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Equivocaciones {Astrid E. Sweets}/Priv. +18

Invitado el Dom Nov 13, 2016 5:35 am

Recuerdo del primer mensaje :

Okey… debía reconocer que escaparse de Hogwarts para ir a golpear a Edward en una fiesta organizada por el Ministerio había sido una mala idea. Sobre todo luego de que fuese precisamente Iorwerth Cosmas el encargado de castigarlo una vez que llegó al Castillo. Joder, lo adoraba como profesor, pero lo odiaba como Jefe de Casa ¿Por qué de todos los profesores del Castillo tenía que ser precisamente el más estricto de todos su jefe de casa?

Aunque claro, el asunto que a Cosmas le interesaba en realidad, era saber como demonios había conseguido escaparse del Colegio, cosa a la que Sirius no respondió y no respondería jamás. Ni aún luego del castigo propinado, que no le había molado nada. Estaba bien lo de limpiar la sala de Trofeos sin magia, pero el profesor se acabronó aún más cuando Sirius no quiso hablar y por una semana tuvo que dormir en un calabozo en las mazmorras. Por fortuna, con el espejo comunicador no fue tan terrible, pues al menos no se sintió tan solo y pudo seguir hablando con sus amigos, pero no era lo mismo y además la cama era bastante incómoda y fría, pero por más que el Profesor Cosmas le amenazara con encerrarlo una semana más y así lo que fuese necesario hasta hacerle hablar. No, él no hablaría.

—Ya se lo dije, Profesor. Salí a caminar medio dormido por los terrenos y no me di cuenta, cuando de pronto estaba en Hogsmeade y todos andaban con ambiente de fiesta y pues… aparecí ahí.

Sonrió con la mejor cara de inocencia que pudo poner, pero no fue suficiente para apaciguar la ira de Iorwerth y se ganó otra semana más en los calabozos, estaba vez incluso sin cena, por lo que el pelinegro se las tuvo que ingeniar para pasar chocolates y otros comestibles por contrabando, con ayuda de los chicos, que iban a dejarle comida escondidos bajo la capa de invisibilidad de James.

Por fortuna el Veritaserum estaba prohibido en los interrogatorios para con los alumnos, lo mismo que leerles la mente, porque si no la tendría jodida. Y, por fortuna también, que contaba con muy buenos amigos y que al menos su escapada había valido la pena, pues había dejado un ojo en tinta y algo más a ese prostituto de Edward Westenberg.

Así, acabada una nueva semana, Sirius fue citado nuevamente a la oficina del sub-director, o al menos eso creía, porque en realidad el celador acabó llevándole al despacho de la profesora Astrid Sweets, por lo que el ojigris frunció el ceño, con mirada perspicaz, cuando el squib salió y le dejó ahí a solas, esperando a por la profesora.

Sirius, como era de esperar, tampoco se quedó sentado como un niño realmente bueno e inmediatamente se puso de pie para ir a escuchar a la puerta, poniendo una oreja sobre la madera para cerciorarse de que el hombre se había ido y entonces poder hacer alguna maldad en el despacho, pero en ese mismo momento la profesora entró, haciéndole dar un salto.

—Oh… Hola —saludó entre asustado y nervioso —¿Qué pasó con el Profesor Cosmas? Pensé que me iba a condenar de nuevo a otra semana durmiendo en los calabozos, esta vez sin servicio de alcantarillado —bromeó inevitablemente.


Última edición por Sirius O. Black el Dom Nov 20, 2016 12:07 am, editado 1 vez
Anonymous
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Invitado el Dom Nov 20, 2016 1:45 am

Ciertamente lo mas correcto y adecuado habría sido lanzar a Sirius al pasillo luego desde que este llegó a darle la información que ella necesitaba, pero por que hacer algo así, si estaba lo suficientemente hipnotizado por ella para complacerla un poquito mas y esta vez de forma carnal, hace tiempo no estaba con un hombre, no es que le faltaran propuestas, solo que había estado mas ocupada en otras cosas y aún cuando Sirius era un niño para ella, en ese momento quería quitarse las ganas que le tenía desde hace algún tiempo, así que claramente no perdería la oportunidad, en especial si era un caso en el que ella misma tenía ganas de llevar las cosas a un punto sin retorno.

