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De tratos, negocios y encuentros inesperados [Priv. Niobe]

Invitado el Lun Oct 03, 2016 8:01 pm

Bien pensado, todo en ese día era una grandísima ironía. Se había levantado con el pie izquierdo, se le había mojado el zapato derecho y, por cosas de la vida, había tenido que cruzar una calle muggle para llegar al trabajo. ¿Cómo podía tener el ministerio tan mal gusto para las entradas? ¿Un baño muggle? Nunca más iba a usar ese camino, la red flu era el mejor invento de la humanidad y a la porra pequeñeces como las ruedas o el hechizo para curar resfriados.

Por fortuna tenía un empleo que disfrutaba y que consiguió alegrarle el día incluso a pesar del papeleo constante. Saludó a su jefe con educación, entró con puntualidad milimétrica y salió a comer cuando llegó el momento. A pesar de su corta edad, no le costó entablar conversación con otro departamento y en cuanto salieron los de prácticas pudo disfrutar de algo de charla joven. De no ser por la lechuza de su tío, cuando estaba a punto de salir, el día habría sido normal y hasta bien bonito.

¿Que por qué esa era la mayor ironía del día? Oh, tenía incluso su gracia. Su tío tenía que reunirse con un hombre cuyo nombre no le dijo y ella, trabajadora del pulmón legal del ministerio, tenía que recoger un sobre en el cabeza de puerco. "Es un cliente" le dijo su tío y Riza, inquieta, se limitó a suspirar y acudir al lugar a la hora correcta. Una capa con capucha haría las veces de deterrente y solo cuando tomó la mesa más alejada de la ventana y apareció el cliente, un hombrecillo de ojos vivos y pequeños, se permitió relajarse y quitársela.

-Me ha dicho que dar a mujer rubia, joven. ¿Tú conocer cliente? -Fueron las palabras del vejete, antes de sentarse. Tras unos segundos, Riza asintió.
-Sé a por qué vienes y yo he venido a por el papel. ¿Cuatro galeones? -Respondió, antes de que este le dejara el paquete y se fuera casi a la carrera. ¿Asustado, quizás? Riza, personalmente, no tenía miedo. Si no fuera seguro su tío no le habría pedido que fuera allí. Eso sí, el hombre olía francamente a rancio. La joven se giró hacia la camarera y levantó la mano con un gesto que, esperaba, fuera autoritario.

-Tráeme una cerveza de mantequilla. -Ordenó, revisando de nuevo la carta de su tío. ¿Ahora qué diantre tenía que hacer con el sobre?
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Invitado el Lun Oct 03, 2016 9:00 pm

Niobe era una chica que raras veces acostumbraba a llegar tarde, y menos cuando se trataba de cosas tan importante como trabajo. Al menos ella lo consideraba importante.
estaba casi a la otra punta del pueblo de Hogsmeade pero tenía tiempo de sobra para llegar a la taberna por lo que sacó de su bolsillo aquel pequeño aparato muggle que siempre usaba para escuchar música  y por lo que muchos continuamente le miraban extrañados y se colocó los auriculares comenzando su camino a su trabajo.
No tardó en llegar más de quince minutos y en cuanto lo hijo su jefe ya comenzó a darle el sermón de siempre. — Niobe. ¿Cuantas malditas veces te he dicho que no quiero que uses esos dichosos aparatos en mi taberna?— La joven rodó los ojos y volvió a guardárselo en el bolsillo metiéndose tras la barra y colocándose su uniforme de trabajo del cual solo constaba de un viejo y sobado delantal negro. — Todos los días igual, bastantes conflictos tengo ya como para que ahora te vean usando esas cosas. — La chica volvió a bufar y decidió dejar el tema ahí, tratando de ponerse manos a la obra. — Que si, que vale. No puedo hablar hay demasiado trabajo. — Se puso a servir unas cuantas mesas que tenían demanda de hace unos minutos y atendió a una chica rubia la cual llamó su atención desde el fondo del local. Se acercó a ella y asintió mirandola fijamente a los ojos con cierta seriedad. — Ahora mismo. — Contestó volviendo a la barra para servir su cerveza en una pequeña jarra. Mientras lo hacía no pudo evitar dedicarle una fugaz mirada a la joven la cual parecía tener su edad. ¿La conocía? Algo le decía que si pero no podía averiguar la curiosa razón por la cual ésto sucedía.
Sirvió un par de cervezas más y un whisky de fuego y los colocó sobre una bandeja para repartirlos en las correspondientes mesas las cuales recordaba a la perfección.
La última cerveza que entregó fue la de la misteriosa rubia del fondo. No pudo evitar quedarse un par de segundos mirandola con atención cuando colocó su cerveza sobre la mesa, pero volvió a irse tras la barra, aún más intrigada que antes.—
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Invitado el Lun Oct 03, 2016 9:33 pm

