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When the sun goes down [Drake Ulrich]

Invitado el Lun Jun 22, 2015 9:14 pm

Alexandra me había cabreado hasta límites insospechados de esa manera que solo ella tiene para enervarme. Cada vez que hacía algo parecido a mi me daban ganas de quemar Roma de nuevo y mi parte más vampírica, animal y violenta salía a la luz.

Huí de la casa que compartíamos nada más ponerse el sol. A nadie allí le sorprendía que hiciera eso, pues lo hacía cada día, pero si se quedaron ligeramente petríficados al ver el humor que me acompañaba ya que iba destrozando todo aquello que caía en mis manos. La noche londinense era cálida y de algún modo eso consiguió enervarme aun más. No es que yo sintiese ese calor, pero ver a los humanos sudando y dejando su olor por donde pasaban no era algo agradable cuando una estaba intentando no cometer una masacre. Corrí y corrí en la noche, sin saber demasiado bien a donde iba. Atravesando bosques, ríos, caminos y pueblos enteros. Corría sin deternerme, sin que la gente supiera si quiera que era lo que acababa de pasar por su lado. Y al final, como un chiste del destino, acabé de nuevo en Londres, pero en una parte lo bastante alejada de casa como para que me sintiese cómoda.

El callejón Knockturn era un sitio oscuro y siniestro al que no tenía por costumbre acercarme cuando era húmana. Ahora que mi naturaleza había cambiado, el cuento era muy distinto. En aquel callejón, fuese de día o de noche, siempre había gente de la peor calaña. Si buscabas asesinos, magos oscuros, o gente perturbada casi tenías como garantía que allí encontrarías algo así, y puestos a desahogarse, qué mejor lugar que uno en el que probablemente haya alguien que se sirva a sí mismo a un vampiro en bandeja de plata? Dejé de correr al atravesar la entrada del callejón, y como otras veces, me di cuenta de que llamaba la atención de los viandantes. Yo parecía una muggle en aquel lugar. Aunque fuera un vampiro mi aspecto era el de una persona inocente que no debería estar allí. Aquello era un arma de doble filo pues llamaba mucho la atención pero también hacía que las personas más peligrosas del lugar se acercasen a mi a intentar venderme sus encantos. No pasó mucho tiempo hasta que una pareja vestida completamente de negro se acercó a mi diciéndome que podía venderme algo que acabaría con todas mis penas. No sabía que era exactamente lo que quería venderme, pero tampoco me importó demasiado. Acepté su invitación y me dijeron que los siguiera hasta un callejón apartado. Lo hice y cuando llegamos allí, se destaparon sus caras dejándome ver sus demacrados rostros. Eran jóvenes, sus corazones eran fuertes, pero su aspecto era deplorable y consumido. Intentaron apresarme, supongo que habría algo en el organismo que se vendía en aquel lugar, pero tras unos segundos en los que se sintieron triunfantes, pudieron ver que yo no era lo que ellos esperaban. Había conseguido mantener mis ojos oscuros durante toda nuestra charla, pero ahora la ira que sentía desde mi huída y el hambre que la alimentaba, emergieron dejando ver mi auténtica naturaleza.

Mis dientes rasgaron y mis manos arrancaron mientras yo bebía y bebía hasta quedar saciada. Cuando lo estuve, me empecé a martirizar los inertes cuerpos de la pareja solo por librar la adrenalina y rabia que me consumían. No quedaban pedazos demasiado grandes cuando acabé de desahogarme, solo un enorme charco de sangre y otros fluidos. Me dejé caer en el suelo a contemplar las estrellas, como si fuese un cadáver más. El único que había tenido la suerte de quedar entero.
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Drake Ulrich el Miér Jul 01, 2015 1:57 pm

Últimamente me había estado recreando en una misión en concreto. Era una misión dedicada a la búsqueda de un comercio dedicado al contrabando de criaturas mágicas no permitidas. Estaba claro que una misión del Ministerio, no de la Orden, por lo que como el Ministerio estaba tan mal organizado, me había tocado hacerla yo solo. Normalmente no suponía ningún problema con otro tipo de misiones, pero en concreto esta era en el Callejón Knockturn, un callejón al que no me gustaba ir a mí solo; mucho menos de noche.

Pero tenía que sacar esa valentía de Gryffindor que no tengo para poder cumplir con la misión, o por lo menos intentarlo. Me desaparecí de mi casa, ya que no estaban ni Fly ni Stella pues estaban ocupada en otras misiones, y me aparecí en el Caldero Chorreante. Iba a ir poco a poco, adentrándome como una persona normal para no llamar la atención de nadie si podía evitarlo. Me había vestido totalmente de negro para pasar todavía más desapercibido: una sudadera negra, unos pantalones vaqueros negros y unas all star negras que, teniendo en cuenta lo sucia que estaban, eran totalmente negras.

A priori, repito, A PRIORI, todo parecía ir normal. Es decir, habían personas que te observaban desde la más lúgubre oscuridad, pero al no ser una persona realmente diferente a todas las demás que había allí, no reparaban en venir a por mí para ningún tipo de trato. Continué caminando por todas las calles, silencioso y con la mano dentro de los bolsillos de mi sudadera, sujetando la varita tan fuerte como me lo permitía mi mano. ¿Miedo yo? JAJAJA. Pues sí. La verdad es que de poder calificar al Auror más cobarde de todos, probablemente era yo. No obstante, lejos de dejar mis obligaciones a un lado por mi cobardía, sacaba coraje de dónde sea para enfrentarla. El miedo, al fin y al cabo, no es malo si sabes cuál es tu límite; y estaba claro que yo nunca iba a huir de ningún lado por estar cagándome de miedo. Es más, ¿qué es una persona sin miedo? Alguien sin miedo no podría considerarse ni siquiera humano. Todos, absolutamente todos, por más pequeño que sea, siempre tendrá algún temor. Aunque está claro que cuando me crearon, se pasaron echándome temores a mí.

De repente, mientras caminaba por un callejón muy estrecho, me paré de golpe al escuchar un grito procedente del frente. No sabía exactamente en dónde había sido, ya que el eco de todas aquellas calles resonaba por todo Knockturn, pero supe identificar que venía de delante. Volví a ponerme en marcha, esta vez con la varita en alto. Seguí el ruido por todas las calles, caminando totalmente pegado a las paredes como si éstas fueran a protegerme de algo. Tardé algunos minutos en llegar a la calle que daba al callejón de dónde salían los perturbadores ruidos, ahora mucho más acallados. El silencio de Knockturn era revelador de cualquier tipo de cosa.

Me acerqué lentamente pegado a la pared a la intersección de ambos callejones. Cuando llegué a la esquina, respiré profundamente y noté como tenía el corazón en la garganta. Me asomé y…

...rápidamente volví a meter la cabeza en un lugar seguro, con los ojos como platos. ¿Qué acababan de ver mis ojos? ¿Aquello era un charco de sangre, verdad? ¿Y había una persona sentada sobre el charco? Un escalofrío me recorrió absolutamente todo el cuerpo y se me erizó la piel. Volví a asomarme lentamente, dando por hecho de que aquella persona no había reparado en mi presencia. Volví a esconder mi cabeza y pegué un pequeño salto de estrés. Se supone que estaba buscando un comercio de contrabando de animales, no un asesino al que le gusta bañarse en la sangre de sus enemigos. Me rasqué la cabeza con las dos manos y me despeiné varias veces para tranquilizarme. Era auror, maldita sea. Tenía que salir ahí y dar la cara como autoridad y defensor del mundo mágico. Salí con paso lento… es más, salí con paso tan lento que más que parecer un defensor del mundo mágico, parecía que yo era el que estaba siendo atacado por un ataque de inseguridad.

Apunté con la varita a la persona que identificaba en aquel lugar. Estaba bastante oscuro, por lo que además de ver el brillante suelo empapado de líquido rojo, no podía identificar nada… Caminé un paso hacia adelante y pisé algo. Miré al suelo, aparté mi zapato y… ERA UNA MANO.

Pegué un salto hacia atrás con las pulsaciones a punto de hacerme estallar el corazón. Me va a dar un infarto con tanto estrés y sustos.

¡Identifícate! —le exigí a aquella persona, consiguiendo que mi voz sonase seria. ¿Y si me voy corriendo? Yo creo que me dará tiempo de llegar al Caldero de un Sprint...
Drake Ulrich
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Invitado el Dom Jul 05, 2015 8:42 pm

Cuando mi carnicería terminó y me dejé caer, muchísimo más tranquila, en aquel charco de sangre y visceras que se había formado, la noche se me antojó de repente más silenciosa y amable. Se oían los ruidos normales, la gente haciendo sus vidas, moviéndose, respirando. Pero en aquel oscuro callejón, solo había muerte y estrellas y por irónico que fuese, matar era la única cosa que conseguía que me sintiese un poco más humana...más normal.

Me incorporé y me quedé allí en medio sentada como un indio mirando al cielo mientras la sangre inundaba mis piernas. Aquel día había elegido una falda de tablas y una camiseta blanca nadadora que me daba aspecto de colegiala en parte aunque fuese una convinación de negro y blanco respectivamente. Supongo que cubierta de sangre como estaba igual parecía salida de una película de institutos o hermandades de universidad sangrientos. Notaba el espeso líquido bañando mis muslos y mis pies y era en cierto modo agradable. Era bonito sentir el fluido que constituia la vida tan cerca de mi pero no sentir la necesidad de beberlo y consumirlo compulsivamente. No sé que tenía la sangre cuando ya no estaba en el cuerpo que hacía que los vampiros perdiesemos la mayor parte del interés por ella. Supongo que somos como los T-Rex, nos gusta cazar nuestra comida, forma parte de nuestra naturaleza.

