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We were walking up to strawberry swing // Rhea Jackson (trama)

Gabriel J. Blumer el Miér Sep 16, 2015 11:57 am

Había perdido de vista Max hacía ya varios minutos que parecían haberse convertido en horas. Ni si quiera recordaba la última vez que lo había visto ni por qué razón se habían separado, tan sólo que ambos se habían colado en una fiesta en la que no conocían a nadie y ahora, definitivamente, no conocía a nadie. - ¡Max! – Gritó mientras buscaba a su amigo, pero este parecía haber decidido jugar al escondite o, conociéndolo, se había ido con alguna chica para tener una conversación más privada. - ¿Max? – Preguntó a un chico que por detrás era igual que su amigo. Salvo porque era pelirrojo y con el pelo largo. Pero tras varias copas ya todo el mundo le parecía igual. – No, tú no eres Max. – Si no fuese porque él mismo sabía que Max era su amigo podría jurar que aquel loco que gritaba el nombre de alguien en mitad de Cabeza de Puerco andaba en busca de su perro. ¿Nunca le había dicho a Max que tenía nombre de mascota y no de Ravenclaw de último curso?

La noción del tiempo ya no era lo que había sido antes y se maldijo a sí mismo por cambiar la cerveza de mantequilla por la cerveza muggle que, por suerte, servían en aquel antro. Porque no podía decir que llamarlo local fuese decente, ya que era un insulto para el resto de locales del mundo. – Eh, chiquillo, ¿Has perdido algo? – Preguntó una anciana antes de soltar una sonora carcajada. Gabriel giró sobre sí mismo y una mueca de asco se dibujó en su rostro al ver la cara demacrada de la mujer. Podía ser la persona más amable del mundo, pero cuando bebía perdía totalmente el control de sus sentidos. Aceleró el paso y se apoyó en la barra intentando nuevamente dar con su amigo.

- Perdone.- El hombre de la barra parecía demasiado distraído atendiendo a la clientela. – Eh, perdone. – Y seguía sin hacerle caso. Apoyó sendos codos sobre la barra y se dedicó a mirar las botellas que había al fondo sin prestar atención a lo que estaba pasando a su alrededor cuando, de golpe, una jarra de cerveza fría se posó a su lado. – Sí, gracias. – No era eso lo que iba a pedir. Tan sólo quería preguntar por Max, quizás alguien allí lo hubiese visto, pero ahora el recuerdo de Max había pasado a un segundo plano eclipsado por la nueva bebida que tenía a su lado. Era lo bueno de colarse en una fiesta privada sin si quiera darse cuenta, que todas las bebidas eran gratis y, para alguien que no contaba con más que un par de galeones, era todo un descubrimiento eso de poder beber todo lo que quisiera sin que su bolsillo se resintiese.

Cogió la jarra de cerveza entre sus dedos y se volteó en busca de un asiento sin recordar que estaba buscando a Max. No tardó en atisbar uno en la distancia y aceleró el paso en dirección a aquel lugar cuando, sin darse cuenta, golpeó a alguien que se cruzó en su camino, haciendo que toda la bebida saliese disparada contra el suelo manchando las piernas de ambos. – Ah, joder, mi bebida. – Dijo sin perder la vista del suelo. De su bebida. Ah, su bebida. Se había derramado. Pero podía ir a por otra, era gratis. Algo que no hizo, porque el drama de haber perdido a su mejor amigo y a su cerveza era demasiado grande en aquel momento. – Tómale el pulso, puede que aún siga con vida. ¡Tiene mal color! La perdemos, que alguien llame a una ambulancia. – Seguro que alguien le miraría mal, seguro que las ambulancias en el mundo mágico no existían y se daban cuenta de lo muy muggle que podía llegar a ser a veces. - ¿Eres médico? Dime que aún puedes hacer algo por mi amiga. Acabamos de conocernos, pero... – Sujetó las manos de la chica rubia que tenía enfrente como si se conocieran de toda la vida y la zarandeó ligeramente. – O podemos a hacer una nueva amiga a la barra. Te confesaré algo... es gratis. – Dijo aquello último como si fuese el secreto mejor guardado de la historia. Algo que, seguramente la chica ya sabría, pero para él era el descubrimiento más importante desde la pólvora.
Gabriel J. Blumer
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Rhea Jackson el Dom Sep 20, 2015 9:33 pm

"¿En qué momento me dejé convencer?" me recordaba lo poco que quedaba de mi consciente cerebro mientras vagaba por aquella taberna más perdida que un pulpo en un garaje. La sucesión de caras que pasaba ante mis ojos no me importaba lo más mínimo porque la cara que buscaba era la única que me veía incapaz de encontrar. Quizás se había ido y me había dejado allí sola en medio de un montón de desconocidos...eso sería raro en él, creo. ¿Lo sería?

