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Runaway [Ashley Rodwell]

Danielle J. Maxwell el Miér Jun 15, 2016 3:24 pm

Domingo 12 de junio.
Campo de quidditch.

¿Sabéis cuál era la mejor solución a la desmotivación? El chocolate, pero no me queda. ¿Sabéis cuál era la segunda mejor solución para la desmotivación? Hacer una travesura. Estaba tan harta de estudiar para los exámenes finales y estaba tan desmotivada por haber perdido la final contra Slytherin en el quidditch que necesitaba algo que consiguiera liberar mi mente de tanta presión; presión que había aparecido repentinamente en mi cabeza y que, sinceramente, era muy molesta.

Casi todos mis amigos estaban estudiando por lo que decidí ejecutar mi infalible plan por mi propia cuenta. Según tenía entendido el equipo de quidditch de Ravenclaw estaba jugando un partido amistoso como despedida antes de fin de curso, por lo que no dudé ni un segundo en ir hasta allí.

Llevaba polvos picapica, de esos muggles que se compran en cualquier tienda —obviamente— muggle. Los tenía desde hace tiempo, ya que en navidad había ido a una tienda con mis amigos para armar un poco el jaleo en las fiestas del pueblo. Y como me había sobrado… es igual de divertido tocar un poco la moral en el mundo muggle como en el mundo mágico. Me colé en el vestuario de Ravenclaw aprovechando que no había nadie y utilicé los polvos picapica en cada uno de los recambios de ropa que habían llevado los jugadores. Tras acabar y quedarme sin nada de polvos —ya que fui bastante generosa echando—, salí de allí y subí las escaleras tranquilamente para ponerme como espectadora del partido. Habían algunas personas alrededor de todo el campo, observándolo con curiosidad para pasar el rato.

Me senté y observé, sobre todo a la buscadora oficial como a la buscadora suplente que, en ese momento, estaban jugando. Me puse a pensar inevitablemente en el partido de la final y en cómo la cagué enormemente dándole la derrota a mi equipo… para colmo no ayudaron nada las malas noticias que me dieron después. ¿Pero de qué me sorprendo? No sé en qué momento pensé que una relación con un buen amigo podría funcionar. Definitivamente pensar que una relación en donde yo esté implicada podría salir bien, había sido un absoluto error.

Me acosté en las tablas de madera que conformaban aquellas gradas, llevando las manos hacia atrás de mi cabeza y flexionando una pierna, ya que llevaba pantalones y ropa de calle al ser fin de semana, vamos, unos pantalones, un suéter bastante calentito y unos pelos que evidentemente reflejaban que yo y mi peine no nos llevábamos bien. Miré al cielo y me quedé así un buen rato, escuchando de fondo a los jugadores gritar, los golpes de las bludger y a los espectadores animando. Hacía un día espléndido, despejado e incluso podía decir que hacía calor si no fuera por esa brisa fría que caracteriza siempre al clima de Escocia.
Danielle J. Maxwell
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Invitado el Vie Jun 17, 2016 7:40 pm

No solía desaparecer de Hogwarts los fines de semana. Para qué, Hogsmeade terminaba siendo cansino y no me faltaba nada del otro mundo, además, el curso se acercaba a su fin y me daba igual no tener pergaminos para las últimas dos o tres clases. Por lo tanto, aburrida y sin nada que hacer, me vestí de la forma más fresca posible de entre todo mi repertorio escondido en el armario de mi habitación, optando por una camiseta de tirantes blanca y sencilla, unos pantalones tejanos cortos y unas bambas óptimas para hacer saltitos y cabriolas. Me encantaba usar los bancos como herramientas para dar saltos acrobáticos, pese a haberme torcido el tobillo en infinitas ocasiones al caer mal al suelo. Qué diantres, una vez incluso llegué a comerme el suelo por calcular de pena. Pero como me apasionaba demasiado hacer peripecias al alcance de poca gente, disfrutaba como una enana.

