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Go up, up away. {Yvette Larsson} [Flashback]

Arabella K. Morgenstern el Sáb Oct 17, 2015 6:22 am

La noche anterior había habido mucha juerga con un grupo de amigos que tenía desde hacía muchos años, y habían decidido que el mejor lugar para estar de juerga era en el piso de uno de ellos que tenía sobre uno de sus locales en el Callejón Knockturn. Es fácil suponer que cualquiera que sea dueño de un establecimiento en ese oscuro callejón de reputación cuestionable no debe de ser la persona más buena y santa del mundo, pero a mí eso siempre me había dado exactamente lo mismo. Buenos, malos… los humanos eran todos iguales, y la moral y los ideales podían cambiar tan rápido como lo hacía la dirección en la que sopla el viento.

Me dormí en el piso de mi amigo, al igual que lo hicieron todos los demás que habían estado ahí celebrando. Fui la primera en despertarme, aunque me desperté por la tarde. Los demás tenían un aspecto penoso, y seguramente cuando despertasen iban a sentirse con ganas de morir e iban a tener que arrastrarse por los suelos para ser capaces de moverse, además de que seguro no querrían volver a tocar una botella de alcohol en su vida, sobre todo cuando los orígenes de su contenido no estaban del toco claros. Conociendo como conozco a nuestro anfitrión, estoy segura de que había más de una substancia ilegal ahí metida.

Me puse los zapatos, unas sandalias blancas romanas con tacón que de algún modo habían acabado una metida en un jarrón vacío y otra decorando el enorme moño de una de mis amigas que estaba durmiendo en el sofá, y salí del piso sigilosamente, cerrando la puerta tras de mí. Quería volver a mi casa, que estaba situada en el mejor barrio del Londres muggle, y quería darme una ducha y refrescarme y cambiarme y tan vez salir después a dar un paseo, pues aquel día era soleado y cálido y hermoso, aunque desde el interior del callejón Knockturn pareciese más bien frío y gris y oscuro. Los días siempre parecían así en ese callejón.

Había un par de personas por el callejón, todas vestidas con largas túnicas negras y los rostros cubiertos con capuchas. Yo no podía estar más fuera de lugar aquel día en ese callejón. Normalmente me vestía y arreglaba de una manera que parecía parte del propio decorado de aquel lugar, pareciendo oscura y peligrosa, pero la noche anterior había optado por un conjunto mucho más luminoso y alegre y que me daba un aspecto de chica buena, además de que el cabello rubio natural me hacía parecer muchísimo mas joven de lo que ya parecía, además de inocente al contrario que cuando me teñía el cabello de color castaño oscuro. Parecía una de esas personas que se paseaban por el callejón Knockturn por curiosidad y que se metían donde no tenían que meterse, cuando en realidad había paseado por aquel lugar miles de veces por razones muchísimo más oscuras que las que tenía hoy.

Todo estaba muy tranquilo hasta que llegué a una zona del callejón que estaba desierta, excepto por dos personas. Una de ellas era una chica que parecía una adolescente joven, seguramente una alumna de Hogwarts que estaba de vacaciones, y la otra persona era un hombre mayor que tenía pinta de haber sido sacado de un libro de terror y que parecía que la estaba molestando. Odiaba que los hombres molestasen a las chicas, siempre lo había hecho y había luchado contra ello. Irónico pues que las últimas veces que un hombre me había hecho daño a mí yo no hubiese hecho nada para salvarme.

-¡Eh!- dije en tono severo para llamar la atención del tipo mientras me acercaba con paso firme.- ¿Por qué no te largas y te pierdes por ahí?

El hombre me miró con burla y con descaro.

-Espera ahí, bonita, ahora mismo me ocupo de ti- me dijo con tono asqueroso mientras volvía a centrar su atención en la chica joven. Yo no me detuve ni dije nada, sino que acorté la distancia entre ellos y yo y sin dudarlo dejé que mis facciones cambiasen, dejando de ser humanas para transformarse en mis facciones reales. El blanco de los ojos se volvió negro y los irires marrones se volvieron rojos, todos mis dientes se alargaron hasta ser colmillos capaces de desgarrar hasta la carne más dura, y mis uñas se alargaron hasta convertirse en larguísimas y afiladísimas garras letales. No salieron mis alas, pues ni las necesitaba ni sería cómodo desplegarlas en el estrecho callejón. Agarré al hombre, rodeándole el cuello con mis manos transformadas en garras de ave rapaz, y le aparté de la chica estampándole de espaldas contra la pared que había detrás suyo.

