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Doing the right thing || Melinda Halliwell

Invitado el Lun Nov 16, 2015 4:35 pm

Odio la cobardía. Entre todas las cosas que odio, que reconozco que hay una laaarga lista, la cobardía es una de las estrellas. Y para mí una pelea se decide con los puños, no con la varita. Despreciaba profundamente a todos aquellos imbéciles que proferían maldiciones a diestro y siniestro en vez de soltar la varita y usar los puños que la madre naturaleza nos ha dado.

Y ese día, justo a la salida del trabajo, me encontré con uno de ellos. Salía de hacer unas gestiones en Gringotts cuando me encontré con una escena muy desagradable: una pareja estaba discutiendo a viva voz. La chica parecía indignada, pero nada comparado al tío, que soltaba unos gritos que habría dejado sordo hasta a una manada de dragones. En un momento dado el tipo le metió un guantazo a la chica y allí fue Súper Agente Brooks al rescate.

Adoro mi forma de ser pero a veces, solo a veces… me cago en la puta madre que me parió y en el momento que todas mis neuronas hicieron conexión. Si no fuera una mezcla de Daredevil y Dexter (el forense asesino, no el de los dibujitos animados) no me pasarían estas cosas. No acabaría con el labio partido, un ojo morado, la nariz chorreando sangre y un brazo sin huesos. Sí, porque cuando el muy capullo se dio cuenta de que me defiendo bastante en el ataque cuerpo a cuerpo, sacó la varita y con un simple hechizo hizo desaparecer todos los huesos de mi brazo derecho. Otra vez a San Mungo. Creo que la próxima vez que aparezca por allí me hacen una operación de cirugía estética gratis, total, voy cada dos por tres por mierdas como esta.

En San Mungo me mandaron directo a la sala de urgencias, a que esperara que un sanador se hiciera cargo de mí, La sala, como no, estaba petadísima de gente y no puede encontrar un sitio donde sentarme: me quedé de pie al lado de la puerta, sujetando con el brazo izquierdo el derecho sin huesos. Era una visión bastante desagradable, y lo dice uno que adora destripar. Chasqueaba la lengua con impaciencia, observando a la jauría de gente que llenaba la sala: estaba una señora de unos sesenta años con un cuerno de unicornio en la cabeza, un chaval con las piernas hinchadas como un globo, otro con una cola de caballo... me daba la impresión de que yo sería el último atendido. Las cosas como son, prefiero tener un brazo sin huesos a un cuerno en la cabeza, por muy desagradable que resulte.
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Invitado el Dom Nov 29, 2015 10:44 pm

San Mungo solía ser un sitio tranquilo, donde la gente venía cuando le dolía algo o había tenido algún accidente, pero otras veces era un completo caos. La sala de urgencias estaba llena y las voces de los pacientes que habían tenido algún tipo de accidente se oían dentro donde los demás descansaban.

Iba acompañada de otra enfermera ya que hoy nos tocaba encargarnos de las urgencias y menos mal que no me había tocado a mi sola. Miré a la gente que había allí y me acerqué a un hombre, el cual parecía tener algún problema en el brazo, por como lo sujetaba seguramente iba a necesitar un reparador de huesos. Había visto ese gesto demasiadas veces. Se acercó también al niño que tenía las piernas hinchadas y le ayudó a caminar mientras miraba de nuevo al hombre.

- Hola chicos, me llamo Melinda Halliwell y voy a ser vuestra sanadora. ¿Podéis decirme vuestros nombres y que os ha pasado? -

Nadie decía la verdad en San Mungo, porque si ibas allí es porque la mitad de veces habías hecho algo que no debías o habías probado a ver que sucedía con un hechizo que te parecía muy curioso. Pero era su trabajo preguntar aunque seguramente le mintieran. Llevó al niño a una habitación y llamó a otra sanadora para que se encargara de él.

Mostró una sonrisa al hombre ya que parecía algo impaciente y le señaló con la mano la camilla para que se sentara mientras se acercaba y comprobaba su brazo. Ojalá se hubiera equivocado con el diagnóstico que había hecho a simple vista, pero solía ser bastante buena.

