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A path through our past —PRIV.

Sam J. Lehmann el Jue Feb 15, 2018 12:46 am

A path through our past —PRIV. PhBL8Sv

Casa de Caroline y Sam
18:43 horas, 18 de febrero del 2018

Estaba leyendo un libro sentada en el sofá, con un pijama largo de pantalón y camisa, además de un calentito suéter ancho cuyas mangas eran enormes y unas calcetines gordos de andar por casa. Llevaba puesta sus gafas, ya que para ver la tele o leer cualquier cosa, necesitaba tenerlas, por lo que el noventa por ciento del tiempo que se pegaba dentro de casa, solía llevarlas puestas. Eso sí, pese a que estaba leyendo un libro—uno de esos tantos que le había regalado Caroline por su cumpleaños—, no estaba prestando atención a nada de lo que leía, ya que esta nerviosa.

Caroline había invitado a Henry a la casa y, pese a que era bien consciente de que dentro de ese cuerpo, por mucho que le hicieran en la cabeza, no podía haber maldad real, estaba nerviosa. O más bien... estaba asustada. Pero no por él, en general. Hasta en esas circunstancias, confiaría en él más que en mucha gente, sino más bien... por intentar hacer algo y que simplemente no funcionase. Quizás, desde fuera, podría parecer por la 'falta de interés' que Sam se había rendido con Henry, pero no era así. Ella jamás se podría rendir frente a alguien como él; una de las personas más importantes en su vida, por no decir la que más. En realidad, lo único que pasaba es que probablemente Samantha era la que más conocimientos legeremanticos tenía y era la que más consciente era de que el problema que tenían con Henry era irreparable. Y sí, había un minúsculo porcentaje que te animaba a intentarlo pero... ¿de verdad valía la pena sufrir, de nuevo, la decepción de haberlo perdido para siempre? La otra solución que había era sencillamente empezar desde cero con él, pero... a Sam le molestaba. ¿Era egoísta molestarse porque la otra persona no te recuerde? Sentía que todo lo que había vivido con él ahora no servía para nada, pues la única persona con la que lo había compartido todo no recuerda ni un ápice de ella. Más que molesta se sentía dolida, pero era mucho más fácil aparentar ser fuerte y mostrarse molesta que hacer un drama por algo que no se puede arreglar.

Era complicado, sobre todo porque no tenía claro si era mejor dejarlo estar, volver a trastear en su mente—cosa que descartó desde el principio porque podía ser peor el remedio que la enfermedad—, o sencillamente convencerlo de su pasado, pese a que no lo recordase. Y claro... eso a ella le resultaba falso, en realidad. Lo único que le podía reconfortar es que Henry se lo creyese y quisiera empezar de cero, pero vamos... todo volvía a lo mismo.

Suspiró en el sillón, cerrando el libro y dejándolo sobre la mesa. Se levantó de allí y caminó hasta la habitación de Caroline por el pasillo, tocando en la puerta antes de esperar unos segundos y abrirla. No entró, sino que se quedó apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados. —Hola —la saludó, visiblemente apática, durante unos largos segundos. En realidad seguía nerviosa, pero no quería demostrarlo tan abiertamente. —¿Con qué pretexto invitaste a Henry hoy? No creo que le hayas dicho que le íbamos a hacer una intervención, si es que se le puede llamar así... —Esbozó una dulce sonrisa, entrando a la habitación y dejándose caer en la cama mientras se sentaba, dando un par de botes sobre ella porque la cama de Caroline era especialmente saltarina. —Estoy nerviosa Carol —confesó, con las manos entre sus piernas. —Tengo miedo de descubrir a ciencia cierta de que lo de Henry no se puede reparar, que de verdad dentro de ese coco no hay nada que recuperar. Y me da rabia pensar en todo eso, de la decepción, de todo lo que le han arrebatado, de todo lo que nos han arrebatado a nosotras y... puff... —Se dejó caer sobre la cama, abriendo los brazos. —Qué puta mierda... —Escuchar a Sam decir un taco era terriblemente extraño, por lo que miró de reojo a Caroline al decirlo, consciente de que 'todo' lo que había dicho, se habría eclipsado por ese 'puta' que salió de su boca. Eso sí, le salió del alma. Toda la verborrea dulce y cariñosa que solía salir por la boca de Sam, ahora acababa de verse impregnada en un taco muy feo cuando ella siempre hablaba de manera impoluta.

Miró al techo y se quedó callada, cerrando los ojos. ¡Es que tratar con Henry ahora le daba pereza! O sea, no pereza de desgana, sino pereza de... ¡voy a querer abrazarte y tu abrazo va a ser más frío que el del pingüino más soso! La normalidad ya no existía entre ellos y, fingir que sí, le dolía en el alma. Soltó aire por la nariz, quitándose los dramas de encima ya de una vez por todas: que tuviera lo que tuviera que pasar, pero al menos no se podría decir que ellas no lo han intentado.


Última edición por Sam J. Lehmann el Jue Mar 08, 2018 4:05 am, editado 2 veces
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Sáb Feb 24, 2018 3:47 am

Estaba nerviosa, inquieta, ansiosa, y todos los sinónimos existentes al estado actual en que se encontraba. Sus principales víctimas: sus uñas, no había parado de morderlas desde que le había enviado aquel mensaje a Henry con la invitación de venir a  casa. Él enseguida le respondió de manera afirmativa, y por más que eso le debería alegrar por un lado le daba un terror enorme. Ya que sabía que se estaban exponiendo enormemente, lo traería a su hogar junto a Sam y por más que ella era la que más fe tenía en todo el asunto, aún así no podía dejar de pensar en la posibilidad de que nada resultase. Porque por más que lo ha disimulado muy bien, aún le dolía recordar el reencuentro con el castaño, cuando se dió cuenta que su mirada por más que aún tenía ese brillo travieso no la recordaba  había sido horrible, espantoso y sumamente doloroso.

Se encontraba en su habitación mirando por la ventana, el paisaje era hermoso las calles de Londres estaban teñidas de un color de atardecer y  cubierta de una nieve de blanco inmaculado. Estaba perfecto para una fotografía, una bella pero muy melancólica a la vez. Como sacada del periodo azul de Picasso o algo así. Suspiró, rodeó sus piernas con sus brazos y se llevó la taza de chocolate caliente a la boca. Y mientras sentía como el cálido líquido comenzaba generar calor en su cuerpo, a su cabeza le dió por recordar días pasados. Como la primera vez que cometieron una travesura juntos, o cuando por fin fueron los tres al pueblo, o esas escapadas nocturnas para ir por comida a las cocinas, o esa noche en el Lago, tantos, pero tantos recuerdos le invadieron que tuvo que detenerse para no sentir más esa especie de apretón en el pecho que se le había producido de un momento a otro.

Se levantó de su cama y conectó su móvil a un parlante, porque siempre a creído que la música lo calma todo. Sonrió cuando escuchó el tema que había dejado en la cola de Spotify, y casi por inercia su cuerpo se empezó a mover, dejó la taza sobre el escritorio y cerró sus ojos. Como si de pronto, con aquel simple accionar todo pensamiento se fuera lejos y tan solo tenía que bailar para espantar cualquier mal. Sólo fueron unos segundos para después con una largo suspiro dejarse caer de espalda sobre su saltarin colchón. Abrió los ojos  y se re incorporó. Y justo es en ese momento fue cuando Sam apareció en su habitación.

Le miró y suspiró cuando la vió en esa actitud tan decaída, porque a diferencia de ella Sam veía las cosas un poco más sombrías. Y la entendía, pero al mismo tiempo le frustraba. - Hola.- le respondió de la misma manera manteniendo la mirada.-  Simplemente le invite a tomar una taza de café a mi casa. Sin más,- le contestó encogiéndose de hombros.  Observó como Sam se acercaba a ella y se sentaba a su lado.- Guapa.- le dijo así sin más dándole un besito en la mejilla para que le sonriera un poco, que así le gustaba ver a Sam, contenta y  no así de ojos no brillosos. Además no mentía, que se veía toda monona con sus lentes y abrigada como una abrazable oveja.- Y yo...- le susurró bajito haciendo una mueca con sus labios de incertidumbre total. La vió dejarse caer sobre su colchón y tuvo que reprimir la risa que le había producido escuchar a Sam maldecir de esa forma, es que eso sucedía poco, por no decir casi nunca. Tan sólo se limitó a enarcar una ceja y morderse el labio. Para luego también dejarse caer y quedar cerca de Sam, le miró.- Tenemos que intentarlo, Sam. Porque es Henry, nuestro inigualable y travieso Henry.  Y por más que sea una total mierda todo, debemos hacerlo. Porque pudo haber sido cualquier de nosotros y estoy segura que él habría hecho esto o más por volver a recuperarnos. Y eso tenemos que hacer, hasta lo imposible, aunque duela...- llevó una mano al rostro de su amiga y le corrió un mechón que le había caído en su rostro y se lo guardó tras su oreja.- Además hay que pensar en positivo. Pensemos que cuando nos tenga a las dos frente a él explotara de tanta belleza y lo recordará todo, así modo cachabúm.- bromeó llevando su mano al rostro de Sam a modo de explosión para destensar el ambiente ofreciéndole después una sonrisa.

Y en eso, sonó el timbre de la casa, pegó un saltó y miró a Sam.- Llegó el momento.- le dijo mientras sentía como su corazón comenzaba a latir fuertemente.- ¿Me acompañas?.- le preguntó ofreciéndole su mano.
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Henry Kerr el Sáb Mar 24, 2018 3:23 am

Caminaba hacia lo desconocido, pese a que tenía perfecta constancia de la dirección hacia la que se dirigía. Así de extraña era la situación en la que se encontraba.

Sí, era cierto. Dicha situación no era tan extraña, si se paraba un segundo a pensar sobre ella. Pero por mucho razonamiento que vertiera sobre esta, los sentimientos eran difíciles de cambiar.

Las emociones. Siempre ellas. Tan indescifrables, como la más etérea de las almas, tan volátiles y explosivas, como la más pasional de las amantes. Así eran ellas, intangibles y muchas veces imposibles de comprender.

Sabía que su viaje era de lo más mundano. Un simple paseo hasta una calle concreta. Hasta una casa en particular. El nombre de una calle y un número era todo lo que tenía, y era todo lo que necesitaba. Con eso le bastaba a cualquier hombre para llegar a su destino, él no iba a ser menos.

Más lo que hacía que un paseo se volviera en extraño, no era el hecho de ir hasta ese sitio, sino el sitio en sí. La casa de Caroline no era un lugar peligro al que ir, o eso creía. No obstante, le era imposible extraerse de lo raro que era ir hasta la casa de una chica, de la que sabía perfectamente su condición de amiga de fugitivos.

Joder, no iba a ser raro ir hasta la casa de Caroline, si ya era extraño de por sí, que no la apresara por ayudar a los prófugos.

¿Qué tipo de mortífago era él? Uno muy malo, eso estaba claro. A estas alturas, entre no terminar de echarle el guante a los Bennington, y visitar a una cómplice de fugitivos, ya no tenía dudas de lo desleal que estaba siendo consigo mismo. Con sus ideales.

Cada vez le volvía más loco el hecho de no saber quién era. La forma en la que estaba actuando los últimos tiempos. Aunque no sabría decir si era correcto mentarlos como últimos tiempos. Ya llevaba una buena temporada actuando así. Incluso antes de conocer a Samantha en aquella fábrica abandonada, ya había estado actuando extraño con Steven. Porque, sí, durante un tiempo, mantener falsa amistad con el mayor de los Bennington había sido un plan maestro para atar en corto al chico, y poder enterarse de la situación y escondites de otros fugitivos como él. Pero ahora ya no estaba tan seguro.

