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Dulce y amargo [Remus J. Lupin]

Invitado el Dom Oct 30, 2016 1:07 am

Recuerdo del primer mensaje :

-Joder, me he pasado con las chucherías... siempre me pasa lo mismo cada vez que vengo a Hogsmeade, por mas que intento resistirme siempre acabo entrando en Honeydukes para gastarme casi todo el dinero en estas porquerías... pero es que están tan ricas...-

Aquello era lo más normal que alguien podía encontrarse, a mi hablando conmigo mismo, era una manía que tenía desde pequeño. Todo empezó cuando perdí a mi primer y único amigo en mucho tiempo. Sus padres encontraron trabajo en el extranjero y él, como era lógico y normal en un niño de apenas 6 años, se fue con ellos, fue entonces cuando comenzó esa extraña costumbre de hablar conmigo mismo. La verdad es que no era muy divertido y mucho menos entretenido, sabía en todo momento las respuestas a todo, no obstante tenía su lado bueno, nunca escuchaba cosas desagradables y mucho menos me mentía, siempre me decía lo que quería escuchar, por eso la manía permaneció conmigo hasta el día de hoy. Como era normal, la gente que me veía hablando solo me miraba extrañada, en el castillo los alumnos, Slytherin todos, me llamaban rarito, marginado, aunque eso solo fue el primer año antes de mi cambio, sin embargo las miradas seguían. Me eran indiferentes.

Como ya me había dicho a mi mismo el dinero no abundaba en aquel momento en mis bolsillos, no obstante no podía volver ahora al colegio, antes debía de beber algo o moriría deshidratado a mitad de camino. Las chucherías siempre me dejaban la boca seca, es lo que tienen las extremadamente ácidas, mis favoritas.

-Ni si quiera me da para una cerveza de mantequilla en las Tres Escobas... ¿Que hago, entro y pido un vaso de agua? Quizás el camarero me eche a patadas, aunque si le digo que soy alumno de la profesora Myrtle quizás me regale la cerveza y el bar entero, ¿que le verá?- Tenía entendido que aquel hombre y la profesora de adivinación se traían un rollo raro, bueno, más bien él era el que se lo traía con ella, la mujer simplemente se limitaba a ser amable, eso dicen todas, yo no lo creo. Mi mano derecha agarró el pomo de la puerta, lo giró y con un suave empujón esta se abrió mas no llegué a pasar ya que la conversación de dos señores de mediana edad llegó a mis oídos, hablaban de bebida más barata, mucho mas barata que donde yo me disponía a entrar. Hablaban de la taberna Cabeza de Puerco.

En más de una ocasión había oído hablar de ella entre los alumnos sin embargo nunca había tenido el valor de entrar ya que lo que había oído no era muy bueno precisamente. Aquella vez lo haría, comprobaría si las acusaciones eran ciertas o meras especulaciones. Metiendo las manos en mi chaqueta negra de cuero caminé tras aquellos dos camino a la taberna, tardamos poco en llegar. La primera impresión no fue bastante buena, el letrero con la cabeza de un cerdo goteando sangre no era precisamente de mi gusto, es más, me entraron unas ganas increíbles de entrar y partirle la nariz al tabernero o al encargado de hacer esa basura de letrero, a lo mejor el chorreaba más sangre que el cerdo de este.

Haciendo de tripas corazón dejando pasar el asunto entre en el local dejando que la puerta se cerrase bruscamente tras de mi, la impresión del local empeoró aún más. Era uno de los lugares más oscuros y lúgubres que había pisado en mi vida, además olía a cabra, bueno, a cabras, muchas, muchas cabras haciendo ejercicio durante mucho tiempo, ¿sabrían que existen productos para disimular los olores? Los ambientadores de toda la vida vamos, aunque también podrían dejar la puerta abierta de vez en cuando para que el aire libre de cabras refrescase el ambiente. De forma involuntaria mi mano izquierda viajó hasta mi nariz simulando que la rascaba, sin embargo estaba intentando impedir la entrada del olor a esta, era inútil, todo era acostumbrarse o morir en el intento.

