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Getting ready to get down || Sam J. Lehmann

Invitado el Jue Sep 10, 2015 4:17 pm

La parte que más me gustaba de mi trabajo era meter chorizos en Azkaban. La que menos los informes. Son una puta mierda, y encima inútiles, porque al final quien debe leerlos no lo hace (veáse mis superiores). Por eso siempre dejaba los informes para el final, cuando falta poco para irme a casa. Es una manera de motivarme: “tío, si acabas esta puta mierda ya que te puedes ir a descansar”. El problema es que a veces lo dejaba tan para el final que tenía que quedarme a hacer horas extras. Tendría que replantearme seriamente mi método de trabajo. O contratar a un becario que hiciera toda esa mierda por mí… no era mala idea. Alguien que acabara de salir de Hogwarts, estuviera estudiando en la universidad y quisiera un trabajo a media jornada. Apunté en mi agenda la idea de contratar a un becario que se encargara de esas mierdas cuando leí una anotación mía de hacía tres o cuatro horas: pedir informe del departamento de Misterios.

Bufé repentinamente porque se me había olvidado por completo. Por lo visto alguien ajeno al departamento se coló un par de semanas antes y no sé qué pasó (nadie sabe bien lo que ocurre en ese departamento) que entorpeció seriamente trabajos de los inefables. Se suponía que el caso lo iba a llevar uno de mis subordinados, pero antes el informe de los hechos del caso tenían que pasar por mis manos para que le diera el visto bueno.

Llamé a uno de mis empleados y le pedí que fuera al departamento de Misterios y que trajera el susodicho informe. A los diez minutos me vino diciendo que no podía traerlo porque era confidencial, y que un propio empleado del departamento sería el que me lo trajera. Puse los ojos en blanco con semejante gilipollez, pero asentí con la cabeza y le hice un gesto para que se fuera cagando leches. Mis empleados afortunadamente me conocían bien y sabían que lo mejor era no tocarme los cojones.

Seguí trabajando hasta que treinta minutos después escuché como llamaban a la puerta de mi despacho. Menos mal que les dije que se dieran prisa, les digo que pueden traerlo cuando quieran y me lo regalan para las Navidades de 2037. Pero como siempre, este puto Ministerio está lleno de incompetentes. Lo sabía de sobra.

- Adelante. - gruñí enfrascado con el informe actual, que estaba acabando de revisar. Escuché como alguien entraba y levanté la vista. Arqueé una ceja al ver quien era. - Buenas tardes, señorita Lehmann. Le voy a dar un consejo - expuse reclinándome en mi silla y mirándola con el ceño fruncido. - cuando el fiscal del Wizengamot dice que algo es urgente, tiene que salir cagando leches hacia su despacho. ¿Lo entiende? Fácil, sencillo y eficaz. Si no, lo más probable es que acabe perdiendo su empleo. Es un aviso. Busque lo que significa la palabra “urgente” en el diccionario y creo que me entenderá. - concluí con una mala hostia que me salía por todos los poros de la piel, tendiendo la mano para que me diera el puñetero informe.
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Jue Sep 10, 2015 6:28 pm

Sam se encontraba tranquilamente trabajando en su puesto cuando todo pareció alterarse repentinamente. Su jefe gritando, un empleado siendo amonestado, un trabajador de otro departamento achantado y montón de miradas que observaban la escena mientras aprovechaban para tomarse unos cuantos segundos de relajación. Todo se vuelve más fácil cuando es al otro al que le echan la bronca. Incluso más divertido.

La chica volvió a lo suyo cuando la cosa se relajó. Era un día totalmente teórico, sin clases que instruir ni ningún criminal al que leerle la memoria, por lo que su trabajo se había resumido en evaluar algunas fichas y terminar algunos informes para su jefe. Su segundo jefe, claro. El departamento de Misterios tenía como líder a Matt Forman, pero Sam trabajaba en un subdepartamento cuyo jefe era otro, por lo que no tenía que dirigirse directamente, en casi en ningún momento, a Matt Forman. Ya que él era el jefe de su jefe. En fin.

Aunque prefería mil veces tener que dirigirse a Matt en vez de a su auténtico jefe... Escuchó como su nombre resonaba por todo el departamento—¡Lehmann, a mi despacho! —gritó una voz masculina. Todos la miraron y posiblemente los colores de su rostro hubiera dejado de ser pálidos para convertirse en un tomate andante.

