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A path through our past —PRIV.

Sam J. Lehmann el Jue Feb 15, 2018 12:46 am

Recuerdo del primer mensaje :

A path through our past —PRIV. - Página 2 PhBL8Sv

Casa de Caroline y Sam
18:43 horas, 18 de febrero del 2018

Estaba leyendo un libro sentada en el sofá, con un pijama largo de pantalón y camisa, además de un calentito suéter ancho cuyas mangas eran enormes y unas calcetines gordos de andar por casa. Llevaba puesta sus gafas, ya que para ver la tele o leer cualquier cosa, necesitaba tenerlas, por lo que el noventa por ciento del tiempo que se pegaba dentro de casa, solía llevarlas puestas. Eso sí, pese a que estaba leyendo un libro—uno de esos tantos que le había regalado Caroline por su cumpleaños—, no estaba prestando atención a nada de lo que leía, ya que esta nerviosa.

Caroline había invitado a Henry a la casa y, pese a que era bien consciente de que dentro de ese cuerpo, por mucho que le hicieran en la cabeza, no podía haber maldad real, estaba nerviosa. O más bien... estaba asustada. Pero no por él, en general. Hasta en esas circunstancias, confiaría en él más que en mucha gente, sino más bien... por intentar hacer algo y que simplemente no funcionase. Quizás, desde fuera, podría parecer por la 'falta de interés' que Sam se había rendido con Henry, pero no era así. Ella jamás se podría rendir frente a alguien como él; una de las personas más importantes en su vida, por no decir la que más. En realidad, lo único que pasaba es que probablemente Samantha era la que más conocimientos legeremanticos tenía y era la que más consciente era de que el problema que tenían con Henry era irreparable. Y sí, había un minúsculo porcentaje que te animaba a intentarlo pero... ¿de verdad valía la pena sufrir, de nuevo, la decepción de haberlo perdido para siempre? La otra solución que había era sencillamente empezar desde cero con él, pero... a Sam le molestaba. ¿Era egoísta molestarse porque la otra persona no te recuerde? Sentía que todo lo que había vivido con él ahora no servía para nada, pues la única persona con la que lo había compartido todo no recuerda ni un ápice de ella. Más que molesta se sentía dolida, pero era mucho más fácil aparentar ser fuerte y mostrarse molesta que hacer un drama por algo que no se puede arreglar.

Era complicado, sobre todo porque no tenía claro si era mejor dejarlo estar, volver a trastear en su mente—cosa que descartó desde el principio porque podía ser peor el remedio que la enfermedad—, o sencillamente convencerlo de su pasado, pese a que no lo recordase. Y claro... eso a ella le resultaba falso, en realidad. Lo único que le podía reconfortar es que Henry se lo creyese y quisiera empezar de cero, pero vamos... todo volvía a lo mismo.

Suspiró en el sillón, cerrando el libro y dejándolo sobre la mesa. Se levantó de allí y caminó hasta la habitación de Caroline por el pasillo, tocando en la puerta antes de esperar unos segundos y abrirla. No entró, sino que se quedó apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados. —Hola —la saludó, visiblemente apática, durante unos largos segundos. En realidad seguía nerviosa, pero no quería demostrarlo tan abiertamente. —¿Con qué pretexto invitaste a Henry hoy? No creo que le hayas dicho que le íbamos a hacer una intervención, si es que se le puede llamar así... —Esbozó una dulce sonrisa, entrando a la habitación y dejándose caer en la cama mientras se sentaba, dando un par de botes sobre ella porque la cama de Caroline era especialmente saltarina. —Estoy nerviosa Carol —confesó, con las manos entre sus piernas. —Tengo miedo de descubrir a ciencia cierta de que lo de Henry no se puede reparar, que de verdad dentro de ese coco no hay nada que recuperar. Y me da rabia pensar en todo eso, de la decepción, de todo lo que le han arrebatado, de todo lo que nos han arrebatado a nosotras y... puff... —Se dejó caer sobre la cama, abriendo los brazos. —Qué puta mierda... —Escuchar a Sam decir un taco era terriblemente extraño, por lo que miró de reojo a Caroline al decirlo, consciente de que 'todo' lo que había dicho, se habría eclipsado por ese 'puta' que salió de su boca. Eso sí, le salió del alma. Toda la verborrea dulce y cariñosa que solía salir por la boca de Sam, ahora acababa de verse impregnada en un taco muy feo cuando ella siempre hablaba de manera impoluta.

Miró al techo y se quedó callada, cerrando los ojos. ¡Es que tratar con Henry ahora le daba pereza! O sea, no pereza de desgana, sino pereza de... ¡voy a querer abrazarte y tu abrazo va a ser más frío que el del pingüino más soso! La normalidad ya no existía entre ellos y, fingir que sí, le dolía en el alma. Soltó aire por la nariz, quitándose los dramas de encima ya de una vez por todas: que tuviera lo que tuviera que pasar, pero al menos no se podría decir que ellas no lo han intentado.


Última edición por Sam J. Lehmann el Jue Mar 08, 2018 4:05 am, editado 2 veces
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Sam J. Lehmann el Vie Ene 04, 2019 3:02 am

El momento declaración de que Caroline y Henry fueron pareja en Hogwarts fue todo un poema trágico-dramático con toques de humor. Vamos, los favoritos de Sam. No sé que fue más épico, si la cara de Caroline, la cara de Henry o la perfecta sintonía de incomodidad entre ambos. Y es que bueno, Caroline y Sam habían tenido tiempo para asumir que Henry estaba roto y había que empezar de cero, pero toda la información del pasado a Henry le iba a coger por sorpresa y habían cosas que, inevitablemente, le serían más fuertes que otras. —¿Cuándo querías que te lo dijéramos? ¿Antes o después de que empezaras a ligar otra vez con Caroline? —Sonrió de medio lado. —Qué mierda debe ser darse cuenta de que en realidad ya te acostaste con ella PERO NO LO RECUERDAS. —Y se rió después de ese comentario que a ella le parecía de lo más divertido. Era un comentario que podía tener dos consecuencias: o dejaban de estar incómodos o se incomodaban un poco más. —Te compadezco, Henry Kerr —añadió con diversión.


Primer recuerdo
Enfermería, primer año

La verdad es que aunque la escritura nunca hubiese sido una de las pasiones de Samantha Lehmann, sí era cierto que lo llevaba haciendo desde bien pequeña, sobre todo en sus diarios y en esos momentos en donde su cabeza decía volar a otra dimensión y ella decidía escribir sus paranoias. Y, aunque nunca lo hubiese tenido en gran estima, se le daba bien eso de escribir. Es por eso que las palabras de Henry le resultaron bastante agradables, pues al final todo lo que veían era un reflejo de lo escrito por ella, así como sus sentimientos.

Si tía, el primer día de mi trauma de por vida —respondió a Caroline, poniendo los ojos en blanco.

Aquel día había sido horrible. Sam se había caído de la escoba y por suerte no se había roto nada, solo torcido un tobillo y la muñeca, algo que una enfermera mágica arregló rápidamente con una poción y un par de ungüentos para los moratones. Sin embargo, ahí estaba, en una de las camillas tras esa caída reciente que le había creado un rechazo—todavía no infinito—por esas escobas voladoras. No sé, ¿nadie pensó en coger otro artefacto menos blandengue? ¿Quizás una aspiradora o un palo más grueso y estable? Un airbag tampoco vendría mal. ¡Protección mágica o algo!

La Sam del recuerdo aceptó con una amplia sonrisa el chocolate de su amiga pelirroja. Era una rana de chocolate, la cual salió saltando hacia adelante. Ella, dolorida, no llegó a cogerla, pero la pelirroja la atrapó al vuelo antes de que huyese de su cruel destino y se la dio a Sam de nuevo, quién se la comió con gusto.

Eso es mentira, Henry y ‘portarse bien’ no pueden estar en la misma frase —dijo la Samcita de once añitos.

Eso es verdad —dijo la Sam que observaba el recuerdo. Henry roto, que estaba a su lado, no tardó en preguntarle que como se había caído de la escoba. Hubiera dejado que el recuerdo hablase por sí solo, pero como ya todos ahí sabían la historia, seguramente no se volviese a contar. —Pues era en nuestra primera o segunda clase de vuelto. Estábamos volando y el estúpido de Ryan Connor, que se le daba muy bien, no paraba de jugar con una dichosa pelotita. Pues esa pelotita en una de las ocasiones terminó volando muy cerca de mí y a él no se le ocurrió otra cosa que volar hacia mí al grito de que me apartase. ¡Yo, con mis reflejos de patata podrida! Pues nada, obvio no me aparté. Él impactó contra mí y claro, él se consiguió mantener estable, pero yo precipité contra el suelo. Gracias a Merlín que no eran demasiado metros. Pero eso no es todo, no. Luego la cosa empeora.

De repente el recuerdo comenzó a cambiar, lentamente, poniéndose difuso y desenfocado para dar paso a otro día en donde entraba un gran sol por los ventanales de la enfermería.


