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The Little Things Give You Away [Ted Tonks/Priv.]

Fiona T. Shadows el Vie Nov 25, 2016 11:45 am

The Little Things Give You Away [Ted Tonks/Priv.] CftzavQ  The Little Things Give You Away [Ted Tonks/Priv.] PEYpiC8
Callejón Knockturn · 21.35 h · Nublado, 6ºC · 23 de noviembre · Ted Tonks

Decir que la misión para aquel día estaba más que clara sería mentir. Y es que Albus Dumbledore podía ser el mago más poderoso de todos los tiempos, pero sin duda no era el mago que daba las órdenes más claras cuando, irónicamente, de la Orden se trataba. Era frecuente recibir algún pergamino con instrucciones poco claras mezcladas con metáforas y mensajes de ánimo. Era frecuente escuchar su voz a través de la chimenea hablando sobre cómo debería ser el Mundo Mágico y su relación con el Mundo Muggle. Pero siempre olvidaba ser claro y conciso en sus instrucciones.

Aquella ocasión no había sido diferente. Se habían visto aquella misma noche y el mago había dado tantas vueltas a sus palabras como de costumbre, por lo que lo único que Fiona había sacado en claro era que tenían que visitar el callejón Knockturn por si había algún tipo de actividad irregular en este. Y no sólo eso, sino que él y su compañero para aquel día tenían que ir a una de las tiendas más alejadas de la zona principal para interrogar al dueño de esta. Fiona no había tenido más remedio que aceptar aún sin saber qué tenía que hacer exactamente, y es que si algo había aprendido en la Orden del Fénix con los años es que improvisar era algo primordial que de no ser capaz de hacer, te convertía en un miembro inútil de aquel grupo de magos que actuaban en la sombra para proteger el Mundo Mágico y, en parte, también el Muggle.

Los Mortífagos estaban desaparecidos, o al menos, eso era lo que se afirmaba en el Ministerio de Magia. Desde la llegada de Lena Milkovich al puesto de mayor cargo dentro de la Comunidad Mágica, los crímenes habían bajado hasta desaparecer. No había rastro alguno de magos tenebrosos. Pero Fiona tenía sus dudas gracias a la influencia de la Orden del Fénix y a la llegada de un patronus de Iorwerth Cosmas noches atrás.

Como de costumbre, Albus fue poco claro con sus instrucciones pero finalmente añadió una frase que hizo sonreír al a chica: “Ted Tonks recibirá una lechuza esta misma noche con la hora y el lugar, sé que sois grandes amigos así que no habrá problema para que le expliques todo.” Saber que su compañía para aquel día sería Ted era todo un alivio. ¿Lo malo? Lo malo es que Albus era más retórico que la propia retórica de Aristóteles y Fiona no sabía qué demonios tendría que contarle.

Una vez llegada la hora, atravesó el Caldero Chorreante y las calles del Diagon hasta llegar a la callejuela por donde ambos callejones se comunicaban, esperando ver la silueta de Ted por alguna parte. Algo que podía ser rematadamente complicado si tenías en cuenta que aquel chico podía ser todo un camaleón si se lo proponía. Literalmente, podía serlo, y es que con aquella metamorfomagia era un miembro realmente útil para la Orden del Fénix modificando su aspecto a su antojo.
Fiona T. Shadows
Imagen Personalizada : The Little Things Give You Away [Ted Tonks/Priv.] U19vxBN
RP : 10
PB : Ellen Page.
Edad del pj : 29
Ocupación : Auror
Pureza de sangre : Sangre limpia.
Galeones : 23.430
Lealtad : Orden del Fénix
Patronus : Erizo (Parlante)
RP Adicional : +1H
Mensajes : 711
Puntos : 546
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Fiona T. ShadowsInactivo

Invitado el Sáb Dic 03, 2016 2:12 am

Ted miró con ansiedad su reloj. Era al menos la cuarta vez que lo hacía en media hora. Mike, su compañero, ya le había dedicado varias miradas reprobatorias para que fuera más discreto. Y es que bueno, mirar la hora demasiado seguido en medio de una reunión con el Escuadrón de Reversión de Magia Accidental no era muy decoroso que digamos. A Ted le gustaba su trabajo, sin duda que sí, pero muchas veces las reuniones se extendían por horas en discusiones que no llegaban a ningún lado, y a veces sobre temas innecesarios y poco urgentes. Sí, esa reunión era una de aquellas. El muchacho optó por respirar hondo, parecer interesado en las opiniones y esperar. Si aquello no terminaba en diez minutos, trataría de excusarse con alguna emergencia y saldría.

