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Primer encuentro [Esther y Daniel]

Willow O'Donnell el Miér Ene 01, 2014 9:46 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Enero, primer día de enero. Otro día más que tachar en el calendario. Los días llenaban los meses y estos los años y hacía tanto que el tiempo había perdido sentido para mi me costaba recordar el día y el año en que vivía. Todo el mundo celebraba el comienzo del año, todos se paraban a felicitar el año nuevo, pero ¿felicitar el qué exactamente, qué celebraban?¿ Un año nuevo con nuevos sueños? ¿Un año con la familia? ¿Un año para ser feliz? ¿Por dejar atrás un mal año? Para mi solo era un día más, un día en el que tenía que trabajar, una noche en la que mi trabajo se duplicaba por culpa de los borrachos. ¿¿Es que no saben que si bebes no puedes usar la varita?? Fuera como fuere no iba a desatender mis obligaciones, y ponía más empeño en estas fechas.  Navidad, fechas que odiaba, me hacían recordar demasiado lo que había perdido.

Después de pasear por el callejón diagon sin pensar en nada en concreto y sin animo de comprar nada, me fui al caldero chorreante, mi trabajo había terminado hace horas y me apetecía tomar algo, ahogar mis penas en alcohol como dirían los muggles, sólo que yo las ahogaba en cerveza de mantequilla. Me acerqué a la barra, y con un simple gesto de la mano el camarero me sirvió una jarra grande de cerveza - Gracias Finn - le agradecí cuando me la sirvió, era demasiado asidua, es lo que tiene dormir casi siempre en este lugar. La aparición estaba bien, pero ir y volver siempre de Salzburgo era agotador, cualquier día perdía alguna parte de mi cuerpo.  Saqué mi ejemplar del profeta y comencé a leerlo con parsimonia mientras disfrutaba del delicioso sabor de la cerveza.  Adoraba desconectar, pero a falta de un buen libro, mala no es la prensa diaria.


Última edición por Willow O'Donnell el Jue Ene 02, 2014 11:29 pm, editado 2 veces
Willow O'Donnell
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Willow O'Donnell el Sáb Ene 04, 2014 3:53 pm

No solía sorprenderme mantener una conversación trivial, pero si me sorprendía la facilidad con la que se puede pasar de un tema  a otro en cuestión de segundos. Pues de comenzar una conversación con Esther sobre lo cargada que se la veía, pasamos a hablar de Quidditch, profesiones e incluso a una invitación a volar. Era un tanto extraño para mí, no tenía una conversación así desde que estaba en Hogwarts, y mira que ha llovido desde entonces. Pero me resultaba extrañamente muy sencillo hablar con ella. Me agradaba pero a la vez me daba temor, temor a que fuera solo una ilusión y al final si que estuviera loca y pudiera estar hablando sola. Mas por el momento parecía ser todo real, y que Finn le sirviera también a ella significaba que no estaba loca.

Quién me hubiera dicho esta mañana que estaría de tan buena charla a estas horas en un día como hoy, uno de esos días que prefería pasar sola tomando sin nada que decir, sin hablar con nadie. Vueltas del destino estaba aquí, charlando animadamente con una completa extraña que me transmitía una serenidad y confianza poco habitual.  

Mientras charlábamos llegó un hombre, se sentó junto a Esther y nos saludo nada más llegar. Educación un punto para él. Eso más el inicio de conversación me hizo fijarme en el ser extraño que había sentado un poco más allá. Vestía más raro de lo habitual para ser mago, por lo que me mantuve alerta ante cualquier perturbación que se pudiera ocasionar en el lugar.  Hablar del whisky de fuego fue un tanto extraño, para Esther era una bebida que no se debía consumir, como se notaba que era relativamente joven, o más bien que no lo había probado al menos por las circunstancias en que solía beberlo la gente. El porqué real de beber whisky un día como éste y a estas horas. Mi comentario sobre el mismo tenía un doble sentido, pero quizás no todos lo pillarán. Desde luego al fijarme un poco más en él y escuchar sus palabras tenía la sospecha de que buscaba en el whisky sus beneficios y no los de entrar en calor. Pero no le di más importancia, cada uno conocía sus motivos y sabía que era mejor no querer indagar en esos temas, es lo que peor le sienta a alguien que tiene sus cosas en mente.

Cuando nos preguntó por los motivos que nos traían a este lugar Esther no tardó mucho en comentar su mudanza, y ambos intercambiaron comentarios sobre Ikea. Ese laberinto de pasillos con objetos mobiliarios de “Hazlo tu mismo” y en los cuales por más que te atormentaras al armarlo o perdías una pieza o perdías la cabeza al intentarlo. Pero claro, para eso estaba la opción de  “nosotros te lo montamos”, no sabían nada. Si lo haces tú acabas chiflado, si lo hacen ellos te cobran un ojos de la cara….todo tenía su intríngulis. *Desde luego Willow sí que vas a necesitar un psiquiatra más que un psicólogo*.

Al dar mi respuesta, el hombre alzó las cejas y me miró fijamente durante un rato, eso más su risotada amarga me hicieron comprender algo, que no era la única que pensaba así. Me relajé un poco, parece ser que no metí tanto la pata como creía. - No, no soy amiga de las celebraciones, y por lo que parece usted tampoco.  - Dije con normalidad, algo más seria que hasta el momento. Era agradable saber que había alguien que no estuviera entusiasmado por hablar de las “maravillas” de la navidad. Sin embargo Esther parecía más alterada por mi respuesta, negué varias veces con la cabeza  - Perdona que te corrija Esther, pero esas fechas las usa la gente para celebrar algo, pero cuando no tienes nada que celebrar carecen de todo su sentido.  - Intenté sonreír al decir esto último, pero lo único que conseguí reflejar fue una extraña mueca sin sentido y a la vez cómica. Aunque mi tono de voz se había vuelto algo frio. Así que miré a la barra, observando mi jarra como si fuera un portal a un universo alternativo. Ese vacío interior se volvía a apoderar de mí al terminar de hablar.
Alcé la mirada después de unos segundos un tanto incómodos e hice una pregunta al hombre en cuestión. Su reacción lo dijo todo y no dijo nada. Rio con cierta histeria y se limitó a dar un buen trago a su whisky, como necesitando tiempo para responder. *¡Sí! Muy bien Willow, te salvas de meter la pata pero la vuelves a meter hasta el fondo* me dije a mi misma agachando levemente la cabeza. - Lo siento  - me disculpé por la pregunta que acababa de hacer, no porque no tuviera hijos, sino por la situación que había creado. No comprendía qué me había impulsado a preguntarle eso, pero ahora me sentía mal por su reacción.

- Bienvenido al club  - respuse, sin pensar, a sus palabras. Pero sonriendo de nuevo. Había que quitarle hierro al asunto, olvidarlo más bien, pero no tenía muy claro cómo hacerlo. Esther dio el primer paso, quitándole el vaso y pidiendo a Finn tres jarras más de cerveza de mantequilla, yo disimuladamente le hice un gesto que él entendería, después de mi metedura de pata necesitaba algo más que una cerveza de mantequilla para animarme un poco, sino comenzaría mi espiral de ensimismamiento de que tardaría en salir. Así a mi jarra le echó un chorrito de licor de almendras, se disimulaba visiblemente pero el sabor…el sabor era único. Esperé en silencio a que el hombre respondiera al “enfado” de Esther, sin duda era bastante gracioso verla así. Cuando Finn trajo las jarras cogí la mía dedicándole una sonrisa al camarero y asintiendo levemente con la cabeza dándole las gracias por su detalle. Disfruté unos segundos de su olor y di un sorbo mirando al infinito, disfrutando de esa extraña combinación que me hacía disipar mi mente y reponerme levemente de mis meteduras de pata.
Willow O'Donnell
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Invitado el Sáb Ene 04, 2014 11:12 pm

Un tipo entra en un bar. Se sienta en la barra, solo con sus pensamientos, y es interrumpido por dos bellas mujeres. Aunque el tipo quiere huir, al final se queda y entabla conversación con ellas. Y se ponen a hablar de Ikea. Hasta ahí el cuento es bonito, digno de cualquier estampa navideña que se pudiese ver por la calle. Pero cuando Willow hizo una referencia a las celebraciones más en mi línea que en la de la gente como Esther, no pude evitar sentirme aliviado en cierto modo. Basta de fingir. Libertad. ¿Felicidad? No lo creo. Willow también pareció sentirse aliviada. Quizá hubiese pensado que había fastidiado algo siendo tan gris en un día tan festivo. Aunque yo seguía sin poder creer que alguien con ese aspecto pudiese ser tan gris... pero no estaba de humor para dar rienda suelta a mi vena cotilla, así que lo dejé estar. Sonreí ante el comentario conciliador de Esther aunque no pude sentir cierta pena (y mi estómago haciéndose cada vez más pesado) ante la respuesta de Willow. Asentí, totalmente de acuerdo ante sus palabras.

- Como dice Willow, una fiesta no es una fiesta cuando no hay motivos para celebrarla. Aunque por suerte el Caldero Chorreante siempre abre. - observé que el camarero se me había quedado mirando al oír nombrar al bar, y le dediqué una inclinación de cabeza educadamente. El hombre me sonrió y volvió a sus tareas.

Willow se quedó un rato en su mundo, y cuando habló casi hubiese preferido que no lo hubiese hecho. Me recordó a aquellos sueños con Lenore sobre niños, dos perros y una casita de campo. Éramos jóvenes e inmaduros, pero si de algo estaba seguro era de que Lenore habría sido una madre maravillosa. Y no solo eso, sino que habría hecho de mí un gran padre. ¿Pero ahora? ¿Niños? Respondí a las chicas que no tenía, que solo era un tipo más en un bar. Sonreí ante la respuesta de Esther, más una sonrisa de tristeza y amargura que de verdadera felicidad. No dudaba en que los niños traían felicidad aunque, como bien decía, suponían una cantidad innumerable de gastos. Unos gastos que dos mortífagos jóvenes, desempleados y locamente enamorados no habrían sido capaces de mantener. Aunque no pude evitar pensar que, por aquel entonces, mis padres nos habrían ayudado, nos habrían mantenido, nos habrían dado casa y niñeras para los críos cuando nosotros no hubiésemos podido hacernos cargo. Traté de no pensar en eso, pues me ponía de mal humor recordar todo aquello. Ya no solo por Lenore y los niños que nunca tendríamos, sino... por mis padres. Y sobre todo, por él. Mejor no pensar en ello.