Segundo recuerdo
Enfermería, primer curso pero en el segundo trimestre

¿Ves eso?

Era una Sam, con el brazo partido y algunas heridillas en su pierna izquierda. Estaba, para variar, sobre la camilla de la enfermería, con Henry y Caroline a ambos lados mientras la enfermera explicaba que debía de pasar la noche ahí para ver cómo respondía la poción para regenerar los huesos.

Soy yo después de haber sido impactada con una bludger en una de esas dichosas pruebas de Quidditch, ¡y a mí ni siquiera me gustaba el Quidditch! Juego masoquista, de verdad… —Murmuró eso último. —Y, cómo no, me volvió a tirar de la escoba, aunque esta vez sí tuve peores consecuencias. Y a partir de aquí declaré mi odio infinito a las escobas, al Quidditch y, sobre todo, a esas dichosas bludger. —Y sacó la lengua, con cara de asquito.

La enfermera del recuerdo se había ido a su despacho y la Sam, con cara de patata mustia y muy muerta, dejó caer su cabecita hacia atrás.

Me voy a morir, creo que las escobas tienen algo contra mí.

La Sam espectadora rió.

Te podrás dar cuenta de que Sam siempre fue muy dramática, así como una persona con una suerte terrible. —Y se carcajeó de sí misma.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Miér Ene 23, 2019 11:04 pm

En la vida habían muy pocas cosas que ponían incómoda a la pelirroja, y en su mayoría eran cosas sin sentido, como por ejemplo esas personas que hacían sonar su nariz cada dos por tres, y ella a la décimo quinta vez que lo hacían, más nerviosa que una ostra le tendía un pañuelo sin importarle que fuera la primera vez que lo veía en su vida. Bueno eso la ponía nerviosa, y que Samantha sacará a relucir la relación que había tenido con Henry en Hogwarts. Y no era porque pensar en ello le incomodara, de hecho todo lo contrario, tenía muy buenos recuerdos de aquella época, y relación particular, muy muy buenos. Lo que le incomoda era el hecho de no haberle dicho de manera mucho más delicada al castaño de aquello, no así de sopetón, como lanzándole un gran balde de agua fría en pleno invierno. Y cuando escuchó sus siguientes palabras, le dedicó una mirada de reprimenda a su amiga.- Sam...- le susurró bajito, tratando de que con la mirada decirle que no siquiera por ese camino, por favor. Al menos no por ahora, que habían quedado de contarle la vida al castaño, pero pasito a pasito no en plan bomba nuclear.- Sí, otro día hablaremos de esto, lo prometo.- le dijo clavando su clara mirada en la del mago, y ofreciendo una débil pero no por eso menos cálida sonrisa.

***

El primer recuerdo fue visitar aquella tarde en que Sam había caído en la enfermería por haber sido víctima del desequilibrio y terminar cayendo de su escoba de bruces al suelo. Por suerte sus heridas fueron arregladas en menos de un minuto por la enfermera, no había sido muy grave, pero aún así, había llevado a una preocupada pelirroja y un revoltoso castaño a hacerle compañía a su amiga en ese lugar que, por más que sanara sus heridas no era para nada reconfortante, y mucho menos si se estaba sola.

La mini Carol entrecerró los ojos en dirección al pequeño Henry, como si en aquel acto intentará leer la mente del castaño y ver si realmente al cederle esa rana de chocolate él cumpliría su promesa de quedarse quietecito, aunque sea por un par de minutos, o lo que tardara en comerse aquel dulce, para terminar suspirando y tendiendosela de todos modos.- Lo sé, pero  siento que si no se la doy se le romperá la hiel.-  susurró divertida la pequeña pelirroja a su amiga.  

- Pues si que eras muy pillo desde pequeño, porque después de que te la dí no pasaron ni cinco minutos para que te tropezaras con una manta por estar bailando "la danza de la rana de chocolate" y casi casi cayeras tú también de bruces al suelo si no fuera porque la enfermera entró y detuvo tu caída. Pero vale, mejor velo, dejaré los spoilers.- se llevó una mano a la boca no permitiendo que se viera sus sonrisa traviesa, pero se podía divisar en sus ojos, brillosos y revoltosos.

- Estúpido Ryan Connor.- maldijo cuando su amiga lo nombró, recordando las innumerables veces que ese gilipollas las había metido en problemas o dañado simplemente por existir. Capullo, capullo, y mil veces capullo. Que no le deseaba el mal, pero tampoco el bien a ese señor,eh.

- Pero señorito, Kerr. ¿Qué está haciendo? ¿Cuándo será el día que deje de darme tanto trabajo?.- la mirada de los tres volvieron al recuerdo que de a poco comenzó a hacerse borroso, dejando ver como última imagen un pequeño Henry congelado con su nariz a escaso centímetros del sueño, una enojada enfermera, una risueña Samantha, y una pelirroja rodeando sus ojos mientras ocultaba una pequeña sonrisa.

El siguiente recuerdo, fue en ese mismo lugar y los mismo protagonistas, con solo unos pequeños cambios en sus apariencias, casi imperceptibles.

- Recuerdo ese golpe, fue horrible, desde donde estaba pude escuchar el crack de tus huesitos, fue alto impacto.- señaló con una mueca en su rostro, sintiendo un pequeño escalofrío al recordar esa imagen y sonido.- Yo todos los días agradezco jamás haber sido tocada por esas pelotas asesinas, de verdad. Porque para eso están hechas, para asesinar huesos.- comentó negando con la cabeza y clavando su mirada en la escena.

- No te morirás, Sam. Ya verás como te sentirás mucho mejor mañana por la mañana. En cualquier momento no echaran, pero te prometo que estaré aquí a primera hora, lo prometo por mi garrita.- le dijo la pequeña pelirroja, juntando su meñique con el de la rubia, ofreciendole una acogedora sonrisa.- Y te traeré una gran reserva de chocolateeees.- le canturreó animada, para ver si así alegraba un poco a su amiga.

- Eres una drama lovers desde el principio de los tiempos, pero te queremos así, tal cual eres, Jota.- soltó divertida.


***

La sonrisa que se apoderaba del rostro de Caroline era radiante, era una que transmitía felicidad y alegría por haber vuelto a observar recuerdos que para ella era de esos que uno tenía grabado a fuego, por lo bonito y significativos que eran.

- Joder, que loco vernos así de pequeños. Se me había ya difuminado nuestros rostros de ese entonces.- comentó con ojos brillantes, mientras se mordía el labio inferior de manera pensativa.

Pero el tiempo es oro, señoras y señores. Sabía que el castaño no se podría quedar allí el día entero por lo que se apresuró a buscar unos de sus diarios en busca de un recuerdo que ella había seleccionado en su cabeza cuando la idea de ir recordando mediante ellos había surgido.- Ahora yo quiero continuar con un recuerdo.- señaló levantado su manita, mientras en la otra sostenía un cuaderno rojo.

- Este es uno muy importante para lo tres, porque fue nuestra pri...- se detuvo allí y negó con la cabeza.- No les adelantaré nada, mejor entremos en el y vean con sus propios ojos mi recuerdo seleccionado.- terminó por decir emocionada.

Hogsmeade | Tercer año

Cuando los tres estuvieron dentro, lo primero que sintieron fue su vista cargada de muchos colores a su alrededor, todos los colores del paisaje era muy nítidos y saturados, y con una especie de capa de brillo que lo cubría todo.

- Lo siento, cuando era pequeña y algún recuerdo me emocionaba solía escribir con muchos colores y a veces hasta poniéndole brillo.- se disculpó la pelirroja junto a una mueca. Es que siempre le han gustado las manualidades, desde muy pequeña, y allí estaba en su máximo apogeo, ahora sus diarios eran muchos más sobrios.

- ¡Por fin estamos los tres en Hogsmeade!.- gritó una alegre pelirroja, que abrazaba fuertemente en cada brazo al castaño y la rubia.- Ya no hay ni una enfermedad, ni el idiota de Parker que nos lo impidan .- agregó para alejarse de sus amigos unos pasos y mirar con ojos brillantes el pueblo que se levantaba majestuoso ante su vista. Se giró con una gran sonrisa.- ¿A dónde iremos primero? Podemos ir a la tienda de dulces, o  la de instrumentos y escuchamos los conciertos que nos ofrecen los instrumentos mágicos, o no, no, no, ¡Ya sé! vamos a la biblioteca! escuché que en estas fechas llegan nuevos ejemplares.- decía rápidamente una pequeña pelirroja.  

- Si tú eres una dramática de pequeña, yo soy una intensa.- señaló Caroline, mirando divertida la escena.
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Henry Kerr el Dom Mar 10, 2019 1:08 am

En cualquier caso, Henry no esperó la contestación de Samantha explicando cómo se había producido la caída de la escoba. Aún retumbaba en su cabeza los golpes en forma de broma que la fugitiva le había infligido y no podía permitir que eso acabara ahí. No, no, no, no podía dejar que el tiempo lanzara al olvida tal circunstancia, no al menos sin antes poner un punto sobre la i.