Disfrutando como estaba de aquella fastuosa tranquilidad que me proporcionaba en aquel momento estar rodeada de piezas sueltas de cadáveres, pude percibir como había una segunda persona allí. No la veía, pero la olía. Podía oir su corazón. Mi subidón violento ya había pasado en gran parte pero a mi enfado aun le hacía falta un poco más de tiempo para curarse. Me quedé allí sentada, imperturbable, esperando a que ese individuo decidiese salir de su escondrijo o salir corriendo. Seguía mirando el cielo con tranquilidad cuando escuché y pude ver como lentamente, un hombre salía de detrás de una de las esquinas que formaba la entrada del callejón. Oí como se acercaba a mi y sonreí cuando saltó hacia atrás, probablemente tropezando con algún trozo de cuerpo que se cruzó en su camino. La voz de un hombre joven salió de entre los labios de aquel al que yo todavía no había mirado. En ese momento, bajé la cabeza del cielo y lo miré sonriente mientras en la oscuridad de la noche mis ojos se mantenían rojo intenso. De un salto y en menos tiempo de lo que conlleva un suspiro me puse de pie y me acerqué a él, poniéndome lo bastante cerca como para su varita acabase apuntando a la nada. Lo miré directamente a los ojos pero sin pararme en observarlo. Incliné la cabeza lentamente, como con curiosidad y en lo que me llevó sonreirle de nuevo, lo agarré de la mano con la que sujetaba la varita y lo empujé hasta la pared más cercana. Le cerré el paso antes de que se diera cuenta de lo que acababa de pasar y sonreí dejando que mis colmillos se viesen.

En aquel momento, una de las solitarias nubes que tapaba parcialmente la luna se apartó, haciendo que un rayo plateado nos diera de lleno, iluminando la situación. Lo tenía agarrado por las muñecas contra la pared. Había bastado un breve titubeo para que yo me decidiera a atacar. El chico había tenido la mala suerte de dirigirse a mi en uno de mis peores días. Aspiré aire lentamente. Quería captar perfectamente su olor, notar su calor y oir su corazón antes de terminar con todo ello. Pero hubo algo en todo ello que me desconcertó. Me resultaba tremendamente familiar.

Por primera vez desde que había entrado en aquel callejón, aparté la ira y el enfado que me habían llevado allí y observé con atención a la persona que tenía delante. Su corazón iba disparado. Era un chico apuesto, alto y en buena forma, con los ojos rasgados y unos labios que decían que tenía una bonita sonrisa cuando la dejaba ver. Cuando lo reconocí, fue mi corazón el que se disparó. O lo habría hecho de no estar completamente parado. Con todas aquellas emociones a flor de piel y toda la sangre ingerida, casi podía notar mi propio corazón aunque no fuese posible.

Le solté las manos y di un paso atrás. Me olvidé de mi aspecto y de por qué estaba allí. Lo miré con una de las miradas más extrañadas que había puesto en años. Sabía que esto podía pasar, pero en el fondo esperaba que hubiese tantas personas en el mundo que nunca llegaría a toparme con tal figura de mi pasado.- Drake?- pregunté casi en un susurró dejándole ya espacio para escapar. Ahora había sido yo la que había titubeado.
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Drake Ulrich el Dom Jul 05, 2015 11:19 pm

Miedo. Mucho miedo. ¿Cómo era posible que tuviera tanto miedo en aquella situación? Tenía más miedo por aquello que me había encontrado de pura casualidad que por mi cometido real de aquella noche. Aunque claro… para mi misión me había concienciado, para esto definitivamente no. La sangre nunca me había dado asco, es más, cuando veía sangre no tenía ningún efecto en mí, ni positivo ni negativo, pero ver TANTA sangre acompañada de cuerpos descompuestos por trocitos, pues hacía que en mi interior se fuera formando una reacción de puro temor irracional. No estaba acostumbrado a encontrarme con masacres como aquellas. Los magos normalmente (recalco lo de normalmente, pues hay magos con un arte increíble para torturar y despedazar personas al método más muggle) éramos limpios y de asesinatos pulcros. Coño, un Avada Kedavra. Yo como auror normal había visto muy pocas cosas como lo que tenía delante, por lo que en aquel momento me había quedado totalmente bloqueado. Histéricamente temeroso por lo que tenía delante. No sabía cómo reaccionar.

Me subió un subidón de adrenalina inesperado cuando la figura que estaba sentada en el charco de sangre movió la cabeza. ¿Por qué me sorprendí tanto? Porque tenía la esperanza de que estuviera durmiendo o también muerto. Pero no, parecía bastante vivo y, es más, parecía haberme escuchado perfectamente, pues clavó su mirada en mí. No veía absolutamente nada de su rostro, pero podía ver claramente su mirada.

No me dio tiempo a reaccionar. Aquel ser se colocó delante de mí en cuestión de milésimas de segundos y pude ver esos sangrientos ojos todavía más cerca de los míos. Los huevos se me pusieron como corbata y no me dio un infarto porque estoy sanísimo y mi corazón prefiere el riesgo y la adrenalina a pararse como dios manda y darme un respiro. Intenté reaccionar, pero al parecer nací de una tortuga a cámara lenta, ya que antes de poder ni siquiera hacer un movimiento, aquella chica (pues pude darme cuenta a través de la noche de su figura femenina) sujetó mi muñeca y me empujó hacia atrás, acorralándome contra la pared. Me estresé en un intento inútil de liberarme de aquella chica. ¿Y mi fuerza, a dónde se ha ido? O peor… ¿Con qué narices estoy lidiando que hace que mis cinco días de gimnasio a la semana no sirvan para absolutamente nada?

Cogí aire justo cuando mi espalda chocó contra la pared y, cuando abrí los ojos, allí vi la respuesta a mi propia pregunta mental. ¿Un vampiro? Bueno, una vampiresa. Debía de estar de coña. ¿De verdad que tengo tan mala suerte de encontrarme con una vampiresa hambrienta el único día que me da por meterme en Knockturn? Mi corazón latía tan rápido que me molestaba. Notaba el bombeo en mi sien y era todavía más desesperante. Si al final Fly va a tener razón y sólo soy un Hufflepuff INÚTIL. Porque para que me pase esto, no hay otra palabra en el diccionario. Mi varita estaba inútil en el suelo, ya que del golpe había sido tan INÚTIL de soltarla sin querer, y mi fuerza física brillaba por su ausencia. Iba a morir. ¿Me dolería? Debería partirme el cuello y ahorrarme el sufrimiento.

Pero antes de poder razonar todavía más cómo podría ser mi muerte, fue cuando un atisbo de luz de coló por el callejón. Mis ojos se abrieron como platos. Sería un cafre para los nombres, pero nunca para las caras. Podría haberme costado reconocerla después de los años y detrás de esos ojos, esos colmillos y los restos de sangre, pero estaba claro que una buena amistad nunca se olvida. ¿Sentía alivio al ver su rostro? ¿Sorpresa? ¿Más miedo todavía por el hecho de que Emily fuera una vampiresa? Aflojó mis muñecas y retrocedió. Yo estaba aún con esa mirada incrédula y el corazón a mil. Estaba aliviado porque me hubiera reconocido, claro. No sabía hacía cuánto era vampiresa, lo que lo controlaba o lo que podría haber cambiado, pero el hecho de que me hubiera conocido era lo que me hacía estar vivo justo en este momento. Quizás me mataba dentro de tres segundos, pero lo importante ahora mismo era el presente.

No me había movido. NI ME IBA A MOVER. Eso sí, miré de reojo el lugar en dónde había caído mi varita, para luego volver a posar la mirada sobre Emily. Estaba empapada totalmente en sangre y tenía una vestimenta que le hacía parecer una colegiala. Estaba despeinada, con la ropa sucia y ensangrentada y por desgracia no sabía qué estaría pasándole por su mente. Bueno, peor… ¿Qué narices estaba pasando por mi mente? ¿QUÉ DEBO DECIRLE? “¿Siento haberte interrumpido la cena?”, “¿Tenemos que ponernos AL DÍA?”, “Hey. Cuánto tiempo, ¿no?”, “¿Voy a ser tu postre?”. Me parecían preguntas muy poco apropiadas.

—No, no dije nada a pesar de abrir la boca para intentarlo. Hice una pausa para ponerme sereno y recobrar la compostura que había perdido en el momento en el que dejé mi hombría fuera de este callejón— Sí, soy yo, Drake… —carraspeé para hacer que el nudo de la incomodidad que se me había formado en el cuello bajase, ya que casi no me sale la voz— ¿Estás bien, Emily? —No sabía si era una pregunta por saber por su estado en aquel momento en dónde parecía destrozada (a simple vista, claro) o por saber si estaba bien y no tenía la necesidad de comerme o destrozarme a mí también.

No dije nada. Llamadme poco comunicativo, pero hasta no sentirme seguro no sabía ni si debía moverme.
Drake Ulrich
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Drake UlrichInactivo

Invitado el Mar Jul 07, 2015 12:00 am

Aquello no me podía estar pasando a mi. No me podía estar pasando a mi y punto. "Em, respira" oí decir a esa voz tranquilizadora en mi cabeza que siempre acudía en los momentos de más necesidad. Era voz de mi madre que siempre me hacía entrar en razón, pero tras reconocer a Drake, tras ver su cara a pocos centímetros de la mia, incluso aquella voz tan familiar me sentaba como una bofetada fuerte en la cara. Con un bofetón elegante recien salidito del horno del pasado.

