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Trying to go back to real life. —Dorcas.

Danielle J. Maxwell el Lun Abr 30, 2018 3:11 am

Recuerdo del primer mensaje :

Trying to go back to real life. —Dorcas. - Página 2 EhTsEv8

¡No abras los ojos! —En realidad era físicamente imposible que pudiera abrir los ojos porque tenía puesta una venda, creada específicamente desde mi bufanda bien gordita, por lo que por mucho que lo intentase, iba a ser imposible. —Bueno, ¡no te quites la venda!

La llevaba, sujetada de la mano, a través de una suelo mullido y húmedo, en cuyo ambiente se podía oler perfectamente el olor a césped recién cortado, mezclado con la tierra mojada y la humedad del día. Muchos podrían decir que eso es característico de Londres pero... no, no estábamos en Londres.

Hoy era día trece de abril, el cumpleaños de mi gran amiga Dorcas. ¿Y qué era lo que más me gustaría poder regalarle a Dorcas? La normalidad. Un día—o un fin de semana, que es lo que en realidad tenía pensado—lejos de tener que ocultarse, alejadas del miedo de una sociedad opresora, muy, muy lejos de un gobierno que tenía a mi amiga en una posición inhumana. Así que esa misma mañana, a eso de las once, me presenté en su habitación con un muffin de triple de chocolate del Starbucks, además de un rico chocolate caliente del mismo sitio. En el muffin había una vela, la cual encendí antes de tocar en su habitación y que me abriese. ¿Lo siguiente que hice? Decirle que se vistiera y ponerle la bufanda alrededor de los ojos.

Me aparecí con ella en mi casa de Finlandia, más concretamente en el césped de mi jardín. Yo había nacido en Helsinki centro porque mis padres vivían ahí, pero desde que vivía con mis padres adoptivos me críe en una ciudad llamada Kotka, la cual da para el mar. Tanto Jerry como Sylvia tenían unos trabajos increíbles para ser muggles, en el sentido de que cobraban una pasta, por lo que siempre había estado muy bien posicionada y con montón de privilegios, aunque la familia entera fuésemos terriblemente humildes. Podría decirse que de pequeñita era la típica niña mimada, ¿vale? No seré su hija biológica, pero vamos, me trataban igual o mejor de como si lo fuese. Nunca conocí a mis padres de verdad, pero si soy sincera, con Sylvia y Jerry jamás eché de menos otros padres. Ella era abogada y él médico y, aparte de tenerme a mí, no tuvieron nunca más hijos. Es de esas parejas con un par de perros y un par de gatos que siempre dijeron que no querían tener hijos. ¿Yo? Bueno, yo les llegué sin querer después de prometérselo a mis padres cuando nací.

Ellos estaban al tanto de todo lo que pasaba en Londres y estaban MUY ENFADADOS por el hecho de que permaneciese en Inglaterra, pero eran conscientes de que no podían hacerme cambiar de opinión y que yo quería vivir mi vida, fuese peligrosa y horrible. Sin embargo, les había dicho el plan que tenía para Dorcas en su cumpleaños y... estaban encantados, tanto de verme a mí—pues no me veían desde navidad—como de conocer, al fin, a Dorcas Meadowes, esa amiga de las que le llevo hablando desde que tengo once años. Y normal que no la conocieran... no muchas amistades de Hogwarts han venido a Finlandia a conocer a mi familia. Todos se quedan en mi abuela, que vive en Londres.

Así que caminando por el jardín de la gran casa de Kotka de mis padres y sintiendo como me calaba de frío, vi como mis padres salían lentamente por la puerta, colocándose en el rellano con una cara cargada de ilusión. Les hice una señal con el dedo índice en los labios de que guardasen silencio y me puse por detrás de Dorcas, para quitarle el nudo de la bufanda.

Cuando se lo quité, inauguré el regalo.

Casa de los Jefferson:
Trying to go back to real life. —Dorcas. - Página 2 WYRymIV
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Trying to go back to real life. —Dorcas. - Página 2 GMv51NC
Sylvia Jefferson || #ff99ff

Trying to go back to real life. —Dorcas. - Página 2 FqZiVs8
Jerry Jefferson || #3399cc

¡Bienvenida a Finlandia! ¡Un fin de semana alejada de magia —le quité la varita a traición y me la guardé en el bolsillo, enseñándole el dedo índice para negar con él, divertida. En realidad era solo  técnico, luego le devolvería la varita—, alejada de mortífagos, de cazarrecompensas, de misiones peligrosas, de gobiernos corruptos y opresores, de la loca de las pociones, de estar totalmente encerrada en un refugio y... ¡con mis padres! —Y los señalé, con una sonrisa enorme.

Mi madre pegó un saltito y mi padre, más tímido, saludó con la mano abierta. Le pasé el brazo por detrás de los hombros y le di un besito en la mejilla.

Feliz cumpleaños, Dorquis. —Y tenía más sorpresas, claro, pero todo a su debido tiempo. Les hice una señal a mis padres para que se acercasen. —Mira, él es mi padre, Jerry. Y ella mi madre, Sylvia.

Un placer, Dorcas. Danny nos ha hablado maravillas de ti desde el primer año que pisó Jowas.

Hogwarts, mamá —le corregí, divertida.

¡Eso, eso, si es lo mismo!

Encantado, señorita. Nuestra pequeña —me abrazó—nos ha contado como está la cosa por Londres y... nuestra casa, es tu casa. Siempre que la necesites. —Y sonrió, encantador. ¡Ay, es que mi padre era muy mono! —Vamos adentro, que hace frío. —Y lo decía él, que iba en pantalón corto, como un buen finés.

Mi madre vino a besuquearme toda, además de darme un fuerte abrazo.

Mi papi es un cocinero de primera y nos ha prometido comida buena durante todo el fin de semana. Dice que se va a poner el delantal en serio para que nos guste mucho y así venir más a menudo... —Lo miré de reojo, aunque estaba hablando con Dorcas.

Exacto, ese es mi plan maestro —dijo divertido. —Y he empezado haciendo el mejor pastel de cumpleaños del mundo. Aunque ya será para después, para el postre del almuerzo. —Y se frotó las manos, mirando a ambas chicas con ilusión.
Danielle J. Maxwell
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Danielle J. Maxwell el Sáb Nov 03, 2018 12:18 am

Una cosa está clara, Dorcas: el skate no es lo tuyo y… ¡eres una quejica! —Dije mientras le limpiaba la herida con el algodón y un poquito de agua oxigenada. —¡Deja de quejarte, pero si no es nada!

Lo mejor para su salud era que no volviese a coger un skate, eso estaba claro, sin embargo, yo entendía perfectamente la sensación a la que se refería con respecto a la adrenalina. Era una gozada saber manejar aquella tabla y poder utilizarla como si fuera una extensión más de tu cuerpo, sin miedo a caerte o tropezarte. Pero claro, esa sensación llega muchos años después y no creo que Dorcas dure tanto con su ilusión por el skate. A la décima caída una le va perdiendo el gusto.

¿Y qué sentiste cuando viste que el suelo se aproximaba a tu cabeza? ¿Pánico? —Me metí con ella, divertida. —Fue muy gracioso verte caer. —Y, a la espera de recibir el golpe de queja de Dorcas, continué hablando: —Pero entiendo a lo que te refieres. Es uno de los motivos por el cual me encanta usarlo, lo que yo ya entiendo como funciona y es diferente. Es otra sensación totalmente.

***

Ya estábamos metidas en mi camita y mi padre había sido tan mono de subirnos una de las televisiones para poder ver allí Netflix tranquilamente. Estábamos viendo la típica comedia romántica con la que te partes de risa por todas las tonterías que pasan, ambas con un pijama bien calentito de estos enteros con forma de animales. Ella tenía un pijama con forma de koala mientras que el mío era de mono. Además, teníamos montón de bol con palomitas, patatas fritas y un bote de nutella, como buenas gordas.

Cuando la película terminó ya toda la comida estaba en el suelo, pues la habíamos apartado a mitad cuando ya habíamos dejado de comer y estaba todo casi vacío. Así que mientras la banda sonora sonaba de fondo, fue cuando Dorcas se confesó conmigo de esa manera tan graciosa. Era gracioso sobre todo porque no éramos ni de lejos dos adolescentes convencionales: las dos teníamos ya diecinueve años y éramos más vírgenes que la María. Que a mí me daba igual, yo era feliz y morir solterona no era algo que me preocupase, pero viniendo de Dorcas, que nunca me habla de estas cosas, me hacía muchísima gracia.

No pude evitar mirarla entre sorprendida y divertida cuando empezó a hablar, cosa que hizo que al final se tapase con una almohada.

¡Oh venga, ahora no huyas! —dije divertida, quitándole la almohada. —¿No te vale con mis mimos amorosos? ¿No te gusta que te abrace ni que te de besitos? —La abracé fuertemente y subí a su rostro para darle besos por toda la mejilla. —Vale que no te los doy muy a menudos, ¡pero tú solo pídemelo! —Y, sin previo aviso, le hice una pedorreta en el cuello, muy cariñosa. Al salir de allí, divertida, la miré. —Es broma, es broma. En realidad te entiendo, siempre has sido muy amorosa en plan película, lo cual es curioso teniendo en cuenta que en realidad tampoco has tenido muchas experiencias… Eres tan ameba como yo —hice una pausa, mirándola con una ceja alzada y acostándome en la cama junto a ella, ya más tranquila. —Pero vamos, no te vas a morir solterona. Si tu media naranja no está en el refugio, la encontrarás cuando todo esto cambie y puedas volver a ser tú misma en donde te dé la gana. —Giré la cabeza hacia ella. —Mientras tanto vas a tener que conformarte conmigo, ¿eh? Yo seré tu novio.

Y me reí ampliamente, sólo de imaginarnos. Mira que yo había vacilado a mi abuela muchas veces con estas tonterías, pero en verdad yo sabía que era imposible. Sin embargo, inevitablemente me vino a la cabeza Edward hablando de este tema, ya que aunque yo intente hacerme la retrasada con ciertos temas, había cosas que se ponían un poco clara por delante de mis narices aunque yo diga que no con tanta pesadez.

¿Tú solo has besado al chico aquel en Hogwarts, verdad? —pregunté, entrándome ese gusanillo curioso. Yo por mi parte solo había besado hasta el momento a una persona en Hogwarts y no fue precisamente algo que recuerde con demasiado cariño.
Danielle J. Maxwell
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Dorcas Meadowes el Miér Dic 12, 2018 12:30 am

- ¡Que no soy quejica, tú eres una brutita con tu amiguita querida!.- le reclamé haciendo pucheros, para luego suspirar.- Y sí, lo mío no es el skate.- terminé por aceptar bajando la cabeza avergonzada por mi nulo sentido del equilibrio, que me ha perseguido durante todos mis años de vida. Desde muy pequeña supe que los deportes extremos o que involucren un gran riesgo no eran lo mío, y lo corrobore una y mil veces en las clases de vuelo en Hogwarts, era tan triste verme sobre una escoba.- ¿Cómo que no es nada? Hay sangre, Danny. ¡Sangre! mira, mira, mira.- le dije apuntándole unos puntitos rojos que tenía en mi rodilla y codo, junto al puchero infaltable que le suma más drama a todo.

- Pánico, miedo, hormigas en el estomago que me hacían reír, pero nerviosamente, y una clara sensación que lo que se venía me iba a doler.- le traté de explicar, mientras rememoraba el momento en mi cabeza y sentía un pequeño escalofrío recorrer mi columna. Es que vale, sí en cierta manera había sido curiosamente entretenido todo aquello, pero una vocecita en mi interior me decía que mi próximo encuentro con el skate tardaría en darse nuevamente.- Escuché tu diversión, Maxwell.- le puse un rostro de poker, más una mirada recriminadora, para luego reír y encogerme de hombros.- Pero que va, que yo igual me hubiera reído al verme.- termine por decir divertida. Es que podría haberme ofendido por el comentario y actuar de mi amiga, pero desde pequeña me enseñaron que reírse de mí misma no esta mal, ya que hay situaciones que lo ameritan, y esta había sido una de aquellas.

