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Valarr Knutsen el Dom Dic 03, 2017 7:38 pm

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21 de Septiembre de 2016

"Al fin ha llegado tu momento, hijo. Estoy convencido de que te iría mejor con un bate en manos, pero en la familia Knutsen también hay hueco para un buscador. Tu propio bisabuelo lo era...

Y sí, ya sé que la Nimbus 2001 es tu escoba favorita del catálogo, pero para capturar la snitch vas a necesitar más velocidad. ¡No puedo permitir que mi hijo se quede a la estela de los demás buscadores de Hogwarts!

Espero que este regalo te ayude a hacerte un hueco entre los mejores jugadores de esta temporada. Es la escoba más rápida que puede utilizar un menor de edad, por lo que confío que puedas sacarle todo el partido posible.

No estés nervioso el día de tu debut. La atrapes o no, seguro que lo haces bien.

Tu madre y yo estamos orgullosos de ti.

Asgeir Knutsen."

Visenya, su lechuza de plumaje completamente níveo le hizo llegar dicha nota durate el segundo o tercer día de clase en el castillo, acompañada de un paquete desastrosamente embalado que poco dejaba a la imaginación. El noruego recompensó a su mascota con unos cuantos gusanos vivos que había guardado en una pequeña caja en su última visita al lago. Sin duda se los había ganado... ¿Que otro animal sería capaz de cargar con una saeta de fuego desde Noruega hasta allí? Estaba seguro que un cuervo no.

Había releído aquella nota varias veces durante sus horas de insomnio en el dormitorio de los chicos de Slytherin. Se le hacía un tanto irónico leer dichas palabras de afecto por parte de su padre, más sí era cierto que en lo referente al Quidditch, Asgeir Knutsen había sido un perfecto mentor para su hijo Valarr, obviando esos años que le había abandonado a su suerte en San Mungo. Pero... ¿Quién recordaba ya esa aciaga época? Muy lejos quedaban ya esos días y desde luego él era quién menos deseaba recordarlos.

Apenas pegó ojo durante la noche previa a la mañana del domingo. No era que estuviese nervioso, en absoluto lo estaba. Si algo en especial le caracterizaba era su capacidad de mantenerse impasivo ante una infinidad de situaciones. Pero sí que estaba preocupado. Llevaba desde cuarto en el equipo, sentado en el banquillo a la sombra de alguien presumiblemente mejor que él. Y a partir de ese día tomaría el relevo de la laureada Lluna, tal vez la mejor buscadora que había tenido la casa de Salazar Slytherin en lo que llevaban de siglo, con la presión añadida de portar el apellido de un jugador internacional de quidditch. Por lo menos no eres golpeador, no podrán compararte con él..., pensó, entre tantas otras cosas que cruzaron su inquieta mente durante aquella larga noche. No le importaba tanto lo que la mayoría de espectadores pudiesen pensar de él y su rendimiento, pero sí se autoexigía y se presionaba a sí mismo tal vez incluso por encima de sus posibilidades.

Con visibles ojeras y el rostro tanto o más pálido que de lo que era habitual, se presentó en los vestuarios del equipo ataviado con la característica indumentaria esmeralda. A su espalda, en letras plateadas, se podía distinguir su apellido acompañado del número 13. La suerte no existía a su juicio, mucho menos las supersticiones. Un cuento de muggles, había pensado durante toda su vida.

Unas palmadas en el costado lograron hacerle despertar de algún modo del letargo de concentración en el que llevaba sumido desde que atravesase la entrada a la carpa de los vestuarios. Se sobresaltó, como era habitual cuando alguien le tocaba, ajeno a su fobia al contacto físico.

- Pareces un puto fantasma, Knutsen. - le espetó un chico de cabello azabache y sonrisa burlona, que mientras apoyaba su bate de golpeador en el hombro. ¿Argus Flitzger... Arcadius Flitch..? No recordaba su nombre. - Más vale que no pongas esa cara cuando se te acerquen las bludgers.

- ¿Se supone que ese es tu trabajo, no? Que no tenga que preocuparme por ellas... - respondió él, apartando la mirada en el preciso instante en el que el capitán parecía dispuesto a tomar la palabra.

- Exacto. De hecho, tengo el ojo echado a la buscadora de Hufflepuff. Primero derribaré a esa rubia de la escoba y luego iré a visitarla a la enfermería... Ya sabes... - dijo en un susurro, riendo por lo bajo. Valarr levantó una ceja, confuso. No tenía la menor idea de qué había querido decir con aquello.

- ¡ATENCIÓN TODOS! - llamó su atención uno de los cazadores y capitán del equipo. - Como bien sabéis, mi nombre es Alec Knox y este año seré vuestro capitán. Veo muchas caras nuevas este año... Venimos de ganar la copa de quidditch el curso anterior, por lo que no podíamos tener el listón más alto este año. Ya no contamos con grandes jugadoras como podían ser Circe o Lluna, pero por ello nos toca demostrar que nuestro equipo va más allá de una buena racha o una buena promoción. Somos Slytherin, y vamos a salir ahí fuera en cada partido a aplastar a quién se nos ponga por delante.- se le había hinchado un tanto la vena del cuello, de tanto énfasis que ponía a sus palabras. - Me importa una mierda que el partido de hoy sea calificado de amistoso... ¡No somos amigos de esos putos tejones! En el pasado intentaron disputarnos esa primera plaza... ¡RECORDADLES CUAL ES SU LUGAR!

Valarr se ajustó sus mitones y se colocó los anteojos antes de montarse en su nueva Saeta de fuego, siendo el último de los jugadores en salir de su equipo. Dio una fuerte patada en el suelo, antes de elevarse como una centella por el campo de quidditch  del colegio. Reparó de reojo en las gradas, comprobando como tan sólo una tímida canitidad de alumnos había acudido a ver el encuentro amstoso. Mejor, pensó, antes de que el capitán pasase volando a su lado.

- Mantente con los ojos abiertos, Knutsen. Su buscadora no se quedará perdiendo el tiempo mirando a la nada. - le abroncó, sin siquiera haber empezado el partido.

El noruego asintió, encogiéndose un tanto de hombros, apenas unos segundos antes de que el árbitro soltase las bludgers y la snitch, lanzase la quaffle al vuelo y el comentarista anunciase a todo pulmón por megafonía...

- ¡COMIENZA EL PARTIDO! La primera posesión es para Hufflepuff...


PNJ'S:

Argus Flitzergew, Slytherin de séptimo, golpeador.
Alec Knox, Slytherin de séptimo, cazador y capitán del equipo.
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Valarr Knutsen
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Valarr KnutsenInactivo

Danielle J. Maxwell el Jue Dic 07, 2017 1:46 am

Daniege, no puego jugag hoy. Mígame, si pagece que gos mocos me van a convegtig en uno de los suyos y llevagme a su mundo —me dijo Ronald mientras un moco le caía por la nariz. Era nuestro buscador suplente y, como hoy nos enfrentábamos a un partido que era amistoso y no contaba para puntos de liga, le había propuesto la opción de que jugase él como titular y así se iba habituando a la presión de los partidos para cuando yo me encontrase indispuesta y/o me graduara y tuviese que hacerse con el puesto de buscador. Él estaba super emocionado por poder jugar, pero al parecer la gripe había decidido por él, le había dado una patada en el culo y mírale, sin apenas poder moverse.

Después de todo, parecía que me iba a tocar jugar a mí otra vez. Que ojo, yo no me quejaba, si es que me encantaba. Pero como capitana me gustaba darle las mismas oportunidades a todos los jugadores y me hubiera gustado que jugasen todos aquellos que, por habitual, no lo hacían.

Es por eso que la gran mayoría de la plantilla de este partido eran todos suplentes. Los únicos titulares eran uno de los cazadores y yo, ya que los dos cazadores restantes, los dos golpeadores y el guardián, todos eran suplentes. Y claro, eso se notaba, sobre todo por los emocionados que se encontraban en el vestuario, ataviándose con sus uniformes oficiales de color amarillo y negro y quedándose alucinados por lo bonito que se veían sus nombres en sus espaldas. Y no les iba a decir nada porque la primera vez que yo jugué un partido oficial... madre mía, estaba más emocionada por tener un 'Maxwell' en mi espalda que por tener que coger la Snitch para mi equipo. Era como el primer paso hacia la gloria, ¿sabes? Una vez ves tu nombre ahí es en plan: "OH DIOS, DE AQUÍ A LOS MURCIÉLAGOS DE BALLYSCASTLE" Y de ahí mi motivación diaria de querer convertirme en jugadora profesional.

Danny, ¿nos dividimos en dos verdad? Él que se encargue de proteger a todos y yo me encargo de protegerte solo a ti —me preguntó uno de los golpeadores, de nombre Tim. Y sí, ese nombre venía a juego con su complexión delgada y debilucha. De verdad que no entendía como este señor tenía como ambición en su vida ser un golpeador profesional y no un spaguetti. Tenía más futuro como spaguetti humano.

No, no os dividáis que entonces el resto tiene menos protección. Todos somos igual de importantes en el equipo, aunque evidentemente tened en cuenta que seguramente los golpeadores enemigos vengan a por mí —le respondí, pues yo creo que uno de los requisitos para entrar en el equipo de quidditch de Slytherin es aprenderse el 'código de conducta en campo de batalla' en donde se explica claramente que de ser golpeador, tu única tarea en el partido es joderle la vida a la buscadora de Hufflepuff. Porque madre mía.

Vaya... ¡pero vale, estaremos atento! Confía en nosotros —dijo emocionado.

Fue fácil motivarlos con un discurso inspirador basado en la diversión y fue todavía más divertido salir al exterior sin ningún tipo de formación hecha, lo cual hizo que cada uno fuese a su bola y pareciésemos amebas retrasadas. Pero no importa, porque en el fondo lo éramos y lo peor es que nos enorgullecíamos de ello. Así somos los Hufflepuff, señores.

El partido comenzó conmigo frente al buscador de Slytherin, Valarr Knutsen. Era el sustituto de Lluna y si bien Lluna no era muy buena, sino una chica cargada de potras en esta vida del señor, no iba a ser la típica subnormal que subestima a su contrincante. Y menos a un Slytherin. Y sí, por si no había quedado claro, no es que me hubiese quedado con muy buen sabor de boca sabiendo que una chica que solo me ha ganado una vez ha conseguido entrar en un equipo profesional. Pero bueno, como buena Hufflepuff iba a tener que aprender a canalizar mi rabia hacia una piedra o algo y no odiar por nada a las personas.

