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Hey Brother. {Edward Westenberg}

Stella Moon el Mar Ene 30, 2018 10:09 am

Había dicho que se iría a dormir la noche anterior, pero no había sido así. Mientras en su habitación Edward roncaba sonoramente, Stella se quedó despierta la noche entera revisando docenas y docenas de papeles en las que venía una gran cantidad de información, documentos que había rescatado de la casa de sus padres y que tenían información importante de su madre, registros que unas amistades en el MACUSA había conseguido sacar de los archivos para dárselos a ella, periódicos viejos... En todos ellos intentaba encontrar desesperadamente una información que continuaba escapándosele de las manos. No encontraba por ninguna parte información sobre la identidad de quienes tenían a su hija. Conocía sus rostros, les había visto en Nueva Orleans cuando estaba en una misión con Drake ya demasiado tiempo atrás. Los había memorizado a la perfección, pero aunque buscase debajo de las piedras todavía no les encontraba...

Comenzaba a desesperarse. Incluso la otra Stella estaba buscando, aunque no tan desesperadamente como ella sino más bien movida por la curiosidad, el orgullo, y la indignación de que alguien se hubiese atrevido a robarle lo que era suyo, a traicionarla de aquella manera tan rastrera. Pero tampoco encontraba nada.

¿Dónde estás...? —murmuró para sí misma mientras sus ojos continuaban analizando toda la información ante ella. No contaba con apenas nada, sabía que el nombre falso de su hija era Christine. ¿Había alguna pareja de magos en la alta sociedad de Estados Unidos con una hija de esa edad llamada así? No dejaba de buscar, tenía que haber algo en alguna parte. —¿Dónde estás?

No quería darse por vencida, pero cayó rendida ante el cansancio cuando el sol ya casi se asomaba en el cielo a través de las ventanas. Despertó horas más tarde, con la cabeza apoyada sobre todos los papeles y un terrible dolor de cuello. Se alegró al comprobar que seguía siendo ella la que tenía el control de su mente y se estiró antes de levantarse, sin molestarse en recoger todos los papeles de la mesa y guardarlos como solía hacer, manteniéndolos lejos de la vista de cualquiera, incluso de Edward. Ya le daba igual.

Subió las escaleras al piso superior y entró en la habitación del muchacho, que a pesar de ser tan tarde seguía durmiendo profundamente. Stella le meneó un poco con la mano para despertarle, pero el chico no despertó.

Ed, levanta, es tardísimo —dijo. Había que desayunar. O comer, por las horas que eran. Daba igual. —Ed.

No la hizo caso, así que Stella agarró la sábanas y se las quitó, destapándole completamente. Entonces por fin se despertó, pero en vez de levantarse lo que hizo fue quejarse y hacerse un ovillo, negándose a salir de la cama para quedarse ahí tumbado todo el día haciendo el vago. Stella enarcó una ceja, y entonces se agachó para agarrar el colchón y lo levantó, haciendo que Edward cayera estrepitosamente de la cama.

¡Arriba! —exclamó ella mientras dejaba caer el colchón de nuevo a su sitio. —Te quiero abajo en cinco minutos, ¿me oyes? —dijo antes e salir de la habitación y bajar para comenzar a preparar algo en la cocina. El encargado de cocinar en realidad era Edward, pero en ese momento a Stella le apetecían cereales.
Stella Moon
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Edward Westenberg el Mar Feb 13, 2018 3:38 am

Desde  que Stella había regresado de San Mungo, todo una vez más volvía  a estar en orden. Era increíble como la sola presencia de la castaña hacía que toda su vida se volviera a alinear en un perfecto equilibrio. Por eso y porque había tenido una intensa semana en el Caldero Chorreante es que estaba plácidamente dormido en su habitación.  Y si fuera por él todo el mundo se podía ir al carajo pero él seguiría durmiendo a pata suelta en su acogedora cama. No tiene ni la puñetera idea que es lo que estaba soñando pero sentía que era algo bueno, porque realmente lamentó ese despertar tan "cálido" por parte de la castaña. Ella siempre tan sútil.

- ¡Hey!.- ajeno a los intentos previos por parte de la castaña exclamó indignado tal despertar desde el suelo de su habitación. Sí, ¡desde el suelo! Que la muy cariñosa lo había tirado sin más un día...- ¡ES SÁBADO, STELLA! ¡SÁBADO!.- gritó llevándose ambas manos a los ojos todo frustrado. Que él era de esos que dormir hasta tarde era sagrado los fin de semana. Y más ahora que tenía un nuevo trabajo que lo daba todo de lunes a viernes. - Diez si me quieres oloroso.- rebatió ya resignado levantándose del suelo para ir en busca de una toalla para ir a darse una ducha.

Caminó hacía el baño aún con los ojos somnolientos y el cuerpo adormitado.  Y no fue hasta que se dió una helado ducha mañanera que despertó por completo y dejó de estar en ese estado zombie que siempre se encuentra en las mañanas. ¿Qué ya ha dicho que para él el sueño es sagrado? Bueno, lo es.

Bajó las escaleras ya renovado, sin ser consciente de que eran las doce y cuarenta de la tarde y no las nueve de la mañana que él sentía que eran. - Buenos días.- dijo sonriente cuando entro a la cocina, se acercó curioso a ver lo que se estaba preparado Stella pero chasqueó la lengua al ver que era cereales. Esas cosas crujientes y sin sabor.  Se dirigió a una mesa cercana y de un canasto sacó frutas al azar.- ¿Quieres un zumo de tutifruti?.- le preguntó desviando su mirada y clavándola en la de ella.  Frunció el ceño al fijarse recién allí de la ojeras que tenía en su rostro. Poco usuales en ella. - ¿Has dormido bien? ¿Te has ido de parranda y no me has invitado?.- le miró con media sonrisa. Jamás había ido a una fiesta con Stella, pero no perdía la esperanza de que un día sucediera. - ¿Estás bien?.- le preguntó haciendo una pausa en la preparación de su zumo.

