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Dulce y amargo [Remus J. Lupin]

Invitado el Dom Oct 30, 2016 1:07 am

-Joder, me he pasado con las chucherías... siempre me pasa lo mismo cada vez que vengo a Hogsmeade, por mas que intento resistirme siempre acabo entrando en Honeydukes para gastarme casi todo el dinero en estas porquerías... pero es que están tan ricas...-

Aquello era lo más normal que alguien podía encontrarse, a mi hablando conmigo mismo, era una manía que tenía desde pequeño. Todo empezó cuando perdí a mi primer y único amigo en mucho tiempo. Sus padres encontraron trabajo en el extranjero y él, como era lógico y normal en un niño de apenas 6 años, se fue con ellos, fue entonces cuando comenzó esa extraña costumbre de hablar conmigo mismo. La verdad es que no era muy divertido y mucho menos entretenido, sabía en todo momento las respuestas a todo, no obstante tenía su lado bueno, nunca escuchaba cosas desagradables y mucho menos me mentía, siempre me decía lo que quería escuchar, por eso la manía permaneció conmigo hasta el día de hoy. Como era normal, la gente que me veía hablando solo me miraba extrañada, en el castillo los alumnos, Slytherin todos, me llamaban rarito, marginado, aunque eso solo fue el primer año antes de mi cambio, sin embargo las miradas seguían. Me eran indiferentes.

Como ya me había dicho a mi mismo el dinero no abundaba en aquel momento en mis bolsillos, no obstante no podía volver ahora al colegio, antes debía de beber algo o moriría deshidratado a mitad de camino. Las chucherías siempre me dejaban la boca seca, es lo que tienen las extremadamente ácidas, mis favoritas.

-Ni si quiera me da para una cerveza de mantequilla en las Tres Escobas... ¿Que hago, entro y pido un vaso de agua? Quizás el camarero me eche a patadas, aunque si le digo que soy alumno de la profesora Myrtle quizás me regale la cerveza y el bar entero, ¿que le verá?- Tenía entendido que aquel hombre y la profesora de adivinación se traían un rollo raro, bueno, más bien él era el que se lo traía con ella, la mujer simplemente se limitaba a ser amable, eso dicen todas, yo no lo creo. Mi mano derecha agarró el pomo de la puerta, lo giró y con un suave empujón esta se abrió mas no llegué a pasar ya que la conversación de dos señores de mediana edad llegó a mis oídos, hablaban de bebida más barata, mucho mas barata que donde yo me disponía a entrar. Hablaban de la taberna Cabeza de Puerco.

En más de una ocasión había oído hablar de ella entre los alumnos sin embargo nunca había tenido el valor de entrar ya que lo que había oído no era muy bueno precisamente. Aquella vez lo haría, comprobaría si las acusaciones eran ciertas o meras especulaciones. Metiendo las manos en mi chaqueta negra de cuero caminé tras aquellos dos camino a la taberna, tardamos poco en llegar. La primera impresión no fue bastante buena, el letrero con la cabeza de un cerdo goteando sangre no era precisamente de mi gusto, es más, me entraron unas ganas increíbles de entrar y partirle la nariz al tabernero o al encargado de hacer esa basura de letrero, a lo mejor el chorreaba más sangre que el cerdo de este.

Haciendo de tripas corazón dejando pasar el asunto entre en el local dejando que la puerta se cerrase bruscamente tras de mi, la impresión del local empeoró aún más. Era uno de los lugares más oscuros y lúgubres que había pisado en mi vida, además olía a cabra, bueno, a cabras, muchas, muchas cabras haciendo ejercicio durante mucho tiempo, ¿sabrían que existen productos para disimular los olores? Los ambientadores de toda la vida vamos, aunque también podrían dejar la puerta abierta de vez en cuando para que el aire libre de cabras refrescase el ambiente. De forma involuntaria mi mano izquierda viajó hasta mi nariz simulando que la rascaba, sin embargo estaba intentando impedir la entrada del olor a esta, era inútil, todo era acostumbrarse o morir en el intento.

-Brujas, gnomos, duendes... aquí hay de todo, no me gusta, me da mala espina, ¿por que tanta gente encapuchada? ¿Serán mortifagos?- La verdad es que mi lealtad era bastante neutral, si, tenía mis ideales y claramente no iban muy de acuerdo con los de los mortifagos, sobretodo siendo sangre sucia o traidor a la sangre como ellos nos llamaban, sin embargo no me definía ni de un bando ni de otro, simplemente dejaba que todo pasase, que otros librasen las batallas por mi, aunque bueno, eso tampoco me gustaba, es otro tema, el eterno conflicto entre yo y mi cabeza.

-Vamos Noah, una cerveza para calmar la sed y nos vamos-. Me dije a mi mismo mientras me acercaba a la barra. -Una cerveza de mantequilla por favor-. Pedí al camarero mientras volvía a observar a la gente que ya disfrutaba de sus bebidas.
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Invitado el Mar Nov 15, 2016 1:02 am

¿Has notado esas ocasiones en las que la gente habla sola y tu, como por instinto, tiendes a escucharles como si te hablaran a ti, aunque sin entender precisamente a qué se refieren? Bueno, a Remus le sucedió cuando escuchó a Noah a la salida de Honeydukes… pero en ese momento se estaba metiendo a la boca más chocolate del que era prudente así que incluso se estaba ayudando con el dedo para terminar de meter una pieza y no pudo contestarle aunque le hubiese gustado pues él se reprendía bastante a menudo por el mismo motivo, gastar más de lo que debía en chocolate. Le observó mientras pasaba junto a él y alzó los hombros, caminando tras el chico en camino a Las Tres Escobas donde supuso que podría encontrarse con los merodeadores, escuchando a Noah en el camino pues volvía a hablar solo.

La verdad se sentía identificado, estaba seguro de que su presupuesto llegaba a penas para una cerveza y poco más, así que tampoco podía invitar a Noah a acompañarle, por lo que se quedó tras él cuando este estaba detenido en la puerta y le vio cambiar de dirección. Entre la dirección que había tomado y la conversación que tenía la gente más cercana a la puerta, supuso a donde iba cuando se había retirado, sin embargo Remus entró igualmente y buscó a sus amigos entre el gentío, sin encontrarlos allí.

“Vamos, tampoco lo esperabas. James está con Lily así que Sirius probablemente buscó algo mejor que hacer y Peter debe andar a la siga de otra persona”. Se dio una vuelta en el local, pero antes de llegar a la barra se pensó mejor la decisión y se dijo “¿Por qué no? Nada te obliga a quedarte acá” y salió en la misma dirección que Noah. Al fin y al cabo en el cabeza de puerco podría beber una o dos cervezas más que allí.

Salió y se subió la bufanda hasta más arriba de la nariz, preparándose mentalmente para el olor que encontraría en la ya conocida taberna. Al llegar ahí tomó aire violentamente y luego fue bajándose la bufanda lentamente hasta que llegó a la barra, donde se ubicó junto a Noah.

- Hola –dijo, rascándose la nuca mientras ideaba como empezar- espero no parecer un sociópata o algo así, pero te estuve escuchando allá en Hogsmeade –apuntó hacia la puerta con el pulgar por sobre el hombro como un intento de distraer la atención pues él se estaba sonrojando- ¿Esperas a alguien? Sino podríamos beber algo juntos. –le sonrió y esta vez le señaló una mesa más cerca de la puerta (donde al menos por momentos podrían tener espacios de aire fresco), aprovechando el momento en que el cantinero llegó con la cerveza de Noah para pedir una igual para él.
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Invitado el Mar Nov 15, 2016 4:56 pm

-Luego se meten con los muggle, al menos ellos saben lo qu es la limpieza y... el ambientador-. Susurré nada más el camarero se dio la vuelta para buscar mi cerveza de mantequilla. Mis ojos viajaron hasta la barra de la taberna, era de una madera bastante oscura, aunque no estaba del todo seguro de si ese color era el natural o era debido a años acumulando roña. Seguramente era lo segundo. -Espero que el vaso haya visto el agua más veces que esto... Que asco...- Volví a susurrar en voz muy baja antes de que alguien, un joven, me asaltara por uno de los lados.