En realidad nunca lo había estado. El mismo día que se había reencontrado con su ex compañero de casa, había vomitado de lo mal que se sentía al ponerle la soga al cuello al buenazo de Steven. Por supuesto, pese a las dudas y el malestar, no había cambiado de parecer y seguía espiando al joven hasta que este desaparició, pero era evidente que algo no iba bien. Ninguno de sus compañeros se hubiera sentido así. A ninguno de ellos se le estaba rompiendo el alma en mil pedazos por no saber quién era.

Por este motivo, aceptar la invitación de Caroline no era tan extraño, pese a que lo fuera por otras razones, ya antes comentadas. Ahora mismo, sentía un implacable anhelo por saber más cosas sobre su pasado. Y la pelirroja era una de las mujeres clave para aprender más del Henry más joven.

Justo al pensar en ello, sintió el peso del mundo sobre sus hombros. Pues justo había llegado a su destino. Podía ver la sencilla casa, de un estilo muy londinense, como las demás que había en esa calle. Podía ver la puerta rosada, y el número sobre esta. No había duda alguna, no podía haberla, era la casa a la que debía ir. La casa de Caroline.

Resopló para sacar parte del nerviosismo que se había instalado en el centro de su pecho, y pensó en positivo, antes de caminar hacia la puerta y tocar el timbre.

Sí, había ido hasta allí para buscar respuestas, pero Caroline era una mujer hermosa. Más que hermosa, era una diosa sobre la tierra, y le había invitado a su casa. Eso… era tan divertido como sugerente el interior de su mente. Una charla y un café siempre era un buen comienzo para situaciones más calientes y placenteras.

- Mademoiselle Caroline, espero que no me haya olvidado-, saludó nada más abrirse la puerta, dibujando una media sonrisa picaresca en el rostro.

Una sonrisa que tardó en quebrarse un lapso de tiempo, lo que se tarda en exhalar un suspiro, lo que se tarda en pestañear, el mismo tiempo que había tardado la madera en mostrar el interior de la casa. Pero aunque su sonrisa se rompió, se fue desdibujando poco a poco, tras ver a la persona que había detrás de la pelirroja. Su semblante se fue torciendo desde el gesto sonriente, para llegar a la confusión, y finalmente acabar en la mueca de la compresión.

Un café y una charla era un buen comienzo para una tarde de pasión, Pero nunca estaba de más conocer mejor a Caroline, aunque no pasara nada más… cercano. Se había hecho una idea concreta de esa tarde, y ahora, cualquier plan en solitario con la pelirroja se había roto como un espejo cayendo desde un séptimo piso.

- Imagino que no estaremos solos-, comenzó a decir, con suspicacia, enarcando una ceja. - Pensaba…-, siguió hablando, pero no pudo terminar la frase. La cara de Sam sobre el hombro de Carol era demasiado impactante. - Qué hace ella…-, señaló a la rubia, pero tampoco pudo terminar la nueva frase. - Malédiction, ¿qué tipo de trampa es esta? ¿Ahora es cuando me secuestráis y me encerráis en el sótano?-, dijo algo molesto por la situación, pero en total tono de broma. Luego suspiró. - En fin, venía con la idea de poder conocernos mejor, y hablar un poco…-, dejó lo que estaba diciendo en el aire, sin saber cómo continuar. - Ya sabes, de mí-, terminó por decir, sin concretar en nada, dirigiendo sus palabras y mirada hacia Carol.

Venía con esa idea, por supuesto, pero también venía con alguna que otra idea más en la cabeza, que en este momento sería mejor no mencionar en voz alta.

- Supongo que poco importa que estemos solos. Ya que la rubia está más que enterada de todo-, miró directamente hacia los ojos de Sam. - Señorita Samantha, ahora es cuando debo decir, encantado de volver a verla, ¿no es así? -, sonrió a las chicas, después de trasladar sus últimas palabras a la rubia.

De momento quedaba mejor sonreír que salir corriendo. De momento.

Por Merlín. Esperaba no tener que arrepentirse de no haber huido en ese preciso instante. Porque luego, cuando estuviera amarrado en una silla del desván, sería complicado hacerlo.
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Sam J. Lehmann el Miér Mar 28, 2018 1:54 am

Era admirable el optimismo de Caroline, en serio. Después de todo lo que habían pasado, menos mal que no se rodeaba de personas pesimistas porque al final solo se motivarían a hundirse cada vez más. Pese a que Sam no estuviese nada convencida de que el asunto de Henry fuese ‘arreglable’, no perdía absolutamente nada sólo por tener un poquito de esperanza. Todo el mundo sabe que esa chispita, por muy pequeñita que sea, es la que mantiene todo a flote y no te hace perder la ilusión. Y como bien decía su amiga… por Henry no deberían perder jamás la ilusión. —¿Cachabúm? —repitió divertida, sonriendo tras el cariñoso gesto de su amiga. —Ojalá tengas razón. ¿Eres consciente de que Henry vendrá a esta quedada esperando encontrarte solo a ti, verdad? No sé qué más habrán cambiando en esa cabecita, pero estoy segura de que ‘tomar un café’ en casa de Caroline Shepard para él sería una clara invitación a tú ya sabes qué. —Hacer crucigramas, hablando en lenguaje de espías clásico y de alto nivel.

Cuando el timbre sonó, Caroline se levantó de un salto mientras Samantha soltaba aire profundamente, un tanto nerviosa. ¿Cómo cambiaban las cosas, eh? Aún recordaba perfectamente cuando hace años, al escuchar el timbre y saber que era Henry, Sam se levantaba emocionada del sofá para ir a abrir con el único impulso de abrazar a su hermano. ¿Y ahora…? Ahora la desilusión de no recibir abrazo, ni siquiera una sonrisa, hacía que todo fuese mucho más frío. Pero aún así aceptó la mano de su amiga y, con un impulso de ésta, se puso de pie y caminaron hasta la puerta.

Sam se quedó atrás mientras Caroline abría. Fue la rubia la primera en ver a su amigo frente a ella y, como es evidente, sonrió un poquito. ¡Era inevitable! ¡Era SU Henry! ¡Como había dicho Caroline: su único e inigualable Henry Kerr! Volvió a suspirar, como quién suspira enamorada. Sam no estaba enamorada de Henry, no al menos románticamente, pero sentía por él algo tan fuerte que no ser capaz de demostrarlo con gestos por miedo a ser rechazada pues le dolía. Eso sí, prácticamente se le borró la sonrisa cuando vio cómo cambió la cara de su amigo roto al verla.

‘Vaya por Dios, Henry, disimula tu decepción…’ pensó. Lo conocía muy bien como para recordar perfectamente cómo era su cara de decepción.

Este Henry, siempre babeando por Caroline Shepard. Que era normal, ¿eh? ¿Quién no babeaba por Caroline? ¡Pero ya podría disimularlo un poquito, ¿vale?! —Yo también me alegro de verte —dijo, alzando una ceja, con cara de patata triste y disconforme. —Pues si estás encantado de volver a verme sí, si no pues no —dijo y, pese a que era totalmente sincero, sonó bastante jovial. No quería ser antipática con él solo por estar enfadada con el mundo. No se lo merecía. Estaba roto y él no era el culpable de eso.

Con los brazos cruzados para mantenerse tapada con aquella sudadera, caminó hasta la cocina. —Y no te preocupes, que no tenemos sótano. ¿Prefieres que te encerremos en el baño o te amarramos en el patio? —dijo en broma, mirándole de reojo. —Es broma, puedes irte si no quieres juntarte con una traidora y una fugitiva —añadió igual de divertida. Madre mía, de repente hasta la situación le parecía divertida. —Pero te queríamos proponer una cosa. Y no, no es un trío. Mira que hace años que no somos amigos pero sé que es lo primero que se te ha pasado por la cabeza —dijo apoyándose en la barra americana de la cocina, divertida. Henry era mucho Henry y también eran muchos años los que habían pasado juntos. —Es algo más guay, de lo que siempre te hablo, al menos desde que me recuerdas… —El chiste. —Sé que en verdad soy una pesada y siempre te hablo de lo mismo, pero…

Y miró de reojo a Caroline, para que fuese ella quién continuase mientras Sam hacía los cafés.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Miér Abr 25, 2018 5:45 am

Camarón que se duerme se lo lleva lo corriente, dicen por ahí. Y mientras se encontraba sola en su habitación pensó que ella no se quiere quedar dormida, ella quiere nadar contra viento y marea. Quiere dar la pelea aunque cueste, aunque no se viera nada claro en el horizonte, y aunque a veces el olvido duela y pese por mil.  Porque simplemente se niega a pensar que la mejor de sus historias llegase a su fin, se niega a perder ese lazo tan hermoso que construyeron los tres, y se niega con todas sus fuerzas a bajar la guardia, el ánimo, y el cariño.

Es por eso que cuando su mirada se encontró con la de Sam,  se dió cuenta que haría hasta lo imposible por volver a ver los ojos de su querida amiga felices, y por volver a toparse con esas miradas traviesas que sólo se producían cuando  Jota y Henry estaban juntos, de las que ella tantas veces sintió celos, pero de mentira porque en verdad sólo eran ganas de ser parte de esa complicidad, de ese amor que se creaba entre los dos y que nunca tardaban en unirla y hacerla parte de esa conexión tan especial y única. Y se prometió que sin importar el resultado de hoy, ella iba a dar la pelea, hasta el último round. Por Sam, por Henry y por ella misma.

Rió tras escuchar el lenguaje de mega espía de su amiga,- ¿"Tú ya sabes qué? ¿Qué sé?.- preguntó haciéndose la desentendida sólo por molestarla y escuchar de su boca la palabra precisa y no esos eufemismos. Para luego volver a reír y encogerse de hombros.- La verdad, me da lo mismo lo que piense. Lo que me importa es que se quede y que no se vaya todo indignado refunfuñando "Yo quería mi sexo salvaje y descontrolado blablabla".- dijo imitando la voz y rostro de un Henry refunfuñón para luego echar a reír.- Aunque no creo que la haga, repito:  estoy segura que lograremos ese "Cachabum".- volvió a repetir el gesto de explosión para luego tenderle una sonrisa llena de cariño y ternura a su amiga.

Y en eso el timbre sonó, y su corazón comenzó a cabalgar desaforadamente, como si supiera a lo que estaba a portas de enfrentar. Que una cosa era esperar que Henry aceptará quedarse y querer conocer de su pasado, pero una cosa muy diferente era que él realmente quisiera hacerlo. ¿Y si no quería? ¿Y si se marchaba y no quisiera hablar nunca más con ninguna de las dos? O peor aún ¿Si al saber que vivían juntas las delataba? Eso sería horrible, y...La mano de Sam vino a calmarlo todo, cuando sintió su contacto se relajó. Porque estaban juntas en esto, en pos y por Henry. Y esa mezcla jamás ha de salir mal, sin importar el tiempo en que se encontraran.

Abrió la puerta y sonrió, porque aunque todo dijese lo contrario ella veía aún ahí a su Henry, era casi un acto reflejo sonreírle. - ¿Olvidarte? jamás.- le respondió con su mirada fija en la suya. Tan fija que pudo distinguir muy bien cuando fue perdiendo de a poco su brillo, y posteriormente se volvió entre una mezcla de confusión y decepción.

Y como le dolió escuchar ese "Qué hace ella" ¡Ella! Cómo si fuera qué, ¡Arg! Le frunció el ceño, pero no a Henry, ni a la situación, sino a la vida misma. Tan maldita por hacerle esto a ellos, quienes tantas veces años atrás le daban un poco de sabor y color a este mundo a veces tan lleno de seres despreciables. ¡Que no se lo merecían, joder!

Iba a abrir la boca para decir algo pero prefirió callar, observando a los dos e impidiendo su ferviente impulso de agarrarlos y apachurrarlos en un abrazo. Uno tan fuerte que los hiciera hasta volver a recordar. Ays, que bonito que es soñar, lo mejor es que es gratis.