Sé que Willow habló porque oí su voz, pero no escuché lo que dijo. Mi vista seguía clavada en el vaso de whisky de fuego desde... ¿cuándo? Debió de ser mucho, pues enseguida aprovechó Esther para tratar de inculcarme hábitos más saludables. Traté de protestar, pero mi vaso ya había desaparecido de mi vista así que ¿para qué gastar mis energías quejándome? Además tenía suficientes cervezas en casa para pillarme una buena cogorza y estar de resaca una semana, y eso ellas no lo sabían. Eso sí que iba a ser una fiesta de la buena. Sin embargo, me percaté de que el camarero, al servir las jarras de cerveza de mantequilla que Esther le había pedido, echaba algo más en la de Willow. Cuando pasó cerca de mí, por su olor fuerte pero delicado, supe que era licor de ¿almendras? ¿avellana? Miré a Willow alzando las cejas, sin poder evitar sentirme algo divertido. Si Esther me regañaba a mí, sin conocerme de nada, por beber whisky de fuego, no quería pensar qué le diría a la otra chica, con quien parecía que tenía más relación. Aunque como aquello se convirtiese en la típica pelea de mujeres, me sé de uno que se iba a ir pitando de allí...

Esther cogió mi jarra antes de que lo hiciese yo y clavé mis ojos suplicantes en ella, pero tenía razón. No me había presentado.

- Disculpen, ha sido culpa mía. Daniel. - hice con mi mano un gesto como si me estuviese quitando un sombrero. Depresivo o no, la educación es lo primero. Y de eso, proveniendo de una clase social elevadísima tirando a más aún, lo tenía bien arraigado. Miré a Esther con impaciencia - ¿Me devuelve mi jarra, por favor?

Tan pronto recuperé mi jarra, la cogí con una mano e hice gesto de llevármela a los labios pero miré por el rabillo del ojo a Willow y, en lugar de beber, bajé la jarra a la barra y me quedé mirando a las dos chicas con cara de enfado fingido.

- Si ella puede hacer trampas - dije en referencia al truquito de Willow con el licor - yo también. ¿O acaso hay que llamar al árbitro para que pite falta? - bromeé y le hice una seña al camarero con la mano para que me echase un chorro de algo... con sustancia, como lo que había pedido Willow poco antes.
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Invitado el Dom Ene 05, 2014 12:07 pm

Esto estaba un poco lioso, parecía que estaba a dos bandas...Primero estaba todo tranquilo y apacible hablando con Willow sobre cosas bonitas y preciosas...Hasta que apareció él! Sujeto con barba que te has sentado a mi lado pidiendo esa porquería de mejunje Art Attack, me da igual que estés todo bueno y esas cosas pero por tu culpa Willow me ha llevado la contraria en un tema!! No te lo permito!!! Ya me he enfadado, con lo relajada que estaba ahogando mis penas en algo dulce...

-Hombre, eso como todas las cosas...Si no hay motivo, no celebres. Nadie te obliga a celebrarlo, excepto cuando eres pequeño y tus padres por cojones te preparan esa cutre fiesta de cumpleaños. Respondí a lo que dijeron y de paso pensé en voz alta sin querer, ya me habían tocado la moral y cuando Esther se enfada arde Troya! A no, que eso ya no existe...Pompeya! Tampoco...Pupete! Enfin...Esther relajate que luego te va a salir humo por las orejas. Suspiré y de repente me fijé que ya se había acabado su whisky...mi oportunidad! Agarré el vaso y pedí las cervezas de mantequilla, a ver si invitando yo esta gente dejaría de beber tanta mierda adulterada. Tras pedirle el nombre del caballero mal educado, él se quedo fijamente mirando a Willow y yo lo miraba como si de una presa se tratase...No enfades a este Fénix que te puede sacar los ojos.

-Bien Daniel el travieso, ya te presentaste...No era tan difícil. Dije con cara de maliciosa devolviendo su jarra sin quitarle la vista de encima, mala leche reflejada en mis ojos...Como te descuides...Zas! Patada en la pierna y salgo corriendo. De repente dijo algo de que ella podía hacer falta...Willow...Ahora mi mirada asesina estaba reflejada en ella. -Willow O'Donnell...¿Qué estas bebiendo? Y no me digas la cerveza que no soy tonta! Doy gracias a dios que no nací rubia. Dije reprimiéndole, vale vale...Estoy por levantarme y dejar que si quieren que se pillen la borrachera del año y yo irme a colocar mi cubertería toda bonita y punzante. -Eso no vale! De nada sirve que yo pida als cervezas para luego le echéis algo diferente, pues ya no pago mas! me bebí mi cerveza de un trago y me crucé de brazos mirando a donde sea, menos a ellos dos, estaba enfadada.
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Willow O'Donnell el Dom Ene 05, 2014 2:31 pm

Sin lugar a dudas no era un día muy común. De notarlo se encargaban los que iban todavía con gorritos raros y brillantes en la cabeza, a juego con unos collares de serpentina. Si la originalidad había perdido su sentido. Veías a todo el mundo volver a sus casas con unas resacas horribles, a mujeres intentando mantenerse sobre sus tacones, hombres con la corbata a modo de pañuelo o vete tú a saber. Jamás había comprendido el porqué de ese comportamiento. Tampoco había vivido una adolescencia-juventud alegre cómo para volverme loca al salir de fiesta en fechas como esas.

Pero por una extraña convergencia de las estrellas, ahí estaba, un día más en el Caldero Chorreante, teniendo una charla amena y fluida con una extraña con la cual tenía una facilidad asombrosa para hablar. Pensándolo bien, hacía unos, ¿cuántos?, nueve años que no tenía esta facilidad de palabra. Me gustaba la sensación, pero a la vez la temía, no solía ocurrirle nada bueno a los que se acercaban a mí, solo tenía que mirar mi pasado…

Un hombre entró y Esther comenzó una conversación con él. En cualquier otra ocasión estaba segura de que no hablaría con él. Pero hoy parecía no ser un día normal en mi vida. Tampoco esperaba hablar con nadie hoy, y mira por donde ahora estaba hablando con dos personas. Un nuevo record, o no, lo cierto es que mi trabajo me obligaba a hablar con mucha gente, pero no solía hacerlo en días festivos. Para que engañarme, hacía un año en estos momentos estaba viendo dramas peliculeros en mi casa, con una manta tumbada en el sofá y más de 15 litros de helado. Tradición navideña que este año decidí saltarme.

No esperaba poder librarme de la famosa pregunta “¿qué les trae por aquí en un día como este?” Cierto que no fue exactamente así, pero poco faltó. Mi respuesta fue extremadamente sincera. Aunque a Esther pareció disgustada por mis palabras, y dijo que seguro no pensaba así no pude evitar solar una carcajada sorda y amarga. Me chocaba que hubiera dicho eso, no  sé, cierto que había sido agradable charlar con ella y extrañamente confortable, pero no me conocía, y a pesar de que mucha gente daba demasiadas cosas por sentadas sobre mi persona no era algo que me gustara que hicieran. Creo que soy lo suficientemente mayor para saber qué pienso y expresarlo, no para que piensen por mí. Esther estaba ¿cabreada? Pues sí, parece que sí, jamás comprendería como alguien se podía enfadar por que otras personas no opinen igual. Había que ser tolerante y respetuoso con las decisiones de los demás, aunque no siempre fueran acertadas, como todos esos magos que creían que por ser hijo de muggles no eras merecedor de tener una varita.

-Brindemos por el Caldero Chorreante, por estar abierto siempre. – añadí a las palabras del hombre. Por alguna razón estaba a diario en este lugar, y era obvio, el Caldero Chorreante era un lugar al que pocos iban a festejar, sólo lo usaban de paso. Sin embargo hablar de la poca capacidad que tenía para celebrar estas fiestas me hizo recordar mis últimas navidades felices. Estar junto a la chimenea con mi familia, estando él también, nunca mejor dicho, junto a mi familia, la única que me comprendía siempre, bueno, no siempre, pero casi siempre. Era afortunada en esos días por tenerlos a todos junto a mí, por tenerle a él. Mi caballero andante, mi protector y mi mayor ancla en Hogwarts. Sin él no hubiera sobrellevado del mismo modo los primeros años, pero ya no había nadie. Ya nadie existía. Todo eran más que recuerdos que volvían a mi mente para hacerme sentir culpable y triste, para querer desear no haber sobrevivido.

Metí la pata al preguntarle al hombre si tenía hijos, mas no había vuelta atrás. Para calmar el momento Esther pidió unas jarras de cerveza de mantequilla. Con disimulo y aprovechando que Esther no le quitaba el ojo al recién llegado, le hice un gesto a Finn para que la aderezara con licor de almendras. Sin embargo, al traerlas Daniel, como se acababa de presentar, se quedó mirándome, algo me decía que me había pillado. Le devolví la mirada con cierta travesura, mientras disfrutaba del primer sorbo de mi pequeña ambrosía.

