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See you again —Sasha Van Acker

Sam J. Lehmann el Sáb Sep 10, 2016 3:22 am

Recuerdo del primer mensaje :

See you again —Sasha Van Acker - Página 2 TedsE6x

Si tuviéramos que apuntar en una lista de prioridades qué va primero en la vida de Sam, probablemente fueran los amigos. No, no había caído en Hufflepuff ni tampoco sentía un gran acercamiento por nadie en especial, pero teniendo en cuenta que no tenía pareja y que su familia estaba bastante dispersa y distante... sus amigos se habían convertido en ese pilar necesario en la vida de cualquier persona. Con el tiempo había desarrollado un gran acercamiento a dos hombres que conoció hace ya unos años, a Matt Forman, su propio jefe y a Sasha, un sanador de San Mungo que si bien al principio lo veía con admiración, ahora se había convertido tan cercano que podría considerarlo el hermano que nunca tuvo. Aunque no lo supiera porque Sam nunca se lo hubiera dicho, fue un gran apoyo cuando perdió a su mejor amigo Henry nada más terminar la universidad y, en cierta manera, ocupó ese vacío en la vida de Sam.

Ese viernes no tenía planes, por lo que decidió visitar a ese amigo que hacía tiempo que no veía. No tenía ya tiempo de llamarle para ver si tenía planes o no, por lo que aprovechando que ella salía tarde de trabajar y que más o menos tenía calado los turnos de su amigo, se apareció en San Mungo.

Buscó a su amigo por las distintas plantas, ya que si bien se sabía un poco los turnos que solía frecuentar no tenía ni idea en dónde podía encontrárselo. Preguntó en recepción si el Sanador Van Acker estaba hoy trabajando y le dijeron que sí, que estaba en la planta destinada a las urgencias. Así que Sam fue hacia allí con tranquilidad, ya que todavía quedaban ocho minutos para las diez. Además, la zona de urgencias era la zona que más conocía Sam porque era básicamente a dónde siempre iba cuando le pasaba cualquier cosa.

Cuando llegó se dio cuenta de que parecía un viernes tranquilo, ya que no había apenas personas en la sala de urgencias, solo un niño con su madre porque el niño estaba escupiendo algo verde por la boca. No quiso preguntar. Ni tampoco mirar demasiado. Miró hacia la mesa principal y pudo ver detrás de ella a Sasha revisando o leyendo algo que no alcanzaba a ver, por lo que se acercó a él. —Buenas noches, señor Van Acker. —Saludó, llamando su atención con una sonrisa y un tono de lo más afable y dulce. Se apoyó en el mostrador con cercanía, se estiró y le dio un beso fraternal en la mejilla. Luego se retiró y lo miró—. Tranquilo, hoy no he venido cual hipocondríaca a quejarme de cualquier tontería inofensiva... —dijo antes que nada, ligeramente ruborizada—. ¿Sales ahora, verdad? Quería pasar tiempo contigo. Podemos ir a dar una vuelta. ¿O tienes a Zarina hoy? —Sasha sabía lo mucho que Samantha adoraba a los niños y lo mucho que adoraba a su hija, por lo que debía de saber que estar con Zarina y él era incluso mejor que estar a solas con Sasha. No obstante, estaba divorciado y había veces que su hija estaba con su madre en vez de con él. En el caso de que fuera así, mejor, así no tendría que pasar la noche del viernes solo.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Miér Dic 28, 2016 10:24 pm

Tal vez estuviera exagerando pero sintió la incomodidad de la rubia al tema de sus difuntos padres, era algo normal, difícilmente una persona sabía que decir ante esto en especial si no lo había sufrido, siempre era un tema algo incómodo en el que casi cualquier cosa quedaba mal, por esto siguió con el tema que si les importaba a los dos, el de la adopción, este si llegaba a ser mas interesante y menos incomodo que el anterior que solo se dio de pasada.