Se rió tras escuchar las palabras de Sam refiriéndose a la loca idea de Henry de qué le iban a encerrar, aunque ahora que lo pensaba mejor no serían tan mala idea si es que este se llegase a negar a escucharlas, juum...ok no. La risa que soltó después sonó aún más fuerte tras escuchar lo siguiente y negó con la cabeza divertida. Es que a eso es lo que se refería, ver a Sam y Henry juntos aunque sea en un contexto tan de mierda como ese le hacía tan, pero tan feliz.

 Sintió la mirada de la rubia sobre ella y se dió cuenta que la hora de hablar había llegado, suspiro. - ...pero, lo que sucede, Henry. Es que no estabas tan equivocado en lo que pensabas al venir acá, después de todo.- comenzó a decir mirándolo fijamente.- Porque efectivamente nos conoceremos mejor y hablaremos un poco de tí.- siguió diciendo con una mirada traviesa.- Pero lo que pasa, es que para hacer justamente eso, no sólo podemos estar tú y yo. Porque para eso, "Ella", "esa rubia" "Samantha"....-  enarcó una ceja sin poder evitar demostrar su leve molestar antes el tono utilizado por el castaño al referirse a su adorable Sam, es que ¡joder, que impotencia!.- ... es fundamental en esta historia. Sin ella, no somos nada. Así de simple. - sentenció encogiéndose de hombros.

- Y sí, puedes irte por esa puerta si es que realmente lo deseas. Pero, debes tener presente que,  si es la verdad lo que realmente buscas este es el mejor lugar donde encontrarla.- su mirada se ablandó, porque quería expresarle en ella lo importante que era que él decidiera quedarse, que decidiera escuchar su versión de la historia.

Se le acercó hasta quedar enfrente de él.- Y bueno, ¿qué dices? ¿Aceptas tomar un café lleno de historias con una fugitiva y una traidora?.- le preguntó mordiéndose levemente su labio inferior, expectante. - Vamos Henry, nuestra propuesta es una lenteja. ¿La tomas o la dejas, eh?.- insistió sonriente haciendo una analogía con esa canción tan pegajosa, y de paso destensar un poco el ambiente que estaba como para cortarse con un cuchillo.
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Henry Kerr el Dom Jun 10, 2018 4:01 am

Pobres chicas. Las jóvenes bajo el umbral de la puerta estaban ilusionadas de poder volver a ver a su amigo. De poder volver a convertirlo en eso precisamente, en aquel amigo de sus infancias y juventud, que era la punta de ese triángulo de amistad pura y verdadera que conformaba ese trío antes de que el malvado Nathaniel destruyera la mente de su rubio hermano.

Pobres chicas…

Un momento, esta historia la anda contando este humilde servidor. Sí, los post de las chicas daban sincera lástima, pero… que mal escritor sería si no recalcara al verdadero afectado de esta historia. Y ese no era otro que el joven inocente y agradable que acababa de tocar el timbre. Nuestro querido Henry, por supuesto.

Sí, muy bien esa parte de la tristeza, y que malvado amigo por no recordarlas y que es tan seco con Sam. Pero oye, que Henry no recuerda todos los antiguos y bonitos recuerdos con ellas. ¿Qué esperaban?

Además, ese pobre muchacho iba directo a una casa con una despampanante pelirroja en su interior… ¿Quién en su posición no hubiera pensado como él? Eso no se hace, no, no, no se juega con las ilusiones de un hombre joven en edad de merecer y en el esplendor de la vida.

En fin, una vez  puesto sobre la mesa quien era el verdadero vilipendiado de esta historia, y en definitiva, la auténtica realidad de ella, poco más se podía decir al respecto. Sólo se podía continuar hacia adelante con ella.

- Oye, que me alegro de verte. No lo decía por quedar bien-, respondió a la rubia, en cuánto esta soltó aquella frase con franca tristeza dibuja en el rostro. - Sólo que no sabía que tendría compañía. Quiero decir, que pensaba que Carol quería hablar más sobre mí, y bueno, no es una conversación que pensara que pudiéramos tener con más gente-, se explicó.

Eso de no tener compañía había sonado mal, tenía que reconocerlo. Bien parecía que quería empotrarse a la pelirroja contra el primer apoyo que encontrara al entrar en la vivienda, y era cierto, pero no lo había querido decir en ese sentido.

De todos modos, no estaba seguro de haber conseguido arreglar el problema. ¿Había sonado convincente? Espera que sí, que ya lo tenían por algún tipo de pervertido pasa rubias mientras haya carnaza pelirroja.

- Ya imaginaba que no sería un trío-. Mierda. Había fracasado en su intento de no aparentar querer tirarse a Caroline. Y mierda doble, un trío tampoco hubiera estado mal. - Ni que fuera un depravado mental. Ya suponía que Carol me había invitado para hablar sobre mí, pero no pensé que fuera con más gente. Pero claro, eres su amiga, también sabes lo que ocurre conmigo, así que debí imaginar que también podrías estar. Fallo mío. Siento el malentendido-, se disculpó.

Ese era el buen camino. Ahora sí parecía que iba a casa de Carol a hacer algo más que intentar tener sexo salvaje con ella.

Henry dominaba el diálogo como nadie. Era una virtud que recordaba desde siempre albergar, y aunque en los tiempo que corrían no podía estar seguro de ningún recuerdo, estaba seguro de que ese faceta la dominaba desde que era un niño, o desde su juventud al menos. Dudaba que a su hermano le interesara borrarle esa parte de su vida. Por qué habría de importarle que fuera un excelente conversador.

En cualquier caso, en aquellos momentos le servía para escapar de un atolladero, como de costumbre.

- Hey, esa canción me suena. Creo que la he escuchado-, dijo, refiriéndose a la frase de la lenteja. - Oh, bueno. Si he venido a eso, por qué iba a irme-, comentó con firmeza y decisión. - Pero vamos, sabía que tenías trato con ella desde que os viera juntas en Samhain, los apelativos de traidora y fugitiva no me sorprenden a estas alturas-, siguió hablando mientras daba unos paso para internarse en el recibidor de la casa. - Aunque tengo que decir que suenan un poco mal. Será mejor obviarlos-, dijo finalmente.

Sobre todo porque se suponía que él era uno de esos señores vestidos de negro que cazaban y mataban a fugitivos y traidores. Menudo mortífago de mierda estaba hecho, más necesitaba a esas chicas para saber más de sí mismo. Se trataba de algo personal, y poco importaba el juramento que hubiera realizado ante el señor tenebroso, pues necesitaba saber más de su pasado.

Un hombre sin pasado, es un hombre sin futuro.

La realidad es que somos lo que vivimos, y si su verdadera historia pasada era del todo distinta a la que tenía dentro de su cabeza, resultaba que cada decisión que hubiera estado tomando no era la que el verdadero él hubiera tomado.

Un cacao, vaya. Uno muy jodido y amargo cuando se encontraba dentro de tu cerebro. Cuando no podía saber quien eras en realidad, cuando todo lo que eras estaba en tela de juicio…

A veces la vida podía ser un auténtico asco.

- Y no te quepa ninguna duda, acepto ese café. Ayudará a despejar mi mente-. Su mente, esa que era un embrollo lleno de recuerdos de alguien que no era… Menudo auto chiste se había contado. - Por donde empezamos. Donde acomodo este hermoso y sabroso trasero-, bromeó para restarle tensión al ambiente.

El rubio se adentró más en la casa, hacia donde se encontraba Samantha apoyada.

- Más guay que un trío. Estoy expectante por escuchar lo que me tienen que contar-, volvió a bromear, dibujando una sonrisa en los labios. - Mira que en este mundo no hay muchas cosas mejores. Has puesto el listón muy alto-, siguió con la broma.

Al tiempo que hablaba se frotaba las manos aún enguantadas para calentarlas y aclimatarse mejor al interior, mucho más cálido que el exterior de un Londres de Febrero.

- Imagino que debemos empezar de cero, aparte de sus nombres no sé nada. Ni de donde son, ni cuando nos conocimos-, comenzó a decir, retirándose los guantes. - En el colegio, por supuesto. Pero qué año, ya saben-, terminó por preguntar.
Henry Kerr
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Sam J. Lehmann el Lun Jun 11, 2018 7:18 pm

"¿Eres su amiga y también debes de suponer lo que pasa conmigo?" ¿Acaso se ha vuelto a romper y ha olvidado que fue la misma Sam la que le contó todo por primera vez y le hizo ver que no todo lo que creía, era real? A ver, hablemos claro, Henry, ¿tú odias a Sam o algo? ¿Estás bajo una maldición imperios que te haga auto-hechizarte con un obliviate cada vez que te relacionas con Lehmann? Madre mía, no se acuerda ni de la Sam del pasado y, al parecer, tampoco de la del presente. —Pero tú te acuerdas de que te salvé la vida en la fábrica de galletas, ¿verdad? Y que te conté todo. Eso fue antes siquiera de reencontrarme con Caroline. —Respondió. —¿Te volviste a romper? —Pudo haber sonado a broma, pero no lo era. Menos mal que era consciente de que no se había roto otra vez por culpa de otra persona, porque si alguien (sobretodo su familia) supiese que Henry tiene relación de nuevo con Sam o Caroline... probablemente ahora mismo no estarían allí.

En Halloween ambas fueron a la fiesta en Babylon, lugar en donde se encontraron a Henry. Estaba claro que sabía que eran amigas y que Caroline protegía a Sam y, pese a eso, no las había delatado ni ido a por ellas. No sabía si porque le debía una a Sam después de lo que hizo por él, o porque de verdad seguía—inconscientemente—prendado de la pelirroja y había conseguido una confianza extrema en ella, de nuevo, este último año. No tenía ni idea. Sam ya no entedía a Henry, aunque por suerte, sabiendo lo roto que estaba, no se sentía ni un poquito en peligro a su lado. Lo que hace la confianza, ¿eh? Estaban en casa de Caroline con él, evidenciando el hecho de que Caroline escondía a una fugitiva y… mira: parecía que le daba francamente igual. Había sido un riesgo pero… quería pensar que Henry, ahí en el fondo, más allá de todas las cosas malas que habrá hecho, seguía siendo el mismo Henry que quería hacer las cosas bien. Pero algo le decía que no tenía muy bien equilibrado eso del filtro de lo que estaba bien o no.

Pero por suerte ni Carol ni Sam le habían dado motivos para desconfiar de ellas.

La rubia puso la cafetera, dejando que la pelirroja y el chico hablasen entre ellos. Preparó las tazas, la suya especial como siempre, con un extra de chocolate para apaciguar el fuerte sabor del café. Siempre, desde los diecinueve años, cuando tomaba café se lo tomaba así.

Pese a estar a su rollo, escuchó, dándose la vuelta para ver a Henry sentarse en el sofá, un poco perdido por dónde comenzar la conversación. A decir verdad, Sam estaba un poco por el estilo, ya que tenía la sensación de que empezase por dónde empezase, todo iba a sonar falso en la mente sugestionada de su amigo. Así que cuando se hizo el café—bastante rápido pues hirvió el agua con magia—, los sirvió y los llevó a la mesa con una bandejita, en tres tazas diferentes. La taza de Sam era de color turquesa, con rayas de color amarillo y una pera sonriente que decía: “¡Eres la pera!”. La de Caroline era parecida, pero roja y con un tomate haciéndose el muerto sobre un paquete de ketchup, con la frase de: “Tomato Drama”. La que le puso a Henry era negra, con unos ojos sorprendidos mirándote con curiosidad. Sam apartó la suya, de la cual salía un característico olor a chocolate por encima del café. —¿Quieres saber quiénes somos ahora o quiénes éramos antes, cuando te decimos que te conocíamos? No sé, en realidad no sé ni por dónde empezar. Siento que tal y como tienes la sesera, nada de lo que te diga te va a sonar real. Así que solo me queda pedirte una cosa antes: sé objetivo. En realidad no eres nadie. Si quisiéramos algo de ti nos hubiéramos aprovechado mucho antes. Si hacemos esto es porque nos importas.“Desgraciadamente…” pensó.