-Brujas, gnomos, duendes... aquí hay de todo, no me gusta, me da mala espina, ¿por que tanta gente encapuchada? ¿Serán mortifagos?- La verdad es que mi lealtad era bastante neutral, si, tenía mis ideales y claramente no iban muy de acuerdo con los de los mortifagos, sobretodo siendo sangre sucia o traidor a la sangre como ellos nos llamaban, sin embargo no me definía ni de un bando ni de otro, simplemente dejaba que todo pasase, que otros librasen las batallas por mi, aunque bueno, eso tampoco me gustaba, es otro tema, el eterno conflicto entre yo y mi cabeza.

-Vamos Noah, una cerveza para calmar la sed y nos vamos-. Me dije a mi mismo mientras me acercaba a la barra. -Una cerveza de mantequilla por favor-. Pedí al camarero mientras volvía a observar a la gente que ya disfrutaba de sus bebidas.
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Invitado el Sáb Dic 03, 2016 8:06 am

Se sonrojó ligeramente y negó con la cabeza baja.

- La verdad es que no me gusta jugar ni al ajedrez mágico ni al muggle –confesó avergonzado. Incluso se sentía como “poco empollón” y eso le picaba un poco en el orgullo… pero bueno, tenía perfectamente claro que así como algunos jugaban ajedrez a otros les gustaba jugar a pegarse y a él no le llamaba la atención ninguno de los dos. “Para gustos, los colores” solía decir.

Le molestó un poco que Noah siguiera con los prejuicios de otras casas. Aunque Slytherin se buscara voluntariamente tener un mal nombre, probablemente hubiese muy buenos ajedrecistas ahí debido a que eran ellos la casa de la astucia, precisamente. Si había que seguir con los prejuicios, había que recordar que de allí salían grandes empresarios, negociantes y políticos. Pero bueno, decía que los tenía entre ceja y ceja y cuando una persona se comportaba así, daba igual lo que le dijera, realmente no cambiaría de opinión cuando estaba tan cerrado (lo cual era una gran paradoja ya que, por estándares de las casas, los Ravenclaws deberían ser los primeros en estar dispuestos a observar más y cambiar sus pensamientos cuando la evidencia era buena).

Le pagó inmediatamente a Abeforth, agradeciéndole con un simple asentimiento con la cabeza cuando este le entregó su bebida, de la que bebió un sorbo largo mientras le escuchaba.

Recibió las ranas de chocolate con una sonrisa agradecida y los guardó inmediatamente en su bolsillo. No le gustaba mezclar lo dulce con lo amargo de la cerveza… pero ante su petición los sacó nuevamente y los abrió. Uno lo cerró inmediatamente para que la rana no pudiera escapar de su caja, el otro lo observó un poco más detenidamente, pero sin abrir la caja del todo para que su contenido no escapara de un salto.

- Lo siento, uno es de una bruja que no pude ver bien y el otro, que me quedé mirando más tiempo es Bertie Bott. Te los daría, igualmente, pero si no los coleccionas no le veo el motivo cuando se de alguien que si lo hace –dijo, sin mencionar a Sirius pues imaginaba que Noah no se acercaría voluntariamente a este para pedirle si podía regalarle uno de los tantos cromos que tenía del director.

