un modo más doloroso.

Caminé hacia donde estaba Axel, con lentitud y sin decirle nada a Tom. Estaba muy ocupado intentando que su mujer no muriera, qué pérdida de tiempo. Me coloqué detrás del butacón vacío y comencé a empujarlo hacia el matrimonio, hasta dejarlo lo más cerca posible de ellos. – Siéntala aquí, probablemente ya tenga algún hueso roto y le será más como recomponerse estando en una superficie blanda. – Le expliqué a Tom con la voz más amable que pude, volviendo a la mesita a coger el antídoto. Había creado una oportunidad para mantener a Tom ocupado lo suficiente para que no previera lo que a continuación ocurriría.

- Cuándo le esté dando el supuesto antídoto a su mujer, lánzale algún hechizo que lo inmovilice, un julio o incarcerous. Que siga siendo consciente de todo pero que esta vez no se pueda soltar. – Susurré a Axel, acercándome a su rostro y rozando levemente sus labios con los míos.  
- ¡Aparta! Si se lo das de modo incorrecto no servirá de nada. – Prácticamente lo empujé de un manotazo, aunque poco efecto tuvo el manotazo en sí. Destapé el frasco y obligué a Heather a beberlo, aunque en un principio se negó a beber. – Si te quisiera muerta no te lo daría. – Exclamé con fastidio, agarrándola del mentón, tirándolo hacia arriba y obligándola a beber. Cualquiera se preguntaría que tenía ese antídoto, si es que era real. Simplemente era agua con unas gotas de sangre de unicornio diluido. Heather tendría la sensación de que mejora, y por unos diez – quince minutos no sentiría dolor alguno. Pero en realidad era más similar a un placebo que a un antídoto. Pues esto no había acabado.

Al girarme a mirar a Tom lo vi cayendo al suelo por la falta de equilibrio al ver su cuerpo rodeado con cuerdas mágicas. Miré a Axel y le dediqué una pequeña sonrisa, acercándome de nuevo a él para coger de la mesa mi daga, que tiempo antes había dejado ahí para rodar el butacón. – Vamos Heather, ahora que estás mejor, no te gustaría compartir con nosotros cómo sigue mi hermano bajo los efectos del filtro. – Hice una pregunta indirecta, colocándome frente a ella y acariciando su rostro, presionando levemente su piel. Hay sería donde comenzaría a cortar si no respondía. – ¡No tengo más que contar! – Fue su única respuesta. Negué con la cabeza y con la daga sostenida por la mano derecha la acerqué a su rostro y le hice un corte en la mejilla, mucho más profundo que el realizado a mi hermano. – ¡Puta! ¡Dijiste que habías terminado! – Gritó con dolor, bueno, gritó todo lo que pudo gritar.

Reí sin más, sin apartar mi rostro frente al suyo. Agarré su brazo, tendiendo la palma hacia arriba. Uno de los efectos de la poción que causaría su muerte era la pérdida de movilidad. Había perdido por completo el poder sobre su sistema nervioso hacía mucho rato. – Venga Heather, dime como lo has logrado y Tom vivirá. – Al terminar mis palabras clavé la daga en la palma de su mano. Atravesándola sin mucha dificultad. Era curioso que gritara, pues médicamente hablando no estaba sintiendo dolor por la lesión en sí, su dolor era todo mental en estos momentos. – ¿Quieres que siga?¿Quieres que mi hermano siga viendo como sufres por tu testarudez? – Mientras hablaba saqué la daga de su mano, dejando que la sangre goteara del afilado acero frente a sus ojos. La rubia lloraba, las lágrimas no habían parado de brotar de sus ojos.  – Vale….se toma dos al día, le dije que era medicación para su lesión. – decidió confesar al fin, mirando en todo momento hacia mi hermano. – Lo siento Tom. -  Sus palabras fueron sinceras, pero ya no tenía sentido seguir alargando la miserable vida de esta sangre sucia. La sujeté del pelo, tirando de ella hacia delante, por inercia cayó al suelo, la arrastré como pude hasta situarla frente a Tom. – Ves como la culpa de todo era de tu mujer. Si no te diera tanto filtro de amor no serías tan tonto, Tom. – Las ventajas de que fuera un peso casi muerto y su visible falta de imc ayudaron a arrastrarla sin problema. – ¿El matrimonio es hasta que la muerte os separe, no? – Pregunté girándome hacia Axel, me encogí de hombros levemente, coloqué la daga sobre su cuello y con un corte rápido y poco preciso, le corté la yugular. La sangre brotó de su cuerpo manchando a Tom. Solté su cabellera y la dejé ahí, tirada al lado de Tom.