En cuanto la camarera, que no debía sacarle muchos años, tomó nota del pedido, Riza volvió con toda su atención al sobre que se había guardado en la túnica y a la carta que llevaba entre manos y que no daba más instrucciones. "Espera antes de irte" era lo único y allí, confiando en que nadie la reconociese, estaba cumpliendo las órdenes al pie de la letra.

Por otra parte no podía negar que empezaba a sentirse incómoda, y no acababa de atinar el porqué. Cuando la camarera le había atendido esta la había mirado a los ojos y desde entonces algo pululaba en lo más hondo de su mente. Ahora bien, no solía olvidar las caras así que si hubiese sido alguien importante la habría reconocido, o en eso quería confiar. ¿La estarían confundiendo con alguien? ¿La estarían reconociendo? No, demasiado improbable. Solo se trataba de una camarera en el bar más sombrío de Hogsmeade.

Eso sí, cuando la jarra finalmente llegó a la mesa y Riza estaba más que dispuesta a darle el primer trago, de nuevo se encontró con sus mirada atenta. No lo entendía, no lo conseguía comprender. ¿Acaso la habían criado muggles? Mirar tanto a un cliente debía de ser de mala educación, porque nunca le habían hecho algo así y mira que había estado en bares. Intentó distraerse dedicándose a su jarra y leyendo la carta por enésima vez, pero cuando ya pasaron algunos minutos y la situación empezaba a atacarle los nervios Riza acabó por alzar la mirada y suspirar, llamando por gestos a la camarera y con una ceja alzada. No quería llamar la atención, pero empezaba a estar un poco muy mosca. ¿De qué le sonaban tanto esos ojos?

-Oye, ¿aquí servís comida también? -Acabó por preguntar, intentando tener maneras y no preguntarle un "Qué pasa, ¿por qué me miras?" directamente. Tenía que ser sutil y algo educada, aunque en esos momentos fuera incapaz de sonreír.
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Invitado el Lun Oct 03, 2016 10:39 pm

En aquel lugar pocas veces había mucha gente, más bien nunca. La última vez que había visto de verdad aquel lugar con gente fue con un máximo de veintidós personas y aquel día fue prácticamente un milagro. Agradecía aquello dado que así no tendría demasiado trabajo ni se estresaría, cosa que aunque sabía manejar, le disgustaba. Mientras su jefe estaba en la barra tratando de limpiar la lugre permanente de los vasos y jarras de cristal, ella se sentó en una silla tras la barra y sacó de una bolsa que ella tenía uno de sus cuadernos de dibujo.  Todos los clientes estaban servidos y sabía que si necesitaban algo vociferarían para llamar su atención como hacían habitualmente.
Estaba ojeando su último dibujo sobre un erumpent que tenía dibujado hasta el más mínimo detalle, con apuntes y datos sobre la criatura. Sonrió repasando los bordes del dibujo con la mirada cuando observó como un grupo de hombres que rondarían seguramente los cincuenta entraban al local. Suspiró y guardó su cuaderno para ir a atenderles en cuanto lo precisasen.
Fue entonces cuando vio a la misteriosa chica del fondo llamándola y tuvo que ir donde ella. Quiso contestar su pregunta pero los hombres que acababan de entrar los cuales se sentaron en una mesa cercana a la rubia llamaron su atención como quien llamaba a un perro. — Dame un momento.— Le dicho a la rubia rodando los ojos y dándose media vuelta para atender a aquellos hombres.

