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Un llamado de esperanza {Miembros de la Orden del Fénix}

Albus Dumbledore el Miér Feb 08, 2017 9:23 pm

Mas de un mes había pasado desde el día en que Lord Voldemort tomó el poder del Mundo Mágico en Gran Bretaña, había sido el comienzo de una época oscura y difícil. El Ministerio y Hogwarts estaban en las manos de Tom Riddle, quien comenzaba a convertirse, sin duda alguna, en uno de los magos más tenebrosos de todos los tiempos. Sólo algunos se habían atrevido a hacerle frente y muchos de ellos lo habían pagado demasiado caro. Varios de los miembros de la Orden del Fénix habían perecido aquel día, 19 de Diciembre.

La gran mayoría de los miembros habían escapado y convertido en fugitivos de la ley y su nuevo gobierno. Nadie les había advertido, a todos les había tomado de sorpresa y por eso es que no contaban con ningún plan de emergencia o reubicación que les ayudase a reagruparse.

Albus Dumbledore había abandonado Hogwarts en compañía de Antoline Cosmas, quien en ese momento ni siquiera tenía conocimiento alguno de aquella organización, sin embargo no dudó en entregar su ayuda en todo lo que le fue posible, pasando a convertirse en miembro inmediato de la Orden. A la mañana siguiente, aun en medio de la confusión, la primera en contactarse con Albus fue Fiona Shadows, quien había recibido la poco grata noticia de que Drake Ulrich había acabado en Azkaban. Días después, probablemente después de haberse recuperado un poco de su pérdida, la antigua profesora Myrtle Brandford se comunicó también, lo que hizo un pequeño pero eficiente grupo de magos, quienes comenzaron a darse la tarea de encontrar un lugar seguro al cual podrían utilizar de refugio para acoger a quienes necesitaban un lugar en donde huir.

No fue tarea fácil, con la mayoría de los rostros en los carteles de “Se Busca” del Ministerio no era cosa de llegar y salir a la calle en busca de un lugar apropiado, por lo que la tarea terminó alargándose demasiado, hasta que finalmente el día llegó y el lugar perfecto fue encontrado. Albus, Antoline, Fiona y Felicia se pusieron inmediatamente a la tarea de construir un lugar acogedor y sumamente seguro, en el subterráneo de un edificio abandonado, al cual se le asignaron varias entradas secretas y todas protegidas con magia:
  • El probador 03 de la parte femenina de la tienda H&M en un centro comercial en el centro de Londres. El espejo se abre después de hacer un sonido musical a base de golpecitos de varita sobre el cristal y es una puerta que da directa al patio principal de la Zona Segura.
  • El aseo masculino del restaurante Wetherspoon en Oxford Street. Por el retrete. Asqueroso, típico, pero funcional.
  • En la cabina número 03 del London Eye, en donde debes dirigirte al panel digital y escribir en ruso la palabra “ensaladilla”. Automáticamente la noria sufrirá un temblor y tú desaparecerás en dirección al patio principal de la Zona Segura.  
  • En el metro de Cadem Town. En dicha estación las luces parpadean siempre que el tren pasa en dirección a centro de Londres. Cuando eso ocurre y el tren está en marcha, con tirarte a la vía después de que el tren pase, automáticamente sufrirás la aparición hacia el patio principal de la Zona Segura.
  • En la biblioteca general. En la sección de recetas culinarias, el único libro de color rosa que hay es el que hay que mover para sufrir la aparición hacia el patio principal de la Zona Segura.
  • En el National Gallery de Trafalgar Square. Tirarse en un cuadro de un lago en la zona renacentista, como en el Andén 9 y ¾.
  • En la zona china de Londres, más comúnmente llamada Soho. En el interior del restaurante chino llamado Hakkasan Hanway, en las cocinas del mismo hay que meterse por el congelador que está en una habitación trasera. Automáticamente desaparecerás hacia el patio principal de la Zona Segura.


Una vez que la nueva zona protegida estuvo lista, comenzó inmediatamente la búsqueda del resto de los miembros y Jason Poulter no tardó en responder, por lo que Dumbledore decidió que ya era hora de realizar una reunión oficial en donde todos los miembros más cercanos y aquellos aprendices más entusiastas pudiesen por fin verse las caras y despejar un poco la nebulosa en la que todos estaban metidos.

Eran las 17:30 horas del primer domingo de Febrero, cuando Albus Dumbledore hizo su entrada a la sala de reuniones ubicada dentro del nuevo cuartel, mientras revolvía afanadamente un chocolate caliente —cortesía de Antoline— y se sentaba a esperar a los primeros miembros en llegar, pensando aún en las palabras de Iorwerth Cosmas y en si Odiseo Masbecth habría recibido ya su mensaje.
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Albus Dumbledore
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Albus DumbledoreModerador

Invitado el Miér Feb 08, 2017 9:41 pm

Habría que ser un cínico para decir que aquel 19 de Diciembre no había cambiado la vida de todos, sin embargo, la suya se había visto especialmente afectada. Había perdido a su propia madre en medio de la batalla y ni siquiera había podido acompañar a su padre para darle una apropiada sepultura. No, los planes para él habían sido diferentes y él muchas veces se cuestionaba porque mierda había aceptado.

Él, guardián de los alumnos de Hogwarts, como si en realidad pudiese protegerlos de comportarse como unos estúpidos rebeldes hormonados y es que hasta ese momento no había sido mucho lo que había podido hacer, al menos desde su punto de vista, y a veces sentía que había avanzado demasiado poco para todo lo que había sufrido por quedarse cumpliendo su deber. No sólo había sido torturado y humillado, sino que también había sido mutilado hasta acabar perdiendo una de sus extremidades y además había tenido que dejarse reclutar para la nueva facción de carroñeros dentro de los mortífagos y eso es algo que, por supuesto, Dumbledore vio más como una ventaja que como una desventaja, sobre todo porque le conocía y sabía cuan lejos podría llegar a llevar su papel.

—Tú no tienes idea —había respondido un muy agitado Iorwerth tan sólo unas horas atrás —, estás confiando demasiado y ese es tu punto más débil. ¿Cómo esperas que vaya a esa maldita reunión y sonría a todos como si nada? ¿Cómo esperas siquiera que ponga un pie en la sede de la Orden? Tú no sabes lo que es realmente jugar a dos bandos, no te imaginas siquiera las cosas que estoy obligado a hacer, así que si me quieres seguir teniendo de tu lado no me obligues a asistir a una reunión en donde me voy a encontrar a gente a que luego voy a tener que enfrentar en un campo de batalla, rodeado de enemigos, mientras ellos me gritan estúpidamente que soy un traidor a la Orden y me dejan en evidencia.

Iorwerth no estaba dispuesto a correr riesgos, no cuando parecía que el futuro de todos parecía estar pendiendo del borde la colina, razón por la cual ni siquiera había querido conocer la ubicación de la nueva sede de la Orden aún, pues aún cuando supiera Oclumancia, no pensaba dárselas de confiado y poner a toda la agrupación en peligro. Además, si acaso iba a comenzar a jugar el papel de villano, prefería tenerlos convencidos a todos, salvo muy contadas excepciones. Sin embargo igual estaría presente.

