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Out Of Hell We Will Climb. (O. Winslow)

Davina Abrasax el Miér Jul 08, 2015 7:52 pm

Habían llegado las vacaciones de verano, y con ellas se había abierto un abanico de posibilidades. Había cumplido los diecisiete durante el curso, así que ahora aunque estaba fuera de Hogwarts era capaz de hacer magia. Aquello era genial, pues podía hacer todo lo que quisiese sin tener que detenerme ante los obstáculos que se presentaban cuando no se tenía magia. En los anteriores veranos no había tenido ningún problema sin usar la magia, pero en ocasiones era bastante incómodo. Además, una de las ventajas que tenía ahora era que podía sacar la varita en cualquier momento y asustar a mis hermanastros.

Mamá le había confesado a Paul, su marido, lo que yo era poco antes de casarse con él. No sé por qué lo había hecho, porque yo bien podía fingir ser una persona normal durante todo el verano y luego decir que me iba fuera del país a estudiar en algún internado para gente de mente privilegiada. No habría sido una mentira difícil de creer, dado mi récord académico. Pero mi madre había insistido en que entre ella y su marido no debía de haber secretos así que se lo había dicho todo, que yo era una bruja. Paul se lo había creído y sonrió, fingiendo que todo estaba bien. Pero no era ningún secreto que él no me podía soportar, al igual que y no le podía soportar a él. Entre sus hijos (mis hermanastros) y yo tampoco había ningún tipo de afecto, y aunque nos habíamos llevado mal desde el principio, enterarse de lo que yo era solo les había dado más excusas para meterse conmigo. A mí siempre me había dado lo mismo lo que aquellos idiotas me dijesen, pero he de admitir que ahora que puedo amenazarles y lanzarles un maleficio de vez en cuando vivir con ellos es mucho más divertido que antes.

Quería irme de vacaciones en verano y explorar diversos lugares, pero no tenía el dinero. Paul me lo iba a dar en un principio porque me quería lo más lejos posible de él, pero mi hermanastro Dean lo había fastidiado todo. Un día colmó tanto mi paciencia que acabé lanzándole un Silencius. No era nada grave, pero se había quedado mudo y solo yo podía quitarle el hechizo. Paul había estado enfurecido. Me había amenazado diciendo que o le quitaba el hechizo a su hijo o no me daría el dinero para viajar a Cabo Verde. Yo le desafié y no le quité el hechizo a Dean. Me daba igual que no me diese el dinero para irme, Cabo Verde no se iba a mover de donde estaba y yo podía conseguir el dinero de cualquier otra forma en cualquier otro momento, por lo que no cedí ante las amenazas de Paul. Yo me quedé sin viaje, pero había pasado un mes y Dean seguía mudo. ¡Era lo mejor del mundo! Mi madre me había regañado severamente y me había dicho que le quitase el hechizo a su hijastro, pero a mí sus palabras me entraron por un oído y me salieron por el otro. Dean iba a quedarse así hasta el día que yo fuese a King’s Cross para coger el tren de regreso a Hogwarts.

Decidí salir aquel día. Había unos libros e ingredientes para pociones que quería comprar en el Callejón Diagón, aunque la lista con el material escolar para el siguiente curso no había llegado todavía y no llegaría hasta dentro de varias semanas. Hacía calor, así que simplemente me puse unos pantalones blancos cortos que dejaban ver mis piernas. Estaba bastante morena a pesar de que el verano apenas había empezado. Me puse un top verde con una sola manga que me había comprado el otro día, y unas sandalias de color marrón oscuro a juego con el bolso que me colgué en el hombro. Todo iba bien hasta que tuve la mala suerte de toparme con Marlon, el mayor de mis hermanastros, justo en la puerta de la casa. El también iba a salir y me sonrió de manera desagradable.

-¿A dónde vas?- me preguntó.

-Donde a ti no te importa- le contesté mientras pasaba de largo de él y salía a la calle. El cerró la puerta tras él y me siguió.