Entre pitos y flautas, terminé llegando al estadio de Quidditch levemente animada ante la premisa de un partido amistoso de Ravenclaw. Aunque el equipo, en mi humilde opinión, daba pena y vergüenza ajena. Pese a todo, terminé acercándome al no tener nada mejor que hacer salvo caminar y dar algún que otro salto. Hogwarts era terriblemente aburrido, a veces, y no tenía ganas de que Ian me salvara la tarde con alguno de sus métodos. Quería pasar un día tranquila, aunque eso implicara aburrirme como una puta ostra.
Entre las gradas, bastante vacías por obvias razones, vi la silueta de Danny tumbada y mirando al cielo. Hice lo mismo, creyendo que estaba mirando alguna nube suelta de forma extraña. No había nada, por supuesto, ni una mísera mancha blanca ensuciaba la gran bóveda azul que se extendía sobre nuestras cabezas. Me encogí de hombros, sin más, y caminé hacia ella.

Mi forma de decir hola fue bastante peculiar. Me senté sobre su vientre, con una pierna a cada lado e intentando estar cómoda, apoyé una mano al lado izquierdo de su rostro y otra en el derecho y terminé inclinándome sobre ella. No, nuestros rostros no se quedaron a milímetros de tocar el uno con el otro, al contrario, estaban bastante lejos. Borrad cualquier imagen de un beso lésbico de vuestras mentes, eso no ocurrirá aquí.
Lo tuyo con el peine es de película —le dije, sin entrar en detalles. Con verla bastaba. Sonreí de medio lado sin la intención de apartarme—. Y no haces buena cara. Vamos, anímate un poco o terminarás tirándote de la torre de astronomía. ¿Y qué mierda estás haciendo con un suéter? —Toqué la manga con una ceja alzada. Contrastaba mucho con mi ropa, naturalmente. Ciertamente, yo pasaría frío de no haber entrado en calor de camino, además, el sol picaba bastante fuerte a estas horas. Muy posiblemente tenía la frente perlada de sudor en mayor o menor medida—. Si te faltaba ropa podrías habérmelo dicho, que habríamos ido a comprar algo. Así que… qué, ¿Quieres hacer algo esta tarde? —Miré hacia un lateral ante el grito de un aficionado que se asustó sólo porque una bludger pasó cerquita de él. Negué con la cabeza, asumiendo que era de primero. O un miedica de campeonato.

No obstante, sabía que la finlandesa era conocida por estar mucho tiempo castigada. Repentinamente, arqueé una ceja y la miré curiosa, torciendo el gesto. Pasé de estar seria a sonreír con malicia.
Tú has hecho alguna travesura. —No lo pregunté. Al contrario, lo afirmé. La conocía demasiado bien como para saber que no estaba ahí meramente reflexionando sobre la vida, algo que también podría estar haciendo perfectamente—. No, no me pienso mover de aquí hasta que me digas qué has hecho. Además, no es tan incómodo como parece. ¿Has echado salsa picante a las bebidas? ¿Puesto una trampa en una puerta? ¿Un rastrillo estratégicamente colocado para que alguien lo pise y se dé de morros en la cara? ¿Chinchetas en una silla de la biblioteca? —Me reí con maldad. Aunque no era tan propensa a las bromas, sino a las peleas por cualquier razón, tenía mi lado de víbora cabrona—. Por cierto, hola. ¿Qué tal estás hoy? —dije al fin, entre suaves risitas divertidas.
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Danielle J. Maxwell el Vie Jun 17, 2016 11:30 pm

Había cerrado los ojos para tomarme una pequeña siesta allí, sin motivo aparente, solo porque podía. Hacía calor y no entendía qué pensamiento retrasado me hizo ponerme la sudadera y es que me estaba achicharrando debajo de esa prenda de ropa que, por Merlín, menos mal que era suave y bastante ligera. Sin embargo, casi me sale el corazón por la boca cuando noté como alguien se sentaba encima de mí. Abrí los ojos de golpe para ver cómo Ashley, muy cómoda ella, me utilizaba como cojín personal. Esbocé una sonrisa bastante feliz cuando comenzó a hablar, nombrando, como no, a mi pelo.