Fue hasta allí con la mente a una velocidad de vértigo, intentando averiguar qué narices había hecho mal para recibir esa reprimenda. Sin embargo, cuando llegó, se dio cuenta de que ella no había hecho nada, solo que su jefe estaba cabreado y había desatado su furia en ese grito. Le explicó a la chica todo lo que había pasado y le pidió encarecidamente que terminase de rellenar el informe para llevárselo con urgencia al fiscal. Se lo pedía a ella porque había sido partícipe de todo el embrollo y sabía que era una persona eficaz.

Así que durante los próximos minutos, Sam se encargó encarecidamente de preparar aquello perfectamente. Era bastante perfeccionista y le caía lo suficientemente mal el fiscal como para encima tener que entregarle un informe incompleto. Tras mover cielo y tierra por encontrar lo necesario para completarlo todo, se dirigió rápidamente hasta el despacho del fiscal. Por el camino, como no, se encontró con una bandada de avioncitos de papeles que atentaron contra su vida, el ascensor lleno en dos ocasiones y una avería en uno de los pasillos en donde no paraba de llover. Así que sí, llegó media hora tarde.

Tocó a la puerta del fiscal y tras recibir invitación, entró. Puag, su cara le daba muy malos recuerdos. Toda la familia Brooks le daba asco. A la chica no le dio tiempo de hacer nada, ya que Magnus fue el encargado de comenzar a echarle la bronca por su falta de profesionalidad. Sam alzó una ceja, mirándole incrédula. Sabiendo lo perfeccionista que era, todo lo que se había preocupado en no tardar y ser efectiva y lo mucho que odiaba a ese tío, lo que le faltaba es que le echara la bronca por algo que no había sido su culpa. Ella hacía muy bien su trabajo, por lo que le ofendía ese tipo de comentarios.

Observó cómo alzaba la mano para recibir el informe, pero Sam lo retuvo en su posesión solo para llamar su atención—Fiscal Brooks, soy instructora de legeremancia y mi sueldo es de 1200 galeones al mes. No está en mi deber hacer informes de este tipo y mucho menos venir a traeros esto mientras desatiendo mi auténtico trabajo. Ha sido un favor para que tanto el Ministerio como vuestra imagen como fiscal siga siendo igual de buena como hasta ahora, por lo que por favor, o págueme más para soportar vuestra arrogancia o busque usted la palabra “paciencia” en el diccionario —Y, entonces, posó el informe en la mano del fiscal. Tenía un aspecto dulce y quizás diera la sensación de que era una persona débil, pero si había una cosa que Henry le había enseñado es que nunca se dejase pisotear por nadie.

Ella no faltaba el respeto, de hecho hablaba tranquila, casi como él. Tras darle el informe, se quedó en pie en frente de él, mirándole con el ceño ligeramente fruncido. No se iría hasta que él le diera permiso para irse, así eran las formalidades en el Ministerio cuando estabas ante un alto cargo como lo era Magnus Brooks—¿Quiere que le aclare algo? —preguntó, colocando ambas manos por delante de ella en un gesto formal.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Vie Sep 11, 2015 2:17 pm

Estaba claro que si todos los ineptos del ministerio desaparecieran, nos quedariamos cinco o seis personas contadas. Casi entono un aleluya cuando llamaron a la puerta, para luego soltar mi rabia en el tono más tranquilo que conseguí, que no fue mucho. Alcé una ceja con expresión entre desconcertada y pasota mientras la tía, Lehmann, me soltaba un discurso. En todo el Ministerio yo solo respondo ante el jefe de todo lo administrativo del Wizengamot (y a este lo toreaba con relativa facilidad) y ante el mismísimo ministro. Y si él no está disponible, ante la pelirroja. Punto. Y que me viniera una tía, una doña nadie del departamento de Misterios a soltarme una charla sobre la profesionalidad y la paciencia, era cuanto menos desconcertante. Ni siquiera me cabreé más, al revés, estaba tan sorprendido que lo primero que hice fue reírme. Solté varias carcajadas seguidas y cogí el puñetero informe cuando a la tía le dio la gana de dármelo. Le eché un vistazo rápido y lo coloqué a un lado de la mesa, mientras me preguntaba si necesitaba alguna aclaración. La miré con una sonrisa torcida mientras con un gesto la invitaba a sentarse.