Todo había empezado aquella tarde cuando quedé con Ian para ir a tomar algo. Suena inocuo, ¿no? Después de haber peleado con un calamar gigante y de habernos tirado de un puente juntos, lo de tomar algo, porqué sí, sonaba muy inocente. En comparación lo más lógico sería que no nos pasase nada raro. Pero no. Salir con Ian y no arriesgar de algún modo el tipo parecía imposible. Habíamos acabado en una fiesta de alguien que ni él ni yo conocíamos porque él se había emperrado en ir a la Cabeza de Puerco. A mi es un sitio que no me gusta demasiado, pero cuando estoy con él creo más aconsejable dejarme llevar sin más e irme adaptando a la situación. A ese nivel de confianza habíamos llegado ya.

Cuando entramos en el pub, ya todo el mundo estaba demasiado borracho como para darse cuenta de que nosotros, no solo no pertenecíamos a aquel ambiente, si no de que éramos menores y en teoría no podíamos estar allí en plena barra libre. Los camareros estaban demasiado ocupados para notarlo y el resto de gente que allí estaba parecía tener una maravillosa actitud de "me importa un carajo". Así que, como buenos adolescentes que somos a los que el universo no les permite tener un encuentro tranquilo, lo primero que hicimos fue pedir una ronda de chupitos de whisky de fuego. Eran 4 chupitos para cada uno y, como dato, yo nunca antes había probado esa bebida infernal, pero me fié de Ian cuando dijo que él elegía la bebida. Tonta de mi. El primer chupito bajó por mi garganta como agua en un primer momento, ni siquiera lo saboreé, pero cuando terminé de tragar tuve la sensación de que lo que había bebido era lava. Solté un grito y todo empezó a darme vueltas hasta que Ian me agarró por los hombros y pude enfocar su cara como punto fijo- Ardo por dentro- le dije convencida de que esa era la sensación que sentía. Vi como se reía y me sentí patética porque él no se sintiese igual que yo, así que también me reí, lo que me hizo sentir más tonta todavía.

Cuando se me pasó la sensación ardiente del primer chupito, me tomé el segundo, y luego el tercero y para cuando llegué al cuarto ya no veía demasiado bien. El último chupito me sumió en una maravillosa sensación de libertad ebria y mareante en la que todo el mundo, menos Ian, me parecía el triple de feo de lo que seguramente era. Por algún motivo, el alcohol hacia que la gente a la que no conocía me pareciese más fea de lo normal, sin embargo, si me caes bien, automáticamente te veo más guapo...¡qué cosas!

No sé en qué momento entre bailes y gritos y algún fugaz beso, perdí a Ian, pero sin darme cuenta me encontré sola en medio de un montón de desconocidos que no sólo no me daban miedo, si no que no me importaban lo más mínimo. Era liberador y habría sido maravilloso si de vez en cuando no hubiese tenido que pelear con esa sensación de tener un dragón en el estómago con ganas de salir volando. Seguí bailando yo sola, sin más música de acompañamiento que el barullo que me rodeaba cuando noté como mis piernas se empapaban. Estaban frías y resbaladizas y se me hizo una sensación extrañísimas pues mis piernas no suelen estar frías o resbaladizas- ¿Qué clase de magia es esta?- dije al aire antes de darme cuenta de que había un chico a mi espalda al que se le había derramado la cerveza.- Oh...-dije con verdadera tristeza cuando vi como el chico, cuya cara me sonaba pero no me importaba de qué, sufría por el derramamiento de su bebida- ¡No puedo hacer nada!- dije realmente compungida mientras el me zarandeaba y podía notar como mi cabeza estaba el triple de suelta que lo normal. Asentí con la cabeza cuando dijo que era gratis, con los ojos muy abiertos. Obviamente lo sabía ya, pero era un secreto lo que me estaba diciendo así que era de educación sorprenderse.- Vayamos a por otra amiga, así seremos tres- dije notando como las palabras me patinaban ligeramente.

Al girarme, agarrada al moreno que había derramado su cerveza entre nosotros, resbalé. Un grito agudo salió disparado de mi garganta. El típico grito que doy siempre que tropiezo o me caigo. Y vi pasar mis piernas ante mis ojos antes de notar el durísimo suelo contra mi culo- ¿Me he caído?- le pregunté al chico que seguía de pie- - me respondí a mi misma y me puse de pie de un salto. Notaba el culo frío y resbaladizo como mis piernas y supuse que parecería que me había meado, pero no me importo- Vayamos, guapo desconocido- dije cogiéndolo por los hombros y empujándolo un poco hacia la barra- Que sean dos- le dije al camarero intentando enfocarlo pero sin conseguirlo. Nos puso dos bebidas delante aunque no le había dicho dos de qué. Él debió entender que me refería a dos cervezas.- Me llamo Rhea- dije girándome hacia el chico- Y me han dejado sola así que ahora que sabes mi nombre si me pierdo, grítame, ¿vale?- dije con seguridad aunque con poca estabilidad.
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Gabriel J. Blumer el Lun Sep 21, 2015 11:57 am