Y casi lo logra. Justo cuando estaba preparándose para levantarse de la silla, uno de los coordinadores le preguntó por su opinión. Ted fue lo más breve posible, y afortunadamente, tras sus palabras dieron por cerrada la sesión. Se despidió velozmente, y para enmendar su atraso, ocupó la Red Flu para aparecer en Diagon lo más rápido posible.

Había recibido una lechuza de Dumbledore un rato antes de la reunión. Como siempre, el viejo mago no fue demasiado claro con sus palabras. Le encargaba una especie de visita interrogatoria, pero discreta, al dueño de una tienda en Knockturn. "La señorita Shadows será su acompañante en esta oportunidad. Ella le dará más detalles y las indicaciones necesarias. En caso de emergencia, no dude en seguir sus intrucciones. Los aurores tienen un gran sentido de la improvisación". Sin saber muy bien a qué iba lo último, Ted se apresuró a enviar una lechuza a Andromeda para avisarle que aquella noche llegaría tarde a casa porque pasaría a ver a sus padres. Por supuesto que era mentira. Ambos acordaron usar como código el "ir a ver a mis padres" en las cartas, para ocultar lo que realmente significaba "tengo un asunto con la Orden".

Una vez apareció en Diagon, caminó lo más rápido posible entre magos y callejuelas para llegar a Knockturn. Era un lugar confuso, pero no precisamente grande, por lo que fue fácil hallar a Fiona con la vista un par de metros más allá, esperándole. Ted se sonrió antes de acercarse. Llevaba puesta una túnica con capucha, y aprovechó que ésta ensombrecía su rostro para cambiarlo a su antojo. Mutó sus facciones y tono de piel en cosa de segundos, quedando finalmente con rasgos afroamericanos de un conocido artista. Controlando su risa, fue hasta donde Fiona y le tocó el hombro con suavidad.

¿Te gusta cómo he quedado? Estuve mirando fotos de Lenny Kravitz durante tres días para lograrlo bien. Sólo me falta la voz y la guitarra para el camuflaje perfecto—Le dio un breve abrazo luego de echarse a reír con intensidad. Veía a Fiona bastante seguido gracias a los asuntos de la Orden, pero aún así, para el muchacho era irresistible jugarle alguna broma o sorprenderla con un cambio notable de apariencia. —¿Y bien, jefa? Me han dicho que me darías más detalles de lo que debemos hacer. ¿Te parece que caminemos mientras me cuentas? Para no levantar sospechas—sugirió, y comenzó a caminar en una dirección cualquiera. Knockturn no era grande y llegarían a la tienda indicada de todos modos.

Luego de un par de pasos, modificó nuevamente sus rasgos y volvió a tener el mismo rostro de siempre.
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Fiona T. Shadows el Mar Dic 06, 2016 12:32 pm

Había momentos en los que Fiona se planteaba si verdaderamente Albus Dumbledore seguía siendo un gran mago o más bien ya era hora de jubilarse por el tipo de explicaciones que daba respecto a la Orden del Fénix, pero estaba tan acostumbrada a la peculiar forma de ser del mago que no decía nada en absoluto sino que se limitaba a sonreír y asentir cuando no le quedaban las cosas demasiado claras.

Se quedó esperando en el Callejón donde supuestamente había quedado con Ted cuando un hombre cuyo rostro le resultaba vagamente familiar se acercó a ella. Fiona se giró para encontrarse frente a este sin saber relacionar bien de qué le sonaba su cara hasta que este abrió la boca y la chica rodó los ojos. – Eres imbécil, Tonks. – Dijo negando con la cabeza sin responder a su abrazo, limitándose a quedar estática en la misma posición mientras este la abrazaba.