No vivíamos muy lejos de la calle donde estaba el Caldero Chorreante, y aunque mi madre, mi padrastro, y mis hermanastros eran Muggles y no podían verlo ellos sabían que existía y que por ahí entraba yo a hacer mis compras mágicas. Cuando se dio cuenta de a dónde iba Marlon puso los ojos en blanco.

-¿Tan pronto tienes que ir a comprar frikadas para ese colegio de raritos al que vas?

-No, pero me he quedado sin colas de rata y ojos de escarabajo e intestinos de salamandra y vainas de tentácula venenosa para hacer pociones- dije, disfrutando de la cara de asco que ponía Marlon al escuchar aquellos ingredientes. Una vez le amenacé con mezclar partes de aquellos ingredientes con su comida si seguía molestándome, y desde entonces nunca se metía conmigo a la hora de la comida o de la cena. Caminamos un par de calles y ya estábamos cerca del Caldero Chorreante.- Y ahora déjame en paz y piérdete, o te convertiré en sapo.

Antes de que Marlon pudiese decirme nada le di esquinazo y me perdí entre a multitud, y en un minuto estuve dentro del Caldero Chorreante.

Me molestó mucho descubrir que la Botica estaba cerrada hasta dentro de una hora, pero podía esperar. Mientras tanto me puse a mirar los escaparates de las demás tiendas del Callejón Diagón, buscando a ver si había algo más que tenía que comprar. No fui a comprar los libros, pues eran pesados y no quería cargar con ellos, iría a por ellos cuando hubiese hecho todo lo demás para así poder irme inmediatamente después a casa. Mientras ojeaba los escaparates vi la entrada del Callejón Knockturn. No era un lugar muy visitado por magos respetables, y yo no compartía los ideales de aquellos que se aventuraban ahí dentro. Es más, esa gente odiaba a los que eran como yo… Pero tengo el problema de ser extremadamente curiosa, y quería ver qué había allí, así que me adentré en el callejón oscuro.
Davina Abrasax
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O. Winslow el Jue Jul 23, 2015 12:34 am

Me encantaba el verano. Era la mejor época del año, podía estar tranquilamente en el mundo mágico con muy pocas probabilidades de encontrarme con ningún sangre sucia. Era lo mejor del año. Adoraba las tardes de verano tumbada al sol en el jardín, las noches de fiesta y los viajes imprevistos por cuestiones de etiqueta. Los bailes era lo mejor del verano, ropa y sofisticación. Nada de caras raras por llevar un uniforme, podía distinguirme entre el resto, podía destacar lo que quería de mí.

Si bien el verano estaba empezando ya había tenido algún que otro viaje. Realmente uno sólo. Acabábamos de llegar de Italia, puesto que mi padre había tenido que acudir a una recepción en el ministerio de dicho país con el fin de dar a entender al mundo mágico que estaban comprometidos al cien por cien en dar fin al señor tenebroso. Vaya tontería, ni que tuvieran alguna posibilidad de lograrlo. Esa idea era como pensar que un helado no se descongelará estando en la superficie solar. O sentirse feliz por afeitar una bombilla. Patético.

Ya estábamos de vuelta en Londres, con un calor inusual y con menos nubes de lo habitual. El verano era latente en el aire. Estando ya en la ciudad y con mis padres de vuelta al trabajo, quería algo de diversión. No me iba a aburrir en casa por lo que hice una lista de cosillas que quería comprar y buscar por el callejón Knockturn. Como en cada incursión que hacía a dicho callejón, llevaba una capa negra que me cubría por completo, unas zapatillas de deporte y mi varita a mano, por precaución más que nada.