Lo peor que podía haberle pasado había tenido lugar. La cerveza había desaparecido. Ah, sí, también lo había hecho Max, pero lo había olvidado totalmente gracias a los efectos del alcohol. Ni si quiera estaba acostumbrado a beber y, cuando lo hacía, era en pequeñas dosis. Principalmente porque no tenía dinero suficiente como para pagarse una borrachera en condiciones. Si lo pensaba seriamente, aquello era la primera borrachera de su vida y había perdido a su mejor amigo para disfrutarla en buena compañía. ¿Quién le acompañaría fuera cuando su estómago decidiese que no quería almacenar nada más? ¿Quién le secaría las lágrimas cuando fuese el típico borracho que llora por todo? ¿Quién se reiría de sus bromas cuando pasase a ser el borracho que sólo dice tonterías? Max le había decepcionado, sí, definitivamente lo había hecho. O más bien, lo habría hecho si se acordase de él. Aunque posiblemente el chico estaría inconsciente en alguna parte del local tras haber bebido demasiado y no con ninguna chica como Gabriel habría imaginado.

Miró al suelo. Luego a la chica. Y volvió la vista al suelo. A ver cómo la pobre cerveza se arrastraba por la superficie del suelo hasta convertirse en un simple charco rodeado por cristales rotos de la jarra. Debería recoger los pedazos y hacerle un altar. Que nadie olvidase que su amiga era vital en su vida y que alguien la echaría de menos. Pero se le había vuelto a olvidar. Estar borracho para él era olvidar lo que pasaba cuando algo nuevo aparecía. - ¿Cómo que no? ¿Qué tipo de doctora eres? – Preguntó horrorizado y soltando un gallo al final de la frase, ya que estaba gritando demasiado y eso hacía que no controlase su voz en absoluto. Por regla general era tranquilo, dentro de lo que cabía, y en aquel momento se sentía como un maldito rabo de lagartija. – Seamos cuatro, otra para ti. – Ya no importaba la muerte de su amiga anterior. Ahora iría a hacer otra a la barra, con espuma. Sería mejor que la anterior incluso, básicamente porque no había llegado a probarla. Tiró de la mano de la chica. O eso creyó, porque agarró la mano de una señora que rozaba los sesenta años y puso una mueca de asco cuando esta se giró y pudo ver sus arrugas de cerca.

Abrió los ojos de par en par horrorizado y se volteó como si él no hubiese sido el culpable. Ahora pensaba que esa mujer lo amaría hasta el final de sus días y lo acosaría por toda la taberna. Debía beber para que aquella mujer no lo descubriese e intentase quedarse con su fortuna de cromos de ranas de chocolate. - ¿Eh? – Logró a articular al escuchar la voz de la chica. Pero más lejos que antes, cuando él apenas se había movido. Se volteó sin encontrar nada. Nada. La chica había desaparecido. Seguramente se tratase de un fantasma y ahora se había vuelto invisible. Estaba horrorizado. Había visto un fantasma, ¡Cómo si no conviviese diariamente con unos cuantos en el castillo! – Aaaaaaah. – Sí, parecía estúpido. Afirmó con la cabeza y antes de poder tenderle la mano a la chica esta ya se había levantado apareciendo nuevamente en su campo de visión. Y menos mal que no le dio tiempo a ayudarla, pues de haberlo hecho posiblemente hubiese acabado él también en el suelo.

Notó los brazos de la chica sobre sus hombros y aceleró para ir rumbo a la barra gracias al empuje de la chica, pues sin ello posiblemente se hubiese quedado mirando el techo. O buscando la cerveza caída por el suelo, si se acordase de ello otra vez. – Me encanta beber gratis. – Afirmó dándole un trago a la bebida en cuanto esta apareció ante sus ojos. – Es bebida. Y es gratis. No pagas. ¿Quién paga? Deberíamos ir en su busca y darle las gracias. ¿Pagas tú? ¿Esta fiesta es por ti? – Preguntó de manera atropellada antes de dar una bocanada de aire para coger de nuevo la respiración. – Gabriel, y no soy menor de edad y no debería estar aquí, por si te preguntan. – Respondió con una media sonrisa antes de escurrirse del taburete y casi encontrarse con el suelo.

Tú no has visto nada. – Dejó la cerveza sobre la barra y buscó en sus pantalones hasta encontrar un rotulador permanente. De esos muy muggles, pero no importaba. – Dame el brazo. Rhea, dime tu apellido y dónde hay que llevarte si te pierdes. Así si te quedas inconsciente te llevarán allí o a lo mejor te violan y te matan. Y luego venden tus órganos en el mercado negro. Y no necesariamente en ese orden. – Elevó una ceja. Muy serio. Luego soltó una carcajada. – Dicta, que esto lo vi yo en una serie. – Destapó el rotulador y sí, pensaba apuntar lo que fuese en su brazo. Que luego se entendiese su letra sería otra historia.
Gabriel J. Blumer
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Rhea Jackson el Mar Oct 13, 2015 10:28 pm

