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we are happy, happy at home || Sam&Carol [FB]

Caroline Shepard el Mar Ene 22, 2019 5:02 am

Recuerdo del primer mensaje :

we are happy, happy at home || Sam&Carol [FB] - Página 2 HqJ64fZ

Invierno, 8°.
24 de diciembre, 2018.

Cuando Caroline espera con ansias un día es tanta su emoción que no necesita de ninguna alarma para poder despertar. Abre sus ojos solita y sonríe acurrucada en su cama, sabiendo que se le vendrá un gran día por delante. Y lo más bonito es que es un día en el que estará acompañada de su familia, la biológica y la de vida, haciendo que su corazón latiera fuertemente de las ansias de querer que ya llegase la hora de poder compartir con ellos ese día tan especial. Hoy era víspera de navidad, donde el olor a nieve y galletas recién horneadas se filtra por todos las grietas existentes, llegando a tu nariz para darte esa sensación única e inigualable, que sin importar que pasen y pasen los años te producirá lo mismo, una calidez y felicidad inexplicable.  

Este año Samantha y ella habían decidido tomar todas sus cosas y animalitos para pasar la navidad en la casa de los padres de la pelirroja. Caroline estaba emocionada porque no los veía hace mucho y de cierta manera su ser ya los extrañaba. Extrañaba los chistes aburridos de su padre, y la sonrisa estridente de su madre, las canciones improvisadas, y esa comida que uno solo come cuando está en su primer hogar. Además, para los padres de la joven maga la navidad era un evento importante, hasta más que el año nuevo porque si había personas con su alma infantil intacta eran los progenitores de la magizoologista.  Adoraban las luces, los calcetines colgados, los monos de nieve, los villancicos, y los regalos. Amaban la energía de la navidad y esa magia que venía inherente a ella y logran transmitirlo a todos los que los rodean.

Cuando miró su reloj y vio que era una hora decente para poder despertar a Sam, corrió descalza hasta su habitación y delicadamente se metió entre las sábanas de la rubia abrazándola y acurrucándose a su lado.- Hoooooolí.- le canturreó bajito en su oído.- Bueenos díaaas.- siguió cantándole dulcemente para despertarla de a poquito, sin bombos ni platillos sino que con cariño, de a poquito.- Ya llegó el gran día.- terminó por decir con una sonrisa, cuando una Sam comenzó a moverse como un gatito recién despertando entre sus brazos.

***

Las horas pasaron volando porque ambas estuvieron todo el día arreglando las últimas cosas para la tarde; guardar los regalos y  cambios de ropa, mandar algunas postales a amigos y llevar algunos comidas para la cena. A su vez, Caroline se había empeñado en hacer un postre, con sus propias manitas para llevárselo a sus padres y aportar en la cena de esa noche. Pero quien conoce a la pelirroja, sabe que ella y el cocinar no se llevan muy bien, por lo que esa tarta que debía demorarse dos horas como máximo, termino por hacerse en cuatro horas más un par de platos rotos. Pero lo había logrado y se sintió toda orgullosa, aunque aún no sabía si había quedado bien, pero esperaba de todo corazón que así fuera.  

A la hora acordada ambas se juntaron en el living con sus bolsos listos y  sus mascotitas. A Caroline le tocaba ser el medio de transporte ese día, era la más adecuada para llevarlos a todos hacia la casa de sus padres. Ya que por más que Sam ya había ido en más de un par de ocasiones, hace mucho que no lo hacía por lo que su recuerdo no era tan preciso y podrían ocurrir errores.

La pelirroja los llevó en dos tantas, en la primera iban: Sam, Don Gato, y Lenteja. Y en la segunda iría ella junto a Don Cerdito. Porque si iba a ser una cena en familia, no podían faltar sus hermosos animalitos.