Él siempre se ha considerado una persona muy observadora. Bueno también le ayudaba la memoria fotográfica con la que la había nacido. Pero él vanidoso como león siempre se daba más créditos a él en aquello que a su don genético heredado de quién vaya a saber uno. Pero sea como sea, le había bastado mirar un poco a Stella para saber que algo estaba pasando. Quizás estaba jodidamente equivocado, pero no perdía nada con intentar saber qué le pasaba a su hermana. Lo peor que podía pasar es que lo mandará a volar con zumo incluído, para después de un par de horas olvidar todo y seguir viviendo feliz de la vida juntos. Él siendo un adolescente insoportable y ella una mujer con una paciencia increíble.
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Stella Moon el Mar Feb 27, 2018 1:46 am

Le dieron completamente igual todas las protestas de Edward cuando le tiró de la cama. Era sábado, sí, ¿y qué? No iba a dejar que estuviese en la cama hasta las seis de la tarde si eso era lo que el chico quería. Básicamente porque en algún momento tenían que comer, y Stella no era capaz de hacer ni siquiera unos huevos fritos, necesitaba a Edward de chef en la cocina. Y en el fondo le gustaba molestarle, a decir verdad.

Se preparó unos simples cereales antes de que Edward llegase a la cocina, y no se le escapó su chasquido de desaprobación al ver lo que había en el cuenco. Si no le gustaban los cereales de chocolate que se preparase otra cosa él.

Buenos días, dormilón —respondió a su saludo. Asintió cuando él le preguntó si quería un zumo de tutifruti y comió una cucharada de sus cereales mientras le escuchaba hablar. A Edward no se le escaparon las orejas de la mujer, ni su expresión cansada. Stella siempre solía estar perfecta en todos los momentos del día, incluso cuando acababa de despertar tras una noche larga, con el maquillaje y el cabello espectacular. Hoy le daba igual todo, aunque ya se arreglaría después. —Qué va, he estado despierta toda la noche… trabajando —mintió. No era una gran mentira, en realidad. Había estado investigando, aunque no fuese nada para el Ministerio.

Pero Edward era Edward, y supo que algo no iba del todo bien. Era como un sabueso, podía sentirlo. Aunque a veces era súper irritante, a Stella le gustaba que fuese tan observador, era una buena cualidad que tener en una vida que era peligrosa y todo el mundo tenía que estar pendiente de sus alrededores en todo momento. Estuvo a punto, sin embargo, de decirle que no era asunto suyo, que metiese las narices en otras cosas y la dejase en paz. No estaba de muy buen humor; sabía que él no se lo tomaría mal, estaba acostumbrado a que ella fuese así.

Pero no lo hizo. No le mandó a la mierda. Se lo pensó un rato, midiendo los pros y los contras de meterle en aquel asunto cuando ni siquiera la loca lo había hecho todavía (aunque había estado pensando en hacerlo), hasta que tomó una decisión. Dejó los cereales abandonados y fue hacia la mesa donde había dejado todos los papeles que había estado revisando durante la noche, una montaña de ellos, y se los enseñó a Edward con un gesto derrotado.

Estoy buscando a mi hija —admitió por fin. Nunca le había dicho a Edward que esa niña existía. —Se llama Dana, tiene nueve años. Mi madre me la quitó hace casi cinco años y se la regaló a unos desconocidos. No sé quiénes son, ni dónde están.

Tenía ganas de destrozar todo. Destruir los papeles, romper los muebles… Cualquier cosa que la ayudase a deshacerse de la rabia que sentía.
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Edward Westenberg el Miér Feb 28, 2018 1:31 am

Tuvo un despertar "encantador". Sí, claro. Con una mueca infantil y refunfuñando cosas en un idioma inventado pero que de seguro eran protestas hacia la castaña se dirigió al baño a darse una ducha reponedora. Que si ya le habían despertado de esa manera tan cariñosa tenía que darle a su cuerpo algo bonito y agradable como un buen baño. Que si no pasaría todo el día con el ceño fruncido y de mala leche. Que joder, para él el sueño era sagrado ¡y más un día sábado!. Pero vamos, también sabía que no podía pasar más de diez minutos enojado con Stella, era su hermana y bueno la quería, aunque fuera una despertadora pésima y odiable.

Bajó sonriente a la cocina, casi como nuevo y con un hambre gigante. Como era de costumbre la castaña se había preparado una cosa aburrida y desabrida. Es que, ¿quién inventó los jodidos cereales? ¡Si no tienen ni sabor! Chasqueó la lengua al ver la comida de ella y fue en busca de cosas más sabrosas al refri. Sacó todo lo rico que encontró y de paso fue por unas frutas, es que no hay nada mejor que empezar el día con un jugo natural, era un inyección directo al cuerpo de energía y vitaminas por montones. No dudó en preguntarle si ella también quería, es que desde que se habían ido vivido juntos él se había convertido en una especie de chef del hogar, y no se quejaba. Que quizás no era el mejor cocinero del mundo, pero modestamente podría decir que si le ponía empeño creaba cosas realmente deliciosas. Le hecho más fruta a la licuadora cuando recibió una afirmación de su parte, y fue cuando la máquina hecho a andar que se fijó en las ojeras del porte del titanic que tenía la castaña en su rostro.

- Claro, trabajo...- susurró entrecerrando sus ojos al escuchar su respuesta, es que una de dos: Stella mentía fatal y como actriz se moriría de hambre, o ya había pasado un tiempo considerable con la castaña que podía distinguir cuando sus palabras no eran verdaderas. Pero sea como sea, la respuesta del trabajo no le convenció nada de nada. Por lo que atreviéndose a recibir un regaño por parte de la castaña por meterse en sus asuntos fue más allá, insistiendo como un mono porfiado que no pararía hasta saber la verdad de todo aquello.

Notó su ademán de querer mandarlo a volar lejos, pero para su sorpresa la licántropa se contuvo tragándose sus palabras. Detuvo la licuadora y observó como Stella dejaba de comer para dirigirse a una mesa llena de papeles. Mientras la miraba sirvió el jugo en dos vasos grandes y los dejó sobre la mesa de la cocina, expectante ante ese silencio que de pronto había nacido y que presagiaba algo grande, o al menos así lo sentía él.

