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Things Happen, Nazi Things... | Sam

Invitado el Jue Feb 11, 2016 12:39 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Quien conociera a Katherina sabría que ese no era su ambiente ni salsa. Ir a un salón del te para unas citas aleatorias no eran de los pasatiempos que soliera realizar. Ella era más de gustos sencillos. Fumar, beber y disparar a seres del averno. Nada muy difícil de realizar en el mundo mágico y que encima estaba bien pagado y visto ¡Todo perfecto!

Por eso que verla en el salón del te con ropas que no eran su habitual gabardina roja, traje de salón o gafas de cristal anaranjado era una sorpresa para los propietarios. Ella solía hacer el turno de noche y como vivía cerca del local siempre se encontraba a la dueña abriendo jornada cuando volvía a casa, por eso la había visto ahora al entrar.


¡Estas diferente Kath! - Exclamó la señora en la tarima de la entrada mientras el servicio preparaba el evento.

Ya... - Contestó - No se ni como me he dejado arrastrar a esto

Bah, no digas tonterías ¿A ti que te va? Ya sabes para asignarte gente y eso

Pues...

Siempre me has parecido un poco macha... ¿Te van las mozahs?

Esto... - Se la quedó mirando unos segundos un tanto descolocada, no sabía si decirle algo sobre lo de macha o directamente pasar al segmento de las mozahs - Entiendo... - Fue lo que finalmente añadió completamente confusa, no sabía que decir a eso ¿Que le iban las mozahs? Quizás, aunque la preciosa biblia que siempre llevaba en su bolso no veía con muy buenos ojos esa tendencia.

¿Se habría ofendido?


Oh ¡He acertado! Ahora lo preparo todo

Hmmmmmm... - Su cara era como la Obra de Picaso y apenas alcanzaba a mostrar lo que sentía en aquel momento. Ya se vengaría de su compañero de trabajo por haberla apuntado ahí y haberla convencido para que fuera. Ese lugar no le pegaba.

Antes de que se pudiera percatar de lo que sucedía ya estaba en una lista de vete tu a saber que por lo que rápidamente la llevaron a una fila donde había solo mujeres. No mujeres como Kath, que dependiendo de la ropa y el maquillaje las podrían confundir con un hombre, no señor, mujeres la mar de femeninas, con cabelleras que bajaban por la espalda y ajustados vestidos negros (Cosa que Hellsing, con su modelito, pues mira, cuadraba)

A diferencia de las otras su melena era corta y desviada hacia un lado, morena y sin adornos extras, simplemente con el cabello planchado y bien peinado. A expensas de su colgante y algún que otro tatuaje la Inglesa no era muy dada a los adornos que convertían a alguien en un puto árbol de navidad.

Pasaron unos minutos hasta que el resto de "pretendientes" llegaron al local, y entonces aquella mujer de rasgos asiáticos que llevaba toda la fiesta hizo sonar una campana para ponerlos al día.


A ver mis tortolitos - Comenzó - Ya os tenemos a todos asignados, no hay cambios y... ¡Disfrutad de vuestra cita!

No había sido la mejor de las introducciones, desde luego, pero una risa se escapó por la boca de la morena ante aquellas ultimas palabras ¿Disfrutar? Cuando alguien que bebiera sangre gobernara el país.

Suspiró y se encogió de hombros. Ya que tenia la tarde libre por aquella estúpida apuesta con el clásico "No hay huevos a..." pues iba a aprovecharla. Dirigió su vista al ticket que le habían dado y vio que le tocaba la mesa 7B, cercana a la ventana noroeste del local.

Perfecto... Pensó en un instante al dirigirse y sentarse en la silla.