Mi primera parada fue una tienda con un aspecto bastante decrépito. Un cartel de madera con el rótulo “athenius” colgaba de la fachada. Abrí la puerta sin alzar la vista, siempre andaba mirando al suelo, evitando que alguien pudiera reconocerme. La campanilla sonó y una voz aguda clamó. – ¿Quién anda ahí? – No respondí, simplemente me acerqué a las estanterías y observé en busca de un objeto en concreto. Una pluma roja como el fuego. Tardé en dar con ella, más de lo que hubiera deseado. Sólo quedaba una, dentro de una pequeña caja de cristal. ¿Su precio? No me importaba, nunca me había importado. Me acerqué al pequeño mostrador y pude ver el origen de la voz aguda y estridente. Por su aspecto debía tener más de ciento cincuenta años, o eso imaginaba, las arrugas no dejaban casi espacio para ver sus ojos. Ojos que estaban a su vez ocultos tras unas gafas de culo de botella. La típica imagen que los muggles asocian a las brujas feas de los cuentos.

Dejé la caja sobre la mesa y le tendí el dinero cuando hizo su oferta. Un precio elevado, algo desmesurado, mas no tenía ganas de regatear, no en ese momento y sin haber tomado precauciones con mi voz. Los ojos de la bruja brillaron levemente al ver el oro de los galeones y se despidió con un gesto burdo de la mano. Tampoco esperaba un agradecimiento, simplemente cogí la caja de cristal, la guardé en mi bolso sin límite y salí de aquel lugar, con el mismo sigilo que había entrado.

Mi siguiente destino no era un local, ni una taberna. Buscaba a una persona en concreto, el idiota de Smith. Alguien a quien había conocido en mi primer año en Hogwarts, era un alumno de séptimo en ese entonces. Tres calles tuve que pasar, girar en muchas esquinas, hasta encontrarlo. Allí estaba, en un banco en medio de la calle. A la vista de todo el mundo, de todo el que pasara por allí. Por suerte no era una zona muy transitada. Me acerqué con cautela, disimuladamente miraba a mi alrededor. No quería sorpresas, y con Smith nunca se sabía.  Dos metros escasos habían entre el susodicho y yo cuando un rayo de luz rojo cruzó a escasos centímetros de mí. – ¿Estás loco? – Exclamé a modo de pregunta, forzando mi voz para que no pareciera la mía. Pero no respondió, simplemente se levantó y me miró con desafío. Retrocedí varios pasos, volvía a apuntarme con la varita, un nuevo hechizo salió de la misma. Di un paso a un lado, esquivándola, pero sin fijarme en el suelo. Tropecé con el borde de una acera y caí, dejando al descubierto mi rostro.
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Davina Abrasax el Sáb Ago 01, 2015 12:08 am

Seguramente si le preguntase a alguien cuál es la mejor manera de pasar el tiempo en el mundo mágico mientras esperaba a que abriesen la Botica para poder comprar cosas, esa persona me diría cualquier cosa menos que me adentrara en el Callejón Knockturn. Ese Callejón era muy conocido y no precisamente por cosas buenas. Me pregunto por qué narices ese callejón es legal. Casi todo lo que venden son cosas pertenecientes al mundo de las Artes Oscuras. Si las Artes Oscuras están prohibidas cualquier mago que estuviese practicándolas debería ser arrestado, ¿no? Era lo lógico. Y si comprabas algo en ese callejón era porque estabas practicando Artes Oscuras… ¡Es que es de cajón! Los Aurores se preocupan demasiado por buscar y pillar magos tenebrosos y mortífagos pero luego les dejan pasearse a sus anchas por aquel callejón. No tenia lógica, no la tenía.

Pero ya que aparentemente pasearse por un callejón que está lleno de criminales y productos ilegales no es en sí algo ilegal aproveché para adentrarme en él y explorar. A veces tenía alma de Gryffindor, y me encantaba explorar cosas y meter las narices donde no me llamaban. Pero también podía decir que se debía a mi curiosidad Ravenclaw, que no me dejaba vivir con el conocimiento de que a unos pasos de mí había todo un mundo perteneciente a una rama de la magia que, por repugnante y despreciable que fuese, era extremadamente poderosa y fascinante. He de admitirlo, me moría por poder estudiar Artes Oscuras. ¡No para practicarlas! Sino para entenderlas. La clave para acabar con los conflictos era tener una mente abierta y bien amueblada y conocerlo todo en vez de temer a lo desconocido.