El mundo daba tantas vueltas que parecía extraño que aun no se hubiese salido de su eje. Las caras de las personas no me importaban a no ser que las conociera pero tampoco tenía mucha seguridad sobre si las conocía porque no las veía muy bien. Todo a mi alrededor se había vuelto liberadoramente borroso y yo no podría haber hecho nada por solucionarlo ni aunque lo hubiese intentado. La mezcla de todo eso era bastante peligrosa si teníamos en cuenta que me encontraba yo sola en medio de un montón de desconocidos y que la persona con la que había venido se había esfumado como un ilusionista muggle barato. Me encontraba perdida, feliz, mareada y sola hasta que una cerveza me mojó las piernas y así Gabriel y yo unimos nuestras terribles cogorzas.

No tenía muy claro cual había sido el orden de los acontecimientos, pero en mi pasado reciente recordaba un baile, tener las piernas raras y frías y que mi culo diese contra el suelo. Esperaba haberme levantado dignamente, pero tampoco me importaba demasiado. Lo siguiente era un camino entre las personas que allí había que poco a poco se iba abriendo, como si yo y Gabriel formásemos ese camino...Cierto, yo lo había empujado desde el medio del pub hasta la barra, donde finalmente nos encontrábamos, ante otras dos cervezas. Notaba el culo incómodamente mojado así que me lo froté y cuando la mano se me mojó también, me dio un poco de asco, pero no tardé en ignorar esa sensación. Oí como el chico, del que más tarde sabría que efectivamente se llamaba Gabriel, me hablaba. Lo miré con los ojos entornados buscando enfocarlo con más claridad pero no tuvo mucho éxito, así que me limité a reírme más de lo necesario cuando dejó de hablar.- No, jajajajaja- dije partiéndome de risa sin motivo aparente.- Me he colado, con un amigobarramante, pero me ha abandonado y ahora tendré que buscarme otro amante, digo, amigo- dije de carrerilla y cuando terminé me volví a reír sin saber por qué. Simplemente, mi manera de hablar, o más bien, mi incapacidad para hacerlo bien, me hacía gracia.

Le dije mi nombre, por si acaso la que desaparecía era yo que al menos alguien gritase mi nombre y así igual me encontraba a mi misma. Algo muy inteligente por mi parte teniendo en cuenta mi estado. Él me dijo el suyo y una vocecita me quiso obligar a decir que ya lo sabía, aunque no sabía por qué lo sabía. Da igual, porque acallé la vocecita y solo asentí con la cabeza mientras lo miraba desde muy cerca porque estaba realmente borroso. En ese mismo instante, se escurrió de la silla- Prrrrr, jajajaja- me reí sin poder evitarlo, pero cuando se irguió de nuevo fue como si nada hubiese pasado y puse una expresión seria, porque se suponía que yo no había visto nada. Le tendí mi brazo cuando me lo pidió. Por suerte, llevaba una camiseta sin mangas así que me pintaría a mi y no mi ropa. Aunque pensándolo bien, no sé que era peor.- Vale...ehm...Rhea Jaaaackson.Stop. Lléveme a Joguaars. Stop. No me mate. Stop- dije a modo telegráfico mientras veía como él escribía en mi brazo con aquel rotulador negro. Cuando terminó, me lancé a sus brazos.- Gracias, me has salvadolavida-dije arrastrando las palabras. -Ahora tú- dije después de ese repentino abrazo arrebatándole el boli y cogiéndolo de la muñeca- Nombre completo, grupo sanguíneo, qué te ha traído aquí y color de los calzoncillos del perro, por favor. Por cierto, ¿tú sabes afeitar bombillas?- pregunté con cara de sospecha mirándolo muy muy de cerca- Porque yo conozco a alguien que puede afeitarte las bombillas que quieras- dije en un susurro a su oído un poco en plan mafioso mientras asentía con la cabeza- Eres más guapo de cerca, ¿sabías?- dije observándolo con ojo ebrio crítico.
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Gabriel J. Blumer el Miér Oct 14, 2015 11:41 am

No estaba acostumbrado a beber, por lo que aquella situación era realmente nueva. Tenía ganas de no parar de moverse, de hablar con cualquier persona que se cruzara en su camino e incluso de cantar si hubiese podido identificar la música que sonaba en el local. Aunque, para ser sinceros, no estaba seguro de si se trataba de música o simplemente era el barullo de la gente que, con la influencia del alcohol, había abocado en algo similar a la música. Por suerte sabía contenerse, al menos por el momento, y se limitó a conocer a Rhea, una chica rubia que le resultaba vagamente familiar. Quizá porque ambos pertenecían a sus respectivos equipos de Quidditch y se habían cruzado en más de una ocasión en el Campo de Quidditch, porque llevaban seis años estudiando en el mismo colegio o porque Londres no era tan grande como parecía y podías cruzarte con cualquiera una vez salías a la calle. - ¡Un amigobarramante! – Dijo casi en un grito que, con el barullo que había, sólo podían escuchar ellos. – Amigoba ramante. – Separó en dos palabras. – Ami gobarra mante. – No, aquello seguía sintener sentido. – A migo barraman te. – Tampoco, ¿Qué tipo de palabras utilizaba aquella mujer y por qué no tenían ningún sentido? - ¡Aaaaaaaaaah! – Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro cuando entendió la palabra. – Amigo. Barra. Amante. ¡Ahora tiene sentido! – Soltó una sonora carcajada, como si acabase de descubrir la pólvora o una manzana le hubiese golpeado la cabeza para que así pensase en ese raro concepto de la gravedad. Concepto que resultaba ser irónico en el momento en el que no sentía ni los pies ni la cabeza. Literal y metafóricamente.