¿He dicho ya que Sam estaba pesimista con el tema? Quería ayudarlo, claro, pero las opciones eran reducidas.

Se iba a sentar en la silla al lado de la ventana, con su taza, pero antes de hacerlo se le ocurrió una idea. Miró a Caroline. —Vete contándole tú, ahora vengo… —Fue hacia su habitación, poniéndose al lado de la cama y tirándose al suelo como quien hace una flexión, metiendo el brazo debajo de la cama. Allí tenía una caja, llena de cuadernos negros de tamaño mediano. Todos estaban bastante usados, algunos incluso rotos o con más de un papel en el interior que había sido añadido después. Eran sus diarios de toda la vida, que englobaba desde Hogwarts hasta casi finales de su etapa universitaria.

Pocas cosas pudo llevarse de su casa aquel 19 de diciembre en donde todo cambió, pero sus memorias, sus pasiones y sus mascotas fueron prioridad absoluta. Sentía que sin eso, no sería nadie.

Tenía, de media, dos diarios por año, ya que escribía todos los días. Siempre fue una niña muy tímida, con muchas incertidumbres cuando era pequeña, motivo de que todo siempre estuviese plasmado en papel. De verdad sentía que la pluma y el pergamino eran dos herramientas que no juzgaban y te ayudaban a aceptar y entenderlo todo. Y vamos, tenía clarísimo que en el noventa por ciento de los diarios, Henry era nombrado. ¿Qué mejor prueba que esa?

Cogió la caja y salió al exterior unos tres minutos después. —Miren. —Dijo más animada. —Son mis diarios de Hogwarts y la universidad. Llegó un momento en donde escribía mucho menos, cuando empecé a trabajar en el Ministerio… luego lo volví a retomar el gusto por eso de poder contarle a algo lo emocionante y horrible que era mi vida. —Y sonrió, con divertida ironía. Ahora sí, dejó la cajita sobre la mesa, cogió su café achocolatado y se sentó en la silla, mirando a Henry. —Y yo... no sé qué decirte. Me llamo Samantha Lehmann, tengo un segundo nombre que odio, empieza por Jota y que sólo Caroline y tú sabéis después de años de insistencia, motivo de que me llamaséis Jota cuando éramos pequeños… Soy natal de Austria aunque me hice inglesa para pertenecer a un mundo que me quiere matar, tengo un problema con el chocolate que no tengo intención de resolver, soy vegetariana porque me daba pena comerme una hamburguesa delante de mí cerdito... —Señaló con la mirada a Don Cerdito, rascándose la espalda con el radiador. —Mi pasión siempre fue descubrir los secretos de la mente y mi cosa favorita de ti siempre fue esa costumbre que te dio en primero de carrera con traerme cada lunes por la mañana un muffin de tres chocolates para animarme las semanas. Bueno, eso y que siempre le pegabas un puñetazo al que se atreviera a llamarme sangre sucia, aunque fuese tu propio hermano. —Alzó levemente una ceja, se encogió de hombros y entonces bebió de su taza, la cual todavía estaba bastante caliente.

Cuando terminó de beber, miró sus diarios. Ahí no había nada problemático, de hecho la gran mayoría de situaciones que se encontraban ahí estarían relacionadas con Henry y Caroline, siendo otro tanto por ciento relacionado con Gwendoline y Bee. Y total, era todo del pasado. No tenía nada que esconder, que ella recordase. —No soy muy dada a compartir las cosas que pongo ahí porque siempre he sido muy cursi. Pero seguramente salgas en todos esos cuadernos. Y… no se. Ya que no recuerdas nada, al menos te puedo prestar yo mis recuerdos y que te veas como yo te veía.
Sam J. Lehmann
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Caroline Shepard el Vie Jun 29, 2018 7:04 am

"...no es una conversación que pensara que pudiéramos tener con más gente"

Enarcó una ceja y le dedicó una sonrisa de lo más divertida. Es que era curioso, porque pese a que sabía que ese Henry que tenía delante no era el mismo de años atrás, ella sabía que él castaño diría una chorrada como esa. Que quizás algunas almas sensibles le molestaría pero, que a ella de manera particular siempre le ha causado mucho gracia. Como también el verlo ahora, haciendo alardes de su increíble don del habla que poseía, con una sonrisa encantadora y las palabras precisas creía haberse liberado de aquella confesión que aún hacía, pese al incómodo momento que estaba viviendo el trío, que la pelirroja tuviera una sonrisa traviesa en su rostro.

Llegó su momento de intervenir en esa tensa conversación inicial entre los magos, y acercándose al castaño le explico con total sinceridad cuales eran sus verdaderas intenciones aquel día. Unas muy lejanas a las que él se imaginaba al venir a su casa, pero no por eso iba a dejar de ser interesante o llegar a ser hasta divertido. Quién sabe si tal vez visitando algún recuerdo una risa colectiva se generaba entre los tres. Es que quizás tan sólo tenía veintisiete años, pero si algo había descubierto es que en la vida, prácticamente todo puede llegar a suceder.

- ¿Por qué? Si eso es lo que somos ¿no? Bueno, al menos ante los ojos de nuestros líderes mágicos.- soltó desafiante, mientras se cruzaba de brazos y se encogía de hombros como si acabara de decir una verdad innegable.- Pero que va, con tal de que te quedes nos puedes llamar "Mujer maravilla",  "Catwoman", hasta "Ricitos de oro".- soltó en broma y destensó un poco su postura. Es que si quería realmente que el mago se quedase, tenía que empezar por no tirar mala onda a la primera oportunidad que se le cruzase de hablar del nuevo gobierno. Sonrió ampliamente y sus ojos ganaron brillo cuando el castaño terminó por aceptar un café. - Pues siéntete como en casa, yo te recomiendo ese sofá de allá, pero si tu quieres sentarte en el suelo o en ese macetero, pues eres libre de hacerlo.- bromeó, aunque al instante se arrepintió de haberlo dicho que ya veía al ex ravenclaw subiendose arriba de esa planta solo por hacer el loco.

Soltó una risa al escuchar sus siguientes palabras, y con mirada traviesa mientras se mordía sutilmente su labio inferior se acercó al mago.- ¿Y tú cómo sabes que hacer un trío es tan grandioso? Mira como me sorprendes, Henry Kerr.- sonrió de manera coqueta mientras le dirigía una rápida mirada de abajo hacia arriba, para luego soltar una risita y alejarse de su lado. Que ella podía ser muy centrada y enfocada la mayoría del tiempo pero, algo le decía que si seguía por ese camino y conversando esas cosas con el castaño, más temprano que tarde se terminaría tentando.  Así que fue al sillón más lejano y se sentó en el mientras esperaba que Sam regresará con los cafés.

Le dedicó una cariñosa sonrisa a la rubia cuando llegó con la bandeja y la depositó en la mesa. Fue inmensamente agradable sentir el contacto de sus manos toparse con la cálida temperatura de la taza, que aparte de otorgarle calor era sumamente mona. Sin duda era una de sus tazas favoritas. Sé quedó allí en el sofá que quedaba enfrente de los dos y se dió el tiempo, una vez más, de mirarlos con atención. Los años claramente habían pasado por ellos, pero pese a todo seguía allí ese no sé qué, que Carol tanto amaba de ese par y que hacía que ahora se encontrará con una mirada de boba enamorada mirándolos, pese a que lo que se estuviesen diciendo fuera todo menos algo encantador.

Pestañeó un par de veces para regresar al presente y no estar sumergida en ese mar de recuerdos que de pronto le habían asaltado al tenerlos allí a los dos tan cerca, como hace tanto no los tenía. Porque la fiesta de Hallowen no contaba, porque habían miles de personas más y un peligro que no permitía disfrutarlos a merced, en cambio ahora era una instancia mucho más íntima. - ... pues, dónde, cómo, y cuándo nos conocimos, es algo muy fácil de responder. Fue un 1 de septiembre del 2001, en Hogwarts, y  a los tres el sombrero nos gritó que Ravenclaw sería nuestra Casa. Con Sam fue como si hubieran estado destinados a conocerse, yo me sume  tiempo después. Y desde allí no nos separamos más hasta que crecimos y tuvimos que abandonar el Castillo...- se detuvo al ver de reojo como la rubia volvía  sumarse y traía consigo diarios de vida que la pelirroja no tardó en reconocer. Mientras Sam se presentaba, Caroline aprovechó el tiempo para de manera traviesa dejar su taza sobre la mesa, sacar un diario de de su amiga y comenzar a leerlo al vuelo. Es que si la pelirroja fuera una gato, de las siete vidas le irían quedando tres de lo curiosa que es.

- Yo también tengo...- susurró y se levantó de sopetón del sofá, para luego correr hacia su pieza y de un movimiento arrimar hacia ella los diarios que había dejado sobre su escritorio y que al volver al living los depositó una arriba del otro sobre la mesa.- Al igual que Sam a mi también me da mucho por escribir, dibujar...- señaló abriendo una página al azar en donde se encontraba algo que seguramente quiso ser en algún momento un retrato del Lago Negro, y si le ponías mucha atención hasta se podía ver al calamar revoloteando por las dibujadas aguas.- o pegar fotografías...- agregó abriendo otra página y mostrándole con cero pudor una de ella más pequeña flipando en Honeydukes.-  Bueno, que yo no he respondido como Sam a tu pregunta. Pues me llamo Caroline, como ya has de saber. Regrese a Londres hace menos de un año, después de haber ido diez años a estudiar y ejercer mi profesión a Japón. Amo a los animales y las criaturas mágicas, hasta a veces más que los humanos.- soltó una risita y luego continúo.- Soy magizoologista, y mi especialidad son los Kappas.  Estoy segura que en otra vida fuí un pez, una mantarraya o una medusa, porque me siento más a gusto en el agua que en la tierra...y no sé, muchas cosas más pero que espero que exista el tiempo y las ganas de querer seguir descubriendolas. Ahora bien, tienes nuestros recuerdos a tu merced. ¿Algún hecho en particular qué quieras observar? Nuestra primera travesura, pelea o asalto a Honeydukes, por ejemplo.- vale, lo último lo había intentado pero siempre había formado parte de las aventuras por hacer para el trío y le hacía gracia agregarlo a la lista.
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Henry Kerr el Miér Ago 08, 2018 2:44 am

La situación que se había encontrado en la casa de Caroline, era muy distinta a la que había imaginado cuando recibió la invitación de la pelirroja. La suma de tres personas en el portal de la vivienda había sido, hasta cierto punto, un inesperado shock.

Y ahora, poniéndose más serio, el choque anímico no se había producido por el repentino cambio de planes. No había ocurrido porque pensara en intimar un poco más con la bella dama, que no iba a mentir, sí que se había hecho esa idea; sino porque no esperaba ver a Samantha allí. Por supuesto, teniendo en cuenta que eran amigas, una cuestión que bien pudo comprobar en la noche de Samhain, ahora se sentía un poco tonto por no haberlo imaginado antes.

Qué se le iba a hacer, lo hecho, hecho estaba, y así se habían dado las cosas. Pasada la confusión se sentía mucho más a gusto, segundo a segundo, cada vez se encontraba más cómodo en compañía de las dos mujeres. Sin embargo, aún estaba un poco nervioso, aunque en realidad no era por el malentendido, más bien se debía a la situación que debía afrontar.

Conocer más de él, de sus recuerdos… era un momento importante para él. Mucho más de lo que pudiera parecer con sus palabras sobrias y su temperamento siempre listo para improvisar, que lo hacía aparentar el tipo más tranquilo del mundo en esos instantes. Más en su fuero interior estaba ansioso por saber más del Henry que ya no recordaba. Esa información era vital para él.

- No recuerdo haberme roto nunca-, bromeó con bastante picardía, para luego dibujar una ladina sonrisa en el rostro, al mismo tiempo que miraba directamente hacia la cristalina mirada de la rubia.