- Siéntese, señorita Lehmann. Verá, parece ser que su jefe es tan inepto como la gran mayoría de los subnormales que trabajan en este Ministerio, así que le voy a ser breve: este jodido informe trata de un asunto que ocurrió con los inefables. Como son tan misteriosos y tan suyos, y nadie puede saber nada de su trabajo y toda esa mierda, se comprometieron a realizar un informe sobre lo sucedido y dármelo. Han tenido dos semanas. Dos eternas y puñeteras semanas. – hablaba despacio como si se lo estuviera explicando a una niña de preescolar, que parecía ser el caso. – Les dije que lo quería hoy. Uno de mis empleados ha ido a buscarlo, pero ¡oh, sorpresa! No se lo daban, solo podía traerlo alguien de su departamento. Me importa una mierda que venga usted, su jefe, el becario peor pagado o una morsa gigante, lo quería aquí y ahora. Si resulta que no son capaces de hacer un informe en dos largas semanas y traerlo a mi despacho en cinco minutos, me temo que tienen un problema grave. – agregué dando a entender que eran retrasados, pero joder, por las palabras que había soltado la Barbie que tenía delante daba a entender que acababa de hacerlo. En ese caso podría entender que tardara media hora en traerlo… ¡pero es que han tenido dos putas semanas para redactarlo!

Respiré profundamente para calmar las ganas que tenía de decirle a Abi que despidiera a esa subnormal, pero técnicamente la chica parecía no tener la culpa, solo de haberse dirigido a mí con ese tono, claro. Pero las funciones de un departamento son como el dominó, si una se cae se caen todas las demás después. No es necesario ser superdotado para saber que hacer un informe rápido cuando han tenido dos semanas para hacerlo es una negligencia muy gorda. Crucé los brazos por encima de mi escritorio y la miré fijamente.

- ¿Sabe exactamente a lo que me dedico yo? Si mañana un canalla la asesinara, ya podrían haberlo pillado con las manos en la masa todo un escuadrón de aurores que si yo decido no procesarlo, estará en su casa en menos de dos horas. Los aurores hacen el trabajo sucio, pero yo me encargo de que terminen en Azkaban. No sé si con este breve ejemplo es capaz de entender mi importancia en este ministerio. - le expliqué en mi mismo tono de antes, como si fuera una clase. Que básicamente lo era, parecía ser que la muchacha no sabía con quien estaba hablando. - Así que le puedo asegurar que tengo mil millones de veces más cantidad de trabajo que usted, que echo más horas en este puto despacho y que mi responsabilidad es mucho mayor. Por eso las cosas más livianas y estúpidas la hacen otros. Y cuando pido algo a otro departamento me olvido del tema porque doy por hecho que allí tendrán su jerarquía. Si ha tenido que dejar su trabajo personal por este informe lo siento mucho - obviamente era mentira, me la sudaba, pero me tocaba mucho los cojones que la tía hablase como si fuera yo el que la hubiera mandado hacerlo. Había sido atrevida, eso sí. Me gustan las mujeres con carácter. - pero es culpa de sus superiores por no encargárselo a quienes deberían. Así que si quiere ya puede irse a quejarse con su indignación a sus jefes, no a mí. - solté con mi mal genio habitual, pasando olímpicamente de su cara y revisando el informe por encima. Al menos parecía correcto.
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Vie Sep 11, 2015 5:16 pm

Menudo pique más estúpido entre empleada del montón y un alto puesto del Ministerio. Obviamente, Sam ahí tenía todas las de perder y ella lo sabía, pero no podía soportar esa arrogancia. ¿Por qué la trataban así sin ella merecérselo? Es decir, ella se curraba en terminar lo necesario, iba a llevárselo, ¿y la trataba con esa prepotencia superior que la dejaba por los suelos? No esperaba reconocimiento, tampoco esperaba una felicitación. Un simple: “gracias, la próxima vez por favor no tarde tanto” la hubiera dejado pletórica. Pero no, la burla y la humillación, por muy respetuoso que hable el fiscal, siempre están presente en su tono de voz.

Sam se dio cuenta de que debería haberse callado la boca e irse resignada de aquel lugar, pero no podía contenerse cuando precisamente se trataba de Magnus Brooks, aunque su puesto peligrase. No soportaba a ese tío y claramente rara vez Sam se achantaba ante gente como él. Sin embargo, debía de empezar a hacerlo… Ella no tenía una familia rica que le mantuviese mientras pierde su trabajo por su vípera lengua con el jefe de Wizengamot.