Acababan de entrar y ya parecían borrachos. Escuchó su pedido sin centrarse demasiado en ellos y asintió. — ¿Es que no lo vas a apuntar?— Le preguntó el más mayor de todos. Ella negó rotundamente con la cabeza lo que al hombre pareció molestarle. Se notaba que aquel día venía con ganas de buscar pelea o meterse con el más pequeño del lugar que en aquel momento parecía ser ella. — Es mucho. — Insistió con aquel peludo entrecejo fruncido.— Me acuerdo de todo, viejo. — Sin más, se dio media vuelta para volver a atender a la misteriosa chica. — Servimos también comida pero si no quieres acabar en San Mungo no te lo recomiendo.— Ella nunca le hacía ascos a la comida. Era una chica que comía mucho y no le importaba el qué, aunque se decantaba por lo dulce.
Cierto era que había sonado algo exagerada pero es que la comida allí no tenía la mejor pinta del mundo y no sabía si aquella muchacha toleraría aquello. Aunque viendo donde se había metido dudaba que le impactara demasiado aquello.

Mientras le contaba aquello prestó aún más atención a sus rasgos y la forma en la que miraba y la forma de sus labios. Automáticamente frunció el ceño. Era ella; la mayor idiota que pudo haber habido en Slytherin en su generación. — Tú. — Murmuró con cierto desprecio en su mirada, recordando las cosas que llegó a decirle años atrás y lo mal que la hizo sentir cuando apenas era una cría. — Olvida lo que te he dicho, te recomiendo toda la comida de ésta pocilga. — Pronunció con rencor sin apartarle un solo segundo la mirada. Le había costado recordar quien era aquella joven por lo poco que llegó a verla en sus años de colegio, pero ella nunca olvidaba nada, menos aún a la gente tan detestable.
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Invitado el Mar Oct 04, 2016 4:02 pm

Riza asintió a la petición de la camarera, observando con curiosidad velada a los recién llegados y tomando otro trago de su jarra. ¿Tan pronto por la tarde y ya iban bebidos? Había, sin duda, mucha gente a la que nunca podría entender. Si pensaba un poco, además, la joven camarera le tiraba cada vez más de la memoria. ¿La habría visto en el ministerio?

Cuando esta le dijo que no le recomendaba nada de lo que pudiera servirle, eso sí, Riza no pudo evitar una pequeña risa. O la camarera era excepcionalmente sincera o la comida allí era realmente peligrosa. O eso, o su jefe y ella no acababan de llevarse bien, porque para hablar así en su presencia... Estaba dándole vueltas a esto y acabándose la bebida, por lo que apenas pudo reaccionar cuando la camarera se giró y tras lanzarle un "tú" que resonó en su cabeza, cambió radicalmente de postura y le recomendó cualquier cosa que le pudiera provocar una indigestión.

-¿Co... cómo? -Riza parpadeó dos segundos, incapaz de comprender lo que había pasado y sosteniéndole la mirada a la camarera. -¿Me estás confundiendo? -Le preguntaría, antes de que su mente decidiera funcionar al fin y reconociera en la chica que tenía delante a una de las tantas personas con quien había compartido sus años en Hogwarts. Una, concretamente, con la que se alegraba de no haber compartido casa. No pudo evitar una sonrisilla burlona antes de sacudir la cabeza. -Qué triste es ver así a los poderosos, Ravenclaw. -Soltaría, suspirando con fingida tristeza. -Pero claro... -bajaría la voz a un susurro. -¿Qué se puede esperar de alguien con sangre muggle? Y no, no me voy a quedar aquí a comer. No tengo... ganas de ir a San Mungo, cómo tú has dicho.