Había que romper el hielo de alguna manera, aunque fuera con una broma a costa de su propia persona, y con una situación bastante seria. Pero en fin, muchas bromas consistían en quitarle hierro a asuntos serios.

- Pues creo que lo mejor sería que empezaran por justo el principio de todo. Por cómo nos conocimos en el colegio, y esas cosas.

Él tampoco sabía muy bien por dónde empezar, pero cuando Sam comenzó a preparar el café y dejó que Carol continuara con el intento de comienzo de la historia, aprovechó para acomodarse en el sofá. Después el rubio cruzó una pierna por encima de la rodilla de la otra, y atendió todo lo que tenía que decir la pelirroja al respecto.

- Ya, para el gobierno sois unas traidoras, pero no es bonito que te vayan diciendo traidor, ¿no es así? - sonrió. - Me estáis ayudando, lo menos que puedo hacer es ser educado-, terminó por decir. - Y supongo que un trío con dos mujeres hermosas debe ser sensacional-, se encogió de hombros. - No es que haya pensado mucho sobre ello-, rió levemente, al tiempo que tomaba una de las tazas. - Muchas gracias por el café, se agradece con este tiempo tan frío-, se mostró agradecido.

Y es que en Londres, Febrero era un mes bastante frío. Aunque muchos forasteros dirían, que cuando no lo era.

- Oye, cómo que no soy nadie. Soy Henry Kerr, guapo, inteligente y descendiente de uno de los linajes más antiguos, poderosos y ricos del mundo mágico-, protestó, aunque no se lo tomó a mal y no lo dijo con enfado. - Ah, y guapo, por si no lo había dicho-, bromeó con una sonrisa, y tomó un sorbo del café. - Sí, sé lo que quieres decir, no me tomaré las cosas a malas y no pensaré que me mienten, aunque me cueste. Haré el esfuerzo, pero que conste que no será fácil. Hablamos de recuerdos que son distintos a los que yo poseo, las remembranzas de una historia totalmente distinta a la que viví, o mejor dicho, recuerdo vivir. Por ende, será la historia de un hombre que soy pero en realidad no soy. Es complicado de asimilar-, dijo más serio, antes de volver a tomar un sorbo de café.

Esta maldita situación lo estaba volviendo loco. Pero sólo hablando con esas mujeres podría saber más de sí mismo, aprender más del hombre que fue. Solamente entonces podría tomar una buena decisión en todo el problema de sus recuerdos cambiados. Y sería difícil incluso aún sabiendo más del Henry del pasado. Qué haría con sus padres, con Nathaniel. Qué demonios debía hacer a partir de ahora.

Con recuerdos falsos o reales, una cuestión tenía clara, su vida a partir de ahora no iba a ser sencilla. Siempre se había dejado llevar, viviendo el día a día, pero esta vez, por primera vez en su corta existencia, no sabía qué hacer a continuación. Por primera vez no tenía las ideas claras.

En cualquier caso, Samantha pareció tener una idea, pues salió de la habitación a toda velocidad.

- El uno de septiembre de dos mil uno es mucho tiempo-, masculló entre dientes, aunque suficientemente alto como para que la pelirroja lo pudiera escuchar. - ¡Entonces nos conocemos desde que empecé en Hogwarts! - gritó de repente, como si hubiera descubierto la pólvora, y no había dicho una más que obviedad. - Fuimos a la misma casa. Los tres-, ahora entendió por qué era tan importante para ella que él recuperara sus recuerdos.

No puedo evitar tomar otro sorbo de café y acabarse la taza, que con delicadeza dejó sobre su platillo correspondiente. El café sirvió para despejarlo y recordarle que no estaba soñando.

- Así que fuimos una especie de trío de amigos desde el inicio del colegio hasta que terminamos nuestros estudios en él-, comentó dubitativo, al tiempo que hacía un círculo imaginario con el que buscaba hacer referencia de ellos tres. - Supongo que eso explica la insistencia de ustedes por mí. Cómo dijo la rubia, no soy nadie. Algún motivo debía de haber para querer recuperarme, aparte de mi herencia-, bromeó, marcando una gran sonrisa en el rostro.

Fue entonces cuando Sam reapareció en escena, más no tardó en pasar la atención de ella a las libretas que trajo y dejó sobre la mesa.

- Vaya, entonces no es un mito que la gente tenga diarios-, volvió a bromear. - Pensaba que era una especie de leyenda urbana-, comentó divertido, al tiempo que tomaba uno entre sus manos. - ¿Puedo? - preguntó, pese a que los habría traído precisamente para él.

Aunque la mujer los trajera para que los leyera, se sentía un poco tímido por tener que invadir su intimidad.

- Ser perseguido debe ser tan emocionante como horrible, estoy de acuerdo-, se mostró empático con la fugitiva. No sabía que más decir al respecto. - Jota, te diré Jota pues, ya que supongo que si digo el nombre real, acabarías conmigo. Y no queremos eso, al menos yo no-, bromeó, retomando una conversación distendida.

En ese momento Carol también pareció tener una buena idea para ayudarle a recordar, o simplemente tenía mucha prisa, pues después de comentar algo entre susurros que no apreció a escuchar, salió del sofá como un resorte.

- Por lo que veo eres una austriaca que vino al país equivocado-, siguió razonando las cosas que había dicho la rubia, a la vez que tomaba uno de los diarios y lo miraba por encima. - Imagino que el cerdo no lo tienes desde hace mucho, no al menos desde que se supone que nos conocemos-, rió. - ¿Tu fuerte es la magia con la mente? No me digas. O hiciste carrera en el mundo muggle, y eres psicóloga o algo así-, enarcó una ceja.

¿Era algún tipo de broma macabra? La verdad, no podía culparla, últimamente su vida era una constante broma macabra.

- Pegar a mi hermano puede que sea una constante que retorne a mi vida, mira tú por dónde-, dijo con sorna. Aunque tenía ciertos tintes de volverse cierto.

La broma pasó al regreso de Caroline, que sin duda trajo más diarios para que leyese. En este caso, por evidentes razones, los que le pertenecían a ella.

- Oye, no sólo descubro que los diarios no son un mito, sino que ambas tenéis-, bromeó, mirando con cierto asombro la pila de libretas. - Me encanta leer, y no quiero parecer malagradecido, pero me llevará mucho tiempo leer todo esto-, les dijo sin perder el asombro. - Bonito dibujo, por cierto-, terminó por decir, sin saber muy bien que comentar al respecto.

Esos libros iban a ser una buena fuente de conocimientos. Todo lo que deseaba un Ravenclaw al alcance de su mano, y por si fuera poco, justo lo que necesitaba para comprender más de sí mismo.

- ¡Qué curioso, yo también soy magizoologista, aunque mi especialidad son los dragones! - comentó muy animado. - Bueno, eso ya lo sabías-, dijo eso último con la boca pequeña, porque se sintió un poco estúpido. - Sí, sí. Me interesa saber más de mí. Ahora mismo, mi prioridad en la vida es aprender más de mi pasado, así que tengo todo el tiempo del mundo-, se atrevió a confesarles.

Henry miró un par de páginas más del diario que había tomado entre sus manos, sitiándose feliz por tener la posibilidad de estudiar esa suculenta información, pero al mismo tiempo abrumado por la cantidad de cosas que tendría que volver a aprender de su pasado.

Mirando en lontananza hacia el horizonte de su destino, parecía una empresa demasiado difícil de realizar, por no decir imposible.

- ¿Me permiten un segundo? - dijo de repente, cerrando el diario de golpe. - Necesito ir al baño-, comentó amable. - Sí es posible, claro. Ya invado suficiente intimidad con los diarios, no quisiera causar más molestias.

Más que ir al baño, necesitaba respirar. Necesitaba aire, mucho aire, todo el que existiera sobre la faz de la tierra, y bien parecía que en aquel salón no quedaba ni una pizca de este.
Henry Kerr
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Sam J. Lehmann el Mar Ago 28, 2018 1:46 am

Le dio permiso para leer sus diarios, sin problema ninguno. Lo que había escrito ahí correspondía a lo que había vivido desde los once hasta los dieciocho años, en el interior del castillo y todo eso ya quedaba muy atrás en su mente y recuerdos. Poco le importaba lo que pudiera leer. Sin embargo, Sam reaccionó ante un comentario de su amigo. —No es nada emocionante, ¿qué dices? —Se quejó cuando su ex-amigo en proceso de volver a serlo dijo que ser fugitiva debía de ser emocionante. —Es una mierda. No es emocionante, es estresante. No digas tonterías. Quizás sea emocionante para ti ir a cazar fugitivos, pero no pienses que les estás regalando una noche cargada de emoción por su vida —le criticó con el ceño fruncido. ¡Emocionante, dice! ¡Ya le vale al Kerr roto! —Bueno, me dirás Jota porque dudo mucho que recuerdes cual es mi segundo nombre —añadió con condescendencia. —El cerdo lo conseguí un año después de terminar la universidad porque no me dejaban tenerlo en la residencia, así que sí lo llegaste a conocer. Y no, no soy psicóloga, soy legeremante —contestó finalmente a todas sus dudas.

Caroline volvió, también con sus diarios, a lo que de repente Henry tenía un buen montón de libros escritos por niñas de quince años de media que podrían abrirle la mente en cuánto a su pasado o... directamente no servir para nada. Sam quería pensar que aunque no sirviese para nada—algo terriblemente probable—al menos sirviese para hacer que Henry se convenciese de lo que todo lo que le decían ambas chicas era real: que existió siendo alguien que en realidad no era el mismo que él recordaba. Para Sam no era suficiente, pero... al menos deseaba que así fuese.

No quería ver a su amigo viviendo una mentira y creyéndose ser quién le han impuesto ser. Le parecía injusto y no quería ver como seguía convirtiéndose en un monstruo que no era. Y... sólo hacía falta mirarlo: sí, podía llegar a cruzarse sus cables en esa mente rota y de un día para otro delatar a Caroline y a Sam, ¿pero por qué iba a serlo? Lo estaban ayudando a recordar y en ningún momento le habían amenazado con nada, sólo querían acercarse a él. Siendo Sam lo que es era una terrible imprudencia y quizás Caroline debía de ser la única que llevase ese tipo de cosas con él, pero la rubia no quería quedarse al margen. Jamás abandonaría a nadie de su familia, aunque fuese un loco que había metido a gente como ella en Azkaban. ¿Lo peor de todo? Que gracias a Merlín no habían coincidido ahí fuera como enemigos. Henry no hubiera aceptado una tregua por parte de una fugitiva que intenta convencerla de que no es quién es: Sam hubiera terminado en el ala psiquiátrica del Área-M por no poder atacar a su amigo y encima intentar convencerle de su identidad.

Sam escuchó entonces el resumen que le había dado Caroline sobre sí misma, pero faltó un detalle super importante que obvió. No sabía si es que ya se lo había dicho en algún otro momento o es que si no pretendía decírselo, pero Sam estaba ahí, como buena recordadora de cosa—para algo era legeremante, vamos—para que ese tipo de detalles no se quedasen en un segundo plano, olvidados. —¿Pero él sabe que ustedes salieron casi por dos años en Hogwarts? —preguntó, inocentemente. —Porque sí, Henry Kerr de todos los Santos, hombre de cerebro roto, saliste con esta preciosidad y seguro que no te acuerdas. Ya te vale. —Le dijo, negando con la cabeza con fingida indignación.