- Y bueno, no necesitas compadecerme. Olvidar un momento como ese es una auténtica putada, lo reconozco, pero también debo añadir que hay cosas que no hacen falta vivirlas o recordarlas para saber cómo son. No necesito mucha imaginación para evocar el posible sexo con una mujer tan bella como Caroline.

Fue en ese instante cuando pensó en lo que había dicho, en lo bien que había dejado claro que aunque no recordara el sexo con la pelirroja podía imaginarlo muy bien… con ella delante escuchándolo…

- Bueno, ejem-, dijo, sin saber muy bien que decir o dónde meterse. - Oye, eso no es cierto, soy perfectamente capaz de portarme bien. A la vista está, que soy todo un caballero hecho y derecho-, comentó, al escuchar a la Sam niña del recuerdo.

Por supuesto, tal comentario solo era un pretexto para escapar de la situación que él mismo había creado con su estupidez mental.

- Así que Ryan Connor acabó con tu vida, o casi-, contestó a la Samantha de tiempo presente, antes de partirse de risa. - Eso no lo sabía. Me acuerdo de Ryan, pero no recordaba que casi se hubiera cargado a una rubia en su primer año en el colegio-, consiguió atinar a decir entre risitas, antes de volver a explotar en carcajadas.

Aún entre risas, pudo observar como una enfermera lo salvada de darse un trompazo de cabeza, como bien había mencionado Caroline. Luego, un nuevo recuerdo comenzó a dibujarse ante sus ojos. Una nueva escena dio paso a la anterior, y por los comentarios de las chicas, y la conversación de los niños, pronto pudo darse cuenta de que este recuerdo trataba de una segunda “parte” del anterior.

Segundo recuerdo
Enfermería, primer curso pero en el segundo trimestre

- Menuda quejita, sólo ha sido una bludger. A todos nos ha dado una alguna vez-, mintió el Henry canijo, pues a ese rubito chiquitín nunca le había golpeado una. Algo que todo el mundo sabía, porque, sin ir más lejos, era la primera vez que se enfrentaba a unas y la única que había sido golpeada por una de las bolas era la Samantha.  - Y las escobas no tienen nada contra ti. Sólo has tenido mala suerte. Con más práctica no te volverá a pasar, promesa de Henry-, dijo seguido, animándola, haciéndole el gesto del pulgar hacia arriba.

Nada de aquello lo podía recordar, buen trabajo había realizado su hermano cuando le borró la memoria, más en su interior sabía que todo lo que estaba observando era cierto. Esa forma de quitarle hierro al asunto, y animar a su amiga, era muy típico en él.

- Sí, un poco dramática sí que eras, ya veo que sí-, comentó divertido. - Pero es normal. Eras pequeña y esas bolas dolían lo suyo. Entre los recuerdos que aún poseo, tengo en mi memoria alguna budger que me comí con papas cuando competía o entrenaba-, hizo un gesto de dolor al recordarlo. - Doloroso. No sabe la suerte que has tenido al nunca haber recibido el golpe de una, señorita Caroline. Sí, mucha suerte-, dijo, asintiendo con la cabeza con gesto solemne.

- Ahora mismo no es drama lovers, no llora por amor, ahora es drama a secas-, bromeó el Henry niño, antes de reír. - Oye, si vas a traer chocolates yo también debería venir-, comentó, recobrando la compostura y poniéndose serio, como si sólo decidiera visitar a Sam por el chocolate, cuando se notaba que iba a ir a saludar a su amiga de todos modos.

Tal derroche de amor por el chocolate quedó en segundo plano cuando otra escena apareció en el salón de las chicas, en esta ocasión creado por Caroline. Esta vez el recuerdo no llegaría para dar el cambio entre el primer recuerdo y el segundo, como anteriormente sucediera, sino simplemente para colocarse al lado y de este modo mostrar una escena totalmente distinta a las primeras. Una nueva “puerta” o “ventana” por la que entrar y observar este nuevo episodio de sus recuerdos plasmados en tinta.

Tercer recuerdo
Hogsmeade | Tercer año

- Sí, es algo chocante verse en tercera persona. Pero qué demonios, somos magos, lo nuestro es hacer cosas que parecen imposibles para el común de los mortales-, respondió a Caroline, al tiempo que una explosión de color lo dejaba ciego. - Y tanto, eso sí que es amor por los colores-, bromeó burlón, pero sin llegar a sonar irrespetuoso. - Oye Sam, ¿cómo es que tú no tenías tanto color en tus recuerdos? -, preguntó aún en tono de broma, porque era evidente la razón de ello.

Nadie iba a recordar con purpurina y colorines la hostia que se había dado con la escoba, y la budger que casi te mata.

- Cómo que a la librería. Ya hay una biblioteca cojonuda en el colegio. Opto por ir primero a la tienda de dulces, saquearla, y entonces ya ir por esos libros que quieres y así los leemos con un buen contingente de buena comida-, respondió el Henry del recuerdo, al tiempo que se acariciaba en círculos la panza. - Vamos, ¿qué hay mejor que una buena lectura? Pues una buena lectura con buena comida, digo yo-, terminó por decir, poniéndole ojos de gato a la Sam niña.

- Por Merlín, que bueno. Veo que mis dotes para el chantaje emocional vienen de lejos-, comentó nada escucharse en el recuerdo. - La dramática, la intensa, y el goloso chantajista, somos tan profesionales como el equipo A, pero sin maldita seriedad-, bromeó, porque a fin de cuentas, el equipo A era una comedia, así que serios serios, no es que lo fueran mucho…

De todos modos, la escena siguió adelante con un Henry que se adelantó a sus amigas para ponerse delante de ellas y arrodillarse en el camino que las llevaría hasta el pueblo, luego entrecruzó los dedos de ambas manos en una clara muestra de ruego.

- Unos dulces y libros, y nos colamos en Las Tres Escobas a pillar unas cervezas de mantequilla-, les rogó, sumando a sus anteriores ojos de gato apaleado esta postura de súplica a la que nadie se podría negar… O eso esperaba. - Comida rica y buena bebida mientras leemos, seremos como unos sibaritas e intelectuales de la lectura-, sonrió con picardía, mostrando una de sus mejores y más encantadoras sonrisas.
Henry Kerr
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Sam J. Lehmann el Jue Mar 14, 2019 2:00 am

Era muy nostálgico ver todo aquello con sus propios ojos; sus propias vivencias del pasado y ver cómo había cambiado todo desde aquel punto. ¿Quién iba a pensar que esos tres niños tan monos que prometían ser amigos para toda la vida, iban a terminar así? Las dos chicas reencontrándose después de casi nueve años e intentando hacer que el chico recordase lo que una vez fue. Casi que parecía injusto. ¡Tras volver a vivirlo todo, casi que parecía injusto que no hubiesen estado juntos desde entonces, cuidando los unos de los otros!

El recuerdo de la enfermería la hizo sonreír, sobre todo al escuchar lo que decían ellos. Seguramente Henry no lo recordase, pero es que Sam siempre había tenido un arte para el drama, pero el drama falso. Quizás el de ese recuerdo era drama real, pero el drama que le gustaba a la rubia era ese que hacer por tonterías, como fingir que se te acaba la vida cuando ves que no te queda aguacate.


Tercer recuerdo
Hogsmeade | Tercer año

Dejaron el diario de Sam de lado para coger el de Caroline y mostrar un recuerdo desde su perspectiva, que no era nada más ni nada menos que intensa hasta el infinito. Ya de por sí veías el recuerdo con otras tonalidades, propias, suponía Sam, no solo de la decoración del diario sino también del sentimiento con lo que escribió todo eso. No había que ser muy inteligente para darse cuenta de que Sam contó en su diario lo del brazo roto con bastante mala hostia por su mala suerte. Así que en el que acababan de entrar parecía otro totalmente diferente. Que de hecho lo era, era el de Caroline.

Carol es la intensita de los recuerdos con brillibrilli, yo soy la dramática de los recuerdos opacados por una tenue luz de desazón inexplicable, ¡y orgullosa de ello! —Le respondió divertida a Henry cuando le preguntó por el color de sus recuerdos.

Y entonces en ese recuerdo llegó el Henry encantador capaz de hacer que Caroline le siguiese hasta el borde del universo y... bueno, luego estaba Sam, quién se dejaba llevar por esos dos terremotos a dónde hiciese falta solo por no separarse de ellos. Pero ahí estaba, el Henry de ojos melosos intentando derretir el corazoncito de Sam. ¡Y claro que lo conseguía! ¡El corazoncito de Sam era muy pequeñito y pertenecía a muy pocas personitas en ese momento!