- ¿Cuánto puede tardar en pasarse el efecto de ocho años de filtro amoroso? - pregunté a Axel, una vez me había acercado a él de nuevo y se oía a lo lejos a mi hermano maldecir. O a lo lejos lo escuchaba yo, pues el ritmo cardíaco se me había elevado y solo pensaba en una cosa en esos momentos. Sujeté a Axel de los hombros, dejando caer la daga a un lado del butacón. Me senté sobre sus rodillas y le besé con pasión.
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O. WinslowInactivo

Axel S. Crowley el Mar Mar 17, 2015 12:55 am

Axel se había imaginado muchas veces cómo podría funcionar esa poción en una persona de verdad. Lo había imaginado desgarrador y doloroso, como si todo tu interior estuviera comiéndote a ti mismo, como si absolutamente nada pudiera saciar ese dolor. Los ingredientes que contenían aquello, si O. lo había hecho tal cual Axel lo había dicho, era horribles y en un humano podría dar ejecuciones increíbles. Por esa razón, cuando la chica le dijo a Axel lo que estaba a punto de ver… se le hizo la boca agua.

O. se había recreado totalmente en su cuñada. Su mirada se había vuelto seria, autoritaria y déspota. Parecía tenerlo todo bajo control y todo ella se había vuelto mucho más oscuro. Axel la conocía ya de hace bastante tiempo pero era la primera vez que la veía así. Su rostro se le iluminaba con cada frase y con cada gesto. Se le notaba que estaba sedienta de vivir ese momento, pues su rostro rebosaba satisfacción.

Para Axel aquello era como una película interactiva. ¡Mucho mejor todavía! Él no tenía ni idea de qué era lo que O. creía que pasaba con esa mujer, pero cuando le preguntó si se trataba de un Imperio o de un Filtro Amoroso -aparte de desear que fuera un Imperio para que no quedara tan cursi esa pobre mujer-, Axel abrió la boca sorprendido a la espera de una respuesta. No hubo respuesta, o por lo menos él no la escuchó. Sin dudarlo a la petición de la chica, le hizo un sonorus. Lo cierto es que le parecía de lo más divertido ser la mano ejecutora de lo que decía O., debía de ser todo un horror no poder hacer magia fuera de Hogwarts todavía.

Aquello cada vez se volvía más interesante, aunque lejos de prestarle atención a la trama, Axel tenía su mirada clavada totalmente en la mujer de su profesor. Finalmente, cedió ante la amenaza de hacerle daño a su propio hermano. Estaba claro, o por lo menos Axel veía lógico que O. no fuera a hacerle nada de daño a su hermano, sólo que la mujer debía de estar tan mal que probablemente se creyese cualquier cosa que le pusiera delante. Teniendo en cuenta los efectos de dolor de esa poción, su mente podría hacer de un simple corte la peor de las amenazas.

Cuando confesó, O. prometió el antídoto por lo que se lo dio a su hermano. La siguiente petición a Axel fue de lo más divertida e incómoda, ya que por una parte no se sentía cómodo atacando a su profesor de HERBOLOGIA. ¿Quién iba a resolverle después las dudas sobre las malditas plantas? Nadie, ¿por qué? Porque le iba a tener manía. Pero no le importó, ya que una parte de Axel era consciente de que después de lo que acababa de pasar, el Tom que vendría después de no sería el mismo. Ese filtro lo cambiaría todo. Y quién sabe, no le tuviera tanta manía. O. debería de haberle avisado de lo que tenía en mente cuando le invitó a este sitio…

La siguiente escena se volvió traicionera y todo pasó tan rápido para Axel que lo único que pudo ver fue la perversa mirada de O. en contraste con la de pánico de su cuñada. La sangre salió a borbotones de su cuello y su cuerpo cayó inerte. Los ojos de Axel se perdieron en el charco de sangre que se estaba formando debajo de la mujer y sólo prestó atención a O. cuando se acercó a él. El chico iba a contestar, pero no le dio tiempo, ya que O. se sentó sobre él y le besó pasionalmente. No, no se lo esperaba. Aun así le devolvió el beso y colocó las manos sobre sus piernas a la vez que las acariciaba, subiendo lentamente por todas sus piernas hasta...

Luego se dio cuenta de que… Menuda falta de respeto. O sea, acababa de matar a la mujer de su hermano y estaban allí como si nada. ¿De verdad el pobre profesor Winslow debía de sufrir una pérdida que probablemente, en estado normal, no sufriría? Axel se separó levemente de O. sin alargarse mucho más en aquella tarea y la miró a los ojos, aún extasiados.

-Tu hermano ha tenido suficiente con soportarla todos estos años. No debería soportar también su muerte.-Teniendo en cuenta de que está bajo el filtro de amor, todo aquello para él debía de haber sido horrible y estaría tremendamente confundido. Podría pensar que mentía su mujer porque la quería mucho, o cualquier otra mierda. Pero teniendo en cuenta lo afligido que lo estaba viendo, daba por hecho de que por mucho que hubiera confesado, todavía no era suficiente.-No sé cuánto tiempo tardará en pasarse lo del filtro de amor, pero se pasara mucho más rápido si está dormido.