Henry se fue al baño, a lo que cuando entró, Sam se hizo hacia adelante, hacia Caroline. —Dime la verdad —le pidió, en voz bajita. —¿No se te hace rara esta situación? Parece que todo está bien, que nada ha cambiado... pero luego veo como Henry me mira y siento que soy una completa desconocida para él, cuando él para mí es como mi hermano, ¿sabes? Y es raro eso de sentir que tu hermano hace unos meses podría haberte metido en el Área-M sin pestañear porque no te reconocía lo más mínimo. —Se llevó una de las manos al rostro, pasándosela por la mejilla. —En fin...  —Y dejó ese tema de lado, para entonces coger una de sus libretas. —Lo que ha dicho Henry es verdad, no se va a leer todo esto... que no es por faltarle el respeto a nuestras hermosas Sam y Carol del pasado, pero seguro que ésto está cargado de cursiladas y ponemos verde al pobre Henry por todas las gamberradas que hacía... —Rió, negando con la cabeza por lo divertido de la situación. —¿Y si...?

¡Oh! ¡Le había entrado una revelación! Abrió los ojos ampliamente y sonrió, poniéndose en pie aún con esa libreta en la mano. Era una aleatoria, ni siquiera sabía de qué año o de qué época. Tenía un aspecto viejo—como todas—y encima tenía varias hojas sueltas en su interior.

¡Henry, deja de hacer caca en nuestra casa y sal ya de ahí! —Le metió prisa, divertida. El escocés tardó unos minutos en salir, no sin antes escuchar un golpe en el interior y ver que Henry salía algo dolorido, tocándose la frente. Sam rió, mirando a Caroline de reojo. —Nosotras la llamamos la báscula del terror —comentó divertidísima, para entonces hacerle una seña para que se acercase. —He pensado que si no te han arreglado mentalmente para hacerte también más entregado con la lectura, no te vas a leer esto jamás —comenzó diciendo, señalando los diarios. —Así que se me ha ocurrido que podríamos adentrarnos en ellos, ¿conocéis el hechizo? Te sumerges en el libro, todo mentalmente y puedes vivir las experiencias y las historias ahí descritas, obviamente desde el punto de vista del escritor. Pero... no sé, podrías vernos, a los tres, ¿os gusta la idea?
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Vie Oct 26, 2018 3:07 pm

Rodeó los ojos divertida cuando escuchó las flores que se tiraba a él mismo el castaño, que lejos de sonar como un vanidoso te hacía sonreír, porque pueden haber pasado los años, haber trastocados mentes, haber existido viajes de larga distancia y haber gobiernos de mierda pero, hay cosas que no cambian nunca, que permanecen en las personas a lo largo de toda su vida y que te hacen ser único entre todos, y una de esas cosas era el don innato que tenía el castaño de siempre lograr hacerte sonreír, aunque a veces los único que quieras es lanzarle un macetero a su cabeza simplemente no puedes, porque antes de hacerlo ya te estás partiendo de la risa a su lado olvidando por completo lo que te causo molestia segundos atrás.

Miró cariñosamente a Sam cuando llegó con las tazas y no tardó en tomar la suya e impregnarse del calor que desprendía, se dió el tiempo de observarlos y por unos momentos volver a sentirse como esa adolescente llena de sueños compartiendo un café con sus mejores amigos en la sala común de ravenclaw, solo duró un par de minutos esa sensación, pero fue una muy bonita.

Comenzaron a narrar esa historia que había comenzado hace ya diecisiete años atrás y que para el joven mago era como escuchar un cuento, de esos que a uno le leían cuando pequeño antes de dormir, uno que podía gustarte o no pero sabías que no podía llegar a ser real porque no te sentías protagonista de esa historia. Y podía sentir ese caos dentro de Henry, y tuvo tantas ganas de lanzarse encima de los dos y hacerle recordar todo a posta de abrazos y mimos, pero se contuvo y se quedó ahí con su café en la mano y muchas cosas por contar.- Pero no te engañes, tu herencia acá es lo más importante, lo otro es simplemente un aderezo.- bromeó divertida.

Sam llegó con sus diarios, y al igual que Henry no aguantó la curiosidad y también tomó uno entre sus manos, ya que por más que ella sí recordaba, leer la historia desde la versión de su amiga le causaba mucho intriga y emoción. Fue en busca de los suyos, que contenían no solo palabras sino que también fotografías y dibujos, los dejó sobre la mesita de centro junto a los diarios de Sam para luego presentarse. Resumir tu vida en solo un párrafo era muy complicado, pero esperaba que instancias como estas se volvieran a repetir, y que ojalá esto no fuera un debut y al mismo tiempo despedida.

- Pues si sé que también lo eres, me lo contaste en la playa.- le recordó sonriente pero con una brisa melancólica, ya que ese mismo día fue cuando comprendió la verdadera magnitud de todo lo que estaba pasando y lo difícil que se venía de allí en adelante.- Eres el señor chimuelo.- le dijo divertida pero luego comprendió que no entendía a que se estaba refiriendo.- ¿No has visto la película Cómo entrenar a tu dragón?.- preguntó sorprendida.- Buah, que es para niños pero a mi me ha encantado.- agregó después encogiéndose de hombros soltando una risita infantil. En eso Sam agregó algo a su historia que ella había querido dejar para más adelante, cuando no quedara como una loca que inventa romances y pudiera comprobarselo con sus escritos, miró a Sam con ojos de huevo frito para luego mirar con una mueca incómoda a Henry.- Pues sí, fuimos novios los últimos dos años en Hogwarts.- le corroboró.

Henry se fue al baño y cuando desapareció tras la puerta miró a Sam y se le acercó para poder susurrarle cosas.- Si, es una situación muy extraña, pero me da buena espina ¿sabes? Siento que por más que todo este le cause mucho estrés y confusión quiere hacerlo, y creo que eso es un muy buen primer paso, el tener las ganas...- suspiró.- ...sí, pero no lo hizo, ni meses atrás, ni ahora y eso es una buena señal ¿no?.- terminó con una pregunta porque por más que pareciera toda calma en su exterior por dentro también era un torbellino de emociones.- Ay sí, es verdad. Yo a veces me ponía re intensa...bueno, ahora también.- soltó una risa.- ¿Qué quieres te diga? soy una intensidad con patas.- dijo divertida, para luego ver en el rostro de Sam esa hermoso momento de Eureka. - ¿Y si...qué?.- le preguntó curiosa a su amiga. Para luego reír con el llamado de la rubia al castaño y aún más cuando escuchó el sonido al interior del baño.- La báscula más terrorífica de todas.- agregó risueña.

Abrió los ojos emocionada al escuchar las palabra de su amiga.- ¡Sí, me encanta la idea!.- exclamó de ojos brillantes, había olvidado por completo ese hechizo y le parecía perfecto para este momento.- Pues, no sé hay muchos donde escoger...- dijo llevando su mirada hacia todos los diarios que se encontraban repartidos en la mesa de centro para luego volver a mirar a Henry.- ¿Por donde te gustaría empezar?.- le preguntó sintiendo su corazón comenzar a latir fuertemente, emocionada de volver a revivir unos años increíbles de su vida.
Caroline Shepard
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Henry Kerr el Lun Nov 05, 2018 8:08 pm

Bien. Una inmensa fuente de conocimientos estaba al alcance de su mano, más tanto escrito echaba para atrás a cualquiera que no fuera de la casa Ravenclaw. Por fortuna, él era de dicha casa, por lo que imaginar el tiempo que debería invertir para leer todos esos diarios no lo asustaba en absoluto. No obstante, sabía que necesitaría una impresionante cantidad de tiempo y que no podría leerlos ahora, mientras conversaba con las mujeres. Esa labor tendría que esperar…

- Oh vamos, sólo estaba siendo sarcástico-, se excusó, en cuánto escuchó el sermón de la rubia sobre lo jodido que era ser fugitivo.

Ya imaginaba que ser perseguido era una mierda. Pero ahora mismo estaba en una situación compleja y no quería decir nada que enturbiara la conversación. Al fin y al cabo, aunque esas mujeres decían ser sus amigas y realmente parecían decir la verdad, lo cierto es que en la actualidad eran unas personas a las que acababa de conocer, y cómo si eso fuera poco para complicarlo todo, estaba el ínfimo, pequeñísimo, minúsculo detalle de que estaban en bandos opuestos, nótese la ironía.

No. La posición de los tres era complicada. Ellas, porque una era una fugitiva y en realidad debería capturarla, no tomar el té con ella, y la otra porque la ayudaba a ocultarse de la justicia. Él, porque, como ya había mencionado, debería capturar a la rubia por traidora y a la pelirroja por encubrirla, y en vez de eso charlaba con ellas.

A simple vista sólo eran tres personas hablando y tomando café, pero la situación tenía miga, bastante miga. Muchos hombres y mujeres habían perdido la cabeza por mucho menos de lo que él estaba haciendo. Cualquiera de sus compañeros de armas le daría boleto al tren de la otra vida sin pensárselo dos veces, y no podría reprochárselo, siete meses atrás él tampoco lo hubiera dudado.

- Bueno, pues entonces. Encantado de volver a verle, señor cerdo-, saludó con la mano al pequeño ser. - Y no, ni pajolera idea de que va detrás de la J, pero quería divertirme un poco a tu costa-, se encogió de hombros, con una sonrisa dibujada en los labios.

Ser desenfado y actuar como lo haría con personas que no tendría que atrapar, era lo mejor. La rocambolesca situación sólo saldría adelante si le quitaba hierro. Por eso había intentado bromear con la emoción antes, y ahora lo hacía con el cerdo. Pero sí, lo cierto es que había temas como las persecuciones que era más apropiado dejar al margen, así nadie sufriría y tendrían que pensar en ello.

- Legeremante, qué interesante oficio. Espero que no me estés haciendo magia para leerme la mente. No me habrás echado algo en el café-, enarcó una ceja mirándola con sospecha, pasados unos segundos rió con suavidad.

Por supuesto se ahorró el “increíble que una hija de muggles pudiera conseguir ser legeremante”. Incluso sin usar el término sangre sucia, la frase era un poco…

En definitiva, no hacía falta ni describirlo, pero debía usar toda su cautela y saber estar para controlar lo que pusiera salir de su boca. Al fin y al cabo, no era mortífago porque lo ganara en la tómbola de una feria. Se lo había ganado por sangre y por sus propios méritos, y ante esto era fácil imaginar, que Henry se desenvolvía en otro tipo de círculos sociales. Unos que eran del todo opuestos al actual.

- Qué puedo decirle, señorita Caroline. El dinero no da la felicidad, pero nunca está de más tenerlo-, bromeó sonriente, siguiendo el hilo de la broma de la pelirroja.

Las palabras sobre su encuentro en el ministerio, con posterior viaje a la playa sueca, le brotaron buenos recuerdos en el interior de su cabeza. Fue un encuentro corto, pero tan intenso como divertido. Y bueno, escuchar de nuevo el nombre de Chimuelo brotar de sus labios le transportó rápidamente a diciembre, noche donde pudo conocer mejor a la joven.

- Pues sí, sí la he visto. Y debo decir que ojalá los dragones fuesen así de fáciles de manejar-, rió.

Aunque la risa no le duró mucho. ¿Qué acababa de decir Sam? ¿La había escuchado bien? Todo parecía indicar que sí, pues la contestación de Carol no dejó margen al error.

- ¡Qué! ¿Cómo que hemos sido novios? - fue lo único que atinó a responder, pues su cabeza ahora era un torbellino de confusión. Pero… ¿pero cuándo pensaban decírmelo? No sé, parecía importante-[/color], dijo, llevándose una de las manos a la frente.

De un momento a otro la habitación se había vuelto tan caliente como el maldito infierno. Toda la ropa que llevaba encima le ardía sobre la piel, y su cabeza parecía a punto de estallar.

- Ya-, se levantó y movió las manos nervioso. - Bueno, no pasa nada. Ya me contarán bien esta historia, pues creo que será mejor que la sepa-, se volvió a pasar la mano por la frente. - Sí, será lo mejor. Iré al baño. No tardaré.

Y con esa escueta despedida se fue con rapidez al baño. No corriendo, porque no es que su vida estuviera en peligro, y no quería parecer más alarmado de lo que ya se había notado por su reacción, pero sí con paso ligero y ágil.

