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Un reencuentro agradablemente desagradable [Willow O'Donnel]

Abigail T. McDowell el Jue Feb 13, 2014 8:53 pm

Era jueves, uno de esos días en dónde no paras de hacer cosas. Había entrado por la mañana y había tenido que visitar cada uno de los departamentos en busca y entrega de los informes, había tenido que asistir como oyente y votante a más de un juicio pesado y aburrido, de los cuales, a los que juzgaba eran incluso compañeros de mi trabajo prohibido. Evidentemente, ninguno me caía bien. Eran los típicos sádicos, crueles y despiadados que no piensan, esos que actúan deliberadamente sembrando el caos y son tan imbéciles como para ser pillados. Yo voto positivamente para no levantar sospechas y, porque joder, se lo merecen. Después de esa mañana cargada de órdenes, paseos innecesarios, broncas varias con los jefes, una comida cutre del restaurante muggle que está al lado de la cabina telefónica de la salida del centro y… muchas cosas más. Aun después de todo eso, tuve que quedarme por la tarde.

El Ministro tenía dos reuniones importantes. Una de ella, con el mismísimo Dumbledore, el cual muy simpáticamente me saludó antes de entrar en su despacho y al salir también. No sé si realmente me recordaría o si lo hizo por educación. La verdad es que me daba un poco igual y suponía que la mente de ese viejales, por muy superpoderoso que fuera, no podía dar tampoco mucho de sí. La segunda visita estaba durando más de dos horas, con la directora de Beauxbatons y con el Jefe de Aurores del Ministerio francés. Tenía que quedarme hasta que se acabase, ya que me había pegado toda la tarde leyéndome y aceptando todas las propuestas por partes de los departamentos menores que querían salir a flote, ideando las mejores opciones a la hora de repartir las subvenciones de este mes y preparando los informes que Edmond tenía que revisar antes de mañana. Teniendo en cuenta todo eso, saldría de allí mucho más tarde de lo que me gustaría y ESO era una puta mierda. No obstante, no podía hacer más que meterme café en vena para aguantar. Me había pegado un salto —literalmente, por eso de desaparecerme— al Starbucks que mejor recordaba de Londres y me había pillado uno de esos grandes vasos de café tan deliciosos que tienen. Y un Muffin. Me encantaban los muffins y la comida desnutrida del mediodía no me había llegado para nada.

Ahora mismo me encontraba en mi pequeño despacho, sentada en mi silla tras el escritorio. Aquella habitación era extraña, el despacho del Ministro y el mío estaban prácticamente unidos, para entrar al de él, tenías que pasar por el mío, ya que todas las visitas que el señor Labèque recibía, debían de estar apuntadas en su agenda o ser avisadas con cierta anterioridad. La habitación era cuadrada, pero un cuarto era mi despacho, el cual tenía la puerta que daba al rellano de ese piso del Ministerio. Las otras tres cuartas partes eran el pedazo de despacho del Ministro y su puerta daba a mi cuarto. De vez en cuando en mi proceso de trabajo, Edmond me llamaba o bien para refrescarle su agenda o sus notas, o bien para preguntarme algo que no recordaba sobre la organización del Ministerio. No sabía qué temas estarían tratando, pero suponía que me terminaría de enterar tarde o temprano, al fin y al cabo, siempre me cuenta todo. Es lo que se llama tener al jefe en la palma de tu mano. Cerré suavemente la puerta del despacho del ministro y me senté en mi silla, cogiendo el informe del departamento de deportes en una mano y mi café en la otra, leyéndolo todo lo atentamente posible, ya que estaba cansada y desganada y mi mente estaba desvariando de tal manera que era incapaz de concentrarme, ya que estaba demasiado ocupada cagándome en todos los folios en exceso que tenía desordenadamente ordenados encima de mi escritorio.  
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Willow O'Donnell el Dom Feb 16, 2014 7:11 pm

Era jueves. Eso ponía en el calendario que adornaba la sala de aurores. Y por el cansancio que tenía era ya bastante tarde. Ahí estaba yo, sentada en mi mesa rellenando el papeleo de hoy. Hacer un informe sobre una pelea entre dos magos borrachos en el callejón Knockturn, algo de lo más rutinario para mí. Poco actividad relevante había habido. Hacía días que la cosa estaba relativamente calmada. Estaba terminando de rellenar mi informe cuando Ojoloco y el jefe de aurores irrumpieron en la sala. Parecían alterados, no tenía muy claro el porqué, pero sí había oído rumores sobre algo relacionado con Francia. Pero como lo guardaban en secreto, en breve sería el tema de moda en el departamento.  Me hice la disimulada, como si no estuviera ahí, pero ambos se percataron de mi presencia – O’Donnell, quiero que le lleves esto ahora mismo al Ministro. Es urgente. – Dijo teniéndome una carpeta bastante gruesa, tenía estampado el sello de “top secret”. A saber que sería. Tenía curiosidad, pero como bien sabía, la curiosidad mato al gato, así que mejor hacerse la loca. Cogí la carpeta. – Ahora mismo la llevo, señor. – Respondí a la vez que me ponía en pie. No hice preguntas, sólo asentí con la cabeza y emprendí mi camino hacia el ascensor, era sólo bajar una planta, pero estaba cansada.

No tarde más de tres minutos en llegar al despacho del ministro después de dejar el ascensor. El contenido de la carpeta parecía importante. Quizás fuera un plan de actuación conjunta. Según los rumores que me habían llegado, había habido una incursión no autorizada en la Academia Beauxbatons, mas no habían encontrado a los responsables. Quizás necesitaran de nuestros aurores para solucionarlo, o encontrar respuestas. Pero no creo que los franceses sean tan poco eficientes como para no poder resolverlo. Fuera como fuere me enteraría cuando fuera oportuno, si debía enterarme, sino el profeta se encargaría de ponerme al día.