Tal vez estaba siendo un poco indiscreta al adentrarme en el callejón así, a la aventura. Sí que era cierto que a veces había vigilancia en aquel callejón, los Aurores no eran del todo inútiles a veces, y por eso se sabía que los que andaban en aquel lugar siempre intentaban llevar capas para ocultarse de miradas indiscretas y protegían su identidad. Yo no estaba haciendo nada de eso, pero si por casualidad hoy es uno de los pocos días en los que hay un mínimo de vigilancia por ahí yo no tenía nada que temer. ¿A quién iban a arrestar, a una Ravenclaw hija de Muggles? Por favor, que me río.

No entré en ninguna tienda, pues no tenía nada que hacer en ninguna de ellas, así que solo me dispuse a mirar los sucios escaparates con interés, pero a la vez con la nariz arrugada. ¿Qué pasa, acaso pertenecer al mundo de las Artes Oscuras te hacía automáticamente alérgico a la limpieza? Ya podrían pasarle un buen plumero o todo un bote de Cristasol a aquellas ventanas, porque estaban tan sucias que parecían más opacas que un muro de cemento. Pero las cosas que se veían eran extremadamente interesantes y curiosas y espeluznantes. Nada tenía aquello que ver con la magia que nos enseñaban en el colegio…

Seguí avanzando por las callejuelas y adentrándome en el Callejón Knockturn hasta que me paré el seco al encontrarme con algo con lo que no esperaba toparme, aunque debí haber deducido al entrar en aquel lugar que tarde o temprano chocaría con algún problema. El problema en cuestión era un tipo que parecía un poco loco. Toda la gente que frecuentaba aquel lugar tenía pinta de estar bastante loca, peo este lo estaba porque estaba lanzando hechizo ofensivos a diestro y siniestro. Fue entonces cuando vi que había una chica tendida en el suelo. El chico lanzaba los hechizos hacia ella.

-¡Oye! ¡Eh! ¡¿Qué demonios estás haciendo?!- exclamé dirigiéndome al chico y sacando mi propia varita, por si acaso. A lo mejor la chica le había hecho algo a él y él se estaba defendiendo y yo había llegado tarde y no lo había visto, pero a lo mejor a él se le había ido la olla. Lo más sensato sería dejarles que se duelas en ellos dos solos y largarme de allí a ocuparme de mis propios asuntos, pero aquello no fue lo que hice.

Al chico no le gustó mi intromisión. Dejó de lanzar hechizos a la chica que estaba tirada en el suelo para lanzarme los a mí. Un hechizo voló en dirección a mí pero conseguí levantar un escudo a tiempo, deteniéndolo. Me atacó de nuevo pero lo esquivé, y entonces le ataqué yo misma. Mi hechizo le dio de lleno y le lanzó por los aires bastante lejos de nosotras. Aproveché aquel miembro para correr hacia la chica, a quién se le había caído la capucha. Aquello me permitió ver que se trataba de Ophelia Winslow. Me sorprendí mucho al verla a ella ahí. No por verla a ella en sí en un lugar como este, sino por verla metida en esta situación. ¿Qué había pasado? No tenía ni idea, pero la ayudé a levantarse.

-Venga vamos- dije cuando estuvo de pie para que se diese prisa y corriese. El tipo había vuelto a levantarse y nos apuntaba con su varita. Nos lanzó varios hechizos en sucesión, algunos de los cuales esquivamos, otros fallaron ellos solos, y otros los bloqueamos. Pero el tipo lanzaba hechizos a diestro y siniestro y al final uno de ellos acabó golpeando me a mí en el estómago, lanzándome por los aires como había ocurrido antes con él. Mi espalda golpeó un muro de ladrillo y caí al suelo con una exclamación ahogada y sin aire. Más que dolorida estaba rabiosa. ¡Me las va a pagar!

"¿Y a mí quién me mandaba meterme aquí?" pensé mientras me ponía en pie de nuevo.
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O. Winslow el Miér Ago 12, 2015 11:50 pm

No podía estar sucediéndome esto, no. Sin duda el callejón Knockturn ya no era tan seguro como pensaba, no desde que los magos parecían estar más colocados que un hippie en un festival de marihuana. No señor. Mis últimos encuentros en este callejón me estaban causando más quebraderos de cabeza que reportarme ideas o mejoras para mi día a día.  