Ya te vale, goloso chantajista, mira cómo te mira mi yo pasado de catorce años queriendo negarse y no puede. ¡Nunca pude! —Y se rió, divertida, al ver como la Samantha del recuerdo accedía. —En quinto y sexo me hacía la difícil para intentar decir que no, pero al final nunca funcionaba.

Al final, en ese recuerdo, fueron a la tienda de dulces, a la de música por petición de Caroline, luego se metieron en la biblioteca para flipar como nunca y... ¿sabéis lo que pasó en Las Tres Escobas? Que aquellas cabezas chuchurridas se chivaron de que tres menores estaban intentando entrar y una fuerza mágica los tiró hacia atrás, cayendo sobre la nieve de la calles de Hogsmeade. Era evidente, claro, ¿cómo iban a entrar esos tres, si es que no pasaban precisamente desapercibidos? Desde ese momento, el trío acordó llegar a la edad permitida para ir a tomarse una cerveza de mantequilla de manera lícita. Eso sí, eso no quitaba que cada vez que fuesen intentasen colasen y terminasen con el culo sobre las piedras de Hogsmeade.

Esas dichosas cabezas... ¿os acordáis de nosotros en la sala común haciendo planes para intentar burlar su seguridad? —Entonces miró a Henry. —Es altamente probable que tú no te acuerdes. —Dijo entonces, sin poder evitar quitar la sonrisa. —No creo que lo tenga apuntado en ningún sitio como para poder verlo, pero lo recuerdo perfectamente. Llegar después de este día y planear una estrategia que nunca funcionó.


Cuarto recuerdo
Clase de pociones | Cuarto año

¡Henry, no! —Susurró Sam, persiguiendo a su amigo por aquella clase de pociones hasta el armario de los ingredientes. —¡Es una idea horrible!

La Sam del presente, esa de veintiocho añitos y mucho sentido de lo pacífico, todavía no estaba de acuerdo con aquello que estaba viendo delante de sus ojos.

Os odié en ese preciso momento. Yo no quería.

En el recuerdo se podía ver perfectamente a una Sam persiguiendo a Henry para que no fuese a buscar esa cola de Erumpent a la zona prohibida de la sala, aprovechando que la profesora estaba distraida. Él y Caroline—obviamente porque Sam es un angelito—habían estado hablando sobre eso mientras ella se hacía la desinteresada, creyendo que su desinterés motivaría a que ellos no hicieran nada. PERO NO, LES DIO IGUAL.

Así que Caroline estaba VIGILANDO a la profesora y a los Slytherin, mientras Henry salió en busca del ingrediente necesario. Sam, como no sabía qué hacer, persiguió a Henry para intentar disuadirlo.

Pero Henry, no puedes hacer eso, ¿y si quemamos la clase? ¿Y si alguien sale herido?

Y ahí está la Sam dramática desesperada. De verdad, como os odiaba de pequeños, me hacíais pasarlo tan mal, ¡que yo era una persona responsable que no se metía en líos! Con quién me vine a juntar... —Y la Sam del presente, negó con la cabeza, sabiendo perfectamente lo que sucedería a continuación.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Dom Abr 07, 2019 10:32 pm

Caroline enarcó una ceja divertida cuando escuchó las palabras del castaño, y miró de reojo a Sam buscando su mirada cómplice al ver como tras decir aquello el rubio se había puesto todo nerviosito, teniendo que cambiar de tema rápidamente. Tuvo todo el impulso de querer decirle algo y bromear un poco con aquello pero se contuvo, más que nada para no volver a meter a los tres en un tema que mientras no se hablara de manera adecuada era un poco -bastante- incómodo.

- Bueno, pero de seguro recuerdas que era un gilipollas ¿no?.- soltó haciendo una mueca de desagrado con su boca, es que pese a que los años habían pasado y la madurez estaba más presente en su vida que en aquellos años hay cosas que no cambian, como la rabia que siente por todos aquellos que de una u otra manera le hicieron daño a sus queridos, es que a la pelirroja le costaba mucho perdonar y olvidar esas cosas.

El recuerdo fue mutando hasta llevarlos nuevamente a la enfermería, y sonrió como hace mucho no lo hacía, ay que volver a esos recuerdos había hecho que todos esos años vinieran de sopetón a invadir su cabeza, y revolotearan como locos en su mente creándole sensaciones contradictorias, por una parte había mucha felicidad, mientras que en otra esa frustración que se convertía en angustia de saber que el rubio no recordaba nada de todo eso no se quería marchar de su pecho.

- Los chocolates son para darle energía a los que están enfermitos en la enfermería, Henry. No para tí.- le dijo la pequeña pelirroja negando con la cabeza, pero de pronto su rostro se contrajo pensativo.- Y ni se te ocurra hacer una locura y terminar mañana en la enfermería por los chocolate, eh. Que te conozco y sé que eres capaz.- le indicó mientras lo mirada entrecerrada y lo apuntaba con su dedo índice, aunque una sonrisa pequeñita no pudo evitar escaparse por la comisura de sus labios.

- Y si Sam era drama, tu desde siempre haz sido un glotón, Kerr.- dijo ofreciéndole una media sonrisa al rubio.- Conociendote, ¿terminaste o no al otro día en la enfermería?.- le preguntó divertida al mago.

***

Luego llegó el turno de sus recuerdos, escogió uno que a ella de manera particular le gustaba mucho y que demostraba lo bien que se lo pasaban juntos en una complicidad hermosamente única.

Soltó una pequeña risa cuando se fijó en la intensidad no solo en los colores de su recuerdo sino que también en su yo pequeña, que casi se quedaba sin respiración mientras le decía a sus amigos qué planes podían hacer juntos aquella tarde, donde por primera vez estaban los tres en el pueblo.

Su yo pequeña frunció el ceño e hizo un puchero cuando comenzó a hablar Henry del recuerdo diciendo que ya les bastaba con la biblioteca del colegio, e hizo el ademán de rebatir su argumento pero se calló al escuchar lo que dijo a continuación, apareciendo ahora una sonrisa radiante que invadía todo su rostro y hasta hacía que sus ojos ganarán en brillo. Hizo un sonido de alegría mientras pegaba unos saltito y aplaudía cuando Sam terminó por aceptar.

- Yo si podía negarme a esos ojos de comilón chantajista.- mintió, cruzándose de brazos divertida.- Bueno, a veces.- susurró mirando a Henry de reojo sonriente.

Todo lo que siguió fue causal de risas y más risas, haciendo que el corazón de la pelirroja latiera rápidamente, emocionado al ver recuerdos tan bonitos y que ella atesora para ir por ellos cuando sus energías se encuentran más débiles.

- Claro que lo recuerdo.- dijo entre risas, negando con la cabeza al recordar todas las cosas ridículas que se les habían ocurrido, y que sin excepción ninguna les resultó terminando siempre con sus traseros estampados en el suelo.- Creo que la más divertida fue esa en que llevamos trajes de nuestros padres para "hacernos pasar por gente más grande".- dijo soltando una gran carcajada.- Creo que tengo fotografías de aquello, las buscaré.- señaló sintiendo sus mejillas un poco adoloridas de tanto sonreír.

***

Y otro recuerdo más se hizo presente, y Caroline pensó que podía estar allí por horas, revisitando todos esos momentos mágicos al lado de sus personas favoritas, si fuera por ella repasaría cada uno de esos recuerdos junto a Sam y Henry, para que éste último por más que no los recordase se quedará con esas imágenes y la felicidad que cada una de esas situaciones generaban a sus espectadores.

Soltó -por décima quinta vez aquell tarde - una gran carcajada al ver de qué recuerdo se trataba, porque si habían visitado momentos de drama, otros de diversión, obviamente no podía faltar en el que hacían travesuras.

- En defensa de mi Carol de entonces, debo decir que los Slytherin se lo buscaron. Toda esa semana habían estado insoportables porque habían ganado el último partido de Quidditch y se creían los reyes del mundo.- señaló la pelirroja chasqueando su lengua.

Observó como su yo pequeña iba con rostro serio hacia donde la profesora para hacerle unas preguntas, que solo eran una excusa para que ella no viera como Sam y Henry iban hacia el armario de ingredientes para sacar el que lograría que los calderos de ciertas serpientes estallasen.

- Admite que ser traviesos era parte de nuestro encanto.- bromeó, acercándose a Sam, mirandola con ojitos encantadores mientras apoyaba su cabeza en su hombro.- Uh, ahora viene el momento.- señaló, llevó sus manos a los brazos de ambos magos y dio un paso para atrás por inercia arrastrando a los dos con ella.

Un fuerte sonido se produjo de un momento a otro y cuatro calderos estallaron haciendo que su contenido se esparciera por toda la clase, la mayoría de los Slytherin quedaron cubiertos de una sustancia verde y gelatinosa. La risa de los demás asistentes de la clase fue estridente.

- ¡Silencio! ¿Qué significa este desorden? .- preguntó una enfada profesora que caminaba a paso rápido hacia donde se encontraban los alumnos de la casa de las serpientes.