Beso sus labios con decisión, ella no era una chica tímida, la timidez la había llegado a perder hace mucho tiempo, si alguna vez la llego a tener aunque dudaba que eso hubiera existido en su persona, ella siempre se crió como una persona que podía tener todo lo que se proponía y no tenía que estar cortándose por nada ni nadie, aún cuando algunas veces lo hacía por su fachada, sabía que podía hacer lo que ella quisiera sin importar la opinión de los demás, además era muy segura de si misma. Claramente su beso demostraba la madurez de su persona, no era lo mismo que un beso de una adolescente, además claramente e inevitablemente demostraba lo feliz y complacida que estaba con él en esos momentos.

Era interesante ver como ella solo quería complacerse a si misma y lograr sus objetivos mientras él ya se imaginaba una vida con ella, en cierta medida era triste y hasta algo cruel, pero posiblemente ella se reiría ante las absurdas ideas de él, si bien se había casado una vez había sido solo para terminar con la fortuna de su pobre difunto esposo, no era la clase de mujer que se casaría con cualquiera por que si, todo lo hacía pensando en sus intereses y a decir verdad era posible que nunca hubiera sentido amor real por una persona mas que por ella misma y posiblemente nunca lo sentiría.

La expresión de desconcierto de Sirius casi la hace relamerse los labios, era casi como desvirgar al chico y aún cuando no siempre le gustaba hacer de profesora en esos ámbitos, en ese momento se le antojaba demasiado, era tal el sentimiento y placer que le provocaba que tuvo que avanzar con sus besos y el retirar sus prendas al menos lo suficiente para poder tener contacto con su piel, hacer esa clase de cosas en ese lugar y en ese momento y con una persona como Sirius y con esas expresiones que demostraban su falta de conocimiento no hacían mas que encenderla aún mas.

Oh, la mirada de confusión cuando ella llegó a esa zona, la mas sensible del chico, bueno una de las mas sensibles, no tenía precio quería capturar ese recuerdo y quedárselo por mucho tiempo y a decir verdad de poder no solo lo conservaría desde su propia perspectiva, desde la de él era aún mas prometedora en ese momento pero ya pensaría en eso mas adelante, de momento solo se concentraría en lo que estaba por hacer y esto era degustar su sabor, probar su hombría y hacerlo gemir.

Nunca se le había antojado tanto el escuchar a un hombre gemir por ella o moverse tanto intentando controlar todo lo que sentía, algo le decía que esto que le estaba haciendo ella no era algo que él hubiera experimentado antes y era algo que realmente le gustaba, no era de las que buscara ser la primera vez de nadie, pero en este caso solo buscaba ser ella misma la que se complaciera aunque pareciera que lo hacía por él todo la estaba llevando a un punto en el que sabía que en determinado momento lo pondría a cumplirle,aunque al final no fue necesario, él mismo fue quien la detuvo, con lo que lo miró con un gesto casi que de reproche, sabía que de querer hubiera podido seguir hasta que él acabara en su boca, era una especie de gusto que a veces sentía, pero esta vez lo dejó hablar a ver que era lo que deseaba pero al ver que este quería devolverle el favor se detuvo por completo y con su ayuda se reincorporó.

Claramente no se negaría ha que él probara su feminidad, era algo que permitiría sin lugar a dudas, en especial por el estado en el que en ese momento se encontraba de sumo deseo y placer, claramente lo ayudó a deshacerse de las prendas que estaban estorbándole, llámese esto el vestido que estaba usando y otras partes de su vestimenta, aunque aún sin prenda alguna no había nada que llegara a preocuparle no tenía nada que esconder, su cuerpo era perfecto y lo único que nadie en ese castillo podía ver estaba bien oculto tras una capa de maquillaje.

Permitió que él la recostara sobre su propio escritorio y besara su intimidad, se sentía tan bien, siempre le había llegado a fascinar el juego previo y para ser alguien en quien juraba que tenía poca experiencia tenía un buen comienzo, tanto así que no pudo contener algunos gemidos y suspiros de placer a medida que él iba tomando práctica aunque pasado un momento cuando lo sintió justo pensó en que era momento de avanzar un poco mas, dejar las preliminares y entregarse al mutuo placer, lo que la llevó a tener que tomar su varita para mediante un accio no verbal, convocar un preservativo, sobre todo la seguridad.