Cuando llevó a sus queridos en la primera tanda hacia el living de la casa de sus padres, no había nadie alrededor, la pelirroja frunció el ceño confundida, dudosa si esa era realmente la hora acordada, ya que no entendía por qué es que sus padres no estaban ya allí, recibiendolos con los brazos abiertos y sonrisas enormes. Pero lo que si  le impactó fue no saber nada de Chuck, su dulce y viejito perrito que puede oler su presencia desde kilómetros para empezar a ladrarle amorosamente.- ¿Papás?.- exclamó al aire pero no hubo respuesta alguna, miró a Sam extrañaba y se encogió de hombros mientras dejaba su bolso sobre el sillón. - Deben haber ido a comprar algo…voy por Don cerdito y regreso, siéntete como en casa.- le dijo junto a una dulce sonrisa a su amiga para desaparecer y aparecer en menos de lo que uno alcanza a decir “Con mi burrito sabanero voy camino a Belén”.

Llegó y dejó a Don Cerdito en el suelo, quien no tardó en mover su culito para recorrer todo el lugar, olfateando todo, igual que Lenteja quien ya ni siquiera se observaba por el living.- Bueno, tiene alguno cambios pero es casi la misma casa de siempre. La misma que nos vio crecer por siete años Jota, verano tras verano.- le dijo a su amiga mientras miraba todo a su alrededor y respiraba profundamente, feliz de volver a sentir ese olor de hogar.

De pronto el sonido de unas campanas provenientes del patio llegaron a los oídos de ambas magas, Caroline sonrió radiantemente, y tomó la mano de Sam para llevarla hacia los exteriores de la casa de sus padres.- Jingle bells, jingle bells, jingle all the way...- se comenzó a escuchar, la pelirroja apresuró su paso ya que logró identificar la voz de sus padres, y cuando salió se quedó anonadada.- ¡BIENVENIDAS! ¡FELIZ VÍSPERAS DE NAVIDAD! .- exclamaron los padres de Caroline, mientras movían vigorosamente las campanas, haciéndolas sonar.

En el patio de los Shepard, que se encontraba teñido de nieve había un enorme trineo cubierto de luces, su padre estaba vestido de papa Noel, y su padre de señora Claus, y a su lado causándole una  ternura tremenda estaba Chuck con una gran bola roja en su nariz y cachitos de reno en su cabecita. También, no era menor el detalle de los monitos de nieve que simulaban a Sam, Caroline, junto a sus animalitos, porque sí señoras y señores, sus padres se habían dado el tiempo hasta de hacer a Don cerdito de nieve. Su madre movió su varita, y por fin Caroline pudo escuchar el ladrido de Chuck y verlo moviendo su cola hacia ella, haciendo soniditos de emoción y dándole besitos con su lengua de bienvenida, pero luego una bolita de pelo más pequeña que el llamó su atención.- Chuck, hermoso mío. Ella es Lenteja, tu nueva amiga.- le dijo entre caricias al perro que no tardó en ir a olfatear a esa revoltosa perrita que ladraba emocionada al ver alguien parecido a ella.

Los padres de la pelirroja fueron al encuentro de las magas, su madre fue primero a abrazar fuertemente a Sam, y su padre a Caroline.- Espero que les haya gustado esta bienvenida, tu madre tuvo  que silenciar y movilizar a Chuck porque sabíamos que se volvería loco cuando llegases .- le comentó su padre.- Está todo muy bonito, papá. Gracias.

- Ay, Samantha. Que alegría tenerte nuevamente por acá, esta casa y sus integrantes extrañaron mucho tu presencia .- dijo su madre, abrazando nuevamente a Sam de un costado apoyando su cabeza junto a la suya. – Y a ti también, señorita desaparecida .- agregó su madre, lanzándole la lengua a la pelirroja, quien le devolvió el gesto con ternura para luego ir a darle un abrazo.

Ambos llevaron a las jóvenes hacia el interior, donde hacía más calorcito, ya que pese a que habían armado un escenario todo bonito en el patio hacía un frío que te mueres.