-Creo que no me he expresado bien- dije con tono falsamente dulce.- Largo.

El hombre casi mojó los pantalones, y en cuanto le solté salió corriendo, dejándonos ahí solas a la chica y a mí. Todos mis rasgos de arpía desaparecieron, volviendo a dejarme con aspecto completamente humano, y me giré hacia la chica.

-Tranquila, no voy a hacerte daño- la aseguré, por si me tenía miedo después de presenciar eso.- ¿Estás bien?

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Arabella K. Morgenstern
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Arabella K. MorgensternInactivo

Invitado el Sáb Oct 17, 2015 4:00 pm

Benditas y cansinas vacaciones tenía demasiado tiempo para hacer todo lo que quisiera, esto implicaba también días en los que no sabía ni qué hacer, como ocurrió ayer y antes de ayer. Estaba acostada en mi cama mirando al techo barajando posibilidades de algo interesante y entretenido que pudiera hacer el día de hoy, no estaba dispuesta a pasar otro día más dando vueltas por la casa y los alrededores como alma en aburrimiento. Me puse a dar vueltas en la cama como una loca tirándolo todo alrededor de esta hasta que… PLOFF… me caí – jajajajaja que golpe- me lleve la mano a donde me había llevado la peor parte, en la cabeza, suspire. Miré hacia la ventana dándome cuenta que el sol entraba más por ella que estos días anteriores, me acerque a la ventana apartando las finas cortinas, casi transparentes y me senté en la butaca de acabo antiguo y un cojincito la mar de cómodo que había colocado yo allí, antes estaba puesta por los pies de la cama, pero no me parecía que cumpliera su objetivo funcional en ese sitio, así que decidí colocarlo justo en la ventana, donde había obtenido mayores resultados.

Cuando acabé de desayunar volví a mi habitación para cambiarme de ropa. Decidí que ese día llevaría algo alegre, primaveral que me ayudara a levantara el ánimo, así cogí mi vestido amarillo con algún que otro girasol estampada y me lo puse junto con una medias  pues me conocía bastante bien como para saber que en algún momento y dependiendo de la zona me daría frío. Como la abuela no se encontraba en la casa decidí dejarle una nota en su estudio por si volvía antes que yo. Fui hasta la chimenea que había en la cocina, no me apetecía ir a dar un paseo por las calles de Londres así que decidí ir al callejón de Diagón, cómo no tenía ganas de estar cogiendo expresos etc decidí viajar a través de la chimenea, aunque la abuela me tuviera dicho que no lo hiciera cuando ella no estuviera en casa, sin embargo y como buena adolescente que soy hice oídos sordos, esta vez a sus palabras, me podía más el gandulismo. Me coloque dentro de la chimenea cogí las cenizas en mi mano las tiré al suelo y … Callejon Dia..,kdsghf ACHUSSS!!!.... estornudé.