- Entonces nuestra misión de esta noche es buscarte un ami gobarra mante. – Dijo de manera atropellada. Pues en su cabeza “amigo barra amante” no tenía cabida alguna al lado de “ami gobarra mante”, lo que parecía una especie de criatura sacada de la mitología griega o de alguna clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.

No sabía por qué demonios tenía un rotulador, pero lo importante era que lo tenía, así que escribió de manera literal lo siguiente sobre el brazo de Rhea “Rea Jakson, busca ami gobarra mante” acompañando el mensaje con algo al final similar a una patata mustia, lo que pretendía ser un corazón. Lo cierto era que él veía las letras perfectamente según las iba escribiendo, pero no habían resultado quedar igual sobre el brazo de la chica, pues cada letra parecía haber sido recortada de una revista para servir como mensaje de petición de un rescate por un secuestro. Y ni hablar de lo que era escribir en línea recta.

Nada más terminar de escribir su brazo desapareció de su propio control, al igual que su rotulador, y ahora notaba como alguien sujetaba por su muñeca. Miró a la culpable y se topó con Rhea, quien parecía deseosa por pintarle el brazo. – Gabriel Jeremy Blumer, ¿Por qué mi madre me puso dos nombres y ahora no me habla? Nadie lo sabe. Eh… A positivo, Max McDowell, amigo y abandonador profesional. Mi perro no tiene calzoncillos eh… Espera, no tengo perro. Pero tengo una lechuza y un hurón. – Dijo toda la verdad, porque ya se sabe que los borrachos y los niños no mienten. “¿Ese vestido me hace gorda?” Jamás se lo preguntes a un borracho. - ¿Las bombillas se afeitan? – Preguntó fascinado con los ojos abiertos como platos. - ¿Les sale pelo? ¿Hay que echarles espuma de afeitar? ¿Cómo funciona eso? – Era un tema fascinante. Seguramente estudiaría eso en un futuro si su futuro se basase en seguir ebrio durante el resto de su vida.

No era un chico que se caracterizase por estar acostumbrado a recibir cumplidos, por lo que su color de piel se tornó rojizo ante las palabras de la chica antes de soltar una carcajada nuevamente. – Lo tendré en cuenta e iré acercándome a la gente más. – Dijo con tono bromista antes de dar un trago a su bebida. – A ver tú. – Se acercó tanto que sólo podía ver los ojos de Rhea, por lo que desde aquella perspectiva no podía ser guapa ni Emma Watson. – Mejor un poco más lejos. – Pero era demasiado lejos para no ver todo borroso. – Si no estuvieras tan borrosa seguramente serías mucho más guapa, aunque tu ami gobarra mante se ha debido cansar de verte borrosa y por eso se ha ido. ¿También estudia en Hogwarts? – Preguntó con curiosidad, aunque lo más posible es que al día siguiente con la resaca no se acordase ni del nombre de la chica con la que estaba hablando.
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Rhea Jackson el Miér Oct 28, 2015 7:22 pm

Estar borracho es una sensación de lo más extraña, porque estás como en una nube y al mismo tiempo estas pisando el suelo. Y ves a la gente que está muy cerca de ti, pero los oyes como si estuvieran lejos, como si la realidad fuese totalmente ajena a ti. Está todo borroso, da vueltas y mientras tanto tu eres ajeno a la realidad como si esa no importase lo más mínimo o las consecuencias a tus actos y palabras fuese una mentira de estas que te cuentan tus padres cuando eres niño como lo de que un hada aparece y cambia tus dientes por regalos. Quizás sea por esa sensación de ajeneidad (esa palabra no existe, verdad? Maldita manía mía de inventarme términos) y de poder por lo que tanta gente cae en el alcoholismo. Yo caería, es agradable.