-Hola-. Dije en un tono bastante seco en respuesta a su saludo y en silencio escuché todo lo que tenía que decir mientras le observaba de arriba abajo y seguía las direcciones que marcaba con su dedo. A primera vista me había parecido un completo desconocido, algún joven mago que había decidido pasar el día en aquel precioso y ''cálido'' pueblo y que por alguna extraña razón que desconocía se había visto obligado a entrar en aquel mugroso y pestilente antro de mala muerte. ¿Le perseguirían los mortifagos? ¿El mismísimo Lord Voldemort en persona? ¿O simplemente andaba escaso de dinero como yo? Fuera como fuese alguna razón de peso tendría para entrar allí, era difícil creer que alguien entrase por gusto. Como decía, a simple vista me había parecido alguien desconocido, una cara nueva, no obstante mientras lo observaba caí en la cuenta de que me resultaba más familiar de lo que creía en principio. -Eres alumno de Hogwarts, Gryffindor ¿no es así?- Pregunté directamente nada más cerrarse los labios del chico. -Creo que te he visto por el colegio alguna vez, quizás en clase, me suena tu cara, aunque soy muy malo para recordar las caras de las personas, quizás me este confundiendo-. Entonces el camarero interrumpió mi monologo trayendo por fin el néctar que hacía rato había pedido. Mis dedos rodearon la jarra y la llevé hasta mis labios para dar un sorbo mientras observaba como el chico pedía lo mismo que yo.

-No esperaba a nadie a si es que supongo que podemos tomárnosla juntos, si no te importa-. Me encogí de hombros caminando mientras tanto hasta el sitio que el Gryffindor había señalado. ''¿Un Gryffindor hablando conmigo? Bueno... ¿Un alumno hablando conmigo? Esto si que es nuevo. Vale que ya no soy el mismo antisocial que era antes, aún así hacer amigos sigue sin ser mi fuerte y menos con alumnos de otras casas... Ademas los de la suya... son un poco engreídos, como los Slytherin... odio esas casas''. Por fin la tertulia interna acabó cuando me senté en el taburete que se escondía bajo la mesa esperando la llegada del otro.
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Invitado el Miér Nov 16, 2016 12:27 am

Dios, esperaba no haberse equivocado al acercarse a Noah pues primero le había respondido de forma seca y luego mirado casi como bicho raro. ¿No se habría equivocado de persona? Estaba seguro de que eran compañeros. Por un momento pensó en recular y salir con las piernas por delante pues el chico le miraba demasiado, hasta que le reconoció, lo que le hizo soltar un suspiro agradecido.

- Si, Gryffindor de séptimo, Remus Lupin –contestó ofreciéndole la mano. ¿Verle por el colegio alguna vez? Vamos, que se habían topado en un montón de clases, aunque tenía sentido que no le conociera si acaso era tan despistado, aunque él tampoco recordaba que el chico fuera muy sociable y Remus, en cambio, siempre intentaba pasar desapercibido (cosa fácil teniendo a Sirius y James como sus amigos).

Por suerte no le parecía mal que estuvieran juntos, pasar un momento conversando mientras avanzaba la tarde en Hogsmeade. Al fin y al cabo ambos tenían el mismo problema en ese momento que era la falta de dinero por exceso de Honeydukes. Se rió y le dejó partir a la mesa mientras esperaba su cerveza pensando en lo extraño que era que alguien no conociera a sus compañeros a simple vista cuando llevaban tanto tiempo juntos. Se topaban en el desayuno, almuerzo y cena casi todos los días, en algunas clases, por los pasillos, la biblioteca y a veces hasta en los baños, pero bueno, había gente de todo tipo y algunos iban más distraídos por la vida que otros.

Recibió su cerveza pagando inmediatamente el costo antes de seguir a Noah, el que ya estaba sentado. Observó la mesa con detenimiento mientras se acercaba y resolvió sentarse en el sitio que garantizaba que, en cuanto la puerta se abriera, entraría un poco de aire fresco para cubrir el viciado que estaba en la cantina.

Se sentó allí cuan largo era un momento, incluso desperezándose un poco antes de beber el primer sorbo y sentarse como una persona normal y no ocupando todo el espacio que su cuerpo larguirucho necesitaba.

- Eres Noah Gallagher, ¿Verdad? Ravenclaw de séptimo. Nos hemos topado un montón de veces, por eso pensé que no sería malo venir a hacerte compañía… especialmente después de pensar que hablabas conmigo cuando estabas allá en Hogsmeade –se rió. Probablemente Noah también se hubiese reído si le hubiese visto con el rostro convertido en un poema gracias a el aprieto de no poder meter más chocolate en su boca mientras le miraba intentando entender qué diablos decía y pensaba qué podía contestar a lo que hablaba antes. Fue eso mismo lo que le dio la idea de qué agregar a continuación para empezar a soltar el ambiente sin necesidad de hablar de cuán frío estaba el día- si te sirve de consuelo, yo también me he gastado más de lo que es prudente en Honeydukes, aunque lo mío son los chocolates. No sé si podría ser feliz si no tuviese chocolate en mi vida –confesó riendo antes de beber otro trago de su cerveza de mantequilla.
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Invitado el Miér Nov 16, 2016 9:25 pm

Cuando, el que al parecer iba a ser mi compañero lo que quedaba de día, llegó hasta la mesa y se sentó, se estiró, bebió y se acomodó mis labios se separaron para decir algo mientras mis ojos permanecían inmóviles sobre los suyos. El Gryffindor fue más rápido impidiéndome hablar. En el momento en el que me disponía a informarle de que escuchar conversaciones ajenas, aunque sean con uno mismo, estaba mal de su boca salió la explicación a todo aquello. Se había pensado que le hablaba a él, aunque no entendía bien por que, ¿por ser compañeros de clase? Bueno, no habíamos cruzado más palabra que la necesaria y ni si quiera media mirada en todos los años que llevábamos juntos en el colegio, ¿por que iba a ser aquel día diferente? Mis ojos rodaron y el siguiente parpadeo duró más de lo habitual rompiendo así el contacto visual con el chico, aunque no por mucho tiempo ya que cuando volví a escuchar su voz abrí los ojos de nuevo para prestar atención.

Mis labios se rasgaron en una sonrisa que parecía bastante fingida, forzada, no obstante no era así, era sincera, lo que pasa es que no estaba costumbrado a sonreír, sobretodo últimamente. Aquel chico, a pesar de ser de una de las casas mas egocéntricas y arrogantes del castillo y de relacionarse con chicos que no llamaban del todo mi atención por ser bastante problemáticos e idiotas, para mi parecer, parecía bastante simpático y agradable, algo diferente a los demás leones. Como mi madre solía decirme, ''hay de todo en todos lados, nunca escapes de un sitio pensando que te libraras de la gente mala e indeseable, allí donde vayas también encontraras gente así ¿vas a pasarte la vida huyendo de un lado para otro?''. Que razón tenía, bueno, tiene.

''Venga Noah, rompe lo establecido, haz un amigo de otra casa, animo campeón''. Se burló mi yo interior de mí. Siempre aparecía cuando menos se le necesitaba y casi siempre lo hacía para fastidiar. Tenía razón, debía socializar con alguien más que los empollones de mi casa y aquel chico me lo estaba poniendo en bandeja. Suspiré de forma casi inapreciable para los demás, no quería que lo notase y pensase que le estorbaba. -Vaya, creía que era el único alumno de séptimo año que mantenía su adicción por las chuches y el chocolate, aunque en mi caso prefiero los sabores fuertes como los ácidos-. Hice una breve pausa cuando un escalofrío recorrió mi cuerpo como si me hubiese comido una de esas chuches en aquel momento. -Y si, soy Noah, empollón de Ravenclaw, un placer Lupin-.

¿Que podía decir ahora? Las conversaciones que estaba acostumbrado a tener eran sobre las clases, los exámenes y alguna que otra vez del mal transito intestinal de uno de sexto año de mi casa. ¿Que podría hablar con el? ¿Tendrían algo en común? Bueno, solo había una forma de averiguarlo, preguntándole, aunque primero debía de hacer algo, disculparse. -Oye, siento si parezco un poco borde o me quedo mirándote fijamente, es una manía que tengo, miro a la gente fijamente y durante mucho tiempo intentando entenderla, conocerla, si, se que hablando se conoce aún mejor, pero bueno, no soy muy extrovertido, se me da mal hablar con la gente, nunca se me había pasado por la cabeza hablar contigo ni con otro que no fuera miembro de mi casa, aunque no soy como era antes, he cambiado, pero no en eso supongo-. Si, era cierto, no solía hablar mucho, era bastante callado, no obstante cuando me daban cuerda no había quien me callara. -Siempre he pensado que los de tu casa y los de Slytherin sois uns arrogantes engreídos que os creéis superiores a los demás, al menos eso me han demostrado los pocos chicos barra chicas con los que he tenido la desgracia de coincidir, aunque supongo que habrá de todo en todas las casas-.