Su padre, ahora también miembro de la Orden del Fénix, aún cuando a él no le hiciera ninguna gracia, sería sus ojos y oídos en aquella reunión y, si a él se iba a comentarle algo, también tendría los ojos y oídos de Jane para recordárselo.
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Un llamado de esperanza {Miembros de la Orden del Fénix} Sei5Ad3

Antoline era un hombre de orígenes bastante humildes, había sido hijo de una pareja de pescadores que vivían en la bahía de Kenmare, Irlanda. Ambos eran muggles y no tenían la menor idea de la existencia de la magia, por lo que cuando recibieron la visita de aquel misterioso hombre de aspecto estrafalario, no supieron si creer que se estaban volviendo locos o si de verdad su pequeño Antoline era un mago. Por supuesto, le adoraban tanto que le dieron la oportunidad de probar suerte en ese fascinante y desconocido mundo en donde el irlandés conoció de inmediato las diferencias de estatus que hacían algunos por tener procedencia muggle. Sin embargo, fue en Hogwarts en donde conoció también al amor de su vida. Le hubiese gustado decir que se casaron en cuanto hubieron salido de Hogwarts, pero sería una mentira. Felicia era hija de puristas y adoraba tanto a su familia que estar con un sangre sucia sería el equivalente a romperles el corazón, por tanto siempre mantuvo a Antoline en la friendzone, al menos hasta que ambos fueron profesionales y, como era de esperar, habían elegido la misma profesión. No se casaron sino hasta que el amor entre ellos fue absolutamente innegable, por lo que Felicia tuvo que rehuir de su familia y ambos se radicaron en la ciudad de Killarney en donde nacería también su primer y único hijo; Iorwerth.

Desde pequeño que Iorwerth se vio rodeado de magia, creciendo gracias al humilde negocio familiar de Pociones e ingredientes, negocio que —vale decir— jamás fue del todo exitoso pero al menos les daba para vivir. Fue así como su hijo pasó a ser su sueño y su esperanza, todo lo que Antoline deseaba es que Iorwerth fuese mucho más que él y que volase alto, muy alto.

Su hijo es su mayor orgullo, lo mejor que tiene en la vida y también lo mejor de sí, podría hablar maravillas él durante horas, pero no lo hacía porque se dio cuenta que Iorwerth se ponía algo incómodo, así que ahora espera a que él no esté presente.

Antoline adora silbar cancionsillas pegajosas y aun cuando hubo perdido recientemente a su mujer, se siente lo suficientemente agradecido por seguir conservando a su hijo, quien también es —según él lo ve— una mitad suya y otra mitad de su mujer, por lo que siente que parte de Felicia sigue aún con él.

Cuando supo de la existencia de la Orden del Fénix, no dudó en decirle a Dumbledore que contara con él, pues él siempre ha sido de los que cree que un buen mago debe hacer el bien y sin mirar a quien. Después de todo, como hijo de muggles, él también se había convertido en un fugitivo.

Tampoco sabía aún que función especifica podría tener él dentro de una organización como esa, pero por ahora sería el encargado de hacer sentir bien a la gente y por eso había preparado chocolate caliente y galletas para todos. Así que llegó de los segundos a la sala de reuniones, empujando un pequeño carrito que aparcó junto a la puerta mientras se frotaba las manos y esperaba a que llegase la primera persona, a quien saludaría con una enorme sonrisa, para luego entregarle su tazón de chocolate caliente y regalarle un improvisado verso, dependiendo de quien fuera llegando.

—Un chocolate caliente para mi querida Fiona, esa que sonríe y se queda toda mona jijijij… Otro chocolate para mi también querida Myrtle, ella que no me baila ni aunque le cante como un Beatle jijiji… Y otro mas para Jason Poulter, que con su sonrisa vuelve cálido hasta un cooler jijiji.

Pero cuando la que llegó fue Jane Penderwick, Antoline dio incluso un saltito de impresión e hizo a Jane un gesto para que se acercara en plan “tengamos un secreto”, y es que ya llevaba varios días viviendo en casa con la joven ex-auror. Una muchacha a la que había conocido de chiquita, bueno… desde que había sido aprendiz de su amado hijo, y a quien no había tardado en coger cariño (aun cuando Antoline en realidad cogiera cariño a todo el Mundo).

—Mira, mira, tengo más mini malvavistos, échale más, que no te vea el resto jijiji.
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Fiona T. Shadows el Miér Feb 08, 2017 10:02 pm

Habían sido numerosas las bajas que la Orden del Fénix había sufrido tras la batalla que había tenido lugar en Hogwarts, Hogsmeade y el propio Ministerio de Magia. Habían sido numerosas las caras que día tras día aparecían en las páginas de El Profeta con recompensas por dar información sobre el paradero de dichas personas. Personas allegadas a Fiona. Personas con las que había convivido, trabajado y pasado buenos momentos. Algunas de ellas ya no estarían nunca más mientras que otras buscaban un refugio donde poder seguir viviendo, aunque fuese al margen de la ley y de la sociedad.

No lo había pensado ni un segundo a la hora de contactar una vez más con Albus, intentando así abstraerse de la idea de tener que seguir en casa cuando Drake no volvería. Había propuesto a Dumbledore contraatacar, sin pensar demasiado en las consecuencias. Pero este había demostrado que, a diferencia de la chica, sabía ser sereno y pensar con claridad hasta en los momentos más difíciles. Finalmente Fiona había descartado la opción de dejar el Ministerio de Magia y había pasado a fingir ser leal al nuevo régimen, pues estos no tenían conocimiento alguno de su afiliación a la Orden del Fénix, tan sólo a su apoyo al antiguo Ministerio de Magia por trabajar en este.

Tras semanas de arduo trabajo habían logrado crear un refugio para aquellos miembros de la Orden del Fénix que lo precisasen, y estos también se habían encargado de dar cobijo a nacidos de muggles, traidores de sangre u otras personas que necesitasen un nuevo hogar ante la situación por la que pasaba el país.

La noche antes de la primera reunión, Fiona recordó enviarle un patronus a Sirius, tal y como Drake hubiese hecho. Ya podía darse aquel chico con un canto en los dientes, pues se había acordado de él de pura casualidad mientras escribía una carta a Luke citándole para prácticas de Auror en uno de los centros comerciales más céntricos de la ciudad. Allí se había limitado a apenas conversar con él y empujarle a una tienda a comprar ropa. Cabía decir que no habían comprado nada de ropa y ambos habían atravesado el espejo de la tienda del H&M nada más abrirse paso al interior de los mostradores.

No tenía ganas de muchas palabras, por lo que se alejó de Luke a la más mínima oportunidad y le dedicó un saludo con la mirada a Albus Dumbledore. Acto seguido tomó asiento y no pudo evitar dedicar una amable sonrisa al padre de Iorwerth Cosmas quien, a diferencia de su hijo, sí que había hecho acto de presencia en aquella reunión. – Gracias, Antoline. – Dijo de manera amable colocando sendas manos alrededor de la taza de chocolate para dejar que el calor pasase a sus manos.
Fiona T. Shadows
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Jason Poulter el Jue Feb 09, 2017 1:39 am

Las batallas que se dieron el 19 de diciembre y tuvieron lugar en Hogsmeade, Hogwarts y el Ministerio de Magia habían dejado al mundo mágico en un completo caos, esto lo decía en el sentido de que ese 19 de diciembre había cambiado la vida de millones de personas, ya sea para bien o para mal lo había hecho, ya que lo sucedido ese día beneficiaba a varias personas pero también perjudicaba a gran parte del mundo mágico e incluso también el mundo muggle. Además de todo el caos que podía haber generado en la vida personal de cada una de las personas afectadas, estas batallas como en la mayoría de estas también habían dejado destrucción total en los puntos en los que había sucedido, yo había tenido la oportunidad de participar en una de ellas y sinceramente el panorama que había dejado allí era totalmente desolador, porque no solo había destrucción allí en Hogsmeade sino también que por donde quieras que pasarás había un cuerpo inerte tirado en el suelo.

Ambos bandos habíamos tenido bajas pero lamentablemente había que reconocer que nosotros habíamos sufrido más cantidad de bajas que los mortífagos. Y todo este caos nos había dejado en una posición desfavorable a todos los miembros de la Orden del Fénix y a cualquier mago o bruja que se haya declarado en contra de los ideales puristas y ahora todos aquellos que defendían esos ideales dominaban todo el mundo mágico, es decir que tenían el control sobre grandes instituciones como lo eran el Ministerio de Magia Británico y Hogwarts.