Aquel impresentable me lanzaba maldiciones con mala puntería. No sabía qué hacer. Me había pillado por sorpresa. Tanto que había caído al suelo. Ya me imaginaba lo peor, cualquier mala situación. Smith no era del tipo de personas que atacan así sin más. Por no decir que muy pocos conocían su extraña afición a las drogas y a las artes oscuras. Cuando en realidad trabajaba en el ministerio y todos creían que defendía la libertad y luchaba contra los mortífagos, irónico que ahora comenzara a atacarme sin más.

Yacía en el suelo cuando vi a Smith volar literalmente. Alguien había acudido en mi ayuda, lo cual no era de esperar. No voy a engañaros, no me agradó pero tampoco me disgustó. Giré la cabeza en su dirección, cuando se acercó. Davina Abrasax fue mi “salvadora”, curioso, muy curioso. Nunca la había tenido como alguien capaz de adentrarse en las profundidades de este callejón. Sus palabras sonaron con fuerza para mí, me levanté con rapidez, buscando mi varita bajo la túnica. Ya me encontraba en pie cuando un hechizo le dio de lleno a Davina. Lanzándola sin reparo contra una pared. No tenía claro que hacer, nada claro. No podía atacar, no quería que el detector se activara. Pero tenía que hacer algo. La defensa, legítima defensa.

Conjuraba protegos a diestro y siniestro, tal como Smith lanzaba hechizos. Logré desviarlos todos, al menos los que iban directos hacia mí. Fui avanzando hacia él, con la varita en alto en todo momento. Estaba lo suficientemente cerca de él cuando uno de sus conjuros rebotó de modo que le impactó a él. Se quedó aturdido, herido por unos segundos. Lo cual me dio tiempo para sacar una de las pociones que siempre hacía mi madre.  

Smith volvía a estar en pie, a unos metros de mí. Maldito idiota. Alzó la varita y un nuevo conjuro lanzó. Tiré la poción a sus pies, una nube de color azul lo envolvió con rapidez. Se suponía que debía ser una poción explosiva, más sus efectos fueron otros…

Corrí hacia Davina. –¡Sígueme! – Le ordené, colocándome la capucha de nuevo y corriendo a través de la plaza para internarnos en una callejuela estrecha. Por ahí cerca había una casa abandonada. Una pequeña casucha que había pertenecido a uno de mis abuelos, nunca la vendieron y servía para esconderse lo suficiente. Abrí la puerta con rapidez y la hice pasar. Mientras tanto, Smith corría varios metros por detrás, buscándonos. Continuaba lanzando hechizos y maldiciones sin ton ni son, pero ahora parecía un duendecillo de Cornualles.

- ¿Estás bien? – Pregunté por cortesía. Sentándome en una silla y ojeando la ventana. No fuera a aparecer Smith en ese momento. Quién sabe lo que podría hacer en ese estado.
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Davina Abrasax el Jue Sep 17, 2015 6:37 pm

El hechizo de Smith que me lanzó contra la pared me dejó muy aturdida, pero por fortuna no me había provocado más daños. No tenía heridas ni ningún hueso roto, y aunque el golpe había hecho que me doliese todo el cuerpo pude apoyar las manos en el suelo e impulsarme con ellas para volver a levantarme, no sin dejar escapar un gruñido malhumorado y dolorido a la vez que me ponía en pie. Vi entonces cómo Ophelia le tiraba algo, un frasco, que tenía en la mano al chico que nos estaba atacando. No sabía qué era exactamente lo que le había tirado al tipo, pero en cuanto el contenido del frasco hizo contacto con su piel se volvió azul. Arqueé las cejas, preguntándome para qué demonios querría Ophelia que nuestro atacante se volviese de color azul si aquello no iba a hacer nada para detenerle. En aquel momento se parecía a la chica de Charlie y la Fábrica de Chocolate que se comió el chicle y se volvió una mora gigante, solo que el chico no se había vuelto gigante ni gordo.

