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Equivocaciones {Astrid E. Sweets}/Priv. +18

Invitado el Dom Nov 13, 2016 5:35 am

Okey… debía reconocer que escaparse de Hogwarts para ir a golpear a Edward en una fiesta organizada por el Ministerio había sido una mala idea. Sobre todo luego de que fuese precisamente Iorwerth Cosmas el encargado de castigarlo una vez que llegó al Castillo. Joder, lo adoraba como profesor, pero lo odiaba como Jefe de Casa ¿Por qué de todos los profesores del Castillo tenía que ser precisamente el más estricto de todos su jefe de casa?

Aunque claro, el asunto que a Cosmas le interesaba en realidad, era saber como demonios había conseguido escaparse del Colegio, cosa a la que Sirius no respondió y no respondería jamás. Ni aún luego del castigo propinado, que no le había molado nada. Estaba bien lo de limpiar la sala de Trofeos sin magia, pero el profesor se acabronó aún más cuando Sirius no quiso hablar y por una semana tuvo que dormir en un calabozo en las mazmorras. Por fortuna, con el espejo comunicador no fue tan terrible, pues al menos no se sintió tan solo y pudo seguir hablando con sus amigos, pero no era lo mismo y además la cama era bastante incómoda y fría, pero por más que el Profesor Cosmas le amenazara con encerrarlo una semana más y así lo que fuese necesario hasta hacerle hablar. No, él no hablaría.

—Ya se lo dije, Profesor. Salí a caminar medio dormido por los terrenos y no me di cuenta, cuando de pronto estaba en Hogsmeade y todos andaban con ambiente de fiesta y pues… aparecí ahí.

Sonrió con la mejor cara de inocencia que pudo poner, pero no fue suficiente para apaciguar la ira de Iorwerth y se ganó otra semana más en los calabozos, estaba vez incluso sin cena, por lo que el pelinegro se las tuvo que ingeniar para pasar chocolates y otros comestibles por contrabando, con ayuda de los chicos, que iban a dejarle comida escondidos bajo la capa de invisibilidad de James.

Por fortuna el Veritaserum estaba prohibido en los interrogatorios para con los alumnos, lo mismo que leerles la mente, porque si no la tendría jodida. Y, por fortuna también, que contaba con muy buenos amigos y que al menos su escapada había valido la pena, pues había dejado un ojo en tinta y algo más a ese prostituto de Edward Westenberg.

Así, acabada una nueva semana, Sirius fue citado nuevamente a la oficina del sub-director, o al menos eso creía, porque en realidad el celador acabó llevándole al despacho de la profesora Astrid Sweets, por lo que el ojigris frunció el ceño, con mirada perspicaz, cuando el squib salió y le dejó ahí a solas, esperando a por la profesora.

Sirius, como era de esperar, tampoco se quedó sentado como un niño realmente bueno e inmediatamente se puso de pie para ir a escuchar a la puerta, poniendo una oreja sobre la madera para cerciorarse de que el hombre se había ido y entonces poder hacer alguna maldad en el despacho, pero en ese mismo momento la profesora entró, haciéndole dar un salto.

—Oh… Hola —saludó entre asustado y nervioso —¿Qué pasó con el Profesor Cosmas? Pensé que me iba a condenar de nuevo a otra semana durmiendo en los calabozos, esta vez sin servicio de alcantarillado —bromeó inevitablemente.


Última edición por Sirius O. Black el Dom Nov 20, 2016 12:07 am, editado 1 vez
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Invitado el Lun Nov 14, 2016 9:06 pm

Hacía un par de semanas uno de los alumnos de Gryffindor se había escapado del colegio y claramente a ella le interesaba saber el como lo llegó a hacer, era algo que realmente necesitaba en esos momentos, en especial por lo que estaba a punto de suceder en el colegio y obviamente el cumplimiento de su deber con su amo, su misión era importante para que pudieran lograr parte de su cometido, así que en todo momento estuvo pendiente del caso de Sirius Black.

Si era sincera consigo misma, la verdad desde antes confiaba en que Sirius y sus amigos supieran algo de los pasadizos, el señor Black era muy brillante aunque rebelde, por lo que no dudaba que conociera algo que los llegaba a ayudar con su cometido, tenía que saber una forma de salir del colegio, pero no era tan sencillo como abordarlo y preguntarle, una vez mas lo veía como un chico listo aunque no se esforzaba mucho, pero fue su misma rebeldía la que ahora estaba jugando a favor de la semiveela.

Las cosas parecían estar de su lado, aún no encontraba aún pasadizo, pero ya tenía quien lo conocía y además de esto, tenía una gran ventaja, ella era una semiveela y sabía que sus encantos confundían y posiblemente nublarían en juicio del joven y le darían la información que necesitaba, solo ocupaba de una oportunidad, encontrar la forma de ser ella quien lo interrogara y claramente las cosas al final se llegaron a poner de su lado hasta en este campo.

Los día pasaban y los castigos hacia el joven Black se volvían mas severos pero este no llegaba a hablar, estaban en un punto donde lo mejor era dar una idea alternativa, intentar hacerse cargo del asunto, claramente tuvo que hablar primero tanto con el director como con el subdirector, llegar a interceder un poco por el bienestar del ojigris, indicar que lo que hacían no daría resultado alguno pero que ella era capaz de sonsacarle la información, pedir una oportunidad para hablar con él y hacerse cargo del problema, tal vez un enfoque diferente haría que el estudiante hablara, la tortura con él no llegaría a servir y tampoco podían usar otros métodos.

Después de mucho rato e insistencia y una serie de argumentos no solo verbales logró su cometido, el chico sería llevado a su despacho y sería ella misma la que se encargaría del asunto, ocultó una sonrisa maliciosa cuando se despidió de ellos y salió del lugar, las cosas estaban a su favor, ahora solo faltaba encontrar ese pasadizo y usar las debilidades de esos tres hombres y ocupaba hacerlo rápido que esa información tenía que mandarla lo mas pronto posible para dejar todo en su lugar.