Casi me atraganto al oír la reprimenda de Esther. ¿Lo estaba haciendo de verdad? Me golpeé el pecho varias veces para recuperar el aliento. Lancé a Daniel una mirada de reproche. - Es una costumbre austriaca, no puedo renegar de las tradiciones de mi país – dije con cara de niña buena y un tono bastante convincente. Aunque agaché levemente la cabeza ante ella - Perdona, pero puedes estar segura que Finn solo te va a cobrar las cervezas, el añadido, qué tampoco es muy fuerte, es de una botella que le compré hace unos meses, es sólo para mi – recalqué las últimas palabras mirando a Daniel - Aunque hoy podría compartirla -  terminé de decir. Me hacía gracia la situación. Dos adultos, uno de treinta y tantos pude asumir, recriminados por otra de 22 que tenía dejes infantiles bastante adorables. Al verla cruzada de brazos y enojada por la situación le hice pucheros - ¡No te enfades! Venga – dije dándole un pequeño codazo - Yo pago la siguiente si dejas el enfado y prometo que la próxima no vendrá acompañada, palabra de Merlín – Le prometí. Aunque qué diantres, alguna más me pediría adornada con ese delicioso sabor a almendras. Con un gesto de mano Finn le trajo una nueva cerveza a Esther, y añadió un poco de licor a la de Daniel. - Estamos en fiestas, es lo normal en estas fechas – dije a ambos intentando parecer convincente, sin dejar de poner ojitos a Esther para que lo dejara pasar.
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Invitado el Dom Ene 05, 2014 8:27 pm

La fachada de festividad se derrumbó en cuanto supe que Willow tampoco era una fanática de las celebraciones. Esther, sin embargo, no pareció tomárselo tan bien y pronto comenzó a echarnos la reprimenda. O a echarME. Sonreí y puse los ojos en blanco ante su contestación de las fiestas de cumpleaños. Eso es porque no ha visto las mías de cuando era más chico... Lo bueno de que mi cumpleaños fuese en verano era que podía celebrarlo en casa y los bolsillos de mis padres no tenían fondo. Eran tiempos donde la casa se llenaba de elfos domésticos haciendo, trayendo y cocinando cosas, así como de mis amigos de Hogwarts... o de, básicamente, toda mi casa, me llevase mejor o peor (o nada) con ellos. Dichosos contactos de mi padre... y de Jackson. Hasta Malfoy vino un verano con su padre. A veces habíamos coincidido en la sala común peor, la verdad, no me caía tan bien como a mi señor padre le habría gustado. Pese a que el físico fuese todo chulería, una vez desaparecían los gorilas que siempre le acompañaban se transformaba en una nenaza. Pero en una nenaza borde. O no sé, quizá no le sentase bien que alguien pudiese hacerle la competencia... Sea como fuere, no pude evitar recordar todo eso ante el comentario de Esther. Iba a contestarle, probablemente con algo de dureza, cuando Willow intervino y se unió a mi brindis por el Caldero Chorreante.

- ¡Por el Caldero Chorreante! Que perdure así por los siglos de los siglos... siempre y cuando no se quede sinbebidas para sus clientes - bromeé, guiñándole un ojo al camarero cuando se me quedó mirando nuevamente.

Tras la desafortunada pregunta de los hijos, fui testigo de como Esther secuestraba mi whisky de fuego y pedía otras bebidas menos alcohólicas. No es que me disgustasen las cervezas de mantequilla (¿a quién no le gustan las cervezas de mantequilla?), pero habiendo tenido previamente la idea de refugiarme en el whisky de fuego... Aunque no todo estaba perdido: vi, de casualidad, como la cerveza de mantequilla de Willow sufría "alteraciones" y, cuando le miré, ella me miró de forma traviesa, la típica mirada de cualquier crío pequeño cuando sabe que está haciendo algo que no debería. No comenté nada hasta poco después, antes de llevarme mi jarra de cerveza a los labios (la que previamente había tenido que rescatar de Esther al decirle mi nombre, lo que hizo que me llamase Daniel el travieso. ¿Travieso? Je. Esa será Willow), y cuando lo hicé supe que la temida situación chica vs chica podría estallar perfectamente si dependiese de Esther. La verdad es que la situación me divertía y tenía curiosidad por ver como se desenvolvía la otra chica... pero como se liasen yo me iba, con cuatro patas o con dos.

Sonreí cálidamente y asentí cuando Willow se ofreció a compartir la botella del licor que el camarero le había echado en su cerveza.

- Te tomo la palabra, Willow. Muchas gracias. - mi sonrisa se desvaneció un poco en cuanto me di cuenta de que había dejado los formalismos a un lado para empezar a tutearles... pero conseguí acallar una vez más los impulsos que me decían que saliese corriendo. Daniel, tranquilo, respira y relájate. Si te dicen algo, siempre puedes volver a hablarles de usted.

Willow siguió intentando hacer entrar en razón a Esther pero, a pesar de su "no volveré a hacer travesuras", dicho de una forma más sutil y elegante, no dudó en hacerle señas al camarero para que se asegurase de que la siguiente ronda de cervezas que nos acababan de traer, viniese también con el acompañamiento. En cuanto tuve la jarra delante de mí, la cogí, la alcé en dirección a Willow y pegué un trago, disfrutando del nuevo sabor: el toque dulce de la cerveza de mantequilla junto al toque fuerte y al aroma del licor.

- Delicioso. - dije cuando bajé la jarra de nuevo a la barra, y añadí, poniéndome de parte de Willow - Venga Esther, una fiesta no es una fiesta si no hay algo de alcohol de por medio. - algo que, realmente, era bien cierto - ¿O es que no te has montado ninguna fiesta en la sala común? - Pese a que cabía una remota posibilidad de que no fuese irlandesa, ese tono de pelo tan característico debía de provenir de algún sitio (claro que con lo adivino que soy yo... igual viene de Coruscant). Y, de haber estudiado en Hogwarts, hubiese dicho que había pertenecido a Ravenclaw solo por la forma de regañarnos que tenía. ¿O quizá fuese más propio de un Gryffindor? Lástima que no haya ningún libro delante, saldríamos de dudas... Aunque aún había una cosa por la que sentía cierta curiosidad - Por cierto, perdonad la indiscrección, pero ¿os conocíais de antes? No he podido evitar sentir cuando he llegado que charlábais muy animada la una con la otra.
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Invitado el Lun Ene 06, 2014 3:45 pm

Creo que debería relajarme con estos dos, por mucho que yo quiera que no beban ni whisky ni licores, ellos seguían a lo suyo...Son cosas de cada uno y yo no puedo interrumpir sus hábitos de consumo, si luego quieren un hígado nuevo el mío no lo tocarán ni pidiéndomelo de rodillas. Brindamos por varias cosas y luego me hacía la enfadada porque bebían, hasta que me rendí por los pucheritos que me hacía Willow diciendo que eso era costumbre de su país. Sabía que era una trola pero por mucho que le dijera que no, me tomarían por alguien más pequeña de lo que soy.

-Está bien, bebed lo que os apetezca...Habéis ganado. Dije suspirando mientras me encogía de hombros. Tras eso volví a beber de mi jarra, ya había perdido la cuenta de cuantas jarras había bebido ya...creo que con una más es suficiente, que luego con la aparición llego a otro sitio en vez de mi casa.

-¿Sala común? Lo siento Daniel pero yo no estudié en Hogwarts, vengo del nido de pijas de Beauxbatons. Dije con un poco de asco. El colegio es bonito y te enseñan buena educación, pero tanto protocolo daba asco y provoca arcadas. Tras reprimir a Willow él me preguntó si ella y yo nos conocíamos de antes, bueno...la verdad es que sí, de antes. -Claro, de antes...De hará unos minutos antes de tú llegar. Dije riéndome media bromista, he pasado del enfado a bromear...Viva mis cambios de humor repentinos...

-Ahora me toca preguntar a mí, ¿puedo preguntar...dónde trabajas? Pregunté entre pensativa y decidida, ya que él preguntaba cosas a nosotras dos pues yo también lanzo preguntas, lástima que no haya ningún premio por responder. Miré mi reloj de pulsera y vi la hora que era, creo que charlaré un poco más y luego me marcharé a casa.
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Willow O'Donnell el Lun Ene 06, 2014 11:39 pm

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de tan grata compañía, bueno, realmente nunca aceptaba compañía salvo por cuestiones de trabajo que no me quedaba de otra. Adoraba la soledad. Mentira, anhelaba mis tardes en compañía de Tyler, las noches junto al fuego a su lado. Ese era mi mayor tormento, recordar y anhelar lo que ya no podría volver a recuperar. La causa de mi soledad, no era otra que refugiarme en mis recuerdos para hacer un poco más llevadero mí día a día. Quizás algún día me sentiría mejor, quizás algún día volvería a sentirme feliz, pero siempre me sentiría vacía. Y tener compañía solo conseguía que recordara mi vacio interior. Mi estela de sombrías noches a solas sin más compañía que mi lechuza y montañas de helados de todos los sabores, por no hablar de la variedad de chocolates de los que disponía (cosas de que Austria sea una de las cunas de los más deliciosos chocolates, los suizos se quedaban cortos a su lado).

Todo había sido muy rápido, no sé cuanto llevaba aquí, pero se me había pasado rápido. Quizás fuera…no, no sabía por qué pero se me había pasado rápido. Para mí que sólo habían pasado cinco minutos desde que Esther se sentó a mi lado, pero ya iba por la cuarta ronda de cerveza de mantequilla ¿? No estaba segura, pero sí tenía claro que estaba siendo agradable charlar con ellos a pesar de que pensaba que había metido la pata un par de veces, sobre todo al no coincidir con la felicidad de fin de año con Esther, pues para sorpresa de los presentes no era la única que opinaba igual, lo cual me dio más confianza en mí misma. Acabamos brindando por el Caldero Chorreante, sí, quién me lo iba a decir, estaba brindando porque siguiera abierto el local en que me dejaba gran parte de mi sueldo. Podrían hacerme un descuento en todo, con tanta fidelidad que tenía con el local, pero no, seguían cobrándome lo mismo que a todos.

Después de una situación un tanto incómoda Esther hizo alarde de sus buenas formas quitándole a Daniel su whisky de fuego y pidiendo cerveza de mantequilla, no puedo negar que la mía venía alterada, Finn me conocía demasiado bien, y con un simple gesto sabía cuando quería aderezarla con un toque amargo. Pero el travieso de Daniel, cómo lo apodó Esther, resultó ser más bien un acusica, y me delató con más rapidez que una snitch dorada cuando comienza su vuelo. Tras unas palabras conciliadoras con Esther, y soltarle que era una tradición navideña, lo cual tengo la sensación de que no se creyó, terminó cediendo a nuestro empeño de beber algo más que cerveza. - También soy medio irlandesa, ahí sí que es tradición beber todo el año. – Hice uso de un estereotipo para convencer más a Esther, pero se había dado por vencida.  Sonreí a las palabras de Daniel y asentí con la cabeza dándole a entender que mis palabras habían sido en serio. Cuando decía algo lo cumplía y compartir el delicioso sabor de la cerveza de mantequilla mezclado con la amargura de las almendras no era algo que hacía con frecuencia. Pero me sentía bien al hacerlo, era una buena acción para equilibrar mi karma.

