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Nice to meet you... again | Sam J. Lehmann

Invitado el Mar Oct 18, 2016 12:01 pm

Desde mi primera visita al pueblo me había quedado fascinada por o que allí ocurría. Era agradable poder pasear por sus calles sin miedo a que los demás te mirasen como a un bicho raro. Allí se podía ser mago y bruja el cien por cien del tiempo, y eso me resultaba relajante.

Como algunas tardes que tenía libre en el hospital, había decidido pasarme por Hogsmeade para ver a mi hermano. Desde su accidente me había puesto algo sobreprotectora con él, pero yo era así, no podía dejar de preocuparme por alguien que me importaba tantísimo. Pero una vez allí me invadió una extraña sensación de necesitar algo diferente, de tomarme el día para mí por una vez. No solía sucumbir a pensamientos egoístas, pero algo me decía que aquel no era un día para pasarlo con Steven.

Adoraba el sonido del suelo crujiendo bajo mis botas. Pese a estar en octubre hacía bastante frío, y eso me gustaba, me daba una razón para llevar mis gorros de lana de colores y aquellos guantes que conservaba de cuando estudiaba en Hogwarts con los colores de Hufflepuff. Decidí entrar en la Tienda de Madame Tudipié, pensando que un té calentito era todo lo que necesitaba para hacer de aquel día un día especial.

Tras sentarme en una mesa alejada de la ventana y pedir un té de canela y unas galletas de mantequilla me fijé en una joven rubia que, aunque me daba la espalda, para mí siempre sería fácil de reconocer. Cuando pasó a mi lado me contuve de cogerla de la mano, y en vez de eso me decidí a llamarla. —¿Sam?
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Mar Oct 18, 2016 4:58 pm

Era el día libre de Sam, no porque no tuviera trabajo, sino porque estaban haciendo algunas obras en su departamento y no tenía que ir. Como estaba acostumbrada a madrugar todos los días aún así, había decidido tomarse ese día enteramente para ella. Nada de recados, nada de obligaciones y nada de compromisos; sólo ella. Había salido a correr bien temprano y se había pegado prácticamente media mañana haciendo deporte, mirando tiendas y simplemente olvidándose del tiempo. Cuando llegó a casa se preparó un pastel de tomate, espinacas y patatas, ya que hacía meses que se había decidido a comer sólo cosas vegetarianas —por respeto a su convivencia con un precioso cerdito vietnamita— y, cuando llegó la tarde, se duchó y se dispuso a salir de nuevo.

Quería terminarse un libro que le había prestado un amigo y no le apetecía lo más mínimo quedarse en casa, así que eligió uno de sus lugares favoritos para tener una agradable y tendida tarde de lectura, junto a té y galletas: la tetería de Madame Tudipié. ¿Acaso había un lugar mejor?

Nada más llegar se acercó a la barra para saludar a la mesera, una mujer que ya le conocía por todas las veces que había ido, además de saludar a la nueva empleada, una chica pelirroja que nunca había visto por allí. Pidió allí mismo en la barra, para luego caminar hacia el sitio que había ojeado, pegado a la pared junto a un cómodo sofá y la chimenea. Sin embargo, no llegó hasta allí, ya que cuando pasó al lado de una mesa, la chica de esa mesa pronunció su nombre. Esa voz; esa voz le sonaba muchísimo, pero no fue capaz de etiquetarla hasta que se dio la vuelta, viendo allí a Beatrice.—¿Bee? —preguntó, sonando tan sorprendida como ella y sintiéndose un poco tonta por la situación de: "¿Sam?" y "¿Bee?". Estaba claro que ella era Sam y que la otra era Bee, había preguntado más por sorpresa que por realmente duda. En el rostro de Sam se formó una sonrisa llena de sorpresa y felicidad y dejó su bolso sobre la mesa para acercarse a ella y darle un fuerte achuchón. Cuando se separó, la miró de arriba abajo para admirar los hechos con una actitud totalmente afable—. ¡Madre mía, Bee, estás genial! ¿Hace cuánto que no nos veíamos? —preguntó retóricamente, aunque ella también hizo memoria para intentar acordarse la última vez que la vio—. Me alegro montonazo de verte. ¿Qué tal estás, tía? ¿Qué es de tu vida? —le preguntó con muchísima curiosidad, observándola con interés.