¡Cállate! —dije remolona y divertida mientras me llevaba las manos a la cabeza para despeinarme todavía más. Tenía el pelo suave, pero tremendamente despeinado, aunque probablemente por lo primero me pasaba mucho lo segundo. ¡Y porque tenía mucho pelo también! ¡Era imposible domar a la bestia!—. Es que tengo sueño y estoy aburrida. ¿Qué cara quieres que tenga? Y debería estar estudiando y aquí me tienes, ganduleando, para variar, y eso me hace sentir una persona terrible e irresponsable que se merece la muerte al sol bajo achicharramiento… —Solté aire divertida y me revolví debajo de ella para quitarme el suéter—. Qué me muero de calor, jolin… —añadí a la par que me quitaba la prenda de ropa y me quedaba con una camisa de tiros, cogiendo aire profundamente ante el fresquito—. ¿Tienes algo en mente? Yo estaba entretenida ejerciendo como estudiante ejemplar. ¿No me ves? —bromeé.

A ver… no era muy difícil verme cumpliendo algún castigo, o verme delante de algún profesor perdiendo puntos —¿por qué se creen que este año no ganó Hufflepuff la copa de las casas?—, por lo que era lógico pensar que siempre estoy metida en medio de algún tipo de… gamberrada. Que sí convirtiendo a las personas del Gran Comedor en pollos gigantes que pían con unas galletas, que si conspirando con la tranquilidad de los profesores, que si buscando la manera de hacer que las lechuzas se vuelvan locas y entren a la biblioteca en plena hora punta de empollones mientras cagan por todas partes…

Y claro… cuando una persona me conocía, como era el caso de Ashley, no era difícil encontrar en mí esa traviesa sonrisa que designa que he hecho alguna cosa mala. Aunque a decir verdad, ha sido tan nimio que ni tengo ganas de ver los resultados. Con escuchar desde aquí los gritillos de queja tenía suficiente.

Qué bien me conoces —contesté divertida, ya que negarme sería tontería. Aunque luego tuve que soltar una divertida carcajada cuando nombró lo de las chinchetas en la silla de la biblioteca, recordando posiblemente una de las travesuras con las que más me he reído—. Uy, casi casi. Una vez le puse pegamento a la silla de la bibliotecaria, esperé a que se sentara y me puse a tirar petardos por todas las secciones. La bibliotecaria se levantó dejándose la falda detrás. ¿Te digo cuántos pasos dio antes de darse cuenta de que estaba en ropa interior? —dije con una voz cargada de risa, justo antes de reírme al final—. Pero nada, hoy no estoy de ánimos. Les he puesto polvos pica pica a tus compañeras en su recambio de ropa de vestuario. Mi obra maestra, vamos… —ironicé divertida.

En otro momento a lo mejor me hubiera molestado que se hubieran sentado sobre mí, pero estaba hasta cómoda. Además, gracias a su posición el sol no me daba en los ojos ya que ella me hacía la sombra por lo que podía mirarla tranquilamente. ¿Mal que por bien no venga? Ese dicho nunca había tenido tanto fundamento.

Bien. Bueno, algo desanimada. —A ver, tener secreto que tus mejores amigas era una absoluta pérdida de tiempo. Rhea y Ashley probablemente eran las que mejor me conocían y sabían si algo no iba bien—. Estudiar me desanima la vida. Encima ya sabes lo ilógicamente en serio que me tomo el quidditch y la derrota me ha tocado la fibra sensible de la patata. ¿Y tú qué tal? ¿Qué haces que no estás estudiando como buena Ravenclaw que eres? —Sonreí.

