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What lies beneath the surface {Carol, Sam & Gwen}

Gwendoline Edevane el Sáb Nov 03, 2018 4:07 am

Recuerdo del primer mensaje :

What lies beneath the surface {Carol, Sam & Gwen} - Página 3 LvxzAzY
Miércoles 31 de octubre, 2018 || Apartamento de Caroline Shepard y Samantha Lehmann || 23:09 horas || Atuendo de la intrusa

Miércoles 31 de octubre, 2018 - 22:35 horas
Uno de los pisos francos de Artemis Hemsley

Artemis Hemsley cruzó la pierna derecha por encima de la izquierda, al tiempo que dejaba escapar un prolongado bostezo. Se la notaba cansada, casi como una persona normal que había salido tarde del trabajo, o que llevaba haciendo horas extras toda la semana. Nada más lejos de la realidad con aquella mujer.

Gwendoline, una muñeca inerte con la mirada perdida, permanecía sentada en una silla, frente a la cama de Artemis. La mortífaga, casi como si ignorase la presencia de la desmemorizadora, o como si para ella no fuese más que un objeto inanimado, continuó maquillándose frente al espejo de su tocador. ¡Oh, sí! Y estaba totalmente desnuda, como si no tuviese ninguna invitada o no le preocupase lo que ésta pudiese ver. A tal nivel había llegado su confianza con Gwendoline Edevane.

Repítelo.Dijo Artemis, observando el resultado de su pequeña sesión de maquillaje en el espejo. Estaba casi satisfecha, pero ese lápiz de ojos… no acababa de convencerla.

—Caroline va a una fiesta de Halloween hoy. Estará fuera gran parte de la noche.—La voz de Gwendoline sonaba monótona, casi como una voz muerta. No existía emoción alguna en su entonación. Se limitaba a obedecer cada orden que Hemsley, su titiritera, le daba.—Sam está trabajando. Al ser noche de Halloween, también volverá tarde a casa...

Artemis asintió con la cabeza, al tiempo que se retocaba las pestañas con un poco de máscara. Cuando estuvo satisfecha con el resultado, se puso en pie y caminó por la estancia hasta llegar a la cama. Una vez allí, se sentó frente a Gwendoline. En su rostro aparecía una sonrisa enorme, que algunos podrían confundir con una agradable, pero que no lo era: Hemsley escondía sus dientes debajo de aquella sonrisa.

Lo has hecho muy bien, mi pequeña Gwendoline.Felicitó, risueña, la mortífaga. Entonces, su rostro se puso triste.Pero me has fallado: no me has traído la información que te pedí. Sigo sin saber una mierda sobre Allistar.Artemis apretó el puño, y su rostro se tiñó de ira. Gwendoline se puso visiblemente tensa, pero no alteró la posición en la silla. Lo tenía prohibido. La mortífaga la perforó con los ojos durante unos segundos más, antes de suavizar un poco su expresión.Tranquila, muñequita. Soy buena persona, y voy a darte una última oportunidad de redención.Y compuso una sonrisa que, de lo amplia y fingida amable que era, provocaba escalofríos.

Artemis se puso en pie y, haciendo gala de su dominio sobre la magia no verbal sin varita, con un simple gesto hizo aparecer ropa sobre su desnudo cuerpo de ébano. Se trataba de un disfraz de gata, mayormente de cuero. Se dio una vuelta delante de Gwendoline, como una niña orgullosa de su traje de graduación el día del baile.

¿Qué pinta tengo? ¿Estoy irresistible o no?Por supuesto, Gwendoline no respondió. No tenía tal capacidad: en aquel estado, sólo podía obedecer órdenes directas.Voy a una fiesta de Halloween, y después quizás tenga algo más de diversión.Hemsley sonrió de forma traviesa e hizo aparecer un látigo en sus manos, azotando el suelo con él a continuación. Gwendoline permaneció impasible.Pero no te preocupes: para ti también hay disfraz. No pensarías que iba a ser yo la única que disfrutaría de Halloween, ¿no?Y, con una risita, Hemsley hizo un nuevo movimiento de manos, esta vez en dirección a Gwendoline.

La ropa de la joven cambió: ahora, vestía totalmente de cuero negro, con una chaqueta con capucha reluciente. Ésta caía sobre los hombros de la mujer blanca, y la mujer negra la tomó, poniéndosela por encima de la cabeza con delicadeza. La miró como quien mira a una hija antes de ese hipotético baile de fin de curso, a fin de comprobar que todo esté en orden con el vestuario y el peinado.

Sammy tiene algo muy importante. Ha puesto sus sucias manos de ladrona de magia sobre mi espejo. Y tú, mi querida Alice, vas a recuperarlo.Artemis sonrió como una niña buena, y sin perder esa sonrisa, añadió:Esta vez, no admito fallos: como no cumplas la misión, te prometo, mi niña, que vas a saber lo que es el dolor. Y esas cosas que he visto en tu cabeza, eso de los hermanos Crowley, me ha dado muchas ideas. Créeme...

Gwendoline Edevane tenía miedo. Quizás la maldición Imperius no le permitiese mostrarlo, pero lo tenía. Y sabía que Hemsley hablaba en serio: el fracaso no estaba permitido, o pagaría las consecuencias.

***

Una figura femenina envuelta vestida de negro hizo su aparición en plena calle, enfrente de la vivienda que Caroline Shepard compartía con la fugitiva Samantha Lehmann. El cuero negro la ayudaba a pasar desapercibida en la noche. Observó la vivienda durante unos cuantos segundos, evaluando cualquier tipo de riesgo, y cuando estuvo segura de que no había ninguno, la mujer avanzó con paso decidido, cruzando la calle.

Se detuvo apenas unos instantes ante la puerta, sacando la varita de la manga de su chaqueta. La empuñó con una mano enguantada en cuero negro y la apuntó hacia la cerradura. Un hechizo Alohomora no verbal destrabó la cerradura con un chasquido metálico. La mujer apoyó su otra mano, la zurda, sobre la puerta, y empujó suavemente. Ésta se abrió apenas unos centímetros, lo justo para que la mujer echase un breve vistazo a la penumbra que reinaba en el interior.

Conjuró entonces un hechizo Echoes, el cual reveló la presencia de algunos seres vivos en el interior: los animales de la sangre sucia, seguramente. Ningún ser humano se encontraba en aquella casa, y la mujer de la capucha supo que era el momento perfecto para entrar. Nada más hacerlo, cerró la puerta tras de sí, y con un nuevo hechizo, sus ojos comenzaron a ver en la oscuridad.

Sobre la mesa, cerca de la entrada, se encontraba el gato de Lehmann. Éste, nada más ver a la desconocida, se puso en pie, curvó su espalda, y empezó a gruñir a la recién llegada. El pelo de su lomo se había erizado, y había adoptado una actitud hostil.

—Shhhh...—La mujer se llevó el dedo índice izquierdo al lugar donde estarían sus labios. En su lugar, estaba la máscara.

El gato, por supuesto, no obedeció a su educada solicitud de silencio, y la mujer tuvo que dejarlo dormido con un Leniendo no verbal. El animal cayó desplomado, sobre la mesa, durmiendo plácidamente.

***

La enmascarada cruzó el umbral la puerta abierta del cuarto de Lehmann. Nada más hacerlo, se encontró con los otros dos animales sobre la cama de la sangre sucia. No dormían, ni mucho menos: el cerdito había alzado la cabeza con curiosidad, mientras que la perrita observaba a la desconocida, confundida; movía y dejaba de mover la cola de manera intermitente, como si no fuese capaz de comprender lo que veía.

La mujer no perdió el tiempo: también durmió a aquellos dos.

Con los animales fuera de combate, y la vivienda a su total disposición, pudo finalmente quitarse la máscara. Era útil para ocultar su identidad, pero limitaba un montón su campo de visión. La dejó sobre la cama de Lehmann y entonces, en la oscuridad, se puso a buscar el objeto que Hemsley le había ordenado recuperar: el espejo. Mientras tanto, la puerta del cuarto de Lehmann permanecía abierta.

La máscara:
What lies beneath the surface {Carol, Sam & Gwen} - Página 3 RCN9Rx9


Última edición por Gwendoline Edevane el Mar Nov 27, 2018 4:55 am, editado 2 veces
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Gwendoline Edevane el Dom Nov 25, 2018 9:55 pm

Jueves 15 de noviembre, 2018 - 22:07 horas
Almacén Siete Hermanas, Tottenham

El almacén ‘Siete Hermanas’ era un antiguo complejo de oficinas que, cuando llegó la crisis económica, tuvo que echar el cierre. El edificio, un gigante abandonado en Tottenham, se alzaba a orillas del Támesis, y en la actualidad albergaba a toda una una comuna de indigentes, que habían convertido el lugar en su hogar. Por las noches, las fogatas que prendían los sin techo para calentarse por las noches iluminaban las ventanas de aquella construcción cuya vieja fachada estaba cubierta de grafitis.