- Los juegos de azar también tienen un punto de estrategia y ya sabes que esta es sólo otra forma de inteligencia. Al fin y al cabo tu mismo lo has dicho, si no eres cuidadoso con la forma como juegas puedes perder por ambicioso. Lo mismo en el Uno, tienes que saber cuando lanzar los comodines o te puedes llevar una sorpresa desagradable… y cuando era pequeño no teníamos muy buena situación económica. Fue cuando ingresé en Hogwarts cuando por fin pude comprar mis primeros juegos muggles así que habían muchos que antes no había jugado. Comprar un monopolio era un verdadero despilfarre de dinero cuando nos mudábamos tan seguido que yo no lograba tener amigos. Y es por eso principalmente que he viajado mucho, mi padre no me permitía acompañarle en sus viajes cuando ni siquiera podía utilizar la varita pues sería más una carga que una ayuda. Pero recorrí gran parte de UK entre los 6 y los 11 años ya que nunca estábamos demasiados meses en un mismo sitio en parte por el trabajo de papá y en parte por la enfermedad de mi mamá. Viví en grandes ciudades y en pueblos alejados de todo, cerca de bosques, lagos, montañas y ríos. Una vez viví en una casa preciosa cercana a un bosque con alta actividad de Ghouls que papá se dedicó a investigar. A pesar de que sabíamos que sólo eran Ghouls, a mi y a mamá nos aterraba el lugar, por lo que nos mudamos a un pueblo cercano al cabo de pocas semanas. Nunca he salido de las islas, así que tal vez algún día lo haga. Incluso puede que sea parte de mi trabajo si me decido a ser especialista en algo así como mi papá.
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Invitado el Lun Dic 05, 2016 6:10 pm

Cuando este guardó las ranas de chocolate en uno de sus bolsillos una leve sonrisa, apenas apreciable, se dibujó en mis labios ya que de aquella forma se vería obligado a buscarme en el colegio, o yo a él, para comprobar si como Myrtle decía, en lo que a cromos se refería, tenía la peor suerte del mundo. Aunque claro, también cabía la posibilidad de que el Gryffindor pasase de mi y no supiera que mago o bruja famoso le había tocado. Fuera como fuese Remus acabó optando por volver a sacarse estos del bolsillo, no para comerse las ranas saltarinas, sino para comprobar de quienes se trataban. Cuando me dijo que ninguno de ellos era el profesor Albus una nueva sonrisa, esta vez más marcada y visible, apareció en mi rostro, la teoría de la profesora había quedado confirmada, quizás acabaría antes pidiéndole una foto al profesor.

A continuación, tras guardar de nuevo los dulces, comenzó a hablar sobre su infancia, sobre sus viajes, los sitios en los había vivido y sobre sus padres. Varias cosas llamaron mi atención aunque la que más me impactó e hizo que una de mis cejas se arquease fue aquello que dijo sobre su madre. Ahí estaba mi lado Ravenclaw que más solía hacerse notar, el curioso. ''¿Que le pasará a su madre para tener que viajar tanto? ¿Tendrá alguna de estas enfermedades únicamente conocidas en el mundo mágico?'' Varias preguntas asaltaron mi mente y no desaparecerían si no las solucionaba, no obstante... no veía bien preguntar como si nada sobre un tema tan delicado, ademas, ni si quiera sabía si seguía viva. Aquella vez, seguramente, mi lado curioso se quedaría en un rincón pegándose cabezazos contra la pared. Dejando que acabase el relato agaché la mirada hacia la jarra.

Había algo sobre lo que si podía comentar, los lugares donde había vivido y sobre los Ghoul. -A mi nunca me han gustado las grandes ciudades, quizás por que me gustan demasiado los animales, bueno, la naturaleza en general y pienso que son completamente lo opuesto o quizás es por que estoy acostumbrado, Luss no es que sea muy grande y además es bastante rural, me gustaba. Aunque no me hubiese importado mudarme contigo a una casita a las orillas de un río o en un bosque-. Aquello lo había dicho sin pensar en lo extraño que sonaba y en como Remus lo tomaría, como si fuera un... ¿acosador? ¿Admirador secreto que estaba fingiendo haberle conocido aquel mismo día pero que en realidad ya lo tenía fichado de los pasillos del castillo y de clase? Ninguna de las dos opciones me era validad por lo que preferí aclarar aquel malentendido. -Oh, n-no pienses nada raro, lo decía por estar dentro de la cabaña, junto a un bonito lago, un bosque... me gustan esos sitios, son un buen sitio para vivir si lo que buscas es tranquilidad y nada de lujos. Pero para vivir solo, no contigo claro, bueno, solo no, con alguien, pero no contigo, que tampoco me importaría pero-. De repente me di cuenta de que había hablado más de la cuenta y preferí beber un poco de cerveza. -Pues eso-.