- Claro tu te diviertes y eres muy buena en ello. Es que de verdad, Danny. Fue magnífico verte hacer todas esas piruetas, la patineta era como una extensión de tu cuerpo.- solté una risita y mis ojos brillaron, entre anhelantes y melancólicos.- Sentí la misma admiración y felicidad que cuando te veía sobre la escoba.- le confesé sonriente.

- PERO DANIELLE JAYMES MAXWELL, SÉ MÁS SUAVECITA.- chillé nuevamente al sentir  una punzada en mi codo.

***

¡Noche de películas! ¡YAAAAAAAAAAAAS!

La familia de Danny me había hecho sentir muy a gusto, y ahí acurrucadita junto a mi amiga y con el estomago rebalsado en comida me sentí realmente afortunada y feliz de haber pasado así mi cumpleaños. Ya que en un comienzo fue un poco triste al saber que no podría pasarlo con mi familia, pero más tarde una de mis personas favoritas en el mundo logró que toda esa tristeza se fuera a volar lejos y se convirtiera en mucha felicidad.

Escogimos una de esas películas románticas en que la trama siempre es super obvia, y al final siempre triunfa el amor porque sino que estafa ver dos horas algo que después termine en desgracia, uno quiere ver amor, y de ese meloso que te hace pensar que los finales felices son posibles y sus protagonistas se ven todos dichosos al final mientras suena de fondo una música toda cursi y pegajosa.

Al terminar no logré, o la verdad no quise evitar soltar una reflexión entorno a aquel tema, y sobre mi nula situación sentimental desde hace un tiempo prolongado. Me sentí avergonzada de inmediato, porque así era yo, era de esas que el color rojo como tomate en mi rostro es mucho más común que el normal de la gente y más cuando hablar de ese tema se trataba.

Me reí por debajo de la almohada cuando escuché su queja por mí huída, y cuando me sacó la almohada la esperaba con un rostro todo gracioso, pero luego me eché a reír tras el ataque de besos y mimos de Danny.- Si lo hicieras más a menudo no pensaría estas cosas.- le reclamé entre risas.- Ay, me haces cosquillas jiji.- agregué moviendome en la cama como una sardina cuando sentí su pedorreta en mi cuello.

Ya más calmada y secandome una lágrimas traviesas por las risas le miré.- Sí, somos unas amebas en esas cosas, pero eso no quita que a veces me lo plantee, no sé... es que...yo...como que... bah, no sé.- terminé por decir junto a una mueca y encogiendome de hombros, pensando que la verdad ni yo entendía de dónde es que había venido aquel sentir, pero ahí se encontraba  a veces recordandome que ese plano de mi vida lo tenía bastante abandonado. - Ojalá eso pase pronto...- dije en un suspiro.- No lo de la pareja, que  es lo de menos, sino esa parte que dices de "puedas volver a ser tú misma en donde te dé la gana".- dije la última frase apoyándome de mis manos, como si estuviera diciendo una frase célebre.  La miré y sonreí para luego abrazarla de lado y apoyar mi cabecita en su estomago.- Vale, desde ahora serás mi super novio Dan.- bromee divertida.- Tu estomago me quiere decir algo parece.- agregué entre risas y pegando más mi oído al estomago de Danny me reí aún más sonoramente.- Hey, que este señor es una gran parlanchín.- dije entre risas para luego abrazar más a mi amiga y descansar allí un ratito.

Alce mi cabeza para poder mirarla y responder a su pregunta.- Pues sí, sólo con él.- suspiré un vez más para luego cambiar a un rostro más travieso.- ¿Y tú? ¿Has besado a alguien que yo no sepa, eh? Y no me mientas que yo sé cuando lo haces.- bromeé, aunque a medias que esa parte de que sé cuando mentía era verdad, pero lo otro de que hubiera besado a alguien sin que yo supiera lo veía extraño, más que nada porque con Danny nos contamos todo, hasta cuando vamos al baño.- A todo esto, ¿tú cómo vas con eso del amorssss? ¿Hay alguien en la Uni que te llame la atención?.- le pregunté toda curiosa y acomodandome en la cama hasta quedar sentada y poder verla mejor.
Dorcas Meadowes
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Danielle J. Maxwell el Vie Dic 14, 2018 3:52 am

Ay, las risas que me eché limpiándole las heridas a Dorcas no tuvieron precio, de verdad. Mira que odiaba ver sufrir a la gente que quiero, pero es que con ese tipo de cosas me sale mi interior más malévolo. ¡Es que me hace mucha gracia ver sus pucheros y sus grititos y que directamente sea tan quejica! Pero bueno, era adorable igual y yo la quería, por muy aprensiva que fuera. Y yo me quejaba de que se quejara porque yo me he hecho tantísimas heridas de este estilo a lo largo de mis años que… madre mía, ya tengo mi piel a prueba de raspones y quemaduras contra el asfalto.

Nos pusimos a ver películas, pero como bien decía Dorcas, de las que son predecibles y te hacen ser una persona feliz al ver a dos personas ser felices. Porque a nadie le gusta ver una película que te parezca que va a terminar feliz pero luego termine en tragedia. Una como que se siente estafada con la vida.

La verdad es que me sorprendió montón que mi amiga se abriese A MÍ, LA AMEBA sentimentalmente. Es decir, Dorcas y yo no solíamos hablar de eso porque yo era una ameba y ella era una maceta. Que vale, que ambas éramos muy cariñosas la una con la otra, pero con respecto al amor, a los chicos y esas cosas… pues… estaba claro que salimos con la habilidad negativa en romanticismo. Ella y yo teníamos la facilidad de hablar de cualquier cosa, pero como esto nunca había sido nada muy presente en la vida de ninguna, pues obviamente era algo que no solíamos tocar demasiado. Así que cuando se hizo la falta de cariño, en vez de tratar el tema como una persona adulta y civilizada… me abalancé contra ella para darle abrazos y besitos por todos lados. Y sí, aviso: eso era un gesto cariñoso que probablemente muy pocas personas hayan visto nunca de mí. Cuando terminé pues… le dije algo bonito porque a Dorquis siempre intento decirle lo mejor que se me ocurre y que creo que pasará. No me gustaría darle falsas esperanzas en ningún ámbito ni decir las cosas en vano, pero es que de verdad que yo creía que tarde o temprano las cosas se arreglarían.

Algún día pasará, verás —le dije con una sonrisa risueña. —Y podrás ir a donde te la gana, con tu nombre real, sin que nadie te esté buscando. Y yo iré contigo.

Mi estómago entonces se puso tontito, en plan: ‘hola, has comido como una gorda, por favor, váyase a tirarse los gases a algún lado o voy a estar toda la noche quejándome como si fuera una ballena moribunda en su interior, gracias’. Y claro, no iba a tirarme ningún pedo bajo la manta porque todos sabemos que eso no se hace—al menos hasta que la luz no esté apagada—y que el olor podía convertirse en una hecatombe nuclear.

¿Cómo se llamaba ese señor? ¿Peter? Ay, no me acuerdo. ¿Pero cómo fue? Es que no me acuerdo mucho del rollo, ¿te besó él a ti, verdad? ¿O fuiste tu a él? Bueno, no te veo yo besando a ningún chico la verdad… —Recapacité entonces, metiéndome con ella divertida, ya que ambas éramos UNAS AMEBAS.

Y entonces me preguntó a mí, la mujer de las relaciones, la chica de los besos todas las noches, la universitaria que más ligues había coleccionado en tan solo un añito. Yo, Danny Maxwell. ¿He dicho ya que soy una ameba? En fin, como mi Dorquis al parecer todavía no había caído en que—repito—soy una ameba, le iba a vacilar un rato porque tenía ganas de inventarme una vida que evidentemente no es mía.

Pues verás, la verdad es que te he estado ocultado mi vida romántica para no darte envidia, porque claro, no puedes salir de ahí debajo y eso. A ver, atenta, que esto es salseo del bueno. —Carraspeé, haciendo una leve pausa de intención dramática. —Primero estuvo David, con quien me besé en mi primera fiesta universitaria. Fue muy bonito, en los malolientes baños de una discoteca. Luego está Mike, un tipo que no paraba de ligar conmigo y mandarme lechuzas con flores a todas las clases. Un día al final me pilló por los pasillos, me invitó a cenar como en las películas y también me besó al final, en la puerta de casa de mi abuela. Pero yo soy una señorita así que no hice nada más con él en la primera cita. Luego está Paolo. Es italiano. La verdad es que no entiendo qué dice, pero tiene un acento tan bonito que yo lo admiro ante la poesía que me dice bajo la luna llena y espero que me bese —dije, con un guiño a Friends. —Después vino Anthony, un caballero que parece sacado del siglo dieciséis. Yo creo que es medio purista, pero que mi lado muggle saca su lado más muggle. Me besó mientras le enseñaba a jugar a la PlayStation, pero yo le dije que no, que no estábamos destinados a estar juntos, que yo era de la Orden de la Mesa Cuadrada y él de las Filas de los Mortífagos redondos. Y al final… fue un amor imposible.

Y después de toda esa verborrea, miré de reojo a Dorcas, para reírme ampliamente de todo lo que había salido por mi boca de manera totalmente improvisada. La verdad es que yo era de esas personas que si no se sabía una pregunta en un examen, no importaba, yo improvisaba a ver si colaba.

¿Te acuerdas de Edward Westenberg? —le pregunté, curiosa. Dorcas era mi amiga, la verdad, si yo no entendía lo que me ocurría con ese señor seguramente Dorcas así, porque una ameba vé mejor el romance si es desde una perspectiva lejana. —Recuerdo que te hablé de él hace tiempo. O bueno, ¿tú sabías de él? Estaba en Hogwarts, ya sabes. Era novio de Synnove, la Ravenclaw.

La verdad es que a Dorcas le había dicho algunas veces que tenía amigos ahí fuera, por supuesto, pero casi siempre le hablaba de mis amigos muggles y no de los que tenía en el mundo mágico. Y tú te preguntarás: ¿POR QUÉ, DANNY? Pues porque me daba vergüenza hablarle de Edward siempre, pues parecía una niñata emocionada con la vida. Así que intentaba racionar mis emociones como podía.
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Dorcas Meadowes el Jue Dic 27, 2018 3:33 am

Ahí siendo una bolita llena de comida y amorcito recibido de todo el día fue que le compartí mi pensar, un poco inspirado en esa película romántica, que quieras o no igual te saca un suspiro, o te hace pensar, mira tú...¿cómo sería estar con alguien?...sentir ese cosquilleo, y pensar que el amor aveces puede ser muy bonito. Y claramente Danny se sorprendió de mis decires, porque la verdad no hablábamos mucho de eso, y no porque lo evitaramos sino porque la mayoría del tiempo no había mucho que contar en ese ámbito. Pero eso de estar en un refugio 24/07 te da para pensar muchas cosas, y una de ellas había sido aquello. Pensar en ese lado de mí que conscientemente no había querido habitar, quizás por desidia, o vergüenza, mucha mucha vergüenza y timidez.

Luego las cosas se volcaron un poco, volviendo siempre a ese punto sin retorno que se ha apoderado de todas mis conversaciones estos últimos dos años. Ese anhelado cambio, esa añorada libertad, ese pensar y querer creer que las cosas algún día, ojalá cercano pudiera volver a hacer lo que se me diera la gana,- ¿Iremos a recorrer el mundo?.- le pregunté con una sonrisa traviesa tras escuchar sus palabras.- Cuando todo pase podríamos ir a mochilear al sur, o irnos de acampada algún lugar, no sé, ser libres...quizás viajar a otro país ¡o hasta cruzar el charco!.- exclamé toda emocionada.- Vale, vale, que me calmo, que aún no puedo ni salir a la esquina sin temer que aparezca alguien con ganas de capturarme por un par de galeones.- terminé por decir suspirando, pero sin perder la sonrisa, es que soñar era gratis, y algo muy bonito.

