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No es cuestión de colores (Marlene)

Invitado el Vie Mar 27, 2015 5:54 am

Aquel parecía el último día en que habría un buen sol. Lo cual era sorprendente dadas las circunstancias y la época del año. En los recientes días el frío se le había metido bajo los huesos y había tenido que andar extremadamente abrigada. Pero cuando despertó, aun en su habitación, pudo sentir que el clima había cambiado. Uno de los problemas de que la Sala Común de Slytherin estuviese bajo tierra y a contacto directo con el lago, era que no podía asomarse a la ventana y ver cómo estaba el día. Para ser un nido de serpientes, habían ciertos problemas que le recordaban que si hubiese sido Ravenclaw no tendría. Aunque por supuesto, no se imaginaba calzado entre los voladores azules. En el fondo sabía que era una Slytherin, aunque las guerras de ese entonces y los atentados, la propaganda casi política que se estaba dando contra mestizos e hijos de muggles era totalmente desagradable y hacía ver peor a su Casa.

Después de ese pensamiento, se vistió y salió al Gran Comedor, pero en el camino se encontró con el resplandeciente día, aunque con un frío viento digno de otoño. En menos de un minuto, Emma se retiró guantes, gorro y bufanda, recibiendo a buen agrado el agradable ambiente. Por ello, tomó unos bocadillos que guardó en su maleta y se encaminó afuera. Para un buen día, había que aprovecharlo. Y casi de inmediato se encontró en el Campo de Quidditch, impresionante y casi aterrador. Sin pensarlo fue a los cambiadores y se puso su uniforme del equipo. Pero no encontró ni una escoba. Lo cual le resultó extraño. Sin pensarlo demasiado comenzó a buscar gente en el campo pero casi no había nadie, era aun temprano- Entonces... -susurró, más para si...

Y alcanzó a ver a todas las escobas apoyadas a un lado de los cambiadores, como si fuesen a llevarlas a reparación o limpieza. Pero justo ahí encontró una figura conocida...- ¿Marlene? -a pesar de ser miembro de la Casa de los leones, había realizado algunos trabajos con ella, sorprendiéndose que la chica de animada actitud y directa personalidad en realidad ocultaba una inteligencia admirable con quien se podía charlar. Los de su Casa consideraban a Marlene una molestia y no había momento en que señalaran el problema que era, pero Emma pensaba diferente... era una chica directa que era raro de encontrar, pero no era cruel o malvada, que era algo muy común en esos días, en realidad era animada y llena de energía. Al igual que con Black, le agradaba ese tipo de personalidad porque solían tener ideas alocadas y llenas de aventura. Y eso, inevitablemente, hacía que Emma considerara a Marlene como alguien agradable e interesante- Temo preguntar... Todas esas escobas y tú con ellas ¿Estas planeando algo o es pura casualidad encontrarte?
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Invitado el Lun Abr 06, 2015 10:17 am

No era extraño que todos los días al amanecer alguien viera a la rubia de Gryffindor corriendo por los exteriores del colegio en dirección al campo de quidditch. Marlene estaba completamente decidida a salir de la banca de su equipo y para hacerlo solo necesitaba dos cosas: una buena escoba y entrenar. Así que entrenaba casi todos los días al amanecer, con un clima frió o sin él ya que cuando a la leona se le metía algo a la cabeza lo cumplía a como diera lugar. Por eso después de un tiempo de entrenamiento creía estar lo suficientemente preparada para cumplir un buen rol como cazadora del equipo de Gryffindor. Pero entonces cuando una de las cosas resultaba estar cubierta, aparecía el otro pequeño problema. No tenía una escoba y las únicas que utilizaba eran las que podía tomar prestadas del colegio, pues su abuela era de lo mas tacaña como para prestarle un poco de dinero, ademas la déspota de los Mackinnon odiaba el quidditch ya que no lo consideraba un deporte para damas y no apoyaba a su nieta en nada que tuviera que ver con eso. Por eso, en un momento de desesperación, a la rubia se le había ocurrido la descabellada idea de robar algunas escobas del colegio para revenderlas en el mercado negro y así conseguir el dinero que le faltaba para comprar una buena “Todos los Slytherin tienen sus escobas propias, dudo que se enteren que falta una barredora” Se decía a si misma mientras seleccionaba las que estuvieran en estado medio y no fueran a ser extrañadas por ellos –Mamá, si me estas viendo donde quiera que estés, cierra los ojos- murmuró sintiendo solo un poco de culpa por lo que estaba haciendo. Pero tenía todo planeado, bueno… casi todo.