Se sentó en la silla que tenía delante y fue entonces cuando empezó a recibir toda la reprimenda del fiscal. Se lo merecía, en realidad, pero aún así, no bajó la cabeza. ¿Acaso no le había quedado claro que ella no tenía nada que ver con la incompetencia de los inefables y que había hecho todo lo posible por que llegase a tiempo? Frunció el entrecejo ante lo que decía y luchó contra la Sam contestona de su interior para no contestarle. Casi lo consigue, pero no—Fiscal, con todos mis respetos, no pretendo cuestionar a su persona… —En realidad sí lo pretendía, pero obviamente no podía decírselo. Sam ahora mismo solo quería que Magnus supiera que ella no tenía la culpa de ninguna negligencia por parte de su departamento—Pero el problema lo tiene con los inefables. No con una trabajadora que no tiene nada que ver en el tema. ¿Tiene lógica acaso echarle una reprimenda a alguien que no tiene potestad para solucionar nada? —Hizo una pausa, tragando saliva—No seré yo quién tenga que ver con la eficacia la próxima vez.

“Por lo que mueva el puto culo y vaya a echarle la bronca a los putos inefables” le faltó decir. La chica poseía un tono de voz suave y dulce, además de que hablaba pausada y tranquila. No quería faltarle el respeto, pero tampoco quería que se lo faltaran a ella. ¿En qué mundo vivíamos que el poder te daba la libertad de tratar a los demás como si no fueran nada?

Fue justo después cuando el fiscal se puso más serio y Sam asintió a todo lo que decía. No podía discutir con alguien como él… mucho menos buscar ese resquicio de igualdad que solo personas con integridad y profesionalidad tenían en aquel Ministerio. Era un Brooks, no podía esperar grandes cosas de esa familia, ya que no había que pedir humanidad en donde no había—Sí, lo entiendo perfectamente —dijo, de manera sumisa, tanto que parecía claramente que le estaba dando la razón solo por no discutir. Precisamente por ese tipo de cosas, en donde personas como él abusan de su poder, era por lo que más desconfiaba. Odiaba a la gente como él— Siento mucho haberle ofendido, Fiscal Brooks —añadió tras que acabara de hablar, sin añadir más nada con respecto a eso.

Ella seguía pensando que no tenía la culpa, pero debía de callarse y dejar ese tipo de discusiones para personas con las que pudiera discutir. Discutir con él no solo desencadenaría una mala hostia suprema por parte de Sam que luego costaría redimir, sino la posibilidad de que Brooks se cansara y pusiera su puesto en peligro. Alguien con sus recursos económicos no podía permitirse perder ese trabajo.

Así que se mantuvo en silencio y cuando vio que estaba mirando el informe en cuestión, Sam decidió mostrarse más afable—¿Quiere que haga algo más por usted?
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Lun Sep 14, 2015 2:51 pm

Para qué vamos a mentir, las mujeres con carácter me gustaban. Y el arranque de indignación de Lehmann en cualquier otro contexto hubiera hecho que la invitara a cenar como mínimo, y si se hubiera puesto así con otro jefe, la habría aplaudido. Pero como era yo el objeto de indignación me puso los cojones a reventar. Era una curiosa mezcla, entre a punto de mandarla al carajo y encargarme de que la despidieran y de reírme.

Sabía perfectamente que la muchacha no era la culpable del tema del informe. Su único pecado fue tocarme los cojones, y al menos se redimió fácilmente. Me daba la impresión de que debajo de esa sumisión y esa docilidad tan repentina como su indignación, estaba deseando matarme. No sabía por qué, pero tenía esa sensación, y tampoco es que me fuera ajena. La veía a diario en mis subordinados, con la diferencia de que nunca ninguno de ellos me había desafiado. Lehmann tenía carácter, pero lo ocultaba, y se hacía la tonta para no meterse en problemas, a menos que fuera bipolar, cosa que no era probable. En el fondo me estaba empezando a caer bien. Arqueé una ceja con su frasecita y tono amable, dejándome claro que bien o era bipolar de verdad y retrasada, o una crack disimulando la bilis y la mala leche. Teniendo en cuenta mi fama de jefe gruñón, apostaba cincuenta galeones a que era lo segundo. Levanté una mano en gesto de que esperara y me puse a leer a fondo el informe.