Llamé a la puerta y pasé sin esperar una respuesta, como había dicho mi jefe era urgente, así que llamé por pura cortesía. Al entrar salude con formalidad – Buenas tardes, necesito ver al Ministro. Es un tema urgente. – expuse con seriedad mientras me colocaba frente a la mesa. El lugar no parecía muy ordenado, la mesa de la secretaria estaba cubierta de folios, mucho más papeleo que el que había en mi mesa, y eso ya era decir. Observé a la secretaria. No podía ser. ¿Estaba viendo bien? ¿Desde cuándo McDowell era la secretaria del Ministro? Esa arpía no podía ocupar un puesto de esa envergadura, era un mal bicho. Lo recuerdo bien.
Willow O'Donnell
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Willow O'DonnellMuertos

Abigail T. McDowell el Dom Feb 16, 2014 8:20 pm

Agradecía infinitamente a la gente que tocaba la puerta y, acto seguido, la abría sin miramientos. Era lo que debía de hacer todo el mundo. Si tocabas y estaba cerrada, no había nadie, pírate. Pero si tocabas y estaba abierta, evidentemente puedes pasar, narices, es una sala de recibimiento y de espera, obvio que se te permite el paso. Me parecía un gasto de saliva y de paciencia enorme cuando la gente se quedaba con la puerta entreabierta o cerrada esperando escuchar un "Pase" proveniente de mis labios. Era muy molesto.

En esta ocasión, se trataba de una aurora, una joven de mi edad que de hecho cursó conmigo todos los cursos de Hogwarts y que nunca nos habíamos terminado por llevar demasiado bien. Y no me extrañaba, sólo hay que ver en dónde habíamos acabado cada una: yo como mortifaga y ella como aurora. Evidentemente, había cierto feeling que no era compatible entre ambas. Sin embargo, ahora mismo en mi puesto de Secretaria del mismísimo Ministro, tenía que aparentar, incluso con una antigua compañera que debe de tenerme en su lista negra. Ahora mismo yo era una joven emprendedora de nuevas ideas y ayudante del hombre más poderoso tanto económicamente como mágicamente. Y, a ojos de la gran mayoría de los trabajadores y jefes de estas instalaciones tan importantes, yo era una chica modesta, afable, divertida y seria. Y tenía que seguir manteniendo mi máscara con todos, por mucho que me hubiese gustado restregar mi posición a esta ex-compañera de aquí.

La observé con detenimiento mientras se acercaba a paso rápido y serio hacia mi mesa, poniéndose delante. Quería hablar con el Ministro y no era ninguna novedad, ¿para qué sino vas a venir aquí? Carraspeé y dejé el café sobre la mesa. Edmond me había dado una clara orden de que bajo ningún concepto se le interrumpiera, que lo que estaba tratando con ellos era más importante y lo demás podría esperar.

Buenos tardes, O'Donnell —saludé educadamente y dejé el informe sobre su mesa, en el único sitio dónde había un hueco— ¿Urgente de qué magnitud? Está reunido con gente importante y no puede verte ahora —dejé claro antes de nada—. Si tienes prisa, puedes dejar lo que quieras que vas a entregar aquí y en cuanto termine, será lo primero que le entregue —dije con sinceridad—. O puedes sentarte allí... —le señaló unos sillones justo en frente del escritorio—, y esperar si tienes que decirle algo. Pero llevan más de dos horas reunidos, son las... —miré el reloj de mi muñeca— siete de la tarde y no parecen que vayan a terminar pronto. —dije tranquilamente, dándole las opciones para que eligiera.

Sabiendo como era, no la veía con la intención de dejarlo aquí e irse. En su época era doña perfecta, seguramente querría dárselo ella misma en mano para asegurarse  y, evidentemente, no confiaría en mí. Algo bastante inteligente por su parte, aunque no lo sepa. Así que simplemente esperé, aireándome el pelo hacia atrás.
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Willow O'Donnell el Dom Feb 16, 2014 10:20 pm

Lo que menos me esperaba era encontrarme con McDowell, no fue suficiente en mis años en Hogwarts como para tener que encontrarme con ella en el trabajo. Bueno, esperaba encontrarme con ella mientras trabajara, pero con otro propósito y llevándola hacia los dementores. Sabía que no era trigo limpio. Recuerdo su prepotencia y su altanería, su trato de superioridad con el resto de alumnos. La vez que me partió la muñeca. Las cosas que me contó Adam, ese chico de Huffle. Zorra, era la mejor palabra para definirla. No me cuadraba que estuviera allí. A ver, era una arpía en toda regla, usaba el juego sucio en todo lo que podía, o al menos que yo viera, ¿cómo era posible?

Escuché su repuesta, tenía claro que no me dejaría pasar con tanta facilidad, pero era urgente y tenía que recibirlo ahora mismo. Si mi jefe lo decía era por algo. Y me daba un poco igual con quien estuviera reunido. Si era urgente, era urgente. Sonreí con desgana a sus palabras. – Es de suma urgencia. Así que, por favor, comunícale a Ministro que tengo un informe del jefe de aurores. – respondí sin variar mi tono. - Ni siquiera su secretaria tiene rango para tenerlo en su poder, así que ya puede estar comunicándole que estoy aquí con un mensaje de Rufus Scrimgeour – fui algo tajante. Jamás le confiaría a esta serpiente algo de tal importancia, ni siquiera le confiaría una hoja en blanco.

Me mantuve de pie frente a su mesa, observándola. Mi rostro era serio e inexpresivo. Esperaba que hiciera lo que debía, aunque no esperaba que lo hiciera, probablemente sería tan insolente como en el colegio, hay gente que no cambia, no confiaba en que ella lo hubiera hecho, mi intuición me lo decía. Observé los objetos que la rodeaban, una vista rápida, para eso había entrenado tres años, observar y reconocer. Tenía pilas de informes, seguramente de otros departamentos, un café de Starbucks. Desde luego era desordenada, pero el hecho de tomar café muggle, era desconcertante teniendo en cuenta que había sido una Slytherin. Su rostro demostraba que no tenía preocupaciones, que no había pasado por hechos que la marcaran, pero seguía teniendo el pelo con tonalidades que se asemejaban al pis. Eso nunca cambia, siempre sería la señorita pelopis. Nunca tuve claro cuando comencé a llamarla así, solo sé que se lo puso Adam. ¿Qué será de ese chico? Cuando tuviera unos días libres intentaría contactar con él, ver a los antiguos compañeros nunca estaba de más, sobre todo si eran buenos compañeros, no como esta víbora que tenía delante.