Caminó con tranquilidad hacía su despacho luego de solicitar que llevaran a Black al mismo, llegando un poco después de que el joven llegara, pero antes de que este se le ocurriera hacer alguna maldad en el mismo, o bueno, mas bien antes de que pudiera hacerla.

- Hola, ¿Tienes hambre? - preguntó amablemente la rubia, posiblemente no le aceptara la comida pensando que le echaría alguna poción, pero ella por su parte estaba siendo amable para ganarse una vez mas su simpatía y de esta forma hacer que las cosas estuvieran cómodas entre ellos y poder hacer lo que tenía que hacer, además claramente desde el primer momento dejó que su encanto de semiveela se manifestara, aunque no de una forma tan obvia, pero si lo suficiente para bajar la guardia del chico.

- La verdad no dudo que en algún momento llegara a ser su intención, sin embargo, sentí que ya era demasiado castigo así que intercedí por ti - dijo mientras caminaba hasta un armario del que sacó algunas golosinas y galletas, todas las mañanas los elfos le dejaban un platón con galletas recién hechas por que aún con el ejercicio que hacía y que buscara mantenerse en forma, la profesora era algo glotona, también sacó dos copas y una jarra con agua, pues al menos en eso si se cuidaba, prefería tomar agua que frescos muy endulzado.

- Si quieres puedes tomar una - dijo antes de tomar ella misma una de las galletas y darle un mordisco para luego rellenar las copas con la bebida incolora, para finalmente tomar asiento frente al joven e indicarle si ya no se había sentado que lo hiciera, la verdad estaba dándole largas al asunto, pero buscaba un ambiente cómodo antes de ir al grano.
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Invitado el Miér Nov 16, 2016 10:13 pm

¿Qué si tenía hambre? ¿En serio?

Le miró con expresión de desconfianza y negó con la cabeza mientras retrocedía un paso. Que un profesor llegase en plan tan amistoso, cuando sabía que él no era, ni sería, por mucho tiempo uno de sus favoritos o mejores comportados, le hacía ponerse a la defensiva.

Además, había que ser estúpido como para no sospechar de nada si luego de semejante escarmiento le mandaban precisamente donde la profesora guapa y buena onda ¿A qué estaban jugando? ¿Al policía malo y al policía bueno? ¿Qué tocaba ahora? ¿Qué ella le ofreciera alguna recompensa por abrir la boca?

—Oh… ya veo…

Se mordió los labios con un poco de nerviosismo, la profesora comenzaba a ponerle nervioso. Estaba demasiado amable y por eso ya veía que también el profesor Cosmas, o quien fuera, estaba escuchando por detrás de la puerta para meterse en cualquier momento en plan violencia. Por fortuna, sabía que varios de los castigos más severos que se habían hecho alguna vez en la escuela, ya estaban prohibidos y el pobre celador, Argus Filch, ya casi vivía sólo del recuerdo. Y decía por fortuna, porque ni aún cuando le hubiesen flagelado la espalda, o usado cadenas para separarle las extremidades iba a ceder. No señor, revelar un secreto de los Merodeadores a un profesor era como vender a su propia madre. Claro, si a él le hubiese importado la suya.

—Tengo un poco de hambre, sí, pero prefiero guardar espacio para la cena.

Sonrió sobándose la panza para hacerlo parecer un acto casual. La verdad es que no sólo desconfiaba de la comida que podía darle, sino que deseaba salir cuanto antes de ahí y disfrutar una vez más de su amada libertad. Arrojarse en su cama, dormir en ella, bromear con los muchachos sin la necesidad de murmurar a través de un espejo mágico, poder sentarse con ellos a la mesa y comer cuanto pudiera y no cuanto le llevaran. Estaba decidido a no hablar, pero también estaba ya aburrido de los castigos. No quería esperar ni un momento más.

—Bueno, muchas gracias, profesora. Le debo una.

Le sonrió una vez más y se acercó a la puerta para marcharse, porque si había intercedido por él, significaba que le habían sacado ya el castigo ¿o no?
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Invitado el Miér Nov 16, 2016 10:37 pm

Sirius era uno de sus alumnos favoritos, aún cuando no estaba en la casa de la cual ella salió era uno de sus alumnos favoritos en el colegio y por lo mismo era algo lógico que hubiera llegado a interceder por él, además en ese tiempo había intentado ganarse una reputación de una profesora buena, amable y atenta, y no sería algo que dejara de lado si no hasta que su amo ganara y ella pudiera ser ella misma, pero para eso ya faltaba muy poco tiempo, tan poco que ya podía llegar a saborearlo y precisamente por eso es que tenía que seguir con esa farsa al menos un poquito mas, además ante el director y subdirector ella estaba haciendo méritos para convertirse en Jefe de casa de Hufflepuff.

En fin dejando de lado sus metas en el colegio, había conseguido ser quien intercediera por Sirius para ver si lograba sonsacar algo de información, aunque algo le decía que tal vez las cosas no serían tan fáciles si no llegaba a nublar por completo su juicio y raciocinio, claramente en ese momento no le interesaba para nada por así llamarlo sexual, aunque nunca había tenido que usar sus encantos para lograr que un hombre la complaciera de dicha forma, en todo caso ahora lo ocupaba para un fin especifico y este era que el Gryffindor le diera la información necesaria.

Sabía que sería rechazada era lo mas lógico - Claramente no tienen ninguna poción - dijo con una pequeña sonrisa antes de tomar un trago de la copa de agua mientras miraba al chico, era evidente su desconfianza pero a su vez sentía que empezaba a estar disperso, aunque no sabía que tan disperso podría estar en ese momento por lo que puso todo su empeño en que todo el encanto de semiveela que tenía afectara al joven y este le diera los detalles que ella necesitaba, el tiempo se agotaba.

