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Funny games | Bellatrix [Priv]

Invitado el Jue Mar 03, 2016 6:12 am

18:20 pm.

Ted había cerrado la librería más temprano de lo habitual. Necesitaba resolver un par de cuentas, reordenar el inventario, enviar cartas a tres editoriales distintas para que quisieran vender sus libros en Flourish & Blotts, e ir a buscar un encargo especial a Knockturn. Esperaba no terminar demasiado tarde, pues sabía que Andrómeda estaba atareada también con una entrega de pociones para el día siguiente, y la pequeña Nymphadora no daba tregua en ningún momento. Ted llegaría a casa a cuidar de ella, para permitir que su esposa terminara su trabajo con más calma.

Una vez los vendedores y ayudantes se fueron, el muchacho se encerró en su pequeña oficina a organizar todo. Hizo cálculos y sacó el total de galeones que debían pagar de cuentas, que no era tanto. Reordenó las categorías de libros escolares por asignatura, y no por orden alfabético, porque era más enredado. Luego escribió las cartas para las editoriales, todas con pluma, aunque Ted prefería usar bolígrafo. Le era mucho más cómodo, pero sabía que no todos los magos veían bien ese objeto de origen muggle. Se encargó de que su lechuza llevara las tres cartas bien sujetas a sus patas antes de dejarla volar.

Finalmente cerró la tienda, y caminó con rapidez hasta el Callejón Knockturn.

No era su lugar favorito. Siempre lo evitaba, pero en esa ocasión no podía. El día anterior un cliente había consultado por un libro sobre los orígenes de la magia oscura en la cultura celta. Era desconocido, Ted jamás había oído hablar de él. El cliente que lo quería era algo extraño, y le pidió que por favor lo consiguiera con urgencia. Así hizo Ted, y fue a buscarlo a el único lugar donde se le ocurrió que podía estar: Knockturn. Y estaba. Lo halló en una librería de mala muerte, pequeña y polvorienta, atendida por un mago decrépito y huraño. Ted hizo la compra con rapidez, y salió de la oscura librería. Ya se hacía de noche. El callejón estaba prácticamente solitario, de no ser por un par de magos con cara de pocos amigos.

El muchacho caminó con el libro bajo el brazo, y no alcanzó a dar más de cinco pasos cuando su visita a Knockturn dio un giro completamente inesperado. Se abrió la puerta de una tienda que estaba un poco más adelante, y frente a él salió una mujer joven, de cabello oscuro y figura delgada. Apenas la vio, Ted se detuvo. Contuvo la respiración, sorprendido y tenso por el encuentro inesperado. Era Bellatrix. La reconoció enseguida. Pensó a toda velocidad en qué hacer: ¿ignorarla? ¿irse rápidamente? Ninguna era opción válida, ya que la joven lo miró a los pocos segundos de salir de la tienda, y lo reconoció en un dos por tres.

Ted ya no tenía escapatoria, Bellatrix iba hacia él. El muchacho la veía acercarse con el corazón latiendo frenético. Le temía, siempre le había temido, pero también la odiaba y ese odio era más grande que su miedo. No la había visto en años, pero sabía que en algún momento tendrían que verse las caras. No esperaba que fuera tan pronto, pero aún así se preparó para hacerle frente.—Bellatrix—le dijo a modo de saludo. Su cuerpo estaba tenso, su rostro totalmente serio. Apretó el libro en su mano con fuerza. Sus ojos reflejaban todo el remordimiento acumulado hacia ella, un remordimiento que le era imposible ocultar.—Qué gusto verte. Tanto tiempo ¿no? ¿Qué te trae por aquí?—preguntó, mordiendo el sarcasmo de sus palabras. No supo de dónde había sacado ánimos para decirle todo eso. No sabía su reacción. Bellatrix era impredecible, un desequilibrio constante... un peligro en potencia. Ted siempre la había sentido así.
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Invitado el Vie Mar 04, 2016 3:55 am

Las clases de Oclumancia eran de suma importancia pero no tan absorbentes y la jornada laboral de Bellatrix acababa casi siempre cerca de las seis. Ese día se encontraba especialmente ansiosa e intranquila, desapareció del Ministerio apenas se desocupó y apareció finalmente en el Callejón Knocturn.