- Deberías usar la cabecita. Piensa en las personas que están en la sala y decide si el Ministro necesita o no este informe. Dado que si se lo pidió a Scrimgeour es porque lo necesita. Te recuerdo que el Ministro no suele pedir informes de esta magnitud a los aurores, prefiere reunirse en persona. -  Comenté para meterle prisa y que reaccionara de una vez. No sabía con quien estaría reunido, pero si iban a tardar tanto es porque era algo de suma importancia, al igual que el informe, tenía esa corazonada. Mire la carpeta, observando la portada por si tenía algo de relevancia que me diera pie a que mi excompi de clase levantara su gran culo de la silla e hiciera algo de ejercicio. Había una palabra en francés, “Opération anglo-française”. Vale, pues si que iba a ser sobre los rumores. ¿Qué diantres había pasado en Francia?

- ¿Te suena de algo Francia? – Deje caer, esperando ver una reacción en ella que me diera una pista sobre con quien podría estar reunido el ministro y que tan importante podría ser el informe. Me mataba no estar al corriente de todo. Seguro que si hubiera venido Alastor le hubiera dejado entrar en un abrir y cerrar de ojos. Pero me habían mandado a mí, la novata por así decirlo, aunque llevaba ya un par de años, el último que entró había muerto, por lo que volvía a ser la novata.
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Abigail T. McDowell el Dom Feb 16, 2014 11:11 pm

Era de esperar la actitud defensiva y de desconfianza por su parte, era una pequeña que deseaba escalar escalafones en su departamento y no optaba a la mínima posibilidad de fallar. Además, mucho menos después de ser aurora, si ya se exigía en Hogwarts, ahora debe de tener un estrés encima impresionante. Seguía con sus prejuicios hacia mí y por su parte como aurora, hacía bien desconfiando de una chica la cual se rio de ella, se metió con ella y en cierta ocasión incluso salió ganando en Hogwarts. Sí, probablemente ese fuese la llama que nunca se apagaría de odio entre nosotras. Ambas nos odiábamos por nuestra forma de ser, pero personalmente yo no la tragaba… Odiaba esa manera de tratar a la gente, ese instinto justiciero y era necesidad por ser la solucionadora divina de todos los problemas. Aunque por norma general, le tenía una inmensa rabia a todos aquellos aurores con síndrome de héroes mundiales.

Su manera de hablarme fue tajante y simple y no me esperaba ninguna otra manera por su parte, ella por lo menos era respetuosa. Odiaba a aquellos que te trataban mal creyéndose que están por encima de mí. ¿Acaso son conscientes de que probablemente yo cobre más que ellos y mi posición e influencia política y económica esté mucho por encima? Imbéciles, se pensarían las cosas dos veces si supieran quién soy de verdad y cuánto tiempo paso con uno de los enemigos directos de mi señor de verdad. Me mojé los labios, en otra situación no hubiera tenido problemas en dejar pasar a esta tía al interior, pero teniendo en cuenta las órdenes de Edmond, la posición de la chica estaba clara e iba a quedarse fuera. Bufé con cierta molestia por menospreciarme. Perdona, ¿pero quién está delante de la puerta del Ministro con un puesto fijo y la confianza plena del jefe?

He tenido en mis manos cosas muchos más importantes y miles de informes del departamento de Aurores que me encargo personalmente de dárselos al Ministro. Evitémonos prejuicios de poder, ¿quieres? —dije educada, levantándome en vista de que O’Donnell no pretendía sentarse y me parecía una falta de respeto hablar desde allí abajo. Además de que no me gustaba que me mirasen desde arriba.  

Vi como observaba mi mesa y demás, ¿qué esperaba encontrar? Seguía siendo la misma de siempre, no había cambiado nada, por lo menos físicamente. Aunque no me extrañaría nada que estuviese buscando algo por lo que simplemente desconfiar de mí. Algo que tenía muy difícil,  ya que me he acostumbrado tanto a esta vida que mí otra vida la dejo bastante al margen de esta. O’Donnell añadió algo más, a lo que me pasé el pelo por detrás de la oreja.

¿Ves eso de ahí? —señalé una pila de carpetas—. Son todo informes, los amarillos son del departamento de deportes, los azules del de misterios y todos esos que veas con una marca naranja, es que son urgentes. —la gran mayoría tenían la marca naranja—. Como puedes ver, están aquí y no allí. Soy consciente de que el Ministro pidió un informe a Scrimgeour, pero espero que tú puedas también usar tu cabecita y comprender que las órdenes del señor Labèque de no interrumpirle son primordiales. Sobre todo porque desconozco si eso que traes tiene siquiera que ver con lo que en estos momentos preocupa al Ministro, ya que no me dejas verlo. —le contesté con cierta tranquilidad, notando que la chica tenía prisa, lo cual me incentivaba a ir más lento.

Me molestaban las prisas, yo por norma general siempre estaba de un lado para otro siempre con prisas, pero odiaba que me viniesen a mí con ellas. Maldita sea, es que encima pretenden siempre conseguir las cosas sin cooperar, ¿acaso no ven que si estoy ahí es por algo? Sé quién narices está reunido con el Ministro y sé por encima los temas que tratan, ¿acaso esta tía no sería más inteligente si me diese cómo mínimo de qué va el informe, de dónde viene o para qué es? Pensé que los aurores tenían cierto intelecto a la hora del procedimiento.  El Ministro no me tiene como su organizadora de papeleo —entre otras cosas—, sino que organizo su agenda y me da la libertad de decidir este tipo de decisiones por mí misma. No tardó mucho en que la mujer mirase por encima la carpeta y comentar algo sobre Francia. Sonreí algo irónica por su cooperación.