- Si en eso tienes la razón, la cosa es que por mas que estos tengan traumas porque nunca sabemos de que clase de hogar vienen, si simplemente fueron abandonados o si sufrieron abusos o lo que haya pasado en ese periodo de tiempo, es que nosotros le demos nuestro amor, que procuremos hacer las cosas para el bien de ellos y no desistir solo por que las cosas no son tan fáciles, o frustramos, para eso están los psicólogos y la terapia, de algo llegan a servir al final y al cabo - siempre había creído en la psicología y sabía que funcionaba y por esto mismo es que la estaba recomendando.

Realmente no esperaba que la menor se fuera por algo tan filosófico en respuesta de sus palabras, pero por lo mismo no pudo evitar reír y tuvo que explicar mejor lo que había pasado - Desde que era un adolescente me sentí atraído por una mujer mayor, en ese tiempo ella trabajaba en el ministerio y nos ayudo a mi padre y a mi con los tramites por ser extranjero, varias veces la tuve que ver con los años, pero solo era una ilusión, una mujer perfecta, hermosa, a mi parecer amable, alguien de quien no pude evitar enamorarme, aún así salí con varias chicas en el colegio, incluida Sabrina, con ella siempre hubo química pero no como con esa mujer, aunque dudo que ella alguna vez me viera como un hombre. Si bien mi relación con Sabrina iba bien no era amor real y me di cuenta de eso luego de un tiempo de casados, llevábamos un año de casados tal vez menos cuando volví a ver a este amor de mi infancia, creo que fue en el 2012 y ella era la suegra de mi mejor amigo del colegio y de la vida, puede que solo nos viéramos un par de veces y nuevamente que ella no supiera nada de mi existencia, pero yo si de la de ella, intenté permanecer con Sabrina, en especial cuando se embarazó de Zari, pero ya vez al final las cosas no resultaron - Creía que nunca se había abierto tanto con Sam, como para contarle todo esto, pero por ese día sintió la suficiente confianza para hacerlo, para que ella se diera cuenta de lo que pasó y de su horrible vida amorosa, realmente había sido un lío cuando su mejor amigo se dio cuenta que estaba enamorado de su suegra, pero al final lo entendió, además él hasta ese momento no la veía como alguien para un simple revolcón o algo así, siempre la vio con mucho respeto.

- En eso tienes razón aunque viéndolo desde el punto de vista de la ciencia, el amor, al menos el enamoramiento son procesos químicos en tu cerebro que dura máximo dos años, si superas esto y sigues sintiendo algo por la otra persona y no algo que sea rutina o miedo de alejarte, eso ya puede ir llamándose amor, es aceptar a la otra persona como es, aceptar sus malos hábitos, sus cosas buenas, yo a Sabrina llegué a quererla mucho, pero habían actitudes con las que no podía vivir y a ella le desagradan cosas de mi y aún así es normal que pasen esas cosas, pero a veces las personas no son el uno para el otro, tal vez en un futuro consiga ver si se da algo con ese amor imposible que tengo, o tal vez encuentre a alguien mas que llene mis expectativas, pero si te soy sincero no es algo que sea mi prioridad, mi prioridad ahora es Zarina y mi trabajo, además estoy bien conmigo mismo - admitió, habían personas que no podían vivir sin tener el amor cerca de ellos, pero no era su caso, para él no había nada de prioridad en enamorarse o tener una pareja, ya la había tenido y podía repetirse, pero no era algo que necesitara en ese instante, si se daba genial, pero si no, no se moriría por eso.
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Sáb Dic 31, 2016 3:55 am

Después de ver con sus propios ojos lo que era capaz de hacer la mente humana, la labor de un psicólogo para Sam estaba muy sobrevalorada. No eran necesarios en un mundo con magia cuando podías ayudar a otras personas con esos problemas de inseguridades y miedos con métodos mágicos que se relacionaban con su ámbito de trabajo. Y eso que Samantha era una persona con padres muggles y una vida detrás de ella con muchísima relación a lo muggle, pero no, los psicólogos no eran de su agrado.—Los psicólogos están sobrevalorados, a mí no me gustan nada —le contestó como opinión personal. Seguramente su desagrado hacia ellos también venía de la mano de que no habían surgido muy bien con su padre.