- Sirius - diría con voz ronca del deseo que sentía dejando la varita a un lado y solo tomando el preservativo de forma que este pudiera verlo aunque no se quedaría solo con los actos, no sabía si así lo entendería él en esa bruma así que también pediría las cosas mediante una indicación verbal - Tómame - su tono fue imperativo, no era algo en lo que le estaba pidiendo permiso, le estaba exigiendo que sus cuerpos se unieran, lo estaba instando a reincorporarse y a su vez le estaba entregando algo que esperaba supiera usar, aunque de ser el caso contrario no dudaría ser ella misma quien lo ayudara con la tarea pero en ese momento quería una mayor unión de los dos, aunque esto era para llegar de mejor manera al clímax antes de olvidarse de él.
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Invitado el Dom Nov 20, 2016 3:10 am

Ella le llamó por su nombre, haciendo que se detuviera para alzar la mirada. Podía sentir toda el área de su boca completamente humedecida, por lo que se limpió con el torso de la mano, mientras le miraba. Se preguntaba que es lo que pasaba, por qué ella le detenía, pero lo entendió cuando vio en su mano la varita y también un preservativo.

Curiosamente, una sonrisa apareció en su rostro, no pudo evitar el imaginarse un pepino inmediatamente. Todo por culpa de Drake, su padrino, quien le había enseñado como se ponían realmente aquellas cosas, por lo que se mordió la lengua para no echarse a reír y tomó el sobrecito plateado para abrirlo cuidadosamente, tal y como el auror le había enseñado.

“Vamos, Drake” pensó cuando se lo estaba poniendo, rogando a Merlín que las enseñanzas del hombre no le fallaran y, por fortuna, no lo hizo. Ya le contaría al hombre lo ocurrido y le daría las gracias por sus enseñanzas, o al menos eso pensaba en ese momento en el que creía que lo que le estaba ocurriendo era lo mejor que podría pasarle en la vida, que había encontrado el amor y todas esas cosas cursis que podría pensar un adolescente enamorado, pero claro, cuando los efectos de sus encantos se acabaran, otro gallo cantaría. Sirius no entendería por qué mierda se había metido con la profesora y probablemente no contara de eso a nadie, pues ni él mismo lo entendería. No lo sabía, todo sería confusión.

Respiró profundo y miró a la mujer una vez más, antes de acercarse más a su cuerpo y tomarla de las pierna para arrastrarla más hacia él, dejando que sus caderas quedasen casi al borde del escritorio en donde le sujetó y se sumergió en su sexo. La sensación también era distinta, era la primera vez que usaba preservativo. Se sentía bien, pero no tan bien como lo hacía sin él; tampoco le agradaba el olor, pero todas aquellas eran nimiedades completamente ignorables en comparación de todo el placer que sentía.

Movió sus caderas de forma pausada y lenta en un principio, no estaba seguro de si acaso el preservativo se podía salir, aunque uno de esos libros de Remus decía que no, por lo que pronto decidió dejar de preocuparse y simplemente se dejó llevar. Pronto el ritmo de su cuerpo fue en aumento a medida que las sensaciones se hacían aún más intensas. Astrid le encendía desde lo más profundo de su ser; todo en ella era perfecto, su cuerpo, su cara, sus besos, su aroma. La deseaba con locura, pero por sobre todo deseaba hacerla feliz, y eso significaba exigirse más de sí mismo, por eso estuvo a punto de acabar, pero decidió que aún no era tiempo, aún ella no gemía de la misma manera que lo había hecho mientras su boca era la que le daba el placer y por eso no se le ocurrió nada mejor que pensar en en el rostro de Ian Howells y en cuanto le desagradaba ese animal. Mala idea, casi se queda completamente sin ganas, así que por fortuna pudo sacarlo de su cabeza antes de que eso pasara. Una vez más volvió a la batalla, debía encontrar algo menos impactante en lo que pensar, pues su idea era no detenerse hasta que ella ya estuviera saciada, hasta que el lenguaje del cuerpo femenino se lo dijera de manera directa, hasta que se retorciera, gimiera y temblara de placer. Ahí, sólo ahí se sentiría satisfecho, sólo ahí sabría que la había hecho feliz.