Mis hombros se alzaron y mis ojos viajaron hasta mi jarra de cerveza la cual cogí para dar un sorbo, esta vez más largo que el anterior. -Pues no esta tan mal la cerveza de aquí...'' Pensé mientras el líquido bañaba el interior de mi garganta. -Dime, ¿cual es tu asignatura favorita? ¿Te gustan los animales?- A mi me encantaban.
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Invitado el Jue Nov 17, 2016 5:35 am

“Merlín, ¿Se sentirá obligado a soportarme?” Se preguntó Remus al ver su sonrisa tan poco casual. No como él, que solía sonreír casi por todo y tenía una risa fácil y franca. Estaba tentado a buscar una salida fácil. Dios, si fuera en el mundo muggle hubiese fingido tener un mensaje en el móvil diciendo que algún amigo le había llamado… pero a menos de que le llegase una lechuza justo en ese momento, veía difícil el escapar con esa excusa y la de “eh, lo siento, olvidé que había quedado con amigos” sonaría poco convincente.

Por suerte para él Noah pareció decidirse a ser sociable y escuchó su respuesta sobre los chocolates, asombrándose de que prefiriera lo ácido. No tenía nada en contra de ellos, incluso los comía ocasionalmente, pero jamás se le pasaba por la cabeza comprar algo así cuando tenía chocolates tan cerca, no le veía el sentido cuando el chocolate era tan perfecto para todos sus sentidos.

- Llámame Remus. Soy el empollón de Gryffindor –contestó divertido por su presentación, dándole un nuevo sorbo a su bebida.

Iba a retomar la conversación sobre los dulces, alagando el sabor del chocolate en su lengua, la sensación de este cuando se derretía si lo paladeabas lentamente, el aroma dulce que tenía, el color tan característico y el “crack” casi sensual cuando rompías una barra especialmente gruesa cuando él abrió la boca primero, pidiéndole disculpas por su comportamiento.

Tomó atención cuando le dijo que tendía a mirar mucho a la gente, se cuidaría de no reír tan desbocadamente para no resaltar sus colmillos más desarrollados que el resto de la gente y no hacer cosas como olfatear para reconocer mejor su entorno. No eran características de los humanos normales y lo sabían bastante bien pues incluso aparecían en sus libros de Defensa Contra las Artes Oscuras. Con un Ravenclaw tenía que andarse con cuidado, puede que él si hubiese prestado atención a ese tipo de descripciones. Además mencionaba que había cambiado. Siempre había sido un chico tranquilo y que jamás había llamado del todo su atención, así que no notaba demasiados cambios en él, probablemente a lo largo de la conversación se enteraría de más cosas si acaso esa plática se daba. Aún así sus prejuicios le tocaron un poco y, durante un instante, maldijo a Sirius y James.

- Tu mejor que nadie deberías saber que no hay que juzgar un libro por su portada… –comentó, alzando los hombros- Admito que dos mis mejores amigos son precisamente la representación de eso, pero en todas las casas hay tantas personalidades como personas que lo componen. No siento que sea arrogante o engreído, me sentiría enfadado conmigo mismo si alguien realmente pensara eso de mi luego de conocerme. Incluso creo que a Peter y a mi nos falta toda la autoestima que a James y Sirius les sobra. Son ellos los más sociables, divertidos, tocapelotas e incluso presumidos, pero incluso más allá de esa primera impresión son personas geniales… y yo también. Me alegra que me des la oportunidad de conocernos para que veas que no estamos todos cortados bajo el mismo patrón.
También aprovechó de darle un sorbo a la cerveza, mirándolo por sobre la jarra de vidrio para no perderse su expresión mientras hablaba.

- Hummm… nunca he podido elegir una asignatura preferida. Ya sabes como somos los empollones –dijo riéndose mientras se desordenaba el cabello de forma inconsciente- Aunque me gustan especialmente Defensa, Encantamientos, Transformaciones, Pociones y Herbología por la complejidad que estas traen consigo. Y de pequeño me gustaban también las matemáticas y la ciencia, aunque si puedo decir que la que menos me agrada es Historia de la Magia, pero es que es taaaan aburrida… -rodó los ojos y se mantuvo en silencio antes de continuar- y me encantan los animales, especialmente los perros, pero no suelo gustarles yo a ellos. Los búhos también me encantan, no esos de ojos redondos, sino los que tienen unas plumas como cachitos. Son animales tan inteligentes y majestuosos, de cara huraña pero un comportamiento que no refleja esa actitud. Me gustan tanto los que han entrenado como aves mensajeras como los que encuentras en la naturaleza cuando sales a explorar. Y también me gustan los reptiles, pero para observarlos dentro de un cristal. Y los gatos, especialmente esos de cara chata o patas cortas… pero creo que ya me estoy excediendo. Es mejor resumir diciendo que me gustan todos los animales –comentó con una risa bailarina en sus labios que podría haber sido mayor si no estuviese preocupado de no dejar ver sus colmillos- ¿Y tú? ¿Cuál es tu asignatura preferida? ¿Te gustan los animales? ¿Eres un fanático del Quidditch, del quodpot, el ajedrez mágico u otros?
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Invitado el Vie Nov 18, 2016 3:54 pm

Cuando había escuchado eso de que era el empollón de su casa una de mis cejas se arqueó como poniendo en duda lo que acababa de escuchar, no creía que hubiese empollones en Gryffindor. La imagen que tenía sobre estos, sobre los leones, era de gente extrovertida, insensata y valerosa, destacaban en los deportes, menos en los que se requería algo de inteligencia, y las clases de duelo. Esa era mi imagen sobre ellos, no obstante conforme escuchaba las palabras que este soltaba por su boca la duda sobre la veracidad de aquello iba desapareciendo, realmente parecía alguien inteligente, distinto a los demás, al menos a sus amigos a los que defendió en cuanto tuvo ocasión.

Conforme hablaba sus palabras se iban reteniendo en mi cabeza, no quería interrumpirle el monologo pero tampoco dejarle sin respuesta a si es que necesitaba retener la información para cuando este hubiese acabado. El siguiente tema que trató fue el de las asignaturas y cuales eran las que mas le gustaban, como a mi, la que menos era historia de la magia. ¿Por que no harían estudiar eso? Pensaba lo mismo de las asignaturas del mundo muggle, ¿por que debían de dar tantas asignaturas inútiles? Al menos nosotros teníamos pociones, cuidado de criaturas mágicas y muchas más asignaturas que valían la pena estudiar. Todos los muggles querrían hacerlo, no obstante no todos tienen nuestra suerte y tienen que conformarse con suspender matemáticas y física.

Mientas mi mente debatía consigo misma el porqué de esas asignaturas que tan poca utilidad les veía Remus, como prefería que le llamase, siguió hablando, ahora de los animales. Cuando entre sus labios se escapó la palabra ''reptiles'' mis cejas se alzaron al unisono, ¿como podrían gustarle los reptiles? Aquello me hizo recordar mi infancia en casa de la abuela, en el campo. Por la noche, mientras los grillos interpretaban su melodía las lagartijas correteaban por las paredes del patio de la casa y yo, haciendo uso de mi crueldad, intentaba capturarlas para encerrarlas en botes de cristal de los que nunca conseguían salir si es que no estaba mi hermano cerca para fastidiarme. sin embargo con el paso del tiempo empecé a sentir un poco de repulsión por los reptiles y ahora prefiero no verlos.