Drake era como una sombra para mi. Un fantasma. Se me quedaba muy lejos el tiempo en el que en Hogwarts compartíamos sala común o hablabamos con Mel o... hacíamos cualquier maldita cosa. Ahora era lejano y hasta estúpido. Era raro que algo tan puro, sacado de ese tiempo tan maravilloso todavía siguiese existiendo en el presente que se había convertido para mi en el infierno, o en su versión más parecía que no contase con llamas infinitas. Había estado a punto de atacarle, o lo que es peor, había estado apunto de matarlo a sangre fria y comérmelo mientras me regocijaba en mi misma. A mi propio amigo! Me habría comido a algún otro amigo sin saberlo? Tanto me cegaba mi ira? Lo único que se me ocurrió decirle, o más bien preguntarle, era si efectivamente era él. Su cara de sorpresa debía ser equivalente a la mia y por unos segundos nadie dijo nada.

Cuando por fin habló a mi ya habían empezado a temblarme las piernas. Las consecuencias de lo que acababa de pasar podían ser terribles, podría tener que matarlo para que no me delatase, o borrarle la memoria. En cualquier caso, volvería a perder a mi amigo. Ni siquiera sabía si él había conocido mi destino, o al menos el destino oficial que se dió. No sabía si había ido a visitar mi tumba que ya no estaba sola pues sus guardianes habían perecido cuidándola. Había vivido lejos, en un burbuja de odio y sangre, rodeada de muerte y ahora la vida que no había querido perder o estropear volvía a mi en forma de puñetazo metafórico. Y mientras tanto, el muy cabrón me preguntaba si estaba bien, a lo que no pude más que echarme a reir. -No me puedo quejar- dije intentando aguantar la risa mientras encogía los hombros. Lo miré con una sonrisa, que debía hacer que mi aspecto fuese todavía más siniestro aunque mis ojos poco a poco recuperaban su color humano gracias a mi fuerza de voluntad.- Me resulta divertido que me preguntes si estoy bien despues de ver...-dije abarcando el callejón con las manos- esto. Mi gran obra magna- dije con sarcasmo. Hice una pausa y lo miré a los ojos aprovechando que el tenúe rayo de luz de luna aun nos iluminaba- Tú estás bien?- pregunté más tranquila y preocupada por si de verdad ya le había hecho daño antes de tiempo.

Saqué mi varita y atraje la suya hacia mis manos. Cuando la tuve, se la tendí para que la cogiera, como un símbolo de paz. Mi manera de contestar a la pregunta que se estaría haciendo de si iba a hacerle daño. Esperaba no tener que hacerlo, la verdad...

Tenía tantas preguntas que hacerle de repente. Ahora que sabía que era él, quería abrazarlo, achucharlo como había hecho hacía tanto tiempo. Quería recuperar su amistad, pero...era eso posible? Al fin y al cabo, había estado a punto de comermelo hacia dos minutos, esa no es una de esas cosas que unen a la gente...Viendo que probablemente mi atuendo asustase un poco, tras devolverle su varita, me apunté a mi misma con la mía. Con un agitamiento, la sangre desapareció y mi ropa se transformó en unos vaqueros y una camiseta con un enorme gato negro. Quizás así las cosas fuesen menos tensas.
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Drake Ulrich el Miér Jul 08, 2015 1:41 pm

A ver, no íbamos a entrar ahora en debates de qué era lo más lógico preguntar en una situación así, porque NINGUNA persona que hubiera pasado por el mismo pánico que yo sería capaz de decirme ninguna opción mejor. Es decir, ahora que lo pienso fríamente con tiempo tras unos segundos de aire fresco, pues vale, quizás preguntarle que qué tal estaba no había sido la mejor idea. Pero es que casi muero. Casi muero. No estaba preparado para elegir entre varias preguntas porque, obviamente, aún estaba traumatizado con mi casi muerte. Que llevo una racha de muertes en mi vida muy dura, joder, la muerte para mí ahora es algo serio.

El hecho de que se alejara de mí, me relajó. ¡Hombre, como no! Un vampiro entre más lejos, ¡mejor! Pero el hecho de que se riera, si que me dio una visión totalmente distinta de la situación. Ahora ya no la veía como una amenaza mortal, sino como una amenaza mortal divertida y las cosas divertidas, de toda la vida del señor, no son mortalmente peligrosas. Suspiré tras aquello y observé su “obra magna”, como ella lo había llamado. No la observé mucho. No quería ver nada raro y, como consecuencia, potar por los nervios y el asco.

¿Yo estaba bien? Había que pensárselo. No sabía cómo estaba. Realmente ahora mismo estaba en un estado catatónico de pausamiento cerebral en dónde sólo podía observar a Emily y preguntarme a mí mismo que clase de mal amigo de mierda soy que no la he llamado ni una vez en ocho años. Normal que quiera matarme por mal amigo. Me había asustado tanto que mi mente, como autodefensa, desvió el tema importante.

Ahora sí —contesté a su pregunta, consciente de que si no me mee del susto encima es porque del calor que hace me deshidrato solo— Pero creo que mis huevos aún están aquí encima… —me permití bromear, señalándome la garganta. Seguro que Emily se acordaba de lo cobarde que he sido siempre, sobre todo con ella en muchas ocasiones. Yo siendo prefecto y caminando por los oscuros pasillos de Hogwarts más acojonado que una rata. Y ella, tan campante, cual Heidi.

Ya no quería terminar la misión que tenía para esta noche. Mi umbral de asustamiento había sido sobrepasado y necesitaba descansar para reponerlo. Pero bueno, debía de darle al play. Era Emily, joder, Emily. No creía que quisiera matarme. Y el gesto de que me devolviera la varita, me hizo corroborar de que así era. Así mismo, con su propia varita se quitó la ropa aquella y se limpió parte de la sangre, algo que agradecí profundamente.

Creo que hubiera preferido que nuestro encuentro no rozase lo épico y hubiera sido mucho más casual. Quién sabe, ¿tomando un copa en el Caldero Chorreante? Habría sido menos impactante y más saludable para mi corazón —dije, aludiendo al hecho de que nuestro reencuentro debía de haber sido épico de emocionante, no épico de querer cagarme de miedo. ¿Qué debía de hacer ahora? ¿Arrestarla por alteración del orden público? ¿Por ASESINATO? Si metía a una vampiresa en Azkaban podría pudrirse allí eternamente y no creo que San Mungo esté dispuesto a pasarnos bolsitas de sangre para alimentar a un preso—. ¿Estoy a salvo, verdad? ¿No vas a matarme porque después de tantos años aún sigues queriéndome verdad?  —pregunté por si las moscas, guardándome la varita lentamente, ya que todos mis movimientos eran lentos y pausados. Además, seguro que recordaba que tenía un mono, seguro que huelo a mono y no soy nada apetecible—. Es broma —NO LO ERA, pero no quería quedar de paranoico— Me alegro de verte, aunque mi rostro demuestre TOTALMENTE lo contrario —eso sí era verdad, por lo que me molesté en curvar una sonrisa, dejando de lado MOMENTÁNEAMENTE el tema de que hubiera dos cadáveres inocentes ahí detrás de ella. Cadáveres o resto de cadáveres, lo importante es que habían dos muertos, estuvieran enteros o no—. ¿Hace cuánto que… te convertiste? —pregunté con muchísima curiosidad, ya que era básicamente lo que más me había sorprendido. No sólo ver a un vampiro, que, QUE YO RECUERDE, nunca antes me había encontrado con uno, sino encima que esa persona sea precisamente Emily.
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Drake UlrichInactivo

Invitado el Miér Jul 22, 2015 11:16 pm

A pesar de lo oscuro de la situación, a pesar de los cadáveres y la muerte que en aquel momento nos rodeaban...llevaba dos minutos con Drake y a pesar de haber intentado matarlo ya me estaba haciendo sonreir. Siempre había sido una de sus mejores cualidades, era un cobarde, siempre lo había sido, pero en ocasiones era capaz de dejar a un enemigo pasmado con un par de bromas o salidas de tono. Yo misma lo había visto en múltiples ocasiones cuando estudiábamos y también había visto muchas más cosas de las que probablemente él no tenía ni idea a pesar de haberlas presenciado. Intenté relajar el ambiente devolviéndole la varita y cambiando mi ropa de manera que apenas me quedaba sangre solo en las manos y en ciertos lugares de la cara que generalmente tapaba el pelo.

Sonreí con ganas y cierta ternura cuando me contestó a si estaba bien. Lo escuché hablar asintiendo con la cabeza a lo de tomar algo en vez en encontrarse en pleno campo de minas vampírico- Un buen arranque al corazón de vez en cuando previene infartos- dije en broma. Por lo que percibía de él estaba bastante sano, tenía un olor delicioso que habría sido letal para él momentos antes cuando la ira me dominaba. Quizás en ese momento no me hubiese parado a reconocerlo y la historia hubiese terminado de otra manera. Su pregunta, que dijo ser en broma, me hizo mantener la sonrisa. No me preguntaban muy amenudo si tenía intención de matar a alguien o si aun lo quería. Eran dos preguntas que no escuchaba desde hacia mucho...bueno, la primera directamente no la había escuchado.- Claro que estás a salvo- dije con cierta mirada de resignación pero con una sonrisa. Yo era un enemigo, un peligro, pero no para él. No esa noche.