Repasó la ventana. Eran las once recién entradas de la noche y apenas había gente, los faroles alumbraban el paso y las ventanas de los hogares empezaban a apagarse. Por un momento Victoria se vio obligada a encender un pitillo, su pareja, quien dios quiera que fuera, parecía no querer llegar.
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Miér Feb 24, 2016 11:56 am

La rubia esbozó una sonrisa al reconocer la teoría de la evolución de Darwin en sus palabras. Le resultaba irónico que algo basado en la selección natural fuera perfectamente plausible para algo tan artificial como lo era un vampiro. Le parecía tan ilógico que por un momento hasta se pensó que Katherina a lo mejor le estaba vacilando con el hecho de que los vampiros bebían sangre a partir de bolsitas de sangre. No sería la primera vez que pecaba de inocencia en un tema tan aparentemente normal—Bueno, el ejemplo habla por sí solo. Aquello que no se usa, termina por desaparecer. Sin hablar de seres que chupan sangre… también se cree que los humanos en algún momento de nuestra vida terminaremos por perder el dedo meñique —alzó su mano libre y movió el dedo meñique con cierta gracia—Aunque a mí me parece una teoría estúpida. Yo creo que el ser humano va a tener que aprender a vivir tal y cómo somos —la evolución era un tema de lo más intrigante. Pero al fin y al cabo, ello se basaba en la selección natural y en la supervivencia del eslabón más fuerte… actualmente aquello no ocurría pues el humano vivía en prácticamente todo el planeta y poseía gran mestizaje y movilidad.

El hecho de llevar armas nunca había sido propio de Sam ni tampoco de ningún mago que ella conociera, por lo que le sorprendió que Kath sí llevara. Aunque después de saber con qué cosas trataba estaba más que justificado. Se unió a su risa ante la broma y, después de la pregunta de los gustos, Sam le preguntó a la auror sobre el libro qué leía. Nada más ni nada menos que la autobiografía de Hitler.

La rubia prestó atención a sus palabras y se encogió ligeramente de hombros—La verdad es que no. Si ya de por sí no soy muy dada a la política muggle, mucho menos soy consciente de la ideología fascista. Sé sobre él lo poco que sabe un niño que ha cursado básico —contestó para que Kath se diera cuenta de su ignorancia—Pero es un hombre famoso por lo que hizo, me gustaría leer ese libro —afirmó con total seguridad. Era Ravenclaw y, por norma general, casi todo le despertaba esa curiosidad propia de la legeremaga, más todavía si era de historia, tanto muggle como mágica. Aunque más muggle, pues de alguna manera sentía que había dejado ese mundo de lado sin saber apenas de él.

Sam soltó una carcajada ante la divertida pregunta de Kath—¿¡Cómo lo has adivinado!?—dijo falsamente sorprendida, cruzando los brazos encima de la mesa en una posición mucho más afable hacia su receptora—Sí, va de algo así. Si algún día te apetece evadirte de este mundo, avísame y te lo presto —le guiñó un ojo sin darle mucha más bola a su libro, ya que era una mierda. Es decir, a Kath le gustaba la biblia y la autobiografía de Hitler, está claro que un libro de ciencia ficción no parece figurar entre su género favorito.

Aprovechó para preguntar sobre el tema de la biblia, ya que el hecho de que le gustara ya era raro… pero más raro era que llevara una en el bolso, ¿no? Su respuesta le sorprendió de sobremanera, aunque Sam fue lo suficientemente sutil para que no se le notara en exceso—No —contestó con una dulce voz—No soy creyente. Me criaron para que lo fuera, pero no cuajó mi asunto con Dios —intentó sonar respetuosa y esperaba fervientemente que no fuera de esas creyentes que intentan convencer a los demás de que la Biblia es la verdad suprema—Y bueno, dicen que Dios te lleva por senderos extraños para ver si eres capaz de superarlo y seguir confiando en él. Una especie de prueba de fe —dijo Sam, alzando las manos declarando levemente su inocencia—Es lo que he oído en las películas y eso, ya te digo que de ello yo sé realmente poco.