- Vayan a dejar sus cosas arriba y luego bajen que le tenemos muchas cositas ricas para comer, a ustedes y a sus animalitos .- dijo el padre de la pelirroja con una enorme sonrisa, una que brillaba con luz propia.



THE SHEPARD:
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Paul Shepard (muggle, 48 años) :Profesor de historia y un poeta empedernido, le encanta improvisar con su guitarra canciones. Le gusta coleccionar sonidos de risas por lo que anda por la vida contando chistes para hacer a la gente reír (su risa favorita es la de su esposa), es un amante de la vida, por lo que aprovecha todos sus días al cien por ciento. Ama a su hija con locura, y siempre le manda al menos un mensajito al día contandole chistes.
[#0066cc ]

Marie Walsh (maga, 45 años): Astróloga, sabe el nombre de casi todas las constelaciones existentes. Su risa es muy característica, cuando se ríe es como si se comiese el mundo y su sonido se llega a escuchar hasta la esquina. Le encanta saber el signo zodiacal de la gente y sacarles su carta astral. Ama los animalitos más que los humanos, al igual que su hija, a quien por cierto ama  locamente.
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CHUCK:
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Chuck: Perrito callejero que Caroline encontró cuando tenía diez años, desde allí se convirtió en uno de sus animales favoritos en el mundo. Ambos tienen una conexión inexplicable, ya que sin importar que pase el tiempo es como si el pudiera comprender en su totalidad a la pelirroja, sabiendo cómo se siente, qué piensa, y dándole un cariño inconmensurable. Ahora esta muy viejito, pero aún así no pierde su revoltosa y adorable forma de ser. Le basta con solo un olida para saber si esa persona le cae bien, a Sam, por ejemplo le movió su colita la primera vez que la vió.


Última edición por Caroline Shepard el Sáb Abr 04, 2020 6:06 pm, editado 1 vez
Caroline Shepard
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Sam J. Lehmann el Sáb Sep 14, 2019 2:18 am

¡Claro que debería de ser ley eso de no ir a trabajar si hace frío! ¡Que en Londres hace mucho frío! Pero no, Sam tenía que ir a ‘levantar’ el país con su identidad falsa de falsa alemana, cuando lo único que quería era quedarse en casita sin hacer nada. Qué pereza de vida, ¿por qué todo tenía que girar alrededor de dinero?

―Puedo sobrevivir sin galletas: en el Juglar están trayendo unas que… son alucinantes. Son de tarta de queso, ¿sabes? La masa sabe a la base y luego tiene chispas de queso y frambuesa. Son una pasada, creo que después de las de chocolate, siempre en el TOP de mi vida, son mis siguientes favoritas ―le dijo a Caroline. ―Intento traerte una después para que la pruebes, que son nuevas y arrasan.

De toda la vida del señor Caroline había sido la amiga más ligona que había tenido, lo cual era gracioso teniendo en cuenta que ligaba con mucha gente menos con Sam. ¡Que ojo, no era resentimiento! Sólo decía que era gracioso porque quedaba claro que oportunidades no había habido.

A día de hoy le seguía sorprendiendo que no tuviera pareja estable teniendo en cuenta lo genial que era y la facilidad que tenía para dejar a cualquier persona babeando detrás de ella. Siempre le decía que simplemente quería divertirse y pasarlo bien, pero no entendía muy bien por qué se negaba a algo más serio. Sam siempre vería más complicado llevar cosas ‘poco serias’ que no saben ni por qué camino van, que implicarte en algo que realmente te hace ilusión. Ahora mismo Sam no podía sentir más facilidades estando con Gwendoline.