Me concentré en el partido, que si bien era un amistoso, yo me lo iba a tomar igual de en serio, ya que además de ser una practica excelente, yo el Quidditch siempre me lo tomaba todo lo competitivo que se podía tomar.

Como de costumbre, nada más soltarse la snitch y sacar la quaffle, subí en altura lo suficiente para no ser un estorbo para los cazadores, ya que más de una vez había sido partícipe de los pedazos de placajes que se daban si te colocabas en medio de sus frenéticos movimientos. Yo, por mi parte, me quedaba en una distancia en donde pudiera tener en mi visión todo lo necesario: acercamiento de bludgers, al otro buscador y, como no, a la snitch. Aunque claro, teníamos que admitirlo: el juego de un buscador es una puta mierda, en realidad. ¿Qué haces? ¿Pasarte todo el puto partido mirando a ver si una pelota de mierda decide posicionarse en tu rango de visión? Pues vaya, oye. Pero es lo que haces: esperar. Seguir esperando. Continuar esperando. Vaya, una bludger. Luego sigues esperando. Y así hasta que la pequeña pelota dorada dice: "bueno, voy a trollear un poco". Y es que es así. Lo único que hacía que ser buscador fuese menos triste es la ovación final cuando atrapas entre tus dedos aquella pelota; ese sentimiento de sentirte plena, de ser útil, de haber conseguido la victoria para tu equipo. Aunque a decir verdad, yo creo que muchos buscadores cuando cogen la snitch lo que sienten es un alivio por no tener que seguir aburriéndose mientras esperan. Que no sé si lo has pensado, ¿pero has pensado en lo incómodo que tiene que ser pegarte una hora sentado sobre UN PALO DE MADERA? No entiendo qué clase de subnormales están por ahí inventándose cosas, ¿pero nadie ha pensado en un sillín para la escoba? No sé, a mí me parece un invento revolucionario. ¿O la cura a la miopía? Otro invento revolucionario. Que tenemos cura para la Viruela de Dragón y no tenemos cura para la miopía. O sea, podemos matar a una persona con una maldición, podemos modificar los recuerdos, podemos teletransportarnos en el espacio... ¿Y no podemos inventar una cura contra la miopía o ponerle un sillín a nuestras escobas? En serio. Algo estamos haciendo mal.

Y sí, en estas cosas me ponía a pensar yo cuando estoy ahí encima, quieta, haciendo como que busco la snitch. Lo admito, ¿vale? ¡Lo admito! ¡Ser buscadora no es tan emocionante como parece! Pero no pasa nada, porque para eso están los golpeadores enemigos, para hacerte la vida más emocionante.

No tardó en aparecerme la primera bludger, golpeada por Argus, un tipo que, sinceramente, me daba repelús. Su cara era muy extraña y... ¿esos dientes? Nunca había hablado con él, pero me daba la sensación de que escupía cada vez que decía una sílaba fuerte. Por suerte fui capaz de zafarme de ese golpe con relativa facilidad. ¿Después? Después todo fue un partido bastante tranquilo. En cierta ocasión apareció la snitch en escena, pero fue un visto y no visto en plan: "Ay, sí, casi pero no." Y fue gracioso, porque luego de eso mi mirada se encontró con la de Valarr en plan: "Vale, él es tan inútil como yo y tampoco sabe a dónde ha ido". Y seguro que por su mente pasó lo mismo.

No fue hasta media hora después de partido en donde los cazadores de Slytherin habían sobresalido, puesto que íbamos sesenta a treinta, hasta que pude ver con claridad la snitch. Fue Valarr el primero en aproximarse a ella, aunque no tardé en cortar la ventaja que me había sacado y acercarme a él. ¿Me había mirado mal? Ambos nos disputamos, al mínimo error, ver quién optimizaba aquel vuelo para sacar ventaja contra la snitch, la cual estaba a dos metros de nosotros.

En una de las curvas fui yo quién optimizó ese momento, cogiéndola de cierta manera que el viento fuese mi aliado y me impulsase, ganando unos centímetros frente al rubio. Estiré la mano para ver si llegaba a aferrar la snitch y, de hecho, apenas estaba a unos centímetros cuando...

¡Valarr, cuidado! —gritó Argus.

La bludger que recién ese mismo Slytherin había lanzado cortó el aire hasta llegar a nuestra posición, pasando justo por delante de la cabeza del Slytherin y chocando contra mi brazo que prácticamente rozaba la snitch. Me dio tremendo golpe que, debido a la velocidad a la que iba, me desestabilizó por completo, haciéndome girar sin poder controlar la escoba y chocando contra una de las paredes del campo. Comencé a caer pegada a la pared, pero la escoba se estabilizó y, por suerte, no terminé cayéndome por allí en caída libre.

Solté aire al ver como me había conseguido parar, mirándome el brazo y sintiendo una palpitación desagradable en su interior. No podía ni moverla. Sopesé la idea de volver al partido y coger la snitch con la izquierda, pero fue imposible, ya que el árbitro había pitado el final del partido, dándole la victoria a Slytherin.

***

Pese a todo, mi equipo estaba más feliz que una perdiz. Éramos Hufflepuff, después de todo. Todos se preocuparon por mí, pero yo le quité importancia, ya que el enfermero ya estaba arreglándome el hueso que se me había roto en el antebrazo y me había puesto una férula. Fue el penúltimo en irse del vestuario de Hufflepuff, ya que yo todavía me encontraba allí dentro con prácticamente todo puesto todavía. Ni tiempo había tenido de quitarme las protecciones.

Cuando me quedé sola, con mi mano izquierda me quité el casco, liberando así el pelo suelto y despeinado, así como bajarme mis anteojos hasta que cayeron como si fuese un collar alrededor de mi cuello.

No estaba muy animada. Desde el año pasado que llevaba una desmotivación abismal con el quidditch y la verdad es que no estaba mejorando para nada mi percepción. Y dirán: "Qué débil eres, que te derrotan y ya sientes que no sirves para ello", pero la verdad es que tener la sensación de no servir para algo era posiblemente lo más terrible que podría pasarte, sobre todo cuando ese 'algo' era tan apasionante para ti. ¿Pero qué le iba a hacer yo? Y encima para colmo ahora iba a tener que tener esa maldita férula durante una semana por culpa del  imbécil de Argus.

Me levanté con toda la calma del universo de aquel banco, agarrando mis cosas con el antebrazo del brazo bueno, para luego finalmente coger la escoba con la mano buena. Caminé hasta la puerta del vestuario para salir, la cual daba justo frente al vestuario de Slytherin, por donde vi salir a Knutsen, el nuevo buscador de Slytherin. Esbocé una sonrisa profesional.

Felicidades —le dije, para entonces mirar mis manos. —Te daría la mano, pero tu amigo me ha dejado sin una. —Sonreí, encogiéndome de hombros. ¿Qué menos que al menos tomárselo con humor? Después de todo ya tengo bien claro que criticar a un Slytherin frente a otro es una absoluta pérdida de tiempo. Espera, ahora que caía, este tipo era Knutsen. ¡Era Knutsen! ¿Sería familiar del golpeador del equipo nórdico?
Danielle J. Maxwell
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Valarr Knutsen el Lun Dic 11, 2017 12:38 am

Aún con la reprimenda que le había dado su capitán, Valarr se quedó embobado mientras los cazadores de Hufflepuff se pasaban la quaffle entre sí, en búsqueda de los primeros puntos para su equipo. Shane Ball, guardián de su equipo y también debutante en dicho encuetnro, interceptó el lanzamiento sin aparentes dificultades. Dirigió la pelota entonces a su capitán, que pasó como una centella por su lado.

- ¡APARTATE KNUTSEN! - escuchó el noruego de pasada, como si le hubiesen gritado a lo lejos. De hecho, Slytherin anotó antes sus diez primeros puntos en el partido antes de que el rubio se diese cuenta de que acabaría siendo derribado de su escoba si seguía a aquella altura, sin necesidad de ser golpeado por una bludger.

Se elevó unos diez metros más, reparando por primera vez en la buscadora de Hufflepuff. En casi ninguna ocasión conocía el nombre de la vasta e inmensa mayoría de alumnos del colegio. Seguía contando con los dedos de una mano los nombres de sus compañeros de equipo que recordaba, y le sobraban dos dedos. No obstante, aquella rubia que oteaba el campo de quidditch igual de distraída que él en busca de la pequeña pelotita dorada era una excepción. La había visto levantando la copa de quidditch dos años atrás tras batir en un final apoteósico al buscador de Ravenclaw... Y perder ante Lluna el año anterior, siendo blanco de mofas por parte de todo el equipo de la casa que representaba la serpiente plateada tras quedarse a escasos centímetros de alcanzar la gloria con la que todo alumno sueña atrapando la snitch en las finales. No es que empatizase demasiado con ninguna de las partes en aquella situación, pero sí había sacado una clara conclusión de esos años que había pasado como espectador desde el banquillo: Danielle era probablemente la buscadora más talentosa que quedaba en el colegio. Y si tenía ganas de vencer a alguien, estaba convencido de que sería a Slytherin.

Y si sigues pensando así ocuparás tú el puesto de buscador más mediocre de la pretemporada. Le increpó una voz, interrumpiendo sus pensamientos. Y razón no le faltaba, no había tenido indicio alguno de la snitch desde que diese comienzo el partido. Intercambió una mirada con su némesis en el campo, pendiente de si esta había hallado indicio alguno de la snitch dorada. Sin embargo, la rubia, que le devolvió la mirada, parecía tanto o más en trance que él hacía apenas unos instantes.

De las que sí tuvo noticias fue de las bludgers: Una pasó silbando muy cerca de su cabeza, tanto que estuvo a nada de no poder evitar el trise desenlace del que habría sido el debut más ínfimo de la historia de Hogwarts. Buscó con la mirada a Argus, maldiciéndole con el puño mientras este se partía de risa de esa forma tan peculiarmente grotesca desde la otra punta del campo.