- ¡Que poca fé me tienes, Maxwell!.- exclamé haciéndome la ofendida, negando con la cabeza y todo.- Él me beso, claramente.- agregué después, aceptando mi amebismo amoroso.- Bueno, no sé si fue exactamente un beso como tal ya que yo más bien me quedé en plan shock, y luego roja tomate rogando que me tragara la tierra. - admití divertida, es que ahora a distancia me daba mucha risa recordar esa situación.- No besaba mal, pero yo a Peter lo veía como una amigo. Después pensé que tal vez había sido eso también, digo, el que yo lo viera como amigo que no me hizo responder. No lo veía de otra forma, no sé...no sé nada, la verdad.- terminé por decir encogiendome de hombros sin darle mayor importancia la asunto.

Y luego le tocó el turno a Danny, y pregunté porque ella ahora yendo a la Universidad podía conocer a mucha más gente, y soy consciente que las dos juntas no alcanzamos ni hacer una en el plano amoroso, pero es que a mi no me calza que mi amiga aún estuviera sola y que alguien todavía no quisiera estar con ella. Sé que no puedo ser muy objetiva, ya que mi amor por Danny es inmenso, pero joder, que ella es una mujer grandiosa, inteligente, guapísima y una caperuza en la patineta. Es que si eso no era la perfección, yo la verdad no sabría que es.

Y mira la muy, hizo que se me subiera todo el hype al escuchar su primera frase, abrí mis ojos como dos platos y me acomode en la cama como cual suricata, tomando un puñado enorme de palomitas de maíz, es que a mi me encanta el salseo, y más si era del bueno. Se me desencajo la mandíbula y hasta me sentí toda pasada a llevar pensando que no me había contado esas cosas, ¿qué le costaba decirmelo? ¡Si nos veíamos casi todos los días! Y yo era su amiga, su BFF, y estaba a punto de ponerme a reclamar y pedir que me mostraran el contrato de amistad imaginario para exigir mis derechos como una de sus mejores amigas hasta que escuché el nombre de Paolo, el italiano, y  lo entendí todo. Y mi rostro cambió de sopetón a uno neutro, de patata aplastada.- Si serás, ¡que por un momento me lo he creído!.- admití lanzandole una de las almohadas más cercanas, para luego ponerme a reír junto a ella. Es que yo insisto,no entiendo cómo es que mi amiguita aún sigue sola sin un perrito que le ladre.

Me dolió la panzita de tanto reír (y comer) por lo que me lance de espalda en la cama, y cuando nombre a Edward, me giré como cual pez fuera del agua para mirarla mejor.-  Sí, sí. Lo recuerdo, es con el que vas a ver partido de Quidditch ¿no? El que fuiste al Torneo en Japón, y cuando fue el ataque...- le señalé mientras buscaba en mi cabeza más cosas que Danny me hubiera comentado de él, y al parecer creo que sólo había sido eso. Y de pronto, silencio y la miré.- ¿Por qué?.- pregunté arrugando la nariz curiosa, luego entrecerró los ojos.- ¿Qué pasa con él? ¿PASO ALGO CON ÉL?.- terminé por preguntar después levantándome y todo, quedando sentada y mordiéndome el labio de la curiosidad. Es que yo ya les dije, a mi me encanta el salseo, y del bueno.
Dorcas Meadowes
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Dorcas MeadowesFugitivos

Danielle J. Maxwell el Vie Ene 04, 2019 3:07 am

Viajar, qué guay. La verdad es que nunca había ido con Dorcas a ningún lugar que no fuese los alrededores de Londres o, en este caso, mi casa en Finlandia, un lugar al que podía acceder fácilmente porque es mi hogar. No había hecho ningún tipo de viaje con ella nunca, pero algo me decía que eso daba igual y que seguramente un viaje con ella sería como mínimo épico. Sin embargo, como había dicho, ahora mismo no era momento de hacer viajes sobre todo con el miedo que tenía ella—y yo—de que alguien le pudiera hacer algo.

¿Un par de galeones, Dorcas? ¿¡Un par de galeones!? ¡Pero si con lo que pagan por ti uno podría comprarse una casa! Bueno, una casa quizás es pasarse, ¡pero un apartamento seguro! La de veces que habré pensado en darte al gobierno para poder independizarme... —bromeé con mucha diversión, guiñándole un ojo.

Era gracioso porque yo me creía pobre, lo que aún no era consciente de que me estaba por llegar una herencia de un abuelo al que apenas conocía, gracias al apellido de mi madre que prácticamente no uso para nada. A fin de cuentas, aunque haya tenido cero relación con la familia Hawthorne, seguía siendo una de ellos. Una de las pocas que quedaban, al parecer. La verdad es que mi abuela May (Hawthorne) me mantenía bastante al margen, de hecho no me había dicho que mi abuelo estaba enfermo. Y yo no tenía ni idea del por qué de ocultármelo.

Le pregunté por el tal Peter, que era la única persona de la que yo tenía consciencia de que mi amiguita Dorcas no era una ameba como yo. Aunque vamos, teniendo en cuenta nuestra escasa experiencia en ese ámbito, ambas pertenecíamos a la familia de las amebas con mucho gusto. Lo que le decía de Peter era gracioso, ya que a mí me había pasado algo parecido cuando Raymond me había besado en Hogwarts. En plan: 'Uy, no sé si me está gustando o me parece muy raro.' Y luego ya caí en la cuenta de que era muy raro.

Es normal, supongo. Los besos son raros, ¿no? Es decir, si no sientes nada por esa persona son como... incómodos. No sé, yo solo he besado una vez también y es muy incómodo. —Pero luego me ponía a pensar en besar a alguien a quién sí me gustaría besar y... no sé, no me parecía que resultase incómodo.

Y finalmente, en un arranque de creatividad, me empecé a inventar a todos mis pretendientes como si realmente alguien como yo pudiese llamar la atención de tantas personas. Lo mejor de todo fue ver la cara de Dorcas que, en cierto momento, hasta llegó a creerse todo. Yo le quité importancia porque era evidentemente TODO mentira y, de manera totalmente natural, introduje el tema de Edward. Y tú te preguntarás: ¿por qué narices mencionas a Edward? Y es que era una de esas personas a las que no me importaría darle un beso, ¿sabes? Aún recordaba aquella fiesta de primavera, en la barra y… ¿habían sido percepciones mías o ahí podría haber pasado algo? Y claro, seré ameba, pero creo poder identificar cuando alguien me gusta.

TÍA, QUÉ INTESA TE PONES —le respondí sobre la marcha cuando se puso así, que hasta se sentó frente a mí esperando que le contase, no sé, un argumento similar a una película romántica que obviamente no tenía, o un algo super romántico que yo, como AmebaDanny no podía sentir en mi sentimientos de ameba. —No te me pongas así, que me intimidas. No ha pasado nada —dije, desilusionándola seguro. Por cómo me miraba ella ya esperaba el máximo dramote en el que ya nos hubiésemos besado, pero él en verdad tuviera dudas y luego yo tuviera dudas, pero luego no tuviéramos dudas, pero luego en verdad sí y al final aparecer otro, pero es un malentendido y luego al final nos besamos apasionadamente declarándonos nuestro amor bajo la luna llena y una lluvia torrencial. —PERO creo que podría haber pasado algo. No sé, quedo mucho con él y eso. Y creo que me gusta y que al menos cuando tenemos alcohol en las venas, yo también le gusto… —Abrí los ojos de repente. —NO SÉ, ES RARO. —Y me reí divertidísima. —Es que por norma general somos muy normales en plan amigos y yo no sé identificar esas cosas, pero creo recordar en mi memoria de alcohólica que ya sabes que es muy olvidadiza, que en la fiesta de primavera a la que fui... casi, casi... pudimos besarnos. No sé...

Una cosa había quedado clara y es que YO NO SÉ. Danny Snow era yo.
Danielle J. Maxwell
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Dorcas Meadowes el Jue Ene 17, 2019 3:36 pm

Cuando uno está con amigos se permite soñar a lo grande, porque a su lado crees que todo es posible, y el futuro se vuelve más bonito. Es por eso que pese a ser consciente del estado actual del mundo mágico, con Danny yo me permito soñar, me permito imaginar un futuro donde las dos podamos recorrer el mundo, descubrir nuevas culturas y vivir aventuras. Y de verdad quiero creer que podemos llegar a cumplir ese anhelo, de verdad quiero creer en mejores días donde no debo temer recorrer el planeta sin ser capturada. Es por eso que dejé aquel sueño guardadito en mi caja de cosas por cumplir, con la esperanza de que más temprano que tarde se hiciera realidad.

- ¡Hey!.- le reclamé haciéndome la ofendida, hasta me llevé mis manos a la cintura y todo cuando dijo lo de entregarme para tener su propio departamento.- Con esos amigos quién quiere enemigos.- agregue negando con la cabeza y mentón en alto, para terminar riendo.- La verdad me gustaría costar dos galeones, así soy la menos tentadora de la camada para los cazarrecompensas.- dije con una mueca en mis labios de frustración y suspiré.- Aunque la verdad me gustaría que ningún fugitivo fuera tentador...- seguí diciendo adoptando cada vez más una mueca triste.- Mejor no hablemos más de estas cosas que me pongo malita.- terminé por decir sacudiendo mi cabeza en un intento de alejar todo pensamiento que no aportara a la felicidad que habitaba en nosotras hasta ese momento.

Y el siguiente tema fue uno que de seguro nos tendrá a las dos, amebas de profesión, sonrojadas todo el tiempo que estuviéramos hablando de ello. La primera parada fue hablar de besos, plano en el que yo aún me encontraba en pañales, ya que en mi vida sólo he besado a un chico, y la verdad ni siquiera sé si realmente titularlo como un beso, porque no sé si quedarse congelada mientras el otro une sus labios con los tuyos es realmente eso, pero bueno era lo único que podía comentar, mi salsa era bastante aburrida la verdad.

- Sí lo son, pero también creo en lo que dices, eso de que son así porque no es la persona correcta. Creo que si esa persona te gusta uno simplemente se deja llevar ¿no? y se convierte en un cubito que se derrite con el sol.- reflexioné toda profunda, para luego burlarme de mí mi misma y mi mini momento poético/metafórico/amoristico con una risita.

Y luego vino el momento de Danny, quién me hizo flipar en todos los colores cuando comenzó su relato, y yo la ilusa y creyente amiga iba ahogándome con cada palabra y nombre que agregaba, sintiendo emoción e indignación por igual, que uno como mejor amiga tiene derechos, y uno de ellos es saber de las primeras, y quizás segunda o tercera sobre los salseos amorosos, hasta que el nombre de ese italiano apareció y toda la ficción armada se desmoronó,  mi primer impulso fue lanzarle almohadas voladoras a mi amiga por andar jugando con mi sentimientos en niveles tan altos. Pero de pronto, apreció un nombre que si logre identificar y que hizo que mi lado cotilla volviera salir de la cueva y situarse en lo alto de una montaña como cual suricata.

- Siempre he sido intensa no sé porque te asombras.- le dije poniendo una pose como "Vamos ¿cuántos años ya?, Sis. Dah".- Sigue, sigue, soy toda oídos.- agregué rápidamente con los ojitos brillantes y expectantes.- Oh...- solté, un poquito desilusionada cuando me dijo que no había pasado nada, es que mi mente funciona muy rápido ¿vale? y es muy imaginativa por lo que ya me había imaginado al menos tres escenario distintos(todos muy románticos y divertidos) con los dos de protagonistas. Hasta que apreció el no siempre bien ponderado "PERO",  mis ojos volvieron a ganar brillo y mi mano derecha volvió agarrar un puñado de palomitas de maíz para llevarmelas a la boca de sopetón. Cotillear me abría el apetito, que al parecer aún tenía después de comer como para un regimiento y más. Solté un chillido que no podría describir cuando escuche el "creo que me gusta" y después el "...yo también le gusto", y subieron en intensidad mis sonidos extraños cuando dijo "...casi nos besamos", hasta que...- ¿EN LA FIESTA DE PRIMAVERA?.- le pregunté con ojos de plato.- ¿Y tú recién vienes a contarme esto? ¿Qué esperabas? ¿Que me volviera anciana?.- le espetó frunciendo el ceño.- ¡Me cachis! Que sé que soy una fugitiva y es difícil visitarme, pero existe algo llamado móvil.- agregué todo ofendida, pero en broma porque yo no me iba a enojar por cosas así, pero quería dramear un poquito. Pero sólo me duró un par de segundos ya que luego lo olvidé y me acerqué más a ella, porque si decía que la intimidaba, pues bien...lo iba a hacer con todo.- Detalles, detalles, quiero detalles.- le dije sonriente, pero luego un nuevo recuerdo me saltó.- Ay, haz dicho que te gusta, que lindo...ay.- el rostro que tenía en ese momento era el de alguien que ve un gatito todo tierno jugar con una bola de lana.- Yo no sé mucho de él, la verdad. Debo conocerlo, debes presentarmelo, Danny. Soy tu amiga, debo dejarle algunas cosas en claro. Primero, decirle que si te llega a hacer daño verá la furia infernal Meadowes, que me puedo ver una tierna y dulce gatita, pero me puedo convertir en una pantera.- le dije adoptando la mejor pose que tengo de guerrillera furiosa. Yo agarro vuelito rápido ¿vale? por lo que en mi mundo, ellos dos ya estaban juntos, porque si a ella le gusta y a él también, es algo obvio ¿no? tan simple como saber que dos más dos con cuatro.