―¡Y yo que sé, para mí cuando dos personas tienen sexo es porque se aman! ¡Jamás os entenderé, personas capaces de acostaros con cualquiera! ―Rió divertida, pese a que no hablaba cien por cien en serio. Luego sí que se puso un poco más en serio. ―¿Pero por qué ‘por un tiempo’ no quieres nada serio? Lo dices como si acabases de salir de una relación super profunda que te ha dejado destrozada, ¿sabes? O sea, que no te estoy diciendo nada, sólo que no entiendo por qué ese pensamiento tan… cerrado de ‘no quiero nada’. ¿No te estresas? ¿Y si de repente sientes cosas por ese tío, qué? ¿No puedes tener nada con él porque ‘por un tiempo’ no quieres nada serio? ―Y Sam, de manera muy divertida, sujetó sus hombros y la zarandeó, como si estuviese echando a los demonios de ella. ―¡Deja de mandar sobre el amor o me voy a enfadar! ―Rió con un amplia sonrisa.

Cuando le preguntó por un lugar ‘chachi’ al que llevar a su nuevo amigo con derecho a roce brasileño, Sam dejó de espantar a los demonios de Caroline y se apoyó de nuevo a su lado en el sofá, cogiendo una galleta.

―Sé un par de sitios, pero… todos son vegetarianos ―le dijo, con una mirada algo divertida y de disculpa. ―Hace años que no voy a ningún restaurante normal para la media, pero como tú también estás haciéndote vegetariana… lo mismo te interesa inculcarle a tu futuro marido la buena comida animal friendly, ¿no? ―Y con una sonrisa de lo más bromista y pilla en el rostro por eso de ‘futuro marido’, se protegió de una posible reprimenda por parte de su amiga.


Domingo 24 de febrero del 2019, 10:03 horas

Esa mañana se había levantado pronto para hacerle el desayuno a Caroline. Ya de por sí no le costaba nada de nada levantarse pronto porque su horario daba pena y rara vez dormía más de las ocho a menos que estuviese muy cansada o en buena compañía, por lo que después de haber tenido hace dos días aquella conversación con Gwendoline sobre irse a vivir juntas… se sentía un poco nerviosa al decírselo a Caroline, pues pensaba que quizás no le iba a sentir demasiado bien.

Que ojo, Sam siempre había tenido a sus mejores amigas a su lado: Gwendoline y Caroline y jamás había hecho distinciones entre una y otra, con la única diferencia de que al tener a Caroline en Japón durante tantos años, inevitablemente se unió más a la inglesa. Pero la austriaca siempre había tenido algo claro: no había ni punto de comparación entre una Gwen y una Caroline, pues ambas eran una parte indispensable de su vida y tremendamente diferentes.

El caso es que… hasta Sam se había dado cuenta de que hacía tiempo para atrás había tenido más cercanía con Gwendoline, pese a que vivía con Caroline. Y bueno… teniendo en cuenta cómo había terminado la cosa con Gwendoline y su reciente relación sentimental, era normal, pero igualmente no podía evitar sentirse un poquito mal, aunque Caroline tuviera su vida aparte. Sam tenía la sensación de que le debía a su amiga pelirroja muchísimo y que irse de la casa que le había ofrecido para volver a resurgir de sus cenizas podía molestarla o incrementar esa sensación que tenía Sam de ‘dejarla de lado’. Que no es que la dejase de lado, sino que con Gwendoline las cosas habían cambiado por completo.

Y por un lado sabía que era IDIOTA por pensar en todo eso, que lo más probable es que su amiga se sintiese feliz de que Sam hubiese salido de la mierda, hubiese encontrado el amor de su vida que siempre había estado delante de ella y que pasase página.

Pero igualmente Sam… se sentía mal y eso la hacía ponerse muy nerviosa.

―¿Qué? No ―le respondió, sorprendida, cuando apareció desde su habitación, viendo el desayuno que le había preparado Sam. Llevaba como una hora en la cocina dándole vueltas al asunto, por lo que había hecho varias cosas. ―No celebramos nada. Bueno sí, ¿que la vida es maravillosa? ―Y sonrió. ―Buenos días.