No había nada en especial que fuese a comprar ese día pero sin duda una visita a las tiendas usuales le traería ideas interesantes -como siempre- y fue precisamente lo que sucedió, salió de Borgin y Burkes con selectos objetos que a primera vista servirían solamente para la decoración de su adorada mazmorra, la misma era una pequeña habitación casi en el sótano del hogar de los Lestrange y servía nada menos que para torturar y jugar con los monigotes que a Bellatrix se le antojaba llevar a casa, menos frecuentemente usada por Rodolphus aunque no por eso pasaba de visitarla.

Caminó algo más adentro, esperaba entrar a la tienda "Moribundo" pero mirando de reojo encontró algo que se cruzó en su vista y no era precisamente agradable aunque disfrutó en demasía la rigidéz del cuerpo ajeno y los ojos de sorpresa cuando ambos se encontraron a lo lejos; no dudó para nada en acercarse lista para escupir veneno.

-Iugh, tú -

Respondió cuando él dijo su nombre y a pesar de que había pasado tantísimo tiempo podría recordar el rostro de ese sangre sucia por haber arruinado parte de su preciado árbol genealógico casándose con su hermana -ex hermana, preferiría- y procreando una chiquilla que llevaba ya una mancha imborrable en su historial.

-Gusto era no verte, Tonks -exclamó con una inconfundible cara de asco, la ironía del hombre se notaba en cada palabra pero Bellatrix no podía concebir que le hablara de esa manera tan jovial.

-Ni siquiera debería dirigirte la palabra pero me sorprendo a si misma por mi útil cortesía -le dijo, analizandolo de arriba a abajo sin tapujos -No se como mi he... Andromeda pudo elegir semejante cascajo de hombre para ir al altar -

La suerte de Ted estaba echada, ese había sido un pésimo día para encontrarse con su cuñada.
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Invitado el Dom Mar 06, 2016 6:38 am

Ted frunció el ceño al ver la descarada reacción de Bellatrix. Destilaba asco, desprecio, como si estuviese mirando una cucaracha y no a un humano. Aún así la joven se acercó a él, con paso decidido, como si hubiese ensayado esa situación. Como si supiera qué hacer al encontrarse con su indeseable cuñado.—Vaya, no has cambiado nada—dijo con una sonrisa forzada, cínica, y también cargada de ironía.

Lo cierto era que sí había cambiado. Ted no la veía desde que se casó con Andrómeda, cuando comunicaron la noticia a la familia Black y se desató el caos. Habían pasado cuatro años desde entonces, y Bellatrix se veía mucho más empoderada y segura que antes.—Es lo mínimo que debes hacer cuando te encuentras a un conocido ¿sabes? Dirigirle la palabra. Pensé que en la alta sociedad se usaban los buenos modales. ¿Qué te trae por aquó?—entrecerró los ojos un poco mientras pronunciaba todo aquello. Ni siquiera estaba de acuerdo con lo de tener buenos modales, pues de tener la oportunidad habría pasado de largo sin siquiera mirarla. Ni siquiera quería provocar a Bellatrix, pero al tenerla ahí, frente a él, era inevitable sacar poco a poco el remordimiento que tenía acumulado contra ella.

Ted no pudo evitar sentir una nueva punzada de rabia ante el repentino insulto que recibía. Apretó los puños.—Gracias por el cumplido. Cascajo o no, eligió una vida conmigo. Y tomando en cuenta que Andrómeda es la única persona cuerda de esa familia... no fue una mala decisión escapar. Es mucho más feliz ahora, aunque dudo que eso sea de tu interés—espetó, aguantando sus ganas de empapelar a Bellatrix con insultos. Sabía que eso traería riesgos. A lo largo de sus 23 años de vida tuvo pocos miedos... pero uno de ellos era su cuñada. Bellatrix, su inestabilidad y odio por los sangre sucia. Aún así la miró a los ojos en todo momento. No quería que le viera bajar la guardia.
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Invitado el Jue Mar 17, 2016 3:25 am

Rio con desdén y como solo ella podía hacerlo, una expresión torcida que deformaba sus facciones sumada a un sonido más parecido a una urraca que a un humano.

-Yo no tengo porque cambiar nada de mi.

Posó en su cintura la mano derecha, la túnica que llevaba puesta estaba lejos de ser estilizada y al contrario ocultaba sus formas así como también ocultaba la localización exacta de su varita que ahora estaba peligrosamente cerca de su mano diestra aunque todavía dentro de la ropa.