En Hogsmeade junto a Joahnne Herondale nos habíamos enfrentado a dos mortífagos, los cuales eran los que en ese momento estaban causando más destrucción y daño en aquel desdichado pueblo. Estos dos mortífagos eran un hombre y una mujer por lo que a la hora de enfrentarnos a estos lo hicimos de forma igual, es decir que yo fui contra el mortífago y Joahnne contra la mortífago. Al principio al duelo con el mortífago no lo había empezado con buen pie porque me había lanzado un hechizo sin poder saber cual era así que lo único que atine a hacer fue conjurar un escudo protector pero luego pude tomar ventaja y el que dominaba aquel duelo era yo, por lo que había logrado algunas heridas en el rostro de aquel mortífago y con ello también logre que se sacara su mascara por lo que había podido ver su rostro, aunque no estaba del todo reconocible por las heridas y rasguños en él, los murciélagos habían hecho bien su trabajo. En un momento del duelo había intervenido la mortífago que había estado luchando con Joahnne, por lo que esta probablemente estaba muerta o inconsciente. Había podido reconocer a la mortífago, ya que esta no tenía puesta la máscara distintiva de los mortífagos, la mortífago en cuestión era Bellatrix Lestrange, la había reconocido porque la había visto varias veces en el Ministerio ya que ambos trabajabamos allí, así que probablemente era uno de los infiltrados de Voldemort en el Ministerio. La mortífago "incentivó" a su compañero para que me atacara de forma definitiva, eso tuvo su efecto ya que el mortífago comenzó a atacar con más odio y rencor causando que él tuviera un poco más de ventaja y finalmente atacó con un bombarda a una de las casas cercanas causando que esta explotara, por lo que tuve que desaparecer de allí para que alguna parte de la casa no me pudiera aplastar pero gracias a Bellatrix pude saber que el apellido de aquel mortífago era Westenberg. Aparecí en la casa de mis padres para poder juntar algunas cosas y huir de allí, seguramente Voldemort se haría con el poder del mundo mágico y por ende comenzaría a cazarnos por lo que no era recomendable estar en un lugar en donde sería el primero al que te buscarían, antes de irme de allí pude comunicarme con mi padre y saber que él estaba vivo y había sobrevivido al ataque al Ministerio por lo que él optaría por huir a Gales a la casa de mis abuelos, donde también se encontraba mi madre.

Ahora me encontraba en el refugio de la Orden del Fénix que también funcionaba como sede de la misma, hacía poco más de una semana que me encontraba allí, me había enterado de aquel lugar gracias a la profesora Brandford con la que siempre tuve contacto a pesar de las circunstancias. Me parecía excelente la idea que habían tenido Dumbledore y los demás miembros de la Orden de crear un lugar que funcionara como refugio para cualquiera que necesitara uno y viendo las circunstancias actuales se podría decir que muchas personas necesitaban un lugar como este, aunque todavía no había muchas personas creeía que pronto seríamos más.

Ahora mismo nos encontrábamos en una reunión de la Orden, todavía no había iniciado porque estábamos esperando a que todos llegarán. Yo me había enterado de ella porque el mismo Dumbledore me había avisado que habría una y le había sido fácil hacerlo ya que me encontraba en la sede, en donde se iba a realizar la reunión. Esperaba poder ayudar en lo que sea y se lo comunicaría a los demás miembros. Había vivido como nómada antes de venir a este lugar por lo que no había tenido un lugar fijo y esperaba poder tenerlo ahora con este lugar aunque no descartaría salir de vez en cuando a acampar a algún lugar en busca de más fugitivos para ayudarlos.

-Gracias, señor Cosmas-Dije mientras sonreía divertido por lo dicho anteriormente por el mago y también tomaba la taza que me ofrecía.
Jason Poulter
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Invitado el Jue Feb 09, 2017 6:17 pm

-Está bien, muchas gracias señora Seebeck, me encargaré de hacérselo saber, delo por hecho...- Ya me disponía a irme cuando aquella señora que rondaba más o menos mi misma edad se me abalanzó de forma inesperada para rodearme con sus brazos. Desde la noche en la que los mortífagos pusieron patas arriba el mundo mágico y la vida de todos los magos y brujas que nos vimos envueltos en aquello no había sido la persona más cariñosa del mundo no obstante dadas las circunstancias no podía más que corresponderle frotando su espalda suavemente. Gracias a Dios el abrazo no se alargó mucho. -Y recuerde, nadie debe saber de esta reunión, actúe con normalidad y su seguridad y la de su familia seguirá intacta-. Ahora si, dibujando una leve y forzada sonrisa en mis labios me di la vuelta y simplemente desaparecí de aquella azotea de aquel hotel de aspecto ruinoso.

La luna, casi llena, se encontraba en lo más alto del cielo alumbrando aquel inmenso parque en la que me encontraba completamente sola, justo lo que buscaba, lo necesitaba para pensar en todo lo que me había sucedido aquel día, en la información que había reunido para uno de mis alumnos si es que seguía con vida. -Ese idiota de... ¿Albus?- Frente a la fuente apareció un Patronus bastante conocido, si, efectivamente se trataba de el de Albus. Al parecer se iba a celebrar la primera reunión de los miembros de la Orden después de la gran caída, así decidí llamar a lo que pasó. La idea no me entusiasmó en absoluto, hacía demasiado tiempo que no veía a mis compañeros y no sabía en el estado en el que iba a encontrármelos, tampoco es que tuviera muchas ganas de rodearme de gente, ademas... Albus... Antoline... no me apetecía ver a ninguno de los dos. Aún seguía molesta con Albus por lo sucedido aquella noche, por dejarnos allí tirados en mitad de la lucha, por otro lado, Antoline... no le había visto desde que construimos el refugio yéndome sin ni si quiera despedirme, no sabía como me recibiría. Suspiré, sabía que no podía negarme, aquello era más importante que todo lo demás.

El día que se nos había citado allí estaba yo frente a una de las entradas la cual no me pensé dos veces en atravesar caminando sin detener mi avance hasta la sala de reuniones, cuando llegué frente a la puerta llamé con mis nudillos protegidos por un guante de encaje negro. No esperé respuesta para abrir la puerta y entrar. -Caballeros, señora-.

Lo primero que llamó mi atención fue la ausencia de Cosmas, estaba claro que aún no habíamos llegado todos ya que Odiseo tampoco se encontraba allí entre otros, no obstante algo me decía que Iorwerth no haría acto de presencia aquel día. Apreté mi mandíbula por eso ya que a pesar de no ser mi persona favorita le necesitaba, le necesitaba para hacerle llegar un mensaje a Noah y saber de él ya que desde aquella noche no había vuelto a saber siquiera si seguía con vida, ni si quiera Riza había podido ponerse en contacto conmigo.

Resignada decidí poner mi atención en Antoline. Me acerqué a él tomándome la libertad de coger uno de los chocolates que tenía sobre un carrito. -Te veo bien-. ¿Enserio? ¿Eso era todo lo que se me ocurrió decir? En fin, lo único que esperaba de aquel día era que llegasen todos pronto y pudiéramos irnos pronto de allí aunque... ¿donde?
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Invitado el Jue Feb 09, 2017 8:43 pm

Ya estaba en se estado de limbo en el que no sabes si estás dormido o aún despierto. Sus ojos estaban cerrados, pero sus oídos aún escuchaban un par de ronquidos no muy lejanos, cuando por debajo de sus párpados percibió una luminosidad inesperada que le hizo abrir los ojos e incorporarse de un salto sobre las mantas.

Era un patronus con forma de erizo de tierra uno que jamás había visto en su vida por lo que en un primer momento se asustó, pero luego pensó que si era un patronus no podía ser tan malo, así que simplemente se estregó los ojos y le prestó atención. Curiosamente, el bicho acabó hablando con una voz ya algo familiar y le dijo que se presentase al día siguiente dándose un chapuzón en un cuadro de la zona renacentista del National Gallery de Trafalgar Square, por lo que Sirius parpadeo confundido.