Llevaba ya un rato caminando hasta que un pequeño minino capto mi atención, pobre, tenía la patita mal, me centre por completo en aquel pequeño gato, al menos eso evitaba que me golpeara el miedo y la tensión por haber ido a parar al Callejón Knockturn, sabía que estaba ahí por todo su ambiente en general, su oscuridad, la falta de gente, la tensión en el ambiente, aquel no era lugar para  mí y lo sabía. Al principio el minino se mostró un poco receloso y no lo culpaba teniendo en cuando en el lugar que se encontraba, toda precaución en aquel sitio era poca, cuando por fin conseguí que confiara un poco en mí y lo cogí entre mis manos, me saqué el bolsito que llevaba colgado dentro y lo metí ahí, cavía sin ningún problema. En vez de volverme a colocar el bolso lo cogí entre las manos pues quería que el pequeño animal estuviera a salvo. Cuando quise reanudar la marcha me percate demasiado tarde de que alguien estaba detrás de mí y recibí un empujón contra la pared – Se agradece ver de vez en cuando cara tan bonitas como la tuya por estos lugares- me dijo aquel hombre de mirada amenazante mientras acercaba su cara a la mía, yo intente apartarme pero él no me dejo, el gato también le respondió con un bufido. Estaba muerta de miedo que iba hacer, aquel hombre me estaba hablando pero no entendía nada, mi mente iba a cien por hora pensando en cómo escapar de allí. Algo capto la atención de ese horrible hombre pues se apartó ligeramente de mí, algo que agradecí con creces, pero estaba paralizada de miedo y mi cuerpo no me respondía. Cuando ese asqueroso hombre quiso coger unos de mis mechones, algo lo aparto muy fuerte de mí, me agache en el suelo muerta de miedo y cuando enfoque lo que estaba pasando delante de mí, pude ver como un ser….. – oh dios mío- susurre- una arpía- estaba totalmente sorprendida, la verdad no sabría describir cuantos sentimientos estaban invadiendo mi cuerpo, adrenalina, miedo,  tensión, asombro….demasiados. Ella se acercó a mí, y me pregunto por mi bienestar y yo la miré a los ojos – Que criatura con forma humana más bonita – le respondí, oh dios mío había perdido la cabeza, asentí y luego muy nerviosa dije – eh esto si jejeje- dije nerviosa – estoy bien- oí maullar al minino y me di cuenta que estaba apretando el bolso demasiado fuerte – lo siento – y sin poder impedirlo empecé a llorar y sollozar un poco.
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Arabella K. Morgenstern el Jue Oct 29, 2015 2:19 am

Si había algo en este mundo con lo que yo definitivamente no tenía nada de paciencia era con hombres como el que estaba molestando a aquella chica en el callejón Knockturn. Me recordaban demasiado a mi hermano adoptivo Faustus, el primer hombre al que había asesinado en toda mi larga vida, y cada vez que me tomaba con alguien como él como estaba haciendo ahora siempre acudía a ayudar a quien lo necesitase. A algunos solamente tenía que apartarles, a otros les hería físicamente. Muchos habían acabado muertos. Este solamente necesitó que se le asustase un poco para que dejase en paz a la chica y saliese corriendo hasta desaparecer de nuestras vistas. Me giré a la chica, esperándome que ella saliese corriendo también en dirección contraria después de ver con sus propios ojos que yo no era humana. Estábamos en el mundo mágico, pero había muchas cosas mágicas que espantaban a los magos y brujas, y el mito de las arpías solía ser una de esas cosas. Sin embargo la chica me sorprendió cuando no se mostró asustada ni salió corriendo. Es más, ¡me llamó bonita! Alcé las cejas con sorpresa, pues aquello no me lo había esperado, pero entonces la sonreí dulcemente, transmitiendo confianza.

-Es una de las pocas veces que me han llamado bonita después de ver mi cara de enfadada, así que gracias- comenté con tono divertido, manteniendo mi sonrisa en el rostro.- ¿Seguimos siendo parte del temario de Defensa Contra las Artes Oscuras?- pregunté con tono bromista. Hace mucho años mis amigos magos solían bromear precisamente sobre eso, que habían estudiado a las de mi especie en su clase de Defensa. No era de extrañar, puesto que había arpías como mi madre que se habían encargado de que saliésemos en los libros de texto de esa asignatura, y cuando a otras se nos iba de las manos el mal genio al menos lo hacíamos de manera un poco más discreta y por buenas razones.

La chica me confirmó que estaba bien, y yo me alegré al comprobar que el cafre ese de antes no la había hecho nada. Pero si volvía a verle por alguna parte no duraría en darle un buen puñetazo, o un golpe en toda la cara con mi ala, que dolía muchísimo más y noqueaba al instante. Escuché el suave maullido de un gatito, y me di cuenta entonces de que a chica llevaba uno dentro de su bolso por la forma en el que este se movió después de escucharse el maullido, como si algo pequeño en el interior hubiese dado pequeñas patadas. La chica se disculpó, y casi inmediatamente después se puso a llorar. No tardé ni dos segundos en acercarme a ella y ponerme las manos en los hombros de manera tranquilizadora mientras me dedicaba a intentar calmarla. ¿Estaría así como reacción tardía al susto que se había llevado antes? Sería normal, aunque a lo mejor era otra cosa la que la había puesto triste.