Cuando por fin acabó una extraña sonrisa se dibujó en sus labios, ¿estaría incomodo por algo? Fue entonces cuando volví a tomar las riendas de la conversación. -Estoy completamente de cuerdo contigo y por lo tanto con mi madre. Ella siempre solía decirme que en todos lados hay personas de todo tipo, no obstante, al igual que los Ravenclaw tenemos fama de empollones y vete tu a saber que más, los Gryffindor tenéis la fama de... bueno, de eso, aunque también pienso que sois muy buenos deportistas y excelentes dualistas-. De verdad quería creer que había más de una excepción en cada una de las casas, que no todos cumplían la regla que ''estaba establecida'', no obstante hasta la fecha no me había topado con nadie que me hiciera creerlo de verdad. -Nunca he tenido mucha suerte con los de tu casa, ni con los Slytherin, de hecho la mayoría de los problemas que he tenido ha sido con alumnos de dichas casas por culpa de... de mi sangre, soy un sangre sucia como suelen llamarnos a los hijos de muggles. Supongo que por eso tengo esa imagen tan desagradable, aunque supongo que puede cambiar-. Me encogí de hombros mientras clavaba de nuevo mi mirada sobre la suya. Di otro sorbo a mi bebida. -Siento ser repetitivo pero tengo que decirte que vuelvo a estar de acuerdo contigo, es muy difícil decidirse por una única asignatura cuando tenemos tantas y todas geniales, menos historia de la magia, claro, es la asignatura mas aburrida y pesada, esa y estudios muggles, no me gusta, aunque claro, viniendo de donde vengo lo tengo mucho más fácil que muchos de los alumnos-. Sonreí acomodándome en el asiento.

-Por otro lado los animales me chiflan, menos los reptiles, los insectos y los arácnidos... no soporto a las arañas, me dan... pánico-. Mi cuerpo se estremeció en esa breve pausa. -Aunque lo que más me maravilla son las fantásticas criaturas que habitan el mundo mágico, en especial los dragones, de ahí que quiera...- Entonces mi cabeza de movió de un lado a otro asegurándome de que nadie estaba prestando atención a nuestra conversación y me acerqué a él rozando mi pierna con la suya. -Trabajar en el Ministerio. Se que muchos magos y brujas y demás seres están en contra del Ministerio, por eso no me gusta airearlo por ahí, nunca se sabe quien puede estar escuchándote. Si te soy sincero no apruebo algunos de los métodos que tiene lo que ya sabes, no obstante sería mi sueño trabajar en la sección de la regulación de criaturas mágicas, eso me acercaría a los dragones, centauros y demás. ¿A ti también te gustan las criaturas mágicas? Aún recuerdo una clase de DCAO en la que nos hablaron de los licántropos. Muchos de los que estaban en la clase soltaron comentarios a mi parecer desagradables, a mi me fascinó, aunque tiene que ser horrible... ¿crees que les duele? Ya sabes, el cambio. Creo que no están del todo aceptados por la comunidad mágica, me gustaría hacer que eso cambiase, son criaturas realmente hermosas, también aterradoras, pero también lo son algunas de las plantas de herbología-. Sonreí mientras observaba al apuesto Gryffindor.
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 6:11 am

Ahora que Noah se había relajado, no creería ni por un momento en que no estaba interesado en conversar con gente de otras casas. Le sorprendió gratamente que fuese un compañero parlanchín y tan atento a sus palabras, dispuesto a seguirle el juego.

Merlín, los prejuicios de las casas siempre llevaban a problemas. Tal vez él estuviese mejor en Ravenclaw con sus actitudes, ¿Qué había sido lo que al sombrero le había llevado a tomar la decisión de enviarle a Gryffindor? Bueno, no era una pregunta muy compleja, probablemente tenía mucho que ver con la valentía en que vivía cada día sin buscar refugio en la miseria y autocompasión (al menos cuando no tenía la luna llena tan reciente). Pero si era cierto que sus compañeros de cuarto se encargaban de demostrar exactamente los prejuicios que el chico había dicho anteriormente.

Por un momento le pareció extraño que prácticamente se avergonzara de su estatus de sangre, aunque lo atribuyó rápidamente a los prejuicios que muchos tenían sobre eso, pero él era hijo de una muggle y por ello se llevó la mano a la boca para reírse abiertamente de su fastidio por una asignatura así. Y si, que a él le pasaba lo mismo ocasionalmente, pero siempre era divertido ver las reacciones de los otros cuando les enseñaban productos de factoría muggle y terminaban asombrados. Aún recordaba la vez en que había instalado a los chicos en su casa a jugar videojuegos. Se había reído hasta llorar viendo a Peter con la lengua afuera y moviendo el control hacia donde quisiera que se moviese el personaje de Mario Bros, y lo malos que eran en un principio hasta que le tomaron el gustito y luego terminaron siendo ellos los que pasaban la mayor cantidad de etapas mientras Peter y él tendían a caer en trampas soberanamente bobas, como no darle al botón de saltar y caer por un abismo sin poder hacer nada para evitarlo (algunos de esos errores corrían por cuenta de Sirius, que empezaba a molestarles cuando estaban en algún momento difícil).

Su sonrisa disminuyó cuando comenzó a explicar que lo que más le chiflaban eran las criaturas mágicas, pero intentó aparentar que la seriedad se debía únicamente a que estaba escuchando atentamente lo que decía. Otra confesión de él avergonzándose de lo que era. ¿Cuán metidos tenía los prejuicios en la cabeza ese chico? Sin embargo eso no era lo más preocupante de todo, lo peor era que si quería ser un especialista en Criaturas Mágicas, Remus debía andarse con muchísimo cuidado pues definitivamente sería alguien que tenía los conocimientos para descubrir a un hombre lobo. Mantendría la conversación, le enseñaría que los prejuicios que tenía no se aplicaban a toda su casa, pero huiría en cuanto tuviese la oportunidad… especialmente porque él estaba tocando directamente el tema que más quería evitar. No importaba que estuviese a favor de los licántropos, eso le daba igual, pues una cosa era afirmarlo cuando jamás habías conocido a uno y otro completamente distinto cuando los conocías de primera fuente y él si que conocía a uno… a si mismo.

Volvió a sonreír (una sonrisa sencilla, de esas que no muestran los dientes), bebió un trago de su cerveza y se acomodó en el asiento para poder empezar a responder. Pero es que el chico había hablado de tantas cosas que no sabía ni por donde comenzar.

- Sé a qué te refieres en la mayoría de las cosas que dices. Mi madre es muggle, así que me he criado a caballo entre el mundo muggle y mágico. Conozco ambos mundos desde que nací, entonces también me aburriría una barbaridad en estudios muggles si no fuera por un detalle: Mis mejores amigos son todos sangre pura. ¿Te has fijado como reaccionan ante todas las cosas que usamos los muggles pero que ellos no han visto en su vida? –sus ojos brillaban con clara diversión en la pausa de un segundo que se dio antes de continuar- La primera vez que los llevé a mi casa les puse un juego de Mario Bros. Me reí hasta llorar. No dejaban de hacer preguntas, ¿Qué es esto? ¿Por qué llevan cables? ¿Qué tipo de encantamiento tiene la pantalla para responder a los botones del control? Y otras cosas así. Ni hablar de cuando hemos visto películas, la primera vez que les serví Coca-Cola o la primera vez que escucharon sonar el teléfono de mi casa. Lo interesante de esa asignatura no es lo que vemos, pues ya lo conocemos, sino como los magos las ven y cómo reaccionan a ella. Por eso me divierte ir, pues incluso aunque mis amigos sean “muggles honorarios” cada año hay algo nuevo que aprenden de nosotros y les resulta maravilloso.

Se detuvo sólo para dar otro trago a su cerveza mientras pensaba en cómo continuar después.

- Mi padre es un conocido especialista en espectros no humanos. Algunos le han llamado “autoridad”, aunque para mi simplemente es “papá”. Sin embargo ha trabajado con el ministerio en contables ocasiones y también ha estudiado el comportamiento de algunas otras criaturas, incluso licántropos, a lo que me comentó que si les duele y mucho, pero no quiso ahondar en el tema y lo entiendo. En general la gente busca saber de esas cosas sólo por morbo, así como los muggles investigan historias sobre asesinos seriales y por ello es que, probablemente, los licántropos no estén interesados en darse a conocer, especialmente porque hay muchos del lado de quién tu sabes y mi padre a esos incluso les ha llamado “males sin alma” a ellos. Pero dejemos de lado esa conversación, prefiero centrarme en lo que son las otras criaturas. No les llamo animales pues todas las criaturas mágicas tienen un lado que es enormemente más fascinante que los que conocimos como muggles. Por cierto, ¿Te has dado cuenta de que los Dragones incluso podrían ser catalogados como reptiles? Tienen escamas, se reproducen por huevos y bien podrían ser la evolución mágica de algunos dinosaurios… así que no puedes decir que no te gustan los reptiles, al menos no todos. Aunque comparto la aversión por algunos insectos, especialmente las arañas. Pero no quiero desviarme demasiado. Como decía antes, mi padre es un especialista en espectros y ha trabajado con el ministerio en algunas oportunidades. Me ha comentado que no es tan interesante como puedas creer, ¿Tal vez sería mejor si te decantaras por ser un especialista? Sé que en Rumania hay unas reservas de dragones bastante interesantes si son esas criaturas las que llaman tu atención.