—¿De dónde?

Preguntó, pero el patronus desapareció en el acto y más encima le llegó un almohadazo en la cabeza, proveniente de alguno de sus amigos que refunfuñó diciendo:

—Apaga la luz y deja dormir.

—No fue ninguna luz, fue un…

¡Paft! Otro almohadazo…

Sirius refunfuñó por lo bajo y volvió a enterrar su cabeza en su propia almohada para volver a dormir, lo cual no le costó mucho, considerando que dormía casi tanto como un perro.

Al siguiente día, no dudó en vestirse a lo muggle, con vaqueros y una chaqueta de cuero negro, estilo rocker como las que le gustaban, y salió en dirección al famoso National Gallery de Trafalgar Square, en donde intentó pasar sin pagar y estaba tan feliz de haberlo logrado, hasta que se dio cuenta que la admisión era gratuita.

Buscó a por la zona Renacentista, que menos mal estaba bien señalizada, porque el no tenía idea de arte, y miró todos los retratos del área hasta que dio con uno que tenía un lago pintado en el telón. Miró hacia ambos lados, como para asegurarse de que nadie lo estuviera mirando, y acercó una de sus manos a la pintura, esperando a que no sonase ninguna alarma, para luego echarse unos pasos atrás y —cuando ya estaba empezando a correr— tener que detenerse porque venía un grupo de niños de colegio muggle a mirar las pinturas junto con su profesor.

Sirius tuvo que esperar al menos quince minutos para intentarlo una vez más y, esta vez, si lanzarse de carrera e incluso llegar a cerrar los ojos, pensando que se iba a dar un trompazo de los buenos con el telón, pero gracias a Merlín no fue así.

Apareció en una especie de plaza subterránea y miró hacia todos lados, dándose cuenta que no estaba realmente solo y había un par de magos y brujas alrededor, pero nadie conocido, hasta que vio a…

—¡Fiona! ¡Fiona!

Pero la bruja ya se perdía por una puerta, por lo que no le escuchó, así que salió corriendo en dirección al mismo lugar y entró, dándose cuenta que había una especie de pasadizo vacío el cual siguió por inercia, hasta que una de las murallas de abrió y ¡paft! ahí estaba Fiona, y no estaba sola.

—¿Profesor Dumbledore? —preguntó sorprendido —¿Profesora Brandford? ¡Vaya! No pensé que iba a llegar a verlos, bueno, sí, un poco, es sólo que… ¡Qué alegría!

Saltó de pronto para abrazar primero a la bruja y después al mago, antes de darse la vuelta y mirar a los demás.

—Hola —saludó al ver Jason quien era una cara desconocida —. Mi nombre es Sirius, soy ahijado de Drake Ulrich.

Se presentó estrechándole la mano, antes de ir a hacer lo mismo con Luke, Antoline e ir finalmente a sentarse al lado de Fiona.

—Hola —le sonrió —. Recibí tu mensaje anoche cuando me estaba quedando dormido, no tenía idea que tu patronus era un erizo y a decir verdad, jamás me lo hubiera esperado. Vamos, es demasiado adorable para… para… —dudó por un momento y enseguida sonrió —para alguien como tú.
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Invitado el Jue Feb 09, 2017 11:31 pm

Después de que Cosmas le revelara la existencia de la Orden del Fenix, Jane no había dudado en solicitar ser incluida, pues una organización de ese tipo era justo lo que había estado buscando. Ahora no sólo era una miembro oficial de la Orden, sino que también había pasado a refugiarse en el hogar de su antiguo mentor, quien le había ofrecido su casa donde también Antoline Cosmas estaba viviendo. Finalmente las cosas parecían estar avanzando en la dirección que había deseado desde hacía más de un mes, y Jane había empezado a recuperar la esperanza de que junto a los otros miembros de la Orden lograrían cumplir el objetivo que ahora los unía a todos.

Había tenido una breve reunión con Albus Dumbledore algunos días atrás, donde sus sospechas de que el mago estuviese herido -o peor- al fin se habían disipado completamente. Tras expresarle sus deseos de ayudar y dejarle en claro cuales eran sus propósitos y visiones respecto al nuevo régimen que habían implantado los mortífagos, su antiguo profesor le indicó que no tardarían en organizar una reunión con el resto de los integrantes de la Orden. Dicho y hecho, a los pocos días Jane recibió el aviso para encontrarse en una fecha y lugar específicos, y había estado esperando el momento con ansias no sólo para ver las caras de sus nuevos compañeros, sino también para enterarse al fin de esta nueva zona protegida que habían construido.

Así fue como llegó al cuartel de la Orden el día acordado, cruzando las puertas hacia la sala de reuniones con una mezcla de expectación y entusiasmo. La primera persona con la que se cruzó fue Antoline, y aquello hizo que sonriera ampliamente y de forma inevitable. Había conocido a los padres de Cosmas hacía años, pero recién ahora estaba teniendo la oportunidad de relacionarse más con Antoline. Habían convivido agradablemente durante los últimos días y Jane no había tardado en descubrir que el hombre era sencillamente adorable. Y luego de haber pasado tanto tiempo sin haber tenido contacto con su propio padre, tener al lado a alguien como Antoline era ciertamente reconfortante.

Se acercó hacia él y su carrito en cuanto el hombre le hizo una señal, y luego de tomar una taza de chocolate caliente, le agregó unos cuantos malvaviscos extra que él le estaba ofreciendo.
-Que esto quede entre nosotros -susurró como si acabasen de cometer una verdadera fechoría, antes de reír por lo bajo. Luego se llevó la taza a los labios y tomó un trago del chocolate, bebida que Antoline preparaba con frecuencia en casa y que a Jane simplemente le encantaba.
-Mmm, delicioso como siempre -le dedicó otra sonrisa antes de alejarse hacia la mesa donde ya varias personas se encontraban sentadas, y sólo entonces pudo prestarles más atención.

Saludó a todos con un "hola" general, alegrándose de ver a tantos rostros familiares, y antes de sentarse se acercó a Sirius, la única persona a quien no conocía.
-Soy Jane Penderwick -se presentó estirando una mano-. Auror. Bueno… era auror -alzó los hombros con una media sonrisa y luego tomó asiento cerca de Fiona, Luke y Jason.
-Se siente bien estar de nuevo entre los míos -comentó mirándolos con emoción, pues por un momento casi se sentía como si estuviese en una reunión de trabajo con sus colegas, y saber que sus antiguos profesores, Myrtle y Albus, también estaban allí, hacía de aquello algo aún más especial.

Estaba ansiosa por saber quién más acudiría a la reunión, y hasta que todos terminaron de llegar se dedicó a observar mejor el sitio en el que se encontraban. La sala era lo suficientemente amplia para recibir a varias personas, y aunque no había visto mucho del resto del subterráneo, se notaba que todos habían hecho un gran esfuerzo para hacer de aquella estancia un sitio acogedor y seguro. No había podido evitar sentirse un poco atrasada al saber que algunos miembros de la Orden ya llevaban bastante tiempo como integrantes, pero luego se había convencido de que más valía tarde que nunca, y que aún estaba tiempo de colaborar con su granito de arena.
-Vaya, han hecho un gran trabajo con esto -comentó mientras sus ojos aún recorrían la sala.
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Albus Dumbledore el Sáb Feb 18, 2017 7:58 pm

Pese a todo lo que estaba ocurriendo en el Mundo de la Magia, Albus Dumbledore se veía tranquilo y desde su asiento disfrutó de aquel delicioso chocolate caliente que Antoline había preparado para todos los invitados a dicha reunión. Mas Dumbledore, siempre había sido criado con los modales de un caballero y por eso no dudó en dejar de sorber su chocolate en cuanto los primeros invitados hicieron su llegada; por supuesto, entre ellos Antoline ya era como parte de la casa.

—Bienvenida Fiona, gracias por venir —saludó antes de invitarle a tomar asiento con un gesto de su mano —. Por favor.