La historia de su amor platónico le pareció entrañable, pero había algo que no le terminaba de cuadrar. Pero claro, ese "algo" era simplemente la incongruencia que sentía por su idea del amor. Para Sam era inconcebible el amor a primera vista o el amor hacia alguien por el cual al principio sientes una terrible devoción y agradecimiento. Además, no es amor si no luchas por él. ¿Cómo es eso de salir con otras chicas si estás enamorado de una en particular? Eso es como proclamarte el hereje oficial del Planeta Tierra y escupirle en el ojo a Cupido.—Pero a ver, hombre de Dios, ¿estabas enamorado de otra mujer y aún así saliste con Sabrina? ¿Pero tú eres tonto? —preguntó medio en serio, medio en broma. Sasha debía de saber que el tono de Sam era divertido, pero que también hablaba en serio—. Es lo más estúpido que he oído nunca. ¿De verdad que estás enamorado de ella o sientes una terrible devoción o admiración hacia ella y crees que es amor? Porque si es amor, me parece fatal que hayas sido tan cobarde tanto tiempo, ¿eh? —Eran amigos. Se permitía entre ellos la extrema sinceridad, ¿no?

Sam nunca había estado enamorada, pero esperaba estarlo algún día y, definitivamente, darlo todo por amor. Quizás lo tenía en demasiada alta estima... hasta que en algún momento recibiese un hachazo que le dejase bien claro que o bien no merecía la pena, o bien lo sobrevaloraba. Por el momento, para ella era importante, aunque en este momento de su vida lo menos que necesitaba era enamorarse. Es más, deseaba que eso no pasase hasta dentro de mucho teniendo en cuenta como está actualmente.

El camarero llegó con la comida que habían pedido mientras Sasha hablaba de que el amor era un proceso químico. Sam le miró con cara de pocos amigos.—Que manera de romper el romanticismo. Deberías romper el hielo así con tus futuras citas —bromeó—. Pero sí, lo sabía. Lo importante al fin y al cabo es encontrar tu media naranja, por muy a tópico que suene. Necesitas a alguien que soporte tus defectos, sea feliz con tus virtudes y, sobretodo, que te complemente. Parece complicado. —Sonrió.

Cogió los cubiertos entonces para comenzar a probar la comida y ver a qué narices sabía eso que había pedido al tuntún de la carta. Esperaba que su alzar fuese bueno.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Jue Ene 05, 2017 2:53 am

- Bueno para alguien que puede entrar a la mente de una persona y conocer hasta su mas pequeño problema, seguramente es así, pero si ayudan a las personas, aunque a veces se necesita una ayuda mas especifica de solo hablar con una persona, a veces ocupas también el uso de medicación y cosas así - se encogió de hombros, pero por mas legeremancia sabía que estas cosas no siempre funcionaban, lo mismo con otras enfermedades, sabía de personas con enfermedades que les producían grandes dolores pero que todas las pruebas las indicaban como sanas pero no por esto estaba sanas, sabía de enfermedades mentales que por mas que entraran a tu cabeza no resolverían nada por que la persona no entendía la razón de la misma y a veces tenían que ver con problemas en la química del cerebro, la magia solucionaba muchas cosas pero no todo, hasta había magia muy oscura la cual no se podía resolver, como algunos que llevaban a enloquecer por diversas torturas mágicas o por hechizos que no habían llegado a salir bien o cosas así.

- ¿Idiota? O si, claro que lo soy, vamos que era un amor de infancia, era lógico que no iba a resultar, así que si, salí con Sabrina, ella estaba interesada en mi y era una gran chica y era real - Algunas veces si no eras un Adonis era la chica la que terminaba eligiendo salir contigo y tu no con ella, al menos eso era algo que en una de sus conversaciones idiotas con algunas personas había llegado a sacar y claramente él se valió de esto, además como había dicho desde un principio, era un amor platónico y por ende imposible, así que era lógico que decidiera quedarse con algo real que perderse en un sueño o una ilusión o al menos eso intentó en un principio.