“¿Marlene?” –Mierda- murmuró por lo bajo al escuchar una voz, aunque una parte de ella se relajó al ver que la voz pertenecía a alguien que conocía – ¡Emma, Hola!- saludó con una octava mas fuerte de lo normal debido a haber sido atrapada con las manos en la masa, o mas bien, en las escobas. Soltó una risita leve y nerviosa en el momento que intentaba esconder inútilmente una de las escobas tras de su espalda y escuchaba la pregunta de su amiga – ¿Qué? ¿Las escobas? JAJAJÁ –siguió riendo de manera nerviosa y un poco exagerada- No, que va… nada, veras… Es una historia interesante- murmuró con palabras entrelazadas mientras en su mente intentaba pensar en alguna excusa. No se suponía que alguien llegara a esa hora al campo de quidditch, la leona había imaginado que iba a tener la libertad de hacer lo que quisiera hacer en aquel lugar con una ventaja de una hora como minimo y definitivamente no se imagino que se encontraría con una prefecta, la cual sabía que podía castigarle por mas amigas que ellas fueran. Momentos como aquel eran los que hacían que la rubia renegara aun mas por no poder decir mentiras, no entendía como, pero estas nunca lograban salir de su boca, era realmente mala cuando se trataba de cubrir sus fechorías –Estaba pensando robar algunas escobas para luego venderlas en el mercado negro y así poder comprar una Saeta de fuego- respondió al final guardando silencio por un segundo para luego soltar una carcajada que le restaba la seriedad a aquel asunto. Después de todo la sola idea de estar haciendo algo como aquello resultaba tan descabellada que seguro Emma no tardaría en pensar que se trataba de una broma.

-Por lo que veo también vienes a entrenar, ¿Quieres que lo hagamos juntas? - extendió una de las escobas que tenia a su alcance para entregársela a ella y luego caminó hasta el campo con la que había escondido tras de su propia espalda hace un momento – Ahh, Es un bonito día para volar – extendió uno de sus brazos y luego el otro estirando sus extremidades lo mas que podía para luego subir a su escoba –Te reto a dar una vuelta al lago, quien regrese de ultimo tendrá que darse un chapuzón en el y comprará las bebidas en nuestra próxima salida a Hogsmeade- sonrió esperando que con eso olvidara cualquier cosa y antes de que Emma pudiera responder se elevó del suelo y voló en dirección al lago sin darle la oportunidad de prepararse siquiera.
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Invitado el Lun Abr 06, 2015 8:42 pm

Emma soltó una carcajada poderosa al escuchar tan pintoresco saludo- ¿Mierda? ¿En serio? -preguntó, enmarcando una ceja, mientras se cruzaba de brazos. Nunca le habían dado tan curioso saludo, de seguro era la nueva moda entre los Gryffindor ¿No? Nótese el sarcasmo. O... era la forma en que Marlene se delataba por estar haciendo una travesura y no podía fingir inocencia aunque su vida dependiera de ello. La Slytherin se agachó para estar a la altura de su amiga y miró todas las escobas alrededor y le observó con diversión- Necesitas clases con Black para mentir. Porque destilas nervios -le confesó.

Al escuchar la brillante idea de la chica, ni siquiera dudó de que fuese verdad. Primero porque conocía bien a Marlene, segundo Gryffindor hacía tan fácil el quitarles punto que hasta le parecía injusto. Ni siquiera iban bien en la Copa de las Casas, Hufflepuff les había dado una paliza dejándolos en último lugar por muchos puntos ¿Cómo podía tener corazón para quitarles más? Además, si a Black no le había quitado unos ¿Por qué lo haría con Marlene? Lanzó una mirada a los alrededores y al ver que estaban solas, tomó su escoba, una de las barredoras que Marlene planeaba enviar al mercado negro- ¿Sabes? Los Vanity dicen que debes conseguir las cosas que quieres con tu propio esfuerzo. Esta escoba es mía, aun no tengo otra -admitió, siendo que realmente le importaba no perder su única herramienta de los partidos.