- Vaya... Me temo que vas a tener que pasar la noche aquí. Y te aviso que no va a ser una noche muy agradable, reparar huesos siempre es bastante doloroso. -
Anonymous
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Invitado el Mar Dic 01, 2015 3:10 pm

Que puta mierda pasar la tarde metido en la sala de urgencias de San Mungo. Es la hostia. Un planazo de tres parejas de cojones. Pero nada, era mi culpa, por ser como soy y por meterme en todos los líos que me meto, si no acabo en el hospital mínimo dos veces al mes mi cerebro se derrite. Sostenía mi brazo deshinchado mientras me cagaba en Merlín y todos los caballeros de la Mesa Redonda cuando dos sanadoras entraron en la sala de urgencias. Una de ellas, la guapa (la otra era un cardo) se acercó al niño con las piernas de globo y empezó a preguntar en modo cotilla los nombres y qué había ocurrido. Ni dije ni una sola palabra, mirándola con cara de mala hostia, como si tuviera que contarle mi vida para que me arreglara el maldito brazo. A ver, que la chavala no tenía culpa de que tuviera un mal día, pero tampoco necesita saberlo. Que saque la varita y se limite a hacer su trabajo.

La guapa me indicó que me sentara en una camilla próxima. Me senté sin todavía haber dicho ni una sola palabra mientras dejaba que me examinara el brazo. Si estuviera de buen humor le propondría que me examinara otra cosa, pero no es el caso.

- ¿Reparar? ¿Pero en esta mierda queda algún hueso? - pregunté sorprendido, rompiendo mi voto de silencio a lo monje franciscano. Yo daba por hecho que me habían desaparecido todos los huesos, porque mi brazo estaba completamente desinflado. - ¿Qué ha pasado, se han hecho más pequeños los huesos o qué? - volví a preguntarle a la sanadora guapa, la tal Melinda. Coño, que me desaparezcan los huesos vale, que se rompan vale, pero que mi brazo parezca un trozo de carne y me diga que solo es una rotura de huesos, pues mira guapa, aquí algo falla. - Ya sé que es doloroso, si no es precisamente la primera vez que vengo. La próxima vez que me pase por aquí deberiáis hacerme una operación de cirugía estética gratis, así en plan vale regalo por ser un cliente fiel y esas mierdas. - solté como propuesta, en mi habitual tono de medio en broma medio en serio. Mi expediente sanitario debe ser la hostia.
Anonymous
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Invitado el Lun Dic 14, 2015 11:02 pm

El niño respondió con voz tímida diciendo que se llamaba Billie, ya que el otro no decía nada y se limitaba a mirar a Melinda con cara de pocos amigos, mentalmente le puso "sujeto". No le había atendido antes pero si le había visto varias veces por San Mungo.

- Mi trabajo es sanar y no preguntar pero al menos dime tu nombre. Además, debo preguntar que te ha pasado aunque no quieras decirlo, que me haga la loca o no es cosa mía. -

Melinda jamás cotilleaba, porque a ella misma le habían pasado ese tipo de accidentes haciendo trastadas pero no podía con alguien orgulloso y encima prepotente por lo que al menos se lo pasaría bien. Escuchó lo que decía y de pronto dobló su brazo fingiendo sorpresa.

- Vaya tienes razón! No queda ningún hueso, que estúpida soy. Deberías ser tu quién trabajara aquí. -

Normalmente no hablaba así a los pacientes pero aprovechando que no había nadie cerca, no pasaba nada. Le miró mientras mostraba una sonrisa vacilante y luego caminaba hacia uno de los estantes dejándole el brazo enrrollado para hacerle rabiar simplemente.

- Veamos... Todas saben horrible, pero hay una que sabe especialmente mal. Creo que esa será la elegida, si. -habló en voz alta- Aunque ya sabes lo que dicen, cuanto peor sabe más rápido cura. -

No podía evitar reír por dentro aunque por fuera mantenía la compostura. Al fin algo de diversión después de un largo día de papeleo. Dejó el bote en la mesa auxiliar de al lado y sacó su varita para usar el hechizo. Supuestamente cuando los huesos desaparecían del brazo o la extremidad afectada, era por haber usado mal el hechizo "Braquiam Emendo". Por lo que Melinda dedujo que había intentado sanarse así mismo y por eso ahora no quedaba ni un hueso. Apuntó a su brazo y pronunció en voz clara.

