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¿Qué precio pagarías por tu vida? (Abi Mcdowell)

Invitado el Jue Mar 12, 2015 8:35 pm

Siemplemente odio mi vida en estos momentos, hace tiempo que realicé un pedido al idiota del callejón...Se supone que tan sólo tenía que ir al lugar de donde procede la mercancía, obtenerla de la manera de que sea y luego volver para que yo pague y la reciba. Resulta que mi vendedor actual se ha jubilado y le ha dejado el negocio a su hijo...Un chico lleno de pecas y granos, que asco daba su apariencia...Eso no austaba ni a una mosca, pero esta tienda es de la mejores que hay y aunque el hijo sea un campo de granos, aguantas la respiración y te jodes.

En realidad no me voy a joder, tengo mi derecho como cliente a enfadarme, gritarle e incluso amenazar su asquerosa vida, seguro que si le mato nadie le echaría de menos. Ya venía de muy mal humor desde por la mañana, cuando tuve una reunión con los Jefes de Departamento con el Ministro...Casi mato al idiota que se hace pasar por Jesucristo, se pasó toda la puta reunión lanzando aviones de papel. Guardé la compostura pero cuando mi amigo Ben se marchó, agarré uno de ellos, lo aplasté haciendo una bola y se la tiré en plena frente. No debí seguir su juego pero no era plan de ponerme a gritar como una cuarentona cuya vida sexual es nula, menos mal que tengo una vida sexual plena y estoy orgullosa de ello.

Volviendo a mi situación principal, ya estaba apunto de matar al crío cuando el gilipollas de turno se dirigió a mi con la esperanza de que una mujer de carácter cayera a sus pies, lo más asqueroso de todo es que lleva años haciendo lo mismo...Y ha elegido un mal día para dirigirme la palabra... -Vaya Rebecca, que casualidad...¿Qué hace una mujer tan hermosa como tú enfadada? Aunque sigues siendo igual de bella cuando sacas tu lado malvado Me habló con aires de grandeza y de repente me tocó el culo con disimulo, aunque de disimulo nada...Me tocó con la mano abierta abarcando todo lo que podía...Esa fue la gota que colmó el vaso, me giré de repente y lo estampé contra la pared, amenazando con la punta de mi varita su cuello....-Ya me has hartado....un sólo movimiento más, y mi varita te atravesará la garganta Empecé a amenazarle, que asco de hombre...Odio ese tipo de hombres, a ver que excusa me pone para que le deje vivir..De todos modos lo voy a matar igualmente, tan sólo quiero que se haga ilusiones.
Anonymous
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Jue Mar 19, 2015 12:37 am

Necesitaba una cosa, una cosa tan prohibida que no podía ni nombrarlo en un post. Era algo tan difícil de encontrar que incluso, ni en Borgin and Burkes, fui capaz de encontrarla. Había empezado pensar que aquello no existía. Pero no, las leyendas no mienten y mucho menos si es algo que viene desde tan atrás. Algo tan poderoso... Tan increíblemente especial y único. En algún lugar debía de estar, esperando a ser encontrado por alguien.

A pesar de eso, decidí no buscarlas en las tiendas, pero si hacer un pequeño registro. Adoraba la planificación de ideas y lo cierto es que después de tanto chasco con este tema, necesitaba algo sólido a lo que agarrarme. En vista de que en Borgin and Burkes no había nada de mi interés, me dirigí a las otras tiendas del Callejón Knockturn. Ya había caído la noche, ya que por el día no me dejaba ver por esas calles. Tenía una reputación que mantener y cualquiera que se metiera en esas calles por conveniencia o gusto perdía puntos de reputación más facil que un Hufflepuff su orgullo.

Tenía dos tiendas en mente, pero no me hizo falta llegar a la segunda para encontrarme con una sorpresa. Nada más entrar en la primera me encontré con Rebecca, la cual estaba amenazando a un pobre hombre sallozo. ¿Acaso no son consciente de que mujeres como nosotras no estamos al nivel de personas como él? Es admirable su insistencia, pero se ha metido con la mujer equivocada, sin duda alguna. Aún me sorprende que siga vivo y esté toda su sangre salpicando la pared. Algo de agradecer, ya que odio la sangre y sería una imagen muy perturbadora y detonante para mi malestar interior.