Sonreí cuando me dijo que se alegraba de verme y asentí a modo respuesta. Yo también me alegraba de verlo a él, no lo iba a negar, pero una parte de mi habría preferido que hubiese seguido siendo un recuerdo. Siendo un fantasma no podía hacerle daño, no podía perder el control cerca de él y eso lo protegía. Pero ahora...era demasiado fácil no borrarle la memoria y recuperar a mi amigo a pesar de los riesgos.

La pregunta del millón no tardó en llegar. Desde cuando era yo como era? Desde lo que parecían ser siglos y en realidad solo eran 7 años- Desde que salí de Hogwarts...no tenias ni idea de lo en peligro que estabas mientras estudiabas- dije riéndome ligeramente. Era un recuerdo doloroso empañado de un montón de recuerdos alegres. Alexandra tenía un don para controlar la mente de los demás, y lo explotaba siempre que podía. Yo no había heredado eso de ella, o quizás era algo que se conseguía con el paso del tiempo, pero lo que siempre me había preguntado es porque no uso ese don suyo conmigo. Yo recordaba cada detalle, cada tortura y cada frase mal intencionada que había presenciado y me había inflingido, pero el resto...no tenían ni idea de nada, y quizás fuese mejor así.- Quieres que te cuente mi triste historia? -dije medio en broma medio en serio pero aun con una sonrisa. Esa estúpida sonrisa que se había plantado en mi cara desde que reconocí a mi amigo.- Tengo ganas de abrazarte desde que te reconocí, quiero que lo sepas, pero no lo haré porque seguramente tengas miedo de que te haga daño o de que huela a...no sé, a que huela mal.- dije con sinceridad- Qué ha sido de ti en todo este tiempo?- pregunté mirándole con la cabeza ladeada y con curiosidad. Una ráfaga de viento me trajo una brizna más fuerte de su olor y pude oler un animal, un mono. Aun tenía a Poi! Sonreí inconscientemente pero mirándolo a los ojos con cierta ilusión- Aun tienes al mono, verdad?- dije con una sonrisa de oreja a oreja.
Anonymous
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Drake Ulrich el Jue Jul 23, 2015 11:08 pm

Me tranquilicé. Bueno, hablemos con propiedad: “Me tranquilicé”, entre comillas bien recalcadas. Aún tenía el corazón a mil por horas y el susto metido en el cuerpo, no obstante, ahora por lo menos sabía que no iba a morir, por lo menos no por ella. Tenía un cúmulo de sentimientos encontrados que no sabía exactamente cómo podría definirlos. ¿Miedo? Siempre tengo miedo. ¿Euforia? Sí, estaba eufóricamente callado porque no sabía qué decir. ¿Emocionado? Demasiado. Quizás este sentimiento era el que menos se me notaba, ya que los otros dos estaban mucho más presentes, pero ¿ver a Emily después de tanto tiempo? Despertaba emoción en mí sin duda alguna.

Voy a estar curado de espanto con los infartos entonces —contesté, mirándola con un gesto mucho más tranquilo. Mi gesto normal y no mi gesto de: “me he cagado encima de miedo”.

Entonces me separé de la pared y me puse como una persona normal, aguantando mi propio peso y acortando un poco la distancia que tenía con Emily. ¿Íbamos a dejar pasar el hecho de que habían dos cadáveres muertos ahí detrás de ella? Bueno, “dos cadáveres”, realmente podríamos decir que habían trozos de personas por ahí tirados, a lo mejor si uníamos las partes no llegábamos a los dos cadáveres. Era un poco incómodo pensar en ese hecho y a la vez pensar en el hecho de que tenía a Emily delante de mí sin querer comerme. Pero bueno, como un buen auror y amigo, dejaré de lado el hecho de que hay muerte y destrucción ahí detrás. Por una parte porque no quería dar explicaciones y segundo porque sacar ese tema podría ser un poco incómodo.

¿Pero te convirtieron en Hogwarts? —pregunté casi atónito, ya que dijo lo del peligro. ¿Qué clase de cosas pasan por la cabeza de Dumbledore como para meter a un vampiro en Hogwarts? Eso se nota y tal. No pueden salir a luz del sol. Me preguntó que si quería saber su historia y la miré con evidencia—. ¡Claro que sí! Es decir, no malinterpretes mi emoción porque seas una vampiresa y eso sea guay… ¡Que no! —fruncí el ceño— Es decir… No te ofendas, tampoco es que ser vampiresa sea… —A ver, ¿qué voy a decir ahora? Me puse nervioso y una gotita de sudor me cayó por la frente. Me la quité y sonreí—. Olvídalo. Pero te daba por perdida, claro que quiero saber lo que ha pasado.

Entonces me quedé totalmente perdido. Me sentí incluso mal. Ella confesándome que quería abrazarme y yo atemorizado por si me hincaba el diente. ¿Qué clase de amigo soy? Claro que yo también quería abrazarla. Si la llego  a ver en otra situación lo primero que hubiera hecho sería tirarme a sus brazos y abrazar a mi amiga. Pero bueno, aún tenía remedio.

¿Cómo vas a olerme mal? —pregunté, armándome de valor a pesar del miedo que aún me recorría y acercándome a ella para darle un abrazo. ¿Estaba actuando paranóicamente o era lógico tener miedo de una vampiresa y a la vez querer abrazarla? Necesito un té—. ¡Claro que tengo al mono! —contesté al separarme— Si no fuera por las canas que le están saliendo y sus pocas ganas de levantar faldas, diría que es un animago —le contesté, contento porque se acordara de mi mono—. ¿Y qué voy a decirte de mí? Terminé siendo Auror después del cuarto examen, probablemente ya sabes por qué tardé tanto en sacármelo… —dije eso, aludiendo al miedo que suele darme cuando voy solo a hacer misiones como esta y me encuentro con situaciones peores—. Y te contaría todo, absolutamente todo lo que quieras saber y me gustaría preguntarte mucho, muuuucho de lo que me gustaría saber. ¿Pero sabes qué? Me perturba lo que está ahí en ese callejón y por muy auror que sea no me veo cómodo tratando con eso yo solo —me sinceré, porque obviamente no estaba actuando como debería actuar. Lo normal sería arrestar al culpable pero yo no iba a arrestar a Emily POR COMER. COMER ES ALGO BÁSICO EN LA VIDA DE TODO SER VIVO. SE LLAMA CADENA ALIMENTICIA. O por lo menos eso me quería hacer pensar—. Así que preferiría trasladar nuestro encuentro a.. no sé, ¿el Caldero Chorreante? —pregunté, esperando que no le importase. Pero imagínate que aparece un compañero o algo y ve que estoy tranquilamente hablando con mi antigua amiga mientras eso está ahí detrás.
Drake Ulrich
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Invitado el Jue Ago 06, 2015 12:16 am

Pensándolo friamente, en qué demonios estaba pensando? Me encontraba allí, enfadada y cargada de rabia, rodeada de piezas sueltas de cadáveres que yo misma había desmembrado y aparecía Drake y era como en el colegio, que daba igual lo que acabase de pasar porque él me arrancaba una sonrisa. Supongo que eso era lo que lo había convertido tan rápidamente en mi mejor amigo cuando lo conocí. Pero en las circunstancias en las que estábamos eso solo lo metía en un aprieto mayor puesto que a parte de ser yo un vampiro que fácilmente podía hacerle lo mismo que a las dos personas anteriores que se habían cruzado en mi camino, el era auror por lo que contaba, así que el conflicto de intereses y emociones estaba más que patente. Y aun así, allí estaba yo, riéndole inevitablemente las gracias como antaño y el soltándome chistes para aliviar la tensión.

Después del susto inicial y de haberle devuelto la varita y cambiado mi ropa, pareció relajarse un poco. Se separó de la pared que había sido su apoyo hasta el momento y se atrevió a hacerme esa pregunta que a todo vampiro le hacen en alguna ocasión. La fecha de mi transformación estaba muy reciente en mi cabeza y jamás podría olvidarla, pero al decirle a él que fue nada más salir de Hogwarts, el trauma que podía acarrear para él podría llegar a ser aun peor. Sonreí a su incomodidad ante lo que parecía ser una situación de "no se como afrontar que mi amiga sea un no-muerto". Supongo que es algo para lo que nunca preparan a nadie, pero yo me limité a sonreír de nuevo, olvidando la sangre y la muerte y sintiéndome cada vez más tranquila a pesar del escenario que nos rodeaba.- Fue justo después de mi graduación- dije encogiéndome de hombros.- Dumbledore le da oportunidades a gente que ni te imaginas y la persona que me transformó sabía perfectamente como jugar sus cartas- Dije con sinceridad. Siempre me había preguntado como había hecho para engañar al director, uno de los mejores magos del mundo...Supongo que porque la magia de Alexandra era diferente a la de cualquier mago, más oscura incluso que la de ese tal Lord Voldemort del que la gente hablaba. Dudaba de si decirle o no a Drake cual de sus profesores lo había encerrado un día en su despacho, lo había torturado solo por diversión y finalmente le había borrado la memoria. Aunque si le contaba eso también tendría que contarle como había reaccionado él y esa anécdota era algo que no conocía pero que hacía que yo lo quisiese un poco más aun.- Siempre me tuvo vigilada, supongo que le gustaba o algo...Me persiguió durante los 2 últimos cursos, haciendo de mi vida un auténtico infierno, y cuando me cansé y quise ponerle fin de la única manera que se me ocurrió...Ella me...salvó, supongo. El peor favor que nadie me ha hecho nunca- dije con una sonrisa triste- Creo que hasta hay una lápida con mi nombre en algún sitio- dije intentando no mirarlo directamente.