Oh, quizás eso era una ligera hipocresía, puesto que la propia Riza había tenido un padre muggle, pero a diferencia de la ex-Ravenclaw ella procedía de un bonito linaje. Y aunque no pretendía pegarse con nadie esa mañana, no había podido resistirse a meterse con la estudiante con la que, siendo sincera, tanto se había metido en el pasado. No iba a dejar que algo como un "que te de una indigestión" pasara desapercibido.

-Ya que estás, tráeme la cuenta. Tengo prisa. -Añadiría, antes de terminar la jarra. Tenía prisa, al menos ahora.
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Invitado el Mar Oct 04, 2016 8:04 pm

Y allí estaba la habitual tan irritante sonrisa de la rubia de años atrás, aquella que solo verla le producía una inmensa rabia, al menos es lo que en su adolescencia y parte de su avanzada niñez provocaba, ya no. Ahora más bien le hacía recordar lo despreciable e idiota que podían llegar a ser las personas por su ignorancia, porque así consideraba a todos aquellos patéticos puristas.

Frunció el ceño ante su ofensa, cuando trató de hacerla sentir menos de lo que ella era por trabajar en aquel lugar y ser criada por quien fue criada. La mayoría de los años de su infancia fue criada por su padre debido al fallecimiento de su madre, y cierto era que no podía ni verlo, pero aún así, se sentía ofendida. — Triste es que tu nefasta inteligencia por mucho esfuerzo que pusieras no estaría ni a la mitad de la altura de la mía. — Comentó dedicándole una mirada de desprecio. Cuanta ofensa en unas pocas palabras, al parecer la chica no había perdido su punto. ¿Tenía prisa? Más iba a tener. — Así que tienes prisa, vaya. Habrá que traerte la cuenta. — Comentó con una ladina sonrisa y se dio media vuelta para volver de nuevo a la barra, con una enorme calma. Mientras más prisa tuviera la rubia, más despacio iría.

Esperó un par de minutos tras la barra y se decidió a llevarle la cuenta a la rubia. Caminando directa a su mesa con una pequeña sonrisa, pero en el último momento se giró colocándose cerca de la mesa de los cincuentones borrachos, los cuales pedían otra ronda de cervezas y whisky junto con algo de comida. Uno de los hombres que se dirigió a ella minutos antes volvió a hacerlo y con tal de fastidiar a la ex Slytherin, fingió un completo interés por aquel hombre y se quedó dándole conversación por casi cinco minutos. Tenía suerte de que en el turno de tarde, era la única camarera.
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Invitado el Mar Oct 04, 2016 9:25 pm

¿Su "nefasta" inteligencia? ¡¿Cómo osaba esa... muggle tratarla de ese modo?! La joven purista se sintió apretando los dientes de forma involuntaria y durante un segundo jugueteó con la idea de levantarse, pero no iba a romper su fachada tan pronto. De no estar dónde estaba y en las compañías en que se encontraba, felizmente le habría echado en cara que ella, a diferencia de cierta cabecita morena, tenía un puesto de trabajo en el ministerio de magia. La inteligencia, sin resultados visibles, no era sino una cualidad de la que alardeaban los necios. O eso había oído decir alguna vez, a alguien, en algún sitio que no se molestaría en recordar.