Hemsley había tomado aquel lugar como uno de sus escondites mucho tiempo atrás, y si bien podría haber escogido muchos otros lugares para planear aquel ataque, la mortífaga se había decidido por aquel lugar simplemente… por capricho. No había habido un motivo específico ni poético detrás de la elección. Le había apetecido, sin más. Y, mientras observaba a las personas allí reunidas, observándola expectantes, le pareció el lugar más apropiado: todos los presentes la habían decepcionado de alguna manera.

Hemsley caminaba de un lado a otro, sin decir palabra, los ojos cerrados en una suerte de meditación, y todos guardaban silencio. Bueno… casi todos.

—Esto… ¿Señorita Grulla?—Se trataba de Arthur Payne, con diferencia uno de sus secuaces más estúpidos.—¿Va a tardar mucho en dar comienzo la reu…?

¡Shhhh!Cortó Artemis, alzando el dedo índice derecho en su dirección.Cierra el pico, Artie, o te dejaré mudo de por vida. ¿No has aprendido nada de la buena de Savannah?Artemis compuso una sonrisa casi entrañable, mientras caminaba hacia la susodicha Savannah McLaren. Se situó a espaldas de ésta, poniendo ambas manos sobre sus hombros. La rubia se estremeció, y Artemis se deleitó. El respeto le daba igual: lo importante era el miedo.Los bocazas se ganan una boca acorde a su parloteo.

La universitaria rubia, a la izquierda de la marioneta que ocupaba el cuerpo de Gwendoline Edevane, cerró los ojos y dejó escapar una lágrima, que rodó por sus mejillas. Su rostro mostraba dos horribles cicatrices que partían de la comisura de sus labios y terminaban muy cerca de su oreja. Un castigo ejemplar, que llevaría toda la vida, por haber contado lo que no debía. Y es que de nada había servido que la desmemorizaran: Gwendoline Edevane había respondido obedientemente todas las preguntas de Artemis, y una de ellas había sido “¿Quién os ha dado toda esa información que tenéis tú y Sammy?”.

A Arthur Payne le pareció suficiente advertencia. Dio un paso atrás, situándose nuevamente junto a Douglas Dagon. Este último era un poco más inteligente que Payne, y como tal, no abrió la boca. Sin embargo, a Artemis no le pasó inadvertida la mirada, cargada de tristeza, que intercambió con Savannah. La mortífaga sabía que entre ellos había florecido una bonita amistad, o incluso algo más. Sandeces, pensó Grulla, quien no dudaría en matar a cualquiera de los dos en el momento en que se salieran de sus raíles.

—No obstante...—Intervino Chudley Skeegan, alzando la mano como un niño obediente, llamando la atención de una Artemis que no estaba para interrupciones. Lo fulminó con la mirada, y el sanador sonrió de manera complaciente y artificial.—¡Nada más lejos de mi intención contrariarte, Artemis! Es solo que… ¿No deberíamos estás planificando algo?—Su tono de voz era servicial, y si no fuera tan útil para la mortífaga, lo habría asesinado hacía tiempo simplemente por lo irritante que resultaba escucharle.

Chuddy tiene razón.Convino Artemis, a pesar de las ganas que tenía de romperle las gafas de una patada a Chudley.A ver, mis niños. Prestadme atención, porque tenemos trabajo que hacer. Cada uno tiene su misión. Así escuchadme muy bien.Señaló a Chudley Skeegan en primer lugar, caminando hacia él.Chuddy, cariño, quiero que te dirijas ahora mismo al refugio cuatro, y que lo prepares todo para tres invitadas. Ya me entiendes: necesitaremos tres camillas, herramientas, y transporte para tres cadáveres. Que al menos estén un poco decentes cuando los entreguemos en el Ministerio.El sanador sonrió otra vez, adquiriendo el aspecto de un muñeco de ventrílocuo, y abrió la boca para hablar. Artemis le puso una mano que parecía una garra en la boca, impidiéndoselo.¡Shhhh! Tú te callas y haces lo que yo te diga. ¡Venga, andando!Y, con esta orden, Chudley Skeegan se desapareció, raudo, dispuesto a cumplir las órdenes de su ama. La mortífaga se dirigió entonces a Arthur Payne y Douglas Dagon.Respecto a vosotros dos, quiero que vayáis al refugio seis. Una vez allí, recogéis absolutamente todo dentro de la maleta y os la lleváis. Sería de agradecer que esta vez no se colara nadie dentro, ¿os parece?Ambos asintieron. Arthur parecía genuinamente asustado, pero en los ojos de Dagon había algo que a Artemis no le gustaba: una nota de desafío. Sabía que no estaba contento con lo que le había hecho a Savannah, pero… ¿qué iba a hacer él?¡Pues venga, idiotas, no me hagáis repetirlo!

Arthur y Dog también se desaparecieron, rumbo a cumplir aquella pequeña misión. Artemis dudaba sinceramente de las capacidades de esos dos, pero tampoco es que tuviera muchas otras opciones.

Satisfecha a medias, se dirigió entonces a sus favoritas: Savannah McLaren, con su hermosa sonrisa nueva, y Gwendoline Edevane, su pequeña muñequita. Puso una mano en el hombro de cada una de las chicas, sonriendo igual que una madre que observa a sus hijas. Siempre y cuando dicha madre fuera una psicópata, claro.

Mis niñas… vosotras tenéis el papel protagonista de esta función. Bueno, después de mí, claro. Que todas sabemos que yo soy la protagonista.Artemis se señaló significativamente, con todo el ego y el narcisismo del mundo.Nuestra misión es capturar a Caroline Shepard y Samantha Lehmann. Las necesito con vida, y me vais a ayudar a capturarlas. Y en esta ocasión os puedo decir que no se admiten errores. Si falláis… me aseguraré de que sufráis la más lenta y agónica de las muertes. ¡Lo vais a sentir en vuestro pellejo!Sonrió ampliamente, como si estuviera hablando de un paseo por el parque en lugar de pretender asesinarlas.¿No estáis emocionadas?

Gwendoline, ataviada con las ropas negras con que había irrumpido en casa de Lehmann para recuperar el espejo—sin máscara, en esta ocasión—permanecía inmóvil como un maniquí. Artemis se había asegurado de hacer algunos ajustes en su influencia sobre ella, pretendiendo evitar que se repitiera el incidente del día anterior. Gracias a dichos ajustes, Gwendoline Edevane dormía profundamente, lo más profundamente que podía dormir. Ya despertaría cuando fuese necesario. Por ejemplo, cuando te torture junto a tus dos amigas, mi pequeña Alice, pensó la mortífaga con deleite.

Diálogos
Arthur Payne = #248c02 || Chudley Skeegan = #99ccff || Douglas Dagon = #7f6eff || Savannah McLaren = #ff99ff || Artemis Hemsley = #a139c4
PNJ’s:
Savannah:
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Douglas:
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Arthur:
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Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Lun Nov 26, 2018 3:23 am

Eran las nueve y media de la noche del quince de noviembre y ya ambas amigas se encontraban frente al almacén Siete Hermanas, al otro lado del Támesis, sobre el tejado de uno de los edificios más altos. Pese a que la noche estaba muy nublada y amenazaba con llover, hasta ahora no lo había hecho y sólo sufrían el azote de un viento fuerte y muy, muy frío. Sam miraba al almacén con temor, con un rostro en dónde sólo se podía encontrar preocupación, incertidumbre y desconfianza. Miraba la hora con desesperación, sin tener muy claro si no quería que llegase el momento o si por el contrario estaba deseosa de que ya llegasen las diez. Sintió el abrazo de Caroline desde atrás, siendo bien consciente que desde fuera debía de parecer un amasijo de nervios incontrolables. —Tengo miedo —confesó, siendo consciente de que Caroline ya debía de saberlo. —Ella me da miedo. Y me da miedo lo que pueda hacerle a Gwen si nos ve aparecer.


14 de noviembre, 2018
20:34 horas

Un Imperius —respondió a Caroline. —¿Qué otra cosa va a hacer? No es ella, tía. Has estado conmigo cuando tiene comportamientos super extraños, cuando de repente se va con alguna excusa de mierda o cómo cambia cuando sacamos el tema de Artemis. Se le nota hasta a través de WhatsApp el cambio de actitud que tiene ante algunas cosas. Y hoy… en serio, lo has visto. —Sam no dudó ni un momento en compartir el recuerdo de casa de Gwendoline con ella, a través del pensadero. —Se convierte en otra persona y eso no lo consigue otra cosa que no sea un Imperius. Ni un juramento inquebrantable, ni la sumisión a base de palos, ni… nada. Has visto lo que yo vi —dijo, como una manera de hablar, ya que técnicamente Sam no había visto nada en casa de Gwendoline, sino que se había hecho una imagen mental de todo lo que oía y cómo lo oía—, has visto como se resistió por Chess y como Grulla dejó de tener ese tono de superioridad a tener uno preocupado. Se vio sorprendida porque Gwen se resistió. Y claro que se resistió y se seguirá resistiendo, tenemos que ayudarla. No la podemos dejar más tiempo con ella…

Y por eso se había arrepentido de no haber entrado sobre la marcha en aquel momento, en casa de Gwendoline. Pero ahí seguía, auto-convenciéndose de que era lo mejor pese a que su interior no parase de recordarle lo horrible que era sentirte prisionera de las decisiones de una persona, en donde sólo deseas que termine todo cuánto antes. Lo cierto es que Sam se sentía tan mal que cualquier cosa ya era un motivo que añadir a la inquietud.