Y entonces, la vio. Allí, revoloteando en torno a las carcajadas del golpeador de Slytherin. ¿La habría atraído aquél abominable sonido? No tuvo ni un segundo para seguir cuestionándoselo. Raudo como nunca antes había montado en escoba - el cambio entre la Nimbus 2001 y la Saeta era bestial, dificultándole incluso el manejo por falta de costumbre al propulsarse a tanta velocidad - se lanzó hasta allá donde había aparecido la pelotita alada. Apunto estuvo de chocar con Argus en el trayecto, y cuando quiso darse cuenta, Danielle ya pegada a él, dispuesta a arrebatarle su primer día de gloria como jugador. De hecho, estaba tan pegada a él que ambos chocaron codo con codo, provocando que Valarr se apartase al acto dibujando una desagradable mueca en su rostro y cediendo medio metro de ventaja que a la postre podría resultar vital. Apretó los dientes, tratando de recortar la distancia a rebufo de la Hufflepuff.

Lo que pasaría a continuación se desarrolló a tal velocidad que le fue complicado incluso asimilar. Ni siquiera había llegado a escuchar el aviso de Argus antes de que la bludger pasase silbando a su lado, impactando de lleno en el brazo de su competidora y eliminándola de un plumazo de la carrera por la snitch. Valarr observó de reojo como se desestabilizaba, apenas unos instantes antes de que él estirase el brazo para atrapar entre sus dedos su primera snitch.

- ¡VALARR KNUTSEN HA CAPTURADO LA SNITCH! ¡SLYTHERIN SE IMPONE 210 A 30! - anunció el comentarista por megafonía.

Descendió con calma hasta el terreno de juego entre los gritos de júbilo de sus compañeros de equipo. Otros, se burlaban entre dientes de los derrotados tejones. Él, en contraste, no sentía júbilo, ni euforia. Simplemente se quedó contemplando con cierta fascinación la diminuta pelota dorada en la palma de su mano. - ¿Me la puedo quedar? - preguntó, sin dirigir su cuestión a nadie. Por un momento hasta pareció que se lo estaba preguntando a sí mismo.


* * *


En los vestuarios prosiguien las celebraciones y las injurias contra Hufflepuff hasta que el capitán tomó la palabra, recordándoles que aquel encuentro no era más que pretemporada y bajando a la mayoría de la nube. Mayoría entre la que no se encontraba él, pues no había dicho ni mu, completamente abstraído del resto del equipo mientras se deshacía de las protecciones con las que había disputado el encuentro.

No se sentía victorioso. No había sentido adrenalina al capturar su primera snitch, ni emoción al saber que gracias a él habían ganado el partido. Tal vez porque sabía que, en el fondo, no había sido así.

Salió de los vestuarios antes que el resto, que seguía comentando las anécdotas más relevantes del encuentro - haciendo especial hincapié todos ellos en la bludger que había impactado en el brazo de Danielle - y como el noruego había dado el primer golpe moral sobre la mesa a la temporada de Quidditch. Todavía tenía la snitch guardada en su puño cerrado. Y a la salida de estos, se topó con la capitana de los tejones que portaba el brazo en cabestrillo.

Ciertamente, no supo que decir ante su felicitación. Gracias era una palabra totalmente desconocida en el vocabulario de Valarr Knutsen. - No creo que merezca tus felicitaciones... En circunstancias normales, habrías ganado. - puntualizó con absoluta sinceridad, alternando la mirada entre sus ojos verdes y su maltrecho brazo. Fue entonces cuando recordó las palabras de Argus justo antes de comenzar el partido. - Él... Dijo que te derribaría de la escoba antes de empezar el partido. Y que luego te visitaría a la enfermería. También dijo que ya sabía algo, pero sigo sin saber qué es. - añadió aquello último en un tono claramente confuso, antes de verse interrumpido el resto del equipo también abandonaba los vestuarios. Entre ellos, el debutante guardián y el golpeador de séptimo del que había estado a punto de hablar.

- ¡Ganadores y vencidos! Que bonita estampa... - empezó a decir Shane Ball, riendo entre dientes. - ¿Acostumbrada a morder el polvo, Maxwell? Más vale que sea así, dentro de unos años será él y no tú el que ocupe el puesto de buscador en el equipo nacional nórdico... Lo lleva en la sangre...

Valarr le fulminó con la mirada. Si algo odiaba respecto al quidditch, eran las comparaciones con su padre.

-  Vaya, Valarr... ¿Presentanos a tu amiga, no? - se aventuró a decir Argus, sonriendo de forma encantadora (con esos piños, nótese la ironía) a Danielle. -  Siento lo de tu brazo, rubia. Pensaba llevarte tulipanes a la enfermería, pero veo que ya no pasarás por ella... - el chico de pelo grasiento se acercó a la rubia mucho más de lo que Valarr consideraba recomendablemente posible, ¿Oliendo... su pelo?

Puso los ojos en blanco, como asimilando que tendría que soportar toda una larga temporada al lado de semejantes especímenes, cerrando el puño con fuerza en la mano que portaba la snitch.


Última edición por Valarr Knutsen el Miér Dic 13, 2017 4:44 pm, editado 1 vez
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Danielle J. Maxwell el Miér Dic 13, 2017 3:13 am

¿Porque soy más rápida o conseguí tres centímetros de ventaja con respecto a ti? —pregunté, con una ceja alzada. Era de agradecer que un oponente no se riese en tu cara al ganar y que te diese créditos por lo que has hecho, pero el quidditch es un juego de equipo y nadie puede hacer nada solo. Eso sí, me sorprendió que un Slytherin me dijese eso, a fin de cuentas creía que era parte de su día a día eso hacerle bullying y molestar a Danny Maxwell. —Este juego es de equipo y estábamos en una situación normal. Habéis ganado porque vuestro equipo es más agresivo y supieron aprovechar el momento. Además, la snitch no se deja coger por cualquiera.

¿Coger la snitch era cuestión de suerte? Para nada. Llevaba ya mucho tiempo siendo buscadora como para tener claro que no, que era una cuestión de habilidad y de equipo. ¿Acaso creéis que un buscador puede concentrarse en encontrar la snitch si está todo el día siendo avasallado por las bludger? No. Necesita protección de su equipo. Mucha gente tenía en mente que el buscador era un mundo aparte, que puede ganar el partido él solo si es lo suficientemente bueno, pero no. Ni en broma eso era una opción plausible. Después de las derrotas que me estoy llevando, una tras otra, me está quedando bien claro que no es solo culpa mía, pese a que la gran mayoría de la culpa si recaiga sobre mí, al fin y al cabo.

Obviamente no relacioné lo que me dijo de Argus con ningún tipo de intención 'romántica' o de ligoteo, sino más bien altanera y propia de un Slytherin que necesita su ración diaria de sentirse superior con el mundo para poder dormir en paz. El Señor de los Piños era un Slytherin que llevaba molestándome bastante tiempo. Si iba a visitarme a la enfermería después de derribarme sería para reírse en mi cara de lo inútil que puede llegar a ser un tejón.

No me sorprendería, tiene una imperiosa necesidad de recalcarme siempre lo bueno que es él y lo inútil que soy yo, ya no recuerdo ni cuánto tiempo lleva así —respondí, con intención de seguir mi camino e irme.

No obstante, antes de poder irme a ningún lado, aparecieron el resto del equipo de Slytherin. Mi cara de desagrado habló por sí sola, puesto que no me apetecía lo más mínimo enfrentarme a la altanería de Shane y a la soberbia de Argus. Iba a ignorarles, pero el primero quiso alardear de nuevo buscador, relacionándolo —confirmando mis sospechas— de que efectivamente era familiar de Knutsen, el jugador nórdico. Obviamente no pensaba que fuese especialmente bueno, para nada, pero con tal de quitarle importancia al resto de personas, valía la pena apostar por él, aunque no fuese realmente cierto.

Es lo único de vuestro equipo que vale la pena —respondí con tranquilidad, quitándole méritos al resto. Le hice una gran cobra a Argus cuando intentó olerme de esa manera tan creepy el pelo, dando un paso para alejarme de él y mirándole con cara de '¿qué haces, tío?' ¿Tulipanes? ¿En serio? ¿A este señor qué retraso le había entrado? ¿Le entró aire frío por la nariz y le congeló las pocas neuronas funcionales que le quedaban, o qué?

Le gusta desacreditarnos para sentirse menos mal por haber perdido, ¿no, Maxwell?

No nos vengas con esas, tejoncita. Si no llega a ser por nuestro golpeador... —Pasó una mano alrededor del hombro de Argus. —No te hubiera quitado de en medio para darle vía libre a Valarr. Aquí todos valemos la pena.

Déjame discrepar. Un golpeador que pone en peligro a su propio buscador no es un buen golpeador. La bludger que me lanzó y me golpeó pasó a escasos centímetros de Valarr. Y si no lo tumbó a él primero fue porque tiene una potra abismal —respondí tajante. Valarr y yo estábamos bien pegados cuando aquella bludger llegó a nosotros, una mínima diferencia y podría haber sido él quién se llevase ese golpe. Y estaba
segura de que la profesora de vuelo, así como la mitad de los espectadores y el propio árbitro, pensarían como yo.—Podéis decir lo que queráis, pero la suerte no hace al jugador. Y tú, Argus, hoy has vivido de ella y eso ha eclipsado lo estúpido y poco profesional que eres —añadí finalmente, bastante seria.

No les di tiempo a que dijesen nada, sino que simplemente miré a los tres, dejando a Valarr para el final por ser el menos imbécil de todos —pues para mí todos los Slytherin son imbéciles, sorry— y me giré para irme de allí, caminando con todo lo que tenía entre las manos como bien podía, pues sentía que se me iba a caer de un momento a otro.

¡Maxwell, la próxima vez te mandaré a la enfermería y te demostraré lo buen golpeador que soy! —¿Eso era una amenaza? Sonaba a amenaza, sobre todo por el tono agresivo que utilizó. Probablemente le herí su mimado orgullo de niño inútil que se cree útil.

Argus y Shane murmuraron algo entre ellos y no tardaron en subirse a la escoba y volar para llegar antes al castillo. Sin embargo, por el camino ambos pasaron pegados a mí para golpear las cosas que llevaba sujetadas en mi mano buena y hacer que todas cayesen al suelo. Las protecciones, el casco... Puse los ojos en blanco, viendo como se iban volando mientras se reían por esa super gamberrada de niño de tres años. Solté aire lentamente, cansada de tanto niñato y me agaché, comenzando a recoger mis cosas.