- Yo ví a Kerr y a la sangre sucia acercarse a nuestro calderos, profesora.- exclamó un enfurecido Ryan Connor.

- ¿Qué dices? ¡Está mintiendo, profesora!.- gritó la pelirroja levantándose de su puesto de brazos cruzados.

- ¡ Ella miente! De seguro también está metida en esto...

- ¡Silencio!.- gritó la profesora, para luego dedicar una mirada entrecerrada al trío y al Slytherin.- Salgan todos de la sala, la clase se da por finalizada.- señaló la profesora, mientras se acercaba a los que se encontraban con la sustancia y revisaba si se encontraban bien, en su mayoría ninguno había tenido mayores problemas, tan sólo que quedarían verdes por un par de horas por la intensidad del líquido.- Y veinte puntos menos para Slytherin.

- ¿QUÉ? ¿POR QUÉ?.- preguntó un enfurecido y verdoso Connor.

- La próxima vez que decida llamar de esa manera tan despectiva a una compañera delante de mi presencia, señorito Connor, pienselo dos veces.- señaló la mujer con todo serio sin espacio a réplicas. Haciendo que un molesto Ryan saliera de la sala maldiciendo por lo bajo.

- Kerr, Shepard, Lehmann si van alguna parte que sea a mi despecho.- dijo, cuando miró de reojo que el trío casi había corrido hacia la puerta para escapar del lugar entre risas.- Espérenme allí.

Los tres se detuvieron en seco en el umbral de la puerta y se dedicaron miradas cómplices.

- Y así fue como logramos ese año que Ravenclaw perdiera muchos puntos.- miró a los magos divertida.- Pero valió la pena.- terminó por decir sonriente.
Caroline Shepard
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Henry Kerr el Sáb Abr 13, 2019 1:09 am

Cada recuerdo hacía que Henry tuviera una sensación insólita. Una pizca de nostalgia por un tiempo mejor, mezclado con el  extraño sentir de verse inmerso en unas situaciones que no recordaba, y por ende, que para él nunca habían existido hasta ese mismo instante en el que las había visto por primera vez.

Era chocante sentir nostalgia por unos recuerdos que ya no existían en su mente, pero que, por alguna misteriosa razón, aún sentía cómo propios pese a que los estaba viendo por vez primera. Por evidentes razones, no los rememoraba, sólo eso, los observaba y aprendía de ellos. Con cada recuerdo asimilaba un poco más de un pasado que no sabía que existía, o mejor dicho,  no recordaba de esa forma, sin embargo, también sentía esa extraña sensación que le hacía sentir que era real cada escena que tenía ante sus ojos. Había un “no sé qué” en el interior de su cerebro que le decía que todo era verdad, no sólo porque ya se había hecho a la idea de que las historias que le contaban Sam y Carol eran ciertas, sino también porque su yo más interior le decía que así era.  Su… ¿alma?

El rubio no era de los que creían en esas cosas, más estaba claro que algo dentro de él le hacía sentir una nostalgia que no debería estar ahí. Quizás el alma si existía, quizás sólo eran retazos de esos recuerdos atrapados y sellados en la zona más oscura de su mete, o puede que sólo sintiera añoranza por una vivencias que eran más hermosas que su actual presente. Al fin y al  cabo, todos deseábamos vivir buenos momentos, aunque llegáramos a conocerlos por boca de otras personas.

Era imposible de saber para él, más de lo que sí estaba seguro es de que deseaba  que las cosas fueran distintas o hubieran sido diferentes. Pero qué podía hacer o decir, su vida había salido de aquella manera, y cada cual tenía su propia cruz que cargar.  Estaba claro que su cruz era aprender más de su pasado y lidiar con un presente impuesto por terceras personas.   Enfrentarse a ese presente complicado y encontrar la manera más sana de seguir adelante y sobrevivir sin volverse loco o en un amargado de la vida.

- Pese a mis recuerdos cambiados, encuentro muchas similitudes en mi yo actual y mi yo pasado de esos recuerdos. Imagino que era imposible o muy difícil borrarme todo, sin provocar  que por el camino se creara una persona totalmente diferente a la que era, y por tanto, hacer que personas neutrales barra puristas que me conocieran sospecharan de que me habían hecho algo-, respondió a Sam, aunque con un tema ligeramente modificado del que ella había sacado a colación. Sí, seguía siendo un adicto al chocolate más ello le servía de trampolín para pensar sobre su cambio y hablar sobre él. - Supongo que dejarme algunas cosas del Henry pasado fue la manera que encontró Natheniel para no levantar muchas sospechas. Seguiría siendo yo, pero ya sabes, purista. ¿Qué opinas sobre ello? Tú eres la experta en magia mental-, le preguntó de seguido a la rubia, pues sus conclusiones no dejaban de ser las de un inexperto en ese campo, y Sam entendería mejor la maniobra de su hermano.

El caso, es que Henry había ido hasta allí para conseguir respuestas, y aunque se lo estaba pasando bien observando aquellos retazos de los diarios, y quería que el rato con ellas siguieran siendo todo lo ameno que pudiera conseguir, también necesitaba recabar más información del cambio que le había realizado Nathan. Teniendo una experta en la materia allí delante, no podía desaprovechar la oportunidad.

- Y bueno, qué puedo decir, me sigue encantando el chocolate, y esas cabezas eran difícil de eludir para un grupo de niños-, comentó más alegre, soltando una corta carcajada al final. - Por otro lado… No, no lo recuerdo como un gilipollas. Imagino que si por gilipollas, te refieres a este bando  en el que yo me encuentro…-, respondió a Carol, encogiéndose luego de hombros,  pues no hacía falta decir nada más.

Nathaniel ya se había encargado de borrar cualquier promuggle que estuviera en sus recuerdos, y también de aliarlo o hacerle amigo de cualquiera que fuera lo contrario en el colegio.

- La verdad, sólo lo recuerdo como un revoltoso hiperactivo, que parecía que siempre llevara una sobredosis de azúcar en las venas y que a veces era de lo más extravagante. Aunque nada raro en un colegio de magia, claro-, dijo, antes de pensar en ello un poco más. - Pensándolo mejor, también creo recordar que era de Slytherin. Imagino que al final sí que es uno de los míos-, terminó por decir, haciendo el gesto de entre comillas con los dedos.

En todo caso, no lo recordaba como un gilipollas gracias a la obra de su hermano. No obstante, era normal que ellas lo tuvieran presente como tal,  pues casi se había cargado a Samantha en una clase de vuelo y habrían sufrido al Slytherin que era Connor.

- En fin, ¿cómo ibas a negarte? El encanto es mi poder-, bromeó, gesticulando con la mano quitándose importancia, como si de verdad tuviera ese poder, pero la modestia hubiese aparecido para recordarle que un caballero no se comportaba de aquella manera ni decía esas cosas. - Seguro que hicimos un buen plan para ser unos simples críos, pero nos faltó experiencia para que fuera lo suficientemente bueno para sortear las cabezas. Sí, para unos niños eso de vestirse de adulto debe parecer una buena idea-, dijo, antes de reír. - Y…-[/color], hizo una pausa, con gesto pensativo, sosteniéndose el mentó con una mano. - Creo que sería capaz de hacerme un poco de daño para que me dieras ese chocolate-, le confesó a la pelirroja. - Aunque supongo que no fue nada muy grave, o eso espero-, bromeó.

Le encantaba el chocolate, más no creía que se hubiera lastimado para lograr un poco, ya que tenía medios más efectivos, llámese ser un pesado encantador, para conseguirlo. Pero como era un niño… Quien sabía, quizás sí se había hecho algo para acabar en la enfermería.

Cuarto recuerdo
Clase de pociones | Cuarto año

- Ja, no la creo, señorita Caroline. Mi fijación por el chocolate hace que nada pueda detenerme-, dijo esta vez, antes de guiñarle el ojo. - Bonita jugada. La verdad es que no me sorprende demasiado, sigo siendo algo travieso, he de reconocer-, comentó al observar lo que ocurría en el último recuerdo, con aparente y fingida vergüenza, ya que por dentro no lo estaba en absoluto.

Después el rubio se acarició el cabello de su nuca y sonrió con picardía, ya que las travesuras de un hombre adulto, eran distantes de las que se pudieran considerar travesuras de niño.

- A su despacho, ¿otra vez? - respondió el Henry del recuerdo a la profesora, poniendo los ojos en blanco.

- Sí, otra vez. No sé qué hacer con usted, señorito Kerr. Ni restar puntos a su casa parece frenar sus locas ideas.

- Pero, pero. No ha sido cosa nuestra. Connor es un mentiroso clasista, Sólo lo ha dicho para que nos castiguen por ser amigos de los hijos de muggles-, respondió esta vez el niño, haciendo el gesto con los dedos que representaba entre comillas, del mismo modo que acabara de hacer el Henry adulto.

- A mi despacho, he dicho-, comentó tajante la profesora, sin admitir más réplica.