Vio a la pelirroja despeinada acercarse a la mesa para coger uno de los brownies recién hechos, la cual no tardó en leer a Sam como si fuera un libro abierto, preguntándole si pasaba algo. Podría haberse ofendido si no fuera totalmente real, por lo que simplemente fingió ofenderse.

―Oye, pero bueno. Sí que pasa algo, pero me ofende igualmente: ¡ha habido otros días en donde te he hecho el desayuno y no pasa nada! ―Y se cruzó de brazos, en mitad del salón, para caminar hasta la mesa.

Estaba nerviosa por contárselo, pero eso no quería decir que se fuese a ir demasiado por las ramas o que tuviera dudas. Con Caroline tenía muchísima confianza, la pelirroja le había visto en su mejor momento y también le había visto en sus peores, cuando la rubia no quería más que cerrar los ojos y no levantarse de la cama durante días. Así que sí, a Caroline no podía ocultarle nada.

Sam le movió la silla de la mesa para que se sentase tranquilamente, para ella tomar asiento justo en frente. Sirvió un vaso de zumo de naranja de la jarra que había exprimido hace un rato, para entonces pasárselo a Carol.

―No pasa nada feo ―dijo entonces, mirando a los ojos de su amiga. ―Es que acabo de recapacitar lo que dijimos y parece que pasa algo malo, pero no. Es solo que… ―Puso la mano entonces sobre la de Caroline, la mano que no sujetaba el brownie, por supuesto. ―Sabes que yo te quiero muy mucho, ¿verdad? Y que te voy a estar agradecida hasta el día en el que me entierren por todo lo que has hecho por mí. ―Se lo repetía mucho, por lo que Caroline debía de estar hartita del agradecimiento de Sam. ¡Pero es que ellas no entendían que todo lo que habían hecho por Sam era inmenso para la fugitiva! No solo se habían arriesgado―y seguían arriesgándose por ella―sino que encima le había dado una nueva oportunidad. ―A veces me pongo a pensar en cómo me siento aquí contigo y es que parece que no ha pasado tiempo, que seguimos en nuestra habitación de Hogwarts como si nada hubiera pasado, con la diferencia de que no está la idiota de Kate en nuestra habitación. ―Kate era la compañera antipática que todo el mundo tiene. ―Ahora lo que tenemos es un Don Gato, que se parece bastante. ―Exageró con una sonrisa.

Tal y cómo Caroline podía leer a Sam con facilidad, Sam también podía ver en la cara de Caroline que sabía que estaba YÉNDOSE POR LAS RAMAS y que quería saber realmente lo que pasaba, por lo que tras esbozar una débil sonrisa, bajó ligeramente la mirada al zumo.

―Gwen se va a mudar porque su apartamento ya no es seguro ―le dijo, alzando la mirada. ―Fui hace dos días a acompañarla a ver una casa y… me voy a mudar con ella.

¡Y entonces hizo boooooooooom!

Tampoco era tan fuerte, si lo pensabas. Sí era cierto que ya no iba a vivir con Caroline, pero la casa de Gwen y Sam iba a ser tanto de Caroline como actualmente esa era de Gwen. Además, conocía a Gwendoline desde hacía eones, por lo que la norma de “¿no es demasiado pronto para irte a vivir con una pareja con la que llevas dos meses?” no es que fuese demasiado con ellas.
Sam J. Lehmann
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Sam J. LehmannFugitivos

Caroline Shepard el Jue Abr 23, 2020 4:35 am

Ahí, acurrucadita junto a Sam hablando y comiendo galletas como si la vida se le fuera en ello estaba a tan a gusto, que enterarse de la próxima partida de la rubia no le sentó para nada bien al panorama de regaloneo invernal que la pelirroja ya se había inventado en la cabeza. Aún así, aprovechó los últimos minutos que le quedaban junto a su amiga y la puso al día de sus andanzas nocturnas.