Y luego me decían que por qué le había cogido manía a la casa Slytherin y, en general, a cada uno de los integrantes de ella. ¿Os habéis dado cuenta de los imbéciles que son? Cada uno a su manera, claro está. Si todos fueran iguales sería demasiado obvio. Así al menos los menos imbéciles pueden decir que son más listos que el resto, cuando en realidad son todos igual de idiotas.

Con el cabestrillo de mi mano derecha en alto, fui colocando con mi mano buena todas las protecciones —de las piernas, brazos y manos— sobre ella para crear una pila consistente y que no se me volviese a caer. Sin embargo, se me resbalaban y se me caían de nuevo.

¡Arrrggg! —murmuré por lo bajo.

Volví a repetir el proceso, esta vez de manera más efectiva. Ahora mismo sólo quería coger un bate de golpeador y estampárselo en la cabeza a Argus como si fuese una bludger. ¿Veis? ¡Son ellos lo que sacan lo peor de mí y me hacen tener pensamientos homicidas!
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Valarr Knutsen el Miér Dic 27, 2017 12:37 am

Alzó una ceja en cuanto escuchó las respuestas de la rubia después de que él restase mérito a su victoria. ¿El Quidditch, un deporte de equipo? Podía estar en lo cierto, más él no lo enfocaba en absoluto así. Si había escogido ocupar la posición de buscador en vez de seguir los pasos de su progenitor empuñando el bate era básicamente porque no concebía el deporte como un juego en equipo, si no más bien como una competición por comprobar quién era el más veloz entre ambos buscadores. Obviamente, después de las palabras de Danielle no expresó sus teorías en voz alta, pero si torció la mueca que copaba su rostro en una sonrisa tras oír aquello de que la snitch no se dejaba coger por cualquiera.

La grotesca escena que presenciaría a continuación... Seguía planteándole preguntas de tal índole como cual sería la forma en la que aquellos babeantes y bobos babuínos habían llegado hasta hacerse un hueco en el equipo de Quidditch o por qué el sombrero seleccionador había considerado adecuado que compartiese la casa del grandioso Salazar Slytherin con semejanes zopencos. Le sorprendía muchísimo que la Hufflepuff no perdiese los papeles frente a una situación así, y por momentos incluso deseó que le rompiese la nariz a Argus de un puñetazo. O a Shane. O a ambos, en un combo. Desde luego habría sido una escena divertida...

Que para su decepción, no contemplaría. La discusión entre Slytherins y la capitana de Hufflepuff se saldó con un cruce de palabras antes de que la rubia decidiese dejar de prestarles atención, dejándoles atrás saliendo de los vestuarios con todos sus trastos. Aquellos dos no tardaron en hacer lo propio, tramando algo entre ellos. Mientras tanto, el joven noruego se quedó allí durante unos minutos, pasmado, observando de nuevo la pelotita dorada que tenía entre sus dedos, antes de guardarla en el bolsillo de su uniforme y montar en su saeta rumbo al castillo, sin pensar demasiado en todo lo que había pasado durante la mañana.

Iba tan distraído sobrevolando los terrenos prácticamente a ras de suelo que a punto estuvo de chocar con lo que le pareció una mancha amarilla en medio de su campo de visión. Aquella escoba alcanzaba una velocidad endiablada como para no prestar atención de por donde volaba uno. Tuvo que frenar en el último instante, perdiendo el equilibrio y cayendo de espaldas hacia delante sobre la húmeda hierba de los terrenos de Hogwarts. Se quedó durante unos segundos, contemplando el cielo, antes de medio incorporarse para comprobar contra qué demonios había estado a punto de chocar.

Y en efecto, se trataba de nuevo de su rival en el partido, Danielle Maxwell. Valarr cerró los ojos, antes de volverse a tumbar riendo de forma un tanto enfermiza. Cualquier otro Slytherin no habría evitado en absoluto el impacto si con ello tenía la posibilidad de lesionar a la jugadora estrella de otro equipo. Pero claro, él no era un Slytherin cualquiera. Palpó entre sus bolsillos, sin encontrar la snitch que con más o menos fortuna había logrado capturar durante el partido. Había quedado allí, con las alas plegadas, a su lado.

Una vez más, la volvió a tomar entre sus dedos, levantando el brazo, todavía desde el suelo. No sabía si la chica le estaría mirando, si se estaría riendo de él o si siquiera seguiría allí después de su tonta caída por evitar el choque.

- Da igual lo que digan esos inútiles. Esto te pertenece. Tómala. - dijo, con voz pausada, ofreciéndole sin mayor reparo su primera snitch. La próxima vez que se enfrentasen, ya durante la temporada regular, deseaba poder ganarla sin la necesidad de verla lisiada al final del encuentro.
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Danielle J. Maxwell el Mar Ene 02, 2018 9:14 pm

Había conseguido hacer equilibrio supremo en mi vida, de tal manera que todas mis protecciones y extras que tenía que llevar en la mano, ahora mismo estaban perfectamente colocadas sobre mi brazo con el cabestrillo. Que oye, al menos el cabestrillo me hacía tener el brazo siempre de la misma manera y era como un apoyo fiel en donde todo se mantuviese en equilibro. Porque está claro que entre el viento, mi maña de mierda y los Slytherin tocapelotas, si no es por un ente divino, está claro que hoy no llego al castillo caminando. Como a esa hora ya no debía de quedar nadie por la zona y yo, como de costumbre, me sentía ofendida no solo por perder, sino por las burlas posteriores, decidí descargarme de la mejor manera que tenía.

Hablando sola con la vida.

Pensaba llevarte tulipanes... —dije con voz de retrasada mental, imitando al estúpido.
Aquí todos valemos la pena... —puse ahora otra voz de imbécil.
Pues los Hufflepuff son idiotas. —Ahora puse de persona purista con más clase que inteligencia.
Los Slytherin somos personas super importantes, épicas y capaces de hacer todo con nuestra vida. —Y ahora voz de chulo.
Después del repaso que te dio Forman el año pasado, los únicos que te llamarán para pertenecer a un equipo profesional de quidditch son los de la limpieza. —Continué imitando voces, o más bien ridiculizándolas.

Y claro, estaba yo ahí tan tranquila auto-insultándome con voz de idiota para hacer que los insultos pareciesen nimios y sin importancia y... claro, de repente siento como una persona sale volando por uno de mis laterales hasta caer de espaldas al suelo.

Lo admito: eso no me lo esperaba. Y mucho menos que fuese un Slytherin, que parece que lo he invocado.

Me giré para mirar qué había pasado y vi como la Saeta de Fuego de Valarr Knutsen se había parado de golpe y caía ahora sobre el húmedo césped, mientras que él había salido volando hacia adelante. Madre mía. Tremendo tortazo se acababa de dar. ¿Lo peor? Que de repente se había puesto a reír él solo. ¿Se habría roto un algo en la cabeza y se rompió?

¿Estás bien? —pregunté desde mi posición, acercándome a él.

Me sorprendió que de repente alzase la mano con la snitch entre su dedos, pues parecía que me iba a restregar que la cogió él y no yo... sin embargo, me equivoqué. Y sus palabras probablemente me impresionaron más. ¿Este señor de dónde había salido? Primero me esquiva, cuando para todos los Slytherin soy normalmente el pilar indispensable de golpes y humillaciones y, ahora, ¿me da la snitch después de decir que todos sus compañeros son inútiles? Eeee... ¿señor Sombrero Seleccionador, qué ha hecho? Se ha equivocado. ¡Aquí hay un ser inteligente! ¡Los seres inteligentes no van a Slytherin!

No quiero la snitch, la has cogido tú. Te pertenece a ti. —Le respondí, con el ceño fruncido.  —No siempre vas a coger la snitch y sentirte orgulloso. Muchas veces la va a coger el otro buscador y tú sabrás que fue injusto para ti. Pero así es la vida y así es el juego. Quizás yo estaba por delante de ti, pero el juego decidió que esa bludger me diese a mí y que tú cogieses la ventaja. —Me encogí de hombros. —No hay más, en realidad. Si no quieres tener algo que crees que no te pertenece, devuélvesela a la profesora de vuelo y ya nos la disputaremos en el próximo amistoso. O quizás no en uno tan amistoso... —dije eso último con una sonrisa, mirándole desde arriba.

En una situación normal me hubiera ofrecido a darle la mano y ayudarle a levantar, pero ahora mismo una mano estaba rota y sujetando todas mis protecciones mientras que la otra sujetaba mi Saeta, así que era algo así como imposible.

¿Te has hecho daño? Te has metido un buen tortazo —dije entonces, notando como una de mis protecciones —más concretamente, una de mis rodilleras—, perdía el equilibrio en mi montaña improvisada y caía, directo hacia la frente de Valarr.
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Valarr Knutsen el Mar Ene 02, 2018 11:46 pm

No fue realmente consciente del daño que se había hecho tras aquel doble tirabuzón en el aire en el que había caído de espaldas hasta pasados unos segundos de su impacto contra la hierba. Podría haberse quejado ostensiblemente, de hecho, el dolor que sentía en todas sus extremidades le invitaba totalmente a hacerlo. Pero en vez de eso, siguió riendo. Rió de la más enfermiza de las formas, mientras Danielle volvía a explicar que él había sido el justo vencedor del encuentro y que le pertenecía la snitch. Una Hufflepuff y un Slytherin teniendo puntos de vista completamente diferentes... Ambos serían raros y peculiares, cada uno a su modo, pero por lo menos en aquello no se diferenciaban tanto de lo común.

Negó con la cabeza en cuanto esta le preguntó si estaba bien, pero sin hacer ademán alguno de dejar salir la más mínima queja de sus labios. Se mordió el labio, contemplándola desde abajo. Se había dado un golpe fuerte en la espalda, también se había jodido los tobillos, pero lo que más le dolía era la cabeza. De hecho, tanto le dolía que de repente empezó a verlo todo turbio. Tan borroso que escuchó aquellas últimas palabras a cámara lenta, mientras perdía poco a poco el conocimiento...

¿Te... has... hecho... daño...? Te... has... meti...do...