Observé la situación, Daniel preguntándole a Esther por alguna fiesta loca en la sala común. No sabía si en Beauxbatons habían salas comunes, pero quién sabe, a lo mejor las pijas de la Academia se montaban unas fiestas enormes y nosotros en Hogwarts por un poco de jerez nos pensábamos que era una macrofiesta. Tenía curiosidad, para que negar lo evidente. Pero Esther fue cortante, no contó nada morboso. Lástima. Sería interesante conocer historias de la Academia Beauxbatons, otra vez será. Yo bebía tranquilamente, atendiendo a lo que hablaban, hasta que Daniel hizo una pregunta que me hizo atragantarme. - De tanto tiempo….puff, ¿qué hará que nos conocemos? Ni media hora diría yo. Pero es extraña la facilidad con la que hemos estado hablando. - Sí, demasiado rara, poco usual. No lograba entenderlo, pero me había sentido como en mis años de alumna, los primeros años en Hogwarts, cuando hablaba con todo el mundo con suma complicidad.

Mostré más interés al giro de conversación. Ronda de preguntas personales. Daniel la empezó, si ahora le molestaba lo iba a llevar mal. Esther preguntó por su profesión, aunque yo tenía una duda más y no pude evitar morderme la lengua y preguntar - Si no te importa, ¿podrías responderme a algo que llevo intentando descifrar desde que te sentaste? – Pregunté con más seriedad que en el resto de la conversación, incluso mi rostro cambió, volviéndose serio. - ¿Cuántos años tienes?- Quizás había hecho una pausa muy larga entre una pregunta y otra, pero era para darle emoción, aunque la pregunta fuera un tanto típica. Qué diantres, me gusta saber qué edad tiene la gente.
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Willow O'DonnellMuertos

Invitado el Mar Ene 07, 2014 12:54 am

Sonreí cuando Esther pareció darse finalmente por vencida, algo que se confirmó cuando concentró su atención a su jarra. Yo hice lo propio con la mía mientras oía como Willow decía que su ascendencia irlandesa le había transmitido el gusto por la bebida. Me pregunté si tendría una tolerancia al alcohol tan digna de mención como los irlandeses o si, por el contrario, no habría heredado el gen, pero al final no pregunté por si acaso le sentaba mal la pregunta. Ahora que, en cierto modo, empezaba a disfrutar de la compañía, no quería mandarlo todo al traste por una tontería como esa.

Me sorprendió cuando, al hablar de las fiestas desenfrenadas de las salas comunes, Esther me dijo que había ido a Beauxbatons en lugar de Hogwarts. Gran parte de los familiares femeninos de mi padre habían ido allí pero todo el mundo sabía de sobra que Beauxbatons era muy cursi. Y además, como mi madre estudió en Hogwarts, era como si a mis hermanos y a mí no nos aguardase más destino que ese. Aunque hubiésemos elegido otra escuela, o la enseñanza en casa (algo que técnicamente se puede elegir), ¿qué mago o bruja en su sano juicio rechazaría Hogwarts? Ni aunque me hubiese tocado en Gryffindor lo habría cambiado, por nada en el mundo. Así que al oír esa respuesta no pude hacer otra cosa que darle a Esther un par de palmadas de ánimo en el hombro. La verdad es que probablemente fuese algo difícil, visto el carácter que tenía.

- Mi más sentido pésame. ¿Tan horrible es? Suerte que en Hogwarts no son tan cursis. No es tan mala escuela después de todo. - de las escuelas que conocía, iban de más cursis (Beauxbatons) a más frías y duras (Durmstrang). Hogwarts estaba justo en medio. Y no creo que Durmstrang hubiese sido mucho mejor, aunque reconozco que el tema Artes Oscuras por aquel entonces despertaba más mi curiosidad que la defensa contra ellas que nos enseñaban en Hogwarts... - ¿Tú dónde estudiaste? - pregunté mirando a Willow.

Y ya puestos a preguntar, decidí preguntar que si se conocían de antes. Al principio me había parecido que tenía tanta confianza que... Pero resultó que no, que también se acababan de conocer solo que poco antes de aparecer yo.

- ¿En serio? Es curioso. Pero supongo que es agradable encontrarte a gente con quien da gusto hablar y pasar el rato.

Ellas se aprovecharon de mi curiosidad para contraatacar. Miedo me dan las mujeres cuando se ponen en plan cotilla aunque ciertamente, los hombres no les dejamos atrás.

- Trabajo en San Mungo. Soy sanador. - respondí a Esther con una sonrisa. El horario será una mierda y el sueldo no tiene en cuenta ni de lejos todos los sacrificios que hacemos... pero la verdad es que me encanta mi trabajo. Que me guste quejarme es otro tema. - ¿Dónde trabajáis vosotras?. Después, Willow dio mucho misticismo a su pregunta y me puse serio, atento a cualquier tema filosófico que pudiese implicar. No dejaba de pensar: a ver qué pregunta, y: espero saber responder. Por eso, cuando después de todo, solo me preguntó por mi edad, no pude evitar relajarme y reír brevemente - Solo te diré mi edad si tú me dices la tuya. Y eso también va por ti. - dije mirando a Esther por el rabillo del ojo y sonriendo con suficiencia. Y antes de que ninguna tuviese tiempo de decirme que no, me adelanté para responder yo antes y que a ellas no les quedase más remedio que contestar - Treinta y tres. ¿Sorprendida? - le pregunté a Willow, torciendo una sonrisa. Al fin y al cabo, ella había sido quien había preguntando primero.
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Invitado el Mar Ene 07, 2014 10:25 am

La verdad es que al final me rendí, tenía que hacerlo...La presión de los adultos podía conmigo, creo que no sirvo para alcohólicos anónimos...Suspiré frustrada escuchando lo que ellos se tenían que decir entre ellos, los niños se callan y los adultos hablan. Daniel me dijo que seguro que habría hecho fiestas en mi sala común, al decirle que era de Beauxbatons me dio el pésame...Comencé a reirme sonriendo.

-Beauxbatons en realidad tenía alguna fiesta, de protocolo...Pero luego las alumnas montábamos alguna propia en los cuartos, las de clases altas traían bebidas y yo...Como no bebo alcohol pues encantaba la bebida para que lo pareciera siendo un simple zumo de calabaza. Comenté con total naturalidad mientras me cruzaba los brazos, parecía una anciana contando sus batallitas de cuando era joven. Tras charlar otro poco rato, vino mu turno de preguntas...Profesiones, yo ya sabía cuál era la de Willow pero ahora quedaba la de Daniel. Tras un ratito, al final contestó que era sanador...Buen trabajo si, mi madre lo era y parecía disfrutar de su trabajo. -Mi madre es sanadora en Roma, se pasa horas fuera pero cuando viene, tiene una sonrisa cuando hace bien su trabajo. Le conté a Daniel, la verdad es que aunque yo naciera en Florencia, poco tiempo después nos trasladamos a Roma por el trabajo de ambos progenitores. Tras terminar de contestar yo, esperé a que Willow lo hiciera y luego ella lanzó la pregunta de las edades. Me quedé sorprendida cuando Daniel dijo que tenía 33, joder la leche...

-Soy Esther Fenixheart, tengo veintidós años y trabajo como profesora de Vuelo en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Hablé con el acento italiano francés como si estuviera en Beauxbatons, y luego hice una pequeña reverencia protocolaria. Tras eso me quedé callada y suspiré, se que lo hice como una broma pero es que a veces disfrutaba con esa broma...Bueno, si es solo eso no me importa. Tras escuchar sus respuestas volví a mirar el reloj y me levanté terminando de beberme la cerveza. -Bueno chicos, seguiremos la charla otro día y espero que sea con café porque tanta cerveza deja a una mareada. Ciao. Sonreí despidéndome con la mano y me desaparecí al instante, apareciendo en mi casa...La verdad es que he pasado uno de los mejores ratos de mi vida, ojalá se vuelva a repetir.


Off: Yo ya lo dejo, que no se que más preguntar y no quiero que se haga tan largo xDDDD
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Willow O'Donnell el Mar Ene 07, 2014 4:20 pm

Había hablado de mis raíces sin darle demasiada importancia, usando el típico estereotipo de los irlandeses. Aunque ahora que lo pensaba, mis raíces irlandesas… ¿qué será de esa parte de la familia? Hacía años que no sabía nada de ellos, puede que me dieran por muerta, pero me extrañaba, ni siquiera fueron al funeral de mis padres. Ni siquiera se dignaron a saber nada de mí. Una parte de mi esperaba que no siguieran con vida, porque saber que ni se habían molestado en conocer su estado o saber si estaba bien, le revolvía las entrañas. A pesar de que tampoco me había molestado en ir a verlos y a saber de ellos. Pero porqué debía ser yo la que diera el paso y no al revés, a fin de cuentas ellos habrán perdido a una hija pero yo perdí a mis padres y toda mi familia muggle. Ellos eran magos, tenían recursos para buscarme, ¿por qué nunca lo había hecho?

Esther cedió a nuestras palabras, poco iba a ganar enfadándose porque bebiéramos alcohol. Era una batalla perdida desde sus inicios, una guerra sin sentido. Mi rostro se contrajo ante la reacción de Daniel con Esther, vale que su escuela fuera de pijos, pero de ahí a darle el pésame, no lo comprendía. Aunque parece que para ser pijas se montaban buenas fiestas en los dormitorios. No pude contener la risa al escuchar a Esther. Encantar un zumo de calabaza para que pareciera otra bebida era algo que no escuchaba con frecuencia. Ni lo había visto antes. Sin duda Esther era una firme defensora del lema *No alcohol*, durante una ley seca ella sería de las pocas que no perderían la cabeza. Yo desde luego la acabaría perdiendo si no pudiera disfrutar de al menos una buena cerveza alemana. Eran mi perdición.

Meneé un poco la cabeza al escuchar la pregunta de Daniel. – En la mejor escuela de magia y hechicería, por supuesto. – comenté bromeando. – Pertenecí a Gryffindor. ¿A qué casa fuiste, Daniel? – Le pregunté por cura curiosidad, una vez salías de Hogwarts la casa a la que pertenecistes era lo de menos, pero se podían conocer detalles de una persona por la decisión que tomo el sombrero seleccionador. Al menos los rasgos que definían el conjunto de las casas, los rasgos más característicos, es decir, de siempre se ha sabido que los Slytherin eran astutos, los Ravenclaw inteligentes, los Hufflepuff leales y los Gryffindor valientes. No siempre se cumplía a raja tabla, pero por alguna razón el sombrero nos separaba.