Axel se levantó y con la varita aflojó las cuerdas mágicas para, acto seguido, hechizarle con un Desmaius. Se había acercado a él, por lo que antes de que cayera al suelo le sujetó para que no se pegase un golpe contra éste. Frunció el ceño al volver a ver la sangre de su mujer y dio un paso hacia atrás para no mancharse. Miró a O.

-Deberías… Hm…-Hizo un movimiento divertido con las manos en señal de “separarlos”, es decir, a la mujer… ¿Tirarla a la basura? Y al hermano llevarlo a su habitación o a alguna cama. No le iba a hacer nada de gracia, habiéndose pasado el filtro o no, aparecer en las mazmorras cubierto de sangre.-Separarlos.

Luego se percató de otra cosa. ¿Cómo narices iba a hacer ahora para hacer que muriera su mujer de verdad? Es decir, ¿había una tapadera a todo esto? Se siguió alejando tanto de su hermano como de su mujer para acercarse a la chica, la cual estaba todavía dónde la había dejado. Se colocó en frente de ella.

-¿Después de esto, qué pasará con ella? ¿Has pensado en la coartada? ¿Cómo se supone que va a morir? -Preguntó el Ravenclaw.-Deberías hacer que pareciera un accidente… Aunque supongo que esperarás a que tu hermano despierte para hablar con él.-Asumió él mismo. Con “accidente” se refería a un ataque, no a caerse desafortunadamente sobre un cuchillo a la altura de su yugular. Miró a O. directamente a los ojos.-No sería apropiado que esté aquí cuando tu hermano se levante, ¿no?-Preguntó el chico.-No me conoce de nada. Creo que lo primero que haría sería matarme a no ser que hables a solas con él y le digas lo encantador que soy.-Bromeó. Estaba feliz, en realidad. Hubiera preferido ver cómo la poción mataba a la mujer, pero el final había sido escalofriante. Axel nunca había matado a nadie por su propia mano.-¿Me voy?-Estaba en forma de pregunta, pero realmente era una petición.


OFF: He posteado, al fin. Milagro. Perdonen la tardanza.
Axel S. Crowley
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Axel S. CrowleyInactivo

Invitado el Miér Mar 18, 2015 11:48 am

Lo cierto es que le hombre no estaba creyendo ninguna de las palabras que salían de la boca de su mujer. En su mente en la que el filtro de amor era la única encargada de guiar sus pensamientos y acciones, Heather no sería capaz de hacer tal cosa. Él la quería por encima de todas las cosas y tras tantos años juntos apostaría todo lo que tenía por ella. Oh, pobre iluso. Tantos años engañado, tantos años creyendo estar enamorado cuando lo único que sucedía realmente es que su razón y juicio se habían visto nublados por el encaprichamiento de aquella mujer a la que ahora creía querer.

Sus ojos, clavados con furia en los de su hermana, sólo reflejaban odio. El Tom en el que se había convertido jamás odiaría a nadie y perdonaría cualquier acto. Era una persona afable y agradable con todo aquel que estuviese a su alrededor. Pero las cosas habían cambiado. O. había intentado dañar a Heather, de tal manera que casi había acabado muerta. Lo mucho que la odiaba en aquel momento era imposible de calcular, pero no le dio importancia. Del mismo modo que no le había dado importancia a su hermana durante todos los años anteriores. No era más que un pedazo de su pasado y, como parte del pasado, allí debía permanecer.

Se giró en un intento de tranquilizar a Heather, de decirle que todo iría bien, que el antídoto llegaría y podrían irse juntos a casa. Dejaría su empleo en Hogwarts y volverían a vivir juntos tras aquella situación. O al menos, eso es lo que Thomas tenía en mente hacer tras aquella fatídica velada. Odiaba tanto a O. como a sí mismo. Odiaba al Ravenclaw que había tenido la poca decencia de ayudar a alguien en un plan en el que sólo habría daños y heridas difíciles de cicatrizar. Joder, no podía imaginar un momento peor en su vida y la que se hacía llamar su familia era la culpable de todo aquello.

Decir que la odiaba era poco. Decir que ahora mismo lo único que quería hacer era que Heather descansará hasta recuperarse mientras torturaba a su hermana era quedarse a años luz de la realidad. La detestaba tanto que no podía ni considerarla su familia. Aunque hacia años que no lo hacía, siempre hablaba de ella como su hermana, como ese fantasma del pasado que los años se habían encargado de dejar en un segundo plano. Pero, ¿Ahora? Ahora no era más que una imbécil con una varita. El poder que un simple palo de madera podría proporcionar a una persona carecía de límites y en ese momento O. había roto cualquier rastro de humanidad por tales acciones.