15 de noviembre, 2018
16:43 horas

Se encontraban en la mesa del salón, hablando con una seriedad poco usual en ellas. Tenían la información, pero ahora debían de asegurarse de hacer lo correcto con ella. Sólo eran dos y por muchos contactos o aliados que pudieran tener, Sam se negaba a contactar con nadie. Era cosa de ellas y poner en evidencia a más personas frente a Grulla le parecía muy irresponsable. —No sé para qué irán allí, pero igualmente lo mejor será observar y actuar cuándo creamos que tenemos la ventaja. Solo somos dos, así que si nunca tenemos la ventaja vamos a tener que intentar terminar rápido… —Y entonces bufó, derrotada, llevándose la mano a la cabeza. —Acabar rápido con Artemis Hemsley, sí, ¿en qué mundo? —dijo entonces, con ironía, sin ver con esperanzas ningún plan en el que 'salvar a Gwen' y 'deshacerse de Artemis Hemsley' fueran compatibles, sobre todo por la última parte.

Y ahí recaía toda la desconfianza en el plan: ¿duelarse con Artemis Hemsley? No parecía un reto fácil, ni mucho menos plausible. Caroline era una duelista muy buena, indudablemente, pero Artemis era una mala zorra y ya Caroline hace poco había sido derrotada. Y no quería perder la confianza en su amiga, que era más luchadora que nadie, pero es que Sam le tenía mucho respeto a las habilidades de Grulla. Había puesto sobre aviso a su amiga pero… aún así no sabía si iban a poder conseguirlo. Por otra parte… ¿qué narices iba a pasar con Gwen? Sam había vivido cosas horribles a manos de magia oscura que doblega la voluntad y había conocido a muchas personas realmente despreciables sin ningún tipo de escrúpulos. Y si Artemis tenía controlada a Gwen podía obligarla a hacer cosas horribles, tanto a ellas como a sí misma. Y pese a que la confianza de la rubia en su amiga era infinita, era bien consciente que resistirse a ese tipo de cosas era muy, muy difícil. Y, en ocasiones, imposible. E inevitablemente se preguntaba: ¿y si la aparición de ellas allí sale mal? ¿Y si por culpa de eso, Artemis le hace daño a Gwen? ¿Y si… la mata? Sam iba a darlo todo por evitarlo pero igualmente… ¡joder, igualmente no podía evitar pensar en todas las cosas malas que podían llegar a pasar! ¿¡Cómo no iba a hacerlo, si últimamente sólo ocurren desgracias!?


15 de noviembre, 2018
22:10 horas

Ambas se internaron en aquel almacén, entrando directamente por el piso más alto, desde la azotea. La gran mayoría de indigentes se encontraban en los pisos más bajos, así como en el sótano, por lo que era lo mejor para intentar pasar desapercibidas. Las dos, hechizadas para no ser reconocidas, comenzaron a bajar las escaleras. Fue Sam, quien guiada por el resto de sus sentidos, descubrió a medida que bajaban que en el tercer piso se empezaba a congregar un grupito de personas en una de las salas más alejadas. Veía, en realidad, a montón de personas en aquel edificio, pero la gran mayoría estaban quietas, alrededor de hogueras y en un estado muy tranquilo: se trataban de indigentes, ajenos a que dentro de poco allí dentro, en donde vivían diariamente, habría gente haciendo magia.

Caminaron hacia aquella dirección, acercándose cada vez más. Hubo un momento en el que Sam se deshechizó y, justo a Caroline, se escondieron en la habitación contigua, la cual estaba unida por un desprendimiento en la pared que las separaba. Llegaron a tiempo de que Grulla mandase a callar a alguien, a lo que Sam se quedó detrás de una pared prácticamente helada, nerviosa hasta la médula. Caroline, por su parte, se posicionó mejor porque estaba claro que sus nervios eran de acero. La rubia no, la rubia ahora mismo hasta parecía que tenía parkinson del temblor que tenía en la mano que sujetaba su varita. Observó su varita sin dejar de escuchar todo lo que ocurría en la habitación de al lado, viendo en su mano la varita que siempre había pertenecido a su amiga y que ella, prácticamente sin pensarlo, se la había cedido para siempre. Dejó de temblar y la sujetó con fuerza.

Se miraron cuando Artemis se quedó a solas con Savannah y Gwendoline y las nombró a ellas. En realidad no le sorprendía: Gwen le había dicho que Sam había tenido contacto con Thaddeus Allistar, por lo que querría encontrarlo cuanto antes y lo mejor era sacarle la información a Sam, directamente a palos. Y no palos a ella, que se había hecho resistente al dolor propio, sino a sus seres queridos. Es por eso que cuando Grulla las amenazó, fue Sam quien salió, sin pedirle permiso a su amiga o hacer un plan de sorpresa perfectamente ejecutado. Esa zorra no iba a amenazar a su amiga delante de ella, otra vez, y se iba a quedar de brazos cruzados. —Y yo que pensaba que la grandiosa Artemis Hemsley podía ir ella sola a capturar a una asquerosa sangre sucia y a una traidora. —Miró de reojo a Caroline para sentirse apoyada, para entonces apuntar con la varita a su enemiga. Inevitablemente vio a Savannah y su rostro hizo que sintiese una punzada de temor, pero más miedo le dio ver el rostro impasible de su amiga junto a Hemsley. Sólo de verlo se le quitaron las ganas de intentar dirigirse a ella. —Aquí nos tienes.

¿Ahora qué? Pues estaba claro: Sam no se iba a ir sino se iba con Gwen. La otra prioridad era Artemis, que no recordase nada de ninguno de ellos, ¿pero cuántas probabilidades había de derrotarla y, además, tener la oportunidad de modificar sus recuerdos? Porque si no conseguían eso de nada serviría irse pues no estarían a salvo. Ella seguiría ahí, con toda la información.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Mar Nov 27, 2018 4:21 am

Carol fijó su mirada en Sam, y no tenía para qué conocerla desde que eran unas pepitas de ají para saber cómo es que se encontraba su amiga en ese preciso momento. Por inercia, por ese gran hilito invisible que las une siempre, fue a su encuentro y le dió un gran abrazo de oso, de esos que tratan de ser reconfortantes y acogedores, que pretenden hacerte sentir en casa pese a que te encuentres totalmente alejada de esa seguridad de hogar. Es que a veces las personas se convertían en casa rodantes, al menos Caroline se sentía en casa cuando se encontraba al lado de los seres que quería. - Muchas personas ven con malos ojos el miedo, pero muchas veces es ese sentir que despierta nuestro instinto de supervivencia, ese que te hace sacar superpoderes y hacer cosas que jamás pensaste hacer. No hay que tenerle miedo al miedo, hay que hacerse su aliado.- le dije la pelirroja ofreciéndole una cálida sonrisa. Y se preguntarán cómo es que puede sonreír en una instancia tan de mierda como la que se encontraba, la respuesta es muy fácil: esas palabras van dedicadas a Samantha Lehmann, y para ella hasta en los momentos más horribles siempre, pero siempre habrá una sonrisa y una palabra de aliento.- Mientras estemos juntas, es ella quien nos debe temer.- le dije abrazándola aún más fuerte y clavando su clara mirada en los ojos de su amiga.- Lograremos que nuestra adorable Gwen vuelva a nosotras, la guiaremos de vuelta a casa, y la sacaremos de ese laberinto en que la ha encerrado esa zorra.- terminó de decir con una tono de convicción tremendo.

Nada le aseguraba que los resultados de todo aquello serían satisfactorios, de hecho si nos ponemos realistas tenían muy pocas oportunidades de salir victoriosas de ese encuentro pero ¿saben qué? a Carol no le importaba nada de eso, porque cuando alguien se metía con alguno de sus seres queridos, ese ser tenía que estar preparado para ver su lado más despiadado.

**14 de noviembre**


-Maldita zorra ¡De seguro la tiene bajo un imperio!.- soltó cuando escuchó la teoría de Sam , apretó fuertemente su mandíbula por la frustración, no era la primera vez que un idiota fanatico purista manejaba a una de sus amigas y realmente la tienen podrida, todos absolutamente todos aquellos que se creen superiores porque supuestamente tienen un porcentaje de sangre más "limpia". Puta avaricia, puto poder, puto pensamiento idiota que se aloja en gente descerebrada. Resopló cansa.- Sí, lo he visto y notado.- le corroboró a su amiga para luego llevar ambas manos a su rostro, luego a su cabello que lo tomó entre sus manos y se lo desordenó frustrada. - Obvio que se resiste, Gwen es fuerte, y sé que está luchando con todas sus fuerzas para sacar esa maldición de ella. Pero se le acabó el jueguito a esa Hemsley porque ahora que ya sabemos (más o menos) qué es lo que ocurre, la ayudaremos a resistir y acabar con esto de una vez a nuestra querida, Gwen. - le dijo a Sam, con el ceño fruncido y el puño cerrado.