¿Ves? Así hubiéramos terminado antes, querida —dije, posicionando la palma de la mano bocarriba delante de ella—. Dámelo y entraré para informar al Ministro. Tranquila que creo que de aquí a la puerta no me dará tiempo ni de copiarlo ni de leerlo, si es lo que te preocupa —sonreí afable para parecer más una persona normal. Tampoco me interesaba que una aurora desconfiase más de la cuenta de mí. Al fin y al cabo nos llevábamos mal de pequeñas, pero ya está, la gente puede cambiar—. Y no te vayas, por si el señor Labèque quiere que le entregues o lleves algún recado a Scrimgeour —añadí al final, con el típico protocolo, a la espera de que me diese lo oportuno. Espero que no se le antojara la idea de entrar ella, porque eso sí que no iba a suceder. A no ser  que me dijese que tenía información adicional, algo que dudaba muchísimo ya que en vista que tuvo que mirar la carpeta para ver de qué iba en informe, suponía que simplemente era un mandada mensajera. Me gustaba fijarme en esos pequeños detalles que me hacían poder leer a la gente como a un libro abierto.
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Willow O'Donnell el Mar Feb 18, 2014 12:42 am

Con lo tranquila que estaba yo en mi mesa redactando un informe de lo más rutinario. Eso era lo mejor para terminar la tarde, no tener más que redactar unas cuantas líneas de manera automática, tan simple que lo hacía en un abrir y cerrar de ojos. Pero ahí estaba yo, enviada a llevar un informe al ministro, como si fuera una simple mensajera. Odiaba cuando me mandaban a hacer recados, pero tampoco me podía quejar, era la nueva, y no había nadie más en el cuartel general. Jamás pensé que volvería a encontrarme con esta mujer, salvo que fuera para enviarla a Azkaban. Que fuera la secretaria del Ministro me resultaba inaudito. A saber a cuantos había sobornado para lograr el puesto. Aunque realmente quien quiere ese puesto…solo eres la chica de los recados del Ministro, llevar su agenda y poco más. Aunque hicieras gran parte del trabajo, quedabas relegada a la nada, así no era yo consciente de que ella estaría aquí. O puede que la fortuna me sonriera y por ello nunca nos habíamos cruzado antes. Hecho que agradecía.

- No son prejuicios de poder, es lógica pura. No es lo mismo que por tus manos pase un informe urgente del departamento de asuntos muggles que uno del cuartel general de aurores, no tienen la misma relevancia. De igual modo, los únicos informes de aurores que han podido pasar por tus manos son los rutinarios, porque es anómalo que se redacte uno de esta magnitud. – Le aclaré algo que ella debía conocer, pero quien sabe, a lo mejor sólo llevaba dos semanas en el cargo, o simplemente seguía teniendo la cabeza hueca y no asimilaba las cosas. Podría ser la típica secretaria florero, una cara bonita para recibir las visitas y que luego no se acuerdan de donde dejaron el lápiz que tienen tras la oreja. De ser así sentiría pena por ella.

La miré con perplejidad, intentando sonreír antes sus palabras tal que  así . ¿Enserio me estaba hablando de ese modo? ¡Genial! ¡¡Se conoce los colores!!  Tres hurras por la pelo pis. Después de esto seguro que la ascienden a Ministra en un periquete. No respondí a nada de su palabrería. Me parecía absurdo discutir con ella, si no entendía la gravedad del asunto porqué molestarse en hablar con una pared.

Al nombrarle Francia reaccionó como esperaba. Así que la reunión tenía que ver con lo sucedido allá, pero ¿qué diantres pasaba en el país galo? Si íbamos a trabajar con ellos me pondrían al tanto en su debido momento, si no este informe no serviría de nada… Eso esperaba, que pudiera participar en esa operación conjunta, por lo que deducía de la frase que adornaba la carpeta. Se ofreció a entregárselo ahora mismo. Lo dude, no me apetecía darle el informe, prefería entregarlo yo en mano. Pero si el ministro estaba reunido con altos cargos galos podría ser inapropiada mi interrupción. Así se lo tendí, pero sin llegar a soltarlo. Hubo un tira y afloja por parte de ambas. Me resistía a entregarle un informe de esta magnitud, pero llevaba razón, no tendría tiempo de copiarlo o leerlo. Tenía un dilema en mi interior, dárselo o no dárselo, esa era la cuestión. Accedí a dárselo, después de una breve meditación. No soportaba dejar tan valiosa información en sus manos, pero esperaba que no llegara a conocerla. Observé como cruzaba la puerta, ahí esperaba yo su regreso. Intentando escuchar lo que ocurría dentro, saber que pasaba en esa sala.  No tardó ni un minuto en regresar. Esperaría ahí lo que hiciera falta.

Después de unos segundos de silencio incómodo, de miradas desafiantes, quise disfrutar un poco. Recuerdo que Adam, no solo le puso el mote, sino que su rivalidad era de las mayores en aquellos años en Hogwarts. Mayor que la hostilidad que pudiera haber entre nosotras, y eso que el chico era de Hufflepuff, estaban más cerca sus salas comunes. - ¡Qué mal educada por mi parte! El otro día vi a Adam Stoner y me dio recuerdos para tí – Dije como si lo hubiera visto hace poco, con total convicción. Mentí, lo hacía por molestarla. Él no hablaba de ella con aprecio, imagino que a ella también le molestará. En cuanto saliera de aquí intentaría contactar con él, creo recordar donde vivían sus padres, es un comienzo.
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Abigail T. McDowell el Mar Feb 18, 2014 10:38 pm

Y he aquí a la típica que no tiene ni puta idea de la organización de poder y la escala de poder que rige el Ministerio. Soy la Asistente del Ministro, no soy tan poderosa como los Jefes de Departamentos ni de lejos, para ser Jefe hay que estar especializado y demás, pero tengo suficientes conocimientos y preparación como para saber qué cosas son importantes y cuales no. No solo me encargo de organizarle la agenda al Ministro (que también, la verdad), sino que tomo decisiones y doy las órdenes pertinentes que el Ministro me autoriza. Parece mentira que esta tía se crea que estoy aquí para recoger informes y dárselos sin más al Ministro. Edmond tiene trabajo de Londres y casi siempre está en contacto con el de Francia, la gran mayoría de los informes, por muy importante que sean, casi siempre pasan por mí. Evidentemente, este no requiere de mi atención porque los mismos implicados están a tres pasos, ¿pero esta tía se cree que estoy ahí para limpiarle la boca al Ministro cuando se mancha? Al contrario que ella, yo ya dejé hace mucho de ser simplemente una mandada. Está muy equivocada, pero como para tener una discusión con la sabelotodos de Gryffindor. Y menos ahora que es Aurora. Debe morder más de lo que ya mordía.  