Sinceramente esperaba que Noah dejara el tema de los licántropos de lado, sino directamente le llamaría borde y morboso y huiría en cuanto tuviera oportunidad. Por eso, precisamente, es que había desviado la atención hacia temas menos peligrosos.
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Invitado el Dom Nov 20, 2016 4:36 pm

Cabizbajo, escuchando todo lo que Remus tenía que decir, clavé mi mirada en la jarra de cerveza. Aunque podía parecer que no le estaba prestando la más mínima atención, no era así en absoluto, estaba escuchando y reteniendo cada una de sus palabras, no obstante también estaba atento a las intensas y reñidas carreras en las que las gotas de agua competían por ver quien llegaba primero a la mesa. La de la izquierda le llevaba varios centímetros de ventaja a la de la derecha, no obstante cuando apenas le quedaba dar el ultimo empujón para ganar se detuvo en uno de los resaltos del cristal, cuando su rival la alcanzó esta retomó la carrera y ambas llegaron juntas a la meta, literalmente, chocaron y formaron una gota mas grande. Fue en ese momento cuando Remus comenzó a hablar sobre los dragones y su similitud con los reptiles. Claro que tenían mucho parecido, que algunos los consideraban como tal y que quizás fuese lo más correcto, no obstante no podían compararse, los dragones ocupaban un puesto mucho mas alto en la escala evolutiva, eran sorprendentes, no podía simplemente compararlos con una lagartija. ¿Acaso se comparaban los muggle con los monos? Si, muchos de ellos asumían que fueron nuestros antepasados e incluso encontraban similitudes entre ambas especies, no obstante se consideraban superiores, mejor evolucionados, algo que yo ponía en duda, sobretodo de pequeño, siempre había deseado tener cola y esa facilidad para subir a los arboles. El tema se había puesto aún más interesante, aunque también me hubiese gustado saber más de los licantropos, tendría que ir a hablar con el profesor de DCAO o mejor ir a la biblioteca.

Nuevamente me acomodé y volví a beber de mi jarra para después mirar al Gryffindor. -Si, he oído hablar de esas reservas, me gustaría visitarlas aunque fuera una vez en la vida, es más, estoy intentando convencer a la profesora de adivinación para que me acompañe, es la única lo suficientemente loca para dejarse enredar por un alumno, bueno, ella y Odiseo, pero creo que con Myrtel estaría más seguro-. Dije moviendo los dedos a para poner entre comillas la ultima palabra, ''seguro''. -Pero tambien es cierto, que aunque sean mis criaturas favoritas y me apasionen, no son las unicas, los fenix por ejemplo, los centauros... hay demasiados que me hacen estremecerme con tan solo escuchar sus nombres que no sabría por cual decantarme y aunque no me guste el Ministerio y mucho menos trabajar en el me permitiría poder estudiar a muchas de estas criaturas, ademas desde ahí podría ayudar mucho más-. Aquello me hizo pensar en la situación de los centauros, enemistados con el Ministerio.

Mis hombros se encogieron y di otro trago un poco mas largo a mi bebida. -¿Especialista en espectros no humanos? Vaya... Tiene que ser aterrador, al menos lo es para mi parte muggle enemiga acérrima de los espíritus y demás. Algunas veces, cuando paseo por los pasillos del castillo y me encuentro con alguno de los fantasmas mi cuerpo comienza a temblar hasta el punto de querer salir corriendo, aunque cada vez lo llevo mejor, al menos ya no... Nada-. Logré cerrar el pico a tiempo antes de contarle a Remus que en primer año, cuando me encontré por primera vez con un fantasma en el segundo piso, Myrtle, me dio tanto miedo que me mee encima y eso que estaba en un baño. Volviendo al trabajo de su padre,  debía ser aterrador, interesante, si, pero aterrador, aunque en un mundo donde la magia es lo más normal, el día a día y donde había criaturas capaces de destruir una ciudad en un instante, un simple fantasma era poca cosa.

Todo aquello me hizo recordar cuando veía ese programa de televisión sobre espíritus y cosas paranormales acurrucado entre mis padres para evitar que alguno me llevase y me robase el cuerpo, mis padres eran mi escudo ante ellos, bueno, ante todo, ellos y mis sabanas, cuando me metía bajo ellas no existía el mundo.

-¿De verdad reaccionaron así? Tus amigos digo. La verdad es que nunca he tenido muchos amigos, nunca he llevado uno a casa y menos a un mago, aunque recuerdo en una clase que a una chica de Hufflepuff, también de sangre pura, casi le da un infarto al escuchar música a través de unos auriculares. Magia negra gritaba la... ingenua. Es curioso que a pesar de poseer magia capaz de hacer cualquier cosa no conozcan cosas tan simples como unos simples auriculares, la sociedad mágica está como ''atrasada'' en el tiempo, nunca he llegado a entender por que, ¿por que plumas y no bolis? La verdad es que yo prefiero este mundo, la mayor parte del tiempo es menos cruel y bueno, tiene más encanto y clase escribir con pluma-. Reí rascándome la nuca. -Pero no se, es un tema que siempre ha llamado mi atención y del que nunca obtengo respuesta. Por cierto, ¿que te gustaría hacer cuando salgas del colegio?-
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Invitado el Mar Nov 22, 2016 7:53 am

Se rió cuando le dijo que pretendía ir a una reserva con la profesora de adivinación. No estaba seguro de si realmente aceptaban visitas, pero si era cierto sería interesante aunque él lo había comentado para que pasase al menos unos meses estudiando allí. De hecho, si lo pensaba, incluso puede que el mismo intentase ir por al menos un par de semanas. Sería interesante estudiar los hábitos de los dragones.

- ¿En serio crees que con ellos estarías más seguro que, no sé, con un Dragonolísta? –le preguntó divertido, imitando su gesto y marcando las comillas con sus dedos al nombrar la palabra “seguro”. Sin embargo nombró a otras criaturas y los fénix, oh, los fénix, le hicieron sonreír bobamente. Ciertamente parecía decidido a hacer carrera en el ministerio, esperaba que la pasantía por asuntos burocráticos por la que en algún momento tendría que pasar no le hiciera desistir de su sueño- Los fénix, maravillosas criaturas –comentó en cambio y decidió comentar sobre otro más de su propia fascinación- otra criatura de las que he leído bastante son los gorros rojos. No lo sé, me llaman la atención por el tipo de locación que suelen buscar como morada y lo despiadados que pueden ser. Además el asunto de buscar asesinar muggles inocentes con su maza… ¿No son terriblemente interesantes? –preguntó divertido.

Por algún motivo siempre terminaba estudiando a los gorros rojos más que a otras criaturas pues el resto tendía a recordarlas con relativa facilidad, pero no entendía el motivo por el cual tendía a olvidar cosas importantes de estos con frecuencia.