Aunque Slytherin había ido mal en el campeonato, si era sincera. Pero necesitaba una buena escoba si quería ganar el siguiente año. A este paso iba a tener que trabajar. Algo que no le molestaba para nada. Su familia podía ser muy estricta en ese sentido ¿Darle lo que necesitaba? Si, pero ¿Darle sus caprichos? Oh no... eso no. Y para ellos el Quidditch era un mero capricho, no veían que para Emma era algo muy importante. A menos que ganara su equipo el campeonato. Ahí verían que era importante.

Marlene la guió hacia el campo y respiró hondo. Eso le gustaba, se recogió el cabello, sintiendo la brisa matutina acariciarla que le llenó el espíritu- La próxima vez que quieras robar escobas, recuerda hacerlo un día nublado y no cuando en cualquier momento podría aparecer alguien queriendo entrenar. -le recomendó, con una sonrisa. Tal vez debían dejar de dar el título de prefecto a los buenos estudiantes y analizar mejor su moral. O como en el caso de Emma, su amoral.

Cuando vio a Marlene salir volando, ella también subió a su escoba y comenzó a perseguirla, inclinando el cuerpo sobre la escoba- ¡Pequeña corazón de escorpión! ¡Ven para acá! -pero soltó una carcajada mientras esquivaba los árboles hasta llegar al lago y darle alcance para estar a su altura y sacarle la lengua- ¡Trato hecho! Pero deberá ser algo mejor que simple cerveza! -y giró en espiral hasta llegar sobre la superficie del lago y volar cerca del mismo.
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Invitado el Sáb Jun 06, 2015 5:44 am

Elevó sus comisuras al ver a su amiga soltando tremenda carcajada, si algo le aliviaba era escuchar la risa de Emma, eso le indicaba que todo estaba bien en un mundo donde las cosas buenas eran escasas –¿Quién necesita clases para mentir cuando tengo mi maravilloso encanto?- preguntó mientras llevaba una mano a su cabello y lo apartaba de su hombro de manera exagerada –Mi encanto es la clave para librarme de los problemas, eso y tener cinco amigos prefectos- bromeó sacándole la lengua antes de escuchar su comentario sobre el honor y el esfuerzo que los Vanity, puso los ojos en blanco mientras jugueteaba con una escoba como si se aburriera de lo que estaba diciendo su amiga, estaba acostumbrada a escuchar discursos como aquel, entre Lily y ella se habían propuesto a darle discursos como aquel a la leona –Los Mckinnon amamos el cuento de Robin Hood, robar a los ricos para hacer felices a los pobres- extendió sus brazos en señal de que al hablar de “pobres” y “los Mckinnon” se refería solo a ella. –Así que deberías ponerle tu nombre a tu escoba, así con purpurina y escarcha para que la próxima vez no sea la que robe- bromeó sacándole la lengua antes de alejarse de ella con una clara ventaja.

Había tomado una de las mejores escobas que estaba reunida en la fila de las de los Slytherin, seguramente aquella sería la que tendría suerte de pertenecer a otro dueño en solo unos días. No pudo evitar soltar una carcajada sonora al escuchar a su amiga gritarle por haberse adelantado, Marlene podía llegar a ser un poco tramposa si se lo proponía –¡No me atraparas viva!- gritó sin mirar atrás mientras volaba a toda velocidad sobre el lago –¿¡Quien habló de cervezas?! – volvió a gritar mientras se inclinaba sobre la escoba para agilizar más su vuelo.

Cuando ya había pasado los límites del lago dio un giro muy cerrado que casi le costó una gran caída, para su suerte logró equilibrarse a tiempo sobre su escoba y así completar su retorno. Soltó un suspiro de alivio por haberse salvado y elevó sus comisuras en una enorme sonrisa antes de seguir con el vuelo, aún no había terminado, aún debía llegar al inicio para ganar, pero estaba cerca, estaba a punto de lograrlo – ¡Whisky de fuego aquí vamos!¡ Wooohooo!- gritó cuando la orilla se veía más cerca y elevó uno de sus brazos en el aire con emoción como si hubiera ganado la copa de la casa –Pe…pero que- Justo cuando estaba alcanzando el final del trayecto su escoba comenzó a tambalearse con brusquedad a tal punto que era difícil de controlar –¡Emma! ¡No hagas trampa! –se quejó mientras se aferraba con fuerza a la escoba que en una sacudida fuerte lanzó a la rubia al fondo del lago como una bola de cañón.

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