-Eso si, preferiría que la casa no tuviera ningun inquilino como los Ghoul. Hace relativamente poco que se de ellos, no había leído nada de estos hasta que en la sala común de Ravenclaw escuché por accidente la conversación de dos alumnas, al parecer la casa de una de ellas tenía varios de estos en el desván, según dijo no eran violentos ni nada por estilo, aunque lo que si eran es ruidosos, cosa que luego comprobé en una guía de criaturas mágicas. ¿Sabías que hay una variedad que se llama Ghoul camaleón? supongo que si-. Parecía un obsesionado de las criaturas, pero era así, lo era.

-Una cosa... ¿podrías conseguirme un cromo de el profesor? Como ya sabes este ves voy escaso de dinero y aún tengo que comprar los regalos de mis padres y me gustaría hacerle un regalo a esa profesora. No conozco a nadie en el colegio que los coleccione, tu si, podría comprárselo si lo pone barato-. Sonreí de nuevo mirando a los bonito ojos del chico.

-Y otra cosa más, ¿podrías enseñarme las normas básicas del Quidditch? Nunca he jugado, ni si quiera he visto un partido, bueno, dos creo, pero no le presté la suficiente atención... Me gustaría conocer el deporte, seguro que así tendría de lo que hablar con los chicos y chicas, me ayudaría mucho a abrirme y dejar de ser el polluelo antisocial de Raven-.
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Invitado el Jue Dic 08, 2016 9:11 am

Sinceramente no entendía por qué se alegraba tanto de no haber encontrado algún cromo del director, pero allí estaba Noah con una sonrisa ancha en el rostro cuando le confirmó que ninguno de los cromos tenía el rostro de Albus Dumbledore.

Asintió cuando dijo que no le gustaban las grandes ciudades pues él pensaba similar, aunque tenía que admitir que en una ciudad tenían más opciones con las que distraerse. Ocasionalmente sus padres le llevaban al cine e ir a hacer la compra mensual no era un problema como cuando vives lejos de todo. En su cabeza intentó recordar donde estaba Luss, pero se le aparecían tantos pueblitos pequeños sin nombre que no estaba seguro de haber vivido allí o no. Noah le sacó de sus pensamientos cuando le dijo que le gustaría vivir con él en una casita a orillas de un río o un bosque. Le miró divertido, pero que él empezara a balbucear después le hizo soltar una sonrisa muy divertida que ocultó con sus manos, aunque el brillo de esta en sus ojos no se disimulara con nada.

- No me des explicaciones, lo entiendo –explicó aún con las manos en la boca. Merlín, al paso que iba y con las sonrisas ocultas que le daba estaba temiendo que se pusiera aún más en evidencia que si simplemente soltaba una carcajada.

- No, los Ghouls no son violentos. Ocasionalmente sólo son juguetones y les gusta hacer ruido cuando todo está en silencio, es como si se aburrieran mortalmente cuando todo está tranquilo. Por eso a papá le divertía observarlos e incluso se acercaba a ellos aún cuando a mamá y a mi nos repugnara que a veces llegara envuelto en babas. Puaj –hizo una morisqueta antes de continuar- y algo logro recordar sobre las clasificaciones, pero la verdad es que no puse real atención pues a veces papá se extendía demasiado en algunas ocasiones y ya sabes que para un niño de 8 ó 9 años eso puede resultar mortalmente aburrido –contestó divertido.