Estoy de acuerdo —le di la razón a lo de que era extraño que se redactase algo así que requiriera al momento la atención del Ministro—. Un día vamos a tomarnos una cerveza de mantequilla mientras intercambiamos información, a ver quién sabe más del Departamento de Aurores... —sonreí ladeadamente y, lejos de parecer la típica falsa irónica que por norma general parecía, aparenté la sonrisa de una joven curiosa y competitiva. Sabía que le caía mal, pero tampoco era plan de que me cogiese más manía. Desde que estoy en este puesto intento evitar ganarme más enemigos de los que ya tengo.

Después de eso Willow se pensó dos veces, o quizás incluso tres o cuatro, si darme o no darme la maldita carpeta que tenía entre las manos. Para meterle algo de prisa, ya que era ella la que había venido exigiendo las cosas, miré el reloj de manera significativa, en señal retórica de cuántos minutos más necesitaba para darme el informe. Cuando se decidió, caminé directamente hacia la puerta del Ministro saliendo de detrás de mi escritorio. Iba vestida con un vestido elegante pero ocasional de color gris, con unos zapatos de tacón simples y que me hacían vestir. Cuando conseguí este puesto me obligué a mi misma a dejar de vestir con pantalones ajustados y camisas de tres tallas más grandes, ya que necesitaba una imagen más inocente y carismática. Toqué suavemente en la puerta del Ministro y escuché la voz de mi jefe detrás de ella, invitándome a pasar.

Informe urgente de Rufus Scrimgeour, es de Francia, así que... —pero ya había cerrado la puerta, por lo que desde mi "despacho" no se escuchó nada más de lo que se habló allí dentro.

Salí a los dos minutos y miré a O'Donnell, la cual me miraba expectante para ver si se podría ir de allí más. Carraspeé y me hice un mechón de pelo hacia atrás, colocándomelo detrás de la oreja.

Vas a tener que esperar un rato, han llamado por Red Flú al Ministro Francés. Les he dicho que estabas aquí y me han pedido que te diga que esperes por si tienes que enviar un recado de vuelta. Vamos, lo que yo te he dicho —sonreí falsamente, aunque después de un año ensayando esa sonrisa, ya me salía bastante natural—. Puedes sentarte si quieres —le invité a sentarse por pura cortesía, cogiendo mi café muggle (lo único bueno que tenían aparte de la música) y bebí un sorbo tranquilamente.  

Los siguientes segundos fueron... un tanto incómodos. Entre que de vez en cuando nos mirábamos y ese cruce de mirada soltaba chispas y que ambas estuviésemos pensando lo perra que era la otra en Hogwarts y cómo pudo haber llegado dónde está, hacía que todo se volviese muy incómodo. Alcé la mirada cuando rompió el silencio y cuando me nombró a Adam Stoner mi ceja se enarcó casi por inercia.

¿Adam Stoner? ¿El Hufflepuff? —pregunté con cierta perplejidad. ¿Pero a ese no lo había matado yo? Por un momento me dio un pinchazo de... yo que sé, ¿miedo? No estaba segura de qué fue, pero por un momento que una aurora me nombrase a unas de mis primeras víctimas nada más internarme en las filas del Señor Tenebroso, me había cagado de miedo. ¿Y si no lo había matado? ¿Y si el Avada Kedavra no es tan eficaz si lo usa un principiante en sus tiempos de primicia? Pero rápidamente volví a recobrar la compostura de la situación y aparenté serenidad, ya que la imagen de ver a Adam Stoner sufrir bajo mi Crucio y morir bajo la luz verde de mi varita me tranquilizó mi consciente al recordar aquella placentera escena de satisfacción. Si ella me nombraba a ese chico, es que no sabía que había muerto, por tanto, era jodidamente imposible que le hubiese visto. ¿Intenta recordarme al imbécil que me amargó la vida en Hogwarts? Parece imposible si quiera aparentar simpatía delante de gente como esta, madre mía...—. ¿Te dio recuerdos para mí? ¿Acaso se cree que nuestra relación cambió drásticamente hasta considerarnos mejores amigas? —ironicé con cierta diversión, para que no se creyese que tuviese nada contra ella (que sí lo tenía, pero no quería expresarlo)—. Hace mucho que no sé nada de él, aunque como puedes suponer, tampoco me he interesado por su vida —dejé el café a un lado y me mojé los labios, observando a la chica que tenía delante y decidiendo que sería muy divertido ver hasta dónde sería capaz de llevar la mentira—. ¿Y qué es de él? Supongo que ambos somos ya maduros como para dejar las estupideces de críos inmaduras y sin sentido a un lado y podríamos volver a hablar —dije con una tranquila sonrisa en el rostro.

En realidad no eran estupideces de críos inmaduras y ya está. Adam Stoner se merecía estar dónde está. Se había metido con mi familia y, por un momento, me resbaló lo que quisiera hacerle a mi madre, pues la odio. Pero a mi hermano no le toca absolutamente nadie y Adam quiso tocar lo único que defiendo en esta vida, por lo que no iba a permitirlo.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Willow O'Donnell el Lun Feb 24, 2014 11:26 pm

Al despertarme esa mañana no pensé que tendría que encontrarme con la mocosa de Slytherin que me amargó la vida durante mis años en Hogwarts, y a saber todo lo que haría luego de yo graduarme. Son cosas que jamás sabría, a no ser que me encontrara con alguien de su promoción y me pusiera al día. Pero lo dudaba, la verdad. Tampoco me importaba su pasado, solo lo concerniente a mí, que no era poco. Pero tener que discutir con ella sobre la importancia de un informe del jefe de aurores era lo más absurdo que había vivido nunca con ella. En su cabecita no entraba que era urgente, una urgencia mayor que la de cualquier otro departamento del ministerio, se caía de maduro. Pero ella, haciendo alarde de su usual habitual osadía infantil, siempre tenía que dárselas y tener la última palabra. Qué dejavú constante era charlar con ella, no parecía haber cambiado mucho.