Y así lo hizo…
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Invitado el Dom Nov 20, 2016 7:40 am

Era hora de que él hiciera el trabajo de terminar de complacerla, de hacerla llegar al clímax si es que lo lograba con sus cuerpos entrelazados aunque claramente no lo haría si no era con protección, siempre se cuidaba a si misma, la simple idea de poder contraer una enfermedad la repugnaba y el tener hijas no estaba en sus planes actuales, razón por la que claramente el uso de preservativos estaba en sus prioridades aunque no era de las que se conformaba solo con esto, pero las demás medidas no venían ni al caso dado que las había tomado en consideración incluso antes de imaginar que terminaría así.

Evidentemente miró con atención lo que el joven llegaba a hacer con el preservativo, no fuera que lo pinchara de alguna forma o que llegara a ponerlo de forma incorrecta o hacer algo que provocara que este pudiera romperse o quedar dentro de ella, eran cosas que hasta el momento no le habían llegado a pasar pero si que había escuchado de experiencias de otras personas y dada la inexperiencia que la mayor le calculaba al ojigris tenía que estar segura, después de todo aún cuando este estuviera en séptimo y tal vez tuviera una que otra experiencia no estaba segura de que este tuviera tantos conocimientos, en especial por ser de una de las familias puristas de mas prestigio, era bien sabido que los puristas no enseñaban de educación sexual, sus hijos lo aprendían de otra parte y al menos el Gryffindor parecía que si sabía colocarse el condón de la forma apropiada, lo que la llevaría a relajarse y dejarse llevar por el acto y el placer que él podría llegar a provocar en ella.

Sus cuerpos se unieron cuando el ojigris la acomodó de una forma que le fuera mas fácil consumar el acto, ella claramente lo llegó a permitir y se acomodó propiamente para que las cosas fueran mas placenteras para ella, ciertamente odiaba el contacto del látex con su piel, no es que la irritara o produjera en ella alguna especie de reacción adversa, solo que siempre había preferido hacerlo sin el uso del mismo, pero claramente no era algo que hacía con cualquier desconocido razón por la que ignoró un poco la presencia del mismo y solo se concentró en las sensaciones que el joven provocaba en ella, parecía ser aún muy inexperto y tal vez un poco torpe, lo que la hacía saber que era alguien con poca experiencia, pero aún así lo hacía bastante bien para su edad.

Temía que el joven llegara a terminar antes que ella por que ser dejada a medias era algo que sin duda alguna la molestaría mucho mas que el que intentaran no decirle la información requerida, aunque al parecer él al igual que ella parecía pensar que sería inaudito dejarla a medias por lo que hizo todo su esfuerzo en complacerla al punto de lograr con sus movimientos que de sus labios brotara una nueva oleada de gemidos y jadeos, llegando al punto de que su cuerpo actuara solo ante tanto placer, llegando a alcanzar el clímax.

Estaba algo exhausta, pero no dejaría que el chico permaneciera mas tiempo con ella, solo lo dejó descansar un momento mientras ella misma se recomponía, pero una vez satisfecha lo apartó de si sin miramientos alguno - Black, acomoda tu ropa - pidió sin miramiento alguno y con un tono algo seco mientras ella misma se volvía a vestir, para luego echarlo de su despacho, aún cuando seguía queriendo su recuerdo de esa velada, al final no eran tan imperiosas las ganas como de sacarlo del salón y encargarse de cosas mas importantes, después de todo era un simple niño y era solo sexo, nada relevante si no era solo para satisfacerla en un momento de necesidad como este, además no era algo que llegara a estar reviviendo para satisfacer sus necesidades, para eso podía recurrir a recuerdos mas interesantes o nuevas experiencias, en síntesis, quería una ducha y cumplir sus deberes como mortifaga lo antes prohibido.

- Ya te puedes ir - fue lo último que dijo antes de echarlo al pasillo y cerrar la puerta tras de ella para ocuparse de cosas mas relevantes en su vida y su misión.
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