- Braquiam Emendo. La próxima vez que te vuelvas a partir el brazo asegúrate de pasar primero por aquí antes de usar el hechizo tu solo. Sino te pasará como ahora que tendrás que quedarte toda la noche tomando pociones repara huesos para asegurarnos que todo va bien. -le tendió el bote- Y ahora bebe, todo entero. -
Anonymous
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Invitado el Mar Dic 15, 2015 11:19 am

¿Pero por qué coño tenía que decirle mi nombre? Primero: odio decirlo, es feo de cojones y suena a rey sueco. Segundo: no viene al caso. Pero la enfermera guapa no paraba de insistir, diciendo no sé qué de qué debía saber lo que me había pasado aunque luego se hiciera la loca. No entendía una mierda, o yo me perdí un programa de Barrio Sésamo o esa chica tenía un día tan agotador que no sabía ni lo que decía. Me senté en la camilla y dejé que me examinara la mierda de brazo que me quedaba, mirándola con mi habitual cara de mala hostia. Soy monotemático.

- Me llamo Magnus. ¿Estás contenta ya o quieres saber algo más? Mi número de pie, lo que me mide la varita… - y no me refería precisamente a la de madera. Nótese que me toca muchos los cojones la gente pesada. Lo “gracioso” del tema es que la chica decía que tenía los huesos rotos, y claro, yo la miré como si me estuviera hablando de alienígenas. Era posible que estuvieran rotos, sí. Pero a la vez debían haber menguado tanto que ahí no se notaba una mierda. - ¿En serio? ¿Te estás quedando conmigo o es que acabas de salir de la universidad? - pregunté retóricamente, alucinando cuando la tía reconoció que tenía razón. Por Merlín y todos los caballeros de la mesa Redonda, pero ¿esto que mierda es? ¿Me han dado a la enfermera más torpe de San Mungo o cómo va el rollo?

La tía, con los ovarios como pelotas, me dejó el brazo enrollado mientras iba hacia un estante lleno de mierdas de sanación. Procuré no mirar mi brazo-persiana, porque la visión no tendría que ser precisamente bonita, y aunque no tuviera huesos me dolía. Eso sí, había sufrido dolores infinitamente mayores, así que de eso no me iba a quejar.

- Vaya, gracias, guapa. Veo que te he caído bien. - dije con sarcasmo cuando la tal Melinda hablaba de darme la poción más asquerosa. Ay Merlín, llévame pronto. Dejé que sacara la varita y que ¡por fin! hiciera su trabajo. Aunque no iba a quedarse así la cosa, porque la tía hizo una suposición tan errónea que me dejó con los huevos colgando. Antes de coger el bote, alcé una mano en un gesto de “espera guapa, no me líes”. - Espera, espera, espera. ¿Quién te ha dicho a ti que me haya intentado curar a mí mismo? Los hechizos de sanación no son mi fuerte, no soy tan subnormal como para hacer esa gilipollez. - omití el hecho de que hacía años intenté curarme una nariz rota y en vez de curarse me desapareció. Pero fue la primera y última vez que hice el gilipollas con hechizos en los que, reconozco, soy un inútil. - He tenido una pelea con un hijo de puta, no sé qué hechizo usó, pero me apuntó con la varita y al segundo tenía este cacho de carne por brazo. - aclaré, prefería contarle mi vida en verso a quedar como un subnormal. Hasta ahí podíamos llegar. Cogí de mala gana el bote y me lo bebí de un trago. Estaba preparado para algo vomitivo, pero ni en mil años me podría haber preparado en condiciones para algo TAN asqueroso. Era como beber vómito de gato. Mi mueca de asco y horror tuvo que ser más que visible. - Dame agua o algo para quitarme esta mierda de sabor, por el alma de Merlín. - pedí con voz ronca, mirando a un punto infinito de la pared. Que puto asco. - ¿Cuántas mierdas de estas me tengo que tomar? - sabía que la respuesta no sería cero, pero rezaba mentalmente a los dioses griegos, romanos, egipcios y nórdicos para que cayera un meteorito o algo que impidiera que me tuviera que tomar más asquerosidades.
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Invitado el Jue Dic 17, 2015 8:24 pm

- Me estoy quedando contigo. -

Respondió en un tono sincero mientras observaba su brazo enrollado. Una vez se lo había roto en Hogwarts y aún se arrepentía de haber decidido subirse encima de Drake para liar una trastada por el castillo, pero en el fondo sabía que había sido divertido. Le entró la melancolía, como cada vez que recordaba su vida en Hogwarts.

- Bonito nombre Magnus. -

Esperó a darse la vuelta para mostrar una sonrisa. Fue a los pies de la cama y entonces empezó a rellenar la hoja del paciente con su nombre y lo que tenía. Con lo que le había costado saber el nombre pasaba de preguntarle los años, aunque se acabaría enterando tarde o temprano.

No entendía bien la actitud de aquel hombre o quizás es que ella dejó de ser así hace algunos años. Pero en verdad lo echaba de menos, ahora se había vuelto demasiado seria y responsable y para colmo, estaba vacilando a un paciente.