Al menos que el hombre se volviese azul tuvo una ventaja, y es que cuando vio lo que le había pasado a su piel se sorprendió muchísimo y se quedó bloqueado mirándose las manos algo horrorizado, dándonos el tiempo suficiente para comenzar nuestra huida. Ophelia se acercó hacia mí mientras se ponía la capucha, lo cual le daba un toque muy siniestro que encajaba a la perfección con el ambiente del callejón en el que estábamos, y me dijo que la siguiese. El dolor que me había provocado antes el golpe recibido había disminuido considerablemente hasta convertirse en una simple molestia, sin duda a causa de la adrenalina que fluía libremente por mi cuerpo en aquellos momentos, así que no tardé ni una milésima de segundo en reaccionar y echar a correr detrás de la chica de Slytherin, siguiéndola por el oscuro y frío Callejón Knockturn.

Conseguimos obtener suficiente ventaja sobre el tipo como para perderle de vista durante el tiempo suficiente para adentrarnos en un lugar seguro donde escondernos. Yo jamás había entrado al callejón Knockturn hasta este día y no sabía a donde nos dirigíamos, pero parecía que Ophelia no estaba muy perdida. No dudó en correr hacia una casa de aspecto antiguo y abrió la puerta rápidamente sin ningún reparo. Yo no sabía de quién sería la casa y no quería tener problemas con los dueños, fueran quienes fuesen, ¡ya tenía suficiente con el problema en el que me había metido! Pero con un tipo de color azul y medio loco persiguiéndonos y lanzándonos hechizos discriminadamente, realmente me daba un poco igual meterme en líos por posible allanamiento de morada. Aunque Ophelia parecía muy tranquila entrando en aquel lugar, así que la seguí al interior sin decir nada y suspiré con alivio cuando cerró la puerta de la casa, escondiéndonos de tipo loco.

-Sí… ¿Y tú?- le pregunté a ella después de que me preguntase si estaba bien, aunque ella parecía estar en buen estado. Un poco alterada por aquella situación, como yo, pero bien después de todo. Vi cómo se sentaba en uno de los sillones que había ahí y entonces ojeé la casa en la que habíamos entrado. No sabía que había casas en el callejón Knockturn. Parecía completamente vacía y deshabitada desde hacía tiempo, aunque tampoco parecía estar en mal estado.- ¿Dónde estamos?

Ophelia miraba de vez en cuando por la ventana para asegurarse de que el chico que nos había atacado y que había estado persiguiéndonos no pasaba por allí. Yo miré también, y entonces le vi pasar. No se fijó en nosotras a través del cristal porque estaba muy ocupado corriendo por el callejón buscándonos, pero levanté la varita rápidamente y con magia hice correr las viejas cortinas para que tapasen las ventanas y nos ocultasen, por si acaso se daba la vuelta y entonces sí que nos veía. Entonces me giré sobre mis talones y me acerqué a mi compañera, que continuaba sentada en el sillón.

-¿Qué le pasa a ese chalado?- pregunté mientras fruncía el ceño. No era normal que alguien actuase de manera tan agresiva sin razón alguna.- No podemos quedarnos aquí todo el tiempo, y no podemos salir porque ese chiflado nos está buscando. Tú pareces tener muchísima más experiencia que yo recorriendo este callejón, ¿tienes idea de cómo escapar?

En ese momento alguien, seguramente el loco azul, comenzó a aporrear la puerta de entrada salvajemente, haciéndome pegar un brinco de sobresalto. Me di la vuelta rápidamente mientras alzaba la varita y apuntaba a la puerta, preparada para atacar y defenderme de nuevo.
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O. Winslow el Jue Nov 05, 2015 6:10 pm

La tarde estaba siendo un total desastre, odiaba que nada saliera como esperaba. Y en esa tarde nada estaba saliendo como debía. Primero no había obtenido lo que venía a buscar, Smith me la había jugado pero bien y encima tenía la osadía de atacarme. Algo que sólo dejaba en evidencia sus idioteces y tonterías.  