Para cambiar de tema rápidamente y no dejar que viese llorar a un vampiro, lo cual es una de las cosas más gores que te puedes imaginar porque lo que se come se cria, me sinceré con él confesándole que me estaba muriendo de ganas por darle un abrazo. No dije nada cuando se acercó a mi y sus brazos me rodearon con cariño. Su cuerpo estaba más caliente que ningún otro que me hubiese tocado así en los últimos años y era muy extraño pero agradable. Yo debía estar helada para él... Sonreí con la barbilla apoyada en su hombro hasta que nos separamos y fue entonces cuando le pregunté por él y por su mono. Su respuesta hizo que esas lágrimas que antes buscaban salir desapareciesen ya del todo y su proposición de irnos a otro lado me devolvió a la realidad por un momento.- Oh, Dios, lo siento mucho. Yo hablando aquí tan tranquila y tú viendo semejante espectáculo- agité la varita y una especie de velo cubrió los cuerpos descuartizados haciendo que el callejón pareciese vacio, solo para hacerlo más cómodo.- El caldero chorreante me parece una gran elección- dije con una sonrisa y dando un par de pasos en la dirección correcta esperando que él me siguiera.

- Así que auror, eh?- dije mientras caminábamos- La verdad es que te pega mucho serlo, siempre fuiste un buenazo- dije con cariño- Alguien que yo conozca trabaja contigo? Sabes como están todos?- pregunté por el grupo de gente con el que más o menos nos movíamos los dos en Hogwarts. Había visto a Esther en una fiesta, de refilón, ella me había reconocido pero no había vuelto a saber más del tema. Quizás Drake pudiera arrojar algo de luz sobre él. Además...nadie me hacia preguntas sobre mi, no gente con la que yo me sintiese cómoda hablando, así que también me intrigaba saber que quería preguntarme.

A medida que nos íbamos alejando, el velo que había conjurado para tapar mi desastre iba cayendo hasta que cualquiera que pasase por allí pudiese verlo. No había muchas maneras de relacionarme con aquello, por no decir que la única manera...iba caminando y hablando conmigo en aquel mismo instante.
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Drake Ulrich el Vie Ago 07, 2015 1:57 am

Obviamente quería saber la historia de mi amiga Emily. Ya de por sí hubiera querido saber qué había sido de su vida siendo una persona normal; ahora que es una persona anormal, pues más todavía. Normalmente en las películas y en las novelas las historias de los vampiros eran dramáticas y muy drásticas, por lo que tenía unas expectativas una tanto elevadas. No obstante, cuando me dijo que fue justo después de su graduación, hice cuentas… ¿Yo me llevaba dos años con ella? Nunca sabía cuántos años me llevaba con ella, pero dando por hecho que eran dos años y yo me había graduado hace ocho o nueve… ¿Llevaba tanto tiempo siendo vampiresa?

Aunque lo más importante… ¿Por qué técnicamente Emily Matthews había muerto y YO NO ME HABÍA ENTERADO? Cuando me dijo eso se me congeló el cuerpo —metafóricamente hablando— y me quedé totalmente a cuadros. De hecho mi cara debía de ser la viva imagen de un poema de pura muerte y tragedia. Me sentía fatal, por una parte porque técnicamente mi amiga estaba muerta Y YO NO ME HABÍA ENTERADO hasta ahora, hasta encontrármela “viva” y que ella misma me lo dijera. Y segundo, ¿qué clase de mal amigo soy para no preocuparme ni siquiera por mantener la relación después de graduarme? Tenía la excusa de: “Oh, ella es más pequeña y después de dos años pues se me olvidó”, pero no. No era una excusa. Me sentía mal por considerarme “buen amigo” y luego no estar para mis amigos en momentos como los que me estaba contando.

¿Te suicidaste? —pregunté casi por inercia, tragando saliva pues se me había quedado un bolote de incomodidad en la garganta. Luego me pasé la mano por el pelo, haciéndomelo hacia atrás. Era DEMASIADA información fuerte para tan poco tiempo en dónde asimilarla—. ¿Y quién era? ¿Quién narices te hizo eso? —pregunté con ganas de empalar a ese señor o señora—. Sé que no sirve de nada, pero… —dudé si decirlo o no, pero supongo que más vale tarde que nunca, aunque sea algo vacío—. Me siento fatal. Es decir, menuda mierda de amigo fui. Tú ahí, necesitando ayuda, o librarte de ese acosador y… meh… Lo siento —dije finalmente, porque obviamente me sentía peor por todo lo que me había contado. El gesto y el tono triste de cada una de sus palabras no se lo quitaba nadie.

El abrazo que le di se lo di con ganas. No fue el típico abrazo cutre, sin fuerza y con poca emoción. Todo lo contrario. Los abrazos con Drake siempre eran fuertes, grandes achuchones, porque a mí me encantaba dar abrazos. Cuando le di el abrazo y abrí los ojos, vi perfectamente, OTRA VEZ, como estaba ese maldito callejón. Madre mía… ¿Cómo era posible de dejarlo todo tan… así? Es decir, yo cuando como, comeré como un cerdo, pero luego todo se queda dentro del plato y no esparramado por todo un callejón. Iba a dejar de mirarlo porque iba a potar allí mismo como siguiera viendo miembros por todos lados.

Se lo dije, ya que la sinceridad ante todo. Aquello debía de ser reportado, pero probablemente habría alguna otra persona que pasaría por allí, lo vería y lo reportaría. Y no tendría que ser yo el que tuviera que cargar son semejante muerto. Porque para colmo, se me da horriblemente mentir. Me preguntaban que si había visto quién había hecho eso y, en vez de negar con la cabeza, me pondría a argumentar las razones de por qué necesariamente yo tendría que haberlo visto.

Bien, bien —dije, separándome de ella para luego girar y comenzar a caminar hacia el Caldero Chorreante. Era el primer movimiento consistente que hacía desde que había visto todo eso. Literalmente, aquello me había congelado—. Necesito una cerveza. Pero no de mantequilla, sino de verdad. Tú… ¿bebes de eso? —pregunté curioso—. No te ofendas, es que no soy experto en Criaturas Mágicas y las películas muggle no creo que os hagan justicia… —me excusé. Habían películas en dónde los vampiros sólo comían sangre. No bebían ninguna otra cosa ni probaban bocado de nada. La verdad es que no sabía nada de los vampiros de verdad. Nunca pensé que tendría que lidiar en cuánto a comida con uno.

Mientras caminábamos le dije que me había convertido en auror y la verdad es que no le sorprendió. Desde pequeño siempre quise serlo por pura vocación, creo yo. En realidad era o eso o pastelero y si llego a elegir ser pastelero ahora mismo estaría como una morsa. Esbocé una pequeña sonrisa cuando dijo que yo era un buenazo y… SÍ, LO ERA. No me salía ser malvado. Si lo más malvado que hago yo al día es hacerme el dormido para que Fly sea la que vaya a abrir la puerta cuando tocan.

Fly, trabaja conmigo —A pesar de que estaba sonriendo, apagué la sonrisa rápidamente para encogerme de hombros—. Y Willow llevaba conmigo desde mi primer día siendo auror, pero… antes de verano murió —le conté a su amiga, apartando la mirada para mirar al suelo y fruncir el ceño—. Estoy seguro de que fue asesinada y sé que la venganza me llevará al Lado Oscuro, pero el que lo haya hecho tiene suerte de que no hayan pistas o no pararía hasta encontrarlo y hacer que se pudra en Azkaban —añadí, intentando no sonar muy trastornado psicópata vengador. Realmente no lo era. Sólo quería hacer justicia. Aún no entendía por qué precisamente Willow… si Willow era… increíble. ¿Quién podría pecar matando a semejante persona adorable? La verdad es que llevaba un año… Mi mejor amiga muere (Willow), mi segunda mejor amiga muere (Katerina) y hace seis meses murió mi compañera de piso. Encima, para más guasa, ahora me encuentro con una amiga de la infancia y… ESTÁ MUERTA, EN REALIDAD. Alcé la mirada y miré a Emily—. Luego… —retomé la pregunta del principio—, Esther trabaja en Hogwarts si bien tengo entendido, a Oliver lo vi hace mucho tiempo en una comida en casa de Esther, pero ni idea de qué es de su vida… Hay unos cuantos de mi quinta en el Ministerio y tengo la teoría de que Jace trabaja o de camello o estás en San Mungo por poseer todas las enfermedades venéreas de la historia —bromeé eso último con una cálida sonrisa.

Empujé la puerta del Caldero Chorreante, dejándole pasar a ella primero.
Drake Ulrich
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Invitado el Dom Ago 16, 2015 9:29 pm

Hablar de mi transformación era algo que no hacia a menudo. No me gustaba hablar de eso y menos con gente que no tenía confianza, pero con Drake la tenía a pesar del paso del tiempo. Muchas veces había pensado que en realidad ninguno de nosotros éramos tan amigos como nos gustaba creer. Éramos compañeros sí, pero quizás no tan inseparables como para que la vida no se abriese camino entre nosotros y nos separase. Yo sabía muchas cosas que mis compañeros no recordaban y a medida que pasaba el tiempo me convencía a mi misma de que así era mejor. Pero cuando repentinamente me los encontraba, como había pasado con Esther y ahora con Drake, me entraban unas ganas enormes de contarles todo lo que yo había vivido y lo que habían vivido ellos. Sin embargo, la pregunta seguía siendo ¿querrían saberlo?