- Aún no te puedes ir, Sirius - lo llamó por su nombre de pila, pero en este momento era lo mas adecuado - No puedo dejarte ir sin que expliques una vez mas como llegaste a salir del castillo, claramente no me dejarían que te liberará tan fácilmente, así que toma asiento y repasemos los acontecimientos - sonrió afablemente esperando que el joven se sentara al frente de ella y le explicara que fue lo que pasó y como llegó a salir del colegio.

- En ese caso repasemos los hechos, Sirius. Estabas medio dormido, caminaste por los terrenos y encontraste una fiesta, pero dime ¿Como saliste? En teoría en Hogwarts tienen la mejor seguridad para evitar estas cosas y me consta que todo estaba cerrado - habló de tal forma que sonaba real lo que decía y que ella misma se había llegado a fijar en la seguridad del colegio - Tiene que haber otra manera de salir y ocupamos saberlo, algún pasadizo o algo que hayas descubierto en estos años, no creo que hayan muchos - dijo algo pensativa antes de sacar una teoría - No se, tal vez llevabas varios días viendo un pasadizo extraño al que no te atrevías a entrar hasta la noche de Halloween y te llevó a Hogsmeade y ahí te quisiste sentir un chico mayor e ir a una fiesta de adultos en vez de aburrirte en la fiesta del colegio - era una teoría absurda pero con esta estaba dándole a entender que confía en él y que posiblemente haría la vista gorda si él sabía de mas pasadizos, el que le interesaba era el del problema, además que parecía que le estaba dando el beneficio de la duda, solo esperaba que él lo tomara de tal forma y revelara lo que ocupaba saber.
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Invitado el Jue Nov 17, 2016 5:20 am

Aún no te puedes ir, Sirius.

Outch… aquella había sido una de las frases más indeseables que había escuchado en su vida, pero —no sabía porque— se la veía venir. Respiró profundo, aún con la mano puesta sobre la manija de la puerta y se quedó de espaldas a ella por un momento, mientras le escuchaba, por lo que acabó dando un paso más, para poder apoyar su frente sobre la madera de la pesada puerta, como si realmente fuese un cachorrito que lo único que deseaba era salir. De hecho, incluso rasguñó la puerta un par de veces con su dedo índice, mientras cerraba los ojos, para luego volver a llenar los pulmones de aire y darse las fuerzas necesarias para mirar a la profesora una vez más.

Astrid estaba sonriendo de manera demasiado amable ¿Por qué demonios sonreía si acababa de ordenarle que se sentara frente a ella sin darle derecho a salir? No sabía si la mujer de verdad deseaba parecer amigable o si se estaba burlando de él por mantenerle ahí encerrado, pero como él era un cabrón y muchas veces pensaba que todos lo eran, se decantó más por la última opción y eso no le agradó.

Resopló exageradamente y muy de mala gana accedió a regresar sobre sus pasos y sentarse en la silla delante de ella para mirarle a los ojos con expresión de cabreo. Es decir, lo que más deseaba era estar enojado con ella y mandarla muy lejos, ser irónico, rebelarse y salir por esa puerta sin importar que, pero… algo había en esa mujer que le hacía contenerse y, contradictoriamente, no se sentía tan mal.

—Ya les dije, Profesora. Salí a caminar medio dormido por los terrenos y no…

Astrid le interrumpió para comenzar a recapitular ella, por lo que Sirius simplemente asintió hasta la parte en la que dijo que había encontrado una fiesta.

—Eeeeh… no… No desperté en la fiesta, desperté en Hogsmeade y ahí me encontré con que todos iban saliendo a una fiesta y me uní a ellos —sonrió inocentemente y alzó los hombros —. No sé como salí, fue magia, estamos en Hogwarts, todo puede pasar ¿no es así?

Y fue él quien sonrió esta vez y no precisamente de manera inocente, sino con una sonrisa torcida, de aquellas tan desenfadadas y rebeldes que le caracterizaban, sobre todo cuando hablaba con una chica, pero… ahora no hablaba con ninguna chica, hablaba con la profesora, pero parecía estarse olvidando de ello.
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Invitado el Jue Nov 17, 2016 10:53 pm

Notaba que el ojigris se quería retirar era lógico con los castigos del profesor Cosmas pero tal vez eso mismo sería lo que la ayudaría a ella a doblegarlo o tal vez por lo contrario haría las cosas un reto mayor, la verdad no estaba segura de lo que iba a pasar solo que conseguiría la información si o si, era su deber con su amo y ella no le fallaría, no por miedo a represarías por fallar en la misión, si no por que ella misma se castigaría de fallarle al Señor Tenebroso, tenía ambiciones y sería una de las personas mas allegadas a él en algún momento estaba entre sus planes, hacer todos los méritos para que el confiara en ella, además de ser muy poderosa.

Sentía que las cosas tal vez no serían tan fáciles como le gustarían en especial por que cuando volvió y empezó a contarle la historia volvía a la misma que le había contado a Cosmas y evidentemente ella quería la real y tenía que ver como es que la lograba, ella sabía algunas cosas tanto por sus años de estudiante como por su misión, pero tenia que ver como es que jugaba sus cosas y cuanta información podría llegar a darle para que este le diera la información que ella quería, de momento se concentró en interrumpirlo y dar conjeturas de como salió del lugar, pero parecía que era algo que no estaba funcionando mucho, el joven seguía fiel a su historia y era algo que la ponía de malas aunque no lo estuviera demostrando públicamente, estaba interiorizando lo que sentía y solo permanecía el mismo semblante amigable en el exterior.

