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Sombras tapando el sol (Trama - Leo )

Invitado el Lun Sep 21, 2015 12:32 am

Un nuevo día y yo ya estaba levantado, a las dos de la tarde en domingo. Si, los fines de semana me gusta pasarlos en cama durante las mañanas ya que no tengo que madrugar. Me di cuenta que mi amigo no estaba en la suya así que supuse estaría con alguna chica tonteando, no lo iba a molestar yo había quedado con un ex alumno que se graduó el año pasado. Nos habíamos hecho amigos justo el curso anterior y aunque no nos veíamos más tuvimos un pretexto para hacerlo ese día para ponernos al corriente, así que me levante de la cama y me di un baño con agua caliente y enseguida estuve listo para ir a Hogsmeade, tenía el permiso firmado y todo. Ni siquiera había desayunado y ya era hora de la comida, me dije que comería algo en alguna de las tabernas ya que no me daba tiempo de hacerlo en el gran comedor pues iba un tanto tarde. Corrí por los pasillos sorteando a algunos alumnos hasta que me tropecé con un Slytherin que parecía querer soltar un maleficio sobre mí por lo cual me disculpe y corría hasta la entrada del castillo donde el siempre simpático y agradable Argus Filch abrazando a su igualmente adorable minino. — Hola sr Filch, aquí tiene mi permiso tengo que llegar rápido o me ganan las mejores golosinas por favor no me entretenga — le miré con cara divertida esperando su respuesta pero él solo hizo una mueca de asco y tras leer el pergamino hizo un gesto enfadado y me dejo ir.

Salí corriendo a pesar de que el sol pegaba en mi rostro pero me di cuenta que llegaría súper cansado así que tuve que irme en uno de los transportes escolares, como ya no era ruta oficial por ser tarde necesite pagar extra y aunque no me pesaba el dinero si se sentía raro. En el camino estaba algo desesperado porque no me gusta llegar tarde a ningún lado pero me entretuvo ver como unos niños regresaban cargados de bolsas con golosinas e incluso se les salían de los bolsillos. El olor a comida inundó mis narices conforme íbamos llegando a la pequeña aldea y entonces el coche mágico se detuvo. — Muchas gracias señor del carruaje — le pagué y entonces corrí dentro del establecimiento. La fachada tenía literal una cabeza de puerco salvaje bastante grotesco, no sé porque había escogido ese sitio para vernos.

— ¡Leonardo Da Vinci! — nada más entrar lo localicé en una de las mesas más alejadas y grité para hacer notar mi presencia, los pocos clientes que estaban ahí me miraron feo pero me importo poco y camine entre las mesas hasta llegar a donde el chico para saludarlo con un fuerte apretón de manos — ¿Cómo te trata la vida universitaria? Ya estás viejo — le di unas palmadas en la espalda y me senté en una de esas sillas que rechinaban — que lugar tan interesante, creo que aquí se muere una persona diario, ¿no? qué bonito — no me daba buena espina la taberna pero pues ya estábamos ahí. La mujer que nos atendió parecía enojada o algo así que le pedí una cerveza de mantequilla y una hamburguesa con patatas fritas porque no había probado bocado en todo el día, cuando ella se fue pude volver a hablar libremente — Bueno, espero que nos pongamos al día, ¿qué crees? Que este chico se ha convertido en un hombre en estas vacaciones y con una de dieciocho — le confesó en voz baja mientras pasaban unos señores a su lado y mantuvo la sonrisa picarona en sus labios — ¿y a ti como te va en ese tema? ¿Muchas pretendientes? cuenta que tenemos toda la tarde — si las personas son serias conmigo yo hago que hablen, no sé como pero inspiro confianza y puedo hacer que un ermitaño se ponga a bailar conmigo, esperaba que lo mismo pasara con Leo, lo conocía poco pero sabía que podía tener una conversación agradable. En resumen me gusta romper el hielo.
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Leonardo Lezzo el Lun Sep 21, 2015 10:50 pm

Habían empezado las clases en la universidad y la vida de Leo era como un caos caótico dentro del caos. Cuando estaba cansado y se acostaba un rato después de comer despertaba creyendo que era por la mañana temprano. Luego por la mañana no podía despegar los ojos y le costaba una barbaridad vestirse y desayunar. Se ponía café en lugar de Nesquik en la leche, y sabía horrible. Nunca le había ocurrido algo así. Las clases eran mucho más duras que en Hogwarts. Temía comer en la cafetería porque no conocía a mucha gente y se sentía de nuevo como cuando llegó a Hogwarts con once años. Para colmo las chicas no eran todas ni tan tímidas ni tan simpáticas. Lo mismo había una que le seguía por los pasillos como había otra que lo miraba mal por sentarse a su lado en clase. Quería sentirse contento por haber llegado a la universidad y poder estudiar lo que deseaba, pero de momento no lo lograba.

Sus buenos momentos llegaban durante el fin de semana. Podía salir por Londres, mirar partidos de básquet en la televisión u ir a Hogsmeade para ver a sus amigos. Pir eso estaba tan contento Leo aquella mañana. Sábado soleado, un día perfecto para ir a Hogsmeade. Leo había quedado con Connor, un alumno de Gryffindor que estaba empezando su sexto año. No eran ni de lejos mejores amigos pero quedaron para ponerse al día. Leo quería pensar que era una buena influencia para Connor aunque no le hablase de clases ni de lo bueno que es ser aplicado para poder estudiar lo que quieres. El universitario salió con tiempo del piso avisando a su compañero con una nota en la nevera. Tenía tantas ganas de ir al pueblo que llegó con bastante antelación. Pidió un zumo de calabaza y se sentó a esperar. No habían quedado en el lugar más indicado, pero las Tres Escobas se llena tanto de alumnos de Hogwarts que no podrían hablar a gusto. Leo supo que le gritaban a él y levanto una mano avergonzado para hacerse ver. Pero Connor ya le había visto. Por eso gritó. Tenía la extraña manía de llamarlo Leonardo Da Vinci, algo que Leo despreciaba y adoraba a la par. Da Vinci fue el más celebre pintor, inventor, anatomista, músico, escultor... Una joya de hombre. Llamarlo así era un piropo, o un insulto al polifacético artista. - Hola Connor. - El saludo de Leo fue más serio. Se sentó junto a su amigo dándole unas palmaditas en la espalda mientras bromeaba sobre lo viejo que era Leo. - Estoy viejo, viejo. Mira que ojeras. - Leo sonrió mostrando sus ojos de cerca. Las noches en vela se empezaban a notar en su rostro. - Te recomiendo que no termines nunca Hogwarts, la universidad es...un caos de gente, de materias, de deberes, de trabajos, de... eme. - El chico suspiró teatralmente.