Y no se equivocó, detuvo a medio camino el vaso de jugo que se llevaba a la boca y se quedó congelado en el sitio. - Tú..tienes...¿qué? ...- comenzó a balbucear sin creerlo aún. Ok, no es que conociera todo de Stella ya que la castaña no era la persona más sociable del mundo, al menos no a lo que se refiera a su vida personal. Pero una hija, joder...eso eran cosas mayores. Dejó el vaso en la mesa y se acercó a Stella para poder mirar mejor los papeles que había tendido en la mesa.- Joder...- dijo después de una minutos en lo que había echado una rápida mirada a todas las cosas. - ¿Por qué no me lo has dicho antes?.- le preguntó mirándola con algo de reproche, pero uno más bien cariñoso. Como alguien que regaña a uno pequeño después de haber roto un jarrón sin importancia con el balón de fútbol.  Pero luego de no más de medio minuto la miró y sacudió su cabeza. Y atreviéndose una vez más aquella mañana, al parecer se había despertado temerario, abrazó a Stella. Fue un abrazo acogedor, lleno de cariño y apoyo.- Vamos a encontrarla, y yo te ayudaré en ello. Vamos a dar con su paradero, lo prometo.- le dijo de manera sincera. Porque ella era su hermana y la adoraba, porque no quería ver más esas ojeras bajo sus ojos sin que él también las tuviera, y porque haría todo por Stella y más.

Se alejó de ella y clavó su mirada en sus ojos marrones.- Vamos a trabajar en ello todo el fin de semana ¿Sí? Pero ahora te me sientas acá...- dijo tomando una silla cercana y tendiendosela a la castaña.- ...y comerás un desayuno preparado por tu lobo favorito en vez de esas cosas aburridas y sin sabor. Que tendremos un día largo y necesitaremos energía- le dijo con tono seguro y travieso. Como alguien que no aceptará por nada del mundo un no como respuesta.
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Stella Moon el Miér Feb 28, 2018 9:59 am

Si había una persona en el mundo a la que no le importaba revelarle sus secretos, ese esa Edward. Stella sabía que la otra Stella se sentía igual que ella: en eso era la única cosa en la que coincidían completamente. Edward era su familia, su hermano pequeño, aquella persona que en ningún momento la dejaba sola. Stella era muy independiente, pero agradecía la compañía, y el cariño también, por mucho que ambas personalidad protestasen en igual medida.

Así que le contó lo de su hija. Para ser Ed, respondió más calmado de lo que Stella habría esperado de él. El muchacho solía ser una ser una bomba con las noticas sorpresa de este tipo, pero su asombro estuvo bastante controlado. Tal vez porque estaba en shock, o porque se dio cuenta de que aquello no era un juego. Por supuesto, quiso saber por qué Stella no le había dicho algo tan importante antes.

Porque no me acordaba de ella. —Era una dura realidad, pero una realidad después de todo. —La olvidé durante... cielos, ¿tres años? ¿Más? Mi madre me borró los recuerdos sobre ella.

¿Qué podía ser más cruel que eso? Más cruel que una abuela despreciando tanto a su nieta como para deshacerse de ella como si fuese basura, un objeto sin valor que podía tener cualquiera. Todo porque no aprobaba quién era su padre. Pero claro que no podía dejado que Stella se la quedara. No podía modificarle la memoria a Dana, no a esa edad, ella habría recordado todo. Le habría contado la verdad a su madre. Habría sido un arma contra Marie, quien se convirtió en la peor enemiga de la licántropa.

Pero se vengó. Sus restos quedando prácticamente irreconocibles, aunque quienes investigaron la aparición de ese cadaver completamente destrozado supieron que era la Presidenta del MACUSA. Stella sonrió ligeramente, pero de manera cruel, al recordarlo. Ni siquiera su lado más bondadoso se arrepentía de lo que había hecho, y estaba segura de que lo haría mil veces más si tuviese la oportunidad.

¿Cómo? Mi madre está muerta, y aunque estuviese viva ella no sabía a quien se la dio —replicó cuando Edward intentó consolarla. Stella no necesitaba consuelo, necesitaba acción, necesitaba soluciones. ¡Maldita sea, necesitaba sacarle la verdad a alguien a golpes! —He visto a la niña solo una vez en todos estos años, por equivocación. ¡Y de eso fue hace años! ¿Quien sabe dónde está ahora mismo? ¡No hay nada!

Le dio un fuerte golpe a la mesa, barriendo todo lo que había sobre ella de un solo manotazo y enviando volando los centenares de papeles por toda la sala. Enredó su dedos en su cabello apretándose la cabeza y gruñendo, increíblemente frustrada, pero respiró profundamente. Necesitaba calmarse.

Se dejó llevar por Edward y permitió que la sentase y le preparase un desayuno. Comió lo que le puso delante despacio, aunque sin rechistar, como si de repente le hubiesen succionado la energía del cuerpo.

A estas horas deberíamos estar comiendo —fue su único comentario para sacarle un “pero” al asunto.
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Edward Westenberg el Mar Mar 20, 2018 5:42 pm

Cuando Stella le dio esa mega notición, una de alto impacto sintió nuevamente ese despertar tan abrupto. Como  si por segunda vez en esa mañana le hubieran botado de la cama de sopetón. Tragó saliva y frunció el ceño sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Y pensó lo mucho que aún le faltaba por conocer de su hermana, lo mucho que ha tenido que pasar la castaña y lo que ha tenido que cargar sola durante tanto tiempo. Pero ya no más.

Atravesó la distancia que los separaba para ir a ver los papeles que había dispuesto sobre la mesa, miró rápidamente todo y suspiró. Escuchó la respuesta que le había dado Stella a su pregunta, y pensó como siempre la realidad logra superar la ficción. Y más aún si la  magia corría por tus venas. Sintió rabia y tristeza por igual, es que ¿Cómo tu propia madre era capaz de hacerte tanto daño? ¿Cómo? Simplemente no podía entenderlo, no le cabía en la cabeza.

Era demasiada información para poder procesarla tan rápidamente, por lo que simplemente se dejó llevar por su instinto e hizo lo que sabía hacer mejor: apoyar a sus seres queridos. Porque él podía ser la mayoría del tiempo un joven impetuoso e irresponsable, pero cuando se trataba de alguien que él estimaba dejaría y haría todo por ayudarle.  Le abrazó y le prometió algo difícil, pero no imposible. Es que desde que había conocido a Stella había comprendido que mientras permanecieran juntos, a esa manada que habían generado no había nada ni nadie que pudiera detenerlos.