Todo se volvió negro a su alrededor. De repente estaba de pie, con el uniforme de quidditch, pero había cambiado de color. El verde esmeralda de Slytherin se había tornado azul, no el azul caracterísitico de los Ravenclaw, si no un tono celeste como el del equipaje de la selección nacional nórdica. Cuando quiso darse cuenta, observó como una snitch revoloteaba a su alrededor. Estiró el brazo para intentar atraparla, pero tras varios intentos, su brazo se astilló tras el impacto de una bludger. Entonces la pequeña pelotita dorada desapareció de su alcance, mientras las palabras que hacía apenas unos instantes le había recitado Danielle resonaron en su cabeza.

"No siempre vas a coger la snitch y sentirte orgulloso. Muchas veces la va a coger el otro buscador y tú sabrás que fue injusto para ti. Pero así es la vida y así es el juego."

De pronto, sintió el impacto de algo con su frente. No solo eso, ya que también notaría como recaía sobre él algo notablemente más pesado (pero liviano, a su vez). No recuperó el conocimiento al instante, por lo que se quedó durante aproximadamente medio minuto bajo el cuerpo de Danielle, que, con el brazo roto y cargada con todo su equipaje de quidditch, era incapaz de incorporarse por sí misma. Su cara, en cuanto abrió los ojos, sería todo un poema. Apunto estuvo de reaccionar instintivamente quitándosela de encima de un empujón, pero sin embargo, rodó por los terrenos como haciendo la croqueta como si estuviese envuelto en llamas, haciéndola rodar por inercia a ella también y retrocediendo por la colina.

En algún momento tuvieron que detenerse al llegar hasta terreno llano. También en algún momento Valarr había aprovechado para depositar la snitch en la túnica de la hufflepuff, en medio de la confusión de la croqueta. Quedaron entonces tirados uno al lado del otro, momento en el que el Knutsen aprovechó para levantarse de un brinco,  todavía con una mueca de incomodidad en la cara. Fue entonces cuando contempló él a la rubia desde arriba durante unos segundos, antes de hacer algo que nunca antes había hecho con nadie: Tenderle la mano.
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Danielle J. Maxwell el Miér Ene 03, 2018 3:29 am

¿Sabéis lo que pasa? Que en realidad me creo heroína, ¿vale? Yo de tanto ver Batman y esas cosas, a veces me creo que tengo reflejo de Catwoman. Y en realidad no los tengo. Mucho menos cuando está claro que ahora mismo estoy tullida y no puedo pretender mover esa mano como si fuese parte normal de mi vida. No. Y también que a veces me pongo nerviosa y hago las cosas un poco en plan subnormal. A mí sólo se me ocurre al ver caer aquella rodillera, intentar cogerla en el aire cuando está claro que mis dos manos están ocupadas. Pues claro. Así pasó.

La rodillera comenzó a caer y yo, en un intento de que no chocase sobre la frente de aquel Slytherin y le quemase una neurona, intenté cogerla con la mano en la que tenía la Saeta, de tal manera que al soltar la Saeta y dar un pasito hacia adelante, trastabillé con el propio palo de mi escoba y... el retraso.

Podría haber evitado la caída y la humillación de caer encima de Valarr, si no hubiese tenido uno de mis brazos totalmente indispuesto. Porque lo admito, si lo llego a tener vendado pero sin tenerlo sujetado, me hubiese dado igual la vida y me hubiera arriesgado a seguir rompiéndome los huesillos con tal de no pasar la vergüenza de caer encima de ese señor.

Pero caí. Y por casi no me muero de vergüenza.

¿Lo peor de todo? Que no tuvo otra idea que EMPEZAR A RODAR. Y claro, aquello estaba en pendiente negativa, así que cuando empezó a rodar, yo empecé a rodar. Y con mi bracito tullido, no es que tuviese yo demasiadas herramientas como para evitar seguir rodando. No fue hasta que paramos gracias a que el terreno nos los facilitó, hasta que no pude dar gracias por la vida. Bueno, vale, no, pero eso había sido muy raro. Él se levantó rápidamente y yo sólo pude sorprenderme porque, después de todo eso, él solo fuese capaz de darme la mano para ayudarme a levantar. ¿Era una broma? ¿Tanta normalidad después de... ESTO?

Esta vez comencé a reírme yo, pese a que me dolía horrores el brazo después de esa caída croquetil en la que seguramente me lo había empeorado. Pero vamos, la risa era inevitable después de esa situación tan surrealista. Después de un rato riéndome, negué con la cabeza y me senté, para aceptar su mano y ponerme en pie de un pequeño salto aprovechándome de su impulso.

Esto ha sido raro —dije entonces, sonriendo divertida. —Creo que no ha sido lo mejor para mi brazo ni... —Miré para atrás, dándome cuenta de cómo mis cosas estaban esparcidas por toda la bajada. —Ni tampoco para mis cosas. —Solté aire y finalmente lo miré, frunciendo el ceño. —Perdón si te escaché antes. Entre mi falta de estabilidad, mi torpeza y que a veces coge las riendas la neurona imbécil, pasa lo que pasa... —Me encogí de hombros, agachándome para coger un guante sin borrar la sonrisa de mi rostro, aguantando la carcajada.
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Valarr Knutsen el Jue Ene 04, 2018 7:59 pm

Parecía hasta cierto punto que Valarr Knutsen le estaba prestando su ayuda a alguien con toda la determinación que nunca antes fuese capaz de reunir. Pero, en vez de eso, mantenía su brazo extendido con la palma de la mano abierta, invitando a Danielle a levantarse, con todas sus dudas, nerviosismo e incluso pánico a que la buscadora de los tejones aferrase su mano para incorporarse tras el revolcón por los terrenos. De hecho, su brazo empezó a temblar de tal manera que lo más probable era que en cualquier momento el noruego retirase la mano dejando caer a la rubia nuevamente de culo. Sin embargo, la risa de su competidora en el campo de quidditch logró hasta cierto punto calmar la tensión que atosigaba a Valarr en aquellos instantes. Apenas sintió un ligero escalofrío cuando esta definitivamente aferró su mano para incorporarse de un pequeño brinco (que, en ningún caso, había estado a la altura de su pirueta para ponerse en pie).

Siguió en silencio mientras esta se disculpaba, cesando de aquel modo su carcajada pero sin disipar su mueca divertida en el rostro. Un momento... ¿Acababa de hacer reír a alguien? Aquella sensación le resultó tan rara como el rodar junto a una hufflepuff por los terrenos de Hogwarts, incluso más que el que hubiese estrechado su mano gracias a su propia voluntad para ponerse en pie. ¡Había tocado su mano! Disimuladamente, este frotó la palma de su mano con la manga de su túnica de quidditch, todo aquello antes de asimilar todo lo que acababa de decir Danielle. Dejó caer el peso de su cuello hacia un lado, observándola con pasmosa curiosidad antes de que la articulación dejase escapar un para nada ligero crujido.

- Puede que a ambos nos viniese bien una visita a la enfermería. - comentó, antes de frotarse la cabeza. Se había dado un buen golpe también, de hecho acababa de perder el conocimieno y... ¿Acaso aquello le importaba? ¡Había logrado darle la mano una chica! ¡La había hecho reír! De pronto, empezó a notarse notablemente nervioso, y por puro instinto, sacó la varita que guardaba en el bolsillo de su túnica. Sí, Valarr era de esos que jugaban al quidditch con la varita en el bolsillo, por si las moscas. Se fijó en su brazo malherido, antes de decidirse a volver a entonar palabra. - Te ayudaré a recoger tus cosas. ¡Accio cachivaches de Danielle! - de pronto, todas las protecciones, gafas, mitones y demás objetos de quidditch de la tejona se dirigieron volando hacia a ellos. Valarr tuvo que hacer un esfuerzo para atraparlas en el aire antes de que impactasen de nuevo en su frente. ¿Por qué todos los objetos de la tejona tenían como diana su frente?

Allí no cesaría la llegada de objetos pertenecientes a la capitana del equipo de Hufflepuff.

- ¡CUIDADO! - llegó a exclamar antes de agacharse reflejos a apenas un instante de que una tabla de madera con ruedas le diese de lleno en la cabeza, y lo mismo pasaría con un peine, un gorrito de invierno o un libro, que si impactó en su pecho. Libro que de hecho cayó al suelo, dejando escapar de su interior unas pocas páginas que él mismo se esforzó por recuperar antes de que volaran lejos de ellos presas del viento. Solo pudo recuperar una hoja, que terminó leyendo por encima por pura inercia.

"Querido diario.
Este colegio es una mierda.
Esa casa de Slytherins es una mierda.
Esa chica rubia que se mete conmigo en todas las clases de pociones es una mierda.
Quiero que se caigan todos de sus escobas y me dejen de una vez en paz. Quiero volver a Finlandia."


Y abajo, aparecía una borrosa fecha alejada ya en el tiempo. No se dio cuenta hasta entonces de que estaba leyendo una de las primeras páginas del diario de Danielle Jaymes Maxwell.

Se sintió culpable, devolviendo la página a su lugar. Clavó la mirada en el suelo, donde reposaban todas las pertenencias que por error había invocado. Pero no tardó en alzar de nuevo la mirada, contemplándola con un gesto ¿que demostraba empatía? - Siento... Siento que te traten así... - recordó entonces el comportamiento de Argus y Shane hacía apenas unos instantes, u otras tantas veces que había presenciado burlas de su equipo siendo la rubia el blanco de estas. ¿De verdad, eso que estaba sintiendo era empatía? Volvió a hacer uso entonces de su varita, apuntando a cada uno de los objetos que habían quedado tirados sobre los terrenos. - Wingardium Leviosa... - conjuró, sin demasiado ánimo en su tono de voz, haciendo levitar todo aquello dispuesto a emprender el camino hacia la enfermería.
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Danielle J. Maxwell el Vie Ene 05, 2018 3:54 am

Definitivamente sí, porque cualquier arreglo que hubiese hecho el enfermero en mi mano destrozada, se me había vuelvo a destrozar indudablemente. Buah, de repente me dolía un montón. Y pese a eso y que mi rostro quería contraerse para intentar soportar el dolor, la risa de la situación pudo con ello y la carcajada fue protagonista principal. Lo cual me venía muy bien, ya que yo el dolor lo soporto fatal.