Caroline no era una persona agresiva por naturaleza, de hecho era como una especie de gatito regalón la mayoría del tiempo (bueno, con la gente que estima obvio) pero cuando alguien se atreve a meterse con sus personitas favoritas, aparece su gemela malvada y despiadada. Y no iba a parar hasta que Gwen dejará de estar bajo las órdenes de esa mujer, lucharía hasta el final aunque su vida dependiera de ello.

- Lo primero que debemos hacer es hablar con Ryo, tenemos que saber qué decía esa carta, tenemos que averiguar con qué nos enfrentaremos.- dijo la pelirroja para luego tomar su notebook y abrirlo para hacer una videollamada con su amigo, no le importó o más bien ni siquiera pensó en la diferencia horaria, ella quería respuestas ya. Ryo no tardó ni dos minutos en contestarle, tenía un rostro de mierda como recién despertado.- Caroline debes parar de llamar a estas hor...oh, ese rostro ¿qué ha pasado?.- preguntó con ojos de plato al ver la expresión de la pelirroja.

Esa era una de las cosas que jamás entenderá Hemsley, que cuando uno cuenta con verdaderos amigos, no importa la hora, lugar, ni contexto ya que siempre, siempre van a estar allí si necesitas una mano.


**15 de noviembre [tarde]**


- En el mundo "Basta ya de tus mierdas, puta zorra".- mira que fina se ponía a veces, pero es que de verdad la tenía requete podrida esa mujer, más allá de lo común. - Debemos sacar nuestro mejor lado ravenclaw, convertirnos en unas águilas que miran a su presa desde las alturas y esperan el mejor momento para atacar. Ryo me habló un poco lo que conlleva el anillo que mandó a pedir, esta complicado y mucho, pero no imposible. La convicción mueve montañas ¿no?.- le preguntó junto a una mueca.

Después de recibir esa llamada su amigo partió enseguida donde su querido maestro para saber el contenido de dicha carta, le explicó toda la situación y el anciano no se resistió a ofrecerles su ayuda. Le explicó la gravedad de la situación, y que si le daban algo de tiempo él podría fabricar algo que le diera la pelea. Pero tiempo es lo que menos tienen en estos momentos las dos amigas, aún así aceptaron su ayuda, pero sabiendo que irían a esa reunión de todo modos, porque pese a todo el fatal pronóstico que se podía divisar en el horizonte, irían a ese lugar y sin plan alguno, irían con todo contra Hemsley y así intentar salvar a su amiga de sus garras.

**15 de noviembre [Noche] **


Se introdujeron en el almacén, la pelirroja activó todos sus sentidos y con una confianza ciega siguió los pasos de Sam, el paisaje era muy desolador, ya que pese a que su función era dar calor a indigentes, uno podía oler en el aire mucha soledad, y dolor. Llegaron a una habitación donde no hizo falta hacer mucho esfuerzo para reconocer la voz de Artemis, a penas la pelirroja la reconoció se posicionó para poder observar y escucharla mejor, tomó su varita firmemente, nadie sabía qué es lo que pasaría, pero pasase lo que pasase sabía que al menos su varita debía estar con ella desde el momento uno, y así estaba sucediendo.

El corazón de Carol se le apretó al ver que Gwen se encontraba a solas con esas dos locas, no le pidan sentir pena con Savannah, porque el día de hoy no sentía lástima por nadie de ese séquito de perros falderos de Grulla, a todos los metía en el mismo saco. Apretó tan fuerte sus dientes al escuchar las palabras que le dirigió la mujer a su amiga que le llegaron a sonar, pero lo que no se esperaba la pelirroja eran los próximos pasos a seguir de Sam, quedó por una milésima de segundo en shock cuando observó que la rubia había salido del escondite en que se encontraban, pero solo le basto un segundo para acompañarla y apoyar el accionar de su amiga pese a que sabía que había sido muy arrebatado todo,casi una acción suicida, pero ahí estaría ella siempre, al pie del cañon.

Y como ella era más de acciones que de palabras, enseguida lanzó un >> Abrusca pretorius<< directo al cuello de Artemis para asfixiarla y debilitarla, sabía que se estaban enfrentando a una enemiga nada fácil, es por eso que no se iba a ir con rodeos. La batalla había comenzado y lo haría con todo.

► Abrusca pretorius: Una enredadera atrapa al mago con mucha fuerza y sus semillas venenosas lo van debilitando. Entre más tiempo esté expuesto mayor será el efecto del veneno. La fuerza de la enredadera causa asfixia o esguinces, mientras que el veneno puede llegar a paralizar, inducir al coma o incluso matar. Puede ser contrarrestado por su contrahechizo, así como otros métodos físicos: fuego, hielo, corte... (Puede ser finalizador.)
Caroline Shepard
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Gwendoline Edevane el Mar Nov 27, 2018 2:22 pm

Artemis estaba exultante de felicidad, igual que una niña pequeña que se levanta por la mañana temprano el día de Navidad, y baja corriendo las escaleras para encontrarse un montón de cajas envueltas con papel de colores debajo del árbol. Se aproximaba el clímax de una operación que había durado demasiado tiempo para su gusto: pronto tendría en sus manos a Allistar, y si el exprofesor era tan bueno como decían, es posible que le consiguiera la llave para un tesoro todavía más grande: los radicales.

Y es que la providencia parecía estar del lado de la mortífaga, pues cuando creía que no podría tener más suerte… Sammy hizo acto de presencia. Tan decidida, tan valiente, tan furiosa… Artemis Hemsley estuvo a punto de empezar a relamerse de puro gozo.

¡Mi querida Sammy!Exclamó la mortífaga en tono jovial, abriendo ambos brazos en su dirección, como si la invitara a correr a abrazarla.No sabes lo feliz que soy de que hayas venido a visitar...

Artemis no terminó la frase, pues casi a continuación de Sammy emergió de entre las sombras su amiga pelirroja, esa misma que había osado herir a la Ministra de Magia. Caroline Shepard apareció, varita en ristre, conjurando unas enredaderas en dirección a Artemis. El entramado vegetal surcó el aire, serpenteando como media docena de serpientes voraces, apuntando al cuello de la mortífaga. Ésta compuso una sonrisa resignada, casi de tristeza—aunque Artemis Hemsley no era capaz de sentir semejante emoción—, al tiempo que alzaba la mano izquierda. El anillo demoníaco forjado por Aoyama relucía en su dedo anular mientras cerraba el puño.

Caroline, ¿crees que esas son formas de presentarse?Las enredaderas mágicas se detuvieron a escasos centímetros de Artemis, como congeladas en el tiempo; momentos después, empezaron a marchitarse, a adquirir un tono negruzco cada vez más intenso; finalmente, empezó a cubrirlas una capa de escarcha que terminó solidificando y convirtiéndose en puro hielo.¿Dónde has dejado tus modales?El hielo quebradizo que cubría las enredaderas se fragmentó entonces, y lo que antes era planta cayó al suelo, hecho pedazos. Tras unos segundos, los pedazos se desvanecieron, casi como si fueran pequeños montículos de arena arrastrados por el viento.Que halláis venido aquí es toda una osadía.Prosiguió Hemsley, quien no tenía la menor idea de cómo se habían enterado. No necesitaba mirar muy lejos para imaginarse la respuesta, de todas formas.Pero me habéis ahorrado un pequeño viaje a vuestra casita. Así que, muchas gracias.

Artemis sonrió jovialmente, disfrutando aquella situación como lo haría alguien que confiaba plenamente en sus posibilidades de ganar. Esta vez, además, no pensaba andarse con medias tintas: no iba a ofrecer opciones, sino que iba a tomar lo que quería, aunque tuviera que utilizar la fuerza. Así que dio un paso al frente, al tiempo que alzaba la mano derecha en dirección a una de las ventanas de la oficina en que se encontraban. El cristal había desaparecido hacía ya tiempo, y a través de ella, igual que si del martillo de Thor se tratase, entró volando la katana mágica de Artemis Hemsley. Como si aquella arma fuera una extensión de sí misma, la mortífaga la empuñó al vuelo, balanceándola suavemente un par de veces por delante de ella.

Respondiendo a tu pregunta, Sammy: no, no necesito a nadie para venceros. ¿Pero para qué voy a arriesgarme?Volvió la mirada en dirección a Savannah y Gwendoline, sus dos colaboradoras sin voluntad—la de Savannah la había aplastado a base de tortura física y psicológica—y les sonrió.Sammy es vuestra. Yo me encargo de la pelirroja.Volvió a mirar al frente, posando sus ojos de depredadora sobre Caroline Shepard.Y recordad: las necesito vivas a las dos.