Por favor, tráeme de esas galletas, dile que son para tu amiga, esa loca que los hizo vestirse de umpa lumpas para tu cumpleaños. ― se lanzó a reír de solo recordar las locuras que a veces hacía y de paso arrastraba a los demás con ella. ― Que ricas son las galletas, que rica que es la comida...― musitó como gran reflexión producto del alcohol que aún tenía en su cuerpo, sonrió y se acomodo en el sillón, dispuesta a quedarse allí durmiendo toda la tarde.

Se rió al escuchar las palabras de Sam con respecto al sexo, la miró divertida y se encogió de hombros.― Bueno, quién sabe, quizás si nos llegamos a amar por esa fracción de tiempo. Pero es algo que no perdura, es una sensación efímera, fugaz.... ― comenzó a decir tratando de explicar lo que sentía con respecto a ese tipo de relaciones. Sonrió cada vez más ampliamente y negó con la cabeza divertida al ver como de apoco su amiga se iba frustrando al hablar de las declaraciones con respecto al amor que ella había acabado de dar. Y la verdad es que no estaba en contra de las cosas que decía, Caroline era muy consciente que cuando el amor tira piedras a la ventana de cada uno, por más que uno intente cerrarla terminará entrando de todos modos. Pero se quedó ahí calladita, escuchando a Sam con una sonrisa en el rostro.

Y luego remezón.
Bing bang boom.

¡Joder, Sam! ¡Mi cabeza!― reclamó la pelirroja cerrando los ojos y llevándose las manos a la cabeza que le dolía producto de la resaca y los movimientos de su amiga.― Vale, vale dejaré de mandar sobre el amor pero no me muevas más así. Vale, acepto. Hoy lo acepto todo. Todo, todo. Lo llamaré y el diré que es el amor de mi vida y que nos escapemos a recorrer el mundo ¿ vale? ahora, dame amor y no guerra, Samantha Lehmann― dijo toda dramática con sus ojos cerrados y una sonrisa de borrachita con resaca.

Además, que la historia de amor de Sam aún no estaba del todo descartada, el chico que había conocido la pelirroja volvería a Londres para una nueva cita con la maga, por lo que de paso y viendo que la rubia estaba tan animada con aquello le preguntó por lugares buenos donde llevarlo. Ella conocía algunos pero para ser sinceros la cabeza de Caroline en esos momentos estaba en huelga.

¡Mejor! Mientras menos animalitos esten en nuestras comidas, mejor.― le dijo enseguida para que borrase ese rostro de disculpa, ya que para la pelirroja siempre ha sido algo de admirar aquello de su amiga. Soltó una carcajada y negó con la cabeza divertida.― ¿Tú en otra vida fuiste cupido o qué?― le preguntó entre risas.― Dame esa lista de lugares vegetarianos, así enseguida le digo que nuestra boda no habrá comida que sea de animal y que nuestros hijos lo más probable sean veganos.― agregó en broma siguiéndole el juego.

24 de febrero 2019

Luego de una batalla campal contra su sueño y nula capacidad de su cuerpo de dormir más allá de las diez de la mañana, la pelirroja sale de su cama resignada a empezar su día, cuando de pronto se topa con una mesa llena de cosas deliciosas que hicieron que su estomago en un segundo despertase y dirigiera  a su cuerpo en busca de esos brownies de chocolate tan tentadores. Y cuando ya pudo disfrutar de la agradable sensación de sentir derretirse el chocolate en su boca fue que se percató del rostro de circunstancias que tenía aquella mañana Samantha.

El brownie quedó a medio camino y su nariz cubierta de manjar pasó a segundo plano ya que su atención estaba ahora en la rubia.― Sí, lo sé. Pero te conozco, Sam. Y tu rostro me dice que algo pasa, no sé si bueno o malo pero algo pasa.― le respondió sin quitar su mirada de ella, siguiendo todos sus movimientos, analizandolos y tratando de adivinar qué le diría a continuación, se sentó a su lado y la miró en silencio.