Le conté a Drake lo que yo ya denominaba mi triste historia. La versión resumida y sin detalles pues la verdadera historia de Emily Matthews podría dar para escribir un libro entero. Y, sin duda, su reacción no me la esperaba- Sí, bueno, no, lo intenté. Claramente no tuve mucho éxito...o quizás tuve demasiado. No lo tengo claro- contesté a su pregunta quedándome algo descolocada. Supongo que la respuesta correcta a si me había suicidado sería que sí, porque para transformarte tienes que morir, pero si mi sangre corría lo bastante como para que Alexandra me transformara, pues supongo que fue más muerte por transformación que muerte por suicidio..." Arg, tecnicismos" pensé con cierta rabia. Sonreí con cariño al oirlo disculparse pero imaginarme como Drake en su adolescencia me defendería de Alexandra me causaba risa. Más teniendo en cuenta que tenía en mi memoria el recuerdo de Alexandra de cuando se enfrentaron- No te preocupes, no habrías podido hacer nada...-dije muriéndome de ganas por contarle toda la verdad...Y si se la contara? "Podrías crear muchos problemas" dijo la voz de mi cabeza.- Gente más fuerte de lo que tú eras intento ayudarme...y no acabó bien- dije evitando conscientemente la pregunta de quien había sido mi creador. Alexandra no tenía problema con que la gente supiera lo que había hecho en su vida. Tan pronto podía saberlo como volverlo a olvidar y ella siempre tenía las de ganar en esas cosas. Pero yo no quería que Drake supiera nada que lo llevase a encontrarse con ella, ya bastante peligro corría solo hablando conmigo.

Su expresión triste y su arrepentimiento solo me dieron más ganas de abrazarlo, algo que no tardó en llegar y cuando lo hizo fue un contacto humano que extrañaba mucho. Además, fue un señor abrazo, de estos que te aplastan un poco las costillas y te hacen sentir querido, no un abrazo flojillo de estos que sabes que te están dando por compromiso. Sin embargo, ese no era el lugar para mantener una conversación entre amigos que se acaban de reencontrar. El lugar de comida de un vampiro furioso nunca es bonito de ver por un humano a no ser que sea un sádico asi que tras el abrazo no tardamos nada en movernos de allí hacia el Caldero Chorreante.

De camino a la taberna lo primero que Drake me preguntó es si tomaba cerveza. Lo miré con una sonrisa confusa y la cabeza inclinada- Hay alguna que no está mal- dije con una sonrisa hablando de las películas muggles de vampiros- Yo no soy capaz de comer comida normal, aun soy muy joven...Hay vampiros más antiguos que comen lo que haga falta porque es algo que han ido aprendiendo...Un tema de supervivencia supongo, pero yo no soy capaz. De hecho, la sangre de la gente borracha me sabe como...como si una comida llevase demasiado vinagre, no sé si me explico. No me gustan los borrachos- dije con cierto azoramiento. La gente normal decía que no le gustaban los borrachos porque se ponen pesados y vomitan y esas cosas, cuando yo digo que no me gustan, es porque no me gusta comérmelos.

Prosiguiendo con la corta caminata que nos llevaría a nuestro destino estuvimos hablando de él y su profesión y aproveché para preguntarle por el resto de gente con la esperanza de que él supiese algo más que yo al respecto. Me alegré al oír lo de Fly, pero la noticia sobre Willow me devolvió de un plumazo a la realidad oscura que todos vivíamos. Willow había muerto...ni siquiera sabía cuando había sido la última vez que la había visto, o lo último que le había dicho y ahora se había ido. Una angustia extraña me recorrió la columna y bajé la cabeza con pesar mientras escuchaba como Drake me contaba lo que había pasado- Yo podría echarte una mano con eso...-dejé caer- Igual yo encuentro algo y a mi ya no pueden llevarme al Lado Oscuro- dije con una sonrisa que escondía demasiado humor negro para salir de mi. Escuché lo que me contaba sobre los demás con tranquilidad aunque sin olvidarme de Willow y cuando llegó a Jace me reí- Ese chico es la leche- dije con una sonrisa recordándo como un día había intentado ligar conmigo a pesar de que era dos años más joven y se me notaba un montón.

Llegamos al Caldero Chorreante y Drake, totalmente caballeroso, me dejó entrar a mi primero. No tardé en localizar una mesa y me fui a sentar en ella para que estuviéramos más cómodos. Tom, el camarero, vino segundos después a preguntarnos lo que queríamos y aunque Drake pidió lo que quiso, yo me abstuve con un gesto amable de la mano. - Y que más? Novia? Esposa? Hijos? Un monito nuevo?- pregunté con curiosidad. En parte me encantaría que el empezase a hacerme preguntas a mi, no para tener que contestarlas, pero sí para saber que era lo que quería saber de mi después de tanto tiempo.
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Drake Ulrich el Dom Ago 16, 2015 11:46 pm

Ya bastante fuerte había sido que me contara que era un vampiro, más fuerte había sido que me contara cómo había sido su historia. Sólo de imaginármelo me sentía increíblemente mal. ¡Y eso que no me había pasado a mí! Pero podía decir que lo que no tenía de valiente lo tenía de empático. Por una parte me alegraba (esa parte más jodidamente cobarde de mi vida) de no haber estado en su vida cuando le paso todo eso, más que nada por el hecho que acababa de nombrar de que gente más fuerte que yo no había acabado bien, pero por otra parte, me sentía fatal. Muy mal. Acompañaría a un amigo hasta dónde hiciera falta si con eso estaría mejor.

Tras aquel abrazo reconformante, supongo que tanto para ella como para mí, aunque estaba claro que por distintos motivos, la conversación no tornó tan lúgubre y triste. Por lo menos por el momento, ya que por lo que parecía, ambos teníamos cosas triste que contar. Por ejemplo, el hecho de que el sabor a vinagre aún te atormentara hasta después de muerto. ¡Qué maldita cruz!

Te entiendo tía, el vinagre es el mal de las comidas —le dije, entendiendo perfectamente cómo podría saber un borracho para ella. Más o menos como una ensalada echa por Fly para mí. ¿Esa mujer qué clase de problema con el vinagre tiene?— Bueno, pues si se te apetece algo te lo pides, que te invito. Si no, pues me acompañas.

Sí, porque yo ahí no me quedaba. Ahí la cosa era irse de ese sitio tan poco agradable hasta llegar a uno en dónde poder mirar a Emily sin que la mirada se me fuese inconscientemente hasta el fondo, hasta ese descuartizamiento descomunal de humanos. Espero que por lo menos fueran mortifagos.

Le conté lo de la muerte de Willow y su contestación me cogió por sorpresa. ¡Claro que no podía ir al Lado Oscuro! ¡Después de lo que le había hecho a esas dos pobres personas ella ya estaba en el Lado SUPER OSCURO! Pero bueno, entendía perfectamente a lo que se refería. En parte, sabía que la venganza no me llevaba a ningún lado, pero es que no podía remediarlo. Sentía unas irrefrenables ganas de buscar a la persona que lo hizo y… porque soy demasiado cobarde como para matar a nadie queriendo, que sino, lo hacía.

No creas que no tengo ganas… —le dije, mirándola de reojo—. Pero desafortunadamente, no tengo absolutamente ninguna pista. No sé dónde murió, no sé con quién estaba… Sólo sé que murió una noche en dónde quería celebrar algo y yo no fui —¡DOS AMIGAS SE ME HABIAN MUERTO YA POR MAL AMIGO!— ¡Nunca me pierdo una celebración! ¡Y mira! —dije, pasándome la mano por el pelo, para luego mirarla y poner un mohin de: “¿Qué se le va a hacer?”, el mismo mohin que me ponía una y otra vez.

No tardamos en entrar al Caldero Chorreante, la dejé pasar primero y la perseguí hasta la mesa que eligió. Nada más llegar el mesero se acercó a nosotros para apuntar lo que queríamos.

Una cerveza. Fría. Grande. MUY GRANDE —le dije, esbozando una sonrisa.

Me preguntó por mi vida y no tardé en esbozar una sonrisa de lo más divertida. Sobre todo por el hecho de que la última vez nos habíamos visto estaba con Fly y, ahora, después de tanto tiempo, también. Parecíamos esa típica pareja que nunca rompe. PERO NO. No era así.

Estoy con Fly. Pero somos pareja, creo que le daría una embolia si le pido matrimonio… ¡Que no creas que no lo he pensado! —En el fondo soy un romántico, lo admito—, así que imagínate si le comento la idea de los hijos. Aunque me hace más ilusión los hijos que el matrimonio, la verdad —comenté, notando como me ponían la cerveza delante y el mesero volvía a irse—. Y no, más monitos en mi vida no. Con Poring tengo suficiente —sonreí, llevándome la boquilla de la cerveza a la boca. En realidad adoraba los niños, me encantaban. Podría pasarme horas y horas haciendo niños… Es un chiste. En realidad sí que me encantan, pero algo me decía que Fly también era un poco reacia a eso. No voy a hablar por hablar, realmente no lo he hablado así seriamente con ella, pero es la impresión que siempre me ha dado.

Entonces, cuando terminé de hablar de mi aburrida vida de mortal mágico, la miré a ella con curiosidad. Curiosidad de: “jiji, es una vampiresa”. Es decir, muchos verán eso como algo normal. Pero yo no. Lo más emocionante que me ha pasado en mi vida es que he sido mago, por todo lo demás soy una persona normal de vida normal que hace cosas de personas normales que tienen vidas normales. Por eso, quieras o no, aquello me había sorprendido tanto negativamente como positivamente.