Entre tanto y copas allí estábamos Gabriel y yo hablando como un par de besugos mientras él me escribía en el brazo lo que al parecer era un mensaje de rescate por si me perdía, pero en realidad era otra cosa en la que ni siquiera me había parado. No me importaba demasiado lo que pusiese en mi brazo, pues aun estaba intentando asimilar todo el rato que le había costado entender al moreno mi expresión de amigobarramante, pues después de oírle decir prácticamente todas las variantes yo tampoco estaba segura de que era a lo que me había referido en primer lugar y ahora estaba empezando a pensar que era él el que se había inventado aquella palabra. Mi brazo terminó pintado enseguida pero el suyo no se iba a librar tampoco. Después de unas cuantas preguntas fundamentales para la continuidad de la vida de cualquiera mientras sostenía el rotulador sobre su piel haciendo florituras dibujadas mientras él me contestaba, el brazo de Gabriel quedó en peor estado que el mio, pero para mi, en su antebrazo ponía toda la información que él me había dado.- ¿Tu madre no te habla? ¿Por qué?- pregunté con una tristeza exagerada que no se correspondía a la pregunta que le acababa de hacer a alguien que a penas conocía.

Inevitablemente, en mi intoxicación etílica me había visto en la necesidad de sacar a coalición el tema de que Jason afeitaba bombillas. Era necesario comunicarle al mundo que se había llevado a cabo tal proeza, indiscutiblemente. Nunca se sabía cuando ibas a encontrar a una persona que necesitase que le afeitasen unas cuantas bombillas, Gabriel podía ser esa persona, y entonces Jason haría un buen dinero con su talento.- No creo que les salga pelo, la verdad. Es...solo algo que hay que hacer para el correcto cuidado de tus bombillas. Le echas una capa de espuma bien gruesa, como si fuese nata.- dije como si tuviera una bombilla en la mano y la estuviese llenando de espuma- Y pasas la cuchilla con mucho cuidado para que el cristal no reviente y te quedes sin manos, obviamente- dije muy seria totalmente convencida de cada una de las palabras que decía mientras las ejemplificaba con mis manos.

La corta distancia tras mi explicación hizo que me fijase en él y como estaba empezando a caerme bien aunque fuese de una manera totalmente bochornosa, empecé a verlo más guapo de lo que lo había visto la primera vez que lo vi. Estaba claro que desde la distancia a la que yo lo estaba mirando nadie era especialmente hermoso, pero aun así, compartí mi pensamiento con él. Cuando Gabriel intentó hacer lo mismo para ver si yo era más guapa desde esa distancia, su conclusión es que estaba borrosa, y eso sacó la diva que hay en mi. Junto con su espíritu negro. Meneé la cabeza y levanté el dedo índice - Perdona, pero borroso estarás tú- dije con un fingido acento americano barriobajero. Al momento me eché a reír sin motivo aparente o intervención apreciada por parte del chico.- Sí, lo hace- contesté a su pregunta con cierto retraso- Y yo jamás pensé que él podría gustarme, pero me gusta...pero no se lo digas- dije poniéndole la mano en los labios para que no dijera nada.- Creo que esa mierda de los sentimientos estropea las cosas bonitas, aunque a veces me gustaría besarlo porque sí, o estamparlo contra una pared apasionadamente...ahora mismo me apetece hacer eso, sí. Pero me controlo, porque sería raro. Y porque no está aquí, también me controlo por eso.- dije encogiéndome de hombros con un peligroso e involuntario movimiento de cabeza.- ¿Tú tienes algo así? O quieres?- Le pregunté apoyando la cabeza en una mano cuyo codo estaba apoyado en la húmeda barra. Iba a acabar empapada esa noche y tenía la sensación de que mi cabeza pesaba desproporcionadamente mucho- Así como dato, la barra esta mojada y creo que mi ropa tiene más agua de la que puede soportar, ahora, cuéntame- le insté mirándolo directamente para hacerle ver que lo escuchaba y también para establecer un punto fijo y reconocible en mi visión para no caerme. El suelo parecía estar a años luz de mi, como al fondo de un precipicio y prefería no mirar abajo por si la baldosa y mi cara se enamoraban y decidían tener un apasionado encuentro.
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Gabriel J. Blumer el Jue Oct 29, 2015 12:49 pm

Algo que tienen en común los niños pequeños y los borrachos es su olor. Sí, ambos huelen de manera extraña. También tienen en común que les cuesta andar por una línea recta sin perder el equilibrio. E incluso tienen en común que se duermen en cualquier rincón si no les prestas la atención diferente. Algunos tienen en común su predilección por llorar, y otros por reír. Pero algo que tienen todos, absolutamente todos en común, es su incapacidad para guardarse lo que piensan. O al menos, así era Gabriel en estado de ebriedad. Todo lo que pensaba salía de su boca sin filtro alguno. Su mente no paraba dos segundos a analizar lo que sucedía, simplemente dejaba escapar el pensamiento en forma de palabra aunque ese pensamiento fuese recibido por una completa desconocida de la que conocía el nombre y un par de datos menos importantes que el color de la ropa interior de la jefa de su casa.