-Precisamente por eso, Tonks, hay niveles y el suyo está muy lejos del nuestro... Equivalente a saludar a un Elfo Doméstico al entrar a la cocina -se burló -Y el que me traiga por aquí no es asunto tuyo, tampoco me importa a mi que te trae por aquí pero deberías ser más cauteloso de a donde diriges tus pasos... Hay muchos magos oscuros por ahí.

Se acercó a paso lento, la parsimonía de sus movimientos no correspondía a la rapidez con la que las ideas viajaban por su mente y le daban mil y un formas para cortarle las cuerdas vocales al infeliz que tenía al frente y dejarlo mudo de por vida.

-Dudo mucho que Andromeda tenga idea de lo que realmente le conviene y favorece -explicó, aproximándose cada vez más -La cordura de los Black es poco cuestionable si viene de una persona que ni siquiera posée un apellido respetable -su mano derecha entró en la túnica y tomó su varita por el mango, la deslizó entre sus dedos y una vez fuera y suficientemente cerca de Ted apuntó a su cuello, la punta casi llegaba a tocar su piel -Tal vez debería ayudarle a revindicarse, aun está a tiempo de que pueda volver a llamarla hermana.

Piertumordem!
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Maestro de Dados el Jue Mar 17, 2016 3:25 am

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Invitado el Lun Mar 21, 2016 2:45 am

Se quedó serio y sin respuesta tras la repentina risa de Bellatrix. Esa risa desafinada, aguda y sin control alguno. Desde el colegio la detestaba, al escucharla casualmente por los pasillos y saber que debía prepararse para un encuentro cara a cara con su cuñada.—Qué poco original compararme con un elfo doméstico, Bellatrix—dijo, tras una breve risa llena de tensión—No vengo por diversión, sino por trabajo. de hecho, ya estaría en casa si no fuera porque, lamentablemente, decidí saludarte—siseó, sintiendo un deseo apremiante de largarse y estar en el apartamento junto a Andrómeda.

Sin previo aviso, Bellatrix comenzó a acercarse. Ted, por reflejo natural, retrocedió un paso, pero luego se detuvo. Por una cuestión de orgullo, no quería que ella le viese dudar o temerle. No, no podía demostrarlo, no podía darle el gusto de ver miedo en él. Ted luchó por quedarse firme y mirarla a los ojos, a esos ojos negros como pozos sin fondo.—Claro que sabe lo que quiere. Y jamás habría luchado por llevar el apellido de una familia que le dio la espalda—espetó, tensándose cada vez más. Cada músculo de su cuerpo estaba firme mientras la distancia entre él y Bellatrix se reducía a poco más de un metro.

Fue entonces cuando Ted se percató de la mano de Bella: estaba dentro de su bolsillo. Se dio cuenta demasiado tarde. La joven sacó rápidamente la varita, apuntándole a Ted en plena garganta. La respiración del muchacho se agitó, y su corazón latía salvajemente. Estaba realmente loca si pensaba atacarlo sin ningún motivo previo. Ted no pensó que lo haría. La había subestimado completamente. Las últimas palabras de Bellatrix, macabras y amenazantes, le dieron tiempo para él sacar su varita. Sin embargo, no alcanzó a pronunciar toda la defensa. Bellatrix fue mucho más rápida.

¡Impedim...!—fue lo que alcanzó a decir antes de que el piertumordem le golpeara en el pecho y le enviara hacia atrás. Ted cayó de espaldas al suelo oscuro y adoquinado del Callejón. El libro que llevaba en la mano se le cayó, pero no le dio importancia. Se quedó sin aire por unos momentos, pero lo recuperó pronto. Jadeante, se levantó lo más rápido que pudo, y entre el miedo y la rabia que sentía, se le ocurrió un hechizo para contraatacar a Bellatrix.

¡Expulso!—le daría con lo mismo que ella le había dado. Al momento de lanzar el ataque, Ted sintió una terrible sensación. Bellatrix haría cualquier cosa para salirse con la suya. Fuera cual fuese el resultado de aquel duelo improvisado, sabía que ella se ensañaría más de la cuenta. Sintió miedo.

