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Trying to go back to real life. —Dorcas.

Danielle J. Maxwell el Lun Abr 30, 2018 3:11 am

Trying to go back to real life. —Dorcas. EhTsEv8

¡No abras los ojos! —En realidad era físicamente imposible que pudiera abrir los ojos porque tenía puesta una venda, creada específicamente desde mi bufanda bien gordita, por lo que por mucho que lo intentase, iba a ser imposible. —Bueno, ¡no te quites la venda!

La llevaba, sujetada de la mano, a través de una suelo mullido y húmedo, en cuyo ambiente se podía oler perfectamente el olor a césped recién cortado, mezclado con la tierra mojada y la humedad del día. Muchos podrían decir que eso es característico de Londres pero... no, no estábamos en Londres.

Hoy era día trece de abril, el cumpleaños de mi gran amiga Dorcas. ¿Y qué era lo que más me gustaría poder regalarle a Dorcas? La normalidad. Un día—o un fin de semana, que es lo que en realidad tenía pensado—lejos de tener que ocultarse, alejadas del miedo de una sociedad opresora, muy, muy lejos de un gobierno que tenía a mi amiga en una posición inhumana. Así que esa misma mañana, a eso de las once, me presenté en su habitación con un muffin de triple de chocolate del Starbucks, además de un rico chocolate caliente del mismo sitio. En el muffin había una vela, la cual encendí antes de tocar en su habitación y que me abriese. ¿Lo siguiente que hice? Decirle que se vistiera y ponerle la bufanda alrededor de los ojos.

Me aparecí con ella en mi casa de Finlandia, más concretamente en el césped de mi jardín. Yo había nacido en Helsinki centro porque mis padres vivían ahí, pero desde que vivía con mis padres adoptivos me críe en una ciudad llamada Kotka, la cual da para el mar. Tanto Jerry como Sylvia tenían unos trabajos increíbles para ser muggles, en el sentido de que cobraban una pasta, por lo que siempre había estado muy bien posicionada y con montón de privilegios, aunque la familia entera fuésemos terriblemente humildes. Podría decirse que de pequeñita era la típica niña mimada, ¿vale? No seré su hija biológica, pero vamos, me trataban igual o mejor de como si lo fuese. Nunca conocí a mis padres de verdad, pero si soy sincera, con Sylvia y Jerry jamás eché de menos otros padres. Ella era abogada y él médico y, aparte de tenerme a mí, no tuvieron nunca más hijos. Es de esas parejas con un par de perros y un par de gatos que siempre dijeron que no querían tener hijos. ¿Yo? Bueno, yo les llegué sin querer después de prometérselo a mis padres cuando nací.

Ellos estaban al tanto de todo lo que pasaba en Londres y estaban MUY ENFADADOS por el hecho de que permaneciese en Inglaterra, pero eran conscientes de que no podían hacerme cambiar de opinión y que yo quería vivir mi vida, fuese peligrosa y horrible. Sin embargo, les había dicho el plan que tenía para Dorcas en su cumpleaños y... estaban encantados, tanto de verme a mí—pues no me veían desde navidad—como de conocer, al fin, a Dorcas Meadowes, esa amiga de las que le llevo hablando desde que tengo once años. Y normal que no la conocieran... no muchas amistades de Hogwarts han venido a Finlandia a conocer a mi familia. Todos se quedan en mi abuela, que vive en Londres.

Así que caminando por el jardín de la gran casa de Kotka de mis padres y sintiendo como me calaba de frío, vi como mis padres salían lentamente por la puerta, colocándose en el rellano con una cara cargada de ilusión. Les hice una señal con el dedo índice en los labios de que guardasen silencio y me puse por detrás de Dorcas, para quitarle el nudo de la bufanda.

Cuando se lo quité, inauguré el regalo.

Casa de los Jefferson:
Trying to go back to real life. —Dorcas. WYRymIV
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Trying to go back to real life. —Dorcas. GMv51NC
Sylvia Jefferson || #ff99ff

Trying to go back to real life. —Dorcas. FqZiVs8
Jerry Jefferson || #3399cc

¡Bienvenida a Finlandia! ¡Un fin de semana alejada de magia —le quité la varita a traición y me la guardé en el bolsillo, enseñándole el dedo índice para negar con él, divertida. En realidad era solo  técnico, luego le devolvería la varita—, alejada de mortífagos, de cazarrecompensas, de misiones peligrosas, de gobiernos corruptos y opresores, de la loca de las pociones, de estar totalmente encerrada en un refugio y... ¡con mis padres! —Y los señalé, con una sonrisa enorme.

Mi madre pegó un saltito y mi padre, más tímido, saludó con la mano abierta. Le pasé el brazo por detrás de los hombros y le di un besito en la mejilla.

Feliz cumpleaños, Dorquis. —Y tenía más sorpresas, claro, pero todo a su debido tiempo. Les hice una señal a mis padres para que se acercasen. —Mira, él es mi padre, Jerry. Y ella mi madre, Sylvia.

Un placer, Dorcas. Danny nos ha hablado maravillas de ti desde el primer año que pisó Jowas.

Hogwarts, mamá —le corregí, divertida.

¡Eso, eso, si es lo mismo!

Encantado, señorita. Nuestra pequeña —me abrazó—nos ha contado como está la cosa por Londres y... nuestra casa, es tu casa. Siempre que la necesites. —Y sonrió, encantador. ¡Ay, es que mi padre era muy mono! —Vamos adentro, que hace frío. —Y lo decía él, que iba en pantalón corto, como un buen finés.

Mi madre vino a besuquearme toda, además de darme un fuerte abrazo.

Mi papi es un cocinero de primera y nos ha prometido comida buena durante todo el fin de semana. Dice que se va a poner el delantal en serio para que nos guste mucho y así venir más a menudo... —Lo miré de reojo, aunque estaba hablando con Dorcas.

Exacto, ese es mi plan maestro —dijo divertido. —Y he empezado haciendo el mejor pastel de cumpleaños del mundo. Aunque ya será para después, para el postre del almuerzo. —Y se frotó las manos, mirando a ambas chicas con ilusión.
Danielle J. Maxwell
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Dorcas Meadowes el Vie Mayo 11, 2018 6:01 pm

Hoy era mi cumpleaños, el segundo lejos de mi familia. Debería ya haberme acostumbrado a no despertar con una Emma  haciéndose espacio entre mis sábanas para darme un mega abrazo de koala, y luego escuchar a sus padres cantarle de manera tan armoniosa un "Cumpleaños feliz". Pero a medida que pasa el tiempo me había dado cuenta que el dejar de extrañarlos era imposible. Y que una carta, o llamada por skype no era suficiente. Porque no pude evitar llorar a las doce de la noche cuando sonó mi celular para luego dar paso a tres personas en su pantalla. Jamás había tenido tantas ganas de abrazarlos como en ese preciso momento. Emma estaba enorme y le había comentado que ya había aprendido a leer, escribir, sumar y restar. ¡Tan inteligente que es! Se pasó quince minutos enseñándome todos sus conocimientos. Para que luego mi madre toda emotiva intentará entre llanto decirme que me amaba y me deseaba un muy buen cumpleaños, mientras mi padre la abrazaba y me dirigía miradas cómplices, tiernas, y llenas de amor.  Dos horas debimos de haber pasado intentando tener una conexión medianamente estable, es que el refugio tenía una señal horrible. De tanto en tanto nuestras imágenes se quedaban pegadas y debíamos llamarnos de nuevo .
Cuando me despedí de ellos ya eran casi las dos de la mañana, la luz de mi móvil se apagó y nuevamente quede a oscuras y sola. Y prometo que lo intente, prometo que hice todo lo posible para no comenzar llorando mi cumpleaños número diecinueve. Pero no pude, tan sólo terminé aferrandome a la almohada más cercana hasta que no sé cómo me quede dormida.

Pero para mi suerte pese a tener unos ojos rojos e hinchados, mi sentimiento al despertar se encontró lejos de ese que sentí tras colgarle a mi familia.  Porque a mi lado junto a un muffin de chocolate se encontraba mi querida amiga Danny. Y mientras cerraba mis ojos, con una sonrisa sincera y de profundo agradecimiento desee de todo corazón que vinieran tiempos mejores, para luego de un sólo intento apagar la velita.- Gracias, gracias, gracias. Eres la mejor.- le dije abrazándola fuertemente. - ¿Quieres un mordisco?.- le pregunté tendiendole el muffin sonriente.  

Y yo que pensaba que todo terminaría allí, pues no. Estaba muy equivocada, y era error mío. Porque ya después de tanto tiempo de compartir junto a mi adorable amiga debía saber que Danny siempre, pero siempre tenía una carta bajo la manga, como toda gran maga. Y feliz como una perdiz me dispuse a cambiarme de ropa y entregarme a la sorpresa que tenía para mi. Estaba muy nerviosa y ansiosa por saber que me encontraría al sacarme la bufanda de mi ojos.- No veo, lo prometo.- dije risueña al comenzar a caminar a dónde sea que nos hemos aparecido.

De pronto un viento helado comenzó a colarse por los agujeros de mi ropa, nos detuvimos y sentí una maripositas revolotear en mi estomago, de pura ilusión. Y cuando la bufanda de Danny abandonó por completo mis ojos me quedé en shock. Quieta, recibiendo un impacto tan alto que me dejó congelada. Con lo que estaba segura era la sonrisa más idiota y el rostro más iluminado que hace siglos. Sentía que había recibido una carga tan grande de cariño que mi cuerpo se negaba a reaccionar. - Danny yo...- sin palabras, así me había quedado. Contemplando la hermosa casa de su amiga y a sus padres.  Y no fue que reaccioné hasta que sentí el besito de mi amiga en mi mejilla, que me hizo pestañear un par de veces. Y les juro que me hubiera apretado el brazo sólo para comprobar que no era un sueño del cual tarde o temprano debía despertar. Pero no, no lo hice. Porque era mi cumpleaños y aunque todo esto se tratará nada más que de un sueño lo iba a disfrutar, a mil. Por lo que ni siquiera proteste cuando Danny me quito la varita.

- El placer es mío. Danny también me ha hablado mucho de ustedes.- dije a medida que le dedicaba un abrazo a cada uno a modo de saludo. Reí cuanto escuche a la mamá de Danny referirse a Hogwarts es que era como estar escuchando a mi madre.  Y luego, escuchando al padre de mi amiga, y viéndolos a los tres juntos comprendí de dónde es que venía tan adorable ser. May también tenía que ver en el asunto, claro está.  Es que su amiga era única, increíble y ahora estando junto a su familia todo calzaba. Ya que, cual de todos más adorable- Muchas gracias, de verdad...- dije toda emocionada. Es que jamás me había esperado esto. Sí, habíamos quedado de ir un día de estos a visitar a sus padres pero jamás pensé que tan pronto y mucho menos que sería para el día de mi cumpleaños. ¡Estaba sobrepasada de felicidad!

Al entrar me dispuse a contemplar todo, es que hace mucho que deseaba conocer la casa de Danny. Me había hablado tanto de ella y de sus padres que era como conocer en persona a los protagonistas de mis historias favoritas. Como ambas somos hijas de muggles, y unas muy regalonas por cierto, nos pasabamos noches enteras hablando de nuestra vida muggle. De nuestra casa, nuestros padres, amigos, barrio... y hoy lo podía ver todo con mi ojos. Estaba flipando, en serio.

- [color:f865= #ff99ff]Danny lleva a Dorcas a tu habitación. Dejen las cosas allí, le hacemos un tour por la casa y luego ¡a comer!.- dijo toda emocionada y con una sonrisa radiante, contagiosa.

- ¡Sí a comer! ¡Ñam, ñam!.- gritó una voz de no sé donde, giré para pillar al padre de Danny pero ya no estaba a nuestro lado. Escuché reír a su esposa y al mirarla se encontraba negando con la cabeza divertida.- A estado cocinando toda la mañana, espero que traigan mucho apetito.- le sonreí ampliamente y asentí. La verdad no era hambre la que sentía en ese preciso momento sino más bien mucho, mucho cariño e ilusión.

Seguí a Danny hasta su habitación fijándome en cada detalle, o fotografía colgada en las paredes que me pillaba en el camino. Y antes de que mi amiga abriera la puerta de su habitación le tomé del brazo y la gire para darle un mega abrazo. Es que yo siempre he sido la más cargosita del grupo de amigas. La que demostraba su cariño en acciones, colándose en sus camas en medio de la noche exigiendo mimos, o acurrucandose bien cerquita cuando era invierno, y abrazando a diestro y siniestro sólo porque me daba la gana. Aunque en esta oportunidad si que tenía razón mi accionar, quise que en ese abrazo se colase todo mi amor y agradecimiento. Pero por si no  quedaba claro...- Gracias, gracias, gracias. Creo que el día de hoy jamás dejaré de decírtelo. - rió y le abrace aún más.- Eres la mejor amiga que puede existir. Te quiero mucho, mucho.- sí, re sentimental me había puesto. Pero es que, ay...es que estoy muy, pero muuuy feliz.