Ahora bien, en cuanto vio la sonrisa en los labios de la ex-Ravenclaw Riza supo que, para bien o para mal, eso de "Tengo prisa" quizás había sobrado. No por impertinente, porque felizmente le habría dicho cosas peores, sino porque le acababa de dar un asidero a la camarera y eso podía dar para largo. Y aunque la mestiza albergó una ligera esperanza de que todo terminase pronto en cuanto vio a Niobe llevando la cuenta, fue ver cómo empezaba a hablar con uno de los borrachos y la joven rubia a punto estuvo de tirarse una mano a la cabeza. Cinco minutos y una lectura comprensiva de las instrucciones (ya por enésima vez) después, la paciencia de Riza llegó a su fin y tras levantarse con cuidado de no ensuciarse la túnica, caminó con todo el aplomo que pudo imprimirle a sus pasos (porque el suelo estaba algo pegajoso y le daba mucho repelús) y tras pasar junto a la camarera echó mano a la bandeja y a la cuenta. ¿Su objetivo? Quitársela y llevarla a la barra, donde dejaría el dinero suelto antes de largarse. Si la chiquilla sangre sucia quería tomarse su tiempo hablando con borrachos, genial. Pero ella no pensaba quedarse ni un segundo más allí.

El problema vino, claro, cuando recordó que llevaba varios galeones en el bolsillo y que así no iba a pagar justo ni queriendo. De ninguna forma iba a dejarle propina a una ex-Ravenclaw tan molesta como aquella.
-Oye, mira, cuanto antes me cobres antes me largo de aquí, tú sigues con tu vida y yo con la mía, y con suerte no te veo el pelo en años. -Propuso, intentando dar pie a la vía diplomática. Tenía cosas que hacer en casa, y su tío estaría empezando a impacientarse.
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Invitado el Miér Oct 05, 2016 1:49 pm

Con el intento de acabar molestando a al rubia, al final acabó prestando atención a aquel grupo de borrachos. Era un tanto patético lo ebrios que estaban para las horas que eran, pero no era la primera vez que algo del estilo sucedía en aquel lugar. Quiso quedarse un poco más dándole la espalda a la ex- slytherin pero ésta provocó que se volviera hacia ella, molesta, como no. Era lo que siempre había conseguido, hiciera lo que hiciera, o dijera lo que dijera, al rubia siempre le hacía cabrear, tuviera once años, catorce o veintitrés.

¿Estás tonta?— Lanzó aquella pregunta retórica irguiéndose hacia ella. Entendía que le molestase que hubiera hecho lo que acababa de hacer, más que nada porque era lo que lo buscaba, pero no que le quitara la bandeja así porque sí, más que nada porque no tenía derecho alguno.— A mi me habrán criado unos muggles, pero a ti te han criado sin ninguna educación, por lo que veo. — Hizo caso omiso a su petición, de hecho no le importaba, no cuando desde el primer momento le había hablado como lo había hecho, buscando molestarla, o bueno, directamente buscando dar por culo. — Y al contrario de lo que te hayan hecho creer existe la educación y el orden. No estas tú sola aquí ¿Lo sabías? No eres el ombligo del mundo, rubita.— Ese 'rubita' lo pronunció con cierto retintín frunciendo el ceño.

Riza nunca le había caído bien y jamás lo haría, por muy civilizada que tratase ser ahora, aquellas no eran las formas. No podía ofenderla y tratar encima de que cumpliera sus deseos de traerle la cuenta rápidamente porque si. Cierto era que había podido y debía traerle la cuenta en cuanto pudiera y estaba siendo inmadura actuando así, pero que se lo hubiera pensado antes de ser tan idiota.
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Invitado el Miér Oct 05, 2016 3:24 pm

Tuvo que morderse la lengua para no responder a esa primera pregunta de Niobe, apenas escondiendo su diversión al haberla irritado de nuevo. Sí, tenía prisa y estaba harta de la situación, pero toda opción de acabar con los nervios de la camarera era bienvenida. O, al menos, se catalogaba como placer culpable porque a pesar de gustarle incordiarla no hacía sino añadir segundos extra a su presencia allí.

-Sigo prefiriendo no tener maneras a que me críen muggles, la verdad. -Resumió, intentando imprimirle cierto tedio a su voz. Riza sabía de sobra que no era el centro del universo y que no iba a serlo, y de hecho su objetivo allí era ser discreta, pero el "rubita" sí logró acabar con sus nervios hasta el punto de girarse con el ceño fruncido y una sonrisa más que forzada. A la porra el tedio, se estaba ya cabreando.