- Vaya, a ver como digo ahora que esos recuerdos son falsos y que ese niño no soy yo-, bromeó, al ver  que el niño había gestualizado del mismo modo que él. Estaba claro que eran dos gotas de aguas, pero a distantes edades. - Y díganme, cuántos puntos hice perder a la casa Ravenclaw, porque algo me dice que no fueron pocos-, preguntó.

No obstante, antes de obtener respuesta un nuevo recuerdo se comenzó a escenificar delante de ellos. Era colorido, más Henry no podía asegurar que fuera de Caroline por ello, ya que la nueva escena representaba una fiesta, e imaginaba que Sam también tendría un gato recuerdo de ella.

Quinto recuerdo
En cualquier antro mágico de Londres, Verano | Sexto año

- ¡Uhhhhhhhhh, vamos, dale caña!-, se escuchó gritar al rubio, seguramente unas palabras dirigidas a la chica encargada de la música. - Venga Sam. Suéltate un poco. Ese Hufflepuff no te quita los ojos de encima. Sal a bailar con él. Un buen meneo no le hace daño a nadie-, comentó el Henry del recuerdo, posando su mirada sobre su amiga rubia, con una sonrisa dibujada en el rostro que delataba esa misma picardía que se intuía en sus palabras. - Sí, ya sé. Es un Hufflepuff, pero al menos es guapo-, bromeó, antes de ensanchar su sonrisa.  - En otras circunstancias, mi dulce dama de dorados cabellos, yo sería el galante caballero que te sacara a bailar, más ahora mi corazón no me pertenece-, comentó con teatralidad, acercándose a Carol que estaba junto a Sam, y abrazándola por detrás.

Era una escena de lo más divertida… para cualquier persona salvo el Henry actual, ya que estaba contemplando la visión del recuerdo en presencia de la Caroline actual. Sí, esa Carol que había sido su novia pero no recordaba que lo fuera. Por esa misma razón, el rubio que observaba la escena no pudo evitar mirar de soslayo a la pelirroja que también contemplaba dicha escena, y menos aún pudo evitar toser por nerviosismo, al encontrarse con la mirada de le bella Caroline.

Vaya, eso sí que había sido incómodo. Pero en fin, el recuerdo no dejaba de ser gracioso, por incómodo que fuera para el bueno del Kerr. Y estaba expectante por ver qué pasaba luego,  y saber si finalmente Samantha salía a bailar con el chico que se la comía con los ojos, y el Henry del recuerdo había reconocido como un Hufflepuff.
Henry Kerr
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Sam J. Lehmann el Mar Abr 16, 2019 3:27 am

Henry le pedía opinión a Samantha sobre lo que Nathaniel habría hecho con su mente para crear esa otra personalidad que ahora mismo ‘peleaba’ contra el Henry que siempre había estado ahí oculto. La rubia cogió aire, intentando organizar sus pensamientos: era evidente que después de tanto tiempo, ella había sacado sus propias conclusiones con respecto a todo el tema de Henry.

Cuando nos reencontramos en el Ministerio de Magia, que tú no me reconocías, ¿te acuerdas? Fue la primera vez que nos vimos después de que desaparecieses y para mí fue como rociarme con un cubo de agua fría. Veía en tu cara una indiferencia terrible, por no hablar de que me trataste como me trataba tu hermano, con la diferencia de que él lo hacía con recochineo y tú como si te diese igual —le respondió, metiéndole un poco en situación. —En ese momento pensé que habría sido un reseteo total, que si no me recordabas a mí, que siempre me consideré muy cercana a tu vida, es que te habrían cambiado por completo. —Hizo una leve pausa, para entonces cruzarse de brazos. —Cuando entonces te encontré en aquella fábrica de galletas abandonada y te salvé porque no podía dejarte allí, pudimos hablar mejor. Sólo tú y yo. Yo estaba enfadada contigo, tú no sabías por qué y, pese a que sabías que era una hija de muggles, no me trataste mal. O sea, fue tratar contigo y darme cuenta de que seguías ahí, por mucho que no me recordases o que fueses un imbécil que… mata a la gente como yo. —La verdad es que era fuerte pensarlo de esa manera: Henry Kerr, casi como un hermano para ella, podría haberle matado en cualquier momento si sus caminos se llegan a cruzar de otra manera totalmente diferente. Gracias a que ‘le debía una’ por eso de la fábrica, quizás se ganó su confianza. —El caso es que después de todo eso, me di cuenta de que en realidad lo más probable es que te quitasen tu parte más pro-muggles, sencillamente. Al estar influenciado de esa manera por tu familia era fácil hacerte pensar lo contrario. Creo que hubiera sido más efectivo si en vez de borrarnos a Caroline y a mí, nos hubieran utilizado en tu contra.

Era su opinión como legeremante y en base a su experiencia con Henry, pero la verdad es que había tenido pocas oportunidades para meterse en la mente de Henry. O sea, se había metido y había visto cosas que faltaban que  eran cruciales en su vida, pero si realmente la familia Kerr hubiera querido hacer un cambio realmente difícil de revertir, deberían de haber utilizado su pasado en su contra, no solo borrarlo.

Pero se notaba que ninguno de ellos era un legeremante experto, como podría haberlo sido Sam. Lo cual estaba bien porque, aunque Henry estuviese allí debatiéndose cuál era la realidad, algo le decía que la compañía de lo que siempre habían sido sus mejores amigas, le estaba ganando bastante terreno. Y Sam tenía claro una cosa: esperaba conseguir que cambiase, aunque fuera un poquito, porque de verdad que no podría darle una segunda oportunidad sabiendo lo que hace. Pero bueno… quería pensar que para eso todavía quedaba mucho.

Cuarto recuerdo
Clase de pociones - Cuarto año

De repente explotó todo y la Sam del recuerdo estaba que se moría de vergüenza en una esquina. Si es que quizás Caroline y Henry tenían la habilidad para parecer inocentes cuando en realidad eran culpables, pero la profesora sabía que Sam era culpable porque en su casa se le notaba que era cien por cien culpable, aunque hubiese sido obligada por sus amigos a hacer todo eso.

¿Veis? Por eso no podíais contar conmigo. Si es que se me notaba que había hecho algo malo.

Pero esa profesora era guay, pues en vez de evidenciar y castigar a los traviesos, castigó a los crueles. Y luego, ya en el despacho, fue cuando los tres recibieron golpes buenos—metafóricamente hablando—además de varios puntos menos para la casa de Ravenclaw. Se giró para mirar a Henry cuando preguntó los puntos, a lo que Sam rodó los ojos.

Cincuenta puntos por cabeza. Recuerdo que la profesora aprovechó eso para darnos una lección, porque alguien podría haber salido herido por esas explosiones. De todas maneras, para que no te sientas tan mal, ese año teníamos imposible ganar: Hufflepuff iba muy por delante. Eso sí, quedamos últimos. —Era triste decirlo, pero cada año le tocaba a uno quedar último. Ese año había tocado a Ravenclaw y encima ellos tres habían apoyado su caída con bastante peso.

Quinto recuerdo
En pub mágico en Londres - Sexto año

¿En qué momento aceptó irse de fiesta con éstos dos teniendo en cuenta lo que se traían entre manos? Cuando Sam vio eso en el recuerdo, se acordó perfectamente en ese momento. Vio a la joven Samantha, sentada en un taburete mientras se tomaba un malibú con piña—lo más suavecito del mundo—con el pelo planchado y largo cayéndole por los hombros, mientras miraba a Henry con cara de pocos amigos mientras le animaba a ir a bailar con un Hufflepuff. Ni estaba borracha, ni pretendía estarlo, ni mucho menos estaba cómoda allí sintiéndose como lumiere.

Sus amigos siempre fueron un poco pesados con el hecho de que Sam estuviese con algún chico o, al menos, lo intentase. ¿No se daban cuenta de que era una persona que sólo se interesaba por los libros y estudiar? Y sí, vale, por otra persona, ¡pero precisamente esa persona era totalmente inaccessible! Cuando Henry abrazó a Caroline por la espalda justo en frente de la rubia, ésta bebió por su pajita, con cara de pocos amigos.

“Hacen una pareja horrible” pensaba la Sam del recuerdo.
“En verdad hacían una pareja muy mona” pensaba la Sam del presente. “Lo que hacían los celos…”

Paso —respondió la Sam de diecisiete años. Le gustaba bailar, pero no quería tener que bailar con nadie. —No necesito que nadie me saque a bailar, pesados. Estoy bien aquí. Si quiero ir a bailar voy a bailar yo sola.

De hecho, el Henry actual decía que esa situación parecía divertida: ¿DIVERTIDA PARA QUIÉN? ¿Para la lesbiana que se está viendo incómoda en el recuerdo? ¿O para los dos tortolitos en donde uno no recuerda y la otra sí? ¡Y porque la pelirroja no sabía que la rubia estaba por ella, o aquella situación sí que hubiera sido el triple de incómoda!