Me alejé y pegué un saltito de de felicidad.- Ays, hace mucho que quería conocer tu habitación.- dije en un tono más agudo de lo habitual. Es que me sentía como una niña en la mañana de navidad.
Dorcas Meadowes
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Danielle J. Maxwell el Sáb Mayo 12, 2018 4:23 am

¡Claro que venimos con apetito! —respondí a mi madre. —Aunque Dorcas se comió un muffin de chocolate hace un rato, la muy gorda. ¡Más te vale no haber perdido el apetito, Meadowes! —Le eché la culpa, divertida, cuando estaba claro que había sido mi culpa. Al menos fui buena amiga y le quité un trocito cuando me ofreció, ¿vale? Todo por su bien, para que no llegase a mi casa sin hambre y le hiciese un feo a mis padres. —Vamos, ven, te enseño la casa en la que vivirás el fin de semana.

Comenzamos a subir las escaleras, las cuales no eran especialmente largas ni grande. Era una casa de dos pisos, pero bastante modesta en el interior en comparación a cómo se veía por fuera. Quizás, desde el exterior podría dar la imagen de ser bastante moderna, pero el interior era super acogedor porque estaba todo decorado desde lo más hogareño. Todo tenía una decoración basada en cosas hechas de manera artesanal y colores neutros como blanco, negro y gris. Eso sí, cada habitación tenía su propio color característico. La verdad es que desde que yo era bien pequeñita, la casa tenía otro aspecto bien diferente, pero se notaba que el hecho de haber tenido que encargarse de mí había hecho que tanto Jerry como Sylvia adoptasen otro estilo e hiciesen la casa muchísimo más familiar. De hecho, poco había cambiado nada en la casa desde que yo me fui a vivir a Londres. Y me gustaba pensar que era porque no quería desprenderse de lo que les recordaba a mí.

Mi madre me preguntó que si quería que preparase la habitación de invitados pero... mejor te quedas conmigo, ¿no? Mi cama es grande porque heredé la vieja de mis padres cuando una vez la cambiaron, así que cabemos bien. Y es más guay, ¿no? —pregunté, contenta. Recordaba las horas que pasábamos en la sala común, en una misma cama, bajo las mantas, simplemente hablando de tonterías. Uno se da cuenta de lo buen amiga que es de otra persona, cuando en esa situación, le sueltas un "tú sigue hablando que aunque tenga los ojos cerrados, yo te escucho". Eso era confianza. —¿Te parece bien? Aunque si quieres puedes quedarte en la habitación d...

Y entonces, justo cuando iba a abrir la puerta de mi habitación, recibí un fuerte abrazo de Dorcas. Le abracé tan fuerte que casi la apachucho y la parto en dos. ¿Y lo mejor? ¡Tener dos Dorcas! Pero no, mejor no arriesgarse.

¡Pero serás...! —Y la abracé con un ligero baile, besuqueándole todo el rostro. —¡Mona! ¡Tú lo que eres es la cosita más mona del universo! Yo también te quiero montonazo, ya lo sabes. Qué menos que regalarte un poquito de libertad por tu cumple, ¿no? —dije al separarme, sonriéndole ampliamente. —Te lo mereces. Tú te lo mereces todo, ya lo sabes. —Y eso lo pensaba de verdad. Dorcas era demasiado buena, adorable y una persona hermosa como para estar en la situación en la que estaba sólo por ser nacida de muggles. Al final, ¿qué diferencia tiene conmigo? Fuimos creadas por muggles, lo único que yo tengo la suerte de haber tenido padres mágicos. Era injusto.

Yo era una chica bastante amigable, pero demostrar abiertamente el cariño me costaba un poquito más. Sin embargo, con Dorcas era demasiado fácil. Ya eran muchos años de confianza y ella era demasiado adorable como para siquiera plantearme nada.

Bueno, bueno... esta habitación representa a la Danny de trece años, ¿eh? Desde entonces que no cambio nada, creo. A partir de los quince muchas vacaciones la pasaba en Londres con mi abuela, por lo que apenas pasaba por aquí y total, para el poco tiempo que pasaba... —le advertí antes de abrir la puerta. —La habitación de Danny de diecinueve años es la que tengo en la casa de mi abuela. Bueno, ¿preparada? Chan, chan, chan...

Y abrí la puerta con expectación, dejando ver el interior.

Habitación de la Danny de 13 años:
Trying to go back to real life. —Dorcas. E13a470e69f7ac9150e97fa16f25b9f3

Y, a todos los efectos, parecía más una habitación de chico que de chica, pero había que decir que nunca había explotado demasiado mi feminidad. O lo que se supone que caracteriza, en esta sociedad, a una niña siendo niña. Siempre había sido de juguetes propios de niños, de hacer deporte de niños, de rodearme de niños... Y, siendo sinceras, mis primeras amigas de verdad la conseguí en el mundo mágico y porque me obligaban a vivir con ellas durante años en una misma habitación, cosa de la que me alegro infinitamente porque... vamos, he conocido a personas tan genial como Dorcas.

No, con trece años no era un niño, pero casi, ¿vale? —Y reí, divertida. Ella ya debía de saber que yo usaba mucho el skate, porque actualmente hasta lo seguía utilizando, pero tuve una época en donde me dio realmente fuerte.

Entré al interior di una vuelta en medio, tirándome sobre la cama.

¿Ves qué suavecita y grandota? Yo creo que podemos dormir las dos aquí. —Insistí.

Tenía una sorpresa para ella más adelante y, para eso, necesitaba que me dijese formalmente que quería dormir conmigo (qué raro suena decirlo así) para tener libre la habitación de invitados. No quería adelantarle nada ni sonar sospechosa, sobre todo porque de verdad que quería no cagarla y ver su rostro de sorpresa total ante mi verdadero regalo.

Y sí, puedes toquetear todo lo que quieras. Mi habita es tu habita. —Me levanté a coger mi primer skate, el cual estaba todo destrozado sobre un estante, como recuerdo. —Mira, este fue mi primer skate. Recuerdo que con él me partí un dedo y me hice un esguince en la muñeca. Tenemos muy buenos recuerdos juntos. —Sonreí, para entonces mirarla. —¡Bueno, espera! ¿Te acuerdas la llegada a Hogwarts de nuestro tercer año? Creo que llegué al castillo con un cabestrillo en el dedo meñique, ¿no te acuerdas? Me lo quitaron allí a los dos días porque con las pociones mágicas se me curó super rápido.

Había un escritorio en cuya parte superior había un corcho con muchísimas fotos, todas con mis amigos muggles, todos chicos y con cascos y skates. Por aquel entonces no tenía yo precisamente demasiado feelings con mis amigos de Hogwarts, y tampoco era plan de dejar una foto que se mueve en mi casa, por si entraba alguien. También había un ordenador del año de la pera que actualmente iría super lento, por no hablar de montón de libros, juegos y tablas de skate.
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Dorcas Meadowes el Miér Mayo 23, 2018 11:41 pm

Estoy segura que mañana  despertaré con dolores en mis mejillas por lo mucho que estuvo con mi sonrisa de par en par. Es que aún no me lo podía creer, estando ya adentro de la casa de Danny con sus padres ahí dándonos mimos, y preparándonos un almuerzo que con tan solo oler un poquito uno podía asegurar que prometía mil, podía decir que me consideraba la persona más afortunada del mundo entero. Porque sí, quizás era perseguida por el mundo mágico y no podía estar con mi familia como quisiera pero contaba con personas que en el momento más difícile me hacían ver el lado bonito de la vida, simplemente no podía ser más afortunada.

Negué con la cabeza divertida.- Puedo verme chiquitita pero mi estomago puede mucho.- dije dándome palmaditas en mi panza divertida, y no mentía la verdad. O sea estaba un poco llena ya que ese muffin era como una sobredosis de azúcar y chocolate pero, jamás de los jamases le haría un desaire a una comida tan llena de amor y de seguro tan rica como la que había hecho el padre de Danny. - Ays, vamos, vamos.- pegué saltitos de pura felicidad. Es que había esperado por mucho tiempo este momento, sentía hormigas por todas partes bailando de alegría.

Como plato, así estaban mis ojos devorando todo a su paso. Es que me sentía como cuando dicen que harán la película de tu libro favorito y cuando la vas a ver realmente observas todo con lujo de detalle para ver si lo que imaginabas realmente era así, con esos detalles, con esos colores...y la verdad, mi imaginación no estaba muy lejos de la realidad. Siempre pensé en la casa de Danny como un lugar sumamente acogedor, y no estaba equivocada estar aquí era como sentirme abrazada constantemente, era como sentirme en mi hogar. Era infinitamente agradable y confortante.  Por lo que antes de entrar a la baticueva de mi super amiga, no pude evitar darle un mega abrazo lleno de cariño y agradecimiento, por estar ahí alegrando mis días, y hacer de mi cumpleaños un día mega especial.  Y mira, que hasta piensa que yo quizás quisiera dormir en la habitación de invitados pfff, me pasaré la mayoría del tiempo así, pegadita a ella como cual oso panda con su bambú.

Me deje apretar, mover y besar sonriente. Y cuando Danny se alejó de mí, y me dijo esas cosas todas bonitas hasta unas lagrimillas se me escaparon, pero de esas que son de alegría y una emoción inmensa. Felicidad en estado puro o algo así. - Ay, que me haces poner toda sentimental.- solté una risitas mientras me limpiaba con mi mano el agua que salía de mi ojos.

Pero los sentimentalismos debía dejarlo por un ladito, al menos por ahora. Que en unos segundos podré conocer la habitación de Danny, bueno Danny a los trece años pero de Danny igual. Mira que he dicho muchas veces Danny, pero es que hoy es mi palabra favorita, y bueno también lo es la mayoría del tiempo, es que Danny (ahí voy otra vez) es mi persona favorita. Entonces, dos más dos son cuatro ¿no?. - Preparadisima.- dije mientras me mordía el labio inferior de pura emoción.

- Jooooo, es genial.- exclamé sonriente, es que había sido mágico cuando abrió la puerta porque era muy igualita a como me la había imaginado, quizás es porque Danny era una excelente narradora o tal vez porque ya la conozco hace tanto que podía imaginarme hasta los colores que ahi estaban. La imite y de un giro me lance a la cama quedando a su lado, suspiré.- Estoy feliz, Danny. Muy, pero muuuuy feliz.- le sonreí ampliamente, mostrándole mis 32 blancos dientes, como cual tiburón después de la cena.- Y claro que dormiré contigo, que este fin de semana, de mí no te salvas.- solté una risita traviesa para luego de un salto ponerme nuevamente de pie. Es que cuando estoy así de animosa soy como una hada revoltosa, que va de aquí para allá, que canta, ríe, vuelve a cantar, baila de la nada, y da saltos que nacen de la más profunda alegría existente. Y más aún si el territorio que debo recorrer es la habitación de mi mejor amiga a los trece años, es como un mega tesoro.

Fuí directo al escritorio, específicamente a abrir sus cajones. De pura curiosa que era, pero antes de ver su contenido mi amiga llamó mi atención. Sonreí, fruncí el ceño y volví a sonreír. Hoy era una montaña rusa de emociones. - Claro que me acuerdo, de hecho si no me equivoco te dibuje una florcita en el, como si tuvieras yeso pero como no tenías pues nada, me puse rebelde y te pinte un flor. ¡Viva la revolución floral!.- exclamé alzando mis brazos y negando con la cabeza divertida. Ay, cuando estoy feliz me pongo a decir cada cosa, todas o en su mayoría sin sentido alguno. - Yo jamás he andando arriba de uno de esos. ¿Crees que podremos practicar un poco estos días? No sé, me gustaría intentarlo.- me mordía el labio inferior, es que cuando estoy así de feliz me siento super poderosa, ni siquiera pienso en que lo más probable es que pase más en el suelo que arriba de la patineta. No, pienso solo en que estoy feliz y el mundo me sonríe.

Y ahí iba yo de nuevo a atacar los cajones pero de pronto llamó mi atención un corcho con muchas fotografías en el. ¡Oh! es que yo amo las fotografías.- Ays, Danny. Dime, dime, dime ¿quienes son todas estas personitas?.- pregunté toda curiosa, mientras iba revisandolas una a una. - Que te hace falta una fotografía mía aquí, eh.- dije mirándola de reojo sonriente.- Con una post it al costado que diga "Mi amiga mas chachi" jijiji.- bromee y reí, para luego seguí viendo las fotografías.