¿Puedo preguntarte lo que yo quiera? ¿No te ofendes ni te incomodas? —le pregunté con sinceridad—. Porque tengo muchísimas dudas. Por ejemplo, ¿los vampiros hacéis caca? —lo susurré, obviamente, a nadie le interesaba saber de lo que estábamos hablando. Pero nada más decirlo, esbocé una pequeña sonrisa de complicidad; de broma—. Es broma. Quiero saber cómo pasó todo. ¿Hacían cuánto que te perseguían? ¿Quién te perseguía? ¿Quieres que lo mate? ¡Yo te ayudo a matarlo si tú me ayudas a matar al asesino de Willow! —le susurré en alto. Porque de toda la vida, susurrar en alto es perfectamente factible.

En realidad en el Caldero Chorreante a aquellas horas de la noche había bastante gente, jugando, gritando y echándose sus copas con sus amigos y Emily y yo estábamos bastante alejados, por lo que podíamos hablar sin ningún tipo de problema.
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Invitado el Miér Ago 19, 2015 1:10 pm

Los reencuentros después de años tienen algo de sorprendente y poético. Tú recuerdas a la persona que conocías y esperas que la persona que te acabas de encontrar sea exactamente la misma que recuerdas pero quizás más alta y, si te cae mal, más fea. Pero aunque sabes positivamente que su vida siguio sin ti, todo lo que pueda contarte te va a sorprender porque no has estado ahí para verlo. Da igual lo malditamente evidente que sea o lo mucho que se viese venir, ,siempre será una sorpresa. Y encontrarte a un buen amigo después de casi una década es casi una garantía de que te esperan muchas sorpresas aunque Drake, en su interior, no parecía haber cambiado tanto, seguía igual de bromista, de jovial y de sincero a su manera que lo era cuando estábamos en el colegio, pero se lo veía más maduro, menos asustado (aunque parezca increíble) y mucho más adulto. Supongo que para mi, él no había cambiado tanto porque yo ya había cambiado por los dos.

Es complicado explicarle a un humano como sabe la sangre para un vampiro. Cuando eres humano, te chupas la sangre cuanto te haces una herida y sabe como ferroso, y hasta puede llegar a gustarte el sabor... pero cuando eres un vampiro la cosa cambia. La sangre para un ser como yo tiene miles de matices, igual que para un humano lo tiene la comida. Dado que entendió el por qué no me gustaba beber de borrachos deduje que mis comparaciones con la comida normal no estaban del todo oxidadas, pero lo que él no sabía es que solo oliéndolo podía decir casi con total seguridad a que sabría su sangre. Obviamente no la iba a probar, pero lo sabía. Es como oler un guiso: No te lo estás comiendo, pero sabes el sabor que va a tener solo por su olor. Sin embargo, no le dije que su sangre olía bien; su homólogo en comida sería una lasaña, creo, pero ese era otro de esos datos que quizás no le apetecía saber. Por eso, sonreí a su invitación y partimos hacia el Caldero Chorreante.

Nuestra conversación fue un cúmulo de buenas noticias salvo por dos excepciones: Que yo estaba teóricamente muerta y que Willow también, pero en la práctica. Enterarme de esa segunda noticia fue un palo, pero más lo fue saber que no se sabía nada de como habia pasado. Yo sabía que no era un vampiro, al menos no de los creados por Alexandra que por lo que había visto era la "madre" más prolifera de la región. Por eso, me ofrecí para ayudar a Drake a encontrar al asesino de la que había sido nuestra amiga ya que, aunque él no encontrase nada, yo podía ver cosas que a los humanos se les escapaban. Alguna ventaja tenía que tener eso de querer morirse y no conseguirlo, no?- No fue culpa tuya- le dije mirándolo a los ojos al ver en su expresión lo mal que le sentaba no haber acudido a esa celebración- Si hubieses estado...quien sabe? Igual habrías corrido la misma suerte que ella- dije totalmente sincera. Los amigos siempre querían ayudar, y cuando no podían no se daban cuenta de que se ponían en peligro por nada. Yo eso lo había aprendido a la fuerza y no quería que volviese pasar.- Investigaré, a ver que encuentro- dije a modo promesa mientras caminábamos con una sonrisa en los labios que buscaba tranquilizarlo.

No tuvimos problema para encontrar sitio cuando llegamos al pub. Había una mesa solitaria al fondo que hasta parecía que nos estaba esperando, por lo que nos sentamos allí y Drake pidió una enorme cerveza de una manera que, de nuevo, me hizo sonreír. En ese momento, y viéndolo esperar su cerveza, no sabía que preguntarle pero sí sabía que quería saberlo todo. Asi que, para solucionar mi dilema interno, le pregunté un montón de cosas seguidas y muy rápido con la esperanza de darle pie y que me contase toda su vida. Por ello, cuando empezó a hablar, sonreí una vez más, totalmente atenta a sus palabras.- Llevaís juntos desde el colegio? Creo recordar que lo estabais, no?- pregunté con cierta emoción. De verdad llevaban tantos años juntos? Si era así igual había posibilidades de que yo volviese a creer en el amor algún día, aunque no fuese para mi.- Bueno, si al final os casais, seguro que sereis muy felices. Y si no, también- dije sintiendo cierta seguridad en mis palabras que no debería sentir pues no tenía idea de como era su relación en realidad. Lo que sí tenía claro era, que si se casaban, yo iría a espiar la boda cual fan para llenarme de emoción. Porque esas son las cosas que da la vida que me hacen feliz.

Ya le habían traido la cerveza cuando noté que me miraba de una manera un tanto extraña y lo observé con la cabeza ladeada y una expresión intrigada- Adelante- contesté con curiosidad a si podía hacerme cualquier pregunta. Sin embargo, toda la seriedad que podía tener el momento se perdió con la primera que me hizo. Solté una carcajada llena de alegría que sonó ligeramente ronca por tiempo que llevaba sin reirme como dios manda. Seguí sonriendo y riendo ligeramente cuando él siguió hablando y cuando terminó, lo miré pensando que la sonrisa que tenía ese momento en la cara no quería que desapareciese jamás.- En primer lugar, no, no lo hacemos- dije volviendo a reirme.- Y bueno- dije dando un pequeño tosido para pasar algo más serio- Me persiguieron durante unos...5 años? No estoy segura. Al principio me sentía segura pues tenía quien me protegiese, pero luego...quien me persiguió fue más fuerte- dije encogiéndome de hombros.- Hay cosas que es mejor que no sepas, por tu propia seguridad- dije seria pero con cierta tristeza- Y ahora...matar a esa persona me causaría más dolor que morirme o ser torturada, porque es mi creador y...la relación entre el creado y el creador es algo demasiado intenso, al nivel madre-hija unidas por la trenza esta que tenían los de Avatar, sabes? Cuando a uno de ellos le pasa algo, el otro lo nota como si lo estuviera sufriendo y cuando uno muere, el otro se cree morir también- expliqué casi de un modo clínico. Esa conexión era uno de lo motivos por los que me había hecho dragonolista a pesar de mi condición. Si yo me quemaba, ella también sufría. El odio existía a pesar de la conexión.- Además, no mates a nadie- dije casi con una actitud de quien estaría hablando de no tomarse una gragea con un aspecto especialmente asqueroso- Eso consume...deja que los Sith nos encarguemos de eso- dije con un guiño. Sabía que seguramente pillase mi referencia a Star Wars y la entendiese.

Me quedé mirándolo por un momento, pensando en toda las cosas que me gustaría contarle pero no podía y tomé la determinación de dejarle a él tomar la decisión al respecto- Drake...si yo te dijera que sé cosas sobre ti que no recuerdas...cosas malas, duras, te gustaría saberlas o preferirías seguir como hasta ahora?- pregunté con cierto temor tanto por su reacción como por su respuesta. Según las palabras salieron de mi boca pude oir la voz desde el fondo de mi cerebro, a lo lejos, gritando: "Nooooooooooooooooooooooo!!!!! CALLA MALA MUJER!"
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Drake Ulrich el Lun Ago 24, 2015 2:17 am

Si yo ya sabía que no había sido culpa mía lo de Willow, pero inevitablemente tenía ese no sé qué qué sé yo de culpabilidad, no por el hecho de no haber ido, sino más bien porque… joder, yo era su amigo. Su mejor amigo. Su protector. ¿Acaso una persona no se siente mal cuando su mejor amiga se muere? Encima no sólo eso… Ya llevaba una mala racha de muertes. Primero Alicia, luego Willow y luego Katerina. Parece que la gente que se rodea de mí, muere. Emily tiene suerte porque está muerta, ¿pero y los demás qué? Tengo la sensación de que por mucho que haga, realmente no hago nada. Quiero ayudar a todos y realmente solo soy un gafe más. ¿Qué será lo próximo? ¿Fly? Se me muere Fly y me suicido, sin duda alguna. Si me mantengo en pie es parte por ella, porque ambos sabemos que no es que sea precisamente el hombre más valiente y fuerte.

Ya, si no me culpo. Pero me siento mal… Impotente. La muerte me sienta mal. No te ofendas, tú no, digo la muerte de verdad —fruncí el ceño, mirándola con cara: “Me explico como el culo porque soy Hufflepuff, pero como tú también fuiste Hufflepuff seguro que me entiendes”, aunque ella habrá entendido con mi mirada: “¿Tú me entiendes, no?” Y a tomar por culo la complicación del emisor para saber expresarse bien—. Tú infórmame de lo que encuentres, que yo te puedo ayudar.