- Cuando te plazca querida – Respondí a su ofrecimiento de tomar juntas unas cervezas. Su sonrisa no pareció muy sincera, más bien esa típica sonrisa de acepta lo que digo pero me importa un carajo lo que puedas pensar o si me crees o no. Algo típico en esa señorita. Y, obviamente, mi intención era ser sarcástica, jamás me tomaría ni un vaso de agua junto a ella, antes prefiero tomarme una cucharada de cianuro.

Me pensé varias veces si debía darle o no el informe, pero acabé cediendo, no fuera a retrasar algo urgente mi desconfianza hacia la pelirroja. Así, esperaba poder oír algo desde ahí, saber algo al respecto y dejar atrás toda la ignorancia que tenía respecto al tema. No me fiaba mucho de los rumores en el Ministerio, no tenían la misma fiabilidad que los rumores de Hogwarts. Pero como presuponía, la puerta no estuvo más de dos segundos abierta, sólo alcancé a oír la presentación que hizo la pelirroja al entrar. Eso lo sabía hacer yo también. Sólo esperaba que todo fuera rápido, quería volver a mi trabajo, hacer una última ronda por el callejón Knocturn. Quizás no fuera posible, pero por desearlo que no fuera.

McDowell regreso, diciéndome que debía esperar, estaba seguro de que se regodearía de llevar razón, ella era así. - Esperaré – dije como si realmente tuviera otra opción. Que sí la tenía, pero el caso me intrigaba, además si podía disfrutar un rato y liberar mi frustración haciendo incómoda la estancia a mi acompañante de sala no iba a perder la ocasión.

Hubo unos segundos de largo silencio incómodo, cruces de miradas poco amistosas y una tensión que se palpaba en el ambiente, decidí nombrar a la única persona que se me pasó por la mente que le incomodaría tanto o más que yo. El simple hecho de nombrar su nombre hizo que enarcara las cejas, buena señal para pillar a alguien, estaba sorprendida por escuchar su nombre, y que preguntara de ese modo, repitiendo lo que tan claro había dicho yo.  - Sí, el mismo – repetí con más seriedad, mirándola fijamente, como si me estuviera adentrando en su mente, esa pequeña reacción me había hecho desconfiar, pero era natural en mí que desconfiara de ella.  -   Teniendo en cuenta tu puesto actual, consideró oportuno mandarte recuerdos, que seguro nos íbamos a encontrar tarde o temprano. – dije con una sonrisa de amabilidad, pero mi tono de voz denotaba cierto desdén.  Qué raro que a la culebrita no le importara nadie, eso era obvio, un ser como ella no habrá sabido nunca lo que es preocuparte por alguien a quien quieres, ni habrá tenido nunca  a alguien que la quiera. No recuerdo que mientras estuviéramos en Hogwarts su familia fuera a verla a Hogsmeade. Las Tres Escobas era el punto de encuentro de todas las familias mágicas, hasta mi madre, una Squib, había ido más de una vez.
-   Es sanador, en la planta de enfermos mentales. Seguro estará encantado de reecontrarse contigo y charlar tranquilamente, tendréis mucho de lo que hablar. – Comenté con total normalidad, me habían entrenado para sonar creíble aunque mintiera, era algo indispensable para ser aurora, y como siempre, me esforzaba para lograrlo lo mejor posible, al menos hasta la fecha nadie se había percatado de mis mentiras, es lo que pasa cuando las personas que mejor te conocen están muertas.  Mantuve en todo momento mi mirada inquisitiva, intentando desconcertarla, no tenía otro fin que molestarla mientras esperaba.
Willow O'Donnell
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Willow O'DonnellMuertos

Abigail T. McDowell el Mar Feb 25, 2014 8:22 pm

Aquello estaba siendo condenadamente divertido. ¿Ella me tendría tanta tirria como yo se la tenía a ella? Seguro que sí, al fin y al cabo, en Hogwarts casi siempre salía perdiendo ella en nuestros encontronazos, o bueno, simplemente creo que a ella le afectaba más el hecho de encontronazos así en el pasillo, al fin y al cabo, si un profesor le veía, podía romper esa reputación de lameculos que tenía... algo que no le interesaba. Pero realmente, por una parte, en nuestras miradas, en nuestras sarcásticas sonrisas... me di cuenta de que o ambas habíamos madurado de una manera un tanto extraña, o teníamos un rencor exponencial o simplemente no habíamos madurado ninguna de las dos. Por mi parte, madurar era sólo para las frutas. No se madura, se aprende. Pero como adulta me había llegado a acostumbrar con la gente por muy mal que me cayesen, así mismo, había sido capaz de aceptar que no siempre llevo la razón, sobre todo en un trabajo como lo es este en dónde comparto puntos de vistas, obligaciones y órdenes.  Me jodía lo que no estaba escrito no tener la razón, pero como una buena farsa escondida detrás de una invisible máscara, debía de acatar lo que se me venía encima. Por esa razón O'Donnell no me había molestado con sus comentarios superiores y superfluos sobre mi situación laboral, ya que a contrario de otros muchos con los que tengo que enfrentarme, era consciente de que ella no tenía ni pajolera idea de lo que recae sobre mi puesto. Así que simplemente, mantuve mi sonrisa ya que estaba segura que esa sonrisa, sobrada y ladeada, la recordaba perfectamente de mis tiempos rebeldes vistiendo los colores plata y verde.

Tras un poco de cooperación y aceptación por ambas  —algo que nos costó bastante— entré en el despacho del ministro y le di lo pertinente, recibiendo las órdenes y saliendo nuevamente a mi despacho, diciéndole a mi querida acompañante que debía de esperar. Estaba segura que si la apocalipsis zombie llegase al mundo, la convivencia entre Willow y yo y la toma de decisiones sería totalmente un fracaso. En lo que decidimos si ir a la izquierda o a la derecha, un zombie se cocina nuestras piernas en salsa boloñesa. Sin embargo, lo que parecía que iba a ser una sala cargada de tensión silenciosa, se convirtió en una pequeña conversación sobre un hombre que, si yo mal no recordaba, había muerto bajo mis manos hacía algunos años atrás, por lo que me di cuenta que la intención de O'Donnell no era la improbable relación desinteresada y amena de conversar, sino el recuerdo de lo que fue el peor ser que jamás he conocido. Aunque eso no debía de saberlo ella, así que intenté remediar mi rostro con la mayor naturalidad posible.