No se había sentado, sino que aún estaba de pie. No se iba a sentar con ella así porque sí, a lo mejor estaba esperando a alguien o su acompañante estaba en el servicio, pero por lo menos quería saber qué era de su vida. ¿Por qué razón habían dejado de mantener el contacto? En estos momentos se cuestionaba las decisiones de la Sam del pasado...

OFF: Ropita.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Sáb Oct 29, 2016 11:05 am

Tuve que contenerme de dar un gritito de niña emocionada, que era como me sentía en aquel preciso momento. Sam había sido mi mejor amiga en Hogwarts, y me gustaba pensar que por mucho tiempo que hubiésemos pasado sin hablar ni vernos podía seguir considerándola una parte fundamental de mi vida. Ella parecía tan emocionada como yo, y eso me mantenía las esperanzas de reconectar. Al verla allí, visiblemente encantada de verme, sin parar de hacerme preguntas, me di cuenta de lo muchísimo que la había echado de menos.

La tomé de las manos, esperando que terminase de hablar para poder contestarle a todo. Yo también tenía un montón de preguntas que hacerle, pero ella se me había adelantado. Una enorme sonrisa adoraba mi rostro, que lo más probable era que hubiese tomado un matiz rosado casi infantil. —¿Quién me lo iba a decir? Ay, Sam, no sabes lo encantada que estoy de verte, de verdad. Ven, siéntate conmigo— Me senté a la mesa y le hice un gesto para que hiciese lo propio. Apoyé los codos sobre la mesa con cuidado de no dar un golpe a la taza de té o al plato de galletas. —Vine a buscar a Steven, que trabaja en la tienda de música, pero estaba tan liado que decidí venirme a tomar un té— Recordé el té, que debía estar quedándose frío, y di un pequeño sorbo antes de continuar hablando. —Estoy trabajando en San Mundo, y vivo en la zona muggle de Londres, como siempre quise. ¿Y tú? ¿Conseguiste entrar en el Ministerio?— Teníamos tanto en lo que ponernos al día.
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Lun Oct 31, 2016 9:23 pm

Lo que menos esperaba Sam era encontrarse con Beatrice allí en Madame Tudipié. Si bien los recuerdos que tenía con ella en Hogwarts eran posiblemente de los mejores que tenía en cuanto a amistades se refería, el hecho de haberse separado tanto después de su graduación, hizo que la considerase una de esas amigas que dejan huellas muy buenas pero que jamás vuelves a reencontrarte. Pero qué boba... el mundo mágico a fin de cuentas era como un pañuelo. Y en aquel momento Sam se alegraba muchísimo de ser un moco. La legeremaga no dudó en sentarse con ella al recibir la invitación, sonriendo como una niña pequeña que recién ha recibido los regalos de navidad.

Sam abrió los ojos sorprendida y le dio un suave golpecito a la mesa ante la revelación que le había venido a la mente.—Ya decía yo que me sonaba el trabajador de esa tienda. ¡Es tu hermano! —Sonrió y negó con la cabeza—. No veas la de veces que he pasado por delante y le he mirado intentando adivinar quién era. Me sonaba muchísimo su cara pero no caía en que era tu hermano. Si algún día te comenta que una rubia retrasada no para de mirarle a través del escaparate, soy yo y no ninguna acosadora —añadió con diversión.

La trabajadora de allí le llevó a Sam el té que se había pedido y la pequeña porción de tarta de manzana y tras darle las gracias, se alegró por las palabras de Bee.—Sí, ahí estoy, trabajando como instructora de legeremancia. Al final conseguí lo que con mucho empeño se me antojó en cuarto de Hogwarts. Aún recuerdo cuando me lo nombró la profesora de Adivinación y me obsesioné con el tema. —Porque había sido así. La legeremancia entró en su vida como una flecha y hasta el momento había sido su pasión y su vocación—. También vivo por la zona muggle. ¿Por qué zona conseguiste casa? —preguntó por curiosidad, para luego sonreír ante la idea de que trabajase en San Mungo—. Yo voy mucho a San Mungo, no porque sea un poco hipocondríaca, que a veces también... —Sonrió dulcemente, en broma—. Sino para visitar a mi amigo Sasha. ¿Lo conoces? Es que me parece increíble que vaya tanto y jamás haya coincidido contigo.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Invitado el Vie Nov 25, 2016 5:21 pm

Había llegado al salón de té muerta de frío, pero agradecía cada minuto que pasaba allí, cercana al fuego, viendo como el calor volvía lentamente a mi cuerpo. Aquel calor me traía recuerdos muy especiales de los viajes a Hogsmeade durante mis años en Hogwarts, en los que casi siempre iba del brazo de Sam. Me daba la sensación de que casi no había pasado el tiempo para nosotras, y eso se agradece en las amistades.