Solo apartó fugazmente su mirada de los ojos de la rubia para clavarlos en su mano que ahora tenía la de Sam sobre ella, se removió incómoda cuando acto seguido de aquello la maga dijo esas palabras que no supo cómo descifrar, su mente que aún se negaba a despertar del todo, sonrió de lado aunque sin mucho ahínco cuando escuchó la similitud entre Kate, su compañera de habitación en Hogwarts con Don Gato, le hubiera gustado agregar que tenían ambos el cabello muy similar, pero se contuvo ya que la curiosidad no le daba para más y sabía que luego de todo esta vuelta había algo más que su amiga quería decirle, sólo debía aguantarse y mantenerse callada unos segundos más...y así fue.

Oh...― musitó bajito, ya que pese a que la pelirroja era consciente que ese día llegaría más temprano que tarde, una cosa muy distinta es cuando tu compañera y amiga te dice que ese momento de verdad ha llegado. Se quedó en silencio, los demás podía ver a una Caroline como congelada, en pausa, en cambio por dentro muchas cosas estaban pasando, muchas preguntas, sensaciones, una verdadera corriente de la consciencia interminable: ¿Se va? ¿Jota se va? ¿Ya no habrán mas galletitas de chocolate por todas partes? ¿No despertará en las mañanas con Beyoncé sonando a todo volúmen? ¿Ya no habrán abrazos repentinos y apretujados en medio de la cocina, living, o habitación? ¡Claro que sí, abrazos sí, que la vendrá a visitar! ¿Verdad? ¿Y ahora? ¿Qué hará? ¿Quién se vendrá a vivir? ¿Se quedará acá? o ¿Tendrá que empezar a buscar...?Ay, pero ojalá sea alguien de confianza... ¿A quién le mandará fotos por wsp en el baño pidiéndole que le lleve confort? ¿A quién?..

Fueron solo un par de segundos que Caroline se mantuvo así, hasta que fue ella misma que detuvo el caos en su cabeza e inspiró profundamente clavando su mirada en su amiga. La miró con su rostro todo contrariado y expectante a su reacción, y de pronto todos los pensamientos se fueron para solo quedar la agradable sensación de ver a su amiga a portas de formar un hogar lleno de amor junto a una persona que la pelirroja quería inmensamente, y sintió como miles de hormigas iban subiendo desde sus pies hasta la punta de su cabeza inundandola de felicidad.

Se levantó de la silla, caminó hacia la rubia, rodeó su cintura con sus brazos  y la abrazó fuertemente.― ¡Que alegría, Sam!― exclamó alejándose lo justo y necesario para mirarla a los ojos y ofrecerle una enorme sonrisa, llena de cariño.― Digo, no me alegra que dejemos de compartir casa porque sé que te extrañaré y será muy difícil encontrar una roomate tan guay pero, me alegra mucho que  vivan juntas con Gwen y construyan su refugio de amoooour.― terminó cantando la última palabra para luego reír, llevó su mano al rostro de la rubia y apartó algunos mechones rebeldes que tenía sobre su rostro.― ¿Y por eso todo este desayuno y rostro de circunstancias? ¡Vamos! Somos Chandler y Joey, por más que te vayas a vivir con Mónica siempre me tendrás cerquita.― dijo divertida para acercar su nariz fugazmente a la mejilla de Sam y mancharla con manjar.― Me encanta verte feliz, me encanta que hayas encontrado un amor hermoso y me encanta que sea junto a Gwen, solo debo advertirles que me tendrán mucho tiempo por ahí exigiendoles maratones de películas o series comiendo cosas ricas jiji.― soltó una risita y se alejó de Sam para darse una media vuelta y mirar la mesa llena de cosas deliciosas.― ¿Ahora podemos comer?― preguntó con rostro de niña traviesa y comilona para luego ir a sentarse a la mesa.