La taberna Cabeza de Puerco no era el lugar más indicado donde tomar algo, pero Leo explicó a Connor su elección cuando hablaron por carta. El resto de sitios no eran indicados para hablar. - Podría haberte llevado a tomar el té donde Madame Pudipié, pero no quiero que pienses lo que no es. - Leo no era muy dado a las bromas, pero se la había puesto en bandeja y no dejó pasar la ocasión de reírse un poco, que buena falta le hacía. - La gente muere por el olor a cabra. ¿No lo notas? Deberían cambiar de ambientador. - El Gryffindor traía hambre, pues pidió una hamburguesa con patatas y cerveza de mantequilla. Leo no dijo nada aunque pensó que si tomaba más de una le llamaría la atención. La idea se le esfumó cuando Connor le contó que había perdido la virginidad durante las vacaciones. - Bien. - Balbuceó. No sabía muy bien que decir en un caso como ese. ¿Enhorabuena? Después de soltar la bomba el Gryffindor quiso saber como iba el tema amoroso de Leo. - No...no. - Leo se rascó el cuello un tanto avergonzado. - No he topado aún con la chica indicada. Verás, en la fiesta de inicio de curso de la universidad había mil chicas bonitas. A cada cual más que al anterior. Pero no me gustan las chicas que van a lo que van. Llámame antiguo si quieres pero yo aspiro a algo más. - Quizás era la primera vez que Leo decía eso en voz alta, y más a un chico. No solía hablar de esos temas con nadie. Leo desvió un momento la mirada y vio a los señores que habían pasado por su lado justamente cuando Connor contaba lo de sus vacaciones sentados en una mesa próxima. Tenían las cabezas bastante juntas y sus caras eran serias, como de enfado. El chico no era ni cotilla ni curioso, pero su oreja derecha intentaba captar algún trozo de su conversación. Más aún cuando uno de ellos se tocó el brazo.  
Leonardo Lezzo
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Leonardo LezzoInactivo

Invitado el Mar Sep 22, 2015 5:21 pm

Está más que claro que entre los dos yo soy el más loco por así ponerlo. Que tampoco quiero echarme flores de más, pero bueno, Leonardo es especial pero me cae muy bien, o será mi sangre liviana que me permite ver lo mejor en todas las personas. Al sentarnos yo no pude esperar para contarle lo que me sucedió ese verano, el gran acontecimiento, al momento en que lo dije y recibí respuesta supe que fue una idea muy tonta, él no era Aaron, obviamente no tuve la misma reacción de su parte. — Oye, si no te conociera diría que me ofende tu comentario, pero bueno, para gustos los colores y a mí se me presentó la oportunidad y no la deje pasar es todo  — no dije más al respecto aunque casi casi me había llamado algo feo, estuve seguro. Pero en esos momentos estaba más preocupado por lo que sucedía en la mesa contigua donde un hombre que parecía tener sarna se rascaba la mano con fuerza y eso llamó mi total y completa atención y al sufrir de un pequeño problema llamado déficit de atención pues que esperar.

Escuche de fondo como hablaba sobre la universidad como no se debería crecer o algo así, perdí el hilo de la conversación tratando de averiguar que había bajo la manga de ese hombre de aspecto vagabundo. Llevaba una barba roja bastante descuidada unos rizos que escapaban por entre la capucha que llevaba, era otoño y comprensible pero tenía aspecto sospechoso aunque si me ponía a pensarlo todos en ese sitio por el solo hecho de estar ahí parecían delincuentes. El hombre me miró directamente a los ojos al sentirse observado y entonces me quede paralizado sin saber que hacer o decir, pero mis labios fueron más rápidos que mi cerebro.   — me gusta su pendiente, ¿dónde se lo ha comprado? quiero uno igual para mi madre se viene su cumpleaños  — el hombre tenía una nutria de color plata sobre el cuello de su prenda, parecía más de mujer que de alguien del género masculino pero quien era para decir lo contrario. El hombre ni siquiera me respondió, hizo una cara de asco por tan solo ser molestado. Le dedique un perdón con la mirada y volví a ver a mi amigo dando por sentada aquella interacción incomoda.

Le sonreí a Leonardo   — bueno, ¿en que estábamos? Ah sí, la universidad, yo no tengo idea que es lo que voy a estudiar. Mi padre es policía, una especie de auror de los muggles no sé si te lo había contado, ¿tú quieres ser uno, cierto?  — pregunté interesado porque recordaba algo así   — pero no sé, soy muy de tendencia a meterme en problemas y no creo que dure más del mes de dedicarme a cualquiera de esos y mi madre es medimago y médico muggle, salvar vidas tampoco sé si sirvo para eso, que dilema  — me rasque la barbilla, ya había pensado en varias cosas durante las vacaciones pero nada en concreto. La mujer regresó con nuestra comida y no espere ni un segundo pues ya tenía media hamburguesa en el gaznate intentando no ahogarme al beber la cerveza, se notaba que estaba hambreado pero no tenía vergüenza alguna en ello. Le ofrecí entonces algunas patatas a Leo para compartir mientras vi de nuevo a esos hombres acercarse el uno al otro susurrando cosas que no pude comprender.
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Leonardo Lezzo el Vie Sep 25, 2015 12:26 am

No es que a Leo le molestase saber que Connor había perdido la virginidad ese mismo verano, más bien dio su opinión sobre el tema. Su idea de sexo se fundamentaba en el amor, y no en el placer propiamente dicho. Le disgustaba pensar que hoy en día cualquier persona se acostaba con otra persona a la que a lo mejor conocía de esa misma noche. Su intención no era incomodar a su amigo. - Perdona, no era mi intención incomodarte. Me alegro por ti, por supuesto. Simplemente yo tengo una idea más romántica... - Leo sintió la necesidad de apremiar a su amigo aunque no compartiera sus gustos. - ¿Y la volverás a ver? - Era una pregunta completamente innecesaria pero el chico quería hacer ver a su amigo que se interesaba por él, y que de ningún modo le estaba faltando el respeto. Leo tenía sus creencias católigas pero respetaba a los demás.