Le dejo descargarse con los papeles y mesón. Ya que si él fuera quien se encontrará en sus zapatos lo más probable que los objetos de ese hogar hubieran sufrido aún más daño. Frunció el ceño, no le gustaba verla así, y odiaba a todo aquel que había logrado hacerla sentir de esa manera. Le invitó a sentarse y a poder comer, respirar, calmarse. Él no era nadie para pedir calma en momentos como esos, ya que era un impetuoso empedernido. Pero, en esta oportunidad freno todo aquello, necesitaba pensar con claridad, porque se volvía loco y desenfrenado   no podría ser de ayuda para su querida hermana.

Sonrió cuando la vio comer, pero al mismo tiempo sintió como su pecho se le apretaba al verla cansada como un guerrero que viene de vuelta de una gran batalla, una no ganada claramente.  Hizo una mueca en sus labios y comenzó a recoger los papeles que se encontraba repartidos por el suelo, echándole un vistazo de paso. - ¿Qué hora es? .- se preguntó por primera vez esa mañana, buscando con su mirada el reloj más cercano. – Joo, ya son más de la una de la tarde .- dijo sorprendido. ¡Y él que pensaba que era con suerte las nueve de la mañana!
- Ok, esto es lo que haremos. Pediré un delivery de…¿Qué quieres comer? .- le preguntó mirándola.- He bajado una aplicación que te pueden traer lo que tú quieras a la puerta de su hogar, desde chimichangas hasta sushi de primera clase. Cocinaría yo, pero prefiero echar un vistazo más profundo a todo esto… - dejo los papeles que había recogido sobre la mesa y comenzó a ordenarlos mientras de paso se llevaba una tostada a la boca. Con comida en el estómago siempre pensaba mejor.

Nombres, eso necesitaba,  aunque fuera uno. Y ojalá que fuera uno que se encontrará vivo porque hasta el momento no se ha creado nada para hablar con los muertos.

Clavó la mirada en la castaña y puso su mano sobre la de ella dándole un pequeño apretón.- Hey, para esta manada nada es imposible. Una de los nuestros anda por ahí y la vamos a encontrar ¿sí? .- insistió, necesitaba que la licantropa volviera a creer, recobrara fuerzas. – Ahora, necesito anotar… - soltó de pronto yendo a buscar un lápiz. Él poseía memoria fotográfica, por lo que para que algo realmente se quedará en su memoria necesitaba escribirlo, observarlo, así estaba seguro que pasase lo que pasase esa información no se iría al desecho de  información inservible. Cuando lo encontró, buscó una hoja en blanco.- Ok, necesito que me cuentes todo con detalle. Lugares, fechas, nombres…todo nos sirve. Reconstruyamos la historia y de ahí saquemos información. Siempre hay un agujero, siempre un plan maestro tiene una equivocación, y por más pequeña que sea si la encontramos podemos abrirla y encontrar algo que nos acerque a... - hizo una breve pausa, preguntándose si su duda interior era necesaria. Tomó aire.- ¿Cómo se llama? .- termino por preguntarle, siempre ha sido alguien a quien le gusta saber el nombre de las cosas, y de las personas. Y más aún si esa persona desde ahora era parte de su familia.
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Stella Moon el Jue Mar 29, 2018 12:19 pm

Stella sabía que todo aquello debía estar siendo un bombazo de información para Edward, pero ya no podía callar aquello más tiempo, necesitaba desahogarse, así que le contó todo. El muchacho se tomó bien la bofetada de información chocante, aunque parecía estar aturdido y horrorizado. ¿Quién no lo estaría en su situación? Cualquier persona, por cruel que fuese, estaría en shock con noticias así. ¡Incluso la loca reaccionó indignada y furiosa, tanto como para actuar de manera tan radical que decidió obtener venganza!

Sin embargo, la venganza no les llevaba a ninguna parte, aunque ambas Stellas se sentían realizadas tras haber destrozado con sus garras y dientes a la causante de todo aquello bajo la luna llena.

¿Crees que es buena idea utilizar aplicaciones muggles en esta época, Ed? —La Stella loca habría dicho exactamente lo mismo, tal vez un poco más enfadada al considerarle tan descuidado con lo que hacía, no dando una buena imagen de sí mismo a los puristas que ahora gobernaban. Incluso la Stella original le regañó por ello; ella aceptaba a los muggles y no les consideraba inferiores (no en realidad... aunque sí se alegraba de no ser una de ellos, tan comunes y aburridos sin magia), pero sabía que no vivían en los mejores tiempos para andar sin intentar aparentar al menos pensar que todo lo que tenía origen muggle era estúpido. —No tengo hambre, Edward, pero gracias...

Edward era definitivamente más optimista que ella. Para él aquella no era una causa perdida, sino un reto que lograrían resolver juntos. A Stella aquello le pareció demasiado a un sueño de cuento infantil en el que todo acaba bien, pero todos sabían que los cuentos de hadas eran mentira, y que sus finales felices eran ilusiones para ocultar los horripilantes finales verdaderos en los que todo acababa en tragedia de una manera u otra.

Lugares, fechas, nombres. Edward quería que le diese eso, ¿pero acaso podía? No sabía si tenía los datos adecuados. Le dijo cuando vio a su hija en Nueva Orleans y donde, aunque no tenía ni idea de quiénes eran aquellos que se estaban haciendo pasar por sus padres. Le dijo cuando fue la última vez que la vio antes de que su madre se la arrebatase casi cinco años atrás, en el 2013, antes de borrarle todas las memorias y asesinar a su pareja haciéndolo pasar por un asesinato muggle en medio de la calle cuando recibió un disparo provocado realmente por una maldición Imperio de la Presidenta del MACUSA. Le dio los datos que había obtenido de las familias mágicas y de aquellos que se relacionaban con su madre que podrían tener algo que ver, pero hasta el momento ninguna búsqueda había dado su fruto.