Alzó ambas cejas pensando en cómo conseguiría un cromo de Dumbledore. Lo normal sería simplemente acercarse a Sirius y pedirle que le diera uno… aunque también podía tratar de cambiarlo por los dos cromos que ya tenía. Meditó un momento su respuesta antes de contestar un escueto- lo intentaré.

A veces le sorprendía la velocidad con la que Noah solía cambiar de tema. Estaba seguro de que ninguna de las conversaciones que iniciaron habían logrado terminarla realmente. Era como que la cabeza del chico iba a mil por hora, soltando todo lo que se pasara por ella en el momento y olvidándose de los temas que ya tenían en marcha. De hecho, ni siquiera sabía cómo es que el chico había logrado pasar a hablar del Quidditch y se encontraba realmente sorprendido por ello, aunque aún más cuando este confesó que ni siquiera había mirado realmente los partidos.

Merlín, el Quidditch era algo así como el evento deportivo principal del colegio, con grandes torneos mundiales que se realizaban periódicamente y un montón de seguidores. Era el equivalente mágico del futbol para los muggles y él no lo conocía.

- Yo, eh… –se detuvo pensativo pues no tenía idea de por donde empezar- prepárate para un torrente de información, pues es casi como una mezcla del futbol, el balón mano, el básquetbol y hasta un poco de béisbol y tenis más un montón de magia –le previno con una sonrisa divertida.

- Lo más básico que debes saber es que son siete jugadores en escoba por cada equipo, lo que hace catorce jugadores en cancha más un réferi. Y se juega con cuatro pelotas y tres aros por lado.
>> Los jugadores están separados en cuatro tipos: Un guardián, un buscador, dos golpeadores y tres cazadores. Los guardianes son como los porteros del futbol, pues se dedican a cuidar que la Quaffle, una pelota roja no mágica, no pase por los aros pues si el equipo contrario convierte un tanto gana inmediatamente 10 puntos para su equipo. Los cazadores son como los otros jugadores del futbol pues se dedican a robarle la quaffle al otro equipo y a pasarla entre ellos intentando convertir un tanto.
>> Por otra parte están las bludgers. Son dos pelotas que sólo se dedican a ser un coñazo. Están hechizadas para que sean violentas e intenten golpear a los jugadores sin discriminar equipo, posición o sexo. Para ello están los dos guardianes armados con bates de madera con los que intentan sacarlas del campo de juego o redirigirlas para que golpeen a los jugadores del equipo contrario. Un buen golpeador puede llegar a partirte un brazo de un bludgerazo y eso está totalmente dentro de las normas.
>>Por último está el buscador. En general son los que pasan toda la primera parte del partido dando vueltas en círculo mirando hacia todas partes pues buscan la Snitch, la pelotita dorada alada. Estas son una imitación de los Snidgets dorados, pero como era una brutalidad el atraparlos decidieron prohibir su uso para eventos deportivos y un mago inventó esta pelotita como su reemplazo. Se mueve de forma vertiginosa, haciendo movimientos impredecibles y volando como alma que se la lleva el diablo, sólo se deja ver cuando se le antoja y por eso los buscadores están siempre pendientes de encontrarla primero ya que en cuanto el primer buscador la agarre, el partido termina y el equipo que la haya tomado recibe 150 puntos. Es un poco difícil tomarle el gustillo solo en base a una explicación, pero deberías probar con ver un partido, son bastante entretenidos y tienen una cuota de acción considerable. De allí a que tanta gente le guste, además también es entretenido de jugar incluso aunque sea de forma recreativa. No lo sé, si quieres podrías pedir prestado en la biblioteca algún libro sobre este deporte para que te expliquen mejor algunas reglas, la importancia de tener un réferi y ciertos movimientos permitidos o prohibidos. Hay algunos que son tan pequeños que pueden servir como lectura ligera para después de la cena.
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Invitado el Lun Ene 09, 2017 7:45 pm