Se fijó en los hombres que se sentaron al lado porque tenían un aspecto extraño y hablaban muy de cerca, como si estuviesen tramando algo. La señal de alarma de Leo se encendió, pero continuaba hablando con Connor como si nada. Le hablaba de lo bonito que es todo en Hogwarts y lo mal que se había adaptado a su nueva etapa como universitario. Connor también notó algo en ellos pero fue menos disimulado que Leo, les miró con total descaro y uno de ellos se dio cuenta. El Gryffindor le preguntó por su pendiente y el hombre hizo muy mala cara. Leo tragó saliva tras el incómodo momento e intentó continuar conversando con Connor sin dejar de percatarse de lo que hacían aquellos dos hombres. Fue Connor el que habló contando que su padre era muggle y policia, aprovechando que leo quería ser auror y es una profesión parecida aunque uno trabaja en el ámbito muggle y el otro en ambos. Su madre era sanadora. Pero Connor no tenía ni idea de que quería estudiar. - Lo tuve claro desde que supe que soy mago. Mi madre también es bruja, y es sanadora aunque vivió algunos años como una muggle para no ser descubierta. Ahora si que se dedica a ello en Italia. - Bonita coincidencia. Ambos tenían madres que salvaban vidas. - ¿Y las criaturas mágicas? - Preguntó el chico para darle ideas.

En ese momento uno de los hombres de la mesa de al lado alzó un poco la voz y se escucharon claramente las frases “ me va a matar” y “cumplir mi cometido”. Leo ni siquiera pensó en dirigir una mirada a los dos tipos, más bien intentaba que Connor no los mirase, y por eso se le quedó mirando con los ojos muy abiertos en una mueca que intentaba decir desesperadamente “no se te curra mirar”. Leo robó entonces una de las patatas fritas de Connor. - Están ricas. ¿Qué no has comido? ¿O es que estás en pleno crecimiento? - Alzó un poco la voz para que no se percatasen de que se habían dado cuenta de la discusión que estaban teniendo los dos señores. Leo quería mandar un mensaje a Connor pero no sabía como hacerlo sin levantar sospechas. Estaba seguro de que aquellos dos eran dos mortifagos que tenían que cumplir con un trabajo, y ese trabajo tenía que ver con matar a alguien o hacer algo malo en los alrededores. Si intentaba escribir algo en una servilleta los hombres se darían cuenta. Tomó un sorbo de su zumo pensando en el padre de Connor, aquello le dio una idea. - Tu padre, siendo policia, ¿nunca se ha topado con que ciudadanos de a pie le echan una mano con un caso? A veces pasa. ¿No? Dos ciudadanos de a pie, - Puso énfasis en el número dos. - se topan con dos narcos, por ejemplo. Se topan con ellos o lo que sea, y deciden actuar por su cuenta. ¿Verdad? - Leo se estaba montando una película digna de Jackie Chan o de Chuck Norris. Deseaba con todas sus fuerzas que Connor pillase las indirectas y no dudase en salir corriendo, de forma disimulada, detrás de aquellos dos tipos si era necesario.
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Leonardo LezzoInactivo

Invitado el Vie Oct 09, 2015 6:46 pm

Mis sospechas eran ciertas si que estaba insultando mi aventura veraniega y trataba de arreglarlo, le sonreí sin prestar mucha importancia al asunto, la verdad es que yo respetaba la forma de pensar de las personas por más diferentes que fueran a las mías y si yo resulté ganando ese verano no tenía que restregárselo en la cara tampoco. — No, ni loco, bueno, digamos que fue cosa de una sola noche, estábamos Aaron y yo en el cine las encontramos, nos invitaron a su mansión porque resulta que era su cumpleaños y básicamente se aprovecharon de nosotros, nos utilizaron y después nos echaron de la casa — a veces se puede decir que no tengo pelos en la lengua y suelto las cosas sin más, esta era una de esas ocasiones donde no tuve reparos en contar mi experiencia personal a la hora de perder la virginidad, no me enorgullecía haber sido utilizado pero es lo que había y se tiene que aceptar, ¿no? Eso creo al menos. — Espero que tu primera vez no sea tan rebuscada, pero admite que hace una buena anécdota al menos — reí por lo bajo pues aun trataba de averiguar qué es lo que esos dos hombres murmuraban en la mesa contigua, habían captado mi total atención tras todo el asunto de la sarna y el pendiente de señora cuarentona.

No sabía que su madre también era sanadora y eso hizo que la cara se me iluminara por completo como si alguien me hubiese dado la mejor noticia de la tarde — ¿en serio? No me habías contado eso, vaya tenemos algo en común eso es genial aunque gracias a su profesión no la veo tanto como quisiera supongo que tú igual, ¿hasta Italia? Eso sí que está lejos, pero bueno, ambos somos extranjeros en un país que no es el nuestro, eso también es algo en común  —  seguí ingiriendo la hamburguesa ya casi terminaba por devorarla e incluso la jarra de cerveza ya estaba completamente vacía y levante la mano para pedir otra a la señora la cual me llevó una casi enseguida, el servicio al menos era eficaz o es porque no tienen tanta clientela y eso les da tiempo extra para ser eficientes. — Las criaturas mágicas me dan miedo, la mayoría al menos yo no podría trabajar con ellas, tiene que ser algo donde me pueda divertir y que no se sienta como un trabajo aburrido, dudo que pueda estar encerrado entre cuatro muros, me volvería loco, más — comenté sonriendo haciendo énfasis en la palabra más pues siendo honestos lo estoy un poco.

Los gritos de esos hombres me obligaban a querer voltear en esa dirección pero los movimientos de Leo me decían que no lo hiciera estaba casi seguro de que eso significaban y luego el comentario que tuvo pero ya era demasiado tarde, me perdí viendo a ambos como se levantaban de la mesa y salían a toda prisa del local claramente tenían algo entre manos y yo ya me había decidido a investigar. Saqué un poco de dinero y lo puse en la mesa esperando fuera suficiente para pagar la comida Sin decir nada fui tras ellos, dejando a Leo en la mesa sin darle explicaciones ni nada pero mi mente trabajaba diferente, comencé a sortear las mesas y cuando salí al porche los vi doblando la esquina en un callejón que daba hacia fuer de Hogsmeade. En ese momento sentí la mano de alguien en mi hombro solo para darme cuenta que era la de Leonardo. — ¿Y si los seguimos? De lejitos, así no nos ven, creo que traman algo — le dije en susurros mientras una persona se abría paso dentro de la taberna y nosotros estábamos en el camino.
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Leonardo Lezzo el Mar Oct 13, 2015 1:12 am

La pregunta de Leo no fue muy acertada. Connor le terminó contando la verdadera primera vez. Fue cosa de una noche. Dos chicas se aprovecharon, por decirlo de algún modo, de Aaron y de Connor en una fiesta donde la gente era más mayor. Leo había escuchado hablar de fiestas universitarias y hasta la fecha no había pisado una. Le gustaban los bailes de Hogwarts porque estaban sus amigos. Pero ese tipo de fiestas las imaginaba como en las películas de American Pie. Lleno de chicas borrachas y de chicos que se aprovechaban de ellas. Lo que pasó en la fiesta a la que acudió Connor, pero a la inversa. Fueron las chicas las que se aprovecharon. - Espero que mi primera vez sea un poco más bonita. Pero tengo que admitir que no vay a olvidar la tuya tan fácilmente. Es algo que puedes contar para romper el hielo. - Leo no se mofaba de su amigo, al contrario. Connor parecía satisfecho de haberse estrenado ya.