- Entonces, que me quede claro… ¿esto lo ha redactado en media hora? - pregunté para asegurarme, volviendo a la lectura. Estaba de puta madre para haberlo hecho en ese tiempo, la verdad. A ver, no era el informe del siglo, pero teniendo en cuenta el tiempo era un estupendo trabajo. Mejor que el de la mayoría de mis empleados al menos. - Tiene usted razón en una cosa: no es su culpa la incompetencia de los inefables. Pero hágale saber a su jefe que me ha tocado los cojones la ineptitud del departamento. Y dígaselo con palabras textuales, no tema ser escatológica. - advertí, me gustan que mis palabras se digan tal cual. Volví a leer el informe, esta vez muy de pasada, y una idea se me fue formando en la cabeza. - En el fondo me has caído bien con ese arranque de mala hostia. - confesé con una sonrisa torcida, tuteándola por primera vez. Sabía que no era mutuo, pero eso me la sudaba. - Y tu redacción y precisión es impecable. Pareces ser más inteligente que la mayoría de los subnormales de aquí, por lo menos. ¿Qué te parecería tener un trabajillo extra? Con su correspondiente aumento de sueldo, por supuesto, y nada incompatible con tu trabajo actual. - agregué arqueando una ceja y mirándola fijamente esperando su reacción. Parecía ser alguien más o menos competente, y eso era ya decir mucho. Si le interesaba me ahorraría el tener que buscar un becario para el tema de los informes y arriesgarme a que fuera un inútil.
Anonymous
InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Lun Sep 14, 2015 9:49 pm

Sam esperó impacientemente por la opinión del informe, esperándose lo peor. Después de lo que le había dicho, probablemente le soltaría mierdas sobre todo aunque estuviera perfecto. Debería de haberse callado, darle el informe e irse con la misma para su pequeño y humilde puesto de trabajo en una esquina de su departamento a seguir leyéndose fichas de incompetentes que intentan aprender legeremenacia.

Pero contra todo pronóstico, el gesto de Magnus no mutó a un desagrado similar al que pones cuando te encuentras de frente con el sobaco sudado de un obeso. Todo lo contrario, parecía conforme—Sí, más o menos —realmente fueron menos, ya que se había pegado más del tiempo previsto para poder llegar al despacho del fiscal. No obstante, tenía su mérito, pero no tanto. El departamento le había facilitado todos los datos del caso y ella lo único que tenía que hacer era ordenador, resumirlos y contarlos. Era algo que hacía continuamente en su trabajo. Y era un poco perfeccionista, por lo que ordenar cosas se le daba especialmente bien. Incluso le gustaba.

Sam hubiera sonreído al tema de no ser escatológica si no fuera porque el chiste lo había hecho él. Aún así, intentó relajar su gesto de mala hostia, ya que Magnus había adoptado una actitud mucho más jovial con ella, alejada de pullas y hostilidades—Lo intentaré. Pero debo hacerle saber que probablemente no suene igual de autoritario que usted —dijo Sam, consciente de que su tono de voz, dulce y suave, no solía ir muy bien combinado de tacos e improperios. Es más, creía con toda su certeza, de que si ella decía eso, nadie la tomaría en serio. Magnus lo decía con la boca llena y con mala hostia.

Aunque para más sorpresa, todo el temor que Sam había estado creando por culpa de haberse encarado con el fiscal, era en vano. Ya que, casualmente, a él le había gustado. ¿Tendría una especie de obsesión masoquista? Quizás es de esa gente a la que le gusta que le traten mal… Sam alzó una ceja sorprendida, no solo por lo de caerle bien, sino por la oferta que le estaba haciendo de trabajo. Lo que más llamó su atención fue lo del aumento de sueldo, ya que no iba a negarlo, teniendo en cuenta su estilo de vida, se quedaba corta. Pero lo que menos le llamaba la atención era trabajar con él. Aunque pensándolo por otra parte, podría acercarse más a Brooks, lo cual podría suponer una ventaja si hacía tutoriales extras de: “Cómo no vomitarle encima a Brooks cuando tratas con él”.  La chica relajó el gesto—¿Y de qué estamos hablando? Mi horario a cumplir como instructora es de nueva de la mañana a una del mediodía —se acomodó, cruzándose de piernas, interesada por lo que conllevaba tener ese trabajillo extra junto al fiscal—Mientras no interfiera con mis obligaciones… estoy interesada en ese aumento de sueldo. ¿Qué tendría que hacer? —curvó una sonrisa, sincerándose. Estaba claro que el trabajo era lo que haría, pero lo realmente importante ahí era poder saber más de él y el aumento de sueldo.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Mar Sep 15, 2015 3:49 pm