De pronto me dió frío en mis piecesitos y me arrastré hasta meterme debajo de la cama, de paso invite a Danny con mi manito a venir a mi refugio debajo de las mantas.- ¿Qué haremos mañana? tengo curiosidad.- le dije mirándola expectante.- ¿Iremos a recorrer?.- le pregunté mordiéndome el labio inferior emocionada.
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Danielle J. Maxwell el Sáb Ene 19, 2019 4:00 am

A mí tampoco me gustaba hablar de que mi amiga tenía un precio para motivar a los cazarrecompensas a que la matasen, por lo que me pareció fantástico cambiar de tema. Que la gente no lo pensaba, pero ahora mismo las personas de nuestras generación estábamos viviendo un mundo muy hecho mierda: ¿os dáis cuenta de lo que teníamos que vivir, en mitad de una guerra injusta? En fin… no quiero ponerme filosófica ahora.

Hmmm… ¿un cubito que se derrite con el sol? Su metáfora me hizo sonreír, intentando imaginarlo. No sabía si nos estaba llamando ‘PERSONAS MÁS FRÍAS QUE EL PUTO TÉMPANO’ con eso de cubito o sencillamente que la otra persona era capaz de derretirnos igualmente por un beso que de verdad valga la pena. Lo cual me hacía avergonzarme sólo de pensar en ‘derretirme’ frente a Edward. Es decir, yo ya sabía qué era ‘derretirse’ y sólo de pensarlo había hecho que me subiesen los dichosos colores. No comenté nada al respecto porque tampoco sabía qué decir.

—Me asombro porque ahora me estresaste, normalmente eres intensa con otra gente, no conmigo que nunca tengo nada que decir interesante. —Y ya cuando empecé a contarle, la desgraciada se volvió más intensa todavía. ¡Dorcas, pero déjame vivir! No pude evitar reír cuando preguntó que si le venía a decir todo esto ahora. Lo cual era gracioso, porque por mucho que no se lo hubiera contado y metiese al pobre móvil de por medio, en realidad yo iba a verla muy a menudo. —¡Tía, a mí me tienes que dejar tiempo para procesar mis movidas! ¡No podía decírtelo justo después de que pasase porque estaba intentando asimilar mi vida! —Le respondí yo, divertida, sabiendo que ella estaba de broma. —¡No hay detalles, tía! ¿Qué detalles quiere que te de?

En realidad se me había aparecido de nuevo el recuerdo de la fiesta y recordaba perfectamente todos los detalles. De como Eddie se acercaba a mí de manera sugerente hasta que mi espalda chocó contra la barra, de cómo mirar sus labios, de prácticamente cerrar los ojos y… ¡empujón! Volví a ruborizarme. ¡Menos mal que Dorcas no sabía por qué! Suspiré.

—No sé qué pasará, tía —le dije claramente cuando dijo que si le hacía daño iba a conocer la furia infernal de Meadowes. —En realidad estoy un poco indecisa porque… sé por su ex novia que Edward le engañó. Y… no sé, yo no lo veo capaz de hacerme daño, ¿sabes? ¿PERO Y SI SÍ? —Pregunté con énfasis. —Nunca he hablado con él de eso. De hecho no creo que sepa que yo lo sé. Pero vamos, ya te puedes imaginar que como pase algo y haga algo parecido, también sufrirá mi ira. —Y reí.

Seré una ameba. Una ameba real. Es por eso que como alguien me haga daño, el ejércitos de amebas saldrá en busca de venganza hostil. Así que como un buen conjunto de amebas, me metí debajo de las mantas junto a Dorcas, dándole un abracito. Era guay porque siempre usaba a Dorcas como mi peluche, pero en plan real: aplastándola, babeándole todo lo posible e intentando abrazarla como un koala. No sabía cómo le gustaba dormir conmigo con todo lo que le maltrataba—en el buen sentido de la palabra—bajo las sábanas.

—Hmmm… —Sopesé la idea de decirle que le tenía una sorpresa preparada, pero no se la dije porque sino no se iba a quedar dormida y yo mañana tenía que levantarme antes que ella para LA GRAN SORPRESA. —Sí, iremos a dar una vuelta. Ya mañana te digo, que hoy tengo sueño.  


AL DÍA SIGUIENTE, BIEN TEMPRANITO

Le había dicho a mi madre que me levantase a las nueve de la mañana porque había quedado—por el cambio de horario y eso—a las diez mías con los padres de Dorcas en Londres. Y no quería poner el despertador porque corría el riesgo de que Dorcas también se despertase. Así que cuando escuché los susurros de mi madre desde la puerta, me levanté lentamente de la cama sin hacer ruido ni mucho movimiento para no despertar a mi amiga, para luego irme a hurtadillas hacia fuera. Yo, que soy super inteligente, no había dejado muda de ropa fuera con la que vestirme, por lo que desde la puerta tuve que utilizar la magia para hacer el mínimo de ruido posible en traerme la ropa del armario, ya que no me fiaba de mi arte con el sigilo.

Era gracioso ver a mis padres detrás de mí, animándome y alucinando, como siempre, con la magia. Cada vez que cogía un calcetín mi madre me daba una palmadita en el hombro.

Bueno, en fin. Después de tomarme un yogur para no morirme por el camino, vestirme y despedirme de mis padres después de darle unas CLARAS DIRECTRICES me aparecí en casa de mi abuela, en Londres. Gracias a que antes de que cambiase el gobierno había aprendido a aparecerme fuera de los límites internacionales a mi casa en Finlandia, aún podía hacerlo. Pero a los padres de Dorcas tenía que ir a buscarlos a donde habíamos quedado: un centro comercial.

Una hora después y gracias a un traslador y un baño muy despoblado de personas, terminamos en mi casa de nuevo, en el piso inferior. No me había dado tiempo de decirle mucho a la familia de Dorcas nada más encontrármelos, ya que el traslador estaba programado para una hora y YO—porque soy un desastre—llegué tarde.

—Perdón por haber llegado tarde. —Les dije a Margaritte, James y Emma. Madre, padre y hermana menor de Dorcas. Ellos le quitaron hierro al asunto, pues estaban encantados e ilusionados por volver a ver a su hijita. —Ella está arriba, en mi habitación. Está durmiendo todavía, ¿verdad? —Miré a mis padres, quiénes me asintieron. Yo sonreí, contenta. —Id al comedor, que mis padres han hecho el desayuno. ¡Voy a llamarla!

Así que subí corriendo las escaleras como si me fuese la vida en ello y abrí la puerta de mi habitación, con una sonrisa radiante, esta vez sin preocuparme por mi sigilo. Corrí hacia la cama y me tiré encima.

—Dorquiiiiiis… —Canturreé. —¡Es hora de levantarse! ¡E ir a desayunar para poder enseñarte mi regalo de cumpleaños! ¿O te creías que mi regalo era encerrarte en mi casa durante un fin de semana y regalarte unos rasguños por caerte al skate? ¡No, no, no! —Y le hice cosquillitas por encima de la manta, sin ser muy malvada. —¿Estás preparada para mi sorpresa? No creo que estés preparada para mi sorpresote…

Esperaba que no se enfadase, la verdad. Podría ser un riesgo que Dorcas se reencontrase con su familia, pero creía que era lo que quería. Había hablado mucho con ella de lo mucho que los echaba de menos y… ahora mismo sus padres ya estaban fuera de peligro después de dos años, así que en otro país nadie iba a reparar en eso.
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Dorcas Meadowes el Mar Feb 05, 2019 3:56 am

Estoy de cumpleaños, eso quiere decir que los pensamientos malos, al menos por hoy, están de vacaciones bien lejos de nosotras. Nada de guerra,  ni de hijos de muggles perseguidos por cazarrecompensas sedientos de dinero. Eso ya mañana puede volver aparecer, o mejor cuando vuelva a Londres. Sí, eso es mucho mejor. Aquí, seguiré disfrutando como si simplemente estuviera de vacaciones en la casa de mi mejor amiga, hablando de la vida, riendo hasta que nos duela la barriga y mejillas, comiendo hasta quedar como bolitas, viendo películas saca suspiros, y disfrutando de la compañía de la otra felizmente.


La palabra amor por supuesto que tuvo que aparecer,como no iba ha hacerlo si acabamos de ver una película que su bajada debería ser "miel extra azucarada". Mis suspiros y reflexiones dieron inicio a todo, y juntas nos embarcamos, como amebitas gold, en la ruta de nuestra vida amorosa. Yo por mi parte, no tenía nada nuevo que contar, más que esa sensación que había surgido en mí de pronto (que de seguro fue culpa de la película ¡Maldito Ryan Gosling y su sonrisa encantadora!) de querer encontrar alguien, quizás no hoy, quizás no mañana ni en un año más, pero hacerlo, sentir ese cosquilleo en el estomago, sentir cómo de pronto mi mirada se ilumina con la presencia de alguien, o mi corazón empiece a palpitar más rápido. Ya que hasta el momento lo más cercano a esos sentimientos fue cuando Vilma me trajo de regalo el último libro de Murakami. Y por más que amo a ese señor, no quiero que esa sea mi sentir más cercano a lo que todos los mortales denominamos amor.

Y fue allí cuando apareció Edward Westenberg, porque quizás yo no tenía nada  que contar pero Danny Maxwell sí que tenía. Lo primero que pensé (debo confesarlo) fue: Joder, que apellido más complicado. Menos mal que suelo llamar a la gente por su nombre, sino me vería como un dinosaurio tratando de hablarle a una humano. Porque sí, yo pretendía conocerlo, quizás más tarde que temprano, pero hacerlo. Lo había visto un par de veces en Hogwarts, y había escuchado de él otro par de veces por Danny, pero más allá de eso y de su apellido, mis pensamientos hacia él eran muy escasos. Es por eso que quería detalles, hasta los más mínimos, pero al parecer mi querida amiga había olvidado el significado de esa palabra.

Suspiré y clavé mi mirada en ella- Detalles, Danny. Detalles. Cómo fue, en qué estaban, qué te dijo, o qué le dijiste tú, cómo iban vestidos...¡oh! ¿tienes fotos?.- pregunté mirándola con mis ojos bien abiertos y brillantes. Mi amiga se quedó en silencio y de pronto sus mejillas se tornaron rosadas, sonreí ampliamente.- ¡Te has sonrojado! .- exclamé divertida. Es que, deben entenderme, de los nueve años que conozco a Danny jamás la había visto así, porque repito, somos amebas profesionales (en lo que el ámbito amoroso respecta, y otras cositas) de esas que tienen mil cosas antes que hacer en vez de hablar de chicos. - Está bien, no tienes que contarme los detalles ahora, si es que aún ¡Después de los mil años que han pasado de la fiesta de primavera!...- dramee, dedicándole una mirada acusatoria.-... no tienes procesadas tus movidas.- terminé de decir sonriente. Para luego, dejarle bien en claro que ese niñito, tenía que saber que meterse con Danny era cuidarla y quererla nivel ocho mil, nada de pocas cosas ni daños futuros, porque si eso llegaba a ocurrir, uff...arderá Troya nuevamente.