- Pero nada pasa por que si o sin una razón, Sirius, eres uno de los alumnos mas brillantes que he tenido, así que claramente no creo que haya sido así como lo dices, Hogwarts es uno de los lugares con mayor seguridad en el mundo mágico después de Gringotts, al menos en el Reino Unido, así que no dejarán una puerta abierta para que un estudiante salga así como si nada - hizo un gesto de circunstancias antes de cruzar la pierna y apoyarse con los codos en la mesa para quedar mas cerca del joven, cambiando un poco su lenguaje corporal y su tono de voz y mirada a unos mas cautivadores, casi con la intención de hipnotizarlo con su belleza.

- El castillo es un lugar viejo, como toda construcción antigua tiene pasadizos secretos y lugares que solo alguien curioso o muy inquieto llegaría a descubrir, en mis años de colegio encontré algunos y yo no estuve mis 7 años aquí, ahora tu tienes 7 y eres una persona que es muy rebelde, inquieta y tienes cierta curiosidad por las cosas, así que no me sorprendería que conocieras mas. No te estoy pidiendo que reveles todos tus secretos o que no puedas seguir saliendo del colegio ilícitamente, conocerás mas pasajes que solo ese. Pero ocupamos conocer al menos el actual, aún cuando estemos viviendo en calma, estamos viviendo en una época Oscura, claramente el profesor Cosmas y Dumbledore están preocupados, están preocupados por la seguridad de todos por lo que ocupamos ESE pasadizo, el resto puede que ni tu, ni yo, ni nadie los llegue a encontrar nunca - Realmente estaba pidiendo un solo pasadizo y sentía que le estaba costando tanto conseguirlo que era algo molesto, vamos que seguro habían mas y era mejor delatar uno solo que tener que delatar el resto o terminar castigado por mas tiempo, pero al parecer el chico no lo veía de esa forma, o al menos eso era lo que ella sentía.
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 2:43 am

Sonrió aún más ampliamente cuando la profesora reconoció a viva voz que él era uno de los alumnos más brillantes que ella había tenido. Debía reconocer que aquello le halagaba, aún cuando no fuese Astrid la primera profesora de quien lo escuchase salir. Sirius sabía perfectamente bien que él no era ningún estúpido, bien lo demostraban sus calificaciones y todo aquel tipo de cosas que había logrado hacer y que los profesores no tenían aún ni la más rematada idea ¿Cómo quedaría la semiveela si se enteraba de que el chico era además animago y había conseguido crear un mapa del Castillo en donde no sólo se mostraban todos los pasadizos secretos, sino además sus contraseñas y a todas las personas que se encontraban en su interior?

Se sentó aún más relajado y acabó apoyando uno de sus codos sobre el posabrazos de la silla y comenzó a jugar con su cabello, mientras miraba a la profesora con una sonrisa.

—¿En serio? —preguntó con expresión incrédula luego de que la profesora dijera que Hogwarts era uno de los lugares más seguros del Mundo Mágico —No lo sabía.

Mencionó con aire inocente, para luego quedarse por un momento pensativo. Si ya había violado la seguridad de Hogwarts, Gringotts entonces se presentaba ante él como un nuevo desafío, o al menos eso era lo único que había sacado de productivo de entre todas las palabras que le había dicho la profesora. Estaba claro que no deseaba convertirse en un ladrón de bancos, pero también estaba seguro que James estaría de acuerdo con él de que una intromisión a Gringotts sería una idea bastante llamativa. Por eso quizás no vio la nueva postura que había adoptado la rubia, ya que él estaba demasiado ocupado imaginando su victoria.

Pero… tenía que mirarla en algún momento, así que cuando lo hizo, ahi si que cayó en cuenta en su atractivo y volvió a sonreírle, esta vez de una manera más idiota.

—¿De verdad? —volvió a preguntar incrédulo, cuando ella señaló que también había descubierto pasadizos secretos en el Castillo —Pues en todos mis años de Hogwarts y toda la gente que he conocido, a nadie más he escuchado que sepa como salir del Castillo, y si lo han dicho, cuando ha llegado el momento de que lo demuestren es que han estado alardeando. Como usted bien lo dijo, profesora, Hogwarts es uno de los lugares más seguros del Mundo Mágico —sonrió con aire de complicidad —, así que si usted logró dar con alguno de esos pasadizos ha de ser sumamente astuta y eso la hace aún más llamativa. Ya sabe, inteligente y bonita.

Rió brevemente y se acercó también un poco más, hasta apoyar ambos codos sobre el escritorio y adoptar una posición más cercana y cómplice.

—Dígame… —inició estirando sus manos hasta acariciar con el dedo índice una de las suyas —Sí usted conoce ya una de las formas para salir de la Escuela ¿por qué no va y se la cuenta al Profesor Dumbledore  para que deje de estar preocupado por estar viviendo en esta época oscura?
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 3:22 am

Realmente se estaba cansando, la idea de la profesora buena no estaba resultando y realmente ocupaba conseguir resultados, tanto que era así que decidió que lo mejor era mandar al diablo toda la apariencia que había llegado a formar en esos años y tenía que ser mas la mujer que había detrás de la mascara, por Merlín, era una semiveela en algún momento consiguió que otro hiciera su trabajo sucio, como no podría lograr lo que quería y necesitaba en ese lugar, realmente se estaba ablandando y no era algo que le gustaba.

No, la verdad no lo dejaría seguir ahí en ese juego dándole largas, era hora de dejar la moral de lado, era un adolescente, sabía que muchas veces llegaba a ser la clase de chico que caía bajo sus encantos, solo necesitaba robarse toda la atención el chico además de buscar una forma en la que las cosas quedaran solo entre ellos, tal vez podría llegar a usar su sexualidad, era brillante, pero podría llegar a seducirlo, ella era una profesora y claramente todo adolescente en algún momento tenía alguna fantasía con uno de ellas y ella solo tenía que explotar esto pero a su vez tenía que meter mas presión.