Asentí reiteradamente con la cabeza al asombro y las palabras de Daniel sobre la charla que manteníamos Esther y yo cuando él llego. Yo también estaba asombrada, no era frecuente que entablara una conversación de estas características con nadie, pero con ella me sentía extrañamente confiada.

No sé en qué momento exactamente pasamos a hablar de las profesiones. Esther sabía que era profesora, pero no me esperaba que Daniel fuera sanador. Añadió Esther que su madre era sanadora en Roma, hermosa ciudad, en alguna ocasión había ido por trabajo. Siempre el trabajo, nunca hacía nada que no fuera por mi trabajo. Vivía para trabajar, no me podía engañar a mí misma.  – Yo trabajo en el Ministerio, aurora soy aunque no dé el perfil de lo que espera la gente – respondí a la preugnta de Daniel. Adelantándome a Esther. Aunque lo cierto es que ella no respondió, me dio tiempo a que preguntara por su edad con cierto misticismo que parecía haberlo puesto nervioso. La pregunta no tenía mucha relevancia, una pregunta simple. Y tu respuesta fue ingeniosa. Responder si respondíamos nosotras, pero antes de darnos tiempo a decir nada respondió él. Negué con la cabeza, no me había sorprendió mucho la respuesta – No iba muy desencaminada, calculaba que tenías 30 – respondí fingiendo decepción, pero sonriendo luego. Parece que he heredado algo del don de mi tía con la Adivinación.

Esther respondió de un modo que me hizo reír, al terminar de hablar añadí – Bienvenida Esther – con tono serio, pues su presentación me había recordado a un grupo de apoyo, como los que salen mucho en las películas y series muggles. Miré de reojo a Daniel – A una mujer nunca se le pregunta por su edad – comenté con tono ofendido y centré la vista en la jarra que tenía entre las manos. Para después de unos segundos añadir – Pero como pregunté yo antes y te has arriesgado a responder, tengo veintiséis – respondí mirándolos a ambos. No es que me importara confesar mi edad, pero a veces se me hacía extraño decirlo, me hacía recordar el tiempo que llevaba sumergida en mi propio vacio.

Esther terminó su cerveza y se despidió. La miré confusa ¿la cerveza de mantequilla la deja mareada?  Pero si no tiene alcohol. –   Auf Wiedersehen – me despedí de ella en mi idioma natal. Era costumbre, aunque muchos se extrañaban cuando lo decía. A fin de cuentas tenía un acento de lo más peculiar. Y mis orígenes, mis antepasados provenían de lugares dispares, habían contribuido a ello. Me quedé a solas con Daniel –   Te voy a dar un consejo, por tu seguridad sanador. Después de beber no se debe usar la aparición – le advertí. Sabía de gente que perdía miembros de su cuerpo o sufría desparticiones por hacer uso de la aparición estando ebrio. Supongo que él habrá visto algún caso. Me sentí un poco cohibida por estar a solas con él. Hacía años que no estaba a solas con alguien del otro sexo y con el cuál había hablado tan animadamente. Me quedé unos segundos en mi mundo, observando lo poco que me quedaba de cerveza, di un par de tragos más terminando la jarra.

Era tarde, según reflejaba el reloj del fondo. Aunque no me importaba, no iba a irme muy lejos, solo tenía que subir las escaleras para dormir. Algo bueno tenía dormir en este lugar, y era poder quedarme hasta tarde sin tener que preocuparme por la distancia hasta mi casa o cosas similares.  Mire a Daniel después de un rato – ¿Te apetece tomar algo más? – Pregunté cortésmente, Finn seguía ahí, de un lado a otro sirviendo copas, y la botella de licor de almendras tenía para varias rondas más.
Willow O'Donnell
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Willow O'DonnellMuertos

Invitado el Mar Ene 07, 2014 5:07 pm

Me alegró que Esther dijese que en Beauxbatons también sabían divertirse, en verdad. No me lo esperaba dada la fama de cursis que tenía la escuela (o que me habían enseñado durante mi infancia que tenía la escuela, pero si eso era mentira lo desconocía y lo asumía como simple y pura verdad), pero en fin, llega un momento en la vida de todo adolescente, mago o muggle, en la que se necesita diversión. Aun así, no me las imaginaba tan desmadradas como las fiestas que nos podían montar en Hogwarts. Incluso en Ravenclaw, esos que parecen pasarse todo el día estudiando, había habido alguna fiesta monumental que, allá por mi quinto año (temerarios los Ravenclaw, de fiesta el año de los T.I.M.O.S...), había tenido al profesor Flitwick mandando deberes extra en exclusiva a los miembros de su casa "hasta que aprendiesen a comportarse". Uno de los momentos épicos de mi juventud... Esther comentó que no bebía alcohol pero, aunque sorprende encontrarse con jóvenes que no beban, no me pareció importante. Yo también había conocido a estudiantes que festejaban como el que más sin una pizca de alcohol en sangre.

- El espíritu festivo se lleva dentro. Conozco gente que se ponía a bailotear en la torre de Astronomía en ropa interior sin haber tomado ni una gota de alcohol. - reí con la mente en otra parte, recordando aquello. No recordaba ahora el nombre del chico, ¿Milks? ¿Mills? ¿Milles?, pero sí que había sido uno de los pocos Hufflepuff con los que no me había dado vergüenza llevarme de vez en cuando. A continuación, Willow dijo haber estudiado en Hogwarts y, tras observar su rostro con detenimiento, llegué a la conclusión de que no me sonaba su cara y por tanto, no habíamos coincidido. Después afirmó haber sido Gryffindor y casi lo agradecí. El joven yo no había tenido trato con ningún Gryffindor a excepción que para intercambiar insultos (no siempre empezados por mí) y hechizos a escondidas en los pasillos entre clase y clase. Willow me preguntó que en qué casa había estado yo. - Slytherin. - y añadí, medio bromeando - Espero que eso no cambie tu opinión sobre mí... - Éramos personas adultas y civilizadas, pero quien sabe. Las viejas rencillas quedan ahí siempre. Yo mismo aún seguía sin sentir mucha simpatía por la casa de los leones, aunque la vida y los años me habían enseñado a respetar y a tratar a todo el mundo por igual. ¿Quién sabía lo que había dentro de la cabeza de los demás?

Después de un momento pasamos a hablar de las profesiones cuando me preguntaron por mi profesión, y naturalmente yo también mostré curiosidad por saber la de ellas. Esther, cuya madre también era sanadora como yo, solo que en Roma, era profesora de Vuelo en Hogwarts, con lo que se terminó de ganar mi infinita simpatía. Vuelo siempre había sido genial con la profesora Hooch, que era amable aunque algo severa. No me quería imaginar el ambiente de buena onda que habría con alguien como Esther al mando de la clase. Estaba bebiendo un trago de mi jarra de cerveza cuando Willow respondió. Fue decir la palabra "aurora" y quedarme sin respiración. La bebida se me fue por otro lado y comencé a toser y a darme golpes en el pecho con el puño cerrado hasta que pasó el susto. Aunque el más grande lo levaba por dentro. ¿Aurora? Pero... no tenía aspecto de serlo. Tranquilo, Daniel, estás absuelto. Sí, claro,estoy absuelto, pero mi historial no está borrado que yo sepa... Y si lo hicieron, al menos podrían haberse tomado la decencia de avisar y así no me llevaría estos sustos. Pero no había nada que temer. La aurora llegaba con siete años de retraso. Así que estáis del mismo bando. Cálmate.

- Lo siento. Se me fue por otro lado. - me disculpé, apoyando la jarra en la barra. Miré a Willow esbozando una leve sonrisa - ¿Así que aurora, eh? Cuéntame, ¿es tan interesante como lo pintan? - hice la típica pregunta que una persona normal podría haber hecho al encontrarse a un auror. Nada en mí podía delatar mi pérdida de nervios unos segundos atrás. ¿O sí? No, no podía. ¿O sí? (¡Daniel, relájate! ¡No vas a ir Azkaban!)

Las chicas parecieron animarse poco a poco conforme la conversación avanzaba y pasaron a preguntarme por mi edad. Pero tuve la suficiente picardía para que me dijesen la suya. No me sorprendió: se veía que Esther era joven, más que Willow, y en ningún caso llegaba ninguna a los treinta, ni de lejos. Aunque Willow al principio mostró más recelo e hizo el típico comentario de " a una mujer nunca se le pregunta por su edad". A los hombres tampoco nos hace especial ilusión y eso... aunque yo tengo claro que pararé el reloj a los cuarenta. Estaba decidido.

En ese momento, Esther terminó su bebida y se marchó. Le despedí con un gesto de la mano y en inglés normal y corriente, sin poder evitar mi acento americano (había adquirido rasgos británicos después de tantos años en el país, pero supongo que es difícil dejar atrás tus raíces...), mientras que Willow usó el elegante, sofisticado y dificilísimo alemán. Si ya me imaginaba el francés como horrible, no quería imaginar el alemán... Pero en fin, supongo que soy sanador y no filólogo por una razón...

Torcí una sonrisa ante el comentario de Willow. El "si bebes no conduzcas" de los muggles también tenía su equivalente en nuestro mundo, solo que con la aparición. Y si no que me lo digan a mí. ¡Cuántas veces había recriminado a mis pacientes el típico: "si bebes, te despartes"!

- Créeme, lo sé. Pero no te preocupes, estoy acostumbrado al transporte público muggle. - le miré y le sonreí, tratando de darle confianza para que se fiase de mí. No lo dije, pero en cualquier modo era mucho mejor, pese a lo que la voz de mi cabeza tratase de decir, estar bebiendo en compañía y vestido con ropa decente que estar bebiendo solo y sin más ropa que unos simples calzoncillos. Eran de lo más cómodo para estar en casa, pero de vez en cuando también había que enfrentarse al mundo, y eso implicaba vestirse como una persona normal, con camiseta o camisa, pantalón, zapatos y un abrigo si hacía frío. El paraguas era un complemento indispensable en una ciudad como aquella pero aquel día, ni normalmente, no lo había cogido. ¿Para qué, estando a cinco minutos o menos a golpe de aparición de casa? En ese momento me lamenté. Si me tocaba volver en transporte muggle... Bueno, al menos un techo tendría, eso sí. - Espero que tú también lo estés, o si no, espero que no vivas lejos de aquí...

