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De tratos, negocios y encuentros inesperados [Priv. Niobe]

Invitado el Lun Oct 03, 2016 8:01 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Bien pensado, todo en ese día era una grandísima ironía. Se había levantado con el pie izquierdo, se le había mojado el zapato derecho y, por cosas de la vida, había tenido que cruzar una calle muggle para llegar al trabajo. ¿Cómo podía tener el ministerio tan mal gusto para las entradas? ¿Un baño muggle? Nunca más iba a usar ese camino, la red flu era el mejor invento de la humanidad y a la porra pequeñeces como las ruedas o el hechizo para curar resfriados.

Por fortuna tenía un empleo que disfrutaba y que consiguió alegrarle el día incluso a pesar del papeleo constante. Saludó a su jefe con educación, entró con puntualidad milimétrica y salió a comer cuando llegó el momento. A pesar de su corta edad, no le costó entablar conversación con otro departamento y en cuanto salieron los de prácticas pudo disfrutar de algo de charla joven. De no ser por la lechuza de su tío, cuando estaba a punto de salir, el día habría sido normal y hasta bien bonito.

¿Que por qué esa era la mayor ironía del día? Oh, tenía incluso su gracia. Su tío tenía que reunirse con un hombre cuyo nombre no le dijo y ella, trabajadora del pulmón legal del ministerio, tenía que recoger un sobre en el cabeza de puerco. "Es un cliente" le dijo su tío y Riza, inquieta, se limitó a suspirar y acudir al lugar a la hora correcta. Una capa con capucha haría las veces de deterrente y solo cuando tomó la mesa más alejada de la ventana y apareció el cliente, un hombrecillo de ojos vivos y pequeños, se permitió relajarse y quitársela.

-Me ha dicho que dar a mujer rubia, joven. ¿Tú conocer cliente? -Fueron las palabras del vejete, antes de sentarse. Tras unos segundos, Riza asintió.
-Sé a por qué vienes y yo he venido a por el papel. ¿Cuatro galeones? -Respondió, antes de que este le dejara el paquete y se fuera casi a la carrera. ¿Asustado, quizás? Riza, personalmente, no tenía miedo. Si no fuera seguro su tío no le habría pedido que fuera allí. Eso sí, el hombre olía francamente a rancio. La joven se giró hacia la camarera y levantó la mano con un gesto que, esperaba, fuera autoritario.

-Tráeme una cerveza de mantequilla. -Ordenó, revisando de nuevo la carta de su tío. ¿Ahora qué diantre tenía que hacer con el sobre?
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Invitado el Vie Oct 07, 2016 8:07 pm

Aunque Riza habría preferido mil veces dejarle una buena cicatriz al borracho que había osado intentar mofarse de ella, el golpe no daría para más que un buen moratón. No es como si hubiera puesto toda su energía tras ese hechizo, ni mucho menos, pero por lo visto la venda iba a importunarla más de lo que esperaba. Tendría que ir con ojo, al menos durante un par de días... o hasta que se aplicara algún remedio decente. No era cuestión de darle más vueltas.

Muy a su pesar, no pudo evitar alzar una ceja cuando vio que Niobe ni siquiera levantaba la vista del cuaderno, entre divertida y molesta. ¿Ya se había cansado de discutir? Le estaba bien empleado, tanto a ella como a su cliente.

-Si la clientela no intentase herirme, la dejaría en paz sin ningún problema. -Añadió, antes de tomar el cambio y dirigirse muy dignamente hacia la puerta. Obviamente no iba a ser tan sencillo y, en cuanto se dio la vuelta, tuvo el tiempo justo para esquivar un hechizo con muy mala pinta que no llegó a identificar. ¿De verdad tenía que sacar la artillería pesada? Un suspiro después, pronunciaba en su mente el conjuro que antes se le ocurrió, dejando al tan valorado cliente cabeza abajo colgando de una pierna. Y ahora sí que se largaba, no sin la obligatoria sonrisa mordaz al borracho.

Si de ella dependía, no iba a volver a ese establecimiento. Le hicieron falta varios minutos para relajarse tras salir de allí, aún molesta por la situación, y a punto estuvo de arrollar a una bolita de pelo que estaba allí sentada, mirándola con cara de pena. Si era un perro o un gato, eso ya no podía identificarlo, pero tenía las orejas puntiagudas y el hocico chato. Y empezaba a acercársele al zapato con carita de felicidad, sin inmutarse demasiado por los intentos de Riza de alejarlo con el pie.

Un vistazo más de cerca le reveló que el pelaje de la criaturilla estaba sucio y desaseado, y que más que delgada lo que estaba era escuálida.
-A ti tampoco te ha tratado bien el día, ¿no? -Acabó por comentarle, antes de rascarle la cabecita y emprender de nuevo el camino. Tenían que vender algo comestible cerca y, en su caso, por dinero no iba a ser. No podía volver a casa con una mascota, pero al menos le traería una lata de comida. Por haberle sonreído, y porque ya estaba bien de que le pasaran cosas molestas en esa tarde.
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Invitado el Sáb Oct 08, 2016 8:36 pm

Tanto le desagradaba la rubia que ya hacía lo posible por ignorar su presencia y sobretodo, abstenerse a replicarla fuera en lo que fuera, aunque cierto era que complicado era un rato. Muchas veces no podía resistirse a contestar a la gente idiota. Cien veces le habían dicho que no malgastara su tiempo de aquella forma, y cien veces lo malgastaba. No podía dejar que anduvieran diciendo una enorme sarta de bobadas y quedarse callada, pero ésta vez quiso intentarlo. No quería darle el gusto a la rubia, o pensaba que de esa forma acabaría dándoselo; haciéndola ver lo muchisimo que le irritaba.

Ni que tu fueras Santa Teresa de Calcuta, por favor.— Murmuró a media voz para si misma aunque poco le importaba si la rubia le escuchaba.
Quiso continuar ignorando aquella escena pero no pudo con el alboroto que se formó por culpa de la rubia. Quizá la chica se estaba defendiendo de alguien, quizá solo quería mostrar su poder a saber a quien, pero lo que hizo no pasó desapercibido.
Cuando Riza marchó quiso reaccionar y solucionar aquel embrollo pero su jefe se le adelantó devolviendo a aquel cliente al suelo, haciendo que su enorme trasero golpeara contra la vieja y raída madera del suelo.

Los últimos dos días en el trabajo los había tenido muy tranquilos, no era casualidad que nada más entrar la rubia en el local los problemas ya comenzaran a surgir de uno en uno. Aquella chica traía de por si los problemas, ella en si era todo un problema.

Aquel ruidoso ambiente tardó en calmarse unos tres minutos, pero volvió a su ritmo habitual de borrachos y misteriosos clientes que se centraban en sus turbios y no tan turbios asuntos, y casi que lo prefería así. Le gustaba trabajar rodeada de tranquilidad, a pesar de que ella fuera continuamente un manojo de nervios, o la mayoría del tiempo.
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