Yo creo que sí... —le contesté entonces, mirándome el brazo con cierta preocupación. Si ya de por sí un golpe de bludger era doloroso... complementarlo con una caída de croqueta por la ladera de los jardines era fatal. —Espera... ¿cachivaches? —¿Qué narices englobaba la palabra 'cachivaches'?

Podía haberse ahorrado tanta locura con decir 'protecciones de quidditch', pero al contrario de eso ha dicho una palabra super random que a saber qué narices engloba y probablemente mi baúl acabase de estallar y todo lo que hay en su interior ha salido como loco en busca de llegar a su conjurador. Como dato extra que yo no sé, decir que una de mis compañeras de cuarto consiguió exitosamente cerrar la puerta antes de que el ochenta por ciento restante de mis cosas saliesen despedidas de mi habitación, mientras que mi skate, mi diario y mi preciado gorrito de lana sí que fueron partícipes de muchas collejas a través de los pasillos de Hogwarts hasta que fueron libre por los terrenos.

Me agaché yo también cuando mi skate vino con intención de cortar cabezas, hasta verlo resbalar por el césped húmedo, no rompiéndose por la caída. Corrí detrás de él —pues mi skate era más importante que incluso mi saeta de fuego— y lo recogí con mi mano buena, volviendo a donde estaba el Slytherin, el cual estaba leyendo una cosa.

En principio ni reparé en que era mi diario y, a decir verdad... hacía tiempo que no escribía cosas en él estando en Hogwarts por miedo a que alguien pudiese leerlo y que mis verdaderos pensamientos fuesen tan evidentes. Evidentemente lo miré con cara de pocos amigos porque a nadie le gusta que lean esas cosas, dándome cuenta de que había leído algo realmente viejo. Sus palabras me volvieron a coger desprevenidas, ya que si hubiese sido cualquier otro miembro de su casa, probablemente hubiese usado esa página como objeto de burla.

Eso fue hace mucho tiempo ya —respondí más tajante de lo que me hubiera gustado sonar. No había ni punto de comparación entre lo que sentía la Danny de once años, decepcionada con el mundo mágico hasta el punto de querer abandonarlo, a cómo me sentía yo actualmente con respecto a mi pasado. Era agua pasada totalmente y yo, por mucho que siguiese siendo la misma chica, había conseguido abrirme paso a través de todo los problemas. —Gracias —le dije más amable cuando hizo levitar todas mis cosas unidas y comenzamos a caminar hasta Hogwarts.

Fue MUY INCÓMODO caminar con ese niño a mi lado en dirección a la enfermería después de que leyese esa pequeña parte de mi diario. EXCESIVAMENTE incómodo. Madre mía, JAMÁS HABÍA VIVIDO UN SILENCIO TAN INCÓMODO. Si es que me sentía hasta mal, ¿cómo era posible que pudiese sentirme mal por no hablar? Y eso que yo hablo mucho. Yo hablo por los putos codos y mira, no soy capaz ni de preguntarle si está bien de la caída de antes. Aunque para ser sinceros, no debería de sentirme tan mal. Él no parece un tipo demasiado hablador como para estarme preocupando yo demasiado de sacar tema todo el rato. Es culpa de él. Y esa es mi manera de intentar no sentirme culpable con el mundo.

Agradecí infinitamente llegar a la enfermería, ya que el enfermero tenía una gracia y una jovialidad que, sin duda, ahora mismo era muy dispar con el ambiente que traíamos el Slytherin y yo.

¿Qué hacéis aquí? —preguntó al vernos, sorprendido de tremenda socialización entre buscadores de distinto equipos, sobre todo cuando los equipos eran Slytherin y Hufflepuff.

Miré a Valarr por un segundo, para entonces mirar a nuestro querido enfermero. Iba a relatarlo todo tal cual y con una seridad super digna...

Estaba volviendo del campo caminando, super cargada con mi escoba y las protecciones, para cuando él casi me atropella con su Saeta y, al esquivarme, se pegó un tortazo contra el suelo. Fui a ver si estaba bien y todas mis protecciones se me iban a caer encima de él, así que haciendo gala de mi torpeza habitual y mi neurona rota, me caí encima de él en un fallo de equilibrio y, para no apoyarme con el antebrazo roto, terminé sobre él. Y claro, a él no se le ocurrió otra cosa que la magnífica idea de comenzar a rodar como una croqueta. —Volví a mirar de reojo al rubio. —Y yo también rodé como una croqueta. —Y miré al enfermero. —En resumen, ambos rodamos como una croqueta ladera abajo.

El enfermero se despolló de una manera que no estaba escrita. O sea, la carcajada retumbaba por los grandes ventanales. Se reía con tantos decibelios que hasta varios cuadros de otras habitaciones vinieron a esta para ver qué pasaba. Yo sonreí, contagiada por su carcajada.

El caso es que creo que me he hecho daño en el brazo, me duele muchísimo. Y él, aunque no lo admita, se dio un buen golpe cuando cayó. —Entonces fue cuando me fijé en todas mis mierdas que estaban ahora sobre la piedra del suelo. —Y todo esto son mis cosas porque quiso ayudarme a recogerlo todo y terminó invocando hasta mis pertenencias que estaban en la habitación. Y ya. —Solté aire, haciendo la pausa final.

Al menos estoy sorprendido de que no hayas terminado aquí por alguna gamberrada tuya que te haya salido mal o tu propia torpeza atentando contra tu integridad física. Ahora al menos ha sido la torpeza de otro. Ya es un paso, ¿no? —Se rió ligeramente de mí. Era muy habitual que yo terminase en la enfermería por cualquier nimiedad estúpida. El enfermero ya era mi amigo por eso.

Como dice un filósofo muy sabio... poco a poco se hace el moco, Ethan. Poco a poco se hace el moco. —Él se rió, consciente de que esa frase barata no era de ningún filósofo, sino made in Maxwell.

Venid los dos y sentáos en una camilla, te voy a examinar el brazo. —Entonces miró al rubio. —¿Y tú, Valár, cómo te has caído? ¿Te duele la cabeza? ¿Has tenido pérdida de visión o algo por el estilo? —preguntó ya más serio y metido en el tema.
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Valarr Knutsen el Dom Ene 07, 2018 8:14 pm

El haber leído las confesiones de una niña escritas hacía ya tanto tiempo en la página de aquél diario indujo sin duda a una situación incómoda para ambos. Tanto al risa de su interlocutora como sus enfermizas carcajadas habían cesado para En el desánimo de sus palabras al pronunciar el hechizo para hacer levitar las palabras de Danielle lo había podido notar, pero... ¿Por qué se sentía tan extraño si aquél era por lo general su hábitat natural? Estaba resultando ser una tarde de lo más confusa para el retoño del famoso buscador del equipo nórdico, Asgeir Knutsen.

Ninguno de los dos dijo ni mu en el camino de vuelta hacia el castillo. Valarr miraba por el rabillo del ojo a su lisiada acompañante, procurando no perder la concentración en el hechizo que había conjurado para ayudarla a llevar sus pertenencias hasta la ancestral fortaleza en la que estudiaban. Se preguntó por un instante si realmente le habría molestado la invocación de sus cachivaches - cuya tabla con ruedas casi le había decapitado en el proceso - o que hubiese leído para sí la página en la que maldecía al resto de integrantes de su casa. Hasta que recordó, justo cuando estaban llegando a las puertas de la enfermería en el segundo piso, que nunca le habían importado demasiado lo que sintiesen o pensasen los demás respecto a él.

Su incomodidad creció al encontrarse en aquel punto en particular del castillo. Más que incómodo, notó como una ansiedad incipiente crecía en él. Por protocolo, cada vez que sufría alguna caída o estropicio en el quidditch le mandaban obligado hasta allí... Para que lo pasase realmente mal. Esa maldita estancia, con sus infinitas camillas, cada cual con su correspondiente cortina y mesilla de noche se parecía DEMASIADO a San Mungo. Bueno, por la arquitectura del castillo tal vez no, pero sí le hacía rememorar esos oscuros días, meses y años que había pasado rodeado de sanadores en el hospital mágico del que finalmente había logrado escapar con un certificado de sanidad mental.

Obviamente, no respondió a la pregunta del enfermero que acudió al encuentro de ambos jóvenes. Se quedó observando fijamente su bata, apretando los dientes en una expresión de absoluto - y cuanto pudo, disimulado - terror, mientras la buscadora de Hufflepuff relataba los sucesos con pasmosa normalidad. Él no escuchó realmente ni una palabra de todo lo que dijo, si no que más bien, oía un pitido de fondo. Piiiiiiiiiiiiiiiiii. Exactamente el mismo sonido que le ponían en cada una de sus largas sesiones de terapia cuando no levantaba más de tres palmos del suelo.

Tampoco prestó realmente alguna atención a las palabras que intercambiaron enfermero y lisiada, que parecían conocerse e interactuar con absoluta normalidad. Él, no obstante, parecía seguir sumido en su trance del cual no despertó hasta escuchar una palabra clave, como cuando lo hipnotizaban haciendo uso de métodos muggles. Pero no era una keyword lo que parecía haber escuchado, si no su nombre...

Mal pronunciado.

Por instinto, sacó la varita que nuevamente había guardado en su túnica. Y apuntó al tal Ethan, con su mano temblorosa.

- NO ES VÁLAR. ES VALARRRRRRRRRRR. - le puso mucho énfasis a la correcta pronunciación de su nombre a pesar de hablar con voz quebrada. La ansiedad le estaba comiendo por dentro en aquél mismo instante y lo único que había conseguido el medimago con su intervención había sido empeorarlo todo para él. Al igual que todos los sanadores, enfermeros y medimagos con los que se había cruzado a lo largo de su vida. Algún día acabaría con todos ellos. Extinguiría la profesión, haría arder San Mungo hasta sus cimientos... Pensó, instantes antes de volver a perder el conocimiento sobre la camilla. Definitivamente, sí parecía haberse dado un buen golpe en la cabeza.
Valarr Knutsen
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Danielle J. Maxwell el Mar Ene 09, 2018 4:38 am

Eso fue... inesperado.