Arrugué mi nariz y ceño cuando señaló que estaba indecisa, tomé más palomitas de maíz y la escuché atenta. Abrí la boca sorprendida cuando me contó lo del engaño, pero la cerré rápidamente para no verme como una boba copia de El grito de Munich. Y busqué y busqué rápidamente en mi cabeza si alguna vez ví a Edward con alguna chica, pero nada.- ¿Quién era su novia?.- pregunté sólo por curiosidad, ya que sí Danny la conocía y tenía la confianza como para que ella le contase eso, es porque era de Hogwarts, y eso quiere decir que yo la conocía, y cuando yo escucho historias me gusta tener la imagen de las personas en mi cabeza, porque sino mi mente funciona muy rápido y ahora mismo la ex novia de Edward es la cantante Lilly Allen, ¿por qué? Ni idea, ni yo misma me entiendo aveces. Pero ya, a ver, volvamos a lo importante.- Ya, entiendo. Y bueno, sí. Es bastante feo saber que el chico que te gusta a su anterior novia la engañó. Pero, Edward es tu amigo ¿no? digo, antes de que su relación comenzará a tomar otros rumbos...- le moví las cejas más una sonrisa de you know what I mean.- ...por lo que creo que existe la suficiente confianza entre los dos, como para que si llegase el momento en que las cosas cambien aún más, pues puedan hablar de ello. Es que siempre he creído que todas las relaciones se basan principalmente en la confianza, en saber que el otro jamás querrá hacerte daño, al menos no intencionalmente y por eso uno confía y se entrega y es tal como una es con la otra persona, por lo que si ese hecho ronda por tu cabeza más de la cuenta, creo que deberías hablarlo, para empezar con buen pie ¿no? Además (no es por justificarlo, eh.) pero las personas cambian, el tiempo pasa y bueno, nosotras no somos las mismas de hace dos o tres años atrás.- le señalé encogiendome de hombros y suspirando.- Pero bueno, pase lo que pase con el de apellido complicado, yo quiero saberlo todo Danny Maxwell, con lujo de detalle o dejaré de decirle al mundo que eres mi mejor amiga del mundo mundial ¿vale? y diré que es Susan la ex Ravenclaw fugitiva de la habitación 404.- traté de ponerle mi rostro más amenazador, pero vamos, todos saben que a mi amiga jamás podré ponerle ese rostro, o bueno, no por estas cosas.

Y buah, las sabanitas suaves me sedujeron descaradamente y terminé en menos de un pestañeo debajo de ellas cubierta hasta la nariz. Recibí el abrazo de mi amiga feliz, y de ojos cerrados junto a una enorme sonrisa, le dije.- Duerme bonito, Danny. Gracias por hoy, fue maravilloso. Te quiero muchito.- le di un apretón dentro del abrazo para luego voltearme a mi lado favorito y entregarme más que feliz a los brazos de Morfeo.

***

Y adivinen quién terminó soñando que comía helado con Ryan Gosling...ajam, yo. De hecho de seguro Danny me vió con una sonrisa toda boba en el rostro cuando me vino a despertar de una manera tan...sútil.

Abrí los ojos de sopetón y la miré sin entender aún que ese adorable sueño que estaba teniendo no era verdad, sino que mi realidad era encontrarme en Finlandia junto a mi amiga que se veía toda campante sobre la cama.- Hmmmm.- gruñí moviendo mi cuerpecito como un pez fuera del agua, en un intento de alejarme de esas cosquillas malévolas.-  ¿Desde cuándo tú te levantas antes que yo y tan... animada?.- pregunté mientras me sentaba en la cama y me desperezaba llevando mis manos a mis ojos para aclimatar mi visión. Y cuando lo hice y la ví ahí tan feliz, no sé...como que me dió un cosquilleo, de esos que te avisan que algo muy lindo está por ocurrir.- ¿Qué regalo me tienes?.- le pregunté entrecerrando mis ojos sonriente, es que esa mirada que tenía, y esa sonrisa...

Claro que no me lo quiso decir y yo tuve que ir con toda la incertidumbre del mundo a bañarme, para luego arreglarme rápidamente y correr prácticamente hacia el comedor. Pero me detuve en seco a dos pasos de llegar a el, esa risa...esas voces...No, no, no es posible, ellos...no. Pensé para mis adentros sintiendo como mi corazón comenzaba a latir rápidamente, inspiré aire profundamente y entré por completo.

Y no me había equivocado, Danny había logrado lo imposible, frente a mí se encontraba mi familia, mis padres y hermana pequeña, con sus sonrisas amplias, con sus miradas acogedoras, y con esa sensación  de hogar que venía junto a ellos de manera natural. Yo me quedé prácticamente en shock, como una estatua que le lloraban los ojos de la emoción. Y no fue hasta que los tres se abalanzaron a abrazarme que volví al mundo terrenal, recordando que debía respirar y moverme para vivir.

- Feliz cumpleaños, nuestra querida .- les escuché decir, me quebré por completo y los abrace fuertemente.- Están aquí, no puedo creerlo, de verdad están aquí.- les dije con mi cabecita hundida en el pecho de mi padre y mis manitos aferrando fuertemente a mi madre y hermana. No sé cuánto tiempo estuve allí, abrazandolos y llorando emocionada pero no me importo porque ¡mi familia está junto a la familia de mi mejor amiga en Finlandia! Mi pequeño y delgado cuerpo ya no podía más de la alegría.

Me alejé y me sequé el rostro con una enorme sonrisa y ojos brillantes.- Danny nos habló hace un tiempo para que planearamos todo esto, ya que sabía lo importante que era para tí y para nosotros pasar esta fecha juntos. Queríamos viajar ayer pero nuestros trabajos no nos lo permitieron, pero aquí estamos, hermosa mía. Juntitos.- me dijo mi padre con esa sonrisa que ilumina todo su rostro sobre todo sus claros ojos.- Tienes una gran amiga, Dí.- me comentó mi madre dándome una besito en mi cabeza. Miré a Danny.- Lo sé, tengo la mejor amiga de todas.- dije en voz alta ofreciendo la mejor de mi sonrisas.

- Dí, Dí, Dí ¡Mira, tenemos un nuevo hermanito!.- escuché decir a mi hermana tras mi espalda, me giré enseguida con rostro de ¿WHAT? y la ví, más alta desde la última que la ví y con una bola de pelos en sus brazos, una hermosa bolita de pelos.- Lo encontramos con mamá llorando una tarde en un basurero, tenía un ojito menos y lo llevamos rápidamente a un veterinario, y desde allí que está junto a nosotros.- me contó animada. Mire a mis padres, mi madre se encogió de hombros y mi padre suspiró, sabía muy bien que ninguno era muy amante de las mascotas pero también sabía que a Emma muy cosas se le podían negar ¿Es que acaso no han visto lo adorable que es?.- Mira Fred, esta es nuestra hermana Dí, la que tanto te he hablado. Saludala Fred, vamos.- dijo acercando el gato hacia mí, sonreí ampliamente.- Hola Fred, un gusto conocerte.- saludé al gato acariciando su cabeza, el enseguida reaccionó moviendose cariñosamente, maullando dulcemente de vuelta y les juro que por un momento creo que me sonrió. Sí, a mí y todo feliz, como si realmente estuviera contento de conocer a la chica que tanto le ha hablado Emma.

Miré a Danny nuevamente y corrí hacia ella para abrazarla.- Gracias, gracias, gracias, gracias.- le dije muchas veces seguidas.- Lejos este es el mejor regalo de todos.

Los Meadowes:
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Danielle J. Maxwell el Mar Feb 12, 2019 5:12 pm

Yo es que era de asimilación lenta, ¿sabes? Vale, no, no tanto. El caso es que por mucho tiempo que hubiese pasado desde la fiesta de primavera, en mi cabecita todo se había intensificado con el tiempo, entonces lo que ocurrió allí era como una especie de detonante de los sentimientos y eran esos sentimientos actuales los que todavía no terminaba de procesar. ¿Debería decirle que iba a ir al Magicland con él? ¿O quizás eso era rizar el rizo y terminaría por hacerme una lista de las cosas qué hacer? ¡Es que Dorcas se volvía muy intensa y me daba miedo, que yo con estas cosas soy muy ameba!

—Synnove —le respondí a la pregunta, para luego escucharla con atención. Yo entendía perfectamente su punto, ya que era lo que yo quería pensar: éramos amigos, nos contábamos las cosas con confianza... ¿por qué iba a engañarme en vez de decirme, en el caso de que ocurriese algo, que le gusta otra persona? Es decir, a mí es que me parecía tan feo eso de engañar a una persona que ha confiado en ti... era una traición y mi corazón de Hufflepuff no lo entendía. Ahora mismo quería pensar que entre Edward y yo no había secretos, pero claro, en el mismo Magicland me daría cuenta de que sí que había algún que otro secreto que no tenía ni idea y eso me iba a dar qué pensar. —Pero no puedes pensar así en general: si no no habrían relaciones que se rompen por una infidelidad. En vez de partir del hecho de que una relación se empieza con confianza, deberías partir del hecho de que hay personas malas y a esas personas malas les da igual jugar con otras personas. —Me encogí de hombros. —No tengo ni idea de qué relación tenían Synnove y Edward antes de empezar a salir; a lo mejor eran muy amigos también...

Pero al final no tuve más opción que encogerme de hombros de nuevo y asentir con la cabeza. Dorcas había dicho lo más lógico a hacer: hablar. Y es que hablando se entiende la gente y no había nada más horrible que dar las cosas por hecho y equivocarte.

—Sí, no sé que pasará —repetí, como un loro pesado. —Pero pase lo que pase, supongo que será algo de lo que hablar. No sé, es raro conocer a una persona tan bien como la conozco a él y luego tener información que no me pega nada con lo que sé de él, ¿sabes? Pero bueno... todo sería hablarlo.


Al día siguiente: 9:32 horas

¿Cómo no me iba a hacer ilusión ver a mi amiga TAN FELIZ por reencontrarse con sus familiares? Ay, no lo sé, quizás me había metido en terreno pantanoso y Dorcas hubiera preferido que no metiese a su familia muggle en mitad de todo esta locura gubernamental nazi... ¿pero de verdad podía quedarme de brazos cruzados sabiendo lo mucho que mi amiga echaba de menos a su familia, cuando podía hacer esto por ella? Y es que pensándolo fríamente: lo que mejor que podía regalarle por su cumpleaños no era más que un poquito de libertad y el poder ver a su familia, dos cosas que le habían arrebatado sin previo aviso. Y me parecía tan injusto que... un poquito de justicia, por peligrosa que fuera, merecía la pena, ¿no?

Cuando Dorcas bajó las escaleras y se encontró con sus padres, no pude evitar sentirme terriblemente feliz al verla a ella así de feliz. ¡Y es que joe, no seríamos hermanas, pero para mí es como si lo fuera! Me ponía muy mal ver que estaba encerrada en el refugio y verla triste y, de verdad, era de las pocas personas de las que me alegraba de que estuvieran bien, alegres y felices. Mientras ella abrazaba a su familia, yo me acerqué a mis padres. Abracé a mi madre por el torso—pues se notaba que no era hija biológica de ellos porque los dos eran altísimos y yo un gnomo de jardín—y ella me devolvió el abrazo, al cual se unió medianamente mi padre, acariciándome el cabello. Los tres sonreíamos como idiotas al ver el reencuentro.

Y aunque mis padres no me lo dijeran abiertamente: estaban muy orgullosos de que después de todo lo que había ocurrido en Londres y a mis compañeras, me comportase así con ellas. De hecho, ellos fueron los primeros en enterarse de todo mi plan, porque evidentemente llevar a Dorcas y su familia a la casa podía llegar a ser peligroso. Pero vamos, ¿qué iban a decirme ellos? De estar en otra situación, ellos hubieran deseado que a ellos les brindase esa oportunidad, por arriesgada que fuera. Y aunque tampoco lo dijeran en voz alta, ese tipo de comportamientos por mi parte, tan arriesgados pero bondadosos, le recordaban a los Maxwell, esas dos hermosas personas que me habían tenido pero yo no había tenido la oportunidad de conocer.