Lo cierto es que no quería darle más importancia de la que tenía esa estúpida ruptura de una relación que no iba a llegar a ninguna parte. Ya estoy acostumbrada a ese tipo de situaciones de rechazo. Lo único que tenía que hacer era no darle importancia.
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Invitado el Sáb Jun 18, 2016 7:03 pm

Muy a mi manera, mi trato con el peine guardaba una cierta similitud con la relación que Danny tenía con el suyo. Generalmente, nunca solía peinarme porque lo veía una absoluta pérdida de tiempo, tan solo me lo alisaba con las manos. ¿Para qué malgastar unos cuantos minutos en lucir una melena perfecta, si al cabo de un cuarto de hora ésta ya se habría alocado debido a saltitos o a alguna pelea casual? De todos modos, alcé las manos fingiendo ser inocente cuando ella se terminó de despeinar, en un gran intento cuya finalidad, creí, era la de emular una medusa. Sin llegar a petrificar a nadie, claro.
Yo también debería estar estudiando y no merezco ninguna muerte por achicharramiento. Son libros, no se van a mover de su sitio —dije con absoluto desdén, moviendo la mano de un lado para otro, restándole importancia al hecho de repasar temas impartidos en clase. ¿No os he dicho ya que iba camino de ser la peor Ravenclaw de la historia?
Al verla removiéndose, me levanté un poquito para facilitarle que se quitara el suéter, si bien podría haber demostrado algo de maldad y dificultarle dicho acto. Si no lo hice, fue porque nadie se merecía pasar tantísimo calor. Asimismo, chasqueé la lengua y negué con la cabeza a modo de respuesta. No, no tenía nada en mente.

Demasiado —contesté, cruzando los brazos en un gesto de victoria. Saber qué clase de ocurrencias había tenido la Hufflepuff no era tan difícil como podía parecer—. ¿No te ayudé a tirar petardos cuando tuviste esa idea? —pregunté con una ceja alzada, curiosa, e indagando en mis recuerdos—. Oh, sí. Dímelo, dímelo. ¿Cuántos pasos dio? —Entre risas malignas, imaginé a la pobre bibliotecaria roja como un tomate al percatarse de su situación. Una broma pesada de vez en cuando era lo mejor para reírse un rato.
Polvos pica pica. ¿Y ya está? —Miré fugazmente en dirección a la gente que jugaba el partido, con el rostro levemente ladeado—. Te he visto de mejores —terminé diciendo, devolviendo mi mirada a ella con una ceja un pelín alzada. Comprendía que, tras haber perdido su partido contra Slytherin, estuviera un poco de bajón.

Me acomodé un poquito, pues las rodillas empezaban a dolerme. Estiré los brazos cual felina, momento en el que me tronó un codo, y luego moví el cuello desde la izquierda a la derecha. También tronó, por lo que terminé suspirando.
Pues no estudies —dije rápidamente, tranquila, como si fuera la solución a todos los males—. Y sí, sé lo ilógicamente en serio que te tomas el montar en escoba. A este paso me lo vas a pegar y terminaré como cazadora de Ravenclaw el año que viene sólo para no ver cómo vuelan por el campo como un par de palomas con las alas rotas. Y como buena Ravenclaw que soy, no estudio porque soy la hostia reteniendo información. Estudiar es para mentes inferiores que no son capaces de vivir con lo que se da en clase —argumenté divertida y con ironía, sin querer ofender ni molestar. En realidad, si no estudiaba era por falta de concentración o por simple pereza. Y porque no era necesario, ya sacaba notas aceptables sin tener que empollar como una loca.