El universitario le contó que su madre era sanadora, al igual que la de Connor. Leo quería escuchar la conversación de los dos hombres misteriosos pero sin ser descubierto. Le era fácil habalr de su madre y a la vez pegar la oreja. - Ya tenemos varias cosas en común. Espero no perder la virginidad en una fiesta. Pero está bien que tu madre sea sanadora. También mola lo de ser de otro país. Mi acento les suele gustar a la gente. Apuesto que el tuyo también. - El chico hablaba por hablar, diciendo cosas ciertas pero banales, pero los hombres permanecieron un rato callados y los chicos continuaron con su charla. Habían quedado para ponerse al día y eso mismo estaban haciendo. Como saber que pensaba estudiar su amigo. - ¿Y Quidditch profesional? Tengo entendido que cobran una pasta. Además en el campo no hay muros. Y seguro que ligan mucho. - De nuevo Leo estaba prestando más atención a los desconocidos que a su amigo. Tenía una explicación razonable y es que aquellos dos hombres estaban hablando de hacer algo malo. Puede que matar a alguien.

Leo quiso advertir a Connor pero anda más verlos salir este dejó dinero en la mesa y salió detrás de ellos. - Mierda. - Leo se levantó para ir tras él. Logró alcanzarlo en al puerta, y los dos hombres ya se habían perdido de vista. El chico dijo de seguirlos desde lejos, y Leo asintió. Ambos se apartaron de la puerta y salieron detrás de los dos hombres. Nada más doblar la esquina los vieron discutiendo, y tuvieron que parar de golpe para no ser vistos y simular que miraban un escaparate de ropa interior mágica para chicas muy limpias. - No soy un auror todavía, pero empiezo a defenderme decentemente. Vamos a ir detrás de ellos pero tu eres menor de edad y no quiero que te pase nada. Si nos descubren huye a buscar ayuda. - Leo tenía la suya en el bolsillo, al alcance de la mano, pero no la había sacado para no alarmar a la gente. Los dos hombres emprendieron de nuevo su marcha y los dos chicos los siguieron de cerca. Caminaban hacia las afueras de Hogsmeade, dirección contraria a Hogwarts, hacia el bosque. - Estoy seguro de que son dos mortifagos. - Los siguieron a ambos, y para ello tuvieron que adentrarse mucho en el bosque. Hasta que los vieron entrar en una cabaña que parecía abandonada. Leo intentó ser sigiloso y fue acercándose a la casa para mirar por las ventanas rotas pero con cuidado para no ser descubiertos. La cosa pintaba muy mal.
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Leonardo LezzoInactivo

Invitado el Mar Oct 13, 2015 3:37 pm

Nuestra conversación pasó de ser sobre chicas, la primera vez, la universidad, el ser mojigato y otras cosas a una mucho más interesante. Pues al ver como dos hombres se gritaban cosas y salían de la taberna fui lo suficientemente estúpido como para seguirlos y no solo eso, desee que mi amigo también fuera estúpido suficiente como para hacerme segunda. Las cosas pintaban mal, los hombres parecían ser mortifagos y esto fue apoyado por el mismo Leonardo — si, yo también lo creo. ¿Que querrán? Tal vez si los seguimos y descubrimos sus planes podemos ser héroes — comente mientras en mi cabeza imaginaba el día en que los de la orden nos felicitarían y nos dieran alguna medalla o algo. Así que siendo esa mi motivación los seguimos por los callejones de Hogsmeade hasta que casi nos descubren y tuvimos que aparentar ver un aparador en una tienda de mujeres — si, mira, ese quedará genial para tu novia, puede ser su regalo de cumpleaños y seguro querrá estrenarlo contigo  — dije sonriendo y apuntando mientras miraba de reojo que los hombres comenzaban a marcharse y al principio nos quedamos de pie mirando el escaparate hasta que hubo una distancia prudente, entonces los seguimos.

Mira Leo, realmente no me llama la atención el quidditch, además sería terrible, tengo algo llamado déficit de atención y estoy seguro las pelotas irían directo a mi bello rostro — mencione tratando de aligerar el momento, como si no fuéramos tras dos mortifagos peligrosos. — Y no tengo miedo, tengo a un auror en potencia que me proteja si algo sale mal  — le dije dándole un codazo mientras veíamos como entraban a una cabaña en el bosque. Si, ni cuenta me di cuanto ya estábamos alrededor de árboles, muchos de ellos y la tierra, rocas, ¿en qué momento? Los dos fuimos hasta la cabaña para ver qué es lo que estaba sucediendo. La ventana tenía una altura suficiente como para que los dos pudiéramos ver. Dentro estaban esos dos hombres, pero no se encontraron solos. Había uno considerablemente mayor, quizá el doble de edad. Cabizbajo y con el rostro lleno de pavor les decía que él no sabía nada de la información que le estaban pidiendo. Lo tacharon de mentiroso y lo amenazaron con torturarlo si no les decía la verdad.