Necesitaba escapar de ese calor infernal que lo acosaba. Necesitaba agua cómo mes de mayo, y la encontró en el lavabo. Ya le había pedido a las chicas ir a este para relajarse un poco, no por necesidades biológicas, más ahora lo precisaba mucho más que antes.

¿Novios? Qué puta locura era esa. Él había vivido otra vida, una muy distinta a la que esas mujeres hacían referencia. Le gustaba la vida que había tenido. No podría haber sido más feliz, no podría haber tenido mejores amigos y una mejor familia.

Una onda de agua, lanzada con sus propias manos, empapó su cara. Un golpe de agua refrescante y revitalizador.

Pero todo lo que le habían dicho encajaba a la perfección. Ese era su verdadero pasado. Y todo lo que tenía en la cabeza era una puta mentira. Un cuento metido en su cabeza por la persona que sabía que tenía los conocimientos y los medios para hacerlo. Su hermano.

Los mejores amigos y la familia perfecta. Todo mentira.

El rubio se echó otro chorro de agua sobre el rostro con ayuda de las manos, y luego enterró la cabeza unos segundos en el agua, que se había acumulado en el lavamanos con el tapón puesto.

Mucho mejor. En cuánto sacó la testa del agua se sintió mejor, así que cerró el grifo, quitó el tapón, y dejó que el agua se fuera por desagüe mientras contemplaba su cara. La cara que siempre lo había acompañado pero que pertenecía a un hombre que no recordaba.

Un suspiro brotó de sus labios sin poder evitarlo, y Henry se acarició la mejilla para retornar a la realidad y dejar los nervios de lado.  Luego con la mira encontró la toalla de manos a su lado, no tardó en tomarla para secarse el rostro, y después de hacerlo contempló la báscula.

Hacía mil años que no usaba un chisme como ese, por lo que decidió que era el momento de averiguar su peso actual. Aún secándose el pelo, su cara se encontró de lleno con un obstáculo.

- ¡Joder, por Merlín! - gritó, fruto del inesperado. Ahora el mago se acariciaba el rostro de nuevo, pero no para perder nervios, sino por ese caliente picor que le recorría una mejilla y la frente. - Pero qué cojones ha pasado-, dijo, tocando el cristal con la mano libre, y comprendiendo ahora lo que había pasado.

Se había dado de lleno contra un maldito cristal que un genio de la decoración había decidido colocar en el lugar más apropiado.

- No estaba haciendo caca-, dijo, nada más salir del cuarto de baño. - Sólo os estaba rompiendo la caza a cabezazos-, bromeó, tomándose con humor el hostión que se había dado. - Oye, pero a qué viene eso. Yo siempre he sido un chico muy aplicado. Podría leerme todo eso hasta con los lejos cerrados-, comentó, sacando pecho de su condición de Ravenclaw.

Aún le dolía el lado izquierdo de la cara y la frente, pero para eso no había más remedio que el tiempo. Lo único que podía hacer era seguir conversando con las chicas y aprender más de su antiguo yo, y con franqueza, la idea de Sam era realmente buena.

- Sí, lo conozco. Es una gran idea-, le reconoció a la rubia el mérito de la ocurrencia. - Pero sí, ¿por dónde empezar? - dijo sentándose de nuevo junto a ellas, respondiendo sin una idea clara a las palabras de Caroline. - No sé, nada de lo que hay en esos diarios lo recuerdo, así que no podría decir nada concreto. Pero supongo, que lo mejor será empezar por el principio, ¿no? - expresó, afirmando con la cabeza al considerar que era la mejor opción. - Qué mejor que empezar por el principio e ir avanzando en la historia. Vayamos al inicio, a cuando nos conocimos.

A falta de sucesos exactos que poder mencionar, y con la necesidad de verlo todo, sentía que la mejor idea era ir viendo la historia desde el principio y paso a paso.
Henry Kerr
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Sam J. Lehmann el Lun Nov 12, 2018 4:34 am

¡Pero qué nervios!

La idea de meterse en los diarios podría dar muchísimo juego y hacerle ver a Henry, entre otras cosas, que ninguna de las dos se estaba inventando absolutamente nada. La verdad es que Sam confiaba en que si lo de él era incurable, al menos fuesen capaz de hacerle ver la realidad, el auténtico pasado y que el Henry que era actualmente fuese capaz de pensar por sí mismo y darse cuenta de que algo… algo había cambiado en él, y no precisamente de manera natural. Quería pensar que aunque no pudiesen curarlo, al menos pudiesen hacer por él lo mejor, que era demostrarle quién era. O al menos quién fue.

Es por eso que cuando Henry salió del baño después de haber sido atacado por el posa-toallas, le propusieron la idea con muchísima ilusión. Él coincidió, no sin antes decir algo muy cierto: lo mejor de todo era comenzar por el principio. —¡Yo lo tengo escrito! —Exclamó visiblemente emocionada, buscando entonces en su caja el diario más viejo que tenía de Hogwarts. —Bueno, tú no lo recordarás Henry, pero entré a Hogwarts perdidísima y muy sola. Recuerdo que mi padre me dio mi primera libreta para que lo apuntase absolutamente todo y así poder contárselo todo en cada carta sin perder ningún detalle. Además, entré al castillo sin muchas ilusiones en hacer muchos amigos, de pequeña era muy poco abierta y muy tímida. —Lo cual ahora había cambiado muchísimo. Al nombrar al padre de Sam, inevitablemente recordó que llevaba casi un año sin decirle absolutamente nada, pese a que él cada mes le mandaba un correo electrónico, sin perder las esperanzas de que su hija estuviese bien. Suspiró mientras seguía buscando el diario correspondiente a su primer año en Hogwarts. —Y de hecho es que recuerdo hasta como escribí el momento en el que os conocí a ambos. Nosotros nos conocimos en el Expresso de Hogwarts, recuerdo que me ofreciste un regaliz del carrito cuando tu hermano me empujó por en medio del pasillo de uno de los vagones. Luego resultó que caímos en la misma casa. Carol y yo nos conocimos en el Gran Comedor: me ofreció chocolate cuando yo no era más que un amasijo de nervios antes de la gran selección del sombrero. —Rió nostálgica, echando de menos los tiempos en Hogwarts. Algunos, claro están. Otros ya no tanto… —Pero la primera vez que hablamos bien y demostraste ser un caballero digno de Escocia fue cuando me caí de la escoba en vuelo y fuiste quién me acompañó a la enfermería. Riéndote, claro, pero me acompañaste mientras yo lloraba como una niña chica haciéndose la fuerte.

Finalmente encontró el diario correspondiente, cantando aleluya. Se puso de rodillas en la alfombra del salón, justo en frente de Henry y Caroline, para también sacar su varita. —¿Estáis listo? —Hizo una pausa, mordiéndose el labio inferior. —Estoy nerviosa. Hace años que no leo nada de esto. Bueno, para ser sincera: creo que nunca he re-leído ninguno de mis diarios…

***

Unos minutos después, ya Sam había hecho el hechizo correspondiente y los tres amigos—o no tan amigos todavía—se habían sumergido en aquel diario de tapa desmejorada y letra fea de una Sam de tan solo once añitos, una Sam asustada en un mundo nuevo, de una Sam agradecida por haber recibido tanto calor y cariño de dos personas tan enormes como eran Caroline y Henry, con también tan solo once años.

Aquel recuerdo había comenzado en la sala común de Ravenclaw la primera vez que Sam, Caroline y Henry intercambiaron palabras entre ellos, juntos, a la semana de entrar a Hogwarts. Podría haber empezado por el momento en el que Sam y Henry se conocieron, o en el que Sam y Caroline se conocieron, pero… decidió entrar en el momento en el que Sam, en compañía de Caroline, se encontraba con un Henry hiperactivo que señalaba a la rubia como ‘la torpe que se había caído de la escoba en clase de vuelo’. En ese mismo recuerdo se veía a Sam sacándole la lengua con diversión, ya que recordaba perfectamente como él le había acompañado a la enfermería y le había hecho compañía. No estaba enfadada por su ‘broma’, sino más bien divertida. Era cierto que a raíz de eso—y el futuro golpe de bludger—le iban a quitar las ganas de por vida de coger y acercarse a una escoba, pero en ese momento hasta ella admitía que la caída había sido cómica.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Dom Dic 23, 2018 4:47 pm

- Si lo fuímos.- le corroboró, y no pudo evitar no sentirse incómoda tras la reacción de Henry cuando se enteró de  que habían sido novios, y es que le hubiera gustado decírselo antes para que no lo pillará así tan de sorpresa, pero simplemente nunca había encontrado el momento preciso para hacerlo, o quizás de alguna manera también le pasaba que le era difícil hablar de tiempos pasados como ese con el castaño, eran demasiado los sentimientos que se apoderaban de ella cuando comenzaba a pensar en aquellos días. Pero pensándolo bien aquel día estaba hecho para eso, para desenterrar aventuras pasadas y tratar de refrescar memorias trastocadas, así que mejor momento como aquel no existía.

Henry se fue al baño algo sofocado y ambas se quedaron solas nuevamente en el living. Caroline comprendía la  incertidumbre por el que vendrá de Sam, porque ella de cierta forma también la sentía. Tenía miedo de que esa confianza que tenía de que toda saldría bien sólo fuera producto de esa testaruda esperanza de que las cosas podían volver a ser como antes, o al menos parecidas. Escucharon el sonido seco de alguien golpearse contra algo y supieron enseguida de qué se trataba, hizo el intento de poder suprimir la carcajada que quería salir a borbotones, pero no pudo, era la travesura que ambas disfrutaban cuando alguien de las afueras venían a casa, una muy maligna por cierto, pero nadie se a muerto por golpearse con un pequeño vidrio ¿no?

Cuando el castaño volvió la pelirroja sintió cosquillas en su estomago nerviosa por lo que estaba próximo a suceder, porque no sólo hablarían de sus memorias sino que las volverían a vivir, volverían a verse de pequeños cuando aún tenían esa mirada brillante y expectante por lo que vendrá, cuando soñaban con pasar toda una vida juntos recorriendo el mundo y triunfando en sus profesiones, y cuando el amor que se tenían aún era intenso y recordable. La primera parada era saber del origen de la triada, Sam fue la primera en ofrecerse de voluntaria con sus diarios, comenzó a buscar el diario preciso mientras  contextualizaba a Henry de lo que estaban próximos a ver y vivenciar. - “No hay nada que un poco de chocolate no pueda solucionar”.- repitió la frase de su padre y que ese día le había comentado tras recordar aquel momento de sus vidas que ahora parecía tan lejano, casi como un sueño, uno muy buen por cierto.- Oh...la caída.- susurró con ojos brillantes, recordaba muy bien aquello y lo que significó para los tres, sonrió ilusionada y algo nostálgica de volver a visitar aquella memoria.

Sam encontró el diario y se situó al frente de ambos, cuando preguntó si estaban listos Caroline tardó unos segundos en contestar de manera afirmativa, estaba muy nerviosa y no por ella sino más por la reacción de Henry, ya que si se ponía en sus zapatos todo esto debe resultarle muy agobiante. Inspiró profundamente soltando el aire en un largo suspiro.- Vamos, comencemos con esto.- respondió para luego dedicarle una cálida sonrisa a ambos.

***

No tardaron en encontrarse los tres sumergidos en aquellas hojas llena de recuerdos y pensamientos de su amiga Sam. Todo comenzó con una imagen de ellos en la sala común de ravenclaw, riendo y hablando de cosas sin sentido pero que le hacían ser los seres más felices de la redonda. Caroline sintió un cosquilleo recorrer todo su cuerpo al volver a visitar todos aquellos lugares que tanta alegría le habían dado, todo se encontraba con una especie de capa de neblina alrededor hasta que terminó por enfocarse en una escena muy conocida para ella, la de aquel día en que Sam se había caído de la escoba en la clase de vuelo y había terminado con ellos tres en la enfermería.