Dana —dijo con una sonrisa cuando Edward le preguntó el nombre de su pequeña. —Su padre escogió su nombre.
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Edward Westenberg el Sáb Abr 28, 2018 3:23 pm

Sonrió mientras se encogía de hombros y hacía un ademán con la mano bajandole importancia.- Bah, no creo que este alguien vigilandonos y diciendo ¡Traidores, son unos traidores por usar una aplicación muggle! .- rió, y comenzó a ver su célular.- Además, venden unos sushis exquisitos. Tan sólo tengo que encontrar la promoción...- agregó, como si lo delicioso de esa comida fueran fundamento suficiente para hacerlo. Es que para un glotón como él, sí lo era. De hecho, se estaba controlando porque ahora que sabía que era hora de almuerzo atrás quedaban los zumos de fruta, él quería ahora un banquete de comida. Elevó la mirada y suspiró.- Vamos Stella, debes comer algo...- le incitó acercándose a ella poniéndole rostro de gato con botas.- Sólo un poco, si no quieres que pida puedo cocinarte, de verdad. Y sabes que no lo hago mal...- le apuntó con su dedo invitando a recordar. Es que no mentía, realmente disfrutaba eso de la cocina. Ya que desde pequeño tuvo que saciar a su estomago insaciable, aprendió más por necesidad pero ya después se volvió un gusto eso de explorar en la cocina y hacer comidas deliciosas. Y quizás era su vanidad Gryffindor hablando, pero realmente creía que era muy bueno en ello.- ...puedo cocinarte lo que tu quieras. Pero vamos, come algo ¿sí? .- volvió a insistir, a veces podía llegar a ser muy testarudo y molestoso. Es que se negaba a dejar que Stella desapareciera en su propio cuerpo por la tristeza y menos si él estaba a su lado.

Quería pensar en positivo, le gustaba y reconfortaba hacerlo.  Es que a veces la vida era tan una mierda que si se entregaba a ese sentir podía pasar por periodos realmente negros, y más aún si la luna estaba cerca. Pero aún así entendía a la castaña. Él había pasado dos períodos sin Stella y fueron horribles, no podía ni imaginar qué es lo que se sentiría saber que no sabes de tu hija hace años y qué la que ocasionó todo aquello era tu madre, tu propia familia. ¡Que rabia le daba todo aquello, joder!.- Hey...- le susurró llamándola para que ella fijará su mirada en él.- ...no será un trabajo fácil, quizás nos demoremos mucho, quizás no...pero lo lograremos, más temprano que tarde. Porque estamos juntos, Stella. Y como tú me has dicho tantas veces, una manda junta es indestructible, imparable. Bueno, llegó la hora de demostrarlo una vez más. -  le dijo con todo seguro y de profundo cariño.

- Dana...- repitió bajito para luego escribirlo en la libreta, y en el preciso instante que terminó de hacerlo supo que ya jamás lo olvidaría. Ahí estaría noche y día, como un pensamiento recurrente mezclado con el rostro triste y frustrado de su hermana. Pero no sería un pesar, no. Dana, sería una palabra y objetivo claro; una ideal y batalla fija; un ente movilizador.- Hermoso nombre.- agregó ofreciendole una media sonrisa.

- Sé que ya has repasado la historia mil veces. Pero realmente necesito que me digas ahora lo datos a mí, sé que es difícil pero aquí estoy para eso. A veces uno está tan sumido en algo que termina por bloquearse o la vista se nos nubla. Déjame entrar en esta historia e intentar descubrir algo. O sí ya fuiste a un lugar mil veces, déjame ir una vez más. - clavó su mirada en la de ella, una mirada que proyectaba todo su cariño, su admiración, y su apoyo.

"Estoy aqui, hermana. Ya no estas sola. Nunca más"
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Stella Moon el Lun Abr 30, 2018 8:24 am

Al final, a pesar de sus protestas iniciales, Stella dejó que Edward pidiese comida a través de la aplicación en su móvil muggle, porque sabía que si no accedía a comer él solamente se pondría más pesado y aquel no era el mejor momento para ello. No tenía nada de hambre, llevaba días con el apetito cerrado, pero si Edward se ponía pesado entonces a los males de Stella se uniría el dolor de cabeza. Aquello sería contraproducente.

Por fin se atrevió a contarle uno de los secretos que había tenido mejor guardados de él. Reaccionó como había esperado que lo hiciese, con gran sorpresa, y con aun mayor determinación de encontrar a su hija, a la que sin duda alguna Edward ahora pasaría a considerar su sobrina o algo parecido, dado como se consideraba hermano pequeño de Stella gracias al vínculo que se había formado entre ellos.

Él quería saber la historia, cualquier dato que pudiese llevarles a resolver el misterio del paradero de Dana. Stella consideraba que eran todo callejones sin salida, pero aun así suspiró y comenzó a contarle todo desde el principio, para ubicarle bien en la situación en la que estaban.

Mi madre era una de las personas más puristas que conocí en mi vida. Me adoctrinó desde pequeña, me educó para convertirme en una asesina. Fueron sus enseñanzas las que me llevaron a tener esto en primero lugar, cuando acababa de graduarme de Hogwarts —Stella miró rápidamente la Marca Tenebrosa en su antebrazo, antes de dejar de prestarle atención al tatuaje. —Cuando regresé a Estados Unidos con el padre de Dana, y la tuve a ella… todo comenzó a cambiar. De repente las cosas que habían sido importantes toda la vida ya no lo eran. Comencé a tener amigos, algunos pro-muggles con ideales muy distintos a los del grupo al que yo pertenecía. Cuando cambié tanto que mi madre lo consideró intolerable, mató al padre de mi hija, me borró la memoria para que volviese a ser una asesina despiadada, y le regaló a mi hija a unos desconocidos. Sé que ella todavía recuerda quién soy, es demasiado pequeña para soportar una modificación de memoria. La gente a la que se la regaló la llamó Christine, y les vi hace dos años en Nueva Orleans, allí les encontré durante una misión. Huyeron de mí. No les reconozco de nada, ni siquiera ahora que tengo todos mis recuerdos de vuelta. No sé dónde puede estar mi hija.

Antes de que Stella llegase a contar nada más, todo se volvió negro…


***

Desperté tras no se cuánto tiempo encerrada en mi propia mente. El breve momento de confusión y el gruñido exasperado que se me escapó después debieron ser claves suficientes para que Edward, que ya había presenciado esos cambios varias veces en los últimos meses, se diera cuenta de lo que había pasado.

¿Qué ha ocurrido? ¿Qué día es? —pregunté, mirando a mi alrededor tratando de recuperar la noción del tiempo. Fue entonces cuando me di cuenta de los papeles que había delante nuestro en la mesa, papeles a los que Edward estaba prestándoles atención y que jamás debería haber mirado. Enfadada, comencé a recogerlos todos para quitárselos. —No debería haberte enseñado esto.