Y yo que pensaba que era una de esas personas que odian su nombre completo... pero vamos, de nunca en la vida hubiese apuntado a nadie con la varita para recalcar cómo me gusta que me llamen y cómo no. Podía entender la ofensa de que algún subnormal con una neurona menos se pudiese equivocar en tu precioso nombre, ¿pero tanto cómo para apuntarlo con la varita? ¿Qué narices le había pasado? De repente todo tuvo sentido. Ese 'algo' roto en la cabeza debía ser el causante de semejante tontería.

Pero ni a mí me dio tiempo de hacer o gesticular palabra, ni mucho menos al enfermero quién se limitó a alzar las manos en son de paz, ya que Valarr se cayó sobre la camilla, totalmente inconsciente.

Miré al enfermero. Él me miró a mí. Nos miramos mutuamente durante un rato. Yo toqué la mejilla de Valarr con un dedo, ya que estaba al lado mío y, evidentemente, estaba totalmente ido, pues ni se inmutó. El enfermero se apresuró en llegar hasta él para corroborar que estaba todo bien (lo típico, apuntar con una luz a los ojos, tomarle el pulso y esas cosas) mientras yo me agachaba a coger la varita del Slytherin.

Ha sido raro, ¿no? —le pregunté al médico.

Sí... bastante. ¿Se dio un golpe en la cabeza, no? Puede haber tenido que ver. Necesito hacerle algunas pruebas. ¿Puede esperar lo tuyo? —me preguntó preocupado.

A mí me dolía horrores el brazo, pero evidentemente lo del chico era mucho más importante ahora mismo, así que me limité a sonreír y asentir con la cabeza.

Claro, no te preocupes, te espero.


3 horas después
—Enfermería de Hogwarts—

Ya el sol había caído y yo recién me había tomado tropecientas pociones. El médico, después de haber tratado a Valarr y haberlo metido dentro de las sábanas de la camilla para que pudiese descansar tranquilamente, me había atendido a mí, dándose cuenta de que debería de haberme atendido mucho antes. Obviamente el dolor me incrementó y es que tenía el brazo fatal no, lo siguiente. Tuvo que hacerme no sé qué cosas con la varita que no entendí y me dolieron, para luego tener que tomarme no sé cuántas pociones para muchas cosas. Normalmente las secuelas de un golpe de bludger solían durarme poco, pero porque me lo curaba bien. Esto de hacer la croqueta colina abajo con un brazo así de perjudicado... me había hecho muchísimo mal.

Ya había pasado la hora de cenar y yo no tenía nada de hambre, no obstante, después de todo el día sin apenas comer y de tomarme tantas pociones, el sanador llamó a los elfos domésticos para que nos trajesen la cena, ya que yo me iba a tener que quedar allí la noche para que el médico me llevase bien el seguimiento. Por parte del Slytherin... llevaba tres horas inconscientes, pero Ethan no quiso despertarlo, ya que tras asegurarse de que todo parecía estar bien, lo mejor es que despertase cuando su cuerpo decidiese hacerlo.

Los elfos domésticos aparecieron, dejando frente a los dos unas bandejas con la comida. Yo la miré sin muchas ganas, ya que las pociones me habían dejado super mal cuerpo y no se me apetecía comer nada.

Tienes que comer o los medicamentos que te has tomado te pueden hacer daño. —Me dijo Ethan.

Tengo la sensación de que si me como esto, voy a vomitar —confesé yo. Él rió.

Pues es probable. Te he dado cosas bastantes fuertes. También es normal si te sientes un poco grogui, aunque por tu mirada ya empiezo a sospechar que sí... —dijo con cierta diversión. —Pero no te preocupes, si todo sale bien, mañana por la mañana estarás como nueva. —Miró su reloj y luego al chaval de Slytherin, para entonces suspirar. —Voy a ir a cenar. No creo que se despierte, pero en el caso de que sí, no dejes que se vaya antes de que yo le vuelva a revisar, ¿vale?

La última vez que me acerqué a él terminé rodando colina abajo y emperoándome el brazo, ¿de verdad te crees que estando grogui voy a conseguir algo? ¿Y si me equivoco diciendo su nombre, coge la varita y quiere matarme? ¿Dónde estarás tú para protegerme, Ethan? —Me reí yo sola, tanto que me entró la risa floja. —Pues ya me siento un poco idiota. Más de lo normal digo. —Añadí divertida.

Ethan rió y se fue, dejándome al cargo. Sólo esperaba que no se levantase porque tener que dar explicaciones así me daba mucha pereza. Empecé a jugar con el tenedor con el arroz.
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Valarr Knutsen el Miér Ene 10, 2018 9:15 pm

¿Alguna vez habéis perdido el conocimiento? Digamos que es una sensación cuanto menos extraña. De pronto, pierdes el sentido, el control de tu organismo, cayendo en una nada que puede llegar a aterrar al más valiente. No tienen nada que ver con dormir, o incluso dormir. Cuando pierdes el conocimiento, sigues siendo consciente de lo que está ocurriendo a tu alrededor. Escuchas las voces preocupadas que te hablan insistentemente, tratando de reanimarte. Incluso puedes notar como mueven tu cuerpo de aquí para allá, sin que tú llegues a tener ninguna clase de dominio sobre él. En resumidas cuentas, quizá podría decirse que perder el conocimiento era algo así como estar muerto en vida.

Y no era la primera vez que Valarr Knutsen perdía el sentido. Ni siquiera durante aquél día.

La más absoluta oscuridad volvió a recibirle como a un viejo amigo. E incluso a una persona tan darks como lo era el noruego, le incomodaba estar allí. Se vio sentado sobre una camilla, pero no era la misma sobre la que se había desmayado en la enfermería. Escuchaba lo que decían en la habitación. - ¿Se dio un golpe en la cabeza, no? Puede haber tenido que ver. Necesito hacerle algunas pruebas. ¿Puede esperar lo tuyo? - justo en ese mismo instante, el terror volvió para apoderarse de su pesadilla. Las tinieblas de su alrededor tomaron forma, transformándose en la misma habitación de hospital en la que había pasado cinco largos años de su vida. Desde los pies de la camilla ya no solo le observaba el sanador del colegio, si no todos los medimagos que habían tratado su caso con las más variadas terapias del mundo mágico.

- Cuenta hacia atrás, Valarr. Venga, como las otras veces. Tres cientos treinta y tres, tres cientos treinta y dos, tres cientos treinta y uno...

Era entonces cuando dos de los empleados de San Mungo apuntaban con sus varitas a sus sienes, realizando alguna clase de hechizo eléctrico que jamás era capaz de descifrar. El dolor que notaba traspasando su cerebro siempre era progresivo: al principio siempre parecía que su cabeza iba a estallar salpicando de sesos a todos los impolutos señores de bata blanca presentes e iba remitiendo a medida que su cuenta atrás iba avanzando, hasta convertirse en simplemente un leve cosquilleo. Nadie se preocupaba de secar las lágrimas de un niño al que día tras día los cualificados profesionales del hospital mágico de San Mungo trataban de curar con los métodos más diversos y desagradables.

Se abrazó las piernas, aún en medio de aquella oscuridad que le ahogaba. Sollozaba en silencio, allí donde nadie podía verle ni oírle. ¿Estaría también derramando lágrimas su entonces cuerpo inerte? Seguía oyendo de fondo la intrascendente charla entre la chica que le había acompañado hasta allí y el enfermero inútil que no solo no sabía pronunciar su nombre, si no que aún siendo el encargado de la enfermería de la escuela mágica más prestigiosa del continente europeo no tenía ni la menor idea de su historial médico. No quería volver allí para volver a enfrentarse a él. Tampoco quería seguir en aquella nada absoluta, rememorando sus peores días. Tenía frío. Tanto, que se abrazó más fuerte a sí mismo.

Un nuevo medimagio volvió a aparecer ante él. Portaba una jeringuilla entre manos y una perturbadora sonrisa en el rostro.

- No te va a doler tanto como la última vez... - aseguró el hombre de piel oscura, dispuesto a clavar la aguja en una de sus venas del cuello...

Fue entonces cuando despertó súbitamente. Como aquél que se está ahogando y en el último momento consigue dar una larga bocanada de aire. Se incorporó, en mitad de su respiración todavía agitada. No quería siquiera ser consciente de donde se encontraba, a pesar de en el fondo saberlo muy bien.

- D.. Dan... Dann... ¿Danielle? - desde una camilla justo al lado de la suya, la rubia de Hufflepuff había contemplado su despertar. - Sigues... Sigues aquí. - apreció, aún con voz temblorosa. No se detuvo a plantearse qué pensaría la capitana del equipo de quidditch de Hufflepuff después de todo lo acontecido durante el día, pero sí le reconfortó en cierto modo contar con su presencia cerca. Todavía estaba recuperando el sentido cuando sus ojos recorrieron y reconocieron con una mirada el entorno. Tuvo que hacer un esfuerzo soberano por no volver a perder los nervios en dicha ocasión. Volvió  a centrar su atención en Danielle, tal vez así lograría abstraerse. - Tu brazo... - volvió a apreciar, como si no pudiese dejar de decir cosas obvias. Sin embargo, esas palabras eran lo más cercano a preocuparse que podía llegar a expresar. Entonces se le ocurrió la genial idea de intentar ponerse de pie, apreciando como el mareo se intensificaba en él con tan sólo aquel movimiento brusco. - Tenemos que salir de aquí, hay que irse, antes de que él vuelva... - murmuró, aún sin llevar a cabo sus intenciones. Realmente, podía decir misa, porque por más que le pesase pasaría aquella larga noche en la enfermería.
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Danielle J. Maxwell el Jue Ene 11, 2018 4:19 am

Tatatataaa, tatatááá, tatatata... tatatá, tá, tá...