De repente, Dorcas se acercó a mí para abrazarme fuertemente y agradecerme mil veces por el regalo. Yo sonreí, feliz.

—¡Que me aplastas! —Me quejé, solo por quejarme, más divertida que nunca. —Lo sé —le dije entonces, sonriente, cuando dijo que era el mejor regalo. —Así que ahora a disfrutarlo porque tienes poco tiempo para estar con ellos. Y no te querrás perder ni un segundo, ¿no? Les he dicho que se queden hasta la noche y que cenen con nosotros. Tengo un traslador preparado para las doce y media, así que...

Estaba un poco nerviosa porque todo esto no lo había podido hacer de manera ilícitamente legal. Es decir: maquillar un poco la mentira. Como mis padres oficialmente eran muggles, el hecho de que yo viniera por motivos familiares a Finlandia, para el gobierno podía ser traición. Así que oficialmente estoy en Finlandia por motivos de documentación oficial, domiciliación y toda esa mierda de personas adultas. Por suerte había conseguido trasladores gracias a la Orden del Fénix, pues había un tipo muy simpático que me consiguió dos trasladores fuera del radar del Ministerio. Le debía un menú del McDonalds al tal Dexter Fawcett.

Me separé de Dorcas, mirándola sonriente.

—¿Qué quieres hacer? No hay planes: así que decides tú lo que quieras. —Y entonces me dirigí a todos, que estaban en el comedor. —Yo hablé con mis padres que ya que aquí se hace de noche muy pronto y tenemos el traslador tarde... ¿qué os parece ir de picnic a cenar a la montaña? No sé si lo sabéis, pero en Finlandia están de las mejores auroras boreales.

Qué buenos recuerdos me daba eso: ir de pequeñitas, de acampada con mis padres, a ver expresamente las auroras boreales. Eran muy, muy buenos recuerdos que no se me olvidarían.
Danielle J. Maxwell
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Dorcas Meadowes el Lun Mar 04, 2019 1:06 am

Las cosas de un momento a otro habían entrado en los océanos desconocidos del amour. Y yo cual ameba junto a mi amiga comenzamos a hablar de el y de paso ponernos al día de cómo se encontraba nuestro corazón y los habitantes que se encontraban merodeando. Por mi parte, no tenía nada nuevo que contar, más que mi anhelo de no quedarme como un fugitiva soltera por el resto de mi vida. No tenía prisa, pero si curiosidad de sentir alguna vez enamorada. Pero por parte de mi amiga Danny, pues más de una sorpresa me pillé. Por ejemplo los nuevos sentimiento con respecto a Edward, ese gryffindor de apellido raro, y del cuál Danny hace un tiempo era muy buena amiga.

Me habló de su confusión y de lo que le causaba inseguridad con respecto a él y su pasado. La escuché atenta hasta que mi curiosidad no dió para más y quiso saber más detalles, como el nombre de la chica que había engañado, por ejemplo. Abrí mis ojos y boca sorprendida cuando reconocí el nombre de la maga.- ¡Jo! pero si ella es tan adorable, ¿cómo pudo hacerle eso? .- pregunté, pero luego me arrepentí de aquello. Ya que mis palabras no ayudaban en nada a lo que ahora estaba sintiendo mi amiga, suspiré y traté de remendar lo que acababa de decir. Tratando de ser ese punto de equilibrio entre los dos, y comentandole que desde tiempos remotos lo mejor para solucionar esas dudas era el diálogo, lejos la mejor solución para toda duda, molestia o inseguridad mental entre dos o más personas.  Puse una mueca al escucharla.- Pues la verdad, ni siquiera sabía que habían estado juntos. Pero te repito, sea lo que sea que hubieran sido. Él y tú son personas diferentes, con historia diferente, y una relación diferente. Por ejemplo por más que Rhea, tú y yo fueramos grandes amigas, mi relación con ella es diferente a la que yo tenía contigo, porque compartimos diferentes vivencias y cosas que nos hicieron ser amigas, por más que compartieramos muchas cosas en común. Por lo que ocupar como referencia lo suyo creo que no es lo mejor. Y te repito, creo que el diálogo es la mejor opción si es que más adelante, pues bueno...las cosas entre los dos cambian.- le moví al cejas divertida y le ofrecí una gran sonrisa. Es que era la primera vez que escuchaba que a Danny le gustaba un chico y no quería que se sumergiera en un pantano sin salida, sin haberlo intentado primero. Ahora, si ese mago tenía la osadía de tratarla mal, pues que se preocupe porque verá la furia de mucha gente que ama a esta tejona maravillosa, eso debía tenerlo bien en claro, y si no lo sabía ya pronto yo se lo dejaría en claro.

- Así es, lo mejor es hablar. Y sí después de ello aún te sientes insegura, quizás él no sea la persona correcta. Porque debes estar con alguien que tu confíes, y no temas a que algún día te haga daño, todo lo contrario, debe ser alguien en cuál te sientas segura y feliz ¿de acuerdo? Además si no es él, habrán muchos más, y si no, ya si a los ochenta seguimos solas, nos casamos y tenemos un hogar en un campo enorme con muchos animalitos.- bromee divertida, para darle un abracito cariñoso.

***

Mi despertar fue muy curioso, ya que fue Danny quien me despertó, algo que sucedía rara vez, por no decir nunca. Por lo que ese fue mi primer indicio de que algo extraño sucedía, luego sólo me bastó escucharla y mirar ese rostro juguetón para saber que, al parecer, las sorpresas de mi cumpleaños aún no se habían acabado.

Mientras me bañaba pensé en las innumerables cosas que se le podrían haber ocurrido a mi mejor amiga para este fin de semana, y entre todas ellas jamás me imaginé la que muy pronto vería con mis propios ojos al bajar la escalera de su casa. Y no fue hasta que escuché esas voces y risas tan conocidas que descubrí de qué se trataba. MI corazón latió rápidamente y mis pies corrieron a ese anhelado encuentro. Y cuando aparecieron frente a mi esas personas tan amadas, y luego me hundí en sus brazos me puse a llorar de alegría. Lágrimas llenas de felicidad mojaban mis mejillas y el pecho de mi padre. No podía creer que lo que estaba viviendo fuera real, por un momento pensé en pellizcarme el brazo para cerciorarme que efectivamente había despertado y no me encontraba en un sueño dentro de un sueño. Que me ha pasado antes, eh. Pero fuera sueño no, quise disfrutarlo a concho, porque si iba a sonar la alarma pronto, yo quería vivirlo a mil ese hermoso momento.

Cuando logré pasar el shock que había sido estar con mis padres y hermana junto a la familia de mi mejor amiga, logré articular palabras. Mi hermana siempre tan dulce no tardó en mostrarme al nuevo integrante del clan Meadowes, un peludo gato que al igual que los demás integrantes parecía más dulce que el azúcar. Y cuando ya abracé y le dí mucho amor a todos ellos, mi siguiente parada fue mi adorada y mejor amiga del mundo mundial. Corrí a abrazarla fuertemente y por milesima vez en este fin de semana le agradecí todo lo hecho por mí, convirtiéndose lejos en el mejor regalo y cumpleaños de mi vida. - ¡Oh!.- exclamé pegando un saltito de sorpresa al saber que mi reloj de arena junto a ellos ya comenzaba a andar, quería aprovechar al máximo junto a todas esas personas hermosas, y recobrar energía para todo este nuevo año que comenzaba para mí.

Muchas cosas comenzaron a rondar por mi mente cuando Danny me tendió a mi la posibilidad de escoger lo que yo quisiera hacer, y era tantas las ideas que al final no era ninguna. Pero por suerte mi amiga me salvó de mi mente y me ofreció una idea maravillosa.- ¡Que lindo! Me parece perfecta esa idea.- exclamé animada, tendiendoles una sonrisa de los más radiante a todos los presentes.- Yo me ofrezco a preparar galletas de chocolate, las aprendí a hacer en el refugio. Sé que viene muy de cerca, pero realmente todos dicen que me quedan muy buenas.- les dije dulcemente.

- ¿Sabes hacer galletas de chocolate? Wow, pequeña. Tú siempre nos logras sorprender, eh .- dijo mi padre acercándose a mi nuevamente, y rodeando mis hombros con su brazo izquierdo para depositarme luego un besito en mi cabeza, que me hizo cerrar mis ojos y sonreír bobamente, como una niña pequeña.  

- Y por más que muero por probar esos deliciosos galletas, hoy la regaloneada eres tú. Así que nosotros nos encargaremos de la comida ¿vale? He traído muchas cosas en mi bolso, que pese a no ser mágico, puede guardar muchas cosas.- dijo mi madre guiñandome un ojo.- Y adivina que me entro dentro de el.... - comenzó a decir mi madre, dejándome que completara la oración.

- ¡NOOOO! ¿Me has traído tu maravillosa tartaleta de arándanos?.- preguntó con la boca abierta y ojos brillantes.- YEEEEEEEEEEEEEEEEY.- exclamé animada, pegando pequeños saltitos como cual conejito bailarín al recibir un sí de su parte.- Danny, Danny, Danny, ¿recuerdas que te comenté sobre esta tartaleta?.- le pregunté a mi amiga.- A todos les habló de tu tartaleta.- le dije a mi madre, que soltó una dulce risa.- Ahora podrás probarla y entender de que te habló cuando te digo que es mágica y profundamente deliciosa.- terminé de decirle a mi amiga con una sonrisa tan enorme que hasta mis mejillas me dolían.

Y tras un par de palabras de cariños más, todos nos pusimos manos a la obra. Mis padres junto a los de Danny comenzaron alistar todo para nuestro picnic, mientras mi amiga me ayudaba a mí a preparar galletas. No había chocolate en casa así que fuímos a comprar al supermercado más cercano. Ya que por más que me habían dicho que yo era la cumpleañera y debía descansar, yo toda testaruda insistí en querer cocinarlas, era mi manera de agradecer todo lo hecho por mí hasta el momento. Y por medio de la comida demostrar todo mi cariño para todos los presentes.

Y sólo tuvieron que pasar un par de horas para que todos ya nos encontráramos  en la montaña sobre unas mantas. En un momento me distancie y miré la hermosa imagen que tenía enfrente, queriendo sacar una fotografía mental que me diera la mejor energía en aquellos días en que la vida se pusiera más hostil. Y era una imagen tan bonita que mis ojos se pusieron brillosos, inspiré profundamente y agradecí a lo que fuera por haber hecho que en mi vida me encontrase con gente tan increíble.

Pero de pronto recordé algo que hizo que saliera de aquel pequeño trance que había entrado.- ¡La tarta!.- dije animada para abalanzarme a una de las canastas con comida, cuando la encontré la saqué cuidadosamente y de ojos brillantes.- Señoras, señores, señoritas y gatito, les presento la mejor tarta que probarán en su vida.- dije elevandola como cuál comienzo del Rey León.

- ¡Ay, Dí! No seas exagerada, me haces sonrojar .- exclamó mi madre ruborizada. Solté una risa divertida y la deposité sobre la manta para comenzar a cortarla en trozos y repartir un pedazo a cada uno.

Y cuando ya todos tuvieron un trozo, inspiré aire.- Bueno, antes de comenzar este increíble picnic, me gustaría agradecerles a todos los que se encuentran aquí por este momento tan especial. Hace más de dos años mi vida y la de todos aquí tomó un rumbo diferente, pero quiero decirles que por cosas como esta, y por personas como ustedes es que me levanto cada día con una sonrisa y con ganas de luchar por un cambio. Por un futuro mejor, en donde todos podamos disfrutar de estos momentos libremente.- hice un pausa, ya que la emoción de pronto me había invadido al ver a mis padres soltar un par de lágrimas por mis palabras.- De manera especial, quiero agradecer a mi amiga, hermana, confidente y la mejor compañera de aventuras que puedo tener, Danny Maxwell. Quién desde esa noche en que ambas quedamos en la casa de los tejones se convirtió en una de las personas más importantes de mi vida. Gracias, gracias e infinitas gracias por esto, ni te imaginas lo hermoso e importante que es para mí.- estaba siendo toda una cursi, pero debían entenderme, tenía en ese momento todas mis emociones a flor de piel.- Gracias también a sus padres, por alojarnos en su hogar tan hermoso y criar a una persona maravillosa.- le ofrecí una sonrisa a ellos para luego depositarlos en mi familia. Mi hermanita pequeña que había visto que me caían unas lágrimas corrió hacía mi y me abrazo fuertemente secando mis mejillas haciéndome sonreír.- Y por último, quiero agradecer a mi familia, por comprender mi postura y aceptarla. Por apoyarme siempre, y convertirme en la persona que soy hoy. Una persona, que apesar de todo, soy muy, muy feliz.- abracé la cintura de mi hermana con mi brazo y observé como mis padres se abrazaban dulcemente entre ellos.