Fiona había sido desde hace mucho tiempo uno de los pilares fundamentales para la Orden del Fénix y, en ese instante, no estaba pasando por una buen momento, por lo que sintió que sería totalmente innecesario iniciar una charla protocolar.

—Jason, bienvenido. Muchas gracias por asistir. Por favor, toma asiento.

Jason, por su parte, hacia poco que había dejado de ser un aspirante dentro de la Orden y se había convertido en un miembro oficial. Siempre había sido un muchacho muy participativo y por lo visto ahora tampoco deseaba quedarse atrás.

—Myrtle querida, bienvenida, pasa y toma asiento.

Invitó con otro gesto de sus manos a la profesora Brandford, una de las docentes más dedicadas de Hogwarts dentro de las ultimas décadas y que lamentablemente había perdido a su hija Cordelia en el ataque de Hogwarts.

—Sirius —respondió luego que el muchacho le llamase por su nombre y fuese a abrazar primero a Myrtle y luego a él —. También es bueno verte. Por favor, toma asiento.

El mayor de los Black, tan motivo y entusiasta como siempre, había hecho un gran avance con sus misiones en el último tiempo y rápidamente había resaltado entre los aspirantes. Sin duda alguna, Drake Ulrich había hecho un muy buen trabajo.

—Jane, bienvenida —saludó a la ultima en llegar y le indicó también que tomase asiento —. Por favor.

Jane había hecho su ingreso a la Orden del Fenix hace muy pocos días. Sin embargo, contaba con la total y absoluta confianza de Iorwerth Cosmas y aquello era mucho decir. Iorwerth no confiaba en cualquier persona, mucho menos en su situación actual, lo cual era muy comprensible.

Albus esperó un poco más de pie, en caso de que llegase alguien más, pero luego de unos minutos, alzó la varita y desde su misma posición cerró y selló la puerta con magia.

—Hola a todos, muchas gracias por asistir a esta improvisada reunión. Tengo conocimiento de cuan difíciles han sido para ustedes los últimos días y por ello me siento enormemente agradecido de poder seguir contando con vuestra presencia.

Sonrió con amabilidad y enseguida se sentó también en la cabecera de aquella larga mesa en la que estaban todos reunidos, una posición desde la cual podía ver las caras de todos los presentes.

—Primero que todo, quiero que quede claro porque estamos aquí —inició mirándoles a todos, uno por uno —. Muchos de ustedes han sufrido importantes perdidas y sin embargo aquí están, y aquí están porque es importante luchar y luchar de nuevo, y seguir luchando, porque sólo entonces el mal puede mantenerse a raya aunque nunca completamente erradicado, y por ello debemos de ser precavidos y también recordar que sólo seremos así de fuertes mientras estemos unidos, y así de débiles si acaso nos dividimos. Espero… que todos hayan podido encontrar algún resquicio de consuelo, y si aun no lo han hecho, denle una oportunidad a este tan reconfortante chocolate caliente preparado por Antoline.

Es, después de todo, el chocolate una de las fuentes fundamentales de energía para alguien que ha luchado contra épocas oscuras, algo que un buen profesor de defensa o enfermera siempre debía saber.

—Ahora, hay muchas cosas que ya sé de primera mano, pero quisiera saber si acaso ustedes tienen algún tipo de información que deseen compartir con los presentes. La desaparición de algún miembro —miró a Fiona —, el encuentro de otros —miró a Sirius— o como ustedes crean que pueden ayudar —miró a Jason —. Lo que sea que deseen compartir, incluso sus preocupaciones —miró a Jane —, aquí serán bienvenidas.
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Albus DumbledoreModerador

Invitado el Dom Feb 19, 2017 1:40 am

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—Sólo págueme con una sonrisa para verla más feliz, jijiji —respondió inmediatamente a Fiona a quien últimamente no veía sonreír tan a menudo.

—No hay de qué, cuando quieras, tenemos para rellenar, jijiji —respondió a Jason, el jovén auror que estaba recién conociendo.

—Ajajajijijji —soltó la carcajada ante el comentario de Myrtle —Y si le echas un poquito de esto, me verás doblemente bien jijiji —dijo al sacar una botella de tamaño mediano de licor, que dejó junto al carrito del chocolate caliente, ya que más tarde le ofrecería una pizca a todos.

—Oooooh… Gusto en conocerle, joven Sirius. He escuchado de usted, pero espere, que como no le reconocí no le dediqué ningún verso —dijo llevándose el dedo índice a la barbilla con aire pensativo —¡Ya lo tengo! Un chocolate caliente para el Joven Sirius, ese que se presenta y me provoca delirius jijijiji.

Pero fue ahí cuando llegó su adorada Jane, por lo prácticamente dejó de lado a todo el Mundo para ofrecerle mas malvaviscos a escondidas de los demás, como si fuese aquella la mas grande de sus travesuras.

—Sí, sí, un secreto secretoso jijiji

Y luego de que nadie más pareciera entrar por esa puerta, Antoline también fue a tomar asiento, sentándose junto a Jane, la discípula de su hijo, quien para él también había pasado a ser su hija adoptiva durante aquellas últimas semanas.

—Oh, sí, está muy bien oculto y construido, Albus sabe mucho de estas cosas y Myrtle, Fiona y yo le ayudamos —respondió orgulloso a la ex-Auror.

Entonces Albus comenzó a hablar, dándole la bienvenida a todos y lamentando las pérdidas sufridas por cada uno de ellos, lo que hizo que Antoline se persignara mirando al cielo y juntase sus manos para hacer una pequeña y silenciosa oración, antes de seguir permaneciendo en silencio hasta que Dumbledore cedió la palabra y el irlandés levantó la mano.

—Hola a todos, mi nombre es Antoline para aquellos que aún no me conocen, soy hijo de muggles y también irlandés, por lo que no podía faltar una pizca de crema de whisky irlandés para sus chocolate calientes jijiji —dijo destapando la botella para tomar una cucharita de té y mostrarle a todos —. Es así, un poquito sólo, no se entusiasmen, es sólo para el sabor jijiji —dijo echando una cucharadita a su tazón —y esto es chocolate caliente irlandés jijiji.

Concluyó volviendo a poner la tapita sobre la botella de Baileys y pasarla a los demás, iniciando por Myrtle.

—Las damas primero, y sólo mayores de edad —agregó guiñando un ojo en dirección a Sirius —. Y bueno, como ya ha dicho Albus, espero que este chocolate caliente les ayude a reconfortarse un poco, ya que de a poco empieza a uno a recoger los pedacitos de una vida rota. Yo también perdí a uno de mis seres más queridos la noche del 19 de Diciembre, mi amada esposa Felicia, y por supuesto, no me gustaría que su muerte haya sido en vano, ella murió salvándome a mi junto con mi también amado hijo. Desearía aún tenerla conmigo, pero mientras tenga en mi un soplo de vida haré lo posible por hacer que ese soplo cuente, y por eso he presentado a Albus y a la Orden mis servicios como Pocionita —dijo antes de poner una mano sobre el hombro de la ex-auror —. Aquí, mi querida Jane y uno de sus amigos —que en realidad era su hijo, pero éste había pedido expresamente que mantuviese su nombre lo más ajeno posible —, ya se ha encargado de viajar hasta el corazón de Africa mismo para conseguir una buena cantidad de piel de serpiente arborea africana como uno de los ingredientes más difíciles de obtener para la preparación de la poción multijugos, la cual, cuando esté lista, entregaré a Albus para que la suministre en casos de necesidad.
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Jason Poulter el Dom Feb 19, 2017 5:36 am

-Hola profesor, no hay nada que agradecer, quiero colaborar en todo lo que pueda-Le dije al ex director de Hogwarts y experimentado mago con una sonrisa sincera a la vez que procedía a tomar asiento en una de las sillas que estaban cerca de la mesa de aquella sala.