-Y me vas a perdonar, pero no he sido yo quien ha ido a una clienta y le ha deseado una indigestión. Si yo no tengo maneras, y por lo visto para tratar con muggles no me hacen falta, no sé en qué te convierte eso a ti. -Le soltó, apoyándose en una silla en un gesto que incluso ella reconocería como infantil y con tan mala pata que la silla se rompió bajo su peso y antes de darse cuenta estaba dando con el trasero en el suelo.

Quizás fue su imaginación o quizás no, pero en el momento ese que duró su caída le pareció ver a uno de los clientes escondiendo su varita. Lo que sí que no fue su imaginación fueron las risas de la mesa cercana, más discretas que ruidosas mas perfectamente audibles desde su posición. Estuvo a punto de echar mano a la varita y vengar su honor herido, pero fue entonces cuando reparó en la pequeña mancha rojiza que se iba extendiendo en la palma de su mano derecha. No tuvo más remedio que incorporarse agarrándose a la barra y admitir, muy a su pesar, que la situación tenía cierta gracia. Eso le pasaba por ir dando manotazos a las sillas y no comportarse como una persona adulta. Iba a tener que tragarse la vergüenza y sonreír.

-Anda, Niobe, cóbrame y así me largo a vendarme esto. -Suspiró, rebuscando en sus bolsillos a ver si encontraba algo medianamente útil. El peor parado era su orgullo, pero tampoco era irreparable.
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Invitado el Miér Oct 05, 2016 7:50 pm

Ignoró completamente su tan idiota comentario sobre los muggles. Los puristas cada vez le hacían recordar más a los racistas e intolerantes de su mundo, bueno, de su otro mundo; el muggle. Eran realmente iguales, nunca atendían a razones y su ideología era la única y verdadera, porque es como según ellos el mundo debía ser. Le parecía muy patético, y más aún cuando lo presenciaba.

Por ésta vez no le replicó, quizá empezaba a desear que abandonara el lugar y no acabar estresada en las tres horas que le quedaban de su turno. Así que simplemente le respondió con una ladina sonrisa, como si aquello le importara una mierda, como si disfrutara viendo lo irritante que era y las cosas tan absurdas que decía.
Quiso ceder por su propio interés y entregarle la dichosa cuenta pero el ruido que hizo la rubia al caer la interrumpió.

Una pequeña carcajada salió imprudentemente de sus labios al verla en el suelo. No rió solo porque se tratase de ella, sino porque tenia la mala costumbre de reír por las caídas, fueran o no suyas. Aunque eso si, siempre y cuando no fueran graves, era algo mal educado pero le salía la risa tonta y nerviosa sin poder evitarlo.
Sonrió ampliamente cuando la rubia se levantó, puede que no estuviera bien reírse de las caídas, pero disfrutó aquello porque lo consideraba obra del karma.

En cuanto vio su sangre su sonrisa se borró por completo. Riza podía ser una gilipollas, pero quisiera o no ella era una clienta y Niobe era alguien quien se preocupaba por el prójimo e intentaba ayudar en lo posible.
Bufó dejando su orgullo de lado y la miró con el ceño fruncido. — Dentro, hay un botiquín.— Señaló el lugar con la mano y rodó los ojos. — Puedes mirarte ahí la herida y después irte de una maldita vez.
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Invitado el Jue Oct 06, 2016 7:48 am

La joven logró ponerse en pie manteniendo aún una sonrisa algo avergonzada, tratando de ocultar con toda la gracia que pudiera la irritación que le provocaba haberse caído, y más aún cuando fue Niobe la que se rió. Por alguna razón, probablemente porque la camarera le caía más mal, mantener una fachada tranquila se le estaba haciendo más complicada.