No se refería a ella misma, sino a la “otra”, aquella que en tantos problemas la estaba metiendo.
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Edward Westenberg el Dom Mayo 13, 2018 8:02 pm

Él podía llegar a ser muy molestoso, y eso Stella lo sabía muy bien. Por lo que sonrió ampliamente cuando después de todas sus protestas ella terminó aceptando que pidiera comida por el móvil. En dos minutos ya había echo el pedido y se encontraba nuevamente junto a su hermana. Escuchándola, y apoyándola por sobre todo.

Allí frente a ella, viendo su estado se prometió silenciosamente hacer todo lo que estuviera a su alcance para encontrar a Dana. Haría todo para que toda la familia estuviera nuevamente reunida. Porque eso era Stella para él, su familia. Esa hermana que jamás tuvo y que ahora haría hasta lo imposible por verle feliz. Que el seguía amando a sus padres y eso, pero ellos se encontraban lejos y lo último que sabía es que se encontraban muy bien apartados de todo el mundo mágico, eso lo mantenía tranquilo al menos en lo que de ellos se trataba. Ahora su enfoque estaba en su hermanita, y su historia.

Le era tan difícil entender cómo una madre era capaz de todo aquello. Cómo un ideal podía a llegar a ser más fuerte que tus seres queridos.  Mientras la escuchaba de vez en cuando anotaba cosas en su libreta como " Christiane" el nuevo nombre que tenía Dana, y "Nuevo Orleans".  Estaba dispuesto a preguntarle más, ya que tenía muchas dudas pero, Stella se desvaneció frente a sus ojos.

Sus reflejos fueron lo suficientemente rápidos para poder agarrarla antes de que terminará de bruces en el suelo.- ¿Stella? Vamos, despierta...- le susurraba mientras la tenía en brazos y le daba pequeña palmaditas en su rostro. Resopló y sacando todas sus fuerzas tomó a la castaña y la llevó a un sillón cercano para que descansara.  Estaba seguro que aquel desmayo era solo el producto de haber pasado noches en vela y sin probar ni un bocado. Porque si no estaba él, Stella no comía, si solo bastaba con mirarla para ver que estaba en los huesos.  Pasó un buen rato a su lado haciéndole mimos en su cabello y rostro. Hasta que el timbre de la casa sonó: la comida había llegado. Dejó la comida sobre la mesa y de paso echó un nuevo vistazo a los papeles que se encontraban sobre ella, hasta que escuchó la voz de Stella.

- ¿Qué haces?.- le regañó cuando vió que se había levantado así sin más y ahora se encontraba guardando frenéticamente todos los papeles repartidos en la mesa.- Stella...- comenzó a decir para luego tomarla de lo brazos y girarla para que le mirase.- Basta.- le dijo con determinación con su mirada fija en la de ella. Y ahí con sus ojos clavados en sus ojos marrones por primera vez logró observar que su brillo era diferente, como si de otra persona se tratase.

- Hey, recuestate nuevamente. Tuviste una pésima noche y te ha dado un bajón. - casi le arrastró nuevamente al sillón y la sentó.- Y sí, si debías mostrarmelo. Debías y querías, ahora no te castigues por eso. Comprende de una vez que yo no te dejaré sola, que ya no estas sola, y que no dejaré que nadie te haga daño. Stella...acepta mi ayuda. Confía en mí.- y ahí estaba como un lobito pequeño poniendo caritas a su hermana mayor. Rogando que esta aceptara de una vez por todas su ayuda.

¿Y la comida? Olvidada en el mesón, es que hasta a él se le había quitado el apetito.
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Stella Moon el Dom Jun 10, 2018 11:29 am

Estaba furiosa con la otra Stella por haberle mostrado a Edward la información acerca de Dana. No le había hablado a nadie de mi hija, a absolutamente nadie, salvo a dos personas que ya no estaban en mi vida y ya nunca más lo estarían. Básicamente no se lo había dicho a nadie más porque no existía nadie suficientemente cercano a mí como para compartir con ellos aquella información, salvo Edward que era como mi hermano de verdad, y a él ya le había metido en suficientes problemas como para meterle en uno más.

Además, no quería que nadie supiese nada de Dana porque ella era mi debilidad. Y yo no podía permitirme ser débil ante nadie. Jamás lo había sido, y jamás lo seré. No. Me niego.

La debilidad solo te acerca un paso más a la tumba, sobre todo en estos tiempos. Ya me arriesgaba suficiente queriendo tanto a Edward como lo hacía, cualquier podía utilizarle en mi contra. ¿Qué ocurriría si algún enemigo descubría que tengo una hija que me importa? No, debía mantenerla en secreto, o mantener la mentira de que no me importa esa niña aunque sí que lo haga y me desespere no saber dónde está, porque es parte de mí.

Estoy bien, —mascullé entre dientes cuando Edward quiso hacerme parar de recoger todos los papeles en un intento de que ya no estuviesen al alcance de él. Protesté cuando quiso que descasara. —¡No necesito descansar! Solo necesito que esa entrometida deje de enseñarte cosas que no son de tu incumbencia.

¿Por qué tenía mi otra yo que hacer cosas tan opuestas a lo que yo hacía o quería? ¿Tan diferentes éramos en realidad? No estaba segura, la muy puta se encargaba de actuar bien enfrente de las personas frente a quien tenía que fingir completamente ser yo, pero había pistas que me hacían saber que éramos como el agua y el aceite. Me sacaba de quicio.

Sé que no me vas a dejar sola. Y ese es el problema, —me quejé cuando Ed trató de calmarme. —Que eres demasiado Gryffindor para tu propio bien y te mueres de ganas de lanzarte de cabeza a problemas bien gordos. Pues bien, este es un problema demasiado gordo. No quiero que te involucres para nada, ¿me has oído?
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Edward Westenberg el Dom Jul 01, 2018 3:37 am

Edward se encontraba totalmente confundido, aún ni siquiera alcanzaba a recuperarse de ver a Stella desmoronarse antes sus ojos y ahora la veía como una loca recogiendo todo y negando las palabras anteriormente dichas. La veía como si se encontrará en una especie de lucha interior con ella misma en la cual él no tenía cabida, pero como un invertebrado el castaño siempre lograba hacerse el espacio hasta en los lugares que no estaba invitado, como la cabeza o pensar de Stella, por ejemplo.  Se le acercó he hizo que detuviera el extraño accionar que había adoptado, y la obligó a ir al sillón a descansar. No había dormido nada, por una razón horrible que recién hoy él se enteraba, se desmayaba y ahora despertaba como si todo lo anterior hubiera sido un sueño, o por su actitud más bien una pesadilla.