Y entonces, como era una cita y en las citas suelen preguntarse ese tipo de cosas, Sam no se cortó ni un pelo en soltar su siguiente pregunta. Total, ya le había dicho que tenía un cerdito vietnamita y ahí seguía. Y el hecho de que fuera tan creyente le había abierto la brecha de la curiosidad—¿Esperabas que te emparejaran con un chico, no? —sonrió para mirarla a los ojos con complicidad.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Miér Feb 24, 2016 4:52 pm

Katherina asintió ante aquella declaración pues, cuando se paró a pensar en que usaba el meñique no se le ocurrió nada. Ni una acción, ni un juego ni... Nada.

La varita se sujetaba con cuatro dedos, la pistola se disparaba con cuatro dedos, se escribía a vuelapluma o de usar la mano, con cuatro dedos... El meñique era el inútil o el desvalido de aquella familia de cinco, el que se sentía arrastrado por su hermano más cercano cuando este se movía y que apenas reaccionaba con precisión a los movimientos que se le ordenaban.

No era un buen dedo... Ni de lejos un decente conjunto de falanges... La andrógina no podía negar que más de una vez había deseado amputárselos para seguidamente percatarse de lo estúpida que era la idea. Cosas de la juventud -
Quizás no haya ser humano para cuando tenga que suceder eso - Rio - Tratamos de matarnos tanto y tantas veces que... ¿Quien sabe? Quizás todo acabe antes de que nos demos cuenta

Había un aire sarcástico en sus palabras pues ella no deseaba morir ¿Quien en su sano juicio lo querría? Pero en sus años de trabajo había visto aspectos de la naturaleza humana que había hecho que se formara esa opinión. Tantos monstruos que se fijaban en criaturas mágicas para pensar que quizás su propia naturaleza no era tan mala.

Que había algo peor.

Una vez había tenido que investigar un asesinato en una cabaña de madera del bosque. Una arpía se había colado en las inmediaciones del terreno y supuestamente había matado a un hombre.

Cuanto más Hellsing había indagado en el tema más cosas no cuadraban ¿Que pintaba una Arpía en esa época del año? ¿Por que los cortes sobre aquel tipo eran tan superficiales y finos como para las garras de una de esas criaturas? Aquella colaboración con el departamento de Criaturas Mágicas había sido complicada pero al final resultó que la chica había matado al tipo por un tema de malos tratos y se las había arreglado a cazar una arpía (Que estaba bajo un tratado de protección natural) para culparla.

Un mal movimiento y Hellsing entendía que la situación de esta no era nada buena, pero la mandó a Azkaban sin dudar.

La Ley es la Ley.


Lo tendré en cuenta - Dijo algo animada - Tienes la misma oferta de mi parte para/con el libro... De hecho tengo otra copia por un tema de que el hechizo falló en mi casa... Si quieres luego te lo doy - Le ofreció con total inocencia sin caer en que estaba en una cita.

Con las divagaciones de Sam sobre la biblia Katherina se limitó a asentir -
Desde luego... Aunque dudo que alguien, ni siquiera la propia reina, sea capaz de discernir lo que pueda pasar en todo momento por la cabeza de dios, ni siquiera lo que pueda llegar a pensar - Volvió de nuevo la mirada a su taza para encogerse de hombros decepcionada, no quedaba te - Osea... Es alguien omnipotente y omnipresente... Ninguna mente humana que se precie puede considerarse y mucho menos estar a la altura de esa proeza

Pues... . Esa era al verdadera pregunta de todos... No tenía problemas con tener una charla con Sam, de hecho estaba siendo la mar de enriquecedora, pero... ¡ES QUE LA BIBLIA DECÍA QUE NO ESTABA BIEN! Hellsing estaba confundida - La verdad es que vengo por una coña del departamento... - Confesó - y... Bueno... Cuando me han preguntado que quería no he sabido que responder... Así que me han dicho que tengo "Pinta de Bollera" Así que no puedo mentir diciendo que no me lo esperaba - Y tras eso rió algo incomoda tratando de apartar la mirada. Que vergüenza.
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Miér Feb 24, 2016 11:43 pm