Sin mucho sentido en mi vida, jugando con el arroz como si fuese mi mejor amigo y sintiendo que mi cabeza ahora mismo estaba en una dimensión demasiado lejana a la que vivía mi cuerpo, me había puesto a tararear la banda sonora de Indiana Jones. ¿Por qué? Buena pregunta. El caso es que en medio de mi absoluto aburrimiento y mi inexistentes ganas para comer la cena que tenía delante, comencé a pensar. Porque claro, sé que suena a novedad, pero yo a veces pienso. Lo que pasó es que empecé pensando en gallos, ya que lo que tenía en el plato era arroz con pollo y claro, un pollo es casi igual que un gallo, con la diferencia de que los pollitos son monos y los gallos son unos hijos de Satanás que sólo sirven para despertarte a las seis de la mañana. Bien. Y claro, pensando en las propiedades y características de los gallos, me puse a pensar en por qué narices las casas de Hogwarts tenían esos animales como representación, ¿sabes? Porque la única que cuadra un poquito es Ravenclaw porque por ahí pone 'garra', pero claro,  luego el nombre te daba a entender que lo lógico es que el animal fuese un cuervo y... NO. Te ENGAÑAN. En realidad es un águila. Pero al menos tiene alas, ¿sabes? Pero luego te pones a pensar en el resto... ¿y qué narices tiene que ver Gryffindor con un león? ¿Y Hufflepuff con un tejón? Y ya Slytherin... Y me puse a pensar que a lo mejor tendría sentido relacionar los cuatro elementos de las casas con los animales, ya que el de Ravenclaw es aire y el aguila vuela, el de Hufflepuff es un tejón y va por la tierra, quizás Gryffindor lo relacionaron con el fuego porque las Químeras tienen cabeza de león y escupen fuego... pero claro, de repente todo está hilado perfectamente y... llega Slytherin con la maldita serpiente. ¿Una serpiente relacionada con el agua? ¿Pero qué puta mierda es esa? ¡No tenía sentido! Y claro, pensando en serpientes acuáticas, terminé acordándome de la escena de Indiana Jones en donde Indy se enfrentan a las serpientes y...

...la música llegó a mi vida.

Y justo mientras tarareaba esa mierda después de mis filosóficos pensamientos, fue cuando el buscador de Slytherin se despertó de golpe como si de repente hubiera soñado lo típico de que te caes. No me lo esperaba, por lo que yo también di un brinco y varios granitos de arroz salieron volando, implorando por libertad, hacia el suelo.

Miré a Valarr, el cual parecía bastante afectado por... algo. Él me devolvió la mirada con una preocupación que rozaba lo dramático; si es que parecía que estaba viendo a un T-Rex corriendo hacia él para devorarlo y hacerlo añicos. No pude evitar sonreír cuando dijo la evidencia: que seguía allí. ¡Y no porque yo quisiese, ¿eh?! Sigo aquí porque estoy más drogada que la vida misma, con posibles efectos secundarios entre los que se encuentran diarreas, vómitos, inquietud y, a este paso, morirme de un infarto por un susto. ¡Y todo por tu culpa! Pero no se lo dije, ya que en verdad estaba tan drogada que estaba en un estado de zen infinito y yo no me enfadaba con la gente. Y menos con una persona que se ha roto por dentro con tal de no matarme con la Saeta. Aunque esté un poco loco y sea Slytherin, se ve que es un buen chico.

Mi brazo, mi teléfono, mi casa... —Me reí yo sola, consciente de que sería un chiste que solo pillaría yo. —Lo tengo peor gracias a tu croqueta, que lo sepas...

Yo, como buenamente pude, intenté sacar tema en plan afable y simpática —porque yo era super afable y simpática, ¿vale?—, pero a él le dio un 'algo' en la cabeza otra vez y quería irse antes de que alguien llegase. Supuse que ese 'alguien' sería el enfermero, ya que nadie más había estado allí y se había ido, ergo nadie puede volver si no se ha ido, ¿sabes? Para que 'él vuelva', tiene que haber estado y luego haberse ido, así que indudablemente se refiere al enfermero. Tras mi reflexión, vi que se estaba intentando levantar y ahí apareció mi instinto responsable.

¡Eh, no, quieto! —Le dije, señalándale con el dedo como si éste tuviera super poderes de persuasión. Pero dudo que él fuese tan persuasible como para hacer caso a mi dedo superior. —¡Vuelve a acostarte en la cama! El enfermero dijo que si te despertabas no te dejase ir a ninguna parte, tiene que verte. ¿Acaso no ves que has perdido la consciencia repentinamente? Te has hecho daño y ahora estás desorientado, es normal. Deja que él te valore cuando vuelva, que te ha tratado super bien y puedes empeorar si te vas. —Le dije con seriedad, pese a que mi rostro denotaba que evidentemente estaba feliz. Eso era el efecto de intentar que una chica que está drogada por tantos medicamentos intente ponerse seria. —No hagas levantar a esta tullida de su camilla para evitar que hagas una tontería, Valarr Knutsen, o me voy a enfadar. —YO Y MI PEREZA, siempre de la mano. Me preocupé de decir su nombre bien, no fuese a querer matarme. Entonces, sólo entonces, bajé mi dedo superior y le miré más tranquila. —Si tienes hambre ahí te han dejado tu comida. Y si quieres la mía también te la doy y así puedo decirle al enfermero que me la comí. —Soy un genio del mal con mis ideas. —¿Cómo te encuentras?
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Valarr Knutsen el Dom Ene 14, 2018 5:06 am

¿Acaso era él el único que se daba cuenta de la preocupante y tensa situación que vivían en ese mismo instantes estando allí esperando en la enfermería a expensas de que volviese el enfermero aguja en mano? Acababa de revivir sus traumas del pasado de una forma aterradoramente real y... ¿Allí, en la vida real, parecía dar absolutamente igual, sin más? En ese momento le costaba horrores asimilar la experiencia que había acabado de vivir, el día que le había precedido y que a su compañera de aventuras aquél día le diese lo mismo su ímpetu por escapar con vida y sin más traumas de una enfermería a la que antes o después, acabaría volviendo su peor pesadilla ataviada en impoluta bata blanca.

Su intento por incorporarse fue eso, no más que un mero intento de alguien que obviamente, después de yacer como tres horas inconsciente, no iba a ser capaz de tenerse en pie. Alzó una ceja al escuchar la respuesta a sus apreciaciones. - ¿Qué es un telefóno? - preguntó, con una leve dosis de curiosidad en su tono. Además... ¿Qué relación tenían su brazo y su casa? Acarició su barbilla, tratando de sacar en silencio sus propias conclusiones. ¿Esperaba que en su casa terminasen arreglándole el brazo? Sin duda es lo que él desearía. Ningún médico le curaría mejor una lesión de ese tipo que su madre. ¿O es que simplemente quería volver a casa en cuanto tuviese el brazo en condiciones? Claro, eso debía ser. Antes había leído que deseaba volver a su hogar en Finlandia. También ella debía odiar ese lugar tanto como él, y aunque eso no explicaba que no quisiese marcharse de la enfermería, su mirada se iluminó al dar con la respuesta que él consideraba correcta tras sus cavilaciones, aunque apenas un segundo después estuviese dudando nuevamente de sus propias hipótesis.

De alguna forma pareció obviar el incidente que habían tenido ambos horas antes rodando por los terrenos pero poco importó... De repente Danielle usó un tono dirigido hacia a su persona que nunca nadie antes había usado con él. Nunca en casa le habían reñido antes de mandarle a San Mungo, y en Hogwarts solía causar bastante indiferencia a los adultos del colegio. Y ante la falta de costumbre, Valarr reculó en sus intenciones de incorporarse y pirarse de allí, escuchando la regañina de la rubia en sepulcral silencio y la mirada fija en ese dedo que parecía llevar el tempo de la situación. De algún modo se sintió como ese niño pequeño que ha roto su primer trofeo de los logros de su padre en el Quidditch y que acepta la bronca sin rechistar sabedor de la cagada que acababa de hacer. Con la diferencia de que tenía dieciséis años y todavía no había descubierto lo que era una bronca... Y a pesar de ello, no le incomodaron las palabras de la hufflepuff. Incluso consiguieron relajar sus nervios, logrando que normalizase las circunstancias que le rodeaban hasta cierto punto. Cualquiera podría haber apreciado el tono divertido que acompañó a la chica en todo momento, pero Valarr fue incapaz de detectarlo. Aún así, aceptó sus palabras. No asintió con la cabeza, no dijo nada, pero por el momento, se mantuvo quietecito en la cama, mirándola fijamente.

Quieto, claro, hasta que ésta le indicó que tenía comida sobre la mesilla de noche. Entonces apartó su mirada de la rubia dirigiéndola hacia la bandeja, contemplándola con toda su visión famélica. Las tripas le rugieron, recordándole que no había comido NADA en todo el día. Valarr Knutsen no sería muchas cosas, no tendría la menor idea de establecer relaciones sociales, tampoco el mejor dando abrazos... Pero sí que era un absoluto glotón que, en un visto y no visto, devoró el plato de arroz con pollo que le habían dejado antes de pasar a la pieza de fruta. Dio un mordisco a la manzana, aún sin responder a su última pregunta.

No estaba acostumbrado a esa clase de preguntas. No estaba acostumbrado a las conversaciones en general, pero menos a que se interesasen por cómo estaba.

- Estoy. - fue su primera respuesta, simple, llana y concisa. Dio un bocado a la manzana. No tenía prácticamente ninguna intención de decir nada más al respecto pero para su sorpresa, la cara de su interlocutora parecía esperar algo más. Se encogió de hombros, flexionando las rodillas y sentándose en la cama. - Antes tuve una pesadilla. Los médicos no me han tratado bien. Nunca lo hicieron. Ellos pueden hacerte daño ¿sabes? - se tocó con el índice del dedo esa misma sien donde tantas veces había recibido descargas eléctricas en sus terapias de la niñez. - Justo aquí. - explicó, como esperando que ella fuese capaz de comprender todo lo que él había vivido con tan poquitas palabras. - Por eso quiero salir de aquí antes de que él vuelva. - expresó eso en un tono más asustado, pero no tanto como al recién despertar de su letargo. - Pero me has convencido de que no lo haga. Tienes un dedo persuasivo, Danielle Maxwell. - aunque hablaba con total seriedad, tras decir eso se le acabó escapando una sonrisa. Y con un poco más de energía tras ingerir la cena, en ese momento sí que se incorporó, pareciendo hacer el amago de que iba a salir corriendo por patas del lugar dejándola allí y haciendo de sus palabras un sin sentido. Mas lo que hizo fue acercarse hasta su camilla, tomar su bandeja y sentarse a los pies de la cama, ingiriendo su comida en silencio. Cuando terminó, le pasó la bandeja, antes de volver a mirarla con gesto contrariado. - ¿Qué es un telefóno? - volvió a preguntar, ansioso de una definitiva respuesta.
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