- ¿Quieres cerrar ya la boca? A nadie le importan tus mentiras y caprichos Ophelia. ¿Qué vas a ganar con esto? ¿Qué tú padre te suba la paga por ser tan repulsiva como él? – Su tono sonaba desafiante, tan propio del Tom actual como la propia situación que ya le había conseguido sacar de sus casillas. – No eres más que una niñata malcriada. ¿No entiendes que me fuera porque quise? Con esta familia lo que menos me apetecía era seguir aquí. Y cada día demuestras más que hice bien en irme. – Bajó la vista nuevamente hacia Heather, quien cada vez parecía encontrarse peor. Pero únicamente lo parecía, pues por dentro su cuerpo seguía destrozando sus órganos internos.

La poción podría haber conseguido matarla. Haberle arrebatado los últimos minutos de vida que le quedaban. Pero O. fue más rápida elevando a Heather, quien apenas podía tenerse en pie, y cortando su cuello. Tom no dijo nada. Simplemente sus ojos se quedaron clavados en el cuerpo sin vida de su mujer sin nada que hacer ni nada que decir. No lo asimilaba. No creía que aquello fuese cierto. No creía que alguien que, supuestamente, actuaba para ayudarle, lo torturase de tal manera.

La sangre ahora adoraba su ropa como si de simple pintura se tratase. Aún arrodillado en el suelo se acercó al cuerpo de Hather y apartó con cuidado los mechones de pelo que cubrían su rostro. La colocó apoyando su cabeza sobre sus piernas e intentó tranquilizarla mientras la sangre brotaba a borbotones de su cuello. – Todo irá bien. – Repitió una y otra vez. – Todo irá bien. – Siguió repitiendo, pero incluso él sabía que eso ya no sería cierto.

Un par de lágrimas recorrieron sus mejillas al ver como Heather comenzaba a toser sangre hasta que finalmente dejaba de respirar. Aquello no llevó ni si quiera dos minutos, fue una muerte rápida, pero nada de indolora. Heather había sufrido más de lo incluso merecido por su crimen. Crimen que Tom no consideraba más que una mentira para poder salir de allí.

Con las manos cubiertas de sangre por intentar taponar la herida del cuello de Heather, Tom colocó el cuerpo de la mujer sobre el suelo, donde un charco de sangre se encargaba de recibirla con los brazos abiertos. - ¡Todo irá bien! – Sus ojos miraban sin ver, cegados por la ira. Quería vengarse. Quería que todo aquello no fuese más que un mal sueño, que en cualquier momento se despertaría mojado por el sudor en su cama en Hogwarts. Pero no, no era un sueño. Ni tampoco la peor pesadilla jamás imaginada. Era la realidad.

Una realidad con la que ahora tendría que vivir. Una culpa de la que jamás podría librarse. Todo por los caprichos de su hermana. Había intentando olvidar como era Ophelia, pero aquello le había demostrado que los recuerdos que aún guardaba en su mente eran ciertos. Había intentado pensar que simplemente su familia no era como él hubiese querido que fuese y olvidar todo lo malo que tenían. Pero O. le mostró que su familia era la peor jamás imaginada. Y ella, tan sólo la estúpida niña que precisaba de atención o montaría un drama.

No tuvo tiempo para levantarse, ni si quiera para comenzar a insultar a su hermana y abalanzarse sobre ella de manera impulsiva. Su mente estaba tan fuera de sí que no sabía qué hacer, tan sólo quería vengarse. Pero Axel quien, a diferencia de Tom, si tenía varita, fue más rápido. Haciendo que, por segunda vez, quedase inconsciente sobre el suelo de las mazmorras que ahora se encontraban manchadas por la sangre de Heather.

Ambos cuerpos quedaron al lado. El de Heather sin rastro alguno de vida. Y el de Thomas, profundamente dormido a causa de aquel encantamiento que le había dado de golpe, lo que maximizaría sus efectos y haría que, lo que podría durar un par de minutos, se convirtiera en más que un par de horas.

El elfo doméstico se encargó de transportar su cuerpo hasta su antiguo dormitorio y, durante horas, de vigilar que no se moviese. Habían pasado más de ocho horas cuando Thomas comenzó a moverse sobre la cama, pues debido al golpe certero de Axel el hechizo había durado más de lo normal. En ese momento el elfo lo ató nuevamente para que esta vez no pudiera golpear a nadie.