- Uh, uh, uh...- exclamé como idiota, como si pronto se me hubiera ocurrida una epifanía magistral y era tanta la emoción que no encontraba las palabras correctas para decirlo.- Hoy peguemonos una maratón de Star Wars, PORFAVAH.- ojos brillantes, ojos de gato con botas, ojos felices de saber que tendría todo un fin de semana con Danny y podríamos hacer todas esas cosas que siempre planeamos pero el tiempo no nos acompaña. Pero hoy sí, hoy en el día de mi cumpleaños el tic tac del reloj se había puesto de mi lado. Hoy era libre y feliz, como hace mucho no lo era.

Hoy y todo este fin de semana será memorable.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Jun 02, 2018 5:00 am

Hasta que llegué a Hogwarts nunca había sido chica de muchas amigas, en realidad. Siempre me rodeaba de chicos, todo el rato y es que siempre he tenido la sensación de que encajo mejor con ellos, que con ellas. Sin embargo, cuando conocí a Dorcas y a Rhea en Hogwarts esa percepción cambió por completo, sobre todo al ver tanto en mi amiga como veía en mí. Y no sé, ahora que Rhea estaba en paradero desconocido, me había afianzado muchísimo a Dorcas, ya que era mi única amiga de verdad que me quedaba. Y no me gustaría, en absoluto, perderla. Ya me sentía bastante triste por ella por lo que está teniendo que vivir, que qué menos que arriesgarme un poquito en que salga de ese lugar tan tristón en el que está metida y disfrute un poco, bien alejada de todo el problema que hay en Inglaterra. Aquí, en Finlandia, no iba a venir nadie y podríamos hacer todas esas cosas con las que soñábamos en Hogwarts. No había sido ni una vez, ni tampoco dos, la de veces que habíamos hablado de que ella vendría a mi casa en Finlandia y haríamos mil cosas.

Es verdad, recuerdo esa florecilla amorfa. Nunca se te dio muy bien dibujar. Recuerdo tus mariposas deformes en los apuntes de herbología. ¿Las recuerdas? —pregunté, divertida. —Bueno, como para no recordarlas. Recuerdo una clase en la que me entró la risa floja y la carcajada imparable sólo por empezar a reírme de una de tus mariposas implorando por la eutanasia. —Y, como no, sólo pude empezar a reírme de nuevo al recordarlo.

Hablando de "la tabla del demonio" como la llamaba mi madre, Dorcas decía que quería probar subirse en una de ellas. Yo llevaba desde los diez añitos con una de esas en mi vida, así que las usaba para prácticamente todo y, como decía mi abuela, era como mi tercer pie con el que desplazarme. Pero vamos, no sería la primera vez que una persona se subía en eso e, inmediatamente, se caía. Era una tabla muy inestable.

Yo te puedo enseñar a que camines diez metros sin caerte, pero son un poco cabroncetas, ¿eh? Pero yo te enseñaré el truco. De todas maneras, creo que mejor enseñarte en Londres. Aquí cuando no llueve es porque el suelo ya está mojado. Y porque hemos venido en primavera y no está todo lleno de hielo. —Me acerqué entonces a dónde estaba, junto a la tabla en donde tenía con chinchetas varias fotos de yo, mucho más joven, con trece o doce años, en verano, con varios niños. Todos eran niños, con cascos, protecciones y skates en la mano. Aunque también había varias iguales, pero pegados a la PlayStation 2. —Pues son mis amigos de aquí. O bueno, eran. Dudo mucho que me sigan recordando. Hace muchísimos años que no les mando nada y creo que la última noticia que tuvieron de mí es que me fui a estudiar a Londres para perfeccionar el Inglés porque allí vivía mi abuela. Supongo que recordarás mi horrible acento en el primer año. —Señalé entonces la primera foto, para luego ir saltando con el dedo entre chico y chico. —Este es Corey. Este es Max. Este es Raymond... Este también es Corey, aunque con el pelo corto, esta soy yo y... este chiquitín que vez aquí era Hugo. Es el hermano pequeño de Corey y siempre venía a todos lados con nosotros. —Y entonces le di dos golpecitos sobre la cara de Corey. —Él era mi mejor amigo. No sé que habrá sido de su vida... le preguntaré a mis padres, por si se han enterado de algo. —Entonces carraspeé, para sonreír y mirarla. —Y tú foto la tengo en la casa de mi abuela, en Londres. Aquella habitación me identifica más, la verdad... aquí solo me quedo muy poquito desde hace mucho tiempo.

Y entonces vio mi saga de Star Wars perfectamente colocada en uno de mis estantes. Todavía me faltaba el episodio siete, así como el ocho y Rogue One. Y dentro de poquito saldría al solitaria de Han Solo con la que completar mi saguita tan linda.

¿Quieres pegarte todo el día en la habitación sin salir o qué? —Sonreí. —¡Que por mí bien, eh! Hace mucho que no las veo, aunque deberíamos saltarnos la de La Amenaza Fantasma porque la odio. —Y la miré, poniendo una expresión de sorpresa. —¡Sí, yo, Danielle Jaymes Maxwell, odia una película de Star Wars, la herejía hecha persona! —Dramaticé, tirándome en la cama de nuevo.

[Horas más tarde]

Buaaaah... —Me quejé. —Qué gordita me he quedado. Papi, te ha quedado la comida tan buena como siempre. O mejor, incluso. Ya sabes que la Abu te deja el listón muy alto, pero lo tuyo es especial. —Y puse una carita de niña buena, como quién no rompe un plato.

Ya, May siempre ha tenido un arte para la cocina. Hace tiempo que no viene a visitarnos. Y es raro que no esté aquí aprovechando que tú has venido —dijo, para entonces percatarse de un detallito.

¿No lo sabe, verdad? —preguntó entonces la madre, bien perspicaz.

No...

Se va a enfadar.

Ya lo sé. Se iba a enfadar si lo contase o no, así por lo menos le libero del estrés del fin de semana al estar pensando todo el rato si estaremos bien. Sabía que me iba a decir que era una mala idea, así que preferí ahorrarme todo ese rollo. —Y me encogí de hombros, mirando a Dorcas para recibir apoyo.

Deberías habérselo dicho. A todos nos preocupa la situación en Londres y eso que tu padre y yo no tenemos ni idea de la auténtica magnitud porque sabemos que tanto tú como tu abuela nos la ocultáis para que no nos preocupemos. Que somos muthles pero os conocemos. Pero May es la que está a tu cargo allí, así que no le ocultes nada. Mejor que lo sepa, aunque no esté de acuerdo. Hazme el favor, que confiamos en ti porque estás allí con ella.

Está bien...

Llámala y dile que venga a cenar.

¿En serio? —Y puse los ojos en blanco.

Sí, en serio.

¡Está bien! —Y me levanté de la mesa, para ir a buscar mi móvil y hacer la llamada telefónica en la que me llevaría una reprimenda de mi abuela. —Ahora vengo. Dorcas, tu pregunta por el segundo postre. En esta casa siempre hay segundo postre.

Tanto Sylvia como Jerry se miraron entre sí, para sonreír, cariñosos y felices por volver a tener ese ambiente familiar que tanto habían echado de menos.

Es que somos unos golosos. Siempre solemos hacernos nuestros propios postres pero, por si nos quedamos con hambre, solemos tener ya hechos de la tienda. ¿Te apetece una copita de chocolate y nata? —dijo Jerry, poniéndose en pie para ir hacia el frigorífico.

Tráeme una a mí, cariño. —Y entonces Sylvia miró a Dorcas, con una risueña mirada, complaciente y casi agradecida. —Ay, Dorcas... siempre quise conocerte. A ti y a Rhea, aunque por lo que me ha dicho Danny... Rhea está desaparecida por completo, ¿no? Espero que esté bien... —Hizo una pausa, mojándose los labios. —Pero siempre he querido conocerte, por cómo conseguiste que Danny volviese a tener ilusión por Hogwarts y todo ese mundo. Al principio, en su primer año, sólo nos llegaban cartas negativas que nos preocupaban bastante... pero claro, su abuela nos decía que era normal, que como no había tenido contacto con el mundo mágico en toda su infancia, era un gran cambio. Pero tenías que verla cuando llegó a casa en verano: no quería volver a Hogwarts. Y recuerdo perfectamente como, después de un arduo trabajo de convencimiento, en su segundo curso volvió con una sonrisa radiante, hablando del deporte ese de las bolas asesinas, de Rhea y de ti. Fue tranquilizante ver que al final pudo encajar. —Se hizo la pensativa unos minutos. —¿Como se llama esa casa...? Ella estaba en la amarilla, la de los tejones. Hufflepuff. ¿Pero la otra... la de las serpientes?

Slytherin, cariño.

Eso. —Dijo, señalando, contenta. —Siempre venía echando peste de la gente de ahí.

Jerry dejó cuatro copitas de chocolate en la mesa, una delante de cada persona. La última era para mí, cuando terminase de pedirle disculpas a mi abuela y volviese a por mi segundo postre.
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Dorcas Meadowes el Vie Jun 08, 2018 5:11 am

Si hay algo hermoso en el mundo, es la amistad. Porque es algo que se construye, se cuida, como una flor. Uno pone una semilla, la riega, le da sol, algunos hasta le hablan, y así pasan los días, los meses, los años...hasta que un día, una flor maravillosa nace. Y al igual que la amistad, llega un día en que te das cuenta que de ahí en adelante todo ese  tiempo invertido, de buenos y malos momentos jamás se podrán olvidar. Esa flor, o esa persona en particular sé quedará ahí para siempre, plantada en tu corazón. Y para mí, Danny era una de las flores más bonitas de mi jardín. Esa amiga que de pronto se volvió como mi hermana, de no sangre pero de vida, de aventuras, y de momentos mágicos como este. Me sentía tan feliz, que sentía que explotaría de pura felicidad. Quizás exagero pero ¿saben? no me importa, porque es mi cumpleaños, comenzaré  a dar una nueva vuelta al sol y amaba empezarla con Danny a mi lado.

Reí y sentí mis mejillas enrojecer. Negué con la cabeza divertida.- ¡Que no eran tan amorfas!.- intenté protestar pero sin mucha convicción, es que realmente eran fatales. Eran como una especie de ratón con alas.-  Bueno, a quién quiero engañar. Dibujo fatal, sí. Lo admito- bajé la cabeza e hice un puchero, para luego sonreír. Es que repito, ese día simplemente no podía dejar de estar feliz.

En eso vi esa tabla que mañanas, tardes y noches Danny me hablaba. Y no pudé evitar sentir unas ganas tremendas de subir arriba de ella, y experimentar al menos una de esas increíbles sensaciones que mi amiga me relataba. Lo más probable es que pasará más en el suelo que arriba pero, la verdad, poco y nada me importaba aquello. Nunca he sido de esas personas que tienen un especial don en algo, siempre conseguía todo gracias al constante trabajo.- Está bien, mejor me enseñas en Londres. Aunque, ¿tú me mostrarías algo aquí? Es que creo que nunca te he visto arriba de ella, sabes. Y quiero verte en acción, Maxwellita.- solté una risita y le moví mis cejas de manera tentadora.

Fuí en busca de descubrir todos los objetos y cosas escondidas en los muebles de Danny, pero un tablero llamó mi atención. Y fuí directamente a el, con mirada curiosa y de labios sonrientes. Miré detenidamente cada fotografía que en el colgaba, para luego pedirle a Danny que me dijera quién era quién, quería escuchar nombres e historias, y una explicación de por qué mi rostro no estaba al lado de esos chicos, o al menos una de mis mariposas amorfas jiji. - Lo recuerdo, pero  a mi me gustaba sabes, esa mezcla de acentos. - le comenté de paso, es que no mentía al decirle aquello, siempre me había gustado cuando dos lenguas se juntaban en un mismo paladar, le hacía ser especial, única entre el resto. Luego me comenzó a nombrar uno a uno a los chicos que adornaban con poses graciosas y sonrientes el tablero de mi amiga, me acerqué más a una fotografía, como si estuviera estudiando a ese tal Corey.-  Se ve simpático.- le dije para luego mirarla.- Podríamos ver si aún está por acá e ir a visitarlo. Yo creo que si te recuerda, nadie podría olvidarte, Danny. Al menos yo no lo haría.- mira que molestosa y melosa me pongo cuando me dan cariñitos. Le abracé con mi brazo y la apucherre hacía mí.- Aunque te prohibo alejarte de mí por mucho tiempo, eh.- agregue clavando mi mirada en ella para que se diera cuenta de que iba en serio esa petición. Sonreí cuando dijo que mi fotografía la tenía en su otra habitación.- ¿Cuál tienes? No me digas que esa de cuando me quedé dormida en ese pijama party y todas me dibujaron cosas en el rostro.- le hice un puchero, es que yo la veía capaz de poner esa foto , junto con la de cuando me había disfrazado de zapato en segundo para  Halloween en Hogwarts. Mis padres tenían mucha imaginación para esas cosas, ok. Pero ellos no tenían que pasar la vergüenza, yo sí. ¡Que imaginense! Otros amigos de Danny llegando y mostrándole las fotos diciéndole: Sí, esa es mi amiga. La loca.