Entré al interior tras mirar detrás de mí por si alguien me había seguido y/o me observaba, pero no había nadie por la zona. Una vz dentro, aparté de mi cabellera la capucha de una sencilla capa de tela negra. Estábamos en invierno, por lo que vestir con túnicas largas y abrigadas, típicas de la vestimenta de magos, estaba bien visto. Y a mí me venía de perlas para ocultar mi rostro y mi pelo, los cuales, ambos, son igual de memorables. Entré sigilosamente, hasta posicionarme detrás de ella, desabrochándome la túnica para dejarla caer sobre mi brazo, de tal manera que debajo de ella poseía un vestido negro informal, con algo de corsé, con unas medias negras y unos tacones cerrados.

- Rebecca. ¿Por qué le das falsas esperanzas? -Pregunté retóricamente detrás de ella, sorprendiéndola. Me puse de puntillas, colocando mi cabeza cerca de su hombro; de su oreja, por lo que mi mirada estaba fija en los ojos de pobre hombre-. Si vas a dárselas, por lo menos que se ilusione de verdad... Que su mirada brille de emoción y su corazón bombee tan rápido que a su mente no le de tiempo de asimilar la traición de tus actos. -Le susurré lentamente en el oído a mi mentora, preocupándome fervientemente de que el sujeto al que estaba amenazando también me escuchara.

Luego me hice hacia atrás y volví a apoyar mis tacones en el suelo, los cuales no eran tan altos como habitualmente. No me interesaba llamar la atención en el Callejón Knockturn. Allí no hay nadie interesante, sólo cosas potenciales.

Miré nuevamente a mi exmentora, ya que actualmente no tenía nada que enseñarme. Es más, actualmente yo misma ejercía de mentora. ¿Quién iba a decirlo? ¿Qué yo, Abi McDowell, tendría la paciencia suficiente como para soportarlo? Pues sí, tratar con Ministros de Magias y gilipollas varios en el Ministerio da sus resultados.

- Vamos. Ya sabe que no saldrá con vida de esta. -Rompí la emoción del momento; de la ilusión. Allí ya no había nada y cuando Rebecca se cabreaba, se cabreaba de verdad. Y yo lo sabía, que la conocía bastante bien.

Por mi parte, me gustaba jugar. Me había malacostumbrado a jugar con mis víctimas y eso era un mal hábito, pero no tenía a nadie que me dijera: “no juegues con la comida”, sino todo lo contrario. Juntándome con Caleb, Derek o Scott... Cada cual a peor, era imposible evitarlo.
Abigail T. McDowell
Imagen Personalizada : Zorra lo mires por donde lo mires
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Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
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Lealtad : Lord Voldemort
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Dom Mayo 03, 2015 7:50 pm

Yo pensaba que mi vida sería así de sencilla, el limitarme a tener una simple compra en mi lugar de siempre, esa típica tienda a la que le eres fiel desde tiempos inmemorables, esa tienda que tantas veces has visto cambiar de dueño y siempre te atienden con eficacia y rapidez, hasta que el siguiente linaje de la familia estropea todos esos años de buen servicio al público, ese linaje que me ha estropeado el pedido que le hice. Y si, todos sabemos que mi enfado bienes causado a parte por la reunión de gilipollas del Ministerio. 


Todos allí eran del mismo bando que yo, pero no entiendo cómo Voldemort podía tener a tanta chusma junta. Había gente que se salvaba, pero el resto...Sobretodo los hombres, excepto algunos contados con los dedos, el resto los metería en una cámara de gas como los alemanes a los judíos, pero yo no les daría una muerte instantánea...Yo los quemaría lentamente, que sufrieran, yo ya estaba libre de pecado y podría dormir bien por las noches. En mis 100 años, solo ha habido una cosa que me quitó el sueño, evidentemente se sabe de quien se trata, ese alguien que no me ha llamado ni nada...Que no se espere una tarjeta de felicitación por su cumpleaños, si se la doy que sea con una mierda pinchada en un palo.