No estaba entendiendo absolutamente nada.

- ¿Entrometida? ¿Pero de qué hablas, Stella? Has sido tú la que me ha contado todo, no otra persona.- le intentó aclarar, pensando que tal vez la castaña había quedado confundida tras el bajón que había tenido y que había hecho que como un hielo bajo el sol se desvaneciera. A su vez, una vez más le explicó que él estaba allí para ella, al igual que minutos atrás, porque si tenía que repetirle mil veces más él lo haría, y no por ser un testarudo empedernido (o bueno, quizás en parte) sino que porque Stella realmente le importa, realmente la consideraba una hermana y realmente la quería ayudar lo más que pudiese para verla feliz.

- ¡No me muero por lanzarme a un problema bien gordo, me muero por querer ayudarte!.- exclamó esta vez un poco más cabreado.- Es que me frustra ¿sabes? me frustra que no confíes en mí, que no te apoyes en mí, que somos una manada ¿lo has olvidado? Y una manada funciona en grupo, atacan a uno y es como si los atacaran a todos, pues bueno, tus problemas también son los míos y te guste o no, te ayudaré en esto.- le dijo con un tono grave y seguro, hasta llegaba a sonar maduro. Es que nada de lo que dijo Edward era mentira o exageración, él estimaba mucho a la licantropa y mientras él pudiera hacerlo daría todo por ayudarla.

- Ahora, vas a descansar ¿ok? DEBES hacerlo, y no me mires con esos ojos de "¿Qué te has creído?" o "Si sigues por ese camino serás lobo muerto"  porque no me importa, matame todo lo que quieras, pero tú irás a dormir, aunque sea un poco. Y ya más tarde hablamos ¿si?.- le habló con todo seguro pero al mismo tiempo con un cariño abismal. Que ese tono frío al hablar era porque se preocupaba por ella, su salud, estado de ánimo, sus sentires, todas esas cosas que a uno le importa de un ser querido. Y quizás a Stella aquello le daba urticaria, pero lamentablemente se había topado con un mono porfiado llamado Edward Westenberg, y sacarlo de su vida iba a ser algo muy difícil.

Había sido una mañana/tarde jodidamente extraña, tenía que procesar muchas cosas pero por sobre todo comenzar de lleno a investigar sobre la hija de Stella, sobre su paradero. Sabía muy bien que si la castaña no había podido conseguir algo durante todo este tiempo él tenía menos oportunidades aún. Pero, no perdía nada con intentarlo, el que no se atreve no cruza el río ¿no? pues bueno, él feliz se hundía en mares turbulentos sí al llegar a la otra orilla obtenía un dato para ayudar a Stella.
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Stella Moon el Mar Jul 31, 2018 1:29 am

Sabía lo mucho que Edward me quería, sabía todo lo que haría por mí. Sabía que no era realmente un entrometido, sino que realmente quería ayudar porque me consideraba su familia, su hermana aunque no compartiésemos ni una sola gota de sangre en nuestras venas. Pero me molestaba estar manteniéndole lejos de asuntos que podían resultar muy peligrosos y que entonces llegase la otra Stella y lo jodiese todo. No, ella no tenia que meterse en mi vida, ¡tenía que mantenerse alejada!

Por supuesto que Edward no aceptó que no le diese explicaciones sobre mi repentino cambio de parecer y se puso a echarme en cara todo. Le fulminé con la mirada por osar atreverse a enfrentarse a mí. A mí. Por osar ponerse a hablarme con ese tono con el que jamás le había permitido a nadie que me hablara, ni siquiera a Drake.

¿Quién te crees que eres para hablarme en ese tono, moscoso insolente? Déjame en paz.

Por supuesto que eso no funcionó con él, no hoy. No después de todo lo que había descubierto sobre mi hija. Nada iba a detenerle.

Mira, Edward, no pude hacer nada para evitar que te hicieras Carroñero a pesar del peligro en el que te estabas poniendo al hacerlo. ¿Pero esto? Esto es un peligro que sí que puedes evitarte, así que por favor no te metas. No sabes con lo que estás lidiando.

Me habría gustado poder decir que hasta allí llegó la discusión, pero Edward me dijo que debía descansar. ODIO que me digan eso, ya sea él o el mismísimo Merlín resucitado de entre los muertos.

No quiero dormir —mascullé, negándome a ir cuando intentó acompañarme creyendo que estaba haciendo algo “por mi bien”, actuando en base a esa estúpida preocupación que sentía por mí. —Estoy harta de esta situación. ¡Harta! Necesito... necesito contarte algo.

Había estado ocultándole lo de la otra Stella, creyendo que era peligroso que más gente de la necesaria lo supiera. Y más él, que tiene una boca que parece un buzón de correos. Pero veo que la muy puta no va a respetar mi deseo de mantener a Edward alejado de todo, así que prefería contarle la verdad yo misma antes de que la otra se aprovechase.

¿Te has estado dando cuenta de que tengo... cambios de humor? ¿Que hay momentos en los que de repente estoy desconcertada y parece que no se donde estoy, o qué ha pasado antes? ¿Momentos en los que hago cosas muy peculiares para mi forma de ser? —Ni siquiera necesitaba que Edward asintiese, pues sabía que se había dado perfecta cuenta de eso con el tiempo. Se había quejado más de una vez. —Pues es porque... Es porque no soy yo. Tengo un problema de doble personalidad, y a veces hay otra Stella. Una Stella con recuerdos distinto, con ideales distintos, con metas muy distintas a las mias. Edward, es muy peligroso que le hagas caso a ella, debes hacerme caso a mí siempre. Por favor —le pedí. La otra Stella y yo éramos dos bandos distintos. Necesitaba que Edward escogiese uno.
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Edward Westenberg el Mar Sep 04, 2018 4:17 pm

Edward estaba confundido, pero de una cosa si estaba seguro y era que no daría su brazo a torcer. Durante estos últimos años había tenido tanto la fortuna como desafortuna de conocer la personalidad de Stella, y pese a que muchas veces su hostilidad chocaba con su amable y siempre alocada forma de ser le había tomado un cariño inexplicable, uno de hermandad, cariño de familia, ese que pese a los defectos que cada uno puede tener, uno los llegua a querer tal cual son.