Hice una mueca.- Es verdad, pasariamos todo el día encerradas. Y yo quiero conocer lo máximo del exterior, salirrrrrrrrrrr. Que en eso de estar encerrada ya voy a sacar un diplomado.- me encogí de hombros, para luego echarme a reír con el momento dramatic de mi amiga, corrí a su encuentro y me lance también a la cama, para darle un abrazito. Se tenía que ir acostumbrando, porque a mi este fin de me iban a dar muchos arranques de amor hacia su persona.

***

Uy, tenía el ombligo hacia afuera, literalmente. Me llevé ambas manos a mi pancita y le hice cariños. Es que fijo había crecido esa tarde.- Estaba delicioso señor Maxwell.- le agradecí con una enorme sonrisa mientras observaba todos los platos vacíos por sobre la mesa. Es que estaba tan rico todo, que me paso algo que hace mucho no sentía. Esa sensación de que ya no puedes comer más pero el olor, el sabor, el todo era tan sabroso que como sea te hacías el espacio, diciéndote "Siempre se puede más".

Miré a Danny sorprendida cuando dijo que no había invitado a su abuela May. Cuando la nombró la recordé y sonreí, es que esa mujer me caía muy bien. Por lo que miré con ojitos regañadores a Danny por no haberla invitado, que me hubiera gustado que ella estuviera allí también en mi cumpleaños. Sentí la mirada de mi amiga por sobre mí buscando mi apoyo pero negué con la cabeza en modo "Amiguita, no. En esto estas solita", y me sentí mal, saben. Porque Danny había hecho cosas hermosas por mí hoy.

No pude evitar soltar una risita pero que cubrí rápidamente con mi mano cuando la madre de Danny dijo "muthles", es que me había hecho recordar demasiado a mi madre. Que al igual que ella inventaba palabras para referirse a las cosas mágicas pero que yo ya sabía a qué se refería porque eran años de escucharle decir "Jugarts" al Castillo, por dar solo UN ejemplo de su idioma inventado.

¿Segundo postre, dice? OH DIOH MEOH. Que acá fijo terminó subiendo diez kilos. ¡pero que va! Es mi cumpleaños, así que puedo explotar de comida, o de felicidad si se me da la gana. - Me encantaría señor Maxwell.- le dije sonriente para luego mirarlos a ambos con ojos brillantes.- Muchas gracias por esto, de verdad. Ha sido maravilloso, son geniales. Ahora entiendo de dónde Danny ha sacado su encantadora forma de ser.

La madre de Danny comenzó a hablar y yo sonreí cuando supe que las mismas ganas que yo tenía de conocerlos ella también las sentía.- Si lo está...- hice una mueca .- Pero lo último que supimos al menos, es que esta bien. Ocultándose, pero bien. - suspiré algo cabizbaja, porque Rhea también faltaba en esta mesa, con sus cabellos ondulados y mirada cristalina. Ay, y lo que continúo hizo que mi corazón comenzará a latir rápidamente, de pura felicidad y cariño sin fin. Como un perrito que ve a su dueño llegar después de un larga tarde trabajo y no puede más de amor. Hasta los ojos se me aguaron un poco, pero eso es porque me emociono con facilidad y más cuando de las personas que estimo se trata.

- Gracias.- le dije al padre de Danny cuando dejó la copita de chocolate frente mío, pero la deje estar un poco para volver a mirar a la madre de mi amiga.- Para ninguna de las tres fue fácil ingresar a Hogwarts, las tres éramos hijas de muggles y nunca pensamos, ni siquiera en nuestras mejores fantasías que existía un mundo dónde las escobas realmente volaban o donde un ratón se podía convertir en una copa. Pero, encontrarnos pese a que estábamos rodeada de magia fue lo realmente mágico. Tanto Danny como Rhea, fueron mis grandes pedestales dentro del Castillo. Bueno, lo siguen siendo.- solté una risita.- Y los Slytherin bueno...- hice una pausa e hice una mueca.- Son un poco especiales, pero ya después nos dimos cuenta que no valía darle más importancia a su accionar. Y bueno, también ya después aprendimos a defendernos de sus ataques. - me encogí de hombros.- A mi también me alegra mucho conocerlos, Danny habla mucho de ustedes. Y ahora que por fin los conozco entiendo esas palabras llenas de amor que ocupaba para definirlos. Son grandiosos.

En eso escuché un ruido a mi lado, Danny había llegado.- ¿Y? ¿Cómo te fue?.- le pregunté mirándola curiosa, es que conocía  May, y sabía que si no hubiéramos estado tan atentos en hablar los tres de seguro habríamos escuchado sus gritos de indignación del otro lado de móvil.
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Danielle J. Maxwell el Mar Jun 12, 2018 5:05 am

Por suerte estábamos en una época bastante propicia para ir con el skate por las calles de Finlandia, ya que era primavera, no obstante, con todo lo que llovía, era altamente peligroso. Eso sí, si aprovechábamos algún momento en dónde no lloviese, molaría ir a probar algo, ya que justo estamos en esa fecha del año en donde prácticamente todo el día está el sol fuera. Cuando vives en Finlandia tanto tiempo, cuando hay días en donde apenas sale el sol, es cuando te das cuenta de que Londres no es tan triste como lo pintan.

Maxwellita —repetí, mirándola sin estar muy conforme con ese mote. —No me gusta Maxwellita —dije finalmente, para luego reír. —Y claro, un día salimos por la mañana si no llueve y te enseño mis trucos. Aunque estoy un poco oxidada. Desde que me quedo en Londres sólo lo uso tranquilamente para ir por la calle y ahorrarme el caminar, y poco más —le conté, encogiéndome de hombros. Pocas veces le había relatado con detalle las cosas que yo sabía hacer con el skate, pero podía decirse que mi habilidad con el skate era directamente proporcional a la que tenía jugando al Mortal Kombat (Eddie sabría de lo que le hablo). Vamos, que hay pocas cosas que se me dan bien en esta vida y son cosa estúpidas como jugar a la consola o tirarme por rampas con el skate. —¿Te gustaba mi mezcla de acentos? —Y la miré, con una ceja alzada, divertida. —Si era horrible. Ahora al menos se nota en qué idioma estoy hablando, antes era... un caos. Admítelo, mi primer año había veces en dónde no me entendías. Si es que no me entendía ni yo cuando mezclaba palabras. —Confesé finalmente, riéndome.

La idea de ir a reencontrarme con mis amistades muggles hace años no me terminaba de convencer... Por una parte porque todos ya habrían retomado sus amistades, por otra parte porque seguramente muchos estuviesen estudiando ya sus carreras y quizás algunos se fueron a otra universidad que no fuese la de Helsinki o, simplemente, que no tuviesen muy buena vibra conmigo porque directamente desaparecí sin dejar rastro y ni les mandé una misera carta después de tercer curso. Que también puede ser una opción, ¿eh? Tengo toda la culpa, lo sé. Desatendí a mis amistades y eso que soy Hufflepuff. Pero la verdad es que ese año había sido todo tan frío y asumí que preferían salvaguardar las distancias que simplemente me lo ahorré.

Ahora me siento mal.

Mejor no, ya habrán pasado página —le respondí a Dorcas. —No creo que me hayan olvidado, como yo no les olvido a ellos, pero ya cada uno habrá ido por su camino. No sé siquiera si ellos siguen siendo amigos entre ellos, ¿sabes? Y me da palo aparecer de repente. Hace mucho que no sé de ellos —añadí, para entonces negar con la cabeza, divertida. —De ti tengo tres fotos en Londres: la que me diste tú hace un par de meses cuando estábamos en el refugio, un de nuestro quinto año, todas felices después de haber aprobado los TIMOS. Y una del verano de sexto, creo que fue... que quedamos en Londres para ir al cine y luego a comernos aquellos perritos enormes, ¿te acuerdas? En la foto sales con los mofletes super hinchados porque tienes un trozo enorme que ni te cabía. Y claro, yo como te quiero mucho, aproveché para sacarte la foto en el momento más embarazoso. Pero no sé... —Me encogí de hombros, divertida y nostálgica. —Me parecía adorable esa foto. —Y luego recordé lo de la foto de la pijama party, sonriendo débilmente. —Y cien por cien segura de que la foto del pijama party la tiene Rhea. Recuerdo que la sacó con su cámara.

El maratón de películas de Star Wars quedaba descartado porque no quería mantener a Dorcas encerrada en mi cuarto todo el fin de semana. Además, teniendo en cuenta nuestra vida en Londres, podría llevarme las películas y verlas en el refugio tranquilamente durante un día de comida de gordos, zumitos de piña y muchas, muchas mantitas.

***

¡Ay, señor Maxwell! ¡Pero qué linda! Nunca le habían llamado así, por lo que tanto Sylvia como Jerry se miraron, risueños, por la confusión de Dorcas. A ellos les hubiera encantado re-bautizarme como Danielle Jefferson, conservando mis dos nombres, pero según me han contado, mi abuela insistió en que se me mantuviera el apellido en honor a mis padres. Supongo que para mi abuela, más que nadie, la pérdida tuvo que ser desastrosa. La verdad es que nunca le he preguntado porque siempre se le ve bastante sensible con el tema.

En realidad nos apellidamos Jefferson, Dorcas. O sea... —Sylvia miró a Jerry y ambos dudaron. —Danny realmente no es hija nuestra, pero la criamos como si lo fuera. De hecho, cualquier persona que nos conociera antes de criarla, te podría asegurar que nuestro encanto nos lo pegó ella y no al revés. —Mostró una amplia sonrisa.

Prestaron atención tras poner sobre la mesa el segundo postre, a las palabras de Dorcas sobre su estadía en Hogwarts. La verdad es que mis dos padres estaban encantados con lo que decía mi amiga, pues nunca se habían fiado mucho de mí y de mis partes de comportamiento de Hogwarts. No después de lo horrible que fue mi primer año. Sin embargo, ahora, de alguna manera, pudieron comprobar que mi vida allí sí que había ido siempre hacia arriba, con unas amigas de verdad.

Nos alegramos mucho de que os tuviera allí dentro. Fue un alivio ver como en el segundo curso ya empezaban a llegar cartas mucho más optimista con vosotras como protagonistas —dijo Sylvia, para luego sonreír.

Gracias, gracias. Intentamos hacerlo lo mejor posible, aunque el pequeño detalle de la magia siempre nos cogió un poco desprevenidos. Es una pena que no pudiésemos acompañarle en esa etapa de su vida, ¿sabes? —Confesó mi padre, suspirando. —Mira que de joven nunca quise tener hijos, pero desde que tuvimos la oportunidad de criar a Danny, me arrepiento de que se me haya ido tan rápido.

Y con una mirada cómplice, Sylvia le dio la razón. Opinaba lo mismo.

Justo aparecí yo, cual señora oportunista, aunque no tenía ni idea de lo que estaban hablando, por lo que me limité a guardarme el móvil en el pantalón y acercarme de nuevo a mi asiento, al lado de Dorcas.

Pues bien, dice que viene para cenar, que le preparéis sopa de tomate, que le encanta tu sopa de tomate, papi. —Le informé, con una sonrisa. —¿De qué habláis? —Abrí mi copita de chocolate.

Nada, que Dorcas se cree que somos Maxwell, ¿no se lo has contado? —preguntó mi madre y claro, yo miré a Dorcas.