Se me hace raro que el curso esté a nada de terminar. Me apuesto lo que quieras a que séptimo no es tan difícil como la gente dice, pero noto un cosquilleo en el estómago siempre que pienso en los exámenes finales. Y luego puede que deba decantarme por una carrera universitaria o no. ¿Te imaginas? Creo que seré la criatura mágica con más estudios de todo el mundo —bromeé nuevamente, pues a veces me gustaba hacer la gracia y decir que no era una humana, sino una criatura mágica. Incluso tenía un carné que me acreditaba como tal—. ¿Quieres seguir aquí debajo de mí o mejor nos damos una vuelta mientras me cuentas tus maravillosos planes para estas vacaciones? —sugerí, si bien me daba igual que nos quedáramos en las gradas. Tenía el sol detrás, sí. Me empezaba a arder la nuca, sí. Temía por mi integridad física, porque todo el mundo sabe que no hay nada más peligroso que una quaffle lanzada con una puntería de mierda, sí. Pero también era entretenido estar con Danny, ya fuera “sentada” en ella o yendo por ahí.
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InvitadoInvitado

Danielle J. Maxwell el Mar Jun 28, 2016 6:02 pm

Recordar mis obras de artes me hacía ponerme muy feliz. Aquella vez en dónde pasó lo de la bibliotecaria me cayó un castigo ejemplar, pero valió totalmente la pena. A pesar de que me encantara hacer travesuras, tenía un defecto y es que siempre me pillaban. Posiblemente por eso yo era un de las pocas que tenía un expediente abierto y ahora tenía que relajarme un poco. Aunque no sé por qué motivo ya no tengo la imperiosa necesidad de hacer cosas. ¡Milagrosamente me he vuelto más responsable!

Dio como diez, porque se recorrió toda las entradas a los pasillos para ver de dónde venía el ruido de los petardos. De hecho se dio cuenta de que estaba sin falda porque me pilló tirando un petardo, la vi en bragas y le señalé. —Solté una divertidísima carcajada al no poder evitarlo—. Qué sublime de verdad… —Me quité una lagrimita que me había salido de la risa. Luego resoplé divertida y puse levemente los ojos en blanco—. ¡Lo sé! Hoy no es mi día, pero tenía que gastar esos polvos pica pica, que los tenía en mi baúl desde navidad. Es una travesura un poco meh… pero ya verás que risas cuando las veas salir afuera para restregarse con el césped en busca de calmar su escozor. —Fruncí la nariz en un gesto malicioso.

La solución de Ashley me gustó. No quiero estudiar, pues no estudio. ¡Qué fácil! Luego suspendo, claro, pero por lo menos soy feliz. Negué con la cabeza ante su consejo mientras la escuchaba. Yo también tenía una facilidad de retención de información que ni yo me creía, pero aún así tenía que estudiar por toooodas esas veces que voy a clase y no presto atención.

Mejor preséntate para golpeadora, así sé que tengo una amiga en Ravenclaw que no querrá verme muerta por una bludger —dije con sinceridad—. Me daba miedo jugar contra Slytherin porque sus golpeadores son unos brutos, son de esos que ves y sabes que si una bludger te da vas a terminar en coma en San Mungo —afirmé, contándole mi auténtico pavor de jugar contra las serpientes. No me daba miedo su buscadora, ni tampoco sus cazadores. Me daban miedo sus golpeadores.

Aunque no lo pareciera, estaba super cómoda. Ashley se había sentado encima de mí, pero no me estaba apretando la barriga ni nada por el estilo. Además, me estaba tapando el sol, por lo que era un puntazo tenerla ahí para evitar terminar con el rostro como un tomate.