Willow apuró su jarra en un par de tragos y yo le imité. También miré al reloj cuando lo hizo ella. Se estaba haciendo tarde pero, psé. No tenía nada mejor que hacer más que beber y dejarme el dinero y beber y dejarme el dinero y beber... Y al menos tenía una acompañante y no estaba yo solo (lo siento, Ty. No te ofendas), y ahora que parecía que la voz miedica e insegura se había callado o se había quedado muda... No podía evitar sentir cierto nerviosismo por el hecho de estar a solas con una chica de más o menos mi edad, pero siempre y cuando no se me pegase como una lapa, no iba a salir corriendo. Así que me mostré dispuesto a seguir un rato más de pacífica y neutral charla. Willow preguntó si me apetecía tomar algo más y me encogí de hombros.

- Sí, supongo. Al menos ese es plan que tengo para hoy. - Feliz año Nuevo y eso. Menuda celebración... - ¿Te quedas? Eso sí, con una condición: esta vez pago yo.

Hice una seña al camarero para que nos pusiese otra ronda de la misma bebida anterior. Miré inseguro a Willow, observando si se prestaba a que le siguiese robando licor de su botella, pero no vi nada que me dijese que no me consideraba digno de robarle otro chorrito, así que le hice señas al camarero para que lo echase en las dos jarras. Cuando ya las tuvimos listas, cogí la mía y la alcé en el aire.

- Salud. - a continuación bebí un trago antes de dejar la jarra en la barra - Si nos estuviesen viendo nuestros antiguos compañeros de casa, sé que a más de uno, por lo menos de Slytherin, le daría un ataque. Así que por favor, si ves a alguien con pinta de haber sido Slytherin mirando en nuestra dirección, finge que me odias. No quiero trabajar hoy. Por algo es mi día libre, ¿no? - bromeé.
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Willow O'Donnell el Mar Ene 07, 2014 11:28 pm

Conocer historias sobre las fiestas que montaban en sus respectivos colegios. Yo no recordaba grandes fiestas en Gryffindor que tuvieran alcohol de por medio. Éramos sanos en ese aspecto, o así lo recordaba yo. Recuerdo fiestas alocadas, sobre todo después de los partidos de Quidditch que ganábamos a Slytherin, cuando ganábamos, porque si no la sala común parecía un velatorio. Pero las fiestas…sí que eran entretenidas. Reí al escuchar la historia que contó Daniel sobre alguien bailando en la torre de Astronomía en ropa interior. La verdad que había sido mucha la gente que acababa ahí en ropa interior, aunque no estaba segura de que fueran a bailotear precisamente. Aunque cosas locas siempre había, aun recordaba a ese chico de Hufflepuff que iba siempre con su mono.

Lo miré con desconcierto cuando dijo haber sido de Slytherin. No parecía tener ese carácter arrogante que tenía la mayoría, ni esa indiferencia por hablar con los demás, cierto era que conocí a gente de Slytherin que perfectamente podía haber pertenecido a otra casa, pues poco tenían en común con el resto de personas, pero eso no quería decir que el sombrero se equivocara. El sombrero era más sabio de lo que cualquiera pudiera imaginar. Pero años habían pasado desde Hogwarts, imagino que como yo, todos cambiamos y que no todos tienen que ser iguales. Había de todo un poco. – No te preocupes, la casa en Hogwarts no te define al cien por cien, son tus actuaciones posteriores las que dicen de ti – añadí con cierta filosofía, con once años uno no tiene claro lo que quiere hacer con su vida, ni con diecisiete. Por el momento no había hecho ni dicho nada que me hiciera tener una mala opinión de él.

De un tema pasamos a otro, comenzando a hablar de las profesiones. Esther como profesora de vuelo debía ser estupenda, su carácter harían las clases mucho más amenas, segura estaba de ello. Pero como enseñara a todo golpeador a romper la nariz a los otros jugadores la enfermera de Hogwarts iba a tener mucho trabajo. Al nombrar mi profesión Daniel se atragantó. No pude evitar que mi vena intuitiva se pusiera en marcha, algo raro había. La reacción no era frecuente, a pocos había visto actuar así, y esos pocos acabaron en Azkaban. Así que mi cuerpo se alertó, si antes el hombre que tenía al lado me había llamado la atención, esta reacción de Daniel más aún. Consiguió parar su golpe repentino de tos y con una leve sonrisa me hizo la típica pregunta. Esther me la había hecho minutos antes, pero no tenía respuesta para ella, ni me gustaba responderla. Mi rostro no cambió, seguía mostrándome amable y risueña, pero en mi interior me preguntaba el porqué de esa reacción, su rostro no me sonaba y nada me había hecho pensar en que ocultara algo oscuro.

- Tiene sus días, lo peor es cuando tengo que ir a Azkaban – Medité la respuesta, y no deje de mirarlo en ningún momento. Nombrar Azkaban solía ser el detonante en muchas ocasiones. Pero fui amable en mi respuesta, mi tono de voz era despreocupado. Me había entrado la curiosidad, y hasta que no la saciaba no dejaba de indagar. Así llevaba casi diez años, indagando sobre aquella maldita mujer.

Al cabo de un rato, pocos minutos pasaron, Esther se despidió, deseando que nos volviéramos a encontrar, pero tomando café y no cervezas. Su marcha fue repentina, realmente no esperaba quedarme a solas con Daniel. Pero tras un sorbo de mi cerveza le dije algo para romper el hielo que yo misma formé y continuar una conversación, tal como hasta el momento. Le di un consejo, algo que solía decir muy a menudo a la gente que circulaba por el bar. Era mi obligación proteger al mundo mágico, y eso incluía avisarles de los peligros de beber y usar la aparición. Me preocupaba por la gente, aunque a ellos les importara poco su propia seguridad. No esperaba esa respuesta. Pocos magos y mucho menos de alguien de Slytherin. Reí a su insinuación, o preocupación, sobre que viviera lejos.

Vivir, ¿qué es exactamente vivir? Ganas de preguntarle no me faltaron. ¿Qué entendía el por vivir? *Deja de desvariar Willow, deja las preguntas sin respuesta para los filósofos como Kant o Hobbes, tú a lo tuyo, beber y dormir cuando no tengas que lanzarle un par de encantamientos a alguien por alterar el orden público*  - Vivir….bueno mi casa está muy lejos de aquí, pero se puede decir que vivo a un tramo de escaleras de aquí. – Dije mirando al techo y dando un pequeño suspiro. Al paso que llevaba el Caldero Chorreante ya era mi segunda casa, poco faltaba para que la habitación fuera de mi propiedad. Las ganas mías que me vendan una habitación, todo me sería mucho más fácil.

Me resultaba incómodo estar a solas, relativamente a solas, ya que el bar cada vez estaba más lleno, con un hombre. Era extraño, al igual que lo había sido estar hablando tan animadamente con Esther. Pero me sentía tranquila hablando. Puede que fuera el instinto sociable de todos los humanos. Por pura cortesía, tras el silencio y apurar los últimos resquicios de mi jarra, le pregunté si le apetecía algo más. Una leve sonrisa se dibujó en mi rostro al escuchar su respuesta. Menudo plan para un día como hoy. Aunque el mío solo variaba en que faltaban tabletas de chocolate por todos lados. – Me voy a quedar aquí toda la noche, literalmente. -  Respondí y dado que él iba a pagar en esta ocasión, me acomodé en la butaca. Me miró con inseguridad antes de hacerle una seña a Finn para que pusiera licor a ambas cervezas. Finn me miró un segundo, y le asentí levemente con la cabeza, no estaba muy seguro de si debía hacer caso a mi acompañante o no, a fin de cuentas, le había pedido que nadie, absolutamente nadie, pudiera tomar jamás de esa botella.

Alcé yo también mi jarra y brinde a nuestra salud. – No creo que ninguno se atreva a decir nada. A fin de cuentas, las serpientitas sois astutas, y nada mejor que tener una buena relación con alguien que podría enviarte a prisión, ¿no crees?  - bromeé. Muchos de los Slytherin que conocí en mi juventud y que se metieron conmigo por ser, según ellos, una sangre sucia, hoy en día intentaban evitarme. Un punto positivo más de ser aurora.  – Sin embargo, no creo que mi instinto para detectar exSlytherins me funcione, no funcionó contigo – Dije encogiéndome de hombros y expresando en mi rostro una mezcla de pena y diversión. – Pero también es mi día libre, así que nada de usar la varita – Añadí al final.

Sin percatarme ya había bebido la mitad de mi cerveza, me encontraba lúcida aunque con un ligero problemilla de sensibilidad ante la luz. En mi cabeza seguía dándole vueltas a un tema anterior. Por lo que esperé a que Daniel bebiera un poco más antes de preguntar. – Disculpa mi atrevimiento, mas no puedo evitar seguir preguntándome el porqué. – Comencé a decir, haciendo una pequeñísima pausa para pensar un modo suave de seguir. – Tu reacción al saber que soy aurora no fue de las más frecuentes, y, qué quede claro, que me digas lo que me digas no voy a cambiar mi forma de pensar sobre ti, pero solo he visto esa reacción unas pocas veces antes, todas esas veces…bueno, todos los que reaccionaron así no son precisamente buenas piezas – Quizás fuera el alcohol, o quizás fuera mi conciencia la que hablaba, pero algo me decía que no era mala persona, tenía buen ojo para calar a las personas. Esperaba no equivocarme con él.
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Invitado el Miér Ene 08, 2014 11:01 am

Habiendo sido Gryffindor como me lo acababa de decir, no me había esperado otra reacción por su parte cuando revelé que había sido Slytherin. Yo mismo tampoco pude evitar sorprenderme cuando ella dijo segundos antes haber sido Gryffindor. La rivalidad entre casas era más fuerte de lo que se podía pensar en un principio y las viejas rencillas seguían ahí aún después de haber terminado la escuela. Y sin embargo, no pude evitar ponerme a reflexionar sobre ello. Más allá de que Gryffindor fuese la casa de los valientes y Slytherin la de los astutos, ambas poseían grandes nombres y grandes hazañas. Aunque innegablemente, la lista de la casa Slytherin, y la majestuosidad, eran más elevadas. Incluso el Señor Tenebroso era digno de mención, aunque sus acciones fuesen equivocadas y condenables. Slytherin era la casa de la grandeza. De joven, siempre había pensado que no había otra casa para mí más que esa: familia rica y más aún, simpatía y respeto a la labor del Señor Tenebroso... Y en efecto así fue: al sombrero apenas le hizo falta posarse en mi cabeza para gritar el nombre de la única casa que quería que gritase. Pero ahora de adulto no podía evitar pensar si mi "grandeza" había sido conocer la oscuridad para aprender a valorar más la luz.