Off: Primer dado es de defensa, la cual no funcionó, pues es menor a 16.
Segundo dado, ataque (Expulso).


Última edición por Ted Tonks el Lun Mar 21, 2016 3:04 am, editado 1 vez
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Maestro de Dados el Lun Mar 21, 2016 2:45 am

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Invitado el Lun Mar 21, 2016 2:54 am

Off: El próximo es dado de ataque. Luego edito el post anterior.
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Maestro de Dados el Lun Mar 21, 2016 2:54 am

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Invitado el Vie Abr 08, 2016 5:03 am

Se mordió el labio inferior mientras avanzaba, no era un gesto sensual como la mayoría de las veces se venia en otras mujeres, era un gesto de contención y un pequeño esfuerzo por no lanzarle un Avada ahí mismo a sabiendas de los problemas que eso causaría, había quedarle crédito al pordiosero pues le mantuvo la mirada todo el tiempo y ella disfrutaba de una manera sádica tratando de leer en ellos algo más que su triste intento de valor, deseaba ver miedo en su estado puro.

¡Una familia que le dio la espalda!

Gritó, fuera de sus cabales, tan cerca que seguramente aquel grito le lastimaría los tímpanos.

Una familia a la que ELLA le dio la espalda, una familia que le dio todo y la que agradeció con nada.

Tras lanzar su ataque vio jubilosa que había sido rápida o que el sujeto realmente era estúpido, no terminó de conjurar una defensa cuando Ted ya estaba en el suelo y Bellatrix expresó su pequeña victoria con otra de esas carcajadas que congelaban la sangre, iba de nuevo a por él dispuesta a atacar cuando le lanzó un impecable expulso que amenazaba con dejarlos en igualdad de condiciones.

-¡Protego!


Su hechizo de defensa no funcionó como le hubiese gustado y salió disparada hacia atrás.
En su cabeza, miles de engranajes comenzaron a funcionar estrepitosamente tratando de buscar una solución a lo inevitable, su cuerpo se comprimió buscando la mejor forma de caer y no resultar tan lastimada.
Su espalda dio en seco con un muro y aun así mantenía su varita aferrada, lo miró desde lejos, ese maldito…

¡Maldito Sangre sucia!

Dijo entre su intento de levantarse rápido, el muy hijo de puta había sido más rápido que ella por solo un momento y le había causado dolor físico… Se acababa de ganar un lugar en su lista, pronto iría por él, por Andromeda y por su hija indigna.

Off: Te toca atacar T___T los dados me odian.
Disculpa la tardanza, he tenido días maaaalooooos y mi inernet está en mi contra, pero sigo aquí lo juro!


Última edición por Bellatrix Lestrange el Vie Abr 08, 2016 5:08 am, editado 1 vez
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Maestro de Dados el Vie Abr 08, 2016 5:03 am

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Invitado el Dom Abr 10, 2016 5:19 am

Ted no pudo evitar encogerse ante el potente grito de Bellatrix. Su voz era siempre un trueno destemplado y terrible, un instrumento desafinado pero formidable y ensordecedor. Su risa fría retumbó en los oídos de Ted, y tuvo el impulso de tapárselos con ambas manos, pero aguantó. La evidente falta de cordura de Bellatrix lo exasperaba, no sabía qué decir ni cómo reaccionar ante ella. Sólo sabía una cosa: no quería que su miedo se notara en ningún momento. —¡Agradecer! ¡La borraron de la familia, le cerraron todas las puertas, y aún así piensas que Dromeda tiene que agradecer!—exclamó el muchacho, sus palabras estaban llenas de rabia y nerviosismo. En su interior maldijo a Bellatrix y a los Black como tantas veces lo había hecho. Los maldijo por haber hecho sufrir a la persona que más amaba en el mundo. Maldijo aquel mismo día por haberse topado con su, lamentablemente, cuñada.