Observé a Leo con cara de terror, nunca antes me encontré en una situación como esa. Pero antes de poder decirle algo o idear un plan entre los dos se escuchó un ruido, como si alguien hubiera arrojado los muebles dentro de la casa. Volví a asomar el rostro para encontrarme con la escena donde el anciano estaba tirado en el suelo sobre una silla de madera rota y se quejaba, además tenía el rostro ensangrentado pero se movía por lo que aún estaba con vida. Ellos apuntaban las varitas hacia el pobre señor y entonces por puro instinto saque la mía — debemos ayudarlo, van a matarlo — preocupado, susurre a mi amigo pero no había tiempo, ellos estaban dispuestos a herirlo fatalmente. Apunte con la varita hacia uno de ellos, él que estaba más cerca al anciano y aunque no tenía mucha práctica lancé un hechizo no verbal, un petrificus totalus para ser exactos. Un rayo de luz blanco salió de la varita pero al no ser experto en no verbales fue a dar a un jarrón sobre la repisa justo a unos centímetros de distancia a la cara del mortifago. El jarrón se rompió e inmediatamente saltaron por el susto y miraron hacia la ventana. Me agache a tiempo pero escuche como iban a investigar, se abrió la puerta y uno de los hombres salió para ver quien había sido.
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InvitadoInvitado

Leonardo Lezzo el Jue Oct 15, 2015 1:03 am

Los chicos salieron detrás de los dos hombres muy convencidos de que iba a apsar algo terrible y tenían que intentar evitarlo. Pero Leo pensaba con claridad. Es un rasgo que le distingue de otras personas. Él siempre tiene la mente fría. Por eso temía la presencia de Connor allí. Era menor de edad, no podía usar magia fuera del colegio y no era tampoco el alumno más brillante. No tenía miedo por él. Sabía que podía morir en el intento pero averiguarían que estaba pasando con esos hombres. Connor, por su parte, intentaba animar a su amigo diciéndole que estaba con un auror en potencia, nada podía salir mal.

A parte de los dos hombres y ellos, parecía no haber nadie más en las inmediaciones de la cabaña. En caso de gritos, ataques o muertes, nadie iba a enterarse de nada. Leo respiró hondo antes de mirar por la ventana y darse cuenta de lo que ocurría dentro de aquella sala vieja y poco cuidad. Había un hombre atado en una silla y los dos hombres lo estaban torturando para sacarle información. En una de sus negativas el mortifago que lo estaba interrogando le lanzó un hechizo que lo tiró al suelo con la cara ensangrentada. El chico contuvo la respiración un momento. Quiso hablar con Connor para pedirle que lo cubriera mientras él entraba por la puerta a intentar detener a aquellas dos personas pero no le dio tiempo. Connor sacó su varita y lanzó un hechizo contra un jarrón. Iban a matar al hombre y se detuvieron. Al menos le habían prolongado la vida al hombres puesto que los dos mortifagos iban a por los dos chicos ahora. Se agacharon bajo la ventana pero no era un buen sitio. Si el hombre se acercaba los vería a ambos allí tumbados y los mataría sin más. Leo cogió a Connor y se lo llevó al otro lado de la casa. Allí no había ventanas. - Juguemos al gato y al ratón. Si somos lo suficientemente rápidos podremos desmayar a este tipo que acaba de salir y ver que pasa con el otro, y si el hombre de adentro está bien. Vamos a dar la vuelta a la casa, tu por un lado y yo por el otro, quien encuentre al tipo de cara le lanza un hechizo y cuando el otro llegue le ayuda. - A penas tenían tiempo. El hombre daría la vuelta a la casa para asegurarse de que no había nadie en los alrededores y Leo no se explicaba con claridad. Su fuerte era la acción, no las palabras. Si tan solo pudiera dibujar su idea en un papel. - Quiero decir que cada uno vaya por un lado de la casa, tenemos que ser rápidos, y al encontrar al hombre ya sea de cara o de espaldas, le tenemos que dejar indispuesto. ¿Lo entiendes? - Leo no podía explicarse mejor, no había tiempo que perder. El hombre de fuera los buscaba pero el otro seguía dentro con el hombre al que estaban torturando. Podía matarlo en cualquier momento.

Salieron cada uno por un lado de la casa, sin correr pero deprisa. Fue Leo el que se topó con el hombre de espaldas, un punto a favor, justo cuando Connor llegaba a la parte trasera de la casa y se aparecía delante del hombre. Este levantó la varita pero Leo fue más rápido conjurando un Desmauis no verbal y el hombre cayó al suelo. - Vamos dentro. - Susurró a su amigo. - Pero no sin atar y amordazar a este cabrón. Ayúdame. - Leo lanzó el hechizo de las cuerdas, que amarraron al hombre de pies y manos. Connor, con un trozo de cuerda le tapó también la boca para que no pudiese alertar al otro. Solamente les quedaba ir dentro a ver que encontraban. El corazón del chico latía desbocado aunque mostraba un semblante serio.


Spoiler:
Off: Siento haberte manejado un poco. Yo me dejo también.
Leonardo Lezzo
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Leonardo LezzoInactivo

Invitado el Jue Oct 15, 2015 4:26 pm

Los siguientes minutos fueron decisivos para ambos, teníamos que hacer algo y rápido por eso cuando Leo me explicaba casi con bolitas y palitos o con manzanas levante una ceja — ¿Vas a hablar todo el día o lo hacemos? — no estaba enojado, solo no había tiempo que perder en tonterías que entendí a la primera . Así que di media vuelta y comencé a caminar lentamente alrededor de la casa procurando no hacer ruido porque eso delataría mi posición y no sería bueno, no quise pensar en lo que el mortífago me podría hacer en caso de atraparme, preferí enfocar mi mente en algún hechizo que fuera capaz de pronunciar sin verme en problemas, pues utilizar magia fuera de Hogwarts está estrictamente prohibido y seguro ya me había metido en un lío por hacerlo antes con el jarrón, que ni siquiera dio su objetivo, eso me avergonzó un poco con Leo.

Al dar la vuelta a la casa me encontré con el hombre y me quedé paralizado, tenía la varita apuntando al frente pero de no ser por Leo que fue más rápido yo estaría herido o peor, no, no quise pensar en ello. — Gracias amigo  — le susurré mientras le ayudaba a sujetarlo con las cuerdas y arranque un pedazo de su camiseta para colocársela en la boca. — eh, es el del pendiente de señora — me reí pero entonces me levante — que uno entre por la puerta y el otro por la ventana, yo por la ventana así te cubro, ¿te parece? pero vamos que ese hombre puede estar muerto — corrí hacia la ventana asomando el rostro con sumo cuidado, el mortifago estaba de pie mirando al viejo y luego hacia la puerta cuando esta rechinó al abrirse. Apuntaba su varita hacia ahí listo para atacar y fue cuando tuve que intervenir antes que hiciera daño a Leo.