Mientras esperábamos a que los demás miembros de la Orden llegarán, yo aproveche esto y tomé un poco más de la taza de chocolate que me había ofrecido anteriormente el señor Cosmas, padre de Iorwerth Cosmas, quién también era miembro de la Orden y actualmente era profesor en Hogwarts, por lo que aparentemente él si había aceptado el gobierno mortífago o quizás estaba de infiltrado, igual que Fiona. Yo no había podido aceptar aquel gobierno mortífago y por ello no me había interesado conseguir su perdón sino que todo lo contrario y por ello me había dado a la fuga, ya que en ese momento había deducido que seguramente cazarían a aquellos que tenían contactos con muggles o que se sospecharan que fuesen traidores a ese régimen. Además de que aunque quisiese estar de infiltrado no podría hacerlo, porque no contaba con la habilidad de la oclumancia, la cual evitaba que alguien te leyera la mente, por lo que sin saber oclumancia no debía infiltrarme porque podría poner en riesgo a muchas personas como por ejemplo a los miembros de la Orden o a mi propia familia.

-Hola, Soy Jason Poulter-Dije respondiendole el saludo a aquel simpático chico, seguramente era uno de los aspirantes a miembro de la Orden, por lo que era casi seguro que no debía de haber terminado siquiera sus estudios en Hogwarts, si estudiaba allí. Al escuchar su nombre me pareció haberlo escuchado en algún lado por lo que cuando me dijo que era ahijado de Drake, inmediatamente recordé que el auror me había hablado un poco de este cuando nos encontrábamos en un lugar seguro porque claramente esta que no era seguro hablarlo en el medio del Ministerio, claro esta que esto había sucedido en el tiempo del antiguo régimen, ya que ambos habíamos dejado de ser parte del cuerpo de aurores.-¡Claro!, con razón me sonaba tú nombre, Drake me ha hablado de ti, era auror en el antiguo gobierno-Dije mientras sonreía a la vez de que seguía estrechándole la mano.-Es un gusto por fin conocerte-Dije y también pude confirmar que tenía razón al pensar que todavía no había terminado Hogwarts, ya que Drake me lo había mencionado en algunas de nuestras tantas conversaciones que habíamos mantenido antes de que él terminara en Azkaban y yo en estado de prófugo.

Poco después de que el ahijado de Drake llegara también lo había hecho Jane Penderwick, una ex compañera de trabajo del Ministerio y de la Oficina de Aurores. De verdad me había sorprendido al verla, ya que no había sabido de ella desde la mañana del 19 de diciembre, cuando aun pertenecía como miembro del Ministerio, también me había sorprendido el hecho de que ella estuviese allí, ya que no pertenecía anteriormente a la Orden pero eso seguramente se debía a que seguramente no sabía la existencia y que cuando se enteró quiso participar en la causa, cosa que veía muy probable que Jane hiciese.-Sin duda, además nunca hacen mal un poco de caras conocidas-Dije mientras le sonreía amigablemente. Sin duda ser el nuevo era una sensación rara y ademas no conocías a la mayoría de las personas que estaban allí, era una situación incomoda al principio y que yo ya la había vivido cuando era solo un aspirante a miembro por lo que entendía y sabía por lo que estaba pasando Jane, así que trate que se sintiera a gusto y también además de mí estaba Fiona también, la cual seguía en el cuerpo de aurores. Esto me hacía sentir un poco de nostalgia haciéndome recordar aquellos tiempos en el que era auror y en donde además todo estaba tranquilo y había paz.

Luego de que el profesor Dumbledore y el señor Cosmas terminaron de hablar me dispuse a hacerlo yo, quería expresar mis ganas de ayudar en lo que sea y me iba a ofrecer a ayudar a enseñar a los que necesitasen a moverse y a vestirse como muggles, además de que podría dar más información de el mundo muggle si lo necesitasen.-Hola, como algunos sabrán me llamo Jason Poulter y soy un mago mestizo que como la mayoría de ustedes su vida ha cambiado radicalmente después de aquel fatídico 19 de diciembre. Mis abuelos muggles murieron un poco antes de aquel día asesinados por los mortífagos, mi madre y mi padre actualmente están exiliados en Gales junto a mis otros abuelos y yo antes de estar aquí estuve viviendo como nómada por lo que se podría decir que he sufrido con todo este caos que dejo el alzamiento del gobierno mortífago-Dije logrando descargarme y desahogándome un poco de todo lo que había vivido en ese tiempo. Me sentía un poco más aliviado y tal vez se trataba del hecho de que no había hablado acerca de eso nunca con nadie hasta ese momento.-Estoy dispuesto a ayudar en lo que sea, pero tengo algunas ideas, puedo enseñarle a quien quiera sobre como moverse y vestirse al estilo muggle, también puedo informar acerca del mundo muggle y al haber sido auror estoy capacitado si es necesario para investigar sobre cualquier cosa por lo que puedo estar de nómada para hacerlo. Solo díganme sobre que tengo que investigar o a quién tengo que vigilar y lo haré. Estoy totalmente dispuesto a ayudar en cualquier cosa que pueda ayudar a cambiar aunque sea un poco la situación actual del mundo mágico-Dije finalizando mi pequeño discurso y dando lugar a que cualquiera de los presentes allí en la sala hablara. Seguramente había muchas historias como la mía que había que escuchar, esta guerra había afectado al mundo mágico entero.
Jason Poulter
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Invitado el Dom Feb 19, 2017 10:53 pm

Cuando entré al salón el primero en saludarme fue Albus, no obstante únicamente fui capaz de responderle con una leve sonrisa dibujada en los labios. Aún seguía molesta con él por habernos abandonado en el castillo aquella noche, algo para lo que no encontraba respuesta aún después de haberle dado mil vueltas. Claramente no le iba a preguntar y menos delante de todos los presentes que ya habían llegado y los que aún estaban de camino, ademas no estaba segura de que su respuesta fuera a ser de mi agrado. Directamente me acerqué a Antoline a quien le resultó gracioso mi estúpido e infantil comentario. Sonreí cuando sacó la botella de licor.

De repente la puerta se abrió y mi corazón dio un brinco. ¿Sería Cosmas? Para mi desgracia no, era Sirius, aquel alumno que tantos dolores de cabeza me provocaba, era odioso, el típico adolescente que creía tener el mundo bajo control. Cuando nos vio a mi y a Albus allí se sorprendió y nos lo hizo saber a los demás. -Hola Sirius, me alegro de verte sano y salvo...-. Me limité a decir con una sonrisa más que fingida en los labios. ¿De verdad le extrañaba vernos allí siguiendo él con vida? Esos mortífagos aún debían de matar muchos muggles para lograr vencernos a ambos y más ahora que me había propuesto acabar con ese Rodolphus. Apartada en una esquina inmersa en mis pensamientos mientras los demás se saludaban después de todo el tiempo que habíamos pasado sin vernos, sin saber mucho los unos de los otros comencé a darle vueltas a algunas cosas, entre ellas como saber sobre Noah y como hacerle llegar el mensaje tan importante que tenía para él. ''Quizás después de todo ha sido buena idea citar a Sirius''. Pensé. Sería él quien hiciera de lechuza entre el Ravenclaw y yo.

Me dispuse a acercarme a él para pedirle ese gran favor cuando de repente alguien más entró, Jane. La saludé a pesar de no haber cruzado palabra con ella anteriormente. Cuando volví a mirar a Sirius había cambiado su posición y se encontraba hablando con Fiona. Lo mío tendría que esperar. Cuando ya parecía que estábamos todos presentes Albus habló, hasta se tomó la libertad de hacer un comentario, para mi opinión, de mal gusto. ¿Encontrar consuelo en una traza de chocolate? Suspiré silenciosamente y nuevamente comencé a juzgarle mentalmente.