Puso cara de limón agrio al beber su bebida que era muy dulce. A esa edad todavía no soportaba muy bien el alcohol fuerte. Ella esperaría a que llegase Gwendoline y ya bailaría con ella.

Vaya —dijo entonces la Sam del presente, rompiendo el silencio. —¡Soy el alma de la fiesta, eh! —Y se rió de sí misma, intentando no darle importancia al comportamiento de la Sam del pasado, porque si bien los Henry y Caroline de entonces no se dieron cuenta, visto desde una tercera perspectiva era muy evidente. Sobre todo cuando Henry y Caroline se ponían a hacerse tonterías amorosas. —En fin, ¿has visto Henry? Éramos muy amigos y ustedes algo más. ¿Te ha gustado el tour por recuerdos totalmente aleatorios? —Y vaya que si eran aleatorios, ¿este último no habría podido ser uno más normal?
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Caroline Shepard el Sáb Jun 15, 2019 4:57 pm

Caroline escuchó atentamente tanto las palabras e interrogantes de Henry, como las reflexiones de Sam. Las de esta última, ya eran sabidas por la pelirroja, quien en más de una ocasión ha terminado hablando junto a la rubia sobre el mago, y las mil cosas que pueden haber transformado en su cabeza, y que hoy pese a estar alterada al parecer aún alberga algo del Henry de aquel entonces que hoy volvían a visitar por medio de recuerdos. Cuando escuchó la última reflexión de su amiga, la pelirroja agradeció en silencio que nadie de la familia Kerr tuviera una pizca de la inteligencia de Sam y la legeremancia para haber pensado eso antes, y ahora correr el peligro de que Henry descubriese su maniobra. Ya era tarde. Ya se había abierto la puerta, donde un centenar de recuerdos plasmados en papel se presentaban frente a los ojos del castaño como comprobante de un pasado, que pese a no recordarlo si existió.

Porque pese a que removieron muchas cosas en su cabeza, no pudieron ponerlas a ellas en su contra.

Sí, a eso me refiero y más. Connor es de esos que son gilipollas hasta la médula — le respondió Caroline, es que ahora que había comprobado que el castaño no iría a la primera de cambio a delatarlas al gobierno, un poco de sinceridad no venía nada de mal. La pelirroja ya tenía que disimular agrado por personas como ese Slytherin en el trabajo, por lo que no quería además tener que hacerlo en su propia casa.

Caroline sonrió divertida cuando escuchó la respuesta del castaño a su pregunta. — No lo hiciste. — le dijo sonriente. — Sino que lograste escabullirte sin que nadie te viera a la cocina del castillo, y llegaste diciendo a la Sala común que no necesitas de la enfermería nunca más, porque tenías el mejor remedio de todos, el camino perfecto para llegar a la cocina y sacar pasteles de chocolate. — le contó, recordando esa época que tuvieron de sobredosis de azúcar hasta que el prefecto de Gryffindor de esa época los pillase y mantuvieran por un buen tiempo vigilada la cocina.

Cuarto recuerdo
Clase de pociones | Cuarto años

La ex ravenclaw no podía borrar la sonrisa que tenía en su rostro en aquel momento, aunque quisiese, porque eran tan bonito volver a visitar esos recuerdos para ella que simplemente no podía sentir amargura alguna, solo podía respirar felicidad habitando esas páginas.

Soltó una cristalina risa cuando escuchó las palabras de su amiga y luego vió la imagen de la pequeña Sam muerta de risa— La practica hace al maestro, dos años más tarde sabías disimular mucho mejor tus rostros, Jotita.— bromeó a medias, que no era mentira lo que acababa de decir, ya que tras estar más de seis años con personas tan revoltosas como Carol o Henry, la rubia de a poco fue practicando sus rostros de Poker para no delatar sus trastadas.

Rió del mismo modo cuando vió aquel gesto tan reconocido del castaño, frente a sus ojos se encontraba la prueba viva de que la historia entre ellos tres había comenzando hace muchísimo tiempo, y que tan solo había sido bloqueada para uno, por personas que ahora no valía ni siquiera la pena recordar.

La pelirroja cerró los ojos y se llevó la mano al pecho toda dramática cuando escuchó los puntos que los tres habían hecho perder a ravenclaw.— Que final de curso más amargo.— musitó, viviendo el momento por unos segundos y después soltar rápidamente para volver a sonreír.— Además los Slytherin salieron terceros, y solo eso le bastó a Connor para irnos jodiendo todo el camino de regreso, diciendo cosas como que los ravenclaw solo servimos para "hacer explotar calderos" y cosas de niñatos.— rodeó los ojos y resopló, para luego encogerse de hombros y dejar ir todo lo que remitiera a ese mago en particular.


Quinto recuerdo:
Séptimo año | En un pub mágico en Londres

¡Fiesta!

La pelirroja de ese entonces (y la de ahora) ama las fiestas, mover el cuerpo, tomar brebajes que te ponen aún más feliz, y reír hasta la madrugada con su mejores amigos. Este recuerdo lo había escogido Caroline, era sobre una fiesta de verano cuando iban en séptimo año en un pub de Londres que ahora, si la apresuraban no recordaba ni el hombre. ¿Por qué? porque pese a que en un comienzo se viese que no lo estaban pasando tan bien, las cosas después dieron un giro inesperado, gracias al auspicio de un tequila, limones y sal.

No cayó en lo incómodo que podía ser ese recuerdo en particular para Henry, y de paso un poco para ella, al mostrarle lo que a hace poco se había enterado el castaño que había sucedido hace unos años entre los dos. Sintió su mirada sobre ella, y giró su rostro para clavar sus ojos en los suyos. Le sonrió cálidamente, es que la pelirroja no quería que se sintiese incómodo sino que viese lo bien que alguna vez lo habían pasado juntos, y lo bien que podrían volver a pasarlo bien los tres juntos si tomaban la decisión de comenzar a hacer algo dentro de la cabeza de Henry.

Cuando escuchó las palabras de Sam, desvió nuevamente su mirada y la clavó en el recuerdo, y efectivamente comprobó que la rubia tenía cara de pocos amigos, mientras ella y Henry estaban todos sonrientes en su propio mundo, frunció el ceño.— ¡Hey! que es verdad, tienes un rostro de tres metros ¿Por qué? — preguntó curiosa la pelirroja a su amiga, pero no logró escuchar la respuesta porque de pronto el recuerdo se empezó a borronear, apareciendo pequeños flashes de esa noche: como ellos obligando a Sam a bailar y dándolo todo los tres juntos en la pista de baile, como ellos tomando tequila tras tequila en la barra, o ellos sacándose fotos con los pedazos de limón como dientes, o riendo a más no poder  mientras una pelirroja gritaba "Basta, basta, que me voy a hacer pis" con lagrimillas en los ojos de felicidad, y por último....

Esa noche, tomamos mucho tequila y al día siguiente desperté con lagunas mentales, o mejor dicho océanos, por eso este remix de cosas, pero escogí este recuerdo por una cosa en particular...¡Uh, ahí está!— exclamó divertida, apuntando con su dedo, para que observaran como una imagen que se iba volviendo más nítida frente a sus ojos.— Desperté con una canción pegada en mi cabeza, y no sabía por qué hasta que entre los tres empezamos a reconstruir la noche...— agregó para luego callarse y que lo vieran sus amigos con sus propios ojos. Miró a Sam divertida, no sabía si ella recordaba bien este momento, es que de los tres la rubia fue la que más tomó esa noche. ¿Por qué? No tenía idea, pero la rubia estuvo extraña toda esa noche hasta que el tequila comenzó a causar efectos en ella, y empezó a reír de nuevo. Ya más tarde le volvería a preguntar el por qué, ahora solo quería disfrutar de este divertido momento.

Frente a sus ojos, estaban sus yo del pasado arriba de un escenario, los tres tenían un micrófono en sus manos y componían una graciosa pose. Cuando de pronto comenzó a sonar una canción, la pelirroja no pudo evitar soltar una carcajada.— Años de cantarle canciones de Destiny´s Child a Henry, esa noche tuvo sus frutos.— dijo entre risas.— Estábamos tan borrachos...— agregó negando con la cabeza al ver cómo sus yo adolescentes lo daban todo y más en la pista de baile cantando karaoke.

Suspiró, y sintió como esa épico momento comenzaba a desvanecerse para encontrarse nuevamente los tres en el living de su hogar.— Bueno, solo quería mostrar ese último recuerdo, para demostrar que sin importar la edad que tuviéramos ni el lugar, siempre terminamos al final del día haciendo una locura o riéndonos a más no poder. Y eso, aunque hayan movido algunas cosas por aquí...— dijo la pelirroja, acercándose hacia Henry y tocando su frente con su dedo índice dulcemente. —...nadie podrá evitar. Porque juntos somos, una mezcla explosiva.— terminó por concluir Caroline encogiéndose de hombros sonriente.