Sí, ¿no? —pregunté, sin mucha seguridad. —A ver, es que es raro, ¿vale? No voy contándole a la gente que mis padres biológicos se murieron cuando yo apenas tenía un año porque en realidad es que ni los conocí. Ya sabéis que para mí vosotros sois mis padres y ya está. Sé que a mi abuela le molesta que diga esto, pero es lo que siento. —Es que no es que me diesen igual, pero es que ni los conocí. Y la familia Maxwell tampoco pareció tener mucho interés en mantener contacto conmigo, por lo que es un poco tontería. Si mi abuela me mantuvo el apellido fue simple y llanamente para aparecer en el registro de Hogwarts y que es supiese que no era sangre sucia. Quizás es clarividente y supo que en algún momento esa prueba de sangre me iba a venir bien para no ser fugitiva, o algo. —Pero tú ya lo sabías. —Le dije, mirando a Dorcas. —A ti te lo conté. Ellos se apellidan Jefferson. Y sí, lo sé, es una locura esto de los apellidos. De cara a los muggles, aquí en Finlandia, soy Jefferson, pero en Londres todo los papeles los tengo como Maxwell. Allí se supone que tengo familia mágica, pero pasaron un poco de mí, así que... —Y me reí, porque era graciosa la historia, lo vieses por donde lo vieses.
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Dorcas Meadowes el Jue Jun 28, 2018 1:00 am

- Maxwellita, Maxwellita, Maxwellita.- bromee entre risas, junto a pasos de baile de lo más divertidos. Para luego anotar mentalmente que aquel apodo a mi amiga  no le iba, como a mí no me gusta que una prima me diga Dorotea. Es que ¿Qué tiene que ver Dorcas con ese nombre? Que alguien me lo explique por favor. Sacudí mi cabeza para alejar esos pensamientos, que en estos momentos no venían a cuento para luego volver a poner mi atención en el skate de Danny. - Te cobrare la palabra, a penas tengamos oportunidad iremos en busca de un lugar donde me muestres tus destrezas.- le dije sonriente para luego pasar mi mano por encima de la patineta y sentir su textura.- Algo me dice que yo pasaría más en el suelo que arriba de esta cosa.- solté una risita de tan solo imaginarme intentando subir a aquello. Sé que le había dicho que me enseñara pero ahora no lo sé tanto vale. Es que, realmente era muy torpe para esas cosas, siempre lo he sido. La clase de vuelo era todo un reto para mí, y si no la reprobé es porque tanto Danny como Rhea se encargaron de pasar horas a mi lado hasta que lograra subirme arriba de ella y no caer en el intento. La enfermería fue uno de los lugares más visitados por mí ese año. Respondí asintiendo a su pregunta.- Pues, la verdad que me costaba un poco entenderte pero ya después le fui agarrando el hilo. No sé, a mí sí me gustaba vale. Me sentía como descifrando un jeroglífico vocal todo el tiempo.- soltó en broma lo último junto a una risa. Es que era una chica muy paciente, por lo que a diferencia de los demás que se estresaban en primer año tratando de entender lo que quería decir la rubia, yo simplemente me sentaba su lado con todo el tiempo del mundo a mi favor, y conversabamos tardes o noches enteras, de cómo siendo tan pequeñas nuestra vida dió un firo inesperado.

Mire las fotografías detenidamente, deleitándome de las amistades infantiles de mi querida amiga. No pudo evitar pensar en mis propias amigas de más pequeña, Samantha y Cinthia, mis amigas de la escuela y con quienes aún mantengo contacto hasta el día de hoy. Claramente no saben que soy una maga y una buscada por el Ministerio, sino que piensan que me fuí a estudiar al exterior, viviendo la buena vida recorriendo el mundo. Miré a Danny y me encogí de hombros.- Bueno, pero si nos los llegamos a topar me los presentas, eh. No pasamos de largo, me lo debes prometer.- le pedí con ojos brillantes a mi amiga. Es que imaginate, que las circunstancias me llegasen alejar de ella, a mi me gustaría que, aunque pasaran treinta mil años, una Danny toda anciana me saludara por la calle.
Sonreí ampliamente cuando la tejona comenzó a relatarme las fotografías que tenía de mí en su casa de Londres, sentí como mi sonrisa ganaba en grosor y mis mejillas en rubor. - ¡Que bien lo pasamos ese día! Recuerdo que fuimos a ver una peli de terror al cine ¿Por qué hicimos eso? De seguro estábamos pasando por una etapa de querer provocar a la vida, pero esta nos hizo estar  casi toda la película con las palomitas de escudo y ojos cerrados. Yo al menos pase más tiempo detrás de tu espalda que viendo la peli la verdad. Ya ni del nombre me acuerdo, creo que bloquee eso de mi cabeza.- confesé divertida.-  Pero luego los perritos lo solucionaron todo, e hicieron que la vida volviera a tener color.- cerré los ojos y creo hasta haber recreado la fotografía que tenía Danny en mi cabeza.- ¡Jooo! Rhea tiene muchas fotos...¿has sabido algo nuevo de ella?.- le pregunté, es que ya era costumbre preguntar por la tejona a la otra. Con la esperanza intacta de que tanto ella, como muchos otros compañeros que perdimos el rastro después del ataque volvieran a aparecer en nuestras vidas, aunque sea con un pequeño mensaje que diga "Estoy bien".

Por que lo estaban ¿verdad?.

***

- Ay, pero que torpe que soy.- llevé mi mano a mi boca avergonzada, roja me sentía, como un tomate.- Lo siento, es la costumbre. .- quería que me tragará la tierra. Es que odiaba cagarla en esas cosas, los padres de Danny eran una ternura con pies y claramente no se iban a molestar por aquel pequeñisimo error, pero yo sí conmigo misma, vale. Que quizás era un gilipollez pero me cargaba no recordar esos ínfimos detalles que marcan la diferencia. Como la muerte de los padres de tu amiga, y el apellido de sus actuales padres. ¡Pero que torpe que soy!

Pero menos mal que pese a mi equivocación la conversación fluyó a hablar sobre lo importante que había sido en la vida de una la presencia de la otra. Es que realmente nuestra amistad fue, es y será siendo mágica. Es que para mi Danny es como parte de mi familia, esa hermana que se encuentra allí en las buenas y en las malas, al pie del cañón y que pese al tan hostil tiempo en que nos encontremos , siempre logra ingeniarselas para que un día como hoy, el de mi cumpleaños me sienta la persona más afortunada del planeta.

- Mis padres también lo lamentaban mucho. Pero me hacían prometer que les llevaría fotografías. Le compraba rollos a Rhea para su cámara hasta que ya más grande me compraron una y empecé a sacarlas por mi cuenta. Tengo muuuuuuchas de nosotras en Hogwarts, y alrededores. Un día podría traerlas para que las vean si quieren. Así podrán sentir al menos por unos minutos que también se encontraron allí junto a Danny. - les comenté con una cálida sonrisa. Sentía tanto cariño al verlos, es que era como ver a mis propios padres frente a mí.

Luego Danny regresó y nos comentó que May venía a cenar, sonreí ampliamente y aplaudí  animosa de manera inaudible. Me caía tan bien esa mujer. Ay, pero luego volvimos al tema anterior sintiendo como mis mejillas nuevamente se volvían a poner rojas.- Que sí, que lo sé. Pero la costumbre del Maxwell me jugó una mala pasada.- reconoció haciendo un leve puchero.- Pero ya no más, Señora y Señor...Jefferson.- les dije ofreciéndole una sonrisa  aun medianamente culposa.

- Esto está maravilloso sabes.- le comenté a mi amiga con la boca semi llena, apuntándole con mi cuchara la copa que me había dejado su padre y que a estas alturas se encontraba con menos de la mitad de su contenido.-Pensé que ya no podía más, pero me he dado cuenta que para estas cosas siempre tengo espacio.- le dije junto a una sonrisa toda traviesa.- Hay sol, podríamos ir a recorrer los exteriores ¿no?. ¿O tienes otros planes en mente?.- le pregunté curiosa. Que yo aquí venido acá sin saberlo esta mañana, y aún tenía muchas ganas de seguir sorprendiéndome el resto del día.
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Danielle J. Maxwell el Lun Jul 02, 2018 3:42 pm

Oye, me esforcé por aprender inglés rápido sólo para evitar más bullying del que ya me hacían. La verdad es que tu ayuda me vino genial por aquel entonces. Lo único bueno que tenía tener otro idioma es que podía insultar sin que nadie se diese cuenta. ¿Nunca te enseñé a insultar en finlandés? —Y mostré una sonrisa traviesa. Luego, hablé en finés: — "Guapa. No te estoy insultando, te estoy diciendo lo mucho que molas." —Claro que ella no lo habría entendido, por lo que seguramente se habrá pensando que la estoy insultando. —Nunca sabrás lo que he dicho. Te he dicho cosas horribles. Una amiga jamás diría cosas tan horrendas de la otra. —Exageré con diversión, con una sonrisa que delataba que realmente no le había dicho nada malo. Ella sabía leer todas mis sonrisas, que siete años son muchos.

¡Já! Estaba cien por cien segura de que si nos topábamos con mis antiguos amigos, ni ellos me reconocerían y... probablemente yo tampoco los reconocería a ellos. Bueno, o quizás sí, pero sería mucho más fácil hacerse la despistada y hacer como que nada ha pasado: como si ese fantasmita del pasado, en realidad nunca hubiese pasado por tu lado. Qué pereza, ¿no? Lidiar con ese fantasma, cuando ya en realidad ni te importa.

No creo que se de el caso, pero vale. —Me encogí de hombros, sin muchas esperanzas.

Yo tampoco entendía esa necesidad por ir a ver películas de miedo, de verdad. ¡Pero había sido culpa de Rhea, ella era la culpable de que Dorcas y yo nos metiésemos en esas películas! Que luego no me daban tanto miedo, ¿vale? Pero luego en mi casa, cuando voy al baño en plena noche, es inevitable no imaginarse ese asqueroso payaso de It saliendo por mi retrete o esperándome a la vuelta de la esquina. O la niña del exorcista subiendo haciendo el puente por mis escaleras. ¡Iughhhh! ¡No!

No lo sé, tía. —Negué con la cabeza, divertida, como si hubiésemos sido partícipes de un imperius que nos obligó a tomar esas decisiones. —Ni recuerdo qué película era, la verdad. Tú y yo estábamos a nuestra bola, intentando prestar atención a cualquier otra cosa. Pero mejor, entre eso y que luego dormimos todas juntas, no salí traumada de allí —confesé, sonriente. —Y no, qué va... Mira que he ido a cines, ¿eh? Pero nada. Me da rabia, por un momento sentí que estábamos super cerca y de repente... paff... desapareció cualquier rastro. Pero no te preocupes... —Sonreí, convencida. —Estará bien. Seguro que se ha alejado lo máximo posible, o algo...

Podía estar hasta con los radicales. No tenía muy claro si me gustaba o no esa idea pero... era un opción totalmente plausible. Y bueno, en ese caso... estaba más cerca de lo que nos esperábamos, ¿no?

***

Era gracioso porque mi abuela había insistido en que en Londres mantuviese mi apellido biológico, sobre todo por mi familia. ¿Qué familia, me preguntaba yo? Los Maxwell de Inglaterra no pudieron ignorar más a la única hija de su progenitor. Sí, estaban ahí. Sí, los conocí una vez, pero... ¿y qué? Por mucho que llevemos la misma sangre, siento que sólo están ahí por estar. Me encanta mi apellido y me gusta llevarlo, por mis padres, pero mi familia más allá que ellos... me resultan realmente decepcionantes. Preferiría llevar el Jefferson.

No pasa nada, es solo que a ellos les resulta raro que le llamen así —le dije a mi amiga, a lo que mis padres simplemente asintieron. Había que tener en cuenta que NADIE los llamaba así y que para ellos, los Maxwell, eran sus antiguos y difuntos amigos. Y sus hijas, claro. Un dato que evidentemente yo no sabía. —Pues... —Alcé la mirada hacia Dorcas, riendo cuando me apuntó con la cuchara. Yo también la elevé, chocándosela. —Podemos salir y te enseño a caerte sin hacerte daño con el skate, ¿qué dices?

¡Danny, no le enseñes esas cosas! —dijo mi madre.

¡Me lo ha pedido ella! —Reí divertida. —De todas maneras es broma. La llevaré al parque dónde solía ir a patinar y así de paso me tiro un par de veces, que lo echo de menos y hoy hace un día muy bueno. Y me llevaré las protecciones, por si Dorcas saca su vena gryffindor, que no se rompa nada por el camino.

Bueno... —Me miró, con desconfianza. —Las protecciones están en la habitación bajo las escaleras. Las guardamos ahí porque esta cabeza loca renegó de ponérselas desde los doce años. Sólo se ponía el casco. ¡Y menos mal!

Me di dos golpecitos en la cabeza.

Había que cuidar la mercancía. —Sonreí.

***

Con el skate en la mano y la mochila con las protecciones colgada al hombro, salimos de casa hacia el parque. Estaba, literalmente a tres minutos caminando. Vivían en una zona muy residencial, por lo que todo estaba bastante tranquilo, sin el bullicio de coches por todos lados. El parque era el único sitio "común" así grande que había por allí, en donde había columpios y remos, un gran lago en el centro, un pequeño skatepark, algunas máquinas para hacer deportes mientras corrías y una zona para perros en dónde jugaban. Vamos, lo típico que tiene un parque para atraer a la gente y hacerlo un lugar de ocio interesante.