Su corazón latía fuera de sí, con galope sin control. Acababa de lanzar un hechizo a Bellatrix, un ataque efectivo que la empujó hacia atrás con fuerza. La parte irracional de Ted disfrutó de la pequeña victoria, pero su cerebro le hizo entrar pronto en razón: atacar a Bellatrix era una de las peores cosas que podía hacer. Sintió como si la mujer se transformara de pronto en una serpiente venenosa. Desde la oscuridad, sus ojos inyectados de furia le miraron con un destello letal. "¡Maldito sangre sucia!", gritó fuera de sus cabales. El grito hizo que el corazón de Ted se encogiera, pero el insulto no pasó desapercibido. El muchacho tenía resentimiento contra ella y todos los Black, un resentimiento que traía desde Hogwarts. Por los malos tratos, por las miradas despectivas hacia él, pero por sobretodo se trataba de Andromeda. Él la había visto sufrir y desgarrarse luego de ser abandonada por su familia entera. Y no se lo merecía. Bellatrix, en cambio, sí merecía todas las maldiciones del mundo.

El muchacho, con la respiración agitada, volvió a apuntar con su varita a Bellatrix rápidamente.—Tu corazón está seco, Bellatrix—le dijo, mientras su mano temblaba. No sabía si sus palabras tenían sentido, pero la adrenalina llenaba sus venas y le era difícil pensar reflexivamente. Ni siquiera debería apiadarse de ella... ni siquiera...

¡Expelliarmus!—conjuró. Sin embargo, algo no resultó como quería. No supo si fueron los nervios, o su varita no quería obedecer, pero el hechizo salió convertido en unas cuantas chispas que daban lástima. Ted volvió a agitar su varita con impaciencia, pero nada salió de ella salvo chispas débiles. Las varitas reflejan el interior de su propietario y están en conexión con él. Ted estaba tan alterado por tener a Bellatrix frente a él, que su varita tradujo esa alteración y anuló el hechizo.

Off: Como me salió 8 en el dado, consideremos que el Expelliarmus de Ted no funcionó y así quedamos e igualdad de condiciones jaja. Y no te preocupes, también he estado muy ocupada D:
Es tu turno de ataque (:


Última edición por Ted Tonks el Dom Abr 10, 2016 5:34 am, editado 1 vez
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Invitado el Lun Mayo 02, 2016 1:10 am

Bella pensaba a su propia manera, no permitía que nada se atravesara en el pensamiento formal que se había estado amoldando desde el momento de su nacimiento ¿Y por qué hacerlo? Si también le habían enseñado que SIEMPRE tenía la razón, contradecirla era francamente inútil y Ted Tonks lo sabría ese día. Ciertamente el joven tenía la verdad en sus manos y Andrómeda no tenía que agradecer nada en absoluto, sin embargo para Bellatrix era imposible entenderlo de esa manera.

La morena sonrió, una sonrisa retorcida y marcada que gritaba demencia por donde la vieras, abrió los ojos más allá de lo natural y su furia se convirtió en carcajadas otra vez al ver el rostro de su oponente ¿Qué veía? Buscaba detrás de ese falso valor y desición un depojo de terror, le encantaba el rencor en su mirada, adoraba el odio que le obsequiaba ese simple vendedor de libros con su patética postal familiar de felicidad... Y no podía dejar de pensarlo, una patética postal familiar creada a costa de los honorables Black.

"Tú corazón está seco, Bellatrix"

Podía ser que hubiese algo de razón en ello pero siempre existían excepciones a las reglas e incluso en ella había... Amaba a su señor Voldemort como nunca amaría a nadie más, era leal a él y a su marido Rodolphus de quien podía decirse que sentía algo muy parecido al amor -si cabía, o si a caso se pudiera amar a dos personas a la vez- y sobre todo se idolatraba a si misma y creía ser el ser más perfecto que pululaba sobre la tierra y era precisamente la razón por la que estaba justo ahora embarrándose de mierda en ese jodido duelo.

-Oh -expresó con fingida pena -¿Seco? -ahora se burlaba, acercándose otra vez como una serpiente al acecho, orgullosa Slytherin -No está seco, gusano... ¡Yo no tengo corazón!

Después de aquello, Ted lanzó un Expelliarmus que parecía hecho por un alumno de primero y ni siquiera logró tocar su varita por lo que la risa -nuevamente- no se hizo esperar y Bella dejó de hacer las cosas cardiacas, sacaría lo que le gustaba.

-Hasta para eso eres malo ¿Qué te puedo decir? Mal duelista, mal hombre, sangre sucia, despojo... No acabaría con la lista -se burló.

-¡Crucio!

Ya más cerca que antes lanzó su maldición favorita al hombre, quería verlo sufrir y ansiaba que se retorciera en el suelo como la alimaña que era.
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