Sé que todo esto puede ser mucha información, pero si quieres puedes llevarte alguno de nuestros diarios, leerlos con más tiempo, no lo sé, como tú quieras.— terminó por decir, esperando su respuesta expectante.
Caroline Shepard
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Henry Kerr el Jue Jun 20, 2019 12:51 am

Henry sabía, que cuando le preguntaba a Samantha por cosas concretas sobre las acciones de su hermano con su mente, estaba tocando un tema delicado. Y no sólo porque pensar sobre ello siempre le turbara y trajera sentimientos de amargura respecto a su familia, sino también porque entendía lo traumático que era todo aquello tanto para Sam como para Caroline.

Digamos que la  reunión en casa de la pelirroja estaba siendo bastante amena y divertida. Sin aparente tensión, drama, ni pesar. Pero cómo no habría nada de tensión en una reunión de amigos del cual la tercera pata de la mesa llamada amistad ya no era la misma. Por fuera el rubio podría parecerlo, ese chico de siempre, pero por dentro…

No, no nos engañemos. La situación era idílica hasta cierto punto, con el justo toque nostálgico que cualquier momento de esa índole tendría, sin embargo, la realidad es que no era un reencuentro de amigos sin más.

Entre escena y escena, entre risa y risa, entre gamberrada y gamberrada, había un golpe y aplastante golpe de triste y dura realidad. Aquel presente que seguramente ninguno de los tres hubiera esperado vivir, pero que por razones ajenas, los tres tenían que sufrir.

- Sí, me acuerdo-, reconoció, aunque lo cierto es que por aquel entonces en su memoria solo quedaba como el encuentro con una rubia tan bella como desconocida para él. Poco iba a imaginar que aquella misma mujer de dorados cabellos lo salvara de una muerte segura para presentarse ante él como su amiga de toda la vida. - Un momento incómodo. Siento haber actuado así, pero ya entiendes por qué motivos fue así-, se disculpó, pese a que en el fondo no tenía tampoco la culpa de todo aquello.

Con la segunda parte el rubio estuvo un poco menos de acuerdo. Suponía que sí, que una parte de su anterior personalidad quedaba latente en alguna parte interna de su cerebro, más si la había tratado con respeto y normalidad era por una cuestión totalmente distinta. Sí, puede que su antiguo yo le hubiera ayudado a no meterse en una batalla directa con Sam en aquella fábrica, pero el principal motivo no creía que fuese ese.

- Lo recuerdo. Diría que no me puse a matar a hijos de muggle porque la situación así lo requería. Me habías salvado. ¿Por qué lo habías hecho? Eso despertó mi curiosidad y me motivó a hablar en privado contigo-, le explicó. - Pero te entiendo, seguramente queda algo de ese Henry de los recuerdos, en alguna parte de mi cabeza. En el subconsciente, supongo. Quizás ayudara a que todo fuese por este camino que me ha llevado hasta aquí, es posible-, reconoció.

¿Qué habría pasado si se hubieran reencontrado de una forma distinta? Lo tenía bastante claro, y no eran buenas noticias para la pobre Samantha. No obstante, lo que había dicho sobre el subconsciente, sobre que quedaran algunos resquicios de su antigua personalidad escondidos por ahí… No, no lo había dicho como cortesía. No era experto en cuestiones mentales y la magia que influía en la mente, pero el cerebro era muy poderoso.

¿Quizás eso le hubiera hecho perdonar a Sam de todos modos, aunque su encuentro fuese diferente? Era una pregunta imposible de responder, pero la opción existía, eso no lo podía negar.

- Ya veo. Seguramente hubiese sido mejor para ellos. Colocaros como mis enemigas y no solo como personas que nunca existieron en mi vida-. Tenía sentido, de este modo sí hubieran existido para él, aunque de un modo diferente al real. - Hubiera sido más efectivo. Estoy de acuerdo. Pero tal como se han dado las cosas, de todos modos las pruebas hubieran llegado hasta mí. Vuestros recuerdos son demasiado evidentes para negarlos.

Sam había contestado a Henry con lo que este tanto necesitaba escuchar. Además, agradecía que en ese caso se había mostrado imparcial, sin emociones por medio, o al menos no reflejadas en el contenido de lo que le había dicho. Se había limitado a darle un respuesta técnica sobre su oficio y eso era justo lo que necesitaba.
En cualquier caso, ya estaba bien de drama por ese día. Tocaba responder a la curiosidad que albergaba por los últimos recuerdos que había observado.

- Ja, así que me escapé y conseguí chocolate. Mil puntos para el bueno de Henry. Hasta por entonces era un máquina-, bromeó en respuesta Caroline, exagerando su propia figura en todo aquello. - Por Merlín, cincuenta puntos por cabeza. Con lo que nos gusta la victoria a las bellas águilas. Debía ser el chico más odiado de Ravenclaw, menos mal que encontré el chocolate-, volvió a bromear, una vez pasada la sorpresa de la ingente cantidad de puntos que había tirado a la basura.

Digamos que el lado más académico de Henry había explotado mentalmente con la respuesta de Sam.

- Eso me hace pensar, que si nos restaron tantos puntos no es por mi culpa, sino porque Samantha disimula la mar de bien-, ironizó, al tiempo que se quitaba el marrón de encima sin pudor alguno. - Bah, si es que unos años conmigo hacen un maestro del lenguaje y la gestualidad a cualquiera-, volvió a bromear con una exageración de su persona.

De todos modos, pronto pasaron las aclaraciones del último recuerdo, el de la fiesta en la discoteca, y lo cierto, es que Henry no se había fijado en el rostro de amargada de Sam hasta el mismo momento en el que ella hiciera referencia al respecto.

- Vaya, no me había fijado. ¿Qué pasó? ¿Suspendiste algún examen importante? ¿Tu novio te dio calabazas? - comentó socarrón.

Todas esas imágenes eran cómo una película para él, el primer momento en el que las contemplaba. Más pese a en realidad también fueran vivencias, eso era cosa del pasado. Ahora eran más bien información valiosa que le valía para hacerse una idea mejor de los cambios que le habían hecho, y de cómo era antes de estos.

- Bueno, señorita Caroline, supongo que a día de hoy, yo también soy uno de esos gilipollas hasta la médula-, comentó sin acritud, ni drama. Una medio broma de sobre una verdad. Ahora era uno de esos capullos que se metían con hijos de muggle y pro muggles. - Pero bueno, todo tiene solución menos la muerte-, dijo, guiñándole un ojo a la pelirroja.

¿Qué futuro le esperaba? ¿Volvería a ser el Henry de antes, uno nuevo y diferente, o acabaría quedándose como estaba pese al enfado que tenía con su familia? A día de hoy, eran preguntas para las que tampoco tenía respuesta.

- Soy más de whisky, pero he de reconocer que el tequila es sabroso y pega bien duro-, reconocía a sus compañeras. - Destiny´s Child-, dijo seguido, viendo el espectáculo sobre el escenario desenvolverse. - Por Merlín otra vez, supongo que hay cosas que son mejor olvidar. Destiny´s Child…-, dijo, fingiendo un escalofrío al mencionar el grupo por segunda vez. - Ya veo, éramos un grupo sin miedo a la aventura. Sin duda lo éramos-, comentó finalmente, más serio y pensativo.

Su vida habría sido muy distinta sin el cambio. Seguro que hubiese perseguido dragones de todos modos, pero aparte de ello, el resto de su vida hubiera sido muy distinta. Era curioso, como un acción ajena a él podría haberle hecho tan diferente.

Para él, la magia era un buen preciado. Pero su mera presencia allí, le recordaba que era un bien tan preciado cómo peligroso en manos inadecuadas.

- Bueno, no les mentiré. Esta sesión de recuerdos perdidos ha sido un tanto extraña, pero al mismo tiempo lo he pasado bien y he aprendido mucho sobre quien era antes-, les reconoció, al tiempo que recogía su chaqueta y se disponía a colocársela. - Desgraciadamente por hoy tendrá que ser suficiente, debo partir y hacer algunos recados-. Lo que sin eufemismos venía a ser: reunirse con personas vestidas de negro y bien peligrosas. - Ha sido grato y he sacado buenas conclusiones-, comentó de seguido, colocándose bien el chaquetón. - Sí, no me importaría llevarme algunos diarios, para leerlos en mis ratos libres. Seguro que aprendo más cosas sobre mí, pero claro, son sus diarios, algo muy personal. Ustedes tendrán que elegir cuales son los apropiados para llevarme-, comentó sonriente y con su habitual toque cortés.

Luego, Henry, después de que las jóvenes le dieran algunos diarios, en los cuales seguramente no salían cosas picantes para lástima de nuestro rubito, se despidió por última vez antes de aparecerse en su casa, dónde dejaría los diarios para leerlos más tarde y en los días venideros.

Sí, había sido una tarde de lo más extravagante, pero no por ello poco interesante. Muy al contrario, había sido el intermedio de un día cargado de conocimientos. El intermedio de un día lleno de recuerdos, que esta vez no olvidaría.
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