- Bueno, tampoco sería nada fuera de lugar que hubieras intentado curarte tu solo. Al menos yo si lo hago. -dijo con ironía.

Melinda había soportado pacientes mucho mas bordes e irritables. La actitud de Magnus en parte le parecía lógica, por lo que disfrutaba con la situación. Sacó unos botecitos más y los dejó en la mesilla de noche. Le esperaba una noche larga... Pero eso él ya lo sabía.

- No sé decirte con exactitud. Puede que una más, o diez. -mintió. No serían necesarias tantas, de hecho con una mas ya estaría para poder irse a casa, pero era divertido hacerle creer que pasaría una larga noche tomando esas pociones que sabían a rayos.

Una enfermera entró y le avisó que tenía una llamada. ¡Maldita sea! Había olvidado llamar a casa para dar las buenas noches a su retoño, el cual estaría inquieto por la ausencia de su madre. Miró a Magnus una vez más mientras le señalaba la siguiente poción y se retiró a la mesa de al lado para hablar con su hijo.
Anonymous
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Invitado el Vie Dic 18, 2015 2:30 pm

Dicen que unos nacen con estrella y otros estrellados. Yo no es que naciera estrellado, es que cuando nací me cogieron y me tiraron de un vigésimo cuarto piso. Eso por lo menos. Tiene cojones que va la tía, la enfermera y me dice en toda la puta cara que sí, que se está quedando conmigo. Mi cara tuvo que ser una mezcla de sorpresa y de cabreo sublime.

- ¿Y eso de burlarte descaradamente de tus pacientes es algo que suelas hacer? ¿Te dan un plus en tu sueldo, o qué? - pregunté sarcásticamente, aunque en el fondo sabía que no era el más indicado para criticar algo así. Todos los días y a todas horas me burlo de mis empleados, pero coño, se lo merecen. - Cachondeo el mínimo, bonita. - espeté malhumorado cuando dijo que tenía un bonito nombre. Sus muertos.

La tía me está tocando los cojones a dos manos, y no precisamente en el buen sentido. Mi cara debió ser un auténtico poema cuando me advirtió que no volviera a intentar curarme a mí mismo. ¿Tengo cara de ir por la vida haciendo experimentos sanitarios con mi cuerpo?

- Claro, porque tú eres enfermera, o sanadora, o lo que coño seas. Si yo soy un inútil con hechizos de sanación, como es el caso, no soy tan subnormal de ir curándome yo solo. Para eso está San Mungo, aunque ya veo cómo está el personal… - dejé caer, cogiendo la maldita poción. Me la bebí de un trago para soportar ese asqueroso sabor el mínimo tiempo posible, pero ni por esas. Era lo más asqueroso que he probado en mi vida, y en eso incluyo grageas Bertie Bott de sabor cera del oído. Y también incluyo las espinacas de mi madre, cuando era pequeño siempre creí que mi boggart sería un plato infinito de espinacas. Dulce inocencia infantil. Pedí agua, me ignoró, sacó más botes de poción, yo volví a cabrearme… el ciclo sin fin. - Ah, que tampoco lo sabes. Fantástico. Qué puta maravilla. Llego a saberlo y me voy a un hospital muggle, fíjate que creo que me hubieran atendido mejor. ¿Tenéis un puto libro de reclamaciones aquí? - pregunté suponiendo ya que si me decía que no, tendría que preguntar en recepción por si me estaba mintiendo. Y quejarme de que tuvieran una empleada tan inútil, por supuesto.

La puñetera enfermera guapa pero inútil tenía una llamada o no sé qué mierda. Mira que modernos los de San Mungo, con teléfono. Algún día no tan lejano tendría que comprarme un móvil porque estaba viendo que era una moda muggle que cada vez tenía más adeptos magos, pero cuánto más tardara yo en unirme, mejor. Si hasta los veintitantos altos no caí en la tentación de comprarme un televisor… no soy precisamente un mago fan de las tecnologías muggles, pero no quita que las admire, sobre todo esa cosa llamada Internet. La tía me señaló la siguiente poción mientras hablaba y yo ni corto ni perezoso la ignoré. Me había tocado demasiado los cojones como para hacerle caso. Me levanté de la camilla en cuanto se dio la vuelta y salí de la sala. Me dirigía hacia una cafetería que sabía que estaba en otro piso, necesitaba quitarme ese jodido sabor de la boca.
Anonymous
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