Fue incapaz de no romper a reír junto con Ted, pues era una de esas personas a las que la risa ajena se le pegaba con demasiada facilidad. Más de lo que le gustaría en más de una ocasión, especialmente cuando quería parecer enfadada. – Jefa dice… Además de negro, gilipollas. – Dijo la castaña demostrando su toque de humor negro particular. – Anda, vamos. – Añadió negando con la cabeza mientras ambos comenzaron a avanzar por el callejón.

Por el rabillo del ojo llegó a ver cómo la apariencia de Ted cambiaba drásticamente, y es que aquella habilidad era verdaderamente útil dentro de la Orden del Fénix, tan solo esperaba que el bando contrario no contase con demasiados como Ted en el suyo. – Como podrás imaginar… Dumbledore es hombre de muchas palabras, pero la mitad de ellas no tienen que ver con la conversación. Así que he deducido lo que tenemos que hacer con sus metáforas extrañas y sus frases profundas. – Por suerte, llevaba muchos años conociendo a Albus Dumbledore y otros tantos como miembro de la Orden del Fénix como para poder entender a aquel hombre cuando no dejaba en claro lo que quería decir.

Debemos ir al número… Espera. – Buscó en su túnica y dio con un papel arrugado que se encontraba al final de su bolsillo. – Sí, aquí. Al número 37, es una botica donde trabajan tres hombres. Un tal Morgan, Dean y Chandler. Nos interesa el tal Morgan, que es el que está trabajando a esta hora. – Guardó el pedazo de pergamino y siguió hablando mientras andaban. – Fue capturado por el cuerpo de Aurores hace casi diez años y se libró de Azkaban dando nombres de Mortífagos. Muchos de ellos ya se encontraban en Azkaban, otros tantos tienen ganas de matarlo pero como están encerrados no pueden hacerlo. Al parecer sigue teniendo más de un nombre bajo la manga por si vuelven a juzgarle así que… Nuestra tarea es sonsacarle esos nombres. El Ministerio no cuenta con autorización para hacer nada al respecto por falta de pruebas, así que la Orden se encargará de ello. – Era lo bueno de la Orden, no precisaban de autorizaciones ni de métodos ortodoxos. – ¿Qué parte prefieres? ¿Entretenerle en la entrada de la tienda o sellar todas las salidas? – Preguntó la chica cuando estaban a punto de llegar al número 37 del callejón.
Fiona T. Shadows
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Fiona T. ShadowsInactivo

Invitado el Dom Dic 18, 2016 4:41 am

Ted se echó a reír nuevamente, en un volumen bastante alto, y se detuvo a propósito. Lo que menos quería era captar alguna mirada, aunque fuese de curiosidad, de cualquier transeúnte del Knockturn—Eres una de las pocas premiadas que puede ver mi broma. Una vez, hace unos años, se la hice a Andy y no le gustó para nada. No la culpo, la verdad. Era un mal momento para bromear—confesó con un leve tono de vergüenza, sabiendo que su amiga entendería a qué época se estaba refiriendo. Había sido cuando llevaban recién un año casados y viviendo juntos con Andromeda. Ella llegó a casa de hacer unas compras, y encontró a un hombre desconocido sentado cómodamente en su sofá. Ted con suerte alcanzó a esquivar el Reducto que su esposa le lanzó, y cambió de forma rápidamente hasta volver a ser él para tranquilizarla. Y el miedo de Andy (como él la llamaba cariñosamente desde que se conocían) no era injustificado. Tan pronto como se casaron, las amenazas de varios puristas y sobre todo de Bellatrix, por haber dejado en vergüenza a los Black, no se hicieron esperar. La pareja vivió bastante tiempo pensando que un purista se aparecería en su hogar para quemarlo o algo peor. Y encontrar a un desconocido de pronto había sido una muy, muy mala broma de Ted.

Y volveré a llamarte jefa— le insistió, cuando ya su rostro había vuelvo a la normalidad. Se le había pasado un poco la mano con su bigote, y le quedó levemente más largo de lo normal—Llevas más tiempo que yo en la Orden... aunque no basta eso para ser capaz de descifrar las palabras del buen Dumbledore. En Hogwarts tenían más aura, más misterio, o quizá mi mente hufflepuff se dejaba impresionar demasiado—bromeó, como siempre lo hacía, sobre haber sido tejón en el colegio— También tuve que adivinar más o menos qué haríamos, y tengo una idea, pero aún no sé cuál es el nivel de peligrosidad—si no tuviera a Andromeda y a Dora, no le importaría demasiado meterse en un problema grande. Pero no era el caso, y tenía que estar bien atento en cualquier misión para no arriesgar su pellejo innecesariamente.