Lo más importante ahora, sin embargo, era atenderse la herida. Era su mano dominante, y probablemente fuera a dolerle un poco si intentaba lanzar un hechizo en los siguientes días, pero nada que no pudiera soportar. Tenía movilidad completa, aunque tuvo que pillar varias servilletas para evitar que la sangre dejara gotas mientras se dirigía hacia dónde Niobe le había dicho. Una vez en el cuartito no le fue difícil localizar la caja con las medicinas y, tomando la varita entre los dientes para que no se le cayera del bolsillo al agacharse, logró tras unos segundos de duda hacerse con el desinfectante y las vendas. Iba a tener que aplicarse el alcohol como si fuera una asquerosa muggle, pero siendo diestra y con la herida en esa mano... Riza suspiró, apretando los dientes y preparándose mentalmente para el momento en que el alcohol tocara la herida y confiando en mantener el tipo.

No lo logró demasiado: consiguió no gritar, sí, pero acabó soltando el taco más creativo que jamás había pronunciado (con cabras, serpientes y muggles de por medio) y a punto estuvo de ver las estrellas. Tardó casi un minuto en recuperarse lo bastante como para vendarse la mano, improvisando con la mano zurda y aguantando un lado de las vendas con los dientes (la varita estaba otra vez en el bolsillo) hasta que logró atarse la mano. Era un vendaje algo feo y un poco llamativo, pero como llevaba una túnica larga ese día confiaba en que no habría problemas.

Lo bueno era que no había manchado en absoluto el suelo, lo malo era que la venda seguía doliendo como si tuviera allí fuego y no una heridita de nada. Cuando al fin dejó el botiquín y salió de nuevo al comedor del bar, acercándose a la barra y con cuidado de no mancharse el vendaje, sacó la cartera y buscó a la morena con la mirada. ¿Iba a hacerla esperar más para largarse?

-Te quedaba poco alcohol ahí dentro, Niobe. Yo lo rellenaría, antes de que alguien pille una infección si se rompe otra silla. -Añadió, con un suspiro. No era una mentira, tampoco era del todo una puya... O bueno, sí, a quién iba a engañar: no había podido evitarlo.
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Invitado el Jue Oct 06, 2016 12:31 pm

Mientras la rubia trataba de curarse, la noruega volvió tras la barra. Todos los clientes estaban servidos y no entraban más por el momento por lo que estaría durante un buen rato tranquila a no ser que algún borracho volviera a pedir más rondas de alcohol, que no dudaba que acabaría sucediendo tarde o temprano. Pero mientras tanto, volvería a su cuaderno. Aquellos quienes se acercarían a la barra serían atendidos por su jefe, así que no tenía por qué preocuparse. Una de las razones por lo que adoraba trabajar allí era por lo tranquilo que era.

Estaba apoyada sobre el trozo de vieja madera plegable que separaba la barra del resto del bar, apoyó su cuaderno sobre ésta y sacó su pluma. Quiso ponerse a escribir unas cuantas notas sobre lo último que leyó en uno de los últimos que compró, pero la rubia volvió a interrumpirla, molestándola, para variar.


Solo pido un minuto de paz.— Murmuró para si misma molesta por su comentario, sin importar que pudiera escucharla. Le había ayudado a que pudiera curarse la herida ¿Ni siquiera así era capaz de callarse la boca? Parecía ser que no. ¿Pero qué se iba a esperar de la gente de su calaña? — Te podrías mostrar al menos un poco agradecida ¿No? No sé ni para que lo intento. — Colocó aquella pequeña bandeja sobre la mesa donde estaba su cuenta y apartó un poco su cuaderno sin molestarse en cerrarlo, solo quería que la rubia pagara y poder perderla de vista para seguir con lo suyo.