- Coincido totalmente contigo. No te ofendas, pero en mi tiempo en Hogwarts conocí a más de un Gryffindor a quienes las ganas de aventuras y la valentía se les habían subido demasiado a la cabeza... - Y así habían acabado: con un Silencius cada uno y colgados en ropa interior del sauce boxeador. Tardaron dos días en encontrarlos y entre una y dos semanas de salir de la Enfermería. Yo también sufrí mi parte: etiquetar los ingredientes de pociones de Snape durante una semana (algo que me vino tremendamente bien para estudiar Pociones para los exámenes de ese curso). Pero luego, cuando los valientes leoncitos volvieron a la normalidad, no volvieron a dirigirme la palabra en lo que nos quedaba de escolarización. Aunque si las miradas matasen... ya llevaría mucho tiempo muerto.- Aunque tú no pareces haber sido de ese tipo de personas. Supongo que cada casa tiene sus ovejas negras...

Pasamos a hablar de las profesiones y, si bien la de Esther no había provocado más reacción en mí que la que podría haber provocado en cualquier otra persona que acabase de conocer,  cuando Willow dijo ser aurora el trago de cerveza de mantequilla "trucada" se me fue por otro lado y me dio un ataque de tos que pronto conseguí parar. No pude evitar recordar ciertas cosas de mi pasado pero al final me tranquilicé, creo. Eso había sido mucho tiempo atrás, había respondido por mis actos (por suerte, me había librado de Azkaban al hacerlo) y había conseguido una nueva vida y una profesión decente. Aunque mi historial seguía ahí. Pero Willow parecía ser demasdiado joven para haber estado presente en mi juicio, y no creo que los aurores se lean los istoriales de los delincuentes cuando se aburren (igual que yo no me llevo a casa los historiales de los pacientes para antes de dormir). El trabajo es siempre trabajo, después de todo. Aun así, no pude evitar estremecerme cuando mencioinó Azkaban. Había uno en la sala cuando me juzgaron, siempre los hay, y recuerdo como los gritos y las voces no me dejaban concentrarme para responder a las preguntas del tribunal... Asquerosas criaturas.

- ¿Cómo lo aguantas? ¿Hay truco, verdad? - tenía que haber un truco. Y si alguien lo conocía, tenían que ser los aurores. Me di cuenta después de haberlo preguntado que igual mi tono había sido demasiado impaciente y nervioso, así que traté de explicarme antes de que pudiese contestarme o, no sé, sacar sus esposas del bolsillo trasero del pantalón - Una vez me cruce con uno y... digamos que no es un recuerdo particularmente agradable. - Esa sensación de frío y de vacío era muy difícil de recordar. Aunque realmente, el vaco no me había abandonado ni aún después de haber desaparecido de la vista (¿los dementores ven?) del dementor. Suspiré.

Esther se marchó y Willow y yo la despedimos, y después Willow hizo el típico comentario de "si bebes, no te aparezcas". Lo sabía de buena tinta, algún caso había tenido en el hospital, así que tranquilamente cogería el transporte público muggle si me pasaba de la raya. Algo que tenía pensado hacer. ¿No era una fecha para la celebración? Pues a celebrar. Pasamos a hablar, en relación con la aparición y los transportes muggles, a cuan lejos vivíamos. Willow dio a entender que vivía lejos pero que se hospedaba en el Caldero. Giré la cabeza para obtener una vista amplia de la sala, y vi a lo lejos las escaleras que subían a las habitaciones.

- Es verdad. Eres de Austria, ¿verdad? - pregunté, recordando lo que había dicho un rato antes - ¿Qué tal son las habitaciones de aquí? Aunque claro, supongo que no tiene punto de comparación con la de tu casa. - Por experiencia sabía que no hay cama más cómoda que la que tienes en casa de tus padres. Aún recordaba la sensación de comfort al apoyar la cabeza en mi almohada, y la suavidad de las sábanas de seda, con mis iniciales bordadas a mano en el embozo de la sábana. Pero seguro que mi padre lo había quemado, junto a mis otras pertenencias, cuando decidí "renegar de mi destino", como él lo había llamado. La gran duda era si mi madre había opuesto mucha o poca resistencia a que lo hiciera... aunque supongo que si en siete años no me ha mandado ni una simple carta, no creo que opusiese demasiada resistencia. Menos mal que al menos me queda Elia.

Cuando nos terminamos las jarras, Willow preguntó si quería que tomásemos algo más. Yo desde luego lo iba a tomar y si me quería acompañar no estaba por la labor de decirle que no, ahora que la voz que me gritaba que huyese parecía haberse desvanecido. No podía evitar sentirme inquieto por estar a solas con una mujer pero... a fin y al cabo, no era completamente a solas. Estábamos en un bar lleno de gente. Todo estaba controlado. Willow dijo que se iba a quedar y puse una condición: aquella ronda corría por mi cuenta. Pedí al camarero otro par de jarras de cerveza de mantequilla "trucada" con licor y bebí de la mía cuando tuvimos las dos delante tras haber brindado con ella. Hablamos en tono de broma de que fingiríamos que nos odiábamos si algún Slytherin o Gryffindor nos descubría, pues ninguno quería trabajar. Su respuesta me pilló desprevenido y no pude evitar alzar las cejas y sonreír. Desde luego la mujer tenía agallas. O garras de leona, mejor dicho.

- Touché - esa y mi apellido eran las únicas palabras que sabía pronunciar en francés. Después dijo que su radar para detectar ex-Slytherin no había funcionado conmigo, por lo que mi sonrisa se amplió más - Ya sabes, soy toda una caja de sorpresas - me pasé distraídamente la mano por la nuca, revolviéndome el pelo de la parte posterior de la cabeza.

Pegué otro trago de cerveza trucada y me sumí en mis pensamientos, inquieto por lo que había implicado ese comentario anterior que le acababa de dedicar. Esa misma frase había sido el pistoletazo de salida para mi amistad con Lenore. Siempre me había atraído pero ella había tardado un poquito más en fijarse en mí que yo en ella. La voz de mi cabeza volvió a decir: ¡Corre! ¡márchate! ¡aún estás a tiempo! y moví la cabeza a ambos lados, con los ojos cerrados, para acallarla. Como eso no funcionó, mi segunda opción era beber otro sorbo de cervezxa de mantequilla y concentrarme en su sabor. No funcionó completamente pero al menos el volumen de la voz se bajó lo suficiente como para permitirme ignorarla, no sin poner un poquito de esfuerzo por mi parte.

Aún tenía la jarra en la mano y me la estaba retirando de la boca cuando Willow dijo tener una prgunta para mí. Al principio fue bastante enigmática y no entendía a qué se refería pero sabía que venía algo detrás y esperé, devolviendo previamente mi jarra, a la que solo le quedaba un tercio de su contenido, a la barra. Cuando me lo dijo, al principio no reaccioné. Luego me di cuenta de que no había parpadeado y parpadeé un par de veces. Y después me noté los labios secos y me los humedecí con la lengua. Mierda, ¿por qué hace tanto calor? Miré de reojo su cara y pese amis nervios, me calmé un poco. No parecía estar mirándome con mala cara y tampoco podía arrestarme sin motivos. Simplemente parecía curiosa. Suspiré.

- Digamos que yo tampoco era una buena pieza - puse los ojos en blanco y resoplé, con gesto irónico y algo triste. Esperaba que me hubiese entendido, pues no creía que fuese prudente decir: "Hola, me llamo Daniel y fui mortífago" en un bar lleno de gente. ¿Quién sería amigo y quien enemigo? Aún estaba preocupado por los individuos del otro día e iba a tratar de investigar a toda costa quienes eran y qué querían... Y además, tampoco me apetecía contárselo a nadie. En lo que a cualquiera respectaba, mi antebrazo izquierdo era tan normal como el de cualquier otro, gracias al encantamiento que usaba todos los días para ocultar la marca tenebrosa a miradas ajenas. - Pero puedes comprobar los papeles en tu oficina y ver como ya me he reformado. - Esperaba que me creyese. Mucha gente me miraba mal por haber sido lo que era y no parecía dispuesta a creer que ya estuviese de su parte. Cuando me encontraba a una persona así, me daban ganas de meterles la punta de la varita por...
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Willow O'Donnell el Jue Ene 09, 2014 12:44 am

Las rivalidades entre las casas ya me parecían superfluas, tenía una edad, y había pasado por muchas cosas como para preocuparme por si alguien era o no de Slytherin. Era una soberana tontería cambiar de parecer sobre una persona sólo por haber sido de una casa o de otra, es como si cambiaras de trabajo solo porque un día no te levantaras con ánimos. Slytherin no era una casa de mi devoción, al menos algunos de sus miembros, nunca lo negaría. Qué tu padre sea muggle y tu madre una squib no ayuda mucho con esa gente, la cual cree en la pureza de la sangre, en que son mejores que los demás. Muchos hijos de muggles habían demostrado más grandeza y destreza que aquellos que se habían llamar sangre limpia.

Daniel llevaba razón, a algunos se les subía a la cabeza el estar en una casa u otra. Yo me pasaba más tiempo en la biblioteca o con Tyler que preocupándome de exaltar los valores de Gryffindor, era más divertido disfrutar de una buena compañía. Encogíme de hombros levemente – No sé qué decirte, me gustaban las aventuras, pero no alardeaba de nada. No puedo decir lo mismo de los miembros de Slytherin que conocí. – Comenté, recordando a McDowell. Esa sí que era una oveja negra, más bien era una arpía. Nunca llegué a comprender cuanto odio desprendía, y mucho menos como me trataba sin jamás conocerme. Al recordarla siempre me dolía la muñeca. Esa zorra, si no llega a aparecer aquella chica de séptimo, no sé que me hubiera hecho. Bueno, probablemente tirarme de las plataformas. Era una serpiente, no tenían mucha cabeza, era fácil predecir sus movimientos. Aunque no siempre.