- ¿Quién me creo que soy?- preguntó atacado y con el ceño fruncido bien marcado.- Me creo tu hermano, Stella Moon. Me creo la persona que hace más de dos años se encuentra a tu lado, al pie del cañón. Ese "mocoso" soy.- le dijo ofendido, es que pese a conocerla aún le dolían esos arranques que tenía la castaña hacía su persona. Que vale, sabía que no era cariñosa pero no por eso tenía que ser antipática con él, porque no se lo merecía, no.

- No sé lo que estoy lidiando porque tú no me lo dices, Stella. Pensé que después de todo este tiempo confiabas al menos algo en mí. No soy un niño, sé lo hago y las consecuencias que pueden tener mis actos, y en esta oportunidad sé que quiero ayudarte pese a lo difícil que sea. No quiero dejarte sola en esto, y no dejaré que me dejes a un lado. - le dijo con tono seguro, y a diferencia de otras veces sonó serio, hasta maduro, sin ninguna pizca de su picardía tan característica.

Edward la invitó a descansar, la maga en un lapsus muy pequeño de tiempo había pasado por un torrente de emociones que pese a no ser un experto en el tema, sabía que su cuerpo a de estar exhausto. Pero ella, siempre tan testaruda se negó, el licántropo resopló frustrado, hasta que Stella le dijo que quería contarle algo, enarcó una ceja curioso.- Cuéntame, soy todo oídos.- le señaló clavando su mirada en la de ella.

Al escuchar las primeras palabras el castaño asintió intensamente, se arrepintió de haberlo hecho de manera tan rápida y radical, pero es que realmente se había dado cuenta de esos cambios drásticos de personalidad que a veces tenía la castaña, y no sólo en esta oportunidad sino innumerables veces, algunas más pequeñas que otras, pero cambios al fin y al cabo.

Wow, doble personalidad. Wow.

Se quedó quietecito, sin saber muy bien qué pensar, pero al mismo tiempo miles de recuerdos comenzaron aparecerse vertiginosamente por su cabeza, recordando cada uno de esos momentos en que él había pensando que a su Stella se la habían cambiado por otra.- ¿Entonces me estas diciendo que la Stella que me dijo que tenía una hija perdida, no era tú? Digo, si eras tú pero otra.- le preguntó confundido, sintió que sus palabras sonaban profundamente idiotas pero necesitaba entender claramente todo y hasta el momento sólo tenía un tumulto enorme de dudas en su cabeza.- ¿Por que ella es peligrosa, Stella? hasta el momento esa Stella es la que más me ha contado de ti, y es la que más confía en mí (al parecer).- le comentó, su rostro se torno triste, es que realmente le dolía que una de ellas le pidiese ayuda y la otra la mandara al carajo. - ¿Cuando te diste cuenta de todo esto? ¿Cuándo ocurrió?.- le preguntó curioso, necesitaba entender, necesitaba que su mente tuviera un respiro con respuestas, datos objetivos.

- Por favor, Stella. Déjame ayudarte...
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Stella Moon el Dom Sep 30, 2018 8:19 am

No se si decirme que se creía mi hermano—era en lo que Edward se había convertido, después de todo, así que el chico no estaba diciendo ninguna mentira—era la mejor manera de tranquilizarme dado cómo había acabado mi hermano biológico, mi mellizo. Con una estaca clavada en el corazón por mi propia mano. Nadie de mi familia acababa bien. ¿Mi hermano? Miserable y muerto. ¿Mi hija? Secuestrada. ¿Mi madre? Asesinada por mí. ¿Mi padre? Viudo, sin hijos y desquiciado por todo lo que había perdido. ¿Mi pareja? Asesinado por ser la persona a la que yo amaba.

Tal vez todo el mundo debería alejarse lo máximo posible de mí, darme la espalda y no volver nunca jamás a mi vida por su propia seguridad.

Tal vez lo más seguro era quedarme completamente sola en el mundo.

Pero acabé contándole a Edward la verdad. Le conté lo que desde hace tantísimo tiempo le he estado ocultando, y observé los cambios en su expresión mientras miles de emociones pasaban por ella. Al menos era algo bueno que la expresión predominante en su rostro fuese confusión, no rabia o enfado por no habérselo contado antes.

No, no era yo —le confirmé cuando preguntó si la Stella que le había confesado lo de mi hija no era yo. Y lógicamente Edward iba a pensar que esa Stella no era peligrosa. No tenía ningún recuerdo de lo que ella hacía mientras tenía control de mi cuerpo, pero por lo que era capaz de comprobar cuando yo volvía a tener el control era mucho menos exigente que yo con el chico. Incluso intentaba, sutilmente, alejarle del camino oscuro en el que yo le había metido. Suspiré antes de seguir explicándole. —Te voy a contar un poco cómo fue mi vida… según lo que he aprendido que es la verdad, que no es lo que yo recuerdo.

¿Por dónde empezar? ¿Debía explicarle todo? Tal vez era lo más fácil, para que así lo entendiese todo bien.

Yo crecí en una familia de magos tenebrosos. Magos que odiaban a los muggles, con una madre que cuando me convertí en licántropa a la tierna edad de seis años me utilizó todos los meses para matar a sus enemigos y que pareciese un accidente. Me convirtió en lo que soy ahora, y estoy orgullosa. —No era mentira, de verdad lo estaba, aunque ese orgullo fuese artificial. Aunque hubiese sido forzado en mí por un conjuro, pero no podía cambiar eso, y estaba contenta con mi situación actual. —Pero aparentemente después de tener a mi hija comencé a cambiar. Mis ideales cambiaron completamente, me volví defensora de los sangre sucia, de todo el mundo, quería dejar los mortífagos… Y bueno, mi madre se encargó de arreglar eso. Y volví a ser “yo” —dije, indicándole que así había surgido esta personalidad. —La otra Stella es peligrosa porque es leal a la Orden del Fénix. Porque quiere hacer que yo fracase. Ayuda a fugitivos y… joder, estoy jodida, en serio, si alguien se entera… No puedes decirle a nadie que me está pasando esto, Edward, en serio.
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