Siguió los pasos de Fiona, pero por mientras echaba ojo alrededor por si aparecía un inconveniente. Los recovecos y rincones del callejón parecían igual de lúgubres que siempre, nada sospechoso o fuera de lugar. Escuchó con mucha atención mientras caminaban. Así que una especie de interrogatorio... sería la primera vez que Ted hacía algo de ese estilo. Siempre buscaba información útil dentro o fuera del Ministerio, pero esto era ya ir al terreno mismo de la oscuridad—Vaya, si fue capaz de soltar tantos nombres, espero que no se haga el difícil ahora. ¿Será mejor que ocupe metamorfomagia otra vez? ¿O bastará con un buen Obliviate para que el pobre Morgan se olvide de nuestro paso por su tienda?—preguntó, y antes de oír la respuesta de Fiona ya había decidido ocupar ambas cosas. No tanto: no cambió radicalmente de cara como pocos minutos antes. Hizo que su pelo se tornara oscuro, casi negro, y mucho más corto. Sus ojos se aclararon en un tono verde. Con eso bastaría, ya lucía bien distinto.

Llegaron al número 37 de aquella parte de Knockturn. Un sector un poco más hostil que el resto. La tienda estaba abierta y una pálida  luz salía de su interior. Alrededor no había más que uno o dos pelagatos en camino.—Entremos, iniciamos una conversación y tú sigues entreteniéndolo, mientras yo me hago el loco y sello las salidas en silencio. Espero que te hayan dado un manual de cómo iniciar una conversación amigable con mortífagos jubilados—bromeó por última vez antes de ponerse un poco más serio—Pues... buena suerte para ambos—dijo, ya lo tenía todo claro. Sólo había que actuar y no meter la pata. Tomó la manilla de la puerta y la abrió para que Fiona y él entrasen.

Una vez dentro, lo primero que sintió fue el olor característico de las casas llenas de polvo y humedad. Era una tienda medianamente amplia, con el mostrador al fondo. Había un montón de escaparates y estanterías llenas de cosas: pociones extrañas con etiquetas en otro idioma, esqueletos diminutos de criaturas, libros muy gruesos que no presagiaban nada bueno, entre otros artilugios cubiertos de polvo. Y en el fondo, en el mostrador, estaba sentado un hombre ya maduro, con cara de pocos amigos. Ted se aclaró la voz—Buenas noches. Buscamos un par de ingredientes para pociones difíciles de encontrar. Hemos recorrido otras tiendas sin éxito. ¿Podría ayudarnos a mi compañera y a mí?—le habló en un tono cordial, pero seco. No se podía ser demasiado amistoso ni suave en esos lugares. Miró a Fiona discretamente, como preguntándole si esa introducción había estado bien.

Off: Disculpa la demora Sad la universidad me ha secuestrado
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InvitadoInvitado

Fiona T. Shadows el Sáb Ene 07, 2017 9:46 pm

Fiona rara vez hablaba en serio. Era una persona que no se tomaba prácticamente nada en serio ni le daba la importancia que debería darle. Había muy pocas cosas que pudiesen servir para que su rostro cambiase y se volviese serio y sus palabras verdaderamente buscasen sembrar la paz y la tranquilidad en lugar de ser una broma más. Y, como cabía esperar, el insulto hacia Ted no era menos. Negó con la cabeza tras insultarle un poco y siguieron avanzando por los callejones.

- Al final acabarás causándole un infarto. Y eso que aún es joven, ¿Qué probabilidad hay de que alguien de su edad sufra un infarto? – Preguntó como si Ted fuese algún tipo de enciclopedia muggle a la que pudiese lanzar mil y una preguntas y rápidamente contestase. Algo así como esas pantallas donde escribías algo y te lo respondía al momento. O más bien te venían mil y una respuestas y si realmente querías encontrar la respuesta deberías pasar de la primera página. ¿Cómo se llamaba aquella cosa muggle? Mubel, le sonaba que se llamaba Mubel. O quizá era Mobel, no estaba demasiado segura.