¡Tía a mí me pasa lo mismo! Sí, claro, vamos. —La idea de irnos de allí me parecía fantástica, porque a pesar de que estaba cómoda he de decir que aquellas gradas tenían de ergonómicas y cómodas lo que yo de pija morena. Ashley se quitó de encima de mí y yo me puse de pie, abrochándome mi suéter a la cintura con un nudo—. Yo pienso en los EXTASIS de séptimo y me entra un no sé qué qué sé yo que yo qué sé… —Fingí un escalofrío divertido—. Pero nada, no hay que preocuparse. Todos los profesores lo dicen, que con un poco de dedicación se sacan y, sinceramente, si hay gente subnormal que se lo ha sacado sin problemas, seguro que a nosotros no nos supone el menor problema —dije animada. Ahora mismo nos enfrentábamos a los de sexto, nada en comparación a lo que tendríamos el año que viene. Sonreí ante el hecho de que nombrase su condición de criatura mágica y la miré con cierta admiración—. Aún me parece increíble que seas una licántropo. Es decir, yo te veo y… pareces normal. —Sonreí ante lo raro que había sonado eso—. Quiero decir que no te imagino como tal. O más bien no quiero imaginarte... según lo poco que sé de ustedes es que las noches de luna llena no lo pasáis precisamente bien... ¿Qué haces las noches de luna llena? —pregunté con curiosidad, ya que a pesar de que sabía hace ya tiempo lo que era Ashley, jamás le había preguntado nada al respecto porque consideraba que era algo bastante privado y que, si ella quería, que me contara, pero preguntar me resultaba un poco incómodo por si excedía su zona de confort. ¡Yo que sé! ¡Por si acaso! No me gusta hacer sentir a las personas incómodas.

Comencé a caminar por la parte baja de las gradas hacia llegar a una de las columnas principales que daban lugar a las gradas más altas, normalmente en dónde se sentaba los profesores. En el interior de esas columnas habían unas grandes escaleras en forma de caracol que bajaban hasta la punta de abajo, todas de madera e iluminadas con la luz que entraba por la puerta superior de las gradas. Por lo demás, era un lugar tremendamente oscuro y bastante bueno para esconderse en un apocalipsis zombie. Bajé lentamente por allí sin darme demasiada prisa, además de que los peldaños no eran precisamente los más fiables del mundo. Entre esos peldaños de madera un tanto chungos y las escaleras móviles del castillo, uno salía de Hogwarts con desconfianza por las escaleras.

Vamos al lago, que está cerquita y seguro que se está bien bajo un árbol, para gandulear con propiedad. —ADORABA tomar la sombra bajo un árbol. Era uno de mis hobbies. Si no me encontrabas en el castillo lo más probable es que me encontraras bajo alguno de los muchos árboles de los alrededores tomando un poco la sombra, umbrasíntesis lo llamaba yo. Porque siempre he intentado hacer la fotosíntesis cual planta, pero soy tan blanca que termino cogiendo demasiado color y terminando como una gamba recién guisada.
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Invitado el Vie Jul 15, 2016 1:58 am

Un par de alegres carcajadas salieron de mis labios al recrear a la pobre bibliotecaria dándose cuenta de la broma que le habían hecho. Aunque la idea de Danny para aquella ocasión fue bastante simple, los resultados fueron más que buenos, o eso opinaba yo. Naturalmente, ciertas personas del colegio estarían en desacuerdo conmigo si escucharan mi opinión, pero poco me importaba.
Esa estuvo muy bien —aseguré entre risas, pues cuando supe que Danny fue la culpable sonreí de oreja a oreja sintiéndome orgullosa de ella pese a no participar en el plan. En ese plan, concretamente, en muchos otros sí la ayudé—. Ya tendrás mejores. Cuando nos graduemos, debemos hacer la más épica de la historia. —Si hablé en plural fue porque, obviamente, yo iba a formar parte del plan. Si nos poníamos en serio Danny hacía gala de una mente más malvada, pero la mía no se quedaba atrás. Si su creatividad ya era destacable, sumadle otra parecida. Una auténtica bomba de relojería en lo que a bromas pesadas se refiere.