Dicho aquello, fue en esta ocasión Artemis Hemsley quien pasó al ataque: utilizando el poder de su anillo mágico, alzó en el aire a una desprevenida Caroline Shepard, a la cual arrojó a través del mismo umbral que habían atravesado segundos antes ella y la sangre sucia. Sin perder un segundo, y sin esperar a comprobar la reacción de la legeremante, Grulla se transformó en una suerte de columna de sombras humeantes que atravesó a toda velocidad el umbral sin puerta.

Hemsley volvió a materializarse en su forma humana dentro de la nueva oficina. Se trataba de una amplia estancia dividida en cubículos por medio de paredes móviles. La mayoría del mobiliario había desaparecido, posiblemente hecho pedazos para alimentar las hogueras de los vagabundos que habitaban los pisos inferiores. Sin embargo, todavía se conservaba equipo informático obsoleto: grandes monitores de ordenadores rotos, torres desvalijadas, ratones y teclados. El falso techo también estaba en muy mal estado, y las humedades habían hecho que varios paneles se desprendieran, dejando al descubierto el entramado de tuberías y cables que ocultaba. Una barra fluorescente con su portalámparas colgaba de cualquier manera en el centro del techo.

Shepard, que había tenido suerte de no aterrizar contra nada que pudiera hacerse daño, se ponía en pie para presentar batalla a Hemsley. La mortífaga se puso en guardia, katana en ristre, lista para el combate.

No voy a matarte.Informó la mortífaga, componiendo una sonrisa malévola.Pero vas a desear que lo hubiera hecho...

Apoyo gráfico:
What lies beneath the surface {Carol, Sam & Gwen} - Página 3 P4a5bj1

***

Savannah McLaren tenía miedo, y a duras penas era capaz de mantener la compostura. Mucho había sufrido la joven aspirante a mortífaga—tenía muchas más cicatrices de las que se veían a simple vista—, y sabía que su sufrimiento sería mucho peor si fallaba. Sus piernas temblaban ante sus pocas opciones: o bien Lehmann acababa con ella, o bien lo hacía Grulla. Fuera como fuera, estaba jodida. Se habría echado al suelo allí mismo, haciéndose un ovillo y llorando, pero en su lugar…

¡Expelliarmus!Conjuró en dirección a Lehmann, solo un par de segundos después de que su maestra y torturadora desapareciera a través del umbral, rumbo a la sala contigua. Sus manos temblaban de la misma manera que sus piernas, y la consecuencia no podía haber sido otra: el hechizo salió desviado, pasó por encima de la cabeza de Lehmann e impactó en el marco de la puerta desaparecida tiempo atrás, haciendo saltar unas pocas astillas de madera.

Gwendoline Edevane, convertida en aquellos momentos en poco más que una marioneta sin emociones, no articuló una sola palabra y se puso en movimiento: ejecutó una floritura de varita mucho más diestra que la de Savannah McLaren, haciendo para ello a un lado a la aspirante a mortífaga con un pequeño empujón. A punto estuvo de caer al suelo debido al temblor de sus piernas, pero la joven cuya cara en aquellos momentos recordaba a la del Joker de Heath Ledger logró mantener el equilibrio a duras penas.

No llegó a saber cuál fue el hechizo que Edevane conjuró sobre su amiga, la sangre sucia, pues ésta logró protegerse eficientemente de éste. La marioneta de Hemsley se puso en guardia, en una pose semejante a la de la esgrima, lista para el duelo con Lehmann.

Off rol: Este es mi dado de iniciativa contra Sam.
Gwendoline Edevane
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Maestro de Dados el Mar Nov 27, 2018 2:22 pm

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Sam J. Lehmann el Mar Nov 27, 2018 11:23 pm

Podrían haber intentado quitarle el Imperius a Gwen en su casa, tranquilamente, mientras Grulla estaba muy lejos y no se enteraba. E incluso aprovechar a esa Gwen, ya con su propia voluntad establecida, para tenderle una trampa a Artemis, ¿por qué narices no habían hecho eso? Pensándolo fríamente, podría haber sido una opción totalmente plausible si en este momento de espionaje no se hubieran topado con que Artemis ya tenía pensado ir a por Sam y Caroline, en busca de Thaddeus Allistar. Y, de nuevo, se lamentó por no haberse dado cuenta antes de lo de Gwen, pues ahora todo se resumían a hacer las cosas rápido y eso normalmente iba de la mano de mal. Sin embargo, Sam poco podía hacer frente a la declaración de guerra inminente por parte de Grulla más que salir a dar la cara, ya que de otra manera iban a ir a buscarla a la casa hasta que la encontrasen y poder capturarlas. Estaba harta de ser la presa, al víctima, el ratoncito que no para de huir... Sea como sea, iba a haber enfrentamiento y quería enfrentarse a ello de cara. Además, ya Gwen estaba posicionada en el otro lado, por lo que daba igual cuándo y dónde. Y, sea como sea, Sam se había prometido no dejar a Gwen más tiempo en esa situación si ella podía hacer lo que fuera por evitarlo. Así que salió, quizás más osada de lo que le gustaría admitir pero sin arrepentirse ni un poquito.

Lo que le sorprendió fue lo rápido que pasó todo a continuación: Caroline la apoyó a su lado, atacó de manera ineficiente y, con la misma, Grulla la expulsó fuera de la oficina, siguiéndola con la misma envuelta en humo ennegrecido. Como es evidente se preocupó muchísimo por Caroline debido a las habilidades de Grulla, pero era bien consciente de que como se girase a ver qué pasaba, alguna de las dos que tenía al otro lado le atacaría por la espalda. De hecho, sin apartar ni un milímetro la mirada de ellas, fue Savannah la primera en intentar desarmar a Sam de manera totalmente inútil, pues el hechizo salió despedido en otra dirección. El hechizo que si fue directo a ella fue el de Gwen, quién apartó a Savannah de su camino con una indiferencia impropia de ella, retándola a seguir con el duelo. Si no fuera porque era bien consciente de lo que le pasaba, aquella mirada tan fría que le estaba echando de verdad parecía que quería hacerle daño. Le daba escalofríos verla de esa manera, como si no fuese nadie para ella.  

Gwen —intentó hablar, ya que Sam se negaba a hacerle daño a su amiga. No sabía qué narices le había hecho Grulla en la cabeza, pero no pensaba aparecer frente a ella como una enemiga real que pudiese alimentar su estúpida paranoia. —Gwen, escuchám...

Pero Savannah la volvió a atacar desde prácticamente detrás de Gwen, usándola a ella de escudo frente a cualquier contrahechizo de Sam. El hechizo de la chica fue protegido por Sam, pero igualmente la cogió desprevenida. La miró con seriedad, como una hermana mayor enfadada por su falta de obediencia, no como una enemiga a la que le tuviese rencor ni nada por el estilo. La rubia, aún con la varita apuntando a Gwen por si tenía que defenderse, señaló con su mano libre hacia la salida, mirando a Savannah, gesticulando con los labios la palabra 'vete', pues como es evidente, aquella chica se había convertido en una protegida de ellas, no en un problema. Y por mucho que ahora mismo fuese una molestia, tampoco pensaba duelarse con ella. Bastante le había pasado ya por su culpa como para atacarla.

No puedo... —balbuceó Savannah, bien bajito. —Me matará, matará a mi familia... —susurró, lo suficientemente alto para que Sam la escuchase. Pudo ver en sus ojos la desesperación del miedo; de la emoción de sentir que te estabas traicionando a ti misma por miedo que se te mete hasta en los huesos. Ella lo había sentido: esa amenaza que sabes muy bien que se cumplirá como tú seas la desobediente. Empatizó tanto con ella que por un momento hasta se le bajaron las defensas. Estaba viendo en Hemsley tanto de Sebastian que en su interior comenzó a llamear cada vez más fuerte el desprecio hacia ella.

Y tuvo clara una cosa, una sola cosa: Savannah tenía que quedarse fuera de combate. Así que tras observar el lugar en donde estaban: una oficina bastante grande, dividida por paneles rotos que comunicaban la mayoría de sectores, decidió no permanecer en aquella situación de clara desventaja. Gwen no se había inmutado ni a su voz, ni a su petición, pero sabía que allí dentro, debajo de ese cuerpo que parecía sin vida y sin decisión, había una Gwen deseando salir. Y vaya que si Sam iba a hacer lo imposible por sacarla. Pero para eso necesitaba dos cosas: desarmarla y quitarse a Savannah de encima. Y quizás lo segundo era relativamente fácil, pero lo primero se le antojaba bastante complicado siguiendo la norma de no hacerle daño.