- Te amamos, Dí .- me susurró mi hermana antes de depositarme un dulce beso en mi mejilla, que me hizo sonreír y soltar unas lágrimitas al mismo tiempo.- Y yo, bonita. Y yo.- le respondí dulcemente.- Y ya  esta, luego de estas palabras ya no los molesto más con mis cursilerías, a comer, a comer, este manjar de dioses que cocina mi madre.- exclamé sonriente para tomar mi trozo y llevarme a la boca.

Cerré los ojos para poder sentir mejor el delicioso sabor que se encontraba en estos momentos en mi boca.- Igual y mejor de como lo recordaba. Que maravilla...- susurré feliz, inmensamente feliz.
Dorcas Meadowes
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Danielle J. Maxwell el Miér Mar 06, 2019 12:43 am

¡La verdad es que eso era lo raro! Dorcas decía que yo debía de confiar en Edward, pero mi percepción de la situación era que yo confiaba en él, independientemente de lo que le hubiera hecho a Synnove. Sin embargo, algo me decía que no debería darme tan igual, ¿sabes? Que después de todo hizo algo feo y que como mínimo habría que hablar de eso… Pero claro, luego mi parte más pasota y que adora a Edward y todo lo que hace dice: ¿para qué? Y estaba ahí en mitad del río sin saber para qué orilla ir. ¿Hablo sobre eso o no? Era complicado, porque tampoco quería que él creyese que desconfiaba en él, porque precisamente eso, por mucho que hubiese tenido esa información del pasado, yo no desconfiaba ni un poquito de él.

No dije nada de eso en voz alta porque mis pensamientos fueron demasiado rápidos como para poder ponerlos en palabras, por lo que solo pude contestar a lo último, de casarnos cuando tuviésemos ochenta años y ambas siguiésemos solas. Eso era super triste, pero me gustaba eso de compartir la tristeza.

—Venga vale, me gusta tu solución —le respondí, devolviéndole el abrazo.


***

En realidad, si lo piensas detenidamente… Dorcas era una niña de veinte años a las que se le quitó la oportunidad, con diecisiete, de ser tener una vida normal. No solo eso, sino que la obligaron a apartarse de su familia por su supervivencia, la obligaron a vivir sola en un refugio con montón de personas de su misma situación… Y sí, yo podía entender que había personas fugitivas que no tenían eso y vivían en una situación terriblemente peor, pero piénsalo: en realidad mi amiga—y yo—sólo era una adolescente intentando entender lo que hay fuera del cascarón. Y todo esto viene porque me había emocionado las palabras que había dicho, especialmente hacia mí y su familia, mientras ella misma intentaba no emocionarse demasiado para poder hacerse entender.

Y yo me emocionaba porque… me era inevitable empatizar con ella y sentir lo mismo. Siempre me había considerado ‘una persona con suerte’ por tener a mi familia lejos y ser lo suficientemente cobarde como para no haber hecho ninguna tontería que me hiciese una traidora a ojos de gobiernos, ¿pero os imagináis por un momento el que lo hubiera hecho? ¿Qué hubiera sido de mí? ¿Hubiera sido capaz de aceptar un cambio así a buena gana, separándome de mi abuela y de todo lo que tengo? Dorcas había sido muy valiente y siempre que la veía, me hacía replantearme si yo hubiera tenido siquiera la mitad de temple del que ha tenido ella. Por eso y muchas cosas más, quería que fuese ella misma, la de siempre, al menos durante un fin de semana del año. Que viese a su familia, que no tuviese miedo de salir de su habitación por miedo a ser observada y que dejase atrás los problemas, para solo vivir cosas bonitas.

Mi madre, que se sentaba al lado mía, se dio cuenta de que me había emocionado por lo que me decía Dorcas y es que, lejos de ser solo una amistad, éramos mucho más. Nos entendíamos, en todos los sentidos. Allí, ahora mismo, éramos las únicas personas mágicas que podían entender realmente la magnitud de lo que ocurría y lo bonito que era poder evidenciar eso, para tener un día bonito. Mi madre pasó una de sus manos alrededor de mis hombros, abrazándome hacia ella. Pocas veces me habrían visto mis padres llorar, por lo que pude asumir que ahora mismo estarían pasando muchas cosas por sus cabezas. ¿Yo, Danny, llorando de emoción? Detrás de ese agradecimiento debía de haber mucho más sentimientos de lo que uno creía.

Ni pude agradecerle a Dorcas, sino que me limité a sonreírle mientras me caían algunas lágrimas de alegría.

Fueron mis padres quienes me preguntaron en bajito si estaba bien, a lo que yo solo pude asentir con la cabeza, poniéndoles una mano en la pierna de tranquilidad. No me parecía nada guay tener que contarles con lujo de detalles—y mi abuela me apoyaba en esto—a mis padres lo que ocurría en Londres con todo el tema político, por lo que lo sabían a grandes rasgos. Quizás por eso no comprendían al cien por cien que todo era más difícil de lo que parecía.

Nos tomamos la tarta y, al menos yo, lo hice con un nudito en la garganta. Eso sí, ese nudito no me impidió alucinar con aquella tartaleta de arándanos de Margaritte.

Un rato después, Dorcas estaba hablando con sus padres y yo me había llevado a Emma unos metros más allá, a un pequeño riachuelo que desembocaba unos kilómetros hacia adelante en un río y que, más adelante, caía en forma de cascada de esa gran montaña. Sin embargo, ahora mismo Emma y yo jugábamos cerca de allí—a unos cincuenta metros del grupo—mientras nos tirábamos bolas de nieve e intentábamos escondernos en una trincheras que habíamos excavado nosotras mismas.

En una de éstas, ella me tiró una bola y me dió en el pecho. Yo me tiré sobre la nieve, como si me hubiera matado.

—¡Oh, no! ¡Me has acertado en el corazón! ¡Bruuuhuhhhhh! ¡La terrible capitana de la trinchera cutre uno de nieve ha sido derrotada por la almirante de la grandísima trinchera de hielo! —Fingí que me moría, aunque no supe muy bien qué clase de ser hace ese ruido al morirse, pero lo importante es que Emma entendió mi retraso y entendió que me estaba muriendo de broma. Así que ella se acercó corriendo a mí y yo me levanté rápido cuando estuvo a un palmito de mí. —¡Já! ¡Te mentí, sigo viva! —Ella intentó darse la vuelta para correr, pero yo la cogí con mis manos, la alcé en el aire y finalmente la bajé lentamente al suelo, para tirarla en la nieve con cuidado mientras le hacía cosquillas. Era más mental que otra cosa, porque con la cantidad de abrigo que llevábamos, era imposible hacerle cosquillas. Emma reía montón igualmente.

Justo en ese momento, James llamó a Emma, pues iba a enseñarle algo que le estaba mostrando Jerry y Sylvia. Emma se levantó rápidamente, me prometió que en un santiamén volvía y corrió hacia ellos. Yo, mientras veía que la pequeña de los Meadowes se iba, veía como la grande se acercaba.

—Jo, yo quiero una hermanita pequeña. —Me quejé a Dorcas, dejándome caer hacia atrás en la nieve. Me encantaba jugar con los niños, me hacía sacar mi lado más infantil y travieso que LA SOCIEDAD IMPONE QUE DEBE DE DESAPARECER CON VEINTE AÑITOS para convertirte en una persona adulta y responsable. Dorcas debía de saber que, desde pequeñita, insistía a Sylvia y Jerry para que me diesen un hermanito, pero llegó cierta edad en la que me di cuenta de que ni Sylvia ni Jerry querían y que si me habían tenido a mí era casi por ‘obligación’ aunque me hubiesen aceptado. Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que yo quisiera un hermanito.  

Tenía mi abrigo más externo—pues tenía tres—todo empapado de la nieve, por no hablar de la cantidad de trocitos de nieve que tenía por el pelo, el gorrito y hasta en las pestañas. La verdad es que estaba tan acostumbrada a este clima por Finlandia y por Escocia en invierno, que el frío nunca me había molestado.

—¿Qué opinas de hacer este plan todos los trece de abril? —Le sonreí desde el suelo, todavía cogiendo aire. Jugar con Emma me había cansado.
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Dorcas Meadowes el Mar Mar 26, 2019 1:41 pm

Sabes que siempre puedes volver con nosotros y no sé... — mi padre hizo una pausa y me tensé dentro de su abrazo. Porque sabía que lo que seguía  a esa frase no existía, no había aún una solución que no fuera peligrosa para alguno de ellos, sobre todo a mi hermanita que le quedaba mucho por vivir.— ...¡podemos ir rotando por el mundo! No quedarnos mucho tiempo en un sitio, tu madre y yo tenemos algunos ahorros que nos podría ayudar por un tiempo...— comenzó a decir en una verborrea de palabras, palabras que yo ya había escuchado antes y que siempre yo le respondía.— Papá, basta. Ya hemos hablado de esa opción, y sabes que llegamos a la conclusión que esa alternativa sería muy perjudicial para todos, sobre todo para Emma. Pero esten tranquilos ¿vale? — me re acomode dentro de su abrazo para quedar de frente y sonreírle.— Estamos luchando para que todo este cambie, quizás no será muy pronto pero yo sé que pasará. Y quizás años atrás me hubiera aferrado a ustedes y me hubiera ido lejos, pero quiero ayudar, papá. Quiero que en un futuro más niños y niñas como yo puedan vivir la magia, y más sabiendo que puede existir la posibilidad que Emma también sea maga. Y además, mirame...— elevé mis brazos poniendo una pose graciosa.— Estoy de maravilla ¿no?— le pregunté divertida, a lo que mi padre respondió con un abrazo entre risas.—  Eres maravillosa, Dorcas Meadowes .— terminó por decirme mientras me daba un beso en mi cabeza haciendo que yo lo abrazaba más fuerte.—  Promete que te seguirás cuidando como hasta ahora...— lo escuché decir con voz bajita, elevé mi cabeza para mirarlo y le sonreí.— Lo prometo por mi garrita.— le dije ofreciéndole mi dedo meñique, mi padre sonrió y entrelace su dedo con el mío.—  Bien .— dijo para de un suspiro soltarme de su abrazo.—  Ya, vete a hablar con los demás que me siento un acaparador de tu persona .— me dijo sonriente, yo miré a mi alrededor, vi a mi madre junto a los padres de mi amiga hablando animadamente, al parecer era sobre su tarta, ya que el padre de Danny daba grandes mordiscos a un trozo y con rostro de asombro movía sus manos de forma que yo lo traducía como un : "Pero Margaritte, dime, dime ¿cómo hago esta maravilla?", sonreí. Y solo unos pasitos más allá estaba mi hermana de sangre junto a mi hermanita de vida, sonreí más aún, me levanté y antes de marchar le dí un beso en la mejilla a mi padre.— Te quiero.— le dije, para tenderle mi mano y ayudarlo a subir.—  Yo también, mi Di querida.