Qué trágica. Ese fue el primer pensamiento de Sam cuando Katherina dijo que con la misma todos estábamos muerto para el momento en el que al ser humano le tocase evolucionar. Que oye, era totalmente plausible teniendo en cuenta las guerras que hay tanto en el mundo mágico como en el no mágico. Los magos por regla general nos preocupamos por aquellos que amenazan nuestro mundo más cercano, pero sin duda alguna los muggles tampoco se quedan atrás. En el mundo mágico se lucha por poder y en el otro por dinero que, a fin de cuenta, es lo que te da poder. Magos o no, el ser humano es retrasado, de eso no cabe duda—Puede ser —dijo tras encogerse de hombros—Aunque no creo que perdamos el meñique. ¿Si no con qué dedo le daríamos al enter en el portátil? Piénsalo —bromeó divertida, sin saber si sería una sangre limpia que jamás ha tocado tecnología muggle. Algo totalmente posible teniendo en cuenta que a veces Sam se sentía más muggle que nadie. Pero oye, si tenía pistolas, a lo mejor tenía portátil.

Sam entendió perfectamente las palabras de Katherina, pero no le encontró el sentido a ellas. ¿Le estaba ofreciendo ir a su casa luego? ¿Le estaba ofreciendo que, cuando se despidieran, esperase mientras ella se desaparece un momento a buscarlo y lo trae? ¿Qué narices le estaba ofreciendo? ¡El libro, claro, pero cómo y cuándo! Ella no tenía problema en ir a su casa, ¿pero era lo que le había ofrecido? No quería cagarla. La rubia la miró con curiosidad y, algo indecisa por no saber qué debía de haber entendido, optó por la vía fácil—Me lo puedes dar en el Ministerio, ahora que sé que trabajas ahí puedo darme un salto a tu departamento o tú al mío. Aunque con la mala fama que tiene el de misterios entiendo que no quieras ir a ese zulo más que para lo necesario —ladeó una dulce sonrisa.

No hace mucho Sam, caminando tranquilamente por su lúgubre y mierdoso departamento, fue la víctima de un objeto maldito por culpa de que uno de los incompetentes empleados se había puesto a jugar con él. Por culpa de ese retrasado Sam terminó en San Mungo con brazo del tamaño de un bebé. Si la mirabas de perfil es que parecía un puto T-Rex. Así que entendía perfectamente que nadie quisiera pasar más tiempo del necesario allí abajo. Y entre más tiempo ella estuviera fuera, mejor… No entendía por qué el departamento de legeremancia tiene que estar allí, ¿no sería más lógico estar junto a los demás instructores del ministerio o cooperando con seguridad mágica?

El tema de la biblia, la religión y todo eso era un tema que Sam desconocía. Ella no creía realmente por ignorante y porque sabía que mucha de las cosas de su día a día no coincidían con lo que marcaba la biblia. Así que antes de ser una hereje, prefería ser atea. Y la verdad es que no le llamaba más mínimo seguir ese tipo de ideologías… Sam creía en los alienígenas, en que gracias a ellos se crearon las pirámides y que estuvieron antes que los propios humanos en la tierra. ¡Sam para esas cosas sí que era una motivada de la vida! ¿Cómo podía creer en la biblia con esos pensamientos? ¡Y encima siendo homosexual! Es que solo de leer una página seguro que le explota en la cara.

Las palabras de Kath la dejaron un poco patidifusa. Sam no creía que hubiera ningún dios omnipresente, omnipotente u omnívoro o lo que se omnisea… pero podía entender que al igual que ella cree en alienígenas con tanto entusiasmo —los documentales de la televisión gratuita son muy malos— ella pudiera creer así en un dios supremo—Hmmm… —bebió de su té para acabárselo—Ya… —dijo sin saber muy bien qué añadir—Es un dios a fin de cuentas. Nadie lo entiende, por eso terminan teorizando posibilidades para dar explicación a las cosas —contestó Sam. Si a las personas creyentes le pasaban cosas malas, tenían que inventarse alguna excusa para no decir que Dios le ha abandonado o cosas así.