-Eh, eh, tranquila, no llores…- murmuré con tono apaciguador, agachándome un poco para poder mirar a la chica a la cara. Era en momentos como aquellos en los que parecía que me salía mi lado más pacífico y suave, un lado como más… ¿maternal? Es lo que pasa cuando se tiene mi edad y no se tiene hijos, que te comportas de manera protectora con niños y adolescentes que lo necesitaban.- No llores… Dime, ¿qué ocurre? Ven, salgamos de aquí, no deberías estar en este callejón- la acompañé mientras caminábamos en la dirección a la salida del callejón Knockturn,- Me llamo Arabella- me presenté entonces para que me tuviese más confianza, pues siempre era mejor conocer el nombre de la gente que mantenerse en el anonimato. Si era una fan de las Arpías de Holyhead a lo mejor me reconocería, como hacían varias personas cuando me paseaba por estos lugares, pero si no lo hacía con saber mi nombre le bastaría para que yo dejase de ser una extraña.- ¿Y tú cómo te llamas?
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Arabella K. MorgensternInactivo

Invitado el Vie Nov 13, 2015 5:54 pm

En la clase de defensa contra las clases oscuras hablamos una vez de ellas, según la mitología griega se las conocía como arpías; dato que no difiere mucho la realidad. Seres con apariencia de hermosas mujeres aladas, cuyo cometido principal era hacer cumplir el castigo impuesto por Zeus a Fineo: valiéndose de su capacidad de volar, robaban continuamente la comida de aquél antes de que pudiera tomarla, aquí es cuando la cosa se pone interesante pues esta es la definición conocida por los muggles, sin embargo en el mundo mágico como lo era Howgarts la cosa cambiaba un poco, pues son unos de los tantos seres para los que se nos enseña a protegernos. Nunca imagine que este día que había empezado tan fantástico pudiera dar un giro tan inesperada, pero así fue, sin embargo no todo era tan malo pues pude conocer al ser que durante tanto tiempo me había dedicado a dibujar y que tan legendario era, aun a pesar de la reputación que le precede.

Me eche a llorar tras el susto que había pasado, además de la preocupación que sentí al darme cuenta de que estaba apretando demasiado fuerte el bolso donde tenía al gato, sin embargo todo ese sentimiento desapareció cuando ella colocó sus manos sobre mí. Abrí más el bolso para dejar que el gato asomara la cabeza por él y pudiera coger aire *menos mal que estaba bien* fue lo único que pensé, después mi mente volvió a quedarse en blanco embobada mirando al gato mientras intentaba dejaba de llorar y me limpiaba la cara con el dorso de la mano, sus palabras me sacaron de aquel estado de shock. – ah …sí – mi mente se puso en marcha- lo siento, no quería preocuparte- acaricie la cabeza del gato – es que creí que le había asfixiado- le dije, no había terminado de hablar cuando ella ya me estaba ayudando a levantarme para irnos de aquel lugar. Agarrando su mando me dirigía por todas aquellas calles, no sabría decir por donde estábamos llendo pues yo no apartaba la mirada del suelo.

– Que nombre más bonito- le respondí- Yo me llamo Yvette jejeje- dijes respondiendo a su pregunta – Mi nombre no es tan bonito como el tuyo- estúpida me dije, estas con una arpía y lo único que se me ocurre decir era eso…. A veces la inteligencia brilla por su ausencia – A…¿a dónde vamos?- titubee al preguntarle, fue entonces cuando por fin levante la cabeza del suelo y me di cuenta que me estaba llevando a la salida de aquel lugar, pues aunque pareciera mentira el ambiente era como más libre, no sabría explicarlo pero las vistas y la sensación no eran iguales que en aquella parte del callejón donde ella me había visto y ayudado  -Muchísimas gracias, no me había dado cuenta pero creo que no te lo he dicho-
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Arabella K. Morgenstern el Jue Ene 21, 2016 11:23 pm

Dejé de preocuparte cuando vi que la razón por la que la joven chica se había echado a llorar era debido al gatito que llevaba escondido en su bolsa, el cual estaba bien pero que ella había pensado que le había hecho daño o asfixiado. El minino parecía estar en perfectas condiciones, y en cuanto asomó la cabeza y me vio siseó y me puso mala cara.