Cuando comencé a balbucear de forma incontrolada sobre vivir solo o en compañía de aquel Gryffindor este comenzó a reír intentando ocultarlo con sus manos, impidiéndome nuevamente ver aquella sonrisa que desde hacía ya un rato deseaba ver. Notaba como mis mejillas amenazaban con colorearse en un tono intenso rojizo, no obstante gracias al chico no lo hicieron ya que este cambió de tema, al de los Ghouls. Suspiré aliviado apoyando la barbilla la palma de mi mano derecha escuchando las historias de un jovencísimo Remus. Quería a mis padres, los adoraba y por supuesto no los cambiaría por nada en el mundo no obstante más de una vez había deseado no ser un sangre sucia, tampoco necesitaba ser un sangre limpia, con ser mestizo me conformaba. Y no era porque me avergonzase de mi sangre, de mis orígenes, no, sino porque de haber tenido un padre o una madre magos hubiera podido aprender muchas más cosas de este mundo y a una edad mucho más temprana, no me sentiría tan excluido a pesar de no ser el único sangre sucia del colegio. Tampoco me sentiría tan… amenazado por todo el mundo, nunca se sabe quién está en contra de lo que eres. -Tu padre parece un tío genial, me encantaría conocerlo, podría enseñarme un montón de cosas sobre criaturas-. Sonreí ampliamente mirando al infinito mientras me imaginaba estudiando criaturas con alguien experto.

En ese momento recordé la reacción de mi madre cuando le conté que había encontrado mi futura vocación en las criaturas mágicas, casi le da un infarto y más aún cuando le conté que mis favoritos, mi pasión, eran los dragones, así si pensé que me la había cargado de un disgusto. Nunca ha sido amiga de los animales y el día que salió corriendo calle abajo huyendo de un Chihuahua de lo más enano lo dejó bastante claro. Por otro lado mi padre me demostró su apoyo de la mejor forma que podría haberlo hecho, regalándome una sonrisa, la más sincera que había visto hasta aquel día. No me dijo nada, no hacía falta. Muchos otros esperarían unas palabras de apoyo, unos toquecitos en la espalda, sin embargo había mejores formas de transmitirle tus sentimientos a alguien, una mirada, esa sonrisa. Aún me provoca una carcajada la mirada asesina de mi madre el día que volví al castillo después de las vacaciones, cuando bromee en regalarles por su aniversario un huevo de dragón acompañado de una preciosa mandrágora.

Aún estando inmerso en mis pensamientos era capaz de prestar atención a las palabras del joven, el cual había empezado a hablar de aquel deporte que hasta la fecha no había llamado lo suficiente mi atención como para intentar comprenderlo. Cuando acabó mi cara reflejaba horror mezclado con fascinación, culpa de el Noah sádico. Rara vez se dejaba ver.

Cogí la jarra y di un trago, largo, a mi cerveza. -Vaya... Me habían contado cosas brutales e increíbles sobre el Quidditch, yo mismo he visto las causas de que una de esas...¿bludgers? Te golpearan, a uno de mi casa un año menor que yo le dislocó uno de los hombros y se partió el brazo contrario al caer de la escoba, me imagino el calvario que pasaría cada vez que tenía que ir al baño... El caso es que aunque parezca o lo pintéis divertido en realidad es una animalada, ¿como pueden los profesores, y no solo los profesores, permitir tales cosas? Puede traer consecuencias muchos más graves que una simple fractura de brazo... Hay cosas que ni la magia puede curar-. Ahí estaba mi yo ''racional'', el sabio, en correcto, no obstante estaba a punto de marcharse para darle paso a ese Noah sádico que luchaba por salir tras las palabras del león. -Aunque supongo que eso es lo que más llama la atención de este deporte, quizás si no pasase nada sería aburrido, ¿no crees? Le da emoción, intensidad y claro, diversión, tiene que ser divertido ver como una de esas pelotas asesinas golpea a alguien con el que no te llevas muy bien-. Mi mente comenzó a crear imágenes de Gryffindors y Slytherins cayendo de sus escobas inconscientes por un mal golpe de esas bludgers. ''It's raining men'' Canturreaba el yo de mi sueño mientras daba vueltas sobre mi mismo en mitad del campo de Quidditch viendo como caían con sus uniformes verdes y rojos.