La legeremaga había hecho la pregunta con toda la inocencia y curiosidad del mundo y agradeció recibir sinceridad por parte de la auror—Una coña del ministerio... vamos que te han retado a ver si eras capaz —adivinó tras curvar una sonrisa. Todos los departamentos eran igual, haciendo apuestas, haciendo porras, retándose entre todos. Vamos, un festín cada día—¿No has sabido qué responder? —preguntó sorprendida desde que lo dijo, notando entonces cómo se ruborizaba—¿No responder también iba dentro de la apuesta para ver qué te tocaba? —añadió a su duda, ya que le parecía lo más normal.

Al fin y al cabo, ¿quién con veinticinco años no es consciente de lo que le gusta y lo que no? Bueno, hasta el momento Sam no había conocido a nadie así. Las hormonas adolescentes normalmente sacan a flote todo ese tipo de cosas y es raro que con esa edad no tengas un poco de idea. Aunque sigas la biblia a rajatabla y seas casta y pura hasta el matrimonio, pero la orientación y las preferencias eran algo que aparecían de repente, ¿no?
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Jue Feb 25, 2016 2:44 pm

¿Portatil? - Preguntó Katherina un tanto confusa. Aquella palabra le sonaba, y mucho, pues aunque ella tuviera una fuerte conexión con lo Muggle todo lo electrónico, ordenadores, móviles y mierdas así se le hacían ajenas, extrañas y cuanto menos desconocidas. Como cuando un joven de hoy en día trata de explicarle como va un PC a su madre y ante numerosos intentos fallidos desiste y le compra un Mac, esa primera clase de Persona era Katherina.

Estaba chapada a la antigua y eso implicaba que tecleaba, si, pero con maquina de escribir. Se comunicaba vía avión de papel o lechuza y bueno... Tener un ordenador donde la magia dominaba no era una buena idea. Bastaba con recordar lo poco que había quedado de aquel pobre diablo que se le había ocurrido realizar un simple lumos en una central eléctrica... Nada agradable.

Le había seguido dando vueltas a la palabra hasta que la relacionó con otra más sencilla, "Computador", y a partir de ahí hasta sus queridas maquinas de escribir, las cuales por supuesto señaló -
Ah... Esos cacharros Muggles que son como la maquina de escribir que uso en el trabajo... Pero que es de llevar - Pobre chica... Seguía en aquellos maravillosos setenta.

No respondió a lo del Enter de la forma esperada por que para su concepción de mecanografía no existía tal tecla, sin embargo preguntó -
¿Que tecla es esa? - Desde luego con ese tema Hellsing estaba la mar de perdida, no cabía duda.

Si, ella tampoco había sabido muy bien lo que acababa de decir, a fin de cuentas le había ofrecido el libro, no la entrega, había dicho que lo tenia como quien dice que aquel día era Viernes a las puertas de Sábado, casi como un dato banal sin importancia alguna en vez de bueno... Lo que reflejaba su intención -
¡Claro! - Exclamó - Aunque bueno... Me muevo por el turno de noche ¿Que horario tienes tu?

Curiosas las leyendas de aquel departamento, no había duda, muchas cosas pasaban entre sus muros que Katherina ni sabía. Lo mismo tenían hombres lobos torturados y mutados que uno de los dioses menores d ela Mitología Lovecraftiana. Muchas leyendas circulaban en todo el ministerio sobre aquel lugar ¿Y por que no? Ella tenía la curiosa teoría de que el mismo Hitler, que ya había salido en aquella conversación, estaba por ahí encerrado... Aun viviendo, a fin de cuentas su cadáver nunca había concordado con la descripción del hombre y bueno... La sola idea de pensarlo arrancó una sutil carcajada en la Inglesa ¿Por que no?