-No sé qué les pasa a los gatos, la mitad de todos los que hay en el mundo me odian- comenté entonces con una expresión que era una curiosa mezcla de una mueca y una sonrisa divertida. Mi hermana mayor, Ankhesenamón, siempre se había reído de mí por el odio que me tenían los gatos, pues a ella siempre la seguían como si estuviese cubierta de catnip.

El gato dejó de sisearme y la chica dejó de llorar, y la guié por el oscuro y estrecho callejón Knockturn para alejarnos de ese lugar y volver al callejón Diagón, un lugar mucho más apropiado para ella. El callejón Knockturn podía ser un lugar muy peligroso incluso para magos y brujas adultos, y mucho más para una joven que aún era una alumna de Hogwarts. Había muchos maleantes en este callejón, y también muchos magos tenebrosos, por lo que de vez en cuando había redadas de Aurores. Yo, al ser cosiderada una criatura tenebrosa por la mayor parte de la sociedad mágica, siempre intentaba evitar que me pillasen por allí, pues no había nada que me molestase más que tener que ir obligada al Departamento de Control y Regulación de Criatura Mágicas, como si no fuese más que un inmundo bicho. Era en aquellas ocasiones cuando me apetecía que saliese el monstruo en mí para cargarme a los débiles humanos que no hacían más que molestar.  

-Muchas gracias- le dije cuando me dijo que mi nombre era bonito, y entonces me dijo ella a mí el suyo.- Yvette es muy bonito también. ¿Sabes? En el pasado conocí a una princesa con ese nombre, en otro país. No había vuelto a conocer a alguien con ese nombre hasta ahora.- Me preguntó entonces a donde la llevaba, y me dio las gracias por lo de antes. Yo la sonreí de nuevo, era una chica muy tierna.- No tienes que dármelas… Te estoy llevando de vuelta al callejón Diagón, no es seguro que estés por aquí. ¿Qué hacías tan metida en el callejón Knockturn?

Cuando estábamos caminando por el estrecho callejón de repente una voz masculina nos detuvo y nos dimos la vuelta. Allí estaba el hombre de antes, que había venido con otros dos tipos como refuerzo. Su orgullo debía de haberse visto tan herido antes cuando le hice marcharse corriendo con el rabo entre las piernas que ahora venía con sus dos amigos a “darme mi merecido”. Estúpido… Los tres tipos tenían las varitas en la mano. Esa siempre había sido una desventaja para mí, pues aunque mi padre había sido un mago yo no podía hacer magia, pero en mis casi dos milenios de vida había aprendido a defenderme perfectamente de un mago o de una bruja sin importar que ellos pudiesen hacer magia y yo no, por lo que les miré a los tres con cara desafiante mientras me podía delante de Yvette a modo de escudo.

-¿Qué pasa? ¿Acaso necesitas una buena patada en el culo?- le espeté al tipo de antes, y sonreí de manera retorcida a los otros dos.

Sin esperar a obtener una respuesta de repente mis alas negras escamosas y con plumas por la mitad de abajo aparecieron en la espalda, ocupando casi todo el callejón de una pared a otra. Agarré a Yvette y alcé el vuelo y aterricé sobre el tejado de uno de los edificios que nos rodeaban en aquel momento.

-¿Te crees que así estáis a salvo?- rió uno de los dos tipos que habían venido con el de antes. Se desapareció en aquel momento, pero yo ya sabía qué era lo que iba a hacer él y le estaba esperando preparada. En cuanto se apareció en el tejado justo delante de nosotras le propiné una potente patada que le tiró del edificio, haciéndole caer de espaldas al suelo. Quedó inconsciente (o al menos eso parecía, a no ser que se hubiese desnucado al caer, pero eso le pasaba por idiota) y entonces el otro tipo que había venido nos apuntó con la varita y nos disparó un Expelliarmus que intercepté con mi ala y rebotó en sus duras escamas, dándole a él de lleno y empujándole fuertemente contra una pared. El tercer tipo, el de antes, me miró con una cara que dejaba ver que se estaba mojando los pantalones por segunda vez aquel día.