Aquel edificio estaba en la ruina, por lo que no le pasó desapercibido que a dos pasos de ella, hacia la izquierda, había un gran agujero en la parte superior, el cual daba a la habitación de arriba que vete a saber en qué condiciones estaría. Sam comenzó a caminar lentamente hacia allí como quién tantea el terreno en un ring y, cuando llegó, con ayuda de un salto mágico subió a esa habitación de manera rápida e inesperada, haciendo que ambas se acercasen al lugar para perseguirla y no perderla de vista. Su idea, en realidad, no era quedarse allí, esperando a que viniese nadie, sino que había sido una maniobra de distracción pues con la misma se apareció en la oficina anterior, justo detrás de Gwen y Savannah. Sujetó a ésta última por detrás y golpeó su muñeca, temblorosa y débil, para desarmarla y hacer que su varita rodase por el suelo. Con un Leniendo no verbal la chica también se desplomó, no sin que Sam le evitase un golpe y la acompañase hasta el suelo.

No tiro dado de iniciativa, ya que Sam ha ido por Savannah, ergo está ocupada. Que Gwen ataque primero aprovechándose de eso.
Sam J. Lehmann
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Gwendoline Edevane el Miér Nov 28, 2018 1:23 am

Habiendo hecho honor a la famosa frase ‘Divide y vencerás’, Artemis Hemsley logró dividir a la pareja de brujas que, de manera valiente o de manera irreflexiva, habían irrumpido en su guarida. Mientras se encargaba de Caroline Shepard—quien, según los pensamientos y la información ofrecida por Gwendoline Edevane, era la más poderosa de las dos—dejó tras de sí a Lehmann. Tanto Savannah como la que solía ser su amiga debían ser suficientes como para derrotar a la legeremante. Después de todo, ¿qué podía hacer esa sangre sucia contra dos adversarias al mismo tiempo?

Savannah no fue de mucha utilidad. Su primer hechizo falló, lo que llevó a la marioneta de Hemsley a quitársela de en medio de inmediato. Viendo a la universitaria como un estorbo más que otra cosa, conjuró un hechizo contra Lehmann, pero ésta demostró ser, cuanto menos, rápida. Se protegió de manera eficaz, para acto seguido mirar a los ojos a la que era su amiga, y hablarle. Sin embargo, si Gwendoline estaba en algún lugar, ese sería un lugar demasiado lejano como para que la voz de la legeremante la alcanzase. Así que no hubo respuesta.

Savannah McLaren, mientras tanto, lanzó un nuevo hechizo contra Lehmann desde el suelo. En esta ocasión, al menos, el hechizo iba bien dirigido, pero Lehmann volvió a defenderse. La legeremante era más hábil de lo que Hemsley había pensado, y al menos contra aquellas dos adversarias sí era capaz de defenderse.

Por su parte, la marioneta de Hemsley no perdió de vista a la sangre sucia, todavía en guardia y con la varita en alto. Mientras se movía poco a poco por la estancia, los ojos de Gwendoline Edevane la seguían, lista para reaccionar frente a lo que fuera que tenía en mente. McLaren se puso en pie unos pasos por detrás de ella, y el único pensamiento que logró formar en ese momento el cerebro de Gwendoline Edevane fue un sincero deseo de que aquella chica quejumbrosa y gimoteante no supusiera un estorbo en aquel duelo.

Lehmann hizo su movimiento, pero para nada fue lo que la marioneta de Hemsley esperaba: la legeremante pareció alzar el vuelo, impulsándose mágicamente a través de un agujero en el techo, justo encima de un montón de cascotes apilados que debían haber formado parte en su momento del suelo de la planta superior.

Sorprendidas, la marioneta y Savannah corrieron hasta situarse al pie del agujero. La propietaria actual del cuerpo de Gwendoline Edevane se disponía a seguirla, sin preocuparse de lo que pudiera esperar al otro lado… pero no llegó a hacerlo. Y es que Lehmann se valió de la confusión para aparecerse a espaldas de Savannah y enviarla a los brazos de Morfeo con un hechizo de sueño. La aspirante a mortífaga cayó desmadejada en brazos de la legeremante, que la dejó descansar en el suelo con el mismo cuidado que haría si la muchacha se tratara de su hermana pequeña.

La marioneta, en cuyo repertorio de habilidades actual no se encontraba el hacer ningún tipo de comentario innecesario, decidió pasar a la acción. Sus órdenes eran claras: capturar a Lehmann con vida. Así que, mientras la sangre sucia todavía estaba irguiéndose, la marioneta de Hemsley lanzó una patada circular en su dirección. Por desgracia para la sierva de Grulla, Lehmann había estado recibiendo entrenamiento durante los últimos meses, y fue capaz de esquivar aquel golpe. Gwendoline Edevane no era especialmente diestra luchando cuerpo a cuerpo, así que no iba a llevar la ventaja de aquella manera.

Sin embargo, lo intentó otra vez, lanzando una segunda patada al pecho de la legeremante. Ésta logró bloquear el golpe con sus antebrazos, rechazando a una Gwendoline Edevane que retrocedió varios pasos antes de recuperar el equilibrio.

Sin perder ni un solo segundo, la marioneta de Artemis Hemsley apuntó su varita en dirección a Samantha Lehmann. Sin embargo, cuando ejecutó la floritura, en su lugar apuntó hacia la pila de escombros que había junto a la bruja. Sin mover los labios, conjuró un potente hechizo Devasto que haría explotar la pila de escombros, con intención de derribar a la legeremante.

Hechizo utilizado:
► Devasto: Hace explotar objetos de gran tamaño.
Gwendoline Edevane
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Maestro de Dados el Miér Nov 28, 2018 1:23 am

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Caroline Shepard el Jue Nov 29, 2018 1:01 am

Cuando vió a Sam entrar a esa habitación sin más no lo pensó ni dos segundos y partió tras de ella, es que con su amiga a todas, hasta las últimas. Cuando estuvo frente a esa mujer, su secuaz y su querida Gwen lo primero que hizo fue lanzar un hechizo hacía su dirección, sin importar si realmente llegaría a destino, es que le tenía tanta rabia a la maga que necesitaba descargarse, necesitaba lanzar algo a su dirección con toda esa furia contenida.

Ni se inmuto cuando su hechizo no llegó ni a rozar a Hemsley, clavó su clara mirada en el anillo y apretó su mandíbula. La pelirroja no tenía que ser adivina para saber que lo que se venía estará cabrón pero ahí estaría poniendo la cara, porque no se arrepiente de estar acá y luchando,  más que por vencer a esa maga del mal es por recuperar a su querida Gwen, porque esa mujer en este tiempo se había vuelto muy importante en su vida, formando parte de su grupo de seres que sin importar el hostil, peligroso y sombrío contexto en que se encuentren ella lo dará todo.

Pensar que esa mujer se atrevió  pisar su lugar de puro amor con su adorable Sam y animalitos eso sí le causó escalofríos, porque era pensar que ese espacio de paz, de cariño y luz habría sido manchado por su presencia, pero de eso ya nada, ahora tenía que dar cara, y con todo.

Le dedicó una fugaz mirada a Sam, quería cogerle la mano mirarla a los ojos y decirle que todo estará bien, pero sabía que eso no sería posible ni en el mejor de los sueños, sabía que de aquí en adelante sólo quedaba sobrevivir, y resistir a la furia de esa mujer que tan solo bastaba mirarla un segundo para saber que la piedad y empatía jamás habían tocado a su ventana.

Voló por los aires como era de esperarse, todos pensaran que después de ese sendo porrazo que se pegó el miedo se empoderaría de su ser, pero todo lo contrario, fue una inyección de energía enorme, se levantó como si el suelo tuviera resorte con la varita alzada hacia Artemis. Esque si esa mujer quería pelea, ella se lo iba a dar, con o sin ese anillo.

Caroline imitó su sonrisa, burlona y vanidosa.- Lo que deseo y seguiré deseando es patearte el puto culo, zorra.- gruñó la pelirroja lanzandole un >>Frigus<< y enseguida generar una barra de protección sobre ella y correr hacia un lugar donde poder cubrirse, para pensar (aunque sea por un par de segundos) sus próximos pasos a seguir.

Atacar, atacar hasta el cansancio, era lo único que se le venía a la cabeza. Era consciente que el poder de ese anillo era enorme, y más en manos equivocadas. Buscó todo lo que pudiera volar por los aires, y desde ese mini refugio que había conseguido por esa pared, comenzó a lanzarse todas las cosas que pillaba en el camino, que de las miles de cosas que le lanzaba, al menos uno debería llegarle ¿no?.