Las conversaciones fluidas llevan a hablar de todo un poco, y más en un primer contacto. El tema de las profesiones era el más recurrente. Ambos esbozaron comentarios sobre a lo que se dedicaban. Al decir a qué me dedicaba la reacción de Daniel fue algo anormal, había visto muchas reacciones diversas, pero pocas como esa. Sabía bien quienes solían reaccionar así, y eso me alertó. Sin embargo, él pareció calmarse, haciendo las típicas preguntas. Y al mencionar Azkaban, hizo una nueva pregunta más típica aún. ¿Cómo lo soporto? Lo miré confusa durante un segundo, hasta que comprendí a que se refería – Ah, hablas de los dementores – aclaré en un tono relativamente bajo, no a todo el mundo le gustaba escuchar esa palabra – pues no sé qué decirte, no es agradable encontrarse con ellos, pero no te puedo decir ningún truco, salvo que el chocolate ayuda después de tener alguno cerca – Esto no lo tenía muy claro, siempre comía chocolate. Pero si recordaba que los dementores se alimentan de la esperanza y los sentimientos positivos, de ambos yo carecía un poco, y dado que los presos eran un alimento más fácil de conseguir, unido al patronus que me acompañaba cuando iba, no es que me afectaran con tanta facilidad, aunque nunca era sencillo estar cerca de ellos.

Esther regreso a su casa, algún día tendría que pasarme por ahí para ese vuelo en escoba del que hablamos. Después de unos segundos de silencio, hice un comentario típico sobre beber y la vuelta a casa. Me preguntó si vivía lejos, a lo que respondí afirmativamente, salvo que no iría muy lejos, dado donde iba a pasar la noche. Asentí con la cabeza a su primera pregunta. Austria, mi hogar, lugar bello donde los haya, y con encanto mágico que pocos apreciaban.  - Son cómodas, más no se puede pedir. – Llevaba razón, como la cama de uno no había nada igual, salvo que volver a  tu casa solo aumentara la intensidad de tus fantasmas. Era duro volver allí y encontrar la casa tan vacía, sentirme tan sola. Suerte que alguna que otra vez venían mis antiguos amigos muggles, pero estaba cansada de tener que mentirles sobre mis viajes y demás. Era muy extraño que me fuera una mañana a Londres y por la tarde estuviera de vuelta, tenía que quedarme aquí no solo por comodidad, sino por no alertarlos sobre mi conducta. Tampoco quería ponerlos en peligro.

Unos minutos en silencio de nuevo, los cuales interrumpí preguntando si quería tomar algo más. En cuanto al tema de actuar si aparecía algún antiguo Slytherin o Gryffindor fui cortante en cierto modo. Pero a la vez certera, su expresión lo confirmo. Mi detector de antiguos Slytherin ya no funcionaba, fue lo que le dije bromeando, su respuesta me hizo reír con suavidad, para luego suspirar. +Ya sabes, soy toda una caja de sorpresas+ Resonó en mi cabeza un par de veces. No eran palabras que oía con frecuencia, pero me hicieron recordarle. Recordar ciertas tardes en Hogwarts, lo que me costó conocer a Tyler, lo difícil que era saber de su pasado y, sobre todo, la facilidad que tenía para sorprenderme.

Me ensimismé demasiado, tanto que casi había terminado mi jarra de cerveza edulcorada, cuando a mi mente volvió la curiosidad por su anterior reacción. Lo medité un poco, y con sumo cuidado pregunté. Su respuesta no es que me sorprendiera, sabía que algo se ocultaba tras esa reacción. Una sonrisa torcida apareció por unos segundos en mi rostro. No iba a recriminarle nada, ni iba a interrogarle, obviamente, parecía arrepentido, o al menos triste al decirlo. Negué con la cabeza – cada cual tiene su pasado, si dices haberte reformado así lo creo – sonreí para relajar el ambiente. No pensaba contrastar nada, si había algún motivo por el que arrestarlo ya se daría, pero algo me decía que no era así. Además, no era la más indicada para juzgar sobre acciones pasadas, a fin de cuentas, y a pesar de hacerlo bajo una maldición, yo había matado a mi tía, fueron mis manos las que empuñaban el cuchillo. También estaba la posibilidad de que aquella mujer hubiera muerto cuando la apuñalé, en defensa propia, quería matarme. Pero lo había hecho, y sin embargo nadie me había juzgado por ello, tampoco es que fuera de dominio público.

Recordar esto me hizo suspirar lentamente, no quería  volver a recordar el momento, pero ahí estaba de nuevo en mi mente. Terminé mi cerveza y le pedí a Finn un vaso con hielo y la botella. Lo llené bastante, tomé un buen trago y volví a mirar el reloj, aunque no directamente, sólo dejaba vagar mi mente. No me encontraba bien anímicamente, y al día siguiente debía trabajar, así que saqué un par de galeones y los dejé sobre la barra, cubrirían parte de las cervezas que había tomado. Luego miré a Daniel – Lo siento, pero creo que debería irme a descansar un poco. Ha sido grata la compañía y un placer conocerte – dije a modo de despedida, levantándome y disponiéndome a irme, cuando me giré un segundo – Si vas a seguir bebiendo mucho más, puedes subir a dormir arriba, que mi habitación tiene un sofá la mar de cómodo – comenté riendo al final. Quería ser buena samaritana, y que Finn lo oyera, si acababa muy borracho mejor que durmiera aquí, no fuera a salir a la calle y montara un espectáculo de magia.

Así, me despedí con un gesto de mano, sonreí a Finn y me despedí de él hasta el día siguiente. Era fácil caminar entre la gente a esta hora, no había muchas personas ya, y llevar una copa en la mano era más sencillo sin gentío. A los pocos segundos me había perdido escaleras arriba.
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Invitado el Vie Ene 10, 2014 6:27 pm

Me reí cuando me devolvió el golpe y me dijo que algunos Slytherin también pecaban mucho de ego. Pocos habían sido los Slytherin con los que me había llevado bien y había hecho amistad precisamente por ese motivo.  Irónicamente yo había sido de los típicos estudiantes que Willow acababa de definir. Pero además tenía mi inteligencia, algo que no había caído bien a los otros estudiantes. Supongo que el verme solo cuando quienes creían que eran mis amigos me dejaron no ayudó a la causa. Aunque había algún estudiante, hablando en general y sin tener en cuenta las casas, que había necesitado un buen tragababosas.

Después pasamos a hablar de las profesiones y no pude evitar sorprenderme ante la declaración de Willow. Supe disimular preguntando una pregunta completamente inocente y normal y eso sacó a la luz a los dementores. Dementores... Solo me había cruzado con uno y lo recuerdo como una de las peores experiencia de mi vida. Aunque no la peor. Ella me contó el truco del chocolate pero no se trató de nada nuevo. En clase de defensa contra las artes oscuras siempre nos lo habían dicho, supongo que era uno de los problemas de estar cambiando de profesor cada año. ¿Seguiría igual? Nota mental: preguntarle al próximo estudiante de Hogwarts con el que me cruce.

La conversación parecía relajada, amigable y entretenida pero tuve que fastidiarla con ESA frase. Me ensimismé, metido en mi mundo, pensando en todo lo que significaba esa frase para mí mientras un montón de viejas heridas no cerradas volvían a sangrar. No supe lo que hizo Willow en esos instantes pero tampoco era algo que me preocupase: la voz de inseguridad de mi cabeza me gritaba nuevamente que aquel no era un lugar seguro, que corriese y me marchase y no mirase atrás. Estuve tentado pero eso habría terminado con mi planazo de año nuevo. Con otro trago más de cerveza, conseguí callar la voz lo suficiente como para poder permanecer allí sentado hasta al menos terminarme lo que me quedaba de la jarra.

Poco después fue cuando Willow soltó su bombazo. En fin, hay gente blanca, gente negra y gente gris. Yo era de esos últimos. Supongo que tampoco había nada de malo ¿no? Asi que le contesté, sin entrar en demasiados detalles. No quería que se enterase nadie ajeno, no me apetecía hablar del tema y no tenía la suficiente confianza con Willow como para decírselo de buenas a primeras. Además, si mira los historiales de su oficina dará conmigo antes o después, así que para qué. Mi respuesta pareció satisfacerle, y le devolví la sonrisa que me dirigió.

Me quedé en mi mundo aunque no lo suficientemente abnstaído para ver como Willow se terminaba su cerveza y le pedía agua al camarero antes de volver a dirigirse a mí.

- Lo mismo digo - dije con media sonrisa cuando dijo que había sido un placer conocerme. Mi sonrisa o intento de, se desvaneció cuando me invitó amablemente a quedarme a dormir en SU sofá si seguía bebiendo de más - No, gracias - dije demasiado rápidamente. Ahora me tomará por grosero. Mierda, Daniel - Creo que después de esta jarra me iré a casa. No quiero que me dé un coma etílico, conozco mis límites.

Pero ¿los conocía? Tan pronto Willow desapareció, me giré hacia mi cerveza, la apuré de un trago y llamé al camarero. Este vino a mí en un periquete.

- Un whisky de fuego, por favor.

- Sólo si va acompañado de una habitación.

Eché la cabeza hacia atrás. ¿Lo había oído bien? ¿O estaba empezando el alcohol a hacer mella en mí?

- ¿Eh? - mi cara de estúpido sería digna de recordatorio.

- Ya ha bebido mucho por hoy. No es prudente que si sigue bebiendo, se aventure por el Londres muggle usted solo.

- No estoy solo. He venido con... - miré a mi alrededor, tratando de enfocar con la vista a un simple candidato, uno adecuado. Tardé más de lo habitual y vi como el camarero se daba cuenta así que volví la vista al frente con gesto de derrota. - Dígame cuanto es.

Le di al hombre los galeones que me pidió e ignoré sus consejos de si debería quedarme allí con todo lo que había bebido. Me levanté del asiento y me tambaleé un poco a un lado. Pero no fue culpa mía. Era el Caldero, que se movía. Porque como todo caldero, da vueltas. ¿Pero por qué da vueltas? Logré enderezarme lo suficiente como para salir por la puerta. Por suerte el aire frío de la calle me despejó lo suficiente como para conservar algo de cordura y, con una última mirada triste al local, eché a andar calle arriba camino del autobús muggle que me dejase más cerca de casa.
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