-Gracias-. Dije a Antoline cuando me ofreció de su licor. Dando pequeños sorbos escuché lo que este y Jason tenían que decir en respuesta a las palabras del antiguo director de Hogwarts. Después hablé yo. -Aquella noche todos, bueno, quizás no todos... perdimos a alguien importante, un familiar, un amigo, un compañero... Yo perdí a mi hija, no obstante creo que dar más información al respecto sería innecesariamente doloroso, tan solo tengo que decir que el culpable, como de todas las desgracias de aquella noche, fue Rodolphus-. Callé un segundo para dar otro sorbo al delicioso chocolate edulcorado con licor. -Hay una joven... creo que varios de los aquí presentes la conocéis, se trata de Riza Beckett. Ella ha pasado muchos de sus años al servicio de los mortífagos, no obstante no por decisión propia, su tío, un fiel al señor tenebroso a cuidado de la joven la tenía bajo el influjo de la maldición Imperio, por suerte su tío falleció y los efectos de esta desaparecieron. Por suerte pude localizarla a tiempo y ponerla a salvo. Podría sernos útil, no obstante me gustaría llevar ese tema en persona, tengo una estrecha relación con ella y creo que eso facilitaría las cosas a todos, sobretodo a ella-. Tenía que medir bien mis palabras para no hablar más de la cuenta y decir algo que no debiera. -Por otro lado esta Sasha, otro antiguo alumno de Gryffindor. Él perdió a su amada aquella noche de Diciembre, puede ayudar bastante a la causa-. Eso era todo por mi parte a si es que guardé silencio.



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Invitado el Mar Feb 21, 2017 11:25 pm

La reunión dio inicio oficialmente en cuanto Dumbledore retomó la palabra, y Jane se dispuso a escucharlo con atención mientras bebía de su taza de chocolate. El anciano siempre había tenido una habilidad especial para tranquilizar a la gente tanto con sus palabras como con su actuar; al menos ese era el efecto que estaba teniendo en Jane. Se alegró de saber que su antiguo profesor compartía sus pensamientos, aunque ella no creía ser capaz de expresarlos de una forma tan elocuente, y sentir su mirada encima le trajo esa calma y seguridad que había estado necesitando.  
Giró el rostro hacia un lado, donde Antoline estaba sentado, cuando este empezó a hablar, y no pudo evitar sentir una especie de orgullo por el hombre, quien a pesar de su edad se había entregado sin dudarlo a la causa de la Orden. Viniendo de personas como Antoline, Myrtle o Albus, eso le resultaba verdaderamente admirable. Al sentir su mano sobre su hombro se limitó a sonreír brevemente y luego miró a Sirius con curiosidad cuando el viejo se refirió a él. El chico no debía de haber salido de Hogwarts aún y a Jane le sorprendía que hubiesen reclutado a personas tan jóvenes, y aunque en otra ocasión no le habría parecido la mejor idea, sabía que en la situación en la que se encontraban debían agradecer el apoyo de cualquiera que quisiera ayudar.

El entusiasmo de Jason también era de apreciar, pues era lo que se necesitaba en momentos como ese. Mientras el chico relataba lo que le había ocurrido, y luego también Myrtle, Jane llegó a sentirse incluso afortunada de no haber perdido a ningún familiar esa noche, aunque eso no significaba que hubiese dejado de sentir preocupación por los suyos. Para entonces la botella de Baileys ya había llegado hasta ella, así que la destapó y vertió un poco en su chocolate caliente. Se llevó la taza a los labios y bebió otro trago, justo cuando Myrtle hizo mención de Riza.
Aquello la tomó desprevenida e hizo que se atorara con su bebida. Tosió un par de veces, llevándose el dorso de la mano a la boca y creyendo que había escuchado mal, pero Myrtle seguía hablando de ella y la expresión de Jane era ahora de completa incredulidad.
-¿Riza Beckett? -miró a la mujer con el ceño fruncido, sin ocultar su indignación y descontento-. ¿Es en serio? -preguntó esta vez recorriendo al resto de los presentes con la mirada, deteniéndose en Dumbledure por un segundo, como si buscara algo de apoyo o simplemente esperara que alguien negara lo que acababa de escuchar.

Sin embargo, al regresar su mirada hacia Myrtle le quedó claro que la profesora hablaba en serio. Sus manos se cogieron de los bordes de la silla con rabia, sabiendo que lo más apropiado habría sido contar hasta diez, pero no pudo hacerlo. Rápidamente se puso de pie, haciendo que su silla casi cayera al suelo al impulsarla hacia atrás.  
-¡Riza es una mortífaga! -exclamó verdaderamente irritada-. Lleva la marca tenebrosa en el brazo, ¡la vi con mis propios ojos! El Innombrable puede ser muchas cosas, pero no es estúpido. ¿Realmente cree que le habría dado la marca a alguien que estaba actuando bajo una maldición? -entrecerró los ojos sin apartar la mirada de Myrtle, aunque lo que decía iba para todos los presentes-. Usted podrá tener una relación estrecha con ella -repitió sus palabras con cierta ironía-, pero Riza fue mi mejor amiga durante años, y recién vine a enterarme de que era mortífaga un día después de los ataques, cuando fui a buscar refugio en su casa. Si me traicionó a mí, que la conozco desde hace tanto tiempo, ¿creen que tendrá alguna dificultad en engañar a un grupo de desconocidos que luchan por la causa a la que ella se opuso desde un principio?

Sus ojos volvieron a recorrer a los demás miembros de la Orden, esperando que entendieran y entraran en razón. Decir todo aquello le dejaba un sabor amargo en la boca, pues aunque una parte de ella sentía un profundo rencor hacia Riza, tampoco le era posible perder de un mes a otro todo el cariño que le tenía. No la odiaba a ella, pero sí odiaba que le hubiese mentido sobre algo tan importante, y no sabía si algún día se lo podría perdonar.
-Riza sabía lo que estaba haciendo -su voz sonó ahora más calmada y su cuerpo también pareció relajarse-. Si tomó las decisiones que tomó fue porque quiso, ella misma eligió su camino y creo que todos sabemos qué clase de camino es el de los mortífagos -no hacía falta mencionar que todos ellos hacían daño, torturaban e incluso asesinaban, y eso para Jane no tenía excusa. Volvió a mirar a Myrtle ahora con una expresión más tranquila, pues no quería culparla de nada ni juzgarla antes de tiempo, a fin de cuentas tal vez ni siquiera estaba enterada de la verdadera situación.  
-No se puede confiar en alguien como ella -concluyó tras un momento de silencio antes de finalmente acercar su silla para volver a tomar asiento. No sabía si había sido demasiado impulsiva o tal vez se vería algo inmadura a ojos de los demás, pero incluso si nadie allí la apoyaba, confiaba en que Cosmas no desaprobaría su actitud.
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Invitado el Miér Feb 22, 2017 12:52 am

Se alegró mucho de ver al Profesor Dumbledore y a la Profesora Brandford completos y a salvo, por lo que no se contuvo de ir a abrazarlos para expresar su alegría y luego presentarse con orgullo a los que aún no conocía.

—Jane Penderwick —repitió para memorizarlo —. Sirius Black, un gustazo —sonrió estrechándole la mano —. Uuuuh, Auror…

Claro que se sorprendía de conocer Aurores, después de todo, era bien sabido en el Mundo Mágico que los Aurores eran la elite y que sólo las calificaciones más altas de las escuelas de magia lograban hacerse un cupo entre la Academia y, por lo visto, Jano no era la única auror de aquella reunión, porque el chico llamado Jason Poulter también dijo ser uno de ellos y además ser amigo de Drake.

—¿En serio? —preguntó con orgullo cuando el muchacho dijo que Drake le había hablado de él — Espero que hayan sido cosas buenas —rió.

Y de inmediato fue a buscar también un tazón de chocolate caliente, conociendo de paso al Señor Antoline quien no dudó en dedicarle un verso, mejor que el de los querubines, que le hizo reír. El anciano le cayó bien de manera instantánea, aunque no le agradó mucho cuando le dijo que él no podía echarle crema de whisky a su chocolate.