- Hey... sin tanta violencia - dijo entre risas - Ya dije era un amor imposible y si fui algo cobarde pero también era la suegra de mi mejor amigo, además en la actualidad es alguien muy importante - se encogió de hombros, claramente alguna vez sería algo cobarde en esos ámbitos, actualmente si se había planteado conocerla mas, tal vez salir con ella, con ayuda de su mejor amigo, pero aún no lo había llegado a hacer, no se había dado la oportunidad, pero esperaba que pronto se diera.

- Oh, ya lo sabes, soy a la mar de romántico - dijo entre risas antes de agradecer al camarero por la comida que acaba de servirles y ver como se iba del lugar - Lo se, eso es lo mas importante pero de momento no es mi prioridad, en algún momento aparecerá y si no, no se dará o tal vez se de con esa persona, quien sabe, solo el tiempo lo dirá - diría al final antes de tomar sus cubiertos para probar lo que sería su cena.
Anonymous
InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Miér Ene 11, 2017 2:50 pm

A parte de su clara predilección por la legeremancia, sin contar con ello, a Sam tampoco le gustaban los psicólogos porque solían escucharte y mandarte unas pastillas para tu bienestar. ¿Y desde cuando en una depresión emocional una pastilla puede hacer efecto? No. Los psicólogos eran los médicos que más debían de volcarse en sus pacientes y eran los primeros que se quitaban trabajo mandando una medicación estúpida que, en la mayoría de los casos, solía siempre ir a peor. ¿Qué necesita una persona deprimida o que tiene problemas con lo que le rodea? Cambiar de aires, simple. No necesita una pastilla que le haga dormir o que le ayude a estar despierto y que tenga como posibles efectos secundarios un intento de suicidio. Necesita viajar, conocer gente nueva, empezar de cero.—No —y Sam es que estaba demasiado convencida con su opinión en cuanto a los psicólogos—. Es una estupidez mandar medicación a una persona que lo único que necesita es cambiar su forma de ver la vida y de aceptar las cosas. La medicación es para las enfermedades, no para cuando una persona está tan confundida que lo único que necesita es atención y una nueva meta en la vida. —Y le daba un poco igual la opinión de su amigo (aunque suene un poco feo decirlo), pero Sam tenía su convicción por culpa de lo mal que lo había pasado su padre con uno de ellos cuando se divorció de su madre. Lo había pasado muy mal con eso.

La suegra de su mejor amigo... vaya, entonces sí que debía de ser un amor platónico de verdad, de esos en los que te enamoras incluso de la madre de alguien que tiene tu misma edad. Se sorprendió ante la noticia y era evidente que ante la información que dio, Sam no iba a quedarse callada y aguantarse su curiosidad.—¿Figura importante actualmente? ¿Quién es? —preguntó directamente. Suponía que ya que Sasha se lo había dicho, no era para dejarla con las ganas, sino para crear un misterio que pretendía disuadir.

Le parecía genial que Sasha no estuviese buscando nada, porque al final, quien busca algo así, no lo termina encontrando. Sam era una férrea creyente del amor, pero aún así, no buscaba nada. Por una parte porque sabía que buscarlo no le haría encontrar lo que ella quería y, segundo, porque estaba tan metida en la mierda (y no sabía como eso se incrementaría con el tiempo), que no tenía tiempo de preocuparse por nadie más.—Todo un romántico, lo sé. —Sonrió.