Porque soy un bicho raro. – Dio un nuevo trago a su bebida y colocó la jarra un solo golpe contra la barra. – Ya sabes, de esos que tienen que ir a un colegio especial para que un sombrero parlanchín se pose en su cabeza y le diga “el azul te sienta bien, te mandaremos a Ravenclaw”. Porque no es que yo sea listo, no hay otra explicación para que acabase en esa casa. Aunque claro, no soy valiente, ni astuto ni… Lo que sea que sean los de Hufflepuff. – Hizo una leve pausa para pensar. – Si sólo conociese a Danny como Hufflepuff pensaría que su cualidad sería el retraso mental. Pero claro, Luke no es tonto, es simpático. Y guapo. – Añadió con tono atropellado sin pensar ni en lo que estaba diciendo. Tan sólo dejaba salir sus pensamientos, ajeno al efecto que estos podían tener.

Su bebida permanecía sobre la barra y este aprovechó que sus manos se encontraban libres para clavar sus codos sobre la barra mojada y sujetar su cabeza entre sendas manos. Siguió con la vista a Rhea y afirmó a cada una de sus palabras. Se sentía como un niño que escucha una apasionante historia de guerra de su abuelo por primera vez. Se sentía como un alumno realmente concienciado con su aprendizaje que se interesaba por conocer más de un tema específico para ampliar sus conocimientos. Pero, verdaderamente, tan sólo era un crío de diecisiete años borracho. - ¿Y se pueden afeitar más cosas? – Preguntó abriendo aún más los ojos por la curiosidad. – Nunca habría imaginado que hay que afeitar las bombillas para que estén bien cuidadas. A lo mejor también tengo que afeitar los espejos de mi casa  y no lo estoy haciendo. – Bajó los brazos de la barra y agarró sendas muñecas de su nueva amiga entre sus manos. - ¡Contéstame Rhea, esto es un sin vivir! – Zarandeó de manera dramática a la chica apenas unos segundos para soltar una carcajada e ir en busca, nuevamente, de la jarra que estaba bebiendo.

Casi escupió el contenido de la bebida en la cara de Rhea al ver sus movimientos de negra. Tragó con esfuerzo la cerveza para no atragantarse y comenzó a toser con lágrimas en los ojos ante aquella reacción por parte de la chica. Elevó ligeramente la vista para ver si seguía haciendo aquellos movimientos, pero por suerte comenzó a hablar, respondiendo la pregunta de Gabriel. Y es que ninguno de los dos parecía poder mentir. Como si no sólo hubiesen bebido alcohol aquella noche y alguien hubiese decidido echar un filtro de la verdad en sus respectivas bebidas. Y así les iba, que soltaban todo lo que pensaban. Aunque, por suerte para ambos, era posible que a la mañana siguiente el otro no se acordase ni de la mitad de lo que habían hablado aquella noche. – Guardaré tu secreto. – Dijo como si realmente supiese de quién estaba hablando Rhea. Que ya podía ser su mejor amigo, que él ni lo sabría.

Abrió la boca para contestar. Para ser sincero una vez más. Pero no pudo. No pudo porque Rhea aportó un nuevo dato que hizo que rompiese a reír. Pero luego fue sincero. Porque tenía que serlo. Era como si algo o alguien le obligase a serlo. ¿Y si había alguien lanzando un imperio a ambos desde alguno de los rincones de aquel local lleno de personas ebrias y dos menores de edad aún más ebrios? - ¿Conoces a O. Winslow? – Preguntó sin esperar a su respuesta. – Así alta, castaña cuando no le da por destrozarse el pelo, con unas buenas tetas y que no sabe lo que es la simpatía. Pues bueno, es mi ex novia. Un encanto de chica, aunque sea una zorra con todo el mundo. Yo la quiero un montonazo, ¿Eh? Seguro que la conoces, tienes pinta de que alguna vez se ha reído de ti. Aunque, seamos sinceros, ¿De quién no se ha reído esa mujer? – Dijo con total naturalidad mientras hablaba de su mejor amiga como si nada. – Bueno, pues lo dejamos hace… No lo sé, tiempo. – Se encogió de hombros. – Ella no me gusta, ¿Eh? Creo que nunca me ha gustado, es simplemente que me cae bien y le tengo cariño. Pero nada más. – Pero aún así habían salido juntos. Cosas raras de la juventud. – Es que no es mi tipo. No por eso de ir puteando a los demás, que quizás influye. Sino más bien porque… Digamos que no me gustan ese tipo de personas. – Fingió dibujar unas tetas en su propio cuerpo de manera exagerada. – Seguramente me gustaría más tu ami goba ramante que tú, por así decirlo. – Dio un trato a la cerveza nuevamente. – Que no es que sea gay, ¿Eh? Es que siempre me han gustado más los tíos que las tías. Es que sois muy malas todas, no sólo O., que porque sea Slytherin y le guste torturar a los hijos de muggles no tiene porque ser mala gente. Sólo un poco. - Dijo todo aquello con toda la naturalidad del mundo. - Y luego está que mi querida mejor amiga putea a todo el mundo y claro, si me gusta alguien ella lo putea sin que yo le diga que me gusta, porque es así. Y si alguien es puteado por mi mejor amiga, pues ese alguien no se acercará a mí, ¿No crees? - Crisis existencial de los diecisiete años.
Gabriel J. Blumer
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Gabriel J. BlumerInactivo