Mi mala hostia se calmó cuando constaté que el informe no estaba nada mal. No iba a ganar el premio a Informe del Año, pero teniendo en cuenta que no era su tarea oficial y el poco tiempo que le dedicó, ya sobrepasaba al nivel medio de mis empleados. Y tengo inútiles que tardan dos días en redactar un mísero párrafo. De verdad que a veces no entiendo cómo puede entrar tanto imbécil en el Ministerio, se supone que debería haber una especie de criba o algo así. Siempre tuve la teoría de que el 90% de los trabajadores del Ministerio están aquí porque no saben a qué dedicarse. Y cada día que pasaba lo constataba más.

Por la expresión de la muchacha, de la que no recordaba su nombre de pila, me di cuenta que mi oferta le sorprendía. A ver, era comprensible: primero le grito enfurecido y luego le propongo trabajo, pero es que tengo mi propio método de averiguar la valía de alguien y su desafío me había gustado. Aunque luego se escondiera detrás de una caparaza de chica buena y dócil que no colaba. Ese mimetismo también era valorable, uno de mis peores defectos es que no sé cerrar la boca, y Lehmann parecía que sí sabía. O eran simplemente imaginaciones mías y al final acababa siendo otra idiota más pero eso se vería con el tiempo. No tenía nada que perder y mucho tiempo valioso por ganar y no invertirlo en enseñar a un mocoso recién salido del colegio a hacer las cosas en condiciones.

Casi me da un patatús cuando me dijo su horario. Afortunadamente pude disimularlo con un simple arqueamiento de ceja aunque por dentro estaba flipando. De nueve a una y todavía se quejaba la tía. Alucinante. Trabaja cuatro horas. Cuatro putas horas. Y yo entro a las ocho de la tarde y como mínimo salgo a las siete. Vale, obviamente mi trabajo era mucho mayor, pero volví a sentir esa patada en los cojones que sentí cuando entró en el despacho muy altanera. Madre mía de Merlín y todos los dioses arcanos.

- Anda, que suerte. Más quisiera yo trabajar de nueve a una. - ironicé de modo neutral, cagándome en los muertos del Magnus adolescente que decidió que su sueño era ser fiscal. - Pues es algo muy sencillo. Siempre hay informes que redactar. El tema administrativo lo llevan dos empleados, pero siempre que terminan de redactar papelajos soy yo el que los revisa y les da el visto bueno. Y eso me quita un tiempo extra inapreciable. Estaba buscando alguien que revisara esos informes, los corrigiera si hubiera algún fallo y los procesara en la base de datos del Wizengamot. Pongamos que te llevaría una hora u hora y media diaria. Lógicamente si el día siguiente tengo tres juicios habrá más carga de trabajo, pero si estamos en temporada tranquila, incluso no haya trabajo del que ocuparse. - había un poco de todo, en realidad. Esto no era como su cómodo trabajo de nueve a una, sino que dependía de muchos factores. - Obviamente tu trabajo como instructora es el importante, y si un día no puedes pasarte por mis oficinas, no hay problema. No se te descontaría del sueldo ni nada de eso. - para que luego digan mis empleados que soy un borde. Bueno, no lo dicen, pero no hace falta ser instructor de legeremancia como Lehmann para saber que lo pensaban. En el fondo hasta soy buena gente. A veces. Solo a veces.

Me recliné en mi silla con aire tranquilo para que la chica fuera sopesando opciones. El dinero era lo de menos, el departamento podía permitirse nuevos contratos y un trabajillo extra oficial como aquel nos saldría barato. Total, era una hora diaria, que tampoco esperara hacerse rica con eso.

- Tu sueldo serían 400 galeones mensuales, creo que es una cifra justa. En caso de que estuviéramos hasta arriba de trabajo y durante un mes trabajas el doble que lo estipulado, también se te pagaría el doble. Eso ya lo hablarías directamente conmigo. Cualquier cosa o problema que te surgiese lo hablarías conmigo. - aclaré, suponiendo que esa cuestión no le gustaría tanto como el sueldo. En el fondo soy un santo. Que lo estaba haciendo para ahorrarme el riesgo de contratar un becario imbécil pues mira sí, también.
Anonymous
InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Mar Sep 15, 2015 11:42 pm

Fue todo un soplo de aire fresco cuando la actitud de Magnus Brooks se relajó y se volvió más amena, motivo principal de que también se hubiera relajado la de Sam y aquello empezase a ser una reunión más seria y cordial digna de dos trabajadores profesionales del Ministerio. Y no soltándose mierdas como hacía unos segundos… Menuda manera de empezar una conversación.