Me hacía gracia, definitivamente la vida es muy corta para lidiar con gente idiota. Intenté contenerme las ganas de partirme en culo en su cara y soltarle que yo misma había matado a ese imbécil. No sería lo más ético ni correcto, pero no iba a negar que ahora mismo tenía unas ganas inaguantables de enzarzarme con su dolor. Ellos dos se llevaban muy bien, pero no me extrañaba, Dios los crea y ellos se juntan.

Entiendo… —carraspeé e intenté postrarme como una persona normal la cual ha madurado con los años—. ¿Ah, sí? ¿Es enfermero? —sonreí con cierta maldad ante su descarada mentira. Lo gracioso es que no parecía que me estuviera mintiendo, lo cual me sorprendía preocupantemente—. Bueno, estará encantado de reencontrarse conmigo y hablar de lo bien que nos tratábamos mutuamente en el colegio, seguro que son anécdotas que nos abrirán las puertas de nuestra próxima amistad —ironicé con tranquilidad, notándose incluso una atisbo de diversión, ya que no pretendía ser borde, sino realista—. Aunque si estoy hablando contigo, supongo que también puedo mantener una conversación con él. Al fin y al cabo, hemos madurado y dejado atrás las diferencias. Me escupo a mí misma al decir estas gilipolleces... Sonreí y bebí de mi café.

Ella debía saber mejor que nadie que la relación entre Adam y yo no era de odio, era directamente de un asco  tan grande que sería capaz de matarlo solo para limpiar el mundo de gente como él. Y bueno, eso hice cuando tuve la oportunidad.

Pues qué raro, yo pensaba que Adam iba para Auror como tú, os llevabais bastante bien, ¿no? ¿Qué le hizo cambiar de opinión? Era un chico bastante justiciero…O más bien, que se tomaba la justicia por su propia mano…Incluso pensé que acabaríais juntos. Aunque tú estabas con Tyler, el morenito de tu misma casa, ¿no? ¿aún seguís juntos?Esperaba que no, tenía ganas de hacerle recordar una ruptura o algo por el estilo y alegrarme de su desgracia… Nadie me recuerda al cáncer de Adam Stoner y se va con una sonrisa en los labios. Se me ponía mal cuerpo solo de acordarme de ese Hufflepuff.  Aunque bueno, si seguían juntos, debía de ser una relación un tanto aburrida, ¿en serio las relaciones duran más de un año y siguen conservando su diversión?— Por cierto, ¿y de... Allie, sabes algo? La Ravenclaw —pregunté notándoseme, exageradamente, el interés. Era otro ser que no me importaría erradicar, aunque debía admitir que tenía un no se qué que me gustaba de esa mujer, su carácter y su actitud cuando estaba borracha. Llegamos a filosofar incluso, ¿qué habrá sido de ella?
Abigail T. McDowell
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Willow O'Donnell el Miér Mar 05, 2014 12:37 am

Tener que esperar junto a esta mujer no era precisamente algo agradable, por no decir que preferiría estar en una habitación de dos metros cuadrados sin ventanas junto a Jabba antes que estar en este despachito con la pelirroja. Pero era lo que me tocaba en esta tarde-noche. Esperar junto a la persona más odiosa que haya pasado por la casa Slytherin a que el ministro me diga si tengo que pasarle alguna información a mi jefe.  Daría todo mi dinero por poder salir de aquí cuanto antes. La tensión era demasiado palpable, se podría cortar con el filo de una hoja. No la soportaba, más bien la odiaba. Si tuviera la oportunidad de mandarla a Azkaban, aunque fuera sólo durante unas horas, que supiera lo que es pasarlo mal, lo que es sufrir.

Por mero entretenimiento, nombre a Adam, sabía que eso la desequilibraría un poco, tenían mucho odio mutuo, pero no esperaba que fuera a ser así. Es decir, menudo monologo se acaba de echar la señorina, un discurso propio de cualquier presidente muggle. La escuché sin decir nada, dejando que se expresara sin impedimento. Pero cuando nombró a Tyler una oleada de calor recorrió mi cuerpo, que hablara de él, simplemente que lo nombrara hizo que mi cuerpo se estremeciera. Cerré los ojos unos segundos, intentando contener las lágrimas y anular toda posible señal de debilidad, pero él era mi mayor debilidad, siempre lo fue. – Me extraña que siendo como eras, y estando en Hogwarts cuando todo sucedió, no recuerdes que murió durante mí último curso. – Dije con un nudo en la garganta, evitando cualquier ápice de llorar por recordar su muerte, recordar la forma en que me enteré. Lo echaba en falta, recordar sus abrazos, sus caricias y saber que jamás lo volvería a tener a mi lado me atormentaba cada día. Había sido un duro golpe para mí que me preguntará por él, era algo que no podía ocultar al resto del mundo, me afectaba muchísimo su perdida, al igual que la de toda mi familia. Pero la de él, apenas teníamos 16 años, no merecía morir.

Me senté en la butaca que me había señalado anteriormente, mirando al suelo unos segundos, en señal de abatimiento, odiaba que tocaran mis puntos débiles, estaba claro, que a pesar de ser mayor que ella no era capaz de soportar su actitud, o de ganarla en su propio terreno. Pero ya era lo suficientemente mayor para seguir con las idioteces de nuestra adolescencia.

Nombró a Allie, a lo que alcé la vista en su dirección, lo cierto es que poco sabía de ella desde que deje Hogwarts, me había alejado de todos siguiendo mi ansia de venganza. – No lo sé, hace mucho que no hablo con ella. Quizás tú, desde esa silla, puedas controlar un poco más la situación de todos los magos.  – dije con desgana. Me había desanimado por completo recordar a Tyler. Así que supongo, que este asalto lo ha ganado ella. Como tantos otros, maldita Abichuela pocha, siempre salía airosa de nuestros encuentros.
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Abigail T. McDowell el Miér Mar 05, 2014 10:59 pm

Madre mía, juro por todos los antecesores útiles de mi familia, los inútiles, por Merlín, los Dioses existentes y por el mismísimo Señor Tenebroso de que sí, lo sabía, pero no me acordaba. Por poco se me escapa la sonrisa de satisfacción, puesto que me daba absolutamente igual la muerte de un traidor a la sangre más o uno menos. Sin embargo, no sonreí lo más mínimo, sino que la miré con ojos decaídos y cara de circunstancia. Para ser sinceros, si llego a recordar que estaba muerto, ni de lejos se lo recuerdo, sería jugar sucio. Aunque para ser justos, ella también me hizo recordar a un muerto, aunque ella no lo sepa.