Por suerte hablar de la biblia hizo que aquellas hilarantes ideas abandonaran su cabeza -
Desde luego - Contestó la pistolera tras recolocarse en el respaldar - Por esa razón hay tantas ramificaciones de la misma idea... No es el mismo cristianismo el que se practica aquí que en Italia o Estados Unidos. Si me preguntas te diré que creo que practico la interpretación correcta, la de su Majestad la Reina, pero bueno... Una vez una investiga de donde surgió dicha interpretación y por que pues... Se avergüenza - Que todas sus creencias empezaran por que un Rei mujeriego deseaba divorciarse no era desde luego un buen punto de partida, pero mirando todo con perspectiva tanto los católicos como los anglicanos y luteranos creencia en el mismo ser y trataban de alcanzarlo por unos medios muy similares.

Lo que los diferenciaba era inferior a lo que los unía. Y ese tipo de enemistad entristecía a la andrógina, que si, le encantaba hablar del tema.


Pues... Si, no sabía que decir - Admitió - Osea, la he mirado con cara de no entender mientras trataba de responder pero ha seguido y he acabado aquí contigo -Explicó sin extenderse mucho por que bueno... No había por donde extenderse - Y no... Me dijeron de ir a una cita sin especificar nada más. No creo que fueran tan capullos como para... Eso - La miró a los ojos - No te ofendas - Ella estaba disfrutando aquella charla que poco a poco llegaba a su ocaso, y, aunque la rubia con la que hablaba, Sam, no le llamaba lo más mínimo, le parecía maja.

Quizás las citas no eran para follar después de todo, en contra del pensamiento que tenía Hellsing, quizás se podían hacer amigos en ellas.

Que ya le hacía falta...
Anonymous
InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Lun Feb 29, 2016 11:08 pm

No era de extrañar que los magos no supieran sobre la tecnología muggle. De hecho para Sam al principio le resultaba hasta extraño que no supieran de ella, pero después de conocer cómo se las traían los magos, lo veía cómo lo más normal del mundo. Había gente que venía de familias totalmente puristas que rara vez tienen relación con el mundo muggle, por lo que  lo lógico es que no supieran nada. ¿Pero ella? Ella no podría vivir sin su tecnología. Tenía móvil para sus amigos muggles, ordenador, una televisión bien grande y hasta había contratado Netflix. Sam había vivido toda su vida como una muggle y veía en todo ello unas facilidades increíbles que no iba a dejar de lado—Sí, esos cacharros —repitió con aire divertido—¿No has probado nunca uno? —preguntó sorprendida. Cualquier mago al que le pusieras un portátil con el Word en él, flipaba en colores. ¿Una máquina de escribir en dónde poder borrar? ¿Que te corrija las faltas de ortografía al momento? Eso sí que era magia para ellos—Es la tecla para poner un párrafo aparte, la que salta de línea —le explicó, sintiéndose un poco retrasada al dar dichas explicaciones que para ella eran tan lógicas.

Katherina tenía el turno de noche en el ministerio, lo cual sería un poco contraproducente para poder coincidir en él. No obstante, Sam era de esas personas que podrían considerarse adictas al trabajo y no sería la primera vez que se queda todo el día adelantando. Entre que hacía su propio trabajo y trabajaba para el Fiscal de Wizengamot, se veía con más trabajo del que podía sacar en su jornada laboral—Suelo estar en el turno de mañana —dijo tras encogerse de hombros—Con razón apenas nos habíamos visto por el ministerio —se dio cuenta de ello, ya que cuando le había dicho que era auror, le resultó extraño que nunca hubieran coincidido dado sus trabajos—Bueno, tú avísame alguna noche en donde la burocracia te absorba y no estés de servicio activo. O si necesitas a una legeremaga a horas intempestivas de la noche —Mierda, no debería haber dicho eso. Le había salido su vena altruista y simpática, pero de ser por ella, prefería mil veces no meterse en más asuntos que conciernen a los aurores. Al fin y al cabo, Rodolphus le había dejado bien claro que debía de defender a aquellos que eran sus amigos y, por tanto, dar falsos testimonios si lo que veía en su mente era claramente una señal para ir a Azkaban. Por mucho que le pesase reconocerlo, ya ella no era una legeremaga de confianza; aunque eso tampoco pudiera decirlo.  