Todo lo que le proponía el fiscal le parecía cada vez más llamativo. Dos horas diarias a lo sumo, no era mucho y por lo general parecía una tarea fácil. Ella solía hacer ese tipo de cosas, no con el mismo grado de importancia claro está, pero básicamente era lo mismo. En su trabajo cuando le tocaba administrar todas las prácticas hechas con anterioridad, por lo que no le resultaba un trabajo nuevo del cual tener que aprender desde cero. Además, era efectiva y rápida y si no lo era, ella misma se auto imponía sus propias metas para ser eficiente—Me interesa y mucho. Podría pasarme a primera hora de la mañana para recoger lo que fuera, organizarme y luego cuando termine mi turno en el departamento, volver a pasarme para entregar o terminar las cosas. Puedo compaginar perfectamente ambos trabajos si me organizo con las clases de legeremancia —le contestó, con una seguridad desbordante. Obviamente, las clases de legeremancia no estaban totalmente en su mano, pues tenían dos partes que estar de acuerdo. Pero vamos, no suponía un problema mayor.

Ella más que nadie sabía sus límites y adoraba ese… “estrés” laboral que la volvía activa. Odiaba con toda su vida estar sin hacer nada en su puesto de trabajo o simplemente reordenando cosas que ya había ordenado el día anterior. Era de esas personas que podrían considerarse adictas al trabajo y no le importaba sacrificar su hora matutina para hacer footing por entrar una hora antes al trabajo. Ya correría a media tarde.

El hecho de que el fiscal fuera directamente su jefe no le hacía especial gracia por situaciones sociales de claro riesgo a fomentar conversaciones incómodas que pudieran surgir, pero por situaciones más privadas, algo de interés había en acercarse más a un Brooks, por lo que tampoco le suponía un gran inconveniente—Está genial —dijo finalmente, esbozando una sonrisa. Cuatrocientos galeones no eran una fortuna, pero si ya vivía decentemente con sus 1200 galeones, con 1600 tendría bastante con lo que ahorrar para poder comprarse una casa mejor—Me apunto. Se lo comentaré a mi jefe, para que así me mantenga al día a mí de las cosas que tengan que ver con Wizengamot. Le libraré de trabajo y así no tendrá usted que tratar directamente con él, por lo que se libra de formalidades y pérdidas de tiempo —comentó, pensando en optimizar el tiempo al máximo. Ya que ella era de ese departamento, lo más lógico es que aprovechara para mantener todo eso al día.

Había quedado claro que a Sam le gustaba bastante ese tipo de cosas, por muy masoquista que sonara. Pero al contrario que al resto de personas del mundo, a ella le gustaba sentirse útil y saber que su trabajo servía para algo. Y bueno, realmente el ascenso de sueldo le resultaba un muy buen aliciente para su buen humor—¿Cuándo empiezo? ¿Hablo directamente con vuestros empleados para que me pasen a mi el trabajo o habla usted personalmente con ellos? —preguntó, curiosa.
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Lun Sep 21, 2015 11:59 am

Como ya suponía, le interesaba. Estaba claro que porque era un trabajo sencillo y un dinero extra en sus ingresos, que vamos a hacer, hoy día todo se mueve por dinero. Para que luego digan que soy un capullo, ¡si soy un santo! Vale, estoy exagerando, santo no soy, pero a veces, solo a veces, no soy tan cabrón como piensa la gente. Era una opción que nos beneficiaba a ambos: a ella le otorgaba más pasta a final de mes y a mí me quitaba el riesgo de contratar a un becario imbécil.

Lehmann parecía muy segura de poder compaginar ambos trabajos, problema que ya sería suyo. Yo suponía que diría de pasarse por mis oficinas cuando terminara su trabajo, pero realmente me daba igual que lo hiciera antes del suyo, después o mientras. Eso me la sudaba completamente.