- Yo creo que era cosa de tu mente Hufflepuff. – Alzó sendas cejas dibujando una sonrisa divertida, y es que si algo adoraba Fiona era meterse con los pobres Hufflepuff. Quizá por eso había acabado casada con uno. Uno de sus mejores amigos era otro y, curiosamente, dos de los alumnos a los que estaba enseñando para formar parte de la Orden del Fénix también lo eran. O había demasiados Hufflepuff en el mundo o ella tenía un imán para atraerlos. – Lo más seguro es que acabemos en una tienda de dulces comprando caramelos de café y de limón para Albus. Y regaliz rojo para mí, ya que estamos. – Sabía de sobra que las misiones no eran así pero dado que Dumbledore ya estaba entrado en años Fiona siempre bromeaba con lo mal que los años le habían sentado al anciano y sus problemas de demencia. Algo que, sorprendentemente aún no padecía Y eso que tendría que tener… Cerca de mil años. O incluso más, quizá convivió con los dinosaurios.

Avanzaron en dirección a la tienda y poco antes de llegar Fiona le contó a Ted su intento de plan maestro. No tenía pensado demasiado qué hacer. Era más de actuar y ver cómo salían las cosas, sin darle demasiadas vueltas a la situación. – Hombre, teniendo en cuenta que yo no puedo cambiar de cara cuando me venga en gana… Será mejor que nos aseguremos de borrarle bien los recuerdos. – Afirmó antes de ver como el chico cambiaba su rostro a su antojo. – Eres odioso. – Añadió negando con la cabeza. Ted habría sido un buen Auror dada su condición, pero ya tenían suficiente teniéndole como un miembro activo de la Orden del Fénix donde su metamorfomagia servía de mucho en más de una ocasión.

- Perdona, tengo un Máster en Socialización con despojos de la sociedad. ¿No ves que estoy casada con un Hufflepuff? – Arqueó una ceja mirando a Ted, pues no había olvidado en ningún momento que su acompañante era precisamente otro Hufflepuff.

Una vez en el interior del local, Fiona no tardó demasiado en distraerse mirando de un lado a otro. Las pociones era lo que menos podía verse en aquel lugar, irónicamente, pero su olor predominaba en todas partes. Podían verse pociones, por supuesto, pero gran variedad de cuerpos de criaturas y partes de estas decoraban los estantes. Había margen para las plantas y las especias e incluso para ingredientes cuya procedencia era más que dudosa. – Sí, verá. Aquí mi colega insiste que para conseguir cuerno pulverizado de Bicornio es necesario irse al Amazonas en busca de un Bicornio. Pero digo yo, con la gran cantidad de pocionistas que tenemos en este país, ¿Para qué irnos al otro lado del charco para buscar ese ingrediente? – Alzó la mano en dirección a Ted como si le impidiese rechistar o decir algo en su contra. – Y mira que le he dicho miles de veces que no hace falta ir en busca del ingrediente a su lugar de origen, pero él insiste. Y como llevamos todo el día de botica en botica, al final tendré que darle la razón. ¿Entiende? Y no me haría ninguna gracia darle la razón, y no por eso de que las mujeres siempre tenemos la razón. – Sonrió ampliamente. - ¿Entonces tiene? – Añadió después de contar toda aquella historia sin sentido.

Oh, por supuesto, por supuesto. Si esperan un momento… - El hombre se giró y cogió del mostrador una libreta. – Por Merlín, nos quedan apenas dos bolsas de gramo. ¿De cuánta cantidad estaríamos hablando? – Frunció el ceño y aprovecho la distracción del hombre para hablar más y más, facilitándole así a Ted su tarea. – Lo cierto es que no estoy muy segura. ¿Tiene aquí algún libro de pociones? – Rió. – Por supuesto que lo tiene, ¡Estamos en una botica! – El hombre rió con ella, con el fin de no perder ningún cliente. – Claro querida, ¿Qué poción queréis elaborar?
Fiona T. Shadows
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