Cuando la conversación se centró en el trabajo de su padre le dio otro trago a su cerveza, pero terminó el sorbo con una sonrisa divertida pues, para llevar 7 años en el mundo mágico, le estaba contando que su reacción seguía siendo muy muggle. Tal vez el también fuera así si no fuera por la cantidad de veces que había escuchado el incidente con el boggart por el cual se conocían sus padres y porque la profesión de Lyall implicaba directamente tener que oír constantemente sucesos relacionados con criaturas así- Encuentro perfectamente aceptable tu reacción aún cuando en el fondo me pregunte el por qué te ha tomado tanto tiempo superarlos, pero yo no tuve una infancia precisamente muggle y, si soy sincero, gracias a mi padre incluso les encuentro un lado positivo. ¿Puedes creer que si yo nací fue gracias a un Boggart? –alzó su cerveza como en un imaginario brindis y bebió otro sorbo, aún con una sonrisa divertida bailando en las comisuras de sus labios- No te pases películas, no es nada realmente extraño, es sólo que mi madre se encontró con uno que papá andaba buscando por los bosques de Gales, pero esta criatura se transformó en un hombre grandote con pinta de violador que obviamente hizo chillar a mamá y la dejó en estado casi catatónico… y mi padre la rescató. Pero ella es una mujer atractiva, así que él se enamoró y, paf… se hicieron novios, se casaron, buscaron un hijo y nací yo. ¿Ya ves? Hasta los boggarts tienen una historia romántica –concluyó riéndose, aunque cuidándose de esconder la boca detrás del vaso con cerveza- Y si, realmente reaccionaron así… pero esas son solo algunas de sus reacciones ante las cosas muggles. También he visto casos donde les entregas un bolígrafo y te preguntan dónde está la tinta, cayéndose de culo cuando ven que está dentro de este y, a veces, incluso empiezan a hacer espirales infinitas sobre cualquier papel que pillen para ver cuando se acabará. No creo necesario decirte que se aburren al cabo de unos minutos cuando notan que a penas ha bajado unos milímetros el nivel de tinta de un lápiz bic.[/b]

Sonreía más con la mirada que con los ojos. A decir verdad eran pocas las veces en que le tocaba compartir las impresiones sobre las diferencias entre el mundo mágico y el muggle con algún mago, así que estaba disfrutando el momento.

Aún así se estiró ligeramente para responder a su última pregunta.

- Y sobre qué haré después… no lo tengo claro, en realidad. Creo que tomaré todos los EXTASIS que pueda y luego analizaré mis opciones. Me gustan las pociones, pero no sé si soportaría estar tanto tiempo encerrado en un laboratorio. Por eso es que experto en Defensa contra las artes oscuras y criaturas mágicas me suena como una buena opción, pero es difícil conseguir a alguien que desee enseñarme y más aún encontrar los fondos para mantenerme. ¿Tal vez algún día sea profesor? Siempre se me ha dado bien enseñar… o tal vez incluso mande todo al carajo y me haga cargo de una verdulería en el mundo muggle –terminó divertido.
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Invitado el Mar Nov 22, 2016 10:11 pm

Con la jarra en la mano comencé a reír cuando hizo aquella pregunta imitando mi gesto con los dedos entrecomillando ese ''seguro''. En parte tenía algo de razón, ir con Myrtle a cualquier sitio puede ser incluso más peligroso que ir en solitario a la guarida de los mortifagos. Su locura y extravagancia eran unas de las cosas más peligrosas que el mundo había conocido. Aunque con ella las risas, si no hacían que te mataran, estaban aseguradas. Quitando aquello, el motivo por el que había mencionado aquellos dos y en especial a la profesora de adivinación fue por que no conocía a muchos adultos en el mundo mágico y aquellos eran los dos únicos lo suficientemente idos de la cabeza como para convencerles de acompañarme. Claro que lo mejor sería ir con un Dragonolista pero ¿de donde lo sacaba? No conocía a ninguno ni tenía contactos que me consiguiesen alguno.

''¿Gorros rojos? ¿Enserio?'' Pensé mientras una de mis cejas se alzaba y clavaba mi mirada sobre la suya. Tenía unos ojos realmente bonitos, pero dejando eso de lado, ¿como le podían atraer o parecer interesantes esas criaturas? Como el mismo había dicho los gorros rojos tenían por hobbie atacar, sobre todo de noche, a muggles solitarios con sus mazas hasta matarlos. ¿Que tenía eso de interesante para un medio muggle como lo era él o un sangre sucia como yo? No creo que le hiciera mucha gracia que su madre, que según había relatado después era muggle, se topara con uno de ellos. Cuando me preguntó que que opinaba al respecto me limité a rodar los ojos, alzar los hombros a modo de indiferencia y a dar otro trago de mi cerveza. Él siguió con la conversación, aunque no con los gorros rojos gracias a Merlín.

Conforme hablaba todo apuntaba a que lo que estaba a punto de contarme era una breve historia sobre sus padres, de como se conocieron, que al parecer tenía mucho que ver con el trabajo de su padre. Cuando me dijo que un Boggart fue el ''causante'' de su nacimiento mi ceja se volvió a alzar. Aquel chico cada vez me sorprendía más con las cosas que decía. Luego se explicó. Realmente era una historia... ¿bonita? Al menos curiosa y digna de ser plasmada sobre el papel como novela de amor, esas que tanto odiaba leer en mis años en el mundo muggle. Mis labios se rasgaron dibujando una sonrisa y él hizo lo mismo aunque no me dejó verla, prefirió ocultarla tras la jarra. Como ya había dicho al principio de la velada era bastante observador, me gustaba analizar al detalle a las personas con las que me relacionaba y aquel chico no era la excepción. A lo largo de la conversación me había dado cuenta de que ninguna de las veces había sonreído de verdad, todas habían sido... ¿forzadas? No, no podía llamarlas forzadas, sonreía de verdad pero a la vez trataba de ocultar algo. ¿No le gustaba su sonrisa? ¿Sus dientes? Sabía que la gente no mágica tenía muchos problemas de ese tipo, yo mismo odiaba mi sonrisa en mi época de niñez, no obstante no sabía que en el mundo mágico también existía ese tipo de problema. Era una lastima, me encantaría ver si su sonrisa era tan bonita como sus ojos.

Mientras yo divagaba mentalmente sobre el porqué de su manía con ocultar su sonrisa el dijo algo sobre sus amigos, sobre como actuaron ante un boli o no se qué, no le presté mucha atención, no obstante, como hacía la mayoría del tiempo con casi todo el mundo asentí y sonreí dando a entender que entendía de lo que hablaba.

De nuevo la conversación cambió, ahora tocaban asuntos académicos. Estaba claro que era el empolló de su casa, quería tomar todos los EXTASIS que fueran posibles cuando la mayoría de los alumnos se conformaban con superar los estrictamente necesarios. En ese aspecto me recordaba un poco a mi mismo, yo también me había impuesto esa meta, aprobar superar todos los que me fueran posibles, no obstante eso no era algo para tomárselo a la ligera, debía de pensarlo todo bien, con calma. -Pociones, otra de mis opciones de futuro, aunque al igual que tu no me veo todo el día metido en un laboratorio, si así fuese me decantaría por la opción de ser profesor, aunque claro, siendo tan... antisocial como yo, dar clase tiene que ser realmente difícil, no sería buen profesor... ¿Sabes? Por eso prefiero a las criaturas mágicas, con ellas y con los animales me entiendo mejor, con ellas todos mis prejuicios desaparecen, soy como otro Noah, más valiente, atrevido, sensible...- Mis ojos brillaban y mis labios mostraban una sonrisa bastante amplia y sincera. Así era siempre que abría la boca para hablar sobre ese tema, realmente me apasionaban, con ellos los problemas del estudiante desaparecían, no existían exámenes ni abusones que me partieran el labio, solo el y las criaturas. Mis hombros volvieron a encogerse y la jarra viajó de nuevo hasta mi boca para dar otro sorbo, bueno, esa mi intención, no obstante a mis labios no llegó más que una misera gota ya que me la había terminado sin darme cuenta en el trago anterior. -Vaya... adiós a la cerveza...- Reí mirando a Remus, a quien tampoco le quedaba excesiva bebida en su vaso.

-¿Has oído hablar de los Jarvey? Se asemejan con los hurones a diferencia de que ellos... PUEDEN HABLAR-. Dije aquello ultimo emocionado pero sin gritar, no quería llamar la atención. -Claro está que no son capaces de mantener conversaciones inteligentes, más bien son de frases cortas y mayormente groseras, suelen ser algo agresivos pero me encantaría ver alguno y tengo entendido que por aquí, en los alrededores de la casa de los gritos, hay una familia de ellos, ¿te apuntas a buscarlos? Así saldremos de aquí y nuestras narices podrán respirar tranquilas, ¿que me dices?- Pregunté mientras me inclinaba hacia él con un brillo aún más intenso en los ojos.