Apartó la mano de la del joven y se puso de pie, esta vez para rodear el escritorio hasta quedar al frente de alumno, aunque algo ladeada, al menos hasta que se sentó en la mesa del escritorio, cursando una de sus piernas sobre la otra siendo la izquierda la que cruzó para poder rozar la pierna del chico, haciendo un contacto mayor con el joven, pero aún así se mostraría seria en su hablar.

- Señor Black, dejémonos de juegos, ambos sabemos que usted salió por uno de los pasadizos de este colegio y le aseguro que si no me dice nada al respeto tendré que devolverlo a una de esas mazmorras donde anteriormente estuvo y creo que ya al principio de esta reunión me dio ideas interesantes para su próximo castigo - su tono denotaba que estaba hablando en serio, realmente lo haría pagar si llegaba a seguir jugando con ella, su mirada también demostraba la seriedad que tenía y en cierta forma demostraba que le complacería un poco verlo en una mala situación si era el caso, pero a su vez buscó un incentivo.

- Sirius, podemos hacer esto de dos formas, no hablas y te castigo, tal vez tenga que buscar algo mas efectivo que el ser encerrado en las mazmorras, o haces lo que pido y me das las información y yo te recomiendo de alguna forma que seguramente nos llegue a gustar a los dos - una vez mas hizo todo lo posible por usar sus dones de semiveela, se inclinó un poco hacía él, dejó ver un poco de escote, ocupó uno de sus manos para apoyarse en la mesa mientras que la otra la había usado para tomar el rostro del joven para que este la mirara a los ojos, se relamió los labios y claramente su mirada estuvo fija en los ojos del chico al menos hasta el momento en que llegó a hablar de algo que podría gustarle a los dos por que este fue el momento en que ella llegó a dirigir su mirada a los labios del chico antes de acercarse mas al joven como si planeara darle un beso en los labios, aunque al final se desvió para darle un beso entre la mejilla y comisura de los labios justo antes de acercarse a su oído y hablarle con la voz mas seductora que pudo tener - Será algo que quede entre nosotros - dejaría que la cercanía ayudara a cautivarlo además del timbre de voz que estaba usando en ese momento, a este punto él hasta podría llegar a apreciar el olor de su perfume y estaba haciendo tanto uso de sus encantos de semiveela como de mujer, en este momento no le importaba lo que llevaba a pasar, además contaba con que Sirius no le diría a nadie lo que estaba pasando en ese momento.
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 4:57 am

Sonrió con aire triunfal cuando la mujer apartó la mano de la suya. Estaba tan acostumbrado a jugar a incordiar a la gente, que esos gestos le seguían pareciendo las mejores reacciones del Mundo, aún cuando lo que pretendía era llamar la atención. Además, como alumno que era, jamás se habría esperado que ella hiciera mas que ofenderse ante su acción, lo cual —en su lógica— significaba que más pronto le echaría del despacho y por ende más pronto se podía ir.

Pero se equivocó…

Astrid se puso de pie y se acercó a él, para acabar sentada en frente y con una de sus piernas rozando una de las suyas, lo cual hizo que sintiera una repentina sensación de vértigo en su estómago. Tragó saliva y miró a la bruja. Si ésta se hubiera quedado callada, de seguro sus tácticas serían mucho más efectivas, pero hablaba, hablaba mucho y no precisamente para seducirle como parecía querer hacer. Era como si una parte de ella, una parte muy poderosa, le invitase a acercarse, a caer en sus redes, pero la otra —la que hablaba— le arrojase contra la pared para darle a pedradas por no decirle acerca del puto pasadizo.

¿Acaso creía que era tonto? ¿Cómo demonios pretendía desviar su atención hacia ella y hacerle bajar la guardia de esa manera si le acribillaba a preguntas y amenazas?

Pues sí, lo era; tonto y adolescente. Por eso ya comenzaba a caer así de rápido a sus encantos y concentrarse únicamente en ella y a importarle una mierda eso de lo que tanto hablaba ¿qué era? Ya ni lo recordaba, sólo le importaba ella, aun cuando ese era un momento en que su yo consiente hubiese querido gritar “¡DRAAAAAAAAAKE!!! ¡SÁCAME DE AQUÍ!!!!”, pero lamentablemente ese yo consciente se había ido de paseo a la Luna por culpa de los encantos de la semiveela.

—¿Entre nosotros? —preguntó dudoso, pero luego se olvidó también de eso —Profesora Sweets… ¿Quiere ser mi pareja?… La Navidad se acerca y…

¿De qué demonios estaba hablando? De pronto se sentía sumamente estúpido, pero a la vez embobado, lo único que deseaba estar con esa mujer y hacerla feliz, pero ¿cómo?
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 5:37 am

Una vez mas en todo ese rato decidió hacer un cambio de técnica al último momento, sería un cambio en el que dejaría de hablar, dejaría de preguntar por lo que quería sacar del joven, mas adelante buscaría la información, primero haría lo mas importante y lo que sentía que estaba sacando mas resultados en ese momento y eso era el seducirlo. La verdad el joven la atraía, solo que ella cada vez iba bajando mas y mas la edad de los alumnos con los que tenía algo, bueno no es que hubiera tenido algo con un alumno después del de EEUU, pero el joven estaba en séptimo en ese tiempo y Sirius a penas ahora, así que era varios años menor que el anterior y ella varias mas vieja que la vez anterior.

Mezclar trabajo con placer no era algo que soliera hacer aún cuando habían varias cosas en su trabajo que la pusieran horny, pero ella siempre sabía como controlarse para no bañarse o hacer otras cosas con la sangre de sus víctimas o frente a ellas, sin embargo al parecer esta vez tenía que llegar a mezclarlos ambos y dudaba llegar a arrepentirse de algo de lo que hiciera, bueno ella difícilmente se arrepentía de las cosas.