Mi padre se fue hacía donde se encontraban los demás adultos mientras que yo me quedé unos segundos más en el lugar, como tomando distancia de todo para poder procesar la montaña rusa de emociones que había tenido hasta el momento este fin de semana. Es que cuando Danny me habló de estos días, por más que pensé que sería increíble y que de seguro más de una sorpresa me tendría mi  amiga, porque ella es así y me quiere mucho, jamás me imaginé esto, jamás pensé tener frente a mis ojos la hermosa imagen de ver a personas muy importantes de mi vida juntas, riendo, jugando, y disfrutando de un lugar de ensueño. Comencé a caminar lento hacia donde se encontraba Danny y Emma jugando a lanzarse bolas de nieve, me detuve y agarre mucha nieve entre mis manos para comenzar a hacer la mía, ya que no pensaba entrar a ese campo de batalla sin mi propia "arma" blanca y helada. Solté una risita cuando vía como Danny se lanzaba al piso para luego atacar con cosquillas a Emma, volteé mi cabeza cuando escuché la voz de mi padre llamando a mi hermana, quien no tardó en ir a su encuentro.— Ya vuelvo, Di.— me dijo sonriente cuando la ví pasar a mi lado corriendo lo más rápido que sus cortitas y delgadas piernas se lo permitían.

Yo nací unos meses después que tú, puedo tomar ese rol si quieres.— le dije divertida encogiendome de hombros mientras me sentaba a su lado y dejaba mi bola de nieve a un costado.— Aunque nada de cosquillas, eh.— aclaré elevando mi dedo indice y todo, el más conocido por todo como el dedo señalador o mandón. Escuché su pregunta y sonreí dejándome caer de espalda al igual que ella de un suspiro.— Me parece una idea maravillosa— le dije volteando mi cabeza a un lado para mirarla mejor y ofrecerle una gran sonrisa. Sonrisa que de pronto se fue derritiendo y convirtiéndose en una expresión más seria y profunda.— Danny...— comencé a decir pero hice una pausa, tratando de convertir en palabras ese nudito pequeño que había aparecido en mi garganta, y no era de ganas de llorar porque el tema que quería hablarle no era bonito, y hoy me había prometido llorar solo de felicidad.— ...quiero hacerte una pregunta, y quiero que me la respondas con la verdad. Porque hoy es mi cumpleaños, y a los cumpleañeras no se les miente, es una Ley de vida.— le señalé elevando mis cejas y todo, para luego volver a suspirar y mirar hacia el cielo.— ¿Crees que es posible volver a lo de antes? Bueno, quizás no exactamente a los de ante,  pero que las cosas cambien, el poder volver a no tener miedo a salir o visitar a tus seres queridos...Porque yo lo creo ¿sabes? pero a veces...Bah, no sé...— giré mi cabeza y me voltee con todo mi cuerpo hacia ella, quedando acostada de lado.— ¿Crees que es posible?— le volví a preguntar, mirándola como una amiga que se encuentra junto a su amiga justo antes de entrar a una selva que se ve de todo menos segura, pero que si la otra le tiende la mano y le dice que es posible, nada ni nadie más importaría.

Quizás de pronto me había invadido esa nostalgia cumpleañera, de esa que por unos minutos te hace replantearte tu vida, y el pasar de los años en vista del nuevo que viene por tí, te hace pensar cuáles serán tus pasos a seguir, qué es lo que quieres hacer con esta nueva vuelta al sol que comienza frente a tí. Y yo siempre me he considerado una persona optimista, pero a veces simplemente necesitaba un empujoncito, un "Vamos,quizás se vienen cosas peores, pero lo lograremos" y con eso me bastaba, con eso volvía a ser feliz.
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Danielle J. Maxwell el Vie Mar 29, 2019 3:04 am

Mi grandísima amiga—de amor, porque era igual bajita que yo—se sentó a mi lado con felicidad, aunque no duró mucho esa sensación, pues rápidamente vi como su sonrisa se apagaba y de su boca salía un tono serio, en busca de sinceridad por mi parte. Y mira que había preguntas difíciles en esta vida, empezando por indagar en el origen del universo, pero precisamente me hizo una pregunta que entendía a la perfección y cuya respuesta yo no sabía.

Vale que preguntaba por mi opinión pero... ¿qué le iba a contestar? Yo veía el futuro tan incierto que no tenía ni pajolera idea de lo que podía pasar de aquí a mañana.

—Esa pregunta no vale, tía, ¿qué se supone que tengo que contestar a eso? Una respuesta me sugiere ser muy optimista y la otra muy pesimista, ¿pero y la realista en dónde queda? —Fruncí el ceño al contestarle eso, como reprochándole el haberme hecho una pregunta tan complicada en un momento tan alegre en donde precisamente no debíamos pensar en eso. —Te voy a ser totalmente sincera y creo fervientemente que las cosas, tarde o temprano... cambiarán. No sé qué ocurrirá, ni cómo ocurrirá, ni cuándo, ni por qué pero... tiene que cambiar.

Y de verdad lo creía porque yo soy de esas personas que quieren pensar que la sociedad va a cambiar a mejor, siendo mejor en mayor tolerancia y cero violencia. ¿Que yo era muy idealista? Quizás, sí, no sé, la verdad es que ya no sabía nada en esta vida porque me estaba costando mucho adaptarme a este nuevo régimen.

—Pero bueno, no te voy a mentir: no sé qué va a ocurrir, pero a mí me encantaría que las cosas cambiasen en algún momento. Y al menos yo estoy intentando hacer todo lo que esté en mi mano para ello... —Le respondí, mirándola con cariño.

En la Orden del Fénix cada vez me estaba metiendo un poquito más y tenía toda la intención de seguir haciéndolo y seguir mejorando. Todavía estaba en proceso de superar mis miedos y sacar mi valentía interior—que yo sabía que estaba en algún lado, escondida—pero me costaba más de lo esperado, sobre todo porque no conseguía encontrar mi fuerte. Pero bueno, sabía que debía de estar por ahí porque mis padres fueron a Gryffindor y decía yo que algo de valentía debía de haber heredado de dos aurores, o yo que sé, algo, aunque fuesen las sobras.

La verdad es que las dos visiones de todo esto me asustaban: si las cosas no cambiaban, ¿sabías lo horrible que iba a ser la vida teniendo a todas las personas buenas como Dorcas retenidas y escondidas? ¿Y lo horrible que sería con ese tipo de espécimen horribles ahí fuera? Y bueno, luego estaba la versión optimista en donde todo lo que ocurría era 'algo bueno' que cambiase todo, ¿pero sabéis lo que supondría ese cambio? Una guerra casi igual o más fuerte de lo que ya había ocurrido cuando los mortífagos cogieron el poder. Y eso supondría muertes, muchas muertes... y no quería imaginar la muerte de las personas inocentes por el cambio. ¿Os imagináis que moría Dorcas? ¿O personas tan buenas como las que estaban en la Orden del Fénix? ¿O YO? Porque uno no lo quería imaginar, pero... podría ser muy complicado las consecuencias de un cambio.

—¿Y tú qué? ¿Estás en modo pesimista, o en modo optimista? Porque siempre has sido muy optimista y no sé si debo permitir que precisamente en tu cumpleaños te pongas así de pesimista... ¿o voy a tener que acudir a las cosquillas? ¿O quizás al ataque de bolas de nieves? —pregunté, mirándole divertida.
Danielle J. Maxwell
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Danielle J. MaxwellInactivo

Dorcas Meadowes el Sáb Abr 27, 2019 5:26 pm

Una nueva vuelta al sol comenzaba para mí y lo más bonito es que fue de la mano de hermosas personas. Quizás algunos dirían que sentirme afortunada siendo perseguida por magos puristas con ganas de encerrarme para experimentar conmigo no sería más que el inicio de una locura inminente, pero así me siento, tan pero tan afortunada de poder tener a mi lado personas que pese a todo me hacen ver siempre el vaso medio lleno.

Me dejé caer sobre la nieve junto a un suspiro que se disipó en el aire, y mi sonrisa que se hasta entonces se encontraba radiante mutó a una mucho más nostálgica, o más bien de incertidumbre, para luego encontrar esas respuestas que añoraba en la mirada de mi amiga. Era consciente de que Danny quizás vivía con las mismas dudas mías, pero en el punto en que me encuentro tan solo me basta con que ella, al igual que yo, creo en un futuro diferente y mejor al actual.

La realista está jugando a la escondidas, y hace dos años que nadie la encuentra.— dije resoplando mientras le ofrecía una débil sonrisa, que no tardó en ganar brillo cuando escuché las siguientes palabra de mi amiga, rodé hasta quedar de costado con mis manos como almohada.

Mis ojos se aguaron un poco cuando la escuché decir que está haciendo todo lo posible para que todo cambiase, me emocionaba el hecho de que pese a no tener el deber de mi amiga estuviese alí también al pie del cañon, quizás mi pensamiento era egoísta y lo mejor sería que Danny se protegiera de todo peligro y viviera su vida normalmente, pero ¿saben? es tan bonito combatir al lado de una persona que desde hace años se convirtió en la mejor compañera de aventuras existentes, es muy reconfortante, me da esa confianza y valentía que jamás creí tener en mí.

Volví a clavar mi mirada en ella cuando escuché sus preguntas e inspire profundamente para volver a voltear y quedar con mi espalda apoyada sobre la nieve soltando una risita cuando dijo lo de las cosquillas y olas de nieve.—  Sigo optimista, a veces creo que mucho más de lo que debería.— voltee mi rostro sonriente.— Solo que lo he pasado tan bien estos días que me entró la ansiedad de saber cuánto más tendré que esperar para volver a compartir con mi familia, o la de mi amiga tranquilamente. — dije, y luego una risita de Emma llegó a mi oídos haciéndome sonreír a mi también, y me llevó a arrastrarme como una oruga hasta Danny y pegarme a ella abrazando su brazo derecho.— Pero como tu dices, seguiremos luchando por ello, y tarde o temprano veremos los frutos de aquello.— musité esperanzada.

Me acomode un poco para mirar mejor a mi amiga.— Gracias, Danny.—dije, pareciendo ya disco rayado.— Sé que te lo he dicho unas mil y una vez estos días, pero va más allá de mi cumpleaños este agradecimiento, es por todos estos años de amistad, es muy bonito contar con personas como tú, es muy reconfortante.—le confesé abrazándola aún más y moviendome mi cabeza como un gatito que busca cariño.

Y en eso una bola de nieve cortó todo el momento acompañada por una risa traviesa.— ¡Emma!— exclamé levantándome divertida viendo como mi hermana se reía a carcajada limpia y miré todo mi alrededor, y cerré mis ojos con una sonrisa enorme, queriendo guardar esa hermosa fotografía en mi cabeza, y me ayudase en esos momentos en que uno cree que la vida se vuelve demasiado hostil. Volví a abrir mis ojos y miré traviesamente a Emma.— Creo que una señorita anda en busca de guerra de bolitas de nieve...— comence a decir, mirando a mi hermana y a mi amiga divertida.— Pues bien...— seguí, tomando mucha nieve con mis manos y comenzando amasarla para formar una bola.— ....¡Que comience la batalla!— Exclamé lanzando la bola a Emma y con mi mano lanzar nieve a Danny risueña, para levantarme rápidamente y escaparme de mi amiga que de seguro pedirá revenge.

Lo que continuó siguió estando repleto de risas, cariños y abrazos llenos de amor. Las horas pasaron volando fugazmente y en un pestañar ya me encontraba despidiendome de todos los asistentes a mi cumpleaños, y pese a que siempre era difícil decirle adiós a mi familia, esta vez fue diferente, esos días junto a todo esa gente hermosa fueron ese aliento que necesitaba para seguir con todo, para luchar con más ganas por ese futuro que algún día podremos disfrutar. No será fácil, pero por personas como ellos es que todo, absolutamente todo vale la pena.

El abrazo más fuerte se lo llevó Danny, ella se iba a quedar unos días más con sus padres así que me despedí de ella en el comedor de su casa, para luego ir por sus padres, que también abrace cálidamente.

Gracias por estos días, por recibirme a mí y mi familia y por hacer de mi cumpleaños algo inolvidable. Espero verlos muy pronto— le dije como última despedida más una amplia sonrisa, para luego cerrar mis ojos y aparecer en el traslador que me llevaría al refugio. Ya en mi habitación me dejé caer en mi cama, segura que la sonrisa que tenía en mi rostro me duraría por mucho, mucho tiempo.
Dorcas Meadowes
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