No comprendía como la primera vez que la vio en Hogwarts pudo pensar que sería una buena chica. Ella nada más entrar en el castillo, poco conocía de aquel mundo ni de lo clasista que era, por eso fue tan difícil en un principio. Por eso pensó que cuando conoció a la rubia sería buena y simpática, a pesar de que fueran de casas importantes, porque cuando ella era pequeña, no creía que allí hubieran diferencias. ¿Como iba a haberlas cuando todos eran iguales? Todos eran magos y brujas...pero al parecer, unos tenían más importancia que otros, o así lo vió en los años de su adolescencia.
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Invitado el Jue Oct 06, 2016 1:37 pm

No pudo evitar que, de nuevo, una sonrisilla sardónica lograra colarse en su rostro. ¿Un minuto de paz? Que se lo hubiera pensado antes de molestarla. Ella también había querido su minutillo de paz hasta que la conversación había degenerado en un concurso de pullas y una silla rota, y bien pensado, sonaba peor así de lo que había sido en realidad.

Rebuscar en la cartera fue más difícil de lo que parecía, pero acabó por sacar un galeón y dejarlo sobre la barra, algo curiosa por lo que estuviera apuntando la ex-Ravenclaw pero sin importarle realmente. Alguna cosa muggle, probablemente, y por tanto indigna de su atención.
-En realidad, no estoy siendo totalmente desagradecida. Nadie merece romperse algo y que no quede alcohol, así que podría no haberte avisado. -Añadió, mientras su mirada traidora intentaba cotillear el cuaderno por el rabillo del ojo.

Fue por puro reflejo que vio a uno de los clientes, el mismo al que creía haber visto esconder la varita antes, sacar esta y mirarla de reojo. Y ahí sí que no iba a llegar. Aprovechando que tenía la cartera en la mano sacó un par de knuts de la misma, miró al hombre y le lanzó la moneda, apuntando con su varita a la misma y pronunciando en su mente el hechizo Captare. Si el hombre se quedaba quieto, iba a recibir el ataque de una moneda (que no era mucho, pero un moratón le iba a dejar) y si se movía... pues también.

Siendo franca, Riza habría preferido lanzar algo más efectivo, pero había prometido ser discreta. Y a la otra no pensaba prometer nada.


Captare: Hechizo Perseguidor. Consigue que el objeto sobre el cuál se aplica la magia persiga a una persona. Si se pone sobre un objeto o hechizo ya lanzado este seguirá atacando hasta dar en el blanco.
(Usando Conjuro Silencioso)

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Maestro de Dados el Jue Oct 06, 2016 1:37 pm

El miembro 'Riza Beckett' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Invitado el Jue Oct 06, 2016 3:38 pm

Una vez habiendo puesto la pequeña bandeja en la barra, hizo caso omiso a la chica y volvió a sentarse y centrar su atención en su cuaderno. Si veía que por lo que fuera Riza se quisiera escaquear de pagar o cualquier otro inconveniente que podría causarle, lo vería por el rabillo del ojo, además ¿Quién se escaquearía por una simple cerveza de mantequilla? Más aún con toda la insistencia que puso antes la rubia porque le trajera la cuenta cuanto antes.

Una vez más intento coger su pluma y apuntar unas cuantas anotaciones y parecía estar consiguiéndolo cuando no muy lejos de ahí escuchó un pequeño tintineo de una moneda cayendo sobre el suelo y dando pequeños golpes, junto con el gruñido y protesta de uno de los clientes.
Alzó la mirada buscando averiguar que acababa de suceder e instintivamente miró a la rubia acusadoramente. ¿Por qué? Parecía ser la más cercana a aquel hombre tan molesto.

Con cierto cabreo y sin apartar la mirada de Riza, cogió el galeón que había dejado sobre la pequeña bandeja y lo guardó en la caja. No quiso incumbirse  en los asuntos que parecía estar metida la rubia, aunque cierta curiosidad le hacía caer en la tentación. Siempre había sido una chica muy curiosa, tal vez demasiado. — Para tener tanta puñetera prisa por marcharte de aquí bien que lo estas retrasando.— Murmuró con el ceño fruncido y negando con la cabeza. — Y sería de apreciar que dejases de molestar a la clientela que luego la que tiene que aguantarles, soy yo. — Le reprochó. Intuía que alguna razón debía haber, pero no iba a ser ella quien se inmiscuyera. No cuando se trataba de ella.
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