Dejó de hablar y solo se concentró en el chico que estaba frente a ella al menos hasta que este habló - Si, entre nosotros - respondió aún manteniendo la cercanía que tenía sobre él, hablándole suavemente al oído y finalizando con un pequeño mordisco en el lóbulo de la oreja, antes de separarse un poco, lo suficiente para mirarlo a los ojos, su mirada era intensa y buscaba hipnotizarlo, buscaba que él no pensara en otra cosa mas que ella, buscaba seducirlo, demostrarle que podía llegar hasta donde quisiera con ella, que podía hasta llevarlo al paraíso si así lo deseaba, que era una mujer accesible para él y que claramente estaba interesada.

- Si es lo que quieres lo seré - respondió aún con esa voz con la que pensaba sumirlo en una especie de sueño, de ilusión, aunque no dejaría que hablara mucho mas o hablaría mucho mas en ese momento, acortó la poca distancia que quedaba entre ellos para degustar los labios del menor, sería un beso corto, uno de esos para tantear terreno, un beso que buscaba dar cabida a otro mas si el chico se lo permitía, mientras su mano, la que no estaba apoyada en la mesa si no en el joven descendía.

- Dime, ¿Me ayudaras? - preguntó una vez cortado el beso, pero aún rosando sus labios dado que no se había llegado a alejar lo suficiente del joven, estaba dispuesta a besarlo una vez mas si este llegaba a permitirlo o era necesario, ocupaba que este dijera lo que ella necesitaba saber, aunque jugar un rato con él o llegar a las últimas consecuencias no era algo que la molestara realmente.
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 6:41 am

Cualquiera que hubiese estado presente, observando la escena, de seguro se habría llevado una mano al rostro con expresión de “No puedo creerlo” cuando Sirius comenzó a ceder de esa manera. No porque no se esperasen un comportamiento como tal de un adolescente, sino porque se había ido completamente del tema y eso ya estaba para matarlo. De hecho, es probable que cualquier espectador hubiese dicho que ese era el momento en que Astrid sacaba su varita y lo hacía hablar a costa de maldiciones para finalmente tener que ocultar su cadaver el el armario escobero hasta que llegase la oportunidad de deshacerse de él. Pero… por fortuna (o desgracia) de Sirius, no fue así.

El joven repentinamente había regresado varios años atrás en su madurez para con el sexo opuesto y es que Astrid se había transformado de un momento a otro en el centro de su Mundo y la razón de su vida. Lo único que deseaba era hacerla feliz, tomarle la mano e ir a conocer a su familia para recibir su bendición y poder llevarla al altar y más allá. Joder, si casi si había imaginado tejiendo calcetines con ella, junto a la chimenea y rodeados de las fotos de sus nietos.

Le regresó la mirada cuando ella le miró a los ojos, y sus poco comunes ojos grises se hundieron en los profundo de sus orbes azules. Eran los ojos más hermosos que había visto en su vida, y no sólo sus ojos; sus pestañas, su piel ¡qué perfecta y preciosa piel!… sus labios, su aroma, ella entera. Qué feliz sería si sólo pudiese pasar un día ahí sentado contemplando esa belleza.

Estaba tan feliz de estar cerca de ella, que el corazón casi se le sale del pecho cuando ella dijo sería su novia si era eso lo que él quería. No podía creer su suerte y por eso sonrió aún más ampliamente. Si ella no hubiese estado tan encima, de seguro se ponía de pie para ponerse a saltar y a hacer su ridículo baile de la victoria, porque estaba sumamente feliz, feliz y embobado. Sentía que hasta podía volar si ella se lo pedía, pero Astrid no le pidió nada, simplemente se acercó a él y le dio un pequeño beso que hizo que él cerrase los ojos y lo respondiera con la misma suavidad y delicadeza que ella merecía, porque ella era perfecta.

—Por supuesto —respondió con una sonrisa, aun cuando no tenía idea de lo que ella pedía, pero sí, sí a todo.

Y esta vez fue él quien buscó regresar a sus labios para hacerlos prisioneros de su boca, mientras sus enmarcaban silenciosamente sus mejillas. Deseaba besarle como nunca jamás había deseado besar a una mujer, pues por primera vez podía jurar que no sólo sentía deseo sino también amor. Estaba totalmente hipnotizado, a tal grado que podría resultar inútil.
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 8:22 pm

Estaba teniendo un gran avance con Sirius, este estaba cada vez mas perdido en sus encantos, no dudaba que ya estuviera tan perdido de imaginar un futuro con ella, que estuviera como "él" en su momento, y eso era realmente una ventaja para ella por que si era así, sabía que haría cualquier cosa por ella y eso era algo que necesitaba en ese momento en especial por que al menos esta vez no era algo grave lo que le pediría, solo era una información que necesitaba, algo inofensivo si no se tomaba en cuenta que lo usaría para un ataque mortifago, seguía siendo algo normal y tranquilo, al menos a su pensar, no es que lo estuviera obligando a matar personas, ella solo mataría personas con ayuda de esa información. Bueno la verdad nada llegaba a sonar bien en ese momento pero la verdad no era algo que llegara a importarle realmente.

Estaba perdido en su belleza, ella lo sentía y estaba complacía, amaba cuando cautivaba a un hombre, aún cuando prefería hacerlo sin uso de sus dones, no le molestaba que ellos influenciaran en especial con una persona como Sirius Black, uno de los alumnos que mas había llegado a interesarle desde que había llegado a ese país, pero claramente con el que no había intentado nada, a decir verdad no había intentando nada con ninguno, había estado portándose bien durante ese par de años, hasta había rechazado con justa razón a su ahijado y realmente había sido una muy buena idea el rechazarlo en su momento, pero en este estaba en una especie de dilema entre cumplir el deber o aprovecharse realmente de su alumno.