Por fortuna, alguien pasaba cerca y no dudó en hacer de héroe, atacando a Smith con ánimo de ayudarme. De ser a la inversa hubiera pasado de largo sin remordimiento. Pero Davina estaba allí por alguna razón que desconozco y me había “salvado”. Un duelo comenzó entre ambos y cuando la ví saltar por los aires, no dudé en acercarme lo necesario a Smith defendiendome con hechizos escudo y lanzarle una poción que debió tener un efecto muy diferente al que había tenido. Pero aun así nos había dado ventaja.

Corrimos por las callejón hasta entrar a una pequeña casa. El recorrido lo tenía bien en mente, sabía bien como moverme en ese entorno. Pero había cometido el error de enseñarle a Davina un lugar que era para mí un piso franco.


- Yo sí. - Respondí acercándome a las ventanas con cuidado, esperando comprobar si Smith andaba cerca o no. Davina parecía querer hablar, lo cual no era lo idóneo en esas situaciones. Suspiré sin más, ¿por qué la gente quiere saberlo todo? ¿No sabían que en la ignorancia estaba la felicidad?  - Estamos en una casa. - Dije con tono desesperante, no iba a decirle donde estábamos sin más.

Ella comenzó a imitarme y mirar de vez en cuando por la ventana, me tensé levemente al ver como Smith pasaba junto a la ventana corriendo, al menos ahora era fácilmente reconocible. Pero ¿qué hacer ahora? Davina parecía tener más ideas, cerrando las cortinas y preguntando de nuevo. Preguntas y más preguntas. - Es el efecto de esnifar polvo de doxy - Respondí encogiendome de hombros, no estaba segura de que fuera eso, pero ese hombre estaba bastante tocado. - No soy sanadora ni tengo idea de que pasa por su mente para ser así, ¿de verdad esperas que lo sepa? - Dije al final, sentandome en una pequeña silla y recogiéndome el pelo de nuevo, un gesto más bien nervioso.

- ¿Salir por nuestro propio pie? No, ninguna idea. Sólo se me ocurre una opción y supondría dejarte aquí sola. - No era una mala idea, pero es de agradecer lo que había hecho y no podía dejarla ahí sin más. Pensando me quede, mirando el suelo sin un punto fijo, cuando la puerta fue aporreada salvajemente. Me levanté de golpe y me acerqué a la ventana, mientras Davina se ponía en posición de defensa. Moví lo justo la cortina para ver quien estaba al otro lado. Un rostro vagamente conocido, pero por suerte no era Smith. - Creo que estamos a salvo. - Dije a Davina, acercándome a la puerta y parandome un segundo, mirando a mi compañera de clase. - Si mi memoria no se equivoca es un auror quien toca a la puerta. Sólo una cuestión antes de abrir, si te pregunta que hacíamos en el callejón, ambas veníamos a recoger unas viejas fotos y el loco azul nos atacó. Si supieran que entramos al callejón sin una razón de peso tendríamos que ir al Winzengamont - Comenté en voz baja, aun siendo consciente que en el exterior no se oiría nada porque la puerta era lo suficientemente gorda como para no dejar pasar sonido alguno.

- ¿Quién va? - Pregunté con voz más fuerte, abriendo mínimamente la puerta.
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Davina Abrasax el Sáb Ene 16, 2016 10:07 pm

Puse los ojos en blanco cuando O. respondió a mi pregunta diciendo que estábamos en una casa. Gracias, Señorita Obvia.

-¿En serio? No me había dado cuenta.