Confundus — esta vez sí grite el hechizo logrando darle en el brazo al hombre quien enseguida lanzó un rayo de luz de su varita y al estar aturdido fue a dar al techo haciendo que un pedazo de madera cayera sobre su cabeza y el villano también azotó cual res sobre el suelo pero aún estaba consciente. Para cuando Leo entro yo ya estaba colándome por la ventana y fui corriendo a quitarle la varita a tiempo pues se estaba levantando aunque tambaleándose. — encárgate de él yo ayudo al viejito — le dije a mi amigo mientras me agachaba ayudándolo a levantarse y este me agradeció un par de veces. El hombre murmuraba algo a mis espaldas pero no le preste atención pues estaba contento de haber salvado al anciano. — Parece que salvamos el día — dije de manera casual sonriendo, entonces unas sombras comenzaron a tapar el sol, no eran unas nubes normales y me di cuenta que quien las invocaba era el anciano quien comenzó a reírse de manera sádica mientras me tomaba del cuello y solté la varita del susto. Estaba suspendido en el aire y mis pies se movían de un lado a otro intentando decir que me soltara, ese hombre que creíamos en peligro no era lo que parecía. Sentí que moriría ahorcado por aquel a quien salvamos y estaba llorando de rabia por haber caído en la trampa. Estaba quedándome sin aire y Leo debía salvarme si no quería morir. En ese momento alcancé a ver que la puerta de la cabaña se abría y el señor con las cuerdas aun sujetas a su cuerpo saltaba intentando entrar pero me desmaye y ya no supe nada, todo lo vi oscuro.
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Leonardo Lezzo el Jue Oct 15, 2015 10:47 pm

De ningún modo Leo pensaba que su amigo Connor fuese idiota. Al contrario, lo que le pasaba era que estaba hecho un manojo de nervios y por eso le tuvo que repetir dos veces la idea que tenía para entrar en la casa y desarmar a los dos tipos antes de que ellos mataran al hombre viejo que tenían secuestrado. Una vez emprendido el rumbo no les costó mucho rodear la casa y detener al atacante. Era el hombre con el pendiente llamativo al que Connor molestó en el pub. Entre los dos lo ataron y lo amordazaron, para dejarlo inmovilizado fuera mientras ellos entraban a por el otro. La idea de Connor le gustó a Leo, y acató sus órdenes. Él entraría por la puerta y Connor le cubriría desde la ventana. El chico fue corriendo intentando no hacer ruido para que el otro hombre no estuviese prevenido de que entraba por la puerta, pero no contaba con que la vieja puerta haría ruido al entrar. Las bisagras, seguramente llenas de óxido, chirriaron cuando Leo abrió la puerta. Estaba listo con la varita pero el mortifago también lo estaba. Por suerte Connor consiguió darle en el brazo con el hechizo certero, y el hombre se mareó por un momento y al intentar atacarlos lanzó un hechizo contra el techo que hizo que una viga le cayese en la cabeza. Quedó medio inconsciente en el suelo. - Gracias, amigo. - Dijo Leo reproduciendo las palabras que Connor había dicho fuera.  

Leo estaba orgulloso de su amigo, habían conseguido entre los dos desarmar a los mortifagos y entrar en la casa para rescatar al hombre viejo. Connor fue a ayudar al viejo mientras que Leo ataba al otro hombre para que no escapase. No tuvo que amordazarlo porque ya no era preciso. Daba igual si alguien lo escuchaba gritar. Ellos eran los malvados, y no había más. Leo fue a chocar los cinco con Connor, y a decidir que hacían con los dos hombres. Lo más seguro sería llamar a alguien del Ministerio para que se los llevasen a Azkaban. Pero la celebración duró poco. Una sombras, que no eran nubes, estaban tapando el sol. Ese estupendo sol de otoño que alegra las tardes antes de que empiece a refrescar. Leo estaba mirando por la ventana sin entender. Cuando se giró a ver que opinaban el viejo y Connor escuchó aquella maléfica risa de loco. El anciano cogió a Connor del cuello y lo fue levantando hacia arriba. - ¡Suéltale! - Le ordenó el chico un tanto asustado. Le lanzó un par de hechizos sin éxito, el anciano los paraba sin más. El anciano no le hizo caso. Continuaba murmurando sus frases y riendo. En ese instante Connor perdió el conocimiento y alguien entró saltando por la puerta. Era el hombre del pendiente gritando. - Ayúdame imbécil, desátame. - El chico se quedó mirando al hombre y al anciano. Las sombras empezaban a rodear la casa dando el efecto de noche con niebla al lugar. - ¿Cómo sé que tu no eres de los malos? - Preguntó el chico intentando razonar. El hombre atado levantó los hombros en señal de no entender. Leo hizo un movimiento de con la varita y soltó las cuerdas del hombre. Después atacó al anciano para que soltase a Connor, y en cuanto lo hizo lo arrastró a un rincón mientras el hombre del pendiente acorralaba al anciano que reía más que nunca. - Despierta Connor, venga. Despierta. - Leo abofeteó levemente a su amigo, angustiado por su salud y por la situación.

Miró hacía el anciano, y el joven del pendiente le hablaba en otra lengua. Se lanzaban hechizos y el hombre viejo reía. Era lo peor que Leo había visto en su vida. Nunca había visto algo semejante ni en las películas de terror que tanto le gustaban. Buscó el pulso a Connor, y al ver que estaba bien y respiraba se unió al ataque contra el anciano. Por alguna razón pensó que él era el malvado, ya que la niebla era cosa suya. Lanzaba hechizo tras hechizo y nada parecía afectar a aquel hombre que más bien parecía un ser del infierno, su aspecto de viejo desvalido empezaba a cambiar por algo un tanto monstruoso.
Leonardo Lezzo
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Leonardo LezzoInactivo

Invitado el Vie Oct 16, 2015 3:42 pm

Aquel viejo me sostuvo del cuello y yo sentí como me estaba asfixiando, traté de darle patadas pero no pude ni tampoco gritar pues la garganta estaba siendo apretada con fuerza. Sentí que el aire se me iba, que moriría y en esos momentos pensé en mis padres, en lo triste que iban a estar con la noticia, lo devastados, su hijo único muerto. También pensé en mi mejor amigo, Aaron, ¿cómo se lo iba a tomar? Una lágrima se deslizó por mi mejilla y antes de caer al suelo todo se volvió oscuro, perdí el conocimiento y no supe más de la vida, si estaba respirando o si había muerto. Todo era negro, más negro que la noche. Sentí una paz y una tranquilidad, sentía estar flotando pero esa sensación no estuvo por mucho tiempo pues comencé a vislumbrar unos puntos blancos que brillaban y se acercaron rodeando mi cuerpo, digo mi cuerpo pero en realidad no pude verlo, parecía estar en alguna forma intangible pero de repente sentí calor, algo me estaba quemando y fue entonces que desperté.