Ambos brazos quedaron colocados sobre su cabeza, donde fueron atados juntos para impedir que escapase del dormitorio. Las cosas estaban tan cual las había dejado a su marcha. Las fotos, los colores, los muebles… Parecía que el tiempo no había pasado en aquel lugar,  y eso fue lo primero que vio cuando sus ojos comenzaron a abrirse. Le costaba enfocar y ni hablemos del dolor de cabeza que tenía en aquel momento. Intentó moverse, incluso levantarse, pero las cuerdas se lo impedían.

Lorg salió en ese preciso instante del dormitorio, dejando la puerta abierta de par en par. – Maldito bicho, ¡Ven aquí ahora mismo! ¡No huyas! – Pero la voz de Thomas se quedó sola en el dormitorio cuando Lorg desapareció. La voz del elfo doméstico se oía mientras le explicaba a su ama que su hermano ya se había despertado y que no parecía estar de muy buen humor.

El hombre no sabía qué hora era. Ni cuanto había dormido. Y para ser cierto, no comprendía si lo que recordaba era cierto. ¿Había matado a Heather? Y, ¿Por qué narices le importaba que estuviese muerta esa estúpida sangre sucia? Se movió una vez más, tirando de las cuerdas, pero sin obtener ningún resultado. - ¡OPHELIA! – Bramó furioso tirando otra vez de las cuerdas. – Joder, serás gilipollas, suéltame ahora mismo. – Nada, que las cuerdas no se soltaban y lo de desaparecerse en aquel lugar resultaba ser imposible. – Maldita seas, ¿Es así como tratas a tu familia? – Pataleo, y volvió a patalear.

Lorg apareció nuevamente con una sonrisa radiante y entre dientes dejó escapar un par de palabras. – El amo ha vuelto a casa.
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O. Winslow el Vie Mar 20, 2015 7:23 pm

Todo llegaba a su fin, en este caso concreto, la vida de Heather y su matrimonio llegaba a su fin. Una historia con un desenlace inesperado y extraño, aunque en realidad hiciera años que planeaba acabar con la vida de esta mujer. Tantas veces había soñado con ello, tantas variables y diversas formas de ejecutarla habían pasado por mi cabeza, que no me creía que estuviera ocurriendo de verdad. En algunos momentos concretos por mi mente pasaba la fugaz idea de que sólo se trataba de un sueño, uno más de todos los que había tenido. Pero no, por suerte esto era más que real y los gritos de mi hermano por salvarla, la mirada de dolor de su mujer…esas pequeñas cosas solo me demostraban que era real. Puesto que en mis sueños no había tanta nitidez, y el placer no era tan grande.

Las palabras de Tom causaron un pequeño vacío en mi interior, rabia e indiferencia. ¿Cómo podía estar tan ciego? ¿Cómo podía seguir creyendo que se había ido con ella por su propia voluntad? ¿Tan idiota se había vuelto? Fuera como fuere sus palabras provocaron una punzada de dolor en mi interior, así como prendió la llama para querer acabar con su mujer lo antes posible. Pero todavía no había contado toda la historia, estaba seguro de ello.

Ignoré a mi hermano todo lo que pude hasta sacarle a Heather toda la información necesaria. Sorprendida me hallaba por la inteligencia de esta mujer para amarrar así a mi hermano. No sólo lo engaño siendo un adolescente, sino que seguía haciéndolo con total impunidad, alegando que era un tratamiento para su lesión. Se había aprovechado de su fama, de su apellido, y tenía la tremenda cara de intentar no revelar la verdad. La muerte era una pena leve para sus crímenes. Debería sufrir más, pero no tenía sentido, lo que me importaba era recuperar a mi hermano. Así que no dude en cortarle el cuello para poner fin a su vida.

Los gritos de Tom quedaron como un eco distante mientras besaba a Axel. No podía remediarlo, escuchar gritos de dolor y ver sangre provocaban en mí un efecto que ni el mayor afrodisiaco del mundo. Me atrevería a decir que no podía tener una cosa sin la otra. Aunque ambas se podían disfrutar por separado, su unión me reportaban tal placer que no podía evitarlo.  Nuestros labios se entrelazaban, quería más, sin embargo Axel parecía más formal de lo que pensaba.

- Si, bueno, no le vendría mal una dosis de realidad. Pero será mejor que duerma. – Dije levantándome y dejándole vía libre para que lo sumiera en un sueño profundo. Me senté en el butacón cuando él se levantó y cogí una galleta, comiendo distraída y observando el pintoresco cuadro que ante mí se formaba. – ¡Lrog! – Exclamé, un segundo después mi pequeño viejo elfo estaba junto a mí. – Lleva a Tom a su dormitorio, y déjalo bien atado. No vaya a soltarse y estropee nuestro plan. – Dije al elfo, guiñándole un ojo. El elfo sonrió como pudo, la imagen era un poco espeluznante. Pero no tardó en acercarse a Tom y desaparecer con él.