A Sam le pareció cuánto más curiosa la explicación de Kath sobre las distintas interpretaciones de la biblia. No sabía exactamente cuál era la interpretación que le enseñaron a ella, pero fuera como fuera, era uno de los ámbitos en donde su curiosidad como Ravenclaw no salía a la luz. Al fin y al cabo, no creía que ninguna religión y ninguna manera de interpretarla se ajustara a alguien como ella.

Entonces, debido al hecho de la biblia y demás, Sam le preguntó sobre su estancia en aquel lugar, enterándose que todo había sido por un reto en el trabajo. La rubia sonrió divertida, ya que las personas que no son dadas a ese tipo de situaciones, solían evitarlas ante todo. Escuchó con tranquilidad a Kath y todo lo que decía y ella simplemente negó con la cabeza—No me ofendo —le tranquilizó por si se había sentido mal al no elegir las mejores palabras. Sam estaba ahí solo por sociabilizarse. No estaba pasando por su mejor momento y necesitaba despejar su mente y conocer a gente nueva—Yo estoy aquí por decisión propia —comentó la joven—Cuando me preguntaron a mí, puse tanto que me asignaran con un hombre como con una mujer, pues solo estaba buscando evadirme del mundo real y conocer a alguien nuevo; una conversación desinteresada y conocer a alguien diferente. Sin duda contigo me tocó el gordo: una auror cazadora de vampiros que lee la autobiografía de Hitler, lleva pistolas y es fiel creyente de la religión cristiana. ¿Quién iba a decírmelo? —sonrió ampliamente—Normalmente en este tipo de sitios se conoce a gente normal que busca el amor o bien un rollo de una noche —añadió a su diálogo—Da gusto encontrarse con alguien que no busca eso —dijo con sinceridad.

Entonces miró a su taza de té y se dio cuenta de que no quedaba ni una gota. Se le había pasado el tiempo tan rápido que no sabía ni qué hora era ni en qué momento se había acabado el té ni las galletas—¿Y qué tal tu experiencia? Espero haber dado la talla como inesperada chica de tu cita a ciegas —dijo de manera risueña, esbozando una sonrisa de lo más dulce.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Mar Mar 01, 2016 1:49 am

La Andrógina negó con la cabeza - La verdad es que no - La tecnología no era su campo, eso estaba claro, en concreto era la electrónica lo que no la hacía muy diestra, a fin de cuentas se había criado en una familia de Sangre Limpia, donde todo lo eléctrico era repelido por la magia con resultados un tanto destructivos ¿Acaso Sam era Muggle? Por que eso explicaría muchas cosas.

Tampoco se iba a romper el sesero con el tema, ya se lo preguntaría seguramente otro día por que queriéndolo o no, la hora de la cita estaba llegando lentamente a su ocaso, con cada tema concluyéndose como el ultimo capitulo de una bella novela donde todos sus personajes, en este contexto las experiencias de ambas chicas.