Rhea Jackson el Dom Nov 08, 2015 7:33 pm

Visto desde fuera y de una manera un poco más lúcida, tal vez exista la posibilidad de que el veritaserum sea simplemente un buen chute de un alcohol muy fuerte y por eso hace que todo aquel que lo toma suelte hasta la más vergonzosa de sus verdades. Yo no conocía a Gabriel más que de vista y quizás de habernos cruzado en el campo de Quidditch durante el curso, pero allí estaba él contándome sus secretos y yo a él los mios como si fuera lo más natural del mundo. Y lo más curioso es que sentaba bien poder desahogarse plenamente con alguien, sobre todo si existía la posibilidad de que al día siguiente ninguno de los dos se acordasen de nada y sus secretos siguiesen a salvo.

Cuando dejó caer que su madre no le hablaba tuve que saber el motivo por el cual eso era así.- Yo no sé que haría sin mi madre...-comenté en un susurro mientras él se explicaba. Di un trago a mi cerveza mientras mencionaba a Danny y a Luke y cuando dijo que este último era guapo, sonreí como una tonta. Eso era una gran verdad- Pues ya conocer a otra más. Prefecta de Hufflepuff para servirle! Aunque creo que ahora mismo no estoy dando muy buen ejemplo- dije riéndome al final.- Adoro a Danny y a Luke, son mis mejores amigos y Luke es muy muy guapo. Estoy segura de que más de una y uno le daba duramente- dije con tranquilidad y total sinceridad. Yo sabía que yo no era el estilo de persona que a Luke le gusta, y la verdad es que yo tampoco era capaz de verlo como más que un amigo, pero que era increíblemente guapo es una realidad. No se me escapó que él también habia notado ese detalle, pero quería soltarle un frase ingeniosa al respecto que no se me ocurría, así que puse cara traviesa de "te he cachao'" y continué con mi vida.

El tema de afeitar bombillas siempre era uno de esos que causaba furor. Tras mi detalla explicación de como se hacía, Gabriel me cogió de las muñecas y me zarandeó buscando saber si había otras cosas que también debiese afeitar para su correcto cuidado. Nunca llegué a contestar a esa pregunta, sólo me encogí de hombros pensando que mi cabeza pesaba una barbaridad tras el vaivén que me había producido. Una risa terminó con el tema de afeitar inutilmente cosas a las que no les sale pelo.

Me tocó contestar preguntas a mi y le confesé que en el fondo de mi corazón Ian me gustaba. Sabía que no tenía ninguna posibilidad con él en realidad, más allá de divertirnos juntos, pero lo prefería así. Ya había probado el noviazgo y se me atragantó. Aun así no necesitaba ni quería que Ian se enterase de ese detalle, me lo llevaría a la tumba si era necesario. Le puse la mano en la boca pidiéndole que no se lo contase a nadie y el me dijo que me guardaría el secreto sin ser consciente yo de que eso no tenía porque ser verdad y de que no tenía motivos para fiarme de Gabriel. Pero eso no me importaba en ese momento. La pregunta a la que yo había contestado rebotó para que el pudiera contestarla también y, una vez más, mientras el hablaba yo di varios sorvos a mi cerveza hasta que cuando terminó de hablar sin que yo le interrumpiera, mi cerveza ya había bajado de la mitad de la jarra. Me rasqué la coronilla como un gesto nervioso antes de contestarle.- No me suena naaaada el nombre, pero creo que conozco a la chica que describes, que es guapísima pero una auténtica zorra. Y mentiría si dijera que me importa ofenderte con mi opinión- dije totalmente sincera pero riéndome al final.- Por lo que me cuentas no parece demasiado buena persona, torturar no es algo digno de gente decente, creo, pero yo diría que tu eres gay ¿sabes? Y no creo que haya nada de malo en ello...- dije encogiéndome de hombros y bebiendo otro sorvo de cerveza como si fuese agua, solo porque tenía sed.- Y si tu mejor amiga putea a todo el mundo tú puedes jugar la baza del "Perdona, se que es una estúpida, estás bien?" Y seguro que cualquier chico que quieras cae rendido a tus pies- dije asintiendo con la cabeza.- Yo tuve una experiencia con una chica. Bueno, una medio experiencia. Un beso sin más. Y la verdad es que me gustó mucho así que estuve confusa durante un tiempo, el único novio que tuve me dejó por eso...y la verdad es que cuanto más pasa el tiempo más convencida estoy de que solo necesitó ese momento como escusa y que ya quería hacerlo desde antes.- dije recordando lo triste que me había puesto cuando todo lo de Fren pasó.

- ¿Te gusta algún chico ahora mismo?- pregunté mirándolo con curiosidad. Igual podía hacerle yo de gancho.
Rhea Jackson
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