Mi rostro permaneció serio,  mirando el cadáver de mi cuñada mientras pensaba en lo que Axel decía, realmente sólo le dejaba hablar.  – ¿No pensarás que he dejado eso a la ligera? Desde luego no esperaré a que mi hermano despierte para encargarme de esa cosa. Una vez Tom esté bien atado en su cama, Lrog se llevará su cuerpo sin vida a las afueras de Londres. En concreto a un sitio que tuve el gusto de conocer en verano. Suele haber mucha gente dispuesta a apuñalarte si no les das tu cartera. Así los muggles pensarán que es un simple atraco que salió mal. – Le relaté un poco lo que tenía planeado. Aunque el mejor punto me lo reservaba, pues sólo tendría que contarle por encima lo ocurrido a mi padre y ya éste encontraría el modo de que quedara en un simple atraco muggle.  – Ya luego avisarán a Tom de la desgraciada muerte de su mujer y nadie podrá relacionarlo con nosotros. – Concluí, encogiéndome levemente de hombros.

Me levanté del butacón, quedando frente a él. En ese momento Lrog aparecía de nuevo en las mazmorras. – Lrog está listo, mi ama. La llevaré a donde me dijo. – Un simple asentimiento por mi parte y Lrog desapareció una vez más, esta vez con el cuerpo de Heather. El elfo tenía tantas ganas como yo de deshacerse de esa mujer.

- Vamos Axel, estará durmiendo durante horas. ¿Seguro que quieres volver a Hogsmeade? ¿No preferirías quedarte aquí y…? – No llegué a terminar la pregunta, simplemente deslicé mi mano por su pecho, descendiendo hasta llegar a su pantalón. – Bueno, no dejaría que te matara, me sentiría…¿mal? – pregunté después de unos segundos de silencio en busca de la palabra apropiada. – ¿Quién me salvaría el trasero cuando apareciera un ciempiés? – Pregunté con burla. Pocas veces se equivocaba el cuervo, y esta no era una de esas veces. Con el trabajo sucio hecho, nada podía retenerlo aquí. Además, lo mejor es que a solas asimilara lo que acababa de ocurrir, y yo tendría más calma para poder luego hablar con mi hermano. Si es que despertaba dentro de sus cabales. – Subamos al salón, en cuanto Lrog regrese te llevará a Hogsmeade. -  Le dije antes de darle un corto beso en los labios. Le debía demasiado como para no despedirme de algún modo.

Con el plato de galletas en mano me dirigí a la salida de las mazmorras, seguida de cerca por Axel. Apenas dos minutos más tarde estábamos en el salón, Lrog ya esperaba ahí. Era viejo, pero  muy rápido cuando quería.  

Las horas pasaron, horas que dediqué a pasar en mi dormitorio cambiándome de ropa y eligiendo un nuevo modelito, algo apropiado para recibir a mi hermano de nuevo. Hacía mucho que no me sentía tan nerviosa e insegura. Incluso había conseguido dormir media hora, muy poco tiempo, para que mentir. Por fortuna mis padres no habían aparecido por la mansión, estarían en algún evento para no variar.
En algún momento de la madrugada, me dirigía a la habitación de Tom a ver si continuaba durmiendo cuando Lrog me cortó el paso. – Ha despertado, mi ama. – Dijo el pequeño elfo con una extraña expresión en el rostro, entre nervioso y expectante. – Vayamos a ver si se le ha pasado la sobredosis. – Respondí a Lrog, siguiéndole hasta el cuarto de Tom. Que estaba despierto era un hecho, pues los gritos que profería se podían escuchar desde las mazmorras, y eso que estábamos en el segundo piso. Escuchar esa forma de hablar, ese tono nada empalagoso y sus quejas…era entrañable.

Lrog fue el primero en comprender que Tom había regresado, sin embargo yo guardaba un pequeño recelo. – ¿Ahora soy tu familia? Porque hace diez horas bien que me odiabas. – Fue mi respuesta, acercándome a su cama y mirándolo con seriedad. – Antes de soltarte. ¿Qué me puedes contar de tu esposa? – Una pregunta simple, pero que podría decir mucho. Se le notaba confuso, lo cual me daba una muy buena señal. Sin embargo, no podía arriesgarme demasiado, no soportaría que los efectos del filtro no se hubieran pasado y quisiera salir corriendo a buscar a esa asquerosa sangre sucia que ahora solo era comida para los gusanos.
O. Winslow
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O. WinslowInactivo

Invitado el Sáb Mar 21, 2015 12:44 pm

Todo le daba vueltas. Todo. El mundo parecía que giraba aún más rápido de lo que ya lo hacía por regla general y que su cuerpo hubiese perdido la costumbre a estar girando con los pies sobre la tierra. Quizá se debía a que sus pies no estaban precisamente apoyados, sino más bien tendidos sobre la cama en la que alguien lo había tirado. Sus manos, perfectamente atadas de manera que no tuviera oportunidad de zafarse de las cuerdas que le impedían realizar todo tipo de movimiento. Y ese penetrante dolor en la cabeza, como si de un clavo agujereando su cerebro se tratara. También estaba ese pitido clavado en su mente, como si de un vinilo en continua reproducción se tratara. Aquel pitido no le dejaba pensar y estaba haciendo que el mareo producido por, seguramente, un golpe, fuera a parar a un segundo plano.