La rubia tenia turno de mañana, por eso apenas la había visto. Sin embargo le había lanzado la propuesta de una visita algún día libre, la cual Hellsing atesoró como una promesa -
Pues si algún día encuentro un momento ya me dejare caer, aunque será duro con el turno de la noche pasarme por la mañana, una debe de dormir

La posición de la ExRavenclaw era sorprendentemente conforme para la Auror. En efecto, ella también había ido al lugar por voluntad propia. Un "No hay huevos" no la obligaba, no era esclava de aquel sintagma, y ahora se había dado cuenta... Y, aunque su libro favorito dijera, teóricamente, que eso, de nuevo, teóricamente, estaba mal, lo estaba triunfando, así que si, ante la retorica, rió - Gracias por el halago.. Supongo - Se sonrojó un poco y bajó la mirada sin entender por que, pero tras meditarlo un poco quizás se empezó a formar una idea.

Creo que ha sido mutuo - Contestó con una sutil sonrisa antes de asentir justo cuando el timbre del final de cita marcaba el fin de la velada - Me lo he pasado muy bien ,Sam - Comentó poniendo se pie y dirigiéndose rápidamente a la silla donde esta estaba sentada para ayudarla a levantarse como haría un verdadero gentilhombre (De ese modo la habían educado, no hay nada más que decir) - Nos vemos... Cuando toque

La tenía mu y de frente, bastante cerca de hecho, y por como veía por la periferia la gente daba un beso y se iban bastante acercados... Ella no iba a hacer eso, por supuesto, pero por alguna razón su cuerpo no se movía.

¡Si ya se había despedido por dios!
Anonymous
InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Mar Mar 01, 2016 3:46 am

A Sam le parecía más probable que ella pudiera pasarse por el turno de noche para “adelantar” que que Katherina se pasase por el turno de mañana. Como bien había dicho, una necesita dormir. ¿Y Sam dormir? Hacía tiempo que no conseguía hacerlo más de cinco horas seguidas, por lo que no era problema para ella.

De verdad que Sam agradecía ese tipo de encuentros. Situaciones desinteresadas en dónde poder forjar una amistad, una conversación larga y tendida y detalles sobre la vida de una persona que acaba de conocer. Eso, para ella, era como volver a un estado normal en su vida en dónde dejar las preocupaciones a un lado—No hay de qué —dijo de manera instantánea, dando por hecho de que todo lo que había dicho era bueno además de verdad.

Pero, por desgracia, todo llega a su fin, incluso aquella cita que había superado por lo menos las expectativas de la rubia con creces. Esperaba volver a verla de verdad y que no fuera uno de esos vacíos: “ya nos volveremos a ver” que nunca llegan a nada. Le había caído bien y, por alguna extraña razón, tenía la sensación de que con ella podía hacer muy buenas migas—Igualmente —dijo sonriente, viendo como la chica se levantaba y se acercaba a ella para ayudarla a levantar. Sam la miró sorprendida, pero sin borrar la sonrisa por su inesperado gesto de caballero del siglo pasado. Una vez de pie, ella se despidió y se quedó en frente de ella sin moverse, como si estuviera pensándose el siguiente paso del protocolo. Sam decidió empatizar con ella y ayudarla, ya que ella estaba acostumbrada. Se hizo hacia adelante y le dio un amistoso beso de despedida en la mejilla—Eso espero —la miró entonces con  una divertida mirada mientras se giraba levemente para coger su abrigo y ponérselo, además de coger su bolso de dónde sacó la cartera con algunos galeones para pagar lo que habían tomado, dejándolo sobre la mesa antes de echar una suspicaz mirada a la camarera. Luego se dirigió a Katherina para ambas dirigirse a la puerta—Cuando toque, pero no te hagas desear, ¿eh? Que aunque resulte raro decirlo, tengo ganas de leer la autobiografía de Hitler —sonrió y cogió su paraguas ya seco de la entrada—Hasta pronto.

Y tras esa despedida en la puerta de la tetería de Madame Tudipié, salió hacia afuera, abriendo el paraguas para no mojarse en dirección a la Red Flú más cercana. Tenía licencia de aparición, pero cada uno con sus manías, ¿no? Sam no era muy dada a aparecerse de no ser estrictamente necesario.
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Sam J. LehmannFugitivos

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