-¡Hay más para ti si quieres!- le advertí, pero él, al igual que había hecho antes, se dio la vuelta y salió corriendo como había hecho antes. Cobarde, pero sentado. Me giré entonces donde Yvette para mirarla.- ¿Estás bien? Creo que lo mejor es que salgamos de aquí cuanto antes, este callejón está hoy muy alborotado…
Arabella K. Morgenstern
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Arabella K. MorgensternInactivo

Invitado el Sáb Abr 30, 2016 12:53 pm

-He aparecido aquí sin quererlo- le explique – mi intención era ir al callejón de Diagón, pero justo cuando estaba diciendo el nombre en la chimenea de mi casa he estornudado y he dicho de todo menos el sitio al que quería ir- me reí levemente-  Y así es como he aparecido aquí, si lo piensas bien tiene algo de gracia – le dije mientras andaba junto a ella y acariciaba al gatito que tenía en mi bolso.

Mientras caminabamos por el estrecho callejón una voz masculina nos hizo detenernos y girar sobre nuestros pasos para saber de quién provenía. Di un ligero brinco sobresaltada al ver que se trataba del tipo que momentos antes me había molestado, sin embargo esta vez no venía solo. Una sensación de tensión recorrió todo mi cuerpo de la cabeza a los pies, sin embargo no sentía miedo pues me sentía a salvo con Arabella. Vi como los tres tipos sacaban sus varitas y apuntaban hacia nuestra dirección e instintivamente llevé la mano hacía mi bolsa en busca de la mía, sin embargo no sabía que podría yo hacer contra aquellas tres personas.  Antes de que me diera cuenta y de que pudiera decidir nada Arabella se transformo y me cogió elevándonos por los aires hasta un tejado cercano –ahhh- grite levemente del sobresalto pues no esperaba para nada que hiciera aquella maniobra, sin embargo los tipos nos siguieron hasta allí arriba, pero como si ella lo hubiera predicho y antes de que uno de los hombres pudiera hacer nada le dio una buena paliza y así con el siguiente. Me quedé totalmente impresionada y paralizada allí arriba.

No pude responder a su pregunta pues aún estaba en shock por decirlo de alguna manera así que me limite a mover ligeramente la cabeza con gesto afirmativo. Jamás hubiera pensado al levantarme aquella mañana que el día de hoy sería tan movidito e innovador por decirlo de alguna manera.
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Arabella K. Morgenstern el Miér Ago 03, 2016 10:43 pm

Había utilizado los polvos flú a veces, cuando tenía que cubrir una distancia demasiado larga en muy poco tiempo como para poder volar para recorrerla, o cuando no tenía cerca de ningún mago o bruja que pudiese ayudarme con la aparición conjunta. No era un método de transporte que me gustase, era familiar con los fallos que podían ocurrir y lo terriblemente molestos que eran. Odiaba cuando por cualquier razón acababa en una chimenea en un lugar en el que definitivamente no quería estar, como le había pasado a esta chica.

-Tienes que tener cuidado la próxima vez- le dije con una amable sonrisa, pues era un error que podía ocurrirle a cualquiera.- Por suerte no has acabado apareciendo muy lejos de tu destino final. Ven, te acompañaré. Una chica joven como tú no debería estar sola por estas calles llenas de maleantes.

Los maleantes eran una de las cosas atractivas que tenía el callejón Knockturn, pero solo resultaban atractivos en situaciones puntuales, y no eran un plato de buen gusto para todo el mundo. Y no todos los maleantes eran bienvenidos. Los magos tenebrosos que pululaban estas callejuelas eran muy interesantes, pero los magos de poca monta que solo estaban aquí porque eran la escoria de la sociedad resultaban repugnantes para todo el mundo. La pobre Yvette ya había tenido la mala fortuna de cruzarse con uno de ellos, y no era deseable que tuviese un segundo encuentro estando sola por el callejón mientras se perdía buscando su camino de vuelta al callejón Diagón.

Se confirmó que mi presencia era necesaria cuando los maleantes asquerosos en cuestión volvieron a hacer su aparición. No me costó deshacerme de ellos, pues no hacía falta mucho para ser mejor que gente como ellos. En cuanto me deshice de ellos me giré sobre mí misma en el tejado para mirar a Yvette, a quien había mantenido a mis espaldas mientras ocurría todo para que ningún hechizo de ellos la golpease de lleno, y pregunté si estaba bien. Ella asintió, aunque parecía algo conmocionada. Era normal, después de todo, supongo.