No recordaba cómo había llegado hasta allí. Todo estaba borroso. Sus recuerdos de las últimas horas. Ni si quiera recordaba cómo había ido a parar allí. Intentó rememorar y lo último que tenía en mente era una pila de trabajos sobre las mandrágoras a medio corregir. No tenía ningún tipo de recuerdo más, pero los flashes comenzaban a llegar en forma de imágenes. Imágenes borrosas y entrecortadas que demostraban que algo había pasado. Que sí se habían sucedido los momentos para que llegase a aquella cama en… ¿Su dormitorio? Estaba en su casa, ¿Cómo no había podido darse cuenta antes? Pero no en su casa en la que llevaba residiendo los últimos ocho años. Sino aquella en la que había pasado su infancia y parte de su adolescencia. Pudo ver a lo lejos la marca en la pared con las diferentes líneas donde su madre apuntaba lo que crecía cada mes, como si así pudiera recordar cómo era su hijo el mes previo.

Pudo ver los posters que saludaban desde las paredes con los equipos de Quidditch que tanto le gustaban en aquel entonces. Las fotos de familia reposando y cargadas de polvo en las estanterías, los libros de Artes Oscuras a los que tanto se había aficionado durante sus últimos cursos… Una oleada de recuerdos pasados acompañó a los recuerdos previos a aquella noche. Cómo se sentaba en la tetería con Heather. La imagen de Axel haciendo preguntas sobre el temario de una forma que resultaba hasta ser cargante. Perseguir a Heather a través de las calles de Hogsmade. Y la oscuridad del sótano acompañado del cadáver sin vida de la mujer. Una risa femenina cargada con cierta locura acompañaba las imágenes, encargándose de este modo de dotarla de banda sonora propia muy acorde a todo lo que sucedía en sus recuerdos.

El hombre pataleó sobre la cama e intentó deshacerse de las cuerdas que se aferraban a sus manos impidiéndole todo tipo de movimiento. Pero no logró nada salvo hacerse aún más daño en las muñecas. Gritó insultando a todo ser que estuviese a su alrededor, especialmente al elfo doméstico que acababa de dejar la habitación y lo había dejado solo nuevamente en la habitación. Quería golpear al puñetero elfo por dejarle allí atado, sin explicaciones. Y atado. Estaba atado, en su propia casa. No tenía cabida en la mente humana, especialmente en una que aún se encontraba confusa por la serie de sucesos que habían sucedido en las últimas horas y en la pérdida de sentimientos que había sufrido tras recuperarse del filtro de amor que había estado tomando durante los últimos ocho años. - ¿Quieres cerrar esa puñetera bocaza y soltarme de una vez o estás esperando a que venga el subnormal de tu amiguito para hacerlo? – Bramó molesto ante el interrogante de su hermana.

Estaba furioso. Santo cielo, claro que lo estaba. Thomas había pasado de ser el adolescente fácil de prender a alguien sereno y tranquilo, por lo que llevaba ocho años perdidos de mala leche y malas contestaciones que debía comenzar desde ya sí quería ponerse al día rápidamente.

Odiaba a su hermana. Odiaba al bicho de orejas puntiagudas. Odiaba esa casa. Odiaba al niñato cuyo nombre ya ni recordaba que lo había inmovilizado. Odiaba a la zorra muerta. Odiaba Hogwarts y a todos sus alumnos. Joder, ¿Había algo que no odiara en ese preciso momento? Cada emoción salpicaba su mente de tal manera que lo mantenía aún más confuso y lo único que quería en aquel momento era liberarse de esas cuerdas e irse tranquilamente como si nada hubiese sucedido. Irónico cuanto menos. - ¿Qué está muerta? No sé, sí quieres hacemos una ouija y le preguntas cual era su puto color favorito para que esté feliz en su funeral. – Marcó la mayor ironía posible con cada palabra y luego volvió a intentar deshacerse de las cuerdas.