¿De golpeadora? —Realmente lo pensé, aunque prefería mucho más perseguir un balón que no estuviera como una cabra y organizar el juego de ataque y el defensivo en medida de lo posible. Ir con bate y liarme a tortas con dos pelotas zumbadas me hizo fruncir el ceño—. Esos cabrones iban fuerte —dije sin mirarla, pues al ponerme a pensar observé el estadio con detenimiento. Y sí, el quidditch no era una de mis pasiones ni por asombro, pero en Hogwarts terminabas enterándote de todo aunque no quisieras. Problemas de vivir siete años en un castillo.

Saber que no era la única que le tenía un cierto respeto al último curso resultó ser un alivio. A veces me ponía paranoica perdida con ese tema, creyendo que estaba exagerando un huevo y que no había para tanto ni por asomo. Saber que Danny, que se desenvolvía con soltura en los estudios, estaba igual que yo fue una grata sorpresa. Por supuesto, en el fondo sabía que ambas nos graduaríamos sin muchos problemas.
Eso es exactamente lo que creo yo —contesté echándome a un lado para que pudiera levantarse, si bien luego caminé a su lado con las manos en los bolsillos de mis pantaloncitos. Ante la mención de la licantropía, la miré con una ceja alzada y me encogí de hombros cuando dijo que parecía normal. Lo era, aunque muchos imbéciles se empeñaran en creer y afirmar lo contrario—. Si estoy en Hogwarts, lucho por ser libre —contesté sin entrar en detalles. Me cabreaba que me encerraran, y había empezado a plantearme seriamente la opción de escaparme—. Y si no… no lo sé. Corro, aúllo a la luna, cazo… ¿Mato? No tengo ni idea, ningún licántropo recuerda qué hace en las noches de luna llena —expliqué con serenidad y tranquilidad, acostumbrada a decírselo a mis amistades. Por otro lado, sabía que Danny no me tomaba por una loca y por ello no me molestaba contarle mi opinión o experiencia con la licantropía.

A diferencia de ella, yo bajé por las escaleras silbando entretenida, y a veces dando saltitos y bajando dos escalones de golpe, o haciéndolo a la pata coja alternando entre un pie u otro. Todo el mundo sabía que adoraba hacer las cosas infinitamente más difíciles de lo que eran, aunque ello me costara varias visitas a la enfermería, esquinces y varias lesiones. Y si rompía un tablón de madera al dar saltitos, pues mala suerte. Que lo arreglaran, que daba pena y miedo pisarlos.
¿Al lago? —pregunté mirándola, recordando mi última experiencia ahí. Fue con cierto estudiante de cierta casa que ya no se encontraba en el castillo, o al menos no el año que viene, y sonreí de medio lado al recordarla. Durante unos segundos me pregunté qué estaría haciendo, pero dejé de hacerlo cuando asumí que se estaría tirando a alguien—. Vamos —dije luego, más animada.

¿Qué harás este verano? —La miré con atención e interés, estirando ambos brazos hacia delante—. Yo creo que me quedaré en casa ganduleando. Es lo mejor del mundo, y muy barato —sentencié entre risas, pateando una piedrecita que vi—. Tengo ganas de irme de Hogwarts, de terminar ya y no tener que volver. No sé tú, pero yo no le guardo simpatía a este lugar —comenté luego, sincera, teniendo la mirada sobre el colegio. Exceptuando mis amistades, no me llevaba bien con mucha otra gente. No les echaría en falta.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Jul 30, 2016 3:19 am

Si bien en mis primeros años de Hogwarts vivía por y para hacer travesuras, no tener muchos amigos y para vivir de castigo en castigo, ahora la cosa había cambiado. Antes me divertía haciendo travesuras, molestando (que no jodiendo) a las personas con mis bromas, pero desde que me di cuenta de que en Hogwarts hay gente verdaderamente mala que hace las cosas para ver a las personas sufrir… cambié el chip. Me había vuelto más tranquila y si bien de vez en cuando me daba por hacer alguna pequeña travesura, ya no era ni de lejos mi hobbie ni mi pasatiempo favorito. Ya tenía a Sirius en mi vida como para tener travesuras suficientes hasta mi graduación.