- Desde este día que comenzó tu odio por las escobas voladoras.- le susurró divertida a Sam que se encontraba en un costado, para luego clavar su mirada en sus yo de pequeños. Le invadió una nostalgia abismal al verlos nuevamente juntos, y el saber que aún les quedaba tanto pero tanto por vivir a esos pequeños seres que se encontraban ajenos a esos espectadores provenientes del futuro.

- Henry bajate de esa camilla, que terminarás cayendote también y me quedaré sin ninguno de los a la hora de la cena.- le regañó una pequeña pelirroja al castaño que se encontraba sobre una de las camillas bailando e improvisando una canción para "Sam la torpe voladora", y pese a que lo regañara aún mantenía una sonrisa en su rostro, es que Henry desde el principio de los tiempos tenía un especial don para hacerla sonreír. Suspiró y sacó de su bolsillo un regalito para Sam.- Mira lo que tengo para tí, la tenía guardada para el final de la clase pero como las cosas cambiaron un poco el rumbo, aquí la tienes.- le dijo tendiendole una rana de chocolate, mientras se sentaba al lado de su amiga, luego desvió su mirada en el castaño.- Tengo otra más en mi bolsillo ¿la quieres?.- le preguntó clavando su azul mirada en la del chico.

- Allí aún no éramos tan amigos, tú lo eras más de Sam que de mí, pero creo que desde aquí las cosas cambiaron un poco, creo que te gane por medio de tu estomago.- le susurró un divertida Caroline a Henry que se encontraba observando aquel paisaje de su vida junto a las dos magas.
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Henry Kerr el Vie Ene 04, 2019 1:40 am

A esta altura de la narración no iba a mentir. Los nervios embargaban al rubio hasta tal punto, que casi no podía pronunciar palabra alguna. Casi, pues Henry “piquito de oro” no se callaba con facilidad, menos aún cuando estaba a punto de presenciar escenas de un pasado olvidado.

¡Qué emoción! Estaba a un paso de conocer esa parte de su vida velada para él… ¡No, mejor aún! Estaba a punto de verlo con sus propios ojos.

Era más que emocionante. Era un privilegio, ya que estaba a unos segundos de un momento importante de su vida. A unas palabras mágicas, acompañadas por los movimientos correspondientes de la muñeca de Samantha, de conocer al Henry más joven y verdadero.

Sí, el Henry verdadero, pues el Kerr hacía mucho tiempo que estaba seguro de la veracidad de la historia que le habían contado las chicas, o de otro modo, ni siquiera hubiera decidido ir a esa casa.

Vale, vale, es cierto que Henry había ido a la vivienda de Caroline para tomar un café a solas con ella, y de paso, quizás, si los astros se alineaban, hacer cosas de mayores con ella… No les intentaría engañar más, prometido con la boca pequeña. Sin embargo, para no desviarnos mucho del tema en cuestión, hacía tiempo que la historia de las jóvenes, de un Henry de pasado distinto al que este pensaba que tenía, había calado en él. No en vano tenía sentido y las pruebas eran evidentes e irrefutables. Y si no fuera por ello, no habría aceptado pasar una bonita noche junto a Carol en el circo, meses atrás, cuando se habían encontrado casualmente, y menos aún habría aceptado ir hasta su casa, por hermosa y elegante que fuera la pelirroja de cristalina mirada que allí habitaba.

No, nuestro Henry, por alocado que en ocasiones pudiera parecer, e informal con sus bromas y sonrisa casi permanente, en realidad era un chico serio y de lealtad incuestionable. No traicionaría sus ideales visitando a una amiga de fugitivos, y menos por el mero hecho de que esa joven estuviera impresionantemente buena. Sí, lo sé, el adverbio se le queda corto, pero no quiero volverme a ir por las ramas.

En cualquier caso, sin importar los motivos iniciales que llevaran al ex raven allí, o lo buena que estuviera la dueña de la casa, el Kerr estaba a punto de vivir uno de los momentos más importantes de su vida reciente. Y la emoción, los nervios y la expectación no podían ser mayores.

Aunque sí había un pequeño, ínfimo, minúsculo detalle, que distraía a Henry, y que hacía que no tuviera su mente puesta por completo en la importante vivencia que estaba a punto de presenciar.

- Sí, lo fuimos-, repitió las palabras de la pelirroja, con voz neutra, como si el rezo de un mantra se tratara. - ¡¿Y ya está?! – comentó, tan asombrado por la noticia como por la tranquilidad con la que se lo tomaban. - Joder, es que no sé-, dijo más calmado, antes de dejar de hablar y negar con la cabeza. - No sé… Coño, es que a mí me parece un detalle importante que alguien debería haberme dicho antes.

Qué carajitos estaba pasando. Vamos a calmarnos y a pensar con mesura la situación.

La cosa sería así: la chica que tenía intención de ligarse resultaba que… ¿ya había sido su novia? ¿Cómo te comes eso? Con un yogurt bajo en calorías seguro que no, hacía falta un refrigerio algo más contundente para ayudar a asimilar una situación tan… flipante.

O al menos esa era la única descripción de la situación que se le ocurría al bueno del ex Ravenclaw, bueno, ex Caroline, por lo que se veía. En fin, pobrecito Henry. Ser un hombre roto con la memoria de Dory es lo que tiene.

- Ay, por Merlin. Menuda locura-, se resignó, pues parecía que era al único que le importaba eso de ser ex de imponentes pelirrojas y no saberlo. Claro, para ellas era algo más que asumido, algo pasado hace mil años, pero para él... - Bueno, no importa. Es algo del pasado, sólo que para mí, pues… es bastante reciente. Lo siento-, se disculpó, por si había parecido un pirado o algo así. - Mejor nos centramos en esto, y ya hablaremos algún día de esto-, dijo, dirigiendo su rostro hacia Carol, mirando directamente hacia sus claros ojos. - Si te parece bien, claro-, dijo inmediatamente después, pues su frase anterior era una consulta y no una rotunda afirmación, y había sonado más como lo segundo, que como lo primero.

En todo caso, ex novias y demás historias aparte, la dama de cabellos dorados había mencionado tener escrito en su diario el día en que se conocieron, y mientras Henry flipaba en colores con la noticia de su antiguo noviazgo con la pelirroja, la bella Sam comenzó la búsqueda del diario concreto en el que lo había apuntado todo.

No había pasado ni medio segundo del fin de las palabras del rubio, diciendo que lo mejor era centrarse en los diarios, y que ya hablaría con Caroline en privado si ella quería, cuando Samantha comenzó a resumir lo que estaban a punto de presenciar, al mismo tiempo que rebuscaba entre su pila de escritos.

- Bueno, parece lógico. Tú eres… pues eso. Hija de muggles-, comentó con tacto. - No sabrías nada del mundo mágico hasta la llegada de tu carta de ingreso.

El Kerr pertenecía al bando contrario al de ellas, al grupo que pensaba que tales personas debían quedarse en el mundo no mágico. No obstante, una cosa era ser de un bando y otra no saber cómo funcionaban las cosas antes del cambio de gobierno. Al fin y al cabo, había perdido parte de sus recuerdos, no se había vuelto imbécil de repente.

- Imagino que tus padres tuvieron que hacer un cursillo rápido del mundo mágico-, dijo, más para sí mismo que para las chicas. - Es normal que quisiera saber todo de primera mano de su hija-, se mostró amable.

No iba a ponerse en modo purista cuando sabía perfectamente con quienes trataba, y que estaba allí por propia voluntad. Sí quería saber más de sí mismo debía pasar por todo aquello, y las chicas se estaban portando bien con él, dándole acceso a sus recuerdos, lo mínimo era ser educado y tragarse su lado más duro.

- Un regaliz, eh. Por lo que dices, soy majo y encantador desde los once-, se echó flores. - ¿Solo te empujó? Supongo que por entonces no tenía fuerza suficiente para tirarte por la ventana-, bromeó, intentando quitarle hierro a la situación con un poco de humor. - Y a quien no le gusta el chocolate-, afirmó con rotundidad, teniendo presente que había gente que no le gustaba, pero que sin duda no eran humanos, sino una mezcla entre persona e idiota animalicus. - Pues sí, hasta con once era todo un caballero. Pero mejor será verlo, estoy listo-, contestó a Samantha, justo después de que Carol mostrara su propia predisposición a comenzar.

Minutos más tarde, el poder de la magia demostró su fuerza y superioridad una vez más. El salón de las chicas se desdibujó delante de sus ojos y las paredes del cuarto se emborronaron al tiempo que se creaba una nueva imagen a su alrededor. En un visto y no visto Henry se encontró en la Sala Común del castillo en otra época y tiempo distinto al actual. Puede que lo que le enseñara la rubia fuera diferente a cómo lo recordaba, es más, no tenía nada dentro de la cabeza sobre una rubia estrellada con su escoba, un galante rubito que la acompañara a la enfermería, y una simpática pelirroja ofertante de chocolate para cerrar el grupo de amigos; no obstante, el castillo, su forma y paredes, su altura y todo el ambiente era tal como lo recordaba, y era toda una pincelada de nostalgia sobre su corazón.

- La sala común. Es hermoso sentirse seguro bajo el techo de Hogwarts una vez más, aunque sea una mera ilusión-, comentó de buenas a primeras, mirando en su derredor, y clavando la vista en el techo del castillo. Nada más hacerlo, el rubio aspiró aire por la nariz con todas sus fuerzas. - Maravilloso, puedo sentir hasta el olor de la escena. Este hechizo es magnífico. Expone todos los recuerdos que apuntaste de ese día con todo lujo de detalles-, se mostró extasiado, pues pocas cosas habían que le gustara más que la magia y el conocimiento de esta.

Al fin y al cabo, por vivaracho que fuera no dejaba de ser un antiguo Ravenclaw. Por algo el sombrero lo había mandado a esa maravillosa casa.

- Qué miráis-, dijo, después de observar la escena de la sala común, y centrando su mirada en la que ahora espiaban el dúo de mujeres. - Así que ahí acabaste. Supongo que todos pasamos alguna vez por esa enfermería-, comentó, antes de reír.

- ¡Chocolateeeeee! -, gritó el niño de la escena, y se bajó corriendo de la camilla para acercarse a donde se encontraban la Sam y Carol en miniatura de la visión. El Henry pequeñín había dejado de cantar la canción de “Sam, la torpe voladora” y ahora miraba la rana de chocolate con ansia. Se podía percibir las ganas de comerse esa rana, tan así era, que sólo faltaba que babeara de ganas por comerse el dulce. - Sí, sí, sí. La quiero, me portaré bien si me das una-, dijo el niño, poniendo su mejor y más pícara sonrisa.

- Ah diablos, si ya era así de pillo desde niño-, comentó animado, divertido al verse desde otra perspectiva. - Y veo que al menos eso sigue intacto en mi cabeza. Soy un goloso desde que tengo uso de razón-, bromeó el Henry adulto que contemplaba la escena. - ¿Tú crees? A mí me parece que los tres ya formábamos un buen grupo, al menos lo seremos si me diste el chocolate-, le devolvió el susurro a Caroline en un tono divertido, antes de guiñarle un ojo, y de ver qué pasaba a continuación en la escena y si al final la canija pelirroja le daba su tesoro escondido.

Ese día estaba siendo maravilloso. No sólo iba a aprender más de sí mismo, sino que además por el camino podría pasárselo bien gracias a ese hechizo. Estaba seguro que iba a contemplar más de una escena cómica con esos tres de por medio. Sin embargo, había una cosa de la que se moría de ganas por preguntarle a Samantha, y quería saciar su gatuna curiosidad antes de ver una nueva escena.

- Y dime, cómo demonios te caíste de la escoba-, comentó divertido, mirando de soslayo hacia la rubia.

Algo le decía que había una buena anécdota tras aquello.
Henry Kerr
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