- Sé que han pasado muchos años Ophelia, y que precisamente no eres una niña inocente a quien le agrada la paz y la tranquilidad. Pero que utilices cuerdas en una cama con tu propio hermano no me da precisamente una buena imagen de lo que ahora eres. – Hizo una leve pausa y forzó una sonrisa de lo más sarcástica. - ¿O esperas que te cuente cómo me siento después de haber perdido ocho años de mi vida mientras tomas nota en tu sillón de cuero y me preguntas cómo me siento al respecto? – Intentó desatarse una vez más, pero resultaba, ciertamente, imposible.
Anonymous
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O. Winslow el Miér Abr 01, 2015 5:12 pm

Cientos de planes que había configurado, cientos de ideas que había desechado, tantas veces que había soñado con éste día. Por fin todo terminaba, por fin había llevado a cabo mi propósito. Heather había muerto, mi hermano era libre y podía volver a disfrutar de él como años atrás. Muchas bocas se callarían de ahora en adelante, ya nadie podría decir que sólo eran invenciones mías, que estaba completamente equivocada si creía que mi hermano estaba embrujado. Era el momento de demostrar que tenía razón, de hacer callar a mi padre y mi madre. Se terminaría oír hablar de mi hermano como la peste de la familia. Quizás algún día pudiera volver a la casa y ser todo como antes.

Pero esto último debía esperar, y durante mucho tiempo. Pues dudo mucho que acepten de la noche a la mañana dicho cambio, son muchos años creyendo que era un traidor a la sangre, que había traicionado a la familia. Quizás mi madre cediera antes, a fin de cuentas Tom siempre fue su ojito derecho. Pero mi padre….demasiado desilusionado ha estado siempre con él.

Una bofetada le di a Tom ante su pregunta. Nunca había tolerado que me hablaran así, y por mucho que quisiera a mi hermano, no iba a tolerar su forma de hablarme. – Cierra tú el pico, ¿Esperas que después de haberme golpeado en la mazmorra te deje a tus anchas, en una nube de plumas y con dulces alrededor? – Repliqué con rabia, llevándome la mano al vientre. Ocas cosas me habían afectado como ese golpe. Aunque fue peor el daño moral que el físico, pero eso él no tenía por qué comprenderlo.

Escuché sus palabras, mirándolo con seriedad y sin reflejar ninguna emoción. Su ironía era demasiado latente como para no comprenderlo. Aliviada me hallaba al comprobar que los efectos del filtro de amor iban pasándose. Volvía a ser igual de irritante y pedante, tal como ocho años atrás. Aunque con una excepción, no solía ser así conmigo. Podría dejarlo pasar, son muchos años siendo casi un eunuco, pero no iba a dejárselo pasar. – Un gracias no estaría de más. Después de todo lo que he hecho para librarte de esa asquerosa sangresucia, todo lo que he tenido que soportar… – Le dije negando con la cabeza. Manifiesto era que no me encontraba especialmente agradable ante la situación. Rabía comenzaba a acumularse por sus palabras, la empatía no era lo mío, no podía ponerme en su lugar para intentar comprenderlo, era demasiado egoísta para ello.

- Lrog, suéltalo. – Ordené al elfo, el cual hizo desaparecer las cuerdas con un chasquido. Cuán útil eran estos elfos, mi ejercito será invencible. – La imagen que tengas de mí ahora mismo no será la misma que en unos días, cuando dejes de tener rastros de filtro amoroso en tu organismo. – O eso quería pensar. – Deberías volver a Hogwarts, hacer como que no has salido del castillo. Puesto que en cualquier momento te llamará la policía muggle, cuando encuentren el cuerpo de tu asquerosa esposa. Deberían tomarlo todo como un ataque entre muggles, así que hazte el sorprendido o acabarás en Azkaban. – Le dije como debía actuar, si realmente el efecto se había pasado, me protegería en esta ocasión. – Toma tu varita – Se la entregué, en todo momento, desde que se había dormido, la había llevado conmigo.  

Tom volvía a ser un hombre libre y yo volvía a encontrarme feliz por verlo tal como era. A partir de ahora las cosas serían muy diferentes, se acabaron las miradas extrañas por no reconocerme como su hermana, se acabó su aptitud idiota frente a todo el mundo. Volvería a ser el mismo Tom que tanto admiraba, aunque por ver estaba si sería tal como lo recordaba o su cerebro había sufrido daños irreparables. Tener un hermano tonto no sería muy alentador, peor que haber tenido un sobrino mestizo. Benditos los dioses por no hacer de Tom el padre de un idiota mocoso. Eso hubiera sido demasiado traumático para mí. No podría mirar a la cara a un crío cuya madre me había hecho tanto daño.

A partir de ahora todo cambiaría, comenzaba una buena etapa en mi vida. Los planes de asesinato y las excursiones por Londres en su búsqueda habían llegado a su fin. ¿En qué invertiré ahora mi tiempo libre? Algo encontraría, o alguien. En este momento nada de eso importaba, el futuro no me preocupaba pues por fin volvía a tener a mi hermano conmigo.
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