Estaba seguro de que aquella sería la ultima vez que vería a Remus, después no querría ni mirar a alguien tan grillado de la cabeza como yo, no obstante ese era un problema para después, lo importante ahora es que aceptase la proposición.





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Invitado el Jue Nov 24, 2016 2:11 am

Si bien hace rato que venía notando que el chico le miraba fijamente (y por ello es que tenía tan altos sus escudos de “desapercibidad licantrópica”, por llamarlo de alguna forma) esperaba que no se hubiese percatado de sus colmillos, que pensara que escondía su sonrisa únicamente porque tenía los dientes torcidos o por cualquier otro motivo que hiciera se avergonzaba de tener algo extraño en su sonrisa. Un caso de timidez y complejos por algo natural y que para un muggle se solucionaría con unas cuantas visitas al dentista que él no se podía permitir por su estatus económico y estar en Hogwarts.

Le observó detenidamente durante su declaración sobre su auto apreciación. Era interesante, porque a él no le parecía un antisocial. Tal vez si se le dificultaba dar el pie para hablar con extraños, pero desde el primer momento había sido él quién daba rienda suelta a la conversación y consideró prudente decírselo.

- Tal vez te sorprenderías a ti mismo si intentaras ser profesor. Al menos conmigo no has sido antisocial, incluso eres más conversador que el promedio de las personas y has sido tu mismo el que ha puesto la mayoría de los temas que hemos hablado. No lo sé, a penas nos conocemos pero me dijiste que habías cambiado… ¿Tal vez has cambiado más de lo que puedes notar? Quizás solo te falta desarrollar más el conocer a otros porque no te veo precisamente como alguien asocial, sino como alguien inteligente, que se da fácilmente a una buena conversación y agradablemente sincero. –confesó, terminando de beber su cerveza inmediatamente después que él y calculando rápidamente cuánto le costaría comprar otras dos.

Estaba pensando en sacar sus últimas monedas para invitarle a una segunda ronda cuando este le interrumpió. ¿Los Jarveys? Claro que los conocía. Incluso sabía que estos tendían a rehuír de él casi todo el tiempo, particularmente en luna llena y que en una oportunidad se habían encontrado una manada de ellos cuando habían salido con los chicos y uno se había parado sólo para gritarle que era un hijo de puta dentro de otros insultos así de floridos, pero que se cayó cuando él le dio un mordisco y lo abandonó agonizante para seguir corriendo. No se enorgullecía de ello, pero ahora ya resultaba como una anécdota divertida. Iba a contestar a ello, pero él continuó haciéndole sentir muy incómodo. Había nombrado a La casa de los gritos.

Suspiró. Odiaba ese nombre porque era él quién gritaba mientras sentía que su cuerpo entero se desgarraba, sus músculos se estiraban en formas animalescas, algunos huesos se quebraban para dar espacio a los otros nuevos y sentía el sabor a sangre en la boca mientras sus encías se rasgaban para dar paso a los dientes de la bestia. Por eso odiaba ese mote, para él era la cabaña que le había cobijado los primeros días de su estancia en Hogwarts, el único lugar donde sentía una ligera sensación de seguridad al pensar que no podría lastimar a nadie. Maldecirlos con un mordisco, matarlos o incluso devorarlos. De hecho, usualmente le llamaba “La casita” o “La cabaña”.

Ocultó su gesto serio con una frase que esperaba que le hiciera desistir.

- ¿Sabías que La casa de los gritos es el lugar más embrujado de todo Gran Bretaña? –comentó, sujetando su vaso con las dos manos- Los lugareños dicen que algunas noches la actividad paranormal se vuelve tan intensa que pueden escuchar los gritos de los espíritus por todos los alrededores… mi padre no ha querido venir a investigar pues no sabe qué pueda hallar. Por eso comprenderás que en realidad no me interesa ir a los alrededores de un sitio donde ni siquiera papá quiere acercarse, aunque creo que en los claros de Hogwarts puedes verlos algunas veces si acaso estás realmente interesado en recibir insultos de una criatura mágica… aunque si eso es lo que buscas siempre puedes chinchar un poco a los Slytherin –terminó divertido, intentando aligerar la conversación.
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Invitado el Vie Nov 25, 2016 6:53 pm

Nunca habría imaginado que las palabras de un Gryffindor fueran a causar en mi un sentimiento agradable, de felicidad, era la primera vez que un miembro de esa casa me dedicaba algo más que insultos o bromas pesadas de mal gusto y la verdad es que no sabía que pensar. También era la primera vez que alguien estaba en desacuerdo con mi forma de verme a mi mismo, con lo de ser antisocial, hasta la fecha todos y todas me habían dado la razón y no les culpo, es así, yo soy el primero que lo piensa aunque supongo que Remus también tenía parte de razón, gran parte de razón. Si tan antisocial era ¿por que no podía mantener la boca cerrada? La respuesta la tenía yo, la sabía desde hacía ya mucho tiempo, no obstante prefería omitirla, la verdad no siempre agrada. La verdad era que antes de que mi hermano se fuera el era quien me buscaba los amigos, el primero en acercarse a la gente, quien me daba a conocer, quien me sacaba de mi pequeño rincón oscuro en el que esperaba que alguien se diera cuenta de que estaba allí y al desaparecer, bueno, dejé de salir de aquel rincón y además se hizo tan oscuro que los ojos de la gente no alcanzaban a verme. Pero en el fondo se me daba bien tratar con las personas y me gustaba hablar, claro que me gustaba, no obstante necesitaba ese empujoncito y aún no sabía como dármelo a mi mismo.

No dije nada al respecto, simplemente recapacité sobre lo que estaba diciendo mientras asentía con la cabeza y alzaba las cejas de vez en cuando para que supiera que estaba allí, escuchándole, no dos o tres mundos más allá. Yo profesor, aquello fue lo que más me hizo pensar. La idea no me desagradaba del todo, no obstante solo pensar en estar rodeado de tantos críos hormonados y revolucionados... No, no podría, acabarían echándose sobre mi y tomando el control del aula. ''Siempre vas ladrando por ahí que has cambiado, que ya no eres el marginado e idiota de antes, que lo unico que te falta es abrirte más, conocer gente, pero no es así, no has cambiado en nada, sigues necesitando que tu hermano venga a hacerte de niñero, espabila''. Ahí estaba mi yo sincero, la mayoría de las veces le odiaba por el simple hecho de tener razón.

Cuando le propuse ir a buscar Jarveys a los alrededores de la casa de los gritos la expresión de su cara cambió de repente y algún que otro suspiro emanó entre sus labios. Vale, lo había pillado, la idea no le parecían tan buena como a mi. ''Ni que le hubiera dicho de entrar a ver si algún lunático hacía el favor de sacarnos las tripas...''. Entonces fue cuando comenzó a relatar la excusa, el porqué no quería acercarse si quiera a los terrenos de la casa. ¿Habría encontrado al único Gryffindor cobarde? Al menos si sería el primero que yo había visto en todos los años en el castillo, aunque tampoco había conocido a muchos más allá de las clases.

De nuevo no sabía que decir, había rehusado el único plan ''bueno'' que se me había ocurrido y ahora no sabía que hacer. Me limité a sonreír ante lo que dijo de los Slytherin y fue cuando mi lengua cobró vida ayudándome a hablar. -No creo que ningún Slytherin sea tan mono como un Jarvey, ni tan graciosos seguro, aunque si me acompañas y los enfrentamos juntos no es mal plan-. Sonreí de nuevo mientras jugaba con la jarra vacía entre mis manos.

-¡Hombre Noah! ¿Que haces aquí? Nunca te habría imaginado en un sitio como este. He visto que has pasado antes por la tienda, has vuelto a quedarte sin dinero ¿verdad?- Rió aquel hombre que seguramente ambos reconocieron enseguida, al menos Noah lo hizo. Se trataba del dueño de Honeydukes, uno de las pocas personas que consideraba ''amigo''. Se portaba bien conmigo, alguna vez que otra me hacía alguna rebajilla si iba mal de dinero. Asentí con la cabeza con una sonrisa dibujada en los labios. -¿Por que no me has avisado de que vendrías? Me hubiera encantado invitaros a una cerveza a ambos, pero ya es tarde y tengo que irme, no quiero dejar más tiempo sola a la parienta al cargo de la tienda, es demasiado buena, no quiero que le regale la tienda a nadie-. Tras despedirse, una vez en la puerta, se detuvo y de nuevo regresó hacia nosotros, metió la mano en uno de sus bolsillos y sacó varias varitas de regaliz y dos ranas de chocolate. Al menos uno de los dos había salido ganando, Remus por el chocolate.