- Como quieras, la manera de organizarte ya depende de ti. - contesté con tono amable aunque distante. Que buena gente soy. La muchacha parecía entusiasmada y todo. Ay, poderoso caballero es don Dinero… empezó a parlotear sobre qué ella hablaría directamente con su jefe, algo en lo que estaba de acuerdo. Vamos, que si no lo hacía ella mandaría a mi secretaria, yo paso de perder el tiempo con ese tipo de formalidades. - Me parece muy bien, comentáselo cuando puedas. Dudo que ponga alguna pega, porque como ya te he dicho tu trabajo como instructora es lo primero. Mis encargos no van a monopolizarte, y en cualquier momento puedes decirme con total libertad si necesitas menos carga de trabajo o lo que sea. - aclaré, no fuera a ser que la tía se estresara y luego fuera echando pestes de mí. ¿He dicho ya que soy un santo?

La chica parecía ansiosa por empezar. O bien necesitaba de verdad ese aumento de sueldo o le encantaba trabajar. Teniendo en cuenta mis experiencias previas veía más factible que fuera lo primero, a todo el mundo le gustaba encontrarse con una nómina más gruesa a finales de mes. Incluso a mí, que no me daba tiempo ni de gastar la pasta de todo lo que trabajaba, de ahí que tuviera unos buenos ahorros guardados. En fin, solo esperaba que no hubiera problemas burocráticos, y si los había, que se las apañara ella.

- Hablaré yo con ellos, mañana ya puedes pasarte por aquí. Le dejaré instrucciones a mi secretaria para que te vaya pasando trabajo. - expliqué haciendo un gesto con la cabeza hacia afuera, dándole a entender que mi secretaria era la tipa cuya mesa estaba justo en la puerta de mi despacho. - Cualquier duda o problema ya sabes donde encontrarme. O me mandas uno de esos horribles aviones de papel. - propuse poniendo los ojos en blanco. No me gustaban nada y poquísimas veces los usaba, pero entendía que a algunos les resultara prácticos.
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Sam J. Lehmann el Mar Sep 22, 2015 1:27 pm

Lo menos que se esperaba era salir con una propuesta de trabajo del despacho del Fiscal Brooks, motivo principal de que su humor de perros al soportarlo hubiera cambiado radicalmente desde que observó el informe.

Sam dudaba mucho en que su jefe pusiera ninguna pega. Si fuera una chica que no se tomara su trabajo en serio o que no lo llevase al día, podría llegar a entenderlo, pero teniendo en cuenta de que se trataba precisamente de ella, no habría ningún problema. O por lo menos eso esperaba, porque no tenía ninguna intención de rechazar el trabajo. Eran ventajas por todas partes: tanto en el dinero, como en su extraña manía por trabajar y como para acercarse a los Brooks, esa familia que probablemente fuera la protagonista de todos sus quebraderos de cabeza.

La chica asintió a todas las facilidades que Magnus le ofrecía y, tras preguntarle que qué hacía con sus trabajadores, él se ofreció para decírselo hoy para poder empezar mañana. Así daba gusto hacer negocios—O no, por favor, no soporto esos avioncitos de papel—Contestó la chica, sonriendo risueña al ver cómo ponía los ojos en blanco. Ea, por lo menos en algo coincidían—Y prefiero tratar los problemas de manera personal.

Odiaba los avioncitos. Tenía la sensación de que tenían un fallo de diseño y es que no sabían por dónde iban. No paraban de chocarse una y otra vez con tu maldita coronilla cuando ibas por los pasillos tranquilamente. Se chocaban una y otra vez, como si estuvieran exigiendo que te apartaras para que ellos pudieran seguir su camino. “Apártate”, “fuera”, “soy un puto avioncito, tengo prioridad”. De verdad, no los soportaba. Además, le parecía sumamente ridículo tirar uno al aire al grito de: “¡Vuela, para el Ministro!”.

La chica se alisó la falda por encima de sus piernas, pensando en si debía preguntarle algo más sobre el trabajo que le estaba proponiendo, pero suponía que ahora mismo no se le iba a ocurrir más nada y podría venir en cualquier momento para cualquier duda que surgiera. No es que le quedase precisamente cerca ambos departamentos, pero tampoco eran los más lejanos que estaban. Miró al fiscal—Entonces empiezo mañana —dejó claro—En tal caso, si no quiere nada más de mí, me retiro para explicárselo al Señor Forman y continuar con mi trabajo —preguntó, ya que él era el que debía dar por finalizada la reunión, pues no sabía si tenía algo más que decirle. Además, eran formalidades que debían de respetarse. Se levantó de la silla y se acercó a la puerta—Un placer hacer negocios con usted, fiscal Brooks —Y abrió la puerta para salir y volver a su departamento.
Sam J. Lehmann
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