Le había preguntado, por curiosidad, que como se las arreglaba para pasar las lunas llenas en Hogwarts, ya que yo nunca había tenido noticia de ver a ningún licántropo suelto por el castillo ni nada por el estilo. Su contestación me confundió un poco. ¿Lucha por ser libre consciente o inconscientemente? Por su tono de voz no supe identificarlo.

Pero es lógico, ¿no? Es decir, que no seas libre en Hogwarts. ¿Te encierran o algo en algún lugar? —pregunté—. Los licántropos son peligrosos y supongo que no querrás hacerle daño a nadie de Hogwarts. Entiendo que estar ahí en algún lugar pasando la noche mientras lo pasas mal no mola, pero peor es matar a alguien inocente, ¿no? Imagínate que es un amigo tuyo o algo… —La entendía, claro. Entendía que podía sentirse como una caca encerrada por su condición, pero quería saber si ella entendía que un ser peligroso como ella no podía estar suelto por Hogwarts y por el Bosque Prohibido. ¡Era peligroso!

Cuando bajamos las escaleras le propuse ir al lago y ella sonrió inexplicablemente. ¿El lago le pone feliz? Bueno, hay unos atardeceres preciosos y es muy bonito. Es normal que le ponga feliz. Sonreí porque ella sonrió ante mi idea, pensando que había sonreído por mi increíble idea y no porque estuviera pensando en sexo. Soy demasiado inocente como para pensar que otra persona piensa en sexo. Y más todavía como para pensar que piensa en sexo con otra persona EN MI PRESENCIA. Aunque mejor eso a que piense en sexo conmigo en mi presencia. Qué incómodo. Voy a dejar de pensar en esto.

Pues yo este verano lo de siempre, iré a Finlandia nada más salir de Hogwarts con mis padres. Luego en agosto ellos cogen vacaciones y vienen a Londres con mi abuela y conmigo y se quedan aquí un mes, para que yo pueda quedar también con mis amigos y no pasarme todo el verano allí. Así que en agosto me tienes por Londres. —Sonreí ampliamente. Me encantaban mis padres. Sabían perfectamente que yo pertenecía a dos mundos y por mucho que se sintieran unos ignorantes del mágico, siempre me animaban a seguir en él. Mientras caminábamos de camino al lago por un caminito muy mono y sorprendentemente vacío, la miré con sorpresa cuando dijo esa herejía sobre Hogwarts—. ¡Qué dices! ¿En serio? —pregunté sorprendida cuando dijo que no echaría de menos esta experiencia—. Ay, que mal tía. Yo… —Yo había pasado mi primer año en Hogwarts entre castigos, Slytherin que sólo me jodían, entre hechizos que no sabía contrarrestar y en esquinas mientras se reían de mí. Había tenido el peor comienzo de mi vida en cualquier lugar, tanto que no quería volver en mi segundo curso. Pero aún así, aquí me véis, considerando Hogwarts no sólo mi sitio favorito del mundo después de mi casa en Finlandia, sino incluso el lugar que más me ha enseñado y que más me ha dado—. Yo lo echaré muchísimo de menos, la verdad. Me encanta todo. ¿Tú por qué no? ¿No echarás de menos las clases de defensa contra las artes oscuras? ¿O las de herbología y ver como algún tonto que no se coloca las orejeras bien se cae desmayado por el grito de las mandrágoras? ¿O no echarás de menos esas escapadas nocturnas con algún amigo para saltarte las normas y sentir esa adrenalina por no ser descubierto? ¿Tus amigos? ¡Ay tía, que sosa eres! ¡O yo que soy muy emocionable! ¡Sí, emocionable, me he inventado una nueva palabra, pero tú me entiendes! —Reí divertida.
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