Dejé las cosas sobre la mesa y la miré con algo más de empatía. O por lo menos, toda la que podía fingir. Luego tragué “incómoda” y la miré con disculpa.

Lo siento mucho, no lo recordaba —dije aparentando sinceridad—. Si me hubiera acordado…Te lo hubiera soltado igual… Menuda preocupación……No te lo hubiera nombrado, perdón. —concluí, notando como en el ambiente se caldeaba un ambiente incómodo.

Willow terminó por sentarse en el taburete, con una cara un tanto decaída y triste. No me extrañaba, le acababa de recordar a su novio muerto, eso debía de llegar a lo más hondo de su ser, sobre todo para ella que siempre fue tan allegada a sus amigos, imagínate a su novio. Tenía un atractivo de gracia, pero ahora no era momento de reírse, se supone que estoy trabajando en parecer una persona normal, reírme sería delatar mi carencia de corazón.

Le pregunté por Allie pero cabizbaja me dijo que no tenía ni idea y que probablemente desde mi posición tuviese más facilidades. Touché, pero no me interesa seguirle la pista a esa manzanita entrometida… preguntaba para parecer simpática…

Touché, si sé algo de ella te aviso se quieres. Supongo que a ti te hará más ilusión que a mí un reencuentro… —me encogí de hombros afablemente, justo antes de que se escuchase del interior la voz del ministro llamándome.

Me levanté rápidamente y le eché una suspicaz mirada a Willow para darle a entender que probablemente después de eso ya podría irse. Entré tras dar dos suaves golpes y cerré tras de mí. Estuve dentro dos minutos en lo que el Ministro me explicaba por encima lo que debía decirle a la Aurora que tenía afuera esperando por órdenes. Abrí la puerta y la cerré tras de mí, con el mismo informe que O’Donnell me había traído, no obstante, lo llevaba abierto, leyendo una pequeña nota que el Ministro me había dejado dentro. La cogí y cerré al instante el informe, quedándome con la nota en la mano que, aparte de lo que le tenía que decir a Willow, decía más cosas que debía de hacer con relación a la reunión que, al parecer, se iba a alargar.

Me acerqué a mi joven némesis y le tendí el informe.

Me ha dicho el señor Labèque que dentro están las resoluciones del problema para que se lo des a tu superior, contacte con quien tenga que contactar y luego mantenga informado al Ministro sobre la contestación. Es urgente, por lo que corre. Y dile que cualquier nueva sobre ese tema, sea informado inmediatamente al Ministro —concluí y, antes de que se fuera, decidí hacer mi buena obra del día como persona civilizada—. Eh, Willow… —llamé su atención antes de que se fuese—. De nuevo, perdón. —añadí apenada. A veces me doy asco, pero es que soy buenísima.
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Willow O'Donnell el Jue Mar 06, 2014 8:40 pm

Siendo Abi McDowell era de esperar que me sacara de mis casillas, pero que nombrara al único amor de mi vida me había dejado K.O. Eso era mucho juego sucio, a pesar de haber nombrado yo a Adam para chincharla, ella era consciente de que Tyler había muerto, Adam estaba bien, o eso suponía. Pero no, ella no podía resistir el momento de joderme. No podía. Siempre lo había hecho, no sé por qué iba a cambiar ahora. Idiota era si pensaba que alguien así podía cambiar. Me pidió disculpas, sus palabras no me parecían sinceras, por mucho que lo pudiera jurar jamás me parecerían sinceras viniendo de una lengua viperina como la suya. Pero asentí con la cabeza, como aceptándolas.

Recordarlo me hacía sentir depresiva, nostálgica, era nombrarlo y recordar mis días en el castillo, las noches en vela contemplando las estrellas, o la tontería de disfrazarnos de superhéroes. Era una época de mi vida en la cual todo era tan idílico, donde no había ningún problema a mí alrededor. El karma se cebó conmigo, en menos de un año me arrebataron todo lo que quería. Eso no se hace. Y mi tía, tanta predicción, tanta dote de adivinación, y jamás pudo predecir lo que me sucedería, lo que nos sucedería.

¿Y Allie? Esa es otra historia, terminamos Hogwarts y no he vuelto a saber de ella, cierto es que estuve varios meses desaparecida, es lo normal cuando te encuentran casi muerta en medio de la nada, gracias a Merlín que aquellos muggles me encontraron, sino no podría contarlo ahora mismo. Pensarlo, más bien.  No respondí a nada de lo que me decía, estaba demasiado ensimismada, alicaída por los recuerdos que se agolpaban en mi mente.  Pero si me percaté de cómo entraba al despacho del Ministro. Ojalá me pueda ir ya, necesito de la ayuda de mi colega Finn, si no fuera por él acabaría en alguna cuneta con un coma etílico.

Al par de minutos salió del despacho, con el informe de nuevo. Me levanté con rapidez y escuché lo que dijo, las instrucciones eran sencillas, pero el “corre” sobraba. Asentí con la cabeza, recogiendo el informe entre  mis manos  - Será informado con la mayor prontitud posible – Dije dándome la vuelta, y comenzando a caminar hacia la salida, cuando me volvió a llamar. Giré la cabeza y la miré con perplejidad, había vuelto a repetir que lo sentía. – Vamos McDowell, nos conocemos desde hace mucho como para creerme que tus disculpas son sentidas – Dije con cierto desdén, recuperando mi semblante, y mi estado anímico. Nueve años dan para mucho, sobre todo para recuperarme de ciertas situaciones como esta. Continué mi camino hacia mi departamento, donde no tendría que aguantar a gente como ella.

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