Tuve que taparme la boca con ambas manos para no reír de aquella forma tan escandalosa que tenía cuando algo me sorprendía de verdad. —Jamás pensé que pudieses olvidarte de Steven...— Me encogí de hombros haciendo ver que aquello no era más que un comentario que debía ser gracioso, aunque seguramente solo lo fuese para mí, lo normal.

Di un sorbo de té y agradecí el calorcillo, esperando que Sam terminase de hablar para poder responder a todas sus preguntas. Nunca me había hecho mucha gracia el tema de la legeremancia, me parecía como una completa violación de la intimidad, y sinceramente esperaba que Sam no la estuviese usando conmigo. —Me alegro mucho por ti, trabajar de legeremante en el Ministerio es todo un logro, algo de lo que presumir— Engullí, prácticamente, una galleta de mantequilla, pero aquella era mi forma habitual de comerlas. —Pues vivo en un adosado en Queen's Gardens, mi casera es una anciana encantadora que también trabaja en San Mungo. Me lo alquila por una miseria porque no quiere para nada la casa, creo que terminaré por comprársela— Mastiqué con parsimonia otra galleta, algo completamente raro en mí, mientras meditaba sobre el nombre Sasha, aunque conociendo mi memoria lo normal era que no supiese de quien me hablaba. —Seguro que sé quien es, pero ya sabes que para los nombres soy malísima. Si me enseñas una foto suya es posible que lo reconozca— Sasha, Sasha... No, seguía sin caer en quien era el muchacho.
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InvitadoInvitado

Sam J. Lehmann el Miér Dic 07, 2016 2:37 pm

La verdad es que la memoria de Sam era bastante selectiva y para ser sinceros, de los hermanos Bennington, para la legeremante siempre fue mucho más importante la chica que el chico. Steven era simplemente el hermano de su amiga y ya está. Samantha sonrió ante el comentario de Bee.—Yo también creía que mi memoria era mucho mejor para las caras, pero ya ves que no. Ahora por lo menos, la próxima vez que le vea le podré saludar —contestó con jovialidad.

Ella estaba super feliz en su trabajo en el Ministerio, aunque no fuese lo que siempre soñó, era una de sus metas y poco a poco eso le abría puertas para continuar con sus estudios, ya que la legeremancia era una rama que todavía faltaba mucho por explotar.—Presumir no creo, es un poco agobiante y aburrido. —Y lo decía de verdad. Debía de gustarte mucho tu trabajo para ser feliz allí dentro, porque si no aquello era una auténtica locura y no molaba lo más mínimo. Además, estar encerrado todo el día a muy poca gente le gusta—. Oh, esa es una zona preciosa. Aprovecha, que conseguir otra casa por una zona tan buena te puede salir carísimo —le recomendó amistosamente, ya que ella vivía en una zona parecida y su alquiler le costaba muchísimo y eso que era una piso de una habitación.

Sam no tenía ninguna foto de Sasha, básicamente porque las únicas fotos que adornaban su cartera era las de sus padres y la de Henry. Puso un gesto divertido ante las palabras de Bee y se encogió de hombros.—No tengo ninguna foto. Pero bueno, no importa. Seguro que ahora que te lo he nombrado, la próxima vez que vayas a trabajar será el primero con el que te encuentres. Normalmente está en la planta de urgencias, o por lo menos es donde más lo he visto. —Sam no se sabía tampoco los horarios de su amigo, por lo que hablaba, claramente, de lo sabido por su experiencia.

Tomó entonces el plato de su tarta, junto a una cucharilla, aunque antes de probar, miró a su amiga.—¿Quieres un poco? —Le ofreció amablemente—. ¿Sueles venir mucho por aquí a recordar viejos momentos? —bromeó, con la única intención de saber si solía frecuentar Hogsmeade o la Tetería de Tudipié, ya que por lo menos Sam, sí que lo hacía.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

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