Realmente era un gran dilema, una parte de ella quería casi que violarlo aunque no era violación si él quería y no dudaba que él lo quisiera al menos en ese momento con la mete tan nublada como la tenía, pero a su vez tenía que cumplir con su deber y esto era y debía ser lo mas importante para ella, el cumplir los mandatos de su amo el Señor Tenebroso, era una difícil decisión pero al final decidió que lo mejor era priorizar su deber y luego recompensar con algo de placer.

Finalizó el nuevo beso y se separó un poco, continuó con sus miradas, tono de voz y lenguaje corporal, siguió usando sus encantos sobre él, ahora lo sentía bajo su poder y era algo que le gustaba - Sirius, dime como salir de Hogwarts - pidió mientras una vez mas cambiaba de postura pero esta vez para apoyar ambos brazos alrededor del cuello del chico en una especie de abrazo, casi que le faltaba sentarse sobre él y quien sabe tal vez en algún momento lo haría pero de momento solo le daría otro beso corto antes de prepararse para escuchar la información del chico.
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 9:12 pm

Aquel beso era una de las sensaciones más agradables que había experimentado en su vida. Sin duda no había mujer que besara mejor en esta Tierra, así como tampoco había mujer más bella que ella. Vamos, era incapaz de pensar en nadie más en ese momento, aun cuando muy dentro de sí tuviese la sensación de que no estaba haciendo lo correcto, que debía huir y salir de esa oficina antes de que fuese demasiado tarde, pero no podía. No podía ni quería.

Estaba atrapado entre la silla y la mujer y la única forma de liberarse era empujándole, pero no podía hacer eso a una mujer tan perfecta como Astrid. No podía, ni tenía motivos. Ella se había fijado en él y él no podía ser más afortunado, era como ser el Elegido, como el final de un cuento de hadas que acabaría con un “Y vivieron felices para siempre”, pues era así precisamente como sentía él.

Tenía que hacerla feliz, tenía que esforzarse por cumplir lo que ella pedía, era la única forma de estar juntos, lo sabía. Astrid sólo deseaba saber como salir del Castillo, no tenía que contarle de todos los pasadizos que conocía ¿no? Estaba seguro que no, sería ahogarla de información, además había pasadizos complicados, en donde debía enfrentarse con un Sauce encantado o trepar a la espalda de una escultura. No a ella debía de entregarle el mejor de los pasadizos, el más directo, el que no le hiciese problema alguno para travesarlo.

—Una de las armaduras del costado de la Sala de Trofeos…

Dijo por fin, mirándole a los ojos. No sabía porque, pero se sentía mal. Sentía que estaba traicionando a sus amigos y también su orgullo propio, pero ¿quién era él si no era capaz de dejar de lado el orgullo por amor? ¿Y quienes eran sus amigos si no eran capaces de entender que lo había hecho por el mismo sentimiento?

—Apuntas a sus pies con la varita; “Fiendseo” debes decir. La armadura se moverá hacia un costado, descubriendo una trampilla… Va directo al callejón trasero de Madame Tudipié, nunca me he topado con nadie en ese lugar, es totalmente seguro… Para salir debes golpear cuatro de los ladrillos de la pared, sabrás cuales son en cuanto les veas… Uno, te saltas el siguiente, golpeas el otro, el que sigue y luego el que te saltaste. Debes hacerlo rápido y en dirección opuesta a las manecillas del reloj.

Respiró profundo y se mordió los labios bajando la mirada. Ya le había dado lo que quería y ahora no sabía que más podía hacer para complacerla.
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Invitado el Sáb Nov 19, 2016 10:03 pm

Lo logró, lo había logrado, había doblegado al ojigris y logrado que le diera la información que necesitaba, tenía toda la información, ya sabía cual era el pasadizo, un pasadizo que parecía fácil, ahora solo le faltaba saber como volver, si era de la misma forma y probarlo antes de mandar la información a Rodolphus y preparar todo para la trampa a los Aurores, estaba tan feliz con la información que tuvo que contenerse para no sonreír complacida.

Además fue esto mismo lo que la llevó a tomarse mas libertades de las que ya estaba teniendo llegando a besar una vez mas al joven, solo que esta vez era un beso mas real, un poco mas intenso que las veces anteriores, tenía ganas de portarse mal con el chico y hacer que supiera que era estar con una mujer de verdad, una mujer como ella y ahora podía darse el lujo.

Aún cuando lo que tenía ganas de hacer pudiera parecer que lo haría por el placer del chico, la verdad no era así, sería algo que llegaría a hacer por el placer propio, era de las personas que solo hacía las cosas por que se le antojaban y por que así lo quería ella y no por los demás y en ese momento quería probarlo, probar el sabor de este chico y luego quien sabe llegar a mas. Tenía algo de tiempo antes de tener que reportar sus progresos y claramente lo llegaría a aprovechar, además no es que Dumbledore le podría hacer nada, a decir verdad el viejo director tendría los días contados.