Una sádica sonrisa se dibujó en mis labios antes de volver a la cruda realidad. -Oh no, mierda-. Ya con el culo despegado de mi silla terminé mi cerveza de mantequilla con suerte de no atragantarme. -Se me ha hecho demasiado tarde y tenía una cita a la que no puedo faltar, no me lo perdonaría jamás...- Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando la imagen de una bola de cristal recién pulida apareció frente a mi. -Ha sido un placer conocerte, gracias por la conversación, es la primera que tengo con uno de los de tu casa sin que haya insultos de por medio, ha sido agradable-. Dije con sinceridad mientras extendía uno de mis brazos para ofrecerle mi mano. -Nos vemos por el colegio-. Dije guiñándole el ojo derecho, aunque aún no se bien por que lo hice. Tras eso salí corriendo de aquella taberna maloliente para aparecer nuevamente tras el cristal de la ventana junto a la que estábamos sentados. -¡Y no te olvides del cromo del profesor!- Grité para después salir corriendo.
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Invitado el Miér Ene 11, 2017 6:36 am

- Sería genial si algún día conocieras a mi padre. Estoy seguro de que te podría instruir mejor que yo sobre las cosas en las que tienes dudas. Podría presentártelo si me buscas en King Cross para las vacaciones, generalmente es él quién va a recibirme a la estación –Tenía que admitir que Noah había sido un gran oyente cuando se trataba de historias de animales y estaba bastante seguro de que su padre agradecería poder conversar con alguien así.

Su larga (larguísima) charla sobre el Quidditch le había dejado con la boca seca, por ello es que tomó uno de los últimos tragos de cerveza nada mas terminar, divertido con la expresión de Noah puesto que, en serio, el quidditch era demasiado largo de explicar sólo estando en una mesa. Tal vez debería haber hechizado algunos guijarros o algo para poder explicarle en movimiento, pero ya no lo había hecho y por lo visto Noah tampoco lo necesitaba del todo.

Le miró extrañado cuando este dijo que habían cosas que ni la magia podía curar. ¿Es que acaso ese chico no sabía del Rugby, del Hockey sobre hielo o, peor aún, las luchas de la UFC? Incluso en el futbol a veces se daban unas patadas bestiales que él no lograba entender cómo era posible que los muggles fueran capaces de resistir sin ayuda de la magia. Eso para él resultaba incluso más bestial que tener un par de bludgers volando en el terreno, especialmente cuando habían dos golpeadores dispuestos a desviar las trayectorias, pero como él mismo decía, eran cosas del deporte y justamente era eso lo que llamaba la atención del juego.

Iba a hacer un comentario cuando este abrió nuevamente la boca- ¿No qué? –le preguntó, mirando alrededor para ver si acaso había visto a alguien rondándoles, pero este se explicó pronto y se había levantado para partir.

- Igualmente. No dudes en buscarme si acaso deseas conversar en algún momento –contestó con una sonrisa donde no mostraba ningún diente, aunque un momento después se insultó a si mismo. ¿En serio le había ofrecido que siguieran conversando? ¡Merlín! Si se había sentido la mar de incómodo en todo momento.

Estrechó su mano para despedirse y le observó irse inmediatamente después. Vale, había sido curioso conocer a un chico como Noah y la verdad es que si no fuera por su propia inseguridad probablemente se lo habría pasado mucho mejor.

Apuró sus últimos restos de cerveza y se levantó para irse también. Agradecería el aire fresco y la verdad es que ya era hora de ir viendo qué estaban haciendo los chicos. Acomodándose la capa y la bufanda, salió del lugar directo al castillo.
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