No te rompas nada, ¿eh? Que luego mi madre me soltará un gran: "TE LO DIJE" que me recordará toda la vida. Y ya sabes lo horrible que son esos te lo dije. —Le dije, mirándola de reojo. —Pero ahora... —Di unos pasitos, cual mariposa veraniega, en aquel espléndido día en Finlandia, el cual era un día muy normal en Londres, tirando a rancio. Había sol, pero también nubes. —¡A disfrutar! ¿No te sientes libre, como el sol cuando amanece? Podríamos mudarnos a Finlandia, ¿sabes? Tengo que enterarme de las políticas mágicas de por aquí. Me sentiría muy ofendida si mi país apoya a Inglaterra. Ahora tengo curiosidad... —Yo no tenía NI IDEA ni de dónde estaba el Ministerio Mágico Finés, ya que yo había sido registrada al nacer en el Londinense, así que... poco podía hacer, en realidad. No sabía ni si había una universidad mágica cerca.
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Dorcas Meadowes el Dom Jul 29, 2018 1:40 am

Por unos instantes recordé el bullying en Hogwarts, siempre suelo recordar las cosas que me hacen bien y las que no  olvidarlas a penas pasan. Pero ahora,  al escuchar esa palabra en la boca de mi amiga me fue inevitable no recordarlo y pensar si quizás esos mismo chicos que entonces se burlaban o lanzaban hechizos e insultos hacia nuestra persona hoy en día se encontraban cazando (o quizás qué cosas) a personas como yo. Pero sacudí mi cabeza, hoy era un día feliz y de recordar cosas maravillosas.  Pusé un rostro de asombro, hasta me lleve la mano al pecho para dramatizar más el momento, haciéndome la ofendida al escuchar el "insulto" que me había lanzando en su idioma.- Acabas de romper mi corazón, finlandesa.- elevé una de mis manos y la llevé a mi frente para dar un giro en mis mismo eje y echar mi espalda atrás como si me fuera a desmayar en cualquier momento, reí. Me reincorpore enseguida como un conejito feliz y saltarín en medio de una pradera.- Enseñame a insultar y hablar en finlandés, poooorfi.- se lo pedí con un puchero, unos ojos brillantes, y rostro de perrito bajo la lluvia pidiendo techo que esperaba derritiera su adorable corazón de melón. Siempre había querido aprender otros idiomas, y qué mejor que aprender uno teniendo a una de tus mejores amigas como profesora.

Curioseando aquí, curioseando allá me topé con unas fotografías de las cuales no tardé en preguntar sobre ellas y sus protagonistas. Algunas eran de los amigos de Danny de ese entonces y que al parecer hoy no tenía mucho contacto, verlas nos hizo recordar las innumerables fotografías que teníamos de nuestros años en Hogwarts. Al hablar de esas pequeñas imágenes capturadoras de realidad nos fue imposible no recordar a Rhea, porque podría asegurar que el ochenta por ciento de fotografías que teníamos eran de momentos que las tres estábamos allí. Suspiré.- A veces me pregunto cuánto más podré soportar simplemente esperar que se encuentre bien y no verificarlo con mis propios ojos. Y no lo digo solo por Rhea , sabes. Desde ese día fueron a muchas personas a las que jamás he vuelto a ver, y detesto esa ausencia. ¿Por qué no nos ha mandado que sea un  tejón dibujado? .- le pregunté, me había puesto triste de un momento a otro sin siquiera haberme dado cuenta para detenerlo.- ¿Recuerdas esa vez que hicimos un concurso de quién dibujaba mejor un tejón? El de Rhea era horrible.- hice una pequeña pausa, solo para reír al recordarlo.- ...su tejón podría reconocerlo a donde fuera y nadie más sabría que era ella, o un "amarillos al poder" o un tímido pero verificador "Estoy bien"...pero nada, no nos ha mandado nada, no hay nada de ella, sólo sabemos que alguna vez estuvo en aquel cine que fuímos.- otro suspiró, y caminé hacia el colchón de Danny para lanzarme de espalda sobre el.- ¿Crees que Rhea sea una radical? .- me asaltó de pronto esa duda y quise decirla en voz alta. Pero antes de siquiera darle tiempo de una respuesta a Danny me reincorporé y la mire.- Si alguna vez me pasa algo, y debo escapar o esconderme como aquella en vez en la Sala de Menesteres o si alguna vez tu...- hice una pausa para golpear tres veces el escritorio de madera de mi amiga para continuar. De chiquitita mi mamá me dijo que si voy a decir algo que no quiero que ocurra debo tocar tres veces una madera, y desde entonces lo hago sin cuestionamientos, casi por inercia o por mi afán de no provocar supersticiones ancestrales.- ...debes hacerlo,  nuestra frase clave será " Las películas de terror apestan".- lo más tragicómico de todo aquello es que se lo dije con toda la seriedad del mundo. Es que en los tiempos en que nos encontrábamos todo podía suceder, de un momento a otro. - Me debes prometer que nunca me dejarás así a la deriva, eh. Por tu garrita.- le dije elevando mi dedo índice y estirandoselo para que me lo apretara junto al suyo. Es que ya lo de Rhea, Camille, Adae había sido horriblemente fuerte, imaginense de un día a otro dejó de ver a Danny, ay...no, no, no. Que ni siquiera lo quiero pensar.

***

Redondita y feliz, así me encontraba en la mesa de mi amiga, disfrutando y compartiendo junto a sus adorables padres que no hacían más que hacerme ver de dónde había sacado esa increíble personalidad Danny. El más contento de todos: mi estomago. Había comido hasta más no poder, estaba segura que si me paraba en ese momento y llegaba a tropezarme con algo no pararía de girar hasta toparme con algo, una pequeña pelota amarilla de tenis, eso era en esos momentos. Pese a aquello las ganas de salir y recorrer las calles de mi amiga seguían intactas, quizás no tanto la idea de andar por sobre el skate ¡pero ya, qué va! ¿Qué tan mal me podía ir?

Reí al escuchar la queja de la madre de mi Danny, asentí para corroborar las palabras de mi amiga y apoyarla en esa idea que en cada segundo que pasaba me la cuestionaba más y más. Es que me veía más siendo una con la acera que durar arriba de esa tabla, me miré mis venas y me pregunté si realmente tenía algo de los leones dentro mío, no logré dar con la respuesta porque la palabra "Protecciones" llamó mi atención y me hizo suspirar más tranquila de saber que iba a contar con esas cosas para enfrentar el próximo reto que se me venía.

- Yo me quiero poner todas las protecciones ¿vale?.- le susurré a mi amiga roja como un tomate, es que Danny tenía el don de dominar esas cosas, solo era cosa de verla sobre una escoba para observar su increíble talento, en cambio yo siempre fuí la de observar desde las gradas. Mi cuerpocito está acostumbrado a estar sobre tierra firme y cuando no lo esta siempre busca ir a ella.

***

Y salimos, yo me encontraba absorbiendo todo con la mirada, sacando pequeñas fotografías mentales de todo el lugar. Lo más increíble y maravilloso, era esa sensación fascinante de encontrarme tranquila, sin temor a que algún evento inesperado nos sorprenda de una momento a otro. Sonreí ampliamente al ver el parque, miré con ojos brillantes el Lago y con ojos enternecedores a los perros que corrían felices de lengua fuera alrededor de sus dueñoamigos. Miré a Danny y solté una risita.- No te puedo prometer eso, sabes que nunca he sido buena para ningun deporte. Peeeero, te puedo prometer que no me romperé nada que un Episkey no pueda solucionar.- le dije guiñandole un ojo, ahora las cosas eran un poquito más fáciles al tener la mayoría de edad y ocupar la magia sin ser rastreadas.

Sonreí al verla toda feliz y de paso cerré mis ojos y abrí mis manos para girar toda contenta, inspirando profundamente esa sensación de paz que me producía encontrarme allí, el día de mi cumpleaños junto a una de mis mejores amigas. - Soy muy feliz, Danny. Muy, muy feliz.- le dije mientras abría nuevamente mis ojos y le dedicaba una radiante sonrisa. - Finlandia se mantiene al margen, al igual que Islandia y Suiza. A favor del gobierno británico se encuentran: Alemania, Bulgaria, Portugal, Francia, Suecia, Rusia, Italia (aunque se rumorea que esta es más por miedo que otra cosa). En contra solo se encuentra Noruega, pero hace poco escuché que estaban pronto a caer también...- le comenté y me encogí de hombros.- Ya sabes, tengo mucho tiempo libre y me encanta andar leyendo cosas.- le sonreí. - Además siempre es bueno saber a dónde tendré buena o mala acogida.- agregue, tomándolo con humor que sino la cosa se ponía muy fea.- Ahora pasame toda las protecciones y que la aventura del skate comience.- me mordí el labio y la mire nerviosa, sentía hasta hormigas bailando la conga en mi estomago.

Cinco minutos más tarde me encontraba protegida de pies a cabeza, de seguro me veía graciosisima de esa manera, pero es que yo no era de las que iba de sopetón a las cosas, era de las que dejaba pasar a las personas y ojalá salir de las últimas después de ver a todos intentarlo. Pero si algo bueno me había traído este nuevo gobierno era que me sacó de mi zona de confort y me invitó a hacer cosas que antes jamás hubiera pensado verme en ellas. - Ya estoy lista, enseñame todo lo que sepas mi querida Maestra Jedi.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Ago 04, 2018 4:55 am

Dorcas, ¿por quién me tomas? Si te enseñase a insultar, no podría insultarte sin que te enterase. —Le lancé un beso volado, super irónico y divertido. —Si te portas bien, quizás te enseño a decir "zorra del infierno" o "tonto del culo", ya veremos al final del fin de semana.

Me encantaba muchísimo jugar con ella en ese sentido; picarla sin motivos aparente. Éramos amigas desde muy pequeñas y eso me gustaba, ya que podías bromear de todas las maneras que ella iba a saber identificar cuando bromeabas de verdad y cuando hablabas en serio. Nos conocíamos demasiado bien como para andarnos con tonterías. Yo tenía bien claro que tenía que currármelo muchísimo si quería llegar a mentir a Dorcas, pues me iba a pillar a la primera.

Entendía perfectamente la frustración de Dorcas con respecto a Rhea pero... ¿qué podíamos hacer? Yo había dejado de comerme la cabeza por una persona que no quiere ser encontrada y empezar a preocuparme de los que tenía cerca: como era Dorcas. Ya había perdido a Rhea y no quería que Dorcas lo pasase mal, ni mucho menos perderla. Sonreí divertida al recordar el tejón deforme de nuestra amiga desaparecida, para sentarme en la cama junto a mi amiga.

Puede serlo —afirmé, encogiéndome de hombros, pese a que no me gustaba reconocerlo. —Rhea siempre ha sido muy peleona y por su filosofía no me extrañaría en absoluto que pueda pertenecer a ellos, aunque no me la imagino en absoluto matando a gente inocente —añadí, para no darle malas esperanzas. —La verdad es que yo a veces me lo he planteado, ¿vale? No me juzgues por lo que te voy a decir pero... tengo la sensación de que si no aplicamos la violencia, no vamos a llegar a ningún sitio. Sé que matar inocentes está mal, no me refiero a eso, pero hay que empezar a cambiar el chip, a pensar en el juego sucio y... no sé. Nos enfrentamos a gente violenta, ¿cómo vamos a ganarle si no hacemos lo mismo? —pregunté, realmente perdida con todo ese tema, sin saber en absoluto qué clase de estrategia seguirían los expertos, porque yo estaba en un limbo de nada. —Hubo un momento en el que pensé que los radicales estaban actuando bien, lo admito. Hasta que vi muertes que no debían de haber habido. No sé, en serio, no sé... —Me levanté de la cama, sin querer hablar mucho de mis ralladas mentales. —Da igual, no quiero hablar de eso ahora. —Que si Dorcas quería hablar en otro momento de ese fin de semana, vale, pero no quería hablar así, de repente, cuando ni yo misma tenía mis ideas ordenadas (aunque, spoiler, jamás iba a tener mis ideas ordenadas con respecto a este tema). —Te lo prometo. Y si lo hago, asegúrate de avisar a todos mis seres queridos. Y viceversa. —Y le entrelacé el dedo meñique con el de ella.

***

Me parece un buen trato —acepté cuando me prometió que no se rompería nada que un Episkey no pudiese arreglar, como si ella pudiese decidir qué se rompe y qué no, ¿pero sabes qué? Lo importante es el optimismo.