De un movimiento brusco me senté, notando que una chispa me había caído en el brazo, nada grave pero suficiente para hacer que volviera en sí. Noté que la cabaña estaba en completa oscuridad, la única luz que emanaba era la de las varitas y hechizos. Pude escuchar la voz de Leo, estaba vivo al igual que él. Me levanté a toda prisa pero no traía mi varita — accio varita — y está apareció en mis manos. — Lumos — al encenderse pude ver como dos hombres, Leo incluido luchaban contra un ser horripilante, no parecía ser humano y el señor del pendiente estaba en el suelo, probablemente muerto. Pensé en huir, escapar y vivir otro día, pero no lo hice, ¿por qué? Porque soy estúpido. Porque después de todo si que resulte digno de Gryffindor, después de tener mis dudas respecto a la elección de casa, ahora estaba ahí, siendo valiente y decidido a enfrentar a esa criatura y defender a mi amigo.

Me coloqué a su lado apuntando con la varita mientras la criatura en cuestión era acorralada y simplemente nos miraba a todos con cara de querer devorarnos. — ¿Qué es eso? ¿Y el anciano? — pregunté a ambos pero entonces fui atacado. Esa cosa, mitad humano mitad quien sabe que diantres se abalanzó contra mí. ¿Por qué siempre a mí? Y me arrojó al suelo mientras abría su boca para probablemente devorar mi hermoso rostro. Por suerte la varita seguía conmigo así que la apunte en su cara, sintiendo la viscosidad de esta al empujarla sobre su piel, así de cerca estaba a la mía. — Depulso  — fue empujado por los aires hasta caer sobre una mesa y entonces las nubes poco a poco se dispersaron. Al parecer si que estaban conectadas con ese hombre o criatura. En ese momento sentí un ardor inusual en mi brazo derecho donde me había tocado. Era una quemadura, pude oler el aroma a carne quemada, quise vomitar y lo hice, vaciando mi estómago sobre la alfombra.
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Leonardo Lezzo el Vie Oct 16, 2015 11:48 pm

La situación era tensa. Uno de los hombres estaba en el suelo inmóvil, y Connor estaba en el rincón donde Leo lo había dejado a salvo. O eso pensaba él. El otro hombre y el chico unieron sus fuerzas contra el anciano, y este cambió de forma y dejó de parecer un humano. Las nubes taparon completamente el sol y a penas podía verse nada dentro de la casa que empezaba a estar llena de una espesa neblina. Todo muy extraño. Leo pensó que los dos hombres serían cazadores de monstruos o de criaturas extrañas, seguramente trabajadores del Ministerio. No podía dejar de pensar que Connor y él habían interferido i entorpecido su trabajo, y ahora estaban todos metidos en un lío.

Se alegró al escuchar la voz de Connor a su espalda, pero no pudo girarse a ver. De pronto en anciano saltó por los aires y se abalanzó contra su amigo. Al parecer tenía obsesión por él. Pero esta vez Connor fue rápido, lanzó un Depulso al monstruo y este salió volando por los aires dándose un buen golpe contra una mesa. La niebla fue desapareciendo y el sol empezaba a entrar por las ventanas. - ¿Está muerto? - Leo se fijó en su amigo que tenía un herida en el brazo y se acercó a él. - Tenemos que irnos. La sanadora de Hogwarts tiene que verte eso. - El hombre hizo algunos hechizos contra el monstruo y este se esfumó dejando el ambiente como si nada hubiese pasado, sin niebla ni sombras. Luego se preocupó por su compañero, que estaba tirado en el suelo y logró despertarlo. Solamente estaba aturdido. - Espero que nos disculpen, hemos sido un poco idiotas. Ahora nos vamos. - Leo empujó levemente a su amigo por la espalda para sacarlo de allí lo antes posible. Si le curaban pronto la herida no se le quedarían marcas. Pero los dos hombres rieron. Leo no entendió hasta que el del pendiente, que estaba más despejado, les apuntó con la varita.
- Vosotros dos no vais a ningún lado. Sabéis demasiado. - Otro giro inesperado para los chicos, que no imaginaban que los dos hombres les tratasen así después de ayudarlos contra el anciano. Si no fuese por Connor aún seguirían lidiando con ese horrendo hombre. - No sabemos nada. No hemos visto nada. - El hombre del pendiente rió varita en mano. - Cuando termine con vosotros no sabréis nada y no veréis nada. - Leo se puso delante de Connor. Su amigo no estaba bien para luchar, incluso había vomitado. Y el otro hombre estaba un tanto mareado y parecía a punto de caer. Lo iba a solucionar. -  Que sepas que los aurores están en camino. Les avisamos nada más salir detrás de vosotros. - Nada más decir eso, el hombre el pendiente atacó repetidamente y Leo formó un escudo para defenderse y también a Connor. Los hechizos se sucedieron sin que ninguno diese realmente en el objetivo. Ambos luchaban con tenacidad pero se notaba la inexperiencia del universitario contra aquel hombre. Había mentido en lo de los aurores y ni siquiera sabía el porqué. Quería salir de allí airoso. No dejaba de controlar al otro hombre, que estaba débil para luchar y a penas se movía de su sitio. Además, no tenía la varita cerca. Un hechizo pasó rozando la oreja de Leo y este se asustó un poco pero no gritó. Esperaba que el hombre se cansase pero temía cansarse él mucho antes.
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Leonardo LezzoInactivo

Invitado el Sáb Oct 17, 2015 9:14 pm

Se me quemó el brazo. ¡Se me quemó el brazo! Ese maldito anciano, criatura del averno o lo que sea que en realidad fuera me sostuvo con fuerza y me hizo una quemadura, olía feo y dolía un poco pero tampoco era demasiado e insufrible. Me levanté con ayuda de Leo y estábamos dispuestos a marcharnos de ahí cuanto antes, aprovechar que más o menos aturdí a ese anciano y podríamos escapar pero no contamos con que esos hombres no nos iban a dejar ir. — ¿Qué? ¿Por qué? Nosotros solo les hemos ayudado, si, mal interpretamos todo al principio pero les ayudamos — dije algo temeroso de que en realidad nos fueran a matar o algo parecido. Yo no quería morir tan joven, estaba dispuesto a luchar aunque mi brazo me doliera al empuñar la varita.