Quiero saberlo todo ¿Cómo es el lugar? ¿Tienes fotos? ¿Dónde queda? ¿Y cómo fue todo? ¿Estaban allí se miraron y dijeron vivamos juntas? ¿Se lo pediste tú, ella, ambas? .― la atacó a preguntas toda animada antes de llevarse un gran pedazo de queque de naranja que había sobre la mesa.
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Sam J. Lehmann el Dom Abr 26, 2020 10:24 pm

Se sintió como una idiota cuando de repente Caroline se levantó, rodeo la mesa y fue a abrazarla con esa alegría. ¿Por qué había tenido miedo en un principio de decir nada, sabiendo como era la pelirroja? ¡Claro que se iba a alegrar, claro que se iba a poner contenta! Ella siempre se ponía contenta con cualquier cosa que tuviera que ver con la felicidad de Sam, aunque a veces eso le costase verlo a la rubia.

Y pese a que se iba de su casa, Sam casi que se imaginaba a Caroline como una mami orgullosa cuya cría de pájaro ha crecido, se ha fortalecido y ha salido del nido en busca de su propia libertad. Sabiendo por lo que había pasado Sam y todo lo que había visto su amiga, casi que debía de sentirse bien de que su amiga hubiera dado no solo ese pasito, sino esa zancada.

—Me gusta eso de ser Chandler y Joey —le dijo divertida—. Yo evidentemente soy Joey porque su obsesión con la comida es como la mía con el chocolate, aunque… —Se hizo la pensativa—: Claramente tú eres la que triunfa, en cuanto al término “ligoteo” se trata… Creo que vamos a tener aquí un conflicto.

Claramente Sam era Joey, sólo porque así Caroline sería Chandler y Joey adoraba a Chandler tanto como Sam adoraba a Caroline.

Aparte de sentirse comprendida en ese momento, se sintió tremendamente feliz de sentir ese apoyo por parte de la pelirroja. Sonreía como una idiota, pero una idiota feliz. No podía evitarlo: la idea de irse a vivir con Gwendoline le encantaba pese a que fuera consecuencia de dejar de vivir con Caroline, pero tener a una amiga que se alegraba tanto por ti facilitaba mucho, muchísimo las cosas.

—Pueees… —canturreó un poco cuando se volvió a sentar y le hizo tantas preguntas—. Tengo fotos en el móvil, luego te las enseño. Queda en Bromley y no sé, es genial: es la típica casa que siempre he querido tener, grande, con un patio y no sé, casi que al entrar ya sentía que era la casa perfecta y eso que no habíamos hablado de irnos juntas a vivir… —confesó con sinceridad, para entonces continuar—: Fue ella. Después de salir de allí super emocionadas con la idea de que fuera su futura casa me dijo de dar el paso juntas.

Alzó un poco la mirada, sujetando la cuchara en el interior del tazón de cereales. No pudo evitar sonreír como una idiota, ampliando mucho la sonrisa a medida que se daba cuenta de que estaba sonriendo.

—¡Es que va a ser super guay! —exclamó entonces—. No sé, me hace mucha ilusión empezar con todo eso, remodelar una casa que va a ser nuestra y… no lo sé, me da la sensación de que va a ser comenzar de cero y quiero empezar de cero; preocuparme solo de ser feliz. Sé que va a ser complicado teniendo en cuenta la situación pero… quiero pensar que se podrá.

¿Se podría? Spoiler: casi.

Era muy difícil buscar normalidad en una vida tan anormal que llevaban, pero al menos lo intentarían, que era lo importante. Además, ahora mismo Sam estaba en un momento de su vida de casi inflexión y de transición y dar ese gran cambio, de la mano de la persona de la que se había enamorado, era un paso MUY GRANDE teniendo en cuenta en donde estaba hacía hace dos años o como se encontraba de traumatizada hace solo un año.

Era cierto que no llevaba mucho con Gwen, pero… tampoco le parecía un inconveniente, pues se conocían de toda la vida.
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