-Ven, agárrate a mí- dije, invitándola a que se agarrase a mi espalda fuertemente con los brazos. En cuanto lo hizo batí fuertemente las alas, alzando el vuelo sobre las casas y tiendas del callejón Knockturn. Volé rápidamente sobre los edificios pero con cuidado para asegurarme de que Yvette no se cayese.

En apenas unos segundos estuvimos volando por encima del callejón Diagón, a donde ella quería llegar. Aterricé con suavidad en un espacio en la calle que la gente había dejado libre al verme descender sobre ellos. Ignoré las miradas curiosas mientras Yvette se soltaba, y la miré para asegurarme de que no se había mareado por vértigo o algo.

-Bien, ya estás aquí. Ahora deberías estar a salvo. No te pierdas otra vez- le dije, de nuevo con una sonrisa amable.
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Arabella K. MorgensternInactivo

Invitado el Lun Ago 15, 2016 10:34 pm

Cuando Arabella me dijo que me agarrara de su espalda, ya sabía exactamente lo que vendría a continuación así que volví a dejar al gatito dentro de mi bolso para que este no callera durante el trayecto. - Bien - le dije al oído cuando ya estaba sujeta a su espalda - estoy lista - sonreí levemente aunque ella no me viera, esta experiencia sería única debía aprovecharla al cien por cien, entonces Arabella emprendió el vuelo elevándose de aquel tejado y dejando lejos de mis pies el suelo. Mentiría si dijera que al principio no sentí algo de miedo pero eso rápidamente fue sustituido por un sentimiento de excitación ante aquella escena.

En un abrir y cerrar de ojos llegamos al callejón Diagón, Arabella descendió poco a poco mientras un sin fin de miradas que paseaban por allí posaban sus ojos en nosotras, la verdad es que en cierta manera me sentí algo avergonzada al atraer tanta atención - Muchisimas gracias - le dije mientras le agarraba la mano fuertemente - No se cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí-
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Arabella K. Morgenstern el Sáb Sep 24, 2016 7:34 pm

A pesar de que el día no había empezado muy bien para la chica debido a aquellos idiotas de los que yo me había encargado en el callejón Knockturn, en cuanto yo la llevé volando sujeta a mi espalda sobre el callejón hasta llegar al Callejón Diagón, donde estaría segura, vi en sus ojos un brillo de emoción que me hizo sonreír, pues aunque era una completa extraña para mí me agradaba que su humor hubiese mejorado. Me alegraba haber estado en el lugar donde ella había estado a punto de ser atacada y haber podido hacer algo para evitarlo y ayudar. Aunque en el pasado había hecho cosas terribles, y en el futuro estaba segura de que volvería a hacerlas porque mi naturaleza era así, cambiante y provocaba que mi moral nunca fuese la misma, estaba ahora en una época en la que me gustaba poder hacer cosas buenas.

-No tienes que darme la gracias- dije cuando ella me agradeció lo que había hecho por ella. Le dediqué una sonrisa tranquilizadora.- ¿Tu gatito está bien?- pregunté para asegurarme de que no se había caído de su bolsa ni le había pasado nada durante el corto vuelo, pues odiaría que la chica, Yvette, se llevase un nuevo disgusto hoy.

Aun así insistió en ser agradecida, y cuando tomó mi mano en la suya fuertemente correspondí su apretón de manera cariñosa.

-Puede agradecérmelo no volviendo a ir a ese callejón, es un lugar peligroso para alguien como tú- dije sin pretender que ese fuese ningún tipo de insulto. Era simplemente una realidad, había ciertas zonas del mundo mágico que solo cierta personas deberían frecuentar.- No quiero que te arriesgues volviendo allí, ¿de acuerdo?

Hice desaparecer mis alas negras, lo cual me devolvió un aspecto humano. Aun así las miradas curiosas seguían sobre nosotras. Aunque Yvette parecía nerviosa a causa de ellas yo las ignoraba completamente, pues estaba acostumbrada a que me mirasen no solamente por esa razón sino por varias otras.

-Si alguna vez necesitas algo no dudes en contactarme- dije, ampliando mi generosidad ese día.- Arabella Morgenstern, ese es mi nombre completo- dije, pues antes solo le había dicho mi primer nombre.- Cuídate, Yvette. Ha sido un placer conocerte.

Le dediqué una última sonrisa antes de darme la vuelta y perderme entre la gente que había en las calles del Callejón Diagón.
Arabella K. Morgenstern
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