- Gracias, ahora si podré recompensarte - dijo mientras sus manos descendían llegando a desabrochar las prendas que llegaban a estorbarle antes de ser ella misma la que llegara a descender por el mismo camino que habían tomado sus manos para saborear la piel del chico, llegando ha cierta zona que sin mas o bueno con una mirada de aprobación dedicada al Gryffindor llegó a besar, no era tanto por el placer de él pero sabía que se lo podría ofrecer, era mas que todo por las ganas que ella misma tenía de probar su sabor en esos momentos, no era algo que soliera pasar, pero cuando pasaba tenía que satisfacer sus necesidades como en esta ocasión, no se quedaría con las ganas en especial por lo incierto del futuro, no incierto sobre ella, si no mas bien sobre él, sabía que habría bajas de algunos y no sabía si él chico se veía afectado y sería un desperdicio no llegar a aprovechar la oportunidad cuando esta se presentaba.
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Invitado el Dom Nov 20, 2016 12:07 am

Ya lo había dicho, ya había entregado todo lo que ella quería ¿qué más tenía para darle? De pronto se había sentido vacío, como si no tuviese nada más que ofrecer y era desesperante, pues se sentía en la necesidad de hacerla feliz, pero no sabía como. Se había olvidado completamente de ser él mismo, se sentía pequeño e indefenso. Temía enormemente que de pronto ella le echase de patitas al pasillo ahora que ya no le era útil, y de cierto modo es lo que veía venir.

Ya incluso comenzaba a dolerle el pecho, como si el corazón acabase de partírsele en dos grandes pedazos. Por eso tenía la mirada baja y se sentía algo triste, aún cuando todavía estaba completamente embobado bajo los encantos de esa mujer. Pero de pronto, ella le besó. Le besó y le hizo olvidarse de todo, de su vacío de su tristeza. Le hizo recordar que había dicho que sería incluso su novia y, tal parecía, estaba cumpliendo su palabra.

Fue un beso más apasionado, mucho más intenso que los anteriores. Astrid estaba feliz, podía notarlo y eso le hacía también a él feliz. ¡Joder! Le pediría incluso que se casara con él ahí mismo, después de todo, acababa de cumplir dieciocho años y ya era mayor de edad incluso para las leyes muggles.

Dejó que sus dedos se enredaran en su cabello, mientras su olfato se embriagaba en su aroma. Astrid sabía perfectamente lo que hacía, podía notarlo. Su beso era el más seguro y apasionado de todos los que había tenido, para él era simplemente la mujer perfecta. Pero, lamentablemente, no pudo disfrutar de aquel beso de manera infinita. Ella se alejó para darle las gracias y el nuevamente temió a que todo se acabara, pero no. Una vez más, estaba equivocado.

La profesora comenzó a desabotonarle la camisa y Sirius le miró confundido, por un momento no entendió lo que pasaba ¿cuándo irían a visitar a sus padres? ¿Acaso no pedirían su bendición?

Se quedó mirándole con la boca abierta, pero ella comenzó a besarle la piel, el pecho y su vientre, haciéndole cerrar los ojos y retorcerse por la sensación de calidez y placer. Respiró profunda y entrecortadamente, y no volvió a alzar sus párpados hasta que sintió que su pantalón también se desabrochaba. Aquello sí que no se lo esperaba.

La mujer buscó en su rostro una mirada aprobatoria, pero sólo vio confusión. A ella no le importó, ella ya lo aprobaba y estaba segura de que él también lo haría cuando lo experimentara, por eso le besó sin más, dejando que su boca envolviese su piel, haciendo que el Gryffindor casi se cayera de la silla.

Era una sensación indescriptible, algo que jamás había experimentado con ninguna de las chicas con las que había estado. Era como un cosquilleo, un vertigo, un calor, una llama, todo al mismo tiempo. Intenso, poderoso, una sensación que emanaba con fuerza desde los mismos labios de la mujer y que le hacía quedarse sin palabras. Su boca ya no emitía coherencias, sólo suspiros y silenciosos gemidos, mientras sus manos se apretaban firmemente de la silla, para no caer de ella, pues todo su cuerpo se hacía gelatina.

Se mordió los labios, apretándoles con fuerza, y echó la cabeza hacia atrás, viendo nada más que el techo del despacho hasta que una vez más, tuvo que cerrar los ojos. Si antes pensaba que Astrid había sido el mejor beso de su vida, ahora lo corroboraba mil veces más. Claro, si eso podía llamársele beso.

—Para —dijo de pronto y alzó una de sus manos.

Intentó alejarse de ella, aunque atrapado en esa silla era poco lo que podía hacer. Buscó mirarle a los ojos, necesitaba de una pequeña tregua o iba a acabar en su boca de un momento a otro.

—Déjame hacerlo —le pidió relamiéndose los labios que con tanto suspiro los sentía demasiado secos —, quiero que disfrutes también.

Por supuesto, en ese momento Astrid lo era todo para él, le amaba ciegamente, aun cuando fuese un amor falso, pero ¿qué sabía él de amor, si nunca se había enamorado?

Esperó a que la mujer se incorporara, entonces se puso él también de piel, para por primera vez poder usar sus manos para delinear su figura. No le besó, simplemente aprovechó de unir su mirada grisácea a la azulina ajena, a establecer con sus ojos una conexión morbosa, indestructible. Su manos danzaban por sus formas sin necesidad de mirar hacia donde las guiaba. Quería mirar, pero tampoco deseaba perder un segundo de su mirada, de esos ojos que enviaban las señales que requería; placer, dolor, gusto, incomodidad.

Fue él quien esta vez se libró de sus ropas, para tomarle de las caderas y sentarla sobre el escritorio, él quien llevó una mano hasta su boca, para separarle los labios y desde ahí deslizarse a la mandíbula y a su cuello, de donde le empujó con cuidado, guiándole hasta que quedase tendida sobre la mesa, mientras esa misma mano se deslizaba luego hasta sus pechos, en donde quedaba mientras era ahora él quien acortaba la distancia de su propia boca hasta su misma feminidad.

El aroma de su cuerpo le golpeó el rostro de manera intensa, era agradable; fuerte y extraño, pero agradable. Su sabor era suave, delicado, como un trozo de mar difuso en una textura más potente. Le besó un par de veces, buscando llenar sus recovecos con su propia lengua, descubrir su nueva figura a ciegas, sin mirar, sólo tocar y en sentir.
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