De pronto ya todos comenzaron a hablar, partiendo por Dumbledore, siguiendo por Antoline, Jason, la Profesora Brandford y la misma Jane, quien pareció nada conforme con una de las acotaciones de la profesora, por lo que su mirada pasó de la una a la otra. Lamentablemente, él también había descubierto que una de sus amigas era mortífaga, pero su caso había sido muy diferente al de Jane, pero por lo que había hablado con Circe, también entendía muy bien que a los mortífagos no se les obligaba a cumplir sus funciones.

Miró entonces a Dumbledore, pues él tenía buenas noticias que dar, pero con lo recién ocurrido no creyó que fuese el momento más apropiado para abrir la boca y así como así cambiar el tema en una dirección totalmente contraria.
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Albus Dumbledore el Miér Feb 22, 2017 12:54 am

Albus sonrió ampliamente con la nueva intervención de Antoline y su crema de whisky, por lo que esperó también su turno para agregar un poco a su tazón y luego revolverlo.

Escuchó con respeto a todos los que quisieron hablar de alguna pérdida, él mismo había sido testigo de la muerte de Felicia y también de los mortífagos que habían osado matarla e intentar hacer lo mismo con Antoline. Iorwerth los había acabado a todos.

Lamentó escuchar también lo ocurrido con los abuelos de Jason y agradeció internamente que éste se mantuviese luchando en Gran Bretaña en lugar de esconderse junto a sus padres en Gales. También lamentó escuchar de la muerte de Cordelia, hija de la Profesora Brandford, aunque jamás podría imaginar como realmente había ocurrido aquella muerte, que sin duda habría sido la más trágica de todas.

—Muchas gracias, Antoline.

Dijo luego de que el hombre ofreciera sus servicios como Pocionista, algo que sin duda utilizarían para más que la Poción Multijugos, la cual podía ser una excelente carta para que los refugiados pudiesen salir a visitar a sus familias de vez en cuando.

—Muchas gracias, Jason.

Agradeció también el entusiasmo del joven y sus servicios como nómade, ya que por lo visto le agradaba vivir de ese modo más que de refugiado en la Zona Segura de la Orden del Fénix.

Entonces salió a relucir el tema de la joven Riza Beckett, una nueva mortífaga que parecía convencida de querer cambiar. Sin embargo, la historia que Myrtle presentó de ella no le sonó nada de convincente, mas no tuvo necesidad de hablar, cuando Jane ya prácticamente había saltado sobre la mesa para decir que la chica era mortífaga y que no se podía confiar en alguien como ella.

—Creo, Profesora Brandford, que en este momento debo mostrarme a favor de las palabras de Jane. Lord Voldemort no pondría la marca tenebrosa en el brazo de una sirvienta que sólo le sirve por causa de una maldición, en ese caso Riza hubiese sido una herramienta y no una aliada, por lo que me temo mucho que probablemente ella no haya sido del todo honesta contigo, mi querida amiga. Y en ese caso, sugeriría actuar con cautela, sobre todo en estos tiempos de guerra.

No conocía demasiado bien a Riza, sólo tenía sus recuerdos de sus días como estudiante de Hogwarts, de ella y su amiga Jane Penderwick, quien estaba presente y notable herida por aquella enorme traición. Una traición que por supuesto él entendía.

—Quiero que sepan, que hoy más que nunca, debemos dar pasos firmes y asegurarnos varias veces de quien es realmente la persona con la que estamos hablando —dijo mirando a todos —. La Orden del Fénix ha sido traicionada por uno de sus propios miembros. Stella Moon, quien varios años atrás llegó hasta nosotros pidiendo refugio, intentó asesinarme en mi propio despacho y acabó reconociendo que en realidad jamás había dejado a los mortífagos y que muchas de las bajas ocurridas en nuestras filas, fueron debido a la información que ella entregó a Lord Voldemort —hizo una breve pausa —. Se le ha modificado la memoria, por lo que ya no recuerda precisamente los rostros de las personas con las que tuvo contacto dentro de la Orden, por lo que ruego cautela de aquellos que pudiesen encontrarse con ella y lo que dicen —terminó diciendo cuando precisamente posaba sus ojos sobre Fiona.
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Fiona T. Shadows el Miér Feb 22, 2017 11:32 am

Fiona se mantuvo en silencio durante el desarrollo de la reunión. Se limitó a posar sus manos sobre la taza de chocolate caliente e ir mirando a unos y a otros mientras hablaban como si aquello fuese un partido de tennis muggle. No tardó en cansarse de seguir a unos y a otros con la mirada, por lo que prefirió dedicarse a tomar el chocolate caliente antes de que este se enfriase sin mediar palabra.

Cuando Dumbledore miró directamente hacia ella no dijo nada. Ni se inmutó. No movió ni un ápice de su cuerpo. ¿En serio pensaba que dijese algo al respecto? No tenía ganas de tocar el tema y era de esas personas partidarias de no hablar de lo sucedido cuando esto era negativo, pues así parecía que no había sucedido. Era un comportamiento tanto estúpido como infantil, pero de alguna manera le hacía sentir mejor. Cuando verbalizaba lo sucedido lo hacía real, por lo que mantenerlo en silencio hacía que las cosas fuesen mucho más sencillas.

También escuchó cómo Myrtle se dedicaba a defender a un antiguo miembro de los Mortífagos como si le fuese la vida en ello y, de haber estado de humor, hubiese soltado una carcajada irónica ante aquella historia. Al parecer ahora Lord Voldemort era un niño de doce años jugando a dominar el mundo y confiando en cualquiera que le dijese dos palabras bonitas. No. Lord Voldemort era alguien a quien resultaba casi imposible engañar y si esa tal Riza estaba bajo una maldición jamás habría recibido la marca tenebrosa.

Por suerte, Jane no tenía un pelo de tonta a pesar de ser rubia. Fiona casi sonríe al escuchar la reacción de la chica pero aquello se quedó en un mero intento mientras el resto seguían hablando de aquella mujer desconocida.

A pesar del carácter bondadoso de Albus, este no tardó en demostrar que conocía a Lord Voldemort mejor que ninguno de los presentes, apoyando la opinión de Jane. Y, si Albus no confiaba en Riza, el resto tampoco debían hacerlo. – Ahora va a resultar que Voldemort es gilipollas. – Le dijo en apenas un susurro a Sirius de manera bromista mientras Dumbledore terminaba de hacer su aportación el tema.

En cualquier otra reunión Fiona se hubiese comportado como cualquier otro miembro. Pero no en aquel caso. ¿Cómo iba a comportarse como si nada? Realmente estaba hundida con la nueva situación y tenía que fingir cada día de su vida que apoyaba un régimen al cual repudiaba. Día a día tenía que tratar como amigos a personas que posiblemente hubiesen acabado con muchos de los suyos durante la batalla. Día a día tenía que fingir estar siguiendo la pista a muchos de sus amigos e intentado al mismo tiempo que los nuevos Aurores no diesen con el verdadero paradero de estas personas. ¿Cómo iba a estar de humor con una situación así? El resto lo tenía más fácil. Tan sólo tenían que esconderse, por muy duro que fuese aquello. No tenían que enfrentarse a la realidad y encima fingir ser alguien que no era.

- No pienso cruzar palabra con esa zorra, no te ofendas, Albus. – Dijo la chica sin mostrar ni la más mínima compasión por alguien que había sido su amiga. – Después de todo lo que ha hecho nos hemos limitado a borrarle los recuerdos y dejar que tenga su vida feliz mientras nosotros estamos escondidos como ratas. ¿Así es como tratamos en la Orden del Fénix a los traidores? Porque creo que es un mal ejemplo de cómo debemos actuar ante estos casos. Traicionarnos tiene un precio muy barato. – Stella había traicionado tanto a la Orden como a la confianza que tenían como amigas, por lo que aquello era algo más que una traición a la Orden. Era una traición a su confianza personal.
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