O. estaba bastante irritada y continuaba respondiendo a mis preguntas (preguntas que estaban muy justificadas, ya que ahora yo tenía que huir de un tío azul mazo loco y cabreado por culpa de que me había metido donde no me llamaban para ayudar a esta chica. Slytherins…) con tono cansino, y apreté la mandíbula porque me molestaba cuando la gente me hablaba con ese tono, pero quería tener la fiesta en paz.- Bueno, como tú eres la que estaba con él y parecía que le conoces pensé que a lo mejor habías visto qué se había tomado o sabías hecho- comenté sin más, resoplando. Estaba nerviosa, pues no me gustaba estar escondida en una casa desconocida en medio del callejón Knockturn mientras esperaba angustiada que todo aquello pasase, aunque la angustia me hacía estar tensa por si de repente el tipo ese nos encontraba y se ponía a aporrear la puerta o las ventanas.

Pegué un gran brinco cuando de repente la puerta fue aporreada y no tardé en levantar mi varita por si acaso, pero la puerta permaneció cerrada. O. no tardó en levantarse del sillón en el que se había sentado antes y caminó hacia la puerta para abrirla después de asegurarse de que no era el loco azul el que estaba fuera de la casa. Yo no me sentía muy tranquila con que O. fuese a abrir la puerta, pero no dije nada. Ella la abrió y preguntó quién estaba allí, y contestó un hombre con la voz muy grave y muy potente, quien se identificó como un Auror del ministerio tal y como O. había dicho antes cuando había mirado a través de la ventana. El Auror hizo algunas preguntas y O. le relató lo que había ocurrido, y el Auror nos pidió que fuésemos con él.

Estábamos a punto de salir de allí para ir con el Auror, que nos acompañaría a un lugar más seguro, cuando de repente el tipo azul apareció como de la nada y se tiró encima de él, dándole semejante golpe que le noqueó. Se me subió el corazón al pecho del susto, pero fui lo suficientemente rápida como para cerrar la puerta de nuevo en sus narices con magia para frenarle y que no entrase en la casa.

-¡Ven conmigo!- le dije a O. y las dos comenzamos a correr a toda velocidad por las escaleras que conducían al piso de arriba mientras que el tipo azul intentaba echar la puerta abajo como un loco histérico, y creo que lo consiguió justo cuando estábamos a punto de llegar al último piso de la casa. Todas las ventanas que había daban al callejón Knockturn, pero no había ninguna que diese al otro lado, que era el Londres muggle, que en aquel momento parecía ser nuestra última escapatoria. Nos metimos corriendo en una habitación que había en el último piso y cerré la puerta y miré a mi alrededor buscando una escapatoria… ¡Una chimenea! Corrí hacia ella y me agaché para ver si era de esas chimeneas que eran suficientemente anchas como para que cupiese una persona dentro. Había una especie de trampilla para que no entrase el aire y la quité, haciendo que cayese una nube de hollín que me hizo toser, pero al hacerlo vi que la chimenea conducía al exterior con un hueco suficientemente grande para que cupiésemos y pudiésemos salir escalando.- ¡Métete, corre! Agárrate con las manos y los pies y sube hasta arriba.

Era un plan algo loco, pero algo era algo. Cuando O. ya estuvo trepando por la chimenea yo me metí y comencé a subir detrás de ella. Escuché entonces cómo la puerta de la habitación que acabábamos de abandonar de abría de par en par y el loco azul entraba en ella. Se asomó dentro de la chimenea y como yo me acababa de meter pudo agarrarme del tobillo y tirar de mí, haciéndome resbalar y caer de nuevo abajo. El loco azul intentó sacarme de la chimenea, pero le di una patada para zafarme de él. Iba a volver a agarrarme, así que cogí el atizador de la chimenea y le di un fortísimo golpe en la cabeza con él, haciendo que cayese al suelo desorientado y dándome tiempo para volver a trepar por el interior de la chimenea hacia el exterior, al tejado donde ya estaba O. Corrimos por el tejado para alejarnos de esa casa que estaba entre el callejón Knockturn y el Londres muggle, y entonces saltamos a un balcón que estaba un piso más abajo y desde allí pudimos saltar a la calle del Londres muggle, que no estaba muy transitada. Solo algunas personas nos miraron con curiosidad y expresiones raras por habernos visto saltar como monos, pero el a lo mejor pensaron que éramos unas locas a las que nos había dado por el parkour, que estaba muy de moda últimamente.
Davina Abrasax
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