Al contarle mi vida, obviamente le conté que estaba con Fly. Nuestra relación en el colegio fue un poco complicada. Sobre todo al principio y al final. En primero fue muy estúpida y en séptimo fue muy… rara. Pero finalmente, cosas del destino, habíamos terminado juntos otra vez. QUE NO SÉ CÓMO, si ella es una perra desgraciada que le hacen bullying a los Hufflepuff y que tiene el puto estado emocional similar al de un bocadillo de gofio. ¡Un bocadillo de gofio! ¡Imaginaos si es seca la jodía que es un jodido simil de un bocadillo de gofio! ¡Dime algo más seco que un bocadillo de gofio, venga! Y bueno, y yo soy Hufflepuff. Así que somos la pareja perfecta del bullying.

No, que va. Me dejó tras graduarnos y se fue a estudiar a Noruega. Hace un año se trasladó a Londres al departamento de aurores, dónde estaba yo. Nos reencontramos. Ella, en realidad, estaba comprometida con un Noruego, pero… Salieron las cosas bien y volvimos a estar juntos. Ahora estoy viviendo con ella y con Stella, una Slytherin de mi quinta, no sé si te acuerdas de ella… —le expliqué brevemente, ya que realmente tampoco es que mi vida fuese muy interesante. REALMENTE NO ES NADA INTERESANTE—. Si nos casamos, me aseguraré de hacer la boda por la noche —sonreí ampliamente.

Realmente a mí me hacía muchísima ilusión casarme y tener hijos. Soy así como un Ted Mosby. Y a mí me había tocado una bocadillo de gofio que hace bullying a los Hufflepuff. La verdad es que aún no entendía cómo era posible que estuviéramos juntos. Los dos debemos de ser la caña en la cama, sin duda.

Luego le pregunté por su historia. Nunca he sido muy fan de la literatura de vampiros, pero debo de admitir que desde que vi el rostro de Emily en la figura de lo que creí que sería mi inminente asesino, un brote de curiosidad por los vampiros me inundó de repente. Eso sí, fruncí un poco el ceño cuando dijo que mejor que no supiera cosas por mi propia seguridad.

¿Por qué? Es decir... ¿Tu creador puede matarme? —pregunté, ya que… no sé, ¿para qué iba a querer matarme? Pero bueno, dejé que continuara con la historia, asintiendo continuamente con la cabeza a todo lo que me contaba. Sobre todo con lo de la trenza de los avatares. ¡A mi no se me hubiera ocurrido nada mejor para describir una relación tan jodidamente unida! ¡Si hasta tenían sexo por ahí, coño! Por lo que alcé las cejas con nitidez en el brillo de mis ojos cuando dijo eso—. Soy un poco ignorante en todo esto, pero… es decir, la persona a la cual más odio le tienes es justamente esa persona que si matas, te mueres. ¿O si muere, tú realmente estás viva? Quizás el sufrimiento merezca la pena, ¿no? —Porque creo que había una serie en dónde si moría el vampiro creador, se morían aquellos que había creado también—. Y tranquila, aquí dónde me ves, soy incapaz de matar a nadie queriendo.  

Entonces la mirada de Emily se volvió intensa, fija en mi mirada, mientras yo bebía de mi cerveza. Sus preguntas me dejaron en Stand By. Más por el tono de voz y lo que suponía que realmente por la pregunta. Bajé lentamente la cerveza y la posé sobre la mesa, subiendo la mirada también lentamente a los ojos de Emily.

Yo creo… que si. Total, ¿es el pasado, no? Supongo que lo que te pasa atrás, se queda atrás. Es muy difícil que algo del pasado te repercuta ahora. O no sé. Yo creo que sí que me gustaría saberlo —ladeé una sonrisa y medio reí, mirando confuso a mi amiga—. ¿Por qué?
Drake Ulrich
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Invitado el Sáb Sep 05, 2015 12:44 am

Asentí con la cabeza y sonreí cuando explicó como se sentía en lo referente a la muerte de Willow. Yo sabía como se sentía uno cuando perdía a un ser querido, pero con el tiempo y las circunstancias me había vuelto dura y algo arrogante en ese sentido. Para mi la muerte era algo a alcanzar, no algo que se debiese temer...yo ya la había encontrado y ella me había abandonado. Eso hacia dificil de entender para mi que alguien la temiese o le sentase mal. Aun así y a pesar de todo, la muerte de Willow no era algo que ella hubiese buscado si era cierto que la habían matado, y eso ya no es un tema de que la muerte de más o menos miedo o siente mejor o peor. Es un tema de justicia, y si algo me mantiene en este mundo en los momentos más oscuros es el odio por aquellos que no respetan la justicia. Sin embargo, todos esos pensamientos que me rondaban la cabeza mientras Drake se explicaba, se transformaron en un simple movimiento de cabeza y una sonrisa que se encargaron de enmascarar mi verdadera ofuscación e ira. Por suerte, toda mi adrenalina se había ido por el desagüe con el asesinato del que Drake había presenciado sus consecuencias.

Las preguntas e interrogatorios llegaron de una manera más contundente cuando nos sentamos en el Caldero Chorreante. Quería saber todo lo posible sobre él y todo lo que le había pasado en todo el tiempo que no nos habíamos visto, por lo que hice lo mejor que puedes hacer cuando quieres saber algo: Preguntar. El pensamiento de que Drake y Fly hubiesen estado juntos desde el colegio me llenaba de esperanza, sin embargo, no tardé en darme cuenta de que se trataba de una esperanza vacía pues desde el colegio hasta el momento presente había habido un vacio de relación que machacaba en mi interior las oportunidades que se habían creado en mi corazón de volver a creer en el amor de algún tipo y en algún momento. Aun así, escuché su historia con atención y sonreí de una manera amarga cuando mencionó a Stella- Sí, la recuerdo muy bien, éramos amigas- dije fingiendo que lo que sabía de ella posterior a eso no estaba allí.

Cuando ella me preguntó a mi, rompió la tensión del momento con la primera pregunta que tiempo después me parecería una de las mejores preguntas jamás formuladas. De todas las cosas que me podían haber preguntado, jamás nadie tendría la cara suficiente como para preguntarme si los vampiros hacemos caca. Drake era único en su especie y tuvo el atino de hacerlo, con esa pregunta, todo mucho más llevadero. Le conté un poco mi historia y como era la relación entre un creador y su hijo. El mejor simil que se me ocurrió fue el de la trenza de Avatar, aunque supongo que compararlo con la relación entre dos gemelos también habría valido. Por suerte, él me entendió a la primera. Sin embargo, la información que yo le había dado no era suficiente para él, por lo que siguió preguntando y por suerte las cosas fueron saliendo solas. Quizás iba siendo hora de que eso fuese así.- Quizás matarte no sería lo que hiciese...Hay cosas peores que la muerte, creeme- dije con una sonrisa triste.- Pero de cualquier modo, si por lo que fuera, fueses tras ella, ella encontraría la manera de cesases en tu empeño y además acabases de la peor manera posible a costa de divertirse torturándote. La conozco, no necesita un motivo, solo una excusa.- confesé con miedo de que lo que le estaba diciendo tal vez acentuase más sus ganas de investigar. No es que dudase de la capacidad de Drake para defenderse, dudaba de la capacidad de Alexandra de apiadarse o rendirse. Ella nunca perdía. O al menos nunca había habido pruebas de ello.

Explicar la conexión entre vampiros es muy complicado a pesar de los símiles que el cine pueda ofrecer. Aunque está claro que se puede explicar, hacer comprender a alguien el sufrimiento que conlleva que un vampiro mate a su creador es algo prácticamente imposible. No puedes explicar ese dolor, solo sentirlo.- Si la matase, no moriría, pero como ya te dije, hay cosas mucho peores que la muerte. Lo vampiros que matan o se rebelan contra sus creadores se vuelven peligrosos, no solo para los demás, si no para si mismos. Se vuelven locos, violentos e irascibles. Nada les importará porque aquello que los mantiene entre la vida y la muerte ha desaparecido por su culpa, y ya no tendrán lugar en el universo, por decirlo así- expliqué intentando dejar claro que ya había contemplado todos los escenarios posibles. Había visto a otros rebelarse contra Alexandra y habían terminado peor de lo que yo estaba. No quería seguir viviendo, pero tampoco tenía afán por sufrir más de lo necesario. Me conformaba con torturarla un poco de vez en cuando...por el momento.

- Eso ya lo sabía- dije con una sonrisa tierna cuando dijo que era incapaz de matar a nadie. Eso era algo bueno, pero también un arma de doble filo, pues muchos querrán matarte aunque tú no puedas matarlos a ellos.

Llegados a este punto, no pude resistir más la tentación de contarle lo que sabía de él, pero no podía cargar mis hombros con el peso de haberle contado algo terrible que igual no quería saber, por eso, una vez más, pregunté.- Porque yo sé algo de ti- dije casi en un susurro como respuesta a sus palabras.- Cuando estabas en el colegio...no tenías lagunas? O heridas que no sabías de donde habían salido?- pregunté con una mirada interrogativa. Prefería activar su memoria que contarle toda la verdad- Y si te dijera que mi creadora, no solo se acuerda de ti y sabe quién eres, si no que te recuerda por encima de los otros muchos que se enfrentaron a ella en las mismas condiciones que tú?- dije sin tener muy claro si había formulado del todo bien la pregunta. Mis ojos estaban clavados en los suyos y en mi cabeza a aparecía un ataque pokemon que el había realizado. Ojala lo recordase.

No me había dado cuenta, pero a lo largo de la conversación mi tono había bajado inconscientemente y me había inclinado sobre la mesa como buscando acercarme lo máximo posible a mi amigo. Es curioso como el subsconsciente nos coloca a veces.
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