Última edición por Caroline Shepard el Miér Dic 05, 2018 4:00 pm, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Jue Nov 29, 2018 1:24 am

Esperaba estar haciendo lo correcto dejando a Savannah fuera de combate. Artemis ni siquiera estaba allí, siendo consciente de que en realidad no ha hecho nada. Y era precisamente lo que le había llevado a tomar esa decisión la primera: no podría saber si quedó fuera de combate presentando batalla o, como es el caso, sencillamente porque Sam le había librado de la situación. Sólo esperaba que, pasase lo que pasase, no la castigase también por eso. Una cosa era aprovecharse del miedo de una persona, otra muy diferente encomedarle cosas que eres bien consciente que no puede hacer sólo para tener un motivo para castigarla. Llega un momento en el que todo dominante, cansada de sus juguetitos, termina en ese punto. Un punto patético. Ahí Artemis pasaba de tener un ayudante, a tener a una sierva, y Savannah pasaría de creerse útil a ser un estorbo que solo piensa en la muerte. Y así nadie funciona. No sabía si Artemis la tenía por algún motivo más que simplemente hacer de su vida una miseria, pero no podía pretender un buen funcionamiento con ese trato.

Sam la miró con muchísima pena, sin poder desviar su mirada de las cicatrices de su rostro. Nada más dejar a Savannah en el suelo y un poco ida por la situación, vio como una patada de Gwen le sorprendía, directamente hacia su cabeza. Retrocedió rápido para esquivarla y ponerse en pie, recibiendo otra directamente en el pecho que solo pudo amortiguar con sus antebrazos. De la fuerza, retrocedió unos pasos, chocándose contra una mesa rota al lado de montón de escombros y trozos de madera. Miró a Gwen sorprendida, pensando sólo en una cosa: jamás en la vida se hubiera imaginado que su amiga le pegaría así. Ni siquiera le pegaba con odio, sino con la impasibilidad de una orden encomendada. Le daba igual si estaba bien, o si estaba mal; sólo tenía que hacerlo. Le daba igual estar pegándole a Lord Voldemort que estar pegándole a Samantha Lehmann. Tendría la misma emoción haciendo eso, que haciendo la compra para Artemis. Y por un momento pensó que si aquello no salía bien: ¿de verdad iba a tener la misma impasibilidad derrotándola? ¿Le iba a dar igual de verdad? ¿Qué narices había hecho Artemis en su cabeza?

Había alzado rápidamente la varita para defenderse de cualquier ataque, pero en el último momento la dirección de la suya cambió. En ese milisegundo en el que Sam desviaba la mirada hacia los escombros de su lado, se dio cuenta de lo que iba a pasar. Creó una barrera en esa dirección, agachándose detrás de ella para intentar evitar que aquello le diese.
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Maestro de Dados el Jue Nov 29, 2018 1:24 am

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Gwendoline Edevane el Jue Nov 29, 2018 3:01 am

Artemis Hemsley y Caroline Shepard

Artemis habría podido ponerse a reír ahí mismo ante las palabras de Caroline Shepard. La mortífaga, curtida en más batallas de las que ninguna de esas tres podría soñar, había aprendido que existían enemigos así, a los que había que bajar los humos. Algunos nacían valientes, otros se hacían los valientes. ¿Aquella mujer? Bueno, era valiente, pero claramente no había conocido todavía el miedo.

Shepard conjuró una barrera de hielo que separó a ambas brujas, y Artemis contempló aquello con cierto aburrimiento. Escuchó los pasos apresurados de la pelirroja a saber en qué dirección, y con un simple gesto de la mano del anillo redujo a pequeñas esquirlas de hielo aquel muro improvisado. Las partículas de hielo quedaron en suspensión en el aire, y Artemis caminó un par de pasos, buscando con la mirada a su enemiga. Estaba tranquila, segura de que iba a ganar… y más si la pelirroja se limitaba a esconderse.

¿Y vas a patearme el culo escondiéndote?Como respuesta aquella pregunta, elementos del mobiliario que quedaban por allí empezaron a volar en dirección a Artemis, quien conjuró un sencillo Fianto Duri a su alrededor. Cada elemento que volaba en su dirección impactaba contra la barrera invisible y se veía reducido a polvo.¡Confieso que esperaba mucho más de ti, después de enfrentarte a la mismísima Ministra!Exclamó Artemis, quien pretendía meterse en la cabeza de Shepard. Una sonrisa malévola jugueteó en sus labios.¿Pero de qué me sorprendo? Ni siquiera fuiste capaz de proteger a Gaspard e iO...

Artemis se deleitó en sus palabras, cruel, buscando hacer un daño emocional a la bruja pelirroja para que, quizás, actuase de nuevo de forma impulsiva. Quizás revelaría su posición, y Hemsley podría acabar con ella.

Pero Artemis no era una persona famosa por su paciencia. Así que cerró nuevamente el puño del anillo. Las partículas de hielo en suspensión en el aire comenzaron a agruparse, a aglomerarse, tomando la forma de varias docenas de shurikens de hielo. Con otro gesto de la mano, la arrojó estas estrellas ninja en todas direcciones al mismo tiempo, buscando alcanzar a Shepard en su escondite.

¡Sal a jugar, pelirroja!Exclamó Artemis, sonriendo y disfrutando de aquello.

Gwendoline Edevane y Samantha Lehmann

La pila de escombros hizo explosión con un potente sonido de detonación. La deflagración arrojó fragmentos de escombros en todas direcciones. La legeremante hizo un intento por protegerse, conjurando una barrera que, si bien logró detener algunos de los fragmentos proyectados en su dirección, no logró detener la onda expansiva que la arrojó al suelo. Algunos de los fragmentos provocaron pequeñas heridas en la piel expuesta de la joven, que terminó cayendo de bruces y perdiendo su varita.

La marioneta de Artemis Hemsley no perdió ni un solo segundo. Mientras en el piso más bajo del edificio, un grupo de indigentes se preguntaba qué había sido esa potente explosión que acababan de escuchar, la sierva de Hemsley apuntó la varita a la de Lehmann. Por los recuerdos almacenados en el cerebro de Gwendoline Edevane, la marioneta sabía que aquella varita le pertenecía todavía, por mucho que se la hubiera cedido a la sangre sucia. Así que conjuró un hechizo Accio no verbal en su dirección. La varita salió despedida en dirección a la mano libre de la marioneta, que la agarró de inmediato, lista para continuar con aquella contienda.

Armada con ambas varitas, la marioneta de Artemis Hemsley se dispuso a lanzar un nuevo hechizo. Ejecutó una floritura con la varita que empuñaba en la mano derecha, apuntando a la sangre sucia y…

***

Un pensamiento funesto, pensado por mi propia mente pero no por mí, fue lo que logró sacarme del trance en que me encontraba. El rostro de Sam apareció ante mis ojos, cubierto de rasguños y heridas, intentando ponerse en pie. Sus ojos azules estaban… ¿asustados?
El pensamiento, ese que me había despertado, hablaba de dolor. De causarle dolor a ella, a Sam. ¿Pero cómo podía ser eso? ¡Yo jamás le haría daño a Sam!
Así que luché. Luché contra las telarañas que me inmovilizaban brazos y piernas, en un desesperado intento de recuperar aquello que había perdido: mi libertad y mi capacidad para decidir qué hacer. O qué no hacer, como en aquel momento. Y es que no quería hacer aquello. Y como mis músculos no me obedecían, sino que obedecían a la voluntad de otra persona...

¡DETENTE!Grité, con todas mis fuerzas, casi hasta desgañitarme, desesperada por ser escuchada y que aquella locura terminase.


***

En el exterior, el cuerpo de Gwendoline Edevane se detuvo a mitad del hechizo, sin conjurarlo. Su rostro apareció patidifuso por unos segundos, casi como si de repente fuera consciente de lo que estaba haciendo. Y aquello se convirtió entonces en una lucha de voluntades: la voluntad de Gwendoline Edevane, debilitada, contra la voluntad de Artemis Hemsley, poderosa e implacable.
Así mismo, Gwendoline también debería hacer frente al miedo que sentía hacia la mortífaga. Miedo capaz de debilitarla, de devolver el control a la intrusa que poseía su cuerpo…

Recuento:

Gwen - 0 toques || Sam - 1 toque
No ataco en este turno.
Gwendoline Edevane
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Gwendoline EdevaneDesmemorizador

Sam J. Lehmann el Vie Nov 30, 2018 2:15 am

La barrera no fue ni de lejos suficiente como para detener aquel hechizo. No sólo fue lenta e ineficiente, sino que aquella explosión la traspasó por completo, rompiéndola en sus narices. Se vio expulsada debido a la onda expansiva e intentó parar la gravilla con sus manos por delante, algo que no sirvió de mucho, pues no solo perdió el equilibrio al caer, haciendo que su piel fuese golpeada por los fragmentos restantes, sino que incluso perdió la varita tras el golpe. En ningún momento se esperó que Gwendoline—o la que tenía el aspecto de Gwendoline—le fuese a salir con una maniobra así, por lo que la cogió totalmente desprevenida; y se notaba, pues rara vez Samantha soltaba aquella varita.

Se dio cuenta de que había rodado unos metros de ella y sin preocuparse de nada de lo que le acababa de pasar, tuvo clara sus prioridades. Se lanzó a por la varita como quién se lanza a darle la mano a su ser más querido para evitar que se ahogue, pero no pudo ni rozarla con los dedos cuando la vio salir volando en dirección a Gwen, quién la sujetó sin problemas.