Me quedé sorprendida—no sé de qué me sorprendo si Dorcas era la Ravenclaw echa Hufflepuff—de que supiese toda la situación política con respecto al Ministerio Británico. La miré con los ojos abiertos y me sentí bastante orgullosa de que Finlandia se mantuviese al margen, sin apoyar tremendo despropósito. No me sorprendí de que otros muchos países si apoyasen a Inglaterra, sobretodo Alemania. ¡Madre mía, Alemania debía de estar pletórica teniendo precedentes mágicos para repetir lo de Hitler! Miedo me daba vivir ahí. Pray for all the germans.

En mi casa siempre vas a tener una buena acogida, aunque Finlandia sea subnormal y decida unirse a esa estúpida política anti-muggles, sépalo bien usted. —Y mostré una sonrisa de lo más cariñosa, sacando de mi mochila todas las protecciones. —Ven, que te ayudo.

Le coloqué las rodilleras, las coderas, los guantes y el casco lo último, en dónde di dos golpes en la parte superior para asegurarme de que estaba bien puesto. Luego retrocedí un par de pasos y saqué de mi mochila una cámara polaroid, con la cual le saqué una foto a Dorcas con esas pintas sin que ella tuviese tiempo de ponerse en posición ni nada por el estilo.

Ahora sí, perfecta. —Y sonreí, malvada. —Ven, persígueme. Primero te voy a hacer una demostración de mis habilidades. Ojalá se me diese tan bien la varita como se me da el skate... —Puse los ojos ligeramente en blanco, cogiendo carrerilla para subir rápidamente una de las rampas del skatepark. Sin pensármelo demasiado, puse el skate en el borde y me tiré, bajando por la rampa para subir por la siguiente, dando un leve salto para volver a subir a la siguiente, en donde clavé el skate en el borde para volver a bajar, esta vez de espaldas. Durante todo el trayecto iba con la lengua sacada por fuera de la boca, concentrada. No sería la primera vez que me caía y me mordía la lengua por retrasada.

Luego bajé de la rampa, haciendo mis trucos especiales para que Dorcas flipase. Para algo que se me daba bien...

La puta ama:
Trying to go back to real life. —Dorcas. 54Nk

Trying to go back to real life. —Dorcas. Original

Trying to go back to real life. —Dorcas. C872DB29BD52FEB91C4A717921E793E2CA9E8940

Trying to go back to real life. —Dorcas. Giphy

Después de unos minutitos haciendo mis cosas y sintiéndome como si volviese a tener trece años otra vez, me acerqué a Dorcas, con una sonrisa en los labios y la respiración agitada. ¡Buah, la adrenalina!

Recuerdo cuando venía aquí a patinar con trece años. ¡Qué recuerdos! Y no, no te preocupes —advertí, mirándola con ojos comprensivos. —No te voy a enseñar a hacer eso, te voy a enseñar a hacer esto. —Puse la tabla sobre el suelo y me deslicé sobre ella, dándome carrerilla con un pie. —¿Has visto? Nadie se ha roto nada por hacer esto. —Reí, para entonces bajarme de la tabla y empujarla con el pie para que se deslizase por el suelo hasta ella. —¿Te subes? Se parece mucho a la escoba, con lo de mantener el punto de gravedad controlado. Inténtalo.
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Dorcas Meadowes el Mar Sep 18, 2018 5:53 pm

Hice un puchero enorme al escuchar su respuesta, para luego entrecerrar mis ojos agarrando su "beso" al vuelo con mi mano y lanzarlo lejos para terminar encogiendome de hombros.- Sé que me terminaras enseñando igual, no me puedes negar cosas filandensa, tarde o temprano terminaras aceptando, lo sé.- dije con tono seguro mientras me apartaba el cabello con mi mano, en plan soy una diva sísí, para luego echar a reír e ir a colgarme a su cuello.- Porque me enseñaras ¿verdad? No seas malita, me tienes que enseñar, además yo me porto super mega bien,  me merezco más frases.- le insisití toda molestosa poniendole caras que derretirian cualquier corazón, hasta el más helado de los cinco continentes.

En eso viendo las fotografías de Danny me fue imposible no pensar en Rhea, y por acto seguido vino la pena y frustración, sentimientos que siempre me invaden cuando recuerdo a la tejona. Me dejé caer en la cama de Danny y suspiré, como si al botar el aire todo lo malo se fuera, aunque sea por un par de segundos. Le pregunté algo que hace un tiempo venía rondando en mi cabeza y me reincorporé quedando sentada, era un duda que me había asaltado un día y sólo con Danny podía compartirla. Hice un mueca cuando se sentó a mi lado y suspiré una vez más apoyando mi cabeza en su hombro pero cuando escuché sus siguientes palabras saqué mi cabeza de su hombro y la miré con ojos de huevo fritos, para luego fruncir mi ceño y suspirar por no se cuanta vez ese día. La miré pararse de la cama y caminar como un leoncito enjaulado.- Vale, no hablemos de eso...por ahora.- que sí, que yo quería hablarlo, quería decirle mi postura al respecto y porque pese a todas las injusticias que se observa a diario sigo creyendo fervientemente que la violencia jamás será el camino correcto, pero ya hablaremos de eso más adelante. Ahora, sólo me bastaba con tener su meñique junto al mío sellando una promesa más con Danny, una que espero no tener que llegar a cumplir. - Lo haré.- le aseguré ofreciéndole una sonrisa amiga.

***

Respire profundamente, y sonreí ampliamente. En unos meses se cumplirían dos años desde que sucedió todo y tuve que comenzar a vivir en el refugio, con todo el peso de mi sangre sobre mi espalda y carteles de SE BUSCA tras de mí.  Las cosas no han sido fáciles, para nada, pero si algo debo agradecer es lo afortunada que soy de contar con personas tan increíbles a mi lado, personas que pese a todo lo que significaba ser familiar, amiga, o conocido mío seguían allí junto a mí, al pie del cañón. Como hoy, que pensé que sería un día normal pese a ser mi cumpleaños y en un segundo dio un vuelta enorme. Tan enorme que ahora tras todo este tiempo, es la primera vez que puedo caminar tranquilamente por las calles, sentir el aire mover mis cabellos, el sol acariciar mi rostro y el olor de los árboles inundar todo mi ser. Soy tan feliz en este momento, que sentía que las palabras se hacían cortas para poder expresarlo, soy tan feliz que hasta una lesión por andar sobre la patineta la recibiría feliz, dichosa, contenta de sentirme aunque sea por unos días libre otra vez.

Le conté a Danny sobre la situación en los demás países, para mí siempre ha sido fundamental mantenerme informada, saber lo que ocurre no sólo donde me encuentro sino que en todas partes del mundo, tanto mágico como muggle. Ya que por más que ahora el mundo mágico está viviendo un remezón, los muggles no es que vivieran en un mundo de rosas y múltiples colores. La violencia, las ansias de poder, e injusticias van a existir a dónde se encuentre el humano, al parecer todo aquello se encuentra en el contrato de nuestra especie, en letras pequeñas pero eternas. También tenemos cosas hermosas, eso no lo puedo negar, sólo tengo que mirar a mi lado y saber que hay humanos increíblemente maravillosos.

De un saltito logré llegar al ladito de Danny y darle un mega abrazo, hoy andaría así de melosa todo el día, tendrá que soportarme, es mi cumpleaños y estoy al aire libre, soy más feliz que una pequeña en navidad recibiendo su primera bicicleta.- Gracias, gracias, gracias.- le dije repartiendo besitos en la cara.

Minutos más tarde y gracias a la ayuda de mi amiga quede protegida totalmente, de los pies a la cabeza, me sentía como un transformers invencible, veamos cuanto me dura esa sensación. -  ¿Qué dices? La varita también se te da muy bien- le corregí con el ceño levemente fruncido, es que Danny siempre se tira para abajo en esas cosas, pero se le olvida que ella muchas veces me ayudó con algunos hechizos, pero para eso estoy yo para recordarle lo buena que es y subir su ego bonito.

La perseguí y al segundo que se subió sobre el skate quede in shock, flipando en un nivel gold, premium, y hd. Es que OMG...- WOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOW.- solté con la boca abierta, ojos brillantes y manitas en el rostro.

FLIPANDO NIVEL BOB ESPONJA:
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Cuando regreso a mi lado aún mantenía el mismo rostro que al segundo uno, Danny me hablaba y yo parecía como la más grande admiradora de una famosa que ahora la tenía frente a sus ojos, a solo unos centímetros y que no sabía muy bien qué hacer, ni mucho menos que decir porque estaba segura que sólo saldría de su boca un "Joder, te amo. Casate conmigo y tu skate", pero ya , debo detenerme y  reaccionar que me veo toda idiota así.- ¡Joder, Danny! Es que eres la puta ama del skate. Buah, es que flipo, de verdad. Es que...waaaa.- solté toda emocionada, sin perder el brillo de mis ojos jamás. Hice un pucherito cuando ví el skate acercarse a mí, es que ay... yo, no sé...ay.

- Ay Danny, no es un consuelo saber que el skate es igual a la escoba...sabes que era pésima en las clases de vuelo ¡tengo menos coordinación que un pato! .- la miré intensificando mi puchero.- Ay...¿en qué momento se me ocurrió andar sobre esto?.- me pregunté bajito acercando tímidamente mi pie derecho al skate. Que vale, yo nunca he sido muy valiente para esas cosas, yo soy más la nerdy del grupo, la ratoncito de biblioteca, la que quieren pese a que se tropiece al menos una vez al día con una hormiga cabezona.- ¿Me das la manita?.- le pregunté con voz de niña pequeña, Danny me la tendió y yo no dude en tomarsela bien fuerte. Yo no sé si es posible, pero me late tan fuerte el corazón que estoy segura llega a retumbar hasta la mano que se sujeta a la de mi amiga.

¡BUMBUMBUM!

- Vale, ahora sólo debo empujar con mi piecito....- susurré poniendo una mueca en mis labios, y comenzando a empujarme. Uy desequilibre un poquito, me aferré más fuerte pero después continúe mejor, ganando confianza, que hasta le llegué a soltar la manito a Dany.- Ay, mira, mira, que he podido hacerlo...Buah, creo que esto se me dará mejor que la escoba ¿Qué más puedo hacer?.- pregunté deteniéndome y mirando a Danny con una sonrisa del porte del Titanic.

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7-13 ME CAIGO PERO SOLO RASMILLONES QUE NECESITAN UN PARCHE CURITA.
14- 20 SOY LA MEJOR APRENDIZ.

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Danielle J. Maxwell el Miér Oct 10, 2018 12:45 am

Yo siempre había querido un hermano. Un niño, menor, con el que poder compartirlo todo. Sin embargo, no me parecía justo insistir ni quejarme a Jerry y Sylvia cuando éstos no querían tener hijos y yo les llegué sin previo aviso. Cuando era pequeñita quizás lo dije en varias ocasiones, pero desde que tuve uso de razón de lo que era nuestra vida... dejé de insistir y me callé, asumiendo que nunca tendría un hermano menor. Pero con once años no me importó, ya que conocí a Dorcas. Y puedo decir con total seguridad de que ahora mismo la relación y el amor que siento por ella es el que sentiría perfectamente por un hermano. En serio... era una relación exacta. Dorcas era mi persona favorita en este mundo por todo y teníamos tantas cosas en común como no. Algunas veces quería molestarla, otras veces achucharla, otras reírme de ella, otras reírme con ella... pero, sobre todo, tenía la sensación de que yo sin ella no sería quién soy ahora, ni podría ser siendo quién soy. Era raro, como si fuera una parte indispensable de mi vida que pudiese estar lejos de mí, pero siempre la llevase conmigo. ¿Me explico? ¡Era muy raro de explicar! Solo sé que la quería un montón y quería poder regalarle un poco de libertad y alegría, que sé que es lo que más necesita y quiere en estos momentos.

¡De nada, tía! ¡Pero...! —Y le devolví el abrazo, divertida, mientras recibía sus cientos de besos por todo el rostro. —¡Deja de agradecérmelo todo! Te mereces esto y más, mucho más. Además, es tu cumpleaños. ¡Una no da las gracias tantas veces por los regalos, se supone que siempre deben de haber regalos! —Me inventé sobre la marcha al separarme de ella. —Venga, vamos a patinar.

¡Que sí, que vale! Yo no era muy cariñosa, ¿vale? Es decir, era cariñosa en cuanto a acciones y mis implicaciones, pero no era para nada cariñosa en cuanto a gestos. Dorcas debía de saber que yo me preocupaba por ella real, pero eso de ser pesada con abrazados o pesadas con besos o con coletillas cariñosas... no era lo mío.