Cuando recibió las gracias por los regalos salió del local. -Tengo una idea, tranquilo, esta vez no tiene nada que ver con la casa de los gritos, ¿que te parece si volvemos al castillo y echamos una partida de ajedrez mágico? Una batalla a muerte entre empollones, ¿que me dices? Como bien ha dicho me he quedado sin dinero y no me llega para otra... Tengo que superar mi adicción por las chuches-. Reí mientras me rascaba la nuca con una de mis manos. -O bueno, podemos hacer cualquier otra cosa que propongas, seguro que será más divertido que jugar a la ajedrez mágica-.
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Invitado el Miér Nov 30, 2016 6:15 am

Tuvo que darle la razón con respecto a que los Slytherins no eran monos. O sea, Annie lo era, pero sólo cuando ella quería serlo. También la había visto en plan poco amistoso y ciertamente daba miedo. La verdad es que agradecía que sus pullas siempre fueran dirigidas a sus amigos y no a él… a decir verdad ese era uno de los motivos por los que se llevaban bien, puesto que él solía ponerse de parte de la rubia sólo por chinchar a los chicos. Si ella decía que Sirius era idiota, solía asentir frenéticamente, como uno de esos animales plásticos con un muelle en la cabeza.

Estaba a punto de sonreír descuidadamente por el recuerdo de aquellas discusiones cuando el dueño de Honeydukes apareció en escena. Merlín, como los conocía. Asintió tímidamente cuando le preguntó a Noah si se había quedado sin dinero pues él estaba en la misma situación.

- Es usted muy amable, pero ya ve que podemos apañarnos con estas cosas –contestó a su invitación tardía a una ronda de cervezas- Muchas gracias. Espero que tenga un buen día –se despidió del hombre con los ojos brillantes como un niño en la mañana de navidad por los regalos e inhaló profundo cuando abrió la puerta para salir y dejó entrar un poco de aire fresco.

Diablos, la verdad es que si estaba bastante viciado el ambiente y ahora que había respirado con normalidad podía notarlo con mas fuerza. Por Merlín, si el ambiente olía a cabra.

Agradecía que Noah al menos hubiese desistido de su idea de ir a La Casita, pero aún así soltó una risa que tapó con su mano cuando este le ofreció jugar una partida de ajedrez.

- Verás, me faltan 2 knuts para poder comprar otra ronda de cerveza de mantequilla para ambos… y soy un pésimo jugador de ajedrez –confesó desordenándose el cabello- he intentado aprender, pero no es lo mío. Es curioso, porque todos opinan que un empollón como yo debería jugar ajedrez pero me aburre. Digamos que soy más del tipo de personas que juegan Gobstones, aunque en ocasiones prefiero la variante muggle de las canicas porque detesto la sensación del líquido viscoso cuando pierdo. También tengo algunos juegos de mesa muggle en mi habitación. Sirius se ha viciado con el Clue recientemente aunque Peter prefiere el Uno. ¿Los has jugado? Son entretenidos y bastante útiles para pasar el rato cuando hay que quedarse encerrado en la sala común. ¿Qué dices? ¿Te apetece otra cerveza o realmente quieres salir de aquí?
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Invitado el Jue Dic 01, 2016 8:42 pm

''¿Este tío como coño liga? Como sea igual con las chicas... ningún plan le parece bien al señorito, Gryffindor tenía que ser. No, no quiero ir a la casa de los gritos, no, no quiero jugar a la ajedrez... Al menos tiene para pagar a ambos otra jarra de cerveza y tenemos las cuches, sino madre mía, que muermo de hombre''. Por mi bien esperaba que aquel tío no fuera legeremago, en aquel momento no pasaban por mi cabeza cosas agradables sobre él, aunque tampoco horribles, prefería que no se enterase.

Sin borrar la sonrisa de mis labios asentí con la cabeza alzando uno de mis brazos con la mano abierta para llamar la atención del camarero. La verdad es que no sabía si allí servían las mesas como en el mundo muggle o debía de ir a pedir, no obstante prefería intentarlo primero. Afortunadamente el hombre se acercó con cara de pocos amigos preguntándonos que queríamos. Como el había dicho le quedaban dos knuts para dos cervezas a si es que fue eso lo que pedí, el tabernero asintió con la cabeza y murmurando algo que no entendí volvió a su lugar tras la mugrosa barra de madera.

Mientras esperábamos la llegada de la deliciosa cerveza cogí una de las varitas de regaliz y tras jugar con ella entre mis dedos le di el primer mordisco. Mientras masticaba hablé. -Vaya, la verdad es que si, es un poco raro que un ''empollón'' no sepa jugar a la ajedrez mágica, es algo en lo que se requiere un mínimo de inteligencia, por eso algunos... Slytherin no saben siquiera como mover las piezas-. En aquella breve pausa no iba la palabra Slytherin, al menos no ella sola, iba a decir Gryffindor, pero no me pareció correcto meterme con la casa del chico, no otra vez. -Si, los tengo entre ceja y ceja, aunque supongo que tengo mis motivos, no son solo prejuicios-. El silencio rodeó la mesa sobre la que descansabas las jarras vacías que el enfurruñado trabajador no se había llevado.

En ese mismo momento nuestro pedido llegó y yo agradecí al camarero, y posteriormente cuando este se fue llevándose con el las jarras vacías, a Remus. No era muy dado a dejar que la gente me invitase no obstante aquella era una ocasión especial, era la primera vez que me relacionaba, no de forma agresiva, con un león y quería que aquello durase lo suficiente como para poder considerarlo, al menos, ''conocido'' y no tener que evitarle o retirar la mirada cuando lo viese por los pasillo.

Tras dar un trago a la fría cerveza y lamer mi labio superior para retirar los restos de esta hablé. -Como ya te he dicho antes soy hijo de muggles, a si es que si, conozco ambos juegos, aunque el Clue no lo he jugado demasiado ya que cuando más podía hacerlo era antes de venir al colegio y era demasiado pequeño según mis padres, aunque al Uno si que he jugado, no se me daba mal, aunque los juegos de azar no son mi de mi devoción, prefiero otros que requieran un mínimo de inteligencia o sentido común. Aunque si te soy sincero mi juego favorito, entre todos, es el Monopoli, adoro poder despilfarrar el dinero comprando calles, casas y hoteles y dejar en la ruina a tus amigos cada vez que deciden hospedarse amablemente en una de tus propiedades-. Reí volviendo a darle otro mordisco al regaliz. -Aunque bueno, también tengo que decir que casi siempre pierdo por eso mismo, por despilfarrar más de la cuenta. Recuerdo una vez que quedé arruinado en la segunda vuelta, es mi record-. Poco a poco mi sonrisa fue perdiendo intensidad hasta quedar una bastante forzada. Aquello me había hecho recordar las tardes jugando a dicho juego con mi hermano y mis primos. Siempre era el primero en caer en la quiebra pero mi hermana, para que siguiera jugando con todos, me hacía ''prestamos'' de bastante dinero que siempre acaba gastando a lo loco.

Entonces de reojo vi las cajas de las ranas de chocolate. -Eh, ya no me acordaba. Toma, para ti, yo no soy mucho de chocolate a si es que será mejor que te las comas tu, vas a saber saborearlas mejor. Eso si, si te toca el cromo de Albus, por favor, dámelo, le prometí a alguien que si lo conseguía se lo regalaría, está obsesionada con el-. Si, estaba hablando de Myrtle, la profesora de adivinación la cual tenía una obsesión, sana, con el director del colegio, aunque yo dudaba que a el le fuesen las mujeres como ella, bueno, dudaba que le fuesen las mujeres. Otro mordisco al regaliz, el ultimo antes de que se acabase.

-Oh, ¿entonces has viajado mucho? Supongo que tu padre viajará bastante por motivos de trabajo, ¿has visitado muchos lugares? Yo apenas he visto, aunque me gustaría poder viajar en un futuro, conocer el mundo, tanto el mágico como el muggle-. Quedé pensativo imaginándome recorriendo el mundo buscando animales y alguna que otra aventura.

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