Retrocedió aún en el suelo prácticamente de rodillas y cuando vio que alzaba al varita contra ella, sólo pudo alzar una mano en un intento de crear una barrera imaginaria. Obviamente no pasó; pero tampoco llegó hechizo hacia ella. Sam identificó con claridad el gesto de confusión que tenía Gwendoline y un granito de confianza se había sumado a todo el puñado que acababa de desaparecer al perder la varita. No se podía ser más inútil: perder la varita en el primer golpe, ¿qué narices pretendía conseguir así? Así que sin dudar ni un momento, se puso en pie aprovechando la duda de su 'enemiga' y dio las zancadas necesarias para llegar a la varita de Savannah, la cual estaba al lado de su cuerpo inconsciente.

Ese aparente intento de alzarse contra ella de nuevo hizo que Gwen le volviese a apuntar con la varita, pero para entonces ya Sam, cogiendo aire, ya le devolvía la amenaza de manos de la varita de Savannah McLaren.

Gwen —la llamó, haciendo una pausa, mirándola a los ojos. —Sé que estás ahí dentro. Te ayudaré a salir, sabes que te ayudaré a salir —le prometió mientras retrocedía hacia una columna. —Puedes contra ella. Estoy aquí esperándote. Lucha porque te voy a ayudar a vencerla, ¿vale?

No atacó en ningún momento porque estaba esperando. Tenía muy clara sus cartas y muy claro que Gwen tenía dos varitas que le obedecían mientras que Sam tenía la varita de Savannah que, ahora mismo era un: "a saber qué narices pasa con esto". Así que esperó a que la otra hiciese un movimiento para poder ejecutar el suyo. Y sabía que sólo tenía que esperar, pues seguro que más temprano que tarde, la voluntad del Imperius que ahora residía en Gwen volvería a tener en mente la orden encomendada por Artemis y tendría que atacar a Sam. Desde que Sam vio que alzaba su varita para atacarla, apuntó a su mano inofensiva, conjurando un hechizo desarmador que hizo que una de sus varitas saliese volando a saber a dónde. Una amenaza menos. Eso sí, el hechizo que lanzó Gwen con su otra varita no se vio entorpecido por nada, pero Sam aprovechó para esconderse tras la columna a la que se había acercado para utilizarla de cobertura, notando como el hechizo impactaba allí y rompía gran parte del cemento de la misma, el cual se esparció a todos lados y pasó por sus laterales.

Entonces Sam se asomó rápidamente por un lateral de aquella columna cada vez más delgada y la apuntó, intentando confundirla con un hechizo que no quería más que facilitar sus siguientes movimientos. Iba a ayudarla a salir y sabía que desde ahí fuera no podría.

Sensum Vertigine: Hechizo de legeremancia que puede utilizarse en duelos y que causa en el afectado una sensación similar al vértigo: las cosas parecen moverse a su alrededor, y le resulta mucho más complicado atacar y defenderse de los hechizos y ataques enemigos. La duración del hechizo es interpretativa, dependiendo de la intensidad del mismo (diferencia RP).
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Maestro de Dados el Vie Nov 30, 2018 2:15 am

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Gwendoline Edevane el Vie Nov 30, 2018 2:34 pm

Ese momento de confusión, ese momento en que la marioneta de Artemis Hemsley no supo qué directriz seguir, si la de la propietaria original del cuerpo o la de su maestra, fue clave para la sangre sucia: todavía recuperándose de los daños de la explosión, Lehmann vio a su enemiga detenerse a mitad del hechizo una varita alzada por encima de su cabeza, la otra por delante de su cuerpo, y aprovechó el momento para retomar el control de la situación. Y lo hizo moviéndose a toda velocidad en dirección al cuerpo inconsciente de Savannah McLaren, con la clara intención de hacerse con la varita de la universitaria.

La legeremante volvía a estar armada. Por un momento de tensión, ambas brujas mantuvieron una confrontación puramente visual, la varita de Savannah McLaren apuntando a la marioneta en la mano de Lehmann, y la de Gwendoline Edevane apuntando a la legeremante en manos de la marioneta. La confusión todavía reinaba en el interior de la cabeza de la marioneta, por lo que no atacó.

Y entonces llegaron las palabras de Lehmann.

***

La voz de Sam pareció llegar de muy lejos.
La escuché con los ojos cerrados, encerrada en aquella pesadilla, y fue suficiente como para hacerme abrir los ojos. La telaraña me había soltado, pero ahora nadaba en densas aguas pantanosas, escuchando la voz de Sam, que me llamaba.
Otra poderosa voz hablaba a mis espaldas, y esa era la voz de Artemis Hemsley: no me decía nada, sino que me ordenaba que me detuviera. No quería escucharla, solo alejarme de ella, pero era demasiado fuerte. No pensaba dejarme escapar.
Nadé con todas mis fuerzas, sintiendo como unos largos tentáculos emergían de lo más profundo de aquel denso mar. Mis extremidades se movían, pero no parecía avanzar nada en absoluto. Sentía la oscura presencia de Artemis detrás de mí, acercándose cada vez más, y ya casi podía ver aquella sonrisa pérfida. A mi alrededor empezaron a arremolinarse los tentáculos, y no tardaron en lanzarse contra mí. Me asieron por brazos, piernas, torso y cuello, y comenzaron a tirar.
Luché cuanto pude, pues no quería ir en aquella dirección. Sabía que allí me esperaba Hemsley, abriendo una boca llena de dientes afilados, con la intención de devorarme, de no dejar nada de mí.

¡SUÉLTAME!Grité, consciente de que nada de lo que hiciera podía salvarme. Me arrastraba hasta las profundidades...


***

Mientras todo esto ocurría en el interior de su mente, la marioneta de Artemis Hemsley recuperaba fuerzas en el mundo real. Alzó nuevamente su varita con intención de asestar a la legeremante un hechizo que la dejara inconsciente, pero Lehmann fue más rápida: con destreza, logró conjurar un hechizo desarmador antes de que la marioneta concluyese el suyo. Por fortuna para la sierva de Hemsley, lo único que le arrebató de las manos fue la varita que había logrado quitarle a la legeremante, y que empuñaba en la mano izquierda.

La varita—que para Gwendoline Edevane y Samantha Lehmann tenía mucho más valor del que jamás podría comprender Artemis Hemsley—salió disparada de la mano de la sierva de Hemsley, describiendo un arco mientras giraba sobre sí misma, hasta caer en algún lugar por detrás de la bruja. Ésta, sin embargo, no dejó que esto la detuviera: completó el hechizo que estaba preparando, directo hacia Lehmann. La legeremante logró evitarlo, ocultándose tras uno de los decrépitos pilares del edificio abandonado. El hechizo impactó sobre ésta de manera inofensiva, únicamente consiguiendo arrancar un pedazo al elemento arquitectónico y arrojar fragmentos de este en varias direcciones.

Lehmann volvió a asomar apenas unos segundos después, y en esta ocasión volvió a ser más rápida que la marioneta. Todavía confundida por la intervención de Gwendoline Edevane dentro de su cabeza, la sierva no pudo hacer nada por evitar aquello. Y entonces el mundo empezó a moverse de manera incontrolable.

El suelo parecía inestable, como hecho de gelatina bajo los pies de la marioneta. De la misma manera que si viajara en un barco a través de un mar embravecido durante una furiosa tormenta, empezó a experimentar problemas para mantenerse en pie. Sus ojos experimentaban a ratos visión en túnel: lo que veía por la periferia de su visión desaparecía y volvía a aparecer, mientras que lo que tenía directamente enfrente parecía acercarse y alejarse de manera exagerada.

En algún momento empezó a caminar, sin darse cuenta, momento en el cual trastabilló y acabó cayendo de bruces hacia delante. Habría acabado en el suelo de no ser porque un viejo escritorio podrido y desvencijado la detuvo. Echó las manos en esa dirección, y al hacerlo, soltó la varita de manera involuntaria. Ésta rodó por el suelo, alejándose unos centímetros de ella.

***

El mundo del interior de mi cabeza empezó a sacudirse, mientras aquellos tentáculos todavía tiraban de mí hacia las profundidades. Los sentí perder fuerzas, soltarse de mis extremidades, y si bien yo misma también me sentía débil y mareada, aquello supuso un alivio.
Volví a verme libre de los tentáculos, aunque sabía que no estaba libre del todo. Sin embargo, hice acopio de todas mis fuerzas: si quería salir de allí, tenía que luchar. Sólo necesitaba recordar dónde estaba Sam. Todo parecía igual a mi alrededor, el mismo denso y oscuro mar.
¿Dónde estaba Sam? Quería volver con ella...


Recuento:

Gwen - 1 toque || Sam - 1 toque

Asumo el daño principalmente porque dudo mucho que hubiera podido defenderme de eso xD
Gwendoline Edevane
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