De pronto me vi envuelto en un hechizo protector logrado por Leonardo, me sentí seguro durante los siguientes treinta segundos hasta que lo vi flaquear, debí hacer algo y rápido — protego totalum — fue lo único que se me ocurrió en el momento y funcionó reforzando la defensa, pero esos dos hombres continuaron atacándonos, vi como los hechizos rebotaban y pasaron muy cerca de nuestros rostros. — No quiero morir, esto es mi culpa, si no los hubiera seguido, no estaríamos aquí, soy un idiota — temía por la vida de ambos, gracias a mi nos encontramos en esa cabaña. Cerré los ojos cuando el hechizo protector se rompió y entonces escuché otro ruido, los abrí para encontrarme con unas luces blancas pasando por sobre nosotros y colocándose al frente. Esas luces se convirtieron en tres personas, magos, probablemente aurores por las vestimentas que portaban. — ¿Quién es el menor que ha estado usando magia fuera de Hogwarts? — preguntó uno de ellos — intentaron matarnos, esos dos y otro que escapó  — dije casi gritando y entonces los hombres que nos atacaron querían desaparecer pero fueron acorralados por aquel trío, parecía que estábamos salvados  y a la vez en un problema al menos yo, temí por la expulsión del colegio pero eso a la muerte preferí lo primero. — Yo solo defendía nuestras vidas, había un anciano, los vimos atacarlo, luego ese anciano se convirtió en una criatura horripilante y cuando lo ataque se fue, y estos dos querían silenciarnos y necesito ir a la enfermería, me han quemado el brazo — lo levante para que lo vieran, aun no me sentiría totalmente a salvo hasta salir de ahí, ya después me preocuparía por el castigo.
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Leonardo Lezzo el Dom Oct 18, 2015 2:26 pm

Lo que les estaba sucediendo a los chicos era digno de película de acción y suspense. Siguieron a los dos hombres de cerca para llegar a una casa donde tenían encerrado a un anciano. Al intentar rescatar al anciano se habían dado cuenta de que era una especie de demonio y ayudaron a los dos hombres a deshacerse de él. Para que al final los dos hombres intentaran matarlos por haber visto demasiado. Leo peleaba contra uno de aquellos hombres mientras el otro estaba indispuesto en el suelo, y Connor herido y un poco mareado. Por suerte pudo recuperarse ya que las fuerzas de Leo empezaban a flaquear. Para añadir emoción, el otro hombre empezaba también a sentirse mejor y lanzaba hechizos no muy certeros contra los dos chicos. - No es tu culpa. - Le defendió Leo. - Desde que los vi entrar centré mi atención en ellos porque no me parecieron trigo limpio. - Formaba parte de su educación como auror el sospechar de cualquier persona y más aún después de escuchar parte de su conversación. A su parecer, la culpa era suya por llevar a su amigo Connor hasta allí.

Ocurrió entonces un milagro. Aparecieron tres personas buscando al menor que había estado haciendo magia fuera de Hogwarts. Connor aún llevaba el detector y lo buscaban por incumplir la ley. Sonaría grave si no fuese porque los chicos se encontraban en una situación de peligro y les salvaron. Acorralaron a los hombres malvados para llevarlos a Azkaban y juzgarlos. El primero en hablar fue Connor para exculparse. - Lo que dice Connor es verdad. Estos dos hombres estaban atacando a un anciano. Quisimos ayudarlo pero se convirtió en algo extraño, como un monstruo. Les ayudamos a luchar contra él hasta que se esfumó. Y luego este par de hombres empezó a atacarnos a nosotros. - El brazo de Connor dejaba bien claro que si había usado magia fue en defensa propia. Su brazo presentaba quemadoras bastante desagradables y tenía que dolerle mucho. - Dejen que él vaya a la enfermería y yo puedo responder a todas sus preguntas. - Uno de los hombres, el que había acorralado a los dos malvados habló con voz grave y pausada.
- Jack, los chicos no mienten. Estos hombres están buscados por el Ministerio. Son los dos mortifagos que asesinaron a Walden. Estos chicos tienen suerte de estar vivos. - El que se llamaba Jack viendo la herida de Connor y lo que su compañero decía habló como si fuese el jefe de los otros dos. - Bien, podéis ir a la enfermería. Y tu, - Dijo imponentemente mirando a Leo. - quizás tengas que ir al juicio de estos dos. - Leo sintió un tanto asustado. La idea de ir a un juicio sonaba muy mal aunque fuese para defender a su amiga e inculpar a aquellos dos por lo que hicieron.
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Leonardo LezzoInactivo

Invitado el Lun Oct 19, 2015 2:42 am

Deje que los adultos hablarán pues yo ya había explicado todo lo que pude en el menor tiempo posible, lo que dije estuve consciente que podría sonar descabellado y probablemente no me iban a creer pero por suerte Leo abogó en mi favor y luego uno de los aurores corroboró la historia y yo me sentí aliviado incluso escuche un suspiro de tranquilidad por mi parte. — Gracias Jack — le hable de tu entrando en confianza y cuando me levantó el brazo gemi de dolor — ¡oye si duele!  — me queje pero le dejé que me inspeccionara. — ¿Qué juicio? Yo quiero ir,  yo puedo testificar, se como funciona mi padre es policía muggle — comenté sonriendo aunque me doliera el brazo. Ellos murmuraron un par de cosas mientras inmovilizaron a los que siempre si resultaron ser mortifagos. Tuvimos suerte, yo lo supe y Leo igual,  de no haber aparecido los aurores en ese momento seríamos un costal de sangre en el medio de esa cabaña vieja y descuidada.

Dos de ellos se esfumaron con los mortifagos en su poder y Jack, nuestro querido amigo Jack fue el encargado de quedarse a nuestro lado.  Nos dijo que nos llevaría a la enfermería y eso hizo. Salimos de esa cabaña rumbo al bosque y caminamos a pasos agigantados — ¿se sabe quien era ese anciano? ¿por qué lo buscaban? ¿alguna idea? — le pregunte a Jack quien no soltaba mi mano lastimada pero me acostumbre que no le reproche por ello. No hubo respuesta permaneció serio y tras un "eso es clasificado"  la conversación sobre el tema terminó ahí — ¿estoy en problemas? Fue defensa propia — intenté sonreír luego vi a Leo y levante los hombros apenado porque sentía que era mi culpa el meternos en ese embrollo aunque él dijera lo contrario. El tal Jack dijo que lo consultarían y que tendría noticias del ministerio muy pronto. — Que sepan que Leo no tiene la culpa, yo fui el que decidió seguirlos al verlos sospechosos — dije mientras llegábamos a un transporte en hogsmeade que nos llevaría hacia el castillo. Mi piel quemada pareciera no ser una prioridad o emergencia porque no usamos la aparición, sino que se tomó todo el tiempo del mundo en ir por carruaje.
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