¿Sabes por qué era la puta ama del Skate yo? Sí, por eso: es lo único que sé hacer en esta vida. Piénsalo, piénsalo: no he conseguido llegar a ser nada en el quidditch, soy horrible en duelos con varita, en pociones soy bastante mediocre teniendo en cuenta el nivel que hay en la universidad y en las materias de mi carrera muggle también soy del montón. Si somos justos en lo único en lo que resalto es, literalmente, en algo que no SIRVE PARA NADA. Pero no importa, yo era feliz. Y eso es lo importante en esta vida. Además, me encantaba ver la cara de fascinación que ponía la gente cuando se ponían a ver los trucos que hacía con el skate, ya que nadie se esperaba que una bruja supiese hacer esas cosas. Mi truco, sin embargo, es el hecho de haber vivido toda mi infancia rodeada de muggles y muchas tablas con ruedas.

Y luego le expliqué a ella como subirse y andar sin caerse en el proceso, cosa que se le dio bastante bien para lo torpe que solía ser Dorcas en éste tipo de actividades en donde se necesitaba coordinación motriz. En cierta ocasión, cuando ya dominaba, llamémoslo EL MOVIMIENTO BÁSICO DEL SKATE EN UN TERRENO LLANO, se acercó a mí para preguntarme que más podía hacer. Yo era una motivada de la vida y ya le iba a decir que hiciese un algo chungo raro, por lo que decidí contenerme.

No sé, ¿improvisa? Podemos ir a una pequeña inclinación para que vayas un poquito más rápido, o intenta correr. ¡O bajar un escalón! Son cositas fáciles, en principio. Venga, te ayudo.

Y, contra todo pronóstico, Dorcas Meadowes, la cateta que tiene problemas de coordinación, consiguió bajar una pequeña inclinación SIN MI AYUDA y sin suicidarse por el camino. Eso sí, cuando se motivó y empezó a correr con el skate, yendo cada vez más rápido en terreno llano—recordemos que ésto estaba dominado—, una pequeña diferencia de nivel en el suelo, fruto de una pequeña brecha, hizo que las ruedas delanteras se frenasen de golpe y ella saliese despedida hacia adelante. Debido a la velocidad resbaló por el suelo, pero gracias a Merlín que las protecciones hicieron su trabajo.

Corrí hacia ella, aguantándome la risa.

¡PRIMERA NORMA DEL MEJOR AMIGO: Primero preguntar y luego reírse! Llegué hasta ella y...

...me descojoné.

Pero por suerte, solo me reí durante cinco segundos, antes de agacharme a su lado y mirarla con algo más de seriedad.

Menudo golpe tía, ¿estás bien? —Todavía estaba sonriente, pero también se me notaba preocupada, sobre todo al ver como la rodillera de la pierna izquierda se le había caído por el roce con el suelo y se había roto el pantalón al limarse contra el asfalto. Tenía sangre en la rodilla, pero seguramente solo habían sido unos raspones. Así mismo, también le había pasado lo mismo en el antebrazo, ya que al caer se apoyó mal y no apoyó la mano, sino que el antebrazo fue quién deslizó por el suelo. —Bueno, no es nada, luego te lavamos las heridas y con un poquito de cremita que tengo en casa se te cura, ¿eh? No te preocupes. ¿Todo lo demás bien? ¿No te duele nada? Lo común es romperse algún hueso. ¡Has tenido suerte! —Intenté verle la parte positiva.

***

¡AY, DANNY! —Se me quejó Dorcas, a lo que yo puse los ojos en blanco.

Estábamos en el baño de mi casa, el más cercano a mi habitación. Ella estaba sentada en la taza del váter, en camiseta y pantalones cortos, mientras yo estaba sentada en el reborde de mi bañera, curándole las heridas del brazo que eran las más feas. Y claro, se las estaba limpiando con el método muggle, ya que todas nuestras cosas mágicas las habíamos dejado en Londres. Y todos sabemos que el desinfectante muggle pica mucho.

¡Deja de quejarte, tía! Esto de usar siempre cosas indoloras y mágicas nos tiene malacostumbrados, ¿eh? ¡No es para tanto! Además, ya me queda poquito. —Con una algodón en la mano, volvió a verte el líquido sobre los raspones ya limpios de su amiga, para luego pasar el algodón suavemente por encima y retirarlo. —Ahora parece que has ido a la guerra, ¿te quedan ganas de volver a intentar subirte en un skate otro día o ya le has hecho cruz y raya para siempre?

Estaba emocionada y tenía que ocultar mi emoción por la sorpresa que tenía preparada mañana, en dónde vendrían sus padres y su hermana menor. Le había dado instrucciones claras a mi abuela, así que esperaba que las cumpliese al cien por cien para que nada saliera mal.

Por cierto, ¿ahora mantitas, palomitas, comida basura y películas a tope hasta que nos duelan los ojos? Suena a planazo, ¿no? —Sonreí.
Danielle J. Maxwell
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Dorcas Meadowes el Mar Oct 30, 2018 8:51 pm

Me puse roja como un tomate, que Danny era mi amiga pero igual me avergonzaba, porque yo era así me ponía roja por todo y más si sentía que podía mi  accionar generar molestias.- Buah, lo siento. .- dije bajando un poquito la cabeza pero luego tras pensarlo un poco negué con la misma, es que era mi cumpleaños ¡joder! y uno muy bonito, y tenía el pase de hacer lo que se me diera la puñetera gana, y más si es que desde hace tanto no sentía esta libertad.- Es que estoy muy  feliz ¿sabes? quiero como repartir abrazos y besos al muuuuuuuuuundo.- terminé de decir cantadito mientras abría mis ambos brazos para elevarlos al cielo y dar una vuelta por mi propio eje, para luego detenerme y poner un pose todo warrior.- Sí, vamos a darlo todo en la pista.- hiperventilada, así estaba, a full con la energía.

Y luego me quedé allí, en shock supremo, y orgullosisisima por tener una amiga que era la puta ama en el skate. Es que lo hacía ver tan fácil y tan chuli que de verla quedabas con unas ganas tremendas de subirte a una patineta y aventurarte a lo desconocido, así sin más. Mientras miraba a Danny pensaba también en lo afortunada que era, vamos no se si suena muy creíble viniendo de una fugitiva como yo, que pasa más tiempo encerrada que viendo la luz del día pero, a veces cuando te arrebatan cosas básicas como la libertad, uno empieza a valorar otras cosas, como esas personas que con su sola presencia hacen todo mejor, te hacen ver que la vida es mucho más bonita de lo que uno cree, ellos se convertían en tu especie de libertad.

Cuando volvió a mi lado, junto a ella también llegó nuevamente mi odiable inseguridad, es que siempre me han dicho que son una persona arrítmica, y ¿han escuchado eso que dicen que de tanto repetirse una cosa uno termina creyendosela? bueno, eso me pasa a mí, desde los seis años cuando mi madre quiso meterme al grupo de ballet de mi escuela mi profesora me decía que yo no tenía pasta o que simplemente no sabía coordinar, y bueno ahora más grande por fin logré entender que ella era una pésima profesora porque en vez de incentivarte me sepultaba, pero pese a ser consciente de aquello, ya lo tenía metido en mi cabeza, como un chip, porque cabe agregar que no fue la primera ni la última en decirme aquello.

¡Pero ya! ¡Que va! ¿Qué tan terrible puede pasar? ¡Más allá del suelo no voy a pasar! ¿no?
¡BUUUAAH, QUE NERVIOS!

Con la ayuda de la manita de mi amiga subí un pie sobre la patineta para luego con el otro darme el impulso, y para mi sorpresa me había salido ¡había logrado eso sin caer o tropezar o causar un desmán a mi alrededor! ni se imaginan la sonrisa que tengo en el rostro en este momento, enorme y radiante. Miré a Danny con ojos brillantes, como quién ve una luz al final del camino de esperanza y quiere correr a ella en busca de eso que ve al final y que sabe que será grandioso.- ¿Bajar un escalón, dices? .- la miré con ojos de huevo frito sintiendo como mi corazón comenzaba a latir en plan ¿a dónde nos estás metiendo? ¡No nos mates!.- No, no mejor vamos a la inclinación, así más de a poquito ¿no?.- le dije mirándola de reojo, en plan tú sabes cómo soy, así que no me lances a los leones.

¿Y adivinen quién logró bajar por la inclinación sin la ayuda de nadie? YO, y con un rostro de que no me lo creía del porte de un buque ¿Y adivinen quién después por una piedrecita u hormiga cabezona salió despegada por los aires pasos más allá de la patineta? TAMBIÉN YO.- Au...- susurré con mi rostro aún entre mis brazos, que me habían protegido de un inminente pastelazo contra el muro.  

No tenía que ver a Danny para saber que la muy se estaba aguantando la risa al verme allí siendo una con la calle, bueno después ni siquiera me hizo falta verla porque le escuché reír a mi lado, a lo que yo la seguí. Que vamos, yo también me hubiera descojonado si me hubiera visto desde afuera. Me giré como un rollito de sushi y quede de espalda en el suelo mirándola divertida.- Sigo viva, sísí. Aunque me arde un poquis la rodilla y mi bracito.- le comenté para luego mirarlos y ver que habían rasmillones.- Oh, hay sangre.- solté para luego encogerme de hombros, que tampoco era para tanto.- ¿Me viste antes de caer? Lo estaba logrando ¿no?.- terminé en pregunta porque quizás solo me lo estaba imaginando, para luego inspirar profundamente aire y sentarme. Miré con ojos de plato cuando me dijo que había tenido suerte.- ¿Un hueso? Buah, no sé si realmente todo esto del skate es lo mío, ¿sabes?.- le dije ahí toda temerosa, que vale, podía soportar estos rasmillones y quizás posteriores moretones, pero mis huesitos nonono, que ellos no tienen la culpa de mis locuras.

***

Ay, ay, ay mil veces ay.

Me quejaba mentalmente y también vocalmente por el cuidado de mi amiga a mis heridas, le puse un puchero enorme cuando me retó por mis quejas, y llevé mis manos al rostro cuando ví que iba acercar ese algodón del mal nuevamente a mi bracito.- Maaaamá.- chillé con mi rostro escondido tras mis manos como una niña pequeña. Y cuando por fin terminó con todo, recién allí saqué mi rostro de mi escondite.- Pues, la verdad...no sé, es que ahora mismito si me preguntas te digo, no, no, no y mil veces no. Pero quizás mañana, cuando no sienta ese pumpumpum en mis heridas quizás te diga que sí ¿sabes? es que me gusto sentir esa adrenalina en el estomago cuando iba cayendo en picada, era muy emocionante. - le dije sincera.

- SEEEEEEEEEEEEEEEEH.- grité y eleve mi brazos pero...- Ouch.- me quejé enseguida por tan brusco movimiento.- No elevar así los brazos, entendido.- me dije a mis misma, para luego clavar mi mirada toda emocionada en mi amiga.- Es un planazo si que si.- le corrobore.

Pasaron unos quince minutos para encontrarnos ahí ya bajo las mantantitas y con comida por doquier viendo una película al azar del netflix, yo quería pegarme su maratón de Star Wars pero Danny me había dicho que al día siguiente también teníamos muchas cosas que hacer y si nos las veíamos todas se nos iba a ir la noche. Me acurruque a mi amiga como un koala mientras mirábamos la película, sé que mi adorable rubita no era tanto de piel, pero ya le había dicho que era mi cumpleaños y debía aceptar mis ataques de amor, al menos hasta que dieran las doce en el reloj indicando que mi día especial había acabado. Así que ahí estaba yo, aprovechando los últimos minutitos que me quedaban.

Terminó la película y suspiré echando mi cuerpo hacia un lado en un largo suspiro.- Aaaaaaaay el amor, que bonito que es.- concluí después de tragarme una película toda románticona, de esas que yo soy re fan, porque me encanta el amor, en todas sus variantes, y soy de esas que su mandamiento principal era esa frase tan conocida de los Beatles "All you need is love".- Tía, creo que si sigo así fugitiva me moriré solterona ¿sabes? No es que me moleste estarlo, que bien...pero a veces pienso que no estaría mal que alguien me diera mimos en plan amoroso. No sé, hace mucho que no siento mariposas en el estomago por alguien ¿sabes? creo que todavía tengo puras orugas dentro.- le solté a mi amiga en plan confesión para luego llevarme una almohada sobre mi rostro y reírme de las cosas que estaba diciendo. Pero bueno, un pijama party no era uno sin el momento de confesiones ¿no?.
Dorcas Meadowes
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