Para rematar la faena, a la tienda llegó el pesado de turno. Lo estampé contra la pared y lo amenacé con mi varita, hasta que llegó Abi. Me preguntó el motivo de darle falsas esperanzas al idiota de turno, ya que ambas sabíamos, incluido él, que iba a morir de una manera...Un tanto indigna...Sonreí sin decir nada y me acerqué nuevamente al hombre, sin dejar de amenazarle con la varita. -Voy a ser buena...y dejaré que se lleve un bonito recuerdo al infierno... Le susurré al oído con voz mimosa dejando que me tocara un poco la cintura, evidentemente esta ropa iba a ser desinfectada cuando llegara a mi casa. Luego suavemente, marcando mis límites evidentemente...Le dejé que tocara algo de mi culo...Y una vez que el hombre se excitó, rápidamente le clavé las uñas en la mano y le pegué un buen rodillazo en la entrepierna, tan fuerte fue que lo tiré al suelo.


-¿Muerte rápida o lenta? Estoy por clavarle un tacón el el ojo...¿Qué dices Abi? Te dejo que me guíes. Sonreí mirando a mi sucesora y luego mirando al tipejo que estaba en el suelo, todo muy bien y bonito...Menos para él. Yo quería borrarlo de un plumazo por tantas veces que me ha estado siguiendo en modo baboso, pero supongo que hacerle sufrir un poco nunca está mal del todo.
Anonymous
InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Lun Mayo 04, 2015 3:47 am

¿Quién iba a decirme que iba a encontrarme con Rebecca en aquel lugar? No era ni lugar para mí y mucho menos para ella. En realidad, ninguna persona pensaría encontrarse a dos mujeres como nosotras en un local de mierda como lo era aquel. Pero en ocasiones, debíamos conseguir algunas cosas que sólo podían conseguirse en un sitio en particular. En aquel sitio.

Nada más entrar me la encontré amenazando a un tipo. Rebecca no era mujer de dar segundas oportunidades, mujer de la que lo aprendí. También era una mujer con una mente un tanto cerrada, por lo que si algo le molestaba, simplemente se libraba de ello. Daba igual si eso era fiel a su causa, si era fiel a ella o si era fiel a Lord Voldemort. Si a ella le molestaba algo, ella limpiaba el mundo de esa molestia. A mí me parecía un buen método de limpieza, por lo que en montón de ocasiones he adoptado su filosofía de vida.

No obstante, Rebecca ya no era mi maestra. Lo había sido y cierto era que nunca se dejan de aprender cosas, pero en aquellos momentos yo ya no la veía como alguien increíble a la que no poder igualar nunca. De hecho, actualmente me veía como una igual con ella. Así que me acerqué, diciéndole lo que realmente pensaba del destino de su víctima. Rebecca no tardó en darle cierta libertad al hombre, aunque no por mucho tiempo, ya que lo tumbó de un rodillazo al suelo. La idea de que le clavase el tacón en el ojo… ¿Por qué la gente siempre tiende más a por lo sangriento? Qué desagradable.

Ya sabes que no son fan de la idea del tacón en el ojo —dije distraídamente, acercándome a una estantería para coger una bola de cristal de tamaño reducido con la que jugué entre mis manos— Ya sabes que las cosas sangrientas carecen de interés para mí —añadí, por si no se acordaba. Habíamos intentado bastante veces que mi fobia por la sangre se acabase, pero no, no se acababa. Había mermado, de eso estaba segura, pero ni de coña era suficiente.

Me acerqué a Rebecca y me puse detrás de ella.

¿De verdad ese tío merece la pena de tu esfuerzo? Si quieres hacerle sufrir y no quieres esforzarse en él, mátalo lentamente —le dije, sacando mi varita del bolsillo y apuntando al hombre que estaba en el suelo. Conjuré un Imperio y el hombre se levantó lentamente. Le obligué a que se quitara la vida lentamente, por lo que el hombre se dirigió a la puerta y de un puñetazo rompió el cristal. Comenzó a saltar sobre los trozos grandes del suelo y luego cogió un puñado de cristales troceados, comiéndoselos.

Dejé de mirar, demasiados detalles para mí. Me di la vuelta dejando a aquel pobre a su suerte y guardándome la varita para acercarme al mostrador.

¿Y qué haces aquí? ¿Qué buscas? —estaba claro que si estabas en un lugar como ese era porque buscabas algo. Y me daba mucho interés saber el qué.
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

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