Comenzaron a comer tranquilamente mientras continuaban hablando de Sasha, ya que se había convertido un poco en el foco de atención, puesto que hacía mucho que Sam no le veía y quería saber de él. Sin embargo, lo que estaba siendo una tranquila noche en donde cenar con tu amigo, se convirtió en una situación muy incómoda. Si bien cualquier conocido de Sam podría haber aparecido allí en aquel momento, apareció probablemente la persona que podría no solo sacarla de sí misma, sino hacer que dejase todo por complacerla. La presencia de Sebastian Crowley apareció por la puerta del recinto y Sam lo visualizó desde que traspasó el marco de la puerta. Su mirada se quedó congelada mientras veía como se acercaba a ella, parándose justo delante de ambos y dirigiéndose directamente a Sam, ignorando por completo a Sasha.

Sam, hora de trabajar. —Sonó tan serio que cualquiera que lo hubiese oído también pensaría que tendría que levantarse e ir a trabajar. Tenía que ser verdaderamente importante si se había tomado la molestia de venir a llamarla en persona.

Sebastian se dio la vuelta para volver por donde había venido, esperando que Sam se levantase y le siguiese sin rechistar. La chica, como es evidente, maldijo mentalmente a todos los ancestros de Sebastian por aprovecharse de ella y, encima, no dejarle tener ni un maldito momento de tranquilidad y ocio con un amigo. Aunque lo que más le preocupaba es que Sasha no se metiese nunca el líos con él.

Cuando salió de su estado de sorpresa y seriedad, miró a Sasha rápidamente, recogiendo su bolso.—Tengo que irme, Sasha. —No quería dar explicaciones de por qué tenía que hacerle caso a Sebastian Crowley un viernes a esas horas de la noche, ya que eso sería posiblemente perder mucho tiempo y medir demasiado las palabras. Simplemente optó por escurrir el bulto, un tanto distraída—. Lo siento mucho. Te lo recompensaré, ¿vale? Iré a veros un día de estos a los dos, pero... —Observó de reojo como Sebastian recién acababa de salir del restaurante y menos mal que Sasha se había ofrecido a pagar, porque si no ahora mismo estaría todavía más estresada por tener que pagar su parte.—Lo siento. —Añadió antes de irse caminando rápidamente sin dar más explicaciones en dirección a donde se había ido Crowley.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Jue Ene 19, 2017 12:05 am

- Bueno, la medicación la dan los psiquiatras y se de personas que realmente les ha ayudado, pero bueno cada quien tiene su opinión con respecto esas cosas - se encogió de hombros, no pensaba meterse mas en el tema, dejaría las cosas como estaban, era mejor hacerlo y conservar una amistad a que su amiga se terminara molestando por que simplemente veían las cosas de forma diferente.

- Nuestra ministra de magia - dijo con un tono que denotaba que era realmente un amor imposible y que claramente no pasaría nada con ella, era una gran mujer, era una persona imponente, claramente no se fijaría en un niño como él, pero bueno, no le quedaba de otra mas que olvidarse de sus absurdas ilusiones aunque quien sabe, tal vez podría salir alguna vez con ella con ayuda de Cosmas y realmente esperaba que lo ayudara en eso, por que él sentía que la quería para bien y no solo por ser alguien mayor con quien hacer cualquier estupidez.

Todo parecía estar normal y tranquilo al menos hasta que notó como su amiga se tensaba justo antes de que llegara hasta ellos una persona que le parecía conocida de algún lugar, no estaba segura de quien era pero era alguien que con unas solas palabras logró que su amiga dejara esa velada a medias para irse con él, las cosas realmente no le llegaron a cuadrar sentía que algo estaba mal, ¿trabajo? ¿a esa hora? no lo creía, pero no podía decir nada, no quería meter a Sam en problemas, luego indagaría que había sido lo que había pasado, de momento no le agradaba para nada ese tipo.

- No te preocupes luego hablamos - fue lo único que dijo con una gran seriedad mientras la veía macharse con el caballero, no le agradaba nada lo que había pasado y le dejaba un amargo sabor de boca, pero no diría nada, solo los dejaría machar y él simplemente pagaría la comida y se marcharía del lugar.
Anonymous
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